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Woochi

Sitges, lluvia, incomodidades y un brujo coreano con mucha chispa

Woochi

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  • Título original: Woochi
  • Nacionalidad: Corea | Año: 2009
  • Director: Choi Dong-hoon
  • Guión: Choi Dong-hoon
  • Intérpretes: Gang Dong-won, Kim Yoon-suk, Lim Soo-jung
  • Argumento: Woochi abandona su cautiverio tras cinco siglos para enfrentarse a las fuerzas del mal.

57 |100

Estrellas: 3

Woochi

Nunca he sido un gran aficionado a la épica fantástica. Tampoco a la espada y brujería ni a los diversos especimenes que suelen poblarla: guerreros, magos, semidioses, goblins, hechiceros… Ni siquiera me han interesado las reliquias milenarias que esconden en su interior secretos y poderes ancestrales.
Y en contadísimas ocasiones me ha emocionado contemplar a dos tipos blandiendo sus resplandecientes espadas mientras se sostienen en el aire dando un par de piruetas imposibles sobre sí mismos.

Es un tipo de cine y de historias que jamás me resultaron atractivas.

Y sin embargo ahí estaba yo, en la última e incomodísima fila de la platea superior del cine El Retiro, en Sitges, con las rodillas incrustadas en el pecho (vale… exagero) y dispuesto a “disfrutar” de Woochi, un taquillazo coreano dirigido por Choi Dong-hoon en el que abundan todos aquellos elementos, anteriormente mencionados, que jamás lograron despertar mis bajos instintos cinéfagos.

El extenso y algo enrevesado prólogo de Woochi nos pone en antecedentes. A principios del s.XVI, bajo el mandato de la dinastía Joseon, duendes y semidioses pugnan por conseguir una flauta mágica que esconde increíbles poderes. Cuando tres semidioses logran vencer y encerrar a los malignos duendes, deciden romper la flauta en dos mitades y entregar una parte al maestro (y hechicero) Hwa-dam, y la otra al maestro Yun-shik Baek, mentor del joven brujo Jeon Woochi. Pero el maestro Yun-shik Baek muere, y Woochi, su discípulo, es acusado injustamente de su asesinato y recluido en un pergamino mágico.

Cinco siglos más tarde, Corea se encuentra asediada nuevamente por malignos duendes en búsqueda de la dichosa flauta mágica, y los tres semidioses abandonan su retiro para hacerles frente. Su mejor arma será el propio Woochi, al que despiertan de su largo sueño con la intención de que combata a los duendes. Pero Woochi no parece estar por la labor. Prefiere entregarse a los placeres terrenales que le depara la Corea actual… especialmente sus mujeres.

Basada en una antigua historia del folclore coreano, Woochi es una comedia fantástica, apta para toda la familia, y repleta de acción, humor y efectos especiales.

La película se estructura en dos partes muy bien diferenciadas. Por un lado la gestación misma de la historia, localizada en el s.XVI, en un mundo en el que parecen convivir con total naturalidad duendes gigantescos con aspecto de conejo, poderosos hechiceros, monjes inmortales, animales de aspecto humano, trucos de magia y damiselas en apuros. Choi Dong-hoon es capaz de edificar, en pocos minutos, toda una mitología a la que resulta sencillo acceder gracias, sobre todo, al carisma y simpatía de todos los personajes que van apareciendo (el mismo Woochi, su acompañante perro/humano, los tres semidioses…) y a las secuencias de acción. Pero si el marco mitológico que nos aporta Woochi, la película, resulta de fácil digestión, no puede decirse lo mismo del planteamiento de su historia. Me perdí, debo reconocerlo. Quizás la incomodidad de la sala o el hecho de que minutos antes estaba haciendo cola bajo un manto de lluvia bastante espeso, fueran los causantes de que me costara muchísimo esfuerzo asimilar la historia que se nos estaba contando. Entre tanto goblin, maestro, hechicero y flauta mágica acabé hecho un verdadero lío.

Pero poco a poco fui recuperando el hilo, hasta llegar a la segunda parte de la película, mucho más asequible a nivel argumental. Whoochi despierta de su cautiverio en la Corea actual. Mientras los tres semidioses intentan convencerle de que debe luchar contra los duendes, Whoochi prefiere dedicar su tiempo a placeres mucho más mundanos.

Se intensifica la acción y los combates, se multiplican los efectos digitales (un apartado en el que destacar el estupendo diseño de los duendes), y, ante todo, se suceden, una tras otra y sin descanso, las situaciones cómicas. Porque más allá de que la acción de Woochi pueda engancharnos, o quedemos más o menos impresionados por el despliegue de efectos digitales; dónde realmente Woochi se la juega es el en tema de la comicidad.

Hay instantes en los que Woochi no es más que un torrente de chistes y chascarrillos con mayor o menor gracia, con mayor o menor acierto. Conviven situaciones realmente divertidas (muy divertidas) como aquella en la que Woochi invoca a un pequeño ejército de clones de sí mismo, cada uno con su propia personalidad, para hacer frente a los duendes; con otras mucho menos efectivas en las que el chascarrillo se alarga hasta la extenuación, perdiendo gran parte de su gracia. La mayor parte de estos gags sin excesiva fuerza (salvo excepciones) se refieren al impacto que el viaje en el tiempo provoca en Woochi, algo similar a lo que pudimos ver, por ejemplo, en la francesa Los Visitantes.

Y son precisamente estas muestras de humor algo chusco e infantil las de dificultan al espectador la labor de seguir creyendo en la historia que se nos cuenta. Permanecemos atentos a la posibilidad de que la próxima bufonada nos haga sonreir y dejamos de lado ese mundo de magos, hechiceros y demonios en el que tanto esfuerzo había invertido Choi Dong-hoon al inicio de su película.

Por otro lado, las secuencias de acción buscan siempre el concepto de “gran espectáculo” a través de combates perfectamente coreografiadas y envueltos en un auténtico festín de efectos digitales (ver la espectacular secuencia de la persecución de los duendes a través de una transitada calle coreana).

Pero pese a que dichas secuencias de acción resulten casi siempre efectivas y dignas de elogio, de nuevo quiero destacar que la balanza final en Woochi siempre se decanta del lado de la comicidad. Una comicidad que en ocasiones resulta ciertamente divertida, pero que en muchas otras dificultan enormemente el avance de la trama y tan sólo logran salvarse gracias a la frescura y atractivo del que gozan sus protagonistas, en especial Woochi, un antihéroe algo bohemio, sinvergüenza y pagado de sí mismo; y su fiel escudero, un perro con apariencia hombre que identifica a las hembras humanas oliéndoles el trasero.

Woochi es cine comercial sin más pretensiones que el de hacer pasar al espectador un rato ameno. En ocasiones lo logra, siendo un entretenimiento de primer orden, y en otras sus bufonadas se alargan en exceso distrayéndonos de lo que realmente importa.
Pero en cualquier caso recordad lo que es dije al principio: muy probablemente yo no sea la persona más idónea para valorar esta película.

Lo mejor: el carisma de sus personajes, los efectos, la acción y ciertos pasajes cómicos que funcionan a la perfección.

Lo peor: otros pasajes cómicos no funcionan y se alargan en exceso. Esto acaba provocando que Woochi tenga unas exageradas dos horas y pico de duración.

The Red Riding Trilogy

El año de nuestro señor

Red Riding Trilogy

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  • Título original: Red Riding Trilogy
  • Nacionalidad: Gran Bretaña | Año: 2009
  • Director: Julian Jarrold, James Marsh, Anand Tucker
  • Guión: Tony Grisoni
  • Intérpretes: Andrew Garfield, Paddy Considine, David Morrisey
  • Argumento: Trilogía de películas del canal Channel 4 donde se investigan las desapariciones de varias niñas a lo largo de dos décadas.

