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Outpost

Los bunkers siempre guardan secretos

Outpost Póster

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  • Título original: Outpost
  • Nacionalidad: UK | Año: 2008
  • Director: Steve Barker
  • Guión: Rae Brunton, Steve Barker, Kieran Parker
  • Intérpretes: Ray Stevenson, Julian Wadham, Richard Brake
  • Argumento: Un grupo de soldados son contratados por un particular para que le lleven a un bunker en mitad del bosque en busca de minerales...

65 |100

Estrellas: 3

Outpost Grande

La guerra sigue siendo una fuente de horror inagotable. Son algunos ejemplos “Deathwatch” de Michael J. Basset, “Dog Soldiers” de Neil Marshall, “The Bunker” de Rob Green o la inefable ochentera “The Supernaturals”, de Armand Mastroianni. Como material narrativo, sin embargo, recibe muchas críticas: bastante horrible, dicen, es la situación real de la misma como para ponerse a fantasear sobre espíritus, zombies y demás. Y parte de razón no debe faltarles, pero lo mismo que se dice que la ciencia ficción no sirve tanto para imaginar el futuro como para entender el presente, me parece que también es lícito que el terror intente adentrarse en situaciones de por sí terroríficas para intentar comprenderlas. “Outpost” no es ni la primera ni será la última película de terror ambientada en la guerra, que plantea una historia para indagar en qué convierte un conflicto bélico a los hombres… o simplemente para inventarse una historia entretenida en un entorno propicio.

Siete soldados aceptan un encargo de un mercenario: escoltarle, en la Europa del Este contemporánea, hasta un bunker en medio del bosque, donde el mercenario asegura que va a buscar minerales. Lo que empieza siendo un trabajo meramente alimenticio, pues el contratante paga bien, se convierte en una pesadilla. Primero, son asediados por francotiradores en el trayecto al búnker; después, encuentran en el subterráneo almacenados los cadáveres de varias personas… aunque uno de ellos parece haber conseguido sobrevivir a la masacre.

“Outpost” es de esas películas que se han hecho un hueco vía videoclubs en el panorama contemporáneo. No es excesivamente original ni impactante, pero está bien contada, es interesante, tiene ritmo y un buen casting. Y es que, por encima de todas las cosas, cuando uno empieza a verla, lo primero que llama la atención es que pocas cosas, por no decir ninguna, desentonan en el conjunto. Es una historia con un arranque un tanto convencional, pero es sencillo entrar en ella y dejarse arrastrar. No molesta sentarse a verla, y poco a poco uno se va viendo envuelto en las andanzas de este grupo de soldados que, a través de pequeñas pinceladas, va siendo descrito como una pequeña muestra de la condición humana ante una situación desconcertante: desde la religión a lo más puramente instintivo, cada uno de ellos refleja cómo el hombre se enfrenta al horror, sin que ninguna de las maneras sea capaz realmente de encajar y ofrecer una forma más válida que otra para entender lo que puede ser la barbarie de una guerra. Víctimas y verdugos se ponen a la misma altura, y la fachada de cada uno (entiéndase aquí, otra vez, o la religión o la supervivencia o el racionalismo o la excusa a la que cada cual se agarre) se cae antes o después, sin remisión.

La película dedica su tiempo a crear el clima, tanto en la llegada al bosque como en el interior del búnker. Y, sorprendentemente, luego no se lo carga cuando comienzan las muertes. A los personajes les entra el pánico al verse ante un enemigo al que probablemente no pueden matar, y reaccionan como se espera de ellos, sin que en ningún momento te encuentres diciendo “no seas tonto, no hagas eso”. El búnker juega un papel importante y primordial, no es de esas veces en las que uno se pregunta: ¿por qué coño sucede esta historia en una casa abandonada, por ejemplo, si para lo que está pasando, hubiera dado igual que fuera un supermercado o un aeropuerto? En fin, mi intención ante estas afirmaciones es obvia: Steve Barker y sus guionistas han invertido muchas horas en que “Outpost” tenga sentido, sea coherente y aproveche todas sus opciones, sin intentar meterse en un campo que no sea el de la ficción que está contando. Todo ello, como se ha dicho, apoyado por un casting absolutamente impecable, en el que brilla el buen hacer de Ray Stevenson, como el jefe del grupo de soldados, Michael Smiley como McKay y, por supuesto, el enigmático Johnny Meres como Gotz, personaje que no necesita decir ni una sola palabra para resultar inquietante.

“Outpost”, que ha hecho su carrera en el formato doméstico, tiene en su poco presupuesto su mayor inconveniente. Técnicamente, es impecable. La narración es perfecta, no parece el primer film (y lo es) del director y los guionistas y uno se olvida la mayor parte del trayecto que aquello que está viendo es, al fin y al cabo, un grupo de personas encerradas en un sótano. Por el contrario, cuando estalla el horror, y más siendo de naturaleza sobrenatural, sí que se evidencia la falta de medios. Una cosa es que esto esté bien disimulado y otra muy distinta recurrir, como hacen en la cinta, a apagar las luces para que no se vea más de lo estrictamente necesario. Esta estrategia sirve para crear suspense, es cierto, pero se echa de menos ver más y mejor al enemigo, y quizás alguna acrobacia “sobrenatural” que potencie la sensación de asedio. A pesar de ello, sería injusto condenar al destierro a una película que, desde mi punto de vista, funciona mucho mejor que alguna que otra superproducción, únicamente por un tema presupuestario.

Tráiler

Lo mejor: Un guión trabajado y unas interpretaciones impecables.

Lo peor: Se nota la falta de presupuesto en más de un momento.

Outpost Black Sun

Plegarias Atendidas

Outpost 2 Póster

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  • Título original: Outpost Black Sun
  • Nacionalidad: UK | Año: 2012
  • Director: Steven Barker
  • Guión: Steven Barker, Rae Brunton
  • Intérpretes: Catherine Steadman, David Gant, Richard Coyle
  • Argumento: Lena y Wallace llegan al búnker de la primera parte en busca de Klausener, su creador.

50 |100

Estrellas: 2

Outpost 2 Grande

Si, desde mi punto de vista, la mayor pega que se le podía poner a “Outpost” era la falta de visibilidad del enemigo sobrenatural, en “Outpost: Black Sun” el problema queda resuelto. La secuela ofrece muchas más muertes, más sustos, más sangre y, sí, también es una película mucho más alocada y descabellada que su predecesora. Es bastante difícil hablar de ella sin “spoilear” la anterior, así que si alguien tiene interés en adentrarse en la saga, es recomendable no leer esta reseña y quedarse sólo en la valoración numérica y “lo mejor” y “lo peor”.

Lena (Catherine Steadman) es una descendiente de judíos asesinados por nazis en busca de venganza. Su principal objetivo es Klausener (David Gant), creador de la máquina de la discordia de la primera parte. Lena consigue unos mapas que cree que indican dónde está el cuartel de éste, pero en realidad son del búnker y de sus alrededores. Ayudada por un científico, Wallace (Richard Coyle) se desplaza hasta la zona… que ahora está completamente devastada. Las hordas de enemigos la han asolado y, de hecho, el campo electromagnético se va expandiendo, poco a poco, por lo que el ejército nazi tiene mayor área de actuación.

Las secuelas son siempre peliagudas. Se corre el riesgo de repetir la original y, si uno se aparta de la primera demasiado, parecer que se está viendo otra película. En el caso de “Outpost: Black Sun”, durante la mitad del trayecto, más o menos, se consigue un equilibrio complicado y difícil: se conservan algunos rasgos distintivos de su predecesora, pero se abre nuevo campo. Funcionan especialmente bien los momentos en los que los personajes atraviesan campo y pueblos arrasados, y hay algunos momentos de tensión bien conseguidos (véase, por ejemplo, la grabación que Wallace pone a Lena de un asalto a una casa, o el episodio de ambos personajes en una vivienda abandonada). Sin embargo, algo se ha perdido… y es que, aquí, estamos en el territorio “zombie” puro y duro. La película se salta una de sus propias reglas, que el ejército pueda aparecer y desaparecer a su voluntad, y ahora resulta, por ejemplo, que si alguien cierra una puerta, los soldados zombies no pueden pasar. De manera que, si algo distinguía al universo Outpost, el centrarse en zombies-espíritus, ahora se lanzan al barro directo de la peli de muertos vivientes. Y no lo hacen mal, la verdad, pero es una pena perder esa identidad, porque películas de zombis ya hay demasiadas.

