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Al filo de Medianoche

Por Alicia Domínguez y Víctor F. Corven

La oscuridad trajo la calma.

Puede que el delirio trajera el conocimiento. Se que la consciencia me arrebató la humanidad. ¿Qué humanidad?… buena pregunta.
Creo que el libro de la vida no es triste, solo cuenta con capítulos amargos,también creo que mi vida ya no me pertenece.Solo quiero cerrar ese puto libro y esperar que pase lo que tenga que pasar.
Puedo sentir toda esa oscuridad, noto la larga lengua de la humedad lamiendo todo mi cuerpo. Me acurruco en una esquina intentando sentirme segura,intentando abrazar un cuerpo, que no es otro que el mío.
Me duele la muñeca y tengo tres uñas rotas. Dos me las rompí arañando la pared en un estúpido intento de salir de allí como fuera. La tercera, me la rompí mordiéndola psicóticamente en un vano intento de autocontrol. Cuando la sangre me corría rápida por el dedo y las punzadas de dolor cada vez eran mas frcuentes, paré de morder y empecé a chupar la sangre oxidada de mi labio.
En lugar de arañar la pared, tendría que haberme arañado el pecho hasta dejar el corazón al descubierto. Está claro que a mi solo me sirve para bombear una sangre amarga y caducada, para sacarla y meterla por unos conductos tan inútiles como la sensación de asco que me recorre estas malditas venas.
Un corazón para las ratas, unas ratas con mas corazón que yo.
Siempre tuve claro que terminaría así,aunque los matices, que al final son los que determinan si las cosas salen bien o mal, no son como yo esperaba…

La oscuridad mece, a la oscuridad te acostumbras, pero ¿qué pasa cuando cierras los ojos y no eres capaz de ver ninguna imagen mental? ¿qué pasa si cierras los ojos y solo ves oscuridad?. La oscuridad se apodera de tí y te corroe por dentro, incluso puedes olerla y agarrarla. Me gusta tocarla, me gusta que me toque, pero odio cuando me guía, y ultimamente la oscuridad me guía en todo momento.
Él está fuera, se que tiene miedo. El miedo es libre, el miedo me alimenta,pero también me hace vomitar.
Yo también tengo miedo, pero no dejo que mi miedo esté libre, lo he atado con cadenas y candados y hace tiempo que tiré las llaves de los candados a la alcantarilla. Mi miedo solo desea desatarse,pero soy astuta y me gusta pensar que en esa cárcel que he creado,mi miedo es prisionero, hábil, pero prisionero al fin y al cabo.

Tengo sueño, quiero cerrar los ojos y dejar de oir ese puto ruido.Él sabe que me enferma y por eso lo hace. Estoy segura de que le echarían del mismo infierno si muriera ahora mismo.
Buenas noches Diablo, esta noche no me apetece seguir bailando.

Ahí estaba, plantado delante de aquel viejo y decrépito edificio de los suburbios, en medio de la inmensa oscuridad de la noche y acompañado tan solo de la ténue luz de una farola. En su interior, tres polillas revoloteaban ajenas al terrible mal que yacía inmóvil a su lado, un mal con los ojos fijos en la ventana del tercer piso. Y no era cosa del azar, tratándose de el, nunca lo era. La eligió desde el primer momento en que la vio, hace tres días, en el mercado, cuando mas calentaba el sol. Tan hermosa, tan frágil y con aquella mirada, aquella mirada en sus ojos que delataba lo que realmente era, una víctima, la víctima de otro.

Era la tercera noche que observaba desde las sombras, espectador de privilegio de aquella macabra función la cual extendía sus gritos y llantos mas allá de las paredes del edificio, arrastrados de forma cruel por el viento y cayendo agonizantes a morir, ante sus pies. No era fácil para él, nacido para infligir dolor, sentir como era otro el que alzaba la mano, pero pese a ésto, sería de necios obviar, que a su manera, también lo disfrutaba.

