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Condemned

Street Trash 2.0

Condemned

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 2.5/5

Condemned

Harta de peleas entre sus padres, la pobre niña rica Maya se muda con su novio a un antiguo edificio condenado en el Lower East Side de Manhattan. Sus vecinos son fabricantes de metanfetamina, drogadictos y degenerados, pero su infierno es aún más tóxico de lo que parece: un virus nace de sus nocivos residuos combinados con la basura infecta de los ocupantes del edificio. Ellos, uno por uno, sucumben a un patógeno aterrador que los convierte en asesinos sedientos de sangre, transformado su hogar en un salvaje matadero.

“Condemned” viene a reivindicar la dupla “Street Trash” y “Slime City”, películas neoyorkinas que portaban como estandarte el gore y mal gusto extrapolados a la degeneración de la Gran Manzana. Como si hablásemos de un híbrido entre estos dos mitos de la serie Z y el cine de la “Troma” más combativa, la obra escrita y dirigida por Eli Morgan Gesner, debutante en esto del terror, se estrenaba el año pasado sin pena ni gloria entre los aficionados. No era para menos, nos encontramos lejos de aquellos finales de los ochentas donde el cine basura nos sorprendía y nos fascinaba a partes iguales. ¿Cómo olvidar la primera vez que disfrutamos de “Mal Gusto” o de “Mutantes en la Universidad”?

Lo mejor: El asco que da, al más puro estilo de la Troma.

Lo peor: Superado su escaso humor negro, no existe nada técnica o argumentalmente.


The Green Inferno

El intento fallido de Eli Roth de acercarse a Holocausto Caníbal

The Green Inferno

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 2/5

The Green Inferno

Tenemos un póster y el primer tráiler oficial de The Green Inferno.

The Green Inferno llegaba a Sitges como primicia en Europa, tras su paso por el Festival de Toronto. Las críticas que allí suscitó la película no fueron precisamente muy halagüeñas. De todas maneras soy de los que no suele dejarse influenciar en este aspecto, y si la película acaba apeteciéndome intento verla sin dejarme llevar por posibles prejuicios. También es cierto que cuando aparecieron las primeras noticias de The Green Inferno, esta especie de homenaje a las películas de caníbales que tuvimos la suerte de disfrutar en los ochenta, y especialmente centrado en el clásico de Ruggero Deodato, Cannibal Holocaust, no me entusiasmaron especialmente; aunque con el discurrir de los días, y dada mi absoluta pasión por este tipo de cine, me fui animando más y más, hasta que al fin decidí acercarme al Auditori de Sitges para poder verla.

La verdad es que esta es la primera vez que hago una review sin poder revisar tranquilamente, en la pantalla de mi televisor, el DVD de la película a comentar - o en la pantalla del ordenador, según se tercie – . Esta vez toca hacerlo de memoria; pero tengo la película fresca, recién vista y por lo tanto voy a contaros, según mi punto de vista, qué ha hecho de bueno y de malo Eli Roth y su equipo creativo con The Green Inferno.

La película presenta apreciables cambios respecto a aquellos clásicos ochenteros que adornaban las estanterías de los videoclubs de la época. El primero es que rehúye del found footage o metraje encontrado, formato en el que la película de Deodato fue pionera. Personalmente esta decisión me pareció genial. No tenía ganas de ver una copia exacta o más o menos inspirada en Holocausto Caníbal. Deseaba que The Green Inferno tuviera sello propio, y en ese aspecto creo que la película resulta acertada y convincente. En cuanto a la historia que cuenta la película deciros que en esta ocasión voy a evitar los spoilers prácticamente hasta el final de la review, puesto que es una película que poca gente ha visto y creo necesario contar lo máximo posible de ella pero sin tener que desvelar detalles trascendentes de su argumento. Cuando lleguen los spoilers avisaré claramente de su presencia.

Lo mejor: La fotografía y todos aquellos efectos especiales que no recurren al uso de CGI.

Lo peor: Indudablemente, el tono y los derroteros que toma la película a partir de mediado el metraje, es un tobogán en descenso progresivo y sin frenos.


Fonda Sangrienta

Sopa de virgen

Fonda Sangrienta

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  • 3.5/5

Fonda Sangrienta

Dos hermanos regentan un restaurante vegetariano como tapadera a sus actividades caníbales. Últimos representantes de una secta de numerianos, recolectan miembros femeninos para resucitar a su diosa, Shiitar; todo ello tutelados por el cerebro de su tío asesinado. ¿Cómo acabará el ritual de resurrección de una diosa con ganas de comerse a toda la humanidas?