85 |100

Estrellas: 5

The Red Riding Trilogy

Una niña con alas de ángel: una imagen poética y tétrica a la vez.

A comienzos de octubre, vi en la Fnac del centro de Madrid que había salido a la venta la novela de David Peace Red Riding, The Year of Our Lord 1974, primera de las cuatro en las que se basa esta miniserie de tres películas. Y no hace mucho, en el suplemento literario de El País, se hablaba de la misma. Espero que no pasen desapercibidas, así como que algún canal de televisión se encargue de emitir su versión audiovisual. Si no, siempre queda Amazon o cualquier otra vía, porque vale la pena acercarse a ellas.

Año 1974. Yorkshire. Junto a la plana mayor de la policía, los padres de Clare Kempley denuncian la desaparición de su hija de 10 años y piden a quien quiera que la tenga que la deje volver a casa. Entre los asistentes a la rueda de prensa está el joven Eddie Dunford, corresponsal de prensa. Eddie cree encontrar similitudes entre la desaparicón de la pequeña Claire y otras tres acaecidas años atrás.

Año 1980. Yorkshire. El llamado “destripador de Yorkshire” ha matado a doce mujeres en los últimos cuatro años. Aunque la policía lleva tiempo investigando el caso, para intentar dar un nuevo enfoque y conseguir un avance, se coloca al frente del proceso a Peter Hunter, detective que llevó a cabo la investigación de la matanza del pub Karachi, que tuvo lugar en 1974 y que llevó a un callejón sin salida.

Año 1983. Yorkshire. Desaparece una niña de diez años, Hazel Atkins. John Piggot, abogado no muy hábil en su profesión cuyo padre era policía en la ciudad, será el encargado de intentar esclarecer las conexiones entre esta nueva desaparición, las sucedidas diez años atrás, y algunas de las muertes relacionadas con “el destripador de Yorkshire”.

De este escueto y sucinto resumen no debe deducirse que lo que ocurre en 1974 y 1980 queda inconcluso, y que el visionado conjunto de las tres películas que conforman Red Riding sea una experiencia fatigosa y confusa, de ir acumulando datos e informaciones hasta llegar, por fin, a la última y que se aten los cabos. De hecho, lo primero que sorprende es que, a excepción de ésta, las dos primeras pueden verse de un modo independiente sin ningun problema. Las conexiones entre la primera y la segunda están resueltas vía flashbacks lo mismo que en cualquier película cerrada en sí misma, así que no hay nada que temer. Y esto, ya de por sí, me parece todo un punto a su favor.

Red Riding es una trilogía de tv movies de Channel 4 que adapta las novelas homónimas de David Peace. Las novelas son cuatro, en realidad, pero en la primera película se unen las dos primeras novelas (1974 y 1977). Es un proyecto y una idea fascinante: a lo largo de tres años, se estructuran tres historias diferentes (?) con algunos personajes en común. Éstos son el hilo conductor de la historia de fondo, aunque no los personajes principales de cada película. Se trata de un grupo de policía de Yorkshire, encargados de la investigación de cada uno de los casos que tiene lugar durante estos años, y algún que otro secundario apartado de los agentes de la ley o, más bien, huyendo de ellos. Cada película dirigida por un director diferente, aunque el guión de las tres sea de la misma persona, Tony Grisoni (“Miedo y Asco en Las Vegas” o “Tideland”, ambas de Terry Gilliam). Red Riding se ha convertido ya, por derecho propio, en un arma arrojadiza para aquellos que auguran el final del cine debido a la calidad de los últimos proyectos de la pequeña pantalla.

Julian Jarrold se encarga del año 1974. Curtido en series de televisión inglesas, y director de algunos largometrajes (en España, hemos visto suyas “Pisando Fuerte” y “Retorno a Brideshead”), se encarga de entrar, por primera vez, en el universo de Yorkshire y su grupo de policías. El argumento de la misma gira en torno a Eddie Dunford (Andrew Garfield, “La Red Social”), joven periodista que vuelve a su hogar para ser el corresponsal del Yorkshire Post de la policía. Así, su primer encargo será cubrir la desaparición de la pequeña Claire Kempley. Eddie Dunford tendrá que empezar a entendérselas con el llamado grupo de Molloy, por su superior, Bill Molloy (Warren Clarke), respetados policías de la ciudad… Cuando el cuerpo de Claire es encontrado, Eddie es retirado del caso, pero eso no impide que el chico continúe con sus averiguaciones. Esta es, quizás la gran fuerza de este primer capítulo: su personaje central es un joven lleno de grandes esperanzas y ánimo, dispuesto a todo por ganarse un lugar en su trabajo; también, la película del 74 es quizás la más melancólica de las tres: está presidida por un áurea de constante tristeza, de fatalismo. Prácticamente, desde el minuto uno, sabes que no puede acabar bien, que cada avance del joven Eddie en la investigación implica un paso más hacia abajo en un pozo sin fondo.

Por el camino, mientras tanto, un par de imágenes se clavan en nuestro subconsciente: quien ha matado a la pequeña Clare Kempley, ha intentado coserle unas alas de cisne a la espalda. El primer “interrogatorio” policial que presenciamos, casi al final de la cinta. Y la esposa del constructor John Dawson, desequilibrada, digna heredera de Ramona Linscott, la madre de “La Dalia Negra”. No es casual este comentario: Red Riding es un escalofriante ejemplo de novela negra y, como las mejores, bordea el thriller más mórbido: asesinato de niñas, violaciones, abusos sexuales, prostitutas, chaperos, asesinos en serie… todo, en este primer capítulo, dentro del desencanto y la tristeza más absoluta.

James Marsh se encarga del año 1980. Director de las fantásticas “Man On Wire” y “Wisconsin Death Trip”, dota de un tono más moderno y contemporáneo a la cinta, lo que se convierte en un curioso contrapunto ya que su historia es, por así decirlo, la más “conservadora” de las tres. Peter Hunter (Paddy Considine) descrito al principio de la película como un hombre casado, sin hijos, honesto, con un expediente limpio, es requerido por el Ministerio del Interior para que lleve a cabo una investigación paralela a la que lleva la policía sobre el “violador de Yorkshire”, que ya se ha cobrado doce víctimas. En realidad, se trata más bien de limpiar su imagen: Peter Hunter fue el encargado de llevar a cabo la investigación de la matanza del pub Karachi, en 1974, suceso que cierra la cinta anterior, expediente que no pudo ser cerrado. Peter elige como compañeros de investigación a Hellen Marshal (Maxine Peake) y John Nolan (Tony Pitts), y juntos son supervisados por dos policías del grupo de Molloy; uno de ellos, Bob Craven (Sean Harris) no es, precisamente, el mejor compañero para un caso así, sobre todo tras haber visto “Red Riding 1974”. El capítulo del año 80 es más crudo que el del 74. Aquí, otro personaje honesto, como es Hunter, intentará arrojar luz por todos los medios en un caso en el que, quizás, se le han adjudicado al “violador de Yorkshire” más víctimas de las que son suyas por derecho propio… La relación que se establece entre Peter y Hellen, y la inusitada relevancia que adquiere entre ellos el sacerdote Martin Laws (Peter Mullan) configura el grueso de la película.

Nuevas imágenes para el recuerdo: una casa ardiendo. El terrible fin de un antiguo policía arrepentido.

Y, así, llegamos al año 83, dirigido por Anand Tucker.

