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Sick Girl

¿Víctima o verdugo?

Sick Girl

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  • Título original: Sick Girl
  • Nacionalidad: USA | Año: 2007
  • Director: Eben McGarr
  • Guión: Eben McGarr
  • Intérpretes: Leslie Andrews, Charlie Trepany, Katherine Macanufo
  • Argumento: Izzy Shea, tras las pérdidas de sus padres y su hermano mayor, queda al cuidado de su hermano menor. Su vida está condicionada a unos terribles estallidos de violencia.

70 |100

Estrellas: 4

Tras la desaparición de sus padres, y la ausencia de su hermano mayor (por el que sentía algo más que un simple amor fraternal), la joven Izzy Shea se ve obligada a sacar adelante a la única familia que le queda: su hermano menor. Para ello tan sólo contará con la ayuda de un robusto y bonachón motorista amigo de su padre.

Semejante argumento podría dar tanto para una comedia sentimental protagonizada por una joven actriz emergente, especializada en este tipo de productos (no me obliguéis a dar nombres… me estanqué con Meg Ryan como reina absoluta de la comedia romántica); como para un melodrama “indie”, aderezado con un par de canciones pop resultonas y no muy comerciales, y dando la campanada en la próxima ceremonia de los Oscars, alzándose con la estatuilla al mejor guión original.

Pero nada de esto ocurre en la película que hoy nos ocupa. Si en lugar del romanticismo o el melodrama rural nos situamos en el terreno de la violencia, la escatología, las torturas, humillaciones, mutilaciones, violaciones y los asesinatos a sangre fría, el resultado final será algo parecido a Sick Girl, una de las películas independientes más extrañas e interesantes de los últimos años.

El gran acierto de Eben McGarr (director y guionista) consiste en no reducir Sick Girl a una simple sucesión o compendio de secuencias escabrosas y violentas (que las hay… y harán las delicias del aficionado), y tomar, en su lugar, la sabia decisión de presentarnos a un personaje complejo – la “chica enferma” a la que hace referencia el título de la película – cuya vida, lejos de la normalidad aparente, se encuentra decisivamente marcada por una serie de traumas familiares que, SUPUESTAMENTE, acaban definiendo una personalidad trastornada y con una insana tendencia a provocar el dolor y el sufrimiento ajeno.

Y ese “supuestamente” que establezco hace referencia a otro de los factores importantes que definen Sick Girl: su total ambigüedad en el mensaje que transmite.
Por un lado McGarr se esfuerza en hacernos creer que los actos violentos de Izzy responden a una serie de traumas sufridos por la protagonista en el pasado (la pérdida de sus padres y de su hermano mayor – del cual se desprende una presunta relación incestuosa –) y a la necesidad de sobreproteger a su hermano menor. Sin embargo, los brutales y exageradísimos estallidos de violencia a los que asistimos por parte de Izzy nos hacen pensar en una auténtica “Natural Born Killer” (una “asesina nata” a imagen y semejanza de la película de Oliver Stone), que disfruta y se relame con cada nueva tortura, cada nueva humillación, cada nuevo asesinato; y en los que muy poco tienen que ver, a modo de posible factor detonante, los problemas que haya tenido la protagonista siendo niña o los estrechos lazos que la unen a su hermano menor.

Como consecuencia de ello resultaría sencillo acusar a McGarr de manipulador, de impostor. De intentar camuflar la obscenidad y la violencia que desprenden algunas de las imágenes de Sick Girl bajo un irreal traje de denuncia social y drama familiar hecho a medida. De intentar hacernos creer que Sick Girl esconde algo más profundo cuando, en realidad, lo único que realmente tiene fuerza en la película son las secuencias de violencia. De intentar justificar el brutal comportamiento de Izzy mediante una inexistente e innecesaria coartada moral.
Sin embargo no seré yo quien vierta este tipo de acusaciones sobre Mr. McGarr, ¿por qué razón? Pues, sencillamente, porque esa contraposición entre los momentos familiares de Izzy (la relación con su hermano y con el fornido motorista) y los instantes de extrema violencia, me pareció fascinante. Acepto el presunto engaño de McGarr. Y lo acepto porque Sick Girl me atrae, me convence. Porque su ambigüedad moral me cautiva.

