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Psych 9

Superando traumas infantiles

Psych 9

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  • Título original: Psych 9
  • Nacionalidad: USA/UK/Rep. Checa | Año: 2010
  • Director: Andrew Shortell
  • Guión: Lawrence Robinson
  • Intérpretes: Sara Foster, Cary Elwes, Michael Biehn, Gabrielle Mann
  • Argumento: Una chica acepta trabajar en el turno de noche en un hospital recién cerrado. Fantasmas dentro, fantasmas fuera y un asesino. ¿Puede uno estar más distraído en el trabajo?

45 |100

Estrellas: 2

Psych 9

Trabajar en el turno de noche de un hospital recién cerrado para la ordenación y catalogación de todos los historiales médicos, uno piensa que tiene que ser un trabajo calmado, sin excesivos sobresaltos. Pero si por ahí anda suelto un asesino en serie, se empiezan a ver y oír cosas no muy normales y, por si fuera poco, alguno que otro anda un poco mal de la cabeza; seguro que ya no encontramos dicho trabajo tan estupendo y sencillo.

Esto mismo le ocurre a Roslyn (muy bien interpretada por Sara Foster, pues logra que lleguemos a odiar su personaje con una rapidez inusitada), protagonista absoluta de Psych 9. A través de este personaje conoceremos, una vez más, los terribles dolores de cabeza que pueden llegar a ocasionar unos traumas infantiles mal curados. Nos adentraremos en un hospital, que si bien al principio parece ser el antagonista de la chica (con sus fantasmas y su inevitable quinta planta), poco a poco iremos descubriendo que solo es el escenario propicio para acoger las andaduras de un terrorífico asesino en serie. Conoceremos también a un psiquiatra con métodos poco ortodoxos y, como colofón, completaremos el círculo vicioso con uno de esos finales que desprende un tufillo a medio camino entre el déjà vu y el cabre puro y duro por el hecho de haberlo visto ya en infinidad de ocasiones.

¿Una de fantasmas, un slasher o un thriller? ¡A ver si los guionistas se ponen de acuerdo de una vez por todas!
Y es que Psych 9 es otra película que promete… y acaba aburriéndote. Andrew Shortell nos va introduciendo poco a poco en una película de fantasmas. Una ambientación muy bien lograda del hospital recién cerrado, musiquilla que sale de ninguna parte, SPOILER imágenes de fantasmas a través de cámaras (primer y único susto en toda la película) FIN SPOILER, la puesta en escena del mad doctor de turno (aunque muy amable y correcto es fácil adivinar que esconde algo más que bondad en su interior), habitaciones sacadas de alguna sala de tortura light y algún que otro cliché que no puede faltar en este tipo de película y que tampoco considero necesario mencionar. Y todo ello para abandonar de golpe toda esta fantasmagoría y centrarse, a partir de un determinardo instante, en convertir la cinta en un thriller.. pero eso sí, con pinceladas de slasher (¿se me ha notado la ironía?).

Es aquí donde, en mi opinión, la película decae por completo. Tanto la trama del serial killer como los personajes que giran en su órbita (que rabia me daba cada vez que aparecía el policía, ¿Qué pinta ahí? “hola soy el policía, ten cuidado que hay un asesino por aquí cerca, adiós” ¡Venga ya!), entorpecen el conjunto de lo que podría haber sido, sin lugar a dudas, una película más que aceptable. El viaje al pasado de la protagonista se podría haber narrado perfectamente sin este complemento que estorba más que aporta, alargando así un guión que se pierde a medio camino, derivando hacia un desenlace de lo más desastroso y confuso.

Aprobado justo para Shortell en su debut en el largometraje y un aprobado con creces para Sara Foster como Roslyn; consigue que realmente odies a su personaje… aunque no estoy muy seguro de que fuera exactamente eso lo que pretendía.

Lo mejor: La ambientación, Foster, Cary Elwes y Michael Biehn (aunque no su personaje).

Lo peor: Demasiadas cosas en tan poco espacio. Su desenlace.

Red, white & blue

Las personas heridas son peligrosas

Red white & blue

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  • Título original: Red, white & blue
  • Nacionalidad: USA | Año: 2010
  • Director: Simon Rumley
  • Guión: Simon Rumley
  • Intérpretes: Amanda Fuller, Noah Taylor y Marc Senter
  • Argumento: La película se centra en la relación entre Erica y Nate, una joven promiscua y un hombre intentando superar su paso por el ejército.

75 |100

Estrellas: 4

Red white & blue

El resumen “oficial” que circula por ahí de la película es bastante desacertado porque cuenta tres cuartas partes de la misma. Si puede evitar leerse, mejor.

Que la venganza es un sentimiento terriblemente humano es algo indiscutible. Bajo capas de “presión” y “corrección” social, se intenta controlar y contener el impulso visceral de devolvérsela a alguien que te la ha jugado. Lo decía uno de los personajes de “Herida”, novela de Josephine Hart: “Las personas heridas son peligrosas”. Las películas centradas en dicho impulso son muchas y de muy variado perfil. “Red, White and Blue” se inscribe en esta corriente, pero con una salvedad. Da un paso más allá al intentar mostrar la venganza desde un punto de vista más amplio. O sea: quiere que entendamos al vengador pero también a los agresores.