El objetivo de este capítulo no era nada sencillo: cerrar la trama de continuidad y ofrecer, a su vez, un argumento interesante. Así que, para llevarlo a cabo, se reparte el protagonismo entre John Piggot (Mark Addy), hijo de uno de los policías del grupo de Yorkshire, que intenta que se libere de la cárcel a un falso culpable por las desapariciones y asesinatos del año 74, y Maurice Jobson (David Morrisey), policía del grupo que siempre había parecido estar un poco al margen, aunque partícipe, de las actividades de sus compañeros. 1983 es quizás el más violento de los tres episodios, sobre todo en lo que respecta a la crudezad de los “interrogatorios”, con alguna variación en el modus operandi. En el haber del capítulo hay que situar la negativa al golpe de efecto, sustituida por una sabia dosificación de la información: la identidad del asesino que lleva actuando quince años es sorprendente y sosegada, a la vez. Son muchas las historias que hay que orquestar, y todas importantes. Ninguna debe eclipsar las otras. Entre ellas, por ejemplo, comprender una motivación tan potente como es un problema de conciencia. En el debe, sin embargo, mencionar que, quizás, es el capítulo con menos identidad propia, asunto debido a una dirección un tanto despersonalizada, y una orquestación del clímax un poco gratuita: se acumulan demasiadas casualidades seguidas para el final. En general, esta entrega está más centrada en cerrar las tramas y descuida un poco su propia historia. Algo que, por otro, lado, puede satisfacer a muchos espectadores que, a estas alturas, no quieren material nuevo sino acabar de encajar las piezas.

A pesar de esto, el resultado final es enormemente satisfactorio. Los valores de producción son excepcionales, el equipo actoral hace un trabajo espléndido, y el argumento es absorbente. De hecho, sientes que has sido testigo de una parte de la historia de un lugar que, tres películas después, ya conoces. Y, sobre todo, has comprendido, un poco mejor, tus instintos: tanto los más elevados como los más bajos e innobles.

Lo mejor: Las dos primeras entregas.

Lo peor: Que la tercera entrega, siendo una buena película, baje el listón justo en su tramo final.

Cherry Tree Lane

Juventud, divino tesoro

Cherry Tree Lane

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  • Título original: Juventud, divino tesoro
  • Nacionalidad: Reino Unido | Año: 2010
  • Director: Paul Andrew Willams
  • Guión: Paul Andrew Willams
  • Intérpretes: Rachel Blake, Tom Butcher, Jumayn Hunter
  • Argumento: Las vidas de una pareja de clase media se ven amenazadas cuando los amigos de su hijo irrumpen en su casa en busca de venganza.

70 |100

Estrellas: 4

Photobucket

1.-ESTOS JÓVENES DE HOY EN DÍA…

PhotobucketQue la juventud actual esta jodida, creo, es algo de lo que todos somos conscientes; y no me refiero a solamente viejunos como yo, los propios chavales reconocen que vaya mierda de sociedad les ha tocado vivir, que están asustados de lo que puede pasarles cualquier día (en clase, en el garito, en un parque…) y que conocen a alguien que, o ha sufrido, o ha recibido algún tipo de amenaza. Aquí no incluyo el innecesario término de bullying, porque me parece un cuento chino para que se forren los psicólogos, hostias en el patio todos las dimos, y las recibimos, y collejas del profe, y cuando llegabas a casa y se lo contabas a tus viejos te decían: “Algo habrás hecho”, o “defiéndete capullo”, y al día siguiente punto pelota. Hablo más bien del desencanto que sufren ahora, el que les ha llevado a ser innecesariamente agresivos, faltarle el respeto a todo lo que se mueva y contemplar la violencia como algo natural. Lo más chungo del tema es que ni siquiera es culpa suya. Entre la pasividad familiar (cuando no están viviendo en un ambiente completamente desestructurado), la ausencia de modelos y de seriedad, es normal que echen de clase a un chaval por llamar puta a la profesora y que a la susodicha le pinchen las ruedas del coche y que además los padres te pongan una denuncia. Eso si no te cruzas con picópatas de manual como el puto Rafita…

Y si en nuestro país está mal, en Italia, Francia o, especialmente, el Reino Unido las cosas se salen de madre. En el 2007 la UNICEF hizo un estudio sobre el bienestar de los jóvenes y el Reino Unido ocupa la plaza 21, por detrás de los USA, toda Europa, Polonia…está claro que más allá del glamour capitalino de Londres se esconden muchos trapos sucios que no saben, ni quieren solucionar. ¿¿Es normal que 33% de los crios de 11 años hayan visto actos de violencia, hayan participado en ellos??, ¿¿que hayan echado un polvo??, ¿¿que se coloquen como piojos con todo lo que pillan??. Para mi no, en el Reino Unido sí. Muchos hemos visto “EDEN LAKE“ o “THE CHILDREN“ (esta del mismo director de CHERRY TREE LANE), y pensamos: “Que horror, si es que parece real!!”.

Es REAL

2.-LOS PELIGROS DE LA CLASE MEDIA

PhotobucketHora de la cena en casa de Christine (Rachel Blake) y Michael (Tom Butcher), una casi-joven pareja de clase media. Mientras se cuece el brócoli ella se desahoga con una amiga sobre cierto desliz cometido hace poco. Termina la cena y llega el marido a casa. No hay besos, ni preguntas, solo rutina y una cierta tensión sobre no sabemos muy bien qué. En la mesa las cosas no cambian mucho. El quiere ver las noticias y ella no, el quiere discutir ciertos temas sobre su hijo y ella no. Es como cuando vas de cena con tu novia y te das cuenta de que el resto de parejas del restaurante comen en silencio como perfectos desconocidos. Llamémoslo el horror del tedio. El hijo no ha llegado aún, está haciendo deporte, o algo. Llaman a la puerta y es uno de los amigos del hijo. Más tensión en la cena: que si nuestro hijo se junta con drogos, que no!!!, y demás. Vuelven a llamar a la puerta. También preguntan por el hijo, pero esta vez no se van, se quedan tras darle un par de hostias a la mujer y amenazarla con un cuchillo. Y todo pasa muy rápido. Al padre le revientan a patadas y le inmovilizan con cinta americana, y a la madre algo parecido, pero peor, y ese peor se convertirá en terrorífico.

Así que la situación es la siguiente: Tres macarras con pretensiones toman como rehenes a los padres de un crio que se la ha liado parda y quieren venganza, pero se aburren… y luego llegan unas amigas, un niño pequeño, y un hacha.

3.-TERROR URBANO

PhotobucketAl igual que pasaba con otras aproximaciones al desencanto juvenil y sus violentas consecuencias (FUNNY GAMES, KIDS, TEARS…), lo más terrorífico de todo no son las situaciones violentas per se, si no el hecho de que esto nos puede pasar a cualquiera, en cualquier ciudad (¿os acordais de los dos hijoputas que le pegaron fuego a una mendiga en un cajero para echarse unas risas?) y en cualquier momento. Ese es el verdadero logro de CHERRY TREE LANE, el parecer verosímil sin caer en incongruencias de guión ni histrionismos. Los chavales quieren ajustar las cuentas con el crio que se la lió y les importa un carajo que estén o no estén los padres, no dejan de ser un obstáculo en su “misión”. Y así les tratan, hasta que se aburren y son conscientes del poder que ejercen sobre 2 adultos. Es entonces cuando se muestran esa falta de valores a la que me refería antes, no son adultos a los que deben respetar, sino un par de capullos pijos bastante molestos en su limitado espectro moral. Ahí es donde triunfa la película.

Como pega solo se me ocurre el personaje de uno de los chavales y su patético intento de justificar lo injustificable… y tal vez la presencia del menor que parece algo forzada.

Lo mejor: El escalofriante realismo

Lo peor: Ciertos detalles innecesarios

Holocausto Canibal

Los controvertidos antropófagos de Ruggero Deodato

Holocausto Canibal

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  • Título original: Cannibal Holocaust
  • Nacionalidad: Italia | Año: 1980
  • Director: Ruggero Deodato
  • Guión: Gianfranco Clerici, Giorgio Stegani
  • Intérpretes: Robert Kerman, Francesca Ciardi, Perry Pirkanen
  • Argumento: Un antropólogo viaja hasta el corazón del Amazonas para recuperar unas cintas de video que desvelarán el paradero de unos periodistas desaparecidos.