De ese contraste entre la vida familiar de Izzy y su apetito por consumir dolor ajeno, nace una de las películas más inclasificables que recuerdo. Por momentos un drama familiar y humano situado en un entorno rural, y por momentos un torture porn sangriento, escatológico, sexual y pasado de vueltas.

Todo ello provoca en Sick Girl la “extrañeza” a la que me refería al principio. Una extrañeza que viene resaltada por una espléndida fotografía, luminosa y gastada (deudora del cine de horror norteamericano de los setenta), una magnífica utilización del sonido (y también de la “carencia” de sonido: ver la secuencia de inicio), y la efectiva labor de todos los actores implicados, desde el niño, cuya presencia no se hace insoportable (lo cual ya de por sí es todo un logro), hasta el papel protagonista de la joven Leslie Andrews, una sick girl sobreactuada en muchos momentos, pero poseedora de un físico, y en especial un rostro, que nos empuja a plantearnos aquello de ¿ángel o demonio?

Incluso para todos aquellos a los que la historia personal y familiar de Izzy os traiga sin cuidado, apuntaros que Sick Girl tiene a su favor una secuencia final realmente perturbadora y radical en la que McGarr echa el resto.

Sick Girl es una excelente propuesta independiente. Una película atrevida y diferente. Que no pase desapercibida…

Lo mejor: esa convivencia entre drama familiar y humano y torture porn pasado de vueltas.

Lo peor: a quiénes tan sólo les interese la violencia les puede resultar aburrida. Que pase desapercibida…

Triloquist

Un muñeco y dos peleles

Triloquist

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  • Título original: Triloquist
  • Nacionalidad: USA | Año: 2008
  • Director: Mark Jones
  • Guión: Mark Jones
  • Intérpretes: Rocky Marquette, Paydin LoPachin, Katie Chonacas
  • Argumento: Una pareja de hermanos, totalmente disfuncionales, viaja por los EEUU con un muñeco más desequilibrado que ellos.

35 |100

Estrellas: 2

Corre el año 1993 en California, una decadente artista se mete el último chute de su vida. Sobredosis, salida digna al hundimiento por no poder pagar el alquiler del cuchitril donde vive, con sus dos hijos Angeline y Norbert, y ver en el retrete su carrera como ventrílocua, en un mundo que se burla de ella. En un cuartucho con olor a sudor, heroína y muerte, comienza la vida real para los dos hermanos y el espantoso muñeco de madera, con el que sus padres obtuvieron, una vez, fama y gloria.

De casa en casa de acogida, los dos muchachos son maltratados, repudiados y odiados. En todos sus hogares temporales se ven acompañados por Dummy, el muñeco vestido de vaquero, que observa el crecimiento de sus dueños rodeados por la degeneración y la miseria: Angelina se convierte en una guapa jovencita, de diecisiete años, adicta al alcohol, psicótica, violenta, mentirosa y adicta al sexo (ella recuerda con especial cariño las violaciones a las que le sometía su tío). Norbert, por otro lado, autista y totalmente ido se convierte en un clon del muñeco, vistiendo como el mismo. Un vaquero mudo portando a un muñeco pequeño y clónico, incapaz de expresarse más que a través de la ventriloquia.

Pronto, sus cerebros llegan al punto de ebullición. Y Dummy se convierte en el instrumento perfecto para descargar la ira de Angeline. Niños muertos, policías muertos, todos muertos a manos de un muñeco que parece tener una vida propia ligada mágicamente a la de sus dueños.
Angeline piensa que en Las Vegas pueden tener su oportunidad para encajar. Su hermano Norbert es el mayor ventrílocuo de todos los tiempos y sabe que en la ciudad que nunca duerme, podrán encontrar su espectáculo y con el, sus sueños.
El hecho que de camino haya robo, prostitución, incesto y muerte una y otra vez; solo supone más encanto para su viaje. Pero la rubia Angeline se da cuenta de que les falta algo. ¡Claro! Un descendiente para que pueda continuar el legado artístico de su familia. ¿Y existe alguna forma mejor para dar continuación a su saga, qué raptar a una jovencita para qué su hermano la deje preñada, tras violarla, y continuar así su mágico camino hacía Las Vegas? Dummy no está muy convencido con el plan pero al fin y al cabo solo es un muñeco y no puede hacer nada.

