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Santa's Slay

¡El Papá Noel del wrestling!

Santa's Slay Póster

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  • Título original: Santa's Slay
  • Nacionalidad: Canadá/USA | Año: 2005
  • Director: David Steiman
  • Guión: David Steiman
  • Intérpretes: Bill Goldberg, Douglas Smith, Emilie de Ravin
  • Argumento: Santa Claus es un demonio ancestral que en lugar de regalos reparte ostias como panes...

60 |100

Estrellas: 3

Santas Slay Grande

Santa Claus no es el viejo barbudo y gordinflón cuya bondad define el almibarado espíritu navideño. No señor, las leyendas, las tradiciones y todo lo que os contaron vuestros padres son una vil mentira. Santa es el sulfuroso hijo del mismísimo diablo, la semilla de Satán, y una progenie con muy malas pulgas. Famoso en remotas épocas por su ira y capacidad para la destrucción, hizo imposible la paz de la humanidad con sus masacres, hasta que un buen ángel descendió a la tierra para retarle con un juego, que por supuesto ganaron los buenos. Así, fue castigado al exilio durante 1.000 años, hasta el Día de Navidad de… esperad que mire el calendario… ¡oh! Precisamente hasta este mismo día. ¡¡¡Preparaos porque este año Santa ha dejado los regalos en el Polo Norte y ha llenado su zurrón de mamporros, patadas voladoras y llaves de lucha libre!!!

Estamos ante una película de terror tratando el tema navideño con bastante humor y falta de prejuicios, con una curiosa mezcla de candidez adolescente y ánimo gamberro que transgrede la barrera del cine juvenil lo suficiente como para encajar en las degeneradas miras de los “ghoules” y vampiresas de Almas Oscuras. Una de esas películas que vienen a la mente cuando hablamos de recomendar películas de horror (con muchas comillas) centradas en una temática estacional tan escasa dentro de nuestro género favorito. No obstante, no esperéis la seriedad o la calidad de obritas como Rare Exports o la intensidad terrorífica de producciones despiadadas y crueles como Noche de Paz, Noche de Muerte o Navidades Negras; en absoluto, estamos ante una cinta muy ligera y humilde, cuyo acabado al estilo telefilm no intenta ocultar nunca lo poco en serio que se toma a sí misma. En cierta medida podríamos considerarla cercana a Sint, por su base argumental y por lo poco serio de su desarrollo, aunque desde luego la acidez es la estrella de la cinta holandesa frente a lo inocua que finalmente resulta esta co-producción Canadá/USA.

¿Pero como podría ser de otra manera? Si dirigieseis o escribieseis el guión de una película protagonizada por una rutilante estrella del wrestling norteamericano, ¿de qué forma la enfocaríais? Seriamente seguro que no. Por lo que tenemos desde el minuto número uno, una comedia en toda regla cuya mayor inspiración se trata del capítulo de Navidad de la segunda temporada de Futuraza, donde conocemos a un Santa Claus Robot cuyo único placer es la destrucción de los “niños malos”, que para el son todos los habitantes del planeta. Pero esta vez, en lugar de un robot, el maligno Santa Claus es interpretado por Goldberg, el cuál allá a principios del Siglo XXI se dedicaba a darse mamporros junto a The Rock, Steve Austin y compañía… ¡mayor motivo para el buen humor!

El arranque marca la pauta del escaso metraje (poco más de setenta minutos que aclaran el origen televisivo de la obra) de forma definitiva, y haciendo uso de una buena dosis de acidez que pese a diluirse en el núcleo de la cinta, nunca deja de estar presente y supone uno de los grandes atractivos de Santa’s Slay (“La Matanza de Santa”, para el público de habla hispana): Una repelente familia llena de niños malcriados que encabeza un patriarca pasado de rosca, un divertido cameo del genial James Caan, y caniche incluido, contemplan atónitos la visita anual de Santa. Pero estas Navidades, el repartidor de regalos se encarga de asesinarlos al más puro estilo vikingo y con una suerte de creatividad macabra que pone en alerta todos nuestros sentidos. Una escena introductoria de muchos quilates y que sirve para establecer el resto los parámetros alrededor de los que orbita toda la historia.

La película a nivel argumental no puede presumir de profundidad ni de brillantez, Santa pulula a diestro y siniestro, sin sentido alguno, cargándose jocosamente – y usando acertadamente la presencia física de Goldberg, su interprete – a todo aquel se cruza en su camino. Legendaria será ya la escena situada en un local de “streaptease”, donde tampoco se escatima en pechos siliconados y luchas propias de un capítulo de Texas Ranger. ¿Por qué aparece por ahí nuestro armario de color rojo con patas? Pues porque es divertido, no existe otro leitmotiv. Y sinceramente, aburridos de tantas películas navideñas con mensaje, me parece un enfoque acertado por parte de su director y guionista David Steiman. Cineasta que no ha realizado ningún otro trabajo reseñable más allá de asistente de dirección de productos mainstream del calibre de Hora Punta 2… sinceramente, realiza más películas propias David, al menos el público te lo agradecerá.

La parte más floja de Santa’s Slay, y que por desgracia ve aumentado su peso especifico a pasos agigantados durante el metraje, sería el protagonismo de un par de chavales, los típicos adolescentes norteamericanos. En su descarga he de señalar que no son tan pesados y cargantes como los personajes de otras películas de corte similar. Es más, en Gremlins (probablemente la mejor película fantástica con la Navidad como telón de fondo y cuya influencia en la que hoy nos ocupa no es nada despreciable) siempre me pareció que Billy pedía a gritos una somanta de sopapos que calentasen sus pánfilas mejillas. Con todo, es cierto que cuando Santa’s Slay se centra en los personajes jóvenes, y el repelente abuelo de uno de ellos – mezcla imposible de Doc “Back to Future” y un ángel –, la película pierde enteros y gracia. Afortunadamente, y dado el ajustado metraje, la situación no se descompensa tanto, y Santa/Goldberg retiene suficiente protagonismo y carisma – de alabar es la actuación de la estrella de la lucha libre – para entretener al espectador adulto.

No quiero engañar a nadie, estamos ante un producto bastante descafeinado. Donde lo explicito no abunda, pero lo implícito no me parece apropiado para menores de edad. Ya hemos hablado de desnudos, muertes en primer plano, lenguaje grosero y violencia a paletadas – incluso una breve apología al uso de armas muy al estilo norteamericano –, pero no olvidemos que Santa Claus es un demonio, y sus tropelías pueden traumatizar a más de un infante. Sin embargo se produce una curiosa mezcla con el cine adolescente, más bien pensad en la serie de “Pesadillas” del prolífico R.L. Stine, que a más de uno tirará para atrás, por ello solo recomendaría Santa’s Slay a espectadores con la mente muy abierta. Bueno, como ya os comentaba, la cinta dentro de un contexto navideño (por ejemplo un día de Navidad como éste) me parece bastante simpática, que por su falta de pretensiones merece ser revisitada y disfrutada. También a su favor hay que decir bien alto que contiene un acabado técnico que ya quisiera para ella cualquier serie B de mediano presupuesto. La selección musical desvela una planificación cuidadosa y complementa un estilo fotográfico muy luminoso, festivo y dinámico. Un engalanamiento técnico que permite olvidarnos de los momentos dulces, del amor juvenil – por supuesto, ¿qué os creíais? ¡Es Navidad! – y de la fantasía de todo a cien, para centrarnos en las despiadadas intervenciones de Santa Claus.

Una humilde película que invita a la simpatía y al entretenimiento fugaz de una noche como ésta, donde la televisión es capaz de causar más daño que los enormes puños del nuevo campeóóóón de la WWF: Santaaaaaaaaa…. ¡¡Claus!! [gritos enfebrecidos]

Lo mejor: En fechas como las que vivimos resulta un divertimento adolescente/gamberro único. Goldberg se sale como Santa Claus demoníaco.

