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100 Feet

Una clásica historia de fantasmas en pleno centro de Nueva York

100 Feet

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  • Título original: 100 Feet
  • Nacionalidad: USA | Año: 2008
  • Director: Eric Red
  • Guión: Eric Red
  • Intérpretes: Famke Jannsen, Ed Westwick, Bobby Cannavale.
  • Argumento: Marny consigue que le conmuten el resto de su condena por matar a su marido por arresto domiciliario. Para ello, le ponen un dispositivo electrónico que le impide salir de su casa y, por tanto, también escapar del fantasma de su marido.

65 |100

Estrellas: 4

La historia de alguien – preferentemente, una mujer – asediado por una presencia sobrenatural en un entorno aislado no es nueva. Es el cuento gótico por excelencia. Por eso, el punto de partida de 100 Feet ya me parece interesante, pues consigue una variante original: Marny (Famke Jannsen) consigue conmutar el resto de su condena por arresto domiciliario, de manera que pasará los siguientes dos años de su vida encerrada en su casa. Para asegurarse de ello, le ponen un brazalete electrónico que comienza a pitar y manda una señal a la policía si ésta se sale de un radio de treinta metros (los 100 Feet del título, más o menos la extensión de su casa). Por tanto, está aislada, a pesar de encontrarse en el mismo centro de Nueva York.

Marny estaba en la cárcel por asesinar a su marido, Mike (Michael Paré), un policía que la maltrataba. De hecho, cuando vuelve a su casa, nadie ha limpiado una mancha de sangre en la pared, señal inequívoca de dónde se cometió el crimen. El policía que va a vigilar la casa y que acudirá en caso de que salte la alarma del dispositivo eléctrico es Shanks (Bobby Cannavale) que, además, era el compañero de Mike y uno de sus mejores amigos. Shanks se ha propuesto hacerle la existencia imposible a Marny, a modo de venganza.

La situación de esta mujer es, por tanto, bastante desafortunada: encerrada en su casa, sin apenas poder abrir la puerta –qué mala uva, no llega a bien a la manilla-, condenada por matar a un hijo de puta, vigilada por el mejor amigo de este, y sola pues, para más inri, su hermana tampoco quiere la menor relación con ella. Se insinúa que se echó una buena amiga en la cárcel, a la que llama en una ocasión. Por suerte, parece sentirse cómoda con Joey (Ed Westwick), un chavalito del barrio que va a hacerle la compra, que le atrae sexualmente pero, sobre todo, es alguien con quien hablar.

Creo que el personaje de Marny está bien construido. Tiene mucho que demostrarle al mundo – en su caso, a la justicia -, pero tiene miles de impedimentos. Es un personaje clásico, de manual de guión. Un buen momento para el recuerdo: la mujer se viste de Blanca Nieves por Halloween, abre la puerta de la casa y se sienta en su entrada, justo en el límite que le permite el brazalete electrónico para que no salte la alarma, con un cuenco de caramelos. Pero los niños no se atreven a entrar en una casa a por los caramelos, y menos en una noche como esa.

Bien, pues si la situación de Marny era chunga, se vuelve peor… porque entra en juego el fantasma de Mike, dispuesto a no dejar de darle palizas ni estando muerto. Lo mismo que en esta reseña, el fantasma tarda un poco en aparecer en 100 Feet, pero ni es un problema, porque la situación planteada hasta ese momento es interesante, y sobre todo que, esa primera aparición, es bastante sorprendente e imprevisible. Quizás, uno de las cosas que más me han gustado de esta película son los sustos repentinos que tanto se critican –demonios, ¡¡¡¿¿¿por qué???!!! No hay muchos, dos o tres a lo sumo, pero funcionan que da gusto.

A partir de la aparición de Mike, la película se centra en los esfuerzos de Marny primero para sobrevivir y después para acabar con un ente sobrenatural aunque sobradamente conocido para ella. Visualmente, el fantasma es bastante atractivo, y esto es otro de los puntos de la película. Cuando se hace una de monstruos, todo el mundo se fija en la criatura, pero los fantasmas se dan por hecho que son todos iguales. En 100 Feet hay un buen diseño del espíritu – digital -. Y es un fantasma con personalidad: cuando vivía, maltrataba a la mujer, y de muerto no hace algo muy distinto. Sus ataques y apariciones, hasta llegar al tramo final, están bien medidos y funcionan, y te hacen, como espectador, temer que vuelva a actuar. Es particularmente reseñable su penúltimo ataque, que sucede en la habitación de Marny, aunque en esta reseña contarlo sería destripar demasiado.

La figura del fantasma de Mike, sin embargo, también perjudica en parte a la película: cuando no ataca, su presencia roza, a veces, el ridículo –hablo del momento techo, y perdón por lo críptico- aunque nunca entra de lleno en él, lo cual, desde mi punto de vista, es un mérito a atribuir a la dirección de Eric Red, que no se ponía tras las cámaras desde el año 1996 con Luna Maldita (Bad Moon).

En el lado negativo de la balanza de 100 Feet habría que situar el clímax. Está bastante mal orquestado. Se llega de un modo muy precipitado – esto, quizás, se deba a temas de montaje, pues hay un par de momentos más en la película donde parece que nos escamotean escenas que teníamos que haber visto -, y se resuelve de una manera bastante gratuita y sin demasiado sentido. A nivel teórico, se siguen las reglas de la construcción clásica, pero a nivel práctico – o sea, dentro de esta historia concreta, con estos personajes – las cosas no funcionan como es debido, sobre todo porque si esa era la forma de acabar con el espíritu, Marny podía haberlo hecho antes, porque lo sabía – a este respecto, desde luego, es admirable cómo está resuelta la escena en la que descubre que lo que puede acabar con el espíritu está a su alcance: la convierte en una escena de terror y nos distrae para que no nos demos cuenta de que no tiene ninguna lógica lo que hace…

Por otra parte, aunque Famke Janssen es santa de mi devoción, no sé si era la actriz adecuada para el papel. Es evidente que teniéndola a ella, había más posibilidades de vender la película, pero viéndola… probablemente, esto es muy elemental, pero no me creo que una mujer con su aspecto acabe de salir de la cárcel, así de sencillo.

Parece que el objetivo principal que se marcaron a la hora de hacer 100 Feet fue el entretenimiento, y todo está orientado a esto. De manera que, si por un lado, consiguen que sea una peli de un visionado bastante placentero y que en ningún momento aburre, por otro da la sensación de que les dio miedo llevar hasta las últimas consecuencias el planteamiento inicial: es decir, una mujer sola en una casa asediada por un espíritu malvado. Por tanto, se intenta salpicar dicha estancia con irrupciones de personajes que no siempre son necesario –vease el cura, por ejemplo. La marcada vocación “clásica” de la película tampoco le hace ningún bien: la necesidad de que todo esté justificado, todo sembrado de antemano, la hace cargarse de cosas innecesarias. Ya se ha hablado de lo que puede acabar con Mike, pero hay más. El mismo personaje de Mike, por ejemplo: con saber que pegaba a Marny, valía para que le temiésemos como malo. ¿Hacía falta que, encima, fuera corrupto? Creo que no. Y, de paso, con el descubrimiento de esta nueva faceta suya, se intenta justificar la presencia –forzada- de un parte de la casa que su mujer no conocía ¿en serio es posible esto? y que, luego, será utilizada más adelante. Esta obligación autoimpuesta de justificarlo pretende convertir a 100 Feet en una obra bien construida pero, contra todo pronóstico, lo que hace es poner de relevancia lo artificioso de algunos de sus tramos. E impide deleitarse con lo más interesante: que ella está en manos de su marido muerto, y que eso es escalofriante.

Lo mejor: El penúltimo ataque de Mike.

Lo peor: Que se ve la construcción de la trama en la segunda mitad de la película.

Thirst

La sed del vampiro según Park Chan-wook

Thirst

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  • Título original: La sed del vampiro según Park Chan-wook
  • Nacionalidad: Corea | Año: 2009
  • Director: Park Chan-wook
  • Guión: Park Chan-wook
  • Intérpretes: Song Kang-ho, Kim Ok Bin, Mercedes Cabral
  • Argumento: Song Kang, tras presentarse como voluntario a un experimento que intenta encontrar la cura para un devastador virus, se somete a una transfusión de sangre que le otorgará facultades sobrehumanas.

60 |100

Estrellas: 3

Park Chan-wook anunció que su próximo proyecto iba a estar protagonizado por un vampiro de colmillos afilados, y muchos de los que nos unimos a su vigorosa trilogía de la venganza (con la magistral Old Boy a la cabeza) y nos deleitamos con esa marcianada titulada I’m a Cyborg, But That’s OK, tuvimos la certeza (y la esperanza) de que Thirst no iba a ser una película más del género.

