
LA VALORACIÓN:
60 |100
Estrellas: 3

Jamie es un veinteañero londinense que vive a la sombra de su rostro estigmatizado. Una mancha, en forma de corazón, mancillando su rostro y parte del cuerpo, ha marcado su vida no solo en sentido físico. La soledad, el aislamiento; la necesidad acuciante de sentirse amado por una mujer, una pena profunda que le atosiga a donde vaya. En tamaño estado de perpetua depresión, Jamie acude a su puesto de trabajo. Trabajar con su tío como fotógrafo no está mal, pero sigue sintiéndose vacío.
Todo cambia la noche en que contempla, por accidente, como unos encapuchados queman a un hombre y su hijo, en un callejón dejado de la mano de Dios. Aunque los informativos y la policía especulan sobre una banda callejera que ataca a sus victimas bajo mascaras de plástico, Jamie sabe la verdad: Los atacantes no portaban mascara alguna, su rostro era el de demonios rodeados por esas moscas de la locura que liban la sangre de los cadaveres dejados a su paso.
La intromisión de Jamie no queda en secreto, contemplar la realidad desnuda tiene un precio. Incapaz de hacer nada para evitarlo; el joven contempla, con lagrimas en los ojos, como su madre muere bajo las llamas de los cócteles molotov lanzados por los demonios acechantes. Hundido, enloquecido y apenas consolado por su escasa familia; Jamie busca al responsable detrás del caos que se ha apoderado de Londres y de su alma. El metal de la pistola que porta quema en su bolsillo bajo las escasas estrellas desperdigadas en la noche londinense. Pero el pobre y desorientado muchacho nunca podría imaginar que una mirada al abismo puede ser mas dolorosa que contemplar su impía faz en el espejo
Hablar de Heartless, película británica avalada por jugosas críticas en su país de origen, es hablar de su director y guionista. Philip Ridley es un director atípico, un hombre que solo se sitúa detrás de la cámara en contadas ocasiones. De hecho, en sus últimos veinte años de carrera solo ha rodado dos películas más: The Reflecting Skin (1990) y The Passion of Darkly Noon (1995). Cintas que la prensa se ha hinchado cual pavo para proclamar su origen culto, clasificándolas inmediatamente como cine de autor. En el caso de Heartless, y a pesar de resultar su cinta más convencional (puede que debido a una cuidada post-producción que le resta naturalidad), encontramos todos los elementos características en el cine de Ridley. Esta especie de sello que conforman las obsesiones del británico en pantalla, es lo que se suele denominar personalidad cinematográfica, aunque en mi humilde opinión se necesita algo más que plasmar repetidamente las neuras personales propias para conseguir un estatus de culto dentro de cualquier disciplina artística (¿verdad Woody Allen?). Por lo menos, en el caso que nos ocupa, Ridley no se prodiga lo suficiente como para resultar cansado, y en su favor hay que decir que los guiones de sus películas (todos escritos por el mismo) reflejan la parsimonia y cuidado que, indistintamente de su resultado final, echamos de menos en otras producciones de corte fantástico.
¿Y cuales son las señas de identidad características de los trabajos de Philip Ridley? Básicamente destaca la forma de conjugar realidad con ficción desde la alienación. Sus películas muestran protagonistas masculinos incapaces de interpretar el entorno que los rodea de una forma racional ó consecuente. De tal forma, que bruscos cambios en su rutina insustancial, los derriban anímicamente, convirtiéndose este dolor sentimental en el principal motor argumental para sus guiones. La pasión contenida y la frustración llevan a sus personajes a un torbellino emocional que los va aislando más de lo que una vez estuvieron. También es conveniente señalar, que los elementos fantásticos llegan al espectador a través de la perspectiva del protagonista, desempeñando un factor dramático que Ridley constantemente busca y destaca. En resumen, sus films están basados en sentimientos humanos, en personas que no consiguen una voz en el mundo ordinario y como consecuencia, distorsionan la realidad a su antojo. Películas de personaje (y observad que no pluralizo) que por lo tanto no desarrollan un guión todo lo profundo en matices que uno desearía, a pesar del esfuerzo en hilar correctamente detalles que siempre invitan a la locura. Algo que, desde luego, no es sencillo.
Otro elemento secundario, pero que cobra inusitada fuerza en la obra del británico, es la recreación de una atmósfera visual que refleje el convulso mundo interior del protagonista. Y con los años, esto es algo que el director ha depurado con elegancia, seguramente ayudado por un presupuesto holgado (uno que The reflecting Skin no tuvo en absoluto), en Heartless trae a la vida un Londres ocultista, nacido en los suburbios, la pobreza y los edificios calcinados de los desposeídos. La paleta de colores y los interiores decadentes, se hacen imprescindibles para entender el caos interior que sacude el alma de Jamie, personaje que aun interpretado por el actor inglés Jim Sturgess de forma creíble y madura; no consigue llegar al corazón del espectador dado el distanciamiento que provoca su hermetismo. Y esto es otra constante de las producciones de Ridley. La narración es desencadenada por la incongruencia con la sociedad convenida, que supone la personalidad de los protagonistas. Sin embargo, estos se sitúan en posición pasiva frente a los eventos que le rodean, dejándose llevar por su propia mente desbocada. Así es como se crea una pequeña incongruencia semántica entre lo narrado y lo que vemos. Supongo que es algo premeditado, pero en ninguna de las tres cintas del director me consiguió arrastrar en su juego; debido, principalmente a que esta incongruencia invita a plantearte seriamente la validez de muchas de las escenas visionadas. Una falta de complicidad que se agudiza cuando la línea argumental termina llevándonos, reconozco que de forma reposada y elegante, a un final que esperábamos con antelación. Una lastima, sobre todo, cuando toda la magia debería residir en una sorpresa que no contienen los distintos giros de guión. Pero no revelaré nada, aunque el pastel se huela desde el rellano, dejarse llevar y abandonar los prejuicios resulta fundamental para disfrutar minimamente de esta cinta.
A pesar de la citada ambientación tan cuidada y (falsamente) mágica que por momentos podía traernos reminiscencias de luminarias del comic como Jamie Delano y su Hellblazer , ó incluso del mismísimo Neil Gaiman; a pesar de unas actuaciones decentes, destacando para bien el papel de señor de los demonios, Papa B, interpretado por un televisivo Joseph Mawle; a pesar de una banda sonora que se esfuerza por inducirnos melancolía con una propuesta ligeramente “cool”; a pesar de unos toques de terror fríos, místicos y en ocasiones dudosos; a pesar de todo esto y otros elementos positivos, Heartless se decanta por indagar en el drama, en la búsqueda griálica de Jamie por su lugar en la vida y el amor, así como el precio que paga por ello. No esperéis una cacería de demonios a cargo del típico vengador de barrio amargado y pendenciero. En un momento dado de la película, cuando ya intuyes que la búsqueda de Jamie es más interna que externa, yo deseé que Charles Bronson se diese un vueltecita por el barrio repartiendo justicia entre los demonios, en lugar de un viaje dramático de descubrimiento personal. Supongo que no llegué a empatizar con el protagonista por todo lo comentado, pero el trailer también ayudó; y es que no entenderé la manía de los departamentos de marketing por vender algo como lo que no es. Puede que Heartless sea buen drama psicológico, aunque repetitivo en los conceptos de su autor, ¿entonces por qué venderlo como una cinta de terror? Ó tal vez fue un fallo de percepción personal. Solo sé que el elemento romántico/atormentado, que cobra fuerza durante la mitad del metraje, no puede resultar más aburrido.
