
LA VALORACIÓN:
54 |100
Estrellas: 3

Ya sea un ejército de aves intentando acabar con nosotros a picotazos (Los Pájaros, 1963), la actitud rencorosa y vengativa de la fauna de un bosque australiano (Largo fin de semana, 1978) o un extraño virus de origen vegetal que nos aboca al suicidio colectivo (El Incidente, 2008), lo cierto es que el cine de terror siempre ha sido un buen aliado de la madre naturaleza a la hora de devolvernos (como seres humanos) parte del daño y el deterioro que llevamos causándole durante cientos de años.
Sin embargo, los medios de autodefensa empleados por la naturaleza no siempre han sido tan sofisticados como los mencionados en el párrafo anterior. En muchas ocasiones no ha necesitado ni de plagas de carácter bíblico, ni de animales airados, ni de vegetales furiosos para preservar su propia integridad. Le ha bastado (y sobrado) con un único elemento a su favor: la desbordante estupidez del ser humano.
Lori y Nick son una joven pareja de recién casados que, en lugar de pasar la luna de miel en una isla paradisíaca y alojarse en un lujoso hotel rodeado de palmeras, campos de mini golf y buffets libres, deciden que es el momento oportuno en sus vidas para descubrir juntos, subidos a lomos de sendas mulas, la inmensidad del Cañón del Colorado.
No tardarán demasiado tiempo en arrepentirse de su decisión. Permisos burocráticos, un guía clandestino aficionado al alcohol y a contar batallitas de juventud, un terreno hostil siempre dispuesto a ponerles las cosas difíciles y una manada de lobos hambrientos que verán en nuestros protagonistas la promesa de un suculento banquete como hace tiempo que no han degustado.
Es habitual en el survival contar con la indolencia, la despreocupación o el descuido de los protagonistas para justificar, en cierto modo, el colocarlos en una determinada situación de peligro o el convertirlos en víctimas propicias de una determinada amenaza.
Por lo general es algo que aceptamos como parte del juego. Sin embargo debemos apreciar ciertos grados o niveles de negligencia. O para que nos entendamos: no es lo mismo tomar la decisión de bajar al interior de un gruta creyendo que no has sido el primero en hacerlo (The Descent, 2005), o plantarle cara a una pandilla de adolescentes que le faltan el respeto a tu chica (Eden Lake, 2008), que el cúmulo de errores y estupideces cometidas, una tras otra, por la pareja protagonista de The Cayon.
Estupidez Humana (Parte 1): No seré yo quien le ponga trabas a la idea supuestamente romántica de casarte a espaldas de la familia para, acto seguido, decidir pasar la luna de miel en el interior del Gran Cañón. Pero lo que está claro es que un poco de previsión tampoco les hubiera ido nada mal a nuestra parejita.
Bajar hasta las entrañas del Gran Cañón no parece que vaya a ser una tarea sencilla. Lógicamente existen controles, medidas de seguridad, unas normas que hay que cumplir y unos permisos que se deben adquirir en el momento preciso.
Los protagonistas de The Canyon ignoran por completo todo este tipo de cuestiones y se limitan a tirar por el camino más recto: ignorar todo el papeleo, todas las medidas de seguridad, y hacerse con los servicios de un guía clandestino… lo cual nos lleva, directamente al segundo punto del día.
Estupidez Humana (Parte 2): Ponerse en manos de un viejo guía clandestino, aficionado (muy aficionado) a la bebida, que asegura tener en su poder un par de permisos en regla. Por supuesto, a nuestra entrañable pareja protagonista en ningún momento se les ocurre pedirle al guía que les muestre el mencionado par de permisos.
Estupidez Humana (Parte 3): Las cosas se han puesto feas, muy feas. Y en un desesperado intento por lograr cobertura para el teléfono móvil, ambos deciden escalar un montaña sin tener ni puñetera idea de cómo hacerlo. ¿El resultado? Lo dejo a vuestra imaginación…
De todo este panorama descrito hasta el momento se deriva una consecuencia básica: en ningún momento nos creemos a los personajes. Y en esta ocasión no es un problema de los actores (en realidad, el rol de protagonista femenina desempeñado por Yvonne Strahovski, es uno de los aspectos más destacables de The Canyon), sino que se trata de un obstáculo derivado del guión. Los protagonistas de The Canyon llegan a tomar decisiones tan ilógicas, tan en contra de su propio beneficio o su propia seguridad, que cuesta muchísimo trabajo compartir su sufrimiento o ser partícipes de su dolor.
Otro de los problemas de The Canyon obecede a la incapacidad de Richard Harrah, su director, de mantener una intensidad regular durante toda la narración. De esta manera, junto a secuencias que Harrah resuelve de manera espléndida, dotándolas de unas meritorias dosis de intensidad y dramatismo (ver la secuencia del accidente que sufre uno de los protagonistas y las consecuencias inmediatas que se derivan del mismo), coexisten otras en las que la película pierde gran parte de su energía y empuje de manera alarmante (ver la secuencia del ataque de los lobos. Más que lobos hambrientos en busca de su presa, parecen tiernos corderitos extraviados buscando el camino de regreso a la granja).
En lado positivo, las bellísimas estampas de un, a su vez, desafiante Cañón del Colorado, y la actuación de Yvonne Strahovski en el papel de la desafortunada recién casada que en un momento dado se ve obligada a coger las riendas de la situación.
Por desgracia, Harrah no logra en ningún momento decantar la balanza a su favor; y si en algún instante está a punto de conseguirlo, la secuencia final de The Canyon acaba poniendo las cosas en su sitio. Lo que nos lleva a la Estupidez Humana (Parte 4… en esta ocasión cometida, no por los protagonistas de la película, sino por su guionista y director): El final de The Canyon es idéntico al final de una de las mejores películas de terror del 2007. Y no me estoy refiriendo a un final cualquiera… en absoluto. Me estoy refiriendo a uno de los finales más comentados y polémicos de los últimos años. Un final que The Canyon se limita a fusilar sin miramientos. Una auténtica lástima.