Song Kang es un hombre religioso que dedica la mayor parte de su tiempo al cuidado de los enfermos. Desolado por la incesante muerte de los pacientes del hospital en el que presta servicios, decide viajar hasta África para formar parte, junto a otros cincuenta voluntarios, de un controvertido estudio que busca la vacuna que combata un mortal virus.

Estando Song Kang a las puertas de la muerte (un fatídico destino que han seguido el resto de sus compañeros de fatigas), una transfusión de sangre consigue curarle – momentaneamente – las heridas provocadas por el virus y mantenerle con vida.

La sangre de un desconocido ha convertido a Song Kang en un vampiro. Pronto descubrirá que para sobrevivir deberá calmar su sed.

No sería apropiado afirmar que Park Chan-wook haya defraudado o haya fustrado, en modo alguno, las expectativas de quienes ansiábamos experimentar la personal mirada de este genial cineasta coreano puesta sobre el género vampírico.
Cómo no podía ser de otra manera, Park Chan-wook ha sido fiel a su modo de ver y entender el cine y también a su forma de ejecutarlo. Ha sabido llevar el género a su terreno, integrarlo en el seno de su particular universo y, como consecuencia de ello, Thrist deja de ser una película de vampiros al uso para convertirse en una película de autor. De un gran autor, un autor de envergadura (la filmografía de Park Chan-wook así lo constata).

Sin embargo, nada de esto nos asegura que Thirst pueda situarse entre las mejores obras de Park Chan-wook. Ni siquiera tenemos la garantía de que Thirst sea una gran película.

Los primeros veinte minutos de Thirst son espléndidos.
Pese al ritmo parsimonioso que Park suele imprimir al inicio de la mayoría de sus películas, el arranque de Thirst vuelve a dejar constancia del talento narrativo del director (también guionista) al presentarnos a un protagonista de fe, supuestamente inquebrantable, cuya existencia dará un vuelco a raiz de una transfusión de sangre que le proporcionará una serie de aptitudes sobrehumanas, pero que también le condenará a sufrir una “sed” eterna.

Pero no únicamente una “sed” de sangre. La sed a la que hace referencia Thirst (sed en inglés) va más allá del simple apego a la hemoglobina que han sobrellevado los vampiros durante cientos (¿miles?) de años. Song Kang sufre una sed de sensaciones, de deseos, de sexo, de instintos básicos que chocan frontalmente con sus creencias religiosas. Su nueva condición, su naturaleza vampírica, le empuja a la búsqueda desesperada de nuevas experiencias hasta entonces inexploradas. Experiencias que, al fin y al cabo, acaban difiniéndole como ser humano y que le alejan (a pesar del sentimiento de culpa que experimenta durante buena parte de la película) de la búrbuja mística-religiosa en la que había estado encerrado hasta entonces.

Es en este tipo de discurso metafórico que nos habla sobre la naturaleza del ser humano, sobre sus miserias, sus contradicciones, sus dilemas morales y religiosos; cuando Park Chan-wook, y por añadidura Thrist, parecen sentirse más a gusto, más seguros. Park Chan-wook nos está contando una historia que le es propia, que pertenece a su universo cinéfilo. Y lo hace, además, derrochando el talento visual y narrativo que se le presume. Las imágenes son bellas, los encuadres imaginativos y audaces, las pinceladas de humor, en ocasiones absurdo y surrealista, siguen siendo efectivas.

El único problema es que estamos hablando, solamente, de los primeros treinta minutos de Thirst. Y a estas alturas me veo en la obligación de afirmar algo que jamás creí que tuviera que decir al hablar sobre una película de Park Chan-wook: Thrist anda muy floja en cuanto a la construcción de la historia.

Park Chan-wook, además de destacar por su indiscutible talento visual, también se ha distinguido por su capacidad para crear historias sólidas, sin fisuras. Historias que atrapan al espectador hasta el final gracias a unos guiones calculados al milímetro y a la maestría narrativa de Park Chan-wook (ver Old Boy).

El inicio de Thirst parece devolvernos a la senda habitual del director coreano. La historia vuelve a atraparnos. El personaje principal es atractivo. Las situaciones planteadas captan nuestra atención y los discursos implícitos parecen surtir efecto. Y todo ello acompañado del fascinante envoltorio formal al que ya nos tiene acostumbrados Park Chan-wook.

Sin embargo, todos estos logros parecen diluirse en un segundo acto (Song Kang encontrando el amor en la sumisa esposa de un viejo amigo de infancia) en el que Park Chan-wook se harta de repetir conceptos (culpabilidad, lucha contra los instintos…) y se muestra inoperante a la hora de lograr que la historia adquiera un cierta coherencia interna y avance en un determinado sentido.
Hubo momentos en los que me encontré perdido. Tuve la sensación de que Park Chan-wook no tenía muy claro hacia dónde dirigir su película y se limitaba a dar vueltas, una vez tras otra, sobre una única idea (o un par de ellas).

Y esa misma sensación de desconcierto o desamparo me atenazó en el tercer y último acto de Thirst, en el que los roles de los protagonistas (Song Kang y su amante) se invierten, para ofrecernos una película totalmente distinta en la que la sangre y el surrealista humor del que suele hacer gala el director coreano, dan un paso hacia adelante.

Todas estas dificultades de Park Chan-wook para mantener en su punto más álgido el interés por la historia (o al menos conseguir que los baches en la narración no sean demasiado pronunciados) no hacen otra cosa que evidenciar el segundo de los grandes problemas de Thirst: su excesiva duración. Sus 140 minutos de duración son desmesurados. Quizás si la película no presentara las dudas en cuanto a la construcción de la historia antes mencionadas, esas casi dos horas y media hubieran pasado como un suspiro…. pero, desgraciadamente, no es el caso. Hay situaciones que se alargan en exceso, conceptos que se repiten, secuencias que se presumen prescindibles. Y todo ello redunda en la en la convicción, por parte de un servidor, de que precindir de treinta minutos de metraje hubiera sido, sin duda, una acertada decisión por parte de Chan-wook.

Pero pese a todo lo dicho hasta el momento, Thirst sigue siendo una película recomendable. ¿Por qué razón? Pues porque, cómo apuntaba al principio de esta reseña, Thirst es una película de vampiros distinta, original y que contiene buena parte de esa esencia que define a un cineasta tan destacado y genial en sus formas como Park Chan-wook.
No es la mejor de las películas del director coreano y quizás muchos esperábamos algo más… pero aún así sigue siendo una obra de visión casi obligatoria.

Lo mejor: Una historia de vampirismo distinta y, en ocasiones, tocada por el genio de su creador, Park Chan-wook

Lo peor: No es, ni de lejos, lo mejor que ha hecho Park Chan-wook.

Deadly Little Christmas

Échale un vistazo a una película que he hecho con unos colegas

Deadly Little Christmas

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  • Título original: Deadly Little Christmas
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Novin Shakiba
  • Guión: Novin Shakiba y Jeremiah Campbell
  • Intérpretes: Felissa Rose, Monique La Barr, Leah Grimsson
  • Argumento: Quince años después de matar a su padre, Devin escapa del hospital psiquiátrico en el que está recluido en busca de su madre y sus dos hermanas.

20 |100

Estrellas: 1

Un día de navidad de quince años atrás, el pequeño Devin sale de su casa con un cuchillo y la cara ensangrentada; en el interior, su padre y la asistenta han sido brutalmente asesinados. Quince años después, su madre Mary (Felissa Rose) y sus dos hermanas, Taylor (Monique La Barr) y Noel (Leah Grimsson) han reconstruido sus vidas. Las dos hermanas están preparando, por Navidad, una representación de la última cena en el centro social del barrio. Sin embargo, Devin se escapa del hospital y comienzan los crímenes.

Si no fuera por los nombres de los protagonistas, desde luego, esto podría ser La Noche de Halloween sin ningún tipo de problema. Incluso, el plano de marras del niño con el cuchillo en la puerta de un dúplex americano está presente. Vale que hay quinientas películas que tienen este mismo argumento, pero en muy pocas el descaro llega hasta extremos como el del mencionado arranque, o al hecho de que Devin ha pasado sus quince años de internamiento psiquiátrico sin decir una sola palabra, por ejemplo.

Deadly Little Christmas es una película que, si te pilla de cero, sin saber absolutamente nada de ella, te puede cabrear muchísimo. No tiene ritmo ninguno, mucho menos clímax, los efectos de maquillaje son terribles, las interpretaciones también, el guión (por llamarlo de algún modo) torpe y aburrido, y los diálogos… madre mía, yo creo que se llevan la palma. La fotografía (hay planos quemados, e incluso un par de ellos mal enfocados), el montaje… todo huele a lo que es: algo muy barato y muy amateur.