Para montar una estructura de este calibre, Simon Rumley, director de la estimable “Entre Vivos y Muertos” (The living and the Dead) y de uno de los capítulos de “Little Deaths”, se toma su tiempo y le dedica unas cuantas escenas a cada personaje, para que comprendamos sus motivos y sus contradicciones, evitando que haya un bueno y un malo. Así, la película pivota en torno a tres individuos:

-Erica (Amanda Fuller). Trabaja limpiando las habitaciones de una residencia a cambio de un cuarto. Pasa los días en el trabajo, las horas libres dando paseos o sentada en los parques, y las noches en bares en busca de amantes. Nunca repite con ningún hombre.

-Nate (Noah Taylor). Militar retirado, ocupa una de las habitaciones de la residencia en la que trabaja Erica. Siente una necesidad imperiosa de ayudar a la chica, a pesar de que ella en ningún momento se lo ha pedido, y cuando hay una vacante en el almacén donde trabaja, le ofrece el puesto.

Erica acepta el trabajo pero desde el primer momento guarda las distancias con Nate, y comienza a mantener encuentros sexuales esporádicos en el baño del almacén con otros trabajadores. Aunque ella cree que Nate se le ha acercado por esto, lo cierto es que él no está interesado en ella sexualmente, y poco a poco, ambos comienzan a acercar posturas y a sentirse unidos de un modo profundo…

Los personajes, sobre todo estos dos principales, son bastante crípticos, pero el guión de Rumley los expone con coherencia y consigue que nosotros también comprendamos sus motivaciones. En una película de este tipo, esto es bastante importante: tener que hacer la vista gorda en algún matiz significa que la propuesta pierda muchos puntos. Al tema de la venganza, se une el amor: Nate no quiere mantener relaciones sexuales con Erica, pero eso no significa que no esté enamorado de ella. El sentimiento que les une es casi paterno-filial: él se siente obligado a velar por ella y protegerla. Y ella comienza a sentirse arropada a su lado. Este es el contexto en el que aparece el tercero en discordia en este triángulo…

-Franki (Marc Senter). Un joven que tiene una banda con tres colegas más y que se ha acostado una noche con Erica.

La irrupción de Franki es bastante espinosa. Primero, por un precedente que se ha remarcado innecesariamente en la película. En el tramo inicial, vemos a Erica teniendo sexo con al tres personas distintas: suficiente para entender qué tipo de relaciones mantiene y cómo. Es un subrayado innecesario, desde mi punto de vista, que uno de esos hombres insista en que utilicen un condón para que ella responda que no los necesita. Segundo: porque, antes de que se produzca el giro que le devuelva a escena, Simon Rumley nos presenta una parte de su historia que es, sin duda, lo más discutible de la película. Está claro que no quería ser maniqueo en ningún momento, y que, por no ser moralizante, prefiere que sea el azar y el carácter humano quienes manden, y no una orientación ética. Para ello, retuerce demasiado el panorama, creando una relación entre Franki y su madre que, por un lado, potencia el tema “azar” versus el “deux ex machina” pero, por otro, plantea una posibilidad que no es aprovechada y, dada la naturaleza de la película, debería serlo (SPOILERS: ¿Por qué en ningún momento Franki se plantea que él también es culpable de haberse contagiado el sida puesto que no se puso condón?). Así, se entiende la rabia del personaje pero a lo mejor no del todo su reacción.

Sea como sea, todo este conglomerado desemboca en un tramo final que funciona, es enervante y cruel pero, sobre todo, terriblemente humano. Es curioso cómo puede funcionar tan bien con un bache intermedio tan… extraño. Y digo extraño porque parece que “Red, White and Blue” parece una película muy pensada y meditada. Se beneficia de que en un 90% de su trayecto todo (interpretaciones, diálogos, líneas de acción de los personajes…) está hilado muy fino; le perjudica un epílogo un tanto desconcertante y cierto aire amateur en la realización. Se echa de menos una mayor elaboración en la narración y en las mismas escenas, a nivel puramente cinematográfico: la mayoría de las veces, parece que la cámara está allí de un modo neutro o méramente descriptivo, nunca expresivo. Aún así, la historia es potente y los personajes muy humanos, y consigue que gran parte del trayecto se observe con una mirada de angustia: sabes que la tragedia es inminente y temes que estalle porque comprendes que no queda otra que que estalle.

Lo mejor: Lo reconocible que son los sentimientos que muestra la película.

Lo peor: El retorcimiento de la relación de Frankie con su madre para poner en marcha el tramo final.

The Man behind the Courtyard House

Ni se os ocurra acercaros al patio....

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PhotobucketA pesar de que por el trailer y las imágenes promocionales la película pueda parecer cercana al genero del terror y/ o el slasher, se acerca más al género del thriller puro y duro, eso sí, con la consabida diferencia de aproximación al susodicho género por parte de los asiáticos (CHASER, BEDEVILLED, I SAW THE DEVIL…). Planteada como una trilogía, el director, Xing Fei, habla de ella como si se propusiera indagar que se esconde detrás de la mente de un asesino (nada nuevo bajo el sol…), de alguien que no tiene el más mínimo remordimiento a la hora de perpetrar crímenes a tutiplén. Un acierto muy notable, por lo menos para mi, es la elección de Simon Yam en el papel de psicópata, es un pedazo de actor como la copa de un pino (habitual en las películas de Johnnie To) y cuando se pone chungo, se pone muyyyy chungo…

PhotobucketLa historia comienza con 4 jóvenes buscando un lugar, lo más rural posible, para pasar unos días de descanso, algo que coincide con la puesta en libertad tras 10 años de un asesino que no tiene la menor intención de dejar de matar. O sea, 1 + 1 igual a masacre juvenil. Pero a nuestro protagonista, en lo más profundo de su tortuosa mente, sí que le gustaría dejar de matar. Pero no puede. Y la película se centra en su lucha interior para integrarse en una sociedad que le desprecia vs. el ansia de sangre. Evidentemente habrá una investigación policial, y sospecho que podemos contar con un final sorprendente.

