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Hanger

La penúltima perversión de Ryan Nicholson

Hanger

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  • Título original: Hanger
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Ryan Nicholson
  • Guión: Ryan Nicholson
  • Intérpretes: Dan Ellis, Nathan Dashwood, Debbie Rochon
  • Argumento: Tras cumplir 18 años y en compañía de The John, su presunto padre, Hanger está dispuesto a vengarse del proxeneta que asesinó a su madre, obligándola a abortar con la ayuda de una afilada percha.

29 |100

Estrellas: 2

Me gustaría dedicarle la reseña al amigo Carde, que sé que estaba esperándola. Saludos Carde.

Hay algo que no acaba de funcionar entre Ryan Nicholson, director de Hanger, y un servidor. Estoy casi seguro de que no es problema del “guarrete” de Ryan (espero que no se moleste por llamarle “guarrete”. Está dicho desde el cariño. Y a fin de cuentas a un tipo que ha arrojado tanta inmundicia sobre la pantalla de mi televisor, el apelativo más suave que se me ocurre dedicarle es el de “guarrete”). Creo sinceramente que Ryan Nicholson es un muchacho honesto. Tiene muy clara su idea de lo que debe ser el cine (un enorme container de basura en el que verter cuanta más mierda mejor) y, sencillamente, la lleva a cabo hasta sus últimas consecuencias.

Hanger nace prematuramente cuando Leroy, un psicópata proxeneta, obliga a Rose, su madre, una desdichada prostituta a la que nadie quiere follarse a causa de su enorme barriga, a abortar de manera digamos “poco higiénica” y con una afilada percha de por medio.

Al cumplir 18 años y tras ser criado en las calles por un homeless que le recogió del vertedero siendo un bebé, Hanger es entregado a The John, un tipo realmente duro que antaño estuvo enamorado de su madre y que, presumiblemente, es su verdadero padre. Juntos iniciarán una escalada de violencia con el objetivo de vengarse de Leroy.

Debería gustarme. Sé que debería gustarme. Si alguien me hablara de un tipo que se dedica a agarrar una cámara de cine con la única pretensión de poner en imágenes toda la mugre, la roña, la desviación, la perversión y la enfermedad que se esconde tras su mente, saltándose a la torera todos los límites morales, estéticos y de buen gusto que podamos imaginar; muy probablemente mi reacción sería del tipo: “Perfecto… quiero conocer a ese tipo. Quiero ver sus películas. Me gustaría saber hasta dónde es capaz de llegar…”.

Porque en realidad da la sensación de que Ryan Nicholson ha llegado a un punto en el que, lo único que parece motivarle, es superarse a sí mismo en cuanto a los niveles de putrefacción y pestilencia que desprende su cine. Y ahí es donde radica, precisamente, esa honestidad de la que os hablaba al principio. Para superarse a sí mismo Ryan no dudará en quemarte las pelotas, meterte un bolo por el culo, o adornar tu taza de té con un condimente muy especial (algo que podréis ver en Hanger y que resulta, sencillamente, repugnante).

Pero entonces, ¿por qué me ha resultado tan decepcionante una película como Hanger? Es sucia, depravada, enfermiza, de un rotundo mal gusto… Tiene un buen número de escenas de esas que es necesario ver un par de veces para acabar creyéndotelas (ver la secuencia del aborto). Y sin embargo mi sensación final fue muy similar a la que tuve tras el visionado de Gutterballs: aquí hay algo que no funciona.

Rodada con una acuciante escasez de medios y con una estética cercana al underground, Hanger se nutre de una cuadrilla de personajes indeseables (caracterizados con deformes máscaras de látex. A destacar la presencia de un chino consumidor compulsivo de cerveza, pornografía y fetichista de cierto complemento femenino que no pienso desvelaros), diálogos a cual más ofensivo, unas gotas de sexo guarro y, sobre todo, de esos tour de forces que son todo un homenaje a la decadencia y al mal gusto.

El gran problema de Hanger es que, vista como un todo, como un conjunto, resulta, en muchos momentos, tediosa y cansina. Es obvio que Ryan Nicholson empuja tanto a la historia, como a los personajes y los diálogos, hacia los límites de la estupidez más absoluta. La clave está en dilucidar si se trata de ese tipo de estupidez susceptible de resultar graciosa y entretenida (ver Black Devil Doll) o si, por el contrario, se trata de ese otro tipo de estupidez que no tiene ni puñetera gracia.
Por supuesto la respuesta será siempre subjetiva. Personalmente me decanto por la segunda opción: los excesos de Hanger, no me hicieron gracia.

El patetismo de todas y cada una de las situaciones que se describen en la película, unido a la escasa simpatía que despiertan todos sus protagonistas (desafortunadísimo el personaje de Hanger, que se limita a pasearse por la película con la capucha puesta y a enseñar su fea cara de vez en cuando), provocaron que la película no alcanzara en ningún momento ese puntito de interés o de atractivo que lograra engancharme a su trama.

Al contemplar la obra perpetrada por Ryan Nicholson no puedo evitar el recuerdo de las viejas producciones de la troma (atención, Lloyd Kaufman, principal cabeza visible de la Troma, tiene un pequeño cameo al inicio de Hanger), o de títulos del calibre de Street Trash o Slime City Massacre (Despedezator, 1988), películas todas ellas que, en muchas ocasiones, también constituían un auténtico tributo a la cutrez, el asco y el mal gusto, y con las que gocé buena parte de mi “extraña” adolescencia. Hanger consiguió rememorarme aquel tipo de cine que perseguía con ahínco en los rincones más oscuros y corrompidos del video-club…; el problema es que, con Hanger, la diversión experimentada con aquellas viejas películas desaparece sin dejar rastro, se esfuma (es muy probable que, en realidad, el que se está haciendo viejo sea un servidor).

Con todo esto supongo que ya habréis adivinado que Hanger no me gustó. No pude o no supe disfrutarla. Sin embargo, y tal como hice en su momento con Gutterballs, sí voy a recomendarla a todos aquellos aficionados que se sientan capaces de apreciar un producto grotesco y alejado de las normas convencionales del cine, cercano al underground, que hace de la degradación, la grima y la arcada sus principales señas de identidad. Ryan Nicholson intentará provocaros con su cine; si lo consigue y entráis en su juego, seguramente Ryan Nicholson será vuestro hombre.
Personalmente he visto dos de sus películas, y ninguna de ellas me ha convencido. Pero me conozco, y sé perfectamente que la próxima vez que lea “Ryan Nicholson se supera a sí mismo en su nueva película”, acabaré cayendo en la tentación (¿falta de buen juicio por mi parte? ¿o simple estupidez?).
Definitivamente hay algo que no acaba de funcionar entre Ryan Nicholson y un servidor, pero eso no significa que no siga intentando sacar a flote esta maravillosa/desastrosa relación de amor/odio que nos une.