Sin embargo, puede llegar a entenderse este despropósito. El primer cartel de los créditos de la película reza “David Sterling Entertainment Presents…”, y eso ya nos da una pista. Estaba deseando ver algo de la factoría de este buen hombre, puesto que parece ser que ha conseguido colocar bastantes títulos de su productora en los videoclubs americanos y, encima, obtener ganancias. Si uno se mete en su web, la primera frase que le salta también es muy reveladora: “You can make a movie too!”. La cita, debajo de la misma, varía según el día: “If Roger Corman had a spiritual son, it would be Dave Sterling”, o “If Roger Corman could, yo can too”. Pues sí, esto va de eso: David Sterling Entertainment produce pelis como roscas –mas de cincuenta, de hecho- directas a dvd (en Almas Oscuras, recientemente, se ha hablado de un par de lanzamientos suyos, Frankenstein Rising y H1N1: Virus X. No sólo eso: el tipo da cursos de cómo rodar una película con sólo 10.000 $ o menos – ¡y gana dinero! -, añade el eslogan de los seminarios).

A mí, personalmente, este tipo de propuestas me encantan. No sé qué hay en estas empresas que facturan pelis que copian descaramente a otras, pero me resultan atractivas. Debe ser algún bajo instinto, lo obsceno de no enmascarar un engaño, o algo similar. Pero lo cierto es que una película que fusila el argumento de otra de un modo tan explícito me parece una propuesta gamberra y cafre. A fin de cuentas, hay veces en que el argumento es sólo una excusa para llegar a los momentos divertidos (o sea, las escenas de terror), y cuanto antes se lo despachen, mejor.

Este, desde luego, no es el caso de Deadly Little Christmas. Ya se avanzaba al principio: los diálogos son de lo peorcito. No es sólo que sean descriptivos hasta decir basta, sino que pueden llegar a contarte la misma información hasta en cuatro ocasiones (a la tercera ya nos damos por informados de que Taylor y Noel están marcadas por el suceso trágico de sus infancias). Eso de saltarse lo que ya hemos visto, aquí no funciona. Si el policía, por ejemplo, tiene que informar a la madre, Mary, primero, y a las hijas, Taylor y Noel, después, de que su hermano se ha escapado del hospital, lo hace, y nosotros lo vemos, y la música acentúa el momento de pánico que deben sentir estas chicas ante tamaña noticia… a pesar de ser la segunda vez que nos lo cuentan –aparte, claro, del hecho de que hemos visto cómo Devin se escapa-.

Los crímenes de la película son bastante flojos. Es decir, como no se intenta crear ningún tipo de tensión, aquí el asunto se limita a personajes que van quedándose solos, oyen un ruido –normalmente; otras, vemos acercarse directamente al asesino enmascarado- contrastan que no es nada y mueren un segundo después. Todos con un cuchillo. Curiosamente, salvo en la escena inicial, en el resto de asesinatos nunca se ven las heridas. Y digo una cosa: para cómo se ven en el prólogo, hechas con látex de tienda de disfraces, casi mejor no enseñarlas. El resto, sangre, que siempre empieza a brotar después de un cambio de plano.

La sensación constante que acompaña al visionado de la película es la de que tres colegas se han juntado con una cámara y otros tantos colegas y han grabado el guión que uno de ellos tenía guardado en el armario de cuando estaba en el instituto. Pero sin retocarlo, para que no pierda frescura. Por tanto, es legítimo preguntarse: ¿se puede disfrutar con esto? Para mí, desde luego, sí. Lo primero y primordial: olvidarse de que es una película. Hay que tomársela como un video que te han pasado unos amigos para que veas a lo que dedicaron la última noche. Y, lo segundo, recrearse en algunos de los hallazgos, que los hay. Vale, soy consciente de que este comentario es demasiado indulgente, pero ya me he descubierto antes: me pueden este tipo de propuestas. Y hay algunos detalles divertidos, no sé si a conciencia o de casualidad. Por ejemplo, en un momento de la película, Noel ha hablado con su hermana sobre una caja que hay en el sótano de la casa, y cuando va a buscarla… aquello no es un sótano, y no se toman la molestia de no disimularlo; hubiera sido fácil cambiar la palabra sótano por “lavadero” o “alacena”, pero un sótano da más miedo. O los créditos: son como los de las películas porno, pero en vez de mostrarte entre nombre y nombre una escena sexual, te muestra un crimen de los que están por venir. La máscara del asesino, por otro lado, no está mal del todo.

… la pena es que, a estas alturas, está más que demostrado que con el dinero del que disponían para hacer Deadly Little Christmas se pueden ofrecer productos dignos. Ya no buenos, pero no sonrojantes. Y Deadly Little Christmas está muuuuuy lejos de esto. Intenta guardarse un as en la manga para el final, buscando una sensación de “no estaba tan mal”, pero es de estas veces en las que, al repensar en trayecto, se ven muchas más incongruencias de las que habías notado a primera vista. También es cierto que tampoco importa demasiado: es sólo un agujero más en un tejido lleno de agujeros.

Lo mejor: Los créditos, por ejemplo.

Lo peor: Como película, realmente es muy mala.

Lake Mungo

En aguas melancólicas

Lake_Mungo_Review

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  • Título original: Lake Mungo
  • Nacionalidad: Australia | Año: 2008
  • Director: Joel Anderson
  • Guión: Joel Anderson
  • Intérpretes: Talia Zucker, David Pledger, Rosie Traynor
  • Argumento: 2005. Vísperas del día de Navidad. Alice y su familia están de excursión en una presa. Cualquier alegría se trunca cuando la joven no regresa del agua. Sin embargo, la familia Palmer aun no ha pasado lo peor. Algo de Alice vaga tristemente por su cuarto.

70 |100

Estrellas: 4

Entramos de lleno en la cuarta edición del After Dark Festival con Lake Mungo. Como todos sabréis, el After Dark es una “festival” norteamericano que comienza este próximo viernes 29 de Enero. No es un festival al estilo tradicional, digamos que básicamente es una distribución de ocho películas independientes de terror y de muy diversas nacionalidades. De tal forma, que se promueve su proyección en cines (solo en Estados Unidos), así como la distribución internacional en DVD. Una loable labor que año tras año va mejorando (a la vez que cobra más relevancia en los medios), aunque la calidad de las cintas muchas veces esté por debajo de lo esperado. Pero no olvidemos que hablamos de cine independiente siempre realizado con medios limitados y, cuando menos, este After Dark 2010 debería ser alabado por su intencionalidad y copiado en el resto de países del globo.

Por nuestra parte, podéis encontrar más noticias y reseñas relacionadas con estas distribuciones independientes, en la parte derecha de vuestro navegador, así como el resumen de la edición del año pasado en este link: After Dark Festival 2009

Para esta ocasión tenemos un falso documental, quizá más conocidos como “Mocumenataries” (otra muestra paralela de este estilo sería The poughkeepsie tapes la cual no he tenido el gusto de ver), desde el país de los canguros y koalas. A pesar de su procedencia, no esperéis una obra al estilo Braindead ó Undead, todo lo contrario. Se podría decir, que más que antes un film de terror estamos antes un drama con ligeros toques sobrenaturales. No esperéis sangre, ni sustos fáciles, ni acción. En los puntos álgidos del metraje, como mucho, sentiréis un escalofrío en la columna vertebral provocado por la inquietud de algunas imágenes así como por la tristeza general que emanan los ambientes, los paisajes y las miradas de los personajes de la opera prima del prometedor Joel Anderson, que previamente solo había rodado, en 2002, un desconocido corto llamado “The Rotting Woman”.

Enciendo el televisor, emiten en antena un documental sobre los Palmer. Una clásica familia media australiana, envuelta en unas circunstancias nada normales.

En las vísperas de Navidad la familia Palmer disfruta de una mañana de relax a los pies de una presa cercana a su casa cuando, y casi de forma imperceptible, la hija pequeña desaparece en las aguas del lago. Russel (David Pledger), June (Rosie Traynor) quedan destrozados por la perdida de su hija. Su bella, amable y algo callada Alice. Su hermano Mathew (Martin Sharpe) no se queda menos afectado, no puede entender la muerte de su hermana pequeña. Catorce años, la flor de la vida y las tranquilas aguas de la presa se la han llevado sigilosamente.

La desaparición de su hija parece que solo fue la punta del iceberg. Al poco tiempo, en la casa de la familia se empiezan a registrar fenómenos paranormales, todos ellos, asociados con Alice: su imagen borrosa en una foto, sueños que atormentan continuamente a su madre, ruidos sordos en la habitación de la muchacha, una figura femenina en grabaciones caseras de video. El documental narra, con cierta parsimonia, la investigación de dichos fenómenos. Recurriendo a sus propios medios e incluso a la ayuda de un psíquico de cierto renombre en Australia: Ray Kemeny (Steve Jodrell), los Palmer van averiguando hechos sobre su pequeña, que lejos de aclarar las causas de ahogamiento, les llevan a hundirse en el pequeño y siniestro mundo de secretos adolescentes de Alice.