Yo ya la tengo y la veré en breves (es decir, que anda por ahí fácil de conseguir), así que pronto iremos compartiendo opiniones sobre la supremacía asiática en el cine de terror/suspense, o no…

Somos lo que hay

¿Y qué es lo que hay?

Somos lo que hay

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  • Título original: Somos lo que hay
  • Nacionalidad: México | Año: 2010
  • Director: Jorge Michael Grau
  • Guión: Jorge Michael Grau
  • Intérpretes: Carmen Beato, Francisco Barreiro, Alan Chávez
  • Argumento: Una familia deberá enfrentarse a la desorientación y desesperación tras la muerte del padre ,único proveedor de alimento y líder espiritual. A partir de este momento, comienza la lucha por la supervivencia.

52 |100

Estrellas: 3

Somos lo que hay

Con Somos lo que hay me ha pasado algo curioso .Cuando terminé de verla, me quedé en blanco. En realidad no sabía si me había gustado o no; no tenía claro en qué punto radicaba mi interés por lo que había visto… no sabía explicarlo: algo me atraía de la película, pero, definitivamente, el resultado no había sido el esperado.

Como no quería ser injusta, dejé pasar más de dos semanas hasta que me decidí a escribir sobre la película, quería masticarla y digerirla bien antes de comenzar con el análisis. Digo esto, porque supongo que se trata de una sensación que tendréis más de uno de vosotros cuando finalicéis su visionado.

Somos lo que hay no es una película de terror, aunque entre en el terrero del canibalismo y baile con él. Somos lo que hay es un drama psicológico con el canibalismo como metáfora de la descomposición social.
En este aspecto, podríamos hablar de “horror social” o de “horror psicológico”, pero no termina de cuajar.

En mi opinión, los antecedentes de caníbales en México no son tan sumamente llamativos como para que se dé por supuesto, en esta propuesta, que es algo que está a la orden del día. Como digo, no es algo tan cotidiano como para intentar un ejercicio de conciencia social a base de la utilización de este tema (como si fuera algo normal). En realidad solo ha habido dos casos famosos, de los que se haya hablado fuera de sus fronteras: Gumaro de Dios (que se comió a una persona) y Jose Luis Calva Zepeda, conocido como “El Poeta Caníbal”, quien admitió haber matado a una persona, pero negó habérsela comido.
Por este hecho, creo que Grau, director de Somos lo que hay, se lanzó a la piscina sin saber si tenía agua o no. Se la jugó, pensó “vamos a ver si el mensaje llega a través de este canal o no”.

En Somos lo que hay, hay buenas intenciones, pero claramente, las situaciones no están bien resueltas. Nada de lo que se plantea en la película concluye, se mezclan situaciones sin que ninguna de ellas te lleve a ningún sitio, a ninguna conclusión. Se juega con demasiados elementos, sin dejar claras las reglas de ese juego.

Por una parte, se plantea la pérdida del patriarca, que deja desolada a la familia porque era el que traía a las víctimas para comérselas, es decir, era la única fuente de alimento del núcleo familiar.
Bien, si esto se hubiera quedado así y se hubiera desarrollado correctamente, tendríamos una película de terror en la que los hijos tienen que aprender a desarrollar sus instintos homicidas, pero… el tema de comer carne humana como alimento se mezcla con un ritual que no se entiende bien, un rito que no sabes qué finalidad tiene, pero que al parecer es más espiritual que meramente alimenticio. Es decir, la idea de comer carne humana para subsistir en un entorno de pobreza extrema encajaba más con la opresiva atmósfera que, desde el principio, se muestra en Somos lo que hay, que la idea de un rito para alcanzar la inmortalidad o la supervivencia espiritual.

Por otra parte, tenemos una labor actoral destacable, que hace que te metas en la trama fácilmente y una fotografía excelentemente oscura, que acierta de pleno en casi todas la secuencias.

Así que Grau nos da, una de cal y otra de arena.
A medida que avanza Somos lo que hay, nos damos cuenta de que es una película de comportamiento y tragedia, donde se muestra claramente la incompetencia policial y su corrupción (véase la escena en la que unas prostitutas piden ayuda al inspector y a cambio le ofrecen una “botellita bonita” – una niña para su uso sexual-).

En este aspecto se vuelve a retratar al México corrupto que tan bien describió Lydia Cacho en su novela Los demonios del Edén (2005).
Así, pasamos de un planteamiento de terror a otro de denuncia social muy diferente, sin que ninguno de los dos esté definido.
Un planteamiento donde el lugar del macho es vital y desde mi punto de vista, tratado aquí obtusamente, porque se refleja un machismo mal construido que no beneficia a la trama, ya que tras la pérdida del líder (el padre), se propone al hijo mayor (Alfredo) como siguiente líder, cuando está claro que la líder natural es la única hija (Sabina), quien ordena a sus hermanos lo que tienen que hacer, a quien no le tiembla el pulso a la hora de ejecutar a alguien, de quien se podría haber sacado tanto partido…

Y es el personaje de Alfredo quien deja patente que las situaciones no se concluyen, puesto que él es el hilo conductor de una subtrama donde la identidad sexual tendría que haber tomado mas protagonismo.
En realidad, creo que explotar la parte más sexual hubiera sido un punto a favor: se intuye una relación incestuosa entre hermanos, la homosexualidad de Alfredo, la frigidez de la madre, pero nada se explica, todo se queda en el aire, todo se esconde tras un canibalismo que al final no se practica.