Lo mejor: Lo de siempre, algunas escenas ni siquiera acabas de creértelas.

Lo peor: El conjunto de la película resulta aburrido y carente de interés.

No morire sola

La versión argentina del rape & revenge

No moriré sola

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  • Título original: No moriré sola
  • Nacionalidad: Argentina | Año: 2008
  • Director: Adrián García Bogliano
  • Guión: Adrián García Bogliano y Ramiro García Bogliano
  • Intérpretes: Marisol Tur, Gimena Besa, Andrea Duarte
  • Argumento: Cuatro chicas, de regreso a su pueblo natal, presencian en la un crimen que involucra a un grupo de lo que parecen ser cazadores furtivos. Tras ser sometidas y humilladas, clamarán venganza.

57 |100

Estrellas: 3

El argentino Adrián García Bogliano, tras sorprendernos gratamente a muchos con Habitaciones para Turistas, un sugerente retroslasher de ínfimo presupuesto pero excelentes maneras, vuelve a las andadas con su última película, No moriré sola, título plenamente adscrito al rape & revenge (violación y venganza), subgénero exploit que causó furor en la Norteamérica de los 70.

Cuatro jóvenes amigas emprenden una travesía por carreteras secundarias. Durante una aparentemente tranquila jornada de viaje encuentran tirada en la cuneta el cuerpo moribundo de una muchacha, con su vestido empapado en sangre.

Tras una breve deliberación, las cuatro amigas deciden subirla al auto y llevarla hasta la comisaría de policía más cercana. Una de las cuatro amigas identifica a lo que parece ser un grupo de cazadores furtivos muy cerca del lugar donde encontraron a la chica herida.

No Moriré Sola sigue, al pie de la letra, los esquemas más básicos y rígidos del rape & revenge, a través de un desarrollo que es un fiel reflejo de lo ofrecido por películas exponentes del subgénero como son La Última Casa a la Izquierda (Last House of the Left, 1972) o La Violencia del Sexo (I Spit on your Grave, 1978).

Degradación sexual, violencia, venganza y muerte en dos únicos actos.
Un primer acto que nos muestra la aniquilación de todo aquello que resulte bello, inocente, virginal, puro… En el caso que nos ocupa, cuatro inocentes jovencitas expuestas a una irascible combinación de sexo enfermizo y violencia gráfica.

Un segundo acto en el que los papeles se invierten. Cazadores cazados. Agresores que pasan a ser víctimas, y víctimas que emprenden una travesía de sangre y muerte empujadas por una irrefrenable sed de venganza.

Este vendría a ser el esquema básico de todo buen rape & revenge. Y esto es también todo lo que está dispuesta a ofrecernos una película como No Moriré Sola. Ni más, ni menos.

Llegados a este punto lo único que nos queda es analizar los méritos propios de la película de Adrián García Bogliano, más allá de la constatación de que cualquier aficionado que conozca mínimamente el subgénero sabrá perfectamente lo que le deparará No Moriré Sola incluso antes de que surjan en la pantalla los títulos de crédito iniciales.

Tras un arranque tituveante, lastrado por un ritmo lento y unos diálogos difíciles de percibir (las actrices, en determinados momentos, murmuran sus líneas de diálogos, complicando severamente su audición), No moriré sola se pone el mono de trabajo y nos muestra uno de los puntos álgidos de la función: cuatro chicas completamente desnudas en mitad de un bosque y a merced de una pandilla de desalmados y psicópatas dispuestos a ultrajarlas, humillarlas, golpearlas y, finalmente, violarlas. La secuencia es dura, salvaje. Me disponía a compararla con secuencias afines de películas que todos conocemos (p.ej La última casa a la izquierda), pero me parece una maniobra inncesaria (ya lo hice en su día con Chaos, de David DeFalco, y dudo mucho que fuera una decisión acertada por mi parte). Se mire por dónde se mire, y se compare con quien se la quiera comparar, se trata de una secuencia realmente incómoda, desagradable, dolorosa y explícita (aunque en un grado mucho menor que la mencionada Chaos… sic, finalmente lo he hecho). Al menos a un servidor siempre le han parecido más difíciles de sorportar este tipo de secuencias que contemplar por enésima vez al zombi de turno dándose un festín con los intestinos del pobre desgraciado que ha caído en sus manos (o en sus mandíbulas, para ser más exactos).

Tras el dolor, el sufrimiento y la deshonra, llega el turno de la rabia desatada y la necesidad vital de venganza. Y con ellas nos adentramos directamente en el segundo acto de No Moriré Sola. Un ajuste de cuentas que cumple, de nuevo, con las directrices del rape & revenge: la venganza llevada a cabo por las víctimas (o por sus familiares más cercanos) sobre sus agresores, superará (o al menos lo intentará) el nivel de brutalidad y violencia de las embestidas precedentes.

Como podéis observar no hay absolutamente nada remotamente nuevo en lo que nos cuenta No Moriré Sola. Es una revisitación casi académica del rape & revenge norteamericano. ¿Vale la pena, entonces, darle una oportunidad?
Dependerá en gran medida de vuestro interés en el subgénero en cuestión. Si os considerais unos buenos aficionados al rape & revenge (violación y venganza), la película de Adrián García Bogliano ofrece alicientes de sobras para darle una oportunidad. Unas actuaciones convincentes, una magnífica fotografía de texturas gastadas y tonalidades ocres que nos retrotrae al cine de horror USA de los 70, unas dosis más que suficientes de violencia gráfica (sin exagerar), algunas secuencias realmente salvajes (la violación) y, en definitiva, la oportunidad de recuperar un subgénero que durante el año todavía en curso parece haber recobrado nuevos bríos tras permanecer durante muchos años en el olvido.

¿Y qué ocurre con todos aquellos a los que el subgénero de violación y venganza no os resulta excesivamente atractivo?, probablemente vuestra mejor opción sea prescindir de No Moriré Sola.

