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The Reeds en el After Dark

Confirmada la séptima película para el After Dark HorrorFest 2010

Ya tenemos el penúltimo título confirmado para el inminente After Dark HorrorFest 2010. Su título: The Reeds.
Dirigida por Nick Cohen, The Reeds cuenta la historia de seis jóvenes amigos cuyo fin de semana a bordo de un bote por las aguas de Norfolk Broads se vé truncado cuando repentinamente pierden el rumbo. Sus posibilidades de supervivencia disminuyen drásticamente cuando unas fuerzas inexplicables aterrorizan a los perdidos, generando el pánico en el grupo.

A la séptima, un survival. Y ya conocéis mi predilección por el subgénero, así que esta me la apunto. Os recuerdo el resto de títulos que estarán presentes en el After Dark HorrorFest 2010: Dread, Hidden, The Graves, Lake Mungo, Zombies of mass destruction y The Final.

Desde Almas Oscuras intentaremos dar cobertura a todos los títulos del Festival (aunque no prometemos nada… que el anterior Festival fue muy duro).

Hanger

La penúltima perversión de Ryan Nicholson

Hanger

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  • Título original: Hanger
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Ryan Nicholson
  • Guión: Ryan Nicholson
  • Intérpretes: Dan Ellis, Nathan Dashwood, Debbie Rochon
  • Argumento: Tras cumplir 18 años y en compañía de The John, su presunto padre, Hanger está dispuesto a vengarse del proxeneta que asesinó a su madre, obligándola a abortar con la ayuda de una afilada percha.

29 |100

Estrellas: 2

Me gustaría dedicarle la reseña al amigo Carde, que sé que estaba esperándola. Saludos Carde.

Hay algo que no acaba de funcionar entre Ryan Nicholson, director de Hanger, y un servidor. Estoy casi seguro de que no es problema del “guarrete” de Ryan (espero que no se moleste por llamarle “guarrete”. Está dicho desde el cariño. Y a fin de cuentas a un tipo que ha arrojado tanta inmundicia sobre la pantalla de mi televisor, el apelativo más suave que se me ocurre dedicarle es el de “guarrete”). Creo sinceramente que Ryan Nicholson es un muchacho honesto. Tiene muy clara su idea de lo que debe ser el cine (un enorme container de basura en el que verter cuanta más mierda mejor) y, sencillamente, la lleva a cabo hasta sus últimas consecuencias.

Hanger nace prematuramente cuando Leroy, un psicópata proxeneta, obliga a Rose, su madre, una desdichada prostituta a la que nadie quiere follarse a causa de su enorme barriga, a abortar de manera digamos “poco higiénica” y con una afilada percha de por medio.

Al cumplir 18 años y tras ser criado en las calles por un homeless que le recogió del vertedero siendo un bebé, Hanger es entregado a The John, un tipo realmente duro que antaño estuvo enamorado de su madre y que, presumiblemente, es su verdadero padre. Juntos iniciarán una escalada de violencia con el objetivo de vengarse de Leroy.

Debería gustarme. Sé que debería gustarme. Si alguien me hablara de un tipo que se dedica a agarrar una cámara de cine con la única pretensión de poner en imágenes toda la mugre, la roña, la desviación, la perversión y la enfermedad que se esconde tras su mente, saltándose a la torera todos los límites morales, estéticos y de buen gusto que podamos imaginar; muy probablemente mi reacción sería del tipo: “Perfecto… quiero conocer a ese tipo. Quiero ver sus películas. Me gustaría saber hasta dónde es capaz de llegar…”.

Porque en realidad da la sensación de que Ryan Nicholson ha llegado a un punto en el que, lo único que parece motivarle, es superarse a sí mismo en cuanto a los niveles de putrefacción y pestilencia que desprende su cine. Y ahí es donde radica, precisamente, esa honestidad de la que os hablaba al principio. Para superarse a sí mismo Ryan no dudará en quemarte las pelotas, meterte un bolo por el culo, o adornar tu taza de té con un condimente muy especial (algo que podréis ver en Hanger y que resulta, sencillamente, repugnante).

