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Are You Here

Confesiones de un fumador de opio

Are You Here Caspa Review

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  • Título original: Die Xian Die Xian
  • Nacionalidad: Hong Kong | Año: 2015
  • Director: Jill Wong
  • Guión: Patrick Kong
  • Intérpretes: Jacquelin Ch'ng, Vivian Chan, Aka Chio
  • Argumento: No sé que de una app guija y de unos chinos más imbéciles que Rajoy.
DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 2.5/5

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Ya sabía a lo que me arriesgaba cuando cerré las puertas de aquel tugurio detrás de mí. El fumadero de opio con peor fama de todo Hong Kong se desplegaba a mi alrededor envuelto en extrañas fragancias y miradas acuosas cargadas de peligro. Sin amilanarme, puse un fajo de billetes sobre la barra y sonreí con el gesto de complicidad que suele abrir las entrañas de los mayores errores de la humanidad. Efectivamente, esquivando a los otros parroquianos, tambaleantes hombrecillos de piel dorada, por fin pude abrazar al sarnoso diván que se convertiría en el vehículo para otro viaje alucinante al lado salvaje del sueño casposo. Prendí la pipa, chupé, volví a prender y así hasta cuatro veces de lo sobado que estaba el latón. Cuando el abrasador humo castigó mis bronquios, como si hubiese ganado una rifa de cánceres, tuve que aferrarme a la mugrienta superficie del catre, entonces empezó lo bueno.

De repente me encuentro en el aula abandonada de un instituto hongkonés. Vamos, de Baracaldo no puede ser porque cerca de mí hay cuatro colegialas más chinas que el pato laqueado. Las miro, felices y pizpiretas juegan con una curiosa versión de la guija que los occidentales conocemos tan bien. Ya en ese punto atestiguo la calidad del jodido opio: el tablero está lleno de símbolos, en una espiral grande como mi cabeza, mientras que los fantasmas invocados responde con un lacónico “sí” o “no”. ¡Qué desperdicio de tinta (china)! La sesión de espiritismo parece tomar unos derroteros siniestros a la par que las preguntas de las jovencitas se vuelven procaces. Los objetos de la clase se mueven solos, se levanta un viento de ultratumba, se oye una música ortopédica… el recopetín. Cuando me quiero dar cuenta me está hablando una vieja ominosa de fantasmas y del peligro que tiene convocarlos. Pero esta señora, ¿de qué circo ha salido? Dudo que esta parafernalia tenga algún sentido dentro de mi sueño alucinógeno, esperemos a ver como acaba.

Al segundo me veo transportado a la consulta de una ginecóloga. Así que tenía razón, la escuela, las niñas y la vieja no tenían más razón que el intentar ponerme los huevos de corbata. Afortunadamente, ha sido una experiencia tronchante antes que aterradora. Sin embargo me mantengo alerta, pues todo apunta a estar sumergido hasta el cuello en una pesadilla, y nunca sabes las sorpresas que te aguardan en el mundo onírico.
Me centró en la conversación de la doctora y su paciente. Pues resulta que estaba equivocado, de pesadilla nada, esto es un sueño dramático en toda regla. Las dos señoritas se dedican a debatir sobre el embarazo de la paciente y la posibilidad de un aborto, la responsabilidad del padre, un cabrón adicto a las apuestas, y demás pamplinas. Si no fuese por lo irreal de su dialogo, la inexpresividad de sus ademanes, pensaría que me he despertado y otra vez ando atrapado en la aburrida realidad.

No había de que preocuparse, un nuevo fundido en negro y compruebo la potencia del opio que serpentea por mis venas: ¡mejor que la mierda de elefante! Ahora me yergo sobre una oficina, el reducto de una pequeña empresa de diseño de apps. ¡Esto no tiene ni pies ni cabeza! De forma inmaterial sonrío, el viaje está valiendo cada uno de los dólares que he pagado por él.
Los miembros de la empresa son cuatro chinos bastante odiosos. Los oigo decir paridas con la inflexión tintineante del mandarín y me entran ganas de partirme el culo. ¿Cómo se puede ser un tópico con patas y no pertenecer a una película o un sueño? ¡Oh, espera! Que estoy hasta las cejas de droga, lo cual explica muchas cosas.
Enumeremos:
El Chino Nº 1: Un pelele que lleva gafas de pasta sin cristal, el colmo de lo moderno, y cuya mayor afición es el uso y abuso de las amables fulanas locales.
La China Nº 2: Una joven superficial acostumbrada a llevar trajes más ajustados que los de Spiderman. No sufráis, está perdidamente enamorada de su novio, y el resto del universo se la trae bastante al pairo.
La China Nº 3: Sobreentiendo algo de sentido a todo este periplo lisérgico, pues se trata de la embarazada de antes. Como no podía ser de otra forma, es la más cabal de la cuadrilla.
El Chino Nº 4: Novio de la anterior, nuestro amigo apostador, y un dechado de chulería y agresividad. Un firme candidato a formar parte de la primera plana de sucesos, sección violencia de género.
Llega un punto en que los dimes y diretes de esta especie de Equipo A oligofrénico –que si no tienen dinero, que si la empresa es una mierda, que si la vida es muy dura, que si deberíamos comprar un bar de barrio en España– me sumen en un sopor irresistible. Cuando te duermes en un sueño siempre pasa lo mismo, otra vez soy transportado al fumadero. Dolorido, repto hasta la pipa e insisto con el caño: ¡necesito más locura!