Lo peor: Ligera, muy ligera. Verla sin el espíritu adolescente "on" es tirarse a la piscina sin agua.

Burke and Hare

Cadáveres fresquitos al mejor postor

Photobucket

Photobucket La primera vez que oi hablar de este proyecto se me pusieron los pelos como escarpias: el grandísimo John Landis iba a adaptar las andanzas de los famosos WilliamBurke y William Hare, o los “Crímenes de West Port” al cine con los no menos grandes Simon Pegg y Andy Serkis (sin olvidarnos de secundarios de super lujo del nivel de Tom Wilkinson, Tim Curry e Isla Fisher)como protagonistas…mama, es una fórmula quimérica que no puede salir mal de ninguna de las maneras, y menos aún si la plasmas con un (negrísimo) sentido del humor. Que es una de las marcas de la casa del señor Landis, no solo en sus comedias sino también en esa pequeña joya que fue Un Hombre Lobo Americano en Londres (esta se merece un Horror Revival pero ya!!…ummm, ya tengo deberes). Y aunque la película ya ha sido estrenada, y se puede encontrar fácilmente, aquí, en el tercer mundo de los estrenos cinematográficos relevantes, hemos tenido que esperar a que los buenos chicos del Festival de Sitges la hayan incluido en su sección oficial para poder verla. Para un servidor junto con ATTACK THE BLOCK y la nueva de Shunji Iwai, VAMPIRE, es uno de los platos fuertes del festival.

PhotobucketComo comentabamos antes la película está basada en las “andanzas” de estos dos piezas, William Burke y William Hare, que a mediados del siglo XIX se dedicaban a la lucrativa tarea de surtir de cadáveres fresquitos a las facultades de Medicina, algo muy común por entonces (os recomiendo este libro para saber más del tema). Lo normal era desenterrar los cadáveres de gente, digamos de los estratos sociales más bajos, al poco de haber fallecido y entregarlos fresquitos a algún doctor sin demasiados escrúpulos. Pero los “Williams” fueron un paso más allá. Pronto la demanda y los beneficios fueron tan lucrativos que, ya puestos, por qué no provocar ellos mismos los cadáveres?. Así que de desenterradores profesionales pasaron a convertirse en asesinos en serie (se habla de entre 14 y 16 muertes confirmadas, ahora las reales…).

Con estos mimbres bien se podría haber hecho una película muy siniestra, oscura y desasosegante; lo que no hubiera estado nada mal, con algo de necrofilia incluido, pero Landis ha apostado por la comedia negrísima y creo que el resultado puede ser un ejercicio de cachondeo y mala leche sublime. Por último comentar que la película viene avalada, como no podía ser de otra manera, de los renovados Ealing Studios, maestros del humor británico más irreverente desde 1902!!.

Tucker & Dale vs Evil

Cariño, no es lo que parece

Tucker and Dale vs. Evil

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  • Título original: Tucker & Dale Vs. Evil
  • Nacionalidad: Canadá | Año: 2010
  • Director: Eli Craig
  • Guión: Morgan Jurgenson, Eli Craig
  • Intérpretes: Tyler Labine, Alan Tudyk, Katrina Bowden
  • Argumento: Dos tiernos lugareños se disponen a pasar unos días de vacaciones en una cabaña en el bosque cuando un grupo de universitarios se cruza en su camino tomándolos por dos psicópatas asesinos.

65 |100

Estrellas: 4

Tucker and Dale vs. Evil

Dos anotaciones antes de empezar. Primera, la versión de la película a la que he tenido acceso como la mayoría de vosotros es un workprint inacabado al que le faltan la mayor parte de efectos de post-producción; en cristiano, gran parte de lo que conlleva el contacto de algo punzante/cortante con el cuerpo no se ve, por lo que la valoración técnica brillará por su ausencia. Segunda, es posible que el subconsciente me traicione y caiga en la tentación de echar mano de la apetitosa palabrería de Bob Rock en este texto posterior a un intercambio de opiniones que tuvimos sobre la película. Así que, por si acaso, dadle también de antemano cierto crédito al muchacho por esta reseña.

Si me llegáis a preguntar hace varios meses qué película ansiaba ver por encima de todas las cosas, por una copia de la cual no hubiera dudado en vender a mi familia en el mercado negro, la respuesta habría sido clara y contundente: Tucker & Dale vs Evil. En mayúsculas, negrita, subrayado de dos líneas rosa fosforescente y signos de exclamación infinitos. Las expectativas tras el visionado del tráiler promocional (eufemismo para ‘aberrante resumen con spoilers’) eran tan altas que mi mente no concebía la idea de tolerar que adjetivos como ‘aburrida’ o ‘decepcionante’ tuvieran cabida en estas líneas. Condenada desde un principio por un exceso desbordante de mi propia exigencia me dispuse a gozar con la ópera prima de Eli Craig como si no hubiera un mañana. 89 minutos después, una sensación de coitus interruptus recorría todo mi ser. Pese a los intentos de deshacerme de ella aferrándome a las interpretaciones, a un par de muertes inspiradas y a un planteamiento altamente seductor, la insatisfacción le ganó el pulso al conformismo: mierda, creo que no me ha gustado.

En pleno proceso de aceptación, me formulé dos preguntas clave. ¿Es Tucker & Dale vs. Evil un propuesta narrativamente divertida y astuta que destaca por encima de sus congéneres? Sí, lo es. Ahora bien, ¿consigue Tucker & Dale vs. Evil cumplir durante todo el metraje las altas expectativas impuestas en los primeros compases de guión? No, no lo consigue.

Es duro, pero tienes que seguir adelante – me dije. La producción en la que había depositado todas mis esperanzas, para la que ya tenía preparado un perímetro de seguridad en la estantería de DVD’s, aquella de la que todos hablan maravillas, que recibe premios en todos los festivales de género, cuyo poster contiene golosos destacados periodísticos del estilo “Funny as hell” by Financial Times. Aquella película, a mí me había decepcionado. ¿Y por qué? – os preguntareis. Si tras el tedioso manifiesto emocional que os acabo de describir queréis seguir leyendo, os daré varias razones.

La simpleza del planteamiento de la historia equivale al número de slashers ochenteros que hayan desfilado ante vuestros ojos en el periplo de fidelidad al género. Me pondrá 300 kilos de universitarios cachondos en road trip veraniego hacia un bosque al Oeste de Virginia, 100 litros de sangre y vísceras varias desparramadas por el set y un número considerable de decisiones incoherentes. Tucker y Dale son dos bonachones sureños entusiasmados con la idea de pasar unos días de relax y vacaciones en una cabaña que han adquirido en lo profundo del bosque. En su camino al destino deseado, se cruzan con un grupo de jóvenes estudiantes que les toman por temibles asesinos en serie perturbados tras un primer acercamiento frustrado al grupo del bueno de Dale, seducido por los encantos de la bella Allison (Katrina Bowden). Satisfechamente instalados en una choza lúgubre y sucia, los dos amigos salen a dar un paseo en barca coincidiendo con un refrescante chapuzón de los chicos en el lago. Asustada al descubrir a los lugareños observando su cuerpo semidesnudo, Allison cae al agua golpeándose fuertemente la cabeza. Dale acude raudo y veloz a su rescate e intenta llamar la atención de sus amigos para que les ayuden. Pero la escena es interpretada por los chicos como un secuestro que pone la vida de Allison en peligro e inicia una guerra desesperada por la supervivencia en una sucesión de accidentes y malentendidos con fatídico resultado.