En la acera de enfrente, una prostituta le observaba, vigilando al vigilante. No era el plato principal de la noche, pero, ¿podría quitarle el hambre un pequeño aperitivo? Lo dudo, pues era insaciable. De repente y sin apartar la mirada de la ventana, comenzó a andar dirección a la mujer ,mientras la luz de la farola jugueteaba a esconderse al son de un molesto zumbido. Pasos firmes le llevaron hasta la puta, ésta se acercó mucho mas cerca de lo que lo habría hecho de saber ante quien estaba y le preguntó: – ¿quieres pasar un buen rato cariño? – Por supuesto no contestó, tan solo dirigió la mirada unos breves (algunos dirían que eternos) instantes hacia ella y se acercó aun mas, tanto que pudo sentir el latir de su corazón, acelerado, y el frágil aliento de vida que espiraba. Ella retrocedió, un paso, dos pasos, se tambaleó hacia atrás y cayó en el callejón, uno de esos oscuros callejones en los que nadie debería entrar jamás,él la siguió. La mujer no tardó en comprender que no era amor lo que había venido a buscar y se reincorporó lo mas rápido que pudo, dando media vuelta y corriendo contra corriente, pero aquel, como tantos otros callejones, no tenía salida, nunca la tienen. Él lo sabía y apenas puso esmero en perseguirla, comenzó a andar nuevamente mientras sacaba un afilado cuchillo de carnicero del bolsillo de la gabardina. La pobre infeliz topó contra la pared y tuvo el tiempo justo para girarse y sentir como la afilada hoja la penetraba, apenas sintió dolor. Él, apenas sintió placer, pues era el rostro de otra el que quería ver en aquel cuerpo sin vida. Sacó la hoja de la carne y guardó la herramienta ensangrentada de allá donde salió. Se giró y puso rumbo al portal del edificio con el hambre de aquel que ha comido y no ha sido saciado.

La puerta estaba rota, entrar no fue ningún problema. El lugar apestaba a miseria. Subió las escaleras hasta el tercer piso y ahora si que sentía, sentía la presencia de su anhelada víctima al otro lado de la puerta, tan solo los gritos de un hombre mancillaban tan sacro momento. – ¡Ven aquí puta! – Clamaba, mientras un leve llanto se ahogaba entre la palpable violencia del interior de la casa. Royce (ese era su nombre), pulsó el interruptor del timbre.

“Ven aquí puta” – me despierta con su voz grave.Sigo a oscuras,la mente oscura,el alma oscura.
Puta resuena en mi cabeza una y otra vez.Él me ha llamado tantas veces de ese modo,que respondo antes por ese nombre que por el mío propio,además,puta me gusta,suena bastante bien,es una palabra que suena tan breve y dura como yo quiero ser.

Calculo que llevo encerrada en la habitación más húmeda de la casa mas de 10 horas. 10 horas sin ver y sin sentir,solo oyéndole hacer esos asquerosos ruidos con la garganta.
Ahora que me ha llamado,es mi momento de volver con él. En cierto modo,deseo que todo vuelva a ser como antes,cuando podíamos estar horas haciendo el amor, horas mirándonos en silencio, horas soñando con una vida,compartiendo momentos únicos en los que pensábamos mudarnos de barrio, porque la mugre de aquel lugar nos estaba ya recubriendo los huesos,momentos como los que viví cuando cogió su lija de grano grueso y me dió la vuelta y comenzó a lijarme la espalda solo por el placer de verme sangrar. Hubo zonas en las que casi me llega al hueso y aguanté estoica, porque en esos momentos, solo el dolor me hacía sentir que estábamos juntos. El dolor se soporta, el vacío es desolador.

Ahora él parece mas muerto que yo,se le nota el miedo en cada mirada,en cada gesto,en cada palabra, y una persona con miedo,nunca jamás puede dar miedo.
Reconozco que alguna vez, en mis noches con él, cuando se creaba un vínculo entre nosotros de sangre, gritos y dolor (aunque la sangre siempre era mía) y él comenzaba a emitir esos odiosos sonidos por la boca,f antaseé con coger la misma lija que él había usado conmigo y empezar a lijarle enérgicamente la boca,hasta destrozarle los labios y llegar a las encías,con la dentadura al aire a lo mejor ya no hacía esos ruidos… Le daría un beso de buenas noches. Alguna vez me masturbé con esa idea, ahora ya ni eso.

“Puta” – cada vez mas cerca… Vendrá como siempre,creyendo que él tiene el control,abriéndome las piernas con fuerza y deslizándose entre mis muslos,impregnando la habitación del olor dulzón del sexo rancio.
Definitivamente no es que yo no sepa vivir sin él, es que yo no se vivir,y el tiempo no perdona,el tiempo solo domestica.
Él abre la puerta,la luz me ciega,me duelen los ojos,me agarra de la muñeca de la que me suele atar y tira fuerte,soy de papel,me agarra con fuerza la cara y me muerde el labio, me tira al suelos, suena el timbre de la puerta,nunca suena el timbre a esas horas, él va a abrir, yo me quedo en el suelo.