Lo mejor: Es una muestra muy digna del subgénero rape & revenge.

Lo peor: no aporta absolutamente nada nuevo.

TerrorVision

Monstruos ochenteros en tu antena parabólica

Terrorvision

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  • Título original: TerrorVision
  • Nacionalidad: USA | Año: 1986
  • Director: Ted Nicolau
  • Guión: Ted Nicolau
  • Intérpretes: Chad Allen, Diane Franklin, Jennifer Richards
  • Argumento: En el planeta Plutón, desintegran y convierten en un rayo de energía a un violento alienígena que cae, por error, en la antena parabólica de los Putterman, en el planeta tierra.

60 |100

Estrellas: 3

TerrorVision forma parte de esas pelis que veía de pequeño en las estanterías del videoclub y cuyas portadas me maravillaban y aterraban a partes iguales. En esta, en concreto, se advertía en la contraportada que era de terror y humor, pero ni por esas me dejaban alquilarla mis padres. Con el paso de los años, me he dado cuenta de que gran parte de esas pelis eran de Empire Pictures, la productora de Charles Band y su tropa durante la segunda mitad de los años ochenta. Tras la quiebra, la remozaron como Full Moon Entertainment, tampoco fue bien el asunto, y ahora ha sido reflotada la antigua Empire pero con una producción mucho menos prolífica que en la anterior etapa –y más cuidada, todo hay que decirlo.

No es nada desconocido, desde luego: de Empire salen películas como Re-Animator (Stuart Gordon, 1985), Re-Sonator (From Beyond, Stuart Gordon, 1986) o Dolls (Stuart Gordon, 1987), cuyas calidades varían pero tienen siempre un punto de interés, y otras como Troll (John Carl Buechler, 1986), Ghoulies (Luca Bercovici, 1985) o esta misma TerrorVision, películas que no le recomendarías a nadie que no sepa disfrutar con ellas. Porque, ¡ay!…

…decir que TerrorVision es una buena película es muy arriesgado. Está claro que no aprueba si se la somete a un examen sesudo y académico, que es cutre y que su guión avanza –o no- por una lógica caótica y contraria a cualquier interés narrativo. Pero, por esa regla de tres, nos perderíamos un divertimento tan fabuloso e irreverente. Porque, por encima de sus limitaciones, TerrorVision es entrañable, lo mismo que Troll o Ghoulies. Desde el principio dicen abiertamente qué tipo de pelicula vas a ver, no engañan a nadie. Convierten sus limitaciones en virtud, para bien y para mal.

El punto de partida es tan disparatado que, si lo aceptas, estás en sus manos. En la planta de residuos tóxicos de Plutón, un oficial alienígena convierte en rayo cósmico a un bicho parecido a un cúmulo de albóndigas en lata –más adelante descubriremos que era una adorable mascota, pero de una especie que muta violentamente de vez en cuando- y lo lanza al espacio. El rayo rebota como una pelota de pingball en varios planetas, y va a caer en la antena parabólica de la casa de los Putterman, una “típica” familia americana; a saber: Stanley (Gerrit Graham), el padre y Raquel (Mary Woronov), la madre, están a punto de salir a un club de intercambio de parejas, su hija mayor, Suzy (Diane Franklin) también está a punto de irse, pero con su novio heavy rebelde de los ochenta, y el hijo pequeño, Sherman (Chad Allen) se quedará en casa con el abuelo (sin nombre en la película, Bert Remsen), quien le da lecciones básicas de supervivencia… y tiene un arsenal armamentístico en su bunker. La llegada del rayo con el alien a la antena provoca que la televisión del hogar, que hasta ese momento no sintonizaba nada, comience a funcionar, pero convirtiéndose en el canal a través del que entra y sale el terrible alienígena cada vez que se dispone a devorar a un miembro de esta familia. Por supuesto, los primeros en verlos son el hijo pequeño y el abuelo, y nadie les creerá, ni siquiera Medusa (Jennifer Richards), la presentadora de un programa de películas de terror que pide a sus espectadores que le llamen para contarle sus pesadillas.

En TerrorVision están todos los elementos que han explotado los productos de Empire Pictures. Sí, parece ridículo calificar de “autorial” a una productora así, pero lo cierto es que han repetido algunos patrones en sus películas, y no creo que se deba a falta de imaginación, puesto que en cada proyecto han servido para una cosa distinta: familias disfuncionales, deformidades físicas –el catálogo de amputaciones y muñones de Empire es enorme- y la solidaridad entre frikis. En TerrorVision no hay ninguna crítica a la estructura familiar convencional, como si puede haberla en Dolls o Troll, pero los Putterman parecen haber sido diseñados como el único entorno en el alienígena tiene suerte de haber caído. Así, en el tramo final, se produce una escena hilarante cuando Suzy y Sherman, los dos hijos del matrimonio, intentan enseñar al monstruo algunas palabras, como sus nombres o “comida”. Por otra parte, la deformidad física del monstruo –tiene un ojo no desarrollado del todo, por lo que usa el otro y un tercer ojo en un apéndice o rabo- pudiera ser el origen de su forma de comerse a los humanos: los absorbe, de la misma manera que La Cosa de John Carpenter los sintetiza, o el Leviathan de George P. Cosmatos. Ese mismo año, Re-Sonator dio un paso de gigante en esta dirección y, tres años después, esta idea, copiada o no, fue desarrollada al máximo en Society (1989), de Brian Yuzna, otro de los integrantes de Empire Pictures. Y, finalmente, la solidaridad entre seres socialmente marginados –estamos en los ochenta, los frikis aún no estaban bien vistos-: los Putterman, como familia, no se critican a sí mismos ni se condenan más allá de los roces de la convivencia. No sólo eso: la única persona dispuesta a dar un mínimo de credibilidad a la historia del alienígena acaba siendo Medusa, la presentadora del programa. El alien albóndiga parece estar a punto de integrarse en un ambiente que siente como suyo –recordemos que era una adorable mascota hasta que su naturaleza se reveló violenta y fue desterrado de su planeta-, pero Suzy cree poder rentabilizarle, y esa “traición” a la solidaridad friki tiene que castigarse. Por encima de la película, esto parece ser una proclama de Empire Pictures: aquí estamos y así somos, unos cafres a contracorriente, pero dispuestos a seguir adelante, pese a todo.