La parodia del terror suele gustar a los enamorados del género porque pone en evidencia el bombardeo de artimañas que aceptamos sin rechistar película tras película al firmar un pacto narrativo, nos pone en evidencia a nosotros mismos en su alto grado de auto-consciencia. Wes Craven y Kevin Williamson decidieron aprovecharse de eso hace 15 años cuando dieron vida a la mejor parodia (que no comedia) del cine de terror contemporáneo con Scream. El nacimiento del llamado ‘teen horror’, que sirvió de espejo a coetáneos como Sé lo que hicisteis el último verano, Cherry Falls, Comportamiento perturbado y demás joyas del estilo. Todas aquellas eran conscientes de las convenciones del género y jugaban con ellas sin pudor, pero no eran cómicas. Una deliciosa cadena de manidos clichés reelaborados hasta la extenuación, pero no hacían gracia. No estamos hablando aquí tampoco de clásicos setenteros u ochenteros rodados con seriedad absoluta que con la perspectiva de los años resultan cómicos. Hay otro registro de películas que parten directamente de la comedia, la sitúan en una supuesta situación terrorífica y desmitifican con más o menos sátira el imaginario colectivo del horror. Desde la saga absolutamente plana de Scary Movie, que consisten en simples ciclos de sketches unidos por un hilo conductor sostenido con pinzas, hasta producciones que miran de cerca la mezcla de géneros con satisfactorio resultado. Véase a Shaun of the Dead en la cúspide, seguida de Zombieland, The Cottage, Doghouse, Severance, Black Sheep, etc.* La película de Eli Craig se encuadra en este último grupo, aunque por méritos propios, sus características hacen que se aleje de cualquier cosa parecida hasta la fecha.

Tucker & Dale vs. Evil propone el cambio de rol de sus personajes fruto de la confusión y la paranoia, convierte a dos seres adorables en dementes sádicos y peligrosos a ojos de unos zagales de encefalograma plano. Pero lo más interesante de la película no es la visión temible de la pareja protagonista, sino sus consecuencias inesperadas, que sumergen a los muchachos en una espiral absurda de suicidios hilarantes. Ahí es donde brilla el guión, el problema es que lo hace en dos ocasiones puntuales, la de la trituradora de madera y, si me apuráis, la de la rama punzante estratégicamente colocada en el camino. Las demás muertes son tan simples que parecen sacadas de un capítulo de Tom y Jerry.

El planteamiento inicial es muy apetecible y las secuencias se suceden con bastante ritmo y originalidad como para mantenernos enganchados, pero a mitad del segundo acto la cinta empieza a cavar su propia tumba. Craig y Jurgenson cometen tres pecados capitales: uno, dotar de repente a unos personajes que tomábamos por estúpidos de la inteligencia suficiente para discernir que lo que está sucediendo es consecuencia de un malentendido, destripando por completo la gracia de la película. El segundo error va unido a la línea romántica entre Allison y Dale, que de tan inofensiva me da ganas de chutarme una sobredosis de insulina. No hay mala leche, no hay ingenio, por no haber no hay ni sexo. ¿Qué es esto, Farmacia de guardia? Dadle esta historia a Judd Apatow y saca secuencias incómodas de dos árboles y una cuerda al más puro estilo McGiver. Pasamos de un puñado de escenas más propias del gamberrismo de Destino final a un desarrollo soporífero, repetitivo y alarmantemente falto de ideas y sorpresa. El culmen de decepción se produce en el giro narrativo que convierte a uno de los chicos en el malo perturbado de la historia. En ese instante muere lo que quedaba de coherencia y parodia y se abandona al tópico sin medida para terminar en un final tan blando como utópico. La escena de la bolera parece el rodaje de un videoclip de Justin Bieber.

No deja de ser interesante la manera de plasmar un mensaje que habla de la falta de comunicación, del pensamiento alarmista y de los prejuicios, y que a su vez, sirve de homenaje a grandes clásicos como Posesión infernal, Viernes 13 o La matanza de Texas (la escena de las abejas y la sierra mecánica es otro punto a favor), con unas dosis de gore realmente suculentas. Pero no sé vosotros, yo es que simplemente esperaba (por las pistas del tráiler) una sucesión de malentendidos y situaciones absurdas que fueran aumentando el sinsentido paulatinamente hasta culminar en el final más estúpido de la historia. De hecho, puestos a reír con la confusión, me parece más ingeniosa desde la perspectiva de Tucker y Dale, convencidos que están ante un grupo de suicidas en potencia, que la contraria.

¿Estoy siendo muy destroyer? Pensad en mí como una esposa despechada e insatisfecha que le recrimina a su marido la falta de emoción en su relación. La película es un acierto en cuanto al elenco interpretativo, todo sea dicho. Pero con elenco me limito a los dos protagonistas absolutos de la cinta que son Tyler Labine (Dale) y Alan Tudyk (Tucker), los demás me dan absolutamente igual, a excepción de Jesse Moss, que pese a que no comparto el giro de su personaje sí que empatizo con su interpretación. La chica ni me va ni me viene, pero puedo entender que sea el reclamo absoluto del espectador masculino. Labine y Tudyk se adueñan de los personajes con un nivel de química que poco tiene que envidiar a los geniales Simon Pegg y Nick Frost en Shaun of the Dead o Hot Fuzz, incluso pone contra las cuerdas al asentado binomio de Jay y Bob el Silencioso. Ninguno de los dos pueden presumir de tener muchas luces, pero puestos a categorizar, Dale es el grandullón de gran corazón y memoria radiográfica, mientras que Tucker es un personaje más cerebral. Yo firmaría por volver a verlos juntos en un proyecto similar.

La película prueba la elasticidad del género, nos muestra que aun es susceptible a exploraciones desde distintas perspectivas con resultado satisfactorio, pero siempre que descansen sobre un guión consistente, por favor. Vedla, pero con moderado entusiasmo o puede que os pase factura como a mí.

No puedo evitar pensar en el poder que habría tenido esta idea en manos de un británico como Edgar Wright. Lo siento, pero en esto del humor, los ingleses son los amos.

Lo mejor: Tucker, Dale y la trituradora de madera. La fe en las posibilidades del género.

Lo peor: La línea romántica, la falta de ideas gamberras, el relleno de personajes y escenas. Que tengamos que descargarla en workprint porque en España vende más el humor de Santiago Segura.

RoboGeisha

Vivo ó muerto usted se lo montará conmigo

RoboGeisha_Poster

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  • Título original: RoboGeisha
  • Nacionalidad: Japón | Año: 2009
  • Director: Noboru Iguchi
  • Guión: Noboru Iguchi
  • Intérpretes: Yoshihiro Nishimura, Aya Kiguchi, Asami
  • Argumento: Dos hermanas que estudian para Geishas, son secuestradas por una malvada mega corporación, convirtiendolas en cyborgs asesinos que acometan sus oscuros planes.

75 |100

Estrellas: 4

RoboGeisha_Grande

A vueltas, nos encontramos una vez más, con otra muestra del splatter japonés de nueva generación: RoboGeisha, de la mano del incansable Noboru Iguchi. Lejos estamos de los pasos balbuceantes que daban los habitantes de las islas, a mediados de los ochenta, con la infame saga Guinea Pig. A estas alturas de la película, y más de veinte años después, las cosas ya no son iguales en el país del sol naciente. Su cultura milenaria, su serena forma de ver la vida está profusamente infectada por occidente. Las fronteras se difuminan en las regiones civilizadas y se agudizan en el tercer mundo; el trafico de cultura trash por fin es “legal” en Japón. Como resultado de ello, y particularizando en el cine gore, las películas orientales se van alejando de sus lastres pasados para convertirse en obras perfectamente internacionales, con el añadido de una envidiable profesionalidad en todas las facetas de estas producciones.

