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Benedetta

Esclava de Dios y amante de Safo

Benedetta

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 4/5

En el momento en que sale a la luz esta reseña, se está produciendo la primera premier en España del último trabajo de Paul Verhoeven: Benedetta. Puedo imaginar las caras de más de un centenar de personas fascinados y escandalizados con la última bomba de este realizador, que desde ya os digo que va a levantar ampollas y aplausos como hizo en Cannes. Parece mentira que a sus 82 años el holandés se encuentre en tan plena forma. Demuestra que a su cine no le tiembla el pulso por nadar contracorriente y ofrecer al público un espectáculo adulto, sexual, desafiante y muy cargado de la inquina y de ese humor ácido que es también una seña de identidad de este gran director.

Verhoeven recrea la historia real de la monja Benedetta (interpretada por Virginie Efira); controvertido personaje acusado de herejía y de comportamiento contra natura (lesbianismo) en el siglo XVII. Sus visiones de Cristo y sus epifanías, sumadas a la aparición de estigmas en manos, pies y posteriormente en la frente, la convirtieron en abadesa del convento de las Teatinas. Pero su fama y su poder en la ciudad de Pescia, llamaron la atención de las altas instancias de la iglesia que iniciaron una investigación respecto a ella y su entorno, centrando la atención en su relación con una novicia llamada Bartolomea (que interpreta Daphne Patakia).

El Nunsploitation, subgénero de los 70 nacido a rebufo del género de explotación carcelario, que sustituía al generalmente cruel director de la prisión por una madre superiora, contaba casi siempre con los mismos ingredientes: Tórridas escenas de monjas como Dios las trajo al mundo, crítica a los estamentos eclesiásticos, torturas grotescas, algún toque sobrenatural y una impostada seriedad en el producto que escondía la mayor de las incorrecciones. Cine, a todas luces serie B, que generalmente adornaba su malsana naturaleza con música sacra y la mejor fotografía que podía proporcionar el presupuesto. Jesús Franco con Cartas de amor a una monja portuguesa, La sexorcista de Gilberto Martinez Solares, Sor Emanuelle de Guseppe Vari, Interior de un convento de Walerian Borowczyk, son algunas muestras de este pestilentemente divertido género, que dejó también algún título de interés notable, como Los demonios de Ken Russel (cinta a reivindicar), Entre tinieblas de Pedro Almodóvar, o Alucarda, la hija de las tinieblas de Juan López Moctezuma (una película rara de cojones que amarás o odiarás, pero que no te va a dejar indiferente). Pues bien, Paul Verhoeven, se mantiene fiel a las reglas del subgénero, elevando su calidad con la presencia de grandes actores, y una factura técnica impecable.

La valentía de una actriz como Virginie Efira, con una presencia cada vez mayor en el cine francés, para abordar un papel tan sexualmente expuesto y con algunas escenas que, además de erotismo resultan todo un puñetazo en el rostro de la moral católica (como el dildo que usará para masturbarse en una escena), es digna de aplauso. Además de ese componente de piel, la actriz logra hacer creíble un personaje que juega constantemente con el espectador, invitándole a dudar de hasta que punto es una mujer iluminada o una caradura muy inteligente. A Efira le acompaña otra actriz: Daphne Patakia, para mí desconocida hasta ahora, que también está brillante. Patakia me ha recordado mucho a Milena Smit por su gestualidad gatuna y esa forma de actuar, aparentemente más instintiva que técnica, que dota a su presencia en pantalla de un algo hipnótico. Se suman a la pareja dos artistas que siempre enriquecen lo que tocan: Charlotte Rampling, que interpreta a la madre superiora y Lambert Wilson, el nuncio que acudirá para extraer la verdad de los acontecimientos del convento.

Como en Desafío total, donde el espectador ha de decidir si ha contemplado una trama real o una ensoñación de su protagonista, o en Instinto básico, donde debemos elegir si Sharon Stone es una asesina o una víctima de su anterior pareja, Verhoeven se mueve peligrosamente entre el gamberrismo anticlerical y el cine religioso para que nosotros concluyamos hasta qué punto creemos las vivencias de Benedetta.

Algo característico en la filmografía del director es su gusto por los sabores intensos, ya sea a la hora de rodar escenas eróticas, como en Delicias turcas, Showgirls o Instinto básico, o de plasmar la violencia y la muerte, como en Robocop, Starship troppers, o Los señores del acero. La sangre, sin ser protagonista, aderezará con su color rojo las vivencias de estas monjas; las visiones de Cristo empuñando su espada nos dejarán una sonrisa en los labios dibujada a base de potentes mandobles. Pero será el deseo, el furor sexual que consume a nuestra heroína, el que nos deje completamente locos. Benedetta ayudada por Jesús, por su dedo y el de su amiga, explora su placer al tiempo que afila su ingenio para ir superando los obstáculos para alcanzar su realización plena, en un envenenado relato de empoderamiento, tan valiente como políticamente incorrecto. Su militante feminismo contrasta con un onanista abordaje de la sexualidad claramente masculino.

Sumamos al cóctel algunas frases inesperadamente ingeniosas y un cinismo que flota entre los personajes, principalmente en el que interpreta Lambert Wilson, y tenemos un producto tan potente que, sin ser genuinamente de género fantástico, se merece un espacio dentro de nuestra web. También merece la pena, si su visionado te resulta tan entretenido como a mí, revisar posteriormente Los señores del acero, donde la torrida relación de sus protagonistas, el asedio al castillo y la irrupción de la peste, establece ciertos nexos con este sobresaliente film.

Lo mejor: Su simpático desarrollo que escandaliza al tiempo que fascina.

Lo peor: Cerca de la conclusión algunos personajes cambian de actitud de forma un tanto gratuita.


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