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The Divide

El hombre sigue siendo un lobo para el hombre

The Divide

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  • Título original: The Divide
  • Nacionalidad: Alemania, USA, Canadá | Año: 2011
  • Director: Xavier Gens
  • Guión: Karl Mueller y Eron Sheean
  • Intérpretes: Milo Ventimiglia, Lauren German, Michael Biehn
  • Argumento: Huyendo de un cataclismo nuclear un grupo de supervivientes se encierra en un sótano. La lucha por la supervivencia ha empezado...

59 |100

Estrellas: 3

The Divide

Alexandre Aja, Fabrice Du Welz, Julien Maury y Alexandre Bustillo, Pascal Laugier… Les seguimos los pasos, a todos ellos, muy de cerca. Supongo que nadie se extraña de ello. Estos tipos fueron los artífices de la llamada Nouvelle Horreur Vague, un movimiento espontáneo surgido a principios del s.XXI que colocó a nuestro país vecino – Francia – en una posición privilegiada dentro del panorama del género gracias a títulos tan extraordinarios como Alta Tensión, À l’Interieur, Martyrs o Calvaire.

Y Xavier Gens, desde luego, se ganó a pulso el derecho a entrar en tan distinguido club social gracias a Frontiers, una revisitación de La Matanza de Texas tan escasamente original como tremendamente divertida. Con una sola película, oda a la brutalidad y violencia desatadas (atención a sus últimos 20 minutos), Gens logró ganarse las simpatías de los aficionados al género de medio mundo. De manera que, como al resto de sus compatriotas, un servidor siempre ha seguido muy de cerca los movimientos del director galo.

Dejando a un lado Hitman, una patochada que olía de lejos a encargo y que adaptaba un videojuego que no tengo el gusto de conocer (en cuanto a la película aguanté únicamente sus 30 minutos iniciales); The Divide, película de tintes apocalípticos que hoy nos ocupa, se presumía como el vehículo idóneo para que Xavier Gens confirmara – y aumentará – el talento apuntado en Frontiers.

Tras lo que parece ser un apocalipsis nuclear de origen desconocido, un grupo de personas se refugian en un sótano propiedad de un tipo paranoico (Michael Biehn) al que, por lo visto, nada de lo sucedido le ha cogido por sorpresa. Sellan la que parece ser la única puerta de salida y deciden esperar un tiempo prudencial (hasta que desaparezca la radiación) antes de abandonar el refugio e intentar descubrir qué demonios ha ocurrido.

El empuje inicial de The Divide es magnífico. Se plantean, de manera inmediata, una serie de cuestiones que, también de manera inminente, logran situarnos en la órbita de los personajes encerrados en el sótano y hacernos partícipes de sus preocupaciones: ¿Qué está sucediendo fuera? ¿Cuánto tiempo deberán permanecer encerrados? ¿Deben confiar en Mickey, dueño del sótano y el único que parece tener respuestas para casi todo? Por lo tanto tenemos, de entrada, un buen número de incógnitas por despejar, una situación tensa con expectativas de volverse insostenible, unos personajes a los que, sin ser extremadamente arquetípicos, sí resulta sencillo atribuirles un rol concreto sin miedo a equivocarnos en exceso y, finalmente, tenemos la confirmación de que Xavier Gens sabe dotar a sus obras de una atmósfera y sobre todo una estética encomiables. A nivel formal no hay absolutamente nada que reprocharle a The Divide.

Pero de pronto hay un momento en que todas esas expectativas, todas esas cuestiones sin resolver, desaparecen. Se extinguen. Unos tipos que parecen salidos de un videojuego de última generación irrumpen en el sótano y se llevan, por la fuerza, a uno de los personajes. ¿Quiénes son? ¿Qué están haciendo? ¿Por qué se llevan al personaje en cuestión? ¿Y por qué son tan torpes en el uso de las armas? No importa. Ya nada de esto tiene la menor importancia. No es tiempo de preguntas… porque en realidad ninguna de ellas obtendrá respuesta (ya sabéis que eso es algo que a mí, personalmente, nunca me ha molestado).

La única puerta de salida queda sellada por fuera. No hay escapatoria. Los supervivientes parecen condenados a quedar atrapados de por vida. Y es en este instante cuando The Divide muestra su verdadera naturaleza: El apocalipsis no está fuera. No responde a ninguna catástrofe nuclear. A ninguna amenaza externa. El auténtico apocalipsis tiene lugar en el interior del sótano. Un grupo de hombres y mujeres harán cualquier cosa por salir adelante, por sobrevivir. Y por supuesto – no podía ser de otra manera – la situación desesperada que están viviendo les llevará a a mostrar la cara más mísera y vulnerable de la naturaleza humana. Una lucha por el poder y la supervivencia que les llevará a la degradación máxima del ser humano. A un proceso de involución. Convertidos en animales salvajes fieles a la ley del más fuerte y para los que la vida y la dignidad de sus semejantes no tiene valor alguno.

Todo este discurso no resulta novedoso. Nos lo sabemos. Pero existía mucha curiosidad – al menos por mi parte – por saber cómo el poderío visual y la fuerza de un director como Xavier Gens se desenvolvía en semejante escenario. Sin embargo el resultado final no ha sido todo lo satisfactorio que esperaba…

Bastan un par de secuencias violentas (y de nuevo excelentemente rodadas) para intentar motivar o justificar una evolución excesivamente rápida y muy poco convincente de algunos de los personajes principales. De víctimas preocupadas por salir adelante de la mejor forma posible, intentando resolver los inevitables conflictos interpersonales; pasan a ser auténticas bestias sin atisbo alguno de humanidad. Emuladores espídicos de Travis Bickle (protagonista de Taxi Driver) a los que les sientan de maravilla las ojeras, los abdominales y el pelo rapado. Y es justo en este instante cuando la película se atasca. Gens se regocija en la degradación de sus personajes hasta el punto de coquetear peligrosamente con la monotonía. El discurso se acaba de manera precipitada, y de pronto The Divide no tiene nada más que contar más allá de su impecable acabado formal.

El ritmo decae. La degradación de los personajes, supongo que para algunos totalmente factible y para otros (entre los que me incluyo) absolutamente exagerada y a destiempo; se convierte en el único argumento que le queda a The Divide. Y Gens lo estira hasta el máximo provocando un metraje excesivamente largo y un ritmo en ocasiones cansino que muy poco tiene que ver con el excelente inicio de la película.

