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RoboGeisha

Vivo ó muerto usted se lo montará conmigo

RoboGeisha_Poster

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  • Título original: RoboGeisha
  • Nacionalidad: Japón | Año: 2009
  • Director: Noboru Iguchi
  • Guión: Noboru Iguchi
  • Intérpretes: Yoshihiro Nishimura, Aya Kiguchi, Asami
  • Argumento: Dos hermanas que estudian para Geishas, son secuestradas por una malvada mega corporación, convirtiendolas en cyborgs asesinos que acometan sus oscuros planes.

75 |100

Estrellas: 4

RoboGeisha_Grande

A vueltas, nos encontramos una vez más, con otra muestra del splatter japonés de nueva generación: RoboGeisha, de la mano del incansable Noboru Iguchi. Lejos estamos de los pasos balbuceantes que daban los habitantes de las islas, a mediados de los ochenta, con la infame saga Guinea Pig. A estas alturas de la película, y más de veinte años después, las cosas ya no son iguales en el país del sol naciente. Su cultura milenaria, su serena forma de ver la vida está profusamente infectada por occidente. Las fronteras se difuminan en las regiones civilizadas y se agudizan en el tercer mundo; el trafico de cultura trash por fin es “legal” en Japón. Como resultado de ello, y particularizando en el cine gore, las películas orientales se van alejando de sus lastres pasados para convertirse en obras perfectamente internacionales, con el añadido de una envidiable profesionalidad en todas las facetas de estas producciones.

En esta ocasión quiero hacer hincapié en las dos ramas de la evolución de esta cultura gore, nacidas al amparo de la citada saga y de otras obras de culto como Tokio Snuff ó incluso Tetsuo de Shinya Tsukamoto.
Realmente no creo que en el séptimo arte sea fácil clasificar una producción dentro de un marco cerrado, dado que cada cinta contiene su propia idiosincrasia. Más si cabe cuando estamos hablando de algo tan poco definido como el cine gore; “¿películas donde debemos ver mucha sangre?” Una definición patética sabiendo que cada película es de su padre y de su madre. Sin embargo, para entender mejor (si es que hay algo que entender en tamaña comedia) RoboGeisha, veo necesario hablar un poquito de las dos corrientes más visibles del cine “sangriento”, que nos llega desde el borde oriental del mundo. Además, sobre mi consumido organismo empiezo a notar los efectos de la indigestión provocada por tanto pecho ametralladora, shuriken anal y ojos rasgados. Así pues, considerando esta reseña como mi canto del cisne personal dentro del splatter japonés (al menos en lo que a realizar reseñas se refiere), no veo mejor momento para estas y otras divagaciones. Aunque insisto en que se trata de una simplificación para acercarnos a un género incomprensible y, por si fuera poco, proveniente de un país incomprensible para los occidentales.

1) ¿Hasta donde puede llegar el ser humano?

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Digamos que esta rama del gore nipón hunde sus raíces en las cintas, prohibidas y mitificadas, de los excesos por antonomasia: Guinea Pig. Todos conocemos la bipolaridad existente en Japón. Su sociedad no alienta la expresión de los sentimientos y deseos; produciéndose, en el interior de la mayoría de sus ciudadanos, una fascinación por todo aquello que resulte extremo, perverso y morboso. De hecho, el tratamiento del dolor y el sexo es tan gélido que, a veces, uno se siente un maldito mirón indecente viendo este tipo de películas. La citada saga es un ejemplo de esta fascinación malsana. Todo un recital de abominaciones perpetradas por humanos sobre el cuerpo humano; rozando el masoquismo intelectual, vamos. Otro ejemplo, algo más light, sería la saga Evil Trap (ó Tokio Snuff); incluso me atrevería a decir que las obras más viscerales de Shinya Tsukamoto (Tetsuo, Bullet Ballet, Haze ó Tokio Fist) son, a la vez, influencia y ejemplo de esta rama.
Sin embargo, sus descendientes espirituales van siendo más difíciles de descubrir hoy en día. Es un estilo de cine, el de la casquería sin sentido, que se ha ido perdiendo en oriente. Entiendo que la influencia cultural externa, en las nuevas generaciones de japoneses, los lleve a interesarse más por otro tipo de visiones. Aunque siempre hay gente para todo y como muestra sirvan las imágenes que encabezaban este párrafo. Pertenecientes respectivamente a esos escasos delicatessen de la atrocidad: Cruel Restaurant (2008), Naked blood (1995) y la infame Grotesque *(2009). *

