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Samurai Princess

Katanas y móviles..

Samurai Princess

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  • Título original: Samurai Princess
  • Nacionalidad: Japón | Año: 2009
  • Director: Kengo Kaji
  • Guión: Sôtarô Hayashi
  • Intérpretes: Aino Kishi, Dai Mizuno, Mitsuru Karahashi
  • Argumento: En un Japón futuro e hipotético, once chicas son violadas y desmembradas, la única superviviente ahora convertida en un "mecha" (un cyborg armado hasta los dientes), vaga sin piedad en busca de su venganza.

50 |100

Estrellas: 3

Samurai Princess

El Bosque Infinito. El lugar donde van a parar todos los desechos de un futuro Japón, donde el feudalismo y la tecnología más bizarra comparten cama.
Once indefensas chiquillas son violadas y posteriormente asesinadas por una recua de maleantes cuyos líderes son dos especies de cyborgs. Estos seres son llamados mechas, humanoides creados a partir de restos vivos pero modificados para que ciertas partes corporales sean armas. Están trastornados, son viciosos e ilegales.

Una de las once niñas sobrevive y es encontrada por un científico loco, que se cree un artista de la carne, y una monja budista. Recomponen sus despojos con los miembros amputados de sus hermanas y fusionan las once almas de las muchachas muertas en una sola; creando así un mecha mortal y vengativo que parte en busca de los degenerados asesinos. En esta búsqueda la acompañará un antiguo cazador de mechas; compartiendo desmembramientos, sueños eróticos, dramas del pasado, peleas sangrientas y poco más…

Sí, poquito más porque en un párrafo esta contenido todo el argumento de este splatter japonés que nos trae el guionista de Tokio Gore Police (TGP), Kengo Kaji. El cual escribe esta historia de gore, samuráis y mechas, dirigiéndola él mismo.

Se trata de una nueva muestra de cierta vertiente del actual gore nipón. Una serie de películas cortadas por el mismo patrón: Una atractiva protagonista embarcada en una búsqueda griálica (bien sea este grial la venganza, el conocimiento ó pura supervivencia) y un mundo que fusiona la carne con metal, armas y sexo. Estoy hablando de las Chanbara Beauty, Machine Girl, TGP, etc…

Todos estos largometrajes acuden a los chorros de sangre, la exageración, amputaciones y la transformación del cuerpo en un arma viva; como principal atracción. Samurai Princess sigue estos pasos pero con un resultado un poco insustancial.
Aunque la ambientación intenta lograrse, los bosques y los almacenes abandonados donde esta rodada (digicutremente, por supuesto) no le dan ninguna vida a las imágenes. Tampoco el vestuario es deslumbrante, resultando un periodo Edo futurista bastante pobre.
¿Fotografía? Tampoco destaca. ¿Montaje? El apropiado para una serie de televisión barata. Quería evitar comentarlo pero no puedo resisitirlo. Su montaje parece el de un capítulo de los Power Rangers. Entiendo que es una comparación vil, pero es la cruda realidad.
Los actores son clásicos del cine japonés de serie B: muy blandos e inexpresivos. Y eso que uno de los grandes reclamos publicitarios de este film era (al menos en el imperio del Sol Naciente) la actriz Aino Kishi, encarnando a la princesa samurai. Esta guapa actriz es reconocida por su trabajo en el cine para adultos. Pero que ninguno se emocione, en Samurai Princess no tenemos más que un par de gotitas de sexo y muy ligero. Personalmente, estas tácticas de marketing dentro del cine de terror me producen bostezo. Véase, por ejemplo, Zombie Strippers.

Entonces, si no tenemos ni buenos actores ni decorados ni historia intensa ni fotografía; ¿qué nos queda?
Los efectos especiales de Yoshihiro Nishimura (director y responsable de fx también en TGP). El despliegue de barbaridades visualizadas es lo único que nos va despertando, un poco, del soporífero desarrollo: Intestinos-hoces, piernas-sierra, pechos-bomba y esos clásicos chorros de sangre que nos inundan salpicando nuestra pantalla. Las escenas sangrientas no alcanzan una alta cota de intensidad pero entretienen por lo esperpéntico de los personajes involucrados en ellas.
Pondría como pega que esta vez los efectos creados por ordenador están muy mal insertados, e incluso los efectos clásicos no están a la altura de lo esperado. Pero se ve claramente que el presupuesto ha estado más limitado que en otras producciones y todo no se arregla con dinero.

En conclusión: Una película un poco decepcionante (y eso que no esperaba nada de ella) puesto que un splatter debe ser más intenso y se llega a hacer larga incluso con su breve duración, pero que no deja de ser una propuesta gamberra apta para festivales de madrugada y quedadas de borrachos con los amigos. Esperemos que próximas producciones del estilo sean superiores. Estoy hablando de Vampire Girl Vs. Frankenstein Girl. Crucemos los muñones…

Lo mejor: Lo bizarro de las situaciones, los malos de telefilm y la sangre.

Lo peor: Una película de nivel demasiado bajo en lineas generales.

¿Dónde conseguirla?
La Morgue Cinema: “Samurai Princess” en VOSE (Danke Eddie!).

Vertige

No apata para quiénes padezcan vértigo

Vertige

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  • Título original: Vertige
  • Nacionalidad: Francia | Año: 2009
  • Director: Abel Ferry
  • Guión: Johanne Bernard, Louis-Paul Desanges
  • Intérpretes: Justin Blanckaert, Nicolas Giraud, Raphaël Lenglet
  • Argumento: Tras superar los numerosos peligros de una accidentada jornada de alpinismo, cinco amigos deberán hacer frente a un asesino que intentará darles caza uno a uno.

60 |100

Estrellas: 4

Vertige

Cinco amigos franceses se trasladan a tierras croatas para practicar alpinismo. Tras superar la dura prueba de un decrépito puente colgante, quedan atrapados y a merced de un psicópata que tiene sus propiedas infestadas de trampas.

