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Le Poil de la Bete

Licántropos y Libertinos

Le poil de la bete

PhotobucketLiteralmente: El Pelo de la Bestia…que nos puede dar una idea de por donde pueden ir los tiros con esta curiosa producción canadiense (de la parte francófona obviamente) en la que nos trasladan al año 1665, en Nueva Francia, una pequeña parte de Canadá que, por poco tiempo, fue parte del Imperio Francés. Allí nos presentan a Joseph Côté (Guillaume Lemay-Thivierge), un vivalavirgen que acaba de escapar justo antes de morir ahorcado, basicamente por pequeños hurtos, puterios y demás menudencias que tanto molestaban por aquellas épocas. Mientras los soldados le persiguen, él se refugia en Beaufort, camuflado como un jesuita y haciendo el paripé mientrás varios aldeanos de la villa esperan a que lleguen Las Señoritas del Rey. Que no son otras que 7 “afortunadas” jovencitas enviadas desde Francia para casarse con jóvenes de la región.

PhotobucketLo que el joven no esperaba son 2 cosas: una, que la zona está siendo atacada por hombres lobo sedientos de carne fresca; y dos, que iba a terminar enamorándose de Marie (Viviane Audet), una de las “señoritas del rey”. Lo que le llevará inefablemente a tener que hacer otras dos cosas: una, demostrar su condición de jesuita para enfrentarse a las bestias y no acabar en la horca; y dos, defender a la bella (pardiez que lo es) dama de los citados licántropos. A mi personalmente me ha llamado la atención tanto el look de la película como el evidente sentido del humor que rezuma la historia, una vez que veais el trailer me entendereis. Y es que se echaba de menos algo de coña en las aproximaciones al mito del Hombre Lobo, ya que tanto la fallida THE WOLFMAN como la próxima RED RIDING HOOD apuestan más por el dramón y el gore. Yo la pienso ver hoy mismito, que ya anda suelta por aquestos lares….

Primal

Despierta el tigre que hay en tí

Primal Poster

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  • Título original: Primal
  • Nacionalidad: Australia | Año: 2009
  • Director: Josh Reed
  • Guión: Nigel Christensen,Josh Reed
  • Intérpretes: Krew Boylan, Wil Traval, Zoe Tuckwell-Smith
  • Argumento: Seis amigos acuden a estudiar unas antiguas pinturas rupestres en un remoto paraje de la selva australiana. Mel, una de las chicas, se encuentra mal tras la primera noche.

72 |100

Estrellas: 4

Primal Grande

Como todo hijo de vecino un servidor tiene una comida favorita. Ese plato que te preparas cuando estás alicaído, o esperas ver en la mesa de la cocina cuando vas de visita a casa de tus padres, y del que, en definitiva, nunca te cansas, pero a determinadas alturas de la vida no conlleva ninguna sorpresa. En mi caso me decantaría por el chuletón de ternera: un buen trozo de carne magra (ojito con los chistes!) que en su punto, pasada por fuera y sangrante en su rosado interior, provoca en el que suscribe tremendos tembleques de placer. Esta divagación gastronómica entronca directamente con Primal, puesto que esta chorreante cinta es al cine lo mismo que busco en la mesa cuando aparece resplandeciente mi medio kilo de carne; soy consciente de que estoy tentando a la suerte con este exceso de alusiones cárnicas, tanto por ofender a nuestros lectores vegetarianos como por provocar al sector de las bromitas fáciles, al cual pertenezco. Pero… ¡adelante con los faroles!

La cinta del debutante Josh Reed es una revisión de los viejos mitos del cine de horror de video-club, incluso me atrevo a decir que bebe en cierta manera de Demons y Evil Dead, enfocando el meollo de la cinta desde una perspectiva suavemente moderna que tan bien ha funcionado en títulos como Cabin Fever, The Descent, Jack Brooks o, la también australiana, Wolf Creek. Resumiendo podríamos decir que Primal se trata de una visita guiada a los mismos lugares comunes y clichés que tan bien llevan funcionando desde hace más de tres décadas.
Es más, tanto desde los primeros compases de la cinta como en toda sinopsis publicada en la red ya nos enfrentamos a un hecho: Josh Reed acomete su proyecto personal con la vista puesta en un público, más bien talludito, que busque entretenimiento puro y duro sin darle muchas vueltas a la cabeza. Digamos que ejerce de cariñosa madre que, tras un día de trabajo agotador, te presenta un tremendo filete en su punto ante el cual contestas: “¡Vaya! ¡Más de lo mismo mamá! A ver si innovamos”, pero por dentro, y mientras deglutes, estás a punto de llorar de alegría pues tus penas se evaporan con ese gustito tan sabroso…

Hace 12.000 años algo primitivo y malvado reinaba la selva australiana. Los chamanes de las tribus locales intentaron avisar a los incautos con sus fabulas y pinturas, pero hasta ellos mismo se vieron sometidos frente a la brutalidad de un ente, superior al hombre a todas luces
El tiempo pasa y la frondosa selva se ha convertido en mero destino turístico o, en el mejor de los casos, reserva de conocimiento para los universitarios que buscan su ansiado post-grado. En esta última tesitura se encuentran Anja y sus amigos, seis chavales tiernecitos y recién salidos de la facultad, que cumplen a la perfección con cada uno de los arquetipos que un ser divino tuvo a bien insertar en sus genomas: el macho alfa, la libidinosa, la reflexiva, la mogijata, el gracioso y el intelectualoide.
En la procelosa selva, nuestros protagonistas acuden a investigar unas pinturas rupestres, justo al otro lado de una ominosa cueva, que ocultan un mensaje místico de sus ancestros cuya interpretación es lo único que les separa de un mal primigenio despertado por ellos mismos con dos gotas de sangre derramadas sin querer