La historia respeta el esquema de la original, un par de buscadores del búnker acompañados por un grupo de soldados, pero se adorna con nuevos elementos. Ahora, hay una suerte de corporación filonazi intentando también localizar la máquina de marras. En este punto, me meto en una valoración absolutamente personal, en una cuestión de gustos. Me acuerdo de lo que me fascinó en su momento “Laid to Rest” y de lo poco interesante que me parecen algunos elementos de la secuela, en la que una organización super secreta protegía a Chromeskull. Pues bien, aquí me sucede algo similar. En la primera, me creo que haya una máquina abandonada funcionando desde la segunda guerra mundial que mantiene con vida a un ejército de fantasmas zombis. Pero que, en la actualidad, un nazi octogenario esté dispuesto a lo que sea para hacerse con ella y restaurar el Reich… no sé… es como que un terror primitivo e irracional, algo que alguien hizo funcionar y se quedó ahí, abandonado en el sótano de un búnker, de repente, tiene un objetivo claro y concreto y… sí, empobrecido.

Y, llegando al tramo final, la cosa se sale de madre. Bastante, además. Quizás en otro tipo de película, el clímax orquestado funcionaría bien; por ejemplo, en una película de la saga de Indiana Jones, o de los Cazafantasmas. Pero aquí es bastante… desconcertante. Realmente, en la resolución de todo es cuando uno tiene de verdad la sensación de que la película no tiene nada que ver con la anterior y lo peor: que el terror se ha infantilizado. Insisto: hay momentos del clímax en que parece que sin darnos cuenta hemos pasado de ver “Outpost: Black Sun” a “En Busca del Arca Perdida”. Sin embargo, también es cierto que, de pura locura, es bastante divertido: muertos, rayos, reliquias del pasado… y la inclusión de una especie de nuevo malvado que provoca, a partes iguales, escalofríos y risas.

A modo de coda, señalar que está en fase de posproducción “Outpost: Rise of the Spetsnaz”, que se estrenará previsiblemente en 2013. Aquí, ya no está al mando Steve Barker, aunque la cosa se queda en casa porque dirige uno de los guionistas de la anterior, Kieran Parker, y escribe en solitario el de ésta, Rae Brunton. A ver por qué modelo de película se decanta…

Tráiler

Lo mejor: Más sangre, más muertes, más sustos.

Lo peor: A pesar de que hay más sangre, más muertes y más sustos, el terror es más infantil.

The Dead Want Women

The Artist versión Charles Band

The Dead Want Women Póster

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  • Título original: The Dead Want Women
  • Nacionalidad: Estados Unidos | Año: 2012
  • Director: Charles Band
  • Guión: Kent Roudebush, Charles Band
  • Intérpretes: Jessica Morris, Ariana Madix, Eric Roberts
  • Argumento: Años 20, poco antes del nacimiento del cine sonoro. Miss Pettigrew celebra en una decadente fiesta el estreno de su último éxito. Sus excesos acaban en tragedia mortal, encantando su fantasma y el de otros amigos la casa de la orgía.

0 |100

Estrellas: 1

The Dead Want Women Grande

El autor de la reseña declina cualquier responsabilidad legal y ética por su falta de tacto y mesura con respecto a la redacción de la misma. Así mismo no se hace responsable de los efectos que el visionado de esta película pueda provocar en el público de Almas Oscuras.

Reseña dedicada a Sergi: “Te fuiste pero se quedó la caspa”

Champú anti caspa: manual de anti uso

Hace muy poquito debatíamos con nuestro buen amigo Djariel, en la absurda reseña de la aun más absurda Nazis at the Center of the Earth, que caracteriza a una película casposa, que precauciones hay que tomar al verla y como poder enfocar un análisis en condiciones. También se alzaban voces, no solo en esta vuestra web, preguntándose como podía existir una película tan mala como la novísima producción de The Asylum.

Bien, lo primero que quiero destacar es lo bonito que me parece asomarse al balcón, ver la vida pasar y ser consciente de que no existe ningún límite en ella. Leonardo soñaba con elevar al hombre a los cielos, ahora es un hecho común y nada espectacular. Terminó la Primera Guerra Mundial y cuando todo el mundo civilizado pensaba que no podría darse otra guerra tan cruenta, apreció el hombrecillo del bigote – y no hablo de Aznar, pero similitudes existen – y montó la marimorena. Como veis, no existe barrera para lo que el ser humano puede lograr, ni para lo bueno ni para lo malo. Algo que salta a la vista cuando comparas la odiada y vapuleada Nazis at the… con The Dead Want Women.

Incluso a uno le hace plantearse seriamente si existe una justificación casposa para la existencia de semejante mierda. Así que aquellos que llorasteis sangre viendo Nazis at the… vais a llorar zumo de limón cortado con vinagre si os acercáis a menos de siete billones de años luz de esta hermoso mojón. Si nuestro sistema de puntuaciones lo permitiese, esta reciente producción de la devaluada Full Moon hubiese logrado el -100. Lo que no evita que haya sido útil a la humanidad – en concreto a uno de sus miembros, un servidor – para darle respuesta a la duda que planteaba anteriormente:

Se puede justificar la existencia de cualquier “caspamovie”

Por mucho que algunos os moleste, esta afirmación es la pura verdad. Lejos de maniqueísmos sobre conceptos artísticos o, incluso, comerciales, todo tiene cabida en la sabía naturaleza. Es cierto que a veces – las menos y más deseadas por los buscadores de ponzoña visual – una película puede ser tan mala que de la vuelta, devorando su propio orto, y se convierta en una preciosa serpiente Uróboros. Particularmente creo que para que se produzca tal metamorfosis, el objeto de la misma debe contener elevadas dosis de patetismo inconsciente, mucha jeta y un par de momentos únicos. Es el clásico ejemplo de Troll 2, obra cumbre de la diversión por diversión y un legado de dimensiones épicas para aquellos que saben disfrutar del humor involuntario. Desgraciadamente no es el caso de The Dead Want Women.

Imposible no partirse ocasionalmente con esta producción, más si cabe imbuido por los místicos poderes del THC, porque desgrana unas carencias, una dejadez y unas estupideces que caen en el ridículo. No nos reímos “con”, nos reímos “de”; pero de una forma tan esporádica que no lo veo meritorio. La forma de vida llamada The Dead Want Women tiene una razón de ser más infame todavía: cuando uno se pregunta por qué existen mierdas tan grandes, debe darse una única y firme respuesta: “la mierda nos prepara para saber apreciar la crema”. Pero vamos, eso lo han sabido siempre los camellos, y nosotros no vamos a ser menos, ¿verdad?

La cuestión, y a colación de otra pequeña polémica, es que si alguien puede puntuar una película como una rotunda obra maestra (véase el adecuado ejemplo de la gran The Raid), no puedo imaginar que pasaría si dicha obra maestra la consumiese tras una ingesta masiva de cine basura. Supongo que puede lograrse un éxtasis teresiano mayor que el provocado por la sobredosis de sales de baño, lo importante es quedarse con el concepto básico para juzgar cualquier obra: la perspectiva. Sí, The Dead Want Women es un truño con todas las de la ley, pero casi cualquier otra película que veas después te mandará directo a tu iglesia más cercana para poner una velita en memoria de los Hermanos Lumière. Y si no os vale este argumento, siempre podréis acudir a este festival mefítico para saber de primera mano que bajo ha caído nuestro querido Charles Band.

La Banda de Charlie

En otras reseñas “casposas” sobre películas de la Full MoonBad Channels, Shadowzone – ya os hablaba un poco del hombre detrás de la marca – Charles Band –. Siguiendo el hilo podéis incluso profundizar en el distante pasado cuando ”el Roger Corman del videoclub” regalaba verdaderas gemas de serie B que permanecerán por siempre en nuestros negros corazones (Terrorvison, Puppetmaster, Trancers, Reanimator, etc.). También apunté hacia la paupérrima calidad de su producción reciente, y ha llegado el momento de meterse en harina con un zarrio que incluso coquetea con el “softcore” más cutre. Band se ha condenado el mismo a la auto fagocitación de sus éxitos pasado. Con esta cinta demuestra que el rumbo está perdido definitivamente y que la edad lo ha vuelto un viejo verde de la peor calaña. ¡De esta no te salvan ni los muñecos!

“Señor Bob Rock, Señor Bob Rock. Yo no conozco a ese tal Carlitos Banda”
”Muy bien Pedrito… ¡expulsado de clase lo que queda de curso y suspendida la evaluación!”

O lo que vendría a ser lo mismo: si has empezado a leer esta reseña es porque sabes quien es el productor/director/guionista creador de la Full Moon. De otro modo has caído por casualidad y siquiera ver los cinco primeros minutos de The Dead Want Women puede producirte severos ataques epilépticos. A los que habéis catado los chorros de heces que manan de semejante mente, os invito a continuar a ver si entre todos logramos calibrar exactamente que contiene esta aberración.

