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Zombies of mass destruction

Muertos vivientes con ideología política

Zombies Off Mass Destruction

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  • Título original: Zombies Of Mass Destruction
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Kevin Hamedani
  • Guión: Kevin Hamedani, Ramon Isao.
  • Intérpretes: Janette Armand, Dough Fall, Cooper Hopkins, James Mesher, Cornelia Moore.
  • Argumento: Port Gamble es una idílica localidad de la costa oeste. Todos los vecinos se conocen entre sí y se saludan por la calle. Un lugar seguro, acogedor y, sobre todo, muy americano. Es en este clima “apacible” donde, de repente, irrumpen los zombies.

65 |100

Estrellas: 4

Zombies off mass destruction

Zombies of Mass Destruction es otra película más de zombies que mezcla con desigual fortuna el terror y el humor. Esto no significa que sea una película fallida, pero sí un ejemplo de lo complicado de que esta unión de géneros funcione. De mayores ambiciones que Zombieland en cuanto a concepción, desde mi punto de vista no llega a la altura de Shaun of the Dead, que quizás sea la más equilibrada de las tres en cuanto al resultado final.

Zombies of Mass Destruction se presenta como un interesante fresco de la sociedad americana contemporánea y, como buena investigación sociológica, coge un segmento representativo de la muestra. Se centra en Port Gamble, comunidad reducida, y dentro de la misma, en una serie de personajes con su historia particular. Sin duda, una de las grandes bazas de la película son sus personajes y sus actores, caracteres bien definidos y dibujados, con una buena historia que contar, y bien interpretados. Cada uno de ellos representa un tema candente de dicha sociedad.

1. Política: el alcalde Burton (James Mesher), republicano, que siguiendo el espíritu más puro del sueño americano sale a la calle a hacer campaña entre sus vecinos, pidiendo el voto para su reelección. Así, se entera de primera mano que Cheryl Banks (Cornelia Moore), maestra de la escuela local y de ideología demócrata, va a ser su rival.
2. Religión: El reverendo Haggis (Bill Johns), como todo buen sacerdote contemporáneo, está escandalizado porque cada vez menos parroquianos acuden a oír sus sermones.
3. Racismo: La iraní Fridda (Janette Armand), acaba de volver de Princeton, después de conseguir escapar de Port Gamble, y se incorpora al trabajo con su padre Ali (Ali Hamedani) en el bar. Para el resto de sus vecinos, siempre será la vecina “irakí”. A nivel personal, Fridda, nacida en Estados Unidos, tiene un problema de identidad: rechaza y sigue, a partes iguales, sus raíces.
4. Homosexualidad: Tom (Dough Fall) se ha decidido por fin a presentar a su novio a su madre y, de paso, salir del armario. Por eso, lleva a Lance (Cooper Hopkins) a su pueblo natal, con la idea de cenar, dar su mensaje y volver a Nueva York en el primer ferry de la mañana.
5. Paranoia: Brian (Andrew Hide) soporta, como puede, a sus padres, republicanos enloquecidos, y se alegra de volver a ver por su pueblo a Fridda.

Al igual que sucede en Shaun of the Dead, y aunque parezca un asunto de perogrullo, el estallido zombie sirve para algo. No es un fin en sí mismo, sino que supone un revulsivo en las historias:

1. Política: el alcalde Burton intentará llevarse a su terreno la gestión durante la plaga zombie, sacando tajada política de ello, mientras que Cheryl, su rival, representará el sentido común (parece clara la ideología política del director, Kevin Hamedani).
2. Religión: el reverendo Haggis achaca, por supuesto, la invasión zombi al actual laicismo social, e intentará, de un modo “salvaje”, contribuir a su aniquilación.
3. Racismo: en cuanto el tema zombie salta a los informativos, se da por hecho que debe tratarse de un ataque terrorista. Fridda, iraní, será la primera en ser perseguida por sus vecinos más “republicanos” (iraní, irakí… a ellos les da igual, es extranjera y de Oriente Medio, con esto basta).
4. Homosexualidad: Tom y Lance sufren su condición sexual tanto a nivel metafórico –la conversión de la madre de Tom- como a nivel real… (la escena de la Iglesia, dejémoslo ahí).
5. Paranoia: Brian tiene la oportunidad de librarse del peso “republicano” de su familia gracias a esta situación inusual.

Pero no acaban ahí las cosas: el final de la película, el epílogo, es brillante y demoledor. Si bien, como se desprende de lo detallado hasta ahora, el punto de vista de la película es un poco partidista y sesgado –sí, lo es, pero lo cierto es que en los informativos están a la orden del día este tipo de cuestiones, por lo que, más allá del tópico, me las creo y las comparto en parte-, en la escena que cierra la película se supera cualquier ideología y concepción más tópica, salvando de la “quema” sólo a un par de personajes, mientras que el resto acaban siendo víctimas o del ambiente opresivo de un pueblo pequeño o del “american way of life”; esto es, en última instancia, lo que se quiere criticar.

Por tanto, me parece admirable la construcción de la película, lo bien pensado que está casi todo en ella, y el uso de tanto recurso narrativo con una intención muy clara: contar una historia con un mensaje y desde un punto de vista.

Sin embargo, la película es de bajo presupuesto, y se nota. Abunda la sangre y el gore, y aunque algunos efectos están realmente bien conseguidos, la mayoría de las veces “ves” el efecto especial (no lo ves, literalmente, pero me pasé toda la película suponiendo cómo estaba hecho, algo que no me suele pasar). Asímismo, todo el buen hacer y la sabiduría que han empleado para la construcción más teórica de la película, la arriba detallada, no se corresponde con la realización práctica de la misma. Hay poca elaboración en los momentos de terror, suelen tener un esquema bastante básico y repetitivo (una irrupción inesperada de un zombi) y, al final, cuando se hace recuento, se hecha de menos una gran escena, de estas en las que uno se quita el sombrero y exclama “¡momentazo!”. Respecto al sentido del humor, me parece lo más discutible de toda la función. Hay un par de chistes buenos, pero en muchas ocasiones se bordea el humor tonto o ridículo. A mí, personalmente, este tipo de coñas me hacen mucha gracia, pero creo que en este contexto, donde hay temas bastante serios y, sobre todo, inteligentes, lo único que se consigue es devaluar lo de alrededor.

Como valoración global, creo que es una película que vale la pena ver, con todos sus “peros”. Los fans de Romero agradecerán que estos zombis sean de su escuela: caminan lento y están podridos y, como en sus mejores obras, cuando llega el final descubres que los humanos son como los zombis, en el peor sentido de la palabra –suponiendo que tenga un sentido bueno. Y es un buen ejemplo de cómo con bajo presupuesto, sin pretender inventar nada, se puede contar una historia. Es cierto que aquí han estado a punto de superar con inteligencia la carencia de medios y no lo han conseguido, pero también lo es que han intentado disparar muy alto.

Lo mejor: Que nada es gratuito: todo sirve para algo.

Lo peor: Quizás, lo puramente “terrorífico” es lo más flojo.

¿Dónde conseguirla?
Gore Nation: “Zombies of mass destruction” en VOSE.