De nuevo (y viene siendo una tónica bastante habitual) podemos diseccionar Vertige en dos mitades prácticamente iguales en cuanto a su duración, pero con unas prestaciones muy dispares.

Durante la primera mitad de la película, alrededor de cuarenta minutos de los casi noventa que dura Vertige, nos encontramos con una intensa y por momentos espectacular y vertiginosa (nunca mejor dicho) película de acción capaz de provocarnos más de un vuelco al corazón a todos aquellos que sintamos algún tipo de aprensión o miedo a las alturas.

Abel Ferry rueda las numerosas secuencias de montaña con una envidiable habilidad, pulso firme, y con unas elevadísimas dosis de realismo en cada una de los instantes en que los protagonistas quedan, literalmente, suspendidos en el vacío. Son momentos en los que la adrenalina campa a sus anchas y que culminan con una antológica secuencia con los protagonistas de Vertige intentando cruzar un puente colgante, en la que el vértigo realmente se palpa, y que queda a la altura del magnífico y recordado arranque de Máximo Riesgo (Clifhanger), dirigida en 1993 por Renny Harlin, y con Silvester Stallone interpretando uno de los mejores papeles de su carrera.

Una vez superado el intenso y magnífico trance de la montaña, Vertige toma el camino del survival más convencional y poco aficionado a las sorpresas.
Abel Ferry cae en la misma rutina de siempre y abusa de elementos que ya hemos experimentado en infinidad de ocasiones: trampas para osos, personajes que desaparecen súbitamente, un psicópata de las montañas del que apenas sabemos nada (a excepción de un ridículo cartelito al finalizar la película que pretende hacernos creer que el susodicho existió en la realidad), una guarida del asesino que comparte decorador con la mayor parte de guaridas de asesinos de la última década (p.ej. la guarida de Jason Voorhees en Viernes 13 2009), y un desarrollo de los acontecimientos que el aficionado al survival podría intuir o adivinar incluso antes de iniciarse la película.

Por suerte siguen conjugándose en Vertige una serie de elementos que logran rescatar la propuesta cuando esta bordea los límites de la mediocridad.
Pese a que la mayor parte de su fuerza y atractivo queda concentrada en su primera mitad (justo cuando Vertige es mucho más una película de aventuras o acción que una película de terror al uso), sí hay un aspecto que define a la película en toda su extensión: Vertige está muy bien hecha. En el aspecto visual no hay absolutamente nada que reprocharle. Ni cuando la cámara recorre velozmente los escarpados muros de una montaña, ni cuando los protagonistas son perseguidos por un asesino en mitad de la noche. La fotografía, la cámara, los efectos… la calidad de Vertige en todos estos aspectos no se desinfla en ningún momento, confirmando que Abel Ferry, debutante en las lindes cinematográficas, seguramente tiene muy merecida su reputación como realizador publicitario.

Tampoco está nada mal el dibujo de los personajes, cuyos comportamientos y diálogos son un poquito más adultos (tampoco demasiado) de lo que nos tiene acostumbrados el cine de horror norteamericano. Abel Ferry se atreve incluso a establecer un triángulo amoroso cuya mayor virtud es no caer en el aburrimiento total y hacerse, como mínimo, soportable.

Finalmente, y pese al mencionado bajón de intensidad cuando Vertige se adentra en los límites del survival puro y duro, es de justicia apuntar el fabuloso desenlace, que vuelve a recuperar la fuerza y el vigor de los primeros minutos, y cuya confrontación final vuelve a demostrarnos que los franceses son únicos a la hora de hacer sufrir a sus protagonistas femeninas.

Vertige es una película de acción realmente interesante en su primera mitad, con unas magníficas secuencias de escalada que logran acelerarte el corazón; y un survival mucho más convencional y típico de lo esperado en su segunda mitad. Por suerte, Vertige revive en su tramo final, cuyo desenlace reúne una potencia y una garra suficientes para lograr que el cómputo final de la película sea, definitivamente, recomendable.

Lo mejor: Las secuencias de alpinismo y el enfrentamiento final.

Lo peor: Cómo muestra del género survival no deja de ser de lo más convencional.

¿Dónde conseguirla?
GoreNation: “Vertige” en VOSE.

Pig Hunt

Sucia tarea la de acabar con un cerdo gigante

Pig Hunt

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  • Título original: Pig Hunt
  • Nacionalidad: USA | Año: 2008
  • Director: James Isaac
  • Guión: Robert Mailer Anderson, Zack Anderson
  • Intérpretes: Travis Aaron Wade, Tina Huang
  • Argumento: Cuatro amigos de San Francisco viajan a las afueras para cazar jabalíes. Los cazadores locales no son muy amables con los forasteros, y por si fuera poco existe la amenaza de un legendario cerdo gigante apodado El Descuartizador.

59 |100

Estrellas: 3

Pig Hunt

Pig Hunt es una película desequilibrada, y lo es en las dos principales acepciones del término.

John, acompañado de tres de sus mejores amigos y su aguerrida novia, viajan hasta las lejanas tierras de su recién fallecido tio con el objetivo de cazar jabalíes.

Una vez inmersos en la esperura del bosque, deberán hacer frente a una pandilla de paletos (rednecks) descerebrados que no muestran demasiado aprecio por los cazadores foráneos, y a la leyenda de un gigantesco cerdo salvaje al que se conoce con el sobrenombre de Descuartizador.

El desequilibrio de Pig Hunt procede de una primera mitad de película en la que James Isaac (Jason X, Skinwalkers), director del evento, dedica un tiempo excesivo a la presentación de unos personajes que no merecen dicha atención. Y no la merecen porque la confrontación mostrada en Pig Hunt nos resulta, cuanto menos, familiar.