Casual o intencionadamente, consciente o inconscientemente, hay miga detrás de TerrorVision, y eso me parece un mérito, aunque su ejecución sea errática. Y lo cierto es que no importa que se descodifiquen o no sus supuestos signficados: aquí de lo que se trata es de divertirse durante ochenta minutos. Rodada íntegramente en un plató –la casa de los Putterman– del que nunca se sale, sin camuflar demasiado en ningún momento que estamos en un decorado, es relativamente sencillo imaginarse al equipo de la película detrás de cada panel y puerta, supliendo todas las carencias económicas con una energía encomiable, y eso se percibe gratamente en cada minuto de metraje.

Lo mejor: su buen humor y su irreverencia.

Lo peor: es el tipo de película que es, para bien... y para mal.

The Thaw

Eficacia probada

The Thaw

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  • Título original: The Thaw
  • Nacionalidad: Canadá | Año: 2009
  • Director: Mark A. Lewis
  • Guión: Mark A. Lewis, Michael Lewis
  • Intérpretes: Val Kilmer, Kyle Schmid , Martha MacIsaac
  • Argumento: El Dr. Kruipen descubre el cadaver congelado de un mamut en sus investigaciones; y con el algo que podría acabar con la humanidad.

65 |100

Estrellas: 3

The Thaw (también conocida como Frozen) nos muestra como el reputado y controvertido Doctor en Biología David Kruipen, interpretado por Val Kilmer, desentierra por casualidad el cadáver de un mamut, perfectamente conservado bajo el hielo del norte canadiense, en el transcurso de sus investigaciones sobre el cambio climático. Sin embargo, dicho descubrimiento es el principio del fin de la humanidad. Una especie de insectos parasitarios aguardaba congelada la oportunidad de reclamar la tierra, devorando a toda la humanidad. La llegada, a la base de operaciones del Dr. Kruipen, de tres estudiantes y la hija de este parece que solo empeorará la extensión de la infección parasitaria. Demostrándose, una vez más, que el peor enemigo de la raza humana puede ser el propio hombre.

Desde la fría Canadá, y de la mano de un desconocido Mark A. Lewis, llega una clásica película de bichos. Cuando digo bichos me refiero a los insectos, en su concepción más asquerosa y realista: como pequeños parásitos que se arrastran debajo de la piel para depositar sus huevos el calor de las entrañas del receptor. Así que olvidaos de Arac Attack e Infestation y dad la bienvenida a la versión madura y correcta de Están Dentro.

Como se observa en su argumento, tenemos conceptos muy poco novedosos entre las manos: Un descubrimiento bajo el hielo que trae una amenaza mortal para nuestra civilización, una localización aislada con gente atrapada que empieza a sentirse acechada y contagiada por pequeños bichos escurridizos…
Pues que nadie tenga ideas esperanzadoras, porque el desarrollo de la trama se ciñe esencialmente al clasicismo de la historia. Es decir, personajes muy típicos y poco profundos, suspense predecible, pocas vueltas de tuerca, escenas visualmente correctas pero muy formales y un terror poco novedoso, aunque parcialmente efectivo.

Sí que me sorprendieron gratamente, los títulos de crédito iniciales. Estos se abren como videos descargados de Internet y declaraciones tanto reales como falsas, atestiguando el fin del mundo por alguna circunstancia relacionada con el calentamiento global y con mucha información contradictoria. Estos primeros instantes de película se rubrican con un primer plano de una herida infectada por uno de estos escarabajos del pino prehistóricos. Y es esta escena la que promete asco sin fin y escalofríos naciendo en la medula espinal, durante el resto de lo que queda de cinta. Desgraciadamente esto no es así. Las apariciones escabrosas están muy dosificadas. No digo que incorrectamente, porque es obvio que el director quería contar “una historia de gente atrapada”. Sin embargo, casi todas las escenas de sospechas, dudas y conversaciones entre los distintos protagonistas, entre los que no destaca ninguno, a excepción de Val Kilmer…y poquito; se hacen muy aburridas y poco aportan a la historia. Otro film que nos lleva del punto A al B en linea recta y despacito, con alguna escena explicita y repugnante de por medio, que dependiendo de la repulsión que el espectador sienta por los insectos elevará su tensión en mayor ó menor medida.

A mi, fueron estos momentos los que me aportaron algo de alegría. Los adecuados efectos especiales, mezclando CGI y el clásico látex; así como la planificación de tales escenas me parecieron lo más trabajado de The Thaw. Junto con algún bello paisaje canadiense, la fotografía aceptable y la sensación de aislamiento; estos cuatro elementos consiguen levantar una película que podría haberse ahogado en las aguas del telefilm olvidable. A destacar un clásico y gran momento de “amputar para sobrevivir”, sorprendentemente logrado.

Para el final me reservo dos hechos que me dejaron un poco perplejo con respecto a esta producción:

Primero, ¿por qué se vende en algunos foros y páginas, The Thaw, como un alegato en contra de las razones que han provocado el cambio climático? En concreto, el ser humano. Decir que esta película contiene un mensaje ecologista porque debido a la subida de temperatura media en el planeta se deshiela un cadáver de mamut que contiene a los parásitos definitivos…pues me parece una mezcolanza de conceptos poco valida. Me suena a ecologismo de salón que poco hacer por solucionar los problemas reales que el hombre provoca en la naturaleza. Entiendo que pueda ser una percepción personal, pero entiendo el guión de Mark A. Lewis como un divertimento y nada más. La ecología necesita un marco más profundo para invitar a la reflexión. Aunque insisto en que pueda ser mi percepción personal.

Segundo, el giro final que intenta tomar la película vía dar la vuelta a las motivaciones del personaje del Dr. Kruipen. No voy a entrar en detalles por no fastidiaros el visionado de The Thaw; pero basta decir que se trata de un giro poco creíble y de poca calidad; muy usado en los telefilms para justificar su metraje. Tal vez los personajes no daban para más y los actores tampoco permitían mucho juego; pero las situaciones de sospecha, de tensión e indefensión que la constante amenaza de los escarabajos cabroncetes provocan podrían haberse trabajado mejor en lugar de regalarnos un final tan mediocre. Quizás así hubiésemos tenido una película aceptable en lugar de pasable, pero, no nos engañemos, estamos ante una producción modesta.