Vampire Girl vs Frankenstein Girl

Dos chicas empapadas de rojo

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  • Título original: Vampire Girl vs Frankenstein Girl
  • Nacionalidad: Japón | Año: 2009
  • Director: Yoshihiro Nishimura, Naoyuki Tomomatsu
  • Guión: Naoyuki Tomomatsu
  • Intérpretes: Yukie Kawamura, Eri Otoguro, Eihi Shiina
  • Argumento: Monami es una chica vampiro que en el instituto se enamora de su compañero Mizushima, por desgracia, este también es el objetivo de los deseos de Keiko, la hija de un loco y malvado doctor.

65 |100

Estrellas: 3

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De nuevo a la carga con esta reciente muestra del splatter japonés más bizarro, exagerado, cómico y sangriento. Vampire Girl vs Frankenstein Girl se une al muy activo género de japonesitas guerrilleras cubiertas de rojo y sin escrúpulos, para causar el mayor daño a sus enemigos sea disparando pechos-misiles, rebanando miembros con katanas, usando su propia sangre como arma ó con sencillos cyberimplantes que disparan afilados penes.

Esta clase de producciones están poco a poco ganándose un hueco propio en el cine fantástico japonés (donde este tipo de bizarradas tienen una rápida aceptación por las referencia clásicas a otros géneros muy amados por los orientales como todo lo relacionado con los “mechas”: lo que para occidente sería un cyborg) y siguen dejándonos a los occidentales perplejos, extrañados y, en ocasiones, encantados. Aparte de la película aquí reseñada, las últimas producciones que enarbolan la bandera del splatter japonés como su máximo exponente podríamos citar Samurai Princess, The Machine Girl ó Tokio Gore Police. Las cintas citadas tienen tantos puntos en común que casi se podría hacer la misma reseña para cada una de estas películas. De hecho, los responsables de efectos especiales, guionistas, directores y, hasta algún actor, suelen ser los mismos alternándose tareas, ya sabéis que los japoneses son una raza muy aplicada y organizada que consiguen sacar oro de las piedras. Para este análisis intentaré centrarme en los elementos diferenciadores de VG vs. FG con respecto a sus antecesoras, aunque ya adelanto en estos primeros párrafos que los que disfrutasteis con los anteriores trabajos de Yoshihiro Nishimura (responsable en efectos especiales de decenas de películas muy sangrientas y director de la destacada Tokio Gore Police), estáis obligado a visionar a estas dos atractivas jovencitas cometiendo unas atrocidades espectaculares que han sido muy bien representadas en pantalla.

Monami es la chica nueva del instituto. Guapa pero callada apenas llama la atención hasta que el día de San Valentín, se atreve a regalarle bombones a Mizushima, el guaperas de la clase (Japón: El mundo al revés, las chicas regalan bombones a sus enamorados). Desgraciadamente Keiko, la lider del grupo de lolitas góticas, lleva mucho tiempo detrás de Mizushima y no va a dejar que la chica nueva se haga con su presa.

Por suerte para Monami, ella no es una chica normal. Es una vampira de cientos de años con una fuerza sobrehumana y un apetito voraz por la sangre humana. Usando sus poderes para seducir a Mizushima, así como su enigmática sonrisa, provoca un accidente en el que Keiko resulta muerta. Sin embargo, el padre de la joven muerte es un científico loco (vestido como los actores Kabuki) que con la ayuda de su sexy enfermera psicópata descubre el método para devolver a su hija a un estado de vida mecánica.

Es ahora cuando la chica vampiro y la chica Frankenstein comienzan una batalla despiadada en un instituto plagado de chicas adictas a cortarse las venas y pandillas obsesionadas con ser de raza negra (la más funky del planeta), usando cualquier parte de su cuerpo y cualquier sangrienta estrategia para conseguir el cariño de un confundido Mizushima.

Os aseguro que el argumento es el que os he contado (muy cercano a la sinopsis oficial). No me he tomado nada raro y la demencia senil todavía aguarda en el horizonte de mi vejez. De todos modos y pasado el interés inicial por los conceptos expuestos en el guión de VG vs FG, uno se da cuenta rápidamente del vacío argumental que se nos presenta en pantalla. La historia se presenta como tal en los primeros minutos de metraje, no existe desarrollo de ningún tipo más allá de que la muerte de Keiko y su resurrección desencadena la gran batalla final. Este punto negativo, así como otras virtudes, son el resultado evidente de la inspiración directa de este film en el manga homónimo de Shungiku Uchida.

Siempre me ha parecido que los mangas son muy estáticos, presentan bonitas escenas, agradables momentos, cómicas situaciones pero “a tirones”. Pues esto es lo que sucede con la línea narrativa de VG vs. FG, prácticamente es una sucesión de espectaculares viñetas pero sin tener una conexión profunda entre ellas. Todo es una excusa y está al servicio del espectáculo visual gore. En todo caso destacaría el pequeño giro final, predecible en cierto momento de la relación Monami y Mizushima, no muy original pero simpático y acorde con la personalidad desenfadada de la chica vampiro. También los personajes están bien caracterizados y perfilados dentro de su exageración (por momentos uno cree estar viendo una película de Troma, sobre todo las escenas protagonizadas por las chicas Ganguro, las aficionadas a parecerse a gente de color); no obstante una vez presentados estos personajes, solo la chica vampiro tiene algo de “tridimensionalidad”.

En resumen, el guión son cuatro hojas a una sola cara, algo en común con el resto de las muestras del splatter japonés. Lo siento por el señor Tomomatsu responsable del mismo, pero su trabajo ha sido mínimo (tampoco es que otros trabajos suyos como Zombie self defense force ó Stacy destacasen por un buen guión)

En este punto, me gustaría puntualizar que este camino de realizar películas con la estética de la nueva carne, muy moderna y colorida visualmente, pero con una historia tan vacía; llegaran a cansar muy pronto al espectador. Curiosamente (y me parece curioso por ser del mismo director) Tokio Gore Police, también basada en un manga, destaca por encima de sus hermanas debido a una mayor profundidad de conceptos y desarrollo de personajes. Creo que el camino a seguir para este tipo de cine, es el marcado por TGP, no por la chica chupasangres y la chica escupetornillos. Y es que una vez superada la sorpresa al visionar tú primera película de este estilo, el resto van impactando menos y olvidándose antes.