Y cuando Gens decide, por fin, dejar de mirarse el ombligo, se da cuenta que ya es hora de terminar la película. ¿Resultado? Un final precipitado y poco convincente… aderezado con un plano final con ínfulas poéticas que probablemente exaspere a más de uno.

Voy a recomendar The Divide. A pesar de que no ha sido, ni mucho menos, lo que me esperaba. A pesar de que he visto en la nueva obra de Gens una maravillosa oportunidad perdida. A pesar de que resulta más que evidentemente que le sobran, como mínimo, 20 minutos de metraje. A pesar de que llega un momento en el que la película se estanca y da vuelta sobre sí misma, apoyada únicamente en el magnífica ejercicio de estilo que Gens borda tras las cámaras.

La voy a recomendar porque, a pesar de todo, es una película con destellos de calidad. Su arranque, algunas situaciones que se dan entre los personajes, su estética, instantes en los que Gens sí logra unos niveles de tensión más que aceptables… Puede que, a nivel personal, no esté a la altura de lo esperado; pero sin duda es una película que merece ser vista. Y de la misma manera que os digo que The Divide no acabó de convencerme, también estoy seguro de que a muchos de vosotros os acabará pareciendo una magnífica película (o al menos eso espero…).

Lo mejor: El inicio y la fuerza visual que Xavier Gens le imprime a la película.

Lo peor: Le sobra metraje. Hay un momento en que el discurso se hace repetitivo y prima la forma sobre el contenido.

El Último Fin de Semana

Apocalipsis en miniatura

EUFDS Póster

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  • Título original: El Último Fin de Semana
  • Nacionalidad: España!!! | Año: 2011
  • Director: Norberto Ramos del Val
  • Guión: Norberto Ramos del Val, Javier Sánchez Donate
  • Intérpretes: Marian Aguilera, Silma López, Nacho Rubio
  • Argumento: Diana ha invitado a unos amigos a la casa de campo donde vivía su abuela. Entre risas, celos y alcohol vivirán su último fin de semana.

77 |100

Estrellas: 4

EUFDS Grande

Recomiendo encarecidamente la adquisición de El Último Fin de Semana. A continuación os explicaré el porqué, pero sirva este aviso destacado para avisaros que solo podréis adquirir el DVD – de momento – a través de la propia página de la película, es decir AQUÍ. Todo a un precio ridículo y con el añadido de unos poquitos extras muy simpáticos, como las divertidas tomas falsas. ¡Qué lo compréis coñe!

Leo, Lisi y Diana, compañeras de trabajo y supuestamente amigas, se embarcan en un fin de semana de “chicas” junto a un agregado de última hora: el bueno de Roque. Una casa de campo será el escenario ideal para conocerse mejor, dejándose llevar por la bebida, el entorno y los sentimientos. Aunque a veces es mejor no averiguar cómo son de verdad tus amigos, porque todo el mundo esconde sorpresas, y los más cercanos las peores.

¡Estoy satisfecho! El Último Fin de Semana ha colmado todas mis expectativas, e incluso diría que ha superado unas cuantas. Otra muestra más de que el cine independiente puede ofrecer historias interesantes y un entretenimiento superlativo; y, por si fuera poco, netamente español, lo que supone una verdadera alegría en estos tiempos de escasez dentro del panorama fantástico ibérico. Cuando hay pocos medios hay que tirar de talento y de cara, pues bien, Norberto Ramos del Val demuestra que le sobra de ambos.

Talento porque hay que ver cómo se las ha gasta con la cámara: soberbio, muy bien planificadas todas las escenas. Puede ser ostensible en algún momento puntual lo ajustado del presupuesto – sobre todo cuando se plantean escenas de “acción” (que son casi inexistentes, eso sí) –, pero sorprenden unos encuadres tan cuidados e inteligentes, un diseño de producción tan natural cuando el tiempo de rodaje fue muy limitado, según nos explicaba el propio Norberto en la entrevista/interrogatorio que tuvimos el placer de realizarle (ver AQUÍ).

Cara porque, a falta de un equipo de cientos de personas, Norberto plantea su película de forma brillante, nos la presenta de una manera orgánica que incluye y juega con diferentes géneros. Así tenemos la apariencia de un thriller europeo que coquetea con el terror sobrenatural, la ciencia ficción e, incluso, unas gotas de comedia que se controlan lo suficiente como para no convertir El Último Fin de Semana en una parodia pero alivian la gran cantidad de diálogos que, de otra forma, podrían llegar a ser cansados.

Otra idea inteligente ha sido revestir el apartado visual con una estética rozando lo retro, pero solo a nivel formal, porque en todo momento disfrutamos de una producción moderna y dinámica. Un ejemplo claro, y simpático, parte del propio diseño de la carátula del DVD (realizado por Sergio Rozas, detrás de algunos de los mejores pósteres nacionales) . Un homenaje al cine español de finales de los setenta – los colores, la presentación de los actores y una enternecedora marca de calificación “S” –. Aunque insisto que se trata de un revestimiento que parte del amor de Norberto por el cine de aquella época (Ossorio, Franco…), y no se trata de una cuestión integral en el desarrollo de la película. Como resultado de estas influencias setenteras/ochenteras disfrutaremos de una fotografía clara y luminosa que enriquece la “actuación” del sexto protagonista: Cantabria.

Y es que efectivamente los paisajes naturales, donde se sitúa el meollo de la trama, son indisolubles a la profundidad de El Último Fin de Semana. Es como si los riscos, las calles abandonadas de un pequeño pueblo, los acantilados y playas estuviesen “espiando” las desventuras de nuestros protagonistas, lo que crea una atmósfera de inquietud sobrenatural que aporta un “plus” a la tensión que los personajes van generando entre sí.

Otro elemento que no podemos olvidar, y que destaca muchísimo, sería la soberbia banda sonora. Si la naturaleza cántabra ejerce casi de actor de reparto, podríamos decir que la música, omnipresente durante casi todo el metraje, sería otro personaje más. Magnífica, lleva de la mano al espectador, ayudándolo a involucrarse con la situación mediante sus pasajes oníricos y psicodélicos. Agudizan la sensación de extrañeza que se respira toda la película, acercándola de nuevo al cine de finales de los setenta, aunque esta vez el “italofantástico”. Un homenaje a las composiciones de Goblin que Niklas Barker, su creador, nos regala sin concesiones, apelando a los resortes interiores de nuestra imaginación. Solo puedo calificarla de acierto pleno, y recomiendo, a los amantes de los “scores” de calidad, adquirirla justo AQUÍ.