A este lado del cuadrilátero una chusma de cafres y retrasados paletos, mascadores de tabaco, y con una malsana afición a las armas de fuego y los enormes cuchillos de supervivencia.
A este otro lado del cuadrilátero un grupito de estúpidos muchachitos de ciudad, poco habituados a las excursiones campestres, y cuya experiencia más cercana a la caza mayor consiste en matar mosquitos a palmadas.

Dedicar casi media película a resaltar la naturaleza violenta de unos (los paletos), y la incapacidad de adaptarse a un medio que les es hostil de los otros (los chicos de ciudad), resulta a todas luces excesivo. James Isaac intenta poner remedio a la situación introduciendo algún que otro personaje y diálogos supuestamente divertidos… pero ni por esas.

Los protagonistas de la película se pasean por el bosque, sin un rumbo fijo, y sin que tengamos muy claro por dónde van a ir los tiros. Nada puede evitar que Pig Hunt nos depare una primera mitad de película monótona, tediosa y sin apenas un solo momento rescatable (a excepción de la magnífica panorámica, a cámara lenta, acompañada de una excelente melodía de banjos y con las raídas y desgastadas barras y estrellas de fondo, con la que hacen su aparición en escena la tropa de indeseables paletos).

Pero cómo ya he dicho antes, Pig Hunt presenta una asimetría realmente desconcertante. Si la primera mitad de la película (más o menos) está presidida por la desgana y el aburrimiento, la segunda mitad es una auténtica locura (de aquí la segunda acepción de desequilibrio entendido cómo trastorno, demencia, enajenación…).

De pronto, y sin previo aviso, Pig Hunt nos ofrece una delirante mixtura de géneros que incluye entusiastas persecuciones al estilo Mad Max, palurdos enmascarados blandiendo sierras mecánicas, gamberras muertes no exentas de las consabidas dosis de sangre y tripas (aunque sin exagerar), un musculoso hombretón que viste taparrabos y parece sacado de un exploit barato de espada y brujería, y una secta de féminas hippys aficionadas al destete, cultivadoras de marihuana y adoradoras de una brutal criatura de colmillos afilados ¿¿¿???

El resultado de dicha combianción acaba siendo tan extraña cómo extrañamente atractiva (permitidme el juego de palabras). Acción, survival, gore, monstruos… todo tiene cabida en Pig Hunt, sin necesidad de que la lógica o el sentido común impere en cada uno de los caminos tomados por la película.

El empaque visual de Pig Hunt es ciertamente destacable (teniendo en cuenta que se trata de una producción de bajo presupuesto), y las secuencias de acción están, todas ellas, eficazmente resueltas, destacando la adrenalítica persecución en la que los paletos, a lomos de sus sucios y destartalados todoterrenos, intentan dar caza a los desdichados protagonistas.

Nuestras posibilidades de simpatizar con una película cómo Pig Hunt pasan por aceptar de buena gana ese desquiciado y caótico juego que nos propone la película en su segunda mitad, en el que se mezclan toda una serie de elementos y géneros (sin demasiado orden ni concierto) que poco o nada tienen que ver entre si.

Personalmente creo que el experimento acaba funcionando. Toda esa paranoia y desorden que atesora Pig Hunt acaba por ofrecernos una gamberra, deshinibida y bizarra película de acción que sobrelleva sus múltiples defectos sin demasiado esfuerzo. Acción de serie B para disfrutar sin complejos y sin ser demasiado exigentes.

Y he dejado para el final uno de los puntos más conflictivos de Pig Hunt: el diseño del monstruo. Es difícil comprender la decisión tomada por James Isaac, un tipo mucho más apreciado por su labor en el terreno de los efectos visuales y el diseño de criaturas, participando en películas tan destacadas como La Mosca (The Fly, 1986) o ExistenZ (1999), ambas dirigidas por David Cronemberg, que por su labor tras las cámaras.
James Isaac mantiene al monstruo de Pig Hunt en un eterno primer plano, de manera que apenas podemos verle los ojos y sus largos colmillos. Nunca vemos a la bestia en toda su extensión. Ignoro si la decisión final tomada por Isaac responde únicamente a restricciones en el presupuesto o si se trata de un homenaje a determinadas películas ochenteras (todas ellas de bajo coste) que precisamente se caracterizaban por no ser generosas a la hora de enseñar al monstruo. En cualquier caso, la opción de Isaac a la hora de mostrar a la criatura creo que difícilmente será aceptada por una gran mayoría de aficionados.

Lo mejor: La locura sanísima y divertida de la segunda mitad de la película.

Lo peor: Que tarda en arrancar.

Pandorum

Una nave espacial abandonada no es un buen sitio para pasar las vacaciones

Pandorum

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  • Título original: Pandorum
  • Nacionalidad: USA/Alemania | Año: 2009
  • Director: Christian Alvart
  • Guión: Travis Milloy
  • Intérpretes: Dennis Quaid, Ben Foster, Cam Gigandet
  • Argumento: La nave Elysium transporta a 60.000 personas en busca de la salvación. Destino final: el planeta Tanis. Tras una prolongada hibernación, un par de tripulantes despiertan para comprobar que las cosas no han ido bien durante el viaje.

54 |100

Estrellas: 3

Pandorum

Pandorum parecía reunir, a priori, todos los elementos necesarios para convencerme.
El claustrofóbico escenario de una nave espacial a la deriva (del que siempre he sido un adicto), una interesante historia no-lineal que se va construyendo a golpes de memoria, una heroína de armas tomar, una plaga de ¿alienígenas? caníbales, un mucho de ciencia-ficción, un poquito de terror, las dosis necesarias de acción, e incluso Dennis Quaid, un actor que siempre me ha caído en gracia.

En el año 2100 el planeta Tierra es un lugar inhóspito a consecuencia del agotamiento de los recursos naturales (cómo muy bien nos muestra una imagen que parece sacada directamente de Wall-E). 60.000 seres humanos son los escogidos para forman parte de la tripulación del Elysium, una gigantesca nave que pone rumbo hacia el planeta Tanis, cuyas condiciones de habitabilidad parecen ofrecer una promesa de supervivencia y perdurabilidad.