Apago la televisión y me quedo unos minutos en silencio, cuestionándome la veracidad de las imágenes ofrecidas en pantalla. Siendo un escéptico me cuesta aceptar la parte sobrenatural de la historia. Pero quitando los típicos efectismos de documental directo para el cable, me siento perturbado por lo que he visto. Al fin y al cabo el pequeño mundo interior de una chica de catorce años puede ser más inquietante que cualquier cara de Bélmez ó avistamiento OVNI. De todos modos, y desechando los cabos sueltos, me alegra que los Palmer encuentren el consuelo de conocerse y sentirse más unidos, a través de la muerte de su hija y sus supuestos mensajes desde la muerte.

Este último párrafo sería el que hubiese escrito de no haber sabido que Lake Mungo es una película de ficción. Y es que lo primero que destaca es el cuidado que se ha puesto para recrear un documental cualquiera que podrías visualizar en tu cadena favorita del cable. De hecho el título de la película esta tomado del lago que realmente existe en Nueva Gales del Sur, Australia. Y es, además, este lago Mungo el catalizador de toda la historia, introduciendo su incidencia en la trama de una forma natural y elegante, que será del agrado de la mayoría (de hecho hasta casi el final de la película os preguntareis porque decidieron llamarla de esta manera).

Destacable la actuación de todos los actores, especialmente la falsa familia Palmer, que roza la perfección. Un trabajo de expresividad facial muy por encima de a lo que nos tiene acostumbrado Hollywood. Y las pausas en los testimonios que nos ofrecen, hacen patente el mimo del director por su primera producción. Comparado con los histerismos de Monstruoso, resulta relajante poder ver una cinta, que sin histrionismo, nos intenta contar algo aterrador a la par que realista.

En este punto es cuando yo empiezo a encontrar algunas pegas a la recreación de un documental al uso. Por un lado, pequeños defectos que restan inmersión a la experiencia. Es inevitable que estas pequeñas fallas ambientales destaquen más de lo deseado puesto que desde que pulsamos “play” sabemos que no estamos ante un verdadero reportaje. Estos fallos, para mi, han sido el uso de efectos de sonido y músicas demasiado “sobresaltantes” para unas escenas que, como bien podréis imaginar, invitaban a lo reflexivo más que a saltar del sofá. Si juntamos a lo fácil de la parte sonora, en algunos casos, con la edición más propia de una película tradicional que de una crónica televisiva; tenemos como resultado ese deterioro en la recreación del falso documental. Reconozco que tal vez solo sean manías mías, porque todas las imágenes, actuaciones, fotografía e iluminación son muy naturales y de hecho, ese realismo, me lleva a la parte más negativa de Lake Mungo, como cinta de terror.

¿Un documental es terrorífico? ¿De verdad alguien se ha asustado delante de Cuarto Milenio? Supongo que mi declarado escepticismo es el encargado de sesgar mi opinión, pero yo creo que la cinta que nos ocupa es solo un drama (intenso, eso sí) con elementos sobrenaturales ejerciendo de catalizadores para el desarrollo argumental. Más desasosiego me causó una grabación sobre cierta “afición” de Alice, que todas sus apariciones ultraterrenas. La pega que tiene el tratamiento de filtrar, con la subjetiva realidad, toda una historia de fantasmas es que, a mi parecer, pierde mucha intensidad. Y como las grabaciones y fotografías que se muestran con elementos sobrenaturales son muy realistas y se presentan con la fría formalidad de un reportero, me resultó imposible dejarme llevar por esa parte de la historia. Una muestra que marca lo mejor y lo peor en este aspecto: la fiesta grabada con móvil en el lago Mungo: Inquieta ligeramente, pero es tan oscura, difusa y “real” que no consiguió llegarme de forma alguna.

¿Por qué tiene entonces una valoración tan elevada?

El drama. Cuando la película está en su punto medio, comencé a oír al señor aburrimiento picando el timbre; ahora, cuando me quise dar cuenta el argumento había tomado unos tintes más oscuros y melancólicos de lo que podía imaginar. “Alice tenía un secreto y es que tenía secretos”. Gran frase que resume la melancolía a la que me refería y que funciona como piedra de toque para el desarrollo de todos los personajes del falso documental. No quiero ahondar en este tema más de lo necesario porque es la gran sorpresa del film y lo que creo le está dando la buena y justa fama labrada en la red. Pero el desarrollo de los sentimientos de cada personaje, que se produce delante de la cámara por su relación con Alice, y ese pequeño mundo oculto que poseía, es lo más logrado del film. Natural, profundo, real. Un dramón con mayúsculas en muchas de las confesiones de June, la madre de la Alice. Sobresaliente en la faceta que más han trabajado los autores de Lake Mungo. Habrá que estar atento a la trayectoria de Joel Anderson, porque tanto como director, como guionista, destaca por una efectividad impropia en un principiante.

Y de estos preceptos parte mi más sincera recomendación para aquellos espectadores que estén interesados en un drama emocional con tintes paranormales alejada relativamente de efectismos “fáciles” tipo Actividad Paranormal ó Monstruoso. Pero hay que ser muy conscientes de que el ritmo corresponde a un reportaje para la pequeña pantalla, no existe apenas acción.

Que nadie se decepcione ni se aburra si esperaba encontrarse un Posesión Infernal 4. Avisados estáis. A este respecto, que el poster usado para esta reseña no os lleve a engaño. Existen otros posters más aocrdes con la verdadera naturaleza de Lake Mungo

La verdad es que el After Dark 2010 está empezando con buen pie en Almas Oscuras, esperemos que no baje la calidad en el resto de películas que están pendientes. De momento y tomándose una piña colada a orillas del lago Mungo, se despide vuestro corresponsal de lo sobrenatural…Bob.

Lo mejor: Lograda recreación de un documental y el escalofrío triste que nos recorre continuamente en su tramo final.

Lo peor: Detalles sonoros impropios de un documental y demasiado efectistas. Si quieres ver terror esta no es la película adecuada.

¿Dónde conseguirla?
Gore Nation: “Lake Mungo” en VOSE.

The Canyon

Pongamos todo de nuestra parte para que las cosas salgan mal...

The Canyon

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  • Título original: The Canyon
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Richard Harrah
  • Guión: Steve Allrich
  • Intérpretes: Yvonne Strahovski, Will Patton, Eion Bailey
  • Argumento: Una pareja de jóvenes recién casados se ve atrapada en la inmensidad del Gran Cañón del Colorado.

54 |100

Estrellas: 3

Ya sea un ejército de aves intentando acabar con nosotros a picotazos (Los Pájaros, 1963), la actitud rencorosa y vengativa de la fauna de un bosque australiano (Largo fin de semana, 1978) o un extraño virus de origen vegetal que nos aboca al suicidio colectivo (El Incidente, 2008), lo cierto es que el cine de terror siempre ha sido un buen aliado de la madre naturaleza a la hora de devolvernos (como seres humanos) parte del daño y el deterioro que llevamos causándole durante cientos de años.

Sin embargo, los medios de autodefensa empleados por la naturaleza no siempre han sido tan sofisticados como los mencionados en el párrafo anterior. En muchas ocasiones no ha necesitado ni de plagas de carácter bíblico, ni de animales airados, ni de vegetales furiosos para preservar su propia integridad. Le ha bastado (y sobrado) con un único elemento a su favor: la desbordante estupidez del ser humano.

Lori y Nick son una joven pareja de recién casados que, en lugar de pasar la luna de miel en una isla paradisíaca y alojarse en un lujoso hotel rodeado de palmeras, campos de mini golf y buffets libres, deciden que es el momento oportuno en sus vidas para descubrir juntos, subidos a lomos de sendas mulas, la inmensidad del Cañón del Colorado.

No tardarán demasiado tiempo en arrepentirse de su decisión. Permisos burocráticos, un guía clandestino aficionado al alcohol y a contar batallitas de juventud, un terreno hostil siempre dispuesto a ponerles las cosas difíciles y una manada de lobos hambrientos que verán en nuestros protagonistas la promesa de un suculento banquete como hace tiempo que no han degustado.

Es habitual en el survival contar con la indolencia, la despreocupación o el descuido de los protagonistas para justificar, en cierto modo, el colocarlos en una determinada situación de peligro o el convertirlos en víctimas propicias de una determinada amenaza.
Por lo general es algo que aceptamos como parte del juego. Sin embargo debemos apreciar ciertos grados o niveles de negligencia. O para que nos entendamos: no es lo mismo tomar la decisión de bajar al interior de un gruta creyendo que no has sido el primero en hacerlo (The Descent, 2005), o plantarle cara a una pandilla de adolescentes que le faltan el respeto a tu chica (Eden Lake, 2008), que el cúmulo de errores y estupideces cometidas, una tras otra, por la pareja protagonista de The Cayon.