Habréis notado que intento evitar el tema del guión por alguna extraña razón. Pues bien, no es otra que el evitar incómodos destripes, puesto que la gran baza de El Último Fin de Semana radica en la intensidad de la caracterización de sus personajes – y mejor que conozcáis a las “reinas del drama” vosotros mismos – y a un par de giros argumentales, de ahí la mezcla de géneros, que vuelven a entroncar esta cinta con el mejor y más sugestivo cine fantástico italiano y que no podréis encontrar con facilidad en producciones actuales. Es tarea vuestra descubrirlo pero ya os digo que no se trata de “cuatro tías tirándose trapos sucios a la cara durante hora y media”, nada más lejos de la realidad.

Retomando el tema de la mezcla de géneros, también me gustaría recalcar que si desollamos El Último Fin de Semana hasta su osamenta, descubriéremos que se trata de un “thriller cabrón”, pero entendedme por el buen sentido. Usando los estrógenos como arma de destrucción masiva, Norberto y Javier Sánchez Donate redactan un guión donde manipulan y doblegan el carácter de sus personajes en múltiples direcciones simultáneamente. Ninguna emoción se ha dejado en el tintero, pero sobre todo destacan cuando hay que plasmar la vileza de sus chicas. Por eso se trata de “una cabronada”, porque la manipulación de los temperamentos de los personajes se extrapola al espectador, que fácilmente puede empatizar con las protagonistas (independientemente de sexo, religión o tendencias políticas) gracias al esfuerzo por perfilar sus personalidades. Esfuerzo que acaba estallando en un apocalipsis miniaturizado, dando pie a la verdadera esencia de la historia.

El trabajo de los actores, como podéis ver, es otra parte fundamental – ya os decía que se trataba de una obra muy orgánica – del éxito de El Último Fin de Semana. Todos están entregados – veréis que se trata de una producción muy “sexy” –, aunque destacaría por encima de todos a mi querido compatriota maño, y turolense de pro, Nacho Rubio, y a la televisiva Marian Aguilera, que está seductora y maquiavélica a partes iguales. Obviamente los actores con una trayectoria más dilatada dan el do de pecho, algo que no quita para que todo el elenco merezca un rendido aplauso (Silma López, Alba Mesa e Irene Rubio)<. Aunque, todo hay que decirlo, como película cuya fuerza reside en los diálogos, existe cierto exceso en los mismos, que derrumba la tensión de unas cuantas escenas aisladas. Por ejemplo, cabe destacar el surrealista momento en que un misterioso surfista aparece de la nada para contar una leyenda urbana local. Un servidor se la tomó poco menos que a broma, porque los diálogos lucen muy falsos en ese momento. Ya os digo, unos altibajos que solo responden a la gran cantidad de conversaciones que se van sucediendo, y os aseguro que lo más complicado de un guión es crear diálogos convincentes (y si no mirar lo que últimamente se estila en Hollywood).

Otra de las pequeñas “pegas” que le pondría a “El Último Fin de Semana” sería su desequilibrio en cuanto a proporción entre mitades. Digamos que se divide en dos partes: presentación de caracteres/ubicación argumental y la sucesión de acontecimientos catastróficos. Por mucho que me guste que un autor se explaye involucrándonos con sus personajes, en esta ocasión creo que se alarga demasiado. Pero se trata de una mera opinión personal, porque en ningún momento llega a cansar esta presentación dada la involucración total de los actores, así como por algún truco de cámara que nos dejará embobados frente a la pantalla.

En definitiva, si no queréis perderos una de las películas más auténticas que ha dado la producción nacional reciente (que sí… que [REC] está muy chula… pero no deja de ser un producto comercial parido a rebufo de la inexplicable fiebre zombi), debéis abandonaros a este fin de semana de relax, sexo y mucha mala leche. Tomad la mano de un cineasta con voz propia, honestidad y, por encima de todo, talento, os hará pasar un rato genial. Palabrita del niño Bob. Eso sí, dejaos los prejuicios en la puerta: nada de “vaya popurrí de paranoias”, que en la variedad está la diversión. Nada de “que pocos efectos especiales”, ¿pero sabéis el presupuesto, cachondos? Nada de “se pasan todo el rato rajando”, ¡bienvenidos al cine sonoro! Solo disfrutadla porque el amor puesto en su confección os llegará al corazón. ¡Enhorabuena Norberto!

Lo mejor: La banda sonora, los paisajes, la entrega de los actores, los giros arguméntales, el final abierto, la magia de Norberto tras las cámaras…

Lo peor: Alguna escena desentona y provoca unos diálogos fuera de tiesto.

Retreat

XXX

Retreat Poster

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  • Título original: Retreat
  • Nacionalidad: UK | Año: 2011
  • Director: Carl Tibbetts
  • Guión: Carl Tibbetts, Janice Hallet
  • Intérpretes: Cillian Murphy, Jamie Bell, Thandie Newton.
  • Argumento: Martin y Kate esperan pasar unos días tranquilos en una isla apartada de la civilización. Sin embargo, reciben la llegada de Jake, un militar que trae muy malas noticias del resto del mundo...

40 |100

Estrellas: 2

Retret Grande

“Retreat” es una de esas películas cuyo argumento promete, así que es difícil enfrentarse a ella sin expectativas.

Martin y Kate son una pareja que no está en el mejor momento de su relación, así que deciden pasar unos días en una isla apartada. Allí, tiempo atrás, pasaron unas vacaciones felices, así que quizás puedan recuperar lo que perdieron.
Pero la cosa no parece estar saliéndoles muy bien y, para más inri, un día descubren a un hombre malherido, Jake, que resulta ser un militar con un mensaje apocalíptico: una epidemia se está extendiendo por el resto del mundo y, lo único que pueden hacer, es sellar la casa y no dejar entrar a nadie para evitar el contagio. Lo cierto es que Martin y Kate llevaban ya unos días sin poder contactar con nadie del exterior, pero… ¿realmente está pasando eso? ¿O las intenciones de Jake son otras?

Puede que no sea el argumento más original del mundo, pero tiene interés. Una situación claustrofóbica, con un personaje cuyas motivaciones pueden no ser las que aparentan, y una pareja que, en un momento en el que necesitan sentirse más unidos que nunca para afrontar el peligro, se encuentran separados. Además, el elenco no está nada mal: Cillian Murphy como Martin, Thandie Newton como Kate y Jamie Bell como el intruso Jake.