Un Oscar a la mayor mierda para…

Resumiendo, a pesar de estar por encima de producciones más deleznables, como Evil Bong 3Do Gingerdead Man , la cinta que hoy nos ocupa demuestra el total descenso a los abismos por parte de su director – que para la ocasión es el mismo Band –. Ni siquiera nos queda el consuelo de una banda sonora compuesta por su hermano Richard, los efectos especiales artesanos – que siempre han caracterizado a la Full Moon y a sus “bichillos” – aquí brillan por su ausencia, el humor es dejado de lado por unas perversiones abortivas dudosas y, en general, no parece ni una película de la Full Moon. No obstante, hay que reconocer que estos nuevos parámetros de despelote integral, escenas de “softcore” bochornoso y cierto aire necrofílico le sientan bien a esta serie Z. Justamente son lo mejor, junto a algunos diálogos tan absurdos que pueden valer para entretenerse entre calada y calada.

Lo más interesante comienza con su introducción, que no es tal porque ocupa treinta de los setenta minutos exactos que dura el metraje. En plenos años 20 una mansión californiana acoge la fiesta de presentación de la última película de la estrella del cine mudo Rose Pettigrew. La fiesta es solo una excusa para que un rincón apartado, unos amigos de Rose se monten con ella y otras dos “groupies” una escena de toqueteos alargada hasta la extenuación. Y la verdad que la cosa tiene su gracia durante los primeros minutos: un ambiente de decadencia que hilan correctamente con la narración pulp deudora de cualquier capítulo barato de Historias de la Cripta. No obstante las interpretaciones de los tres capullos que rodean a Rose se convierte de primeras en la mejor razón para abandonar el visionado. Tres estrellas de cine mudo que representan tres arquetipos de la época: el Vaquero, el Fantasma de la ópera y el Gordo. Insoportables actores que comanda el increíblemente devaluado Eric Roberts.

De acuerdo en que la tata Julia nunca me ha parecido una gran actriz y que Eric es aun peor que ella – la única viva de la familia que tiene talento es Emma, hija de este elemento –. ¿Pero como diablos ha podido caer tan bajo un actor nominado a un Oscar? Y quiero pensar que dado el elevado número de películas en las que ha participado en la última década – y el mismo reconoce no haber visto ni la mitad de ellas –, su presencia en The Dead Want Women solo se justifica por la posibilidad de tocarle el culo a alguna de las pobres secundarias que se pasan toda la película en pelotas. Oye, y a mi me parece fenomenal, que todos tenemos que darle alegrías a la seta, pero por lo menos podría haberse dignado a participar en el “making off”. Cuando menos, resulta curioso ver en dicho “making” la ilusión del resto de actores por trabajar con el “gran” Roberts y el muy cabrón sin dar la cara, probablemente porque andaba con la nariz metida entre los cachetes de alguna compañera de reparto. Bueno, a todo esto, hay que reconocerle solvencia a la hora de resolver su papel, elegancia, profunda declamación… ¡mentiras! ¡falsedad! ¡engaño! El muy pasmarote se dedica todo el metraje a mirar de reojo los jóvenes senos que le rodean. ¿Para cuando su participación en la siguiente entrega de Torrente?

Pechos: haberlos ahílos

Y ya que ha sido mencionada tan interesante parte de la anatomía femenina, decir que sí, ahí están danzarines y coquetos. Charles Band ha contratado a unas cuantas actrices de serie Z de buen ver (Jean Louise O’Sullivan, Jessica Morris y Ariana Madix) para enseñar cacha – que no carne –, poner caliente al personal y añadir más justificaciones vanas para aquel mendrugo que caiga en las redes de The Dead Want Women. Pésimas actrices que ya trabajasen con él en productos de la misma catadura (i.e. Killer Eye 2) y que como principal característica podríamos citar su empecinamiento por no enseñar ni un micromilímetro de pezón. ¡Habrase visto! La próxima vez me compro en Amazon “una” de Private, o mejor dicho “otra”.

Pues resulta que una vez pasada la introducción de treinta minutos aparecen dos jugosas rubias por la casa, muuuuuchos años después. Evidentemente, el edificio está abandonado y encantado por los fantasmas de los asistentes a la orgia mencionada, que como buena orgía acabó en tragedia y locura. ¡Qué grande el guionista de The Dead Want Women! Si las máscaras que lucen los fantasmas – para que sepamos que lo son – ya muestran la total desidia por parte del equipo de producción (meros trozos de pizza mal plantados en la jeta), el libreto es la definición perfecta de la dejadez. Kent Roudebush es el responsable del mismo, un cachondo que está firmando los mayores despropósitos de la Full Moon. ¿Un ahijado de Charles Band?

Es decir, el tío se preocupa en idear una trama que aprovecha la conocida decadencia de los años veinte – por mucho que la mansión se vea demasiado moderna – para al poco plantar a dos rubias de prominentes pechugas en la misma casa perfectamente conservada. Y entre una escena y otra, nada… nada… nada… Fijaos si es poco creíble e interesante el estado de la casa que las mismas rubias se encargan de contarnos que la casa está encantada porque de otro modo nadie se ubicaría. Lo curioso de este dato viene cuando lo asociamos al presupuesto: 500.000 dólares de tomo y lomo. Otra buena razón para recomendarla, en concreto a los responsables de la crisis bancaria, seguramente les animará ver que todavía existen peores gestores económicos.

Lo más divertido, a mi parecer más irónico, es que Kent sabe hacer chistes sumamente inteligentes. Tanto que es difícil pillarlos. Las dos rubias en cuestión se suponen estandartes de esa tontería de que todas las rubias son tontas, pues bien, el guion lo muestra de la mejor forma posible: resulta que las dos chicas acuden a la casa porque son revendedoras de propiedades para ricos, y si no la venden se la tienen que quedar. ¡Coño! ¡Con la que está cayendo en el sector inmobiliario! Decididamente, nuestras dos protagonistas son poco menos que gilipollas. Afortunadamente su presencia en pantalla escasea, no tendremos que soportar mucho sus caras de despiste ya que la cinta llega a su pobre conclusión a la media hora de conocerlas.

Al final las únicas que enseñan todo todito son dos actrices secundarias que parecen haber sido seleccionadas en un burdel de mala muerte – menos mal, porque si no alguien me tendría que explicar a que venía tanto darle vueltas a la depravación de los fantasmas –. Atractivas, pero mucho menos espectaculares que las pechugonas que se niegan a dejarnos libar de sus cántaros de miel. Al menos, esas dos “chicas de saldo” consiguen evadir la atención de los cuatro efectos especiales digitales mal plantados que ofenden a la vista.

Elefantiasis

¿Se merece una mierda como The Dead Want Women tantas palabras? Decididamente no. Tal vez ande aburrido y quiera trastornar al personal, o semejante escoria ha terminado por detonar mi sentido de la medida. Supongo que pocos de vosotros querréis darle un tiento a esta película plagada de despropósitos, algún desnudo y una irritante fijación por sacar planos de la decoración de la casa. Ni el peor de los capítulos de Historias de la Cripta puede daros una idea de lo penosa que es. Salvo a los buscadores expertos de basura, que sabrán degustar cada irracional segundo de esta obra, no le recomendaría The Dead Want Women ni a mi peor enemigo. Otra cosa es que uno quiera saber lo bajo que puede caer un actor (Eric Roberts), lo mal que andan las cosas en las oficinas de la Full Moon o solo poder darse el gustazo de decir “he visto la peor película de horror (¿?) de mi puñetera vida”. Sea como sea, aquellos que hayáis caído en sus garras, seréis recompensados en la siguiente película: después de esto, cualquier otra os sabrá a gloria…

Lo mejor: Después de verla cualquier otra película parece una obra de arte

Lo peor: Todo, todo, todo...

Cassadaga

Muñecas rotas, en todos los sentidos

Cassadaga Póster

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  • Título original: Cassadaga
  • Nacionalidad: Estados Unidos | Año: 2011
  • Director: Anthony DiBlasi
  • Guión: Bruce Wood, Scott Poiley
  • Intérpretes: Louise Fletcher, Kevin Alejandro, Lucius Baston
  • Argumento: Lily Morel está devastada por la muerte de su hermana, entre la comunidad de espiritistas que pueblan Cassadaga encuentra consuelo y un misterio que pondrá en marcha fuerzas incontrolables.