La parte violenta de Somos lo que hay no está mal, quiero dejar claro que no es una violencia explícita (aunque alguna escena se deje ver..), sino una violencia callada, donde la falta de empatía de toda la familia es lo que te revuelve, es lo que provoca su y tu violencia.
Insisto en que, que maten para comer debería haber sido el fin para presentar a una sociedad desestructurada, a una familia perdida; eso hubiera sido la mayor denuncia social. Pero Grau se pierde en este propósito e intenta disfrazar la historia con falsos moralismos, como el asesinato de una prostituta a manos de la madre para deshacerse del cuerpo sin probarlo, como escarmiento para el resto de sus compañeras de oficio. ¡O son caníbales o no lo son! Sinceramente y muy a mi pesar, creo que no lo son.
¿Qué necesidad había de explicar las actuaciones de esta familia mediante un rito que al final nadie entiende?…

Y llegamos a la parte final: precipitada y mal ejecutada. Creo que esta familia, que esta historia, se merecía otro desenlace.

En definitiva, una ópera prima que no está bien construida ni explicada, con situaciones inconclusas e historias que “tapan” a otras historias. ¿El canibalismo? Un intento de vender algo que no es.
Y con todo esto ¿por qué la apruebo? Lo hago porque, aunque tenga todos estos fallos, Grau logra meterte en la película y hacer que te interese.

Lo mejor: La oscuridad y el pesimismo que rezuma la película.

Lo peor: La cantidad de situaciones que no se resuelven.

Choose

Yo elijo no recomendarla

Choose

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  • Título original: Choose
  • Nacionalidad: USA | Año: 2010
  • Director: Marcus Graves
  • Guión: Brandon Camp y Mike Thompson
  • Intérpretes: Katheryn Winnick, Nicholas Tucci, Kevin Pollak
  • Argumento: Un desproposito relacionado vagamente con un asesino que hace elegir a sus víctimas...

14 |100

Estrellas: 1

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1.-Una mierda pinchá en un palo al sol de los olivares de Jaén

PhotobucketY probablemente me quede cortito…Y mira que, como bien comentábamos en la Noticia, a la película se le intuía un cierto interés por el planteamiento, a pesar de que la sombra de SAW se me antojaba algo alargada. Pués al final la sombra parece que se comió el embrión de una buena idea regurgitando un bodrio de tamaño descomunal. Tanto que, como bien dijo el amigo Trent hace no mucho, me daban ganas de etiquetarla como UNA MIERDA sin más y punto pelota, o incluso pasar de la reseña y dedicarme a algo más interesante, que muy difícil no iba a ser…pero NO, los responsables de esto se merecen un poco de mala baba del ninio…y la van a tener.

Pero antes de lanzarme a la yugular, me gustaría comentar algo sobre la base en la que, pobremente, se intenta cimentar el guión de la película: la llamada Choice Psychology, o Psicología/Teoría de la Elección, cuyo más reputado ideólogo, William Glasser sentó las bases de la citada Teoría. ¿En qué consiste?, muy sencillo y fascinante a la vez. Resumiendo mucho, en ella nos explica que todo lo que hacemos, pensamos y sentimos procede de nuestro interior y no, como cree la mayoría, de una reacción ante las personas y las cosas que nos rodean. Y esas decisiones cambian y alteran, para bien o para mal, el resto de nuestras vidas. A veces son decisiones nimias como la de coger el móvil pensando que te van a dar una buena noticia; pero otras veces son cruciales, hablar con la persona que se va a convertir en tu futura pareja, ir a cierta entrevista de trabajo antes que a otra…

Pués con esta base en manos de un director, no voy a decir bueno, sino sencillamente decente se podría haber hecho un thriller angustioso y sobrecogedor como mínimo. O no, como pasa en el caso de este pedazo de truño.

2.-A desguazar toca….

PhotobucketHay que reconocer que la película no comienza mal. Nos encontramos con la típica familia que solo se ve en las pelis americanas: papi, mami, hija adolescente algo-rebelde-pero-en-el-fondo responsable y repelente niño pequeño. Pero algo pasa. Un extraño se ha colado en casa y, bien entrada la noche, vemos como obliga a la adolescente a elegir entre matar a papi o mami (ella misma, ese detalle auguraba bastante…) o palmar todos y de forma cruel. Comienzan los títulos de crédito, y tras ellos: el desastre.

Cambiamos de protagonistas. Tenemos a una estudiante universitaria (como Scarlett Johansson pero en versión jamelgo) que estudia mucho para ser parecida a Papa (un desconocido, por el exceso de peso, Kevin Pollak), policia, pero en plan criminóloga. La madre se suicidó en “extrañas e incomprensibles” circunstancias, que ya se podían haber quedado ahí…todo se andará. Pero es la hija la que más obsesionada está con el asunto de la madre, y coincidiendo con la noticia del suicidio de la adolescente antes mencionada, ella que es más lista que la recopona pués decide que hay un nexo en común. Y ya cuando aparece el segundo cadáver, un pianista al que obligan a elegir entre sus dedos o sus oídos, ya se pone toda frenética y se convierte en una de 3 al cuarto. pero ya el colmo de los colmos es cuando alguien se pone en contacto con ella vía messenger y le dice cosas feas. Con sus dos ovarios se planta en el despacho del padre y en un plís-plás ya les ha organizado, a la inepta Policia, el Caso. A partir de aquí todo es un cúmulo de despropósitos: amigos que solo aparecen por exigencias del guión, otro asesinato que no aporta nada a la trama más que saber que los iMac se petán como los Windows (en serio), la niña que no cierra la puerta de su casa nunca, libros que aparecen en un principio en el sistema de la biblioteca y luego, por exigencias del guión again, son libros misteriosos imposibles de encontrar, otro secundario de lujo desperdiciado (Bruce Dern)… y por supuesto, la antes mencionada “Psicología de la Elección”, pero eso sí, cogida por los pelos del orto.