Pero entonces, ¿por qué me ha resultado tan decepcionante una película como Hanger? Es sucia, depravada, enfermiza, de un rotundo mal gusto… Tiene un buen número de escenas de esas que es necesario ver un par de veces para acabar creyéndotelas (ver la secuencia del aborto). Y sin embargo mi sensación final fue muy similar a la que tuve tras el visionado de Gutterballs: aquí hay algo que no funciona.

Rodada con una acuciante escasez de medios y con una estética cercana al underground, Hanger se nutre de una cuadrilla de personajes indeseables (caracterizados con deformes máscaras de látex. A destacar la presencia de un chino consumidor compulsivo de cerveza, pornografía y fetichista de cierto complemento femenino que no pienso desvelaros), diálogos a cual más ofensivo, unas gotas de sexo guarro y, sobre todo, de esos tour de forces que son todo un homenaje a la decadencia y al mal gusto.

El gran problema de Hanger es que, vista como un todo, como un conjunto, resulta, en muchos momentos, tediosa y cansina. Es obvio que Ryan Nicholson empuja tanto a la historia, como a los personajes y los diálogos, hacia los límites de la estupidez más absoluta. La clave está en dilucidar si se trata de ese tipo de estupidez susceptible de resultar graciosa y entretenida (ver Black Devil Doll) o si, por el contrario, se trata de ese otro tipo de estupidez que no tiene ni puñetera gracia.
Por supuesto la respuesta será siempre subjetiva. Personalmente me decanto por la segunda opción: los excesos de Hanger, no me hicieron gracia.

El patetismo de todas y cada una de las situaciones que se describen en la película, unido a la escasa simpatía que despiertan todos sus protagonistas (desafortunadísimo el personaje de Hanger, que se limita a pasearse por la película con la capucha puesta y a enseñar su fea cara de vez en cuando), provocaron que la película no alcanzara en ningún momento ese puntito de interés o de atractivo que lograra engancharme a su trama.

Al contemplar la obra perpetrada por Ryan Nicholson no puedo evitar el recuerdo de las viejas producciones de la troma (atención, Lloyd Kaufman, principal cabeza visible de la Troma, tiene un pequeño cameo al inicio de Hanger), o de títulos del calibre de Street Trash o Slime City Massacre (Despedezator, 1988), películas todas ellas que, en muchas ocasiones, también constituían un auténtico tributo a la cutrez, el asco y el mal gusto, y con las que gocé buena parte de mi “extraña” adolescencia. Hanger consiguió rememorarme aquel tipo de cine que perseguía con ahínco en los rincones más oscuros y corrompidos del video-club…; el problema es que, con Hanger, la diversión experimentada con aquellas viejas películas desaparece sin dejar rastro, se esfuma (es muy probable que, en realidad, el que se está haciendo viejo sea un servidor).

Con todo esto supongo que ya habréis adivinado que Hanger no me gustó. No pude o no supe disfrutarla. Sin embargo, y tal como hice en su momento con Gutterballs, sí voy a recomendarla a todos aquellos aficionados que se sientan capaces de apreciar un producto grotesco y alejado de las normas convencionales del cine, cercano al underground, que hace de la degradación, la grima y la arcada sus principales señas de identidad. Ryan Nicholson intentará provocaros con su cine; si lo consigue y entráis en su juego, seguramente Ryan Nicholson será vuestro hombre.
Personalmente he visto dos de sus películas, y ninguna de ellas me ha convencido. Pero me conozco, y sé perfectamente que la próxima vez que lea “Ryan Nicholson se supera a sí mismo en su nueva película”, acabaré cayendo en la tentación (¿falta de buen juicio por mi parte? ¿o simple estupidez?).
Definitivamente hay algo que no acaba de funcionar entre Ryan Nicholson y un servidor, pero eso no significa que no siga intentando sacar a flote esta maravillosa/desastrosa relación de amor/odio que nos une.

Lo mejor: Lo de siempre, algunas escenas ni siquiera acabas de creértelas.

Lo peor: El conjunto de la película resulta aburrido y carente de interés.

Medianoche

Medianoche saca al mercado su primer album, Pesadillas

Hoy tengo el inmenso placer de anunciaros la inminente salida al mercado de Pesadillas, el debut discográfico del grupo barcelonés Medianoche, en cuyas filas milita un gran amigo de este blog, nuestro querido Jordi Olloquequi (uno de los primeros visitantes que tuvo Almas Oscuras).

