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En el ascensor

Mi casa es algo antigua y hasta hace poco tenía uno de esos ascensores “abiertos” con portezuelas de madera y ventanillas de cristal que permitían ver el hueco de la escalera e incluso una parte de la maquinaria. Actualmente, y tras una costosa reforma, nuestro ascensor es más rápido, seguro y funcional. Sin embargo el encanto de aquel lento cubículo, que hacia las conversaciones entre vecinos aun más largas e intrascendentes, siempre me tuvo fascinado. Incluso en reuniones de amigos era motivo de orgullo. Sus adornos dorados, sus cristales decorados, sus terminaciones de madera. Sin embargo no todo era dicha con nuestro ascensor.

Puesto que nuestro portal es bastante oscuro, ciertas personas lo consideran agobiante y siniestro, supongo que la mala iluminación proporcionada por la bombilla de ese ascensor ayudaba. Incluso una mujer muy vieja que vivía en el entresuelo afirmaba sin ruborizarse que el ascensor estaba maldito. Tal vez para ella fuese fácil decirlo, al fin y al cabo no tenia que usarlo. La muerte de aquella vecina chismosa y pesada fue bastante más agradable que la sustitución del ascensor. No en vano, el rellano siempre apestó a gato por la gran cantidad de estos animales que ella tenía…

Nunca he considerado siquiera la existencia de lo sobrenatural. El mundo esta conformado por aquello que vemos ó podemos demostrar científicamente. De hecho, siempre he despreciado a los místicos por su forma de pensar. Perder el tiempo contemplando los cielos esperando una señal de dios me parece un símbolo de pobreza mental. Si ese dios existiera, sería tan natural como el hombre que ha creado, a lo sumo superior tecnológicamente. ¿Un experto en bioingeniería esta más próximo a mi vaga idea de una deidad? Supongo que sí.
Así pues nunca presté atención a los desvaríos de aquella anciana sobre nuestro elevador. Madera, cristal y metal. ¿Qué hay más real que una creación mecánica del hombre? Las últimas reuniones de vecinos a las que acudió fueron considerablemente desagradables por su parte. Oír sus gritos sobre pisos subterráneos a los que solo el ascensor llevaba y solo cuando el lo decidía así, era bastante patético.

Delirios sobre cientos de plantas de pasillos interminables, bóvedas que alcanzaban el cielo, esculturas gimientes, puertas que no tenían cerradura… ¿Y los atascos de las tuberías? Eso no parecía importarle a “la loca” como casi todos en el bloque la llamábamos.
Poco antes de su muerte insistía incansable, a todo el que se cruzase con ella en el portal, que el niño que había desaparecido no estaba tan lejos. Recuerdo perfectamente cuando me arrinconó junto a las puertas del ascensor porque su aliento olía a vinagre:

<< Dicen que nunca volvió de jugar en el parque de enfrente. Pero yo misma pude ver como el ascensor bajaba y bajaba con el. Siguió descendiendo incluso cuando llegó a la planta baja. El niño no parecía estar asustado pero el se lo llevó abajo. A los pisos antiguos.>>

Me aparté de ella como pude. Ya era bastante desagradable la noticia de la desaparición del hijo de los pobres señores de Ruí, como para aguantar esas estupideces. Y aunque reconozco que la muerte de aquella vieja loca fue horrible, su perdida supuso un poco más de paz en nuestra vecindad. Suficientemente duro es el día a día. Una semana antes de que comenzasen las obras en la escalera, el vecino del tercero regresó a casa del trabajo y vio la puerta de la casa de la mujer abierta. Según el, un olor pestilente salía de la casa. Un olor peor de lo normal, claro. Entró para preguntar a la anciana si todo estaba bien y solo encontró a multitud de gatos retozando por todo el piso. Extrañado y sin saber muy bien que pensar fue a tomar el ascensor para subir a su casa cuando en el suelo del mismo, el cuerpo de la mujer lo sobresaltó. El mismo hedor, mezcla de orines de gato y muerte, provenía del cuerpo muerto. Estaba retorcida en una postura antinatural, las uñas rotas como si hubiera intentando escarbar en las planchas de madera del ascensor y su cuerpo extrañamente inflado como si llevase muerta unas semanas. Por supuesto que este hecho fue la comidilla de los vecinos durante un tiempo, pero al parecer la mujer había muerto de un ataque al corazón y su estado de descomposición se achacó a alguna extraña enfermedad. ¡Al fin y al cabo vivía rodeada de apestosos felinos! Por suerte ningún otro vecino estaba infectado y la casa de la anciana fue fumigada.