Este guión absurdo, bizarro, mediocre y pretendidamente divertido, es lo que nos regala Mark Jones en su última película, una supuesta comedia de horror llamada Triloquist y distribuida, con un par de narices, por Dimension Extreme. Mark Jones se encarga de escribir, producir y dirigir este largometraje directo a DVD; después de estar detrás de toda una saga de lo descacharre y absurdo, como era Leprachaun. También tuvo, hace más de diez años, la idea de rodar un bodrio bastante infumable (y de argumento paralelo a Leprachaun) llamado Rumpelstilskin. Es cierto que nuestro director no puede presumir de un gran currículo; pero yo me divertí bastante, en su momento, viendo como Jennifer Aniston era acosada por un duende irlandés interpretado (¿?) por el entrañable Warwick Davis. Esos chillidos nerviosos de “¡Quiero mi oro! ¡Mi oro!”, son un clásico chascarrillo de borrachos entre mis amigos. Entonces, ¿qué nos depara ahora esta mezcla imposible de road-movie, psychokillers, muñecos asesinos y explotation burda?

Interludio sobre los efectos del ácido
El LSD ó ácido lisérgico es un compuesto semisintético famoso por sus efectos alucinógenos, que incluyen leves alucinaciones sensoriales, así como alteraciones en la percepción general y, especialmente, de la temporal. Para que me entendáis, es lo más parecido a tener, despierto, una pesadilla provocada por un empacho ó un bonito sueño húmedo (depende de la persona y la noche).

En mi opinión, Mark Jones, intenta dar un discurso sobre la locura y la mente de un psicópata desde una perspectiva interior y amoral (Vease Asesinos Natos). Usa, como puede, elementos grotescos y desconcertantes, desde perspectivas retorcidas hasta fundidos propios de los dibujos de Bugs Bunny. Y estoy siendo benevolente en mi opinión, porque la película no se si me ha gustado, ni si quiera si me ha divertido; pero la verdad: ó pienso que era un experimento de su creador ó directamente digo que todo este tinglado ha sido montado por personas bajo los efectos del LSD (por ello creía didáctica la nota sobre el ácido).

Qué despropósito, qué actuaciones, qué efectos de sonido (lo peor que he escuchado en bastante tiempo), qué edición, qué planificación. A ratos, de lo mala que es, incluso quiere intentar seducirte. Ver a uno de los muñecotes más feos de la historia del cine (lo único que está diseñado dignamente) involucrado en unos diálogos que saltan de lo vergonzoso a lo absurdo en cuestión de milisegundos; pues tiene “su aquel”. Aunque no os preocupéis, cuando os sintáis minimamente interesados, lo cutre de lo que veis en pantalla os llevará a tierra firme.
Me niego en rotundo, a realizar dobles lecturas; por muy buena intención que tuviese su director, todas las escenas carecen de un mínimo de elegancia. No pretendería retratar la locura con bailes a cámara rápida, ¿verdad? Ni siquiera se salvan los típicos desnudos gratuitos ni los chistes sexuales.
Tanto Paydin LoPachin (Angeline) como Rocky Marquette (Norbert), dan autentica grima; siendo los actores pilares de esta producción. Mientras la primera tenía que hacer de psicópata sexy y acaba pareciendo una niña de berrinche, el otro solo tenía que hacer de autista y acaba pareciendo directamente imbécil. A lo mejor no he sabido ver la parte de comedia de la película, pero es que estaba todo tan fuera de contexto que no podía dejar de preguntarme que veían mis ojos. Especialmente hiriente el uso del blanco y negro de forma puntual que solo aportaba más odio hacía los efectismos de todo a cien por parte de Mr. Jones. Es que fijaos, ni funciona como road-movie, yo no tuve en ningún momento la sensación de que los personajes viajasen ni real ni moralmente; simplemente rellenaban los planos.

Con todo lo dicho, no creo que sea una película recomendable. Pero todos tenemos el día tonto en que nos apetece ver algo casposo y difícil de creer. Insisto, aún no entiendo la sensación que me ha dejado en el cuerpo Triloquist (y por eso aun salva su nota ligeramente) pero no quiero ver nada nuevo de este director hasta dentro de cuatro años. Sé que la película deseaba mostrar un mundo muy particular y delirante, pero yo me quedo con la sensación de poco oficio y mucho LSD.

