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Bajo la ciudad

Bienvenido al mundo subterráneo

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¿Hay decisiones que sabemos que nunca tomaríamos? Varios asesinatos comienzan a producirse en el centro de Madrid en la primavera de 2014. Despidos en masa, desahucios y escándalos de corrupción de la crisis sepultan a esas truculentas noticias, que antes habrían tenido otra repercusión. Poco a poco conoceremos los detalles de unas muertes que nada tienen que ver con la necesidad o el crimen organizado. Alejandra y Cuevas, la pareja de inspectores de policía que llevarán el caso; Max, un treintañero con una personalidad poco convencional; Eduardo Roca, un joven abogado que ha conocido el éxito gracias a su particular cartera de clientes. Ellos y otros personajes clave guían esta intensa novela negra de sorprendentes giros argumentales.

LA HUELLA DEL CRIMEN

Una de las escasa ventajas de la crisis económica es que los afectados por la misma, al vernos obligados a ejercer a tiempo completo la molicie laboral, disfrutamos de una cantidad ingente de tiempo libre. Y para combatir el mismo y no darle a la cabeza más vueltas que la pequeña Reagan dedico mis innumerables horas de asueto a la lectura compulsiva y el visionado de cintas infames que avergonzarían al mismísimo Ed Wood. De media, suelo devorar unas cien páginas diarias, y aunque no soy filólogo ni mucho menos crítico literario o cinematográfico, mi cobardía innata me empuja a ejercer las dos últimas funciones bajo la cainita impunidad que otorga el anonimato del teclado. Y eso te lleva con el tiempo, a poder apreciar en las obras dignas de estudio, aspectos que en principio te pasarían desapercibidos. Y si en los films terminas por fijarte el adecuado maquillaje, la espectacular fotografía, el trabajado vestuario o los creíbles decorados, con las obras literarias ocurre algo semejante y antes de darte cuenta estás leyendo entre líneas y observando con lupa las construcciones gramaticales, la variedad del léxico o el abuso de adverbios, pero con la ventaja de ser un simple aficionado sin caer en los fanáticos excesos del “gafapastismo” más rancio.

Y claro, esto tiene sus ventajas, como que algunos autores, conocedores de mi implacable imparcialidad a la hora de valorar una obra, se atrevan a cometer la inconsciencia de enviarme las galeradas de sus textos para que les ofrezca mi nula profesional opinión. Lo que por otro lado me honra y me obliga a realizar críticas sinceras exentas del viciado mercantilismo con el que la mayoría de las veces tratan de venderte el “best seller” de turno. Así llegó a mis manos la brillante ópera prima de Alberto C. Reguera, una obra la más puro estilo “noir” pero con terroríficas sorpresas incluidas. A pesar de ser seguidor de los clásicos en la materia, algo que siempre he añorado en el género negro es la escasa valentía a la hora de incorporar nuevos elementos con los que enriquecerlo. Pues bien, este eclecticismo es precisamente el que Alberto C. Reguera nos ofrece con la insolencia propia de quien firma su excelente debut con esta novela gansteril que incluye elementos sobrenaturales en un entorno oscurantista pero sin por ello renunciar a la credibilidad más verista.

 photo BLC_Caratula_zpsefu4mbu8.jpgAmbientada en la España más actual en la que cada vez con más frecuencia la cruenta realidad supera a la ficción extravagante, “Bajo La Ciudad” se estructura como una novela coral de historias cruzadas en la que el particular devenir de sus personajes eclosiona en un cruce de destinos tan fatal como deseable. Lo más loable de estos peculiares protagonistas es que pese a representar los variados prototipos establecidos por los cánones (el chivato, la “femme fatale”, el villano y el anti-héroe), lo hacen tergiversando sus roles, pero sin caer en ridículos paródicos, ofreciendo así una genuina novedad. Esto provoca constantes sorpresas argumentales dosificadas a un tempo narrativo endiablado en el que los acontecimientos se desarrollan creando un escalofriante enredo de funestas y esotéricas consecuencias. La virtud del autor radica en presentarnos todos estos elementos de un modo tan refinado y sibilino que termina por resultarnos “imposiblemente verídico”, porque en realidad, aunque acontecimientos como los narrados no resulten el pan de cada día, todos sabemos que ocurren quizá con mayor asiduidad de la que nos atrevamos a admitir.