Las duras condiciones del viaje obligan a la tripulación a sumirse en un largo periodo de hibernación controlada. El sargento Bower y el teniente Payton parecen ser los primeros en despertar del largo sueño. Desorientados y con pérdidas de memoria, pronto se dan cuenta de que algo terrible ha sucedido en el interior de la nave. El Elysium se encuentra varado, y una tribu de monstruos caníbales está dando buena cuenta de los pocos supervivientes que quedan. La única salida es reactivar el generador central de la nave y volver a poner rumbo a Tanis.

El punto de partida es excelente, de lo más prometedor. Uno de esos argumentos comunes (que además esconde un par de giros realmente interesantes hacia el final), tan habituales en el cine de ciencia-ficción, pero que llevados a la pantalla con un mínimo de acierto y talento, suelen dar excelentes resultados y otorgar agradables sorpresas al aficionado.

Sin embargo Pandorum, dirigida por el alemán Christian Alvart (Antikorper, Expediente 39), y producida por el inefable Paul WS Anderson (un dato a tener muy en cuenta), conjuga demasiados factores en su contra cómo para acabar siendo el entretenimiento sencillito pero tremendamente efectivo que un servidor se esperaba.

Sería bastante asequible trocear Pandorum en varios trocitos y reconocer en cada pedazo la enorme influencia de diversos títulos de la ciencia-ficción y el terror (algunos de ellos muy relacionados con la filmografía de Paul WS Anderson) de los últimos años. Y dentro de este superfluo ejercicio de disección quirúrgica, hay pedazos de Pandorum que me gustaron, y otros en que una evidente sensación de déjà vú acabó resultándome molesta.

El escenario me parece fantástico. El interior del Elysium, repleto de tubos, pasadizos, conductos de aire, repentinas salas inundadas por una cegadora luz blanca… creo que seríamos capaces de recorrer el interior de dicha nave con los ojos cerrados. Nos la sabemos de memoria, y eso es precisamente lo que me encantó. Aunque también es cierto que a Christian Alvart le hubieran ido de maravilla un par de focos de más con los que iluminar un poquito algunos rincones de la nave y que las cosas quedasen algo más claras (y visibles) para todos.

Es en las secuencias de acción pura y dura dónde Pandorum muestra su peor cara. Con una heroína que parece sacada de la saga Resident Evil, un musculado superviviente que habla una extraña lengua, y un grupito de monstruos, expertos en artes marciales ¿?, que perfectamente podrían pasar por parientes, en primer grado, de las criaturas subterráneas de The Descent, o los Orcos de El Señor de los Anillos (incluso hay un monstruo-niño que me recordó a alguno de los infectados-poseídos de la reciente REC 2); Pandorum nos ofrece una serie de piezas de acción que en ningún momento lograron activar mi torrente adrenalítico. Los monstruos de marras pasan la mayor parte del tiempo corriendo de un lugar a otro sin que apenas haya un enfrentamiento directo. Y cuando finalmente lo hay, descubrimos a expertos karatekas lanzando patadas voladoras sin ton ni son. Todo ello me arrastró a la conclusión de que Pandorum, en cuanto a la acción que atesora, no cumple con los mínimos exigidos.

Y finalmente la historia. Es de agradecer (y alabar) que al menos Christian Alvart se esfuerce en contarnos una historia. Pandorum, efectivamente, tiene mucho que contar. En ocasiones demasiado… Utilizando el recurso (tampoco novedoso) de ir desgranando el argumento a medida que los protagonistas van recuperando su memoria, Pandorum nos cuenta una interesante historia, no exenta de un par de giros inesperados y muy acertados, pero que en ocasiones se dilata en exceso y sufre una sobrecarga de información. Consecuencia directa de esta excesiva necesidad por contarlo todo y dejarlo todo atado y bien atado, es un exceso de metraje bastante evidente. A Pandorum le sobran, fácilmente, unos quince o veinte minutos de metraje. Con todo me reitero en que la historia acaba siendo atractiva (pese a que a Christian Alvart le falta agilidad narrativa a la hora de contarla) y su culminación, en una sensacional y sorprendente secuencia final, es de lo mejorcito que nos depara Pandorum. En definitiva, Pandorum es un producto que probablemente logrará cautivar a los amantes del género de la ciencia-ficción (al fin y al cabo tampoco hay demasiadas oportunidades al año de disfrutar de películas adscritas a dicho género), pero que encuentra en la mediocridad de sus secuencias de acción y en su incapacidad para sintetizar de algún modo la historia que nos cuenta, un par de escollos difíciles de salvar y que provocan que no acabe siendo el magnífico espectáculo que todos esperábamos de ella. Pese a todo tampoco sería justo condenarla al fuego purificador. Pese a sus defectos logra resultar entretenida durante buena parte de su metraje.

Lo mejor: la historia y su final.

Lo peor: las secuencias de acción (sobre todo el enfrentamiento, cara a cara, entre uno de los protagonistas y un monstruo).

The Girl Next Door

Cuando la realidad supera a la ficción

The Girl Next Door

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  • Título original: The Girl Next Door
  • Nacionalidad: USA | Año: 2007
  • Director: Gregory Wilson
  • Guión: Daniel Farrands, Philip Nutman
  • Intérpretes: Daniel Manche, Blanche Baker, Blythe Auffarth.
  • Argumento: Tras la muerte de sus padres en accidente de tráfico, Meg y Jenniffer son acogidas por Ruth Chandler. Meg será objeto de todo tipo de torturas y abusos por parte de los Chandler.

68 |100

Estrellas: 4

The Girl Next Door

Sylvia Likens tenía 16 años cuando sus padres, trabajadores en un circo ambulante, decidieron dejarla a ella y a su hermana menor Jennifer (aquejada de poliomielitis), al cuidado de Gertrude Baniszewski, una divorciada ama de casa a cargo de seis hijos (muchos de ellos de padres distintos), con serias dificultades para llegar a fin de mes y con diversas dolencias, incluido un severo asma, que mermaban considerablemente su salud.