Lo mejor: ¿Por qué un aprobado justo? Sigue siendo un survival. Hombre contra naturaleza. Y sigo siendo un incondicional del subgénero.
Lo peor: Los protagonistas actúan, demasiado a menudo, de manera totalmente ilógica y en contra de sus propios intereses.

LA VALORACIÓN:
60 |100
Estrellas: 4

Cinco amigos franceses se trasladan a tierras croatas para practicar alpinismo. Tras superar la dura prueba de un decrépito puente colgante, quedan atrapados y a merced de un psicópata que tiene sus propiedas infestadas de trampas.
De nuevo (y viene siendo una tónica bastante habitual) podemos diseccionar Vertige en dos mitades prácticamente iguales en cuanto a su duración, pero con unas prestaciones muy dispares.
Durante la primera mitad de la película, alrededor de cuarenta minutos de los casi noventa que dura Vertige, nos encontramos con una intensa y por momentos espectacular y vertiginosa (nunca mejor dicho) película de acción capaz de provocarnos más de un vuelco al corazón a todos aquellos que sintamos algún tipo de aprensión o miedo a las alturas.
Abel Ferry rueda las numerosas secuencias de montaña con una envidiable habilidad, pulso firme, y con unas elevadísimas dosis de realismo en cada una de los instantes en que los protagonistas quedan, literalmente, suspendidos en el vacío. Son momentos en los que la adrenalina campa a sus anchas y que culminan con una antológica secuencia con los protagonistas de Vertige intentando cruzar un puente colgante, en la que el vértigo realmente se palpa, y que queda a la altura del magnífico y recordado arranque de Máximo Riesgo (Clifhanger), dirigida en 1993 por Renny Harlin, y con Silvester Stallone interpretando uno de los mejores papeles de su carrera.
Una vez superado el intenso y magnífico trance de la montaña, Vertige toma el camino del survival más convencional y poco aficionado a las sorpresas.
Abel Ferry cae en la misma rutina de siempre y abusa de elementos que ya hemos experimentado en infinidad de ocasiones: trampas para osos, personajes que desaparecen súbitamente, un psicópata de las montañas del que apenas sabemos nada (a excepción de un ridículo cartelito al finalizar la película que pretende hacernos creer que el susodicho existió en la realidad), una guarida del asesino que comparte decorador con la mayor parte de guaridas de asesinos de la última década (p.ej. la guarida de Jason Voorhees en Viernes 13 2009), y un desarrollo de los acontecimientos que el aficionado al survival podría intuir o adivinar incluso antes de iniciarse la película.
Por suerte siguen conjugándose en Vertige una serie de elementos que logran rescatar la propuesta cuando esta bordea los límites de la mediocridad.
Pese a que la mayor parte de su fuerza y atractivo queda concentrada en su primera mitad (justo cuando Vertige es mucho más una película de aventuras o acción que una película de terror al uso), sí hay un aspecto que define a la película en toda su extensión: Vertige está muy bien hecha. En el aspecto visual no hay absolutamente nada que reprocharle. Ni cuando la cámara recorre velozmente los escarpados muros de una montaña, ni cuando los protagonistas son perseguidos por un asesino en mitad de la noche. La fotografía, la cámara, los efectos… la calidad de Vertige en todos estos aspectos no se desinfla en ningún momento, confirmando que Abel Ferry, debutante en las lindes cinematográficas, seguramente tiene muy merecida su reputación como realizador publicitario.
Tampoco está nada mal el dibujo de los personajes, cuyos comportamientos y diálogos son un poquito más adultos (tampoco demasiado) de lo que nos tiene acostumbrados el cine de horror norteamericano. Abel Ferry se atreve incluso a establecer un triángulo amoroso cuya mayor virtud es no caer en el aburrimiento total y hacerse, como mínimo, soportable.
Finalmente, y pese al mencionado bajón de intensidad cuando Vertige se adentra en los límites del survival puro y duro, es de justicia apuntar el fabuloso desenlace, que vuelve a recuperar la fuerza y el vigor de los primeros minutos, y cuya confrontación final vuelve a demostrarnos que los franceses son únicos a la hora de hacer sufrir a sus protagonistas femeninas.
Vertige es una película de acción realmente interesante en su primera mitad, con unas magníficas secuencias de escalada que logran acelerarte el corazón; y un survival mucho más convencional y típico de lo esperado en su segunda mitad. Por suerte, Vertige revive en su tramo final, cuyo desenlace reúne una potencia y una garra suficientes para lograr que el cómputo final de la película sea, definitivamente, recomendable.
Lo mejor: Las secuencias de alpinismo y el enfrentamiento final.
Lo peor: Cómo muestra del género survival no deja de ser de lo más convencional.
¿Dónde conseguirla?
GoreNation: “Vertige” en VOSE.

LA VALORACIÓN:
59 |100
Estrellas: 3

Pig Hunt es una película desequilibrada, y lo es en las dos principales acepciones del término.
John, acompañado de tres de sus mejores amigos y su aguerrida novia, viajan hasta las lejanas tierras de su recién fallecido tio con el objetivo de cazar jabalíes.
Una vez inmersos en la esperura del bosque, deberán hacer frente a una pandilla de paletos (rednecks) descerebrados que no muestran demasiado aprecio por los cazadores foráneos, y a la leyenda de un gigantesco cerdo salvaje al que se conoce con el sobrenombre de Descuartizador.
El desequilibrio de Pig Hunt procede de una primera mitad de película en la que James Isaac (Jason X, Skinwalkers), director del evento, dedica un tiempo excesivo a la presentación de unos personajes que no merecen dicha atención. Y no la merecen porque la confrontación mostrada en Pig Hunt nos resulta, cuanto menos, familiar.
A este lado del cuadrilátero una chusma de cafres y retrasados paletos, mascadores de tabaco, y con una malsana afición a las armas de fuego y los enormes cuchillos de supervivencia.
A este otro lado del cuadrilátero un grupito de estúpidos muchachitos de ciudad, poco habituados a las excursiones campestres, y cuya experiencia más cercana a la caza mayor consiste en matar mosquitos a palmadas.