Bueno, casi resulta complicado tomarse en serio el argumento y pese a ello, su principal responsable si que lo ha intentado y de que manera. En su opera prima Josh Reed participa en casi todas las facetas: director, guionista, editor y productor. Por eso mismo comentaba que este buen hombre tenía un público muy concreto en mente y un producto entre manos muy controlado. Fuera de procacidad fácil (y cuidado porque la cinta se prestaba a ello debido a la situación expuesta) Primal utiliza muy pocos actores y unos medios limitados para construir un relato de terror típico pero satisfactorio a través de la dosificación de los elementos de suspense pseudos-sobrenaturales y, obviamente, de las diferentes muertes que sufrirán nuestros apetitosos jóvenes.

Uno se tomaba con cierto recelo la obligada presentación de los personajes y las circunstancias tan manidas que viven en la selva, donde está claro que “algo” espera para dar buena cuenta de ellos. Sin embargo, el buen hacer de los actores y la adecuada progresión de los acontecimientos (algo banales habida cuenta que el desarrollo argumental de peso es nulo) nos mantienen a la espera de algo bueno, exactamente igual que en la distribución de tensión de la saga Demons. Además cuando llega el horror lo hace de una manera brusca, haciendo bueno el olvidado sentido de la triada principio-nudo-desenlace, y por un lado que no acabamos de esperar (pese al molesto trailer que se obstina en desvelar los tres ases que Primal esconde en la manga).

A partir de la infección de una de las chicas, por algo que la sume lentamente en un violento estado primitivo, se desencadena una lucha por la supervivencia, que en realidad es donde basa toda su fuerza la película, no haciéndole ascos al proceso de transformación de la pobre Mel, la hot-girl del grupo; perspectiva interesante aunque no especialmente novedosa (os acordáis que he citado Cabin Fever, ¿verdad?). Tal vez creando una ambientación sonora más potente, uno de los aspectos más pobres de la cinta, hubiésemos llegado a sentir incluso miedo; pero en una industria donde el “miedo” cinematográfico se nos presenta en forma de anodinas actividades paranormales, creo que es mucho pedir.

Estableciendo la base de que las cintas de “jóvenes atrapados en situación adversa, los veremos caer uno a uno”, se nutren de la complicidad con el espectador en jugar a ver quien sobrevive, como mueren, se desenvuelven y reaccionan entre ellos; observamos que el señor Reed, consciente de estas premisas, mide milimétricamente el ritmo de la película para interesar al espectador curtido y ofrecerle esa casquería que busca, pero solo en momentos puntuales, donde la dichosa cámara loca está lo suficientemente controlada como para dar sensación de “velocidad” sin sacrificar claridad: un punto técnico que combina a las mil maravillas con una iluminación espectacularmente falsa, la cuál convierte a la jungla en el otro gran personaje. El gran personaje, desde aquí un aplauso para la actriz que la interpreta (Ch’aska Cuba de Reed) y para su hermano, es esa bestia que gusta de dar saltos cual rana alucinógena olmeca… y no entraré en detalles porque me estoy acercando a un terreno peligrosamente cubierto de spoilers.

Ya puestos, y dado que el guión no es muy espeso, al menos su responsable, de nuevo el Sr. Reed, se esfuerza por hilar las pequeñas neuras, fobias y “tics” de los personajes dentro de la trama terrorífica dándoles en algunos casos un sentido “primario” muy sugerente. Lamentablemente es en el desenlace cuando toda la tensión de los impredecibles ataques bestiales se troca en fuego de artificio, pero de pólvora mojada. Este final contiene detalles grotescos que satisfarán a aquellos que con Piraña 3D se echasen unas buenas risas salvajes. En estos minutos finales se busca la detonación definitiva capaz de dejar pálido al mismo Blácula, y tan propia de esas cintas que conforman la rama genealógica de Primal, una conclusión apoteósica que se ve lastrada porque al estar tan pasada de rosca, y padecer de los peores efectos especiales de la película, no termina de casar con lo visto anteriormente. Por resumirlo, una ida de pinza (con lucha al mejor estilo show-motion como prefacio) que cobra representación en pantalla merced la aberrante escena sexual presentada, ¡y cuidado! digo “aberrante” por como se resuelve… en todos los sentidos representa todo un tributo al cine de Henenlotter. Sin embargo echa por tierra la, hasta cierto punto, seriedad con que se había tratado la tensión inherente a una situación in extremis de supervivencia, agudizando esa sensación de que estamos ante una película que es incapaz de mostrar la más mínima novedad fuera de los parámetros típicos del cine de terror underground. No es algo malo en sí, sobre todo porque no creo que se pretenda otra cosa, pero deja a Primal alejada de la película de culto inmediato que se ha querido vender por los circuitos de festivales independientes.