Gertrude Baniszewski no tardó demasiado tiempo en descargar toda su ira y frustración sobre la mayor de las hermanas. Sylvia Likens fue encerrada, atada, golpeada, torturada, vejada y violada en el sótano de la casa de los Baniszewski. Los autores de los constantes abusos fueron tanto la propia Gertrude Baniszewski, cómo sus vástagos, algunos vecinos amigos de los críos, e incluso la propia Jennifer, obligada, en varias ocasiones, a golpear a su hermana mayor.

Finalmente, tras casi tres meses de cautiverio, Sylvia Likens murió víctima de las constantes palizas y la inanición.

No, no se trata del argumento de La Chica de al Lado (The Girl Next Door) película dirigida por Gregory Wilson en 2007, basada en el relato homónimo de Jack Ketchum, y que a su vez tomaba cómo punto de partida el caso real de Sylvia Likens.

No he tenido la oportunidad de leer la obra de Ketchum, pero por lo visto, el escritor norteamericano se limitó a cambiar la mayoría de los nombres propios, alterar la realidad de los padres de las niñas (en la novela los padres de Sylvia y Jennifer, rebautizadas para la ocasión con los nombres de Meg y Susan, mueren en un accidente de coche), reducir el número de hijos a tres, y finalmente centrarse en los aspectos más truculentos y macabros de la historia, lo cual supongo que tampoco le resultaría demasiado complicado a tenor de la crueldad que se desprende de las declaraciones vertidas en el posterior juicio tanto por los hijos de Gertrude Baniszewski, cómo por algunos de sus cómplices más directos (durante dicho juicio, Gertrude Baniszewski siempre negó los hechos de los que se la acusaba).

Imagino que una historia cómo la de Sylvia/Meg puedes ser abordada desde diversos puntos de vista y asumiendo diferentes grados de implicación y explicitud. Pero también supongo que, sea cual sea el camino escogido finalmente, siempre llegaremos a un punto sin retorno al que parece inevitable abocarnos: el daño físico (y psíquico) que condenaría a una niña de 16 años (aunque en la película redujeron la edad a 13 años) a un insoportable y agónico proceso de degradación y dolor que culminaría, irremediablemente, con su muerte.

A partir de aquí, los diferentes matices a la hora de explicar la historia, sí son importantes.

Curiosamente, también en el 2007 Tommy O’Haver firmaba An american Crime, basada en lo hechos acaecidos en el hogar de los BAniszewski durante el trágico verano de 1958 (sin pasar en esta ocasión por el filtro de la novela de Ketchum). El resultado arrojado por An american Crime era una mezcla de drama y thriller judicial, esforzado en describir el perfil psicológico de los torturadores (en especial el de la madre, una mujer enferma, agobiada por las deudas, y terriblemente decepcionada con la vida que había llevado hasta el momento. Y magníficamente interpretada por Catherine Keener en una labor que llegaba a “humanizar” la figura de Gertrude), que se mostraba excesivamente timorata y contenida a la hora de materializar el calvario sufrido por Sylvia.
Por supuesto, el de Tommy O’Haver es un punto de vista tan válido cómo cualquier otro a la hora de acercarse a la historia de Sylvia y Jennifer; sin embargo, cómo consecuencia de esa tonalidad o ese punto de vista asumido por Tommy O’Haver, las imágenes de An American Crime nunca llegaban a incomodar seriamente al espectador.

La propuesta del tandem Ketchum/Gregory Wilson es diametralmente opuesta a lo ofrecido por An American Crime. Ellos toman el camino más recto, el más directo. Quizás también el más obvio, el más evidente. The Girl Next Door, tras un breve preámbulo en el que la luz y el calor del verano del 58 toman todo el protagonismo (excelente la ambientación de la época y el contraste que estas cálidas imágenes suponen en referencia a lo que nos depara posteriormente la película), se sumerge de lleno, y con todas las consecuencias, en la terrible oscuridad del sótano en el que permaneció cautiva Sylvia/Meg. Y en el interior de ese sótano el dolor es palpable, doloroso para el espectador (valga la redundancia), desnudo, arisco, difícil de soportar.

Lejos de las molestias que se tomaba An american Crime por ofrecernos un perfil psicológico de los opresores, en The Girl Next Door Gertrude Baniszewski (rebautizada con el nombre de Ruth Chandler) es presentada cómo la mismísima encarnación del diablo (con un maquillaje que recuerda a la Bette Davis de ¿Qué fue de Baby Jane?), y su prole, lejos de dar en ningún momento la sensación de verse influenciados o arrastrados por la maldad de su madre (algo que sí ocurría en An American Crime en un determinado momento de la película), son poco más que una pandilla de auténticos malnacidos que experimentan placer y regocijo ante el dolor ajeno.

De este modo, gran parte de los personajes de The Girl Next Door son planos, uniformes. Se definen por una única característica: su ilimitada maldad. Una maldad cruda, cruel. Una maldad que empuja a un niño de apenas 10 años a solicitar a gritos que el castigo afligido a Sylvia/Meg no cese.

Afortunadamente Gregory Wilson tiene el acierto de incluir el personaje del joven David, vecino de los Chandler, amigo de los hijos de la familia, y que siente una especial atracción por Meg. A través de su mirada, de sus temores y de sus dudas (por muy censurable que en ocasiones pueda resultar su pasividad) tenemos una oportunidad de identificarnos, al menos, con uno solo de los personajes de The Girl Next Door.