En definitiva, una cinta que gustará a aquellos que busquen una perspectiva diferente y más intelectual de una cinta de terror ó, directamente, un drama con elementos fantásticos; pero prevengo de que dicha intelectualidad solo se encuentra en una primera capa, que pretende la extrañeza fácil por medio de una narrativa confusa que no acaba de cuajar; la capa maquillada por la soberbia fotografía e iluminación. Más allá observaremos muchos tópicos, autoreferencias, pasión que no llega a detonar y un guión que se regocija en sus propios trucos, aportando escaso dinamismo (especial hincapié en diálogos pretendidamente sesudos). Aunque aplaudo la profesionalidad que desprende cada minuto del, ligeramente excesivo, metraje; sobre todo por el esfuerzo de interconectar pequeños detalles que resultan guiños al propio espectador (estad atentos a lo que veis en pantalla).
Además, solo por una escena incongruente, de marcado humor negro, que involucra chaperos homo, plástico de envolver y dagas rituales, merece la pena echarle un vistazo a una cinta que se encuadra por los pelos dentro del cine de terror.
Lo mejor: La atmósfera de las localizaciones genera, con potencia, una vivida imagen del lado oculto y siniestro de Londres.
Lo peor: El final puede resultar manido, especialmente al espectador curtido; el personaje de Jamie resulta demasiado pasivo restándole fuerza a un guión detallista que peca de falta de profundidad.

LA VALORACIÓN:
69 |100
Estrellas: 3

EROTISMO Y MUERTE
El erotismo y la muerte, ó Eros y Thanatos que es lo mismo, han ido de la mano desde que existe la humanidad. ¿Cuantas odas se han escrito a las bondades y las crueldades del sexo? ¿Cuantos versos hay escritos sobre los amados que se quedan en el camino?
Sin lugar a dudas, el abandono orgásmico se asemeja lo suficiente al estertor final de nuestras miserables vidas, como para que entendamos que la muerte y el sexo van ligados de forma misteriosa, macabra y seductora. Bien lo saben nuestros amigos franceses, que en su clásico estilo, definen los momentos posteriores al orgasmo como la petite mort.
Estos dos conceptos fascinantes, unidos, han dado pie a grandes obras de artes. A bote pronto diría que toda la narrativa y poesía de Poe está fuertemente influenciada por esta dualidad. Los libros donde el vampiro es un elemento portador de deseo y muerte, se cuentan por miles.
Tampoco podemos negar, que parte de esta morbosidad sexual, que sienten los hombres y las mujeres, se debe a la vulnerabilidad del acto. Cuando lo estamos haciendo, nos entregamos totalmente a nuestros compañeros de juegos, habitualmente desnudos, abducidos por la salivación, temblorosos los sentidos; no veríamos el cuchillo del cazador aun teniéndolo delante de nuestras narices. ¿Cuantas parejas han muerto en el cine de terror mientras copulaban? ¿Decenas, cientos, miles? Así pues, es evidente la necesaria inclusión de elementos eróticos en el cine de terror…obviamente también goza de un factor comercial importante. Y es que el sexo mueve mucho dinero, amigos.
Sin embargo la religión hebrea, creada y desarrollada por hombres, tuvo a bien entender el sexo de la misma forma que muchas religiones monoteístas: como un pecado que debe ocultarse. Yo creo que esto se debió principalmente a dos factores. El deseo de control sobre los creyentes y el temor masculino al poder sexual de las mujeres. Y así es como en la religión hebrea nace el mito cumbre de la unión del erotismo y la muerte: Lilith. En la biblia, y anteriormente en texto mesopotámicos, Lilith es la primera mujer de Adán. Ser de majestuosa belleza, se negó a yacer bajo Adán, exigiendo ponerse encima puesto que Yahvé los había creado iguales. ¡La primera feminista! Ante tamaño desafío, el imbecil de Adán, no tuvo otra idea que forzar a su mujer, como resultado de esta vejación, Lilith desapareció un día jurando vengarse de los descendientes de Adán, es decir, de todos nosotros. Madre de Demonios, lamia de irresistible sensualidad, reina de los sucubos, la ramera carmesí. En definitiva, un mito fascinante y eterno, que simboliza como el sexo, la muerte, el semen y la sangre; tienen un camino común de muchas ramificaciones, siendo el cine de terror una de ellas. ¿Y que mejor figura qué Lilith para crear una cinta, que mezcla el thriller erótico con el terror, llamada Evil Angel? Sigamos dicho camino, esperando llegar hasta al final de la mano de la bella Lilith.
EVIL ANGEL
Chicago, época actual. Marcus es un paramédico de origen latino que se enfrenta a un juicio por la muerte accidental de una prostituta, Elizabeth, que estaba atendiendo. No es solo el único problema que tiene, su mujer depresiva, infiel y de tendencias suicidas, lo tiene sometido a un chantaje emocional que esta minando su cordura poco a poco. El detective Carruthers (Ving Rhames) ha sido contratado para investigar si había algo más detrás de la muerte de la prostituta. Desgraciadamente, en el transcurso de su investigación su hijo es asesinado atrozmente y si su olfato no le falla; algo tiene que ver con el caso que tiene entre manos.
Recientemente, una chica llamada Emma, ha muerto en los brazos del paramédico, tras el ataque de un borracho, sin que Marcus pudiera hacer nada. Nuestro protagonista se siente irresistiblemente fascinado por esta chica, y empieza a indagar sobre la vida de la joven para olvidar su miserable matrimonio. Simultáneamente, en el hospital donde trabaja, una paciente ha despertado de un coma trayendo con ella una presencia que podría provenir del mismísimo inframundo. ¿Por qué Marcus está en el centro de esta trama de muertes, comas y demonios? ¿Por qué asesinaron al hijo de Carruthers? ¿Tenía algo que ocultar? ¿Qué oculta el proxeneta que regentaba la casa de crack donde trabajaba Elizabeth?
Lo primero que cabe destacar de Evil Angel, es que llegándonos de “tapadillo” y sin hacer mucho ruido, se presenta como una película sólida que no aburre y que proporciona lo que promete su portada: bellas mujeres desencadenando toda su diabólica furia sobre Chicago. Y destaco el hecho de que no aburra porque la cinta dura sus casi dos horas, todos sabemos como está el mercado; y el que una producción independiente de dos horas no decaiga en ningún momento, es digno de alabanza.
Evil Angel goza de buen ritmo, y juega continuamente con dos tramas paralelas como son el discurrir de la investigación por parte del detective Carruthers, soberbiamente interpretado por un todoterreno del cine estadounidense como es Ving Rhames, y el descenso a los infiernos del detective Marcus, este peor interpretado por un sosito Kristopher Shepard. Sus dos historias tienen nexos tangenciales, pero no es hasta el final de la cinta cuando sus tramas convergen realmente. Muy “agradable” y divertido el encuentro que tienen los dos personajes, ya al final de la película. Puesto que hay bastantes personajes secundarios y el guión se ha trabajado con mucho esfuerzo en el área del thriller; hay que estar atentos para no perder el hilo de una trama, que de perdernos puede convertirse en anodina. La única falta que le sacaría a este guión tan trabajado en el terreno de la investigación y el suspense, son unas lagunas muy grandes. Menos mal, que dichos agujeros son pocos; pero son de bulto y dan a veces la sensación de estar viendo un telefilm. También me pareció exagerada la carga dramática de algunos personajes, como la mujer de Marcus, Carla, y la forma en que ejerce chantaje emocional sobre su marido. El director y escritor de Evil Angel, Richard Dutcher, quiso que odiásemos a Carla, interpretada correctamente por una bella y desconocida Ava Gaudet.Sin embargo, las escenas donde se abusa del melodrama son las que más se resienten de todo el metraje. Pero Richard Dutcher se sabe manejar bien con el resto de elementos que componen Evil Angel: el suspense, el erotismo y el terror.
Los primeros quince minutos son una declaración de intenciones en toda regla. Asistimos a unos títulos de crédito donde una atractiva mujer ocupa la pantalla en sensuales poses sin darnos la cara, finalmente nos la muestra y aterrorizados contemplamos el rastro de un ser infernal, un demonio de dientes afilados.