2) Los efectos de un empacho de wasabi

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Citado anteriormente, ese interés que los jóvenes nipones sienten actualmente por la cultura trash y pop proveniente de Europa y E.E.U.U., nos lleva sin remisión a un tipo de cine que pierde parte de su identidad cultural en pro del divertimento naif y rápido. Sobre todo por la relevancia que adquiere, en estas películas, el elemento cómico. ¿Urotsukidoji + Troma? Bueno, desde luego el sexo y la sangre siguen fascinando a un país que aun le cuesta mostrar abiertamente sus pensamientos; pero la fascinación ejercida ya adquiere unos tintes más (y perdonad por el giro) “tarantinianos”. Con un núcleo central muy parecido, estas producciones gustan de mostrarnos a guapas jovencitas luchando empapadas en sangre contra alguna amenaza de interés irrelevante. De hecho, un detalle significativo es el uso de actrices provenientes de las “pinku eiga” (ó cine erótico extremo por simplificar). Otro dato relevante, es la ausencia de un guión de peso; cierto es que el gore nunca ha necesitado de un guión para justificarse, pero esta rama, donde las tonterías, los momentos surrealistas y los personajes histriónicos abundan; parece más propicia para el desarrollo de una historia interesante dentro de sus absurdos. Aunque por lo general, excepto gloriosas excepciones (como Tokio Gore Police), la profundidad argumental es aun menor que en sus hermanas de “frío y sucio gore cuasi-snuff”.
Pero no todo es malo; todo ese batiburrillo de influencias suele dar buenos momentos dentro de estas películas. Y como todas siguen líneas muy parecidas, probablemente debido a que los equipos de producción de todas ellas comparten más de un par de nombres (entre los que destaca el infatigable Yoshihiro Nishimura); una vez vista una, si te gusta, tienes siempre entretenimiento para rato. Muy similar a los muñequitos de los transformers; todos se parecen, pero si te gusta uno no puedes dejar de querer más.
Al contrario que las cintas de la otra rama, este sub-sub-género parece vivir una época dorada, viendo desde hace tres años una media de tres/cuatro producciones anuales de una calidad en crecimiento. Para que os hagáis una idea, ahí va una pequeña lista con alguna de las imprescindibles presentes y futuras:

The Machine Girl (2008)
Mutant Girls Squad (2010)
Tokio Gore Police (2008)
Vampire Girl vs Frankenstein Girl (2009)
Samurai Princess (2009)
Gothic and Lolita Psycho (2010)

En resumen, unas cuantas horas de falditas cortas, erotismo de salón influenciado por Shin-Chan, aberraciones varias inspiradas por la nueva carne de Videodrome y Tetsuo, exagerados chorros de sangre provenientes de las cintas de samuráis y ninjas de toda la vida (esas que presentaba Coral Bistuer en el legendario programa Cinturón Negro), gags de dudosa comicidad y todas las chorradas que queráis añadir. Un estilo, que creo este año, ha llegado a su cenit y quizá se acerque a una prematura decadencia provocada por el exceso de producción, algo también muy típico en Japón, ese hermoso país sin medida.

Pero la pregunta es: ¿y en qué lado se encuentra RoboGeisha? ¿El frío y degenerado gore limitado solo por la imaginación de los torturadores? ¿El festivo y colorista “trash” de las falditas colegialas teñidas de rojo?

Vemos si la sinopsis nos aclara tan trascendentales dudas:

Yoshie y Kikue Kasuga, son dos huerfanitas que aprenden las artes de la Geisha; es decir, como complacer a un hombre a través de la sumisión total a sus deseos; allí, en una perdida academia de una época fciticia.

Yoshie es la hermana menor y más hermosa, pero vive a la sombra de su cruel hermana. Hasta que un día, Hikaru Kageno, el joven propietario de una mega corporación ,se fija en ellas dos y decide acogerlas en su hogar para enseñarles las habilidades definitivas de una geisha: el asesinato mediante la seducción

Aya KiguchiSupongo que viendo la foto de la actriz que interpreta a Yoshie (Aya Kiguchi), acompañando a estas palabras habréis deducido rápidamente por donde van los tiros y katanazos en RoboGeisha; mejor que una sinopsis, ¿verdad?. Espero que las féminas sepáis disculpar este lúbrico recurso, pero una imagen vale más que mil palabras; además reconoceréis que la chica está de muy buen ver. Efectivamente, esta película no tiene ni pies ni cabeza, no existe guión, los personajes son más planos que un Power Ranger con resaca, los diálogos de una telenovela son Quevedo en comparación…pero esta vez Noboru Iguchi se ha conseguido superar, creando la comedia splatter más compacta de toda esta hornada; y dado el número de títulos habidos no es moco de pavo.

Ya en la previa The Machine Girl, este director/guionista apuntó por donde le gustaba viajar a sus neuronas: una filia nacional con mujeres de cara de muñequita, la alteración de miembros corporales en armas y un sentido del humor entre los momentos menos inteligentes de los Monty Python y los momentos más inteligentes de Cañita Brava.

Lo cual deja a un pobre servidor sin recursos para reseñar tamaño compendio de chistes destinados a encefalogramas planos. Es más, el trailer muestra toda la sustancia que pueda contener el film. No habría mejor reseña que este. Sin embargo, si que se pueden puntualizar un par de aspectos que interesaran tanto a noveles en el sub-sub-género, como a los expertos en la locura amarilla.

Desde luego se dan cita en RoboGeisha toda la suerte de características típicas del splatter nipón. A saber:
a) Actrices pinku repitiendo en películas de otros amigos (en este caso Asami la cual pudisteis disfrutar en The Machine Girl ó Sukeban boy) y un total protagonismo de estas. ¿Los actores masculinos? Siempre secundarios cuando estas hembras aniñadas hacen aparición en pantalla.
b) Exceso a la hora de mostrar la acción ó violencia. Un exceso más cercano a los mangas de Dragon Ball que a los horrores góticos de Junji Ito ó Hideshi Hino.
c) El uso de los detalles más superficiales de la estética cyberpunk, como el reemplazo de partes del cuerpo por piezas robóticas. Vamos, que al final del metraje nuestras protagonistas excitarían incluso al terminator más frígido.
d) El humor y los sentimentalismos están a la orden del día. De esa forma tan japonesa donde los responsables del guión parecen muchachitos de diez años. Al menos ante los ojos del que suscribe.

