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Black Roses

Hard Rock Demons

Black Roses Review

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  • Título original: Black Roses
  • Nacionalidad: USA, Canadá | Año: 1988
  • Director: John Fasano
  • Guión: Cindy Cirile
  • Intérpretes: John Martin, Ken Swofford, Sal Viviano
  • Argumento: Los Black Roses inician su gira en un pequeño pueblecito. Pronto se revelarán sus conciertos como auténticas misas negras que transforman a sus asistentes en asesinos monstruosos
DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3.5/5

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La controvertida banda de hard rock “Black Roses” inicia su gira en una pequeña comunidad superando la reticencia inicial de los preocupados padres. Una vez comenzados los conciertos, su joven público se verá poseído por la influencia de Damian, el líder de la banda, para cometer los más terribles actos y asesinatos a lo largo y ancho del pueblo.

Hoy volvemos la vista atrás para repasar una de esas cintas antológicas dentro del mundo de la caspa, una película rocambolesca cuyo visionado es obligado tanto para entender que se cocía a finales de los ochenta en la mente de los creadores de horrores de serie B, como para disfrutar de una visión maniquea y hortera de la explosión hard rock que se vivía en la época. A su vez, “Black Roses” se convierte en un título mítico para reuniones de amigos borrachos, festivales del cine basura y otras citas de amantes de la diversión sin prejuicios, gracias a un guión imposible de creer, a veces entre lo ñoño y otras rozando el verdadero mal gusto, y unas actuaciones de risa que rivalizan con la propia elección de los actores; así mismo, debemos agradecerle toneladas de risas gracias al despliegue de efectos especiales cutres, pero entrañables a casi treinta años de distancia, del que hace gala sin el menor sentido de la medida. “Black Roses” es la demostración empírica de la magia que desprendía la serie B de los años ochentas, merced a un sentido del humor de dudosa procedencia y una falta de prejuicio casi delictiva a la hora de plantear temas irrelevantes para el cine de terror, en este caso la influencia negativa de la música “heavy” en las mentes de los adolescentes. Así viene a encabezar la famosa lista de cintas de “rock horror” que vieron la luz cuando el VHS dominaba la tierra: “Al filo del Infierno”, “Zombie Nightmare”, “Hard Rock Zombies”, “Muerte a 33 R.P.M”, “Lone Wolf”…

John Fasano repite de nuevo en esto de mezclar terror, siempre casposo, con una banda de heavy metal. Tras rodar “Al Filo del Infierno” en 1987, la paranoia obsesiva del rockero Jon Mikl Thor, líder de la banda “Thor”, como no podía ser de otra forma en su universo ego maníaco, Fasano decidió un año después realizar otra cinta pero con un sesgo diferente, con cierto aire reivindicativo. Lo que no queda tan claro, pasado el tiempo, es si se trata de un alegato en pro de la música guitarrera o en contra de sus perniciosos efectos sobre la juventud. Un servidor, tras volver a disfrutar de más de una docena de momentos claramente risibles, cree que realmente no existe ningún intento reflexivo ni nada que se le parezca, Fasano es demasiado manazas como para dar discursos morales del tipo que sean, se trata de un artesano del puro divertimento barato, como así lo termina de cimentar su siguiente producción: “The Jitters”, un intento influenciado por el éxito de la saga “Mr. Vampire” de llevar a los video clubes el cine de vampiros japoneses mezclado con la estética hortera de finales de los ochentas. Junto a Fasano su colaboradora y pareja, Cindy Cirile, que produjo junto a su marido todas las cintas nombradas además de escribir la que hoy nos ocupa. Como dato curioso, dada la compulsión sexual sobre los cuerpos perfectos de la que hace gala “Black Roses”, merece la pena destacar que Cirile fue editora durante algunos años de varias revisas de fitness, gran indicación de lo que le rondaba por la cabeza. Por si fuera poco, esta señora ejerció como profesora de lengua inglesa antes de dedicarse al cine, lo que queda reflejado en su único guión, este, por aquello de presentarnos como protagonista a un profesor de literatura preocupado y entregado a sus alumnos. No obstante, existe cierto cinismo en esta mirada sobre la juventud, porque recordemos que la película narra la caída y corrupción de todos estos jóvenes, que acaban matando a sus padres a veces rozando lo inquietante en las formas; lo que deja una interesante incógnita sobre la verdadera opinión que Cirile tenía de sus alumnos. Además, por la época andaban las aguas revueltas gracias a los líos de Ozzy y varios altercados provocados por chavales adictos al heavy metal.