69 |100

Estrellas: 4

Holocausto Canibal

Hoy recuperamos la olvidada sección “Horror Revival” con Holocausto Caníbal. Esta reseña fue publicada originalmente en el blog amigo Dioses y Monstruos, dentro de un fabuloso especial sobre falsos documentales.

Si en alguna ocasión topais de frente con una de esas listas prefabricadas que establecen el top ten de las películas más controvertidas de la historia del cine, es más que probable que entre las cinco primeras figure el título de Holocausto Caníbal.

En 1979, el director italiano Ruggero Deodato rodó Holocausto Canibal (Cannibal Holocaust), su segunda incursión en el género canibal tras Mundo Caníbal, Mundo Salvaje en 1976.

Holocausto Canibal cuenta la historia de Monroe, un antropólogo que viaja al corazón del Amazonas en búsqueda de cuatro reporteros desaparecidos meses antes tras desplazarse hasta el denominado “Infierno Verde”, dispuestos a rodar un reportaje sobre los supuestos comportamientos antropófagos de las tribus locales.
Monroe se gana la confianza de la tribu de los Yanomani y logra que le entreguen las grabaciones de video que el grupo de reporteros llevó a cabo durante su estancia en la selva.
Tras analizar cuidadosamente las grabaciones, Monroe recomienda a los ejecutivos del canal de televisión que pretende emitirlas, que cesen en su empeño. Monroe califica las imágenes de obscenas, inhumanas y no aptas para presentarlas al gran público. Sin embargo no consigue convencer a los ejecutivos, quiénes deciden, finalmente, contemplar por sí mismos el contenido de las grabaciones.

La reacción de la sociedad italiana y de sus poderes fácticos tras el estreno de Holocausto Canibal fue, prácticamente, inmediata. Famosa es la anécdota de la carta que el gran Sergio Leone (La muerte tenía un Precio, Por un puñado de dólares) le remitió a Deodato tras el visionado de la película, en la que, entre otras cosas le decía: “Querido Ruggero, ¡qué película! La segunda parte es un obra maestra del realismo cinematográfico, pero todo parece tan real que creo que te meterás en varios problemas”. Y así fue. Los problemas no tardarón en llegar, y Holocausto Caníbal fue retirada de las salas de cine diez días después de su estreno en Milán el 7 de Febrero de 1980. La polémica estaba servida…

Sobre la obra de Deodato recayó la sospecha de tratarse de una auténtica snuff movie, en la que los cuatro reporteros perdieron realmente la vida en la selva amazónica. Deodato, sin duda alguna, no era ajeno a dicha polémica. Más bien todo lo contrario. Su intención al rodar una película como Holocausto Canibal (más allá de posibles dobles lecturas) siempre fue conseguir que el público creyera que todo el horror que estaba contemplando en la pantalla era real. Que todo lo que cuenta Holocausto Caníbal ocurrió realmente. A ello contribuía el estilo de falso documental (heredado de las mondo movies de principios de los 70) y unos efectos gore que, si bien no son tan extremadamente realistas como se ha afirmado en algunas ocasiones, si resultaron absolutamente efectivos en su época (en España, la revista Interviú publicó un extenso reportaje en el que se presentaba la película como si fuera un documental real).
La prueba definitiva de que Deodato era plenamente consciente del brutal impacto que su película podía tener en la sociedad italiana de la época, la encontramos en el contrato que hizo firmar a los cuatro actores que interpretaban a los reporteros, en el que estos se comprometían a no aparecer en ningún medio público durante el año posterior al estreno de Holocausto Canibal.

Por supuesto, pese a que Deodato pudiera prever que su película estaba destinada al escándalo y la polémica, posiblemente la magnitud de las reacciones surgidas en contra de la película le acabara cogiendo por sorpresa. Cuando la justicia italiana tomó cartas en el asunto, Deodato no tuvo más remedio que acudir a un programa de televisión y mostrar al gran púlbico a sus cuatro protagonistas… vivos.
Peor lo tuvo cuando intentó demostrar ante las cámaras el trucaje que se escondía tras la famosa secuencia de la indígena empalada (mi primer recuerdo de Holocausto Caníbal es el de un VHS del video-club de barrio que, siendo un crío, jamás me atreví a llevarme a casa por culpa de su atroz carátula, en la que se mostraba a la mencionada chica empalada). Por más que lo intentó, Deodato no convenció a nadie a la hora de explicar el trucaje, lo cual, unido al hecho de que la chica en cuestión jamás apareció ante los medios, provocó que las dudas ante la veracidad de las imágenes de Holocausto Canibal persistieran en algunos sectores.

Una vez despejada la duda de la integridad de sus protagonistas, Holocausto Canibal tuvo la oportunidad de continuar su carrera comercial, con resultados más que aceptables.

Pero el paso del tiempo no hecho disminuir el carácter polémico de la propuesta cinematográfica de Deodato. Sus muchos detractores siguen considerándola basura fílmica. Un film que, agazapado tras un supuesto mensaje social, apela únicamente al asco y al morbo del espectador, ofreciendo un amplísimo abanico de abusos sexuales, violaciones, torturas, asesinatos, antropofagia y sacrificio real –esta vez sí- de animales (algo que Deodato jamás negó y que en ocasiones intentó justificar afirmando que después de matarlos, se los comían; o incluso afirmando que la inclusión de las escenas en las que se mataban animales –tortugas, monos, arañas… – respondía a la demanda del público asiático de dichas imágenes ¿?. Tras su estreno en Japón, Holocausto Caníbal se convirtió en la segunda película más taquillera en el país del sol naciente, tan sólo precedida por el E.T. de Spielberg).

Por otro lado, sus muchos defensores siguen considerando Holocausto Canibal como una inteligente denuncia de la opresión del hombre civilizado hacia el tercer mundo, y de la violencia y el morbo como fines perseguidos y alentados por los medios de comunicación. Incluso hay quiénes han querido ver en Holocausto Canibal un documento válido, desde un punto de vista antropológico, sobre el comportamiento de las tribus caníbales de determinadas zonas de la selva amazónica, algo que no se sostiene por ningún sitio.

Personalmente siempre he creído que Rugero Deodato demostró con Holocausto Canibal ser un tipo muy listo. Desde un punto de vista cinematográfico su obra siempre me ha parecido impecable. Si su objetivo era construir una gran controversia a través de unas imágenes de violencia extrema que muy probablemente provocarían dudas sobre su veracidad en el público de la época, es evidente que su habilidad y su sabiduría como cineasta puestas al servicio de Holocausto Canibal están fuera de toda duda. En este sentido, su decisión de hacer girar el guión de la película en torno a la recuperación de un material grabado en plena jungla (un material grabado cámara en mano y con un tono documental) siempre me ha parecido sencillamente magistral. Por mucho que hoy en día el tema de la cámara en mano y el falso documental nos parezca un recurso más (incluso sobreexplotado en los últimos tiempos), lo cierto es que la maniobra de Deodato, uniendo los principios sensacionalistas del mondo y el exceso y la náusea del gore, resultó totalmente innovadora y tremendamente eficaz en el momento en que se estrenó Holocausto Canibal (todo un precursor de La Maldición de la Bruja de Blair).

Si su intención era esconder un gore malsano e irresponsable bajo un manto de denuncia social que, de algún modo, mitigara el cúmulo de barbaridades que estaba a punto de mostrarle al mundo… objetivo más que cumplido. El mensaje de denuncia está ahí. Corresponde al espectador decidir si lo acepta como un mensaje apto, asumible; o si la crudeza e injustificación de sus imágenes (especialmente el maltrato a animales) invalidan cualquier tentativa de mensaje.