En esta ocasión quiero hacer hincapié en las dos ramas de la evolución de esta cultura gore, nacidas al amparo de la citada saga y de otras obras de culto como Tokio Snuff ó incluso Tetsuo de Shinya Tsukamoto.
Realmente no creo que en el séptimo arte sea fácil clasificar una producción dentro de un marco cerrado, dado que cada cinta contiene su propia idiosincrasia. Más si cabe cuando estamos hablando de algo tan poco definido como el cine gore; “¿películas donde debemos ver mucha sangre?” Una definición patética sabiendo que cada película es de su padre y de su madre. Sin embargo, para entender mejor (si es que hay algo que entender en tamaña comedia) RoboGeisha, veo necesario hablar un poquito de las dos corrientes más visibles del cine “sangriento”, que nos llega desde el borde oriental del mundo. Además, sobre mi consumido organismo empiezo a notar los efectos de la indigestión provocada por tanto pecho ametralladora, shuriken anal y ojos rasgados. Así pues, considerando esta reseña como mi canto del cisne personal dentro del splatter japonés (al menos en lo que a realizar reseñas se refiere), no veo mejor momento para estas y otras divagaciones. Aunque insisto en que se trata de una simplificación para acercarnos a un género incomprensible y, por si fuera poco, proveniente de un país incomprensible para los occidentales.

1) ¿Hasta donde puede llegar el ser humano?

RoboGeisha_Apoyo1

Digamos que esta rama del gore nipón hunde sus raíces en las cintas, prohibidas y mitificadas, de los excesos por antonomasia: Guinea Pig. Todos conocemos la bipolaridad existente en Japón. Su sociedad no alienta la expresión de los sentimientos y deseos; produciéndose, en el interior de la mayoría de sus ciudadanos, una fascinación por todo aquello que resulte extremo, perverso y morboso. De hecho, el tratamiento del dolor y el sexo es tan gélido que, a veces, uno se siente un maldito mirón indecente viendo este tipo de películas. La citada saga es un ejemplo de esta fascinación malsana. Todo un recital de abominaciones perpetradas por humanos sobre el cuerpo humano; rozando el masoquismo intelectual, vamos. Otro ejemplo, algo más light, sería la saga Evil Trap (ó Tokio Snuff); incluso me atrevería a decir que las obras más viscerales de Shinya Tsukamoto (Tetsuo, Bullet Ballet, Haze ó Tokio Fist) son, a la vez, influencia y ejemplo de esta rama.
Sin embargo, sus descendientes espirituales van siendo más difíciles de descubrir hoy en día. Es un estilo de cine, el de la casquería sin sentido, que se ha ido perdiendo en oriente. Entiendo que la influencia cultural externa, en las nuevas generaciones de japoneses, los lleve a interesarse más por otro tipo de visiones. Aunque siempre hay gente para todo y como muestra sirvan las imágenes que encabezaban este párrafo. Pertenecientes respectivamente a esos escasos delicatessen de la atrocidad: Cruel Restaurant (2008), Naked blood (1995) y la infame Grotesque *(2009). *

2) Los efectos de un empacho de wasabi

RoboGeisha_Apoyo2

Citado anteriormente, ese interés que los jóvenes nipones sienten actualmente por la cultura trash y pop proveniente de Europa y E.E.U.U., nos lleva sin remisión a un tipo de cine que pierde parte de su identidad cultural en pro del divertimento naif y rápido. Sobre todo por la relevancia que adquiere, en estas películas, el elemento cómico. ¿Urotsukidoji + Troma? Bueno, desde luego el sexo y la sangre siguen fascinando a un país que aun le cuesta mostrar abiertamente sus pensamientos; pero la fascinación ejercida ya adquiere unos tintes más (y perdonad por el giro) “tarantinianos”. Con un núcleo central muy parecido, estas producciones gustan de mostrarnos a guapas jovencitas luchando empapadas en sangre contra alguna amenaza de interés irrelevante. De hecho, un detalle significativo es el uso de actrices provenientes de las “pinku eiga” (ó cine erótico extremo por simplificar). Otro dato relevante, es la ausencia de un guión de peso; cierto es que el gore nunca ha necesitado de un guión para justificarse, pero esta rama, donde las tonterías, los momentos surrealistas y los personajes histriónicos abundan; parece más propicia para el desarrollo de una historia interesante dentro de sus absurdos. Aunque por lo general, excepto gloriosas excepciones (como Tokio Gore Police), la profundidad argumental es aun menor que en sus hermanas de “frío y sucio gore cuasi-snuff”.
Pero no todo es malo; todo ese batiburrillo de influencias suele dar buenos momentos dentro de estas películas. Y como todas siguen líneas muy parecidas, probablemente debido a que los equipos de producción de todas ellas comparten más de un par de nombres (entre los que destaca el infatigable Yoshihiro Nishimura); una vez vista una, si te gusta, tienes siempre entretenimiento para rato. Muy similar a los muñequitos de los transformers; todos se parecen, pero si te gusta uno no puedes dejar de querer más.
Al contrario que las cintas de la otra rama, este sub-sub-género parece vivir una época dorada, viendo desde hace tres años una media de tres/cuatro producciones anuales de una calidad en crecimiento. Para que os hagáis una idea, ahí va una pequeña lista con alguna de las imprescindibles presentes y futuras:

The Machine Girl (2008)
Mutant Girls Squad (2010)
Tokio Gore Police (2008)
Vampire Girl vs Frankenstein Girl (2009)
Samurai Princess (2009)
Gothic and Lolita Psycho (2010)

En resumen, unas cuantas horas de falditas cortas, erotismo de salón influenciado por Shin-Chan, aberraciones varias inspiradas por la nueva carne de Videodrome y Tetsuo, exagerados chorros de sangre provenientes de las cintas de samuráis y ninjas de toda la vida (esas que presentaba Coral Bistuer en el legendario programa Cinturón Negro), gags de dudosa comicidad y todas las chorradas que queráis añadir. Un estilo, que creo este año, ha llegado a su cenit y quizá se acerque a una prematura decadencia provocada por el exceso de producción, algo también muy típico en Japón, ese hermoso país sin medida.

Pero la pregunta es: ¿y en qué lado se encuentra RoboGeisha? ¿El frío y degenerado gore limitado solo por la imaginación de los torturadores? ¿El festivo y colorista “trash” de las falditas colegialas teñidas de rojo?

Vemos si la sinopsis nos aclara tan trascendentales dudas:

Yoshie y Kikue Kasuga, son dos huerfanitas que aprenden las artes de la Geisha; es decir, como complacer a un hombre a través de la sumisión total a sus deseos; allí, en una perdida academia de una época fciticia.

Yoshie es la hermana menor y más hermosa, pero vive a la sombra de su cruel hermana. Hasta que un día, Hikaru Kageno, el joven propietario de una mega corporación ,se fija en ellas dos y decide acogerlas en su hogar para enseñarles las habilidades definitivas de una geisha: el asesinato mediante la seducción

Aya KiguchiSupongo que viendo la foto de la actriz que interpreta a Yoshie (Aya Kiguchi), acompañando a estas palabras habréis deducido rápidamente por donde van los tiros y katanazos en RoboGeisha; mejor que una sinopsis, ¿verdad?. Espero que las féminas sepáis disculpar este lúbrico recurso, pero una imagen vale más que mil palabras; además reconoceréis que la chica está de muy buen ver. Efectivamente, esta película no tiene ni pies ni cabeza, no existe guión, los personajes son más planos que un Power Ranger con resaca, los diálogos de una telenovela son Quevedo en comparación…pero esta vez Noboru Iguchi se ha conseguido superar, creando la comedia splatter más compacta de toda esta hornada; y dado el número de títulos habidos no es moco de pavo.

Ya en la previa The Machine Girl, este director/guionista apuntó por donde le gustaba viajar a sus neuronas: una filia nacional con mujeres de cara de muñequita, la alteración de miembros corporales en armas y un sentido del humor entre los momentos menos inteligentes de los Monty Python y los momentos más inteligentes de Cañita Brava.

Lo cual deja a un pobre servidor sin recursos para reseñar tamaño compendio de chistes destinados a encefalogramas planos. Es más, el trailer muestra toda la sustancia que pueda contener el film. No habría mejor reseña que este. Sin embargo, si que se pueden puntualizar un par de aspectos que interesaran tanto a noveles en el sub-sub-género, como a los expertos en la locura amarilla.