Rot (¿Quién diablos le habría puesto Rotcerle a su hijo por mucha descendencia Búlgara que tuviese?) observaba el callejón desde la ventana de su habitación, el cuerpo de aquella mujer muerta tirada entre la basura, le resultaba fascinante, tan silenciosa. Él solo buscaba refugio en el silencio y eso, ella, podía dárselo. Era macabra la forma cómo la mirada muerta de la mujer se cruzaba con los tiernos ojos de Rot, un chiquillo de apenas once años, que había visto mas dolor del que nadie debería ver en toda su vida y que se moría por bajar al callejón y acariciar aquel rostro gélido… tan silenciosa. No lo hizo, quizá por miedo a que el hombre de la gabardina siguiese flirteando con las sombras en el callejón, quizá por que su madre le daría un buen par de azotes si le pillaba bajando a la calle a aquellas horas de la noche, eso claro está, si el asqueroso gordo que se le estaba follando como un animal (y como cada noche) en la habitación del final del pasillo, le daba una tregua. Él solo quería silencio, los gemidos desesperados, cuasi agónicos de aquella que una vez lo tuvo dentro, se le clavaban en el alma cual clavos ardientes… – silencio – suplicó.

Mientras tanto, Royce seguía plantado delante de la puerta, nadie parecía atender su llamada, pero el ruido del interior había desaparecido. Sujetaba con fuerza el cuchillo que dormía en su bolsillo, impregnado todavía con la sangre de su última víctima. Volvió a tocar el timbre y esta vez, no hubo espera. La puerta se abrió violentamente y frente a el apareció un tipo grande, muy grande, corpulento, con una larga y grasienta melena negra que se le pegaba en la cara. El tipo le miró de arriba abajo y preguntó: – ¿Qué coño quieres? – En cualquier otra circunstancia, la hoja ya habría cumplido con su cometido, no esta vez, por que allí estaba ella, en una esquina de la estancia, semidesnuda, cubierta de sangre, con los ojos llorosos… Royce quedó casi hipnotizado cuando sus miradas se cruzaron, quedó fascinado por aquellos ojos, unos ojos muy distintos a los que el recordaba, no, no eran de víctima. Por primera vez en su vida, dudó, vaciló. Su mano perdió tensión y al sacarla del bolsillo, el cuchillo cayó al suelo. El hombre, que ocultaba algo en una de sus manos detrás de la espalda, descubrió un inmenso bate con el que golpeó a Royce en la cara con tal violencia, que este salió disparado contra la pared. No fue el único golpe, el tipo se abalanzó sobre el y comenzó a golpearlo de forma brutal mientras el sonido de las costillas rompiéndose parecían pedir clemencia. Mientras tanto, detrás, la chica se había acercado gateando hasta la puerta e introducía la mano entre sus piernas, visiblemente excitada ante semejante escena de violencia. No tardó en levantarse y agarrar a su hombre por detrás, abrazándolo, lamiéndole la oreja de forma lasciva y arrastrándolo de nuevo hacia el interior del piso, éste, en un último arrebato, insufló una descomunal patada al maltrecho cuerpo de Royce, cayendo de forma violenta por las escaleras hasta el piso inferior.

La puerta se cerró. Todo quedó en aparente silencio. Pese a la terrible paliza, el hombre de la gabardina mantenía despierta la consciencia, el dolor era una sensación nueva para el, pero no era la única. La visión de aquella misteriosa mujer se le había grabado a fuego en la mente, marcado para siempre como un animal, como ganado. No entendía lo que estaba ocurriendo, lo que le estaba ocurriendo y el dolor, dios, el dolor era insoportable… el de las costillas también. Fue en ese mismo instante cuando la puerta del piso volvió a abrirse, no sabía a ciencia cierta cuanto tiempo había pasado ni tenía fuerzas para incorporarse, pero pudo sentir como ella le observaba desde arriba, en silencio.

Silencio roto por otra puerta que se abre, con ella, la silueta femenina que hasta ahora observaba, vuelve a refugiarse en su reino de cristales rotos. Es ahora otra silueta, la de un niño, quien se acerca a Royce y le toca la cara ensangrentada. Él le mira, en silencio y a Rot, le gusta el silencio, por lo que le ayuda a incorporarse y lo acompaña hasta el interior de su apartamento… la puerta se cierra.

En la oscura jaula de cristal, en el lecho, junto al cuerpo sudoroso de su dueño, la chica piensa en el extraño desconocido y sonríe, algo inesperado, pues ella hacía tiempo que había olvidado como se hacía.

Todo ha sido rápido y extrañamente cautivador. El caos comienza a mostrar su verdadero rostro.
Esta noche está siendo muy reveladora, esta noche me ha golpeado más de lo que estoy acostumbrada. Esta noche está llena de sensaciones, y me resulta muy difícil distinguirlas, yo no siento, no se sentir. No estaba preparada para ésto, de ninguna manera estaba preparada.