Dedicar casi media película a resaltar la naturaleza violenta de unos (los paletos), y la incapacidad de adaptarse a un medio que les es hostil de los otros (los chicos de ciudad), resulta a todas luces excesivo. James Isaac intenta poner remedio a la situación introduciendo algún que otro personaje y diálogos supuestamente divertidos… pero ni por esas.
Los protagonistas de la película se pasean por el bosque, sin un rumbo fijo, y sin que tengamos muy claro por dónde van a ir los tiros. Nada puede evitar que Pig Hunt nos depare una primera mitad de película monótona, tediosa y sin apenas un solo momento rescatable (a excepción de la magnífica panorámica, a cámara lenta, acompañada de una excelente melodía de banjos y con las raídas y desgastadas barras y estrellas de fondo, con la que hacen su aparición en escena la tropa de indeseables paletos).
Pero cómo ya he dicho antes, Pig Hunt presenta una asimetría realmente desconcertante. Si la primera mitad de la película (más o menos) está presidida por la desgana y el aburrimiento, la segunda mitad es una auténtica locura (de aquí la segunda acepción de desequilibrio entendido cómo trastorno, demencia, enajenación…).
De pronto, y sin previo aviso, Pig Hunt nos ofrece una delirante mixtura de géneros que incluye entusiastas persecuciones al estilo Mad Max, palurdos enmascarados blandiendo sierras mecánicas, gamberras muertes no exentas de las consabidas dosis de sangre y tripas (aunque sin exagerar), un musculoso hombretón que viste taparrabos y parece sacado de un exploit barato de espada y brujería, y una secta de féminas hippys aficionadas al destete, cultivadoras de marihuana y adoradoras de una brutal criatura de colmillos afilados ¿¿¿???
El resultado de dicha combianción acaba siendo tan extraña cómo extrañamente atractiva (permitidme el juego de palabras). Acción, survival, gore, monstruos… todo tiene cabida en Pig Hunt, sin necesidad de que la lógica o el sentido común impere en cada uno de los caminos tomados por la película.
El empaque visual de Pig Hunt es ciertamente destacable (teniendo en cuenta que se trata de una producción de bajo presupuesto), y las secuencias de acción están, todas ellas, eficazmente resueltas, destacando la adrenalítica persecución en la que los paletos, a lomos de sus sucios y destartalados todoterrenos, intentan dar caza a los desdichados protagonistas.
Nuestras posibilidades de simpatizar con una película cómo Pig Hunt pasan por aceptar de buena gana ese desquiciado y caótico juego que nos propone la película en su segunda mitad, en el que se mezclan toda una serie de elementos y géneros (sin demasiado orden ni concierto) que poco o nada tienen que ver entre si.
Personalmente creo que el experimento acaba funcionando. Toda esa paranoia y desorden que atesora Pig Hunt acaba por ofrecernos una gamberra, deshinibida y bizarra película de acción que sobrelleva sus múltiples defectos sin demasiado esfuerzo. Acción de serie B para disfrutar sin complejos y sin ser demasiado exigentes.
Y he dejado para el final uno de los puntos más conflictivos de Pig Hunt: el diseño del monstruo. Es difícil comprender la decisión tomada por James Isaac, un tipo mucho más apreciado por su labor en el terreno de los efectos visuales y el diseño de criaturas, participando en películas tan destacadas como La Mosca (The Fly, 1986) o ExistenZ (1999), ambas dirigidas por David Cronemberg, que por su labor tras las cámaras.
James Isaac mantiene al monstruo de Pig Hunt en un eterno primer plano, de manera que apenas podemos verle los ojos y sus largos colmillos. Nunca vemos a la bestia en toda su extensión. Ignoro si la decisión final tomada por Isaac responde únicamente a restricciones en el presupuesto o si se trata de un homenaje a determinadas películas ochenteras (todas ellas de bajo coste) que precisamente se caracterizaban por no ser generosas a la hora de enseñar al monstruo. En cualquier caso, la opción de Isaac a la hora de mostrar a la criatura creo que difícilmente será aceptada por una gran mayoría de aficionados.
Lo mejor: La locura sanísima y divertida de la segunda mitad de la película.
Lo peor: Que tarda en arrancar.

LA VALORACIÓN:
50 |100
Estrellas: 3
Las posibilidades son prácticamente infinitas.
Reunir un buen número de tópicos y clichés, agitarlos con un mínimo de rigor y entrega, y acabar obteniendo un producto final que se asemeje, más o menos, a un película de terror, es una tarea aparentemente sencilla. En cualquier caso, el éxito o el fracaso final de la propuesta dependerá de su capacidad de entretenimiento y diversión.
Cuatro amigos celebran la despedida de soltero de uno de ellos. Tras un violento intercambio de pareceres con el portero de un local de streap-tease deciden subirse al metro de New York para trasladar la fiesta a otro lugar.
El desencuentro posterior con un par de chicas que viajan en el mismo vagón coloca a los protagonistas de Stag Night es una situació que nos resulta, cuanto menos, familiar: bajo el manto de oscuridad imperante en los túneles del metro neoyorquino, son asediados por un grupo de caníbales con aspecto de homeless hipervitaminados.
Peter A. Dowling, escritor y director de Stag Night, ha decidido debutar en esto del cine con una película de género que arranca con el piloto automático puesto y que no lo abandona hasta lo títulos finales de crédito.
Su propuesta es muy clara, diáfana. Por un lado un grupito de potenciales víctimas en el que no falta absolutamente nadie: el chico sensato y responsable, la chica decidida a seguir sus pasos, un par de salidos que ante una situación de lo más peliaguda no se les ocurre otra cosa que dar rienda suelta a sus deseos carnales (sic... a eso le llamo yo presentar una firme candidatura a ser los primeros en desaparecer), un patán dispuesto a poner siempre en peligro al resto del grupo, y un entrañable padre de familia que no duda en enseñar, a la menor oportunidad, una foto de su preciosa hija... y que esperemos que tenga firmado un suculento seguro de vida.