Desde luego se dan cita en RoboGeisha toda la suerte de características típicas del splatter nipón. A saber:
a) Actrices pinku repitiendo en películas de otros amigos (en este caso Asami la cual pudisteis disfrutar en The Machine Girl ó Sukeban boy) y un total protagonismo de estas. ¿Los actores masculinos? Siempre secundarios cuando estas hembras aniñadas hacen aparición en pantalla.
b) Exceso a la hora de mostrar la acción ó violencia. Un exceso más cercano a los mangas de Dragon Ball que a los horrores góticos de Junji Ito ó Hideshi Hino.
c) El uso de los detalles más superficiales de la estética cyberpunk, como el reemplazo de partes del cuerpo por piezas robóticas. Vamos, que al final del metraje nuestras protagonistas excitarían incluso al terminator más frígido.
d) El humor y los sentimentalismos están a la orden del día. De esa forma tan japonesa donde los responsables del guión parecen muchachitos de diez años. Al menos ante los ojos del que suscribe.

Sin embargo, más allá de esta suerte de tópicos, Noboru Iguchi ha sabido plantear todo su discurso de una forma más adulta y loca a la par. Si tuviese que destacar algo por encima, diría que el humor funciona en el 90% del metraje. Eso sí, siempre dentro de los cánones del humor absurdo, de la exageración demente. Basten solo unos ejemplos, ¿habéis visto alguna vez edificios sangrar? ¿disparar shurikens con el culo? ¿una geisha-transformer? Pues aquí los veréis y con un ritmo e introducción adecuado para la risa. Incluso los números musicales y de baile, que en otras producciones se me suelen hacen pedantes, aquí consiguieron arrancarme sonrisas de incredulidad y diversión. Por encima de todo, como comedia funciona a la perfección y de ahí su nota, porque arrancará alguna sonrisilla hasta al emo más atormentado.
Creo que la formula de este acierto se basa el uso de un humor más irónico deseoso de burlarse de algunas de las bases culturales de Japón, como sus tradiciones alrededor de las geishas y sus clientes, las películas clásicas de Godzilla y Ultraman (Kaiju Eiga) ó la tradición robótica representada por los mechas de la serie Robotech ó el imperecedero Mazinger Z . Definitvamente estan aprendiendo a reirse de ellos mismos.
Incluso uno no puede evitar acordarse, medio en broma, de algunas escenas de la mítica RoboCop.

Como el ying y el yang, como el alpha y el omega ó cualquier principio de equilibro universal, esta vis cómica tan pronunciada tiene un precio asociado. A diferencia de luminarias como Yoshihiro Nishimura en Tokio Gore Police ó incluso el mismo en su anterior The Machine Girl, Noboru no está a la altura en el splatter, en la sangre, en la aberración. Más bien justito el nivel de hemoglobina, con unos efectos especiales de preponderante CGI (¡tch!, a mi la sangre por ordenador me chirriará toda la vida), cuya misión es siempre provocar la risa. Delirante es el momento en que unos robots tengu (un espíritu tradicional japonés de simbología fálica) se dedican a eyacular leche hirviendo porque…porque…ummm no recuerdo…¡ahh! ¡Sencillamente porque sí!

Sorprendentemente el nivel de ñoñerias, véase la relación entre las dos hermanas cuyas gazmoñerías producen nauseas, es menor que en otros títulos. Esta ahí, pero no se hace tan evidente quizá porque el ritmo de la película es muy alto. Aunque no sirve este ritmo para contar nada, no es una cinta en la que esperase giros de guión apabullantes, pero es que la condenada tiene menos desarrollo argumental que Vampire Girl Vs Frankenstein Girl. Pero ninguno os acercareis a RoboGesiha por las bondades de su guión, ¿verdad? Y puede que tampoco lo hagáis por las dotes interpretativas del elenco de actores, a lo mejor os lleváis una sorpresa viendo que los actores cumplen de sobras con su cometido; por simple que este fuera. En especial, Aya Kiguchi resulta todo un descubrimiento para lo que son los estándares del patrimonio actoral en Japón.

Con respecto a otros detalles técnicos también estamos ligeramente por encima de la media (a excepción de los efectos especiales por ordenador, demasiado llamativos a propósito). La banda sonora, el vestuario y una fotografía, insistente en realzar el amplio despliegue cromático y luminoso de la eficaz cámara de Noburo, consiguen recrear un mundo de fantasía sencillo, donde todo es posible. ¡Incluso la canción protesta! La edición no se queda atrás aportando ese ritmo anteriormente comentado, el cual no deja espacio para el aburrimiento.

Resumiendo, nos encontramos en un momento dulce para el splatter festivo que llega desde ese lejano país de locos, en el buen sentido de la palabra. Sus películas encuentran buena respuesta internacional, son lucrativas dado sus presupuestos relativamente ajustados y se dispara el talento de sus jóvenes realizadores, que están logrando con la experiencia una profesionalidad digna de alabar. Por el lado negativo, decir que esta profesionalidad y productividad dan cierta sensación de saturación. Encontrándonos cintas que están cortadas por el mismo patrón, hasta con los mismos actores; se resta un poco de magia a todas las locuras que sus responsables tienen a bien compartir.
En el caso concreto de RoboGeisha, la recomendación de su visionado resulta obligada puesto que resulta una comedia interesante por si sola; así como un homenaje a todos los asiduos a ese cine lleno de japonesitas ligeras de ropa y psicotronías propias. Aunque es importante destacar la importancia de una predisposición por parte del espectador; acercase hasta RoboGeisha solo con ganas de echar unas risas tontas, es la mejor y única invitación para verla.

Lo mejor: El humor, todo en RoboGeisha está al servicio del mismo. Y sorprendentemente funciona; especialmente por su gamberrísima escatología

Lo peor: Al hacer tanto hincapié en la comedia absurda, para aquel que no sea plato de su gusto, va a encontrar la cinta más odiosa de su vida. Y los clásicos momentos lacrimógenos (buf!)

¿Dónde conseguirla?
La Morgue Cinema: “RoboGeisha” en VOSE (¡Gracias Eddie!).

I Sell the Dead

El fatídico negocio de los muertos

I Sell the Dead

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  • Título original: I Sell the Dead
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Glenn McQuaid
  • Guión: Glenn McQuaid
  • Intérpretes: Dominic Monaghan, Ron Perlman, Larry Fessenden
  • Argumento: Dos pillos que malviven profanando tumbas, descubren que hay un tipo muy especial de muertos que pueden reportar mayores benficios a su negocio.

62 |100

Estrellas: 4

Viendo la película es fácil imaginarse lo mucho que llegó a disfrutar el irlandés Glenn McQuaid escribiendo, en primer lugar, y dirigiendo finalmente la comedia I Sell The Dead.
Es más, no tengo el placer de conocer personalmente al bueno de Glenn McQuaid, pero tras disfrutar de su segunda película como director (la primera se tituló The Resurrection Apprentice, 2005) podría apostar mi cuello (algo que encaja perfectamente con el espíritu de la película), a que es un enorme aficionado a la serie B terrorífica, a los monstruos de la Universal, a las maravillas de la Hammer, a los comics de la EC… en definitiva, y tal y como gritarían los entrañables seres deformes de La Parada de los Monstruos (Freaks, 1931): “uno de los nuestros”.

Ambientada en la segunda mitad del siglo XIX, I Sell The Dead (algo así como “Vendo la Muerte”) cuenta la historia de un par de delincuentes de baja estofa cuyo principal medio de subsistencia es la profanación de tumbas. Por desgracia para ellos viven a expensas de un médico que experimenta con los cadáveres y al que se ven obligados a vendérselos a un precio irrisorio, bajo amenaza de aquel de ser denunciados a la policía por sus actividades delictivas.

Una afortunada noche descubren que existe una clase muy especial de muertos que podrían aumentar considerablemente las expectativas de beneficios de su particular negocio.