Una muy recomendable película de medianoche, que augura un futuro estupendo para su director y demuestra que en el cine de horror tienen más que decir las ideas claras que las originales, sobre todo en unos tiempos en los que uno casi desiste en ver algo remotamente novedoso que esté bien realizado, y decide conformarse con un producto entretenido, honesto y, sobre todo, bien aprovechado… y es que de vez en cuando un chuletón sienta de puta madre!!

Lo mejor: Los actores, la situación, la cuidada dosificación de escenas terroríficas. Este planteamiento, y acertado crescendo, es el que trae muchos recuerdos de glorias pasadas.

Lo peor: Un final que tal vez no case con la tensión del nudo de la cinta, y que, además, agudiza la falta de novedad argumental.

Piranha 3D

La bromita pasadita de vueltas del gran Alexandre Aja

Piranha 3d

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  • Título original: Piranha 3D
  • Nacionalidad: USA | Año: 2010
  • Director: Alexandre Aja
  • Guión: Pete Goldfinger
  • Intérpretes: Elisabeth Shue, Adam Scott, Ving Rhames
  • Argumento: Una pequeña población a orillas del lago Victoria se ve asediada por una horda de pirañas prehistóricas.

76 |100

Estrellas: 4

Piranha 3d

Pocas veces la campaña de promoción de una película me ha parecido tan honesta y tan comprometida con la realidad como la apetitosa presencia de despampanantes chicas embutidas en minúsculos bikinis danzando en la cubierta de un yate, o la ingente cantidad de extremidades humanas flotando sobre un mar de sangre con las que nos obsequiaron las diversas imágenes y trailers que acompañaron a Piranha 3D los días previos a su estreno en los USA.

De esta manera, el director francés Alexander Aja, al que muchos de nosotros conocimos gracias a su magnífica (y controvertida) Alta Tensión, prometía acometer su tercer remake con capital yankee - tras la irregular Mirrors y su gran obra maestra, Las colinas tienen ojos ofreciéndonos todo un despliegue de apretadas carnes femeninas, pececitos prehistóricos con muy malas pulgas, y multitud de excesos gore y cuerpos mutilados, en esta ocasión, sin distinción de sexo.

Tras unos inoportunos temblores de tierra, una supuestamente extinta raza de pirañas ansiosas por devorar todo aquello que se cruce por delante de sus enormes y afilados dientes, campa a sus anchas por las inmediaciones del lago Victoria, en Arizona. Casualmente en el lago Victoria se celebra el Spring Breaker, una fiesta en la que tipos adictos al gimnasio y muchachas candidatas a la portada del Playboy exhiben sin pudor alguno sus sinuosos cuerpos (un reclamo apetecible no sólo para las pirañas), sin sospechar que los mencionados animalitos prehistóricos les consideran el plato principal de un opíparo banquete.

Es complicado establecer algún tipo de nexo o unión, más allá de la presencia de las pirañas, entre este Piranha 3D y el Piraña original de 1978. Mientras que el Piraña del gran Joe Dante era una serie B modesta pero tremendamente efectiva - y divertida – que probablemente viera la luz al amparo del éxito del Tiburón de Spielberg; Piranha 3D es una enorme broma repleta de personajes vacíos, situaciones mil veces vistas, sexo chusco y toneladas de sangre y tripas. ¿Divertida la broma en cuestión? Pues depende. El que no sintonice con el humor gamberro, burdo y poco elaborado con el que nos ha sorprendido Aja, muy posiblemente acabe renegando de Piranha 3D por múltiples y muy comprensibles razones. Le falta tensión (a excepción de su última media hora), todos y cada uno de los protagonistas carecen de interés alguno (mención especial para el aborrecible personaje al que da vida Jerry O’Conell), su desarrollo no esconde ninguna sorpresa destacable e incluso los efectos especiales (sobre todo en lo que se refiere a las pirañas) no son para tirar cohetes. Defectos todos ellos evidentes, incuestionables.

¿Pero qué ocurre si todas las astracanadas y las múltiples y redundantes salidas de tono, tanto sexuales como en términos de gore, de las que hace gala Piranha 3D nos resultan graciosas? ¿O incluso tronchantes? De ser así la cosa cambia. No es que los defectos de Piranha 3D se evaporen, desaparezcan; pero si quedan, en cierta manera, minimizados. O al menos disimulados.

Aja no se esfuerza ni un ápice en construir una historia apasionante. No mueve un solo músculo en aras a lograr que uno solo de los personajes de su película tenga una mínima consistencia dramática. Hace gala de un humor soez y de baja estofa. Y pese a todo a ello Piranha 3D me pareció genial. Congenié con ese humor chusco al que hacía referencia, deleité mi vista con el despliegue de macizorras alérgicas a la ropa, me reí a carcajadas con la injustificable secuencia de sexo lésbico submarino, aguanté como buenamente pude las gilipolleces de Jerry O’Conell, disfruté la presencia de una carismática Elisabeth Sue, deseé que alguna piraña le mordiera el culo al soso de su hijo y, finalmente, me divertí, como hacía tiempo que no me divertía (quizás desde Braindead), con el festival de sangre, sudor y vísceras que supone la última media hora - demencial, brutal, espectacular – de Piranha 3D.

Afirmar que Piranha 3D es una buena película es complicado. Así que tan sólo me cabe señalar que Piranha 3D puede resultar un suntuoso entretenimiento para un buen número de aficionados (entre los que me cuento) que sabrán o podrán disfrutar de esta gamberrísima mezcla de sexo, humor y gore, en el que la materia gris del espectador no tiene porqué hacer acto de presencia.