Resulta irónico que aquella mujer no pudiese ver, con sus propios ojos, que debajo de la maquinaria, que activaba las poleas del viejo ascensor, no hubiese nada extraño. La remodelación del rellano resulto de lo más corriente y no descubrió ningún secreto. A veces recuerdo aquella verja metálica, el cuerpo de sólida madera, el chirrido de las puertas de madera al cerrarse, el ruido de la maquinaria, y no puedo evitar la nostalgia. Aun a pesar de mi edad siempre he sido una persona muy costumbrista.

A principios de la semana pasada un amigo decidió hacerme una visita sorpresa. Sus apariciones siempre son bienvenidas en mi hogar. Es un hombre inteligente, agradable y muy vivaz. No en vano es reconocido como uno de los mejores periodistas de la ciudad. Extrañamente, esta vez su humor estaba muy apagado y tocado por una suerte de cinismo oscuro, que no me gusto en absoluto. Traté de sonsacarle que le sucedía pero sabía muy bien como evadir mis preguntas. Es más, juraría que su estado se debía más a un suceso reciente que a su decisión de venir a verme. Incluso hizo ciertas preguntas muy impropias de el que me desconcertaron. Como su repentino interés por este edificio. El cual no tenia más historia que la que ya he relatado, a excepción de ser el lugar de nacimiento de un famoso escultor local de merecida fama. Y aunque yo pensaba que esta información era ampliamente conocida en los círculos culturales que mi amigo frecuentaba, este se quedó muy silencioso al escucharlo. Como si algo hubiese encajado dentro de su cabeza.

<< Conozco bastante la obra de Salkchi, lo que desconocía es que nació aquí. ¿Sabes qué este artista obtuvo su fama por las extrañas y decadentes formas que esculpía?>>

Yo lo sabía y de hecho no me parecía algo tan raro en el mundillo del arte. Algunos de mis artistas favoritos tendían a la representación del lado macabro de la vida. Supongo que es una forma de exorcizar tus demonios personales. Y la humanidad siempre ha estado fascinada por lo deforme y extravagante. Así se lo dije a mi amigo.

<<¿Y que lleva meses desaparecido después de haber sido visto por ultima vez en el montacargas de la galería Delacroix?>>

Si la intención de su pregunta era epatarme, consiguió el efecto contrario. Al fin y al cabo no era tan raro que un hombre conocido por su excentricidad se esfumase de la ciudad sin noticia alguna. Me molestó levemente el misterio que rodeaba a todas sus palabras y le interpelé directamente por el sentido de toda esta cháchara banal. Sencillamente se puso tenso y se levantó a recoger su abrigo y su sombrero. Antes de irse, mientras lo acompañaba a la salida un poco enfadado por su actitud, me dijo:

<< No vuelvas a usar tu ascensor. Múdate de aquí rápidamente. Eres mi amigo y te aprecio pero no volveré a este edificio.>>

Sin habla contemplé como bajaba apresuradamente las escaleras. No entendía su forma de actuar y menos aún su repentina obsesión por el ascensor del edificio. Llegué a pensar que había escuchado la historia de la mujer que murió dentro de el y quiso jugar un poco conmigo. Pero antes de ayer recibí una críptica carta suya, muy difícil de creer:

<Estimado M.
Lamento mi partida apresurada de tu casa. Estoy seguro de que no entendiste mi reacción puesto que no te di ninguna razón para la misma. Sin embargo creo que puedo apelar a nuestra larga amistad para que al menos no me guardes rencor por mi antipática actitud.
Se me hace difícil empezar este intento de explicación porque aun a día de hoy me encuentro bastante nervioso por la visita que te realicé. Tampoco me facilita la tarea, saber de tu reputada “racionalidad”. ¿Como describirte sensaciones tan vagas qué hasta yo me negué a creer?