Medianoche inició su andadura allá por el 2006, y actualmente forma parte del sello discográfico Santo Grial Records. Los mismos componentes de Medianoche nos hablan de su estilo de música y de la manera en que afrontan sus actuaciones en directo:

“Sobre el estilo de Medianoche os podemos decir que aúna diversos elementos del metal gótico: pasajes oscuros, melancólicos, agridulces y misteriosos, acompañados de letras inquietantes y profundas, todo ello en un marco sonoro plagado de frescura, fuerza y melodías contagiosas. Nuestras influencias son muy diversas, cosa que creemos que nos ha permitido fraguar un estilo propio que se mueve desde temas más rockeros hasta otros más industriales, pasando por algunos cercanos al folk medieval, todo ello en clave gótica y manteniendo una identidad que hace que Medianoche no suene a otros grupos. Además, como banda cuidamos mucho nuestra estética y puesta en escena, que podríamos definir como una mezcla entre el Sleazy Metal, las películas de terror de los ochenta y la elegancia vampírica. Así mismo, nos mantenemos fieles a la filosofía de que la buena música debe ir acompañada de un espectáculo impactante. De esta manera, los conciertos de Medianoche incluyen performances satánicas, sangre, bailarinas góticas y otras sorpresas que nunca dejan a nadie indiferente.”

El disco ya está listo, y ahora están pendientes de los detalles de la distribución de Pesadillas. De momento un adelanto: el video clip de su primer single, En la boca del Lobo. Un homenaje a las películas de serie B de los años 80 rodado con un presupuesto extremadamente modesto.

Desde Almas Oscuras tan sólo nos queda darles la enhorabuena por el sueño cumplido y, por supuesto, desearles toda la suerte del mundo.
(Por cierto, un servidor tuvo el honor de colaborar junto al grupo en el diseño del artwork del CD. La fotografía de portada corresponde a Joshua Hoffine).

Si deseais más información o adquirir una copia del CD a través de la red podéis visitar el myspace del grupo: www.myspace.com/esmedianoche

Zombies

Navidad, compras y muertos vivientes.

Llegan las navidades, esa tradición cristiana, y previamente pagana, que hoy en día se podría considerar una franquicia más de pechos desgastados por las hambrientas bocas succionadoras de las multinacionales. En esta época se vende la paz, la misericordia y el amor convenientemente procesados en paquetes, más ó menos cuadrados, envueltos en deslumbrante celofán. Los más religiosos asocian esta época al nacimiento del único ser inmortal que ha pisado el planeta tierra, que como todos sabréis era capaz de resucitar después de muerto. Pues bien, viendo a las multitudes en las calles buscando todos esos sentimientos empaquetados, con movimientos casi espasmódicos por el frió invernal y el peso de sus abrigos; no puedo dejar de pensar en los no-muertos, los zombies. En estas fechas, más que nunca, la crítica social de “La Noche de los Muertos Vivientes” se hace patente.

No creo que la edición del libro, que hoy os comento, tenga como intención recalcar la crítica contenida en los elementos sociales y consumistas del zombi. Más bien diría que todo lo contrario. Hay que estar muy ciego para no ver que los muertos vivientes se están convirtiendo en un negocio rentable, en una nueva moda predispuesta al consumo popular, y llevamos unos años así. La parte visible de esta moda está en los cines y videoclubes. Al año se producen cientos de cortos y películas donde la temática de la resurrección de los muertos (disfrazada como una infección vírica ó no) es la protagonista.
De un tiempo a esta parte, el sabroso negocio de los devoracerebros ha tomado fuerte presencia en las letras impresas: Comics y novelas. Campos donde, como en el séptimo arte, podemos encontrar obras maestras (“Los Muertos Vivientes” comic-books de Kirkman ó la genial y divertida Zoombi), obras banales (casi todo lo escrito por Steve Niles) u obras de consumo rápido.