Estupidez Humana (Parte 1): No seré yo quien le ponga trabas a la idea supuestamente romántica de casarte a espaldas de la familia para, acto seguido, decidir pasar la luna de miel en el interior del Gran Cañón. Pero lo que está claro es que un poco de previsión tampoco les hubiera ido nada mal a nuestra parejita.

Bajar hasta las entrañas del Gran Cañón no parece que vaya a ser una tarea sencilla. Lógicamente existen controles, medidas de seguridad, unas normas que hay que cumplir y unos permisos que se deben adquirir en el momento preciso.

Los protagonistas de The Canyon ignoran por completo todo este tipo de cuestiones y se limitan a tirar por el camino más recto: ignorar todo el papeleo, todas las medidas de seguridad, y hacerse con los servicios de un guía clandestino… lo cual nos lleva, directamente al segundo punto del día.

Estupidez Humana (Parte 2): Ponerse en manos de un viejo guía clandestino, aficionado (muy aficionado) a la bebida, que asegura tener en su poder un par de permisos en regla. Por supuesto, a nuestra entrañable pareja protagonista en ningún momento se les ocurre pedirle al guía que les muestre el mencionado par de permisos.

Estupidez Humana (Parte 3): Las cosas se han puesto feas, muy feas. Y en un desesperado intento por lograr cobertura para el teléfono móvil, ambos deciden escalar un montaña sin tener ni puñetera idea de cómo hacerlo. ¿El resultado? Lo dejo a vuestra imaginación…

De todo este panorama descrito hasta el momento se deriva una consecuencia básica: en ningún momento nos creemos a los personajes. Y en esta ocasión no es un problema de los actores (en realidad, el rol de protagonista femenina desempeñado por Yvonne Strahovski, es uno de los aspectos más destacables de The Canyon), sino que se trata de un obstáculo derivado del guión. Los protagonistas de The Canyon llegan a tomar decisiones tan ilógicas, tan en contra de su propio beneficio o su propia seguridad, que cuesta muchísimo trabajo compartir su sufrimiento o ser partícipes de su dolor.

Otro de los problemas de The Canyon obecede a la incapacidad de Richard Harrah, su director, de mantener una intensidad regular durante toda la narración. De esta manera, junto a secuencias que Harrah resuelve de manera espléndida, dotándolas de unas meritorias dosis de intensidad y dramatismo (ver la secuencia del accidente que sufre uno de los protagonistas y las consecuencias inmediatas que se derivan del mismo), coexisten otras en las que la película pierde gran parte de su energía y empuje de manera alarmante (ver la secuencia del ataque de los lobos. Más que lobos hambrientos en busca de su presa, parecen tiernos corderitos extraviados buscando el camino de regreso a la granja).

En lado positivo, las bellísimas estampas de un, a su vez, desafiante Cañón del Colorado, y la actuación de Yvonne Strahovski en el papel de la desafortunada recién casada que en un momento dado se ve obligada a coger las riendas de la situación.

Por desgracia, Harrah no logra en ningún momento decantar la balanza a su favor; y si en algún instante está a punto de conseguirlo, la secuencia final de The Canyon acaba poniendo las cosas en su sitio. Lo que nos lleva a la Estupidez Humana (Parte 4… en esta ocasión cometida, no por los protagonistas de la película, sino por su guionista y director): El final de The Canyon es idéntico al final de una de las mejores películas de terror del 2007. Y no me estoy refiriendo a un final cualquiera… en absoluto. Me estoy refiriendo a uno de los finales más comentados y polémicos de los últimos años. Un final que The Canyon se limita a fusilar sin miramientos. Una auténtica lástima.

Lo mejor: ¿Por qué un aprobado justo? Sigue siendo un survival. Hombre contra naturaleza. Y sigo siendo un incondicional del subgénero.

Lo peor: Los protagonistas actúan, demasiado a menudo, de manera totalmente ilógica y en contra de sus propios intereses.

Nine Miles Down

El diablo es una preciosa mujer rubia...¿ó no?

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  • Título original: El diablo es una preciosa mujer rubia...¿ó no?
  • Nacionalidad: Uk-Usa-Australia | Año: 2009
  • Director: Anthony Waller
  • Guión: Everett De Roche, Anthony Waller
  • Intérpretes: Adrian Paul, Kate Nauta, Meredith Ostrom
  • Argumento: Jack, un encargado de seguridad es enviado a investigar una explotación de gas abandonada. Su sorpresa es encontrarse allí una bella mujer como única superviviente de algo desastroso, algo surgido del fondo de la tierra capaz de corromper el alma de Jack.

60 |100

Estrellas: 3

Supongo que no es la mejor manera de empezar una reseña, pero he de reconocer lo mucho que me ha costado empezar a escribir sobre Nine Miles Down desde que la vi. Principalmente por dos motivos:
Es complicado reseñar una película que basa todo su argumento en la trampa y en el engaño constante al espectador, y no me refiero al estilo de películas intensas como Triangle, si no todo lo contrario. Es decir, no estamos ante un guión elaborado, si no más bien frente al continuo juego de saber si el protagonista de la historia esta viendo la realidad ó todo está en su cabeza. Por nombrar un ejemplo famoso (y tomándome alguna licencia), podría decirse que estamos ante La Escalera de Jacob de serie B.
Además, como segundo motivo, la película resulta decepcionante en ciertos aspectos porque si todo se trataba de resolver el caos mental que tiene su protagonista, en un sentido blanco ó en un sentido negro, lo hace pero con bastante poca elegancia y unas lagunas arguméntales que resultan demasiado evidentes para una historia lineal y de trampa fácil. Así que quería dejar pasar un tiempo para calmar el estupor mental que me habían provocado dichas lagunas tan evitables.

Con lo cual no sabía como abordar esta reseña, sin desvelar nada del guión, puesto que la película acabaría por perder cualquier interés para aquel minimamente interesado. E insisto en este aspecto, porque aunque Nine Miles Down tenga los defectos comentados más arriba; no deja de enganchar por su corta duración, una eficaz protagonista femenina y la incertidumbre clásica de: “será una paranoia ó será todo verdad”. Amén de unos efectos visuales muy logrados y ese saborcillo bizarro que deja la mezcla de algunas escenas muy bien hiladas con otros momentos que rozan el patetismo más descarado. Por lo que desecharla como basura no es algo tan inmediato.

Si este film te interesa por la razón que sea, igual sería más conveniente que en este punto dejes de leer y pases directamente a su visionado. Procuraré no desvelar el final, para mi algo previsible y decepcionante, y centrarme solo en los elementos cinematográficos; pero que conste que todo el misterio de esta co-producción británico-norteamericano-australiana es el desenlace de la historia, y este es muy sencillo de intuir a mitad de película por mucho que su director se empeñe en lo contrario.

Thomas “Jack” Jackman (Adrian Paul) es un agente de la GNE (una agencia de seguridad auspiciada por estados unidos) cuya zona de patrulla en el Sahara comprende una plataforma de estudio y extracción de gas, es enviado a estas mismas instalaciones para investigar la falta de transmisiones por parte de los científicos encargados de la explotación.
La sorpresa de Jack es mayúscula cuando, bajo una fuerte tormenta de arena, llega por fin a su destino y encuentra la nave principal totalmente desierta. Parece que hace días que nadie pisa la instalación. El ambiente es ominoso, el viento y la arena golpean a los edificios acentuando la sensación de soledad y desamparo. Los investigadores que habían erigido la plataforma de extracción se han esfumando solo dejando sus huellas, documentos, videos y…*un chacal destripado en una habitación tapizada con palabras en árabe escritas con sangre*. ¿Algún tributo delirante por parte de operarios musulmanes supersticiosos? No en vano, la perforación en busca de la mena de gas a nueve millas bajo tierra estuvo envuelta en cierta polémica desde el principio, debido a las fuertes supercherías locales sobre genios ó djinns aguardando su venganza contra la humanidad, favoritos de Alá, en el infierno bajo la tierra.

Un poco perturbado, Jack se ve atrapado por la noche y la tormenta en las instalaciones abandonadas. Intentando quitarse de encima esa sensación de ser observado, se acuesta; pero su sueño es inquieto. El incansable rugir del viento penetran en su mente trayéndole dolorosos recuerdos de su mujer y de sus hijos muertos.