Comenzaré hablándote de Salkchi, el famoso escultor que nació en tu edificio en el seno de una familia humilde. Estoy seguro de que te sorprendió mi agitación al conocer que este sujeto nació allí. Bien, yo no lo sabía. Supongo que no es algo destacado en su carrera. Nunca me interesé por sus orígenes.

¿Por qué resulta tan importante la figura de este hombre en mi misiva? Verás, hace tres meses que desapareció de la ciudad sin dejar rastro y como ya sabes, soy director de la sección cultural del periódico que tú tanto te has preocupado en criticar. Ya se que no viene al caso, pero nuestro trabajo esta muy infravalorado. Me preocupo de supervisar todos los reportajes, su veracidad y creo que puedo presumir de una rigurosa ética profesional. Me niego a ver publicados artículos falaces u opiniones sesgadas sin motivo.
Cuando llegó a nuestra redacción el encargo de cubrir la noticia de la desaparición de Salkchi, decidí hacerme cargo yo mismo. No me arrepiento, aun poseo esa fe ciega en la verdad que tantos quebraderos de cabeza me ha dado.

Seguramente te acordaras del Comisario L. La buena relación que mantengo con el me ha proporcionado jugosos datos que he intentado utilizar con coherencia en mi columna. Así que parecía lógico recurrir a sus investigaciones. La verdad que la primera vez que hablé con el todavía se hallaban a ciegas con el caso. Varias personas vieron al escultor por última vez descendiendo por el montacargas de la galería Delacroix. Estaba un poco borracho, según esos testigos, tras la presentación de su última serie de esculturas. Todos sabemos de su trabajo. Un fanático de las formas humanas pero un fanático retorcido. Gustaba de expresar horror, dolor y sufrimiento en su obra. De hecho, su última serie era un compendio de aberraciones sexuales en basalto negro. El la llamó “La puerta negra”. Leí la crítica de la competencia: “Tan desagradable como contemplar escorpiones reales copulando”. Tengo que estar de acuerdo con esa opinión. Te puedo asegurar que esas esculturas remueven una parte atávica de uno mismo. Producen una fuerte sensación en el estomago. Entre tensión sexual y nauseas. Pero esto no es lo importante del asunto.

El Comisario L. me dio vía libre a los archivos del caso. Tras pasar dos meses desde su desaparición sin que nadie hubiese aportado ningún dato, se había registrado la mansión de nuestro excéntrico artista y encontrado decenas de esculturas de una naturaleza completamente diferente al resto de su obra. Esta vez no se trataba de formas humanoides. Vi algunas fotos realizadas por la policía y el choque fue aun más intenso que el producido por la exposición “La puerta negra”. No había nada en esas esculturas explícitamente horrible. Sin embargo la extraña obsesión por la geometría que mostraban las fotos, era cuando menos anómala. Y digo anómala porque no sabría como describirte esos conjuntos de cubos y ángulos de metal. El vidrio y la madera se entremezclaban en construcciones megalíticas almacenadas en los sótanos de su mansión con malsana intencionalidad. Las fotografías enseñaban cierto patrón que no he conseguido entender. Incluso las escaleras oscuras que daban a los subterráneos de la casa estaban cubiertas de alambre formando guías, como si recorrieses las vías de un tren muerto.