Si alguien tiene los arrestos de verla que cuente las veces que sale el mismo actor de relleno (un chaval asiático con el don de la ubicuidad)… creo que fue lo más divertido de la película.

La conclusión y fin de la peli son tan lamentables que se me escapó una carcajada que se debió oir en Jaramillos de la Sierra.

En definitiva, SEGURO que teneis algo mejor que ver…no, en serio.

Lo mejor: El chino multipresencial, y darte el gustazo de borrarla

Lo peor: Por donde comenzamos... ¿Que exista?

The Resident

Para entrar a vivir

The Resident

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  • Título original: The Resident
  • Nacionalidad: UK-USA | Año: 2011
  • Director: Antti Jokinen
  • Guión: Antti Jokinen, Robert Orr
  • Intérpretes: Hilary Swank, Jeffrey Dean Morgan, Lee Pace
  • Argumento: Juliet se muda a un apartamento y pronto empieza a sospechar que alguien entra por las noches en su nuevo hogar mientras duerme...

50 |100

Estrellas: 3

The Resident

Como no podía ser de otra manera, demos la bienvenida a la vuelta a la actividad a una productora como la Hammer. Hace más de diez años que abandonaron su “Hammer House of Mistery and Suspense”, y sin embargo han reaparecido con fuerza. El remake de “Déjame Entrar”, dirigido por Matt Reeves, lanzó las campanas al vuelo, puesto que se trataba de un producto repleto de aciertos – algo especialmente valorable en el mundo de los remakes.

Sin embargo, los otros productos que nos han llegado hasta ahora arrojan dudas sobre su buenhacer. “Beyond The Rave” era irregular, aunque evidenciaba la voluntad de la compañía de quitarse el sambenito de “clásicos” a través de un tema tan suyo como los vampiros.

“The Resident” se suma al palo de las películas con psicópatas. Hilary Swank interpreta a Juliet, una enfermera que se fue a Manhattan por amor y cuya relación ha terminado. Por eso, busca piso. Sus pesquisas la llevan hasta un fantástico apartamento recién reformado y a un precio increíble. El casero, Max (Jeffrey Dean Morgan) le explica que el precio se debe a pequeños inconvenientes, como el ruido de la calle o el temblor que sufre el edificio cada vez que pasa el metro por debajo, algo que la propia Juliet experimentará en primera persona en los siguientes días. Sin embargo, el piso le gusta, así que se muda. Prácticamente desde la primera noche, alguien entra en la casa mientras ella duerme…

Hay que señalar que se agradece que, desde el primer momento, aparezca la figura del gran Christopher Lee, August, familiar de Max que vive en la misma planta que Juliet. ¿El que entra en la casa de nuestra protagonista es Max o August? Bueno, no se tarda mucho en averiguar quién es el malo, y es el que nos imaginamos.

Lo que resulta más curioso en una película como “The Resident” es que triunfa donde otras de su categoría fracasan… y, lamentablemente, fracasa donde las demás triunfan.

Normalmente, este tipo de pelis suelen provocar un poco de pereza: sabes que estás allí para llegar a los momentos de tensión, pero para ellos, hay que aguantar la historia pasada y presente de un protagonista que rara vez es interesante. En esta ocasión, Hilary Swank le da cuerpo y personalidad a una protagonista bien dibujada, con un buen conflicto (ruptura con pareja y ganas de sexo con la persona equivocada) que, además, no está sobredimensionado: Juliet es adulta y, por tanto, nos ahorramos verla llorando por su amor mientras oye canciones tristes. También, la figura de su ex, Jack (Lee Pace), con una única aparición en el primer tercio de la película, está bien jugada: ¿será él el psicópata?

Como Juliet se siente desprotegida emocionalmente, la ciudad se convierte en una amenaza. Lo mismo que cuando es un bosque la fuente del peligro y, para crear ambiente, se suceden las escenas de exteriores sombríos y siniestros, aquí se crea un buen clima con las carreteras, los neones y los sonidos urbanos. El piso de Juliet, igualmente, está diseñado de manera que parece un lugar sin seguridad ninguna, donde es fácil entrar; de hecho, da la sensación desde el primer momento de que, quien vive allí, vive expuesto a la gran urbe de Nueva York.

El psicópata de la cinta tiene, también, un conflicto muy básico pero eficaz. Está bien explicado, es comprensible y funciona como detonante para hacerle reaccionar.

Y, en el apartado técnico, es muy destacable el buen look de la película. Como se ha mencionado arriba, la Hammer parece no tener ningún tipo de problema en adaptarse a los nuevos tiempos y no agarrarse a las señas de identidad que le han dado momentos gloriosos en décadas pasadas. Así, es una producción barata pero que luce muy bien.