Por otro lado una pandilla de caníbales desarrapados que juegan con el factor campo a favor y que cumplen con diligencia aquello que se espera de ellos: eliminar de forma cruel, dolorosa y sangrienta con todo aquel intruso que cometa el estúpido error de invadir su territorio.
Stag Night no es más que el típico juego del gato y el ratón en el que a nosotros, cómo espectadores, tan sólo nos queda el aliciente de augurar el orden en el que irán cayendo cada uno de los desdichados protagonistas (y en esta ocasión la tarea resulta sumamente sencilla).
Al principio de la reseña hablaba de mezclar tópicos y clichés. Peter A. Dowling recoge el escenario subterráneo de películas cómo Mimic (Mimic, 1997), Creep (Creep, 2004), o la más reciente (y reivindicable) El Vagón de la Muerte (The Midnight Meat Train, 2008); y arroja en él a los pariente urbanitas de los mutantes de Las Colinas Tienen Ojos (The Hills Have Eyes, 1977) o Km. 666 (Wrong Turn, 2003).
A pesar de lo trillado del tema, el resultado final no es todo lo penoso o decepcionante que cabría esperar. Stag Night cuenta con algún elemento a su favor. Una correcta ambientación del subsuelo neoyorquino, actuaciones que logran salir airosas del trance (por muy poco...), y alguna que otra muerte ciertamente meritoria. Lástima que en determinadas secuencias de acción a Peter A. Dowling le tiemble excesivamente la mano al mover la cámara y acabe ofreciéndonos una acentuada sensación de mareo, por un lado tan molesta, y por otro lado tan habitual en el reciente cine de horror.
Pero por encima de cualquier otra, la mayor virtud de Stag Night es su ajustada duración. Apenas 80 minutos en lo que no dejan de suceder cosas y que no dejan margen para el aburrimiento. Sin embargo, esa escasa duración también provoca que ideas que podrían elevar el interés de la propuesta (una sociedad subterránea que mantiene una estrecha relación con los caníbales) no encuentre un mayor desarrollo.
Con todo, y pese a que la mediocridad y el hecho de que Stag Night muy probablemente no perdurará en nuestra memoria durante mucho tiempo, el debut de Peter A. Dowling acaba erigiéndose en un digno entretenimiento terrorífico, disfrutable y perecedero a partes iguales, y que al menos no supone una pérdida miserable de tiempo. Recomendable... a no ser que tengáis algo mejor que hacer.
Lo mejor: Entretiene... que no es poco.
Lo peor: La puñetera manía de marearnos con los incontrolados movimientos de cámara.
¿Dónde conseguirla?
GoreNation: "Stag Night" en VOSE.

LA VALORACIÓN:
25 |100
Estrellas: 2
Tengo mis debilidades... supongo que como todo el mundo. Suelo llenarme la boca hablando de la necesidad de ideas frescas, proyectos que impliquen un mínimo de innovación, y propuestas que vayan más allá del enésimo remake innecesario (Left House on the Left) o la enésima secuela sin sentido (Saw).
Y sin embargo, tal y cómo he dicho al principio, mis propias debilidades me delatan.
Una de esas debilidades es la saga Destino Final (Final Destination, 2000), de la que todavía tengo pendiente su cuarta entrega, a la espera de poder disfrutarla en 3D.
Otra de mis debilidades es la que hoy nos ocupa, la saga Wrong Turn.
En 2003 un grupito de jóvenes estúpidos y sin demasiado apego a la vida (se diría que fueron sacados de cualquier slasher al uso), se perdía en la espesura de un bosque con la única excusa de formar parte del menú de una salvaje familia de mutantes deformes con evidentes inquietudes atropófagas (caníbales de toda la vida). El resultado final fue Wrong Turn (rebautizada en España con el titulo de Km. 666), un survival deudor de Las Colinas tienen Ojos, entretenido y facilón, que obtuvo un relativo éxito en las salas de cine, y del que se auguraba una pronta secuela.
Efectivamente, lo mejor todavía estaba por llegar.
En 2007, y previa reducción drástica de presupuesto, nos llegó Wrong Turn 2: Dead End (titulada en España Camino Sangriento), una serie b destinada directamente al mercado doméstico que nos deleitó con un destartalado Reality Show de supervivencia que rebosaba mutantes, sexo, sangre, imaginativas muertes, gore y diversión sin complejos. Una auténtica delicatessen de bajo presupuesto con una extraordinaria e inolvidable secuencia de apertura.
Ahora nos llega Wrong Turn 3: Left for Dead, una nueva entrega de la saga, destinada nuevamente al mercado doméstico, de la que sus seguidores esperábamos que estuviera, al menos, a la altura de Wrong Turn 2: Dead End.
Un grupo de peligrosos reclusos son transportados en autobús, y de noche, hasta una prisión de alta seguridad. Durante el trayecto el autobús es abatido por una trampa puesta por el mutante caníbal “tres dedos”, quien a partir de entonces emprende una sangrienta cacería para acabar con los presidiarios.
Por otro lado, los presidiarios no necesitan de demasiados mutantes para poner en peligro sus vidas. Viejos conflictos personales y el enfrentamiento por hacerse con un botín que encuentran abandonado en el interior de un furgón blindado ¿?, serán motivos más que suficientes para poner en peligro sus vidas.
Wrong Turn 3: Left for Dead es un desastre de pies a cabeza.
La práctica totalidad de la acción de la película se centra en los mencionados conflictos que surgen entre presidiarios y polícias con motivo de un botín (numerosas sacas repletas de dólares) hallado en el interior de un furgón blindado en mitad del bosque por obra y gracia de un guionista en horas bajas (muy bajas).
De esta forma, la presencia del mutante caníbal (así, en singular) es poco más que anecdótica. Una simple figura decorativa que se limita a aparecer muy de vez en cuando para borrar del mapa a algún desdichado presidiario de la manera más monótona y poco original posible. Hasta el punto de que algunas de esas muertes ya las vimos en las dos entregas anteriores.
Y por si fuera poco, todas estas muertes vienen convenientemente aderezadas con unos calamitosos y vergonzosos efectos digitales. Un desastre.