Y si únicamente quiso ofrecerle a los espectadores un gore radical, una película difícil de olvidar y una obra cuya capacidad de crear polémica sobreviviera, con fuerza, al paso del tiempo, no hay nada que reprocharle a Deodato.

Por mi lado tan sólo me queda recomendar la película… y después que cada uno decida.

Lo mejor: Su capacidad, todavía hoy vigente, para crear controversia

Lo peor: El sacrificio real de animales

Altitude

Volando voy, volando muero

Altitude_Poster

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  • Título original: Altitude
  • Nacionalidad: USA, Canadá | Año: 2010
  • Director: Kaare Andrews
  • Guión: Paul A. Birkett
  • Intérpretes: Jessica Lowndes, Jake Weary, Landon Liboiron
  • Argumento: Cinco amigos van de viaje a un concierto en avioneta. Sin embargo, lo que parecía un viaje de diversión se convierte en una lucha por la supervivencia, frente a los elementos y un enorme monstruo tentaculado surgido de la tormenta

61 |100

Estrellas: 3

Altitude_grande

Allí en lo alto y rodeada de nubes, nos llega la puesta de largo, hecha película de terror con claras reminiscencias comiqueras, de Kaare Andrews, director de varios cortos y multipremiado como dibujante y escritor de comics; precisamente esos que a muchos han dejado de decirnos algo: X-Men, Spiderman, Hulk. Junto a Paul A. Birkett, otro debutante del cual no tengo ninguna referencia, aúnan esfuerzos e ilusión para traernos una buena historia rodada con pulso, con referencias pseudo-lovecraftianas (hágase especial hincapié en el “pseudo”) y, sobre todo, tensión omnipresente. Al menos eso venden nuestros dos amigos, seguramente demasiado adictos al cine de terror norteamericano de las tres últimas décadas…

¿Lo han logrado? ¿ Altitude es una película qué está a la altura (perdón por otro chiste fácil) de un público que día a día demanda más del genero fantástico? ¿Sobrevivirá alguno de los tan bellos como odiados “teenagers” protagonistas de la cinta?

Presos de una sociedad y cultura donde las medias tintas abundan y hasta los jóvenes borrachos prefieren un buen chute de pastilla azul antes que poner de su parte, y en una parte muy concreta; solo podemos enfrentarnos a Altitude como el producto de consumo típicamente americano que atrae a la par que incomoda nuestra moral, que satisface en un primer momento y que provoca unas digestiones catatónicas. Hablemos de Whooper, hablemos de Altitude.

Sara (Jessica Lowndes) emprende con sus cuatro amigos un viaje en avioneta para ver un concierto. Si su padre se enterase… Él ni siquiera sabía de su recién estrenado carné de piloto. Siempre la había sobreprotegido desde que la madre de Sara muriese pilotando un vuelo privado, si averiguaba sobre el viaje, no volvería a hablarle

Nerviosa pero con ganas de demostrarles a todos que es capaz de superarse a si misma, emprende el vuelo sin revisar excesivamente la avioneta alquilada. Al poco, descubre el error que ha cometido cuando un fallo, bloqueando el timón, la lleva a ella y a los demás al centro de una tormenta de aspecto sobrenatural y cuyas nubes esconden sombras extrañas… nuestros jóvenes y alegres protagonistas intentan sobrevivir por todos los medios aunque la avioneta siga subiendo y subiendo hasta una altura donde nada puede sobrevivir por falta de oxigeno… ¿nada?

Terminada de ver, Altitude te deja un sabor de boca extraño. Es difícil crearse expectativas de cualquier tipo, debido a un argumento vagamente misterioso y poco común en cuanto a la situación se refiere, aunque no exento de elementos demasiado obvios como los jovencitos protagonistas y sus personalidades. Sin embargo, la cinta contiene bastantes sorpresas y todo lo que uno espera, por poco que sea, acaba levemente cambiado justo donde no lo pensabas. Y a pesar de que parezca una nota negativa, esta confusión tiene cierta connotación agradable porque uno se aburre de ver películas de terror donde todo se ve venir casi desde el principio del ajustado metraje. Además, dicha confusión, no enmascara elementos de calidad como una fotografía cuidada y plena de filtros estéticamente poderosos, así como una planificación acertada, inestimable ayuda para que sesenta minutos rodados dentro de un cubículo no se hagan tediosos.

Las primeras sorpresas llegan con nuestros personajes embarcados en su avioneta. Es imposible no tomarle antipatía a sus anatomías perfectamente americanas, a su actitud basada en los clichés del gracioso, la “chica de…”, la intrépida, etc. Incluso los diálogos fuertemente estereotipados del principio, nos hacen temer lo peor; deseando así la muerte de todos ellos a manos (ó tentáculos) del monstruo de turno, lo que por otro lado tiene su gracejo. Pero aquí entra en juego el elemento “survival”: ya subidos a la cabina, un estúpido accidente da lugar a una estúpida situación, donde los personajes, al estar atrapados entre la vida y la muerte tejida por una repentina tormenta, ven florecer su carácter y secretos de una forma que hasta cierto punto funciona. El sorprendente buen hacer de unos actores, que parecían meros modelos publicitarios, ayuda a meterse dentro de una tensión interesante en la primera mitad de la cinta. Especialmente destacable entre ellos, es Jake Weary; proveniente de la televisión norteamericana como el resto de sus compañeros (bueno, a Jessica Lowndes la podemos encontrar en Autopsy). Jake, en su papel de gracioso, pronto se ve transformado por la presión en ese cabrón que dice las mayores verdades y todos hemos querido ser alguna vez. En la misma línea camina el resto de los personajes, escondiendo ciertos secretos inocuos pero que evitan el aburrimiento.

No obstante, y como en todas las sorpresas y giros de Altitude, el regusto de lo agridulce llega poco después de la extrañeza.

Para empezar, uno ve pasar los minutos y sin embargo, el monstruo de marras no da muchas señales de vida. Bien, la parte “survival” de la película tiene cierto interés, ayuda la fotografía azulada (más propia de la serie True Blood), ayuda la inestabilidad controlada de la cámara, esos planos cerrados pero bien delimitados; pero llega un momento en que te distancias. Los ingredientes de supervivencia no se cocinan adecuadamente, es imposible sentirse identificado ó cercano a esos pobres personajes que las están pasando canutas y todavía ansías ver sufrir más. Un morbo efímero que me recuerda precisamente al mundo de los comics, de donde no en vano proviene Kaare Andrews. El personaje medio de un comic de superhéroes es atractivo físicamente (según los estándares comerciales) y tiene una personalidad muy acusada pero solo en un sentido. Al igual que con estos personajes de papel, poseedores de rasgos tan pronunciados y alejados de la grisácea realidad, difícilmente te puedes involucrar con los protagonistas de Altitude; sus cuitas son tan intrascendentes y, por si fuera poco, son expresadas tan vehemente que uno termina por no tomarse en serio lo que ve. Es necesario remarcar una escena de reparación de avionetas a doce mil pies de altura que invitará a reírse a cualquier espectador con un mínimo de sentido del humor.

En un peculiar estado de hilaridad (agudizado por las insulsas muertes y las continuas broncas entre los pasajeros), rompe con cualquier pretensión por parte de Kaare Andrews en pos de crear angustia ó terror. De esta sonriente guisa, llegamos a un final que añade nuevas sorpresas a las anteriores. Bueno, hacía mucho tiempo que las ansias de dar explicaciones por parte de un guión no desencadenaban un sinsentido tan gordo y que rompiese tanto con la línea ó pretensión general de la película. No quiero desvelaros nada de dichas explicaciones pues serán la razón para que uno disfrute de la película en su conjunto ó no; en mi caso no estoy muy seguro de que me convenciesen, porque incluso incluyen una resolución poco adecuada para el tono de una película que hubiese sido una experiencia memorable, sin estirar y retorcer más sus ideas.

