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Historias para no dormir

Con la cara lavada

Historias para no dormir

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3.5/5

Radiotelevisión española y los señores de Amazon unen fuerzas para lanzar, relanzar, mejor dicho, la mítica Historias para no dormir. Primera serie de televisión de género fantástico patrio, que vio la luz de la mano del genial Chicho Ibáñez Serrador en la década de los sesenta. Sus pesadillas, la gran mayoría de ellas adaptaciones de relatos de prestigiosos autores de literatura fantástica, venían a ser la respuesta ibérica a The Twilignt zone. Su puerta abriéndose en la oscuridad y el grito que la acompañaba forman parte del imaginario de varias generaciones.

Hace algo más de una década Telecinco se propuso relanzar el formato con sus Películas para no dormir (los derechos del título original pertenecen a RTVE) y un ramillete de grandes directores, el propio Chicho incluido, se animaron a crear un abanico de películas notables. Cuento de navidad de Paco Plaza, Para entrar a vivir de Balaguero o La habitación del niño de Álex de la iglesia, sin duda hubieran merecido mayor aplauso del que se llevaron en su momento.

En esta ocasión, en lugar de partir de guiones nuevos, se han readaptado cuatro de las narraciones originales que más pregnancia dejaron en los espectadores. En el momento que escribo estas líneas no sé cómo se han elegido las historias, personalmente me ha extrañado que el mejor relato de toda la serie: El televisor se haya quedado fuera del relanzamiento. Puestos a ser sinceros, me ha chocado también que este nuevo arranque de Historias para no dormir haya optado por los relatos (salvo uno) menos terroríficos de todas sus temporadas. (NOTA Tras entrevistar a los directores indico que "el televisor" se ha publicado en el cofre junto al resto de los episodios, pero no es un Historias para no dormir. Tampoco lo es el asfalto pero se decidió incluirlo en los remakes.)

Hay cal y arena que invitan a que analicemos brevemente cada episodio y el sabor que nos ha dejado.

Paula Ortiz, tal vez la directora menos de género de esta terna, se encarga de la adaptación de El asfalto; kafquiano cuento de fantasía en el que un hombre que interpreta Dani Rovira queda atrapado, como si de arenas movedizas se tratara, en el asfalto de una calle ante la indiferencia del resto de transeúntes. Ortiz actualiza al nuevo siglo el relato de Carlos Buiza (uno de los padres de la ciencia ficción patria) valiéndose de infinidad de secundarios populares (Juan José Ballesta, o María Alfonsa Rosso) que arropan al mencionado Rovira y a Inma cuesta. El decorado de Mingote, donde transcurría la original, se sustituye por una calle real, en la que la mirada de los carteles (Paula Ortiz inquietantemente los hace cómplices) parecen más interesadas por los sucesos de los protagonistas que los ciudadanos de a pie, que simplemente van a lo suyo. No da miedo, pero se queda en la retina y su mensaje sobre el egoísmo de la gran ciudad funciona.

Rodrigo Cortés se encarga de La broma. De la original no se me olvida la aterradora risotada de Narciso Ibáñez Menta, en un personaje al que en esta ocasión encarna Eduard Fernández. Los ricos han cambiado y aunque continuamos viendo a un déspota jefe y marido reirse de todo lo que se le presenta, Fernández resulta mucho más real y ácido en esta ocasión. La broma es el típico relato de intriga, plagado de giros, que su autor Robert Arthur rentabilizó en los 50 y 60 en selecciones de Reader Digest, compilaciones de Alfred Hitchcock y demás... La de Serrador era, de hecho, la segunda adaptación, a la que siguió en el 84 una protagonizada por Telly Savalas y la que nos ocupa. La trama es la de una pareja de amantes que deciden cargarse al cruel marido de ella y que descubren que no es tan fácil matar. Raúl Arévalo y Natalie Poza terminan de conformar el letal triángulo en un relato previsible en lo narrativo pero que le sirve a Cortés para jugar a hacer homenajes a Hitchcock y a Billy Wilder en su secuencia álgida, que es deudora de Cortina rasgada y de Perdición. Formalmente es muy vistoso, pero en su narración es el que menos me interesó y eso que le da un guro totalmente nuevo a la segunda parte del relato.

Basado en un cuento de Ray Bradbury llamado Muñecos INC. El doble es también un relato adaptado con frecuencia en seriales de fantasía. Rodrigo Sorogoyen ha tomado de la obra original únicamente la esencia, y del episodio de Chicho sólo algunas ideas, para conformar un relato nuevo de ciencia ficción muy sentimental y donde la anticipación carece de efectos especiales y de teorías científicas. Los robots originales se sustituyen por dobles (no sabemos si clonados o humanoides) que se emplean de forma casi clandestina para cumplir con obligaciones laborales, sentimentales o de otra índole, casi marcando un nuevo estatus social. Al igual que en la actualidad los famosos no confiesan sus retoques estéticos, en el mundo del que nos habla Sorogoyen el doble es un secreto casi vergonzante. Sobre este concepto construye una historia agriamente romántica, sobre una crisis de pareja, en la que la sombra de la duplicidad flota y amenaza con destruirlo todo. Fiel a su estilo, el director crea una tensión suave pero creciente con escenas largas, tanto en diálogo como en planos, donde destaca una fiesta de lo más inquietante. Merece varios visionados para analizarla bien, pero creo que es el trabajo más acertado de los cuatro que conforman esta temporada.

No podía ser de otra forma, Paco Plaza firma el único episodio genuinamente de terror con Freddy. Muy resultón, seguro que a la mayoría le gustará más que El doble. Revisita la historia original (un guión del propio Chicho inspirado en Magic de Richard Attenborough), en la que un muñeco de ventrílocuo hacía de las suyas en la compañía de teatro donde trabajaba su amo. Plaza se divierte con la historia y realiza en varios momentos homenajes a De Palma y al guiallo italiano, jugando con la pantalla y el encuadre. Al mismo tiempo, realiza también un homenaje al propio Ibáñez Serrador al que mete dentro de la historia con una magnífica interpretación/imitación de Carlos Santos, y convirtiendo este Freddy en un hipotético caso real, sobre el que el realizador crearía su episodio. Un episodio, que como se explica en este mediometraje, supuso la primera ficción de la televisión española realizado íntegramente en video. Plaza se lo pasa bien, demuestra nuevamente su gusto por los interludios musicales para marcar la época en la que transcurren sus historias, en este caso con un tema de Sarao Music que suena a puro guateque (Baby te necesito) y en su secuencia más sangrienta hace otro pequeño homenaje, en este caso a Ghost, Al resultado lo lastra un poco la elección de Miki Esparbé como protagonista (que no está mal pero no encaja) y que el tono añejo del color en varios momentos se queda demasiado plomizo. Aun así se disfruta con mucho (muchísimo) agrado.

Concluyo que estas nuevas Historias para no dormir divertirán e interesarán a los que pudimos disfrutar de las originales, pero no me queda claro que enganchen a las nuevas generaciones porque carecen de la intensidad de sabores de los productos modernos. Desde luego el título no se refleja en ninguno pues esta nueva hornada como mucho inquieta, pero asustar, lo que se dice asustar, solo lo pretende Paco Plaza.

Lo mejor: No se limitan al remake sino que logran entidad propia.

Lo peor: No cumplen con el título porque el terror prácticamente brilla por su ausencia.


Vuestros comentarios

1. 22 oct, 22:05 | Web

¡Excelente post!

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