Afortunadamente, también contamos con los elementos positivos necesarios para que VG vs. FG sea una experiencia, cuando menos, destacable. Al fin y al cabo, no creo que nadie se ponga a ver esta producción esperando ser deslumbrado por el desarrollo argumental.
Todos los medios del film están destinados a ensalzar las sanguinolentas escenas que se reparten profusamente por todo el metraje. Observamos un buen presupuesto detrás, y es que a pesar de algunos efectos CGI que chirrían (vale, es obvio que sus autores los introducen de una forma cutre para generar una sensación humorística), Yoshihiro Nishimura se ha salido con los efectos, las desmembraciones y especialmente el uso de la cámara y luces para destacar los chorros de sangre que son omnipresentes y eternos por momentos. Es más, si tuviera que nombrar al mejor actor de la película diría sin dudarlo la hemoglobina. Es inevitable quedarse hipnotizado frente a la pantalla, como una polilla ante una luz, en según que escenas. Me encantó un momento nocturno (especialmente porque escasean, lo curioso es que la película transcurre en su mayor parte durante el día y bajo un sol de justicia) donde la estética de vídeo clip se conjuga con el goticismo tradicional a través de una lluvia de sangre que navega entre lo sensual y lo repugnante. Este esfuerzo en los efectos especiales lastra otros elementos de producción como los decorados, siendo poco variados (casi todo el metraje se desarrolla en el instituto, sus clases, patio y pasillos; llegando a cansar esta escasez de localizaciones). No así la banda sonora que aunque a mi no me acabó de convencer, quizá demasiadas canciones al uso acrecentando la sensación de ver una recopilatorio de video clips, reconozco que destacaba por su variedad, incluso atreviéndose con el flamenco. Tampoco afecta a una edición competente y a una fotografía, que de nuevo esclava de los excesos gore nipones, se encarga de destacar el color rojo con un disparo digital muy elegante. Una fotografía e iluminación que hubiese destacado escenas sexuales de haberlas habido. En el aspecto “picante”, que yo entiendo debería ser una seña de identidad del splatter oriental, VG vs FG es demasiado inocentona.

Insisto, los efectos especiales son los protagonistas principales de VG vs FG, todo el equipo sabía muy bien el público que se acerca a sus películas y lo que quiere: Sangre, sangre y sangre. En este terreno me es imposible encontrar ninguna pega de bulto. Y sorprendentemente, las actuaciones de los actores (que en este caso serían todos comparsas de los efectos especiales) no están mal. Que nadie encoja los hombros. Decir que en una película nipona (especialmente de género y no comercial) los actores no son malos en general, es todo un piropo. Además, las chicas y mujeres que conforman el reparto son de una belleza aplastante, destacando la sexy enfermera ayudante del padre de Keiko. De hecho, tenemos todo un señor cameo protagonizado por esa diosa japonesa llamada Eihi Shiina y protagonista de TGP. Otro cameo muy divertido lo protagoniza Takashi shimizu, director de la saga Ju-on (La maldición), haciendo de profesor de chino sencillamente pasado de rosca.

Y este cameo me lleva al último punto destacable: el humor exagerado, bizarro, bruto y negro como pocas de las películas del estilo que he ido mencionando. Y curiosamente, funciona bastante bien (a excepción de en los momentos “apasionados” entre Monami y Mizushima en los que todo resulta infantil y empalagoso), llegando en algunas escenas a volver realmente loco al espectador. Preparaos para las chicas Ganguro con su obsesión por ser como Obama. Impagable y divertido, y también de un humor muy cercano al gusto occidental.

Como conclusión tenemos una película que no se hace larga (quizás esos momentos puntuales de romanticismo, así como escenas alargadas por alargar, véase el video musical que nos ofrecen el científico loco y la explosiva enfermera), ofrece lo que quiere a un aficionado a las exageraciones bizarras de los japoneses y todo envuelto con correctos adornos a todos los niveles. Los espectadores que lleguen de nuevas a este sub-género del splatter japonés se estarán restregando los ojos durante horas debido a la incredulidad, para los espectadores curtidos, Vampire Girl vs. Frankenstein Girl, será una hora y veinte minutos muy entretenida pero que se olvidará a los pocos días.

Lo mejor: Las escenas sangrientas, bien introducidas y de alto contenido "hemoglobinico". El humor loco, en general funciona.

Lo peor: La falta total y absoluta de una trama que justifique la película.

¿Dónde conseguirla?
Gore Nation: “Vampire Girl Vs. Frankenstein Girl” en VOSE.

Flight of the living dead

Prefiero los zombis a las serpientes

Flight of the Living Dead

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  • Título original: Flight of the living dead
  • Nacionalidad: USA | Año: 2007
  • Director: Scott Thomas
  • Guión: Sidney Iwante, Mark Onspaugh
  • Intérpretes: David Chisum, Kristen Kerr, Kevin J. O'Connor
  • Argumento: Un vuelo comercial de Los Ángeles a París se convierte en una auténtica pesadilla cuando los zombis invaden el avión.

60 |100

Estrellas: 4

En 2006, el espabilado David R. Ellis creyó que sería una genial idea combinar el género de las catástrofes aéreas con el de los animales agresivos (en este caso serpientes). Con el avión y las serpientes en el saco, lo único que le faltaba a su cóctel explosivo era encontrar a un actor con cierto carisma que se implicara en el proyecto (Samuel L. Jackson haciendo de… Samuel L. Jackson) y orquestar una campaña de marketing de tres pares de narices que pusiera la miel en los labios a miles de aficionados en todo el mundo.

Finalmente la cosa no fue para tanto, y Snakes on a Plane (Serpientes en el avión, 2006) fue poco más que un par de secuencias de acción dignas de mención y algún que otro chiste facilón con señora gruesa y serpiente urgando en su refajo.

Afortunadamente todo el esfuerzo de David R. Ellis no fue en vano, y al menos sirvió para que otro espabilado, con menos recursos, se viera iluminado por la santa providencia y decidiera que sería una idea, todavía mejor que la anterior, despegar nuevamente el avión y sustituir a las serpientes por muertos vivientes. La fórmula de explotar el exploit, o el exploit al cuadrado.
Es segundo espabilado en cuestión responde al nombre de Scott Thomas, y su Flight of the Living Dead: Outbreak on a Plane (también conocida como Plane Dead) promete un vuelo nada apacible, con una tripulación poco servicial, y un pasaje que buscará alternativas a la bazofia de comida que suelen servir en los aviones.

Durante un vuelo de Los Ángeles a París, un grupo de científicos que huyen de la CIA transporta una caja en al que viaja una colega de profesión afectada por un debastador virus alterado genéticamente. El mal tiempo y las fuertes turbulencias son la causa de que la chica logre escapar. El virus la ha convertido en un zombi hambriento, y muy pronto sembrará el caos y el terror en el interior del avión.

Flight of the Living Dead es una de esas películas en las que resulta inútil destacar las malas interpretaciones, los personajes planos y estereotipados, la demencial excusa argumental, los efectos CGI de segunda categoría o su aspecto general de telefilme para la sobremesa de un domingo.

Posiblemente Flight of the Living Dead tenga en su haber todos estos defectos… y alguno más. Y también es posible que todos estos defectos pongan a prueba la resistencia y paciencia del más pintado. Sin embargo, ¿qué es lo que realmente uno espera – o debería esperar – de una pelicula como Flight of the Living Dead? ¿Buenos actores, un gran guión, efectos de última generación?

Lo único que esperamos encontrar en Flight of the Living Dead son zombis en un avión. Y que cuando se produzca su puesta en escena, el festín de sangre y vísceras esté asegurado y logre cautivar al aficionado al género zombi.

Tras treinta minutos iniciales insufribles, en los que Scott Thomas nos ofrece abundante información acerca de unos personajes que, sencillamente, no merecen tal esfuerzo; el primero de los zombis – nervioso, ágil y de aspecto terrorífico – clava sus dientes sobre el desgraciado de turno que se cruza en su camino (curiosa la tendencia de los zombis de Flight of the Living Dead de saltar siempre a la yugular de sus víctimas, como si fueran vampiros). A partir de este preciso instante Flight of the Living Dead cumple. Se convierte en lo que todos esperábamos: un ir y venir de zombis hambrientos sembrando el caos entre la tripulación y el pasaje de un vuelo comercial a 30.000 pies de altura.