Al poco, y usando un juego de dualidad narrativo basado en dos tramas presentadas en escenas cortas, asistimos al nacimiento de un bebe en un ghetto con la ayuda de Marcus y al suicidio de un loco que ve al diablo en todas las mujeres con las que se encuentra; y aviso de que no es una escena gratuita. A destacar el macabro humor de este suicidio, aunque no se prodigue mucho en este humor la cinta, cuatro pinceladas puntuales son, sin duda, lo mejor de la cinta y se hacen muy agradecidas como amante del género fantástico.
Seguidamente, Marcus atiende a una muchacha apuñalada sin mucho éxito. Fatigado y extrañado porque tenía la sensación de conocer a la chica, vuelve a casa para encontrarse a su mujer montando espectacularmente sobre otro hombre. Marcus se marcha de casa, pero su mujer le amenaza con suicidarse. Menos mal que para su alivio, tiene que presentarse ante un tribunal para ser juzgado por el homicidio imprudente de una prostituta.
Como veis, en quince minutos hemos visto casi de todo. Muchos personajes, tanto principales como secundarios. Una gran cantidad de incógnitas se han planteado y por si fuera poco se ponen las cartas sobre la mesa con honestidad: es una película de horror. Las apariciones de esos “demonios” en los cuerpos de las mujeres, sean locura ó no, resultan explicitas: rostros deformados y siniestros (en la línea de los humanos poseídos por ángeles de Legion y reminiscencias de Evil Dead ó I sell the dead) Aprovecho para comentar los efectos especiales, un elemento donde este film, no se corta tampoco. Hay escenas de violencia y gore explicito, muy dosificadas, pero creo que eso es un acierto. Donde se ve más prolífica, es en el muestrario de rostros femeninos poseídos, estas transformaciones están realizadas por ordenador, y aunque estén bien hechas; al verse de una forma más ó menos continua, durante toda la película, se pueden hacer algo pesadas. Bueno, reconozco que esta sensación pueda deberse a que los efectos especiales más propios de una labor artesanal, cuando se realizan por CGI, me echan directamente para atrás. Dadme unos años y ya me iré acostumbrando.
Quiero detenerme un instante en la figura de Lilith. No por contar con un guión bastante predecible, quiero fastidiaros la trama, pero Richard Dutcher no parece gustar de los rodeos y expone en su libreto rápidamente toneladas y toneladas de alusiones al mito hebreo de Lilith. Si habéis leído la primera parte de la reseña llamada “Eros y thanatos”, quizá os preguntéis que tal ha reflejado el equipo de Evil Angel un mito tan intenso, en su trabajo. Pues sinceramente, han acertado. Estamos en el 2010, y una hembra demoníaca despechada, supongo que se dedicaría a cometer el tipo de fechorías que nos muestran. Con mención especial para los momentos más terminator como el asalto a la casa de crack. Se podría decir que también tenemos unas gotitas de acción que sorprenden cuando llegan, porque explotan súbitamente dentro de un argumento basado en investigación e iteración entre personajes.
Con respecto al erotismo desprendido durante el metraje. Bueno, para ser una película estadounidense, es prodiga en desnudos y alguna escena picante subirá la adrenalina a más de un espectador ó espectadora. No obstante, yo hubiera preferido que se hiciese más hincapié en estas escenas tórridas. Existe más brutalidad que sensualidad en las muertes que se van sucediendo en pantalla. Pero como ya he dicho, es lo apropiado para una figura diabólica. No esperéis una carga erótica como la de Instinto Básico, pero disfrutad del cuerpo de Ava Gaudet y JJ Neward, que no es poco (lo siento chicas de Almas Oscuras, en el aspecto carnal, esta cinta tampoco os va agradar mucho los ojos, y van…)
Otro apunte interesante, que observareis, es el mimo en los detalles de Evil Angel, técnicamente es muy digna; y por lo que he podido leer, su director se esfuerza realmente en alejarse del mainstream financiando el mismo sus proyectos; que desgraciadamente y por esa razón, son escasos. A excepción de una banda sonora que sentí muy justa (aunque la canción elegida para los títulos de créditos iniciales sea estupenda), todo lo demás no tiene queja. La edición y montaje, me parecen casi canónicos. Con tantas escena ubicada en diferentes localizaciones y narrada de forma simultanea, no se producen excesivas confusiones y en todo momento sentimos una progresión narrativa. La fotografía, los efectos de sonido, el vestuario; todo está tratado con dignidad y cuidado; dentro de unos medios que a pesar de intuirse limitados, no es de una forma tan obvia como en otras películas independientes.
En definitiva, un thriller erótico y sobrenatural, que no busca engañar al espectador. No sorprende por su desarrollo, pero sí por su calidad y por la falta de propuestas similares en el panorama fantástico actual. Plantéese el potencial espectador que la duración de dos horas requiere de ganas y concentración para no perderse en el maremagno de personajes y eventos que se disparan en una trama muy desarrollada. Se le pueden perdonar los fallos y entendiendo que los actores se esfuerzan, por lo que sus actuaciones justitas me parecen suficientes para el disfrute de un proyecto que roza el notable.
Además, el buen tiempo, aquí en España, no puede tardar mucho en llegar, y que mejor forma de celebrarlo que imbuirse en el espíritu carnal y violento que nos propone la Madre de los Demonios. Despojémonos de las ropas y de las mascaras, y hundamos nuestra carne en una orgía de horror y sexo. ¿Yo? Me apunto de cabeza.
Lo mejor: Un argumento típico del thriller erótico que funciona e interesa. Detalles de horror muy bien introducidos, como el asalto a la casa de crack
Lo peor: Unos pocos fallos arguméntales que destacan excesivamente y unos actores, que exceptuando a Ving Rhames, no son ninguna maravilla
¿Dónde conseguirla?
Gore Nation: “Evil Angel” en VOSE.

LA VALORACIÓN:
60 |100
Estrellas: 3

Supongo que no es la mejor manera de empezar una reseña, pero he de reconocer lo mucho que me ha costado empezar a escribir sobre Nine Miles Down desde que la vi. Principalmente por dos motivos:
Es complicado reseñar una película que basa todo su argumento en la trampa y en el engaño constante al espectador, y no me refiero al estilo de películas intensas como Triangle, si no todo lo contrario. Es decir, no estamos ante un guión elaborado, si no más bien frente al continuo juego de saber si el protagonista de la historia esta viendo la realidad ó todo está en su cabeza. Por nombrar un ejemplo famoso (y tomándome alguna licencia), podría decirse que estamos ante La Escalera de Jacob de serie B.
Además, como segundo motivo, la película resulta decepcionante en ciertos aspectos porque si todo se trataba de resolver el caos mental que tiene su protagonista, en un sentido blanco ó en un sentido negro, lo hace pero con bastante poca elegancia y unas lagunas arguméntales que resultan demasiado evidentes para una historia lineal y de trampa fácil. Así que quería dejar pasar un tiempo para calmar el estupor mental que me habían provocado dichas lagunas tan evitables.
Con lo cual no sabía como abordar esta reseña, sin desvelar nada del guión, puesto que la película acabaría por perder cualquier interés para aquel minimamente interesado. E insisto en este aspecto, porque aunque Nine Miles Down tenga los defectos comentados más arriba; no deja de enganchar por su corta duración, una eficaz protagonista femenina y la incertidumbre clásica de: “será una paranoia ó será todo verdad”. Amén de unos efectos visuales muy logrados y ese saborcillo bizarro que deja la mezcla de algunas escenas muy bien hiladas con otros momentos que rozan el patetismo más descarado. Por lo que desecharla como basura no es algo tan inmediato.
Si este film te interesa por la razón que sea, igual sería más conveniente que en este punto dejes de leer y pases directamente a su visionado. Procuraré no desvelar el final, para mi algo previsible y decepcionante, y centrarme solo en los elementos cinematográficos; pero que conste que todo el misterio de esta co-producción británico-norteamericano-australiana es el desenlace de la historia, y este es muy sencillo de intuir a mitad de película por mucho que su director se empeñe en lo contrario.