Sin embargo, conforme avanza el metraje y nos adentramos en la parte de terror, que a fin de cuentas es el motivo que nos ha llevado a verla, la película se desmorona. Todo el esfuerzo dedicado a tener unos personajes creíbles y sólidos no se ha hecho para tener una historia creible y sólida. Ofrece alguna escena impactante, en concreto una en la que juegan un papel importante una aguja hipodérmica y el ojo avizor de Juliet, pero la historia no avanza bien. Un primer paso en falso es la decisión de la protagonista de instalar un determinado sistema de seguridad en casa (¿seguro es esta la reacción más inmediata, en vez de cambiar la cerradura o largarte de esa casa, por ejemplo? ¡¡¡Demonios!!!, no es que hayan entrado a robar, es que puede ser que alguien se pasee por allí tranquilamente), y un segundo y desacertado avance es su razonamiento, en el tramo final: acierta a la primera y con apenas datos suficientes. De esta manera, se llega al clímax de un modo errático: Juliet ya sospecha del psicópata pero éste no sabe que ella tiene un sistema de vigilancia en casa. Así que, ¿por qué demonios la ataca, como si ya la situación fuera irresoluble?

Una persecución y un intento de susto final culminan una sesión que, a esas alturas, muy a mi pesar, ya ha perdido todo el interés. Es cierto que la película no te trata como un imbécil pero, para mí, eso no justifica su visionado, más allá de pasar una hora y media medianamente entretenido.

Lo mejor: El mimo y el cuidado de la parte técnica.

Lo peor: La parte del terror.

¿Quien puede matar a un niño?

¿Quién puede hacer obras maestras del terror en España?

¿Quien puede matar a un niño?

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  • Título original: ¿Quién puede matar a un niño?
  • Nacionalidad: España | Año: 1976
  • Director: Narciso Ibáñez Serrador
  • Guión: Narciso Ibáñez Serrador
  • Intérpretes: Lewis Fiander, Prunella Ransome
  • Argumento: El extraño comportamiento de los niños de una isla anuncia la inesperada realidad que respiran sus calles; los niños se han convertido en crueles homicidas.

98 |100

Estrellas: 5

¿quien puede matar a un niño?

Una pareja de turistas ingleses disfruta de sus vacaciones en un pueblo español. Deciden alquilar una barca para alejarse del ruido de las fiestas y descansar en una apartada isla con pocos habitantes Allí, no encuentran a ninguna persona adulta, y las tiendas y bares están sin atención. El extraño comportamiento de los niños de la zona anuncia, poco a poco, la inesperada realidad que respiran sus calles; los niños, de algún modo, se han convertido en crueles homicidas.

Hablar de cine de terror en España, al menos de cine actual, es casi una utopia. Cierto es que, esporádicamente, aparecen cosas interesante, y también aparecen otras tantas que pasan con más pena que gloria. De todos modos, aún contando la morralla, salen al año muy pocas producciones que podamos adjuntar al género. Una sequía que fue incluso más habitual durante los noventa. Años atrás, en los setenta y parte de los ochenta, sí hubo cierta industria de este tipo de cine de producción nacional. Uno de los cineastas imprescindibles, por no decir uno de los pocos destacables, fue Narciso (también conocido como Chicho) Ibáñez Serrador. Este señor, que posteriormente se decantó por televisión rancia variada, estuvo detrás de la mítica serie Historias para no dormir (1964-1982), así como de dos de las películas más exitosas del cine patrio; La residencia (1969) y la que nos ocupa, ¿Quién puede matar a un niño?, adaptación de la novela El juego de los niños, escrita por Juan José Plans.

Nunca he sido defensor de La residencia. Me provocaba antes, y me sigue provocando, la sensación que obtengo al ver películas (eso si, inferiores) como El orfanato (2007); historias de intriga más que de terror, muy bien empaquetadas, clásicas, pero que no me terminan de llenar. Me dejan una molesta sensación de vacío. Eso no ocurrió, ni ocurre, con ¿Quién puede matar a un niño? Es más, la primera vez que me puse delante del televisor para verla tuve las mismas sensaciones que había experimentado recientemente con obras maestras como El Exorcista (The Exorcist, 1973) o Alien: El octavo pasajero (Alien, 1979) y su secuela, Aliens: El regreso (Aliens, 1986). Por aquel entonces, siendo aún adolescente, descubrí la que hoy en día sigue pareciéndome la mejor película de terror española de la historia.

¿Quién puede matar a un niño?, podría definirse como una versión hard de los mejores episodios de Historias para no dormir; por ejemplo, el de El televisor (1974), aquel en el que un espléndido Narciso Ibáñez Menta, padre del propio Chicho y protagonista de muchos de los episodios, interpretaba a un hombre obsesionado con la, por aquel entonces, nueva moda de la televisión. Esas historias tétricas, adictivas y con moraleja social, son también el epicentro tanto de La residencia como, sobretodo, de ¿Quién puede matar a un niño? Ya, durante el largo y malsano prólogo, en el que acontecen imágenes reales de guerras y catástrofes mundiales en la que los niños son los sufridos protagonistas, nos avisan de la intención del relato. Lo que el espectador virgen no espera es el devenir del mismo.

La pareja de ingleses, bien interpretada por los televisivos Lewis Fiander y Prunella Ransome, es el contrapunto perfecto dentro de una tierra que no es la propia, a la hora de enfrentarse a una amenaza totalmente inesperada. La creciente soledad de la sociedad moderna – algo de lo que Chicho también habló en su serie, sobretodo en aquel genial episodio titulado El asfalto (1966) – queda impuesta aquí en el contraste entre el mundanal ruido de las fiestas del pueblo playero y el posterior viaje a la isla en la que los niños silenciosos han tomado el control. No hay adultos con los que hablar, debatir lo que sucede, y un simple capricho como comprar un helado se vuelve un imposible. Gran parte de la película se desarrolla en el pueblo isleño, aumentando la tensión por lo que allí sucede. Solo hay que recordar lo que rezaba la publicidad de Alien; “En el espacio nadie puede oír tus gritos”; algo parecido a lo que sucede en tal lugar, con la mayor impotencia de no estar en el espacio exterior, sino rodeado de gente que, de pronto, ha desaparecido del mapa o se ha quedado varios kilómetros atrás en la costa disfrutando del sol.