Cuando él se abalanzó sobre el tipo de la gabardina,me sentí como una niña viendo sus dibujos animados favoritos. Hacía tiempo que la balanza no se inclinaba hacia el lado correcto, hacia el lado de la existencia.
Cuando el tipo de la gabardina me miró, me ví reflejada en sus ojos vacíos y noté una punzada de dolor en la boca del estómago. Mas que una punzada,era una puñalada que dejaba descubiertas mis entrañas para que ese mismo hombre pudiera meterse dentro y acurrucarse como si estuviera en una cuna y así poder coserme de nuevo la piel y no volver a estar seca jamás.

Me excité, me excité mucho. Él no paraba de golpear al extraño y a mí me hubiera gustado lamer toda la sangre que salía por su boca, lentamente, muy lentamente,cicatrizando bien cada herida.
Reconozco que me le llevé a la habitación para que no matara allí mismo al extraño “invitado”, aquello no debía terminar así.
En la cama, la Bestia renacida, me folló a cuatro patas de una manera salvaje.La perra ladraba y su dueño se mostraba orgulloso. Luego me dió la vuelta,se puso encima, quería que le mirase y sin decir nada,me corrí en silencio, aunque no eran sus ojos los que ví en ese momento. La vacuidad de los ojos del extraño, se me han quedado tatuados en las retinas. Ya no solo veo oscuridad.
Luego, la bestia se amansó, se durmió, dejó de ser,dejó de existir.
Fui al baño y me metí una cuchilla debajo de la lengua, volví a la cama, me senté a horcajadas encima de él, le abracé, y con la cuchilla en los dientes, empecé a seccionar su cuello tan profundo como pude,sin dejar de abrazarlo. Él estaba tan dormido que aquello le pilló por sorpresa,nada podía hacer,aunque noté su última erección. Yo apoyé mi cuello contra el suyo,dejando que mi yugular, mas llena de vida que nunca,se manchara con la sangre que salía por la suya. Poético.
“Adios,mi vida,siempre fuiste el Diablo,pero yo soy el Infierno”

Tenía tanto calor que me hubiera gustado arrancarme la piel.En realidad me hubiera gustado que el extraño me la arrancara.
Me duché y me pareció tremendamente bello ver cómo la sangre y el agua recorrían mi cuerpo.La acuosidad de la muerte es fascinante.
Después del fuego, parece que siempre llega el agua.

Ahora estoy en la terraza,con un cigarro en una mano y el destino en la otra,por lo pronto, quiero silencio.
Por la ventana veo el callejón, no hay nadie, me pregunto lo lejos que habrá llegado.
Necesito salir de aquí, necesito encontrarme con la calma de la noche.Sonrío.

El pequeño le ayudó a quitarse la gabardina, descubiertos quedaron sus brazos tatuados hasta el último milímetro de carne mientras Royce no le quitaba ojo, aun algo conmocionado, al nido de mierda donde vivía aquel crío. – Me llamo Rot – exclamó el muchacho mientras acariciaba el ornamentado brazo izquierdo del hombre, – ¿Qué significan? – preguntó. Royce le dedicó una mirada y sonrió de forma sarcástica, esa sería la primera de las dos veces que lo haría a lo largo de la noche, no contestó, pero con un gesto de complicidad, pasó la mano por el cabello de Rot, despeluchándolo, éste lo agradeció con otra sonrisa y acto y seguido lo acompañó hasta el sofá, apartó los restos de envoltorios de comida rápida que había amontonados y sentó a su fornido amigo para que recuperase las fuerzas. Él se sentó a su lado y no dejó de mirarlo ni un solo instante, – ¿te molestan los gritos? – preguntó de nuevo, mientras dirigía la mirada a la puerta entreabierta del final del pasillo con visibles muestras de terror en los ojos. Royce no escuchaba nada, pero aquella mirada plantó en el la semilla de la curiosidad y recuperado cuasi de forma milagrosa, se levantó del sofá y se dirigió hacia la habitación, no sin antes llevarse la mano a la parte baja del pantalón y sacar otro cuchillo, esta vez uno mas pequeño, pero válgame dios que en sus manos, igual de mortífero que el anterior. Con paso firme se acercó hasta la puerta y es curioso, por que aquello le pareció una eternidad, aquel pasillo no parecía tener fin y la silueta del niño al otro lado, se volvía mas y mas siniestra con la distancia. La cabeza aun le daba vueltas, pero el dolor ya había desaparecido, siempre lo hace. Fue entonces cuando con la punta del cuchillo acompañó suavemente la puerta de la habitación, dejando que un débil haz de luz violase la oscuridad de la estancia, quedando al descubierto un hombre y una mujer en la cama… aquello apestaba a vicio, a depravación, pero también a muerte, un olor que le era muy familiar. No se equivocaba, los dos cuerpos estaban rígidos y fríos como el hielo, quien sabe cuanto tiempo hacia que habían emprendido el viaje. Era la segunda vez que la muerte no quería bailar con el aquella noche, no permitiría que hubiese una tercera.