En cuanto al mutante caníbal, ¿era estricatamente necesario dejarle solo? ¿prescindir del clan y contar con un solo mutante caníbal? (la presencia de un segundo caníbal al iniciarse la película es testimonial). Es posible que el mutante “tres dedos” fuera el único superviviente de Wrong Turn 2: Dead End, pero ¿realmente era tan complicado sacarse de la chistera a media docena de nuevos mutantes con los que animar un poquito la función?
Todo lo que tiene Wrong Turn 3: Left for Dead para ofrecernos es un absurdo juego del gato y el ratón que acaba resultando terriblemente cansino y del que resulta sumamente sencillo desconectarse.
Sé que estamos hablando de la tercera parte de una saga que muchos pensaréis que no daba para más. El problema es que Wrong Turn 2 demostró que, con poco dinero pero con un puntito de imaginación y mala baba, era posible fabricar un survival socarrón, sangriento y realmente atractivo. Wrong Turn 3: Left for Dead, con ese mismo (poco) dinero, no logra absolutamente nada.
Toda la diversión acumulada por una película cómo Wrong Turn 2: Dead End se echa a perder en una deprimente secuela que amenaza con destrozar la resistencia del fanático más aguerrido de la serie. Lo dicho: un desastre.
Lo mejor: La secuencia inicial. Aún así, la peor secuencia inicial de toda la saga.
Lo peor: No resulta en absoluto divertida.
¿Dónde conseguirla?
GoreNation: "Wrong Turn 3: Left for Dead" en VOSE.

LA VALORACIÓN:
57 |100
Estrellas: 3
Offspring es una de las películas más extrañas, caóticas y desconcertantes que he tenido el placer de ver en los últimos tiempos.
Dirigida por el estadounidense Andrew Van der Houten (The Girl Next Door, 2007) y basada en la novela homónima del escritor Jack Ketchum (que a su vez es la continuación de una de sus obras más prestigiosas conocida bajo el título de “Off Season”), Offspring cuenta la historia de un clan de salvajes nómadas, descendientes de un farero desaparecido en 1858 tras una cruenta epidemia de viruela, que da rienda suelta a sus inquietudes antropófagas a lo largo de una zona costera a caballo entre los EE.UU y Canadá (supuestamente, la falta de colaboración entre ambos países es la causante de que los miembros del clan todavía no hayan sido atrapados).
La muerte accidental de un bebé hace pensar a la líder del clan que una terrible maldición caerá sobre ellos. Para que la maldición no se lleve a cabo la única salida del clan será secuestrar al precioso bebé de la familia Halbard.
Como podéis ver, la “extrañeza” de Offspring no proviene de su argumento. Enfrentarnos a un clan de salvajes caníbales nos remite, de forma irremediable, a títulos como Las Colinas Tienen Ojos (The Hills have eyes, 1977) o la saga Wrong Turn.
La auténtica rareza de Offspring proviene de su desarrollo y, en parte -se intuye- viene provocada por su acuciante falta de presupuesto.
La primera vez que vemos en pantalla a ese clan de caníbales ataviados con ridículos ropajes de cavernícolas de saldo, resulta complicado contener una jocosa carcajada.
Y, sin embargo, sus actos (ver la secuencia de la cocina) nos transmiten una violencia descarnada, irracional y, en ocasiones, desmesurada.
Cuando les escuchamos hablar mediante una especie de primitivo lenguaje, de nuevo nos invade la sensación de que algo no acaba de funcionar, y la probabilidad de que todo acabe en el más absoluto de los ridículos vuelve a estar muy presente y cercana.
Rodada de forma torpe, mal iluminada, interpretada de manera pésima por la mayoría de actores que intervienen en ella (con una mención especial para el desastroso papel jugado por la pandilla de incompetentes policías que investigan el caso), precipitada en buena parte de las secuencias de violencia (los caníbales aparecen, repentinamente, en los lugares y en los momentos más insospechados, hasta el punto de que todo parece improvisado sobre la marcha), y excesivamente dilatada en otras (el tramo final de la cueva es demasiado largo), con personajes insufribles y poco creíbles(el marido violento de una de las protagonistas) e incluso con desubicadas secuencias que parecen pertenecer a una película distinta (cuando el mencionado marido violento recoge en su coche a una joven autoestopista).
Uno diría, sin miedo a andar muy equivocado, que Offspring tiene todos los números para ser considerada una pésima película, y sin embargo supe (o pude) ver en ella un –repito- “extraño” encanto.
Offspring me gustó. Siendo plenamente consciente de sus múltiples limitaciones y errores, y de que en ocasiones se asoma peligrosamente al abismo del ridículo más espantoso, Offspring me acabó convenciendo gracias a sus repentino e impredecibles, caóticos, estallidos de violencia, que no escatiman en mutilaciones, violaciones, desmembramientos, tripas, ensañamiento con niños, etcétera.
Offspring, definitivamente, no es una buena película. Sin embargo me pareció una experiencia muy curiosa e incluso exótica, chocante; y esas son las razones por las que me gustaría recomendarla.
Lo mejor: Los impredecibles estallidos de violencia.
Lo peor: La historia es caótica.
¿Dónde conseguirla?
GoreNation: "Offspring" en VOSE.

LA VALORACIÓN:
35 |100
Estrellas: 2
A estas alturas todos los que somos aficionados al cine de terror sabemos (o al menos intuimos) de la dificultad que supone encontrar inéditos e inexplorados caminos dentro del género. Solemos tener esa desapacible sensación de que todo está ya inventado y de que estamos condenados a deambular, una y otra vez, por terrenos conocidos.
Esa es también la razón por la que, con la misma premura con la que podemos deprimirnos -en ciertas ocasiones- al plantearnos el estado actual del género (remakes, secuelas, repetición de fórmulas…), solemos entusiasmarnos ante cualquier propuesta que implique una mínima promesa, por liviana que esta sea, de originalidad o singularidad.
Pero debemos reconocer que este segundo supuesto no es el más habitual. La originalidad, dentro del género, y en términos generales, brilla por su ausencia.