El que esta película siga funcionando hoy en día, sin perder contundencia y desafío para el espectador, es debido al inteligente y desprejuiciado empleo de la violencia realista por parte del director; no se corta en mostrar temas tabúes (más en aquella época) como disparos a bocajarro con los niños como destino de la bala, o a los propios niños usando esas y otras armas intentando asesinar a los protagonistas. Por no citar la imborrable escena de la piñata o el tenso clímax final en el que Chicho se guarda alguna que otra referencia a La noche de los muertos vivientes (Night of the Living Dead, 1968). Nada es gratuito ni morboso, sino que sirve para enlazar con el mensaje del citado prólogo. A modo de cuento macabro, los niños, víctimas potenciales de los males del mundo adulto, han decidido llevar hasta el final su venganza. Aquí podemos encontrar, aunque con contexto y motivos diferentes, referencias obvias a El pueblo de los malditos (Village of the Dammed, 1960).

Aclarar que existen dos versiones de la película; una de ellas, la buena, mantiene la versión original subtitulada, con la pareja de ingleses actuando en su propio idioma, mientras que en la otra, algo cutre, el doblaje deja sin coherencia parte del relato en el cual los protagonistas deben charlar con habitantes del pueblo español. O, sin ir más lejos, resta coherencia a las conversaciones entre ellos mismos y sus gestos (los de la mujer, pues él se supone que entiende algo de castellano) quedan fuera de contexto. Tampoco es muy esperanzador que, a fecha de hoy, un clásico del cine español no tenga una edición, ni siquiera en DVD, que valga la pena. La última, que supongo estará descatalogada, data de hace bastantes años y su calidad de formato, imagen y sonido dejaba mucho que desear. Esperemos que a alguien le aparezca el dibujo de la bombilla y la repesquen en una buena edición para el disfrute y/o descubrimiento por parte de muchos aficionados.

Lo mejor: Prácticamente todo

Lo peor: Prácticamente nada

8213 Gacy House

El proyecto del payaso de Des Plaines

8213 Gacy House

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  • Título original: Gacy House
  • Nacionalidad: USA | Año: 2010
  • Director: Anthony Fankhauser
  • Guión: Anthony Fankhauser
  • Intérpretes: : Jim Lewis, Matthew Temple, Michael Gaglio
  • Argumento: Un grupo de investigadores de fenómenos paranormales se cuelan en la casa del famoso asesino en serie, John Wayne Gacy, ejecutado el 9 de mayo de 1994 por la violación y asesinato de 33 jóvenes enterrados en el sótano de su domicilio.

40 |100

Estrellas: 2

8213 Gacy House

Quisiera darle la bienvenida a Samdra, segunda voz femenina en incorporarse a esta ya gran familia que es Almas Oscuras. Bienvenida a tu casa Samdra.
Joan Lafulla.

Me fascina la figura de los asesinos en serie. Supongo que es algo que comparto con muchos de los que pasáis por este blog sedientos de títulos donde las etiquetas de ‘miedo’ o ‘terror’ se queden cortas. Pero del mismo modo que Freddy, Michael Myers o Jason no son lo mismo que Ted Bundy, Andrei Chikatilo o Ed Gein (aunque muchos de los primeros estén inspirados en estos últimos), mi digestión de visionados como el de Henry: retrato de un asesino o El caníbal de Rotemburgo (ya, este no entra en el saco de asesinos en serie, pero es tan o más demencial que aquellos), dista mucho del entretenimiento festivo de ver a Leatherface acechando a un grupo de niñatos repelentes bajo el amenazante sol de Texas. Aun recuerdo cuando volví del videoclub con una copia de la sobrecogedora historia del caníbal alemán, no fui capaz de terminar la cinta sin tomarme un respiro.

Por otro lado, he de confesar que siento bastante devoción por los mockumentaries o cintas de “terror subjetivo”, ese mismo que pusieron sobre la mesa Eduardo Sánchez y Daniel Myrick con El proyecto de la bruja de Blair hace ya diez años. No digo que éstos patentaran la idea (la sombra de Holocausto Caníbal es demasiado alargada) pero sí que estrenaron la tramposa manipulación sobre el espectador, previa al visionado de la cinta, infundiendo un terror de base que influye directamente en la perspectiva con la que uno entra a la sala de cine. Fue tal el impacto que ejerció sobre mí esa película que la considero una de mis obras predilectas. En su momento me horrorizó su realismo y la sutileza del horror (no) mostrado en pantalla, todo ello unido a una fabulosa campaña de marketing en la que acepté caer de pleno sin cuestionarla lo más mínimo. Aun hoy cuando la vuelvo a ver, las voces de los niños alrededor de la tienda de campaña me siguen estremeciendo como la primera vez. Quizás por esa razón tiendo a dar una oportunidad al sinfín de propuestas similares que de alguna manera le han tomado prestada su esencia (algunas con más acierto que otras): The Poughkeepsie Tapes, The St. Francisville Experiment, Cloverfield, [REC], Paranormal Activity, o la recientemente pre-estrenada en Sitges Atrocious.