La película de Gregory Wilson es una película realmente incómoda. The Girl Next Door es una patada en el vientre de la que resulta difícil recuperarse. Y su capacidad de consternación procede, única y exclusivamente, de la brutalidad y sadismo que desprenden algunas de sus imágenes. Una niña de 13 años, indefensa y asustada, aparece durante la mayor parte del metraje colgada, atada por las manos, desnuda, y sometida a un infierno de palizas, humillaciones y abusos sexuales sistemáticos perpretados, en su mayoría, por jóvenes cuyas edades van de los 10 a los 18 años.

Todo ello mostrado con una sequedad formal fascinante. El gore es prácticamente inexistente. Por más que hablemos de torturas y actos de salvaje violencia, que nadie espere nada que se acerque, ni remotamente, al Hostel de Eli Roth (por poner un ejemplo harto conocido).
Gregory Wilson no implica a la cámara en proceso de dolor de Sylvia/Meg. En su lugar sitúa al espectador a una distancia prudencial, suficiente para ser testigos impasibles (e impotentes) del sufrimiento de Sylvia/Meg, sin necesidad de ahondar en los detalles más escabrosos o buscar artificios que enfaticen el ya de por sí tremendo dolor que desprenden cada una de las secuencias de violencia de The Girl Next Door.

Personalmente creo que la forma más óptima de acercarse a la historia de Sylvia y Jennifer Likens hubiera sido una mezcla de la descripción de personajes (sobre todo el de la madre) de An American Crime, y la energía y contundencia de The Girl Next Door. Pero esto pertenece al campo de la especulación, así que os recomiendo darle una oportunidad a este intenso y desolador drama que es The Girl Next Door.

Lo mejor: La intensidad y crueldad de sus imágenes.

Lo peor: Los opresores son personajes demasiado planos.

Stag Night

Los túneles del metro neoyorquino tienen ojos

Stag Night

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  • Título original: Stag Night
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Peter A. Dowling
  • Guión: Peter A. Dowling
  • Intérpretes: Breckin Meyer, Brita Scott Adkins, Joe Suzanna Urszuly
  • Argumento: Un grupo de jóvenes se encuentra atrapado en los túneles del metro de la ciudad de New York. Un clan de caníbales intentará acabar con sus vidas.

50 |100

Estrellas: 3

Stag Night

Las posibilidades son prácticamente infinitas.
Reunir un buen número de tópicos y clichés, agitarlos con un mínimo de rigor y entrega, y acabar obteniendo un producto final que se asemeje, más o menos, a un película de terror, es una tarea aparentemente sencilla. En cualquier caso, el éxito o el fracaso final de la propuesta dependerá de su capacidad de entretenimiento y diversión.

Cuatro amigos celebran la despedida de soltero de uno de ellos. Tras un violento intercambio de pareceres con el portero de un local de streap-tease deciden subirse al metro de New York para trasladar la fiesta a otro lugar.

El desencuentro posterior con un par de chicas que viajan en el mismo vagón coloca a los protagonistas de Stag Night es una situació que nos resulta, cuanto menos, familiar: bajo el manto de oscuridad imperante en los túneles del metro neoyorquino, son asediados por un grupo de caníbales con aspecto de homeless hipervitaminados.

Peter A. Dowling, escritor y director de Stag Night, ha decidido debutar en esto del cine con una película de género que arranca con el piloto automático puesto y que no lo abandona hasta lo títulos finales de crédito.

Su propuesta es muy clara, diáfana. Por un lado un grupito de potenciales víctimas en el que no falta absolutamente nadie: el chico sensato y responsable, la chica decidida a seguir sus pasos, un par de salidos que ante una situación de lo más peliaguda no se les ocurre otra cosa que dar rienda suelta a sus deseos carnales (sic... a eso le llamo yo presentar una firme candidatura a ser los primeros en desaparecer), un patán dispuesto a poner siempre en peligro al resto del grupo, y un entrañable padre de familia que no duda en enseñar, a la menor oportunidad, una foto de su preciosa hija... y que esperemos que tenga firmado un suculento seguro de vida.

Por otro lado una pandilla de caníbales desarrapados que juegan con el factor campo a favor y que cumplen con diligencia aquello que se espera de ellos: eliminar de forma cruel, dolorosa y sangrienta con todo aquel intruso que cometa el estúpido error de invadir su territorio.

Stag Night no es más que el típico juego del gato y el ratón en el que a nosotros, cómo espectadores, tan sólo nos queda el aliciente de augurar el orden en el que irán cayendo cada uno de los desdichados protagonistas (y en esta ocasión la tarea resulta sumamente sencilla).

Al principio de la reseña hablaba de mezclar tópicos y clichés. Peter A. Dowling recoge el escenario subterráneo de películas cómo Mimic (Mimic, 1997), Creep (Creep, 2004), o la más reciente (y reivindicable) El Vagón de la Muerte (The Midnight Meat Train, 2008); y arroja en él a los pariente urbanitas de los mutantes de Las Colinas Tienen Ojos (The Hills Have Eyes, 1977) o Km. 666 (Wrong Turn, 2003).

A pesar de lo trillado del tema, el resultado final no es todo lo penoso o decepcionante que cabría esperar. Stag Night cuenta con algún elemento a su favor. Una correcta ambientación del subsuelo neoyorquino, actuaciones que logran salir airosas del trance (por muy poco...), y alguna que otra muerte ciertamente meritoria. Lástima que en determinadas secuencias de acción a Peter A. Dowling le tiemble excesivamente la mano al mover la cámara y acabe ofreciéndonos una acentuada sensación de mareo, por un lado tan molesta, y por otro lado tan habitual en el reciente cine de horror.

Pero por encima de cualquier otra, la mayor virtud de Stag Night es su ajustada duración. Apenas 80 minutos en lo que no dejan de suceder cosas y que no dejan margen para el aburrimiento. Sin embargo, esa escasa duración también provoca que ideas que podrían elevar el interés de la propuesta (una sociedad subterránea que mantiene una estrecha relación con los caníbales) no encuentre un mayor desarrollo.