“Fonda Sangrienta” (como se tradujo, en su estreno en video clubs españoles, a la serie b llamada “Blood Diner”) se convierte en un placer culpable que mezcla comedia, terror y gore con el gran acierto de presentar situaciones imposibles de olvidar por únicas y alocadas. Al seguir su acabado visual, en cierta manera, los parámetros del cine que ha caracterizado a la productora y distribuidora Troma (“El Vengador Tóxico”, “Mutantes en la Universidad”, “Sgt. Kabukiman”), así como al cine de guerrillas fabricado por Frank Henenlotter (“Brain Damage”, “Basket Case”, “Frankenhooker”), quizás “Fonda Sangrienta” ha permanecido un poco a la sombra de títulos más conocidos, como los nombrados, sin que muchos aficionados hayan sabido ver más allá del acabado cafre de sus imágenes o sus actuaciones mediocres. Pero no os equivoquéis, estamos ante una de los mejores “slapsticks” que se realizaron en el cine underground del siglo pasado, y es que, como digo, ofrece algunos de los momentos más desquiciados de la serie B ochentera, con un buen acabado visual, todo el encanto de la época y el suficiente mal gusto como para sobresalir por encima de sus competidoras.

Lo mejor: El delirio combinado, pura esencia del cine de serie B ochentero, ya no se hacen películas así.

Lo peor: A veces el humor es tan chusco que te saca de la película.


Headless

Él violará tu tráquea

Headless

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  • 3/5

Headless

Para ir abriendo boca para el Nocturna de este año os traemos la reseña de uno de los títulos más esperados y polémicos que se exhibirán en esta edición. Su contenido es tan extremo que seguramente tendrá que esperar a las últimas sesiones de la noche para ser “disfrutada”.

Hace más de dos años el director Scott Schirmer nos dejaba ver, en privado, su película Found: un impactante drama de horror tan perturbador que se convirtió en uno de los filmes más buscados y significativos de aquel año 2012 y del siguiente (ya que su distribución ha sido realmente lenta). Entre las muchas virtudes de Found se encontraba un sangriento inserto, en mitad de la trama principal, que constituía una película dentro de la película: se trataba de Headless, una cinta VHS que el sufrido chaval protagonista le quitaba a su perturbado hermano mayor. Aunque el espectador sólo atisbaba unos pocos minutos, el nivel de repugnancia y gore era tal que sobrecogía, sobre todo por los paralelismos con la trama principal. Fue creándose entre los admiradores de Found un clamor de que Headless pasara a ser un film real y no una simple fantasía; gracias al crowdfunding , la infecta película es ya una realidad.

Vaya por delante que Headless no es un buen film; su argumento está mal hilado, las actuaciones son cuanto menos mediocres, el montaje es descuidado y la fotografía roza lo amateur… es decir, casi todas las virtudes que encontrábamos en Found, pese a su mínimo presupuesto, han desaparecido por completo en esta ocasión. Arthur Cullipher, que se encargaba de los efectos especiales en la cinta de Schirmer, se sienta por primera vez en la silla de director y el resultado adolece de todos los problemas de un realizador primerizo con más ilusión que conocimientos… Pero esta cinta contiene tal cantidad de sangre e imágenes transgresoras, es tan retorcida y abyecta que ningún amante del cine más extremo puede dejarla pasar de largo y si analizamos solamente lo enfermizo de su metraje lo cierto es que su nota sobresale de la media.

Lo mejor: Extrema y nauseabunda a más no poder.

Lo peor: Al margen del gore el resto de los aspectos no aprueban el examen.


Martyrs

La polémica se sirve con extrema violencia

Martyrs

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  • Título original: Martyrs
  • Nacionalidad: Francia | Año: 2008
  • Director: Pascal Laugier
  • Guión: Pascal Laugier
  • Intérpretes: Morjana Alaoui, Mylène Jampanoï
  • Argumento: Lucie, quince años después de su cautiverio, cree haber encontrado a los responsables del mismo. Fusil en mano irrumpirá en el hogar de quienes considera culpables para sembrar el caos y cumplir su venganza.

DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 4.5/5

Martyrs

Reeditamos la reseña de Martyrs, publicada originalmente el 10 de marzo de 2009.

Dos películas por el precio de una. Eso es lo que nos ha ofrecido el francés Pascal Laugier en su esperadísima “Martyrs”. En la primera de dichas películas Laugier aprovecha una tópica excusa argumental de venganzas consumadas para adentrarse, de lleno, en el terreno formal/estético del nuevo cine de horror francés.

Lucie, tras quince años de acumular odio y resentimiento, irrumpe en la casa de sus supuestos captores. Lo que viene a continuación es un auténtico baño de sangre. Una sucesión inacabable de furiosas secuencias de violencia explícita y sin límites aparentes. Todo ocurre de forma muy rápida, muy intensa. Un torbellino que arrasa con todo a su paso, impidiendo que el espectador disfrute de un solo tiempo muerto en el que poder tomar aire. Todo sucede a tal velocidad que apenas logramos apreciar lo banal que resulta su guión. Las situaciones se alargan con el único objetivo de seguir epatando al espectador con unos niveles de crueldad prácticamente desconocidos.