Me encantó Piranha 3D. A pesar de sus nefastos personajes, su insulsa historia y lo mediocre de sus efectos especiales. Chicas, pirañas y gore. No hay nada más… ni falta que hace. ¡Bendito sea Aja!

Lo mejor: Gore, chicas, humor y pirañas.

Lo peor: Quién busque algo remotamente más profundo que gore, chicas, humor y pirañas... se sentirá defraudado.

Rare Exports

¿Quién dijo que el gordito barbudo de traje rojo era un tipo de fiar?

Rare Exports

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  • Título original: Rare Exports. A Christmas Tale
  • Nacionalidad: Finlandia-Noruega | Año: 2010
  • Director: Jalmari Helander
  • Guión: Jalmari Helander
  • Intérpretes: Onni Tommila, Jorma Tommila, Per Christian Ellefsen
  • Argumento: Una compañía norteamericana lleva a cabo unas excavaciones en la montaña de Korvatunturi con el objetivo de localizar a un célebre personaje de la mitología finlandesa.

79 |100

Estrellas: 4

Rare Exports

La última vencedora del Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya (Festival de Sitges para los más profanos) se esfuerza en demostrarnos la existencia de un Santa Claus que nada tiene que ver con el simpático y orondo anciano de barba blanca, mejillas sonrojadas y traje rojo que nos vendió coca-cola a principios del s.XX (Habdon Sundblom, pintor norteamericano de orígen sueco, cambió para siempre la iconografía de la Navidad en una serie de retratos de Santa Claus que pintó entre 1931 y 1966 por encargo de la compañía de refrescos).

Rare Exports, dirigida por el joven Jalmari Helander, es fiel a la mitología finlandesa y cede buena parte del protagonismo de su trama a Joulupukki, nombre finés con el que se conoce popularmente a Santa Claus o Papa Noel y que, más allá de tratarse de un vocablo de difícil pronunciación para todos aquel que no esté acostumbrado a congelarse el bigote a orillas del Polo Norte; designa a una terrible criatura que vestía pieles y cuya testa estaba coronada por unos enormes cuernos de cabra (Joulupukki significa, literalmente, “cabra de Navidad”). Un auténtico monstruo que, lejos de sentir el menor aprecio o cariño por los niños, dedicaba gran parte de su tiempo a entrar en casas ajenas y exigir regalos (en lugar de repartirlos) durante la celebración del solsticio de invierno, amén de asustar y castigar severamente a todos aquellos chiquillos que no se comportaran correctamente. Vamos… una joya.

Bajo semejante panorama no es de extrañar que el joven Pietari, protagonista de Rare Exports, sienta pánico al sospechar que unas misteriosas excavaciones en la montaña de Korvatunturi, promovidas por una compañía norteamericana, puedan dejar libre a la bestia. Ni más ni menos que al mismísimo (y temido) Santa Claus. Las sospechas del pequeño parecen confirmarse cuando todos los componentes de un enorme rebaño de renos aparecen muertos y devorados por dentro, provocando la bancarrota de Rauno, su padre, cazador profesional de dichos animales.

El bueno de Rauno intenta resarcirse de sus pérdidas pidiendo una suculenta compensación económica a cambio del extraño anciano que ha aparecido, de repente y totalmente desnudo, en el interior de su granero. Rauno, a instancias de su hijo, acaba creyendo que puede tratarse realmente de Él… del mítico Santa Claus. Pero como en tantas otras ocasiones las cosas no son exactamente lo que parecen, de manera que Pietari y Rauno deberán enfrentarse a un horror superior al que presumían en primera instancia.

Siendo su principal protagonista un muchacho de unos diez años (más o menos), y el principal leitmotiv de su argumento un, a priori, entrañable barbudo encargado de transmitir, año tras año, la felicidad a millones de crios en todo el mundo; era lógico pensar que Rare Exports nos depararía una fantasía de tintes juveniles, llena de imaginación y de alcance familiar. Se citaban clásicos del calibre de Los Goonies o Regreso al Futuro, pero quizás su referente más cercano debamos buscarlo en los Gremlins de Joe Dante.

Rare Exports comparte con los bichos orejudos de Dante el ser un delicioso cuento macabro de corte navideño(aunque sólo sea por la presencia de Santa Claus) en el que no falta, por supuesto, la fantasía y la imaginación; pero que tampoco se olvida del horror, el cual toma forma en la siniestra presencia de una serie de personajes (no conviene desvelar demasiado) capaces, por sí solos, de traumatizar a un posible público infantil que, desde luego, no es el público idóneo para una película como Rare Exports.

La película de Helander combina con evidente acierto géneros tan dispares como el drama (presente en la sincera relación que se establece entre padre e hijo), la aventura, la comedia - negra – , y el terror; y todo ello arropando una historia, un guión, que si por algo destaca es por su originalidad y frescura. Rare Exports engancha. Su historia te mantiene en vilo y sus personajes se vuelven extraordinariamente familiares, cercanos y creíbles (pese a llevar una vida tan supuestamente distinta a la nuestra). La labor del joven director finlandés tras las cámaras es sencillamente magnífica. Una fotografía extraordinaria, un ritmo que va de menos a más hasta llegar a unos últimos treinta minutos en los que la acción finalmente toma el protagonismo, unos personajes muy bien construídos (excelente la mencionada relación entre padre e hijo, y excelente también la labor de todos los actores implicados, con una mención especial para el niño que interpreta a Pietari), y uno de esos villanos cuya sola presencia justifica buena parte de los alagos de los que se hace merecedora una película como Rare Exports.