Con todo, y pese a que la mediocridad y el hecho de que Stag Night muy probablemente no perdurará en nuestra memoria durante mucho tiempo, el debut de Peter A. Dowling acaba erigiéndose en un digno entretenimiento terrorífico, disfrutable y perecedero a partes iguales, y que al menos no supone una pérdida miserable de tiempo. Recomendable... a no ser que tengáis algo mejor que hacer.

Lo mejor: Entretiene... que no es poco.

Lo peor: La puñetera manía de marearnos con los incontrolados movimientos de cámara.

¿Dónde conseguirla?
GoreNation: "Stag Night" en VOSE.

Black Devil Doll

Cuatro putas y un muñeco roto

Black Devil Doll

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  • Título original: Black Devil Doll
  • Nacionalidad: USA | Año: 2007
  • Director: Jonathan Lewis
  • Guión: Shawn Lewis, Mitch Mayes
  • Intérpretes: Heather Murphy, Natasha Talonz, Christine Svendsen
  • Argumento: Un activista negro culpable del asesinato de 15 mujeres caucásicas y a punto de ser ejecutado en la silla eléctrica, se reencarna en un viejo muñeco de madera.

69 |100

Estrellas: 4

Black Devil Doll

Desde el primer instante en que supe de la existencia de una película titulada Black Devil Doll cuyo argumento giraba en torno a un muñeco negro de madera dispuesto a follarse a cualquier rubia siliconada de encefalograma plano que se le pusiese por delante, supe perfectamente cuál sería la escena que acabaría representándose en el salón de mi casa.

Un par de sospechosos habituales (los de siempre), la nevera surtida de una cantidad de cerveza suficiente para nublar nuestros sentidos (incluido el sentido común), toneladas de predisposición a pasar un buen rato y, por supuesto, cruzar los dedos para que, finalmente, Black Devil Doll nos ofreciera una pequeña parte de lo que prometía y la cosa no resultara tan tremendamente horripilante (e insoportable) que ni siquiera hiciera gracia.

La joven y voluptuosa (esto será una constante) Heather se encuentra aburrida en casa sin saber qué hacer. Gracias a Dios tiene al alcance de su mano una tabla guija con la que matar el tiempo. Lo que jamás sospecharía la buena de Heather es que la dichosa tabla provocaría que el espíritu de un militante activista negro llamado Mubia Abuj Jama, acusado de matar y violar a 15 mujeres caucásicas, y a punto de morir abrasado en la silla eléctrica, acabaría instalándose en su casa convertido en un muñeco negro de madera de ojos saltones y pelo afro.

El fogoso y apasionado romance que vivirán Heather y Mubia Abuj Jama tan sólo se verá amenazado por los celos del exnovio cafre de ella (un patético rapero blanco que habla, se viste y se mueve cómo un negro), y las ganas incontenibles del muñeco de madera por probar nuevos coños que no sean el de su novia.
Heather, novia servicial cómo las hay pocas, organiza una fiesta en la que reúne a sus mejores amigas con el objetivo de que el muñeco de madera de ébano calme su apetito sexual… y dé rienda a su instinto asesino.

Black Devil Doll es una gilipollez cómo un templo. Basura fílmica. El que intente tomarse en serio uno solo de los fotogramas de la película, está perdido.
Encuadrada dentro de los parámetros de la serie Z más letal y ponzoñosa, Black Devil Doll nos ofrece un interminable desfile de sexo guarro y mugriento, diálogos ofensivos, situaciones disparatadas y ordinarias, putas neumáticas que harían las delicias del viejo Russ Meyer (a no ser que a Russ Meyer le supusiera algún problema el exceso de silicona…), grandes tetas, enormes culos, excrementos, poca materia gris y considerables dosis de sangre y gore.

En otras palabras: Black Devil Doll ofrece, exactamente, todo aquello que promete.
Si a ello le sumamos unos extraordinarios títulos de crédito al más puro estilo James Bond, un aspecto visual no tan desastroso cómo cabría esperar en una producción de este calibre, unos efectos baratitos pero que cumplen perfectamente con su cometido, y unas actuaciones… está bien, las actuaciones son un desastre en toda regla. No hay quién se salve ( el más expresivo de los ¿actores? implicados en Black Devil Doll es, precisamente, el muñeco de madera); el resultado final será el siguiente: para muchos la excusa perfecta para reunir a los amigos y encabezar una doble o triple sesión de cine bizarro y hediondo. Para otros tantos una repugnante, apestosa e insufrible ofensa que jamás debió ver la luz del día.

Y cómo de lo que aquí se trata es de dar mi opinión personal, pues ahí va: me gustó Black Devil Doll. Puse mi encefalograma en números negativos y me reí de sus estupideces, de sus cochinadas, sus obscenidades, su gamberrismo, su pestilencia… Pero, aún así, no voy a recomendárosla. Me he esforzado en describiros de forma clara y concisa lo que una película como Black Devil Doll puede llegar a ofreceros. A partir de aquí la decisión es vuestra. Por supuesto todos aquellos que os consideréis fanáticos del cine más bizarro y cutre, de la serie Z más recalcitrante, tenéis una cita ineludible con esta pseudo-pornográfica y deforme mezcla de blaxploitation, muñeco diabólico, las chicas de Russ Meyer, y el cine de la Troma. Al resto, os toca decidir. Yo me lavo las manos.

En cualquier caso, si decidís darle una oportunidad a Black Devil Doll, os recomiendo hacerlo en buena compañía. Al menos para no tener la sensación de que sois los únicos enfermos capaces de tragaros tamaña ofensa al séptimo arte, y que encima os acabe gustando.

Para finalizar, una aclaración sobre la puntuación que acompaña a esta reseña. Si en alguna ocasión han tenido algún tipo de significado los dichosos numeritos y estrellitas que suelo darle a las películas… éste no sería el caso. Me parece absurdo intentar puntuar Black Devil Doll de una forma, más o menos, objetiva. Así que finalmente me he decidido por otorgarle una nota simbólica (y muy poco sutil) que creo que casa perfectamente con el espíritu de la película.