En definitiva, una propuesta interesante para una tarde tonta. No exige mucho, solo dejarse llevar por los picores que sufriréis cuando los dichosos bichos correteen por la pantalla, y cierta predisposición a ignorar los numerosos fallitos propios de una producción modesta (actores flojos, guión bidimensional, tópicos a go-go).
Moviéndonos en esos parámetros tenemos una cinta eficaz y entretenida que no inventa pero se deja ver.

Lo mejor: Las escenas "protagonizadas" por los insectos

Lo peor: Lo poco que se aleja de los tópicos

Paranormal Activity

Mientras dormías

Paranormal Activity

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  • Título original: Paranormal Activity
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Oren Peli
  • Guión: Oren Peli
  • Intérpretes: Katie Featherston, Micah Sloat
  • Argumento: Micah y Katie son una pareja que, recién mudados a su nueva casa, sospechan que algún tipo de fenómeno paranormal tiene lugar en su hogar mientras duermen. Para intentar averiguar qué sucede, dejarán grabando por la noche en su habitación.

75 |100

Estrellas: 4

Todo el mundo está al corriente del argumento: Micah compra una cámara de video para grabar los sucesos paranormales que tienen lugar en su casa, donde vive con Katie, su novia y, aparentemente, el origen de dichos fenómenos. Lo que sigue, por tanto, es una recopilación de las grabaciones de la pareja, tanto de día como de noche.

Paranormal Activity, primer largometraje de Oren Peli, es una de esas películas que llegan a nuestras pantallas con un exceso de información: lo barata que ha sido, el miedo que da, lo que ha fascinado a personajes como Steven Spielberg… Y, también es cierto, parece que no se puede hablar de ella sin mencionar la película “casera” por excelencia, El Proyecto de la Bruja de Blair.

Ambas películas se estructuran de formas similares: una clara diferencia entre el día y la noche. Durante el día, Micah y Katie hablan de sus fenómenos extraños con una cotidianeidad que deja perplejo y resulta desmitificadora a partes iguales, mientras que los excursionistas incautos que se introducían en el bosque de Maryland eran víctimas de sus nervios y la tensión que acumulaban por los acontecimientos nocturnos. Por la noche, en ambas cintas, tiene lugar el terror.

Aquí acaban las semejanzas entre las dos. Como documental, como testimonio real de los últimos días de vida de un grupo de personas, El Proyecto de la Bruja de Blair era mucho más eficaz aunque, para conseguirlo, se olvidase durante gran parte del metraje de que tenía una historia que contar, centrándose en el conflicto de la convivencia. Paranormal Activity es una película mucho más construida. Puede que Oren Peli haya pregonado a los cuatro vientos que los actores eran nóveles y que las escenas no estaba escritas y se improvisaban sobre la marcha, pero lo cierto es que, lo que como espectador se recibe, es un relato perfectamente estructurado, con una precisión de cirujano, en el que cada suceso es consecuencia del anterior, en una progresión siempre en aumento.* Esto es especialmente significativo en las escenas nocturnas: los ataques del “ente” siempre suben en intensidad y, si alguno es un poco más leve que el anterior, es para desprevenirte y pillarte con las defensas bajas.

Especialmente interesante me parece lo que hace con dos elementos tan típicos de películas sobrenaturales como son la figura del medium y la tabla ouija. El primero no sirve absolutamente para nada, a efectos prácticos. En la película, su primera visita está justificada –y con esto no desvelo nada- para que conozcamos cómo Katie lleva siendo “asediada” por un espíritu desde que era una niña, y la siguiente… bueno, es un poco ridícula, sí, pero divertida si se piensa lo que significa: se supone que estamos ante una película de fantasmas realista, por lo que el medium es, a su vez, una persona más… que se acojona y se larga. Queda un poco mal en el conjunto, pero es un detalle simpático. Lo de la tabla ouija me parece más complicado, y está resuelto con mucha mayor brillantez, desde mi punto de vista. En el momento en que Micah aparece en la casa con ese instrumento –o juego, o lo que sea-, nos tememos lo peor: sesión explicativa de los motivos del espíritu y susto para cerrar la escena. Por suerte, hay un guión –aunque no estuviera totalmente escrito- que ha sembrado ya que Katie no es partidaria de utilizar ese método, por lo que ella y Micah se enfrascan en una discusión y dejan la tabla sola en el salón, delante de la cámara… Lo que sucede es sencillo y eficaz, y zanja el asunto de un modo bastante elegante.

¿Da miedo Paranormal Activity? Yo diría que sí, a pesar de no sufrir especialmente durante su proyección. Con una meticulosidad terrible, Oren Peli parece haber ido escribiendo en una libretita todos los terrores nocturnos que le asediaban de pequeño cuando se metía en la cama, los ha graduado en intensidad de menor a mayor, y los ha dosificado en las noches que refleja la película. Así, es más lo simbólico de las imágenes, lo reconocible de la aparición brusca de una mano de debajo de la cama, por ejemplo –algo que no sucede en la película- que las imágenes en sí. De hecho, a mí me parece una prueba de que en algo acierta
Paranormal Activity el poso que deja. Puede que no fuera terrorífica su proyección, pero al llegar a casa estaba especialmente susceptible a los ruidos del edificio.

El tramo final es, probablemente, el más discutido de la película. Y, quizás, sí que sea lo más discutible de todo. Conforme se acerca el desenlace,
Paranormal Activity quebranta dos leyes que ella misma se ha impuesto, por lo que puede considerarse una traición a su propio espíritu. Primero, hay un momento en que el personaje de Katie dice una frase tranquilizadora en un momento nada relajado. De pronto, se evidencia la construcción, la narrativa cuando, hasta ese momento, ha estado la mar de bien camuflada debajo de la apariencia de “documental”. Nos pone, como espectadores, sobreaviso. Segundo, el mismísimo final. A mí, personalmente, me encantó: a esas alturas de la película, estaba entregado a lo que estaba viendo, y no me importó para nada, pero lo cierto es que lo que hace para cerrar Paranormal Activity es algo que ha estado evitando todo el tiempo, convirtiéndolo, por tanto, en un rasgo de estilo que se salta a la torera en los últimos minutos. La estrategia utilizada es, en cierta manera, la misma que se emplea en el final de The Ring/Ringu (Hideo Nakata, 1988). Resulta tan escalofriante la salida de Sadako de la televisión porque, hasta ese entonces, hemos visto una película barata, sin apenas efectos especiales. Cuando en el último video, Sadako sale del pozo y comienza a acercarse a la cámara, nos autoconvencemos de que es imposible que salga de la tele porque no es ese tipo de película. Y, por tanto, cuando sale, no damos crédito y nuestros ojos se desorbitan. Aunque hay que advertir que nunca veremos cómo es físicamente el espíritu que asedia a Micah y Katie ni nada por el estilo, el final de Paranormal Activity funciona en el mismo sentido que el de The Ring/Ringu.

