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Holocausto Canibal

Los controvertidos antropófagos de Ruggero Deodato

Holocausto Canibal

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  • Título original: Cannibal Holocaust
  • Nacionalidad: Italia | Año: 1980
  • Director: Ruggero Deodato
  • Guión: Gianfranco Clerici, Giorgio Stegani
  • Intérpretes: Robert Kerman, Francesca Ciardi, Perry Pirkanen
  • Argumento: Un antropólogo viaja hasta el corazón del Amazonas para recuperar unas cintas de video que desvelarán el paradero de unos periodistas desaparecidos.

69 |100

Estrellas: 4

Holocausto Canibal

Hoy recuperamos la olvidada sección “Horror Revival” con Holocausto Caníbal. Esta reseña fue publicada originalmente en el blog amigo Dioses y Monstruos, dentro de un fabuloso especial sobre falsos documentales.

Si en alguna ocasión topais de frente con una de esas listas prefabricadas que establecen el top ten de las películas más controvertidas de la historia del cine, es más que probable que entre las cinco primeras figure el título de Holocausto Caníbal.

En 1979, el director italiano Ruggero Deodato rodó Holocausto Canibal (Cannibal Holocaust), su segunda incursión en el género canibal tras Mundo Caníbal, Mundo Salvaje en 1976.

Holocausto Canibal cuenta la historia de Monroe, un antropólogo que viaja al corazón del Amazonas en búsqueda de cuatro reporteros desaparecidos meses antes tras desplazarse hasta el denominado “Infierno Verde”, dispuestos a rodar un reportaje sobre los supuestos comportamientos antropófagos de las tribus locales.
Monroe se gana la confianza de la tribu de los Yanomani y logra que le entreguen las grabaciones de video que el grupo de reporteros llevó a cabo durante su estancia en la selva.
Tras analizar cuidadosamente las grabaciones, Monroe recomienda a los ejecutivos del canal de televisión que pretende emitirlas, que cesen en su empeño. Monroe califica las imágenes de obscenas, inhumanas y no aptas para presentarlas al gran público. Sin embargo no consigue convencer a los ejecutivos, quiénes deciden, finalmente, contemplar por sí mismos el contenido de las grabaciones.

La reacción de la sociedad italiana y de sus poderes fácticos tras el estreno de Holocausto Canibal fue, prácticamente, inmediata. Famosa es la anécdota de la carta que el gran Sergio Leone (La muerte tenía un Precio, Por un puñado de dólares) le remitió a Deodato tras el visionado de la película, en la que, entre otras cosas le decía: “Querido Ruggero, ¡qué película! La segunda parte es un obra maestra del realismo cinematográfico, pero todo parece tan real que creo que te meterás en varios problemas”. Y así fue. Los problemas no tardarón en llegar, y Holocausto Caníbal fue retirada de las salas de cine diez días después de su estreno en Milán el 7 de Febrero de 1980. La polémica estaba servida…

Sobre la obra de Deodato recayó la sospecha de tratarse de una auténtica snuff movie, en la que los cuatro reporteros perdieron realmente la vida en la selva amazónica. Deodato, sin duda alguna, no era ajeno a dicha polémica. Más bien todo lo contrario. Su intención al rodar una película como Holocausto Canibal (más allá de posibles dobles lecturas) siempre fue conseguir que el público creyera que todo el horror que estaba contemplando en la pantalla era real. Que todo lo que cuenta Holocausto Caníbal ocurrió realmente. A ello contribuía el estilo de falso documental (heredado de las mondo movies de principios de los 70) y unos efectos gore que, si bien no son tan extremadamente realistas como se ha afirmado en algunas ocasiones, si resultaron absolutamente efectivos en su época (en España, la revista Interviú publicó un extenso reportaje en el que se presentaba la película como si fuera un documental real).
La prueba definitiva de que Deodato era plenamente consciente del brutal impacto que su película podía tener en la sociedad italiana de la época, la encontramos en el contrato que hizo firmar a los cuatro actores que interpretaban a los reporteros, en el que estos se comprometían a no aparecer en ningún medio público durante el año posterior al estreno de Holocausto Canibal.

Por supuesto, pese a que Deodato pudiera prever que su película estaba destinada al escándalo y la polémica, posiblemente la magnitud de las reacciones surgidas en contra de la película le acabara cogiendo por sorpresa. Cuando la justicia italiana tomó cartas en el asunto, Deodato no tuvo más remedio que acudir a un programa de televisión y mostrar al gran púlbico a sus cuatro protagonistas… vivos.
Peor lo tuvo cuando intentó demostrar ante las cámaras el trucaje que se escondía tras la famosa secuencia de la indígena empalada (mi primer recuerdo de Holocausto Caníbal es el de un VHS del video-club de barrio que, siendo un crío, jamás me atreví a llevarme a casa por culpa de su atroz carátula, en la que se mostraba a la mencionada chica empalada). Por más que lo intentó, Deodato no convenció a nadie a la hora de explicar el trucaje, lo cual, unido al hecho de que la chica en cuestión jamás apareció ante los medios, provocó que las dudas ante la veracidad de las imágenes de Holocausto Canibal persistieran en algunos sectores.

Una vez despejada la duda de la integridad de sus protagonistas, Holocausto Canibal tuvo la oportunidad de continuar su carrera comercial, con resultados más que aceptables.

Pero el paso del tiempo no hecho disminuir el carácter polémico de la propuesta cinematográfica de Deodato. Sus muchos detractores siguen considerándola basura fílmica. Un film que, agazapado tras un supuesto mensaje social, apela únicamente al asco y al morbo del espectador, ofreciendo un amplísimo abanico de abusos sexuales, violaciones, torturas, asesinatos, antropofagia y sacrificio real –esta vez sí- de animales (algo que Deodato jamás negó y que en ocasiones intentó justificar afirmando que después de matarlos, se los comían; o incluso afirmando que la inclusión de las escenas en las que se mataban animales –tortugas, monos, arañas… – respondía a la demanda del público asiático de dichas imágenes ¿?. Tras su estreno en Japón, Holocausto Caníbal se convirtió en la segunda película más taquillera en el país del sol naciente, tan sólo precedida por el E.T. de Spielberg).

Por otro lado, sus muchos defensores siguen considerando Holocausto Canibal como una inteligente denuncia de la opresión del hombre civilizado hacia el tercer mundo, y de la violencia y el morbo como fines perseguidos y alentados por los medios de comunicación. Incluso hay quiénes han querido ver en Holocausto Canibal un documento válido, desde un punto de vista antropológico, sobre el comportamiento de las tribus caníbales de determinadas zonas de la selva amazónica, algo que no se sostiene por ningún sitio.

Personalmente siempre he creído que Rugero Deodato demostró con Holocausto Canibal ser un tipo muy listo. Desde un punto de vista cinematográfico su obra siempre me ha parecido impecable. Si su objetivo era construir una gran controversia a través de unas imágenes de violencia extrema que muy probablemente provocarían dudas sobre su veracidad en el público de la época, es evidente que su habilidad y su sabiduría como cineasta puestas al servicio de Holocausto Canibal están fuera de toda duda. En este sentido, su decisión de hacer girar el guión de la película en torno a la recuperación de un material grabado en plena jungla (un material grabado cámara en mano y con un tono documental) siempre me ha parecido sencillamente magistral. Por mucho que hoy en día el tema de la cámara en mano y el falso documental nos parezca un recurso más (incluso sobreexplotado en los últimos tiempos), lo cierto es que la maniobra de Deodato, uniendo los principios sensacionalistas del mondo y el exceso y la náusea del gore, resultó totalmente innovadora y tremendamente eficaz en el momento en que se estrenó Holocausto Canibal (todo un precursor de La Maldición de la Bruja de Blair).