Zombies, de la editorial Minotauro (noviembre 2009), es una obra de este último tipo. Seiscientas cincuenta páginas que se asemejan a un festín de comida rápida. Esta buena pieza de la que os hablo es un compendió de treinta y una historias cortas exclusivamente centradas en cadáveres andantes. La analogía de la comida rápida me ha parecido adecuada, sobre todo teniendo en cuenta que todas las historias que componen este libro (editado el año pasado en Estados Unidos como “The Living Dead”) son de autores anglosajones, y salvo uno pocos, todos ellos norteamericanos.
Eso sí, contamos con lo más granado de la lengua inglesa fantástica moderna: Stephen King, Neil Gaiman, Poppy Z. Brite, Harlan Ellison, Dan Simmons, etc. Aunque ya sabemos cual es el defecto de la literatura norteamericana de fácil consumo en los últimos años: es como esas hamburguesas de las que hablaba, sabrosas, baratas, directas pero que te cansan en seguida y te sientan, a veces, como un tiro. Es el precio de la comercialidad.

También en la contraportada se nos advierte de que los relatos contenidos son lo mejor de las tres décadas pasadas. No estoy en absoluto de acuerdo, más del ochenta por ciento de los cuentos son del año 2000 en adelante. Lejos de ser un detalle negativo, para mi es algo positivo. El libro solo contiene un relato original, pero al ser los autores tan recientes; ninguna historia había sido editada de manera profesional en nuestro país (A excepción del relato de Stephen King, obviamente). Con lo cual, tenemos más de seiscientas páginas de cuentos sobre muertos vivientes donde encontraremos un panorama variado dentro de las limitaciones del genero. Leeremos cosas malas, buenas, intrascendentes, sorprendentes e incluso reflexiones morales de dudoso gusto, puesto que vienen de un país donde la mayor parte de su población sufre de necrosis emocional aguda.

En resumen, cuentos que nos hablan de los típicos supervivientes del holocausto Z, de los oscuros sentimientos de los no-muertos, de venganzas de ultratumba, del sexo y la muerte. Moralejas baratas, vudú, splatter hasta ahogarnos, reflexión humana, rebelión femenina, antropofagia extrema y todo lo que la cultura popular americana pueda decir sobre personas que vuelven a la vida por una razón ú otra. ¡Ni siquiera las recientes guerras en oriente próximo se libran!

A mí, en particular, me parece una buena adquisición. Resulta cansado leer muchos relatos de golpe por ese estilo tan moderno, y más propio de un capítulo de perdidos que de una buena historia de terror, predominante en todas las historias. Pero de vez en cuando, leer una historia y dejarse llevar, resulta muy satisfactorio. Y dado el volumen del libro, nos dará para muchos meses de muertos vivientes. Su relación cantidad/precio/calidad renta a favor del comprador sin ninguna duda; aunque la calidad del papel y la tapa blanda con solapas sea más propia de editoriales de menos recursos.
Y como muestra de la diversidad de conceptos zombi, uno de los relatos que más me sedujo: “Bobby Conroy regresa de entre los muertos”. Un encuentro melancólico entre dos viejos amantes, en el set de rodaje de “Dawn of The Dead” (George Romero, 1977). En el cual el Sr. Romero y el mismísimo Tom Savini tienen sus momentos estelares (y muy divertidos).

Añadir que cada relato viene con una breve nota sobre su autor, dado que la gran mayoría son escritores desconocidos por estas tierras, es un detalle simpático que me retrotrae a mis amadas antologías de Martínez Roca.

No morire sola

La versión argentina del rape & revenge

No moriré sola

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  • Título original: No moriré sola
  • Nacionalidad: Argentina | Año: 2008
  • Director: Adrián García Bogliano
  • Guión: Adrián García Bogliano y Ramiro García Bogliano
  • Intérpretes: Marisol Tur, Gimena Besa, Andrea Duarte
  • Argumento: Cuatro chicas, de regreso a su pueblo natal, presencian en la un crimen que involucra a un grupo de lo que parecen ser cazadores furtivos. Tras ser sometidas y humilladas, clamarán venganza.

57 |100

Estrellas: 3

El argentino Adrián García Bogliano, tras sorprendernos gratamente a muchos con Habitaciones para Turistas, un sugerente retroslasher de ínfimo presupuesto pero excelentes maneras, vuelve a las andadas con su última película, No moriré sola, título plenamente adscrito al rape & revenge (violación y venganza), subgénero exploit que causó furor en la Norteamérica de los 70.

Cuatro jóvenes amigas emprenden una travesía por carreteras secundarias. Durante una aparentemente tranquila jornada de viaje encuentran tirada en la cuneta el cuerpo moribundo de una muchacha, con su vestido empapado en sangre.