Te reirás ante estas fantasiosas palabras. Hasta yo mismo admito que mis descripciones son absurdas y fuera de contexto. Pero M., si hubieses visto esas estructuras retorcidas unas dentro de otras, hubieses dudado como yo de la cordura de su autor. Curiosamente hubo ciertos archivos que retiraron de las oficinas de la comisaría antes de abrirme sus puertas. Me di cuenta por los descarados espacios entre los archivadores. Allí faltaba algún mueble, hasta podía ver las marcas que estos dejaron en el suelo al ser transportados recientemente. Ni siquiera el comisario reconoció la existencia de más información. Solo comentó ligeramente asustado:

“Los materiales que usaba Salkchi ya son un crimen en si mismo. Si asoma la cabeza del agujero donde se ha metido, se le caerá.”

Pero yo se que eso nunca sucederá, se ha ido a lugares más lejanos. ¿Estas impaciente? Te conozco amigo y los rodeos no son de tu agrado, pero no se todavía como abordar lo que me pasó cuando fui a tu casa. Continuare contándote lo último que descubrí de nuestro macabro artista.

Al parecer esas obras extrañas y antinaturales no eran fruto de unos pocos meses. Por su extremada complejidad parecían haber sido construidas a lo largo de muchos años. Revelaban cierta idea, una especie de teoría sobre la conjunción de espacios. Intentaban representar en solo tres, un mundo de infinitas dimensiones. Una noche el comisario me invitó a una copa. Yo estaba estancado con el artículo y pensé que no tenía material interesante cara al gran público como para editarlo en el periodico. Con lo que su invitación me resultó muy conveniente. ¡Nada más lejos de la realidad! Muy seriamente el viejo sabueso policía me enseñó parte de los diarios de Salkchi. Incluían hojas sueltas escritas en diferentes épocas intentando explicar su trabajo. Evidentemente lo que leí no abarcaba todo el trabajo del escultor. El comisario había discriminado muchos de aquellos escritos, pero diferentes alusiones me han llevado a decidir no volver a ver ninguna de las obras de ese genio loco. No quiero extenderme. Sus teorías se podrían resumir en el deseo de descubrir, llamémosles, “puertas” a la verdadera realidad. A aquello que nuestro ojo solo puede ver cuando esas imágenes deciden revelarse inmisericordes ante nosotros. El creía firmemente en poder desarrollar dispositivos móviles que trasladasen la carne de los hombres a aquellas dimensiones diseñadas por intelectos no-humanos. De hecho el resto de su obra era un macabro y cruel tributo a esas mentes ultraterrenas. La veracidad de sus ideas será una broma para tus ojos, pero si hubieses contemplado solo las fotografías y leído sus delirios extremadamente racionales, al menos te asaltaría una intensa duda.

Sé que para ti, eso no sería suficiente. Y tampoco lo fue para mí… hasta que fui a visitarte. Ya había dejado el artículo por imposible cuando quise compartir contigo una de nuestras amenas charlas para relajarme. He de reconocer que la historia de Salkchi rondaba constantemente por mi cabeza. Cada noche, con más frecuencia, me atormentaban pesadillas que me empapaban de sudor. Y lo peor era que desapartaba espantado pero enormemente excitado sexualmente. “Una visita al infierno” bromearías. Y eran tus bromas lo que esperaba cuando tome el ascensor para subir a tu piso.

Me reconfortó ligeramente que tu ascensor fuera tan nuevo, totalmente distinto al anterior. Tan siniestro, tan oscuro. Ensimismado en mis pensamientos pulse el botón que me llevaría hasta la puerta de tu casa. Pensaba y pensaba, sobre todo en esculturas de formas trapezoidales. Cuando me quise dar cuenta comprendí que llevaba más tiempo en el ascensor de lo normal. Alcé la vista del suelo donde estaba posada y durante una fracción de segundo contemplé un abismo de incoherencia. Era como si la imagen del viejo ascensor estuviera superpuesta a la del nuevo. Por sus ventanillas irreales veía un pasillo cubierto de escorpiones negros. Tantos y tan azabaches que parecían una marea de bilis. Y sentí más que vi otras paredes a mi alrededor. Como si una piel rugosa se sobrepusiera a la madera del viejo ascensor y al acero del nuevo. Incluso sentía movimientos contradictorios. Mi cuerpo notaba la tracción hacia arriba, subía a tu piso. Sin embargo en mi mente sentía que descendía. Que llevaba siglos bajando, no se muy bien a que dimensiones fuera de este tiempo. Cerré los ojos asustado. “Demasiada tensión”, pensé. Todavía oía ruidos de engranajes hechos de carne rozándose. Y antes de volver a abrirlos las puertas se abrieron y contemplé la puerta de tu casa. Incluso volver a recordar todo ese episodio me provoca mareos. Te lo repito de nuevo: “Vete de ese edificio”.