Lo mejor: La tensión: si se reflejara en un gráfico, sería una línea recta ascendente de 90 grados.

Lo peor: El exceso de información: te han prometido que da tanto miedo que es imposible que, cuando la ves, te dé todo ese miedo.

The House of The Devil

Ojos de corza herida

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  • Título original: The House of The Devil
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Ti West
  • Guión: Ti West
  • Intérpretes: Jocelin Donahue, Tom Noonan, Mary Woronov
  • Argumento: Samantha necesita urgentemente algo de dinero para poder pagar el alquiler. ¿Existe mejor trabajo para una universitaria qué el de canguro?. Una familia de satanistas respoderá esa pregunta en una noche que Sam, no olvidara.

60 |100

Estrellas: 3

A principios de los ochentas, una joven universitaria busca piso. Esta estudiante, Samantha (Jocelin Donahue), parece que encuentra el apartamento ideal, pero sus paupérrimos ahorros no son suficientes para pagar ni el depósito. Con pocos días de margen, busca trabajo con desesperación. Milagrosamente aparece una oferta casi de la nada: Un trabajo, bien remunerado, de niñera en un caserón de estilo victoriano, ubicado en un páramo de las afueras. En la noche que toda la ciudad se prepara para contemplar un eclipse lunar total, Samantha llega a su nuevo trabajo. La sorpresa salta cuando descubre que no se trata de cuidar a un niño, si no a una anciana. Todo parece extraño alrededor de los Ulman (Tom Noonan y Mary Woronov) y su casa; sin embargo la paga es demasiado generosa como para rechazarla. Así comienza la, aparentemente, fácil tarea de la joven. Pero la tensión va envolviendo las paredes del edificio como una mortaja un cadáver, convirtiéndose en una sangrienta noche, que Samantha jamás olvidará…

La película de Ti West viene precedida de buena fama. ¿Es esto realmente merecido? El bueno de Ti dirige, escribe y edita un film que intenta recuperar todos los ingredientes de las producciones sobre sectas satánicas (y lo único adicional que destripo es que esta basada en supuestos hechos reales) de finales de setenta/principios de los ochentas. Aparte de The House of The Devil, la obra más conocida de este director es The Roost. Una película de bajo presupuesto que, también, intentaba homenajear al cine de genero (en su caso a Evil Dead) y a la televisión de medianoche; aunque quedándose a un nivel infinitamente inferior a la cinta que ahora nos ocupa. Con lo cual, ya sabemos que nos vamos a adentrar en la mente de un tipo que adora el cine de terror de serie B de los ochenta, que vivió esa época siendo muy pequeño (nació en 1980) y que sigue siendo bastante novel en el mundo del cine con producciones casposas a sus espaldas. Estos puntos pueden parecer banales pero creo que es importante ubicarse con el autor, en proyectos tan personales como este.

Hay dos factores que destacan enormemente en los fotogramas que iluminan nuestra pantalla: Su ambientación y su protagonista.

La película se ubica en los primeros años de la década de los ochenta, y el ambiente necesario ha sido creado con perfección milimétrica. Pero la obsesión de Ti West por esos años va más allá. Si me hubieran dicho que se había encontrado esta cinta en Beta, entre los estantes polvorientos de algún videoclub de barrio abandonado, me lo hubiera creído inmediatamente. Los títulos de crédito, la banda sonora (que es muy destacable, y esta insertada en las escenas con mucho gusto), la iluminación, el montaje, el vestuario…. Solo poner como pega que los limites presupuestarios se notan en las escasas localizaciones que vemos. Claro que la película se llama La Casa del Diablo; no la gran ciudad y parajes exóticos del diablo.
La atmósfera logradísima entonces, pero ¿qué aporta tanto tributo a esos años hedonistas? Desde mi punto de vista nada. A mi me han gustado bastante los aspectos que he enumerado antes, no obstante, ninguno forma parte integral del desarrollo de The House. Para que me entendáis, es algo que da sabor pero no sustancia. Con lo cual, no pasa de ser un homenaje personal del director a una época que le fascina. Un hecho que sesga brutalmente al espectador en su visionado: ó te unes a la fiesta del revival ó te preparas para hora y media de agonía.

El 95% del metraje se sustenta en la presencia de la guapa Joceline Donahue, mi aspirante favorita a screamqueen 2009. Y para ser sincero, no lo hace nada mal. Esos ojazos marrones transmiten timidez, indefensión que luego se transforma en rabia. Esos delicados rasgos que reflejan emociones internas con transparencia. Una chica preciosa que no te aburres de ver en pantalla. Se nota que me ha encandilado, tanta naturalidad ha derretido mi corazón de hielo. Aunque todo este empalague que sentía por ella se veía frustrado debido a sus compañeros de reparto. Sin hacerlo excesivamente mal, los he visto “excesivamente naturales”. Claro que sus escenas eran siempre breves y con unos diálogos que daban para poco. Obviamente, la dirección artística estaba centrada exclusivamente en Joceline (¡Tu si que sabes Ti!).

Así que tenemos dos puntos bastantes positivos y todavía no hemos entrado en la película en si. Bien, ahora llega lo malo. Tanta fijación con los ochenta y con la atractiva Samantha, dejan al resto de la filmación, un poco vacía. Aun reconociendo que muestra ideas interesantes y juega bien en la creación de una tensión gradual, le veo demasiados agujeros como para ser una película de hondo calado, sobre todo por su final tan típico y previsible. A saber, las escenas con más de un personaje son escasas e intrascendentes, el tiempo donde se acumula tensión y misterio es demasiado largo, explotando todo bruscamente en los últimos quince minutos y dicha explosión se queda en un pequeño petardazo. Es el típico film que vas viendo con expectación a ver por donde dirige sus pasos y finalmente te das cuenta de que te ha llevado al mismo sitio de siempre, por una ruta pintoresca pero poco variada.