Pese a todo creo que no será una película que convenza a todo el mundo por igual. Mezclar géneros siempre es complicado, y Rare Exports no es una excepción. Posiblemente habrá quien la encuentre demasiado blanda, y posiblemente también habrá quién eche de menos un mayor despliegue de aventura y fantasía. Habrá quiénes critiquen su ritmo en ocasiones algo lento, su falta de truculencia, o un final que tiende, definitivamente, hacia el humor más descarado (un final que, personalmente, me encantó).

Pero lo que creo que nadie podrá negar, guste más o menos la película, es que Rare Exports es una propuesta distinta, que su historia cautiva, atrapa, y que personajes como el del niño que acaba convertido en un auténtico “action hero”, o el siniestro anciano que irrumpe en la trama otorgándole a la película un halo de terror inesperado; logran que finalmente Rare Exports se erija como una de las pocas películas indispensables del pasado año.
Por cierto, de su estreno en salas de cine españolas, de momento, nada de nada. Supongo que tendremos que esperar a ver qué se les ocurre hacer a los norteamericanos con su inevitable remake de Rare Exports… al tiempo.

Lo mejor: Su historia.

Lo peor: Que las esperanzas de poder verla en pantalla grande sean escasas.

Woochi

Sitges, lluvia, incomodidades y un brujo coreano con mucha chispa

Woochi

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  • Título original: Woochi
  • Nacionalidad: Corea | Año: 2009
  • Director: Choi Dong-hoon
  • Guión: Choi Dong-hoon
  • Intérpretes: Gang Dong-won, Kim Yoon-suk, Lim Soo-jung
  • Argumento: Woochi abandona su cautiverio tras cinco siglos para enfrentarse a las fuerzas del mal.

57 |100

Estrellas: 3

Woochi

Nunca he sido un gran aficionado a la épica fantástica. Tampoco a la espada y brujería ni a los diversos especimenes que suelen poblarla: guerreros, magos, semidioses, goblins, hechiceros… Ni siquiera me han interesado las reliquias milenarias que esconden en su interior secretos y poderes ancestrales.
Y en contadísimas ocasiones me ha emocionado contemplar a dos tipos blandiendo sus resplandecientes espadas mientras se sostienen en el aire dando un par de piruetas imposibles sobre sí mismos.

Es un tipo de cine y de historias que jamás me resultaron atractivas.

Y sin embargo ahí estaba yo, en la última e incomodísima fila de la platea superior del cine El Retiro, en Sitges, con las rodillas incrustadas en el pecho (vale… exagero) y dispuesto a “disfrutar” de Woochi, un taquillazo coreano dirigido por Choi Dong-hoon en el que abundan todos aquellos elementos, anteriormente mencionados, que jamás lograron despertar mis bajos instintos cinéfagos.

El extenso y algo enrevesado prólogo de Woochi nos pone en antecedentes. A principios del s.XVI, bajo el mandato de la dinastía Joseon, duendes y semidioses pugnan por conseguir una flauta mágica que esconde increíbles poderes. Cuando tres semidioses logran vencer y encerrar a los malignos duendes, deciden romper la flauta en dos mitades y entregar una parte al maestro (y hechicero) Hwa-dam, y la otra al maestro Yun-shik Baek, mentor del joven brujo Jeon Woochi. Pero el maestro Yun-shik Baek muere, y Woochi, su discípulo, es acusado injustamente de su asesinato y recluido en un pergamino mágico.

Cinco siglos más tarde, Corea se encuentra asediada nuevamente por malignos duendes en búsqueda de la dichosa flauta mágica, y los tres semidioses abandonan su retiro para hacerles frente. Su mejor arma será el propio Woochi, al que despiertan de su largo sueño con la intención de que combata a los duendes. Pero Woochi no parece estar por la labor. Prefiere entregarse a los placeres terrenales que le depara la Corea actual… especialmente sus mujeres.

Basada en una antigua historia del folclore coreano, Woochi es una comedia fantástica, apta para toda la familia, y repleta de acción, humor y efectos especiales.

La película se estructura en dos partes muy bien diferenciadas. Por un lado la gestación misma de la historia, localizada en el s.XVI, en un mundo en el que parecen convivir con total naturalidad duendes gigantescos con aspecto de conejo, poderosos hechiceros, monjes inmortales, animales de aspecto humano, trucos de magia y damiselas en apuros. Choi Dong-hoon es capaz de edificar, en pocos minutos, toda una mitología a la que resulta sencillo acceder gracias, sobre todo, al carisma y simpatía de todos los personajes que van apareciendo (el mismo Woochi, su acompañante perro/humano, los tres semidioses…) y a las secuencias de acción. Pero si el marco mitológico que nos aporta Woochi, la película, resulta de fácil digestión, no puede decirse lo mismo del planteamiento de su historia. Me perdí, debo reconocerlo. Quizás la incomodidad de la sala o el hecho de que minutos antes estaba haciendo cola bajo un manto de lluvia bastante espeso, fueran los causantes de que me costara muchísimo esfuerzo asimilar la historia que se nos estaba contando. Entre tanto goblin, maestro, hechicero y flauta mágica acabé hecho un verdadero lío.