Sin embargo, más allá de esta suerte de tópicos, Noboru Iguchi ha sabido plantear todo su discurso de una forma más adulta y loca a la par. Si tuviese que destacar algo por encima, diría que el humor funciona en el 90% del metraje. Eso sí, siempre dentro de los cánones del humor absurdo, de la exageración demente. Basten solo unos ejemplos, ¿habéis visto alguna vez edificios sangrar? ¿disparar shurikens con el culo? ¿una geisha-transformer? Pues aquí los veréis y con un ritmo e introducción adecuado para la risa. Incluso los números musicales y de baile, que en otras producciones se me suelen hacen pedantes, aquí consiguieron arrancarme sonrisas de incredulidad y diversión. Por encima de todo, como comedia funciona a la perfección y de ahí su nota, porque arrancará alguna sonrisilla hasta al emo más atormentado.
Creo que la formula de este acierto se basa el uso de un humor más irónico deseoso de burlarse de algunas de las bases culturales de Japón, como sus tradiciones alrededor de las geishas y sus clientes, las películas clásicas de Godzilla y Ultraman (Kaiju Eiga) ó la tradición robótica representada por los mechas de la serie Robotech ó el imperecedero Mazinger Z . Definitvamente estan aprendiendo a reirse de ellos mismos.
Incluso uno no puede evitar acordarse, medio en broma, de algunas escenas de la mítica RoboCop.

Como el ying y el yang, como el alpha y el omega ó cualquier principio de equilibro universal, esta vis cómica tan pronunciada tiene un precio asociado. A diferencia de luminarias como Yoshihiro Nishimura en Tokio Gore Police ó incluso el mismo en su anterior The Machine Girl, Noboru no está a la altura en el splatter, en la sangre, en la aberración. Más bien justito el nivel de hemoglobina, con unos efectos especiales de preponderante CGI (¡tch!, a mi la sangre por ordenador me chirriará toda la vida), cuya misión es siempre provocar la risa. Delirante es el momento en que unos robots tengu (un espíritu tradicional japonés de simbología fálica) se dedican a eyacular leche hirviendo porque…porque…ummm no recuerdo…¡ahh! ¡Sencillamente porque sí!

Sorprendentemente el nivel de ñoñerias, véase la relación entre las dos hermanas cuyas gazmoñerías producen nauseas, es menor que en otros títulos. Esta ahí, pero no se hace tan evidente quizá porque el ritmo de la película es muy alto. Aunque no sirve este ritmo para contar nada, no es una cinta en la que esperase giros de guión apabullantes, pero es que la condenada tiene menos desarrollo argumental que Vampire Girl Vs Frankenstein Girl. Pero ninguno os acercareis a RoboGesiha por las bondades de su guión, ¿verdad? Y puede que tampoco lo hagáis por las dotes interpretativas del elenco de actores, a lo mejor os lleváis una sorpresa viendo que los actores cumplen de sobras con su cometido; por simple que este fuera. En especial, Aya Kiguchi resulta todo un descubrimiento para lo que son los estándares del patrimonio actoral en Japón.

Con respecto a otros detalles técnicos también estamos ligeramente por encima de la media (a excepción de los efectos especiales por ordenador, demasiado llamativos a propósito). La banda sonora, el vestuario y una fotografía, insistente en realzar el amplio despliegue cromático y luminoso de la eficaz cámara de Noburo, consiguen recrear un mundo de fantasía sencillo, donde todo es posible. ¡Incluso la canción protesta! La edición no se queda atrás aportando ese ritmo anteriormente comentado, el cual no deja espacio para el aburrimiento.

Resumiendo, nos encontramos en un momento dulce para el splatter festivo que llega desde ese lejano país de locos, en el buen sentido de la palabra. Sus películas encuentran buena respuesta internacional, son lucrativas dado sus presupuestos relativamente ajustados y se dispara el talento de sus jóvenes realizadores, que están logrando con la experiencia una profesionalidad digna de alabar. Por el lado negativo, decir que esta profesionalidad y productividad dan cierta sensación de saturación. Encontrándonos cintas que están cortadas por el mismo patrón, hasta con los mismos actores; se resta un poco de magia a todas las locuras que sus responsables tienen a bien compartir.
En el caso concreto de RoboGeisha, la recomendación de su visionado resulta obligada puesto que resulta una comedia interesante por si sola; así como un homenaje a todos los asiduos a ese cine lleno de japonesitas ligeras de ropa y psicotronías propias. Aunque es importante destacar la importancia de una predisposición por parte del espectador; acercase hasta RoboGeisha solo con ganas de echar unas risas tontas, es la mejor y única invitación para verla.