Si su intención era esconder un gore malsano e irresponsable bajo un manto de denuncia social que, de algún modo, mitigara el cúmulo de barbaridades que estaba a punto de mostrarle al mundo… objetivo más que cumplido. El mensaje de denuncia está ahí. Corresponde al espectador decidir si lo acepta como un mensaje apto, asumible; o si la crudeza e injustificación de sus imágenes (especialmente el maltrato a animales) invalidan cualquier tentativa de mensaje.

Y si únicamente quiso ofrecerle a los espectadores un gore radical, una película difícil de olvidar y una obra cuya capacidad de crear polémica sobreviviera, con fuerza, al paso del tiempo, no hay nada que reprocharle a Deodato.

Por mi lado tan sólo me queda recomendar la película… y después que cada uno decida.

Lo mejor: Su capacidad, todavía hoy vigente, para crear controversia

Lo peor: El sacrificio real de animales

Run! Bitch Run!

A vueltas con el Rape&Revenge... otra vez

Run Bitch Run

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  • Título original: Run! Bitch Run!
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Joseph Guzman
  • Guión: Robert James Hayes II
  • Intérpretes: Cheryl Lyone, Peter Tahoe, Peter Tahoe
  • Argumento: Dos jovencitas católicas venden biblias a lo largo y ancho de la América profunda. No tardarán mucho tiempo en llamar a la puerta equivocada.

57 |100

Estrellas: 3

Run Bitch Run

Dos guapas jovencitas de blusa blanca, minifalda plisada de cuadros escoceses y medias hasta las rodillas (fetiche de padre y muy señor mio), viajan por la america profunda arrastrando un carrito repleto de biblias y recaudando donativos para las monjas del orfanato en el que se han criado.
Es tan sólo cuestión de tiempo que llamen a la puerta equivocada…

Atentos al siguiente listado: masturbación, sexo lésbico, felaciones, putas, bailarinas de streaptease, drogas, culos y tetas, muchas tetas (dos por chica). Si no me equivoco, una anciana poco hospitalaria es la única integrante del elenco femenino que no se apunta al “destete” generalizado ofrecido por Run! Bitch Run!.

Pero que nadie se excite más de lo estrictamente necesario. Pese a que el sexo es uno de los ingredientes fundamentales de este homenaje al rape&revenge setentero, al sexploit y al grindhouse, no debemos olvidar que se trata de una película norteamericana (independiente, sí… pero norteamericana al fin y al cabo), lo que viene a significar que, en cuestiones sexuales, la sangre nunca llega al río (aunque Run! Bitch Run! se sitúa, en dichos menesteres, unos cuantos peldaños por encima de la mojigatería de Bitch Slip).

Run! Bitch Run! es el enésimo intento (ver No Moriré Sola, Chaos u Hora) de recuperar el sabor y el aroma del rape&revenge norteamericano que causó furor en los años 70. Los principales referentes son los de siempre, los dos pilares del subgénero: La última casa a la izquierda de Craven, y La Violencia del Sexo, de Meir Zarchi.

El desarrollo también es el habitual. En mitad de un bosque, y al grito de “corre, puta, corre” que da título a la película, la joven y devota Carolina es abandonada, cazada y brutalmente violada por un sádico proxeneta que responde al nombre de “lobo” y sus degenerados secuaces.

Los asaltantes, una vez más, cometen el funesto error de dar a Caroline por muerta antes de tiempo. Un error que les costará muy caro. Tras recuperarse de sus heridas físicas – al tiempo que se agravan las secuelas psíquicas -, nuestra protagonista emprenderá un largo y tortuoso camino por la senda de la venganza, que deberá igualar (y en la medida de los posible, superar) el umbral de crueldad y violencia al que ella misma se vio sometida con anterioridad.

Son, como podéis observar, las reglas sagradas del Rape&Revenge, y Run! Bitch Run! las cumple todas a rajatabla.

Desde un punto de vista formal, la labor del debutante Joseph Guzman (mucha atención al título de su próximo proyecto: “Nude Nuns with Big Guns”… algo así como “Monjas desnudas con enormes armas”) es impecable. La fotografía sucia y polvorienta, la tendencia jovial al sexploit, la violencia, la acertadísima selección musical… todo, absolutamente todo en Run! Bitch Run! nos transmite una sensación veraz de estar ante una auténtica muestra del Rape&Revenge setentero, y no ante un mero homenaje filmado 40 años más tarde.

Pero si el acercamiento formal de Run! Bitch Run! al rape&revenge de los 70 tan sólo puede catalogarse de acertadísimo, no puede decirse lo mismo de su contenido y su desarrollo. El rape&revenge tiene dos componentes fundamentales: el sexo y la violencia.
De sexo Run! Bitch Run! anda muy bien servida (aunque siempre teniendo en cuenta lo dicho al principio: no deja de ser una película norteamericana). Run Bitch Run nos sumerge en un universo hostil y feista poblado por putas, prostitutas, colegialas, monjas, enfermeras (segundo fetiche de padre y muy señor mío), psicópatas y violadores… y todos ellos parecen esperar su momento para mostrarse impúdicos y guarrotes ante las cámaras. Nada que objetar (al menos por mi parte).

Por desgracia, cuando atendemos al segundo elemento (quizás el más importante) del Rape&Revenge, la violencia, la fiesta decae, y Run! Bitch Run! acaba perdiendo a los puntos. Tan sólo es necesario observar la secuencia del bosque, en la que la protagonista es asaltada y violada por una pandilla de energúmenos, para darnos cuenta de que, en cuestión de violencia, y en capacidad para epatar e incomodar al espectador con la exposición de la misma, Run! Bitch Run! queda muy por debajo de sus hermanas mayores: La Última Casa a la Izquierda y La Violencia del Sexo.

Y lo mismo puede afirmarse de aquellas secuencias en las que la protagonista emprende su larga travesía de venganza. A causa de la falta de ritmo con las que Joseph Guzman rueda las secuencias de violencia, de la desconexión que existe con la mayoría de los personajes secundarios (cuya presencia tan sólo se justifica por el hecho de mostrar cuanta más carne mejor), y por la poca simpatía y el poco afecto que despierta el personaje principal de Carolina… el desarrollo de Run! Bitch Run! acaba volviéndose monótono, excesivamente rutinario, sin apenas sorpresas ni grandes momentos que sean dignos de mención. Todo deviene un mero “enseña tus tetas y muere” en el caso de las víctimas femeninas, y un “fóllate –o maltrata- a una puta… y muere” en el caso de las víctimas masculinas. Y al principio el asunto no resulta del todo desdeñable, pero la cosa va perdiendo muchísimo interés a medida que pasan los minutos.

Es una verdadera lástima. A tenor de su excelente factura estética Run! Bitch Run! tenía muchos números para ser considerado el revival definitivo del Rape&Revenge. Sin embargo, su desarrollo excesivamente previsible y, en ocasiones, complicado de soportar, provoca que Run! Bitch Run! llegue al final muy justita de fuerzas…, y lo mismo le ocurre al espectador (llega maltrecho y cansado al final de la historia), incluso a un fanático confeso del rape&revenge como lo es un servidor.

Run bitch run posters

Lo mejor: Sus imágenes respiran el ambiente del rape&revenge setentero.

Lo peor: Sus nivel de violencia no es el óptimo y el ritmo es algo cansino.

¿Dónde conseguirla?
Gore Nation: “Run! Bitch Run!” en VOSE.

Black Dynamite

Dynamite! Dynamite! Dynamite!