Mañana me mudo a una vieja casa colonial de las afueras que no dispone de ascensor y cuyo patio esta abierto. Se que pensaras que te estoy tomando el pelo. Peor aún, que estoy loco. Pero jamás me hubiese atrevido a mandarte esta carta que pone en tela de juicio mi cordura si no te apreciase tanto. Si ese aprecio es mutuo, hazme caso y márchate de allí en el mismo momento de terminar de leer esta carta. Salkchi conocía secretos que no pertenecen a este mundo y creo que son misterios tan infecciosos como venenosos. Ríete más si quieres pero noto como esta ciudad se esta desmoronando. Todos los ascensores están conectados a algo que no me atrevo ni a sospechar. Por favor, hazme caso por una vez.

Tu amigo que te aprecia. Henry.>

Me resulta difícil expresar las emociones que me sacudieron cuando leí la carta de mi buen amigo. Agradecía su preocupación pero me parecieron muy fuera de tono sus palabras. Sin lugar a dudas se trataba de una broma. Aunque, pensando lo peor, puede que el trabajo estuviese ejerciendo demasiada tensión en el. Conocía muchas de las esculturas de las que me hablaba y el ritmo de vida frenético que se lleva en un periódico. No sería la primera crisis nerviosa que el sufría. En esta noche de luna llena no puedo evitar darles vueltas a esos párrafos insidiosos. Siempre me ha gustado la pasión de sus artículos y esta carta no carecía de ella. Tengo que bajar la basura al contenedor puesto que no he contratado el servicio de basuras del edificio. Siempre en mi familia ha habido una educación férrea sobre el despilfarro de dinero y aunque mi situación económica es desahogada prefiero realizar pequeños esfuerzos antes que pagar por ellos. Salgo de mi casa con la bolsa negra en la mano. Su color me vuelve a recordar ciertas frases: “…cubierto de escorpiones negros”. ¡Maldito Henry! Ha conseguido inducirme a un estado de tensión muy poco propio en mí. Observando racionalmente la puerta del nuevo y aséptico ascensor mientras este sube, no puedo imaginar un invento más banal. Las tonterías de mi amigo no me van a hacer creer en fantasmas de la noche a la mañana. Casi disfruto del sonido mecánico del compartimiento subiendo hasta mi. Es el único sonido que me rodea. El edificio esta en silencio. Apacible nocturnidad. Un momento ideal para recordar historias más agradables que las de Henry. Como la cita que tenía en unos días con una amiga. Pensar en esa mujer me reconforta a pesar del tiempo que aún me separa para verla. Es un refugio a los acechantes ángulos que describía la carta.