En conclusión y volviendo a la pregunta del principio, ¿es merecida la buena fama con la que viene precedida The House of the Devil? No, en mi opinión. Me cuesta ver un valor añadido en una película que directamente calca el cine de genero de hace treinta años. Lo hace bien pero la película es demasiado pasiva, necesitamos poner demasiado de nosotros mismos, y el aficionado curtido ya ha puesto tantas veces que se cansa. La fama cuesta, que se decía en una academia de balie en los ochenta, y Ti West se ha dedicado a darse el gustazo a si mismo. La recomiendo para aquellos que aprecien un terror basado en una leve tensión apenas sugerida y sin prisas, así como los aficionados a los pantalones vaqueros de cintura alta; pero aquellos que busquen intensidad váyanse a otros pastos.

Y preparaos para el inminente estreno de Cabin Fever 2, directa a tu videoclub de la mano de Mr. West. ¿Qué ocurrira?

Lo mejor: La lograda ambientación y la adorable Jocelin Donahue

Lo peor: El vacio tan tremendo que sufre el guión. La película se merecía más esfuerzo en dicho aspecto.

¿Dónde conseguirla?
Gore Nation: “The House of The Devil” en VOSE.

Dread

El poder del Miedo

Dread

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  • Título original: Dread
  • Nacionalidad: USA-Reino Unido | Año: 2009
  • Director: Anthony Di Blasi
  • Guión: Anthony Di Blasi
  • Intérpretes: Jackson Rathbone, Shaun Evans, Hanne Steen
  • Argumento: Tres estudiantes de filosofía que se embarcan en un proyecto audiovisual para la tesis de uno de ellos. Dicho proyecto intentará reflejar de dónde vienen los miedos de la gente, por qué tenemos miedo y cómo podemos enferentarnos a él.

70 |100

Estrellas: 4

Dread

Otro relato corto de los famosos Libros de Sangre de Clive Barker llevado a la gran pantalla, y debut de Anthony Di Blasi detrás de las cámaras. El hombre que se postula como nuevo director para el remake de Hellraiser y otros proyectos de Clive Barker, se enfrenta a la prueba de fuego con Dread y no sale mal parado. Cierto es que nadie mejor que él conoce el universo de Clive Barker, puesto que ya trabajó como productor en otras adaptaciones de Libros de Sangre como The Midnight Meat Train y Book of Blood, pero el trabajo en este largometraje está bastante estudiado.

Dread cuenta la historia de tres estudiantes de filosofía que se embarcan en un proyecto audiovisual para la tesis de uno de ellos. Dicho proyecto intentará reflejar de dónde vienen los miedos de la gente, por qué tenemos miedo y cómo podemos enferentarnos a él, pero lo que empezó como un estudio, como un juego o como un entretenimiento, degenera en situaciones absolutamente límites cuando los entrevistadores son los entrevistados.

De la adaptaciones de Libros de sangre me atrevería a decir que es la que mejor refleja lo que Barker quiso plasmar en papel. A Di Blasi se le ha tachado de oportunista y de intentar estirar un relato que hubiera sido más efectivo como cortometraje (como le sucediera a Grace), pero el resultado final, desde mi punto de vista, es satisfactorio.

En el visionado de Dread podemos difrenciar dos partes (algo que viene siendo una práctica habitual en el terror moderno), una primera parte de presentación de personajes, quizá la parte en la que más falla Di Blasi, ya que su descripción de personajes para ponernos en situación es más bien floja y escasa (realmente casi no sabes quienes son, cómo son o qué relación hay entre ellos) y una segunda parte donde la insana fascinación por parte de Quaid con el miedo arrastra a todos los personajes a la búsqueda del lado más oscuro y perverso del ser humano.

Como mencionaba, es la segunda parte la que que determina el éxito del film. En esta segunda parte la tensión es tremendamente palpable, las reacciones ante el miedo de los demás y el propio tienen su propio proceso: duda, miedo, pánico, pavor y, justo antes de que se haya liberado toda la adrenalina, desesperación, que concluye con la rendición en unos experimentos terriblemente crueles (véase el experimento “vegetariano” de Cheryl o la intensa parte de la bañera con Abbey).

¿Vamos a encontrar gore en Dread? Pues el justo y necesario. Tenemos que tener en cuenta que estamos ante una película de terror psicológico, un terror al propio terror, por lo que las escenas sangrientas no abundan, pero tampoco decepcionan. Desde luego el trabajo de DI Blasi en este aspecto es acertado, ya que si pensamos en Clive Barker automáticamente nos vienen a la cabeza, cenobitas, monstruos, torturas, dolor y mucha sangre; y lo más fácil y efectista hubiera sido abusar un poco más de la hemoglobina para que todo el mundo saliera contento. Sin embargo, si nos enfrentamos a un dolor emocional, toda la carga de la película la tienen los actores y sus interpretaciones, y ahí es donde vienen de nuevo las pegas: el fichaje de Jackson Rathbone (más conocido por su papel del sosísimo Jasper Cullen en la saga Crepúsculo) para interpretar a Stephen. Bien, su actuación es una de las más inexpresivas que he visto en mucho tiempo (entiendo que puede ser un reclamo comercial para la película, pero es que este tío lo único que hace es abrir exegeradamente sus inmensos ojos sin pestañear y permanecer inmóvil, es como un árbol con dos grandes ojos…) y teniendo en cuenta que su actuación debería ser básica para el buen desarrollo del film, el resultado, amiguitos, es que si no te interesa mucho el tema, la primera parte de la película se hace lenta y algo pesada.

En algún momento del post he hablado de experimentos por lo que se nos puede venir a la mente Saw y sus pruebas; de hecho en algún momento yo sí pensé en la saga, pero a un nivel totalmente diferente: el hecho de enfrentarnos a nuestros miedos de manera forzada me parece un argumento suficientemente interesante y sólido como para obviar pequeñas cositas que en la película no andan muy finas.

Personalmente este tema me apasiona por lo que a mí no me molestó la primera parte de la película en absoluto. Además la atmósfera es sucia (que siempre se agradece) y percibes con claridad que la historia va degradándose más y más a medida que avanza el visionado, por lo que recomiendo Dread para pasar un buen rato acompañados y luego tratar el tema en una interesante discusión (¡que sin duda tendreis!).

Lo mejor: el tema en sí,el cara a cara con el miedo de los personajes y el apoteósico final.

Lo peor: puede ser algo tediosa si el tema no te llama la atención especialmente y la "actuación" de Jackson Rathbone (y no digo que no lo intente... pero no lo consigue).