Con las citadas explicaciones llega, por fortuna, la presencia de la criatura tentaculada (un caramelo para cualquier “big monster” fan). No se puede negar que su diseño y la resolución de sus entradas en escena son lo mejor de la película, pero llega tarde y mal, ¿a razón de qué argumentan tan ñoñamente la abominación flotante, quitándole absolutamente toda la gracia? Como guiño a la era pulp se agradece pero no pasa de ahí; la inclusión del comic Weird Stories es un claro homenaje a la grandísima revista Weird Tales (donde publicó mayormente Lovecraft); aunque no solo de homenajes se vive y las ideas propias no se ven ni tan propias ni tan entrañables cuando las comparas con las de otras obras; destacando especialmente las similitudes con el gran clásico de Más allá de la realidad… y en más segmentos de los que seguramente creeréis…

En resumidas cuentas, tenemos una película que capta nuestro interés por unos giros que de increíbles entretienen, convencen las actuaciones de los actores e, incluso, gozamos de un sabio uso de iluminación y encuadres capaz de sostener una faceta “survival” que no esperábamos. Como debut no está nada mal, pero la sensación de no aportar ningún granito de arena al género, es lo que a uno se le hace más ostensible; más si cabe cuando uno espera una cinta de terror de monstruos aéreos… ¿no va de eso la portada? El último giro final, una justificación sosa y retorcida para la presencia de la bestia tentaculada y demasiada “alucinación” a diez mil piel de altura, no justifican su visionado más allá del puro entretenimiento casual, que se irá olvidando gradualmente con el paso de las noches…

Pero aún está por ver si la carrera de un director, Kaare Andrews, con ciertas ideas interesantes, es capaz de despegar y alzar altos vuelos, saliéndose de ciertos clichés y exageraciones que propician el chiste fácil…

Lo mejor: El monstruo, una joyita para adictos a los "big monsters", cierta tensión y un potente apartado visual que agudiza las turbulencias de una continúa tormenta sin llegar a marearnos. Las actuaciones, curiosamente, son buenas dentro de su "irrealidad"

Lo peor: Una explicación que rompe con lo esperado para mal, sita en un acelerado tramo final que está "especialmente" salido de madre y no llega a convencer en ninguno de sus giros. La escasez del prometido terror monstruoso finalmente resta enteros

The Reef

Sobrevivendo, una vez más, a la temible Australia

The Reef

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  • Título original: The Reef
  • Nacionalidad: Australia | Año: 2010
  • Director: Andrew Traucki
  • Guión: Andrew Traucki
  • Intérpretes: Adrienne Pickering, Gyton Grantley, Damian Walshe-Howling
  • Argumento: Tras volcar su embarcación, cuatro personas deciden lanzarse a mar abierto con la esperanza de alcanzar, a nado, tierra firme.

58 |100

Estrellas: 3

The Reef

El director y guionista Andrew Traucki parece empeñado en demostrarnos que su Australia natal es una pésima opción a la hora de planear nuestras próximas vacaciones de verano. Si primero fueron los cocodrilos de Black Water, ahora le toca el turno al siempre socorrido “Carcharodon carcharias”, conocido comúnmente como Gran Tiburón Blanco, y convertido en todo un icono del terror moderno por obra y gracia de Tiburón (Jaws, 1975), incontestable obra maestra de Mr. Spielberg.

Basada en hechos reales, The Reef cuenta la historia de cinco personas dispuestas a disfrutar de una plácida travesía en velero, rumbo a uno de los arrecifes de coral más grandes y espectaculares del mundo. Pero el destino es caprichoso, y en esta ocasión ha querido que nuestros sufridos marineros sean protagonistas de una película de terror con escualos de por medio. Así que el velero no tarda demasiado tiempo en volcar tras colisionar violentamente con el suelo del arrecife, quedando nuestros protagonistas en una situación, cuanto menos, comprometida: subidos a la quilla del barco volcado, sin posibilidad de contactar con nadie que pueda socorrerles, y sin otear tierra firme en el horizonte.

Deben tomar una decisión. Cuanto antes mejor. Cuatro de ellos deciden lanzarse a mar abierto e intentar la proeza de alcanzar a nado una pequeña isla llamada Isla Tortuga.
El quinto permanece en la quilla del velero, sin perder la esperanza de que alguien acuda a su rescate y rezando porque el barco no acabe hundiéndose.

Si el planteamiento inicial de The Reef os parece poco original, debo advertiros que su desarrollo no le va a la zaga. En realidad, todos aquellos que en 2003 disfrutasteis de aquel sencillo pero efectivo thriller pasado por agua titulado Open Water, tendréis una idea bastante aproximada de lo os puede ofrecer The Reef.
La única diferencia radical entre la citada Open Water y The Reef es que en lugar de contar con únicamente dos desdichados protagonistas dispuestos a saciar el hambre voraz del escualo blanco de turno (tal y cómo ocurría en la citada Open Water), contamos para la ocasión con cuatro personajes, todos ellos perfectamente estereotipados, que sufrirán los envites del gran tiburón blanco con el único propósito en mente de llegar vivos a los créditos finales.

Por supuesto no todos ellos lo lograrán. Incluso es posible que ninguno de ellos consiga llegar al final para contarlo (al fin y al cabo The Reef tan sólo “se basa” en unos hechos reales). Pero los personajes están tan estereotipados, y está tan claro que hay protagonistas de primera y de segunda categoría, que no os resultará nada complicado pronosticar el orden exacto en el que cada uno de ellos será triturado por las mandíbulas del tiburón. Es obvio quién será el primero en desaparecer, quién lo hará en segundo lugar, y quiénes tienen una remota posibilidad de salir con vida de todo este embrollo.

Pero a pesar de la más absoluta previsibilidad de todo lo acontecido en The Reef, la nueva propuesta de Andrew Traucki, tiene un par de cartas a su favor. Por un lado las ajustadas dosis de suspense que Traucki sabe imprimirle al relato. No estamos ante una película de acción trepidante o de una intensidad difícil de soportar para el espectador, pero Traucki sí sabe transmitir, en determinados momentos y con cierta eficacia, la desesperación y el miedo experimentado por los protagonistas de su película. Esto no ocurre siempre. Es posible que ni siquiera sea la tónica habitual de la película. Pero ciertamente, aquellos instantes en los que The Reef nos hace partícipes del sufrimiento de sus protagonistas (en ocasiones adoptando el punto de vista subjetivo de alguno de ellos), son momentos en los que la película sube muchos enteros.

También merece la pena destacar el meritorio esfuerzo de todos los actores implicados en The Reef, capaces también de transmitirnos la tensión y el pánico derivados de la terrible situación que están experimentando.

En cuanto a nuestro buen amigo el “Carcharodon carcharias” (me ha gustado el nombre), The Reef navega entre dos aguas. Traucki maneja a la perfección el tempo de los momentos previos al ataque del tiburón. Juega la baza de la incertidumbre, de la tensión que provoca no conocer cuál es la posición exacta del escualo blanco, o de no saber incluso si se trata, realmente, de un auténtico tiburón blanco. Para lograrlo hace un buen uso tanto de las tomas de mar abierto, como de las manidas tomas submarinas en las que vemos las piernas de los protagonistas, como, finalmente, de esas imágenes que adoptan un punto de vista subjetivo del protagonista a las que he hecho referencia con anterioridad. Todos estos recursos ayudan a obtener unos niveles de tensión y suspense, no espectaculares, pero sí bastante decentes.