Pero poco a poco fui recuperando el hilo, hasta llegar a la segunda parte de la película, mucho más asequible a nivel argumental. Whoochi despierta de su cautiverio en la Corea actual. Mientras los tres semidioses intentan convencerle de que debe luchar contra los duendes, Whoochi prefiere dedicar su tiempo a placeres mucho más mundanos.

Se intensifica la acción y los combates, se multiplican los efectos digitales (un apartado en el que destacar el estupendo diseño de los duendes), y, ante todo, se suceden, una tras otra y sin descanso, las situaciones cómicas. Porque más allá de que la acción de Woochi pueda engancharnos, o quedemos más o menos impresionados por el despliegue de efectos digitales; dónde realmente Woochi se la juega es el en tema de la comicidad.

Hay instantes en los que Woochi no es más que un torrente de chistes y chascarrillos con mayor o menor gracia, con mayor o menor acierto. Conviven situaciones realmente divertidas (muy divertidas) como aquella en la que Woochi invoca a un pequeño ejército de clones de sí mismo, cada uno con su propia personalidad, para hacer frente a los duendes; con otras mucho menos efectivas en las que el chascarrillo se alarga hasta la extenuación, perdiendo gran parte de su gracia. La mayor parte de estos gags sin excesiva fuerza (salvo excepciones) se refieren al impacto que el viaje en el tiempo provoca en Woochi, algo similar a lo que pudimos ver, por ejemplo, en la francesa Los Visitantes.

Y son precisamente estas muestras de humor algo chusco e infantil las de dificultan al espectador la labor de seguir creyendo en la historia que se nos cuenta. Permanecemos atentos a la posibilidad de que la próxima bufonada nos haga sonreir y dejamos de lado ese mundo de magos, hechiceros y demonios en el que tanto esfuerzo había invertido Choi Dong-hoon al inicio de su película.

Por otro lado, las secuencias de acción buscan siempre el concepto de “gran espectáculo” a través de combates perfectamente coreografiadas y envueltos en un auténtico festín de efectos digitales (ver la espectacular secuencia de la persecución de los duendes a través de una transitada calle coreana).

Pero pese a que dichas secuencias de acción resulten casi siempre efectivas y dignas de elogio, de nuevo quiero destacar que la balanza final en Woochi siempre se decanta del lado de la comicidad. Una comicidad que en ocasiones resulta ciertamente divertida, pero que en muchas otras dificultan enormemente el avance de la trama y tan sólo logran salvarse gracias a la frescura y atractivo del que gozan sus protagonistas, en especial Woochi, un antihéroe algo bohemio, sinvergüenza y pagado de sí mismo; y su fiel escudero, un perro con apariencia hombre que identifica a las hembras humanas oliéndoles el trasero.

Woochi es cine comercial sin más pretensiones que el de hacer pasar al espectador un rato ameno. En ocasiones lo logra, siendo un entretenimiento de primer orden, y en otras sus bufonadas se alargan en exceso distrayéndonos de lo que realmente importa.
Pero en cualquier caso recordad lo que es dije al principio: muy probablemente yo no sea la persona más idónea para valorar esta película.

Lo mejor: el carisma de sus personajes, los efectos, la acción y ciertos pasajes cómicos que funcionan a la perfección.

Lo peor: otros pasajes cómicos no funcionan y se alargan en exceso. Esto acaba provocando que Woochi tenga unas exageradas dos horas y pico de duración.

Higanjima

Terror en la isla de los monstruos

Higanjima

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  • Título original: Higanjima
  • Nacionalidad: Japón / Corea del Sur | Año: 2009
  • Director: Tae-gyun Kim
  • Guión: Kôji Matsumoto, Tetsuya Ôishi
  • Intérpretes: Dai Watanabe, Asami Mizukawa, Kôji Yamamoto
  • Argumento: Akira viaja junto a sus amigos a la isla maldita de Higanjima para recuperar a su hermano mayor.

58 |100

Estrellas: 3

Higanjima

Higanjima es la adaptación cinematográfica de un popular manga homónimo cuyo autor es el japonés Kôji Matsumoto.
Vaya por delante que desconozco el cómic al cual acabo de hacer referencia, así que me limitaré a dar mi opinión acerca de si Higanjima me ha parecido una buena o mala película, dejando de lado su grado de fidelidad a la fuente original.

Higanjima, coproducción japonesa y coreana dirigida por el coreano Tae-gyun Kim, cuenta la historia de Akira, un joven con tendencia a meterse en problemas que un buen día recibe la visita de una misteriosa mujer informándole de que su hermano mayor, al que creía muerto, sobrevive en una remota isla haciendo frente a un opresor ejército de vampiros.
Decidido a recuperar a su hermano, Akira reúne a sus mejores amigos y juntos emprenden un largo viaje hacia la isla maldita de Higanjima.

La primera mención es para el género en el que cabría incluir una película como Higanjima, y este no es otro que el género de aventuras y/o acción. Cierto que elementos tales como los sanguinarios vampiros que pueblan la isla de Higanjima, o cierta predilección por las cabezas reventadas por el impacto de un enorme ariete con el que va armado uno de los principales protagonistas (junto a otras lindezas gore), emparientan Higanjima con el género terrorífico; pero en el fondo no deja de ser una aventura de aires juveniles y repleta de acción. Pura acción.