Sin embargo, desde las primeras imágenes, algo no va bien. La película arranca con unos planos aéreos del océano que ya hemos visto en muchas ocasiones. La química entre Martin y Kate es inexistente. Su historia es potente pero ya está explicada. Nos enteramos, pero nunca llegamos a sentirla.

Así, hasta la irrupción de Jake, realmente hay poco interés. Cuando éste entra en escena, la cosa se anima un poco. Sin embargo, enseguida se le ve el cartón a la trama. Martin y Kate, como es lógico, dudan de la historia que les cuenta Jake, que un virus ha asolado el resto del mundo y, como se contagia por el aire, hay que sellar la casa y no dejar entrar a nadie. Pero al espectador enseguida le saltan todas las alarmas porque, a partir de ese momento, la película se vuelve tramposa y fullera, y un gran ejemplo es una escena en la que, por la noche, Jake despierta a Martin y le pide que le ayude a defender la casa porque afuera hay gente que intenta acercarse. Disparos, tensión… ¿tensión? ¿seguro? Porque, para no mentir, Carl Tibbets apenas sí muestra el exterior y a quienes asedian la cabaña, por lo que realmente no te crees que haya gente afuera y la escena se desinfla. Es una contradicción: por no engañar al espectador no le enseñan el exterior y, eso mismo, es lo que vuelve tramposa a la escena: si no se ve el exterior, será por algo. Otro ejemplo: Jake parece estar siempre un paso por delante de Martin y Kate, adelantándose a sus movimientos, pero no oye cómo Martin consigue salir de la casa en un par de ocasiones, algo extraño teniendo en cuenta que, como personaje, éste es torpe y poco hábil, así que hemos de suponer que tampoco es precisamente silencioso.

Así las cosas, el que tenía que haber sido un vibrante y tenso choque de caracteres se vuelve más bien irritante y aburrido. Jake debía hacer tambalearse la relación entre Martin y Kate, pero está ya tan jodida que no tiene mucho que hacer. Y tampoco consigue que ella se ponga de su parte y esté en contra de su marido, porque es un personaje lo suficientemente desequilibrado como para que no pueda fiarse de él ni la persona más estúpida del mundo.

Para el tramo final, Carl Tibbets y Janice Hallet se han reservado un as en la manga. Y no está mal, sólo que, a esas alturas, es demasiado poco aliciente para levantar una peli en la que, pese a la decente factura técnica y el empeño de los actores, hace mucho que se han perdido todas las esperanzas.

Lo mejor: El esfuerzo actoral.

Lo peor: El tono general de rutina.

Origen del Planeta de los Simios

Cuando los clásicos pueden evolucionar…para bien

Origen de los Simios Poster

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  • Título original: Rise of the Planet of the Apes
  • Nacionalidad: Estados Unidos | Año: 2011
  • Director: Rupert Wyatt
  • Guión: Rick Jaffa, Amanda Silver
  • Intérpretes: Andy Serkis, James Franco, John Lithgow
  • Argumento: Un científico trabaja en una cura para el Alzheimer probando con monos. Algo sale mal y se ve obligado a llevarse a un mono recién nacido para evitar su muerte. El mono evoluciona de forma sorprendente, pronto empezará a plantearse algunos cambios.

80 |100

Estrellas: 4

Origen Simios grande

En 1968 Charlton Heston descubrió en la orilla del mar de lo que creía un planeta extraño, que en el pasado la humanidad no hizo bien los deberes. Aquella terrible escena con la Estatua de la Libertad semihundida en la arena y con Heston maldiciéndonos a todos, ha perdurado hasta hoy como uno de los mayores iconos cinematográficos de la historia: el impactante clímax de una notable película llamada a convertirse en clásico de la ciencia ficción. Los simios eran amos del planeta Tierra y los humanos que quedaban eran los nuevos simios. El enorme éxito sirvió para que cuatro secuelas poco destacables y una serie de animación vieran la luz en los años posteriores. Sin embargo, ese éxito se perdió con cada nueva película y, pese a que en el 2001 Tim Burton lo intentó defecando un remake que vendió bastantes entradas, El planeta de los simios no volvió a ser lo que un día fue. Pero tranquilos, pues…

…Cada cierto tiempo sucede. Una película de la que nadie espera nada, que no cuenta con una publicidad enorme en comparación con otros blockbuster veraniegos o navideños, ni con un presupuesto que da para comprar el mundo tres veces y que parece sentenciada semanas antes del estreno…da la sorpresa. Si hace varios meses preguntabas a alguien sobre El origen del planeta de los simios te respondía con gesto áspero, cansado. O bien arqueaba una ceja. O bien te afirmaba con humo saliendo de las orejas que no vería nunca más algo que tenga en su titulo “planeta” y “simios”, después de sufrir el remake. Pero, señoras y señores, niños y niñas, cada cierto tiempo sucede. Y este origen, precuela a priori innecesaria, a priori insufrible, a priori ninguneada, se ha convertido no solo en un gran éxito comercial, sino también en una de las mejores películas en lo que va de año.

Entonces, arrepentidos del error del prejuicio, miremos ahora con la mente limpia y ajusticiada la lección que nos ofrecen sus responsables sobre como realizar un entretenimiento de calidad que además de inteligente resulte espectacular; que además de “palomitero” resulte intimista; que además de archiconocido resulte sorprendente.

El origen del planeta de los simios supone, de primeras, un punto y a parte en la captura de movimiento. Esta técnica, utilizada, entre algún otro, por Peter Jackson y, sobre todo, el devoto en la materia Robert Zemeckis, se basa en capturar la interpretación del actor por medio de variados parches, situados en su rostro y cuerpo, que envían al ordenador la información necesaria para crear un personaje ficticio a partir de sus gestos y movimientos. En la trilogía de El señor de los anillos (2001-2003) obtuvo su primer gran personaje con Gollum, y experimentos animados fallidos como Polar Express (2004) o Beowulf (2007) pusieron su empeño en hacer crecer el invento. Pero la cumbre a batir ha llegado con los nuevos simios. Especialmente con uno llamado César. Cosas de la vida, interpretado detrás de los parches por el gran Andy Serkis; el mismísimo Gollum o…el último King Kong (2005).