Lo mejor: El humor, todo en RoboGeisha está al servicio del mismo. Y sorprendentemente funciona; especialmente por su gamberrísima escatología

Lo peor: Al hacer tanto hincapié en la comedia absurda, para aquel que no sea plato de su gusto, va a encontrar la cinta más odiosa de su vida. Y los clásicos momentos lacrimógenos (buf!)

¿Dónde conseguirla?
La Morgue Cinema: “RoboGeisha” en VOSE (¡Gracias Eddie!).

I Sell the Dead

El fatídico negocio de los muertos

I Sell the Dead

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  • Título original: I Sell the Dead
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Glenn McQuaid
  • Guión: Glenn McQuaid
  • Intérpretes: Dominic Monaghan, Ron Perlman, Larry Fessenden
  • Argumento: Dos pillos que malviven profanando tumbas, descubren que hay un tipo muy especial de muertos que pueden reportar mayores benficios a su negocio.

62 |100

Estrellas: 4

Viendo la película es fácil imaginarse lo mucho que llegó a disfrutar el irlandés Glenn McQuaid escribiendo, en primer lugar, y dirigiendo finalmente la comedia I Sell The Dead.
Es más, no tengo el placer de conocer personalmente al bueno de Glenn McQuaid, pero tras disfrutar de su segunda película como director (la primera se tituló The Resurrection Apprentice, 2005) podría apostar mi cuello (algo que encaja perfectamente con el espíritu de la película), a que es un enorme aficionado a la serie B terrorífica, a los monstruos de la Universal, a las maravillas de la Hammer, a los comics de la EC… en definitiva, y tal y como gritarían los entrañables seres deformes de La Parada de los Monstruos (Freaks, 1931): “uno de los nuestros”.

Ambientada en la segunda mitad del siglo XIX, I Sell The Dead (algo así como “Vendo la Muerte”) cuenta la historia de un par de delincuentes de baja estofa cuyo principal medio de subsistencia es la profanación de tumbas. Por desgracia para ellos viven a expensas de un médico que experimenta con los cadáveres y al que se ven obligados a vendérselos a un precio irrisorio, bajo amenaza de aquel de ser denunciados a la policía por sus actividades delictivas.

Una afortunada noche descubren que existe una clase muy especial de muertos que podrían aumentar considerablemente las expectativas de beneficios de su particular negocio.

A partir de una línea argumental tan sencillita como la que os acabo de describir, Glenn McQuaid se saca de la chistera una demencial mezcla de géneros repleta de guiños al aficionado al terror. Fantasmas, muertos vivientes, vampiros, mad-doctors, asesinos, cadáveres, tumbas… todos tienen su minuto de gloria en I Sell the Dead. Incluida una desternillante aparición especial susceptible de provocarle un intenso orgasmo al mismísimo Fox Mulder de Expediente X.

La vida de estos dos pillastres se cuenta a través de una serie de flashbacks que, en la mayoría de ocasiones, funcionan como historias totalmente independientes las unas de las otras, lo cual facilita enormemente a Glenn McQuaid la posibilidad de ir incluyendo toda una galería de variopintos personajes, extravagantes situaciones y elementos sobrenaturales que, en un estilo narrativo más lineal, difícilmente hubieran podido compartir un mismo espacio.

El resultado, en la práctica, es que asistimos a una experiencia muy similar a una antología de episodios (tomemos como referencia el Creepshow de George A. Romero) en el que el único punto de conexión entre las distintas historias es nuestra estrafalaria y torpe pareja de protagonistas.
Y como suele ocurrir en toda antología de episodios, en I Sell The Dead conviven momentos de un más que satisfactorio sentido del humor (ver la divertidísima secuencia del vampiro o la reacción de un zombi al contemplar la cara desfigurada de un miembro de la banda rival), junto a otros mucho menos inspirados, carentes de sofisticación, y en los que el exceso de diálogos intrascendentes y sin gracia logran despistar al espectador al tiempo que suponen un duro lastre para el ritmo de la película.

Pero si como comedia I Sell The Dead resulta tremendamente irregular y echamos decididamente en falta un puntito extra de locura y gamberrismo; como ejercicio formal y de estilo la película de Glenn McQuaid no tiene desperdicio alguno. Pese a contar con un presupuesto de guerrilla, I Sell the Dead hace gala de una excelente ambientación que nos transporta, sin aparente esfuerzo, a las añejas, góticas, coloristas y deliciosas piezas de la Hammer británica. E incluso cuando la película, en su recta final, nos transporta a una isla abandonada de largas palmeras y arenas blancas, tenemos la firme impresión de haber cruzado el umbral de la Isla del Tesoro de Stevenson y asistir a un delirante espectáculo de aventuras, piratas y tesoros ocultos (aunque en esta ocasión el tesoro oculto tenga los rasgos de un par de estúpidos muertos vivientes). En este sentido, la labor de Glenn McQuaid resulta impecable.

De la misma manera que también resulta sobresaliente el esfuerzo de todos los actores que forman parte del elenco de I Sell The Dead, desde la imponente presencia del siempre resolutivo Ron Perlman (Hellboy, 2004), pasando por las divertidas y revitalizantes interpretaciones del dúo protagonista, Dominic Monaghan (El Señor de los Anillos, 2001) y Larry Fessender (The Last Winter, 2006), y culminando con la enigmática y disfrutable participación de Angus Scrimm, al que los más viejos del lugar recordamos como el mítico Hombre Alto de la saga Phantasma.