Y no os dejéis llevar porque sea una distribución de Dimension Extreme; esto esta a años luz de un Feast ó un Automaton Transfusión.

Lo mejor: En algún momento puede hacernos dudar de lo que contenía nuestra bebida.

Lo peor: El desproposito a nivel general.

The Girl Next Door

Cuando la realidad supera a la ficción

The Girl Next Door

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  • Título original: The Girl Next Door
  • Nacionalidad: USA | Año: 2007
  • Director: Gregory Wilson
  • Guión: Daniel Farrands, Philip Nutman
  • Intérpretes: Daniel Manche, Blanche Baker, Blythe Auffarth.
  • Argumento: Tras la muerte de sus padres en accidente de tráfico, Meg y Jenniffer son acogidas por Ruth Chandler. Meg será objeto de todo tipo de torturas y abusos por parte de los Chandler.

68 |100

Estrellas: 4

The Girl Next Door

Sylvia Likens tenía 16 años cuando sus padres, trabajadores en un circo ambulante, decidieron dejarla a ella y a su hermana menor Jennifer (aquejada de poliomielitis), al cuidado de Gertrude Baniszewski, una divorciada ama de casa a cargo de seis hijos (muchos de ellos de padres distintos), con serias dificultades para llegar a fin de mes y con diversas dolencias, incluido un severo asma, que mermaban considerablemente su salud.

Gertrude Baniszewski no tardó demasiado tiempo en descargar toda su ira y frustración sobre la mayor de las hermanas. Sylvia Likens fue encerrada, atada, golpeada, torturada, vejada y violada en el sótano de la casa de los Baniszewski. Los autores de los constantes abusos fueron tanto la propia Gertrude Baniszewski, cómo sus vástagos, algunos vecinos amigos de los críos, e incluso la propia Jennifer, obligada, en varias ocasiones, a golpear a su hermana mayor.

Finalmente, tras casi tres meses de cautiverio, Sylvia Likens murió víctima de las constantes palizas y la inanición.

No, no se trata del argumento de La Chica de al Lado (The Girl Next Door) película dirigida por Gregory Wilson en 2007, basada en el relato homónimo de Jack Ketchum, y que a su vez tomaba cómo punto de partida el caso real de Sylvia Likens.

No he tenido la oportunidad de leer la obra de Ketchum, pero por lo visto, el escritor norteamericano se limitó a cambiar la mayoría de los nombres propios, alterar la realidad de los padres de las niñas (en la novela los padres de Sylvia y Jennifer, rebautizadas para la ocasión con los nombres de Meg y Susan, mueren en un accidente de coche), reducir el número de hijos a tres, y finalmente centrarse en los aspectos más truculentos y macabros de la historia, lo cual supongo que tampoco le resultaría demasiado complicado a tenor de la crueldad que se desprende de las declaraciones vertidas en el posterior juicio tanto por los hijos de Gertrude Baniszewski, cómo por algunos de sus cómplices más directos (durante dicho juicio, Gertrude Baniszewski siempre negó los hechos de los que se la acusaba).

Imagino que una historia cómo la de Sylvia/Meg puedes ser abordada desde diversos puntos de vista y asumiendo diferentes grados de implicación y explicitud. Pero también supongo que, sea cual sea el camino escogido finalmente, siempre llegaremos a un punto sin retorno al que parece inevitable abocarnos: el daño físico (y psíquico) que condenaría a una niña de 16 años (aunque en la película redujeron la edad a 13 años) a un insoportable y agónico proceso de degradación y dolor que culminaría, irremediablemente, con su muerte.

A partir de aquí, los diferentes matices a la hora de explicar la historia, sí son importantes.

Curiosamente, también en el 2007 Tommy O’Haver firmaba An american Crime, basada en lo hechos acaecidos en el hogar de los BAniszewski durante el trágico verano de 1958 (sin pasar en esta ocasión por el filtro de la novela de Ketchum). El resultado arrojado por An american Crime era una mezcla de drama y thriller judicial, esforzado en describir el perfil psicológico de los torturadores (en especial el de la madre, una mujer enferma, agobiada por las deudas, y terriblemente decepcionada con la vida que había llevado hasta el momento. Y magníficamente interpretada por Catherine Keener en una labor que llegaba a “humanizar” la figura de Gertrude), que se mostraba excesivamente timorata y contenida a la hora de materializar el calvario sufrido por Sylvia.
Por supuesto, el de Tommy O’Haver es un punto de vista tan válido cómo cualquier otro a la hora de acercarse a la historia de Sylvia y Jennifer; sin embargo, cómo consecuencia de esa tonalidad o ese punto de vista asumido por Tommy O’Haver, las imágenes de An American Crime nunca llegaban a incomodar seriamente al espectador.