Sin embargo, cuando abandonamos esos instantes previos al ataque, y nos centramos en el envite final del escualo blanco, The Reef pierde buena parte de su fuerza. En las escenas en las que el tiburón se acerca muy peligrosamente a uno de los protagonistas es cuando The Reef deja entrever su falta de presupuesto. Dichas escenas no convencen. Están rodadas con urgencia, con mucha rapidez, intentando evitar, a toda costa, que se les note el truco.
Y, finalmente, se les nota… El ataque final está resuelto de la manera más trillada: un charco de sangre en mitad del océano y se acabó… el siguiente.

¿Y qué ocurre con el quinto Beattle? ¿Aquél pobre desgraciado que se quedó solo en la quilla del barco? Pues que nadie le coja cariño a dicho personaje, porque desde el momento en el que sus compañeros de viaje le abandonan, no vuelve a saberse nada más sobre él. Tan sólo en los créditos finales se nos arroja alguna luz acerca de su paradero.

The Reef es previsible y aporta muy poco a lo que ya hemos visto con anterioridad en este género, pero los amantes del mismo seguramente no os sintáis defraudados. Se deja ver, pero siempre que seáis conscientes de que vais a ver lo mismo de siempre. Bien hecho, tolerable e incluso bastante disfrutable en algunos momentos; pero lo mismo de siempre al fin y al cabo.

Lo mejor: Los momentos previos al ataque del tiburón. Son un buen ejericio de supense y tensión.

Lo peor: La previsibilidad del desarrollo

Neighbor

Quiero ser torturado por America Olivo

Neighbor

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  • Título original: Neighbor
  • Nacionalidad: USA | Año: 2010
  • Director: Robert Angelo Masciantonio
  • Guión: Robert Angelo Masciantonio
  • Intérpretes: America Olivo, Christian Campbell, Joe Aniska
  • Argumento: Una joven misteriosa dedica todo su tiempo libre a invadir casas ajenas y someter a sus ocupantes a todo tipo de sádicas y dolorosas torturas.

52 |100

Estrellas: 3

Neighbor

Esta es una de esas ocasiones en las que uno se ve obligado a ejercitar duramente su capacidad de imaginación y creatividad para justificar, de la manera más digna posible, porqué demonios le ha podido gustar – o al menos entretener – una película como Neighbor.

Una joven misteriosa dedica todo su tiempo libre a invadir casas ajenas y someter a sus ocupantes a todo tipo de sádicas y dolorosas torturas.

Dos líneas para resumir el argumento de Neighbor. Creo que de habérmelo propuesto lo podría haber dejado en cuatro palabras (palabra arriba, palabra abajo). Lo cierto es que cuando tocamos el ya cansino género del torture-porn, lo más habitual es que sobren las palabras.

Así es, Neighbor, segunda película del director Robert A. Masciantoni tras All Along, se enmarca dentro del género de torturas y ofrece, como plato principal (casi único), a la sana y dicharachera (eufemismos varios y poco afortunados para acabar constatando que está de buena que cruje) America Olivo, haciendo nuevamente gala de su vena gamberra, su militancia al género terrorífico y sus escasas, pero muy bien aprovechadas, cualidades interpretativas.

Debo reconocerlo, me encanta la Olivo.
Sé perfectamente que hasta el momento, su minuto de gloria se lo debe al esplendor de sus pechos turgentes y siliconados en el prólogo del remake de Viernes 13. Que su presencia en Iron Man y en Transformers era poco menos que testimonial (en esta última aparece acreditada como “la chica del frisbee”), y que sus presuntas aptitudes como actriz son tan sólo eso: presuntas.

Pero su desparpajo y su falta de estúpidos escrúpulos a la hora de afrontar papeles tan disparatados como el de Camaro en mi adorada Bitch Slap, o secuencias tan comprometidas como aquella en la que juega, de manera traviesa, con el pene del protagonista de Neighbor, la película que hoy nos ocupa, despierta en mí todas las simpatías habidas y por haber hacia una actriz que bien podría considerarse al equivalente actual a las añoradas scream-queens de los 80.
Es exactamente la misma admiración que siento por otra actriz acostumbrada a sumergirse en el barrizal (sin pretender ser despectivo… todo lo contrario) de la serie B y la serie Z norteamericanas: Tiffany Shapes.

Está bien… se me ve el plumero. ¿Por qué demonios sigo hablando de la Shapes, la Olivo o de Amber Heard (ummm… de ésta todavía no había dicho nada, pero sólo por ver lo que se oculta tras el enlace creo que ha valido la pena mencionarla) cuando el verdadero motivo de esta reseña es Neighbor? En realidad creo que ya lo dije al principio, con Neighbor sobran las palabras.

El guión de la película es un auténtico desastre. Pude llegar a intuir que Robert A. Masciantoni pretendió construir algo similar a una historia de realidades paralelas, o de segundas oportunidades, o de vete a saber qué. Pero lejos de armar una trama interesante que arropara a las inevitables secuencias de violencia y tortura, lo que finalmente obtuvo fue un auténtico galimatías que un servidor fue incapaz de descifrar. Saltamos adelante y atrás en el tiempo sin saber muy bien cómo ni porqué. Y me temo que el mismísimo Robert A. Masciantoni tampoco lo debió tener muy claro cuando, en un momento dado, decide otorgarle algo de coherencia a toda la historia (o al menos intentarlo) con una excusa que suena a desesperación: setas alucinógenas.

Ni siquiera se molesta en darnos una pequeña pista, un leve indicio sobre cuáles son los motivos que empujan al personaje que interpreta America Olivo a cometer el abanico de barbaridades mostrado en Neighbor.

Quién sabe, quizás con una buena ración de dichas setas mi cerebro hubiera espabilado y le hubiera encontrado algún sentido a la trama de Neighbor.

Y pese a todo esto que acabo de contaros, Neighbor me gustó. Me pareció entretenida… mala, pero entretenida. Cierto que Robert A. Masciantoni fracasa a la hora de construir una historia mínimamente decente que dé sentido al posterior desfile de momentos gore que atesora Neighbor; pero es que precisamente esos instantes gore (al fin y al cabo principal sustento de todo buen torture-porn que se precie) me resultaron inusualmente amenos y divertidos. No estamos ante uno de esos típicos torture-porn que hacen del sufrimiento extremo y la vejación de sus protagonistas su principal argumento. Hay sangre, hay gore (sin exageraciones), hay humillación y sufrimiento, pero también existe en Neighbor una continua sensación de que nunca acaba de tomarse en serio a sí misma. Todas las secuencias de violencia desprenden una sana socarronería, una cierta ironía a la que no es ajena, en absoluto, la interpretación de America Olivo: las medias sonrisas, las miradas juguetonas a la cámara (me queda la duda de si dichas miradas furtivas a la cámara están en el guión o son un desliz de la Olivo), los chistes malos…

Neighbor no es una gran película, y quizás America Olivo no sea una gran actriz; pero en esta ocasión su presencia y su trabajo provocan que las secuencias de violencia sean más llevaderas y entretenidas de lo que suele ser habitual en este tipo de producciones. ¿Todo aquello que no sea ver a la Olivo maltratando con ensañamiento a sus compañeros de reparto? Pues puro desperdicio… quedáis avisados.
Así que, parafraseando a un estimado seguidor de este blog, tan sólo me queda añadir: God Bless “America”.

Lo mejor: America Olivo en un torture porn llevadero y entretenido.

Lo peor: Atención!!! No es una buena película. El guión es un desastre y si no se toma con algo de humor la experiencia puede ser desastrosa.