En cuanto a la película en sí, merece la pena echarle un vistazo. De nuevo recalcaré lo que significa nuestra marca de “caspa movies”: películas malas, lo suficiente como para pasar un buen rato a su costa; y en base a este sencillo parámetro evaluamos el acierto o no de “Black Roses”, que para el caso es positivamente una cinta con la que reírse a gusto. Lo primero que destaca es el arranque con un concierto de los Black Roses, banda creada para la ocasión, donde todos lucen como demonios al más puro estilo Lordi… ¿por qué? Lo peor, destripar de buenas a primeras el secreto detrás del grupo de rock, apuntando así a la escasa capacidad narrativa de la que hace gala Fasano, lo cual es motivo de cachondeo para cualquier espectador medianamente inteligente. Al poco la acción ya se sitúa en un pequeño pueblo donde nunca ocurre nada malo como si jamás hubiese superado los utópicos años 50; sin embargo los adolescentes notan pulsar dentro de ellos la necesidad de algo nuevo, de romper con lo establecido tal y como predican Damian y su banda, los Black Roses. Como no podía ser de otra forma, los diabólicos músicos iniciarán su próxima gira en el pueblecito de marras. Ya nos encontramos otra nueva incongruencia de dimensiones bíblicas: ¿una banda dará cinco conciertos seguidos en una localidad de nombre desconocido? Pero no empecéis a rascaros la cabeza, obviamente se trata de un enrevesado plan para conquistar las almas de toda la humanidad. De tal forma tenemos un arranque prometedor cuando los Black Roses llegan de madrugada al pueblo, casi podríamos pensar que vamos a ver una buena película de terror adolescentes. ¡Error! Bien, una vez empiezan los conciertos, empezará el desmadre absoluto. Para empezar, Damian se presenta como un artista cándido y bondadoso más dado al AOR que a los satanismos del heavy metal; una pose para engañar a los padres de los chicos a los que desea llevar al lado oscuro. Esta presentación da pie a una de tantas escenas ridículas: lamentables pintas las de Damian, que ya sea todo de blanco o enfundado en tiras de vinilo, parece un pelele sin carisma antes que el Dios del Mal que representa. Lo que nos lleva a una de las grandes incógnitas de la cinta: ¿qué psicópata borracho ha tenido las narices de realizar el casting?

El elenco de “Black Roses” es tan limitado que casi consiguen parecer los adolescentes retardados que interpretan, de no ser porque se trata de actores casi rozando la treintena en muchos casos (por ahí andaba ni más ni menos que la mujer de Lou Ferrigno). Da igual, los adultos no se llevan mejores apreciaciones, sólo hay que disfrutar del mareo que luce John Martin, alias “bigotitos”, mientras va de un lado a otro del pueblo para salvar a sus alumnos. Flagrante patetismo cuando hablamos del “atormentado chaval” que se lleva una buena cuota en pantalla por aquello de estar luchando contra una sociedad de adultos que no lo comprende (¡puagh!). Pues el citado chaval tiene edad como para cuidar hijos adolescentes de verdad… es todo ese desfase entre actuaciones, diálogos cuadriculados y extraños moralismos lo que hace tan divertido el visionado de la película. Casi más que la gran cantidad de efectos especiales invertidos en el asunto: llena de efectos prácticos, con especial afición por los monstruos de goma, “Black Roses” no escatima medios a la hora de representar la naturaleza demoniaca de los miembros de la banda. Eso sí, con limitaciones técnicas y artísticas que ponen en duda el juicio de los que vemos. Por ejemplo, “bigotitos” se enfrenta a su alumna favorita convertida en un demonio de grandes mandíbulas, pues el peligro no viene por la falta de movilidad de la criatura, sino por lo mal rodada que está la escena, logrando ese efecto onírico que las “mejores” películas de Fulci logran.