Black_dynamite_review

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  • Título original: Black Dynamite
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Scott Sanders
  • Guión: Michael Jai White, Scott Sanders, Byron Minns
  • Intérpretes: Michael Jai White, Salli Richardson, Byron Minns
  • Argumento: Black Dynamite ex-agente de la CIA vive en semi retiro dedicándose a sus labores. Lamentablemente, la muerte de su hermano, le hace partir en busca de venganza inundando de sangre el ghetto que el avieso "The Man" se ha empeñado en contaminar con su droga

75 |100

Estrellas: 4

Rebuscad en los armarios, tal vez alguno tenga pantalones de campana y camisas de Tony Manero. Chicas, acaparar todos los botes de laca que seáis capaces, esta noche toca pelo cardado y ponerse muy sexy. Deja que el funky mueva tus piernas, que el soul derrita tu corazón. Nena, hasta que salga el sol solo habrá baile, acción, plataformas, sexo, kung-fu y…¡¡Dynamite!!

Conste primero que esta reseña parte del cachondeo y buen rollo que inspira cada minuto de Black Dynamite Se trata una película que se toma muy poco en serio a ella misma y los temas que trata, por lo que es difícil evaluarla seriamente y en profundidad.

En los setenta, proliferó una corriente cinematográfica en EEUU, conocida como blaxplotation. Generalmente se trataba de películas rodadas por gente negra para gente negra. Habitualmente centradas en las zonas urbanas afro americanas y sus problemáticas. Alguno de los títulos que me vienen a la cabeza son Blacula y Dolemite Actualmente piezas de culto y, sobre todo, reivindicadas en la última década por Quentin Tarantino. Que nunca ha podido negar que le hubiese gustado rodar una de aquellas blaxplotation (Vease Jackie Brown y sus bostezantes resultados). Y aunque Mr. Tarantino ha demostrado con creces su sentido del humor, nunca hubiese podido hacer una parodia convincente de este género. Y es que con el tiempo y la perspectiva, los géneros de cine minoritarios invitan a verse con nostalgia y buen humor. Si no fijaos la serie de comedias que están surgiendo en los últimos tiempos, cuya premisa es echarse unas risas a costa de los tópicos de determinado cine. Unas más dignas que otras, comparase Bitch Slap con Epic Movie, por ejemplo.

Black Dynamite., es una parodia; una caricatura bien dibujada de Shaft. No tan extrema como lo pudiese ser Aterriza como puedas, pero una parodia al fin y al cabo de todos y cada uno de los tópicos del cine negro (y no habló de detectives privados) de los setenta. Partimos de un argumento típico de aquella época:

Black Dynamite (Michael Jai White) es un ex agente de la CIA retirado que ocupa su tiempo en arreglar los problemillas del barrio (Si un chulo no quiere pagar a sus muñecas, ¿a quien llamarás?), dar clases de kung-fu y satisfacer a los cientos de bellezas que pasan por su cama. Su vida transcurre en relativa calma hasta que su hermano muere acribillado a balazos. Black Dynamite juró ante su madre moribunda que siempre cuidaría de su hermano. Muy cabreado y con los músculos bien aceitados se dispone a inundar de sangre criminal el ghetto, en busca de aquel que mató a su brother.

Por si fuera poco para nuestro héroe, alguien ha inundado el barrio de heroína. Los niños en los orfanatos estás enganchados al “jaco”, la poli lo controla y un misterioso enemigo intenta acabar con el por todos los medios.

Forzado a unir sus fuerzas con proxenetas, luchadores por la liberación negra y lo más granado del barrio, se embarca en una cruzada repleta de conspiraciones, luchas a puño descubierto, tiroteos, pedales wah-wah, trafico de armas, prostitutas, nunchakus e incluso Richar Nixon. ¡¡Por qué si le tocas las narices a este negro ya las puedes dar por partidas!! ¡Dynamite!

Vale, el argumento es solo una excusa para hora y media de tontuna, disparos y golpes; pero quien se acerqué a esta película buscando algo más; quedará seriamente defraudado y puede que hasta trastornado. El guión que corre a cargo del propio actor protagonista, Byron Minns (un co-protagonista) y el director Scout Sanders, lejos de ser sencillo, se demuestra prodigo en el intento de arrancarnos carcajadas a base de gags, que incluyen desde momentos impagables que me recordaron a los Monty Python, la escena donde se descubre el complot que asola al ghetto es de un humor atemporal que trasciende incluso el marco y las restricciones del genero que parodia, hasta peleas de kung-fu absurdas aunque muy bien orquestadas (todo hay que decirlo). En definitiva, a pesar de que la línea argumental sea algo pobre, el guión está muy bien hilado y solo hace falta ver la cantidad ingente de personajes que salen (y todos con su frase ó momento de “gloria”) para darse cuenta del trabajo que hay detrás de…¡Dynamite!

Las dos primeras cosas que brillan con luz propia en esta producción son su protagonista y la recreación de todos los elementos que rodeaban a una producción de los primeros setentas.
Jai White está que se sale. Se come (casi literalmente) cada fotograma en el que aparece. Continuamente lo vemos cabreado, violento, cachondo, sarcástico y, por encima de todo, seductor. La faceta de amante de Black Dynamite es una de las que mas gracia me hicieron. Con el mismo toque misógino que las películas que parodia (y no lo entendamos nadie como un insulto, si no como una broma), nuestro protagonista es una autentica maquina de amar. Cada vez que una mujer esta en el mismo plano que el, sentimos una fuerza gravitacional que surge de su cuadrado cuerpo de ébano haciéndonos girar a su alrededor. Vale, estoy exagerando; pero por momentos hasta yo me sentí casi seducido.
Yo solo conocía a este actor por su papel protagonista en la deplorable Spawn y un secundario en, la reciente, El caballero oscuro. Que pena que el cine de acción no pase por su momento más divertido, porque este hombre junto a Jason Statham compondrían la Buddy Movie de acción más cachonda de esta nueva década.
Realmente sorprende la bis cómica que desarrolla Jai White. Resultando comedido, nos brinda unos diálogos, gestos y miradas que destilan sarcasmo e ironía; amen de credibilidad. Digamos que no interpreta realmente a Black Dynamite, si no al actor que toma el papel del personaje dentro de la grabación. Porque aquí es donde entra el otro elemento destacado por meritos propios: El homenaje puro y duro a las blaxplotations y las personas que filmaban estos subproductos.

¿Qué características visuales marcaron el cine afro americano de los setenta?

La estética: Pelos afros, vivos colores, plataformas y escotes generosos. En Black Dynamite tenemos en la estética, precisamente, el punto más fuerte. El vestuario es sencillamente perfecto. Digno de cuantos premios se puedan dar. No en vano corre a cargo de Ruth Carter, ganadora de dos Oscars por los vestuarios de Malcom X y Amistad. Atención que el trabajo de maquilladores y peluqueros no se queda atrás, siendo el maquillaje de la replica femenina de Dynamite, Gloria (Salli Richardson), el más destacado por su sencillez y eficacia.

La música: Una mezcolanza de Soul y Funky, apto tanto para bailar, para escenas de acción desenfrenada y, como no, para hacer el amor nena. Otro aspecto en el que esta producción da en la diana. Acompasada al ritmo de la narración (para bien y para mal), la BSO nos sumerge en un mundo descarado y divertido. Cuando le prestas un poco de atención a la música no puedes menos que sonreír y mover la cabeza como si estuvieras poseído. Reconozco que no es mi estilo de música pero es imposible resistirse al “groovy”, a la cadencia empalagosa de esas guitarras dándole al “waqua-waqua”. Destacar sonriente el tema central, parodia del de Shaft, y las decenas de veces que oyes extasiado esos…¡Dynamite!

Los gazapos: Micrófonos que se meten dentro de los planos, actores secundarios que no conocen bien sus líneas de guión, especialistas golpeados por error, fallos temporales. Cualquier blaxplotation (y películas de bajo presupuesto en general) que se precie, debe contar en su metraje con una buena dosis de estos errores. Aquí tendremos la cantidad justa, pero introducida en las escenas de la forma más cómica posible y como homenaje a su procedencia. Otro acertado punto. La verdad que son unos guiños simpáticos que lejos de desmerecer ó afear el resultado final, le dan su gracia a ciertos momentos. Sobre todo a los amantes de un tipo de cine que se hacía más con el corazón que con medios (¿Podría decir lo mismo Mr. Tarantino?).