No es una película para reír a mandíbula batiente ni tampoco creo que vaya a pasar a la historia como una de las mejores mezclas de comedia y horror. Pero tan sólo por recompensar la desfachatez y el atrevimiento mostrados por Glenn McQuaid al reunir en una película de época tal cantidad de monstruos y elementos sobrenaturales, sin que el experimento nunca llegue a descarrilar, y logrando que la cosa tenga su gracia en determinados momentos, vale la pena darle una oportunidad a este I Sell the Dead.

Una comedia simpática, amena, perfectamente ambientada, con grandes interpretaciones, alguna que otra sorpresa y, en definitiva, un ligero soplo de aire fresco para todos aquellos que deseéis descansar, durante unos instantes, de tanta sangre, tripas y horror.

Lo mejor: La acertada mezcla de subgéneros, monstruos y elementos sobrenaturales. Determinadas secuencias realmente graciosas.

Lo peor: Determinados momentos lastrados por el exceso de diálogos que no acaban de funcionar.

¿Dónde conseguirla?
Gore Nation: “I Sell the Dead” en VOSE.

Audie and the Wolf

Desventuras de un lobo despistado

Audie and the wolf

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  • Título original: Audie and the Wolf
  • Nacionalidad: USA | Año: 2008
  • Director: B. Scott O'Malley
  • Guión: B. Scott O'Malley
  • Intérpretes: Derek Hughes, Tara Price, Christa Campbell
  • Argumento: Un lobo propiedad de un indio abatido a tiros por un grupo de agentes federales huye hacia la ciudad. Atropellado por una bella aspirante a actriz, el lobo despierta en un habitación convertido en un ser humano.

38 |100

Estrellas: 2

Audie and the wolf

Contar con una buena idea que vender es, sin duda alguna, algo bueno, algo positivo. Intentar dilatar en exceso esa misma idea con la pretensión de que ofrezca un rendimiento más allá de lo que realmente da de sí… es peligroso. Me explico.

Audie and the Wolf, comedia independiente firmada por B. Scott O'Malley, parte de una atractiva idea (casi una anécdota), y en ningún momento se despega de ella. De manera que da vueltas, y vueltas, y más vueltas sobre la misma hasta lograr extenuarnos.

Un indio propietario de un lobo y sobre el que pesa una acusación de terrorismo, es abatido por un grupo de agentes federales. El lobo consigue escapar previa advertencia de su moribundo amo de que se aleje del mundo de los humanos.

Desorientado y sin rumbo fijo, el lobo es atropellado en mitad de la noche por una escultural (y siliconada) aspirante a actriz, quién, en un gesto que la honra (y que le acabará costando caro), recoge al lobo herido y lo lleva hasta su casa.

Un tipo desnudo y ensangrentado despierta en una habitación acompañado de una hermosa mujer tumbada en la cama… y degollada.

La idea que nos vende (o al menos lo intenta) B. Scott O'Malley es sencilla, pero lo suficientemente atractiva (a priori… al fin y al cabo alguien dijo que las ideas sencillas son siempre las más efectivas) cómo para captar nuestra atención y despertar nuestro interés por el devenir de este desdichado (y desconcertado) lobo convertido en humano.

B. Scott O'Malley le da la vuelta al género licántropo. Lo pone boca abajo y su Audie and the Wolf nos presenta a un antihéroe cuya naturaleza original es la de un animal salvaje (un lobo) que, por obra y gracia de no se sabe muy bien qué o quién, acaba convertido en hombre.

A partir de este punto de partida, que nos puede parecer más o menos original, más o menos simpático o gracioso (particularmente, la sola idea del lobo convertido en hombre, y las posibilidades cómicas que atesoraba dicha situación, me empujaron a darle una oportunidad a Audie and the Wolf), la película de B. Scott O'Malley se precipita hacia un terrible y doloroso desacierto: la monotonía.

El arsenal cómico de Audie and the Wolf se limita a Jon Doe (nombre que recibe el lobo en su versión humana) intentando, con pobres resultados, hacer frente a sus instintos animales (su hambre carnívora) y almacenando a un buen número de víctimas casuales (todo aquel que se acerque a los aledaños de la casa) en el sótano, con el propósito de mantener salvaguardado el secreto de su verdadera naturaleza salvaje.

El destino final de las víctimas de Jon Doe me lo guardo por ser uno de los puntos álgidos en la trama de Audie and the Wolf.

Cómo ya he apuntado antes, la idea inicial me parece atractiva. Incluso bien resuelta durante los primeros treinta minutos de la película, en los que B. Scott O'Malley aprovecha la extraña situación vivida por el sufrido protagonista para insertar todo tipo de chistes, más o menos acertados, muchos de los cuáles vienen acompañados con generosas dosis de sangre y gore (sin llegar en ningún momento al punto de que ello afecte a nuestros curtidos estómagos).
A destacar la esforzada labor de Derek Hughes, quién logra salir airoso de su arriesgadísima recreación de un lobo con apariencia humana.
Las posibilidades de caer en el más ridículo de los esperpentos eran muy elevadas, y sin embargo Hugues logra mantener el tipo en todo momento.