Thomas “Jack” Jackman (Adrian Paul) es un agente de la GNE (una agencia de seguridad auspiciada por estados unidos) cuya zona de patrulla en el Sahara comprende una plataforma de estudio y extracción de gas, es enviado a estas mismas instalaciones para investigar la falta de transmisiones por parte de los científicos encargados de la explotación.
La sorpresa de Jack es mayúscula cuando, bajo una fuerte tormenta de arena, llega por fin a su destino y encuentra la nave principal totalmente desierta. Parece que hace días que nadie pisa la instalación. El ambiente es ominoso, el viento y la arena golpean a los edificios acentuando la sensación de soledad y desamparo. Los investigadores que habían erigido la plataforma de extracción se han esfumando solo dejando sus huellas, documentos, videos y…*un chacal destripado en una habitación tapizada con palabras en árabe escritas con sangre*. ¿Algún tributo delirante por parte de operarios musulmanes supersticiosos? No en vano, la perforación en busca de la mena de gas a nueve millas bajo tierra estuvo envuelta en cierta polémica desde el principio, debido a las fuertes supercherías locales sobre genios ó djinns aguardando su venganza contra la humanidad, favoritos de Alá, en el infierno bajo la tierra.
Un poco perturbado, Jack se ve atrapado por la noche y la tormenta en las instalaciones abandonadas. Intentando quitarse de encima esa sensación de ser observado, se acuesta; pero su sueño es inquieto. El incansable rugir del viento penetran en su mente trayéndole dolorosos recuerdos de su mujer y de sus hijos muertos.
La mañana siguiente le depara a Jack más sorpresas. Investigando un barracón independiente observa muestras de presencia humana recientes. Al poco, la doctora Jennie Christianson (Kate Nauta), una rubia despampanante y sobrada de carisma, aparece casi por arte de magia. Para Jack algo no encaja, investigadores desaparecidos, una mujer misteriosa y mucha desolación en el solitario desierto. Sin embargo, su situación toma un giro aun más macabro, cuando Jennie (ó JC como gusta que la llamen) le descubre el cuerpo muerto del jefe de la plataforma y el de otros científicos. Según la doctora, algo volvió loco a sus compañeros convirtiéndolos en peligrosos paranoicos que acabaron matándose unos a otros. Y es ahora cuando Jack tiene un verdadero problema, debe esperar refuerzos mientras sigue analizando la situación sobre el terreno. La verdad que JC sería una compañía femenina más que agradable si no fuese por las crecientes sospechas que el experto en seguridad esta sintiendo crecer dentro de el. Faltan muchas piezas en el puzzle y parece que JC las oculta todas. Es bella, es sexy, es peligrosa y la mente de Jack no puede dejar de imaginar cosas diabólicas sobre ella…cosas que poco a poco se van volviendo más reales.
Como ya he comentado, la película es muy muy tramposa. Tampoco es de extrañar tratando el meollo del asunto en el descenso a la locura y la paranoia del protagonista por el castigo mental que le inflinge la satánicamente hermosa Kate Nauta. Alrededor de esta dualidad girará todo el libreto de Nine Miles Down, ¿es JC el señor de las tinieblas? Obviamente en una cinta con esta premisa es necesario sobre todo tener buenos actores protagonistas. La gran parte del metraje se centra en la plataforma abandonada y los procesos mentales que afligen a Jack. Mientras que el protagonista masculino flojea un poco, a mi entender, ya que es un actor “rocoso”; Kate Nauta (conocida por su papel en Tranpsorter 2 y su reciente aparición en la e-serie Fear Clinic con el gran Robert Englund) lo hace bastante bien. Su elección me ha parecido de lo más acertado. Ningún hombre dudará de que posee un cuerpo y un rostro que invitan al pecado. Además, en determinados momentos, donde se necesitaba mostrar a una mujer vulnerable y sensible; ella lo hace a las mil maravillas, llegando a volver tan loco a Jack como al espectador. Fijaos en los detalles de su actuación (y no solo en sus curvas) y veréis que existe un trabajo muy estudiado en la dirección artística. Ya os digo, si el diablo se disfrazase de mujer, elegiría la figura de esta joven actriz.
No quiero con todo esto desmerecer la actuación de Adrian Paul, existen escenas muy intensas (como el momento cuando sus infinitos reflejos de dos espejos enfrentados le invitan al suicidio) donde consigue estar a la altura, pero este hombre curtido en la TV (la serie Higlander) y que a alguno os sonará por sus papel en Lost Colony y sus apariciones en la WWF (el mayor espectáculo de lucha libre norteamericano); no acaba de ser un actor muy expresivo y los entresijos mentales que vive su personaje pierden algo de realismo dada su interpretación oligofrénica.
Otro de los aspectos que comentaba es la extraña mezcla de momentos muy logrados con otras escenas que podrían pasar por el típico telefilm de las cuatro de la tarde, esos que invitan a echarse una larga siesta. Sin entrar en detalles puntuales, diría que esto se produce por la dirección a tirones de Anthony Waller, director también de Un hombre lobo americano en Paris. Igual que en el remake/secuela (¿?) de la clásica película de John Landis (y que todos deberíais haber visto), Nine Miles Down tiene un ritmo desacompasado que hace que escenas con una alta carga de tensión ó emotividad emocional se queden en una especie de sketch. Por ejemplo, las secuencias de contenido sexual quedan muy sosas debido a la planificación de las mismas así como a la música elegida para estos momentos.
Esto me lleva a otro punto importante: Muy mala la banda sonora, mal escogida y con unos tintes corales ó arábigos, que de tan facilotes resultan molestos. Creo que algo más minimalista hubiese ayudado a crear atmósfera junto al sonido del viento que debería ser omnipresente.
Y es que no puedes evitar reírte ante la presentación de los hechos con ciertas ambientaciones, más si cabe cuando dentro de la historia narrada se presentan tantos fallos motivacionales. Esto es extremadamente visible en la escena que más le habrá picado en el ojo a más de uno que haya visto el trailer. Cuando Jennie totalmente “desmelenada” le prepara una rica cenita a Jack, vestida solo con un delantal rojo. De verdad que cuesta pensar una motivación argumental para esta escena más allá de mostrar a Kate Nauta de dicha guisa (ante lo cual yo no tengo ninguna queja). Irremediablemente estos vacíos en el guión acaban por mermar la credibilidad de lo que vemos. Y ni siquiera el deterioro de la salud mental del protagonista puede presentarse como excusa para ciertos juegos que se permite el director, y también guionista junto a Everett de Roche, con el espectador. La película no consigue la suficiente complicidad como para perdonar estos errores (y eso que no he hablado de ciertos “bugs” que empequeñecen esta producción) y ahí radica su mayor debilidad.
Como nota curiosa, añadir que Everett de Roche es el autor del guión de Visitors. Otra película que narra el descenso en picado a los abismos de la locura, provocados por la soledad, de una mujer empeñada en dar la vuelta al mundo en un velero. Cinta, que dicho sea de paso es muy recomendable aunque podamos establecer muchos paralelismos con la película que estamos abordando.
Tampoco es todo malo, recalco de nuevo lo bien que están tratados los arrebatos de locura de Jack, potenciados por la actuación de la señorita Nauta y el uso de efectos visuales muy logrados, que consiguen ponernos nerviosos con ajustados recursos.
Otro detalle que me gusto fue la fotografía y el diseño de localizaciones. Resulta que el film está rodado en Hungría, y aquí tenemos la magia del cine en estado puro. En todo momento sentiremos el peso del desierto y el aislamiento de las naves abandonadas, reforzado con una fotografía austera y seca que parece sacada directamente de las producciones de lo noventa directas a videoclub. Me venía a la cabeza todo el rato Proteus del experto en FX Bob Keen, muy infravalorada y cuyo visionado recomiendo como complemento al de Nine Miles Down.