Lo único que nos queda es olvidarnos (quien pueda) de los pésimos personajes y del guión inexistente, y disfrutar del espectáculo. Flight of the Living Dead es sangre (aunque no tanta como sería deseable), gore (también se echa en falta algo más de gore), y muertos vivientes (de estos hay más que suficientes).

Y por el camino, Flight of the Living Dead nos regala un par o tres de momentos para el recuerdo: esos muertos emergiendo del suelo del avión (y que nos remite a la imágen icónica del zombi abandonando la humedad de sus tumbas), el cruel – y divertido – destino de una monja empeñada en superar el trance a golpe de oración, y el buen hacer de un golfista profesional dando su merecido a los zombis.

Flight of the Living Dead no es una buena película, pero lo mejor que se puede decir de ella es que tampoco pretende serlo. Es un simple y honesto entretenimiento zombi de bajo presupuesto hecho por y para los aficionados al subgénero de los muertos vivientes. Y cómo tal… funciona.

Lo mejor: Cuando el primer zombi hace acto de presencia la rueda empieza a girar... y ya no para.

Lo peor: Malos actores, un guión de risa, 30 minutos iniciales que sobran y falta de gore.

The Blackout

Ni Bioman nos libra de esta.

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  • Título original: Ni Bioman nos libra de esta.
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Robert David Sanders
  • Guión: Jim Beck
  • Intérpretes: Barbara Streifel Sanders, Ian Malcom, Joseph Dunn
  • Argumento: En víspera de Navidad unos apartamentos de Los Angeles son atacados por extraños monstruos surgidos del subsuelo.

35 |100

Estrellas: 2

Por si la decepción que me llevé con Legion no hubiera sido poca, decidí embarcarme recientemente en otro viaje cinematográfico con fuertes reminiscencias de Feast. Y es que esto de dejar a un grupo dispar de personas atrapadas en compañía de monstruos, demonios ó mutantes; siempre ha sido un plato de mi gusto.
Desgraciadamente me he vuelto a equivocar eligiendo la película. En cuanto se publicitaron los primeros carteles, imágenes y argumento de esta cinta independiente de serie B (y asignarle esta letra es darle punto inmerecidos a este telefilm); surgió la polémica, sobre todo por el parecido entre la portada de The Blackout, con Feast. Ojala se hubieran parecido en más aspectos. No deja de ser chocante que los creadores de The Blackout, se molestasen tanto en copiar carteles de otras producciones, cuando su película toma la base argumental de toda la vida, grupito de gente dispar contra bichos de origen desconocido, y se aleja todo lo que puede de Feast. Pero no os hagáis ilusiones, buscadores de originalidad, se aleja dando todo paso incorrecto habido y por haber. Entonces, ¿de qué trata el primer film del director Robert David Sanders?

Es la víspera de Navidad, en un edificio del centro de Los Angeles, un grupo de amigos y vecinos se dispone a celebrar la llegada de Papa Noel con una fiesta por todo lo alto. Sin embargo no es un día típico de diciembre en California: Las temperaturas son extremadamente altas, se producen continuos temblores de tierra y las señales de radio y televisión fallan por momentos. En este ambiente nada halagüeño, la fiesta parece discurrir con normalidad hasta que un temblor deja al edificio sin luz y a los invitados atrapados en el edificio junto a unas criaturas monstruosas salidas de las entrañas del edificio en busca de sangre humana.

Como veis no se puede presumir de mucha originalidad argumental. He leído decenas de relatos con un argumento similar pero con un acabado muy distinto (y abismalmente superior). Lo que en seguida nos choca en los primeros compases de la película es lo en serio que se toman los implicados en The Blackout su propia película. Otro elemento destacable, para mal, es la banda sonora y los efectos de sonido (responsabilidad también de Robert Sanders).
El primer punto es el ejemplo perfecto de porque esta producción es el polo opuesto a Feast. Muchas películas de serie B tienden a no tomarse en serio a si mismas para superar otras limitaciones como el bajo presupuesto con el que cuentan. No digo que sea la solución definitiva ni la panacea para los productos directos a DVD, pero es innegable, que cuando el humor funciona una película modesta puede ganar muchos enteros (por ejemplo Terroríficamente muertos). Insisto, no quiero decir que con humor se salve todo de una mala producción. En este caso, se optó por dotar toda la cinta con un aire de seriedad que visto lo pobre de otros elementos, especialmente los actores, no ayuda a remontar un escaso metraje (75 minutos) que se hacen eternos. Donde en Feast encontrábamos personajes histriónicos bien interpretados, aquí tenemos personajes clichés que ni llegan a ser interpretados (más bien acribillados). Y no es que la historia sea un desperdicio total, sin ser un dechado de virtudes, la seriedad impuesta en el guión da como resultado una coherencia general que se agradece. Puesto que el argumento no da para mucho, no esperéis un final que arregle el desaguisado montado por los actores, ni nada sorprendente pero si una conclusión consecuente que en ningún caso indigna como el final de esa reciente película de ángeles estilo Terminator.
El segundo punto que he comentado es bastante molesto. Todos entendemos que esta película se ha hecho con pocos recursos y mucho esfuerzo; pero, ¿era necesario crear una banda sonora sintética tan rimbombante, insertarla a tanto volumen en los momentos menos propicios y, por si fuera poco, rematarla con cientos de sonidos misteriosos generados por ordenador? En mi opinión logra descentrar al espectador de una película ya de por sí poco interesante. Muy poco estilo.

Digamos que los dos elementos cinematográficos anteriores son la punta visible del iceberg pero a medida que avanza el metraje muchas otras aristas se hacen visibles, demasiado visibles y demasiado rápidamente:

Siento ser cruel, pero los actores elegidos no se merecen ese nombre. Como todos sabréis Los Angeles es un hervidero de gente con poco talento intentando ser alguien en el mundo del espectáculo. Dentro de ese “mar de mierda” se pueden encontrar destellos de genialidad en algunos aspirantes a actor con verdadera chispa. Desgraciadamente las personas elegidas para dar vida a unos personajes y diálogos de poca profundidad son la escoria típica de Hollywood: verás más expresión en los ojos de un cordero. Mal, muy mal; no hacen ni gracia. No existe credibilidad en absoluto, haciendo aun más molesta la seriedad del guión. El padre protagonista me puso especialmente de los nervios con su cara de americano progre blanda e impasible aun creyendo muertos a sus hijos.

Los efectos especiales son bienintencionados pero incapaces de crear ningún tipo de clima ó tensión: Destellos sanguinolentos gratuitos introducidos timoratamente como recurso desesperado, abundancia de CGI barata que en ningún momento da el pego y unos monstruos que podrían haber salido de la serie Bioman. Vamos, plasticote barato y efectos pixelazos que molestan por su excesiva abundancia (si no tenéis dinero aprended a ocultar las carencias y no ha demostrarlas). ¡Los bichos no pueden estar peor diseñados y ser más cutres! Me resultaron como una mezcla entre la hormiga atómica, Venom y un escorpión desnutrido. Se ve que invirtieron todos los esfuerzos en el diseño del poster.