Así que en nuestra condición de infatigables fanáticos del género (o aficionados… o lo que quiera que cada uno desee considerarse), no nos queda más remedio que aceptar, aunque sea a regañadientes, que dentro de ese “terreno conocido” también es posible toparnos con propuestas lo suficientemente virtuosas y entretenidas como para dar pos satisfechas nuestras expectativas.
En Timber Falls una joven pareja se dispone a pasar un fin de semana de acampada en mitad de un bosque. Transcurrida la primera noche de acampada, la chica desaparece y su novio emprende la desesperada búsqueda. Ambos caerán finalmente presas de una familia de integristas religiosos que exigen de sus víctimas un tributo.
El argumento de Timber Falls no admite segundas lecturas. Es tan simple como parece. Si a ello le sumamos una secuencia de apertura en la que otra joven (distinta a la anterior) corre, ensangrentada, a través de un bosque para, finalmente, tropezar y caer justo frente a la cámara; nos aseguramos de que el punto fuerte de Timber Falls no es, precisamente, su originalidad.
Así que, partiendo de la premisa de que la falta de originalidad y la utilización masiva de clichés son moneda de cambio asegurada en Timber Falls, la única esperanza que nos queda es confiar en que Tony Giglio, su director, sea lo suficientemente hábil para ofrecernos algo con un mínimo de frescura, con un mínimo de garra, con un mínimo de atrevimiento, con un mínimo de algo, lo que sea, siempre que logre captar nuestra atención y nuestro interés de algún modo, y nos recompense, al menos, con un rato de insano entretenimiento.
Giglio lo intenta. Desea hacernos partícipes de la causa de Timber Falls. Y lo intenta de la forma menos sutil: a través de la violencia. Lo único remarcable en una película cómo Timber Falls son las secuencias de violencia, y no por que sean unas secuencias especialmente afortunadas o que destaquen por su brutalidad, o su estética; en realidad dichas secuencias de violencia sobresalen en Timber Falls por una cuestión de simple descarte. En Timber Falls, todo aquello que no sea violencia gráfica apesta, cansa y aburre.
La interminable sucesión de diálogos que se establecen entre los miembros de la familia de fanáticos religiosos explicando lo que está ocurriendo y la razón de su conducta (lo cual resulta absurdo ya que todo ello lo estamos viendo), provoca que, durante buena parte de su metraje, Timber Falls sea una carga difícil de soportar. Y es una auténtica lástima, ya que temas tan aparentemente graves como la intolerancia, el fanatismo religioso, la intransigencia, el sectarismo… Timber Falls los toca, en ocasiones, con un acertado distanciamiento e incluso con un puntito de sarcasmo e ironía (ver la secuencia de la boda). Sin embargo, ese exceso de verborrea apuntado entre los miembros de la familia acaba echando a perder lo que podría haber sido una excelente aproximación a todo este tipo de cuestiones (siempre sin perder de vista de que nos enfrentamos a una película de género sin demasiadas pretensiones).
Tampoco la descripción de los personajes ayuda a que Timber Falls remonte el vuelo.
La presencia del brazo ejecutor de los fanáticos religiosos es un auténtico desastre. Un deforme y retrasado psicópata armado con una especie de guadaña de mano, víctima de la represión sexual en la que vive sumergido, y carente de la menor personalidad o carisma. Su sola presencia en lugar de sumar, resta.
Y, por favor, por favor, por favor, no más escenas finales como la de Timber Falls. Uno acaba sintiendo vergüenza ajena ante este tipo de escenas. No son necesarias. No aportan nada, y caen en el ridículo más espantoso. Basta.
En definitiva, Timber Falls es una película que ya conocemos, que ya hemos visto antes. Una galería de tópicos y clichés que nos remite a títulos tales como Km666 (Wrong Turn), Las Colinas tienen Ojos, La Matanza de Texas, y un larguísimo etcétera…
Acepto la falta de originalidad si el producto final es válido y entretenido, pero desgraciadamente no es este el caso de Timber Falls, una película mediocre a medio camino entre el survival y el torture porn (sic- cada vez me cuesta más trabajo pronunciar estas palabras) que se pierde entre una marea de diálogos innecesarios, personajes estereotipados y mal trazados, y que sobrevive únicamente gracias a sus secuencias de violencia. Insuficiente.
Lo mejor: la violencia gráfica.
Lo peor: exceso de diálogos y una escena final penosa
AUTOR: Joan Lafulla | PUBLICADO: 09/10/09 | CATEGORIAS: Críticas , Survival
Tags: survival,
torture-porn

LA VALORACIÓN:
72 |100
Estrellas: 4
Por lo visto, los británicos Simon Boyes y Adam Mason tuvieron serios problemas a la hora de encontrar financiación para Broken.
Los anteriores trabajos de Adam Mason (The 13th Sign y Dust) habían pasado prácticamente desapercibidos, por lo que encontrar el apoyo para su nueva propuesta terrorífica no iba a ser una tarea fácil.
Finalmente Boyes y Mason decidieron que la única solución a su problema pasaba por financiarse ellos mismo el proyecto con los pocos medios que tenían a su alcance. Una decisión que, a la postre, tendría una influencia decisiva (y afortunada) en el concepto mismo de lo que iba a ser Broken.
El título inicialmente previsto por Boyes y Mason para su película era The Heart Eater, y su argumento abandonaba a un nutrido grupo de jovenzuelos en mitad de un bosque para ser convenientemente masacrados. Sin embargo, las restricciones presupuestarias provocaron la decisión de sus creadores de simplificar al máximo las cosas. El nutrido grupo de joven carnaza se convirtió en una única y sufrida protagonista de mediana edad enfrentada a su secuestrador. El resultado de todas estas vicisitudes fue rebautizado con el nombre de Broken.
Hope es una madre soltera que intenta rehacer su vida. Tras una agradable cita con un semidesconocido, llega a casa justo a tiempo para dar las buenas noches a su hija Jennifer, de seis años. A la mañana siguiente despierta en el interior de un arcón de madera. Tras sobrevivir a una cruenta prueba de iniciación deberá aprender a convivir con su secuestrador, quien la mantiene retenida en mitad de un bosque.