Si tuviera que poner en una balanza todos los pros y los contra de esta película no tengo claro que la nota que le este dando sea justa. Tal vez debería ser inferior, pero el resultado final no es del todo desagradable (obviando gustos personales por la conclusión que tiene la historia) puesto que el desarrollo se sigue con facilidad resultando entretenido plantearte si el pobre Jack esta como una regadera ó la Dra. JC es la enviada de Lucifer (yo he probado a ofrecerle mi alma pero todavía no ha aparecido para reclamarla, tch!). No esperéis nada del otro mundo pero si podéis ser no muy rigurosos durante ochenta minutos, no vais a perder nada viéndola. Tal vez personas más serias puedan darle una lectura psicológica más profunda y disfrutarla bastante, a la par que personas muy cachondas sabrán ver toda la comicidad de la película y echarse unas buenas risas. Yo, por mi parte, me quedo con la intensidad de Kate Nuta y el alarmante desarrollo de mi adicción a las actrices rubias…¡¡Y yo qué pensé que nunca tendría nada en común con Hitchcock!!
Lo mejor: Lo acertado del tratamiento visual de la locura y Kate Nauta que no es solo una cara bonita.
Lo peor: La explicación final no me gustó, fallos arguméntales demasiado obvios y lo chabacano de ciertas escenas.

LA VALORACIÓN:
60 |100
Estrellas: 3

A principios de los ochentas, una joven universitaria busca piso. Esta estudiante, Samantha (Jocelin Donahue), parece que encuentra el apartamento ideal, pero sus paupérrimos ahorros no son suficientes para pagar ni el depósito. Con pocos días de margen, busca trabajo con desesperación. Milagrosamente aparece una oferta casi de la nada: Un trabajo, bien remunerado, de niñera en un caserón de estilo victoriano, ubicado en un páramo de las afueras. En la noche que toda la ciudad se prepara para contemplar un eclipse lunar total, Samantha llega a su nuevo trabajo. La sorpresa salta cuando descubre que no se trata de cuidar a un niño, si no a una anciana. Todo parece extraño alrededor de los Ulman (Tom Noonan y Mary Woronov) y su casa; sin embargo la paga es demasiado generosa como para rechazarla. Así comienza la, aparentemente, fácil tarea de la joven. Pero la tensión va envolviendo las paredes del edificio como una mortaja un cadáver, convirtiéndose en una sangrienta noche, que Samantha jamás olvidará…
La película de Ti West viene precedida de buena fama. ¿Es esto realmente merecido? El bueno de Ti dirige, escribe y edita un film que intenta recuperar todos los ingredientes de las producciones sobre sectas satánicas (y lo único adicional que destripo es que esta basada en supuestos hechos reales) de finales de setenta/principios de los ochentas. Aparte de The House of The Devil, la obra más conocida de este director es The Roost. Una película de bajo presupuesto que, también, intentaba homenajear al cine de genero (en su caso a Evil Dead) y a la televisión de medianoche; aunque quedándose a un nivel infinitamente inferior a la cinta que ahora nos ocupa. Con lo cual, ya sabemos que nos vamos a adentrar en la mente de un tipo que adora el cine de terror de serie B de los ochenta, que vivió esa época siendo muy pequeño (nació en 1980) y que sigue siendo bastante novel en el mundo del cine con producciones casposas a sus espaldas. Estos puntos pueden parecer banales pero creo que es importante ubicarse con el autor, en proyectos tan personales como este.
Hay dos factores que destacan enormemente en los fotogramas que iluminan nuestra pantalla: Su ambientación y su protagonista.
La película se ubica en los primeros años de la década de los ochenta, y el ambiente necesario ha sido creado con perfección milimétrica. Pero la obsesión de Ti West por esos años va más allá. Si me hubieran dicho que se había encontrado esta cinta en Beta, entre los estantes polvorientos de algún videoclub de barrio abandonado, me lo hubiera creído inmediatamente. Los títulos de crédito, la banda sonora (que es muy destacable, y esta insertada en las escenas con mucho gusto), la iluminación, el montaje, el vestuario…. Solo poner como pega que los limites presupuestarios se notan en las escasas localizaciones que vemos. Claro que la película se llama La Casa del Diablo; no la gran ciudad y parajes exóticos del diablo.
La atmósfera logradísima entonces, pero ¿qué aporta tanto tributo a esos años hedonistas? Desde mi punto de vista nada. A mi me han gustado bastante los aspectos que he enumerado antes, no obstante, ninguno forma parte integral del desarrollo de The House. Para que me entendáis, es algo que da sabor pero no sustancia. Con lo cual, no pasa de ser un homenaje personal del director a una época que le fascina. Un hecho que sesga brutalmente al espectador en su visionado: ó te unes a la fiesta del revival ó te preparas para hora y media de agonía.
El 95% del metraje se sustenta en la presencia de la guapa Joceline Donahue, mi aspirante favorita a screamqueen 2009. Y para ser sincero, no lo hace nada mal. Esos ojazos marrones transmiten timidez, indefensión que luego se transforma en rabia. Esos delicados rasgos que reflejan emociones internas con transparencia. Una chica preciosa que no te aburres de ver en pantalla. Se nota que me ha encandilado, tanta naturalidad ha derretido mi corazón de hielo. Aunque todo este empalague que sentía por ella se veía frustrado debido a sus compañeros de reparto. Sin hacerlo excesivamente mal, los he visto “excesivamente naturales”. Claro que sus escenas eran siempre breves y con unos diálogos que daban para poco. Obviamente, la dirección artística estaba centrada exclusivamente en Joceline (¡Tu si que sabes Ti!).
Así que tenemos dos puntos bastantes positivos y todavía no hemos entrado en la película en si. Bien, ahora llega lo malo. Tanta fijación con los ochenta y con la atractiva Samantha, dejan al resto de la filmación, un poco vacía. Aun reconociendo que muestra ideas interesantes y juega bien en la creación de una tensión gradual, le veo demasiados agujeros como para ser una película de hondo calado, sobre todo por su final tan típico y previsible. A saber, las escenas con más de un personaje son escasas e intrascendentes, el tiempo donde se acumula tensión y misterio es demasiado largo, explotando todo bruscamente en los últimos quince minutos y dicha explosión se queda en un pequeño petardazo. Es el típico film que vas viendo con expectación a ver por donde dirige sus pasos y finalmente te das cuenta de que te ha llevado al mismo sitio de siempre, por una ruta pintoresca pero poco variada.
En conclusión y volviendo a la pregunta del principio, ¿es merecida la buena fama con la que viene precedida The House of the Devil? No, en mi opinión. Me cuesta ver un valor añadido en una película que directamente calca el cine de genero de hace treinta años. Lo hace bien pero la película es demasiado pasiva, necesitamos poner demasiado de nosotros mismos, y el aficionado curtido ya ha puesto tantas veces que se cansa. La fama cuesta, que se decía en una academia de balie en los ochenta, y Ti West se ha dedicado a darse el gustazo a si mismo. La recomiendo para aquellos que aprecien un terror basado en una leve tensión apenas sugerida y sin prisas, así como los aficionados a los pantalones vaqueros de cintura alta; pero aquellos que busquen intensidad váyanse a otros pastos.
Y preparaos para el inminente estreno de Cabin Fever 2, directa a tu videoclub de la mano de Mr. West. ¿Qué ocurrira?
Lo mejor: La lograda ambientación y la adorable Jocelin Donahue
Lo peor: El vacio tan tremendo que sufre el guión. La película se merecía más esfuerzo en dicho aspecto.
¿Dónde conseguirla?
Gore Nation: “The House of The Devil” en VOSE.
AUTOR: Bob Rock | PUBLICADO: 11/12/09 | CATEGORIAS: Críticas , Demonios
Tags: babysitter,
diablo,
exploitation,
independiente,
serie b
Desde Argentina nos llega la producción independiente Deus Irae, escrita y dirigida por Pedro Cristiani y que promete darle un giro algo alocada (ver al sacerdote metralleta en mano de la fotografía) y sin complejos al trillado género de las posesiones/exorcismos.