Tras una breve deliberación, las cuatro amigas deciden subirla al auto y llevarla hasta la comisaría de policía más cercana. Una de las cuatro amigas identifica a lo que parece ser un grupo de cazadores furtivos muy cerca del lugar donde encontraron a la chica herida.

No Moriré Sola sigue, al pie de la letra, los esquemas más básicos y rígidos del rape & revenge, a través de un desarrollo que es un fiel reflejo de lo ofrecido por películas exponentes del subgénero como son La Última Casa a la Izquierda (Last House of the Left, 1972) o La Violencia del Sexo (I Spit on your Grave, 1978).

Degradación sexual, violencia, venganza y muerte en dos únicos actos.
Un primer acto que nos muestra la aniquilación de todo aquello que resulte bello, inocente, virginal, puro… En el caso que nos ocupa, cuatro inocentes jovencitas expuestas a una irascible combinación de sexo enfermizo y violencia gráfica.

Un segundo acto en el que los papeles se invierten. Cazadores cazados. Agresores que pasan a ser víctimas, y víctimas que emprenden una travesía de sangre y muerte empujadas por una irrefrenable sed de venganza.

Este vendría a ser el esquema básico de todo buen rape & revenge. Y esto es también todo lo que está dispuesta a ofrecernos una película como No Moriré Sola. Ni más, ni menos.

Llegados a este punto lo único que nos queda es analizar los méritos propios de la película de Adrián García Bogliano, más allá de la constatación de que cualquier aficionado que conozca mínimamente el subgénero sabrá perfectamente lo que le deparará No Moriré Sola incluso antes de que surjan en la pantalla los títulos de crédito iniciales.

Tras un arranque tituveante, lastrado por un ritmo lento y unos diálogos difíciles de percibir (las actrices, en determinados momentos, murmuran sus líneas de diálogos, complicando severamente su audición), No moriré sola se pone el mono de trabajo y nos muestra uno de los puntos álgidos de la función: cuatro chicas completamente desnudas en mitad de un bosque y a merced de una pandilla de desalmados y psicópatas dispuestos a ultrajarlas, humillarlas, golpearlas y, finalmente, violarlas. La secuencia es dura, salvaje. Me disponía a compararla con secuencias afines de películas que todos conocemos (p.ej La última casa a la izquierda), pero me parece una maniobra inncesaria (ya lo hice en su día con Chaos, de David DeFalco, y dudo mucho que fuera una decisión acertada por mi parte). Se mire por dónde se mire, y se compare con quien se la quiera comparar, se trata de una secuencia realmente incómoda, desagradable, dolorosa y explícita (aunque en un grado mucho menor que la mencionada Chaos… sic, finalmente lo he hecho). Al menos a un servidor siempre le han parecido más difíciles de sorportar este tipo de secuencias que contemplar por enésima vez al zombi de turno dándose un festín con los intestinos del pobre desgraciado que ha caído en sus manos (o en sus mandíbulas, para ser más exactos).

Tras el dolor, el sufrimiento y la deshonra, llega el turno de la rabia desatada y la necesidad vital de venganza. Y con ellas nos adentramos directamente en el segundo acto de No Moriré Sola. Un ajuste de cuentas que cumple, de nuevo, con las directrices del rape & revenge: la venganza llevada a cabo por las víctimas (o por sus familiares más cercanos) sobre sus agresores, superará (o al menos lo intentará) el nivel de brutalidad y violencia de las embestidas precedentes.

Como podéis observar no hay absolutamente nada remotamente nuevo en lo que nos cuenta No Moriré Sola. Es una revisitación casi académica del rape & revenge norteamericano. ¿Vale la pena, entonces, darle una oportunidad?
Dependerá en gran medida de vuestro interés en el subgénero en cuestión. Si os considerais unos buenos aficionados al rape & revenge (violación y venganza), la película de Adrián García Bogliano ofrece alicientes de sobras para darle una oportunidad. Unas actuaciones convincentes, una magnífica fotografía de texturas gastadas y tonalidades ocres que nos retrotrae al cine de horror USA de los 70, unas dosis más que suficientes de violencia gráfica (sin exagerar), algunas secuencias realmente salvajes (la violación) y, en definitiva, la oportunidad de recuperar un subgénero que durante el año todavía en curso parece haber recobrado nuevos bríos tras permanecer durante muchos años en el olvido.