Tiene más merito aún si contamos que los minutos que César/Serkis está en pantalla, borra de un plumazo las (buenas) interpretaciones de James Franco o el siempre bienvenido John Lithgow, y obviamente las apariciones-florero de Freida Pinto. Tal vez ella junto a algún que otro cliché en la exposición de malos-malosos humanos constituyen las únicas y pequeñas notas negativas de la función.

A los pocos minutos de proyección, cuando el ojo se acostumbra a visualizar los efectos “por captura” de los simios, cuesta distinguir lo que es real y lo que no. Sus gestos nos provocan sensaciones cada momento: les acompañamos en su tristeza, en su dolor y finalmente, en su revolución. Sin necesidad (salvo algún estereotipo aislado, como ya comenté) de hacer de los humanos unos villanos de película, es difícil no sentir esas ganas de mostrar tu apoyo a los peludos. Y no, no simpatizo con los del PETA ni similares.

El director del invento se llama Rupert Wyatt, y lo único que ha hecho anteriormente más o menos reconocible es el thriller independiente The Escapist (2008). A partir de ahora, Wyatt pasa a formar parte de los cineastas a tener en cuenta. Y digo esto porque la puesta en escena de El origen… es simplemente magnifica. Se mueve con idéntica soltura en el drama que en la acción, y no deja ninguna escena sin algún interés visual añadido. La acción, cuando estalla durante el largo clímax final, va directa al grano y, dentro de su sencillez, convierte algo esperable desde el comienzo de la trama en una aventura intensa y emocionante. Por descontado, hay que agradecerle a él y a su equipo de montaje que hayan dejado todo clarito, de la forma más clásica posible. Esto es, nada de diez planos por segundo ni montaje epiléptico ni de explosiones más molestas (para el tímpano) que impactantes (para la vista), ni efectos especiales hasta el agotamiento ni salidas de tono chorra ¡Y sin 3D!

Todavía nos quedaría hablar de toda la parte obvia de denuncia social ecologista; de llamada de atención, como lo era El planeta de los simios original, sobre como el hombre debe autoevaluarse y recapacitar. Pero creo que aquí lo más interesante e importante es que con un 30% del presupuesto de cosas como la nueva de Transformers o la nueva de Piratas del Caribe, se ha conseguido ofrecer una lección de cómo hacer un blockbuster veraniego sin necesidad de vender humo ni de tomar al personal por idiota. Que ya se sabe que el cine está muy caro y hay que elegir bien por lo que uno paga.

Lo mejor: Andy Serkis, los sorprendentes efectos especiales, un guión sencillo pero inteligente y siempre interesante, la puesta en escena del cuasi novato Rupert Wyatt…

Lo peor: El personaje-florero de Freida Pinto y algún otro personaje humano muy estereotipado.

End of Animal

Apocalipsis a la Coreana

Photobucket

PhotobucketEl debutante Sung-Hee Jo nos acerca una visión apocalíptica, surrealista y pelín demencial de como sería la vida en Corea del Sur (extensible a cualquier páis del mundo civilizado) si un día la electricidad desapareciera como por arte de magia y sus posibles consecuencias. Probablemente en manos de un director anglosajón, o europeo, la situación derivaría en: zombies a la caza de humanos, humanos paranoicos armados hasta las cejas, vampiros mutantes o las tres cosas a la vez (bueno, si el director hubiera sido Manoel de Oliverira o similares serían 3 horas y pico de “profundas” reflexiones sobre la dependencia del ser humano con las máquinas). Pero viniendo de Corea y por lo que he leido, la historia se acerca más a una atípica road-movie y, seguro, nos ofrecerá un punto de vista bastante cruel de la supervivencia. Y además, tal y como llevamos el año, seguro que se convierte en una propuesta más que recomendable.

PhotobucketSoon-young, embarazadísima viaja en taxi desde Seul hasta la remota provincia de Taeryung, y a medio camino deciden recoger a un autoestopista. Mala idea, no por el hecho en sí, sino porqué el susodicho parece conocer demasiadas cosas sobre ella y el propio taxista. Y si eso no fuera ya suficiente motivo como para tirarle por la ventana, en marcha, les vaticina que en breves instantes va a suceder un terrible desastre. El cual sucede. Cuando la mujer se despierta se encuentra sola en el taxi sin saber muy bien que ha pasado, el taxista parece haber ido en busca de ayuda y no dejan de pasar extraños personajes con intenciones de lo más variopintas. No siempre buenas, claro está. Y por si eso no fuera suficiente para la pobre mujer, extrañas criaturas que nunca se dejan ver merodean por la zona atacando a todo aquel que se aleja demasiado de la carretera.

He leido varias críticas y ven desde “coñazo monumental” a “obra magna de ciencia-ficción apocalíptica”…mi sentido arácnido se inclina por un término medio, tal vez más próximo a una de esas que YA están apuntadas en la lista de must see.

Por ahora no hay fecha de lanzamiento en Europa.

Falling Skies

El Año de los Marcianitos

Falling Skies

PhotobucketYa habíamos avisado que este iba a ser el año de las invasiones alienígenas, muy apropiado teniendo en cuenta la paranoia que circula por medio mundo con el 2012 y el supuesto fin del mundo…Pero, la verdad, hasta ahora las cosas con han podido ir peor: 1º el super truñaco de SKYLINE, 2º la tremenda decepción de BATTLE: LOS ANGELES (menudo desperdicio de actores y pasta, madre) y 3º la más modesta AREA 51 resulto ser otra castaña pilonga. Pero todavía hay esperanzas. Nos queda IRON SKY (en la que más esperanzas tengo/tenemos depositadas) y esta superproducción en formato serie que ahora nos ocupa. ¿Por qué esta?, pués para empezar por la presencia de Steven Spielberg y su todopoderosa maquinaria llamada DREAMWORKS, lo que nos garantiza una impecable factura, efectos especiales de postín y grandes profesionales trás las cámaras: Graham Yost (JUSTIFIED, THE PACIFIC) y Robert Rodat (SALVAR AL SOLDADO RYAN) entre otros; pero también conlleva el tono más “familiar” (poca sangre vamos a ver aquí…), la presencia de los inevitables críos insoportables, el tono épico e imperialista… Ahora, si consiguen llegar a la mitad del nivel de la mencionada The Pacific o Hermanos de Sangre me doy con un canto en los dientes.