Os transcribo parte de su sinopsis oficial: Existe una frágil frontera entre nuestro mundo y el reino de las tinieblas: un límite donde criaturas pesadillescas se agazapan en las sombras, esperando la oportunidad para poseer a los más inocentes, y así usarlos como un portal para infectar nuestro mundo. Una sola cosa los viene deteniendo: una orden secreta de sacerdotes que dedican su vida a proteger ésta frontera. Soldados de una guerra secreta, que buscan al Mal para verlo a los ojos... y destruirlo. Ellos son los ‘Deus Irae’.
Pero cuando uno de los tres, el Padre Marcos, es infectado por una niña poseída, decide guardar el secreto y convertirse en fugitivo de su propia gente.
A continuación podéis disfrutar del magnífico teaser de Deus Irae. ¡¡¡Así se exorcita a un demonio, leches!!!
AUTOR: Joan Lafulla | PUBLICADO: 13/11/09 | CATEGORIAS: Noticias , Demonios
Tags: demonios,
exorcismo,
independiente

LA VALORACIÓN:
55 |100
Estrellas: 3
EL ORÍGEN DE TODO
Desde el primer instante en que se anunció la continuación de REC, las espadas se mantuvieron en alto.
REC fue, junto a El Orfanato de Juan Antonio Bayona, y para sorpresa de propios y extraños, la gran triunfadora del 2007 en materia de cine de género. Una auténtica marea que arrastró consigo a una legión de fans (entre los que me incluyo) tanto en España como a nivel internacional.
Las claves del éxito de REC fueron varias: situar la acción en un viejo edificio de apartamentos del Eixample barcelonés (una localización que aunaba el realismo requerido para el evento con una logradísima sensación de claustrofobia), un continuo uso del punto de vista en primera persona que, sin ser estrictamente innovador (ver El Proyecto de la Bruja de Blair), Balagueró, Plaza y Pablo Rosso (director de fotografía) elevaron hasta un nivel superior -magistral- convirtiendo un recurso puramente formal en un auténtico sello de distinción de la película.
Unos personajes (vecinos, policias, bomberos y equipo ENG) que resultaban todos ellos cercanos e incluso familiares, lo cual facilitaba enormemente la tarea de identificarnos con cualquiera de ellos de manera inmediata y sin demasiado esfuerzo.
Y, finalmente, una trama de virus e infecciones ignotas de la que apenas obteníamos información alguna y que desembocaba en un tramo final, con un asombroso giro hacia lo sobrenatural, que acababa de redondear la propuesta.
La conjunción de todos estos elementos, sabiamente mezclados por Balagueró y Plaza, dieron como resultado una película de género extraordinaria, fuera de lo común; cargada de tensión, sobresaltos, adrenalina, ingenio, sensación de realismo y, sobre todo, sobrada de talento por parte de sus creadores. En pocas ocasiones una película nos ofreció tanto con tan poco.
Y mientras REC se convertía prácticamente en una pieza de culto instantáneo, la posibilidad de una inminente secuela que intentara aprovechar el éxito de su predecesora se hacía inevitable (pese a que Balagueró y Plaza siempre reconocieron plantearse REC como una única entrega sin necesidad de continuación).
REC 2: MÁS Y… ¿MEJOR?
El punto de partida adoptado por Balagueró y Plaza para sacar adelante la secuela de REC me pareció inmejorable.
Situar la acción de REC 2 en los instantes inmediatamente posteriores a lo acontecido en REC y conservar dos de las grandes señas de identidad del original, su localización y el punto de vista en primera persona son, sin duda alguna, grandes aciertos.
Por un lado, todos los que disfrutamos de la horrible experiencia que supuso en su momento REC, estábamos deseando regresar al viejo inmueble del Eixample barcelonés y conocer el destino final de buena parte de quienes fueron sus inquilinos.
Por otro lado era obvio que Balagueró y Plaza mantendrían vigente en REC 2 el recurso formal que tanto bien le hizo a su predecesora: el punto de vista en primera persona. Pero Balagueró y Plaza son dos tipos inteligentes que de esto saben mucho. Conocedores del hecho de que cualquier buena secuela que se precie debe estar regida por el principio del “Más y Mejor”, Balagueró y Plaza explotan al límite el mencionado recurso formal para obsequiarnos con un fabuloso juego multicámara que nos ofrece el punto de vista de distintos personajes (GEOS, a través de las cámaras de sus cascos, y la handycam de un grupo de adolescentes), lo que permite a estos dos creadores (y magníficos creativos) divertirse de lo lindo con la rotura constante de la linealidad temporal y espacial de la narración (al tener diversos puntos de vista podemos viajar constantemente de un lugar a otro del inmueble con tan sólo cambiar de cámara, o incluso rebobinar el material grabado de alguna de las cámaras para volver atrás en el tiempo), y lo que es más complicado, lograr que dicho juego siga resultando atractivo y divertido, no únicamente para ellos, sino también para el espectador.
Por supuesto la máxima del “Más y Mejor” no solamente iba a ser aplicada por los creadores de REC 2 en un plano meramente formal. REC 2 tiene más de todo (o casi): más cámaras, más infectados (por llamarlos de alguna manera), más niña de Medeiros, más sangre, más sobresaltos, más acción (mucha más acción) y, sobre todo, muchas… muchas más explicaciones.
Balagueró y Plaza, apoyándose en los últimos quince minutos de REC, se suben a lo alto del trapecio y realizan un triple salto mortal hacia delante sin red. Si lo que, aparentemente, conocimos en REC era una especie de virus extraño que campaba a sus anchas por el edificio y que convertía a los infectados en criaturas rabiosas y sedientas de sangre… en REC 2 mejor nos vamos olvidando del tema. Balagueró y Plaza nos obligan a una nueva relectura de los hechos (repito: apoyándose en el tramo final de REC) y nos aproximan a una nueva realidad mucho más cercana a la Posesión Infernal (Evil Dead, 1981) de Sam Raimi que a los 28 Días Después (28 Days Later, 2002) de Danny Boyle. Es un salto muy, pero que muy arriesgado. Intuyo que no pocos fans del primer REC acabarán renegando de esta nueva realidad y se sentirán traicionados por un devenir de los acontecimientos que rompe la esencia más realista de la película original para decantarse, definitivamente, por el sendero de lo rigurosamente sobrenatural y demoníaco. Ver a los ¿infectados? comportarse, puntualmente, de forma tan distinta a cómo lo hacían en REC, resulta complicado de asimilar.
Personalmente acabé aceptando esta nueva realidad propuesta por REC 2. Creí que lo más acertado era, una vez puestos, dejarse llevar y entrar de lleno en la nueva apuesta de Balagueró y Plaza. Al fin y al cabo es una apuesta que demuestra valentía (más allá de que cada uno de nosotros la acepte o no). Así que, si en lugar de simples “infectados” ahora tenemos algo distinto… no hay problema (me dije)… sigamos adelante.
PERO AHORA, ¿CON QUIÉN NOS IDENTIFICAMOS?
Otro de los aspectos que cimentaron el éxito de REC era esa sensación de realismo que se reflejaba perfectamente en la descripción de los personajes, especialmente en el comportamiento y las reacciones de policias, bomberos e inquilinos del inmueble (y que Balagueró y Plaza supieron plasmar tan eficazmente en la secuencia de las entrevistas a estos últimos).
En REC 2 los protagonistas que se adentran en el inmueble son un grupo de GEOS armados hasta los dientes, un inspector de sanidad que les acompaña y que sabe más de lo que aparenta, un bombero que anda muy despistado, y tres adolescentes de la era YouTube que se adentran en el inmueble (situación bastante inverosímil) dispuestos a grabar un vídeo que será la envidia de sus compañeros de instituto.
En pocas palabras: me importaba muy poco el destino de todos y cada uno de estos personajes (algo que no ocurría en REC).