De repente, la voz de Rot le atravesó las entrañas, – ¿has venido por la chica? No sé cómo se llama, él siempre la llama puta – Royce sintió como si cayera mil veces por un abismo y mil veces volviera a caer, con los ojos de ella nuevamente en su cabeza, regresó el dolor, con el dolor, la ira y con la ira, la sed de sangre. Cerró con delicadeza la puerta de la habitación y se dispuso a recorrer nuevamente el pasillo, la sangre del infante apaciguará mi dolor, pensó. Pero cuando la hoja acarició su tierna garganta, el niño, con voz quebradiza dijo: – puedo llevarte hasta ella, puedo hacer que te desee, puedo hacer que te quiera – el cuchillo no pudo traspasar la carne, ni mil hombres hubieran podido. Rot cogió la mano de Royce y separó el cuchillo, abrió la puerta del piso y bajó escaleras abajo.

La puerta de la jaula de cristal estaba abierta, – entra – ordenó Rot. Y así hizo. Todo estaba oscuro, todo estaba en silencio, demasiado silencio. No había ni rastro del gigantón, en realidad tampoco reparó mucho en su alrededor, pues algo lo atraía de forma inexorable hacía la terraza, fue entonces cuando la vio, allí estaba la chica, apunto de encenderse un cigarrillo. Royce no osó interrumpir y contempló como aspiraba muerte con aquellos deliciosos labios, su cuerpo desnudo se reflejaba en la luna con tal sensualidad, que el asesino apenas podía moverse presa del deseo. Ella en ningún momento se percató de su presencia, o por lo menos, es lo que el pensó en aquel momento de profunda e irracional enajenación. Rot se acercó por la espalda como transportado por el viento y le susurró al oído: -¿quieres que sea tuya? Mátala, mátala mil veces -, poniéndole su viejo y querido cuchillo de carnicero en la mano justo antes de dejar caer un último susurro: – tu eres la calma de la noche -.

La noche está aquí,pero no hay calma,nunca la hay.
Aspiro el humo del cigarro y estoy segura de que estoy aspirando el último instante de belleza que le queda a este mundo.

Desde el momenro en que el extraño ha entrado en la habitación, ha dejado de ser un extraño,es otro él y él me busca sin encontrarme.
Frente a él, me siento mas desnuda de lo que nunca me he sentido, no es solo porque no lleve ropa,sino porque sé que la muerte se acerca, y la muerte se lo llevará todo; lo que tuve y lo que siempre quise tener.
Por un instante,nos volvemos a mirar directamente a los ojos,no solo hay vacío, también hay angustia y rabia. Me gustan sus ojos, son aún mas fríos que la hoja del cuchillo que agarra con fuerza.
“¿Qué estás buscando?”- No hay respuesta. Tampoco la necesito.

Se acerca, me fijo en sus tatuajes, no significan nada, no puedo leer nada en ellos, de la misma manera que mi piel blanca no tiene ningún misterio para él. Intento cubrirme, pero no me deja. Me acerca el cuchillo a la garganta, mi corazón late mas deprisa de lo que nunca lo ha hecho. El miedo encontró la llave,el miedo vaga libre, el miedo me asfixia.
Me mete el cuchillo en la boca y me hace un pequeño corte en la lengua,ni siquiera me atrevo a chillar, solo miro esos ojos que no significan nada.
Vuelve a bajar el cuchillo, me siento mas insegura que antes, comienzo a temblar.
Él me mete un dedo en mi boca y lo empapa con mi sangre, luego me lo pasa por los labios y me los pinta de rojo. Sigo allí, inmovil, con los brazos sin vida. Se acerca tanto que siento su respiración e inhalo el aire que él exhala. Lo que necesite, sé que me lo dará.
Me abre la boca con sus labios y me mete la lengua, que juega sucio con la mía, él se nutre de mi sangre, toma hasta la última gota, soy alimento.
Siento oleadas de calor y humedad en la entrepierna, moriría porque me follara contra la pared. Moriría. Muero y resucito.