La violencia: Igual es una opinión sesgada por lo que yo he visto, pero la blaxplotation siempre me ha parecido más que repleta de tiros, violencia, calles en llamas y justicia barriobajera. Obviamente no es lo mismo hablar de un Blacula que de un Dolemite, pero si las calles de un ghetto de los setenta no estaban “calientes” no eran nada. ¿Y qué hay de todo esto en Black Dynamite? Pues patadas, tiros, helicópteros explotando, shurikens e incluso una guillotina voladora (una de las armas preferidas de los ninjas en los ochentas); eso sí, todo desde la exageración más burda y cómica. La verdad que es impagable ver los movimientos de Jai White, una autentica maquina de repartir patadas al más puro estilo Bruce Lee. Y por si esto nos hubiera sabido a poco, también tenemos al típico profesor Shao-lin dispuesto a hacer morder el polvo a nuestro héroe…¡Dynamite!

El ritmo: Aquí es donde llegamos al gran pero de Black Dynamite. Incluso el film setentero más dinámico me ha parecido siempre falto de ritmo en comparación al cin e que se realizó después. Especialmente sangrante han sido siempre los espacios muertos entre pelea y pelea de las películas de vengadores callejeros. Si a esto le añadimos los paupérrimos presupuestos que manejaban las blaxplotations ya tenemos la típica cinta donde los cortes de edición son como un hachazo del medievo, los diálogos se eternizan, la linealidad se difumina (pero este sicario, ¿no estaba hace un microsegundo dentro del edificio?), etc, etc. Pues bien, Black Dynamite también parodia todo esto. Y con tanto acierto que las pegas de este ritmo extraño y saltarín, se copian igualmente. El tributo es agradable, pero durante todo el metraje se intercalan tantas escenas donde los actores simulan estar perdidos que al final llega a perderse algo de acción. Comprensible pero evitable, más dinámica y velocidad hubiese sido deseable para redondear el gran donut de chocolate que es…¡Dynamite!

Así, que en conclusión, tenemos una película que funciona como comedia a la perfección, con un actor que se sale, lo mires por donde lo mires. Decenas y decenas de detalles que hacen la experiencia todo un viaje en el tiempo sano y entrañable: la fotografía realista, los zooms desproporcionados, los trajes de colorines, el funky, las pelucas, el cameo de Arsenio Hall…
Multitud de guiños a un tipo determinado de cine, que cualquier cinéfilo aplaudirá a rabiar. Quizá peca de esa falta de ritmo que al principio se nos hace encantadora y finalmente, un poco pesada. Argumentalmente también se ve lastrada por su intención de homenaje: Por favor, las lectoras de Almas Oscuras no tengáis en cuenta el machismo propio de Black Dynamite, es el reflejo cómico de un pasado que afortunadamente no volverá. Pero los chistes funcionan casi en su mayoría y eso no es poco amigos.
¿Para qué ocasión sería ideal verla? Cualquiera con buenos amigos, buena cerveza, buen humor y sobre todo…¡Dynamite!

Lo mejor: Michael Jai White que esta superlativo y la estética general que nos traslada a un getto de los años setenta de forma realista y divertida.

Lo peor: El ritmo desastroso en algunos momentos. Donde por emular "glorias" pasadas se provoca la confusión y aburrimiento del espectador.

Bitch Slap

Sangre, sudor y chicas de infarto

Bitch Slap

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  • Título original: Bitch Slap
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Rick Jacobson
  • Guión: Eric Gruendemann, Rick Jacobson
  • Intérpretes: America Olivo, Julia Voth, Erin Cummings
  • Argumento: Tres despampanantes mujeres viajan hasta el desierto de Mojabe a la búsqueda de un botín valorado en dos millones de dólares.

78 |100

Estrellas: 4

Me gustaría dedicarle la reseña a nuestra queridísima amiga Mariana, que siempre ha sido mi voz de la conciencia en todo este asunto de Bitch Slap.

Llevo más de un año hablando de Bitch Slap. Fotografías de las chicas, portadas de revistas, videos promocionales, un teaser, dos trailers, más fotografías de las chicas, más fotografías de las chicas, más fotografías de las chicas…

Por fin he tenido la oportunidad de ver Bitch Slap y ya os puedo adelantar que he disfrutado como un niño (o mejor dicho, como un impúber adolescente con las hormonas revolucionadas) con este desvergonzado homenaje al sexploit norteamericano de los 70 cocido, a fuego lento, bajo el abrasador sol del desierto.

Tres chicas de infarto, Trixie, Hell y Camaro (sensacional America Olivo), se encuentran en mitad del desierto intentando sonsacarle a un pobre desgraciado al que tienen secuestrado, el lugar exacto en el que están enterrados unos diamantes por valor de dos millones de dólares.
La misión presenta sus dificultades. El mencionado tipo no parece muy dispuesto a colaborar, las chicas empiezan a desconfiar seriamente las unas de las otras, y un entrometido policia mete las narices dónde no le llaman.

El arranque de la película ya es toda una declaración de intenciones. Las tres chicas abandonan el coche que les ha traído hasta el desierto poniendo un especial énfasis en que sus generosos escotes, sus larguísimas piernas y sus ceñidísimos vestidos queden perfectamente visibles para el deleite de todos los espectadores (y me niego a distinguir entre espectadores masculinos y femeninos). Por supuesto, un exhaustivo recorrido por el cuerpo de las chicas, palmo a palmo, y a cámara lenta, nos ayudará a no perder detalle.

No hay necesidad de engañar a nadie. Bitch Slap ofrece, a grandes rasgos (y con un par de reproches que veremos más adelante) lo que prometía. Una historia justita de interés (aunque tampoco es una estupidez de las que te empujan a acordarte de la família del guionista) que se viene arriba gracias a tres imponentes chicas cuyos personajes responden a tres estereotipos sexuales carentes de toda sutileza: la bailarina de streap-tease frágil, delicada y de buen corazón; la fría y ambiciosa ejecutiva que antepone los negocios a los sentimientos; y la apasionada y aguerrida amazona que intentará ganarse el respeto a puñetazos.

Todas ellas llegan al dichoso desierto por caminos muy distintos.
A través de sendos flashbacks conoceremos los motivos que han llevado a cada una de las tres chicas a la delicada situación en la que se encuentran en la actualidad.
Son instantes en los que los colores saturados y los fondos generados por ordenador (gracias a sus compañeras de fechorías, las pantallas verdes) toman un absoluto protagonismo, ofreciéndonos una estética CGI no exenta de simpleza y cutrez pero que, lejos de perjudicar seriamente a la película, son un fiel reflejo del espíritu y el estilo del que hace gala Bitch Slap. Y por si su acertado acabado visual no fuera suficiente, estos flashbacks también nos deparan algunos de los momentos más desvergonzados y divertidos de la película, destacando un delirante homenaje a la saga de James Bond que tiene lugar en las montañas de los Alpes y la primorosa secuencia en el interior del convento. Impagables…

Pero regresemos al lugar dónde abandonamos a nuestras heroinas. El exploit cobra vida y se apodera de cada grano de arena del polvoriento desierto de Mojave. Sexo lésbico, violencia, armas, sangre, lenguaje impropio de un trio de ¿señoritas? y muchas curvas. Bitch Slap se sabe conocedora de su obligación de mantener muy alta la temperatura, y por si el sol abrasador del desierto no fuera suficiente para ello, se suceden secuencias tan demenciales como aquella en la que las tres chicas se entregan, en cuerpo y alma (sobre todo en cuerpo), a una sensual y lasciva batalla en la que no paran de arrojarse cubos de agua las unas a las otras (de nuevo a cámara lenta y sin perder detalle de cada centímetro de ropa empapada). El resultado… supongo que ya os hacéis una idea. ¿Una secuencia prescindible?¿Una secuencia que no aporta nada? No, en absoluto. Jamás dicha secuencia debería ser considerada prescindible o inútil en Bitch Slap, cuando en realidad forma parte de la propia idiosincrasia de la película. No entender esto significa darle escasas oportunidades de éxito a una película como Bitch Slap.