Hubo momentos en los que me pareció asistir a una cacería de infectados por parte de los GEOS (aunque la situación también funcionaría a la inversa: infectados dando caza a los GEOS), en la que me daba absolutamente lo mismo si la próxima víctima era un infectado o un GEO (y por supuesto tenía muy claro que me iba a alegrar cuando la víctima fuera uno de los estúpidos adolescentes que acceden al edificio a mitad de película). No sentí empatía alguna por ninguno de los personajes que aparecen en REC 2 y creo que ese es uno de los elementos que juegan en contra de la película.
MÁS ACCIÓN, MÁS SANGRE… MENOS SUSTOS.
Es cierto que uno de los principales escollos que debe superar cualquier secuela es la pérdida del factor sorpresa. REC 2 intenta superar esta dura prueba a través de un giro radical de los acontecimientos y de la acumulación de secuencias de acción (mucho más numerosas que en el REC original). Sin embargo se pierde por el camino uno de los aspectos básicos que hicieron de REC un éxito a escala internacional: la sensación de miedo. Un mayor número de ataques por parte de los infectados no significa un aumento de la sensación de miedo que llegan a trasmitir dichos ataques. En realidad, el efecto final es el contrario. REC 2 gana en adrenalina y energía lo que, por otro lado, pierde en suspense y capacidad de horror. Los ataques de los infectados, mucho más directos y rápidos que los vistos en REC, ya no sorprenden, ya no impactan de la misma manera que lo hicieron antaño, e incluso tuve la extraña (y desapacible) sensación de que algunas escenas de los ataques de REC 2 eran prácticamente calcadas a lo que ya vi en REC hace un par de años.
Sé que en este sentido Balagueró y Plaza lo tenían realmente complicado. El REC original exprimía sus virtudes (y su originalidad) hasta cuotas insospechadas, lo que exigía un esfuerzo extra a la hora de presentar algún tipo de innovación en las secuencias de violencia protagonizadas por los infectados. No creo que finalmente lo consiguieran…
REC 2 tiene mucha más acción que el primer REC, pero también resulta mucho menos terrorífica.
EL FINAL PARA EL FINAL… Y CONCLUSIONES
El giro final de REC 2 tan sólo contentará o convencerá a aquellos que previamente hayan pagado el peaje del giro argumental hacia lo sobrenatural al que me referí con anterioridad. Personalmente celebré el regreso de uno de los personajes principales de la serie y también el hecho de que tuviera en su mano la llave de una posible (y muy probable) tercera entrega.
En definitiva, REC 2 no me ha convencido. Y es una verdadera lástima ya que soy un incondicional de la primera parte y estaba ansioso por comprar mi entrada y sentarme en la cómoda butaca del cine para disfrutar de esta esperadísima secuela.
REC 2 aporta más acción y más hemoglobina, pero en cuanto a sensación de horror puro y de experiencia angustiosa sale terriblemente malparada al compararla con el original.
La sensación de realidad que ofrecían los personajes y las situaciones del primer REC se pierden en esta continuación. Y no solamente por ese controvertido giro hacia lo sobrenatural en la trama de REC 2, sino también por la poca empatía que son capaces de generar los nuevos personajes que se adentran en el inmueble.
Aún así creo que lo más oportuno para todos aquellos que disfrutasteis con el REC original es que os acerquéis a este REC 2. Cierto que, personalmente, me llevé una leve decepción, pero también es muy cierto que la película está cosechando muy buenas críticas, hasta el punto de leer, en varias ocasiones, que se trata de “la secuela perfecta”.
Por supuesto, y como siempre, la última palabra es vuestra.
Lo mejor: El esfuerzo por parte de Balagueró y Plaza por ofrecernos algo distinto e innovador pero respetando las constantes vitales del original.
Lo peor: Que dicho esfuerzo no se vea recompensado con un resultado final a la altura de las expectativas. Más acción pero menos horror.

LA VALORACIÓN:
81 |100
Estrellas: 5
Un buen día, no hace demasiado tiempo, Sam Raimi encontró un viejo y olvidado juguete bajo su cama. Lo rescató, lo desempolvó, y volvió a juguetear con él, recordando viejas y agradables sensaciones.
Efectivamente, Sam Raimi ha vuelto, y lo ha hecho en plena forma y fiel a un estilo que le es propio. En realidad nunca se fue. Raimi ha consolidado en Hollywood una de las carreras más prolíficas y heterogéneas cómo director de cine.
Tras una espectacular eclosión en el cine de terror de bajo presupuesto con su mítica trilogía de Evil Dead, Raimi ha echo prácticamente de todo, desde comedia absurda ("Ola de crímenes, ola de risas", 1985), pasando por fallidos thrillers sobrenaturales ("Premonición", 2000), imposibles homenajes al spaguetti-western ("Rápida y Mortal", 1995), geniales thrillers de corte clásico ("Un plan sencillo", 1998), insustanciales -e incompresibles- melodrámas románticos ("Entre el juego y el amor", 1999), deliciosos antihéroes de serie B ("Darkman", 1990), y megalómanos superhéroes de serie A ("Spiderman", 2002) que han hipotecado buena parte de su trayectoria profesional (al tiempo que le hacían inmensamente rico).
Pero, aún así, y al margen de su faceta de productor, los aficionados al género de terror llevábamos demasiado tiempo echándole de menos. La sombra de la trilogía de Evil Dead ("Posesión Infernal", "Terrorificamente Muertos", "El Ejército de las Tinieblas") es alargada; y quién más quién menos ha especulado -soñado- en alguna ocasión con el regreso de aquel joven entusiasta que sorprendió al mundo con una de las mejores sagas terroríficas (y de humor negro) de todos los tiempos.
"Arrástrame al Infierno" (título en español de Drag Me to Hell) era la firme promesa del esperado regreso. Pero había pasado mucho tiempo, y Mr. Raimi acababa de salir de una nueva trilogía que muy poco tiene en común con Evil Dead. Una trilogía arácnida de desiguales resultados artísticos (muy desiguales) pero de incontestable valor comercial y mediático.
Raimi se ha eregido, en los últimos tiempos, como un excelente fabricante de blockbusters, y precisamente a ello ha dedicado los últimos años de su carrera (la sombra de Spiderman también es muy, pero que muy alargada). Así que muchos albergábamos ciertas dudas ante este largamente anunciado regreso a sus orígenes que debía suponer "Arrástrame al Infierno".
Por fin he visto "Arrástrame al Infierno", y en apenas quince minutos de película todas mis reticencias se fueron al traste gracias a una divertidísima set piece que transcurre en el interior de un automóvil, y con la que Raimi me tendía una mano y me susurraba al oído: "He vuelto... tengo el viejo juguete de nuevo en mis manos y vuelvo a disfrutar como antaño... sin ataduras, sin preocupaciones".
"Arrástrame al Infierno" es una auténtica gozada. Un golpe de efecto de Raimi que logra, con una historia mínima, archiconocida y con una conclusión tristemente previsible (difícilmente a un espectador un poco avispado se le escapará cierto detalle determinante para la resolución de la trama), ofrecernos una nueva muestra de terror/comedia feroz y adrenalítica que no queda tan lejos de "Terroríficamente Muertos" (es inevitable recordar al añorado Ash mientras contemplamos el brutal castigo al que se ve sometido la abnegada protagonista de "Arrástrame al Infierno").
La historia que cuenta "Arrástrame al Infierno" no da mucho de sí. Una joven asesora financiera que ambiciona subir peldaños en el escalafón de su empresa deniega una nueva prórroga al crédito hipotecario de una vieja gitana rumana a la que están a punto de embargar su hogar. Sintiéndose humillada y maltratada, la vieja gitana maldice a la joven.
En ocasiones lo importante no es lo que se cuenta, sino cómo se cuenta. Y en este punto es dónde Raimi demuestra, sobradamente, conservar toda su genialidad y talento intactos.