¿Y qué ocurre con todos aquellos a los que el subgénero de violación y venganza no os resulta excesivamente atractivo?, probablemente vuestra mejor opción sea prescindir de No Moriré Sola.

Lo mejor: Es una muestra muy digna del subgénero rape & revenge.

Lo peor: no aporta absolutamente nada nuevo.

Paranormal Entity

Asylum vuelve a las andadas...

Estos chicos de Asylum son cada vez más rápidos…
La fórmula: agarrar por el pescuezo un título reciente de éxito mundial, fusilar buena parte de su argumento, fusilar alguna secuencia clave, crear con todo ello una película baratita, y obtener algún que otro beneficio en el mercado DVD USA.

En esta ocasión le ha tocado al turno a Paranormal Activity, el taquillazo independiente dirigido por Orin Peli y rebautizado para la ocasión como Paranormal Entity.

Supongo que el director o los actores de Paranormal Entity os traerán sin cuidado, así que pasaré directamente a su argumento: Parnormal Entity incluye el material audiovisual de los acontecimientos que condujeron al asesinato de Samantha Finley. Este DVD, prohibido por las autoridades, prueba que nada humano fue responsable de la muerte de Samantha.

Así que ya lo sabeis, para todos aquellos que acabasteis odiando Paranormal Activity quizás este Paranormal Entity sea una buena oportunidad para resarciros. El estreno en DVD USA de Paranormal Entity se llevará a cabo el próximo 22 de Diciembre.

TerrorVision

Monstruos ochenteros en tu antena parabólica

Terrorvision

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  • Título original: TerrorVision
  • Nacionalidad: USA | Año: 1986
  • Director: Ted Nicolau
  • Guión: Ted Nicolau
  • Intérpretes: Chad Allen, Diane Franklin, Jennifer Richards
  • Argumento: En el planeta Plutón, desintegran y convierten en un rayo de energía a un violento alienígena que cae, por error, en la antena parabólica de los Putterman, en el planeta tierra.

60 |100

Estrellas: 3

TerrorVision forma parte de esas pelis que veía de pequeño en las estanterías del videoclub y cuyas portadas me maravillaban y aterraban a partes iguales. En esta, en concreto, se advertía en la contraportada que era de terror y humor, pero ni por esas me dejaban alquilarla mis padres. Con el paso de los años, me he dado cuenta de que gran parte de esas pelis eran de Empire Pictures, la productora de Charles Band y su tropa durante la segunda mitad de los años ochenta. Tras la quiebra, la remozaron como Full Moon Entertainment, tampoco fue bien el asunto, y ahora ha sido reflotada la antigua Empire pero con una producción mucho menos prolífica que en la anterior etapa –y más cuidada, todo hay que decirlo.

No es nada desconocido, desde luego: de Empire salen películas como Re-Animator (Stuart Gordon, 1985), Re-Sonator (From Beyond, Stuart Gordon, 1986) o Dolls (Stuart Gordon, 1987), cuyas calidades varían pero tienen siempre un punto de interés, y otras como Troll (John Carl Buechler, 1986), Ghoulies (Luca Bercovici, 1985) o esta misma TerrorVision, películas que no le recomendarías a nadie que no sepa disfrutar con ellas. Porque, ¡ay!…

…decir que TerrorVision es una buena película es muy arriesgado. Está claro que no aprueba si se la somete a un examen sesudo y académico, que es cutre y que su guión avanza –o no- por una lógica caótica y contraria a cualquier interés narrativo. Pero, por esa regla de tres, nos perderíamos un divertimento tan fabuloso e irreverente. Porque, por encima de sus limitaciones, TerrorVision es entrañable, lo mismo que Troll o Ghoulies. Desde el principio dicen abiertamente qué tipo de pelicula vas a ver, no engañan a nadie. Convierten sus limitaciones en virtud, para bien y para mal.