Para ser sincero Bitch Slap ni siquiera me parece una película sexista. ¿Por qué iba a ser sexista una película protagonizada por tres chicas de anatomía imponente que no tienen ningún reparo en golpear, disparar, engañar, escupir, usar su sexualidad, y patearle el culo a cualquier varón que ose hacerles frente? Las chicas de Bitch Slap son duras, violentas, sibilinas, mal habladas, sexys y terriblemente ambiciosas… ¿qué hay de malo en todo ello?

¿Sexista? No (aún así, quién quiera considerarla sexista tendrá a su disposición decenas de argumentos que un servidor no tiene intención de revatir). ¿Sexy? Sí. ¿Lo suficientemente sexy? Aquí es dónde llega el momento de los reproches. Siguiendo con mi insana costumbre de tirar piedras sobre mi propio tejado, inmediatamente después de afirmar que Bitch Slap no es una película sexista, paso a comentaros cual es uno de los principales defectos de la película: a la hora de mostrar a las chicas en todo su esplendor, Bitch Slap se queda corta. Demasiado timorata. Demasiado contenida.
Quien espere de Bitch Slap un festival de carne voluptuosa al mejor estilo de las “Super”, “Mega” o simplemente Vixens de Russ Meyer, se equivoca. Las chicas de Bitch Slap nunca enseñan más de lo estrictamente necesario, algo que se hace muy evidente en un par de recatadas secuencias de sexo lésbico montadas a ritmo de videoclip, cuyo contenido erótico sería susceptible de ser emitido por Disney Channel el mismo día en que a Hannah Montana se le ocurra ampliar sus horizontes sexuales experimentando con su compañera de habitación en la Facultad.
Queríamos más de las chicas. Queríamos toda la carne en el asador… (¿ha sido un párrafo lo suficientemente sexista?… en fin, os recuerdo que se trata de un homenaje al sexploit).

Pero, afortunadamente, Bitch Slap no son tan sólo Trixie, Hell y Camaro, y el total de centímetros de su piel que queda al descubierto. La historia, pese a su sencillez y su predecibilidad, logra mantener el interés (por los pelos). La acción es frenética y contínua, la sangre salpica la pantalla en más de una ocasión, las secuencias de lucha cuerpo a cuerpo son espectaculares (Zoe Bell, una de las protagonistas del Death Proof de Tarantino, conocida también por ser una de las mejores especialistas femeninas de Hollywood, participó en Bitch Slap como supervisora de las peleas), las explosiones se suceden, las armas de impresionantes dimensiones no dejan de escupir balas, los diálogos tienen su gracia y los engaños, mentiras y traiciones están a la orden del día.

Bitch Slap es una película visualmente atractiva; sexy (que no sexual), sangrienta y violenta en su desarrollo, y a la que hay que achacarle un exceso de metraje en su recta final (le sobran, fácilmente, unos 20 minutos), sobre todo teniendo en cuenta que su conclusión esconde una de esas fallidas sorpresas que acaba siendo más evidente que el escote de sus protagonistas.

Pese a ese par de reproches a los que hacía referencia… Bitch Slap me pareció una auténtica gozada.

Lo mejor: la acción, el humor, la violencia, su estética y, por supuesto, las chicas.

Lo peor: un par de escenas hacia el final que se alargan en exceso y que las tres chicas no sean más generosas a la hora de mostrarnos todas sus dotes físicas.

Hanger

La penúltima perversión de Ryan Nicholson

Hanger

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  • Título original: Hanger
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Ryan Nicholson
  • Guión: Ryan Nicholson
  • Intérpretes: Dan Ellis, Nathan Dashwood, Debbie Rochon
  • Argumento: Tras cumplir 18 años y en compañía de The John, su presunto padre, Hanger está dispuesto a vengarse del proxeneta que asesinó a su madre, obligándola a abortar con la ayuda de una afilada percha.

29 |100

Estrellas: 2

Me gustaría dedicarle la reseña al amigo Carde, que sé que estaba esperándola. Saludos Carde.

Hay algo que no acaba de funcionar entre Ryan Nicholson, director de Hanger, y un servidor. Estoy casi seguro de que no es problema del “guarrete” de Ryan (espero que no se moleste por llamarle “guarrete”. Está dicho desde el cariño. Y a fin de cuentas a un tipo que ha arrojado tanta inmundicia sobre la pantalla de mi televisor, el apelativo más suave que se me ocurre dedicarle es el de “guarrete”). Creo sinceramente que Ryan Nicholson es un muchacho honesto. Tiene muy clara su idea de lo que debe ser el cine (un enorme container de basura en el que verter cuanta más mierda mejor) y, sencillamente, la lleva a cabo hasta sus últimas consecuencias.

Hanger nace prematuramente cuando Leroy, un psicópata proxeneta, obliga a Rose, su madre, una desdichada prostituta a la que nadie quiere follarse a causa de su enorme barriga, a abortar de manera digamos “poco higiénica” y con una afilada percha de por medio.

Al cumplir 18 años y tras ser criado en las calles por un homeless que le recogió del vertedero siendo un bebé, Hanger es entregado a The John, un tipo realmente duro que antaño estuvo enamorado de su madre y que, presumiblemente, es su verdadero padre. Juntos iniciarán una escalada de violencia con el objetivo de vengarse de Leroy.

Debería gustarme. Sé que debería gustarme. Si alguien me hablara de un tipo que se dedica a agarrar una cámara de cine con la única pretensión de poner en imágenes toda la mugre, la roña, la desviación, la perversión y la enfermedad que se esconde tras su mente, saltándose a la torera todos los límites morales, estéticos y de buen gusto que podamos imaginar; muy probablemente mi reacción sería del tipo: “Perfecto… quiero conocer a ese tipo. Quiero ver sus películas. Me gustaría saber hasta dónde es capaz de llegar…”.

Porque en realidad da la sensación de que Ryan Nicholson ha llegado a un punto en el que, lo único que parece motivarle, es superarse a sí mismo en cuanto a los niveles de putrefacción y pestilencia que desprende su cine. Y ahí es donde radica, precisamente, esa honestidad de la que os hablaba al principio. Para superarse a sí mismo Ryan no dudará en quemarte las pelotas, meterte un bolo por el culo, o adornar tu taza de té con un condimente muy especial (algo que podréis ver en Hanger y que resulta, sencillamente, repugnante).

Pero entonces, ¿por qué me ha resultado tan decepcionante una película como Hanger? Es sucia, depravada, enfermiza, de un rotundo mal gusto… Tiene un buen número de escenas de esas que es necesario ver un par de veces para acabar creyéndotelas (ver la secuencia del aborto). Y sin embargo mi sensación final fue muy similar a la que tuve tras el visionado de Gutterballs: aquí hay algo que no funciona.

Rodada con una acuciante escasez de medios y con una estética cercana al underground, Hanger se nutre de una cuadrilla de personajes indeseables (caracterizados con deformes máscaras de látex. A destacar la presencia de un chino consumidor compulsivo de cerveza, pornografía y fetichista de cierto complemento femenino que no pienso desvelaros), diálogos a cual más ofensivo, unas gotas de sexo guarro y, sobre todo, de esos tour de forces que son todo un homenaje a la decadencia y al mal gusto.