Dark House

Una casa encantada demasiado vulgar

Dark_House_Poster

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  • Título original: Dark House
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Darin Scott
  • Guión: Darin Scott, Kerry Douglas Dye
  • Intérpretes: Jeffrey Combs, Meghan Ory, Diane Salinger
  • Argumento: Claire, una actriz novel, presenció de pequeña los horribles asesinatos de la casa Darrode. Hoy, la casa se vuelve a reabrir como atracción de feria; y ella ha sido contratada como actriz. Sin embargo, nunca pensó que la casa la estaba esperando…

35 |100

Estrellas: 2

Dark_House_Grande

De la mano de Fangoria, la revista digital y en formato físico señera del cine fantástico desde 1979, nos llega Dark House. Se trata de una cinta que intenta resucitar el espíritu de producciones de serie B como House, una casa alucinante ó House on Haunted Hill. De hecho, viene avalada por el primer premio dentro del festival/distribución Frightfest 2010; un evento similar al After Dark pero organizado por la propia revista Fangoria. De ocho cintas, Dark House se alzó con el primer premio, por votación popular, y recibió buenas críticas en los siempre engañosos medios especializados USA.
La premisa que nos presenta el casi desconocido director y guionista Darin Scott, poseedor de un pequeño bagaje en títulos menores y sin trascendencia, es en principio interesante: Una vuelta al terror de casa encantadas, con una mirada en el pasado y otra en el futuro, utilizando algo de humor negro como motor de una cinta de fantasmas sanguinarios, y la presencia de un actor icónico del cine de terror como es el genial Jeffrey Combs.
Sobre el papel pinta bien, ¿verdad? Pues nada más lejos de la realidad, me duele tener que ser duro con proyectos independientes que están realizados con más ganas que acierto, pero en este caso, dudo seriamente de la cordura estadounidense por siquiera premiar este producción con algo más que abucheos y tomates.

La pequeña Claire (Meghan Ory) un buen día es desafiada por sus amigas para entrar en la casa Darrode, una mansión victoriana de mala fama en el pueblo. Lo que nunca esperaba encontrarse era con la dueña de la casa totalmente enajenada, asesinando niños inocentes. Claire pierde el conocimiento aterrorizada por la masacre y los años vuelan como las hojas de los árboles sobre el viento otoñal…

En la actualidad, Claire es una joven actriz amateur que intenta superar sus pesadillas nocturnas mediante la interpretación. ¡Ojala sacase fuerzas de flaqueza para visitar la casa Darrode y enfrentarse a sus miedos!
Como si el destino se plegase a sus deseos, una mañana cualquiera el polémico feriante Walston (Jeffrey Combs), poseedor de las atracciones más terrorificas de Estados Unidos, aparece en clase de Claire buscando actores para la inminente apertura de su última atracción: Dark House, sita precisamente en la mansión Darrode. Claire y otros compañeros ven la oportunidad de sacar algo de dinero y se apuntan casi sin dudarlo.

Llegados ya a la casa, descubren asombrados la macabra efectividad de la atracción encantada. Haciendo uso de hologramas, Dark House presenta un entretenimiento diferente y eficaz que pronto disfrutaran los primeros visitantes, una pareja de periodistas.
Lo que ninguno podía imaginar es que el fantasma de la mismisima Señora Darrode hiciese acto de presencia, con la intención de controlar los ordenadores que manejan los hologramas y usarlos para continuar con los asesinatos de todo aquel que ose permanecer en la casa

¿Podría existir un argumento más manido y simplón? Yo creo que no, directamente lo considero una copia barata del clásico House on Haunted Hill, e incluso más del remake que del original de Vincent Price. Además, plantear un guión como mera excusa de hora y media de pasajes aburridos, se convierte en el fallo más flagrante de Dark House. No se ha cuidado lo más mínimo el diseño de personajes, el horror, el humor, ni siquiera el aparatoso final, que intenta dar una vuelta de tuerca psicológica pero que unicamente logra que el espectador termine por desesperarse. De verdad, la sorpresa final está igual de mal resuelta que el resto de la película… y es que el segundo fallo, después del guión que hace aguas y no tiene ningún interés, es la planificación de las escenas, su montaje y resolución.

Para resumirlo con un adjetivo, diría que la filmación es directamente chabacana. Todo está rodado sin pulso, los personajes aparecen en pantalla mágicamente, aún más que los fantasmas; todos los planos son tan básicos como limitados y la insulsa trama avanza a trompicones con muertes rápidas y carentes de sentido que nos llevan irremediablemente al final “épico” de redención de la protagonista, Claire. ¡Buf!
Me sorprende sinceramente que se pueda otorgar un premio (en este caso se trataba de la distribución en salas de la ganadora) a este cacho de carne de video-club.

Hago una pausa para aclarar que parte de mi disgusto pasa por ciertas expectativas que me había creado. Veréis, soy bastante fanático del cine de serie B sobre casas encantadas; una de mis cintas favoritas es La Noche de los Demonios (1988), y creo que esto es toda una declaración de principios para describir las tragaderas que uno tiene. Con cuatro tontunas, chistes fáciles, caserones decrépitos y un par de muertes sangrientas e impactantes, uno está contento como un niño con zapatos nuevos. Así que entendedme cuando digo que Dark House es un producto malo: Los chistes son de pena (es más, ¿existe algún tipo de humor?), el caserón no llega a impactar y las muertes son de risa, haciendo uso de unos limitados efectos especiales digitales que, salvo algún maquillaje puntual clásico, dan penita. Demasiado prolíficos dada su dudosa calidad; es mejor en estos casos no abusar de efectos si no se tiene estilo… precisamente esta es una palabra clave: Dark House es todo un ejercicio de anti-estilo. Y una buena muestra es la escena donde el fantasma de Mrs. Darrode posee el ridículo ordenador central que maneja los hologramas, una posesión viral usando algo de la estética de Matriz, en cuanto a lo visto en las pantallas del ordenador. Vergüenza ajena vais a sentir…

Los actores tampoco ayudan mucho a la función. Solo Jeffrey Combs se salva, aferrándose a su histrionismo clásico a sabiendas del tipo de película que estaba rodando. Y no digo esto por mi respeto hacia él, sinceramente es lo único que brilla durante todo el metraje. El resto del elenco es menos expresivo que una zanahoria pocha, no solo porque sus personajes sean tópicos dentro del cine norteamericano (la gótica, la caliente, el guapo, el negro…), sus actuaciones rozan el bochorno. Esperaba algo más de la escocesa Meghan Ory, su experiencia en decenas y decenas de capítulos televisivos (Smallville, Psych…) no aparece por ningún lado. Juraría que existen momentos de horror, donde en lugar de llorar y gimotear se dedica a partirse. Ni siquiera la veterana Diane Salinger puede manejar con control su papel, imagino al director diciéndole continuamente: “pon muecas, más muecas, hasta que te sangren las encías!!”. Yo creo que la mayor parte de las escenas están rodadas en una sola vez, ¡¡enhorabuena por tamaño logro!! Pero el resultado es más “penoso” que “natural”.

Nota de honor, pero negativa, se merece la banda sonora. Enervante es decir poco, y encima presente durante el 90% del metraje. A la mitad de la película ya estaba deseando que acabase aunque solo fuese por la extrema tortura a la que fui sometido por los instrumentos de cuerda sintetizados.

En resumen, y para no malgastar más vuestro tiempo y acrecentar mi ira, solo os daré un consejo: Evitarla. En un sub-género tan simple como el de las casas encantadas, hacerlo tan mal debería estar penado… estáis avisados!!

Lo mejor: Jeffrey Combs hace lo que está en su mano para resultar gracioso y, dentro de lo que cabe, el típico cuento de casas encantadas a alguno le puede hacer gracia, como a mí

Lo peor: Las apariciones/desapariciones de los fantasmas/hologramas; propias de una telenovela. Las lamentables actuaciones en general y que, al final, no pase de ser una cinta aburrida. Para olvidar

¿Dónde conseguirla?
Gore Nation: “Dark House” en VOSE.