60 |100

Estrellas: 3

Cassadaga Grande

Lily es una mujer sorda que abandona su anterior vida, tras la muerte de su hermana pequeña, buscando un nuevo lugar en el mundo. Dicho lugar existe en Cassadaga, una región de Estados Unidos que aglutina a investigadores del mundo psíquico. Una noche inocente, el coqueteo con los poderes del otro mundo, lleva a Lily a vérselas con el espíritu de una mujer que no la dejará en paz hasta que termine con su sufrimiento en la muerte. Una depravada trama de secuestros y torturas se ira desvelando alrededor de nuestra atormentada protagonista.

Anthony DiBlasi, el director de este curioso puzzle que es Cassadaga, ha visto su carrera claramente marcada por la inquietante presencia de Clive Barker. ¿De qué forma? Bien, DiBasi ha sido productor ejecutivo de varias adaptaciones cinematográficas de Los Libros de la Sangre (famosas compilaciones del escritor británico), curiosamente versiones bastante dignas con respecto a los originales: El Vagón de la Muerte, El Sueño de los Muerte, Book of Blood y Dread. El mismo se encargó de filmar y adaptar esta última, siendo un estupendo debut tras la cámara, gracias a la consecución de una atmosfera siniestra de la cual también da buena muestra en su última cinta. Pudimos disfrutar de Dread por obra y gracia de los chicos del After Dark, que ni cortos ni perezosos han decidido adoptar también esta Cassadaga, siendo editada hace no mucho tiempo en Inglaterra bajo su propio sello.

Cassadaga, un nombre evocador, casi tanto como la historia detrás de esta pequeña zona de Florida que es considerada “la capital psíquica del mundo”. Vaya usted a saber porque esta región ha ido atrayendo la atención de médiums, espiritistas y parapsicólogos de todo el planeta. La cuestión es que la cinta ubica su trama adoptando el nombre de dicha región (”el agua tras las rocas”, según un dialecto indio local). Y no lo hace gratuitamente, parte de su metraje intenta aprovecharse de esa atmósfera crepitante que caracteriza a la parte sur de Estados Unidos, aunque de una forma bastante tangencial pese a lo que su argumento da a entender.

A este respecto me gustaría recalcar que la imagen con que se ha querido vender de Cassadaga, a los aficionado del género terrorífico, ha sido ligeramente manipulada. El póster que acompaña a esta reseña, y el cual ha tenido una brutal difusión por la red, solo refleja una mínima parte de la película. Precisamente la más truculenta y sugerente, también ciertas influencias italianas que finalmente lucen demasiado diluidas en una película que mezcla sin rubor géneros de todos los pelajes. Obviamente, la publicidad debe basarse en aquellos elementos del producto que más llamen la atención. Bien, aquí el morbo está servido cuando tráiler, imágenes promocionales y demás han recalcado lo terrorífico del asunto: sesiones de espiritismo, sucios psicópatas, apariciones espectrales, torturas a mujeres de opulentos senos. Sí, todo eso lo encontramos, pero por debajo de un thriller dramático que no se obsesiona por lanzar sangre y vísceras al espectador, si no por recrear de la mejor manera posible sus personajes y trama criminal. Vaya por delante, que eso cabreará seguramente a muchos espectadores. Sin embargo, que el terror solo sea la punta del iceberg no es el mayor de sus pecados, que vendría a ser su predictibilidad, así como tampoco un impedimento real para disfrutar de una cinta sólida en otros aspectos.

Asistimos a un drama puro y duro, que a veces bebe del romance más barato, guiado por una clásica trama de suspense sobrenatural que finalmente detona en escenas propias de un slasher, preludiadas por macabras pinceladas de torturas. El porcentaje sobre la mezcla de cada ingrediente resulta complicado de calibrar ya que tanto su director como guionistas (unos noveles Bruce Wood y Scott Poiley) han logrado equilibrar elementos tan dispares en una narrativa llena de transiciones brillantes. Con un ritmo medido – reposado o acelerado cuando la situación lo requiere – disfrutamos de los momentos más intensos de la vida reciente de Lily, una chica sorda y huérfana que se construyó a si misma a base de esfuerzo y sacrificios. La definición del personaje principal es bastante profunda, muy acertado ese carácter fuerte pero sensible a la vez. No conocía a su interprete, Kelen Coleman, pero creo que ha realizado su trabajo con gran nivel de inmersión. Puede que el carácter de Lily siempre transite entre tópicos, ¿pero acaso la vida no es el más grande de ellos? Además, tampoco se trata de la chica mona y edulcorada que destroza tantas películas norteamericanas. Sí, sus formas son rotundas y voluptuosas, pero no las protagonistas de su interpretación. Así, la conocemos cuando pierde a su hermana, drama elevado a la enésima potencia que se combina acertadamente con el uso de silencios para emular la incapacidad de Lily para oír. Quizás se abuse de dichos silencios durante todo el metraje, pero es un ejemplo clave para entender la seriedad con que sus autores se han tomado la producción.

Si el prólogo nos sitúa ante un drama pausado y lacrimógeno, ¿qué podemos esperar después? Diría que el mismo drama solo que adentrándose lentamente en terreno propio del thriller a base de esas transiciones tan logradas y el desarrollo paralelo de un cuadro macabro y cruel protagonizado por un asesino en serie, que no llega a cuajar pese al esfuerzo en darle una aureola icónica. Dicha evolución hacia el thriller viene generada también por el elemento fantasmal: en una sesión de espiritismo casual Lily busca contactar con su hermana, al otro lado espera otra chica, una que busca algo y que usará despiadadamente a nuestra protagonista para ello. Claro, todo este desarrollo, con la inclusión de suficientes personajes como para reclamar la atención del espectador más apático, requiere de su tiempo, y Cassadaga se lo toma. Precisamente la inclusión de ese romance, claramente melodramático y probablemente innecesario, busca enfatizar esta progresión, por eso no os extrañe que la cinta roce las dos horas de duración.

Lo interesante sería saber si esas dos horas merecen la pena. Siendo honestos, creo que Cassadaga es una de esas producciones de las que solo se pude disfrutar superando la pereza. Los primeros cuarenta minutos ponen a prueba nuestra paciencia en cuanto a lo que el guion se refiere: ¡¿dónde está el horror aquí?! ¡¿El fantasma podrido de una mujer se le aparece a otra?! ¿¡La protagonista follando en bragas con un guaperas insulso?! ¡¿Sueños premonitorios?! La lista de tópicos crece y crece, con ella una desesperación que solo se aligera con la capacidad descriptiva de sus actores y sus escenas – un genial nivel técnico para una película medianamente barata –. Porque el misterio no tiene mucho interés dado que siempre deja un sabor reconocible en la boca. Picoteando de aquí y de allí (espero que me perdonéis por no dar referencias, se trata de un intento de evitar destripes debido a lo manido de sus sorpresas), llegamos a una parte central donde la tensión toma un mayor protagonismo y DiBlasi se deja llevar por sus tendencias más “barkerianas” para ofrecer todo aquello que el marketing de Cassadaga vendía.

Obviamente, sabe a poco ese asesino llamado “Gepetto” y cuya depravación sexual es lo único que consigue meternos la angustia en el cuerpo. Las escenas protagonizadas por este curioso “artesano” son donde la película gana enteros, personalidad propia y capacidad de impacto, siempre ensalzando lo dramático. Una capacidad que asoma tímidamente su feo hocico hasta un final igual de previsible que el resto de la trama, y que se desvía hacía unos terrenos propios del “slasher”. De nuevo esa mezcla que de no ser por su perfecta presentación, excelente trabajo de edición a mi juicio, lograría marear al espectador.

Ojala DiBlasi y sus guionistas hubiesen decidido preparar un libreto igual de sólido, pero basado en otras premisas con mayor espacio para la sorpresa y los giros originales. Desde luego que si Cassadaga se ve compacta es por los parámetros tan tópicos a los que decide abandonar su historia. Una pena porque elementos inquietantes propios tenía para dar y tomar, habida cuenta de la capacidad evocadora que esta región de Florida contiene – por ejemplo, la imaginería alrededor de Susan la médium –. Eliminando de la ecuación la profundidad del cantado romance de Lily, con ”Gepetto” explotado hasta las últimas consecuencias e ideas más frescas para epatar, hubiésemos estado ante una película ciertamente notable. Tal y como ha quedado para su presentación al gran público, permanecerá como una película agradable y resultona, muy indicada para ratos muertos y aficionados con paciencia y especial disfrute por los nuevos thrillers sobrenaturales – tan de moda – protagonizados por mujeres de marcada personalidad. Nada más.