El gran problema de Hanger es que, vista como un todo, como un conjunto, resulta, en muchos momentos, tediosa y cansina. Es obvio que Ryan Nicholson empuja tanto a la historia, como a los personajes y los diálogos, hacia los límites de la estupidez más absoluta. La clave está en dilucidar si se trata de ese tipo de estupidez susceptible de resultar graciosa y entretenida (ver Black Devil Doll) o si, por el contrario, se trata de ese otro tipo de estupidez que no tiene ni puñetera gracia.
Por supuesto la respuesta será siempre subjetiva. Personalmente me decanto por la segunda opción: los excesos de Hanger, no me hicieron gracia.

El patetismo de todas y cada una de las situaciones que se describen en la película, unido a la escasa simpatía que despiertan todos sus protagonistas (desafortunadísimo el personaje de Hanger, que se limita a pasearse por la película con la capucha puesta y a enseñar su fea cara de vez en cuando), provocaron que la película no alcanzara en ningún momento ese puntito de interés o de atractivo que lograra engancharme a su trama.

Al contemplar la obra perpetrada por Ryan Nicholson no puedo evitar el recuerdo de las viejas producciones de la troma (atención, Lloyd Kaufman, principal cabeza visible de la Troma, tiene un pequeño cameo al inicio de Hanger), o de títulos del calibre de Street Trash o Slime City Massacre (Despedezator, 1988), películas todas ellas que, en muchas ocasiones, también constituían un auténtico tributo a la cutrez, el asco y el mal gusto, y con las que gocé buena parte de mi “extraña” adolescencia. Hanger consiguió rememorarme aquel tipo de cine que perseguía con ahínco en los rincones más oscuros y corrompidos del video-club…; el problema es que, con Hanger, la diversión experimentada con aquellas viejas películas desaparece sin dejar rastro, se esfuma (es muy probable que, en realidad, el que se está haciendo viejo sea un servidor).

Con todo esto supongo que ya habréis adivinado que Hanger no me gustó. No pude o no supe disfrutarla. Sin embargo, y tal como hice en su momento con Gutterballs, sí voy a recomendarla a todos aquellos aficionados que se sientan capaces de apreciar un producto grotesco y alejado de las normas convencionales del cine, cercano al underground, que hace de la degradación, la grima y la arcada sus principales señas de identidad. Ryan Nicholson intentará provocaros con su cine; si lo consigue y entráis en su juego, seguramente Ryan Nicholson será vuestro hombre.
Personalmente he visto dos de sus películas, y ninguna de ellas me ha convencido. Pero me conozco, y sé perfectamente que la próxima vez que lea “Ryan Nicholson se supera a sí mismo en su nueva película”, acabaré cayendo en la tentación (¿falta de buen juicio por mi parte? ¿o simple estupidez?).
Definitivamente hay algo que no acaba de funcionar entre Ryan Nicholson y un servidor, pero eso no significa que no siga intentando sacar a flote esta maravillosa/desastrosa relación de amor/odio que nos une.

Lo mejor: Lo de siempre, algunas escenas ni siquiera acabas de creértelas.

Lo peor: El conjunto de la película resulta aburrido y carente de interés.

No morire sola

La versión argentina del rape & revenge

No moriré sola

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  • Título original: No moriré sola
  • Nacionalidad: Argentina | Año: 2008
  • Director: Adrián García Bogliano
  • Guión: Adrián García Bogliano y Ramiro García Bogliano
  • Intérpretes: Marisol Tur, Gimena Besa, Andrea Duarte
  • Argumento: Cuatro chicas, de regreso a su pueblo natal, presencian en la un crimen que involucra a un grupo de lo que parecen ser cazadores furtivos. Tras ser sometidas y humilladas, clamarán venganza.

57 |100

Estrellas: 3

El argentino Adrián García Bogliano, tras sorprendernos gratamente a muchos con Habitaciones para Turistas, un sugerente retroslasher de ínfimo presupuesto pero excelentes maneras, vuelve a las andadas con su última película, No moriré sola, título plenamente adscrito al rape & revenge (violación y venganza), subgénero exploit que causó furor en la Norteamérica de los 70.

Cuatro jóvenes amigas emprenden una travesía por carreteras secundarias. Durante una aparentemente tranquila jornada de viaje encuentran tirada en la cuneta el cuerpo moribundo de una muchacha, con su vestido empapado en sangre.

Tras una breve deliberación, las cuatro amigas deciden subirla al auto y llevarla hasta la comisaría de policía más cercana. Una de las cuatro amigas identifica a lo que parece ser un grupo de cazadores furtivos muy cerca del lugar donde encontraron a la chica herida.

No Moriré Sola sigue, al pie de la letra, los esquemas más básicos y rígidos del rape & revenge, a través de un desarrollo que es un fiel reflejo de lo ofrecido por películas exponentes del subgénero como son La Última Casa a la Izquierda (Last House of the Left, 1972) o La Violencia del Sexo (I Spit on your Grave, 1978).

Degradación sexual, violencia, venganza y muerte en dos únicos actos.
Un primer acto que nos muestra la aniquilación de todo aquello que resulte bello, inocente, virginal, puro… En el caso que nos ocupa, cuatro inocentes jovencitas expuestas a una irascible combinación de sexo enfermizo y violencia gráfica.

Un segundo acto en el que los papeles se invierten. Cazadores cazados. Agresores que pasan a ser víctimas, y víctimas que emprenden una travesía de sangre y muerte empujadas por una irrefrenable sed de venganza.

Este vendría a ser el esquema básico de todo buen rape & revenge. Y esto es también todo lo que está dispuesta a ofrecernos una película como No Moriré Sola. Ni más, ni menos.

Llegados a este punto lo único que nos queda es analizar los méritos propios de la película de Adrián García Bogliano, más allá de la constatación de que cualquier aficionado que conozca mínimamente el subgénero sabrá perfectamente lo que le deparará No Moriré Sola incluso antes de que surjan en la pantalla los títulos de crédito iniciales.

Tras un arranque tituveante, lastrado por un ritmo lento y unos diálogos difíciles de percibir (las actrices, en determinados momentos, murmuran sus líneas de diálogos, complicando severamente su audición), No moriré sola se pone el mono de trabajo y nos muestra uno de los puntos álgidos de la función: cuatro chicas completamente desnudas en mitad de un bosque y a merced de una pandilla de desalmados y psicópatas dispuestos a ultrajarlas, humillarlas, golpearlas y, finalmente, violarlas. La secuencia es dura, salvaje. Me disponía a compararla con secuencias afines de películas que todos conocemos (p.ej La última casa a la izquierda), pero me parece una maniobra inncesaria (ya lo hice en su día con Chaos, de David DeFalco, y dudo mucho que fuera una decisión acertada por mi parte). Se mire por dónde se mire, y se compare con quien se la quiera comparar, se trata de una secuencia realmente incómoda, desagradable, dolorosa y explícita (aunque en un grado mucho menor que la mencionada Chaos… sic, finalmente lo he hecho). Al menos a un servidor siempre le han parecido más difíciles de sorportar este tipo de secuencias que contemplar por enésima vez al zombi de turno dándose un festín con los intestinos del pobre desgraciado que ha caído en sus manos (o en sus mandíbulas, para ser más exactos).

Tras el dolor, el sufrimiento y la deshonra, llega el turno de la rabia desatada y la necesidad vital de venganza. Y con ellas nos adentramos directamente en el segundo acto de No Moriré Sola. Un ajuste de cuentas que cumple, de nuevo, con las directrices del rape & revenge: la venganza llevada a cabo por las víctimas (o por sus familiares más cercanos) sobre sus agresores, superará (o al menos lo intentará) el nivel de brutalidad y violencia de las embestidas precedentes.