Lo mejor: Amigos, cervezas y ganas de diversión...

Lo peor: Lo habitual en este tipo de producciones. Para muchos una excelente opción para una sesión de medianoche. Para otros una bazofia inmunda.

¿Dónde conseguirla?
GoreNation: "Black Devil Doll" en VOSE.

Infectados

El fin de la humanidad según los hermanos Pastor

Infectados (Carriers)

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  • Título original: Carriers
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Àlex Pastor, David Pastor
  • Guión: Àlex Pastor, David Pastor
  • Intérpretes: Chris Pine, Piper Perabo y Lou Taylor
  • Argumento: Cuatro jóvenes viajan hacia una remota playa del Golf de México huyendo de una pandemia vírica que amenaza con acabar con la raza humana.

73 |100

Estrellas: 4

Infectados (Carriers)

La primera vez que escribí sobre Carriers, estando todavía la película en fase de postproducción y sin título definitivo en castellano, cometí el error de afirmar que se trataba de una, a priori, interesante propuesta de zombis/infectados.
Alguien tuvo el acierto y la amabilidad de corregirme y darme a entender que en Infectados (título definitivo en castellano) no había zombis y que, en todo caso, podíamos hablar de una película únicamente de infectados.

Pues bien, ahora por fin he tenido la oportunidad de ver Infectados y os puedo asegurar que, efectivamente, no tiene nada que ver con una película de zombis al uso. Incluso me atrevería a decir que ni siquiera estamos ante una película estrictamente de infectados (a pesar de que, cómo no podía ser de otra manera teniendo en cuenta el título de la película, infectados sí los hay).

Sin embargo creo que el meritorio salto de los hermanos Pastor al largometraje debemos contemplarlo, ante todo, como una película de supervivientes. Un, por momentos, desgarrador drama en el que vuelve a colocarse al ser humano en una situación límite de subsistencia, y en cuyas circunstancias deja nuevamente al descubierto las miserias de aquel, su crueldad, sus debilidades y, sobre todo, su fragilidad. Infectados describe un camino cuyo único destino posible es la pérdida de todo aquello que nos hace humanos, que nos hace reconocibles como tales.

El argumento de Infectados cuenta la historia de cuatro amigos (dos de ellos hermanos con una relación muy estrecha) que se dirigen hacia una playa del Golfo de México escapando de una pandemia vírica que amenaza con extinguir la raza humana.

Las carreteras secundarias transitadas por los protagonistas de Infectados nos resultan, cuanto menos, familiares. Es relativamente sencillo buscarle antecedentes o referencias, tanto cinematográficas como literarias, a la historia universal de tintes apocalípticos que nos cuenta Infectados. La originalidad, a simple vista, no es su punto fuerte.

Sin embargo los hermanos Pastor demuestran el talento necesario para convertir lo que en principio parecería todo un handicap (la falta de originalidad), en una propuesta distinta a lo que muchos aficionados al género esperábamos y no por ello menos atractiva y turbadora.

Los hermanos Pastor centran todos sus esfuerzos en las secuencias dramáticas, en las que situaciones extremas de supervivencia pondrán a prueba las convicciones morales, las creencias, la resistencia física y psíquica, y en último lugar la cordura de quiénes se ven obligados a decidir entre abandonar a los suyos y seguir adelante, o permanecer al lado de aquellos a quiénes aman y garantizarse así una muerte segura.

Son momentos de una elevadísima intensidad emocional que los hermanos Pastor acometen con decisión y aplomo. Son secuencias ásperas, secas, dolorosas, rodadas la mayoría de ellas a plena luz del sol, desprovistas de artificios inútiles que intenten enfatizar de alguna manera el mensaje y que, en definitiva, logran transmitir toda la agonía, el desasosiego, la amargura, y la fragilidad de cada uno de esos incomodísimos momentos y de cada una de las personas afectadas. Más allá de lo que cuenta la película, su verdadero mérito está en cómo lo cuenta; y en dichos instantes es cuando Infectados encuentra su verdadera razón de ser y deviene un gran acierto.

Por desgracia, el hecho de que el debut de los hermanos Pastor deambule por un género tan marcado cómo es el de las pandemias infecciosas decididas a finiquitar la humanidad, provoca que sea tan decisivo hablar de lo que puede ofrecernos Infectados cómo de los que no está dispuesta a ofrecernos. En otras palabras, se me antoja importante aclarar qué es Infectados, y qué NO es Infectados.
Los hermanos Pastor rechazan casi de facto cualquier indicio de truculencia o violencia explícita. Quién espere de Infectados una película repleta de acción con infectados corriendo tras los pasos de los últimos supervivientes, sencillamente se está equivocando de película. Nada de esto está presente en Infectados. Incluso cuando los hermanos Pastor toman la decisión de ceder un mínimo espacio a ciertos mecanismos de horror puramente físico (en contraposición al horror psicológico al que se someten los protagonistas de la película durante la mayor parte de su metraje), su película acaba resintiéndose y mostrando sus peores registros (ver la forzadísima escena de las sábanas y la secuencia del hotel/residencia de lujo).

Y a estas alturas, con todo lo afirmado hasta el momento, ¿todavía cabe la posibilidad de plantearnos si Infectados da realmente miedo? No olvidemos que nos enfrentamos al fin de la humanidad. A mí, personalmente, una determinada escena protagonizada por un padre y su pequeña hija, me causó auténtico pavor.

Infectados es un magnífico drama psicológico, bien interpretado, mejor rodado y que nos ofrece una interesante y personal mirada sobre un género cuyos márgenes de maniobrabilidad son, ciertamente, muy estrechos.
Excelente puesta de largo la de los hermanos Pastor.

Lo mejor: La intensidad que los hermanos Pastor imprimen a cada una de las secuencias dramáticas de la película.

Lo peor: La secuencia del Hotel/Residencia de lujo.