Cerca,muy cerca,se limita a mirarme,le veo sonreir y siento un dolor insufrible en un muslo. Reacciono cuando le veo sacar su cuchillo de mi carne, duele mucho, y no me gusta jugar sola. Le doy un golpe en las costillas, estoy segura de que tiene alguna rota, él me aparta el brazo con la fuerza de una animal herido. Necesito coger ese cuchillo. Ésta no es la noche, nunca lo es.

La sangre me corre por la pierna, él me mete los dedos en la herida y me hace aullar de dolor, todo está sucediendo muy rápido.
Luego, introduce sus dedos cubiertos con mi sangre en mi vagina,tengo el mal dentro de mí, los saca y me los hace chupar, saboreo mi propia vida, sabe amarga.
Me arrastra hacia la cama, empuja el cuerpo del animal degollado al suelo, siento la sangre de la bestia en mi espalda, me está calando hasta la médula.Estoy totalmente empapada.
Trátame bien cariño, es la primera vez que muero.

Allí estaban al fín, el uno enfrente del otro, el mal que fue y el mal que será. Royce clavó el cuchillo en la mesita de noche. Sus delgados pero fuertes brazos, la sujetaban con la fuerza de aquel que intenta aferrarse a la vida instantes antes de morir, con la fuerza de aquel que emprende la batalla pese a tener la certeza de la derrota, con la fuerza de aquel que no solo ha sucumbido a la carne, también al alma. Él estaba encima, le gustaba esa sensación de dominio y ella, pese a sus tímidos esfuerzos de escapar, desprendía el aroma de aquella que quiere ser dominada. No la defraudó. Volvió a sumergirse en la humedad de sus labios una vez mas, mas profundo esta vez, comenzando un viaje que ya no tenía retorno posible, enzarzando sus lenguas en una batalla que no tenía ganador posible, pues el deseo de ambos era tal, que podían sentirse temblar los mismísimos cimientos de la tierra. No se quedó ahí, no se contentó con eso. La lengua le suplicaba lamer aquellos pechos y no encontró razón alguna para negarle tal satisfacción, su lengua húmeda desgastó tanto y con tan desmesurada violencia sus pezones, que la carne parecía desgarrarse mientras ella agonizaba en estremecedores gemidos de placer, jamás deseo tanto ser follada como en aquel instante, jamás. Royce se reincorporó y se desabrochó el botón del pantalón, ella le miraba atentamente con los ojos desorbitados mientras se mordía los labios y abría las piernas mostrándole la entrada al paraíso, ofreciéndole el fruto prohibido.

Sentado sobre el cuerpo degollado, Rot observaba la escena con indiferencia aunque con cierto aire de desaprobación. – No lo hagas- susurraba con voz burlona, pero su enajenado compañero de viaje no tenía ahora oídos para él. Aun y así, el pequeño insistía – Te dije que la mataras, no puedes fiarte de ella, te traicionará, igual que traicionó a este pobre diablo greñudo. Piensa Royce, ¿Quién crees que se cobró la sangre de mi madre y su novio? Ella, siempre ella. Piensa Royce, ¿no te parece extraño que un edificio tan grande como este, exista bajo el yugo del silencio? Ella trajo la muerte, los mató a todos y tú, amigo mío, serás el siguiente. Piensa Royce.- Mientras liberaba su enjambre de serpientes por la boca, Rot cuchicheaba entre las cosas de la mujer, sus cosas íntimas. En uno de los cajones, encontró un pequeño tubo de lubricante … sabor cereza, para ser exactos. – no creo que lo vayan a necesitar – pensó. No pudo hacer mucho mas, se quedó ahí sentado en una esquina, acurrucado, intentando abrazar un cuerpo que no era el suyo.

El momento de cruzar el umbral había llegado, la penetró. Ella lo sintió hasta las mismísimas entrañas y las estrellas del cielo se desprendieron y cayeron con violencia, eran de papel maché. Conquista, guerra, muerte, hambre. – ¿Me traes el Apocalipsis misterioso jinete? – preguntó la mujer entre gemidos mientras él intentaba fundirse con su cuerpo una y otra vez, una y otra vez… no se contentó con eso, ella tampoco. La levantó y la giró, poniéndola a cuatro patas encarada al cadáver de su antiguo dueño y siguió follándosela, mientras ella parecía fantasear con aquel montón de carne muerta, sin duda, le hubiera encantado que el ángel de la muerte le concediera una prórroga y pudiera unirse así a la última cena. Royce la agarró de su larga melena negra y tiró hacia atrás, acercando su cara a la suya, – tu eres el infierno, pero yo soy Dios – pensó. Lo único que le quedó por hacer, fue entregarle su esencia y ella, lo recibió como el mejor de los regalos, después de éso, solo quedó el silencio arropando los cuerpos putrefactos en el campo de batalla. El asesino estaba exhausto. Aquella mujer se lo había arrebatado todo, su cuerpo, su alma, su corazón. Ya no le quedaba nada, solo un terrible abismo de silencio y soledad. Ella, en cambio, parecía mas fuerte que nunca y aprovechando la debilidad de su inesperado amante, agarró el cuchillo clavado en la mesita y le apuñaló en el estómago, desplomándose como un castillo de naipes acariciado por el viento de poniente.