Una única excepción a la intrascendencia de la historia que se nos cuenta: la espectacular forma en que Laugier escenifica el desequilibrio mental de Lucie (dotando su estado de perturbación de una terrorífica presencia física). El único recurso puramente argumental que sobresale por encima de la orgía de violencia y sangre con la que arranca “Martyrs”. Poco importa que no sepamos absolutamente nada de lo ocurrido durante esos quince años que han llevado a Lucie y Anna a su situación actual. Poco importa que no conozcamos la nauturaleza de la relación entre ambas y que, difícilmente, podamos sentir empatía por ninguna de ellas. No es ese el campo en el que se mueve una película como “Martyrs”.

Lo mejor: Su exposición de la violencia

Lo peor: El tinglado argumental que sustenta el último tercio de la película


Naked Blood

Látigo dormido, carne lacerada

Naked Blood

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DIVERSIÓN:
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GORE:
  • 3/5

Naked Blood

Hay un precipicio en la continuidad de la historia del cine de terror japonés que al no iniciado le cuesta sortear. La curva temporal imaginaria pasa sin solución de continuidad de la era Kaidan, las historias de espíritus vengativos que florecen en los 40 y viven su mayor esplendor durante los 50 y los 60, al J—horror, que surge a finales de los 90 y se nutre, principalmente, de Ringu (1998), una de las obras más influyentes de las últimas tres décadas —en dura pugna con El proyecto de la bruja de Blair—, y que con el tiempo se ha constituido en algo así como la «marca Japón» del cine de terror nipón, hasta el punto de ser exportada e imitada hasta la extenuación, primero por los vecinos asiáticos, y después por el resto del planeta. Dicho lo cual, no está de más apuntar que, en el fondo, el J—horror no es más que una actualización de los kaidan clásicos pasados por la túrmix tecnológica, una suerte de versión 2.0 con infinitas ampliaciones.

Se conoce que a la vera de estas producciones han caminado desde los 50 hasta el presente los sempiternos Kaiju eiga. Por otro lado, el país del sol naciente nos viene regalando de un tiempo a esta parte una alternativa a la clonación en masa de Sadako. Se trata de un sub(sub)género que combina el cyberpunk, el splatter y la cifi, al que algunos se refieren como «cyber—gore», «punk—horror» o «psychosexual horror». Aquí encontramos títulos como Tokyo gore police, Robo Geisha o Frankenstein girl vs vampire girl. Dicho esto, aún quedan en el aire los 70, los 80 y los 90. Los primeros está aún dominados por las producciones pinku eiga. El panorama del cine internacional experimenta un cambio notorio, es la década por excelencia del cine exploitation. Con los kaidan dando sus últimos coletazos, el terror anda buscando y tanteando nuevas vías de renovación. No hay una clara tendencia en estos años, si acaso, determinadas cintas que han pasado a la historia del género por su calidad, por su singularidad o por ambas cosas: Hausu (1977), Shura (1971), The village of eight gravestones (1977), algún kaidan trasnochado como Curse of the dog god (1977), la trilogía vampírica de la Toho compuesto por Vampire doll (1970), Lake of Dracula (1971) y Evil of Dracula (1974), o las numerosas adaptaciones de Edogawa Rampo. El uso extremo de la violencia de determinadas producciones, en especial la serie Joy of torture iniciada por Teruo Ishii y ciertas películas de Koji Wakamatsu como Violated angels (1967), abre un nuevo camino a seguir por el terror nipón, cuyas historias de fantasmas vengativos habían quedado un tanto desfasadas. En el libro Flowers from hell podemos leer lo siguiente: «Las raíces del splatter japonés no se encuentran en el género de terror, sino únicamente en las pinku eiga, películas soft—core japonesas que forman una parte substancial de la producción doméstica de los 60 y 70». En este sentido, se destaca Beautiful girl hunter (1979) como uno de los títulos de ese nuevo terror que se presiente en los 70 y explota en la cara de los espectadores en los 80 y que, al igual que la saga de Ishii y todo el pinku más perverso y violento, tiene precedentes en títulos como Kyuju-kyuhonme no kimusume (1959), Daydream (1964) o Black snow (1965), y también, en tanto que brutal retablo de violencia explícita y nueva y novedosa forma de acometer el género, en la mítica Jigoku (1960) de Nobuo Nakagawa. Al igual que ocurre en el resto del mundo, el cine de aquella década decide mostrar los aspectos más trágicos y desagradables de la realidad en toda su crudeza, y para ello se recurre a dos ingredientes básicos: el sexo y la violencia. Tal y como apunta Peter Tombs en su Mondo macabro: «Sexo y muerte, los componentes clave de las películas de terror, llevan mucho tiempo asociados en la psique japonesa». Es entonces cuando irrumpen los 80.

Lo mejor: el mejor Sato en una historia personalísima.

Lo peor: demasiados aspectos quedan sin limar; podría haber sido algo mucho más grande.