El gran inconveniente de Audie and the Wolf es que la fórmula se agota demasiado pronto. Y además se agota por el camino más cruel posible: el de la reiteración y, como consecuencia de ello, el aburrimiento.

El desarrollo de Audie and the Wolf es absolutamente plano. Lo experimentado en esos treinta minutos iniciales (Jon Doe acumulando víctimas en el sótano) vuelve a repetirse una y otra vez hasta llegar al final con las fuerzas muy justitas y con nuestro interés por la historia muy deteriorado.

B. Scott O'Malley intenta romper esa monotonía introduciendo un elemento romántico personalizado en la figura de Audie, una joven repartidora de carne a domicilio que se enamora perdidamente de Jon Doe. Sin embargo la relación entre ambos queda tan desdibujada y tan carente de emoción que, lejos de suponer un bálsamo o una tabla de salvación al tedioso desarrollo de la trama, acaba siendo un obstáculo más en el camino.

Con todo, Audie and the Wolf no es un desastre total. Logra funcionar puntualmente en la medida en que alguno de sus chistes funciona (pocos). Pero es una lástima que B. Scott O'Malley haya confiando tan ciegamente en su idea original y no haya sabido otorgarle a la historia algún otro aliciente que rompiera un desarrollo de la misma excesivamente rutinario.

Lo mejor: Su arranque.

Lo peor: Se vuelve monótona.

Sexy Killer

Hanibal Lecter con el fondo de armario de Paris Hilton

Sexy Killer

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  • Título original: Sexy Killer
  • Nacionalidad: España | Año: 2008
  • Director: Miguel Martí
  • Guión: Paco Cabezas
  • Intérpretes: Macarena Gómez, Alejo Sauras, César Camino
  • Argumento: La facultad de medicina comienza a sembrarse de cadáveres. La policía no tiene pistas de quién es el responsable de la carnicería. Nadie sospecha de Bárbara, una bella joven de aspecto inocente cuya única preocupación parece ser la moda.

62 |100

Estrellas: 4

Sexy Killer

Podría iniciar esta reseña diciendo que Sexy Killer es una película inusual, insólita, por el hecho de tratarse de una comedia española que realmente hace gracia. Pero esa probablemente sería una afirmación un tanto ofensiva, por lo que prefiero ahorrármela.

“Coloquialmente tontería. Cosa de poca entidad o importancia”. Esta es la definición que el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española ofrece sobre el vocablo “chorrada”. Y “chorrada” es el concepto que mejor define la esencia de una película como Sexy Killer. Una enorme y autoconsciente tontería con la que un servidor pudo divertirse de lo lindo.

Bárbara pasa sus días en una exclusiva facultad de medicina soñando con casarse con un joven cirujano de éxito, y asesinando impunemente a todo aquel que le lleve la contraria o la inoportune de algún modo.
Otro estudiante (una rata de laboratorio) inventa un sofisticado aparato que traduce en imágenes la actividad cerebral. Empeñado en descubrir la identidad del “asesino de la facultad” decide probar su invento con las vícitimas recientes de aquel, con la esperanza de que el experimento le proporcione alguna imágen del asesino. Los resultados de dicho experimento serán inesperados... y devastadores.

Sexy Killer pertence a ese tipo de comedias delirantes y desmadradas en las que el argumento cuenta muy poco. Una chorrada, una tonteria, una gamberrada, una idiotez si se quiere, pero siempre hablando desde el más absoluto respeto hacia una propuesta que, al fin y al cabo, únicamente podríamos incluir en el género de la comedia (ni siquiera podemos hablar de ella como una comedia de horror).

El dilema que se nos plantea es sumamente fácil de resolver: si la descomunal payasada que plantea Sexy Killer nos hace gracia, la película será, sin duda alguna, una agradable experiencia. Pero si a ese gran chiste que es toda la película en sí, no le encontramos la gracia por ningún sitio, Sexy Killer será un auténtico desastre que acabaréis odiando. Es así de fácil.

Por supuesto a partir de aquí podremos hablar de todo lo bueno y todo lo malo que, desde un punto de vista exclusivamente cinematográfico, nos ofrece la película dirigida por Miguel Martí. Pero ni siquiera bajo este punto de vista Sexy Killer presenta demasiadas dificultades.

La realización de Miguel Martí es rotundamente efectiva. Se siente cómodo en todo momento y no duda en utilizar toda clase de recursos, poco o nada originales, que ayudan a aumentar esa idea de que nos encontramos ante una gran broma: Bárbara hablándole directamente a la cámara, Bárbara siendo protagonista de las páginas principales de una revista de moda para psycho-killers que nos adiestra sobre cómo asesinar al tiempo que perdemos peso... Todo vale para mantener vivo ese tono delirante (y divertido) que, de forma consecuente, busca la película en todo momento.

Los actores mantienen un buen nivel. Ángel de Andrés está inconmensurable en el papel de inspector (como siempre), Paco León (Luisma en Aida) divertidísimo interpretando a... Paco León, César Camino y Alejo Saura cumplen a la perfección, y, por supuesto, destacar la potentísima presencia de Macarena Gómez, cuya adorable sobreactuación (exigencias del guión) de una asesina en serie, que se define a sí misma cómo un Haníbal Lecter con el fondo de armario de Paris Hilton, acaba erigiéndose, por méritos propios, en el principal aliciente cómico de Sexy Killer.