A partir de una línea argumental tan sencillita como la que os acabo de describir, Glenn McQuaid se saca de la chistera una demencial mezcla de géneros repleta de guiños al aficionado al terror. Fantasmas, muertos vivientes, vampiros, mad-doctors, asesinos, cadáveres, tumbas… todos tienen su minuto de gloria en I Sell the Dead. Incluida una desternillante aparición especial susceptible de provocarle un intenso orgasmo al mismísimo Fox Mulder de Expediente X.

La vida de estos dos pillastres se cuenta a través de una serie de flashbacks que, en la mayoría de ocasiones, funcionan como historias totalmente independientes las unas de las otras, lo cual facilita enormemente a Glenn McQuaid la posibilidad de ir incluyendo toda una galería de variopintos personajes, extravagantes situaciones y elementos sobrenaturales que, en un estilo narrativo más lineal, difícilmente hubieran podido compartir un mismo espacio.

El resultado, en la práctica, es que asistimos a una experiencia muy similar a una antología de episodios (tomemos como referencia el Creepshow de George A. Romero) en el que el único punto de conexión entre las distintas historias es nuestra estrafalaria y torpe pareja de protagonistas.
Y como suele ocurrir en toda antología de episodios, en I Sell The Dead conviven momentos de un más que satisfactorio sentido del humor (ver la divertidísima secuencia del vampiro o la reacción de un zombi al contemplar la cara desfigurada de un miembro de la banda rival), junto a otros mucho menos inspirados, carentes de sofisticación, y en los que el exceso de diálogos intrascendentes y sin gracia logran despistar al espectador al tiempo que suponen un duro lastre para el ritmo de la película.

Pero si como comedia I Sell The Dead resulta tremendamente irregular y echamos decididamente en falta un puntito extra de locura y gamberrismo; como ejercicio formal y de estilo la película de Glenn McQuaid no tiene desperdicio alguno. Pese a contar con un presupuesto de guerrilla, I Sell the Dead hace gala de una excelente ambientación que nos transporta, sin aparente esfuerzo, a las añejas, góticas, coloristas y deliciosas piezas de la Hammer británica. E incluso cuando la película, en su recta final, nos transporta a una isla abandonada de largas palmeras y arenas blancas, tenemos la firme impresión de haber cruzado el umbral de la Isla del Tesoro de Stevenson y asistir a un delirante espectáculo de aventuras, piratas y tesoros ocultos (aunque en esta ocasión el tesoro oculto tenga los rasgos de un par de estúpidos muertos vivientes). En este sentido, la labor de Glenn McQuaid resulta impecable.

De la misma manera que también resulta sobresaliente el esfuerzo de todos los actores que forman parte del elenco de I Sell The Dead, desde la imponente presencia del siempre resolutivo Ron Perlman (Hellboy, 2004), pasando por las divertidas y revitalizantes interpretaciones del dúo protagonista, Dominic Monaghan (El Señor de los Anillos, 2001) y Larry Fessender (The Last Winter, 2006), y culminando con la enigmática y disfrutable participación de Angus Scrimm, al que los más viejos del lugar recordamos como el mítico Hombre Alto de la saga Phantasma.

No es una película para reír a mandíbula batiente ni tampoco creo que vaya a pasar a la historia como una de las mejores mezclas de comedia y horror. Pero tan sólo por recompensar la desfachatez y el atrevimiento mostrados por Glenn McQuaid al reunir en una película de época tal cantidad de monstruos y elementos sobrenaturales, sin que el experimento nunca llegue a descarrilar, y logrando que la cosa tenga su gracia en determinados momentos, vale la pena darle una oportunidad a este I Sell the Dead.

Una comedia simpática, amena, perfectamente ambientada, con grandes interpretaciones, alguna que otra sorpresa y, en definitiva, un ligero soplo de aire fresco para todos aquellos que deseéis descansar, durante unos instantes, de tanta sangre, tripas y horror.

Lo mejor: La acertada mezcla de subgéneros, monstruos y elementos sobrenaturales. Determinadas secuencias realmente graciosas.

Lo peor: Determinados momentos lastrados por el exceso de diálogos que no acaban de funcionar.

¿Dónde conseguirla?
Gore Nation: “I Sell the Dead” en VOSE.

Audie and the Wolf

Desventuras de un lobo despistado

Audie and the wolf

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  • Título original: Audie and the Wolf
  • Nacionalidad: USA | Año: 2008
  • Director: B. Scott O'Malley
  • Guión: B. Scott O'Malley
  • Intérpretes: Derek Hughes, Tara Price, Christa Campbell
  • Argumento: Un lobo propiedad de un indio abatido a tiros por un grupo de agentes federales huye hacia la ciudad. Atropellado por una bella aspirante a actriz, el lobo despierta en un habitación convertido en un ser humano.

38 |100

Estrellas: 2

Audie and the wolf

Contar con una buena idea que vender es, sin duda alguna, algo bueno, algo positivo. Intentar dilatar en exceso esa misma idea con la pretensión de que ofrezca un rendimiento más allá de lo que realmente da de sí… es peligroso. Me explico.

Audie and the Wolf, comedia independiente firmada por B. Scott O'Malley, parte de una atractiva idea (casi una anécdota), y en ningún momento se despega de ella. De manera que da vueltas, y vueltas, y más vueltas sobre la misma hasta lograr extenuarnos.

Un indio propietario de un lobo y sobre el que pesa una acusación de terrorismo, es abatido por un grupo de agentes federales. El lobo consigue escapar previa advertencia de su moribundo amo de que se aleje del mundo de los humanos.

Desorientado y sin rumbo fijo, el lobo es atropellado en mitad de la noche por una escultural (y siliconada) aspirante a actriz, quién, en un gesto que la honra (y que le acabará costando caro), recoge al lobo herido y lo lleva hasta su casa.

Un tipo desnudo y ensangrentado despierta en una habitación acompañado de una hermosa mujer tumbada en la cama… y degollada.

La idea que nos vende (o al menos lo intenta) B. Scott O'Malley es sencilla, pero lo suficientemente atractiva (a priori… al fin y al cabo alguien dijo que las ideas sencillas son siempre las más efectivas) cómo para captar nuestra atención y despertar nuestro interés por el devenir de este desdichado (y desconcertado) lobo convertido en humano.

B. Scott O'Malley le da la vuelta al género licántropo. Lo pone boca abajo y su Audie and the Wolf nos presenta a un antihéroe cuya naturaleza original es la de un animal salvaje (un lobo) que, por obra y gracia de no se sabe muy bien qué o quién, acaba convertido en hombre.

A partir de este punto de partida, que nos puede parecer más o menos original, más o menos simpático o gracioso (particularmente, la sola idea del lobo convertido en hombre, y las posibilidades cómicas que atesoraba dicha situación, me empujaron a darle una oportunidad a Audie and the Wolf), la película de B. Scott O'Malley se precipita hacia un terrible y doloroso desacierto: la monotonía.

El arsenal cómico de Audie and the Wolf se limita a Jon Doe (nombre que recibe el lobo en su versión humana) intentando, con pobres resultados, hacer frente a sus instintos animales (su hambre carnívora) y almacenando a un buen número de víctimas casuales (todo aquel que se acerque a los aledaños de la casa) en el sótano, con el propósito de mantener salvaguardado el secreto de su verdadera naturaleza salvaje.

El destino final de las víctimas de Jon Doe me lo guardo por ser uno de los puntos álgidos en la trama de Audie and the Wolf.

Cómo ya he apuntado antes, la idea inicial me parece atractiva. Incluso bien resuelta durante los primeros treinta minutos de la película, en los que B. Scott O'Malley aprovecha la extraña situación vivida por el sufrido protagonista para insertar todo tipo de chistes, más o menos acertados, muchos de los cuáles vienen acompañados con generosas dosis de sangre y gore (sin llegar en ningún momento al punto de que ello afecte a nuestros curtidos estómagos).
A destacar la esforzada labor de Derek Hughes, quién logra salir airoso de su arriesgadísima recreación de un lobo con apariencia humana.
Las posibilidades de caer en el más ridículo de los esperpentos eran muy elevadas, y sin embargo Hugues logra mantener el tipo en todo momento.