El resto de elementos técnicos y humanos que componen The Blackout están a la altura de lo expuesto. Sinceramente, he visto telefilmes infames protagonizados por Michale Ironside, que al lado de esta película parecen obras maestras de la planificación y la fotografía. Podríamos perdonar muchas cosas a una producción modesta siempre que otros factores equilibrasen el resultado final. Pero os aseguro que nada es rescatable de esta obra primeriza, torpe y olvidable.

No se la recomiendo a nadie, ni siquiera a esos insomnes irredentos capaces de tragarse cualquier cosa en la tele. The Blackout estará en breves siendo emitida por los canales temáticos de la televisión digital, así que os daré un consejo que espero se convierta en reflejo pavloviano cuando llegue la ocasión: cambiad de canal, arrancaos los ojos, tomad un sedante…lo que sea, pero no os sometáis a la tortura de este subproducto que no se arregla ni con buenas intenciones.

NOTA: Observad que tiene la misma nota que Legion. Que nadie se escandalice, son igual de malas pero no exactamente por los mismos motivos

Lo mejor: Es corta y el final no provoca nauseas.

Lo peor: Los efectos de sonido cutres, los actores cutres, los CGI cutres, los decorados cutres, la edición cutre, la fotografía cutre...

The Descent 2

De regreso a nuestra cueva favorita

The Descent 2

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  • Título original: The Descent 2
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Jon Harris
  • Guión: J Blakeson, James McCarthy, James Watkins
  • Intérpretes: Shauna MacDonald, Natalie Jackson Mendoza, Gavan O'Herlihy
  • Argumento: Sarah está viva. Cansada y aturdida se ve obligada por el sheriff local a regresar a la cueva apenas trasncurridas unas horas.

69 |100

Estrellas: 4

Sarah ha sobrevivido. Confusa y agotada es requerida por el sheriff local para regresar a la cueva acompañando a un equipo de rescate que intenta averiguar qué demonios ocurrió allí abajo.

Sarah sale de la cueva y es trasladada a un hospital. Su estado físico y mental es, como poco, deplorable. En unas 48 horas (un poquito menos incluso) vuelve a estar en el interior de la cueva. Fuerzas renovadas, espíritu peleón, y muchas ganas de darle su merecido a los monstruos que se esconden tras las sombras (aunque en esta ocasión parece ser que han dejado las persianas subidas, ya que The Descent 2 es mucho menos sombría que su antecesora).

El espectador que se dispone a ver The Descent 2, todavía con el excelente sabor de boca que le dejó el original de Neil Marshall (para un servidor, The Descent es una de las mejores películas de terror en lo que llevamos de siglo… ya está dicho), tiene un primer obstáculo que sortear, una montaña: la excusa argumental urdida por Jon Harris para que Sarah dé con sus huesos en la cueva por segunda vez, transcurridas apenas unas horas desde su horrible experiencia en el interior de la misma, es muy pobre… algo que, en realidad, ya intuíamos (y no quiero extenderme en el hecho de que Sarah esté viva, algo que no quedaba nada claro en el primer Descent a causa de los finales alternativos de la película de Marshall. Descent 2 parte del hecho de que Sarah sobrevive… nada que objetar por mi parte).

Por supuesto los seguidores del cine de terror solemos ser gente esforzada e infatigable, y éramos muchos los que ardíamos en deseos de echarle un tiento a la secuela de The Descent. Así que de un salto superamos la montaña y nos disponemos a regresar al interior de la cueva con nuestros nuevos acompañantes (todos ellos con un tufillo a cadáver que tira de espaldas). Y es que, en realidad, lo único que hay de nuevo en The Descent 2 son las caras de los renovados protagonistas, al margen de la propia Sarah. El desarrollo de The Descent 2 es prácticamente idéntico al de The Descent: un grupo de incautos en una cueva, el grupo que se rompe y se dispersa por causas variadas (algunos toman la estúpida decisión de ir por libre, mientras otros se ven obligados a ello), y por supuesto el enfrentamiento con los subhumanoides (mis disculpas si el término no es exacto) de la cueva, en el que los humanos siempre tendrán las de perder.

De este modo, si al alguien se le ocurre preguntarse qué demonios aporta The Descent 2 a la historia que nos explicó Marshal en el primer Descent, la respuesta es rotunda: absolutamente nada.

Pero entonces, ¿cuál es la verdadera razón de ser de una secuela cómo The Descent 2? Olvidaos de los personajes poco atractivos (cuyo destino final nos importa mucho menos que el de las chicas del primer Descent), de lo cogida por los pelos que está la premisa argumental, de alguna aparición sorpresa todavía más pillada por los pelos que la premisa argumental y de lo poquito (o nada) que avanza la historia en referencia al primer Descent. Estas son las únicas razones por las que se justifica la existencia de una película como The Descent 2: más monstruos, más enfrentamientos, más sangre, más gore y más acción.

Y desde este punto de vista tan sólo me queda aplaudir la magnífica labor del debutante Jon Harris. The Descent 2 es una colección de set pieces adrenalíticas y sangrientas que, en ocasiones rozan con la punta de los dedos los niveles de horror logrados por Marshall en la primera entrega. The Descent 2 disfruta de algunas secuencias realmente fantásticas, cómo la lucha que culmina en el interior de una fosa séptica o el enfrentamiento final.

Es mucho más directa y mucho más explicita que su predecesora (lo que no significa, necesariamente, que sea mejor) y dispone del potencial suficiente para convertirse en una auténtica fiesta para el aficionado, siempre que se tenga muy en cuenta que The Descent 2 no es The Descent. Se le parece, el desarrollo es muy similar… pero el tono es muy distinto.

Hay que saber (al menos intentarlo) disfrutar de The Descent 2 cómo lo que realmente es, un espectáculo sangriento, cargado de diversión, pero alejado del universo sombrío y aterrador que nos presentó Marshall en la entrega original.

The Descent 2 es una secuela dignísima de un clásico moderno del cine de terror. Parecida en el fondo, pero distinta en las formas. Pero por supuesto aquí estamos para mojarnos. ¿Es Descent 2 superior a su predecesora? Un servidor lo tiene clarísimo y se queda con la obra maestra de Neil Marshall, más claustrofóbica y aterradora que su secuela.
En cualquier caso os invito a echarle un vistazo a Descent 2. La sangre, la acción y la diversión están aseguradas. Vale la pena.

Lo mejor: La acción, la sangre, la adrenalina...

Lo peor: Es menos terrorífica que su predecesora.

Legion

¿Hay algo más soso que un ángel?

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  • Título original: ¿Hay algo más soso que un ángel?
  • Nacionalidad: USA | Año: 2010
  • Director: Scott Stewart
  • Guión: Peter Schink, Scott Stewart
  • Intérpretes: Paul Bettany, Adrianne Palicki, Dennis Quaid
  • Argumento: El día del Apocalipsis Dios envía a su ejército de ángeles para que acaben con la humanidad y el hijo de Charlie, la última esperanza.

35 |100

Estrellas: 2

Mucho se lleva hablando en las últimas semanas por la red sobre esta cinta; y poco de lo expresado es positivo. Y aunque la opinión de la mayoría siempre me ha importado un bledo, está vez no hay más remedio que rendirse a lo evidente: Estamos ante una de las primeras grandes decepciones del año, dentro del género fantástico.