PhotobucketLa premisa inicial es la siguiente: trás un inesperado ataque masivo de naves alienígenas muy, pero que muy hostiles, la tierra (es decir los USA) se ha convertido en una tierra baldía en la que sólo han sobrevivido un puñado de personas que viven escondidas ante la amenaza de los aliens que, aparte de arrasar el planeta, han decidido quedarse un tiempo para acabar con todo rastro de vida humana. El personaje principal es Tom Mason (Noah Wyle), un profesor de Historia en Boston que perdió a su mujer en el ataque inicial y a uno de sus hijos, que está en manos de los bichos. Aprovechando sus vastos conocimientos de historia militar se convertirá, un poco a su pesar, en uno de los líderes de la resistencia contra los invasores. Junto a él nos encontrams con secundarios de lujo como Will Patton, Moon Bloodgood o Bruce Gray.

Mención aparte merecen los “bichos”: los Skitters y los Mechs, unos que recuerdan a Predators pero con 8 patas, y los otros más cibernéticos.

Os dejo el trailer para ir abriendo el apetito:

Vanishing on 7th Street

La vieja oscuridad

Vanishing Poster

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  • Título original: Vanishing on 7th Street
  • Nacionalidad: Estados Unidos | Año: 2010
  • Director: Brad Anderson
  • Guión: Anthony Jaswinski
  • Intérpretes: Hayden Christensen, Thandie Newton, John Leguizamo
  • Argumento: Tras un apagón masivo en Detroit, un grupo de personas lucha por sobrevivir frente a la amenazante oscuridad capaz de tragarse a toda la humanidad

62 |100

Estrellas: 3

Vanishing Grande

Una apacible noche cualquiera en Detroit; sus habitantes se dejan llevar por el deseo de ocio: el calor de las salas de cine, el amargo whiskey ambientado por la gramola de un bar, el perfumado humo de las velas aromáticas flotando en una habitación acondicionada para horas y horas de sexo salvaje…
Hasta que de pronto, un repentino apagón generalizado sume la ciudad en tinieblas. La oscuridad mantenida a raya mediante la magia blanca, o luces eléctricas si preferís, se hace reina de las calles y así comienza el fin de la humanidad
Nuestros protagonistas, una quiropráctica, un reportero infiel, un encargado del proyector de una sala de cine y un niño, se despiertan rodeados de negrura para descubrir aterrorizados como todo aquel que se vea desprovisto de luz desaparece, literalmente, no dejando más que sus ropas detrás. Las sombras son amenazantes, la civilización parece haber sido desmantelada en tan solo unas horas, la tecnología casi inservible; incluso el sol, agotado, ve su ciclo alterado ofreciendo escasas horas de luz al día.
¿Por qué está pasando todo esto? ¿Por qué la oscuridad ha decidido no llevárselos a ellos todavía? Las preguntas bullen en las cabezas de los escasos supervivientes, mientras desconcertados buscan un rincón iluminado que los mantenga a salvo de esos susurros emanando de las tenebrosas calles. Sin aparente posibilidad de salvación, reflexionan en pequeños grupos, al abrigo de alguna pobre luz, sobre el lugar que ocupan en el mundo y si la aparente oportunidad de sobrevivir en esta nueva era lóbrega es una bendición o una maldición…

Vanisihing on 7th Street, de mejor o peor forma, es una película existencialista. Y para acercarse a esta afirmación lo primero es conocer la recomendable obra cinematográfica de Brand Anderson, su director.

Psicológico, ésta es la primera palabra que se me ocurre a la hora de diseccionar el trabajo de este director empeñado en alejarse de los convencionalismos del cine de terror físico. Se hace patente dicho adjetivo cuando recordamos la opera prima del director norteamericano, os hablo de Session 9 (2001); un debut que recibió muy buenas críticas y merecidas, además. Se trata de un trabajo muy personal, como toda su filmografía, el cuál explora la psique de varios lampistas inmersos en la remodelación de un sanatorio mental abandonado. Un título destacable gracias a los actores involucrados y al buen hacer en cuanto a la transformación/degradación de la psique de todos los personajes, a través de las metafóricas sesiones grabadas de una paciente gravemente enferma.
Pero no abandonamos el adjetivo que encabezaba estos párrafos. La siguiente cinta de Anderson es probablemente la mejor de su carrera: El maquinista (2004), otra inmersión en el trastorno de personalidad desarrollada milimétricamente, con gratísimos guiños hacia el espectador, obra y gracia de su protagonista, Christian Bale, un hombre corriente que se hunde en una espiral de fantasía que solo intenta enmarañar la verdad de que todos albergamos un monstruo demente en nuestro interior.
Con Transsiberian (2008) seguimos en la misma vena psicológica pero desde una perspectiva menos médica y más convencional, aunque no menos interesante. Se trata de un thriller de misterios y crímenes sito en el famoso tren Transiberiano, una buena muestra de cómo mantener la tensión en la vena del mejor Hitchcock.

Todas estas cintas se sustentan sobre unos guiones basados íntegramente en los personajes, el desarrollo de los mismos; la exploración de sus necesidades y anhelos es lo que genera el impulso narrativo y desarrolla el argumento. Esta voluntad de realizar un cine que conmueva y remueva las entrañas, elementos omnipresentes en la obra de Anderson, se complementa a la perfección con el plantel de actores que ha participiado en sus obras: David Caruso, Eduardo Noriega, Ben Kingsley, Woody Harrelson, Jennifer Jason Leigh, Aitana Sánchez-Gijón, Christian Bale… Abrumador, ¿verdad?

Si, hasta el momento, la carrera de Anderson está fuertemente anclada en el suspense psicológico, ¿qué papel juega el existencialismo de Vanishing on 7th Street dentro de la idiosincrasia del director? La respuesta es clara y simple: casa perfectamente puesto que la corriente filosófica del existencialismo esta enraizada en el desarrollo infantil de la personalidad y la lucha contra la homogenización que la misma naturaleza nos impone. Psicología básica, vamos.
Dentro de estos parámetros, un título que muestra a la desgarradora oscuridad como un vacío donde los seres humanos dejan de existir, parece más que revelador al respecto. De hecho, una forma de enfrentarse nuestros protagonistas a la sombra conquistadora es repetir para si mismos su nombre como constatación de su propia esencia. También ciertas alusiones religiosas, que hay que tomarse con precaución, reflejan por donde apunta el guión de Anthony Jaswinski; siendo la primera vez que este director y guionista trabajan juntos.