Esa secuencia citada en el argumento como “una cruenta prueba de iniciación” supone uno de los principales escollos a los que deberá hacer frente Broken. No porque se trate de una mala secuencia… todo lo contrario. Es una magnífica secuencia que aparece prácticamente al inicio de la película, que está rodada de forma espléndida, y que resulta cruel, sádica y un auténtico mazazo para el espectador. Sin embargo también es una secuencia que puede inducir a una idea equivocada sobre lo que Broken nos tiene reservado. Broken no es un sucedáneo de Saw. Ni tampoco es Hostel, ni nada que se la parezca (por más que la comentada secuencia de inicio esté a la altura, en términos de crueldad explícita, de los citados títulos).
Broken es una película de personajes. Todo su argumento gira en torno a la relación entre una víctima cautiva y su secuestrador. Tras un intenso comienzo, capaz de ponerte el corazón en la boca, Broken recupera su ritmo natural, pausado y contemplativo, para establecer los sólidos cimientos que definirán una relación en la que cada uno de los involucrados irá evolucionando según sus propias necesidades, de supervivencia por un lado (el lado de la víctima) y de ratificación de la supremacía por el otro (el lado del secuestrador).
La batalla, sin cuartel tanto a nivel físico como emocional, está servida. Hope, la víctima, deberá superar el pánico y el dolor iniciales para así ser capaz de encontrar las armas (psíquicas) con las que hacer frente a su oponente. La necesidad de conocer el destino de su hija le llevará a sacar fuerzas de donde parecía imposible sacarlas.
Por otro lado un secuestrador, del que no sabemos absolutamente nada acerca de sus motivaciones (algo que, muy probablemente, supondrá un grave problema para buena parte de los espectadores), y que deberá actuar siempre con la convicción y dureza necesarias para mantenerse fuerte en su despótica posición dominante. No le resultará fácil. Los días van pasando y la relación entre ambos se va consolidando al tiempo que la cuerda se tensa, hasta el punto de que el secuestrador acabará mostrando sus debilidades y su cansancio… su humanidad, al fin y al cabo.
El trabajo de Boyes y Mason tras las cámaras es soberbio. Una magnífica fotografía, la excelente recreación de un ambiente malsano, la música, los calculados, efectivos y dolorosos estallidos de violencia…; toda una labor que, unida al impresionante trabajo de los dos actores protagonistas, viene a confirmar que Broken es una película poco menos que imprescindible.
Pero a pesar de ello Broken no es una película fácil. Requiere del esfuerzo y la complicidad del espectador. Hay detalles importantes susceptibles de provocar su rechazo. Su ritmo lento (pero necesario), un secuestrador del que desconocemos cualquier razón que le impulse a actuar como lo hace, la insistencia de la protagonista por desaprovechar cualquier ocasión que se le presenta de acabar con su opresor (un servidor ve dicha actitud plenamente justificada en el hecho de que el secuestrador pueda ser la única persona que conozca el paradero de su hija), un tercer personaje en discordia que no aporta demasiado a la trama y un típico final que tanto tiene de impactante cómo de tramposo y sensacionalista.
Recomiendo efusivamente Broken en el supuesto de que todavía no la hayáis visto (… ya me pediréis cuentas más tarde). Pero tened en cuenta, pese a lo que podáis leer por ahí o lo que os puedan sugerir los primeros quince minutos de la película, que no estamos ante un producto derivativo de Saw.
Broken no es torture-porn, ni su principal punto de interés reside en las secuencias de violencia (que también las hay). Broken es la crónica de una terrible y decarnada confrontación, a nivel físico y psíquico, entre desiguales. Un duelo intenso (por momentos brutal), en el que vuelve a ponerse de manifiesto uno de esos temas universales que a algunos tanto nos apasiona: le irracional ferocidad que puede llegar a alcanzar el ser humano.
Atención: la calidad de imagen del trailer es pésima, pero no he encontrado nada mejor.
Lo mejor: La historia, los actores, los estallidos de violencia...
Lo peor: Que se la pueda tomar por lo que no es.
AUTOR: Joan Lafulla | PUBLICADO: 17/09/09 | CATEGORIAS: Críticas , Survival
Tags: independiente,
survival

LA VALORACIÓN:
19 |100
Estrellas: 1
A medida que se consumían los minutos de The Last Resort empecé a tener la sensación de encontrarme ante un auténtico manual sobre cómo hacer las cosas de la peor forma posible.
Cuatro hermosas chicas acuden a un complejo hotelero en México para celebrar la despedida de soltero de una de ellas. La noche transcurre entre cantidades importantes de alcohol y flirteos inocentes con el personal masculino hospedado en el hotel.
Una de las chicas (America Olivo) conoce a un turista norteamericano y se encierran en la habitación del hotel para pasar una noche de sexo salvaje y lujurioso (pero que nadie se anime más de la cuenta… lo de “sexo salvaje y lujurioso” es producto, únicamente, de mi imaginación y mi “admiración” por America Olivo. The Last Resort no muestra nada en este sentido –ni en muchos otros-).
A la mañana siguiente, las tres amigas restantes son asaltadas por unos falsos guías turísticos y abandonadas a su suerte en mitad del desierto. El destino las llevará a un nuevo complejo turístico, anteriormente habitado por una secta que abogaba por la libertad extrema de las pasiones humanas, y que en la actualidad –por desgracia- se encuentra maldito.
¿Qué queréis que os diga? De nuevo supongo que mucho me tacharéis de inocente, de crédulo, o directamente de estúpido por dejarme llevar por el póster de una película que muestra a una atractiva rubia en bikini sujetando un enorme cuchillo (demasiado viejo para caer en la trampa). Quizás de ser demasiado impulsivo a la hora de depositar mis esperanzas en un proyecto que ofrecía, potencialmente, una serie de alicientes y expectativas que, en efecto, nunca se ven cumplidas. O dicho con otras palabras ¿quién no se apuntaba de antemano a una película que, aparentemente (y sólo aparentemente), ofrecía chicas guapas, sexo, escenarios exóticos e importantes dosis de sangre y violencia? Yo he sido fiel a este tipo de premisas durante toda mi vida… y seguiré siéndolo, por más que tropiece, una y otra vez, con películas del calibre de The Last Resort.