¿Dónde conseguirla?
Gorenation: “Dread” en VOSE.

Hidden

Incapaz de "ocultar" el truco

Hidden

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  • Título original: Skujlt
  • Nacionalidad: Noruega | Año: 2009
  • Director: Pal Oie
  • Guión: Pal Oie
  • Intérpretes: Kristoffer Joner, Cecilie A. Mosli, Karin Park
  • Argumento: Kai Koss vuelve a su casa de la infancia tras la muerte de su madre, dispuesto a deshacerse de la propiedad. Sin embargo, los fantasmas de su traumático pasado irrumpen en el presente en cuanto cruza el umbral...

45 |100

Estrellas: 3

Hidden

Un primer plano del suelo nocturno del bosque del que emerge, como si de un zombi se tratase, un brazo. En la carretera circundante, hay un vehículo detenido para que un niño haga sus necesidades entre los árboles.
De pronto, aparece otro niño corriendo.
Un camión avanza por la carretera, y el niño que corría por el bosque sale a la misma… Todo se precipita: el camión, para no atropellarle, da un volantazo y, entonces, se estrella contra el vehículo que estaba estacionado. Los dos niños son testigos de lo sucedido.

Esta es la primera secuencia de la película. Es un prólogo impactante, promete, y está contado con la suficiente inteligencia y argucia para conseguir sorprender al final. Seleccionada para el AfterDark Fest 2010, Skujlt es la segunda película de Pal Oie, director de Dark Woods (2003). Reune en su equipo actoral a la elite del cine nórdico: tanto a Kristoffer Joner como a Cecilie Mosli les hemos visto ya en cintas anteriores de terror (“Naboer”, Pal Sletaune, 2005, por ejemplo) , y Karin Park va ganando adeptos como cantante y actriz. Técnicamente, el nivel es sobresaliente: la música es convencional pero eficaz –que es, a fin de cuentas, de lo que se trata-, la fotografía es excelente, el diseño de sonido está trabajado y el montaje tiene estilo.

Son muchas virtudes, sí, pero no sirven para camuflar lo que hay debajo. Skujlt es de esas pelis que parecen buenas, que cuesta trabajo ponerle peros porque su envoltorio es muy brillante. Sin embargo, hace de la trampa su principal mecanismo, y se nota desde el principio. El porqué hay un abismo tan grande entre la maestría inicial y el resto, es un enigma.

Años después del prólogo, Kai Koss circula por esa misma carretera. Vuelve a su pueblo natal tras la muerte de su madre. Es el único heredero, así que la antigua casa familiar es suya. La llegada de Kai al caserón de la infancia marca en qué términos se va a mover el resto de la película. Repentinos sustos efectistas –en contra de los que no hay nada, sólo faltaba- y absoluta parquedad a la hora de dar información. ¿Está justificado? Sí: aunque nunca se explica claramente, Kai se nos presenta como alguien con recuerdos reprimidos de su infancia, en especial los que tienen que ver con su madre –la relación entre ambos era bastante conflictiva- y con la trágica noche que da comienzo a la función. Se pretende, por tanto, que el contacto del personaje con el entorno del pasado sea lo que dinamite este recuerdo. ¿Funciona? A mí no me lo parece. Se nota, se desprende de las imágenes, se siente como espectador, que no te pueden contar demasiadas cosas porque, si no, se desvelaría el secreto. Así que el metraje se llena de miradas del protagonista a una puerta cerrada –que está claro que acabará por abrirse-, o a un sonido que le recuerda algo, o conversaciones interrumpidas bruscamente porque, si se mantuvieran, la película no duraría más de media hora. (A todo esto, en la primera visita a la casa familiar, Skujlt repite la escena de la pelota de Al Final de la Escalera).

Kai Koss es un personaje unidimensional, en el que todo el énfasis está puesto en reseñar que está traumatizado por su pasado, que conocen tanto la policía local, Sara, como la encargada del hotel en la que se está hospedando, Miriam, probablemente una de las presencias más enigmáticas de la película. Encarnada por la cantante Karin Park, su personaje promete pero está desaprovechado. Es excesivamente funcional: lo primero que sabemos de ella es que a Kai le gustaba cuando era un niño, y lo segundo –y último- es que conviene que sea así para que le eche un cable cuando es necesario.

¿Qué sucede en el punto medio de Skujlt? En lo estrictamente cinematográfico, hay un cambio de punto de vista nada sutil. En lo estrictamente narrativo, tras este punto medio, Kai cuenta a Sara, la policía, sus sospechas: cree que Peter, uno de los dos niños de la carretera –el otro era él, claro- de la escena inicial, sigue vivo. Lamento ser tan críptico, pero no quiero desvelar demasiado… la sensación, cuando se está en este tramo de la película, es muy decepcionante. No hay que ser ningún lince para saber qué está pasando, y sin embargo siguen empeñados en meterte pruebas disuasorias y abrir puertas hacia otras direcciones. Comienzan, claro, las explicaciones: por qué estaba Kai niño esa noche en el bosque, de quién huía y qué creen los habitantes del pueblo que le sucedió a Peter, el otro crío. Y ves con toda claridad que, si te lo hubieran contado antes, se habría acabado el enigma. Han retrasado este momento todo lo que han podido, como si Pal Oie también fuera consciente de que, una vez enseñado esto, no tenía más cartas que sacar. De hecho, conforme se llega al tramo final, hay una escena que pretende ser enigmática pero, me temo, despeja cualquier duda que pudiera quedar… suponiendo que quedara alguna: el encuentro en el bosque de Kai con “caperucita roja” (llamémosle así, por ejemplo, para preservar su anonimato). Un momento similar lo hemos visto este año en San Valentín Sangriento. Esto no deslegitima el recurso; el problema es que el recurso en sí es muy tosco.

Cuando Skujlt llega a su clímax, se ha desinflado completamente, e incluso irrita que se intente seguir manteniendo el suspense. No sé de qué forma podía haberse sostenido todo el entramado. Quizás, habiendo convertido en historia real una de las hipótesis que se plantean en la segunda mitad de la película. Claro que, también hay que tenerlo en cuenta, si Paol Oie hubiera hecho eso, habría acercado en exceso Skujlt a su debut, Dark Woods. Ambas películas se parecerían demasiado, y no está bien hacer dos veces la misma película.

Lo mejor: El prólogo.

Lo peor: Que se le ve el truco.