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Acto II: Ablucion

Acto II- ¡SEAMOS HOSPITALARIOS Y OFREZCAMOS A NUESTRO FATIGADO HUÉSPED UNA PRÓSPERA Y CÁLIDA ACOGIDA! -, vociferó con socarronería y cinismo la perniciosa criatura de descomunales proporciones ante aquel enervado y tumultuario séquito que, con presteza, comenzaba a congregarse, alborozado y febril, en torno al vulnerable y delicado ser que magullado, vilipendiado y encadenado a las herrumbrosas argollas que pendían de aquella inmemorial y agrietada pared forjada de azufre y lava volcánica, temblaba, amedrentado, temeroso y suplicante, interpelando en vano ante la ladina y atenta mirada de aquella díscola y bulliciosa muchedumbre.

Histéricas y enarboladas risotadas se entremezclaban con los impávidos y furibundos ecos provenientes de los estridentes aplausos que, in crescendo, se fundían con los incontrolados murmullos de aquella estruendosa algarabía. Insolente fragor que pugnaba por invadir cada minúsculo atisbo de la viciada y abrasadora atmósfera apestada de impúdico cinismo y disoluta depravación.

Contagiado por la manifiesta inquietud de aquella exorbitante algazara, el monstruoso engendro, que tan sarcástico propuso hospitalidad, se levantó de su mayestático sitial y, lenta y sigilosamente, se acercó a la hermosa y acobardada criatura que, contraída y temblorosa, pugnaba por ignorar los escandalosos gritos de aquella troupe de irreverentes y danzarinas sabandijas. Arremolinadas a su alrededor, jadeaban las bocas, de leporinos labios, incapaces de contener su gran cólera y aun mayor excitación. No apartaron ni un ínfimo instante sus centelleantes y sangrantes pupilas de aquella tersa, suave y sonrosada tez surcada por lacerantes y descarnadas cicatrices.

Miró a su alrededor, apático y visiblemente exasperado, con un ostensible gesto de irritación en su flemático semblante y, de un golpe certero, derribó a buena parte de aquellos famélicos y tullidos despojos que, sin pudor alguno, retorcían y contraían sus raquíticas y enjutas anatomías esclavos del dominio de sus primarios y efusivos instintos. Se acurrucó junto al damnificado ser y, con increíble proclividad y esmero, comenzó a acariciar los imposibles bucles dorados que pendían de su larga, radiante y admirable cabellera áurea.

La quimérica y maltratada beldad azotó, embravecida, las cadenas que le oprimían, se zafó con rapidez y violencia de aquellos engañosos actos de socarrona compasión y, en un declarado alarde de gallardía y ferocidad, lanzó, súbitamente, un esputo viscoso y amarillento plagado de diminutos, apelmazados y violáceos coágulos sobre el imperturbable rostro de su despiadado captor.

Una sonora y estridente carcajada abandonó las tremebundas fauces de aquella desalmada y pérfida aberración. Degustó la flema embriagado y esclavo de la vehemente y mórbida irradiación que desprendía aquel intenso y purulento efluvio perlado de destellos escarlatas. Poco a poco, la lascivia se tornaba ira y su alevosa mirada, plagada de abyectas intenciones, se inyectaba de vileza. Se enjugó el rostro con aire arrogante, desdeñoso respondió ante la grave insolencia del intimidado ser, propinándole una ensordecedora y colosal bofetada que desfiguró buena parte de su hermosa faz y asperjó la pared con el denso fluido que irrigaba, a borbotones, de su labio reventado y tumefacto.

El hatajo de furiosas y mezquinas arpías se abrió paso, con sutileza, entre la corrupta y mugrienta feligresía cual vaporosas, espectrales e insidiosas sombras acechantes y traicioneras. Embozadas en sus clámides, aguardaban pacientes bajo el insondable velo de tenebrosa maleza y, mesmerizadas ante el sutil e incipiente sonido del invisible y armónico clavicémbalo, comenzaron a entonar los primeros compases de una tan magnética como imperturbable melodía:

- ¿DÓNDE ESTÁ TU VENERADO PADRE?, DINOS, ¿DÓNDE ESTÁ TU VENERADO PADRE? ES QUE ACASO IGNORA, AUDAZ, LAS DESESPERADAS SUPLICAS DE SU AZOTADO Y MAJESTUOSO HIJO…