La propuesta del tandem Ketchum/Gregory Wilson es diametralmente opuesta a lo ofrecido por An American Crime. Ellos toman el camino más recto, el más directo. Quizás también el más obvio, el más evidente. The Girl Next Door, tras un breve preámbulo en el que la luz y el calor del verano del 58 toman todo el protagonismo (excelente la ambientación de la época y el contraste que estas cálidas imágenes suponen en referencia a lo que nos depara posteriormente la película), se sumerge de lleno, y con todas las consecuencias, en la terrible oscuridad del sótano en el que permaneció cautiva Sylvia/Meg. Y en el interior de ese sótano el dolor es palpable, doloroso para el espectador (valga la redundancia), desnudo, arisco, difícil de soportar.

Lejos de las molestias que se tomaba An american Crime por ofrecernos un perfil psicológico de los opresores, en The Girl Next Door Gertrude Baniszewski (rebautizada con el nombre de Ruth Chandler) es presentada cómo la mismísima encarnación del diablo (con un maquillaje que recuerda a la Bette Davis de ¿Qué fue de Baby Jane?), y su prole, lejos de dar en ningún momento la sensación de verse influenciados o arrastrados por la maldad de su madre (algo que sí ocurría en An American Crime en un determinado momento de la película), son poco más que una pandilla de auténticos malnacidos que experimentan placer y regocijo ante el dolor ajeno.

De este modo, gran parte de los personajes de The Girl Next Door son planos, uniformes. Se definen por una única característica: su ilimitada maldad. Una maldad cruda, cruel. Una maldad que empuja a un niño de apenas 10 años a solicitar a gritos que el castigo afligido a Sylvia/Meg no cese.

Afortunadamente Gregory Wilson tiene el acierto de incluir el personaje del joven David, vecino de los Chandler, amigo de los hijos de la familia, y que siente una especial atracción por Meg. A través de su mirada, de sus temores y de sus dudas (por muy censurable que en ocasiones pueda resultar su pasividad) tenemos una oportunidad de identificarnos, al menos, con uno solo de los personajes de The Girl Next Door.

La película de Gregory Wilson es una película realmente incómoda. The Girl Next Door es una patada en el vientre de la que resulta difícil recuperarse. Y su capacidad de consternación procede, única y exclusivamente, de la brutalidad y sadismo que desprenden algunas de sus imágenes. Una niña de 13 años, indefensa y asustada, aparece durante la mayor parte del metraje colgada, atada por las manos, desnuda, y sometida a un infierno de palizas, humillaciones y abusos sexuales sistemáticos perpretados, en su mayoría, por jóvenes cuyas edades van de los 10 a los 18 años.

Todo ello mostrado con una sequedad formal fascinante. El gore es prácticamente inexistente. Por más que hablemos de torturas y actos de salvaje violencia, que nadie espere nada que se acerque, ni remotamente, al Hostel de Eli Roth (por poner un ejemplo harto conocido).
Gregory Wilson no implica a la cámara en proceso de dolor de Sylvia/Meg. En su lugar sitúa al espectador a una distancia prudencial, suficiente para ser testigos impasibles (e impotentes) del sufrimiento de Sylvia/Meg, sin necesidad de ahondar en los detalles más escabrosos o buscar artificios que enfaticen el ya de por sí tremendo dolor que desprenden cada una de las secuencias de violencia de The Girl Next Door.

Personalmente creo que la forma más óptima de acercarse a la historia de Sylvia y Jennifer Likens hubiera sido una mezcla de la descripción de personajes (sobre todo el de la madre) de An American Crime, y la energía y contundencia de The Girl Next Door. Pero esto pertenece al campo de la especulación, así que os recomiendo darle una oportunidad a este intenso y desolador drama que es The Girl Next Door.

Lo mejor: La intensidad y crueldad de sus imágenes.

Lo peor: Los opresores son personajes demasiado planos.