Legion, segunda obra de un reconocido técnico en efectos visuales llamado Scott Stewart, nos cuenta una historia típica de personas atrapadas en una localización frente a las fuerzas sobrenaturales que les acosan en el exterior. Esta simple frase nos trae a la cabeza de forma inmediata “La noche de los muertos vivientes” (George Romero, 1968), “El caballero del diablo” (Ernest R. Dickerson, 1995) y la saga “Feast” (John Gulager; 2006, 2008 y 2009 ); y es que, no en vano, Legion intenta copiar esta formula añadiendo su granito de arena. ¿Cuál es este? Pues en lugar de demonios, muertos vivientes ó monstruos; como peligro exterior tenemos cuerpos poseídos por ángeles enviado por un Dios cansado de la humanidad.

Así pues, amanece un nuevo día de la época actual en un solitario bar de carretera, justo en medio de un desierto del sur de Estados Unidos. Los típicos perdedores se deambulan por el interior del destartalado restaurante junto a algunos viajeros que se han perdido en este lugar dejado de la mano de Dios. Entre ellos, destaca con luz propia Charlie (Adrianne Palicki), la cual espera un hijo de padre desconocido.
Sin embargo, lo que parece el último rincón de la tierra, se convierte en el centro de una pugna titánica. Dios ha pulsado el botón rojo y ha enviado a sus huestes angelicales para que acaben con la humanidad. Especialmente importante es acabar con el hijo no-nato de Charlie, pero esta contará con la ayuda de los parroquianos así como con la experiencia en el combate de un ángel renegado: Michael (Paul Bettany)

Tal vez a alguno os haya parecido un resumen un poco burdo de la sinopsis de Legion, pero es que no hay más. He intentado redactar el argumento con la sensación que me provocó esta producción con aires de grandeza: desidia.

Para empezar no es que la línea argumentalmente sea la bomba, como ya hemos dicho tiene muchos antecesores que comparten dicha línea. Como único aliciente tenemos a unos acosadores representados por ángeles. Quizás alguien ingenuo, como yo, esperase un auténtico festín de locuras al estilo de Garth Ennis (si no habéis leído su obra Predicador os estáis perdiendo el comic más salvaje y antirreligioso de la historia del noveno arte). Pues nada más lejos de la realidad, el tema religioso esta tratado con bochornosa mogijateria y solo sirve como relleno de un guión que no puede ocupar más de 15 páginas, así como excusa para unas escenas terroríficas pobrísimamente editadas y de muy escasa intensidad. Para venderlo como un thriller apocalíptico, tiene una carencia de tensión y ambiente alarmante.

Es como si los responsables de la película hubiesen estado robando ideas descaradamente de todas las películas nombradas algo más arriba e incluso plagian recursos artísticos de “Evil Dead” para desarrollar las dos únicas escenas buenas con las que cuenta Legion: La viejecita diabólica y el heladero del inframundo. Por cierto, ambas escenas profusamente usadas en el trailer…chapó! Si por lo menos el robo se hubiese ceñido a lo mejor de cada casa, todo ello potenciado con lo mejor del cine; pues bueno, hubiese satisfecho muchísimo más a los espectadores. Pero no, Scout Stewart utiliza todos los tópicos posibles realizando la película más predecible de estos dos últimos años; los mezcla con unas dosis de acción mal medidas, mal presentadas y superfluas a todas luces; y para rematar, no se esfuerza en dirigir a sus actores de segunda fila. Vaya elenco de caras de palo que pululan por la pantalla.

De los actores, el único que se salva es Bettany, y solo porque su papel no requería nada más que lucimiento de músculos, una cara de sufrimiento y cabreo constante. El resto es para meterlos en la nevera una buena temporada, aunque reconozco que no lo tenían fácil. Los diálogos con los que el Señor los ha castigado son horribles, frases encadenadas unas detrás de otra con poco valor para el desarrollo de una historia ó la personalidad de los personajes encerrados en el bar. Si vas a escribir un script para una película cuya mitad del metraje se compone de diálogos, trabájalos a fondo y evita los clichés sobre la religión, la gente de color, las embarazadas solteras, etc. Encima clichés que corresponden al siglo pasado.

Y observareis que estoy intentado no hablar de Dennis Quaid, os aseguro que es por una buena razón: no quiero que su agente me demande. Simplemente observad su cara en una de las fotos que ilustran la reseña. Emotividad pura y dura.

Por si todo esto fuera poco, Legion se atreve con un final de esos que adelantan la segunda parte y que encima presenta todo el patetismo de una telenovela. De hecho, y a pesar de ser ateo, no pude evitar entristecerme por la presentación de Dios como una entidad con el coeficiente intelectual de un pepino revenido. Tremenda tomadura de pelo el cierre del metraje.

Lo único que consigue mantenerte minimamente interesado es el acabado técnico general que no esta mal, aunque algo lejano al de producciones más cuidadas y artesanales como “El Caballero del Diablo”. No en vano Scott Stewart lleva muchos años en el mundo de los efectos visuales (Grindhouse, Sin City, Piratas del Caribe, etc), pero que quede claro que estos efectos están al servicio de una historia incorrecta y usados con elegancia elefantina. Además la edición de las escenas más sangrientas me dio cierta sensación de autocensura, ¿un posible Director’s cut para el dvd?

Como muestra de la falta de elegancia comentada, un botón:

Sí amigos, comienza la película y el bueno de Michael sale contento y feliz del almacén de armas de un grupo mafioso, contemplarlo reventando el muro con un lanzamisiles, pero oh!! la forma del agujero creado en la pared es una cruz. Claro, claro; era necesario usar esa sutileza para entender el origen divino de este simpático personaje, que porta decenas de armas en unos sacos cual Terminator de barrio.

Poco me queda más que añadir. A lo mejor cierta aclaración sobre la nota.
Desde luego la película no es peor que, por ejemplo, Growth; sin embargo creo que un aficionado experimentado del genero terrorífico debe exigir a un proyecto todo lo que el considera que pueda dar de sí. Si un día me pongo a visionar una película utragore de Olaff Ittenbach no le voy a pedir que me sorprenda con profunda metafísica ó una profundidad sentimental en los personajes que me estremezca el corazón, pero como no vea tripas, casquería y humor tan sucio como barato, me sentiré profundamente decepcionado.
Parecido sucede con Legion, si me venden un blockbuster de entretenimiento puro y duro, que mezcla terror con acción, quiero lo prometido y no una cinta descafeinada. De nuevo una campaña publicitaria adecuada y un poster sugerente engañan vilmente con esta película, carne de videoclub y que no os recomiendo para nada. Bueno, si no tienes ninguna expectativa y te sobran 100 minutos de tu vida podrías darle un tiento, pero cualquiera de las otras películas que se han nombrado en la reseña son superiores una decena de veces.

Avisados quedaís…

PD: Cuidado con Scott Stewart que parece no haberse quedado satisfecho con sus mezcolanzas de conceptos religiosos, terror y acción; prometiendo volver al ataque el año que viene con la cinta Priest, protagonizada por Bettany en el papel de un reverendo cazador de vampiros. ¿A qué huele a más de lo mismo?