Más allá de efectos especiales baratos, que los hay a patadas, y su encanto tan nostálgico. “Black Roses” permanecerá en el imaginario popular por la cantidad de momentos sorprendentes que esconde. Como una chica masajeando sus pechos, de los que anda bien servida la cinta, durante más de un minuto delante de un espejo… pero, ¿por qué? Lamentablemente Fasano jamás sabría explicarlo. Además, y este es uno de mis momentos favoritos, asistiremos a la mejor reprimenda realizada por un padre italoamericano: “¿Es eso un pendiente? Sólo los piratas y los maricones llevan pendientes, ¡y no he visto un barco en el garaje!” Como podéis observar pura poesía, robada de una película más famosa, mezclada con hard rock; no especialmente bueno para el que suscribe pero acorde a la calidad de la cinta. Así tenemos a Lizzy Borden como representante más destacado del estilo, con “Me against the World”, y luego diferentes canciones más desconocidas entre las que destaca “Soldiers in the night”, sobre todo por su puesta en escena tan alocada. Por otro lado, cosas de los absurdos del cine basura, cuando la banda sonora renuncia al hard rock, parecen descartes del peor hilo musical que os podáis imaginar. De nuevo: ¿por qué? ¿Por qué, malditos cabrones?

En fin, resulta muy agradable perderse entre los muchos detalles casposos y curiosidades que esconde “Black Roses”, pero también es verdad que merece la pena descubrirlos por uno mismo en una experiencia (más bien un atentado) que puede clasificarse de única. Además, por muy jodidamente datada que haya quedado, también es cierto que los años le han sentado bien en cuanto a su faceta de comedia involuntaria, siendo más dinámica en ciertos aspectos que cintas del palo mejor construidas (como “Muerte a 33 R.P.M.). De nuevo os invito a sumergiros en el mundo de los cardados y los pelazos (por mucho que aquí sean más falsos que judas), rubricad el viaje con una buena montaña de cervezas… ¡todo sea por el rock and roll!

Imágenes de la película

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Tráiler

Lo mejor: Contiene un elevado número de escenas antológicas del descacharre: el magreo de senos, el pendiente, el concierto introductorio, el altavoz hambriento, la ex novia pesada, la partida de strip gym...

Lo peor: Las escenas de acción entre bigotitos y los demonios rockeros. Además contiene una buena dosis de inevitables escenas de relleno. Obviando su caspa es una gran basura.

Vuestros comentarios

1. may 16, 18:02 | Mad Pelox

Ya lo había dicho en otra entrada, pero ésta es a mi ver la mejor de todo el lote Z catalogado por algunos como Metal exploitation.

Bigotes épicos por doquier, incluyendo el gran batería Carmine Appice (Rod Stewart, Blue Murder y demás leyendas)

2. may 16, 19:36 | Bob Rock

Mad Pelox.- Efectivamente, excelsior bigotudo y compositor de gran parte de las canciones de esta banda sonora… aunque yo soy más de punk rock y no lo siento tanto como una leyenda. No hace mucho compartí escenario con Lizzy Borden, que siguen dándole y eran muy majos los abuelos…

3. may 17, 00:00 | Mad Pelox

Bob Rock- A mí me gusta tanto el punk rock como el rock o el metal. Carmine Appice sólo por haber sido parte importante del primer disco de Blue Murder ya es la hostia.

Lizzy Borden me gustan pero casi más los discos del siglo XXI como Deal with the Devil que los de los 80 (que tienen muchos temas de relleno entre los “cañonazos”)

4. may 19, 20:55 | Manu

Madre mía, Black Roses!!! Llevaba mil sin pensar en esta peli. De pequeño me flipó. La volví a ver hace unos años y me gustó más el recuerdo que la peli en sí… mola!

5. may 19, 21:32 | Bob Rock

Manu.- Ya sabes, la peli es lo que es: caspa metal… a ver si sale Mega Muerte y nos echamos unas risas: https://www.youtube.com/watch?v=HHPYcIP3A_E

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