El resultado de esta alquímica amalgama es una obra que denota un ingente estudio de los clásicos que se han tomado como indispensable aprendizaje pero obviando la burda imitación. Y así, desde su comienzo al más puro estilo Raymond Chandler, su desarrollo al más ácido Dashiell Hammett con elementos aventureros del Howard más querido de por medio, pasamos por una nueva visión de Louis Stevenson hasta eclosionar en un épico final de tintes Lovecraftianos. Y lo más curioso es que esta bizarra mixtura funciona a la perfección y resulta tan novedosa como en su día lo fueron (y seguirán siendo) los grandes mencionados. Pero por supuesto no todo son parabienes, y la novela que nos ocupa posee como gran acierto lo que al mismo tiempo constituye su principal defecto. Y es que tras concluir su lectura uno se queda con ganas de saber más sobre el devenir de tan carismáticos personajes y su peculiar entramado. Porque si bien el final resulta autoconclusivo, dejando de lado los odiosos “cliffhangers” con los que otros autores plenamente consagrados pretenden vilmente sangrarnos para que compremos sus segundas partes (y terceras, y cuartas, y quintas, ¿verdad que sí, George R. R. Martin?), no podemos evitar sufrir cierta sensación de “coitus interruptus” añorando que nuestra mayor curiosidad se sacie con una posible futura continuación, que he logrado el autor me confiese tras tortuosas misivas en las que le amenazo vilmente con sufrir mis continuas demandas epistolares.

¿A qué se debe pues, que debamos “conformarnos” con una trama que opera como lúcido macguffin en vez de poder zamparnos toda una deseada trilogía del tirón? ¿Falsa modestia del autor? ¿Candor de principiante? Ni muchos menos. No nos equivoquemos y seamos por una vez algo más prosaicos. El puñetero mercado manda en un mundo, el editorial, que por momentos suele diferenciarse de la Mafia en que esta está organizada. Y si tienes la fortuna de que tu obra “milagrosamente” triunfe pese a carecer de padrinos y de efectivo con el que poder costearte una autoedición decente, entonces sí, se te concede el apoyo logístico necesario para continuar tu carrera bajo el abrigo de la babeante sonrisa lobuna de los editores. Por eso me gustaría aprovechar la ocasión no sólo para recomendaros esta estupenda novela sino para además romper una lanza, sin que sirva de precedente, por el “producto patrio” en un género (llamadlo Thriller, Negro, Terror o como os cuadre, pero llamadlo de algún modo, maldita sea) en el que ya hemos demostrado sobradamente nuestra valía (Manel Lourerio, César Pérez Gellida, Juan De Dios Garduño, Carlos Sisí, Jorge López, Alberto Bermúdez, en fin, no hace falta que siga) y donde debemos huir de los prejuiciosos tópicos que nos tratan de convencer de que todo lo extranjero y superventas es siempre mejor (como “Cincuenta Tonterías De Grey”, por ejemplo) para que así jóvenes promesas como Alberto C. Reguera se conviertan merecidamente en justificadas realidades con las que regalarnos los sentidos.

En definitiva, con “Bajo La Ciudad” disfrutaréis de una novela que, paradójicamente y permitidme el juego de palabras, está “muy por encima” de su título y que aúna de forma brillante misterio y terror huyendo de cómodos efectismos.

Felices Pesadillas, Almas Oscuras.

Vuestros comentarios

1. may 16, 13:24 | CGT

Pues mira, me ha entrado el gusanillo con esta reseña. Apuntado queda el libro para mi próximo pedido.
Y a la lista de autores “patrios” de terror habría que añadir también a Guillermo Tato. Precisamente ahora me estoy leyendo su segunda novela sobre hombres lobo y estoy disfrutanto como una enana.

2. may 16, 23:11 | MASP

Gracias por tu comentario CGT!
Y supongo que te refieres a “Lycaon” de Guillermo Tato. Apuntada queda tu recomendación. Creo que yo voy a comenzar con “El Torreón De Las Muñecas”… xD
Saludos!

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