Habitaciones para turistas

Auténtico horror con denominación de orígen

Habitaciones para turistas

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  • Título original: Rooms for tourists
  • Nacionalidad: Argentina | Año: 2005
  • Director: Adrián García Bogliano
  • Guión: Adrián García Bogliano y Ramiro García Bogliano
  • Intérpretes: Brenda Vera, Elena Siritto, Jimena Krouco y Mariela Mújica
  • Argumento: Cinco chicas, a las que une un dramático secreto, se ven obligadas a pasar la noche en un pueblo del interior del país.

70 |100

Estrellas: 4

Con tres años de retraso ha llegado a mis manos “Habitaciones para turistas”, pero la espera ha valida la pena.
Estamos ante la que es, simple y llanamente, la mejor sorpresa en lo que llevo de año.
No os equivoquéis… no estoy diciendo que sea la mejor película que he visto este año, sino la que más me ha asombrado.

“Habitaciones para turistas” es una película argentina, de bajo presupuesto, rodada en blanco y negro, y que bebe directamente de las fuentes del slasher y el body count norteamericano más clásico. ¿Originalidad? Está bien, no la encontraréis en “Habitaciones para turistas”.
Pero entonces, ¿es lo mismo de siempre? No, no lo es. Es mucho mejor. Es la muestra más digna y honesta de cine independiente que he visto en muchísimo tiempo (del auténtico cine independiente. No ese cine indie que acabará ganando el premio al mejor guión original en la próxima ceremonia de entrega de los Oscars –sic-).

Habitaciones para turistas

Sus puntos fuertes vienen de la mano de un guión sólido, una soberbia ambientación, unos actores en estado de gracia, unos personajes –las cinco chicas- cuyos actos y reacciones son, en todo momento, creíbles, y que definen, sin necesidad de estereotipos muy anquilosados al slasher, la complejidad de cada uno de ellos; y sobre todo, una asombrosa maestría por parte de sus creadores (sobre todo teniendo en cuenta que nos enfrentamos a una primera obra) a la hora de activar todos los resortes que tienen a su alcance para hacernos pasar un rato desagradable, angustioso y temeroso. En definitiva, manejar a la perfección los esquemas básicos del miedo.

Porque “Habitaciones para turistas” da miedo. Y eso es algo que, por desgracia, no se puede decir de demasiadas producciones actuales adscritas al género de terror.
Su impresionante ambientación, deudora de una excelente fotografía en blanco y negro (que, en ocasiones, roza con la yema de los dedos, el expresionismo alemán de principios de siglo – “El Gabinete del Dr. Caligari”, 1920-) consigue sumergirnos en un mundo de locura, a medio camino entre el horror onírico de la "Cabeza borradora" (Eraserhead, 1977) de David Lynch, y la atrocidad realista de “La Matanza de Texas” (The Texas Chainsaw Massacre, 1974) de Tobe Hopper.

El desarrollo de la historia, tanto a nivel formal como de fondo, bascula con inusitada facilidad y efectividad de lo poético a lo terrible. Es capaz de pasar de una imagen con una de las protagonistas recorriendo un largo y oscuro pasillo, alumbrada únicamente con la tenue luz de una vela, a una orgía gore de pieles arrancadas y huesos cercenados; y todo ello sin que el ritmo y la trama queden afectados.

Y es que “Habitaciones para turistas”, pese a no poder mostrar el rojo sangre, no rehuye la contundencia y excesividad del gore más radical. Las protagonistas son víctimas de un asesino cruel y despiadado que no dudará un solo instante en facilitarles una muerte brutal y repugnante. Pero, sin embargo, es en este punto donde “Habitaciones para turistas” presenta algún síntoma negativo (aunque me cueste mucho reconocerlo).
Los efectos no están al nivel de la película. Algún que otro inserto gore, que incluso se repite en más de una ocasión, nos obliga a mantener los pies en la tierra, y recordar que, al fin y al cabo, estamos ante una nueva muestra de “película de bajo presupuesto”, con las limitaciones que ello supone.

En cualquier caso, sólo nos queda celebrar con entusiasmo una película como “Habitaciones para turistas”, de modesto presupuesto, pero de ambiciosos resultados.
Una pequeña joya a descubrir.

Lo mejor: Tener la oportunidad de verla sin saber de antemano lo que vas a encontrarte.

Lo peor: Algún inserto gore que se repite.