El gran inconveniente de Audie and the Wolf es que la fórmula se agota demasiado pronto. Y además se agota por el camino más cruel posible: el de la reiteración y, como consecuencia de ello, el aburrimiento.

El desarrollo de Audie and the Wolf es absolutamente plano. Lo experimentado en esos treinta minutos iniciales (Jon Doe acumulando víctimas en el sótano) vuelve a repetirse una y otra vez hasta llegar al final con las fuerzas muy justitas y con nuestro interés por la historia muy deteriorado.

B. Scott O'Malley intenta romper esa monotonía introduciendo un elemento romántico personalizado en la figura de Audie, una joven repartidora de carne a domicilio que se enamora perdidamente de Jon Doe. Sin embargo la relación entre ambos queda tan desdibujada y tan carente de emoción que, lejos de suponer un bálsamo o una tabla de salvación al tedioso desarrollo de la trama, acaba siendo un obstáculo más en el camino.

Con todo, Audie and the Wolf no es un desastre total. Logra funcionar puntualmente en la medida en que alguno de sus chistes funciona (pocos). Pero es una lástima que B. Scott O'Malley haya confiando tan ciegamente en su idea original y no haya sabido otorgarle a la historia algún otro aliciente que rompiera un desarrollo de la misma excesivamente rutinario.

Lo mejor: Su arranque.

Lo peor: Se vuelve monótona.

Sexy Killer

Hanibal Lecter con el fondo de armario de Paris Hilton

Sexy Killer

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  • Título original: Sexy Killer
  • Nacionalidad: España | Año: 2008
  • Director: Miguel Martí
  • Guión: Paco Cabezas
  • Intérpretes: Macarena Gómez, Alejo Sauras, César Camino
  • Argumento: La facultad de medicina comienza a sembrarse de cadáveres. La policía no tiene pistas de quién es el responsable de la carnicería. Nadie sospecha de Bárbara, una bella joven de aspecto inocente cuya única preocupación parece ser la moda.

62 |100

Estrellas: 4

Sexy Killer

Podría iniciar esta reseña diciendo que Sexy Killer es una película inusual, insólita, por el hecho de tratarse de una comedia española que realmente hace gracia. Pero esa probablemente sería una afirmación un tanto ofensiva, por lo que prefiero ahorrármela.

“Coloquialmente tontería. Cosa de poca entidad o importancia”. Esta es la definición que el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española ofrece sobre el vocablo “chorrada”. Y “chorrada” es el concepto que mejor define la esencia de una película como Sexy Killer. Una enorme y autoconsciente tontería con la que un servidor pudo divertirse de lo lindo.

Bárbara pasa sus días en una exclusiva facultad de medicina soñando con casarse con un joven cirujano de éxito, y asesinando impunemente a todo aquel que le lleve la contraria o la inoportune de algún modo.
Otro estudiante (una rata de laboratorio) inventa un sofisticado aparato que traduce en imágenes la actividad cerebral. Empeñado en descubrir la identidad del “asesino de la facultad” decide probar su invento con las vícitimas recientes de aquel, con la esperanza de que el experimento le proporcione alguna imágen del asesino. Los resultados de dicho experimento serán inesperados... y devastadores.

Sexy Killer pertence a ese tipo de comedias delirantes y desmadradas en las que el argumento cuenta muy poco. Una chorrada, una tonteria, una gamberrada, una idiotez si se quiere, pero siempre hablando desde el más absoluto respeto hacia una propuesta que, al fin y al cabo, únicamente podríamos incluir en el género de la comedia (ni siquiera podemos hablar de ella como una comedia de horror).

El dilema que se nos plantea es sumamente fácil de resolver: si la descomunal payasada que plantea Sexy Killer nos hace gracia, la película será, sin duda alguna, una agradable experiencia. Pero si a ese gran chiste que es toda la película en sí, no le encontramos la gracia por ningún sitio, Sexy Killer será un auténtico desastre que acabaréis odiando. Es así de fácil.

Por supuesto a partir de aquí podremos hablar de todo lo bueno y todo lo malo que, desde un punto de vista exclusivamente cinematográfico, nos ofrece la película dirigida por Miguel Martí. Pero ni siquiera bajo este punto de vista Sexy Killer presenta demasiadas dificultades.

La realización de Miguel Martí es rotundamente efectiva. Se siente cómodo en todo momento y no duda en utilizar toda clase de recursos, poco o nada originales, que ayudan a aumentar esa idea de que nos encontramos ante una gran broma: Bárbara hablándole directamente a la cámara, Bárbara siendo protagonista de las páginas principales de una revista de moda para psycho-killers que nos adiestra sobre cómo asesinar al tiempo que perdemos peso... Todo vale para mantener vivo ese tono delirante (y divertido) que, de forma consecuente, busca la película en todo momento.

Los actores mantienen un buen nivel. Ángel de Andrés está inconmensurable en el papel de inspector (como siempre), Paco León (Luisma en Aida) divertidísimo interpretando a... Paco León, César Camino y Alejo Saura cumplen a la perfección, y, por supuesto, destacar la potentísima presencia de Macarena Gómez, cuya adorable sobreactuación (exigencias del guión) de una asesina en serie, que se define a sí misma cómo un Haníbal Lecter con el fondo de armario de Paris Hilton, acaba erigiéndose, por méritos propios, en el principal aliciente cómico de Sexy Killer.

Me resultó sencillo reirme con Sexy Killer. Me reí con los asesinatos (aparatosos e imaginativos), me reí con determinados personajes secundarios (el desgraciado –Paco León- al que Bárbara le explica la historia de su vida), me reí con buena parte de los diálogos (César Camino intentando que un imbécil le preste su smoking en el lavabo de un restaurante), aluciné con el giro inesperado de los acontecimientos en el último tercio de la película y, por supuesto, disfruté una barbaridad con la ingente cantidad de referencias que adornan todo el metraje, desde las más obvias (Viernes 13, Posesión Infernal, El Silencio de los Corderos, Scream...),hasta las menos evidentes (Cocodrilo Dundee, Modesty Blaise, Terminator 2, Taxi Driver, La Noche de los Muertos Vivientes...).

Por supuesto Sexy Killer dista de ser una película perfecta. Algunos bajones en el ritmo provocados por un argumento de muy corto recorrido, su apuesta por un humor decididamente freak (aunque, personalmente, no creo que esto sea un inconveniente) y, lógicamente (suele ocurrir en este tipo de producciones), algunos chistes y situaciones supuestamente cómicas que fracasan de tal manera que no las salvaría ni el mismísimo Peter Sellers, seguramente provocaron que Sexy Killer no tuviera el recibimiento en taquilla que quizás se merecía.

Os propongo su recuperación a todos aquellos que no hayáis disfrutado todavía de Sexy Killer. Es indudable que no va a gustar a todo el mundo. Sexy Killer en tan sólo una gamberrada, delirante y desquiciada, cuyo único objetivo perseguido es el de divertir al personal. Quién consiga entrar en su juega se divertirá. Y quién no, posiblemente acabe odiándola.
Si finalmente soys de los que acabais odiando Sexy Killer, en esta ocasión os propongo que en lugar de acordaros de alguno de mis parientes más cercanos, le echéis la culpa al cine español en general, algo que nunca está de más y que siempre reconforta. Y ya veréis como de las diez próximas producciones españolas, al menos la mitad versaran sobre la guerra civil, la postguerra, o la transición. En fin...

Lo mejor: Su juego referencial, Macarena Gómez, y el hecho de que tan sólo intente divertir... y lo consiga.

Lo peor: Algún que otro bajón de ritmo y que la historia sea de muy corto recorrido.