Lo mejor: Su capacidad de transición entre distintos géneros.

Lo peor: Su predictibilidad.

Paranormal Activity 3

La cuerda se rompió

Paranormal Activity 3

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  • Título original: Paranormal Activity 3
  • Nacionalidad: USA | Año: 2011
  • Director: Henry Joost, Ariel Schulman
  • Guión: Christopher Landon
  • Intérpretes: Christopher Nicholas Smith, Lauren Bittner, Chloe Csengery
  • Argumento: En los ochenta, la pequeña Katie y su hermana Kristi son victimas, por primera vez, de su particular maldición fantasmal. Sus padres deciden grabar lo que ocurre.

40 |100

Estrellas: 2

Paranormal Activity 3

La cuerda, de tensarla, puede terminar rompiéndose. Pese a que los espectadores de todo el mundo le han regalado 205 millones de dólares con sus tickets, superando los 193 y 177 millones de la primera y la segunda, la formula se está agotando a marchas forzadas. Igual que sucedió con la franquicia a la que arrebató el liderazgo en Halloween, la de Saw, sus responsables, en lugar de intentar crear una saga de éxito apoyada en innovaciones y/o sorpresas y mejoras a nivel artístico o de puesta en escena (que si, aunque se trate de un falso documental existe una puesta en escena) se han decantado por el negocio del saca-cuartos a entrega por año; rodajes rápidos con guiones prácticamente nulos donde (casi) no hay nuevas ideas ni intención de impactar al espectador de forma inteligente, sino de asustarle con puertas que se cierran más fuerte, objetos que caen al suelo más rápido y sabanas que vuelan a mayor altura. Pero, como dije, 205 millones (con un presupuesto de 5) les vuelven a la dar la razón.

A la tercera no va la vencida

Paranormal Activity tuvo su gracia (y ya está) por aquello del falso documental en casa encantada. Aunque la técnica seguía una moda muchas veces reiterativa, el tema de la casa encantada con grabaciones “reales“ tenía su interés y poder de sugestión. Con su minimalismo (costó unos miles de dólares), su publicidad inteligente (incluso Spielberg, con obvios interés comerciales, salió a contar que se hizo mojones viéndola…), la campaña viral por la red y unos primeros pases en festivales tremendamente efectivos, Paranormal Activity se convirtió de la noche a la mañana en el nuevo Blair Witch Project. Tenía su interés por ser el comienzo.

Paranormal Activity 2 no se hizo esperar, y ofreció más de lo mismo pero elevando el ruido y el número personajes; ahora las victimas no eran únicamente una (insoportable) pareja, sino también un bebé y un perro, elementos que, por fragilidad e inocencia, hacen sentir una mayor vinculación con la tragedia como victimas del poltergeist. Todavía se podía ver.

Paranormal Activity 3, como manda la moda, se pasa al terreno de las precuelas. Y como gran novedad tenemos que, al desarrollarse a finales de ochenta, las grabaciones son VHS. Eso, y que podemos ver a la protagonista de la primera antes de su pecho saliese en las grabaciones más que los fantasmas.

Pasado, presente y futuro

La historia se dio a conocer con las aventuras y desventuras de Katie y Mikah. Estos dos, son pareja de clase media (de la de verdad, no de las que deben al banco el sueldo de una vida por un zulo), él corredor de bolsa y ella estudiante para profesora. Tienen un caserón imponente, con un gran patio, piscina, todo muy moderno y propio de la USA Happy Family. Pero tienen un problema, y no es moco de pavo; creen que un espíritu persigue a Katie. Y no se trata precisamente de un fantasma de los buenos. Movido por la curiosidad y el estudio parapsicológico, Mikah, que como veréis durante el desarrollo es un personaje de lo más detestable, se dedica a poner cámaras por la casa para captar la actividad paranormal. Así, entre planos del pecho y el culo de su novia, contemplamos los asaltos nocturnos del fantasma, con puertas que se mueven un microsegundo, sonidos en la escalera, luces que se encienden y cosas similares.

Como dije, Paranormal Activity 3 es un precuela. Por tanto, pasamos a conocer a Katie y a su hermana Kristi, de pequeñas, y por desgracia también a sus padres, otra pareja repelente y de comportamientos absurdos muy similar a Kate y Mikah. El fantasma también anda por ahí, más gamberro que nunca, lanzando las sabanas hacía cámara, cerrando puertas con más ganas y destrozando la cocina a la pobre familia.

Para Paranormal Activity 4 el fantasma, en el espacio, asaltará una nave espacial con aliens a los que cambia de sitio los huevos con los embriones, convierte las babas radioactivas en una bebida refrescante y abre los compartimientos de forma misteriosa. Todo en 3D.

Alguna pequeña novedad

Pese a que Paranormal Activity 3 viene a ser lo mismo que las otras dos, sus responsables han intentado innovar añadiendo un nuevo elemento de rodaje fantasmal: el trípode en movimiento. En el salón ubican una cámara por las noches, que se mueve captando lo que ocurre de una punta a otra. Esto, que se presupone un elemento cubre de suspense, es utilizado de forma tan reiterativa y torpe que en lugar de causar inquietud, causa aburrimiento. Únicamente en una ocasión la jugada les sale bien.

Como siempre sucede en esta saga, el desarrollo se basa en un comienzo y nudo con mucha paja (conversaciones familiares intrascendentes), que va alternando con pequeñas irrupciones del terror fantasmal, sobre todo durante las noches. Esta vez se atreven con algún momento importante durante el día que, mira por donde, termina por ser lo más inspirado de la función (el juego de los espejos de Bloody Mary, que desemboca en una set piece extrañamente malsana) y llegamos a un desenlace abrupto en el que se atropella la acción, digamos, más sobrenatural. Una formula sencilla, en involución de interés para el aficionado algo exigente, aunque sigue dando mucho dinero. Lo dicho, nos vemos en el espacio.

Lo mejor: El momento Bloody Mary.

Lo peor: La fórmula empieza a aburrir, las innovaciones de puesta en escena están torpemente resueltas y hay demasiada paja para llegar a la duración estándar.

Destino Final 5

La muerte hace mejoras

Destino Final 5

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  • Título original: Final Destination 5
  • Nacionalidad: USA | Año: 2011
  • Director: Steven Quale
  • Guión: Eric Heisserer
  • Intérpretes: Nicholas D´Agosto, Emma Bell, Miles Fisher
  • Argumento: Tras un multitudinario accidente causado por la destrucción de un puente, los pocos supervivientes tendrán que escapar de la muerte, que acecha en cualquier rincón y se pretende llevárselos uno por uno.

60 |100

Estrellas: 3

Destino Final 5

662 millones de dólares. Esa es la cantidad recaudada en todo el mundo por las cinco partes de las que, por el momento, consta la franquicia. La suma de sus presupuestos es de 160 millones. Hagan cuentas. Destino final es, junto a las sagas de Saw y Paranormal Activity, una de las series de películas del terror actual más exitosas y rentables. Además, y a excepción de la más bien funesta cuarta entrega, es también la más entretenida y original dentro de su fórmula. Esta quinta entrega, que al igual que la cuarta se estrenó en cines en 3D, una vez más nos cuenta como la muerte, invisible pero al acecho, monta su particular fiesta sangrienta. Las víctimas, un grupo de jovenzuelos que la desafían escapando de sus garras durante un accidente.

Intentando refrescar la fórmula

A estas alturas, todo aficionado al cine de terror sabe de sobra lo que sucede con el éxito en el subgénero slasher. Ha sucedido desde que este comenzó propiamente dicho; películas como La noche de Halloween (1978) o Viernes 13 (1980) han contado, y siguen contando, con innumerables secuelas, precuelas, reboots y remakes. Ahí están Pesadilla en Elm Street, Campamento sangriento, Hellraiser, Phantasma, Scream o la citada Saw. En la mayoría de ellas, sino todas, se utiliza una fórmula (casi) inquebrantable que consiste en ofrecer lo mismo multiplicado por dos en cada entrega. Lo que no quiere decir que sean mejores que su predecesora. Así, una trama generalmente simple y que da justita para un guión de noventa páginas, termina alargándose como si de una temporada televisiva se tratase. Tres, cuatro, seis, ocho y hasta más de diez entregas; la saga dura lo que el cuerpo del fan aguante. Al ser producciones de presupuesto bajo o ajustado, en algunos casos aunque pierdan gas en cines sí pueden seguir sirviendo en formato doméstico.