Como podéis observar no hay absolutamente nada remotamente nuevo en lo que nos cuenta No Moriré Sola. Es una revisitación casi académica del rape & revenge norteamericano. ¿Vale la pena, entonces, darle una oportunidad?
Dependerá en gran medida de vuestro interés en el subgénero en cuestión. Si os considerais unos buenos aficionados al rape & revenge (violación y venganza), la película de Adrián García Bogliano ofrece alicientes de sobras para darle una oportunidad. Unas actuaciones convincentes, una magnífica fotografía de texturas gastadas y tonalidades ocres que nos retrotrae al cine de horror USA de los 70, unas dosis más que suficientes de violencia gráfica (sin exagerar), algunas secuencias realmente salvajes (la violación) y, en definitiva, la oportunidad de recuperar un subgénero que durante el año todavía en curso parece haber recobrado nuevos bríos tras permanecer durante muchos años en el olvido.

¿Y qué ocurre con todos aquellos a los que el subgénero de violación y venganza no os resulta excesivamente atractivo?, probablemente vuestra mejor opción sea prescindir de No Moriré Sola.

Lo mejor: Es una muestra muy digna del subgénero rape & revenge.

Lo peor: no aporta absolutamente nada nuevo.

Chaos

De nuevo... la última casa a la izquierda

Chaos

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  • Título original: Chaos
  • Nacionalidad: USA | Año: 2005
  • Director: David DeFalco
  • Guión: David DeFalco
  • Intérpretes: Kevin Gage, Stephen Wozniak y Sage Stallone
  • Argumento: Dos chicas jóvenes acuden a una Rave en mitad del bosque. Su búsqueda desesperada de drogas las llevará hasta una cabaña en la que permanecen refugiados cuatro peligrosos criminales.

39 |100

Estrellas: 2

Chaos

Cuando dentro de veinte años algún aficionado al cine de terror haga repaso de lo que dio de sí la cosecha del 2009, muy probablemente el remake de La Última Casa a la Izquierda dirigida por Dennis Iliadis sea uno de los títulos que saldrá a colación (junto a otros tantos remakes que acabarán copando la lista: Viernes 13, Sorority Row, San Valentín Sangriento…).

Posiblemente, cuando ese mismo aficionado repase la vendimia del 2005, ni siquiera reparará en el hecho de que La Última Casa a la Izquierda ya tuvo su remake inconfeso en Chaos, película escrita (supongo que no le costaría mucho trabajo escribir el libreto de Chaos…) y dirigida por David DeFalco. ¿Remake inconfeso? Así es. Durante los títulos de crédito finales de Chaos no se menciona en ningún momento la película de Wes Craven (a pesar de que el póster de Chaos es una réplica casi exacta del póster original con el que se dio a conocer La Última Casa a la Izquierda original). Uno podría pensar que todo fue una cuestión de disputas legales por los derechos de autoría y que David DeFalco no tuvo la posibilidad de presentar su película cómo un auténtico remake de La Última Casa a la Izquierda; el problema es que durante esos mismos títulos de crédito que omiten el nombre de Wes Craven se puede leer la sentencia “Basada en una idea original de David DeFalco y Steven Jay Bernheim”… y eso duele.

Duele porque la historia que nos cuenta Chaos es una copia casi exacta de lo que nos contó Wes Craven en 1972 (y, por favor, que nadie vaya a decirme que DeFalco se basó en El Manantial de la Doncella, de Bergman). Me da muchísima pereza, pero ahí va el argumento: dos chicas jóvenes acuden a una Rave en mitad del bosque. Su búsqueda desesperada de drogas las llevará hasta una cabaña en la que permanecen refugiados cuatro peligrosos criminales. Las chicas se verán sometidas a todo tipo de torturas y vejaciones por parte de sus raptores.

Pero, por mucho que pueda doler esa sentencia antes mencionada, tampoco hay que rasgarse las vestiduras y desestimar una propuesta cómo Chaos tan sólo por la sinvergüencería demostrada por DeFalco a la hora de apuntarse la autoría de la idea original. Al fin y al cabo, Chaos es puro cine de explotación… en su máxima expresión (de qué otra manera podría entenderse ese infame anuncio, al inicio de la película, que nos avisa de que Chaos es una de las películas más brutales jamás filmada para, acto seguido, afirmar que su intención es la de “educar y salvar vidas”… impresionante. Me quito el sombrero. No pude evitar una sonora carcajada).

Todo en Chaos está pensado para recaudar un buen montante de dólares en su distribución en el mercado doméstico. Y para alcanzar dicha meta, DeFalco sabe perfectamente que La Última Casa a la Izquierda de Craven supone un material de partida inmejorable.

¿La manera de “explotar” ese material de partida? Muy sencillo, aumentar considerablemente el nivel de brutalidad, repugnancia y perturbación en las secuencias de violencia.
DeFalco logra parcialmente su objetivo. Ciertamente aquellas secuencias en que los criminales violan y agraden a las muchachas superan en brutalidad y repugnancia a lo visto en el original de Craven (y, por supuesto, en dichos términos, sobrepasan, en mucho, los logros del remake de 2009). Y ese es, sin duda alguna, el gran (¿y único?) acierto de Chaos y la razón por la que los amantes del exploit deberían acceder a la película de DeFalco sin pensárselo dos veces. Sin embargo es mucho más discutible que aumentar los niveles de atrocidad y barbarie en determinadas secuencias (muy puntuales), sea sinónimo de encontrarnos ante una experiencia global más perturbadora que la ofrecida por la película original de Craven. Un servidor no tuvo, en ningún momento, dicha sensación.

Ya sea porque los villanos de la función carecen de ese inolvidable aire de amenaza, agresividad y, porque no decirlo, carisma de David Hess y compañía (pese a los esfuerzos de un muy acertado Kevin Cage en el papel de Chaos), o porque las víctimas no logran transmitir, de forma convincente, todo el dolor del que son objeto, o quizás porque me faltó esa musiquita country tantas veces criticada en el clásico de Craven o, en definitiva, porque todo lo visto en Chaos ya lo había visto antes… pero lo cierto es que la película de DeFalco en ningún momento me resultó tan incómoda, y de difícil digestión cómo la primera vez que vi La Última Casa a la Izquierda de Wes Craven.

Incrementar la truculencia de determinadas secuencias no es suficiente para amplificar el nivel de pesadilla experimentado. Chaos así lo confirma.

Con todo esto, Chaos no dejaría de ser un experimento curioso y aceptable (por lo que supone ver cómo DeFalco, efectivamente, pone toda la carne en el asador en las secuencias de violencia), si no fuera por el desastroso y ridículo final que nos tenía reservado.
El desenlace de la película es, probablemente, el único momento en que DeFalco se aleja, con decisión, de lo expuesto anteriormente en La Última Casa a la Izquierda. A priori no me parece una actitud reprochable. Todo lo contrario. No soy amante de los remakes. Así que cuando me enfrento a uno de ellos, por regla general, suelo agradecer cualquier intento de apartarse, definitivamente, de lo expuesto por el original. Chaos es una excepción a esta regla.

Su último tramo, y en especial su secuencia final, se desvincula totalmente de lo expuesto por Craven en La Última Casa a la Izquierda. El problema es que el final alternativo propuesto por DeFalco en Chaos (supuestamente justificado por las ideas racistas de uno de los personajes… no lo tengo nada claro) es un auténtico desastre. Una estrepitosa incongruencia que te deja con un mal sabor de boca terrible. Una innegable estupidez de las que claman al cielo.
El único instante en que DeFalco pretende ser original. La única idea propia que el bueno de DeFalco tiene en su poder… y es la culpable de que la película acabe hundida en un pozo de miseria.

Lo mejor: las secuencias de violencia contra las chicas son brutales.

Lo peor: el horrible final le resta muchos puntos.

La ultima casa a la izquierda

La adaptación a los nuevos tiempos del clásico de Wes Craven

La última casa a la izquierda

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  • Título original: Last House on the Left
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Dennis Iliadis
  • Guión: Carl Ellsworth
  • Intérpretes: Tony Goldwyn, Monica Potter, Sara Paxton
  • Argumento: Mari y Page son secuestradas por un grupo de criminales en busca y captura. Agredidas y vejadas las chicas son abandonadas en mitad del bosque. Los criminales se refugian en la última casa a la izquierda.