La bestia se alzó de nuevo, cínica y señorial, en un declarado alarde de poder y prepotencia suma asió, con firmeza, de uno de sus delicados brazos, a la pusilánime y vencida criatura. Le propinó dos ligeras y subrepticias palmadas en el rostro con intención de obligarle a abandonar su acentuado estado de inconsciencia y le forzó a erguirse en pie para después desgarrar, con suma brutalidad, los enjironados y raidos vestigios de una túnica. Ropajes que, otrora inmaculados, blanquinosos y ostentosos, únicamente eran dignos de majestuosos seres de luz portadores de excelsa bondad y otros muchos celebrados atributos; como aquellas colosales alas de denso y níveo plumaje y que, sin embargo, ahora cercenadas y empañadas en sangre y aflicción, tan solo ponían de manifiesto, ante el resto de los expectantes y abominables endriagos, la atónita y excelsa verdad de su andrógina y epicúrea anatomía.

Entusiasta, plena de aciaga excitación y absorta en delirantes pensamientos preñados de gratificación, próxima al éxtasis y entregada al delirante énfasis de aquel orgasmo colectivo, aquella esperpéntica y anodina plebe se relamía, vociferaba furiosa, se acercaba peligrosamente con intención de palpar con sus tullidos y deformes miembros el cuerpo de la desventurada e inocente víctima que, aun con los ojos en blanco, ignoraba la colosal humillación a la que estaba siendo vilmente expuesta.

Consciente de los ardientes anhelos de la prorrumpida y encolerizada multitud, la desproporcionada alimaña se apostó delante del ambiguo ser, ordenó tajante silencio con un concluyente e imponente gesto y, bajo atroces amenazas y acometidas injurias, prometió el conocimiento del auténtico suplicio para aquellos desventurados que osasen interceptar la inviolable ceremonia.

De nuevo, se escucharon los vibrantes ecos de la solaz melodía y las lenguas de las temidas damas, se agitaron, maldicientes e implacables, al compas de aquel estentóreo rumor:

- ¡QUE LO TRAIGAN! ¡QUE LO TRAIGAN! EL HIJO DE LA ABYECCION HA DE RECIBIR SU NOMBRE!

Dos pequeños, malformados y esperpénticos prodigios emergieron, renqueantes y patizambos, de entre la densa, insondable y asfixiante bruma, portando entre sus maltrechos brazos al reverenciado y pútrido vástago, envuelto en un andrajoso e infecto embozo contaminado por la densa untuosidad de sus cetrinos y mucilaginosos fluidos.

Las raquíticas criaturas depositaron, con cuidado, a la cartilaginosa criatura sobre el improvisado altar y tomaron entre sus manos el afilado y brillante estilete de mango exquisitamente labrado, plagado de engarces conformados por ostentosas filas de cristalinos ópalos y cegadoras esmeraldas. Con presteza, entregaron la daga a su señor que sostenía aún entre sus brazos el cuerpo exangüe del malparado ser.

Desenvainó el aguzado puñal y veloz, desabridamente, realizó una limpia incisión en la garganta de aquel desventurado mártir y recogió, en el repujado y dorado cáliz, brindado por el intrigante tropel de desdeñosas hechiceras, la cuantiosa abundancia de encarnado y glutinoso líquido que, ininterrumpido y aborbotonado, manaba de la profunda y considerable cisura.

Después tomó, entre sus hirsutos brazos, el cuerpo amoratado y levemente convulso víctima de acuciantes y mortales estertores. Impasible, lo entregó a la famélica y recalcitrante masa que, presa de la más incontenible ambición, se agolpó en torno a la malherida y agónica víctima. El conclave comenzó a relamer, con sus viperinas y lascivas lenguas, las descarnadas heridas y magulladuras que mancillaban cada sucinto recoveco de la demacrada y marchita piel angelical.

Las criaturas se besaban y acariciaban con desmedida ternura, entremezclaban y fundían sus cuerpos en un intenso e inmortal abrazo, conformando así una única y turbadora composición de latentes y sudorosas formas cárnicas que, abstraídas únicamente en el soliviantado acto de la autocomplacencia, gemían y se estremecían presas del más terrenal y liviano de los placeres.

Al poco, hundieron sus descarnadas y ulceradas encías en la infamada y rubicunda carne de aquel moribundo ser, desgarrando sin piedad cada ínfimo y pulposo recodo de su exquisita y turgente morfología, hasta dejarlo reducido a un sanguinolento e insignificante desecho de vísceras parcialmente devoradas. Los restos humeantes emergían entre una espesa y fétida miscelánea constituida por micciones, excrementos y demás amalgama de glutinosos fluidos corporales.
Las arpías volvieron a elevar, de nuevo, sus estentóreas plegarias al viento al tiempo que alzaban sus brazos y proferían sus cantos disonantes:

- ¡LOADO SEA EL HIJO DE LA ABYECCIÓN! ¡LOADO SEA EL HIJO DE LA ABYECCIÓN!