La mañana siguiente le depara a Jack más sorpresas. Investigando un barracón independiente observa muestras de presencia humana recientes. Al poco, la doctora Jennie Christianson (Kate Nauta), una rubia despampanante y sobrada de carisma, aparece casi por arte de magia. Para Jack algo no encaja, investigadores desaparecidos, una mujer misteriosa y mucha desolación en el solitario desierto. Sin embargo, su situación toma un giro aun más macabro, cuando Jennie (ó JC como gusta que la llamen) le descubre el cuerpo muerto del jefe de la plataforma y el de otros científicos. Según la doctora, algo volvió loco a sus compañeros convirtiéndolos en peligrosos paranoicos que acabaron matándose unos a otros. Y es ahora cuando Jack tiene un verdadero problema, debe esperar refuerzos mientras sigue analizando la situación sobre el terreno. La verdad que JC sería una compañía femenina más que agradable si no fuese por las crecientes sospechas que el experto en seguridad esta sintiendo crecer dentro de el. Faltan muchas piezas en el puzzle y parece que JC las oculta todas. Es bella, es sexy, es peligrosa y la mente de Jack no puede dejar de imaginar cosas diabólicas sobre ella…cosas que poco a poco se van volviendo más reales.

Como ya he comentado, la película es muy muy tramposa. Tampoco es de extrañar tratando el meollo del asunto en el descenso a la locura y la paranoia del protagonista por el castigo mental que le inflinge la satánicamente hermosa Kate Nauta. Alrededor de esta dualidad girará todo el libreto de Nine Miles Down, ¿es JC el señor de las tinieblas? Obviamente en una cinta con esta premisa es necesario sobre todo tener buenos actores protagonistas. La gran parte del metraje se centra en la plataforma abandonada y los procesos mentales que afligen a Jack. Mientras que el protagonista masculino flojea un poco, a mi entender, ya que es un actor “rocoso”; Kate Nauta (conocida por su papel en Tranpsorter 2 y su reciente aparición en la e-serie Fear Clinic con el gran Robert Englund) lo hace bastante bien. Su elección me ha parecido de lo más acertado. Ningún hombre dudará de que posee un cuerpo y un rostro que invitan al pecado. Además, en determinados momentos, donde se necesitaba mostrar a una mujer vulnerable y sensible; ella lo hace a las mil maravillas, llegando a volver tan loco a Jack como al espectador. Fijaos en los detalles de su actuación (y no solo en sus curvas) y veréis que existe un trabajo muy estudiado en la dirección artística. Ya os digo, si el diablo se disfrazase de mujer, elegiría la figura de esta joven actriz.

No quiero con todo esto desmerecer la actuación de Adrian Paul, existen escenas muy intensas (como el momento cuando sus infinitos reflejos de dos espejos enfrentados le invitan al suicidio) donde consigue estar a la altura, pero este hombre curtido en la TV (la serie Higlander) y que a alguno os sonará por sus papel en Lost Colony y sus apariciones en la WWF (el mayor espectáculo de lucha libre norteamericano); no acaba de ser un actor muy expresivo y los entresijos mentales que vive su personaje pierden algo de realismo dada su interpretación oligofrénica.

Otro de los aspectos que comentaba es la extraña mezcla de momentos muy logrados con otras escenas que podrían pasar por el típico telefilm de las cuatro de la tarde, esos que invitan a echarse una larga siesta. Sin entrar en detalles puntuales, diría que esto se produce por la dirección a tirones de Anthony Waller, director también de Un hombre lobo americano en Paris. Igual que en el remake/secuela (¿?) de la clásica película de John Landis (y que todos deberíais haber visto), Nine Miles Down tiene un ritmo desacompasado que hace que escenas con una alta carga de tensión ó emotividad emocional se queden en una especie de sketch. Por ejemplo, las secuencias de contenido sexual quedan muy sosas debido a la planificación de las mismas así como a la música elegida para estos momentos.

Esto me lleva a otro punto importante: Muy mala la banda sonora, mal escogida y con unos tintes corales ó arábigos, que de tan facilotes resultan molestos. Creo que algo más minimalista hubiese ayudado a crear atmósfera junto al sonido del viento que debería ser omnipresente.

Y es que no puedes evitar reírte ante la presentación de los hechos con ciertas ambientaciones, más si cabe cuando dentro de la historia narrada se presentan tantos fallos motivacionales. Esto es extremadamente visible en la escena que más le habrá picado en el ojo a más de uno que haya visto el trailer. Cuando Jennie totalmente “desmelenada” le prepara una rica cenita a Jack, vestida solo con un delantal rojo. De verdad que cuesta pensar una motivación argumental para esta escena más allá de mostrar a Kate Nauta de dicha guisa (ante lo cual yo no tengo ninguna queja). Irremediablemente estos vacíos en el guión acaban por mermar la credibilidad de lo que vemos. Y ni siquiera el deterioro de la salud mental del protagonista puede presentarse como excusa para ciertos juegos que se permite el director, y también guionista junto a Everett de Roche, con el espectador. La película no consigue la suficiente complicidad como para perdonar estos errores (y eso que no he hablado de ciertos “bugs” que empequeñecen esta producción) y ahí radica su mayor debilidad.

Como nota curiosa, añadir que Everett de Roche es el autor del guión de Visitors. Otra película que narra el descenso en picado a los abismos de la locura, provocados por la soledad, de una mujer empeñada en dar la vuelta al mundo en un velero. Cinta, que dicho sea de paso es muy recomendable aunque podamos establecer muchos paralelismos con la película que estamos abordando.

Tampoco es todo malo, recalco de nuevo lo bien que están tratados los arrebatos de locura de Jack, potenciados por la actuación de la señorita Nauta y el uso de efectos visuales muy logrados, que consiguen ponernos nerviosos con ajustados recursos.

Otro detalle que me gusto fue la fotografía y el diseño de localizaciones. Resulta que el film está rodado en Hungría, y aquí tenemos la magia del cine en estado puro. En todo momento sentiremos el peso del desierto y el aislamiento de las naves abandonadas, reforzado con una fotografía austera y seca que parece sacada directamente de las producciones de lo noventa directas a videoclub. Me venía a la cabeza todo el rato Proteus del experto en FX Bob Keen, muy infravalorada y cuyo visionado recomiendo como complemento al de Nine Miles Down.

Si tuviera que poner en una balanza todos los pros y los contra de esta película no tengo claro que la nota que le este dando sea justa. Tal vez debería ser inferior, pero el resultado final no es del todo desagradable (obviando gustos personales por la conclusión que tiene la historia) puesto que el desarrollo se sigue con facilidad resultando entretenido plantearte si el pobre Jack esta como una regadera ó la Dra. JC es la enviada de Lucifer (yo he probado a ofrecerle mi alma pero todavía no ha aparecido para reclamarla, tch!). No esperéis nada del otro mundo pero si podéis ser no muy rigurosos durante ochenta minutos, no vais a perder nada viéndola. Tal vez personas más serias puedan darle una lectura psicológica más profunda y disfrutarla bastante, a la par que personas muy cachondas sabrán ver toda la comicidad de la película y echarse unas buenas risas. Yo, por mi parte, me quedo con la intensidad de Kate Nuta y el alarmante desarrollo de mi adicción a las actrices rubias…¡¡Y yo qué pensé que nunca tendría nada en común con Hitchcock!!

Lo mejor: Lo acertado del tratamiento visual de la locura y Kate Nauta que no es solo una cara bonita.

Lo peor: La explicación final no me gustó, fallos arguméntales demasiado obvios y lo chabacano de ciertas escenas.

Hermandad de Sangre

Un trabajo duro

Hermandad de sangre

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  • Título original: Sorority Row
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Stewart Hendler
  • Guión: Josh Stolberg y Pete Goldfinger.
  • Intérpretes: Leah Pipes, Briana Evigan, Rumer Willis.
  • Argumento: Una chica de una hermandad muere por culpa de una broma que le gastan sus amigas. Éstas, esconden el cadáver, confiando en que nunca nadie se entere de lo que han hecho. Pero, ocho meses después, comienzan a ser asesinadas...

50 |100

Estrellas: 3

Jessica (Leah Pipes) encabeza la Theta Pi, una hermandad de chicas cuyas integrantes más cercanas son Cassie (Briana Evigan), Chugs (Margo Harsham), Ellie (Rumer Willis), Claire (Jamie Chung) y Megan (Audrina Patridge). En realidad, son amigas porque están en la misma hermandad, no porque se caigan bien: entre ellas son bastante cabronas. Por eso, cuando Megan fallece por culpa de una broma que las demás quieren gastarle al hermano de Chugs, deciden tirar su cuerpo a un pozo y fingir que nada ha pasado. Incluso, en el discurso de inauguración del año escolar, Jess se permite dedicar unas palabras de cariño para su “hermana” Megan desaparecida. Pero, ocho meses después, todas reciben un mensaje en su móvil que hace referencia a esa noche, y empiezan a morir, una a una, durante la fiesta de la hermandad…

Bien, una película como esta apenas resiste una crítica. No hay nada original en ella, el suspense brilla por su ausencia, es bastante ilógica y, si no supieras el título, prácticamente nada del aspecto técnico te haría pensar –salvo los asesinatos- que estás viendo una película de terror: fotografía, montaje o sonido son, más bien, los de una comedia estudiantil americana.