Lo mejor: El dinero invertido en efectos visuales, sin ser una maravilla, destacan.

Lo peor: La hiriente sensación de recursos desperdiciados en una historia aburrida y tópica.

La Cuarta Fase

Basada en hechos reales ficticios

La Cuarta Fase

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  • Título original: The Fourth Kind
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Olatunde Osunsanmi
  • Guión: Olatunde Osunsanmi
  • Intérpretes: Milla Jovovich, Will Patton, Elias Koteas
  • Argumento: Abbey Tyler es una psicóloga que comienza a sospechar que varios de sus pacientes están siendo visitados por extraterrestres mientras duermen.

55 |100

Estrellas: 3

Nada más comenzar la cinta, sin créditos ni nada, Milla Jovovich camina hacia nosotros por un sendero rural, mira a cámara y se presenta: “Hola, soy la actriz Milla Jovovich e interpreto a la psicóloga Abbey Tyler”. Y, luego, nos cuenta cómo lo que vamos a ver es una reconstrucción de lo sucedido en el pueblo de Nome, Alaska, y cómo algunos nombres de los protagonistas se han cambiado para salvaguardar su intimidad. También, que cada escena de la película que comenzamos a ver tiene su respaldo en una grabación real. Así, siguiendo a rajatabla estas reglas que se impone desde el primer momento, The Fourth Kind está salpicada de insertos de las grabaciones reales, certificando así que sucedieron y, si la primera escena es Milla Jovovich revelando su condición de actriz, la segunda es el propio director de la película, Olatunde Osunsanmi, entrevistando a la Abbey Tyler real, a quien encarna Milla Jovovich en la peli.

Un poco confuso, sí. Vamos por partes. Nada de lo que cuenta The Fourth Kind es real. Todo es ficticio, y hay varias webs que se han encargado de demostrar que las supuestas informaciones reales fueron volcadas en internet a la par que la película (especialmente exhaustivo es el asunto en el blog Marcianitos Verdes http://marcianitosverdes.haaan.com/2009/09/lo-siento-the-fourth-kind-no-est-basada-en-hechos-reales/). Como estrategia de márketing, cojonudo. Me quito el sombrero. En Estados Unidos, por lo visto, sí que se armó revuelo con el tema, en plan debates sobre si era – o no – real lo que salía en la peli. En España, desde luego, la cosa ha pasado con más pena que gloria. Por tanto, existe el supuesto hecho real, que es falso, y las imágenes que se grabaron del mismo; y la recreación fílmica de las imágenes que documentan el hecho real, todo remezclado en la misma película.

Segunda parte: el argumento. La psicóloga Abbey Tyler (Milla Jovovich) se encuentra con que, en el pueblo de Nome, varios de sus pacientes tienen los mismos síntomas: despiertan a media noche, en torno a las tres de la mañana, y aseguran que hay un búho en sus ventanas observándoles. En la esfera personal, la psicóloga intenta superar la muerte de su marido y las secuelas que ésta ha provocado en su familia, sobre todo en su hija pequeña.

Tras someter a hipnosis a uno de sus pacientes, Scott (Enzo Cilenti), éste confiesa que el búho, en realidad, no es un búho… y las consecuencias de esta hipnosis son fatales. Poco a poco, por tanto, el ambiente en el pueblo se enrarece, y acaba salpicando a la propia psicóloga, su familia y su pasado. Y apuntando, directamente, a los extraterrestres como los responsables. He de reconocer que desde que se dijera en Twin Peaks aquello de que “las lechuzas no son lo que parecen”, todo lo que me huela a ello me parece un elemento absolutamente inquietante. Y The Fourth Kind tiene varios puntos potentes en su argumento. Si alguien lo comentara en una conversación, realmente me parecería una gran idea. Aunque, sobre todo, me parecería un gran libro. Y este es uno de los problemas. Si bien hay un par de momentos especialmente escalofriantes durante las sesiones de hipnosis, lo cierto es que, en general, las imágenes de la película son un lastre. Rara vez consiguen estar a la altura del material que están contando y, sin embargo, cuando se recurre a la distorsión y sólo se narra con el sonido, por ejemplo, sí que se consigue llegar a niveles de perturbación bastante interesantes. Por eso, The Fourth Kind hubiera sido un gran libro: las sesiones de hipnosis, sin las imágenes que las acompañan en la película, seguramente hubieran sido aterradoras. Tampoco están a la altura, desde mi punto de vista, el par de insertos que hay de la actividad alienígena sobre Milla Jovovich.

Pero vuelvo a las sesiones de hipnosis porque no me estoy centrando en ellas por capricho. Prácticamente, es lo que vertebra la película porque, eso sí, sigue a rajatabla las leyes que se ha impuesto: de todas las escenas hay testimonio gráfico “real”. A fin de cuentas, por tanto, casi toda la película es un diálogo entre Abbey y su paciente de turno. Sin duda alguna, dos de los mejores momentos de la función son la segunda sesión a la que someten a Scott, y a la que se somete la propia Abbey. En estos momentos, la película se acerca al terreno de El Proyecto de la Bruja de Blair o Paranormal Activity, y consigue brillar más que nunca. Por el contrario, reitero lo que ya se ha dicho anteriormente: en el resto de ocasiones, resultan frustrantes e, incluso, aburridos. Hubiera sido mejor leerlos, o sólo oír los audios “reales” o, incluso, ver las imágenes “reales”. Lo que lleva al gran asunto de la película.

¿Por qué complicarse tanto la vida? O sea, ¿por qué fingir una recreación de un hecho real que, a su vez, tampoco es real? Ninguna de las dos películas pseudo-reales anteriormente mencionadas se preocuparon por ello y, no por eso, perdieron un ápice de “veracidad”. Cuando en The Fourth Kind cuelan imágenes reales, la película sube, y mucho más cuando emplean el recurso de emborronar la imagen – se supone que cuando hay actividad alienígena, se producen interferencias en los aparatos eléctricos – y dejarnos sólo con el audio. Son mucho mejores estas imágenes que sus recreaciones fílimicas, por mucho que las protagonicen la guapa Milla Jovovich y el solvente Elias Koteas. Creo que hubiera sido mucho más terrorífica la película si hubiera sido un montaje de las cintas del caso, como se ha hecho otras tantas veces. Como espectadores, tenemos interiorizado ese tipo de imágenes y nos las “creemos” con mucha mayor facilidad.

Y es que en esta película hay demasiado juego de espejos. La realidad no es real, pero pretende serlo. La recreación de esa falsa realidad, tampoco se percibe como ficción puesto que se ha roto la barrera desde el momento uno (recordemos las dos primeras escenas de la película). Quizás, consideraron que la originalidad del planteamiento era más valiosa que la credibilidad del asunto, pero lo cierto es que la película se observa todo el rato desde una distancia insalvable. Nunca te crees nada, y a eso no ayuda la labor de dirección de Osunsanmi: es incapaz de entrar en los escenarios, y de que los miedos y terrores de sus protagonistas superen la pantalla. El caso es que, al final, echas de menos, y mucho, que no haya más momentos “reales” aderezando el soso conjunto de la recreación fílmica.

Eso sí: algo hace bien la película, y es confundirte. Aunque ya sabía que no estaba basada en hechos reales, lo primero que he hecho, antes de ponerme a escribir, ha sido bucear en internet para encontrar material que me lo confirmase o desmintiese definitivamente.