Sin embargo, ¿qué hay debajo de todas estas reflexiones intelectuales a las que nos invita Vanishing? Pues poquito más, lo que se convierte en el mayor fallo de la película.
Se nos propone un interesante escenario, un fin para la civilización acorde con los tiempos de ego desatado que vivimos; incluso contamos con una amenaza, la falta de luz, original en cierta medida. El desarrollo técnico es excelente, los efectos visuales están integrados comedidamente con la propia trama (no asistimos a una fiesta de fuegos artificiales pero las sombras son omnipresentes y verdaderamente siniestras) y el entorno generado mediante el adecuado sonido ambiental y el control de luces de una fotografía que navega entre los sueños románticos y la pesadilla sobrenatural; magnifica la secuencia donde el niño recuerda como era el bar cuando todo era “normal”.
Por su parte, los actores están comprometidos con su papel, excelente ese John Leguizamoque creía perdido desde Wong Foo salvo por excepciones como La Tierra de los Muertos Vivientes; hasta Hayden Christensen lo hace bastante bien dentro de los límites que ofrecen sus líneas. Porque, y fijaros bien que lastima, son precisamente esos límites los que convierten a Vanishing en una burbuja vacía a nivel puramente argumental y en la peor película de su director.

Los diálogos imposibilitan la credibilidad y carisma de los personajes; incluso se hace patente una falta clamorosa de los mismos, como si ante la imposibilidad de desarrollar la historia de los personajes, el guionista hubiese decidido evitarse problemas enmudeciendo voluntariamente los pensamientos de sus creaciones. Desgraciadamente, sobre todo habida cuenta de que estamos ante un film con tan solo cuatro actores en dos terceras partes del metraje, no asistimos a ninguna evolución ni llegamos a entender que les pasa por la cabeza a nuestros cuatro amigos; pero lo realmente triste es que ni siquiera se invite al espectador a imaginar porque está ocurriendo lo que ocurre, o, en caso de que la aparición de unas sombras abducentes no obedezca a razón alguna (algo que en lo particular prefiero), que al menos las personas sometidas a la amenaza reflexionen más profundamente sobre lo humano y lo divino; puesto que sus cavilaciones obedecen más a la necesidad de decir algo para no tener una película de cuarenta y cinco minutos que a un trasfondo emocional.
No hay tensión, no hay garra; todo es bidimensional y aunque partamos de una premisa muy buena y unos quince minutos iniciales potentes, se va desinflando la cinta al no presentar más que un batiburrillo de ideas existencialistas de poco peso, eso sí, dentro un marco apocalíptico nada desdeñable y una ambientación, ¿por qué no decirlo?, nostálgica.

Sin lugar a dudas, esta colaboración entre Brad Anderson y, el poco experimentado, Anthony Jaswinski se queda en un chasco dado lo poco resolutivo del guión, a pesar de la maquillada nota debida principalmente a las buenas ideas sueltas que andan desperdigadas por el film. Tal vez Anderson debería volver a redactar sus películas, algo que tan buen resultado le dio en Session 9.

Anecdóticamente comentaré que, respecto a la originalidad de la idea base de una oscuridad que absorbe la personalidad humana, probablemente el libreto se preparó con un cuento de terror en mente: “La vieja oscuridad” de Pamela Sargent, 1983, publicado en The Magazine of Fantasy and Science Fiction. Es castellano lo podréis encontrar en el libro “Horror 5”, editado en 1989 por Martinez Roca; y si le echáis un vistazo podréis comprobar como ciertas ideas coinciden en un porcentaje sospechoso; aunque sinceramente Vanishing on 7th Street termina por otros derroteros menos satisfactorios.

En definitiva, una película menor que agradará a aquellos a los que no les importé pensar, dejarse llevar por ambientes o sensaciones, y disfrutar de la reflexión antes que de la acción (de la cuál también hay pero sin aportar valor añadido alguno). Si esperas respuestas claras y profundas, una cinta de terror desarrollada a base de sustos o escenas impactantes… pues os aburriréis bastante, incluso sintiéndome, como público objetivo, más cerca del primero grupo que del segundo, solté más de un bostezo en una parte central lenta en demasía.
Solo os invito a que la veías y opinéis por vosotros mismos, aunque procurad no ser muy severos porque las películas que intentan ser distintas, con corazón y humildad, bien merecen nuestro respeto aunque esta vez haya estado demasiado bajo la influencia de un cine apocalíptico más comercial…

Lo mejor: La interesante idea original, la atmósfera siniestra de un mundo envuelto en sombras vivas y el esfuerzo de los actores

Lo peor: El escaso carisma de los personajes: se tenía que haber profundizado más en su personalidad, la historia podría dar más de sí

¿Dónde conseguirla?
Gore Nation: “Vanishing on 7th Street” en VOSE.

Legion

¿Hay algo más soso que un ángel?

Legion_poster

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  • Título original: ¿Hay algo más soso que un ángel?
  • Nacionalidad: USA | Año: 2010
  • Director: Scott Stewart
  • Guión: Peter Schink, Scott Stewart
  • Intérpretes: Paul Bettany, Adrianne Palicki, Dennis Quaid
  • Argumento: El día del Apocalipsis Dios envía a su ejército de ángeles para que acaben con la humanidad y el hijo de Charlie, la última esperanza.

35 |100

Estrellas: 2

Mucho se lleva hablando en las últimas semanas por la red sobre esta cinta; y poco de lo expresado es positivo. Y aunque la opinión de la mayoría siempre me ha importado un bledo, está vez no hay más remedio que rendirse a lo evidente: Estamos ante una de las primeras grandes decepciones del año, dentro del género fantástico.

Legion, segunda obra de un reconocido técnico en efectos visuales llamado Scott Stewart, nos cuenta una historia típica de personas atrapadas en una localización frente a las fuerzas sobrenaturales que les acosan en el exterior. Esta simple frase nos trae a la cabeza de forma inmediata “La noche de los muertos vivientes” (George Romero, 1968), “El caballero del diablo” (Ernest R. Dickerson, 1995) y la saga “Feast” (John Gulager; 2006, 2008 y 2009 ); y es que, no en vano, Legion intenta copiar esta formula añadiendo su granito de arena. ¿Cuál es este? Pues en lugar de demonios, muertos vivientes ó monstruos; como peligro exterior tenemos cuerpos poseídos por ángeles enviado por un Dios cansado de la humanidad.

