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Cantos de Locura y Horror

Antología lovecraftiana

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Beatriz T. Sánchez ha brindado siempre que ha podido su buen hacer literario en Almas Oscuras, ahí quedan algunos de sus estupendas obras breves en la sección de “relatos”, hasta ir dando pequeños pasos de gigante dentro de su carrera como autora. Como por ejemplo coordinar la antología “Cantos de Locura y Horror”, editada por una editorial llamada “Wave Books”. Esta selección de cuentos se supone un homenaje a los universos y creaciones surgidos de la fértil y prodigiosa mente de H. P. Lovecraft, famoso escritor norteamericano que a estas alturas no requiere demasiadas presentaciones. Será Guinés J. Vera quien realice la correspondiente introducción para los despistados que todavía no saben el tipo de colección que sostienen entre sus manos. De manera breve y concisa nos ubica dentro de este tributo sin más justificación detrás que la respetable y obvia devoción para con los Mitos de Cthulhu.

Aunque el mercado anda bastante saturado de productos del estilo, los autores elegidos para la ocasión, un grupo de jóvenes promesas españolas y latinoamericanas, han intentado mostrarse fieles con el material original en lugar de buscar nuevos horizontes. Una dirección que, precisamente, no es moneda de cambio común en el panorama literario de horror macabro. Esta máxima supone a la vez su mejor y peor arma: maquilladas bajo una cuidada prosa, imposible encontrar un solo error en todo el libro, las limitaciones impuestas por tramas leídas durante un siglo a través de mil y una pequeñas variaciones van difuminándose para componer un mosaico muy agradecido. Es decir, la comodidad de entornos familiares facilita la lectura y disfrute de los relatos, pero también forjan cierto desánimo, pues las referencias a nombres propios de ciertos Dioses o tomos concretos de infame origen han desgastado profundamente su capacidad de maravillar.

Digamos que “Cantos de Locura y Horror” no consigue evitar en su conjunto el formulismo que tanto daño está haciendo al pastiche. Pero como digo existe una calidad literaria que consigue solventar la papeleta, más si cabe si accedemos al contenido de manera dosificada, precisamente como sucede con los relatos originales de Lovecraft, concebidos como fogonazos en la noche. Además alguno de los implicados en esta antología ha intentado con todas su fuerzas alejarse de la nomenclatura tan rígida y gastada del imaginario cthulhuideo. ¡Qué cosas, hasta estos adjetivos faltos de valor descriptivo real han terminado por resultar cansinos!

En cuanto a la edición física encontramos una pieza sencilla, rústica sin solapas con una justa relación calidad/precio, pero adecuadamente decorada en su portada por Jorge Avella Parra. No hablamos de una ilustración descollante, algunos pensarán que resulta hasta infantil, pero el portal propuesto homenajea a su vez los esfuerzos que hace un siglo realizaron otros ilustradores, con objeto de atestiguar la cualidad popular de los contenidos de las revistas pulp donde trabajaron.

Y sin más, pasemos a desgranar someramente el contenido de estas doscientas sesenta páginas cargadas de blasfemias cósmicas y personajes atormentados. Nunca está de más visitar a los viejos amigos, porque muchos siempre han estado allí en los momentos duros aunque tú, maldito humano que te crees el centro del universo y tienes la piel muy fina, no te hayas dado cuenta…

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Si pudieras beber de las estrellas…, de Jorge P. López

Un vagabundo amnésico traba contacto con una entidad invisible, ¿o ha perdido completamente la cabeza? Su nuevo amigo o amiga invisible le invitará a cometer horribles tropelías con tal de alcanzar las estrellas.

El autor nos somete a una sesión de tortura psicológica casi sin diálogos, escudando su pedantería natural detrás de una capa de humor negro que quizás no sea tan evidente de un primer vistazo. Al menos las referencias a los Mitos son los suficientemente sutiles como para no caer en el ridículo, pero como comienzo deja una sensación amarga: ¿es en verdad el Señor López un sectario que propaga el caos y la locura a través de sus escritos o sólo otro perdedor escondido bajo un manto de barroquismo exagerado?

El rumor de los insectos, de Xuan Folguera

El robo acaecido en El Escorial de una rara edición del Kitab al–Azif desencadena una investigación privada que deberá enfrentarse a otro de tantos intentos de acabar con el mundo. Entre viejos legajos y hermosas vistas los Primigenios intentan alzarse otra vez.

Una breve historia exquisitamente redactada, con una demostración de conocimientos históricos milimetrada, muy afín al estilo de hilar datos que siempre demostró Lovecraft tanto en sus escritos como en sus epístolas. De toda la selección es uno de los relatos que más me ha recordado a las obras originales publicadas por “Weird Tales” en la primera mitad del siglo pasado, muy directa y agradable.

Howie, de Nieves Guijarro Briones y Rafael Lindem

Al pequeño Howie no le gusta el pescado, tampoco el nuevo interés romántico de su madre: un cocinero cuyas actividades nocturnas disparan la desbocada imaginación del niño. Ni siquiera su abuelo, el único adulto al que aprecia remotamente, podrá librarle de una cena llena de sepia.

En mi humilde opinión el mejor cuento de todos, un paso por delante de lo que debería significar “homenaje al maestro”. Cargada de fino humor, esta pieza equilibra a la perfección ligereza con profundidad. Los detalles son más disfrutables de conocerse la infancia del escritor de Providence, pero la diversión está garantizada igualmente venga de donde venga el lector. Aquí se nota más amor hacia Lovecraft como personaje que en la gran mayoría de pastiches nacionales o internaciones que se han editado en los últimos diez años.