Destino final supuso hace doce años un agradecido refresco dentro de la horripilante moda del slasher teen que resurgió con el éxito de Scream. Se convirtió en un sleeper a todos los niveles. El asesino de turno adoptaba forma sobrenatural, al igual que sucedía, por ejemplo, con Freddy Krueger, pero con una importante diferencía; ahora se trataba de la mismísima muerte que no mostraba ninguna forma ni rostro, sino que, como si tratase de un todo, actuaba a su antojo modificando situaciones corrientes para que pasasen a ser trampas mortales. Lo inesperado de los ataques, la ingeniosa truculencia de los mismos y la mezcla del terror típico del slasher moderno unido a cierto sentimiento Twilight Zone, jugaba a favor de lo que ya es una pequeña joyita de este todavía corto siglo XXI. Las secuelas siguieron la fórmula a pies juntillas; prólogo catastrofista espectacular; se descubre que era la visión de uno de los protagonistas; él y varios más salen del lugar; la muerte acude en su búsqueda uno por uno. Como ya dije, salvo la cuarta, la calidad fue bastante homogénea, salvando, obviamente, la eliminación del factor sorpresa.

Para esta nueva entrega la fórmula ha conocido una pequeña e interesante novedad; todo aquel perseguido por la muerte puede librarse de ella siempre y cuando se cargue a otra persona. De este modo, la muerte le dejaría en paz durante el periodo de vida que le quedase a la persona sacrificada. Idea realmente interesante que, lástima, no se llega a desarrollar en profundidad, pues al final, lo que prima e interesa realmente a sus responsables es salpicar la pantalla con mucha sangre de las formas más macabras posibles. En este sentido, al menos os puedo asegurar que Destino final 5 cumple de sobra (dentro de los límites de un producto mainstream, claro). Es más, algunas de sus muertes están entre lo mejor de la saga, y la famosa y siempre esperada escena de introducción resulta impactante. No desvelaré nada pero, los últimos quince minutos (incluyendo los créditos) deparan varias sorpresas que redondean un conjunto que devuelve el brío a la marca.

Muertes notables

Obviamente, aquí hay SPOILERS.

A estas alturas, y en una página como Almas Oscuras, no nos vamos a poner a explicar los motivos por los que al ser humano, al menos a muchos (entre los que me incluyo, claro) nos gusta, disfrutamos, nos divertimos incluso, viendo la muerte y la destrucción en una sala de cine. Sagas como Destino final proponen la violencia como un porno audiovisual hilarante y objeto de evasión. Y cuanto más retorcido, en este caso dentro de los limites R-teen permitidos, pues mejor. De ahí que en Destino final 5 nos regalen algunos momentos realmente efectivos en estos menesteres: una gimnasta que pierde el equilibrio y acaba con los píes más cerca de la boca que la nariz; una especie de “tonto de la clase” que, por su tontería, acaba en un club de masajes de ojos rasgados al más puro estilo Audition; la tía buena concienciada con su cuerpo que, en una operación de ojos, terminará con ellos dando brincos; o ese final ya citado, que, tranquilos, no revelaré ni avisando de SPOILERS, porque resulta inesperado/sorprendente, épico y digno de ser visionado virgen. Los efectos 3D, para quien guste de ellos, hacen el resto.

Lo mejor: Posiblemente la mejor y más completa (dentro de sus límites) entrega de la saga, con permiso de la primera: escena de introducción impactante y muy bien resuelta, buen gore, guión algo más sólido de lo esperado y un final inesperado y épico.

Lo peor: Una lástima que la intención de refrescar la saga mediante un nueva subtrama, la de “matar para vivir”, no se desarrolle de forma más profunda, pues podría haber quedado un thriller de lo más interesante.

Cast a Deadly Spell

Un caso del detective Phil Lovecraft

Cast a Deadly Spell Póster

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  • Título original: Cast a Deadly Spell
  • Nacionalidad: Estados Unidos | Año: 1991
  • Director: Martin Campbell
  • Guión: Joseph Dougherty
  • Intérpretes: Fred Ward, David Warner, Julianne Moore
  • Argumento: Los Ángeles 1948, todo el mundo usa la magia, como el último adelanto, salvo el detective Lovecraft, que mujer mediante se ve envuelto en un siniestro caso relacionado con el infame Necronomicon.

77 |100

Estrellas: 3

Cast a Deadly Spell Grande

Con la obra literaria de Lovecraft y su relación con el séptimo arte pasa algo curioso: es muy difícil encontrar una película que refleje dignamente la idea de horror cósmico del maestro de Providence, y más aun sin llegar a ser ridícula. Además, y por desgracia, suelen ser las adaptaciones más o menos directas de este o aquel relato de Lovecraft las peor paradas. Obviamente, reflejar un universo de tintes oníricos, envuelto en locura y con un trasfondo materialista, en tan solo hora y media, supone un reto imposible de abordar con éxito. Sin embargo, podemos encontrar gemas cinematográficas diseminadas a lo largo de los años, cuya influencia lovecraftiana es sobrellevada con dignidad y resultados satisfactorios para el espectador, bien sea un fanático a la cosmogonía cthulhuidea o no; y en este rosario de musgosas cuentas, se revela el curioso hecho de que cuanto más tangencial sea la influencia, sin tener que renunciar a la pureza de la hidromiel mezclada, mejor se adapta al formato cinematográfico. Amén de que cuanto menores son las pretensiones, el resultado final se antoja superior.

Mi película favorita basada en los mundos de Lovecraft sería una de las muchas obras maestras de Carpenter: En la boca del miedo, cinta imprescindible. Suena radical, pero si no la has visto todavía, ¿qué haces en un portal de cine de terror? Clásico moderno que demuestra, de una forma harto inteligente, que la mejor herencia de Lovecraft no son los nombres impronunciables de sus deidades y criaturas, si no las ideas que subyacen debajo de la parafernalia “mística”. La película de Carpenter ocuparía el trono pero a sus pies habrá que ponerle compañía, ¿verdad? En este caso, para el segundo de la clase, ya tendría mis dudas. Lo que no me causaría dolores de cabeza sería elegir a las candidatas para el segundo puesto: The Resurrected (1992, Dan O’Bannon – R.I.P -), Re-Animator (1985, Stuart Gordon), From Beyond (1986, Stuart Gordon) y Cast a Deadly Spell (1991, Martin Campbell). Que conste que dejo conscientemente en el tintero el mediometraje La Llamada de Cthulhu (2005), porque creo que se trata de un caso peculiar a estudiar aparte, como ya hiciera nuestro buen amigo Asier.

Por mucho dolor que me causase la decisión, me decantaría finalmente por Cast a Deadly Spell, siempre hablando en términos de cine influenciado por Lovecraft. Pese a ser las otras tres opciones apetitosas adaptaciones “sui generis” de relatos del creador del horror moderno, así como estupendas cintas, su relación con el escritor de Providence es poco más que formal, mientras que Cast a Deadly Spell, (des)conocida en España como Hechizo Mortal, sin trasladar a su guión ninguna historia cthulhuidea concreta, destila toda la magia de las narraciones de los mitos con una historia propia, cuya ambientación y humor realzan la faceta de puro entretenimiento intelectual que supone la interpretación del universo como una broma de dimensiones cósmicas; y os aseguro que no hay nada más lovecraftiano que eso. Además, la fusión de género (fantasía y novela negra en este caso) se adelantó por algunos años a las modernas tendencias de la literatura fantástica estadounidense y cuyo mejor ejemplo (del que también bebe Cast a Deadly Spell) sería Tim Powers, cuyo tratamiento de lo sobrenatural como una parte más – al igual que la física, medicina y otras ciencias – del mundo humano moderno es lo que caracteriza la comedia de horror que hoy “revivimos”.

Parte del éxito, de lo divertida que resulta la película dirigida por Martin Campbell radica en esa fusión de conceptos que casi parece que funcione obra y gracia de algún hechizo transmitido por los tubos catódicos. Porque sí, esta comedia sobre clichés del cine negro con tintes sobrenaturales y algo de horror lovecraftiano tiene su origen en la televisión. Nacido como un producto de la HBO, sorprende un acabado tan profesional, una falta de miedo a mostrar la magia en primer plano, unos actores tan comprometidos como graciosos, un guión genuinamente original y una serie de evocadores homenajes (como ese genial club llamado “The Dunwich Room” o el comisario “Bradbury”) que de forma continúa van sacando al pequeño “calamarcito” que todos llevamos dentro. Vamos, que si todos los telefilmes fuesen como este, conectaría mi televisión directamente a mi organismo vía intravenosa.