Me resultó sencillo reirme con Sexy Killer. Me reí con los asesinatos (aparatosos e imaginativos), me reí con determinados personajes secundarios (el desgraciado –Paco León- al que Bárbara le explica la historia de su vida), me reí con buena parte de los diálogos (César Camino intentando que un imbécil le preste su smoking en el lavabo de un restaurante), aluciné con el giro inesperado de los acontecimientos en el último tercio de la película y, por supuesto, disfruté una barbaridad con la ingente cantidad de referencias que adornan todo el metraje, desde las más obvias (Viernes 13, Posesión Infernal, El Silencio de los Corderos, Scream...),hasta las menos evidentes (Cocodrilo Dundee, Modesty Blaise, Terminator 2, Taxi Driver, La Noche de los Muertos Vivientes...).

Por supuesto Sexy Killer dista de ser una película perfecta. Algunos bajones en el ritmo provocados por un argumento de muy corto recorrido, su apuesta por un humor decididamente freak (aunque, personalmente, no creo que esto sea un inconveniente) y, lógicamente (suele ocurrir en este tipo de producciones), algunos chistes y situaciones supuestamente cómicas que fracasan de tal manera que no las salvaría ni el mismísimo Peter Sellers, seguramente provocaron que Sexy Killer no tuviera el recibimiento en taquilla que quizás se merecía.

Os propongo su recuperación a todos aquellos que no hayáis disfrutado todavía de Sexy Killer. Es indudable que no va a gustar a todo el mundo. Sexy Killer en tan sólo una gamberrada, delirante y desquiciada, cuyo único objetivo perseguido es el de divertir al personal. Quién consiga entrar en su juega se divertirá. Y quién no, posiblemente acabe odiándola.
Si finalmente soys de los que acabais odiando Sexy Killer, en esta ocasión os propongo que en lugar de acordaros de alguno de mis parientes más cercanos, le echéis la culpa al cine español en general, algo que nunca está de más y que siempre reconforta. Y ya veréis como de las diez próximas producciones españolas, al menos la mitad versaran sobre la guerra civil, la postguerra, o la transición. En fin...

Lo mejor: Su juego referencial, Macarena Gómez, y el hecho de que tan sólo intente divertir... y lo consiga.

Lo peor: Algún que otro bajón de ritmo y que la historia sea de muy corto recorrido.

Lesbian Vampire Killers

Ya están aquí los asesinos de vampiras lesbianas

Lesbian Vampire Killers

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  • Título original: Lesbian Vampire Killers
  • Nacionalidad: Gran Bretaña | Año: 2009
  • Director: Phil Claydon
  • Guión: Paul Hupfield
  • Intérpretes: Mathew Horne, James Corden, Paul McGann
  • Argumento: Una antigua maldición proferida por Carmilla, la Reina Vampira, convierte a las chicas de Cragwich en vampiras lesbianas al cumplir los 18. Jimmy y Fletch deberán hacer lo posible por salvar al pueblo de la maldición.

63 |100

Estrellas: 4

Lesbian Vampire Killers

Tommy Wirkola se salió con la suya. Su Dead Snow prometió zombis nazis en la nieve. Miles de aficionados al género nos imaginamos un sangriento festín de zombis nazis en la nieve. Y finalmente Dead Snow nos ofreció zombis nazis en la nieve… ni más ni menos.

El británico Phil Claydon decidió ir un poquito más allá y le puso a su película el título de Lesbian Vampire Killers. De nuevo a miles de aficionados se nos pusieron los dientes largos (y nunca mejor dicho) y nos imaginamos una orgía pulp en el que nos rodeaban bellísimas vampiras homosexuales dispuestas a chupar todo lo que se les pusiera por delante (básicamente sangre). Incluso algunos de esos aficionados se apresuraron a inundar páginas y páginas de la red profetizando un inigualable espectáculo de serie B desbordado de sexo y sangre por los cuatro costados (quiero ver vuestros dedos acusadores señalándome).

Por fin he visto Lesbian Vampire Killers, y os aseguro que disfruté. Lo pasé bien. Fueron 88 minutos de mi vida que pasaron volando. Pero también os garantizo que es muy difícil reseñar una película como Lesbian Vampire Killers sin mostrar un cierto tono de decepción en mis palabras. Aunque sea una decepción a medias.

Jimmy y Fletch son un par de fracasados que necesitan, urgentemente, unas vacaciones. Tras una ingestión masiva de pintas de cerveza en el pub de la esquina, deciden que la mejor forma de decidir el destino de sus vacaciones es lanzar un dardo sobre un mapa de Inglaterra colgado en la pared. El azar les lleva hasta Cragwich, una pequeña localidad al norte del país que, casualmente, se encuentra sometida a una poderosa maldición de Carmilla, la reina de los vampiros. Dicha maldición recae sobre las chicas del pueblo, quienes al alcanzar los 18 años de edad se convierten, irremediablemente, en vampiras lesbianas sedientas de sangre. Nuestros protagonistas, junto a una guapa estudiante del folclore local, y un expeditivo párroco cuya hija está a punto de cumplir los 18; deberán unir sus fuerzas para destruir la maldición que pesa sobre el pueblo, y con ella a la mismísima Carmilla, la Reina Vampira.