Así pues, amanece un nuevo día de la época actual en un solitario bar de carretera, justo en medio de un desierto del sur de Estados Unidos. Los típicos perdedores se deambulan por el interior del destartalado restaurante junto a algunos viajeros que se han perdido en este lugar dejado de la mano de Dios. Entre ellos, destaca con luz propia Charlie (Adrianne Palicki), la cual espera un hijo de padre desconocido.
Sin embargo, lo que parece el último rincón de la tierra, se convierte en el centro de una pugna titánica. Dios ha pulsado el botón rojo y ha enviado a sus huestes angelicales para que acaben con la humanidad. Especialmente importante es acabar con el hijo no-nato de Charlie, pero esta contará con la ayuda de los parroquianos así como con la experiencia en el combate de un ángel renegado: Michael (Paul Bettany)

Tal vez a alguno os haya parecido un resumen un poco burdo de la sinopsis de Legion, pero es que no hay más. He intentado redactar el argumento con la sensación que me provocó esta producción con aires de grandeza: desidia.

Para empezar no es que la línea argumentalmente sea la bomba, como ya hemos dicho tiene muchos antecesores que comparten dicha línea. Como único aliciente tenemos a unos acosadores representados por ángeles. Quizás alguien ingenuo, como yo, esperase un auténtico festín de locuras al estilo de Garth Ennis (si no habéis leído su obra Predicador os estáis perdiendo el comic más salvaje y antirreligioso de la historia del noveno arte). Pues nada más lejos de la realidad, el tema religioso esta tratado con bochornosa mogijateria y solo sirve como relleno de un guión que no puede ocupar más de 15 páginas, así como excusa para unas escenas terroríficas pobrísimamente editadas y de muy escasa intensidad. Para venderlo como un thriller apocalíptico, tiene una carencia de tensión y ambiente alarmante.

Es como si los responsables de la película hubiesen estado robando ideas descaradamente de todas las películas nombradas algo más arriba e incluso plagian recursos artísticos de “Evil Dead” para desarrollar las dos únicas escenas buenas con las que cuenta Legion: La viejecita diabólica y el heladero del inframundo. Por cierto, ambas escenas profusamente usadas en el trailer…chapó! Si por lo menos el robo se hubiese ceñido a lo mejor de cada casa, todo ello potenciado con lo mejor del cine; pues bueno, hubiese satisfecho muchísimo más a los espectadores. Pero no, Scout Stewart utiliza todos los tópicos posibles realizando la película más predecible de estos dos últimos años; los mezcla con unas dosis de acción mal medidas, mal presentadas y superfluas a todas luces; y para rematar, no se esfuerza en dirigir a sus actores de segunda fila. Vaya elenco de caras de palo que pululan por la pantalla.

De los actores, el único que se salva es Bettany, y solo porque su papel no requería nada más que lucimiento de músculos, una cara de sufrimiento y cabreo constante. El resto es para meterlos en la nevera una buena temporada, aunque reconozco que no lo tenían fácil. Los diálogos con los que el Señor los ha castigado son horribles, frases encadenadas unas detrás de otra con poco valor para el desarrollo de una historia ó la personalidad de los personajes encerrados en el bar. Si vas a escribir un script para una película cuya mitad del metraje se compone de diálogos, trabájalos a fondo y evita los clichés sobre la religión, la gente de color, las embarazadas solteras, etc. Encima clichés que corresponden al siglo pasado.

Y observareis que estoy intentado no hablar de Dennis Quaid, os aseguro que es por una buena razón: no quiero que su agente me demande. Simplemente observad su cara en una de las fotos que ilustran la reseña. Emotividad pura y dura.

Por si todo esto fuera poco, Legion se atreve con un final de esos que adelantan la segunda parte y que encima presenta todo el patetismo de una telenovela. De hecho, y a pesar de ser ateo, no pude evitar entristecerme por la presentación de Dios como una entidad con el coeficiente intelectual de un pepino revenido. Tremenda tomadura de pelo el cierre del metraje.

Lo único que consigue mantenerte minimamente interesado es el acabado técnico general que no esta mal, aunque algo lejano al de producciones más cuidadas y artesanales como “El Caballero del Diablo”. No en vano Scott Stewart lleva muchos años en el mundo de los efectos visuales (Grindhouse, Sin City, Piratas del Caribe, etc), pero que quede claro que estos efectos están al servicio de una historia incorrecta y usados con elegancia elefantina. Además la edición de las escenas más sangrientas me dio cierta sensación de autocensura, ¿un posible Director’s cut para el dvd?

Como muestra de la falta de elegancia comentada, un botón:

Sí amigos, comienza la película y el bueno de Michael sale contento y feliz del almacén de armas de un grupo mafioso, contemplarlo reventando el muro con un lanzamisiles, pero oh!! la forma del agujero creado en la pared es una cruz. Claro, claro; era necesario usar esa sutileza para entender el origen divino de este simpático personaje, que porta decenas de armas en unos sacos cual Terminator de barrio.

Poco me queda más que añadir. A lo mejor cierta aclaración sobre la nota.
Desde luego la película no es peor que, por ejemplo, Growth; sin embargo creo que un aficionado experimentado del genero terrorífico debe exigir a un proyecto todo lo que el considera que pueda dar de sí. Si un día me pongo a visionar una película utragore de Olaff Ittenbach no le voy a pedir que me sorprenda con profunda metafísica ó una profundidad sentimental en los personajes que me estremezca el corazón, pero como no vea tripas, casquería y humor tan sucio como barato, me sentiré profundamente decepcionado.
Parecido sucede con Legion, si me venden un blockbuster de entretenimiento puro y duro, que mezcla terror con acción, quiero lo prometido y no una cinta descafeinada. De nuevo una campaña publicitaria adecuada y un poster sugerente engañan vilmente con esta película, carne de videoclub y que no os recomiendo para nada. Bueno, si no tienes ninguna expectativa y te sobran 100 minutos de tu vida podrías darle un tiento, pero cualquiera de las otras películas que se han nombrado en la reseña son superiores una decena de veces.

Avisados quedaís…

PD: Cuidado con Scott Stewart que parece no haberse quedado satisfecho con sus mezcolanzas de conceptos religiosos, terror y acción; prometiendo volver al ataque el año que viene con la cinta Priest, protagonizada por Bettany en el papel de un reverendo cazador de vampiros. ¿A qué huele a más de lo mismo?

Lo mejor: El dinero invertido en efectos visuales, sin ser una maravilla, destacan.

Lo peor: La hiriente sensación de recursos desperdiciados en una historia aburrida y tópica.