- Noooo!!! – gritó Rot. La chica lamió la hoja y se sentó encima suyo.- no le hagas daño – suplicó, pero ella no podía oírle, la esencia de Royce le chorreaba por las piernas y parecía mas excitada que nunca.

Mirándole absorta, con el alma en la mano, me recojo con el filo del cuchillo el semen que me cae por las piernas y lo deposito,como si fuera mantequilla, en la herida abierta del abdomen de mi jinete. El círculo de la creación: sangre, semen y poder.

Clavo el cuchillo, de nuevo, en su costado, Él no quiere moverse, solo me mira, sonríe y me deja hacer, quiere ver hasta dónde puedo llegar. Su mirada se llena con cada puñalada, busca la muerte y la muerte le ha buscado a él cada día de su vida.
Le beso las heridas, y con la boca totalmente ensangrentada, le susurro bajito, aunque sé que nadie puede oirnos: “no te despidas aún”. Me gusta cómo se ve el color rojo sobre su cuerpo, es un lienzo perfecto, completo.
Clavo una vez más el cuchillo, tan profundo como puedo, en su pecho y dibujo con él un círculo perfecto alrededor de su corazón.
El jinete es solo un pasajero y esta vez quiero viajar sola.
Noto su vida saliendo por la puerta por la que entró él hace un rato. Meto la mano en el agujero que deja al descubierto su corazón y lo agarro fuerte, me sorprende lo fácil que es arrancar un corazón y con él en la mano, vuelvo a besar al extraño con tantas ganas que casi me hacen tener un orgasmo (ojalá él también lo haya sentido)
Me bajo de la cama y hago lo mismo con el animal degollado (fue un interesante y largo viaje contigo)
Con los dos corazones en el suelo, me siento y con las piernas abiertas,noto que estoy tan excitada, que me gustaría masturbarme con el cuchillo, pero no tengo tiempo.
Intercambio los corazones y los vuelvo a depositar en pecho ajeno.Me limpio un poco la sangre de la cara y me dejo la del cuerpo, cuando se seque será un buen abrigo.

Miro por última vez la habitación donde por fín se cierra el libro.
Me pongo un vestido negro y salgo del edificio, es hora de buscar otro barrio, pero esta vez, lo haré sin nadie que me lleve en brazos.
Camino en medio de la noche, por el suburbio que nunca fue mi hogar,por el suburbio que esconde mil secretos. Ésta no era la noche, nunca lo es.
A lo lejos veo a Rot, el hijo de mi vecina, el primer niño al que arrabaté la vida,no se si se vendrá conmigo, si lo hace, nunca caminaré de la mano con él.

La oscuridad vuelve a traer la calma

Por Alicia Missterror y Víctor F. Corven

Vuestros comentarios

1. ago 24, 22:14 | elniniodecristal

Si utilizara emoticonos me gustaría saber cuál es el qué sirve para representar adoración y envidia a partes iguales. Missterror y Víctor han sabido transmitir una sensación de aspereza moral y suciedad narrativa que, no solo es muy difícil, es síntoma de coherencia y expresión de unas ideas que me recuerdan a Matthew Stokoe y los residuos de la maltrecha humanidad que representa en sus novelas. Los personajes son demoledores, hurgando en la miseria de sus sentimientos y la podredumbre moral que les ha tocado vivir en este relato de seres al límite que se regodean en sus perversiones y su ansia de ese algo más, de ese clímax de violencia y sexo que tan bien desarrollan a lo largo del texto.

Enhorabue…que coño, esto es para imprimirlo y guardarlo como un tesoro. Gracias por compartir vuestras inquietudes con nosotros.

2. ago 24, 23:21 | Luis Trad

Alicia y Victor tienen un estilo peculiar, (debo reconocer que conozco más de ella que de él). De todos modos debo reconocer que este relato es como mío. Tiene una lectura ágil. Todo se me representaba como en una película en blanco y negro. Quizá no necesite diálogo, tan solo está cargado de imágenes y sensaciones, atmósfera densa y caótica, oscuridad y decadencia. Los personajes están bien marcados, me son creíbles, por eso me daba la sensación de ser parte de ese elenco, aunque no existiera para el público. Hay varias partes memorables que me encantaron; pero aquella escena en donde él pasaba la lija por la espalda es sublime. Amé este relato.
Cien besos.