50 |100

Estrellas: 3

La última casa a la izquierda

Si a alguien le interesa saber más cosas sobre el Last House on the Left de Wes Craven, algo tengo publicado en el blog. Leer .

Quién haya creido, ni por un instante, que La Última Casa a la Izquierda, dirigida en 1972 por un jovencísimo e inexperto Wes Craven, era un clásico indiscutible del horror moderno, que se lo vaya quitando de la cabeza.
No lo es. O al menos no ostenta la categoría de indiscutible (aunque quién escribe estas líneas sigue creyendo, firmemente, en su condición de clásico inapelable).
Hay toda una nueva generación de aficionados al género que jamás se han acercado a la obra primigenia de Craven, ni tienen la menor intención de hacerlo. Su estética tosca, rudimentaria y grosera, es motivo más que suficiente para desestimar de pleno su revisión. Se trata de esa misma generación para la que el cine de horror empieza, más o menos, a partir de Scream (curiosamente otra película dirigida por Mr. Craven).

También existe un numeroso grupo de aficionados al género que conocen sobradamente La Última Casa a la Izquierda y se empeñan en señalar el debut de Craven como una de las obras más injustamente sobrevaloradas en la historia del género, negándole incluso todo poder de perturbación o capacidad para angustiar al espectador (ni siquiera contemplándolo todo desde una perspectiva histórica).

Dada la situación parecía hasta lógico contemplar la necesidad de un remake de La Última Casa a la Izquierda. Entre los aficionados que desconocen el original, y los que creen que aquel ha envejecido de la peor forma posible, lo razonable sería pensar que el remake de La Última Casa a la Izquierda tendría su espacio asegurado en el actual panorama del cine de horror.
Y si a todo ello le sumamos el mercantilista interés de Wes Craven por sacarle tajada a todos sus viejos éxitos, la ecuación estaba completa. Así que la maquinaría de Hollywood se puso manos a la obra (mientras Craven no paraba de revisar sus cuentas).

La historia de La Última Casa a la Izquierda 2009 es prácticamente idéntica a la original, excepto en un par de detalles que resultan determinantes para el desarrollo de la trama y que, por supuesto, no tengo ninguna intención de desvelaros.

Los Collingwood regresan a su casa de campo para pasar las vacaciones junto a su hija Mari.
Mari se traslada al pueblo en busca de su amiga Page, y ambas conocen en el supermercado a un joven taciturno llamado Justin, quién invita a las chicas a compartir marihuana de primera calidad en su habitación de motel. Las cosas se tuercen cuando en la habitación irrumpen los familiares de Justin; tres criminales en búsqueda y captura que saben perfectamente que no pueden dejar con vida a las dos chicas si no quieren poner en peligro su propia integridad.

Tras un accidente de automóvi, y en mitad de un bosque, Mari y Page son sometidas a todo tipo de agresiones y vejaciones por parte de sus secuestradores. Estalla la tormenta y los criminales buscan un refugio en el que pasar la noche. El lugar más cercano… la última casa a la izquierda.

La misión del griego Dennis Iliadis, director del remake de La Última Casa a la Izquierda, abarcaba dos puntos fundamentales: por un lado mejorar todos aquellos aspectos puramente cinematográficos que definieron una obra formalmente burda y torpe como fue la de Craven. Por otro mantener (o incluso mejorar) la sordidez y la radicalidad de la película original.
Dennis Iliadis tenía a su alcance un referente inmejorable. En 2006, el francés Alexandre Aja llevó a cabo un excelente remake de Las Colinas Tienen Ojos, cuyas prestaciones superaban, en todos los aspectos, al original en que se basaba… también de Wes Craven.

Y lo cierto es que Dennis Iliadis, de buenas a primeras, no parece ir del todo desencaminado. Su labor tras las cámaras es irreprochable, de forma que La Última Casa a la Izquierda 2009 supera ostensiblemente a su original en todos aquellos aspectos formales en los que la obra de Craven mostraba, decididamente, sus muchísimas carencias. (Para ser sinceros lograr superar las limitaciones formales del original de Craven, tampoco tiene demasiado mérito)

Si La Última Casa a la Izquierda de 1972 era una película de realización tosca, zafia, burda, torpe y sometida a los parámetros del cine amateur; su remake cumple a rajatabla con todas las pautas estéticas que han definido el cine de horror comercial de la última década: una magnífica fotografía, capacidad para crear una buena atmósfera, planos perfectamente construidos, suaves movimientos de cámara... Si a todo ello le sumamos una convincente banda sonora, una admirable labor de todos los actores implicados, y el buen hacer de Dennis Iliadis a la hora de diseñar las distintas secuencias de violencia y suspense, todo parece apuntar a que La Última Casa a la Izquierda 2009 supera netamente (y con creces) al original de Craven.

Pero la misión de Dennis Iliadis tenía una segunda parte, superar en sordidez y radicalidad a la película de Craven. Por supuesto este es un aspecto que traerá sin cuidado a todos aquellos que no han visto el original o que le niegan a este su capacidad para epatar al espectador.

Sin embargo somos muchos quiénes conservamos en una zona recóndita y oscura de nuestra mente las explosiones de violencia obscena, cruel, sucia, mugrienta y anticlimática (anticinematográfica) de un título que, al día de hoy, cuenta con más de 35 años a sus espaldas.
La Última Casa a la Izquierda de Wes Craven tuvo la capacidad de perdurar en el tiempo. De pasar a la historia (pese a quién pese) como un título clave del exploit y definitorio del actual cine de horror.
Sus formas destartaladas, unas actrices (las vícitimas) que daban toda la impresión de no tener ni idea de dónde se habían metido y parecían asistir, impotentes, a toda la crueldad y humillación que se les venía encima, unos asesinos (con el genial David Hess a la cabeza) cuya capacidad de intimidación, pese a sus evidentes limitaciones interpretativas, estaba a años luz de lo demostrado por los asesinos del remake, y en definitiva un salvajismo, una violencia y una sensación general de realismo cuyas cotas nunca alcanza esta reescritura del 2009 que se inscribe, sin dificultades, dentro de los parámetros, formales y de fondo, del actual cine de horror más comercial.

La pesadilla de esta nueva casa situada a la izquierda del camino es menos perturbadora, menos enferma, menos contundente... menos pesadilla.
Y sin embargo me resulta imposible afirmar que La Última Casa a la Izquierda 2009 sea una mala película. En realidad voy a recomendarla, y voy a hacer sin necesidad de recurrir al sarcasmo o la ironía (lo digo muy en serio).
La recomiendo como una película de horror diligente y cumplidora, y un notable ejercicio de violencia gráfica a todos aquellos aficionados que no tengan ningún interés en acercarse a la película de Craven.
También la recomiendo a todos aquellos que detestan el original y consideran su privilegiada posición en la historia del cine de terror como un error que debe repararse.

Para todos aquellos que seguimos declarándonos fans de la película de Craven estoy convencido de que La Última Casa a la Izquierda 2009 nos sabrá a poco. La Última Casa a la Izquierda 2009 es tan correcta como olvidable.

En una ocasión señalé las razones para no llevar a cabo un remake de La Última Casa a la Izquierda, y ahora voy a hacer algo tan deleznable y feo como citarme a mí mismo: “Previsiblemente el remake que se estrenará este mismo año mejorará notablemente el aspecto visual del original y reducirá considerablemente la violencia descarnada y sin pulir de la película de Wes Craven.” Por desgracia, en esta ocasión, no me equivoqué.

Lo mejor: La película sigue siendo violenta. Mucho más estilizada y menos descarnada que en el original, pero igualmente violenta.

Lo peor: El original de Craven sigue siendo más cruel, enfermizo y realista.