¿Cómo iba a llevarme este ascensor a sótanos de paredes desconchadas y cubiertas de palabras prohibidas? ¿Y las puertas? ¿Por qué se que su color verde desvaído es símbolo del peligro que espera detrás de ellas? ¿Y el fulgor blanquecino de los fluorescentes parpadeantes? No recuerdo haber pulsado el botón de la planta baja. Y sin embargo… Desciendo montado en el ascensor mientras sonidos de maquinaria oxidada me envuelven. ¿No debería haber llegado ya a mi destino? ¿Cuántas plantas se han sucedido antes mis ojos confundidos? No entiendo lo que esta pasando ni quien ha puesto todas esas preguntas surrealistas en mi cabeza. Algo me esta cambiando. Estoy ensimismado por el terror, hipnotizado. Empiezo a entender el diseño de los paneles de metal que morosamente veo en mi descenso por la pequeña ventanilla de cristal. Tengo la garganta seca y las manos agarrotadas sobre la bolsa negra. El plástico se mueve. He de llevar su contenido a los subterráneos. Entiendo. Estoy bajando. Confuso. Soñando despierto. Durante horas, durante siglos. Y el olor del aceite rancio de los engranajes de carne me recibe. Cuando las puertas de madera que antes no estaban se abren por fin, deteniéndose mi descenso, veo los pasillos y al fondo de uno de ellos. ¿No se atisba una sombra azul al fondo? Los fluorescentes alumbran desganadamente una alfombra negra. Su tejido burbujea compuesto de millones de caparazones. Puertas de madera verde se abren a los lados de la alfombra, dan a habitaciones de las que se escapan gorgoteos. Estos crujen rozando entre ellos, componiendo un ritmo que rebota en las ciclópeas estatuas que bordean el pasillo. Desconozco si estoy vivo. El roce de una brisa húmeda y empalagosa no atestigua nada de ello. Las estatuas de basalto, retorciéndose de sufrimiento y placer, susurran nombres que ninguna lengua humana sabría pronunciar. ¿Dónde esta el panel con los botones? No hace falta. Sigo inmóvil en el ascensor, contemplando el eterno corredor goteante. Noto mi erección provocada por la tensión de un peligro, que por segundos, parece más lánguido. No quiero subir. Por por f… por fin, he llegado a nuestro destino…

AUTOR: Bob Rock  |  PUBLICADO: 11/01/10  |  CATEGORIAS:

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Comentarios:

1. | Jan 11, 10:38 PM | Missterror | #

Pues sí que es largo,sí,pero, querido Bob,ha merecido la pena totalmente.

Sin dudarlo éste es el relato que más me ha gustado:el tono epistolar,las preguntas sin respuesta,nuestra obligación a pensar qué hay realmente en “nuestro destino” y, Uhhmmmm,ese agradable aroma a Hellraiser!!!

Sublime.

2. | Jan 12, 01:05 AM | Bob Rock | #

Mistteror.- Jo, que comentario tan bonito. Ya no se que decirte con tantos elogios…bueno sí, si alguna vez te chirría lo que escribo dimelo porfa; ya sabes :P

Saludos

3. | Jan 12, 04:52 PM | Elizabeth | #

Pero que escritor más productivo! y con la calidad de siempre.
Me gustaría saber como hacés, porque a mi se me cae una idea cada año bisiesto y tengo cosas empezadas que no se me ocurre como terminar(soy muy perzosa).
Se nota que esto te apasiona y lo haces de maravillas.
Felicitaciones! :)

4. | Jan 12, 06:23 PM | Bob Rock | #

Eli.- Gracias mil eternamente por tu apoyo. La verdad que en un concurso de perezosos yo creo que os gano a todos ;P
En realidad sufro bastante con el proceso creativo, ideas tengo muchas, pero cuesta escribir algo coherente. Si no vamos a vivir de la escritura tenemos que escribir cuando nos apetezca, no te des mal XD
Yo creo que lo hago por el placer de ver un relato terminado. Es una sensación genial.

5. | Jan 13, 03:40 AM | ED | #

joer! largo pero con mucha clase! Lo he degustado hasta la ultima palabra…Bob que mente tienes !!!

Saludos!

6. | Jan 13, 02:41 PM | Bob Rock | #

Ed.- Gracias mil!!! Te prometo que el próximo que publique será más corto. Me estoy concienciando con el tamaño de mis relatos. No es lo mismo leerlos en una web que en soporte papel. Sin embargo, unas historias piden más desarrollo que otras.
Ya me he enterado de lo de la web. Adelante y animo!

Un saludo

7. | Jan 14, 10:30 PM | Almas Oscuras | #

Genial Bob. Acabo de degustarlo palabra a palabra, sílaba a sílaba. Me ha encantado. Una historia fascinante.

saludos

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