Comencemos por la historia: un detective rudo y sarcástico como pocos, apellidado Lovecraft (pariente cercano de Sam Spade), es uno de los pocos que se niega a usar la magia para facilitarse la vida (aquí se trata la magia como si fuese un avance tecnológico más, sin saber a que precio, una lectura muy propia de Fritz Leiber, otro autor “pulp” muy querido entre el aficionado). A punto de ser desalojado de su despacho/apartamento acepta por desesperación un trabajito que huele peor que las playas de Venice en verano. Por supuesto, el encargo incluye un científico “raro”, una virgen cazadora de unicornios, un travestido y El Necronomicon. Todo eso serían minucias para nuestro endurecido héroe, si el negocio no incluyera un reencuentro con la rutilante Connie Stone: “femme fatale”, cantante, antiguo amor del detective y actual chica del malvado y enemigo jurado de Lovecraft, a la par que ex-compañero del mismo. ¡Vaya ingredientes!

Pues ya os puedo decir que si la historia se muestra jugosa, no lo es menos la ambientación. Cuando digo que la magia impregna todo el metraje no os miento, la atmósfera de cine negro de finales de los cuarenta está muy bien conseguida, pero siempre observaréis los fotogramas manchados de colores mágicos: “rojo sangre, verde musgo y azul marino”, amén de pequeños detalles que ayudan a crear un entorno creíble para la fantástica historia. También supone una autentica delicia el muestrario de coches de época, trajes y peinados y, lo más importante: licor de las tierras altas y clavos para ataúd por doquier. Todos fuman y beben, y mucho, pero lo gracioso es ver como se codean personajes extraídos de una novela Hammet con vampiros, hombre lobo, gárgolas y… ¡la mismísima Cabra de los Mil Retoños! La Madre de la Putrescencia, La Guardiana de la Lente Lunar: ¡Iä, iä, Shub-niggurath! Por si fuera poco, los tópicos (como el ardiente reencuentro entre Connie y Phil Lovecraft) están tratados con un humor simpático y alguna dosis de terror (no olvidemos de que la magia que usan los habitantes de Los Ángeles es negra, teniendo sus efectos funestas consecuencias) que serán siempre bienvenidas… y los principales culpables de que una mezcla única funcione son los actores.

En el papel de detective, y muestrario de frases ácidas con patas, tenemos a Fred Ward pedazo de actor que pese no haber cosechado el éxito que se merece (como primera estrella de Hollywood) ha seguido una carrera tan activa que da miedo enumerar los títulos donde participa. A bote pronto solo me quedaría con Temblores (1990), que comparte con Cast a Deadly Spell, aparte de actor principal, un acabado igual de satisfactorio – habiendo incluso conseguido una serie a la sombra de la “gusanil” franquicia –. Pues bien, Ward borda un papel socarrón a la par que vulnerable, ¡dios! Es verlo en pantalla con su sombrero, sus impertinencias y sus preguntas “casuales” y uno no puede menos que ponerse de su lado. Pero si en cada escena, Ward se queda con el cincuenta por ciento de nuestra atención, el resto de actores le van a la zaga; comenzando por una joven Julianne Moore que se destapa como una “sensible” mujer fatal capaz de fundir farolas . ¡Una bomba pelirroja que derrite el suelo allá por donde pasa! Marcándose un par de canciones que llenaran nuestros oídos con cantos de sirena, y sin abandonar del todo ese tono irónico que rodea a toda la película. Tono que quizás sea David Warner (con más de doscientas películas a sus espaldas – entre ellas En la Boca del Miedo), quien interpreta al científico/hechicero en busca del Necronomicon, el que mejor sabe trasladar la ironía a su papel, subiendo en quilates la película cuando aparece en pantalla. Y para cerrar los cuatro lados del cuadrilátero que acoge este duelo interpretativo, tenemos a Clancy Brown en el papel de antagonista directo de Lovecraft. Diría mucho sobre su papel en la cinta que nos ocupa, pero como buen y psicodélico resumen, comentaré que entronca directamente su actuación, con la personificación que su voz hace de Señor Cangrejo en la famosa (y divertida) serie de Bob Esponja.

Amigos, intentaré rebajar mi entusiasmo porque no todo es oro lo que reluce. Obviamente, por restricciones presupuestarias, algunos detalles resaltan por pobres, no alcanzan la excelencia que su atrevido guión merece. Algunos maquillajes y animatrónicos están diseñados con cariño pero ejecutados de forma casposa. ¿Shub-niggurath en un telefilm de 1991? Bueno, ya sabéis a que me refiero. No obstante, el aire retro que destila la película gracias a su ambientación temporal, justifica parcialmente las carencias presupuestarias, conectando ciertos pasajes con las míticas cintas del Dr. Quatermass. Lo que no resulta justificable son ciertos infantilismos heredados de la década anterior, ciertas escenas o “sketeches” que enfrían el ánimo del espectador maduro. Allá a mediados de los noventa, cuando tuve ocasión de disfrutar de su emisión por el Canal + (tiempos maravillosos donde igual caía The Refrigerator que un ciclo de Troma), ya pensé que a veces tendía a los efectismos de Golpe en la Pequeña China, pero más burdos. Afortunadamente, solo se trata de momentos puntuales que son luego bien realzados por la labor tras las cámaras de Martin Campbell, director de bastante renombre que ha ido subiendo peldaños, en forma de películas de la franquicia de James Bond, desde sus pinitos en televisión hasta llegar a rodar la novísima Green Lantern. Como podéis ver no se trata de un completo inútil, por mucho que desprecie el cine “mainstream” también sé reconocer el valor de todos los trabajadores que allí van a parar.

Tampoco es un inútil su guionista, Joseph Dougherty, que pese a haberse centrado más en productos televisivos, demuestra que sabe de lo que habla – insisto en que las referencias lovecraftianas nos son gratuitas, si no una herramienta que Dougherty, como Carpenter, usa a su antojo –; incluso le alcanzarían las ideas para una secuela protagonizada por ¡Dennos Hopper! Esta secuela también fue rodada para televisión bajo el nombre de Witch Hunt, desgraciadamente no es posible verla doblada o subtitulada.

Terminando, una película con la que hay poco que perder. Una de esas joyas que pasan desapercibidas: desde el diseño de sus atroz póster, hasta su humilde origen, hacen de Cast a Deadly Spell una de esas rarezas a revindicar cuya falta de pretensiones y buen humor derretirá el duro corazón de los aficionados al fantástico – siempre que se la tomen en serio dentro sus propia idiosincrasia como pseudo comedia –. Si además añadimos las gotas justas de Lovecraft creo que no se puede pedir más para una tarde de domingo donde juro y perjuro que no encontraréis actividad más divertida que disfrutar de las “weird adventures” de una detective que no necesita la magia para ser el más duro del lugar. Un “bourbon”, con un chorrito de agua, a la salud de una película única, para bien o para mal.

Lo mejor: Años cuarenta, novela negra, magia, Lovecraft, humor... ¡y todo funciona!

Lo peor: A veces su ligereza juega en su contra

11-11-11

Ni tocó la loteria ni se acabó el mundo

11-11-11 Poster

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  • Título original: 11-11-11
  • Nacionalidad: Estados Unidos/España | Año: 2011
  • Director: Darren Lynn Bousman
  • Guión: Darren Lynn Bousman
  • Intérpretes: Timothy Gibbs, Michael Landes, Brendan Price
  • Argumento: Después de la muerte de su mujer e hijo, Joseph, escritor de éxito, viaja a Barcelona para encontrarse con su hermano inválido y padre moribundo. Un encuentro marcado por el número 11-11-11 y sus significados.

40 |100

Estrellas: 2

11-11-11 Grande

Si deseas acudir a “11-11-11” con la mínima esperanza de verte sorprendido, no leas esta reseña ni te acerques a menos de cien metros de alguien que la haya visto. En realidad, no se trata de un problema en cuanto al contenido en spoilers o la falta de elegancia de la gente que ya la ha visto, sencillamente, estamos ante una película que por su propia definición, por el estilo al que se adscribe, deja al descubierto todo el desarrollo de su argumento cuando se apuntan generalidades sobre ella o simplemente se compara con alguna otra de las películas básicas dentro de ese remedo de subgénero que sería “el Apocalipsis luciferino”.

Joseph Crone, una vez escritor de éxito internacional, perdió la fe en Dios cuando su mujer y su hijo murieron en un incendio. Intenta rehacer sus pedazos, pero el número 11-11 le persigue hasta en sueños para recordarle que su tragedia personal no importa a ojos del Señor y que existen designios más allá de su razón.

Las piezas del misterio se revelan ante él cuando debe volver a Barcelona, donde a su padre le quedan pocos días de vida y su hermano Samuel, un cura paralítico, se ve atacado por fuerzas sobrenaturales que quizás anuncien el fin del mundo o el principio de uno nuevo. ¿Qué lugar le depara a Joseph la providencia ante una conspiración de fuerzas demoníacas?