Mis esfuerzos pulmonares son recompensados con la siguiente escena: La China Nº 3 come sopa agria y picante en el negocio de su tía, una señora fea y rara como un diablo, e igual de ominosa que la anciana que me saludó durante el prólogo. La jodida mujer merece su minuto de gloria junto a Cher, pero 1985 queda lejos y tendré que conformarme con verla fumar, y fumar, y fumar…
Durante los sueños es importante controlar los avisos del subconsciente, así que alejo mi mirada de la humeante punta del perenne cigarrillo y grabo como breve nota mental pasarme a los parches de nicotina. La cuestión es que la “mujer elefante” regenta una tienda de artículos para rituales funerarios. Además, en sus ratos libres, se dedica a dar consejos matrimoniales y espirituales: una versión obscena del Señor Miyagi. Algo “brujo” debe tener esa familia, pues su sobrina, La China Nº 3, oye llantos de bebés espectrales cuando hace pis. Es tan inapropiado este hilo de gilipolleces que a punto estoy de vomitar. Cuando el zumo estomacal amenaza mi garganta soy mandado como una mota de polvo a otro escenario… vuelvo a las oficinas de “Chinoapps S.L.”.

Los esforzados protagonistas de mi sueño siguen con sus quejas, pero por suerte para ellos, otra vieja ominosa se pone en contacto con ellos para ofrecerles un jugoso encargo. A estas alturas ya lo tengo claro: esta paranoia es un canto de amor a la eutanasia. Algo lógico, se han filtrado entre mis ensoñaciones ecos de la situación demográfica del micro país que es Hong Kong. Dejad de ahogar niñas en los ríos y ahogad a vuestros ancianos: ¡¿no veis que son unos hijos de puta?!
Sea como sea, la viejecilla ofrece a “Chinoapps S.L.” el desarrollo de la aplicación para móviles que su hijo no pudo terminar antes de morirse. En un giro argumental que me hace dudar de la estabilidad de mis neuronas, resulta que dicha aplicación es una guija virtual. Como se suele decir: “el espectáculo debe continuar”, así que los “chorrocientos” millones que la siniestra mujer ofrece por completar el proyecto se los podía haber ahorrado.

Mareado, soy testigo de una nueva sesión de espiritismo. Los chinos Nº1, Nº2, Nº3 y Nº4 deciden probar las bondades de una guija real como base de su futuro trabajo con la aplicación. ¡Toma ya! Eso sí que son ganas de hacer un buen análisis funcional, la profesionalidad y rigurosidad oriental puesta a prueba. Tal vez sean imaginaciones mías, pero la sesión, llena de preguntas tontorronas a los habitantes del otro mundo, va a acabar mal. ¡Bingo! Objetos que se mueven solos, se levanta un viento de ultratumba, música mongólica… el recopetín elevado al cubo.

Me gustaría bajarme del sofá y acercarme hasta un centro de salud, prefiero una lobotomía a este conjunto de escenas mal unidas. No obstante, masoquista que es uno, las situaciones tienen algo de divertido, así que tomo aire con la esperanza de seguir cabalgando la hilaridad.