Está claro que los tiempos han cambiado, y los slasher que funcionan en este siglo XXI han discurrido por derroteros casi nihilistas (por ejemplo Laid to Rest, de Robert Hall, 2009, que podría ser la absoluta estilización a nivel argumental) o han buscado argumentos inteligentes e interesantes que se mantengan por sí solos al margen del subgénero (Colinas Sangrientas, de Dave Parker, 2009). En la tesitura de ver en qué se apoyaría el slasher actual, Hermandad de Sangre se presenta como un alocado, fresco, videoclipero, sangriento –a ratos- y sexy juguete pensado con calculadora para atraer a jóvenes de no más de veinte, veintipocos años, al cine… y a “jóvenes” de cualquier edad con ganas de divertirse y, sobre todo, comprobar qué jodida se ha vuelto la vida para los pycho killers.

El Slasher inocente
John Carpenter firma en 1978 La Noche de Halloween, una película de poco presupuesto que pulsa las teclas adecuadas y enseña, durante una hora y media, una pesadilla que la mente adulta de la época quería evitar a toda costa y que, a fuerza de reprimir, había contagiado a los jóvenes: qué les puede pasar a los adolescentes cuando no están presentes los mayores. Tesis propia de una mente proteccionista, La Noche de Halloween y los consiguientes slasher que con ella arrancaron –y que hoy día siguen llegando a nuestras pantallas, por suerte-, desde mi punto de vista, se basan en ese miedo terrible a no estar allí para proteger a los menores queridos; o en el menor querido, que se siente desvalido sin la presencia de un adulto. A todos los niveles, además: los padres no solo temían a una catástrofe que pudiera terminar en muerte, sino también al sexo o a las drogas. Realmente, era un subgénero bastante irreverente: matar adolescentes, un asesino que no respeta la autoridad vigente –polis y demás no sirven para detenerlo- y que irrumpe en la intimidad de una sociedad acomodada –normalmente, representada por el adosado típico americano, o elementos creados para el ocio, como los campamentos de verano-, donde los padres dejaban a (se desentendían de) sus hijos.

La saga de Scream verbaliza y teoriza esta idea, restringiéndola: el sexo, la virginidad, y su relación con la supervivencia ante un psicópata, poniendo el acento en que el sexo era algo que los padres de los ochenta temían que sus hijos practicaran, probablemente, por lo que ellos habían hecho, a su vez, cuando eran adolescentes. Era una mentalidad culpable pero, aunque es un tópico hablar de ello a estas alturas, lo cierto es que acertó al plantear que aquel era un tipo de terror que, inconscientemente, se amoldaba a la perfección con el miedo que existía en la población del momento: Viernes 13 para con los campamentos de verano y lo que a los chicos podía hacer en ellos durante quince días sin la supervisión de sus padres, o Prom Night y lo que harían los adolescentes en esas locas fiestas de fin de curso…

En 1983, Mark Rosman rueda 7 Mujeres Atrapadas (The House on Sorority Row), y plantea la historia de siete chicas de una hermandad que se quedan unos días después del comienzo de las vacaciones en la casa de estudiantes a la que pertenecen y organiza una fiesta con chicos. Lo mismo: era el temor de los padres a que sus hijos, en las hermandades universitarias, tuvieran acceso a todo el desenfreno –sexo, alcohol y drogas- que ellos les prohibían; y de los hijos, a que sus padres descubrieran que, efectivamente, tenían dicho acceso. 7 Mujeres Atrapadas no es ninguna maravilla pero es correcta, apañadita y tiene una gran escena en el sótano de la casa con una pelota (escena que tiene un leve guiño en el reciente remake, pero sin pelota).

Michael Myers perdido en el siglo XXI
2009 y, veinte años después, se estrena el remake de la película de Mark Rosman. Pero las cosas han cambiado mucho. Por un lado, hay más permisividad social con respecto al sexo (¿seguro?) y, por otro, si algo caracteriza este siglo XXI es que todo está estudiado y analizado. El slasher que funciona se ha desligado de esas teorías del miedo de los años ochenta y ha discurrido por otros derroteros. La saga Scream ha desvelado algunos secretos del terror al gran público y todos nos hemos reído de la ingenuidad de aquellas películas, algo que me gusta: si nos reimos, es porque las comprendemos. Si las comprendemos es porque tenían razón en algún planteamiento. Pero lo cierto es que, hoy en día, sería terrible ver a un asesino condenando los pecados “morales” de los adolescentes de Física o Química, por ejemplo. No daría abasto, el pobre. Y nosotros lo odiaríamos: ha desaparecido parte de la culpabilidad de nuestra psique, algo que hacía atractivo el hecho de la persecución por parte del malo: pensabas que la sociedad te condenaría si descubría lo que hacías. Las víctimas eran unos rebeldes; el sexo, una rebeldía. La adolescencia, en sí, una época a la que sobrevivir y salir triunfante, en la medidad de lo posible, escapando de Michael Myers. .

Hermandad de Sangre se sitúa en pleno siglo XXI, siendo consciente de ello. La panda de jóvenes que son asediados por el psicópata de turno no tiene, desde luego, ningún tipo de conflicto con el sexo. Lo disfrutan y lo exhiben, de hecho. Sus problemas son otros: Chugs sufre trastornos alimenticios, a Ellie sólo la quieren sus amigas por sus apuntes de clase, Jessi ve su estancia en la hermandad como un paso más en una posible carrrera política… El hombre es un lobo para el hombre, desde luego, viene como anillo al dedo para este fresco de virtudes que presenta la película. Por eso, el énfasis en la misma está puesto no tanto en la supervivencia sino en la lucha. Aquí, el más cabrón es el que vive, y da igual que sea una de las víctimas o el asesino. De hecho, la identidad y motivaciones del mismo, cuando son desveladas, están bastante acordes con este caos. El lema de la hermandad, Confianza, honor, respeto, solidaridad y discreción, está claro, desde el primer momento, que es sólo una enumeración de palabras vacías, por mucho que haya algún intento de darle trascendencia. *Es muy reveladora la frase con la que amenaza la gran Carrie Fisher, encargada del hogar de la hermandad, al psicópata: “estoy perfectamente preparada, llevo treinta años dirigiendo una casa llena de zorras.”

Debido a este ritmo de lucha, de batalla, como si se tratara, salvando las insalvables distancias, de un slasher dirigido por James Cameron, los crímenes que impactan, lo hacen por lo repentino, no por el miedo o el clima creado hasta llegar a él. Ya se ha dicho, el clima es algo de lo que, prácticamente, Hermandad de Sangre se olvida. Por el contrario, hay diálogos picados, divertidos y ocurrentes.

Realmente, no tengo ni idea de si este es el camino, si es que en este época no hay una clara identidad generacional o si, el hecho de estudiarlo y analizarlo todo, nos impide ver qué con claridad un elemento característico. El caso es que, como intento –que acierte o no tampoco me importó demasiado-, Hermandad de Sangre es válida –ya que no me atrevería a decir que lo es como película. Pero por sus planteamientos y la diversión, se merece aprobar en una valoración global. Eso sí, no valía la pena pagar derechos en concepto de remake: salvo el homenaje a la escena del sótano, la existencia de una ama de la casa en ambas películas, y de un pequeño guiño al bastón que ésta lleva en la original –y que aquí aparece en una escena-, prácticamente nada remite de la una a la otra.

Si la sociedad actual es como aquí se plantea, Hermandad de Sangre sería el manual perfecto que le pondrían a los alumnos de una escuela de asesinos psicópatas para que aprendieran a qué van a enfrentarse.

Lo mejor: Que sí ríe de sí misma, y nosotros con ella.

Lo peor: ¿Seguro que querían hacer una película de terror, aunque haya asesinatos?

Forget me not

Intentaré hacerlo

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  • Título original: Forget me not
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Tyler Oliver
  • Guión: Tyler Oliver, Jamie Stern
  • Intérpretes: Carly Schroeder, Cody Linley, Brie Gabrielle
  • Argumento: Después de su graduación un grupo de amigos decide jugar, en el cementerio local, al juego de "te atrapa el fantasma". Lo que nunca imaginaron es que se convertiría en realidad.

50 |100

Estrellas: 2

¿Qué pasa si mezclas a jóvenes y guapos actores, curtidos en las series de televisión norteamericanas más estomagantes, con maldiciones fantasmales? Pues que tenemos la película de terror adolescente prototípica para esa nueva generación crecida al abrigo de Hannah Montana y las gemelas Olsen. Bienvenidos al reino de los cuerpos perfectos y los cerebros de todo a cien. Pasen, vean, rían y lloren con Forget me not (No me olvides).

