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La abuela

Abuelita Abuelita. ¡Qué dientes tan largos tienes!

La abuela

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3.5/5

La carrera de Paco Plaza como director regresa al género sobrenatural tras juguetear con el thriller en la efectiva Quien a hierro mata. Una vuelta al redil que, los que le seguimos desde sus inicios, aplaudimos. Buena muestra del prestigio que tiene como realizador de género, ha sido la presencia de La abuela en la sección oficial del Festival de San Sebastián y la gran expectación de público que cosechó su cinta... también en Sitges: en ambos llenó en todos los pases. Se sumaba a esa expectativa, la presencia de Carlos Vermut en el guion. Tener a ambos en un mismo proyecto puede haber jugado a la contra del film, al anticipar la promesa de algo muy especial. Como veremos en este análisis, La abuela reúne tantos aciertos que la convierten en visita obligada para los aficionados al escalofrío, pese a que su terror sea más bien moderado y a que la crítica más ortodoxa se haya quedado algo insatisfecha con el resultado.

Tal vez uno de los mayores aciertos de este título esté en la elección de su actriz protagonista: Almudena Amor. Ha saltado del anonimato a convertirse en toda una promesa de nuestro cine por su papel aquí y en El buen patrón. Se mete en la piel de una modelo a punto de dar el salto a topmodel en Paris. Justo en el mismo momento en que su suerte le va a cambiar a mejor (y también en el instante previo a meterse una lonchita de cocaína) recibe la llamada desde Madrid que lo detiene todo. Su abuela, único familiar que le queda, ha sufrido un derrame cerebral. Sin pensarlo dos veces Susana (ese es el nombre del personaje) deja todo y regresa a la capital para encargarse de que a su segunda madre no le falte nada. Lo que no puede sospechar es que, el aparentemente frágil cuerpo de la anciana (que interpreta la ex modelo Vera Valdez), guarda en su interior una naturaleza letal que poco a poco irá asomando los colmillos. Un peligroso filo que correrá paralelo a inquietantes recuerdos de su más tierna infancia.

Plaza va envolviendo una pesadilla muy real: la que supone encargarse de un ser querido que paulatinamente va requiriendo más atención y cuyas reacciones ponen a prueba al más calmado, con otra sobrenatural. Las pistas de esa trama de terror van presentándose cada minuto. Quedan evidentes para que el espectador esté siempre un paso por delante de lo que va a suceder. Aquí no hay giros sorpresivos. A poco cine de terror que uno haya visto, se deduce a la legua todo lo que va a acontecer. Pero: ¿Que sea previsible le quita acierto? En mi opinión no. La abuela otorga al espectador el placer de ver a la mosca enredarse ella sola en la tela de araña, de disfrutar de la pericia del depredador para cazar a su presa. Eso mientras explora uno de los miedos más crecientes en una población cada vez más envejecida: el de la enfermedad y el de quedar a merced del cuidado de otros. En ese aspecto, el film se alinea con otros recientes como La visita, The taking of Debora Logan, Relic o The dark and the wicked.

No son sólo las películas mencionadas en el anterior párrafo las que se pueden emparentar a este trabajo. Al igual que en La casa de las profundidades de Bustillo y Maury, en La abuela vemos claramente la influencia de la adaptación de La gota de agua de P. Kettrigde que realizó el maestro Bava en Las tres caras del miedo. Ese clásico del cine de horror nos irá viniendo a la mente conforme la trama se acerque a su escalofriante conclusión. Jaume Balagueró, amigo personal de Plaza y colaborador con el que creó la franquicia Rec, también parece asomar en este trabajo pues, si hay un director que ha sabido plasmar el espanto que supone que algo desconocido invada nuestro espacio íntimo, ha sido él. Balagueró hace de estas invasiones casi una violación (como en Mientras duermes) o una perversión obscena de los pilares de un hogar (como en Los sin nombre o en Darkness) y de eso también infecta la puesta en escena de La abuela. Termina de completar la tanda de influencias Ira Levin, autor de obras como La semilla del diablo, las poseídas de Stepford o La astilla. La maestría del escritor americano para crear conspiraciones contra la integridad de sus personajes, es bastante similar a las intenciones del guion de Vermut.

Además de la excelente presencia de Almudena Amor, no me gustaría concluir este análisis sin resaltar la generosidad interpretativa de Vera Valdez. Su elegante porte, se intuye claramente por qué fue musa de Channel, se combina con escenas de desnudos que evidencian los estragos de la edad. La forma en la que la actriz plasma la práctica desaparición de la voluntad durante las enfermedades asociadas a la vejez y la sencillez con la que su rostro muta de lo entrañable a lo terrible, es también otro de los grandes aciertos de este título.

Sin apenas truculencias, con un terror más intuido que evidente en casi todos los tramos de la historia, La abuela es un acertado producto de género donde, por el camino no se desprecia dibujar un drama correcto pero no invasivo. Si con Verónica plaza jugó al cine de horror de sobresaltos próximo a los productos de la factoría Wan, en esta ocasión construye una película de corte más clásico, casi revisitando el horror gótico, que resulta deliciosamente entretenido.

Lo mejor: Almudena Amor demuestra ser una actriz a tener en cuenta. Pese a su previsible desarrollo se disfruta con mucho agrado.

Lo peor: Que veamos claramente lo que va a pasar quita potencia a sus escalofríos.


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