Kombara, de Esteban Dilo

Como antropólogo, Arthur vuelve ligeramente cambiado tras investigar las costumbres de los habitantes de la isla de Kombara. Después de participar en un confuso ritual, nuestro protagonista se recluye en casa preso de un temor constante.

Redactada en un lenguaje más directo que el resto de sus hermanas, la historia no pasa de ser otro homenaje más, con cierto tono aventurero durante su primera mitad, a los cuentos más clásicos de los Mitos. Deja un poso más cercano al de los comics americanos de terror editados durante los años cincuenta, los cuales bebieron a su vez de las viejas revistas pulp.

La espada de Wankh, de Milos de Azaola

Una expedición patrocinada por la Fundación Nathaniel Derby Pickman parte hacia el norte en busca de la mítica Kadath. Durante su largo recorrido irán descubriendo un submundo de leyendas nativas cuyas relaciones entre sí hablan de religiones capaces de cruzar océanos. Curiosamente en épocas donde la navegación todavía estaba localmente limitada.

De nuevo el clasicismo más absoluto, y una buena muestra de ello sería el estilo epistolar, desgraciadamente circunscrito a una sola carta, que nos lleva a recorrer diferentes referencias de un puñado de relatos de Lovecraft, salpimentados con una sabia mezcla de citas históricas y fantasía. Quizás su final acuse el cansancio de este tipo de historias, donde el desenlace, imbricado en cuestiones hereditarias tan del gusto de R. E. Howard, puede anticiparse fácilmente a costa de perder tensión.

La morada de los dioses, de Leandro Pinto

Un hombre sufre pesadillas relativas a un extraño lugar donde desaparecieron los dioses.

Un relato un poco farragoso que al menos escuda este escollo tras una buena premisa onírica. El exceso adjetivador será excesivo para muchos, por encina de una media incluso elevada por Lovecraft.

Solsticio de Invierno, de Beatriz T. Sánchez

Rumbo a un concierto de rock donde ejercerá de guitarrista, nuestra protagonista sufre un aparatoso accidente de coche en medio de una zona costera de Nueva Inglaterra. Al despertar se haya presa, aunque sorprendentemente bien atendida. Por ejemplo dispone de su querido instrumento cerca de ella, ¿qué tipo de canción querrán sus captores que interprete?

A Beatriz, gran conocedora de los Mitos de Cthulhu, originalidad y atrevimiento no le falta, como así demuestra con la historia que más se sale de la tangente tanto argumental como lingüísticamente. Sin embargo esta vez las expectativas me han pasado una mala jugada, pues la situación propuesta me ha parecido, a pesar de disfrutar muchísimo su ambientación contemporánea, algo aburrida en la parte central, quizás alargada en demasía. Con todo, y a su particular modo, es imposible renegar de un homenaje tan sui generis a “La música de Erich Zann”.

Tras la Última Puerta, de Diego Capalvo Sousa

Un descubrimiento en la antártica propicia la oportunidad al III Reich, viviendo sus momentos postreros, de darle la vuelta a una guerra que está perdiendo. El propio Hitler, ayudado por el sibilino Himmler, se involucra en la invocación de unos seres que le ayuden a dominar el mundo.

Entretenimiento puro y duro bien entendido. Y es que mezclar el canon de los Mitos con los momentos finales de la Segunda Guerra Mundial siempre es un caramelo difícil de rechazar. En la línea pulp más evidente, Diego abandona la prosa engolada a favor de un estilo más simple pero que aporta el dinamismo adecuado, pues el final de Hitler no podría haberse relacionado mejor con los juegos cósmicos de Yog–Sothoth.

Los celadores de San Patricio, de David Mateo Escudero

La agente Nuria despierta embarazada en una institución mental donde todos parecen estar en su contra, ¿puede ser que haya perdida la cabeza de un día para otro o alguien tiene un terrible plan donde su útero juega un papel muy especial?

Nos hallamos ante un relato que podría ubicarse perfectamente en cualquier otra antología de terror o de ciencia ficción que no tuviese nada que ver con los Mitos. Eso le otorga cierto grado de novedad dentro del tomo, lo que no quita para que su desarrollo sea un tanto prosaico, intrascendente. Eso sí, contiene un parto que me ha revuelto agradablemente las tripas, enfermizas descripciones donde el autor ha volcado un buen puñado de pasión.

Siervos de Azathoth, de Andrés Díaz Sánchez

Unos mercenarios asirios son contratados para guiar a un mercador sirio hasta un templo donde supuestamente sus monjes guardan una gran cantidad de riquezas. La avaricia era un mal muy extendido ya en pleno siglo VIII, antes de Cristo, y semejante pecado no quedará sin pagar a manos del caos nuclear y su mensajero.

Lujosamente descrito, cerramos esta entretenida antología con otra muestra de clasicismo muy beneficiada de su exótica ubicación, donde destaca especialmente la atmósfera malsana justo antes de llegar al templo de marras. Luego la cosa se va un poco de madre, regando con escenas explícitas de canibalismo un perfecto fin de fiesta.

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PUNTUACIÓN: 3/5

Diversión: 3
Terror: 3
Gore: 2
Originalidad: 2

EDICIÓN:

Páginas: 260
Formato: Rústica sin solapas. Interior papel ahuesado.
Año de edición: 2018, Wave Books
Precio: 11,87€

Lo mejor: Redacción de textos muy cuidada.

Lo peor: Su condición de pastiche puro y duro. Esto marca unas limitaciones con las que resulta mejor enfrentarse como lector de manera dosificada.

Vuestros comentarios

1. may 17, 16:54 | Lady Necrophage

Muchas gracias por esta crítica tan exhaustiva :)

2. jul 5, 08:27 | Esther

El contenido súper chulo, relatos superiores a la media incluso siendo copias de los clásicos. La edición una auténtica cutrada, aunque el precio no está mal.

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