De toda la vida me ha gustado este subgénero del terror por lo poco exigente que es y, sobre todo, por ver guapos adolescentes americanos siendo torturados de una forma u otra. Siempre he sentido que la realidad para un joven en un instituto está tan lejos de lo presentado en los Destino Final , que ver una película de estas características me parece un ejercicio de humor macabro bien sano. Si además los resultados son satisfactorios a nivel de FX, actuaciones, guión y, especialmente, humillaciones para los personajes arquetípicos que desfilan por pantalla; pues mucho mejor.

¿Qué tiene entonces que ofrecer Forget me not en este terreno? En el lado positivo contamos con ciertos detalles bien construidos, en concreto la línea argumental que aúna el terror “teen” con maldiciones fantasmagóricas, muy al estilo de las películas orientales de reciente cuño como La Maldición ó One Missed Call; línea que a pesar de no ser muy original tiene un puntito que llega a interesar al espectador. En el lado negativo tenemos unos personajes que van a provocar extrema vergüenza ajena en el 95% de los visionados, así como una desgana narrativa y una dirección anodina que quizá se pueda perdonar por ser la opera prima de su director, Tyler Oliver.

Entonces ubiquémonos y averigüemos un poco de lo que sucede a los jóvenes más guapos, salvajes y divertidos de una pequeña ciudad estadounidense:

Sandy (Carly Schroeder) y su hermano Eli (Cody Linley) por fin han terminado la secundaria y se han graduado. Un futuro de juergas interminables les espera como universitarios. Pero, ¿quién les impide ir calentando motores antes de que empiece el verano? Junto con los amigos de toda la vida, deciden dar una fiesta por todo lo alto: alcohol, trikinis, marihuana, sexo adolescente y nada de grasa.
Bien borrachos y no menos calientes, los jóvenes amigos de Sandy tienen la original idea de jugar a un juego en el cementerio de la ciudad. El juego de los fantasmas. Las chicas, convenientemente asustadas para que sus gallitos las achuchen, acceden picaras a dicho juego. Entre risillas y magreos se dirigen en sus cochazos, comprados por papa, al camposanto.
Ya en el cementerio, una vieja amiga huerfana de Sandy que reside en el orfanato cercano, quiere unirse al juego. Aunque la chica es un poco rara, como también es muy atractiva la dejan jugar sin problemas. El juego consiste en que uno de los chicos hace de fantasma y va pillando uno a uno a los otros jugadores que se pasan a su bando. El último que queda sin pillar es el que gana. Vamos, el típico juego del recreo para niños de doce años, pero jugado en un cementerio por pre-universitarios. ¡Un bravo por el futuro de los EEUU!
A todo esto, la amiga rara llamada Angela, sufre una ida de cabeza y se lanza por un precipicio delante de Sandy acusándola de olvidar. Y es que algo se cocía entre ellas dos. Algo que, al haberlo olvidado Sandy, provoca que el juego fantasmal se haga realidad.
A partir de esa noche, una fuerza sobrenatural vengativa se va llevando a todos los participantes en el juego. Los chicos desaparecidos se llevan consigo todo rastro de su existencia. Es decir, si los fantasmas se te llevan, pasas a engrosar sus filas y todo recuerdo de ti se borra en el mundo de los vivos.
Solo Sandy se acuerda de los amigos desaparecidos pero nadie la cree. Su única opción es desenmarañar poco a poco su pasado si quiere acudir a la universidad y poder ingresar en una de esas fraternidades famosas por sus fiestas.

Tópicos, tópicos y más tópicos. No quiero hacer mucha sangre con este tema porque es algo que el aficionado al terror sublima en pro de visionar las cintas de su género favorito sin darse mucho mal, pero…¡Dios mío, vaya hartazgo de clichés! Como español de treinta y pocos, no puedo dejar de sentir un distanciamiento abismal con Forget me not, tanto cultural como mental (algo que no me ha impedido disfrutar otras películas “teen”). Dejé la adolescencia hace mucho tiempo pero aun así soy capaz de disfrutar de las chorradas más adolescentes que te puedas echar a la cara. Siempre, claro, que tengan algo especial (ó al menos eso quiero pensar para no darme cuenta de que soy un poco gañan). En el caso de esta película, me vi superado totalmente. Los personajes son tan vomitivos, tan estupidos, tan norteamericanos; que superaron mi resistencia a este tipo de cine. Ni siquiera las peripecias que viven me llegaron a divertir (más que tenían que haber sufrido). Para resumirlo, solo tenemos gallitos y gallinitas durante más de hora y media. Una vez metidos en la trama terrorífica, parece que la protagonista se aleje un poco de los clichés de joven calentorra; pero el resto son unos completos gilipollas (muy guapos, eso sí) todo el metraje. Atención a esta perlita: ¿Quieres conseguir alcohol en una tienda y eres menor de edad? Lanza a tu amiga la tetona a que le haga una felación al dependiente mientras vosotros robáis una botellita del rico Jack Daniels. ¿Hacía falta tirarse a un tio con cara de lelo para conseguir unas copitas? Sin paños calientes. Mi abuela diría que esa chica es un poco ligera de cascos, yo no se que decir directamente.

Una vez superado el mal trago de unos personajes arquetípicos capaz de poner nervioso a un muerto (no me extraña que los persigan los fantasmas) podemos empezar a vislumbrar más detalles de la película. Ligados a los caracteres están los actores, toda una caterva de niñatos guapos que vienen de la televisión estadounidense. Pues, la verdad, no se si por extremo grado de afinidad con sus personajes, pero los muchachos no lo hacen mal. Aunque, con esto que he dicho, no se si les estoy haciendo un cumplido ó insultándolos directamente.
En cuanto al diseño de los fantasmas, surge una cuestión que me choco en cierta medida. Los espíritus resultan a veces cutres y con un aspecto que cuesta tomarse en serio (máscaras + CGI de campaña = resultón pero nada más), lo curioso es que el final de la película (sin mucha vuelta de tuerca) desvela porque tienen esas pintas de llevar disfraces de saldo. Un acierto es el uso de movimientos espasmódicos en su deambular, obviamente robado de las películas orientales de horror. Lo que falla estrepitosamente es el ritmo de sus apariciones: predecibles y provocando muertes del montón, sin nada de tensión. No es que estén mal, es que son algo visto cientos de veces.

Otro detalle, y esto ya tiene que ver con el guión, es que cuando un personaje muere; automáticamente su existencia desaparece de la memoria del mundo, incluso cambiando (ligeramente) el transcurso de los acontecimientos pasados. Algo que está muy bien pensado y que podría habernos proporcionado buenos momentos si se hubiese tratado con más profundidad y con más sosiego. Da pena ver como ese concepto se desaprovecha en pro de seguir con más muertes y jovencitos dando vueltas a diálogos que no llevan a ninguna parte. Se hace patente en seguida que el objetivo de Forget me not es satisfacer a adolescentes de una forma directa y, para ello, mejor no meterse en metafísica. Así mismo, el guión (firmado por el director y otro desconocido, llamado Jaime Stern) hace aguas en cuanto al desarrollo de la historia. Muy lineal y con falta de elegancia para presentar, por ejemplo, la razón de que el juego fantasmal se haga realidad. Nada que no podamos encontrar en cualquier otro DVD de videoclub, además sin pizca de ironía, la cual hubiese funcionado fenomenal con unos personajes tan planos.

El resto de la producción pasa por una normalidad aplastante dentro de su contexto de cinta de entretenimiento para gente joven: Una fotografía discreta, una banda sonora que nos regala de vez en cuando temas muy “cools” y un montaje algo chusco pero que al menos aporta ritmo a la película.

He de reconocer que su nota sube si te dejas llevar por la morbosidad de ver a caracteres tan patéticos haciendo el ridículo y gritando cuando aparecen los consabidos espectros. De lo mejor, es ver al ridículo hermano de Sandy contando como le gustaría ser pirata (sí sí, de los de parche y loro) en cuanto tiene ocasión. Con eso consigue que cuando llega su hora te alegres oscura y cruelmente. También podrá resultar apetecible a aquellos que quieran ver muchachitos y chavalitas de cuerpos perfectos, haciendo el golfo (en vez de comprarte el Primera Línea pues le echas un tiento a Forget me not) Si tampoco has visto muchas películas de terror y todavía no pasas de los veinticinco pues podrás transigir con la falta de cariño hacia el espectador que tiene este film (y que pese a lo que pueda parecer es apto para mayores de catorce años).

Al que busque algo más que cuerpos bonitos y sonrisas brillantes en una trama de dudoso valor como divertimento pero no quiera renunciar al espírtu American Teenager….os toca esperar a otra ocasión, ¿tal vez Scream 4? Ya se que los protagonistas de Scream están creciditos, pero sigue siendo terror adolescente ¿no?

Lo mejor: Dejarse llevar por el morbo y disfrutar viendo el sufrimiento de los protagonistas.

Lo peor: Con creces, los personajes estupidos y creidos.