Como si una deidad piadosa se hubiese hecho eco de mis plegarias, el ritmo de mi delirio se acelera y, de esta forma, van teniendo lugar los acontecimientos más descacharrantes:
• El Chino Nº 1 acaba zumbándose a una prostituta fantasma. Un “aquí te pillo, aquí te mato” en las escaleras de un ajado portal que tiene como resultado, a los días, la muerte de mi putero favorito, al que encuentran acampanado en la trasera de un taxi.
• La China Nº 2 tiene un encontronazo con un psicópata que gusta de beber leche directamente del cartón. Puedo admitir que en este loco planeta existan dementes capaces de las mayores atrocidades sexuales, ¿pero beber del brick? Durante el instante que contemplé a ese sucio chino cometiendo tal aberración, murió el niño que llevo dentro.
• El Chino Nº 4, entre apuesta y apuesta, contempla con cara de besugo como una chica se suicida, una vez, y otra vez, y otra vez… así ad nauseam. Pobrecillo, no tanto porque tenga que aguantar fantasmas suicidas (¡qué se joda!) si no por la pobre calidad de esas apariciones, dignas del sueño de un desgraciado como yo.
• A La China Nº 3 le recomienda la vieja ominosa de la app que se haga mirar lo de la maternidad con el carnuz de su novio. Puede parecer un evento más banal que los sufridos por sus deplorables colegas, pero intuyo que será capital para entender este viaje opiáceo.

Aunque empiezo a estar harto de las aventuras y desventuras de este grupo de macacos, todavía tengo tiempo para sorprenderme: la muerte de El Chino Nº1 parece importarles un pimiento a todos, menos al ecosistema de putas. “Chinoapps S.L.” sigue emperrada en seguir con la aplicación, cutre como ella sola, de la que en ningún momento han programado ni una sola línea de código. Claro que las apariciones siguen dando por saco a todo el mundo. Así que, cansados de aguantar fantasmones se ponen en contacto con una vidente. ¡Cuánto ir y venir!

Seguir el flujo de los acontecimientos, que ya ha alcanzado la velocidad de la luz, se torna más difícil por momentos, pero los efectos del opio me ayudan a sobrellevar el final de infarto de mi sueño: La vidente de marras es otra vieja ominosa, apostillando esa necesidad de barra libre de eutanasia para Hong Kong y medio continente asiático, sólo que, en este caso, también es una impostora. Ergo, ¡hay que acabar con ella por mentirosa! Pero los fantasmas tienen otros plantes y prefieren obligar a La China Nº 2 a ahorcarse. Eso sí, después de otro alegre encuentro, imaginado o no ya no es asunto mío dilucidarlo, con el “slasher” de pacotilla que se ha infiltrado en mis alucinaciones sin motivo alguno.

La muerte de la joven de carnes prietas marca el punto de inflexión para la locura final. El último subidón del opio me arrastra como una fuerte corriente a un avión de papel, soy un juguete vapuleado por las espesas volutas de humo. Vaya fin de fiesta: bofetadas, cigarrillos, rituales, cigarrillos, reproches, cigarrillos, exorcismos, cigarrillos, fetos, cigarrillos, colegialas, cigarrillos, sogas, cigarrillos, sospechas, cigarrillos, traiciones, cigarrillos, incienso, cigarrillos, papeles amarillos… entre semejante guirigay es cuando pierdo el hilo, si es que alguna vez hubo alguno, de toda la historia que mi mente febril ha pergeñado.
Entiendo que los devaneos de “Chinoapps S.L.” con el Otro Mundo han venido provocados por no ayudar a una colegiala que huía del “asesino lechero”; que ésta ha adoptado la forma de vieja ominosa, y millonaria para la ocasión, para joderles la marrana; que en Hong Kong las mujeres se toman muy en serio la responsabilidad de sus pareja, como le han señalado múltiples veces a La China Nº 3; que la reencarnación puede ser una putada cuando estás embarazada de gemelos; que la vida es sueño, y los sueños, sueños son… buscarle sentido a cuatro chinos corriendo de aquí para allá con cara de haba es una afrenta al caos que domina la creación.

Envuelto en sudor, agotado y con el culo dilatado como una boca de metro… voy dando tumbos hasta que salgo del agobiante local. Las calles de Hong Kong me reciben hilarantes, casi preguntándome qué tal lo he pasado. No lo puedo negar, ha sido un mal viaje, más de lo que me esperaba, ¿pero no es eso lo que buscamos cuando nos metemos en un fumadero de opio?

Imágenes de la película

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Lo mejor: Opio, mucho opio.

Lo peor: La resaca del opio es muy dura.

Vuestros comentarios

1. feb 26, 21:28 | Rago

Mira Bob que comencé a pensar que en verdad delirabas, luego tuvieron que venir a callarme por la risa loca que me atacó. Imagínate si en lugar de un fumadero de opio te hubieras metido a un ghetto de mariguaneros? Mi voto porque se filme tu versión de los hechos.

2. feb 29, 21:06 | Bob Rock

Rago.- Me apunto a lo del ghetto de mariguaneros!! A ver si se me ocurre una película idónea para la fumada!!!

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