Once de Noviembre del 2011, un día ideal para que suceda algo grande: bien sea un importante premio de lotería o el fin del mundo. Sin embargo, de tan señalada fecha ya pasan muchas horas y nada espectacular ha sucedido. ¿Decepción? Sí, elevada a la undécima potencia en el caso de la película que nos ocupa. Una cinta sobre profetas, señales sobrenaturales, numerología, el Apocalipsis y un hombre que ha perdido su fe en el dios cristiano con cuyas enseñanzas machacaron su educación y blah, blah, blah. Un nuevo muestrario de paisajes comunes, rodados con poca gracia, y con una falta de mimo hacia los detalles de su guión, de tal forma que se convierte en una tortura para el espectador debido a errores capaces de empequeñecer un film, relativamente caro, que se merecía un destino mejor.

Adscrito a lo que sería el “cine luciferino”, definición que me saco de la manga y cuyos principales exponentes, para lo que nos ocupa, serían La Semilla del Diablo y La Novena Puerta, ambas de Roman Polansky, no llega a transmitir lo que sería la clave de este tipo de argumentos. De hecho, si bajo el prisma de estas dos pequeñas joyas midiésemos el resultado final de 11-11-11, pasaría por se una de las peores películas tratando el advenimiento de la serpiente, del ángel de la luz y execrable señor de los Infiernos judeocristianos. Todo, por como digo, esa incapacidad de apuntalar el pilar básico de este cine: la transformación, el viaje iniciático que los protagonistas, habitualmente descreídos, padecen hasta descubrir que la sombra crece al cobijo de la luz y demás zarandajas que vienen a desvelar la naturaleza lobuna del ser humano, representada ésta en la efigie de Lucifer. Jamás llegamos a empalizar con Joseph, siempre se ve perdido en un guión que hace aguas a pesar de mostrarse ligero e incapaz de profundizar en peligrosas cuestiones éticas o, siquiera, en el horror psicológico que Joseph debiera vivir como parte de su transformación. Si junto a la imprescindible El Corazón del Ángel (1987, Alan Parker) formasen ambas parte de una misma moneda, mientras aquella sería la cara está sería, sin lugar a dudas, la cruz.

El principal culpable, como director y guionista, de este patinazo es un hombre experimentado en la industria, aunque más dado a los fuegos de artificio que a otra cosa, lo que no quita para reconocer que el eclecticismo de Darren Lynn Bousman es digno de alabanza. Director de Saw II-IV (justo las partes que dinamitaron mi interés por la saga), del musical Repo, The Genetic Opera y del acertado remake de Mother’s day; podemos decir que no le tiene miedo a nada, porque con 11-11-11 cambia de registro completamente. Sin embargo, el cambiar de estilo una y otra vez, no evita el que a sus películas les falten “corazón”. Todas sin excepción tienen más de un momento de tedio, pero con su último producto se lleva la palma.

La trama gira en torno al significado místico e importancia como señal divina del número 11-11, aunque sin llevarlo al terreno de la obsesión, como la irregular El número 23, y como afecta a la vida del protagonista, que verá puesto a prueba su ateismo merced a las fría relación familiar que mantiene con su hermano, cura para más “inri”. Y aquí ya contamos con el primer fallo de bulto: en ningún momento se siente la transformación de Joseph; de amargado escéptico, incapaz de sentir más que resentimiento hacia su padre y hermano, pasamos a creyente, salvador de una humanidad que desconocemos si le importa o no. Proceso lento, que en su último estadio se acelera de forma poco creíble, tan aburrido como soporífero y que se prolonga durante más de una hora, sin que el resto de escasos personajes parezcan aportar nada a los cambios de perspectiva sufridos por el protagonista.

A ello se suma una falta de carisma flagrante por parte de los personajes; es más, Lynn Bousman se centra más en recalcar las señales sobrenaturales, con algo de numerología real para darle credibilidad al asunto (cuestión que para un servidor sobraba), antes que en indagar dentro de la psique de unos personajes que, pese a tópicos, daban mucho juego para manipular la paranoia del espectador. Donde, por ejemplo, en “La Novena Puerta” se juega con la confianza del público, a través de los ojos de Johnny Depp, aquí es preferible mostrar sombras por aquí y susurros por allá a ver si asustamos al espectador, que para eso ha pagado la entrada a una película de “miedo”. ¿Resultado? Absoluta incapacidad para mantener la atmósfera ominosa que se merecía un nuevo cuento sobre nuestra relación con Dios y el Diablo, aunque fuese desde cierto punto de vista maniqueo. En definitiva, la faceta de thriller, la investigación sobre los terribles hechos que sucederán el 11-11-11, es aburrida y falta de interés; teniendo en cuenta que se trata de todo el nudo del metraje, son demasiados minutos intrascendentes, fallidos en su ambientación, como para mantener la completa atención del espectador. Un servidor tuvo que realizar tres intentos hasta verla completa, porque siempre comenzaba a dar cabezadas cuando llegaba al minuto… ¡11:11!

En cuanto a los actores, pese a no ser grandes estrellas de Hollywood, sin duda estamos ante profesionales competentes pero, no sé si por la ausencia de dirección artística o dejadez propia, nunca llegan a cuajar en la pantalla. En concreto os hablo de Timothy Gibbs (Joseph) y Michael Landes (Samuel). No es solo falta de carisma o credibilidad, a veces incluso se notan forzadas las interpretaciones, quizás por unos diálogos bastante flojos (antológicos todos los mantenidos por Celia, la “factotum” de casa “Crone”, y Joseph); la cuestión es que siendo imposible empalizar con sus cuitas nos quedamos sin elementos de interés cuando, además, el guión base se resume en solo dos líneas, que justamente se desvelan en un final que, cosas de la vida, consigue salvar parcialmente los muebles. Aunque me gustaría aparcar las malas sensaciones que me ha provocado 11-11-11 momentáneamente, para señalar que la fotografía me ha fascindo. Resulta curioso que mientras en otros apartados técnicos luzca discreta (efectos visuales, banda sonora y, especialmente, montaje para olvidar con respecto al presupuesto manejado), la fotografía salga beneficiada de los escenarios barceloneses – genial esa casa junto a la playa -, luciendo las tonalidades azules y apagadas, a la luz del día, como lo mejor de la película sin lugar a dudas. ¡Como veis siempre intento rescatar algo hasta del bodrio más abyecto!

Como ya he comentado, el final es para darle de comer a parte. Su disfrute radica en dos puntos: los efectos especiales – la traca final -, y la resolución de los misterios planteados, y como dejan a Joseph y a su hermano con respecto a la historia. Vaya por adelantado, que el primero de estos puntos, el elemento sobrenatural tangible, es digno de una “caspamovie” emitida en cualquier cadena de televisión privada a la hora de la siesta. Pero no me malinterpretéis, desde esa perspectiva casposa me resultó la mar de disfrutable y risible, sobre todo porque contrasta frente a la seriedad con que se tratan las señales del 11-11-11 igual que una zurraspa marrón sobre el níveo algodón de unos calzoncillos cualesquiera. Porque, ¡¿qué diablos pintan esos “jeepers creepers” de saldo como heraldos de “otro mundo”?!. Una completa ida de pinza del señor Lynn Bousman. El segundo punto, la resolución del misterio, está a la altura del “cine luciferino”, que me inventaba párrafos más arriba, lo que no quita para que ser parcialmente predecible pero al menos no suponga una burla pueril hacia el espectador.

Resumiendo, desconozco en base a que criterio podría recomendársela a nadie. Este pobre escriba se queda con una sensación bastante amarga tras verla y analizarla, como si de una perdida total de tiempo se tratase. No es que todos sus elementos merezcan ser incinerados, pero los pocos rescatables ya los he visto en otras películas y narrados con mayor potencia (¡madre mía! Que edición más infame ahí que aguantar con 11-11-11). Así que antes que dejaros vuestros euros en el cine con este “quiero y no puedo” o inquietaros hora y media sobre vuestro sofá, acudir a clásicos luciferinos de verdad como La Tutora o El Principe de las Tinieblas, peliculones donde los haya. Si me apuráis, hasta creo que prefiero ver al buenazo de Brendan Fraser dorándole la pava a la despampanante Elizabeth Hurley en Al diablo con el diablo… ¡ahí es nada!

Lo mejor: El final, acorde a la atmósfera ominosa de todo el metraje.

Lo peor: La incapacidad narrativa de su director.