Efectivamente The Last Resort tiene chicas guapas (una de ellas, la espectacular America Olivo, a la que pronto veremos en Bitch Slip), tiene sexo (ejem...), la imponente presencia del desierto, y también sangre y violencia. Lamentablemente todo está planteado de una forma tan blanda, tan aséptica, tan desfallecida; que The Last Resort queda condenada, irremediablemente, al fracaso.
Sobre el trabajo de las chicas protagonistas no pienso abrir la boca. Hacen lo que pueden con lo que tienen (que no es mucho) y, al fin y al cabo, su sola presencia fue lo único que me mantuvo despierto a altas horas de la madrugada (maldito calor y maldito insomnio).
En cuanto a los dos jóvenes turistas masculinos que acompañan a America Olivo en su aventura, la cosa es distinta. Sé que estamos ante una película de terror de bajo presupuesto, pero… ¿tan complicado resulta encontrar a un par de actores jóvenes cuya aparición en escena no te haga pensar en improperios, insultos y blasfemias que atenten contra su propia dignidad como personas? Son malos, realmente malos. Aunque tampoco son, ni de lejos, el peor de los problemas de The Last Resort.
The Last Resort es una pésima película. Un guión de pena, diálogos desastrosos (atención a la vieja vidente que habla en castellano –en el original- y a la intervención de uno de los chicos turistas, que traduce sus palabras cómo le da la real gana…), una puesta en escena torpe y sin garra, un nulo contenido sexual (el personaje de America Olivo, tras lo que se adivina una noche entregada al sexo sudoroso y sin pudor, se levanta de la cama de su amante tapada hasta las cejas con una sábana… muy natural), y un tercio final de película, supuestamente el más sangriento, violento y terrorífico, que tan sólo logró arrancarme algún que otro bostezo y el deseo de que la cosa acabara cuanto antes.
Decepción… una más.
Lo mejor: la presencia de America Olivo.
Lo peor: que lo más destacado sea la presencia de America Olivo

LA VALORACIÓN:
39 |100
Estrellas: 2
Cuatro amigos se disponen a pasar un fin de semana de acampada en las profundidades de un bosque (también son ganas, sabiendo que son los inminentes protagonistas de una película de terror). Uno a uno, los cuatro amigos irán despareciendo bajo extrañas condiciones.
Dead Wood es una película de terror de bajo presupuesto cuyo argumento, tal y como demuestra el anterior párrafo, no ofrece una sola sorpresa al espectador. Por lo tanto, ese triunvirato formado por David Bryant, Richard Stiles y Sebastian Smith, todos ellos guionistas y directores de Dead Wood, se lo juegan todo a una sola carta: lograr que de un guión trillado y sobado hasta provocar cansancio, surja una digna y eficaz película de horror.
La empresa se presenta realmente complicada... pero no imposible. Al fin y al cabo Sam Raimi, con un puñado de dólares en el bolsillo y armado, eso sí, de mucho talento, soltó a algunos de sus mejores amigos en mitad de un bosque para que fueran víctimas de todo tipo de troperías demoníacas (Posesión Infernal, 1982), dando orígen a una de las mejores sagas de horror/comedia/aventura del género.
Algo parecido sucedió en 1999 con El Proyecto de la Bruja de Blair (The Blair Witch Project), cuando Daniel Myrick y Eduardo Sánchez revolucionaron el panorama del cine independiente logrando que su Bruja de Blair (nueva muestra del género "maldiciones" en mitad de un bosque al que un servidor no tiene en gran estima) arrasara en las taquillas de medio mundo.
Y la mención de estas dos películas, ambas con un peso muy específico dentro de la historia del horror reciente, no es una cuestión baladí.
Dead Wood presenta unos recursos muy limitados a la hora de dibujar las diversas situaciones de tensión y horror presentes en su trama.
Apenas un tenebroso bosque recorrido por un rápido travelling (herencia directa de la Posesión Infernal de Raimi), un par de secuencias nocturnas con linternas incontrolables y cámara mareante (herencia directa de El Proyecto de la Bruja de Blair) y alguna que otra aparición fantasmal deudora del yurei japonés (que no se diga que uno no va aplicando los conocimientos que va adquiriendo en este blog).
Se me antojan necesarias cantidades exorbitantes de talento para que tan escaso material se traduzca en una experiencia terrorífica que merezca la pena. No es el caso.
Durante los primeros compases de Dead Wood, en los que los protagonistas se adentran en el bosque y empiezan a descubrir indicios de que algo extraño y amenazante se cierne sobre sus cabezas, la película mantiene cierto interés gracias a unos protagonistas menos cargantes de lo habitual y a unas dosis de suspense bien calculadas. También ayuda la ambientación (el bosque siempre transmite la sensación de ser una amenaza real) y una elaborada banda sonora.
El problema de Dead Wood (como en tantas otras ocasiones) viene dado en cuanto el horror se vuelve explícito. Es entonces cuando entra en juego la cámara mareante, las linternas al vuelo y alguna que otra aparición de lo más predecible. Material escaso y errático que en ningún momento cumple su función básica: la de crear una situación lo suficientemente angustiosa para que el resultado final resulte mínimamente entretenido. No hay apenas acción, ni violencia, ni momentos estremecedores. Los personajes desaparecen en la espesura del bosque, sin más. Sin que sepamos el porqué de dichas despariciones ni, lo más importante, cómo demonios se producen las mismas (a excepción de uno de los protagonistas, cuya muerte nos permite intuir el destino del resto de sus compañeros).
Y para coronar la decepción general que supone este "Bosque muerto", uno de esos finales que vemos repetido por enésima vez y que acaba provocando vergüenza ajena.
Lo mejor: Los primeros compases de la película muestran un aceptable nivel de suspense.
Lo peor: Es predecible y no da nada de miedo.
AUTOR: Joan Lafulla | PUBLICADO: 30/08/09 | CATEGORIAS: Críticas , Survival
Tags: independiente,
survival









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