Se impone la épica de saldo, las batallas nocturnas, el cuerpo a cuerpo, las piruetas imposibles, las salpicaduras de sangre y las espadas resplandecientes. Secuencias de acción la mayoría de ellas rodadas con energía, un evidente sentido estético y gusto por lo expeditivo y lo sangriento (mucha atención a la magnífica secuencia que abre la película).

El problema es que detrás de todo este torrente de acción debe existir una historia. Y detrás de esta historia unos personajes que la empujen, que la ayuden a avanzar.
Sobre todo si tenemos en cuenta que Higanjima ostenta una duración, a todas luces excesiva, de más de dos horas; y es en este punto donde a la película de Tae-gyun Kim se le empiezan a notar las costuras, quizás no rotas, pero sí descosidas.

Al poco atractivo que ya de por si encierra la trama de Higanjima, se le une un ritmo, en ocasiones, excesivamente parsimonioso y la aportación nula de algunos personajes secundarios (hay un par de amigos del protagonista que en el supuesto de haber desaparecido del mapa durante los primeros minutos de la película, sin explicación de ningún tipo, nadie se hubiera percatado de ello), para acabar ofreciendo una conclusión dolorosa: cualquier atisbo de historia o drama que intente aportarnos Higanjima palidece, irremediablemente, ante la espectacularidad de sus secuencias de acción.

De esta manera llega un momento en el que te agotan los lloriqueos constantes del protagonista – cuyo tránsito y maduración de chico timorato a único héroe capaz de poner al villano de turno en su sitio, nos lo sabemos de memoria – , te desesperas ante la verborrea irrefrenable de algunos personajes, pasas olímpicamente de los conatos de romance absolutamente prescindibles y, finalmente, decides desconectar de la historia y esperar, pacientemente, a la siguiente secuencia de acción, al siguiente cuello rebanado o a la siguiente criatura monstruosa (perfectamente recreadas por unos efectos CGI más que honrosos) que vuelva a animar la fiesta.

Es evidente que a Higanjima le sobra metraje, mucho metraje (incluso algunas secuencias de acción se dilatan excesivamente en el tiempo y acaban aburriendo al personal), y le falta una mayor concreción en el guión y en la definición de algunos personajes.

Pero en cualquier caso, la vistosidad de la gran mayoría de su secuencias de acción, su gusto por la hemoblogina (sin exagerar), la presencia de unas criaturas con un acabado bastante convincente y algunas salpicaduras de humor negro, convierten a Higanjima en un producto afable, ameno y de fácil consumo… a pesar de alguna que otra mirada furtiva a nuestro reloj.

Lo mejor: La vistosidad de la acción, la puesta en escena y los efectos especiales.

Lo peor: Su excesiva duración va en decrimento del interés de la historia.

La Sentencia del Diablo

El asesino viaja en una silla eléctrica

La sentencia del diablo

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  • Título original: The Devil's Chair
  • Nacionalidad: Gran Bretaña | Año: 2006
  • Director: Adam Mason
  • Guión: Adam Mason, Simon Boyes
  • Intérpretes: Andrew Howard, Pollyanna Rose, Olivia Hill
  • Argumento: Nick West es testigo de cómo una vieja silla eléctrica acaba con la vida de su novia. Ahora deberá enfrentarse de nuevo a la silla para lograr la libertad.

62 |100

Estrellas: 4

The Devil's Chair

Que complicado resulta hablar bien de una película como La Sentencia del Diablo. Yo creí que Blood River, película de Adam Mason posterior a La Sentencia del Diablo, pasaba por ser una apuesta controvertida y arriesgada que sin duda despertaría sentimientos muy contradictorios entre el aficionado (… y sigo creyéndolo). Pero esa sensación de que una determinada película pueda convencer a un minúsculo porcentaje de aficionados al cine de terror se acrecienta, de manera exagerada, tras el visionado de La Sentencia del Diablo.

Una cosa me queda clara: ni Adam Mason, ni su colaborador habitual en tareas de escritura Simon Boyes, son tipos que se decanten por el camino fácil. La Sentencia del Diablo no es el baño de sangre ni la monster-movie barata que algunas de sus imágenes pudieran hacernos presagiar. Es algo mucho más complejo que, nuevamente, tiene que ver con la naturaleza violenta del ser humano. Con la locura. Con el reino de lo irracional.

Nick West, tras consumir una pastilla de éxtasis, contempla, impotente, como su novia Sammy es salvajemente castigada por una vieja y macabra silla eléctrica abandonada en el interior de un destartalado sanatorio mental.
Sin recordar demasiados detalles sobre lo ocurrido, Nick West despierta con su ropa empapada en sangre. Sammy ha desaparecido, y por supuesto nadie cree la absurda historia de Nick sobre la silla eléctrica. Sospechoso del asesinato de Sammy, Nick es internado finalmente en una institución psiquiátrica en la que pasa varios años intentando recuperar su cordura.

La posibilidad de abandonar la institución le llega con la propuesta del Dr. Willard, prestigioso psiquiatra que acaricia el proyecto de escribir un libro basado en su propio caso. El citado doctor tan sólo le impone una condición de obligado cumplimento: Nick West deberá regresar al lugar de los hechos y enfrentarse nuevamente a la silla del diablo.