Y los cánticos se elevaban con más y más fuerza, por encima de cuantas plegarias, portadoras de dilección y misericordia, pudieran izarse en pos de aplacar la ira de coléricas y vengativas divinidades:

- ¡QUE LOS ATRIBULADOS PORTADORES DEL MENOSPRECIO Y LA IGNOMINIA ELEVEN SUS PRECES EN POS DE TU NOMBRE DURANTE ACIAGAS ETERNIDADES! ¡QUE LA NOMBRADÍA QUE HAYA DE PRECEDERTE REFLEJE LA MAGNITUD DE TU PÉRFIDA BELLAQUERIA!

Acto seguido, las impúdicas damas ahogaron los ecos de su insolente jaculatoria y todas aquellas desleales y mordaces lenguas enmudecieron al instante, esclavas de la falaz placidez irradiada por aquel eterno y circunspecto lapsus.

La bestia tomó al terrible infante entre sus brazos, acercó el refulgente cáliz a sus agrietados y pestilentes labios y le ofreció una generosa libación de aquella sangre pura y libre de culpas al pequeño. Éste apuró el copón con celeridad, presa de la intensa e implacable sed que consumía su garganta, traducida en un estridente y agudo llanto que mancillaba aquella excelsa, inusitada y efímera tranquilidad imperante.

La conmovida congregación, estremecida y expectante, prorrumpió, presa de la emoción, en gimoteos y aplausos seguidos de vítores e imposibles acrobacias al aire propias de un estrafalario espectáculo circense. Contundentes redobles de tambores anunciaron el comienzo de una rocambolesca efeméride bañada de caos y exceso, salpicada por la desenfrenada fluidez de encarnados y abundantes litros de dulce y embriagador elixir.

Por Lady Necrophage – Maria Nieves Guijarro

Vuestros comentarios

1. jul 21, 18:43 | SHADOW

I-M-R-E-S-I-O-N-A-T-E.

2. jul 21, 20:54 | arabelsk

Tengo que reconocer que tienes un vocabulario increible, digno de alabanza. Lo único es que me cuesta un poco entender que quieres con el relato. Al ser tan oscuro es fácil perderse en el lenguaje y olvidar toda esa sangre que aparece. Tal vez tenga más partes y vayas a sorprender al final pero como cuento corto por si solo se queda un poco vacío.

3. jul 21, 21:23 | Lady Necrophage-Maria Nieves Guijarro

shadow, mil gracias por seguir mis relatos y manifestar tu opinion.
Arabelsk, por tu comentario deduzco que no has leído el primer acto. Es un relato que intentaré vaya por partes. Con respecto a mi estilo, bueno, reconozco que me enrrollo más que las persianas con el tema de la adjetivación y demás, es un adebilidad o defecto mio.
Me reitero a la hora de agradeceros la lectura.
Salu2.

4. jul 22, 01:29 | jony

increible relato… sigue asi, el primero fue impresionante… este… me dejo atonito!!! espero con ansias la tercera parte!!! saludos!

5. jul 22, 14:46 | Rafa

Brutal !!!
Tienes mucho talento, no dudes en seguir escribiendo… seria posible un relato largo con mezcla terror/gore/erotismo??

6. jul 22, 16:08 | lady necrophage-Maria Nieves Guijarro

jony, se agradecen los cumplidos, en ello estamos…
Rafa, todo es posible por intentarlo…
mil y un gracias a todos¡¡¡

7. jul 22, 17:10 | MIssterror

Lady,me encanta este segundo acto.Sinceramente espero que haya muchos actos más,quiero seguir disfrutando de tu forma de escribir.

Tengo claro que tú y yo escribimos de una forma radicalmente opuesta y por eso me atrae tanto la manera en la que narras.
Y lo mas importante de todo Lady,has logrado lo mas difícil dentro del arte de escribir,que es tener un estilo propio,una personalidad poderosa,tu propio sello de identidad.

Felicidades!!

8. jul 23, 15:11 | Lady necrophage- Maria Nieves Guijarro

missterror, pues que viva la diversidad, espero pronto poder volver a disfrutar de otro insidioso y entreteniso relato tuyo. para mi es un placer leerte y compartir opiniones contigo.
Nekroabrazos¡¡¡

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