Si juntamos las dos premisas iniciales nos encontramos con 8213 Gacy House, producción de los incansables Asylum para explotar de nuevo la sombra de Paranormal Activity (la cual ya copiaron a su manera en Paranormal Entity) aprovechando el estreno de su (nefasta) secuela. Lo que empieza como un episodio del equipo de Ghost Hunters, interesante programa que emite el canal Buzz sobre dos fontaneros que dedican sus ratos libres a investigar y desmentir los supuestos fenómenos paranormales en los más ilustres enclaves encantados de Estados Unidos, termina con 6 cuerpos, una desaparecida y varias cintas de vídeo con 24 horas de grabación en la casa en la que vivió, asesinó y enterró a sus víctimas John Wayne Gacy.

Para situaros brevemente, el amigo Gacy era esa clase de vecino amable del que uno jamás sospecharía nada malo. Casado en dos ocasiones pese a su homosexualidad reprimida, Gacy se enfundaba en su tiempo libre un terrorífico disfraz de payaso (en el que se basó más tarde el personaje de Pennywise en It) para entretener a los niños enfermos en hospitales. Un buen día, exhausto de evitar su condición, secuestró a un joven e intentó violarlo y acabar con él, pero su falta de experiencia hizo que éste se escapara y le denunciara, lo que le llevó a pasar 18 meses en la cárcel. Con su salida de prisión se inició el verdadero destape de una personalidad perturbada, convirtiéndose en un maníaco que violó y mató a 33 jóvenes que posteriormente enterró en el sótano de su casa entre 1972 y 1978. Gacy fue detenido y ejecutado con una inyección letal el 9 de mayo de 1994. Sus últimas palabras fueron: “Besadme el culo” en un claro intento de arrepentimiento.

La película da comienzo con el logotipo del departamento de policía de Des Plaines (Illinois) alertando de que lo que veremos a continuación es el material recuperado en el lugar del crimen, ¡pero ojo!, “editado de forma narrativa para su exhibición”. Ah vale, hacen bien en matizar esta última parte, porque excepto el insignificante detalle de que es imposible el montaje de grabaciones que no han pasado previamente por la sala de post-producción, el aviso inicial de ‘basado en hechos reales’ es de una credibilidad absoluta (/ironía off). Me cuesta aceptar que aun hay gente a estas alturas que sigue creyendo en esas advertencias. Además es totalmente lógico que un departamento de policía se dedique a montar el material real de un fantasmal asesinato múltiple para comercializarlo, claro. Y con la recaudación se pueden hacer accionistas del Dunkin Donuts (antes era más bien /ironia pause).

El film continua con la presentación de los personajes en una especie de confesionario al estilo Gran Hermano, en el que conocemos a un doctor viejuno que no se moja mucho el culo, dos jefes de expedición que llevan tiempo recorriendo lugares supuestamente encantados, una estudiante de Psicología criminal, operarios de cámara y una médium con aspecto de stripper de club de carretera. Lo que sucede desde entonces hasta el fatídico final de la cinta es un tour guiado cronológicamente por el 8213 de la West Summerdale Avenue en una sucesión de escenas supuestamente aterradoras que flojean en el último instante de clímax paranormal y nos dejan con cara de idiotas esperando algo que no llega hasta los últimos minutos de la película (¿os suena de algo?). Se encienden luces, se abre puertas, se oyen ruidos, y…nada más. Todo ello con lo que supone parte del metraje realizado con la brusquedad de la grabación documental del cámara en mano: encuadres imposibles, zarandeos, caos, etc…, un mareo de la ostia, vamos.

8213 Gacy House está más cerca de la parodia del mundo de la investigación paranormal que del terror, y las escenas que lo demuestran son de un surrealismo magistral: el plano detalle de la delantera de la médium tras ser atacada por el fantasma de Gacy dejándole un buen arañazo en una teta (¿pero no era gay?); una sesión de espiritismo en la que la misma pechugona le ofrece a la entidad espectral una camiseta de su hijo en un gran detalle por su parte sabiendo la debilidad del payaso por los adolescentes; las caras de sorpresa del equipo al encontrar supuesto ectoplasma con apariencia de residuo sexual; la sabia y coherente decisión de dos personajes de echar un polvete en plena investigación, seguido en directo por quinientas cámaras de seguridad (solo faltaba Mercedes Milá comentando la jugada); la captación de una psicofonía de “Besadme el culo”; o mi favorita, el cambio de outfit en las apariciones del espectro de Gacy, antes muerto que sencillo.

Las decisiones estúpidas, el ritmo nulo y el tratamiento cómico de la mayoría de escenas que se podrían haber resuelto con más sutileza, le restan cualquier destello de terror pretendido. Aun así, voy a ser sincera y voy a reconocer que la primera aparición de Gacy en el pasillo (la cual recuerda a una escena que implica a los espíritus de unos doctores dementes y a una cámara en el remake de House on Haunted Hill) se asentó en mi subconsciente durante un par de días y se reproducía a modo de holograma en mi campo de visión cuando menos lo necesitaba, seguro que sabéis de lo que hablo. A excepción de ese detalle, el visionado de 8213 Gacy House solo es recomendable para los que disfruten de los mockumentaries por malos que sean o para engrosar la lista de material friki de los amantes del mundo de los asesinos en serie. Los demás, ni os molestéis.

Lo mejor: La primera ‘aparición’ de Gacy. Acojona.

Lo peor: Que se anule un interesante planteamiento a causa del tratamiento paródico de las imágenes y la poca credibilidad del reparto. Ah, y el despechugue de la médium (de traca).