3. ago 24, 23:31 | Elizabeth

Bueno, bueno, bueno…si lo han escrito de a dos, evidentemente se complementan a la perfección.
Sucio, romántico,inmoral,brillante!

Felicitaciones!

4. ago 25, 04:33 | MIssterror

Elniniodecristal-muchísimas gracias por tus palabras,me han emocionado,en serio.
Que digas que este texto te recuerda en cierto modo a Stokoe ya es grande,que digas que hay que guardarlo como un tesoro…me pone la piel de gallina.
La realidad es que queríamos transmitir la desolación de los sentimientos.
Una vez mas,gracias.

Luis Trad-pues precisamente la primera vez que leí el relato completo,yo también lo visionaba como una película en blanco y negro…Ne encanta que digas que este relato lo sientes como tuyo,me encanta que te hayas metido tanto en él como para verlo así.
Mil besos Luis

Elizabeth-pues sí,esta escrito a dos,intentamos dar dos visones diferentes de diferentes modos:uno escribía desde el punto de vista de la victima y otro desde la del verdugo (obviamente se tenían que enfrentar a las mismas situaciones).De igual manera decidimos que uno escribiera en primera persona y en presente,para ser mas directo,y que el otro lo hiciera utilizando un narrador y en pasado (ésto fue así desde la primera frase de cada uno…)Queríamos ver dónde se podía llegar.
La verdad es que Victor es un gran socio (una bellísima persona),y sí,fue extraño al principio,pero nos complementamos bien.
Muchas gracias por tus palabras.

Gracias a todos en nombre de los dos (Victor es mas tímido)

5. ago 25, 13:21 | Victor F. Corven

Extremadamente tímido. En cualquier caso, muchas gracias por vuestras palabras, para mi tienen un valor añadido (y para esto tampoco hay emoticones). Está claro que de esta experiencia solo he sacado cosas positivas, pues trabajar con Alicia, ha sido una experiencia única e incomparable (con una persona única e incomparable), es muy fácil surfear cuando las olas son perfectas.

Un abrazo a todos.

6. ago 25, 14:23 | Bob Rock

Hola Almas Oscuras.

Muy sucio. Un privilegio haberlo leido y haber aprendido un poquito más sobre literatura. Ah! Y haber sido un privilegiado por leerlo primero ;)

Un saludo

7. ago 25, 16:28 | Lady necrophage- Maria Nieves Guijarro

Bravo bravísimo¡¡¡ formidable, extremo y muy muy cerdo. Aun me keda mucho por aprender en esto de la escritura¡¡¡¡
espero poder leer mas relatos tan estupendos como este.
Me encantó por cierto lo de la vision verdugo/victima.
Nekrosalu2¡¡¡¡

8. ago 25, 18:27 | Mr zombie

Visceral relato de emociones y juegos oniricos depravados. Sexual, sensual, depravada, mortifera , embriagadora y enajenadora de sentidos humanos. Lolita post-modern de la aberracion carnal , letal cual Medusa de la mitologia griega. Se huele a cine negro con matices demasiado escabrosos como para encasillarlo en esa tesitura. Todo lo que bordea los limites de la inpunidad y el descalabro de la mente y al mismo tiempo atrae la mente de las personas avidas de sensaciones fuertes y trasgesoras.

Una lectura morbida y al mismo tiempo subyugante. A Mr zombie le gustan los relatos de esta calaña, con fuerza , con impacto. Felicitaciones a Victor y Alicia, que aunque no la invento Lewis Carroll , parece poseer un alma mas maquiavelica y sinuosa que la historia inventada por Burton para su version o la inventiva de American Mcgee para su videojuego.

Un saludo y historias como estas honran y elevan cualquier pagina de cine y relatos cortos a una categoria mayor.Enhorabuena por ello.

9. ago 29, 18:42 | MIssterror

Victor-extremadamente tímido,y condenadamente bueno!!
Ha sido un auténtico placer escribir y aprender contigo (aunque contigo no hay olas fáciles y éso es precisamente lo bueno,que te esfuerzas más por mantener el equilibrio)

Bob-Aprender tú de literatura???querido,de tí se aprende,que no es lo mismo…

Lady-Muchas gracias por tus palabras.Estpy desenado poder leer el tercer acto…

Mr.Zombie-pues me has dejado sin palabras…

un abrazo a todos!

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