Lo mejor: La segunda hipnosis a Scott y la sesión de Abbey.

Lo peor: Lo pobre que resulta la recreación fílmica al lado de las supuestas escenas reales.

Daybreakers

Los vampiros pasan hambre

Daybreakers

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  • Título original: Daybreakers
  • Nacionalidad: Australia/USA | Año: 2009
  • Director: Michael Spierig y Peter Spierig
  • Guión: Michael Spierig y Peter Spierig
  • Intérpretes: Ethan Hawke, Sam Neill, Willem Dafoe
  • Argumento: La escasez de sangre humana pone en peligro la supervivencia del vampiro. Es necesario encontrar un sustitutivo a la sangre humana... o una cura definitiva al vampirismo.

75 |100

Estrellas: 4

Reiventar la rueda no tiene que ser nada fácil. Agarrar un género tan sobreexplotado como es el vampírico, darle un par de giros, ponerlo del revés, sacudirlo hasta dejarlo aturdido, y volverlo a voltear hasta lograr un producto final digno, original y novedoso, se me antoja algo así como reinventar la dichosa rueda. Una quimera…

Los australianos hermanos Spierig, autores de aquel divertimento con aires de serie Z titulado Undead (2003), lo han intentado, y si bien la rueda no la han reinventado (ni falta que hacía), sí han logrado con Daybreakers llevar a cabo una muestra de cine de colmillos sugestiva y sobrada de atractivo, a la altura de las dos primeras entregas de Blade.

En 2017 la sociedad vampírica domina el mundo. Los últimos supervivientes de la raza humana (relegada al primer – y único – escalafón de la cadena alimenticia) son confinados en granjas dónde se exprime hasta la última gota de sangre de sus cuerpos.
Pero el suministro de sangre se agota. La humanidad está en peligro de extinción, las provisiones de sangre escasean, y la perdurabilidad de los vampiros pasa por encontrar un sustitutivo a la sangre válido para el consumo o hallar una cura definitiva al vampirismo (¿el vampirismo se cura?).

El arranque de Daybreakers es fabuloso. De una manera mucho más austera, sutil y elegante en lo formal de lo que cabría esperar por parte de los hermanos Spierig (a tenor de lo ofrecido en su ópera prima), se nos muestra una civilización de vampiros cuyo modo de vida y cuya cotidianidad debe adaptarse a una serie de clichés, convenciones y pautas de conducta que responden a las normas impuestas por el propio subgénero de los vampiros: automóviles adaptados para ser conducidos a plena luz del día, tenderetes ambulantes que dispensan el ansiado líquido rojo, espejos especiales que sí reflejan la silueta del vampiro… Y junto a estos elementos, toda clase de carteles, programas televisivos, periódicos… que vienen a reforzar, casi de manera subliminal, esa idea de una nueva sociedad de chupasangres. Son toda una serie de detalles quizás algo pueriles o simplistas, pero que, en su conjunto acaban resultando tremendamente seductores y efectivos a la hora de captar nuestra atención y sumergirnos en el particular universo que nos propone Daybreakers.

La magnífica puesta en escena de los hermanos Spierig se encuentra a medio camino entre la sobriedad de la siempre subestimada Gattaca (Andrew Niccol, 1997), con la que Daybreakers comparte además protagonista (Ethan Hawke), y el homenaje al cine negro con tintes futuristas de la soberbia Dark City (Alex Proyas, 1998). En este sentido, rotundo –y quizás inesperado- acierto de los hermanos Spierig a la hora de dotar a Daybreakers de un aspecto visual totalmente acorde con los objetivos perseguidos. Incluso aciertan en el uso de los efectos especiales y de maquillaje, evitando que Daybreakers transmita esa dolora sensación, tan común en los tiempos que corren, de ser un innecesario desfile de efectos CGI que embotan nuestros sentidos (por lo visto, los hermanos Spierig convencieron a la productora para abaratar costes de producción a cambio de ser ellos mismos los encargados de realizar buena parte de los efectos de la película).

A nivel argumental es obvio que la situación planteada por Daybreakers, una sociedad de vampiros al borde del colapso por la nefasta administración de su principal fuente de alimento, y su incapacidad para encontrar un recurso alternativo, darían para edificar un par de discursos ecológicos (la necesidad de energías renovables) y de crítica hacia el capitalismo (el papel de las grandes corporaciones en la explotación de los recursos “naturales”). Pero mucho me temo que esa no fuera, ni mucho menos, la intención última de los australianos. Más allá de metáforas demasiado evidentes, Daybreakers triunfa en su condición de simple (en el mejor de los sentidos) pero contundente entretenimiento con regusto a serie B (pese a su holgado presupuesto y su plantel de actores), que intenta, por todos los medios (y lo consigue tan sólo a medias), darle un nuevo giro de tuerca al género vampírico.

Me resulta sencillo destacar las cualidades que hacen de Daybreakers un plato de agradable degustación: la exquisitez con la que describe una sociedad de vampiros en la que el hombre está condenado a la extinción (aunque, en realidad, esa sociedad que describe Daybreakers tampoco se me antoja tan distinta a una sociedad humana actual), el interés que despiertan la mayoría de sus personajes principales (en especial el hematólogo interpretado por un correctísimo Ethan Hawke), la participación de dos pesos pesados de la interpretación como son William Dafoe, haciendo bueno un personaje que en el tramo final de la película se diluye, y Sam Neill, magnífico en su papel de villano de la función, unos efectos especiales y un maquillaje rotundamente acertados (pese a que no vamos a descubrir nada nuevo en ellos); y las convincentes y muy disfrutables secuencias de acción que pueblan la trama (incluído algún que otro guiño a los amantes de la sangre… y en esta ocasión no me refiero a vampiros).

Sin embargo también me resulta relativamente fácil hacer referencia a un par de puntos que juegan, decididamente, en contra de Daybreakers.
En los compases iniciales de la película se nos muestra una secuencia en la que el Dr. Edward (Ethan Hawke) recibe una inesperada e indeseable visita en su hogar. Es una secuencia de acción espectacular, intensa, de esas que te incrustan en la butaca del cine. El problema es que durante el resto del metraje se echa en falta alguna que otra secuencia que esté, al menos, a la misma altura de la secuencia mencionada. Una presencia más activa de esos aterradores monstruos en los que se convierten los vampiros a causa de la escasez de sangre en sus organismos, creo que hubiera beneficiado considerablemente a la película.

Por otro lado (más grave si cabe), Daybreakers padece de un final demasiado precipitado y en el que abundan las apariciones sorpresa sin demasiado sentido. Una verdadera lástima que no hayan sabido ponerle la guinda al pastel.

En cualquier caso, este par de defectos señalados creo que no empañan el interés y las buenas sensaciones que transmite una película como Daybreakers. Si bien no supone una revolución al género vampírico, sí creo que hará las delicias del aficionado a los colmillos, la ciencia-ficción y la acción con regusto a serie B clásica. Entretenimiento asegurado.

Lo mejor: Su arranque y que todavía haya esperanza para el género de los vampiros tras el incesante desfile de productos destinados únicamente al público juvenil.

Lo peor: El final