La voz en off del propio Nick West (excepcional Andrew Howard, actor fetiche de Mason al que resulta imprescindible escucharle en su potentísima voz original) nos sirve de guía en un viaje en el que nada es lo que parece y en el que todo acaba cobrando sentido (o en el que todo acabará siendo un rotundo sinsentido…) gracias a uno de esos giros argumentales destinados a cosechar adeptos convencidos y aguerridos detractores a partes iguales. Y es que este es el gran inconveniente al que uno debe enfrentarse cuando decide acometer una película tan especial como es La Sentencia del Diablo: la película de Mason se lo juega todo a una carta final. Si esa carta final logra seducirnos y sorprendernos al mismo tiempo, La Sentencia del Diablo tiene francas posibilidades de convertirse en una propuesta interesante, atractiva, distinta y de la que poder extraer un buen número de sensaciones positivas.

Si por el contrario esa carta final es un fiasco, La Sentencia del Diablo está condenada al fracaso más estrepitoso, hasta el punto de que el espectador pueda sentirse estafado y considere el juego propuesto por Mason como un enorme absurdo, sin sentido ni interés alguno.

Todo lo que acontece previamente a ese tramo final de La Sentencia del Diablo no es más que un cúmulo de trillados clichés que nos remiten a un centenar de películas de horror precedentes: el artilugio que nos transporta a una terrorífica dimensión (en la propia película se cita a Hellraiser), el demonio tentacular sediento de sangre (con un aspecto ochentero de lo más eficaz), el mad doctor que se ayuda de un viejo diario para abrir las puertas del infierno, la rubia gritona que encontrará el fin de sus días en sujetador… En definitiva un sinfín de caminos ya recorridos, gastados, con olor a rancio y que apenas podríamos salvar gracias a la actuación de Andrew Howard, a la buena labor de Mason tras las cámaras (nuevamente una película de bajísimo presupuesto da la impresión de ser “algo más” en manos del realizador británico), a una excelente labor de ambientación y/o al simpático diseño del monstruo. Poco más …

… hasta que llega el momento en que la propia voz en off del protagonista (esa misma voz en off que nos ha llegado a cansar en algún que otro instante) nos abofetea, nos devuelve a la realidad, y pone sobre la mesa una situación totalmente distinta a lo experimentado hasta el momento. El riesgo es descomunal. El espectador tiene que armarse de paciencia, digerir como buenamente pueda los dos primeros tercios de metraje – afortunadamente la labor de ambientación de Mason y unas cuantas secuencias que saben transmitir cierto desasosiego y turbación, logran que estos dos tercios iniciales sean, al menos, soportables -, y cruzar los dedos para que el giro final de los acontecimientos consiga sorprenderle y acabe siendo de su agrado.

Personalmente el final de La Sentencia del Diablo me sorprendió (de verdad que no me lo esperaba) y me convenció. Y lo que es más importante, acabó otorgándole sentido al cúmulo de banalidades al que había asistido hasta ese preciso instante. Cuando estaba a punto de sentenciar a pudrirse en el olvido a La Sentencia del Diablo me di cuenta de que director y guionista sabían perfectamente lo que se traían entre manos. Comprobé que la absurdidad de la propuesta respondía a una razón, a una realidad que no llegué a imaginar. Si la película, hasta llegar a su tercio final, era pueril y banal, Mason lo sabía. Si tenía muy poco que ofrecer más allá de su ambientación y un simpático monstruo/diablo, Mason era consciente de ello. Y es un auténtico alivio comprobar que finalmente el director está de tu lado, es tu cómplice, y que toda esa banalidad tiene una razón de ser.

Es cierto que, en el fondo, lo que nos explica La Sentencia del Diablo ya lo hemos visto en otras películas, no es estrictamente novedoso, pero lo que sí me pareció audaz, certero, y repito (no me cansaré de hacerlo) tremendamente arriesgado, fue la manera en la que Mason y Boyes lo cuentan.

No espero grandes adhesiones a La Sentencia del Diablo. Estoy seguro de que amasará un buen plantel de detractores (y hasta cierto punto lo entiendo), pero para un servidor es la confirmación de que en la actualidad, y en el panorama del terror independiente, muy pocos realizadores dan tanto por tan poco. Los seguidores de Mason tenéis una cita obligada.

Lo mejor: El final, la presencia de Andrew Howard, el monstruo y la labor de Mason tras las cámaras.

Lo peor: Si el final no convence la experiencia puede resultar un auténtico desastre.

Especial Troll 2

Ración extra de pepperoni

Troll2_Imagen_ResumenAprestad vuestros botes de champú anticaspa, porque hoy en Almas Oscuras nos visita Troll 2, y va a dejarnos los hombros como la cumbre del Kilimanjaro.

Una producción italiana, rodada en Utah en 1989, que a día de hoy cuenta con miles de seguidores fanáticos y deseosos por esparcir las bondades de las cintas cutres de video-club. La verdad que la película tiene un estilo peculiar, capaz de encandilarnos durante todo su metraje. Uno no sabe si por lo mala que es ó por que la muy condenada, presenta escenas tan surrealistas que consigue evadirnos de los problemas cotidianos.

Sin más preámbulos, os invito a sumergiros en un delirio solo comparable a la ingesta de varias botellas de absenta…