Lesbian Vampire Killers

Ya están aquí los asesinos de vampiras lesbianas

Lesbian Vampire Killers

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  • Título original: Lesbian Vampire Killers
  • Nacionalidad: Gran Bretaña | Año: 2009
  • Director: Phil Claydon
  • Guión: Paul Hupfield
  • Intérpretes: Mathew Horne, James Corden, Paul McGann
  • Argumento: Una antigua maldición proferida por Carmilla, la Reina Vampira, convierte a las chicas de Cragwich en vampiras lesbianas al cumplir los 18. Jimmy y Fletch deberán hacer lo posible por salvar al pueblo de la maldición.

63 |100

Estrellas: 4

Lesbian Vampire Killers

Tommy Wirkola se salió con la suya. Su Dead Snow prometió zombis nazis en la nieve. Miles de aficionados al género nos imaginamos un sangriento festín de zombis nazis en la nieve. Y finalmente Dead Snow nos ofreció zombis nazis en la nieve… ni más ni menos.

El británico Phil Claydon decidió ir un poquito más allá y le puso a su película el título de Lesbian Vampire Killers. De nuevo a miles de aficionados se nos pusieron los dientes largos (y nunca mejor dicho) y nos imaginamos una orgía pulp en el que nos rodeaban bellísimas vampiras homosexuales dispuestas a chupar todo lo que se les pusiera por delante (básicamente sangre). Incluso algunos de esos aficionados se apresuraron a inundar páginas y páginas de la red profetizando un inigualable espectáculo de serie B desbordado de sexo y sangre por los cuatro costados (quiero ver vuestros dedos acusadores señalándome).

Por fin he visto Lesbian Vampire Killers, y os aseguro que disfruté. Lo pasé bien. Fueron 88 minutos de mi vida que pasaron volando. Pero también os garantizo que es muy difícil reseñar una película como Lesbian Vampire Killers sin mostrar un cierto tono de decepción en mis palabras. Aunque sea una decepción a medias.

Jimmy y Fletch son un par de fracasados que necesitan, urgentemente, unas vacaciones. Tras una ingestión masiva de pintas de cerveza en el pub de la esquina, deciden que la mejor forma de decidir el destino de sus vacaciones es lanzar un dardo sobre un mapa de Inglaterra colgado en la pared. El azar les lleva hasta Cragwich, una pequeña localidad al norte del país que, casualmente, se encuentra sometida a una poderosa maldición de Carmilla, la reina de los vampiros. Dicha maldición recae sobre las chicas del pueblo, quienes al alcanzar los 18 años de edad se convierten, irremediablemente, en vampiras lesbianas sedientas de sangre. Nuestros protagonistas, junto a una guapa estudiante del folclore local, y un expeditivo párroco cuya hija está a punto de cumplir los 18; deberán unir sus fuerzas para destruir la maldición que pesa sobre el pueblo, y con ella a la mismísima Carmilla, la Reina Vampira.

Permitidme que en esta ocasión empiece mencionando un par de cositas que no encontraréis en Lesbian Vampire Killers (y que, a la postre, serán motivo de decepción por parte de un buen número de aficionados). En Lesbian Vampire Killers no hay sexo. Hay algunas chicas sexys (realmente sexys... tan sexys como malas actrices), hay chistes sexuales, un par de destapes en el prometedor preámbulo (la promesa de algo que nunca llega a materializarse), y, por haber, incluso hay vampiras lesbianas que, de vez en cuando, se tocan (se rozan) y se besan. Pero todo acaba siendo tan suave, tan ligero, tan inocente, tan dócil… que intentar acercarse a Lesbian Vampire Killers (recordemos que ese es su título) en términos de sexo, acaba siendo un ejercicio de absoluta tristeza.
Lo que nunca sabremos es si guionista y director de Lesbian Vampire Killers tuvieron siempre en mente una versión tan mojigata y santurrona de su película (siempre hablando en términos de sexo), o si la autocensura, ante la posibilidad de incrementar el número de espectadores potenciales, hizo acto de presencia en algún momento del camino.
En cualquier caso, el resultado final es que Lesbian Vampire Killers es apta para cualquier seguidor de la saga de Harry Potter.

Y otra cosa que tampoco hallareis en Lesbian Vampire Killers es sangre, lo cual no deja de ser curioso tratándose de una película de vampiros. Hay algunas secuencias gore encaminadas (y creo que muy acertadamente) a resultar divertidas en lugar de asquerosas. Pero el rojo sangre, el rojo hemoglobina por el que el buen aficionado al terror siempre suspira… está ausente de Lesbian Vampire Killers. Cuando una vampira muere, su cuerpo estalla y fluye una sustancia blanca y espesa que no recuerdo haber visto nunca antes en una película de vampiros.
Al margen de si dicho líquido blanco y espeso es una metáfora del semen masculino –sic-, la pregunta que me hacía al ver morir a cada una de las vampiras siempre era la misma: ¿dónde demonios está la sangre?

Así que tenemos una película cuyo título es Lesbian Vampire Killers en la que apenas cobran protagonismo el sexo y la sangre. Pero entonces… ¿qué nos queda?
La comedia. Lesbian Vampire Killers es una comedia ligera, sencillita, inofensiva y de fácil digestión.

Los chistes se suceden uno tras otro, teniendo al personaje de Fletch como principal protagonista en la mayoría de ocasiones (por cierto, si a los cinco minutos de estar viendo Lesbian Vampire Killers decidís que el personaje de Fletch es insoportable –puede ocurrir-, os recomiendo que abandonéis el barco lo antes posible).
Y hay chistes de toda clase. Los hay de humor blanco y humor negro (o más bien gris). Hay chistes sexuales, los hay cinéfilos y referenciales, machistas, gruesos, chistes algo más sutiles, incluso hay chistes que se repiten una y otra vez hasta perder toda su gracia. En definitiva hay ocurrencias y chistes que funcionan y otros que no.

Por supuesto hay otros aspectos que también juegan a favor de la película. El aspecto visual de Lesbian Vampire Killers es magnífico. Su estética cómic resulta muy acertada. Las interpretaciones son todas ellas aceptables (a excepción de buena parte del elenco femenino cuando todavía no se ha convertido en vampiro) y las chicas son realmente sexys (aunque en este caso, el topicazo de ser guapa y tonta se cumple de forma aplastante). El ritmo es bueno y la comedia está presente en prácticamente cada plano que conforman los ajustadísimos 88 minutos que dura la película.

Si es que, en realidad, pese a que lo que estáis leyendo parezca una mala reseña de una película, lo cierto es que Lesbian Vampire Killers no está tan mal. Me pareció entretenida. Amena. Incluso divertida por momentos. Es cierto que me esperaba mucho más y que la mayoría de las expectativas que me había creado no han sido confirmadas, pero quizás ese sea un problema mío, y no tanto de Lesbian Vampire Killers.
Os recomiendo Lesbian Vampire Killers. No cómo el festival de sexo, sangre y colmillos que quizás muchos esperabais, sino como una comedia ligerita, simpática y de consumo rápido.

Para finalizar recordaros que esta es una ocasión inmejorable para destacar lo friqui y simple que un servidor puede llegar a ser. Así es, yo fui de los que a tenor de las primeras imágenes aparecidas, el trailer, y sobre todo el título de la película; llegué a creer en la posibilidad de estar ante una excelente comedia vampírica, repleta de sexo, sangre y risas. No ha sido así. El invento de Lesbian Vampire Killers se ha quedado a medio camino.
Lo único que me queda es seguir siendo igual de friqui, volver a entusiasmarme con una nueva propuesta que reúna ingredientes similares a los de Lesbian Vampire Killers y rezar para que, de una vez por todas, las expectativas se vean plenamente satisfechas.

Lo mejor: Sabe entretener.

Lo peor: Las expectativas creadas. Ofrece mucho menos de los que algunos nos esperábamos. Y la presencia final de Carmilla, lo peor con diferencia...

¿Dónde conseguirla?
GoreNation: "Lesbian Vampire Killers" en VOSE.