El punto de partida es tan disparatado que, si lo aceptas, estás en sus manos. En la planta de residuos tóxicos de Plutón, un oficial alienígena convierte en rayo cósmico a un bicho parecido a un cúmulo de albóndigas en lata –más adelante descubriremos que era una adorable mascota, pero de una especie que muta violentamente de vez en cuando- y lo lanza al espacio. El rayo rebota como una pelota de pingball en varios planetas, y va a caer en la antena parabólica de la casa de los Putterman, una “típica” familia americana; a saber: Stanley (Gerrit Graham), el padre y Raquel (Mary Woronov), la madre, están a punto de salir a un club de intercambio de parejas, su hija mayor, Suzy (Diane Franklin) también está a punto de irse, pero con su novio heavy rebelde de los ochenta, y el hijo pequeño, Sherman (Chad Allen) se quedará en casa con el abuelo (sin nombre en la película, Bert Remsen), quien le da lecciones básicas de supervivencia… y tiene un arsenal armamentístico en su bunker. La llegada del rayo con el alien a la antena provoca que la televisión del hogar, que hasta ese momento no sintonizaba nada, comience a funcionar, pero convirtiéndose en el canal a través del que entra y sale el terrible alienígena cada vez que se dispone a devorar a un miembro de esta familia. Por supuesto, los primeros en verlos son el hijo pequeño y el abuelo, y nadie les creerá, ni siquiera Medusa (Jennifer Richards), la presentadora de un programa de películas de terror que pide a sus espectadores que le llamen para contarle sus pesadillas.

En TerrorVision están todos los elementos que han explotado los productos de Empire Pictures. Sí, parece ridículo calificar de “autorial” a una productora así, pero lo cierto es que han repetido algunos patrones en sus películas, y no creo que se deba a falta de imaginación, puesto que en cada proyecto han servido para una cosa distinta: familias disfuncionales, deformidades físicas –el catálogo de amputaciones y muñones de Empire es enorme- y la solidaridad entre frikis. En TerrorVision no hay ninguna crítica a la estructura familiar convencional, como si puede haberla en Dolls o Troll, pero los Putterman parecen haber sido diseñados como el único entorno en el alienígena tiene suerte de haber caído. Así, en el tramo final, se produce una escena hilarante cuando Suzy y Sherman, los dos hijos del matrimonio, intentan enseñar al monstruo algunas palabras, como sus nombres o “comida”. Por otra parte, la deformidad física del monstruo –tiene un ojo no desarrollado del todo, por lo que usa el otro y un tercer ojo en un apéndice o rabo- pudiera ser el origen de su forma de comerse a los humanos: los absorbe, de la misma manera que La Cosa de John Carpenter los sintetiza, o el Leviathan de George P. Cosmatos. Ese mismo año, Re-Sonator dio un paso de gigante en esta dirección y, tres años después, esta idea, copiada o no, fue desarrollada al máximo en Society (1989), de Brian Yuzna, otro de los integrantes de Empire Pictures. Y, finalmente, la solidaridad entre seres socialmente marginados –estamos en los ochenta, los frikis aún no estaban bien vistos-: los Putterman, como familia, no se critican a sí mismos ni se condenan más allá de los roces de la convivencia. No sólo eso: la única persona dispuesta a dar un mínimo de credibilidad a la historia del alienígena acaba siendo Medusa, la presentadora del programa. El alien albóndiga parece estar a punto de integrarse en un ambiente que siente como suyo –recordemos que era una adorable mascota hasta que su naturaleza se reveló violenta y fue desterrado de su planeta-, pero Suzy cree poder rentabilizarle, y esa “traición” a la solidaridad friki tiene que castigarse. Por encima de la película, esto parece ser una proclama de Empire Pictures: aquí estamos y así somos, unos cafres a contracorriente, pero dispuestos a seguir adelante, pese a todo.

Casual o intencionadamente, consciente o inconscientemente, hay miga detrás de TerrorVision, y eso me parece un mérito, aunque su ejecución sea errática. Y lo cierto es que no importa que se descodifiquen o no sus supuestos signficados: aquí de lo que se trata es de divertirse durante ochenta minutos. Rodada íntegramente en un plató –la casa de los Putterman– del que nunca se sale, sin camuflar demasiado en ningún momento que estamos en un decorado, es relativamente sencillo imaginarse al equipo de la película detrás de cada panel y puerta, supliendo todas las carencias económicas con una energía encomiable, y eso se percibe gratamente en cada minuto de metraje.

Lo mejor: su buen humor y su irreverencia.

Lo peor: es el tipo de película que es, para bien... y para mal.