"Arrástrame al Infierno" es un portento de ritmo en el que Raimi vuelve a hacer alarde de todos aquellos recursos visuales -perfectamente orquestados y coreografiados- que tan excelente resultados le dieron en "Terroríficamente Muertos": una imaginativa planificación de las secuencias de acción, desquiciantes movimientos de cámara, primerísimos primeros planos, zooms y panorámicas imposibles... y todo ello coronado con un nerviosismo y una calculadísima aceleración en el montaje, marca de la casa.
Los numerosos gags humorísticos, nacidos prácticamente todos ellos de la excesividad, de la exageración, se acomodan perfectamente en la trama terrorífica de "Arrástrame al Infierno".
Incluso cuando la película coquetea peligrosamente con el ridículo más espantoso (ver la secuencia de la sesión de espiritismo), Raimi consigue salir indemne de manera casi milagrosa.
Raimi logra convertir un proyecto que parecía abocado al fracaso tanto por la escasez de su fondo (una historia realmente limitada) y la escasa aportación de sus actores (a excepción de una genial Lorna Raver en el papel de vieja bruja rumana), en una sensacional muestra de cine de entretenimiento puro y duro, deudora de la maestría visual y rítmica que el director imprimió a sus primeras obras.
Puede que no sea tan salvaje ni tan sangrienta como "Posesión Infernal" o "Terroríficamente Muertos" (aunque está sobrada de vómitos, bilis y demás secreciones corporales). Puede incluso que "Arrástrame al Infierno" se mueva por unos derroteros mucho más comerciales que la saga Evil Dead, lo cual me parece totalmente comprensible, normal y admisible. Pero lo que está claro es que tanto Raimi, cómo la mayor parte de sus admiradores, hemos disfrutado una barbaridad con este viejo juguete casi olvidado que ha acabado convirtiéndose en una magnífica, divertida y entretenidísima película de género. Lo dicho, una auténtica gozada.
Lo mejor: El mejor cine espectáculo y de entretenimiento avalado por el genio de un Sam Raimi en plena forma.
Lo peor: Que algunos acusen Arrástrame al Infierno cómo una nueva concesión a la comercialidad por parte de Sam Raimi.

LA VALORACIÓN:
13 |100
Estrellas: 1
Creo que me repito. En realidad estoy seguro de ello.
Sólo hay un pecado capital que ninguna película de horror debería cometer bajo amenaza de pudrirse en el infierno del olvido. No se trata de que la película no cause miedo, o que la historia sea un cúmulo de insensateces y que no haya por dónde agarrarla. Ni siquiera me estoy refiriendo a que no disfrute de un ápice de originalidad, o que los efectos especiales no estén a la altura, o que los actores realicen su trabajo de forma pésima…
Nada de eso. El único y verdadero pecado capital es el del aburrimiento. Una película de horror jamás debería ser aburrida. Uno nunca debería verse tentado a mirar de reojo su reloj a mitad de película, deseando que el suplicio llegue a su fin y todo acabe con un sueño reparador que nos ayude a olvidar una mala experiencia.
"Red Sands" es la historia de siete soldados del ejército norteamericano cuya misión consiste en vigilar una carretera abandonada en mitad del desierto. Existe la sospecha de que dicha vía es utilizada por un comando de Al-Qaeda como lugar de paso.
La misión discurre con absoluta normalidad (y sin sobresaltos) hasta que un ignorante soldado raso decide emprenderla a tiros con una misteriosa figura de mujer esculpida en la roca de una montaña.
Por supuesto, su acto de insensatez (y de incultura) provocará el lógico despertar de un “Djinn”, una criatura perteneciente a la mitología pre-islámica creada por Dios con anterioridad a cualquier otro ser vivo. Los “Djinn”, dotados de la cualidad de adoptar cualquier forma deseada, odian a muerte a los humanos (y mucho más si estos le despiertan de un apacible sueño de miles de años).
La cosa, de buenas a primeras, no podía ser más prometedora, al menos para quien escribe estas líneas. La sola idea de mezclar dos géneros tan marcados y con tanta tradición a sus espaldas (y, en definitiva, dos géneros que me encantan) como son el bélico y el terror sobrenatural, suponía la esperanza -más allá del horrible póster que promociona la película- de darme de bruces con una propuesta sugerente, original y alejada de la vulgaridad y la trivialidad en el que se ha visto sumergido gran parte del cine de horror en los últimos años.
Mi primera reacción cuando me llegaron las primeras noticias sobre "Red Sands" fue pensar: “no se trata de un slasher, ni de una película de zombis… tampoco es un remake ni una secuela… sino una historia sobrenatural ambientada en un conflicto bélico moderno… tengo que verla cuanto antes”.
Pero no es la primera vez que me ocurre. Ni tampoco será la última.
Todas las excelentes expectativas que me fui formando alrededor de la película se derrumbaron con la misma rapidez con la que fueron creadas.
Efectivamente, el total e insoportable aburrimiento se adueña de "Red Sands" prácticamente desde su mismo inicio. Nada logra salvarla del sopor y el letargo en el que nos vemos sumidos a causa de una incesante retahíla de diálogos trasnochados en los que tienen cabida todos los tópicos habidos y por haber: conflictos raciales entre los miembros de la unidad, evocar a las novias que quedaron atrás, supuestas muestras de virilidad que desembocan en comentarios sexuales y sexistas de muy baja estofa (y sin puñetera gracia), e infinidad de comentarios sobre lo duras que resultan las condiciones de vida en el desierto y lo cabrones que llegan a ser los terroristas que se esconden bajo sus piedras (por cierto, no tengo ni idea de dónde se ha rodado la película –ni me he molestado en averiguarlo-, pero no recuerdo haber visto un desierto tan poco amenazador y tan falto de carisma –si es que a un desierto se le puede valorar su carisma- como el de "Red Sands").
De forma que, entre bostezo y bostezo, la única esperanza que nos va quedando es que la presencia del esperado "Djinn" anime la función y consiga salvar "Red Sands" de la quema. Pero como supongo que ya habréis adivinado, eso es algo que nunca llega a suceder.
No os diré en que forma se materializa el "Djinn", aunque si le echáis un breve vistazo al desastroso póster antes mencionado podréis averiguarlo con cierta facilidad. Lo que realmente importa es que el supuesto horror sobrenatural que la presencia del "Djinn" debería insuflar a la historia, nunca llega a materializarse.
Las acometidas del "Djinn" se traducen en diversas secuencias oníricas en las que los pecados de guerra que atormentan a cada uno de los soldados cobran vida ante sus propios ojos… una y otra vez, hasta sumergirlos en un estado de profunda locura.
Nuevamente una idea que a priori se me antoja interesante, se ve lastrada y condenada al fracaso a causa de un pésimo desarrollo en el que Alex Turner, director de "Red Sands", asume muy pocos riesgos y no logra, en ningún momento, transmitir la energía, la firmeza, e incluso la imaginación necesarias para que dichas secuencias funcionen.
En lugar de ello tenemos a una serie de personajes deambulando sin sentido por la arena del desierto, haciendo frente a sus mayores temores (temores que nunca acaban transmitiéndose al espectador), y corroborando que "Red Sands" no es, en absoluto, la película que esperábamos.
Y lo peor está todavía por llegar. Cuando el "Djinn" enseña, por fin, su primigenia y monstruosa forma , unos cochambrosos efectos CGI te obligan a desear que la criatura nunca hubiera mostrado su peor cara.
En definitiva, "Red Sands" es una soporífera muestra de horror sobrenatural y cine bélico que viene a sumarse a las numerosas decepciones que vengo experimentando en los últimos tiempos. Necesito unas vacaciones.
Lo mejor: ummmm... ¿que salen soldados?
Lo peor: Aburre a las rocas del desierto.
AUTOR: Joan Lafulla | PUBLICADO: 23/06/09 | CATEGORIAS: Críticas , Demonios
Tags: espíritus,
sobrenatural









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