Permitidme que en esta ocasión empiece mencionando un par de cositas que no encontraréis en Lesbian Vampire Killers (y que, a la postre, serán motivo de decepción por parte de un buen número de aficionados). En Lesbian Vampire Killers no hay sexo. Hay algunas chicas sexys (realmente sexys... tan sexys como malas actrices), hay chistes sexuales, un par de destapes en el prometedor preámbulo (la promesa de algo que nunca llega a materializarse), y, por haber, incluso hay vampiras lesbianas que, de vez en cuando, se tocan (se rozan) y se besan. Pero todo acaba siendo tan suave, tan ligero, tan inocente, tan dócil… que intentar acercarse a Lesbian Vampire Killers (recordemos que ese es su título) en términos de sexo, acaba siendo un ejercicio de absoluta tristeza.
Lo que nunca sabremos es si guionista y director de Lesbian Vampire Killers tuvieron siempre en mente una versión tan mojigata y santurrona de su película (siempre hablando en términos de sexo), o si la autocensura, ante la posibilidad de incrementar el número de espectadores potenciales, hizo acto de presencia en algún momento del camino.
En cualquier caso, el resultado final es que Lesbian Vampire Killers es apta para cualquier seguidor de la saga de Harry Potter.

Y otra cosa que tampoco hallareis en Lesbian Vampire Killers es sangre, lo cual no deja de ser curioso tratándose de una película de vampiros. Hay algunas secuencias gore encaminadas (y creo que muy acertadamente) a resultar divertidas en lugar de asquerosas. Pero el rojo sangre, el rojo hemoglobina por el que el buen aficionado al terror siempre suspira… está ausente de Lesbian Vampire Killers. Cuando una vampira muere, su cuerpo estalla y fluye una sustancia blanca y espesa que no recuerdo haber visto nunca antes en una película de vampiros.
Al margen de si dicho líquido blanco y espeso es una metáfora del semen masculino –sic-, la pregunta que me hacía al ver morir a cada una de las vampiras siempre era la misma: ¿dónde demonios está la sangre?

Así que tenemos una película cuyo título es Lesbian Vampire Killers en la que apenas cobran protagonismo el sexo y la sangre. Pero entonces… ¿qué nos queda?
La comedia. Lesbian Vampire Killers es una comedia ligera, sencillita, inofensiva y de fácil digestión.

Los chistes se suceden uno tras otro, teniendo al personaje de Fletch como principal protagonista en la mayoría de ocasiones (por cierto, si a los cinco minutos de estar viendo Lesbian Vampire Killers decidís que el personaje de Fletch es insoportable –puede ocurrir-, os recomiendo que abandonéis el barco lo antes posible).
Y hay chistes de toda clase. Los hay de humor blanco y humor negro (o más bien gris). Hay chistes sexuales, los hay cinéfilos y referenciales, machistas, gruesos, chistes algo más sutiles, incluso hay chistes que se repiten una y otra vez hasta perder toda su gracia. En definitiva hay ocurrencias y chistes que funcionan y otros que no.

Por supuesto hay otros aspectos que también juegan a favor de la película. El aspecto visual de Lesbian Vampire Killers es magnífico. Su estética cómic resulta muy acertada. Las interpretaciones son todas ellas aceptables (a excepción de buena parte del elenco femenino cuando todavía no se ha convertido en vampiro) y las chicas son realmente sexys (aunque en este caso, el topicazo de ser guapa y tonta se cumple de forma aplastante). El ritmo es bueno y la comedia está presente en prácticamente cada plano que conforman los ajustadísimos 88 minutos que dura la película.

Si es que, en realidad, pese a que lo que estáis leyendo parezca una mala reseña de una película, lo cierto es que Lesbian Vampire Killers no está tan mal. Me pareció entretenida. Amena. Incluso divertida por momentos. Es cierto que me esperaba mucho más y que la mayoría de las expectativas que me había creado no han sido confirmadas, pero quizás ese sea un problema mío, y no tanto de Lesbian Vampire Killers.
Os recomiendo Lesbian Vampire Killers. No cómo el festival de sexo, sangre y colmillos que quizás muchos esperabais, sino como una comedia ligerita, simpática y de consumo rápido.

Para finalizar recordaros que esta es una ocasión inmejorable para destacar lo friqui y simple que un servidor puede llegar a ser. Así es, yo fui de los que a tenor de las primeras imágenes aparecidas, el trailer, y sobre todo el título de la película; llegué a creer en la posibilidad de estar ante una excelente comedia vampírica, repleta de sexo, sangre y risas. No ha sido así. El invento de Lesbian Vampire Killers se ha quedado a medio camino.
Lo único que me queda es seguir siendo igual de friqui, volver a entusiasmarme con una nueva propuesta que reúna ingredientes similares a los de Lesbian Vampire Killers y rezar para que, de una vez por todas, las expectativas se vean plenamente satisfechas.

Lo mejor: Sabe entretener.

Lo peor: Las expectativas creadas. Ofrece mucho menos de los que algunos nos esperábamos. Y la presencia final de Carmilla, lo peor con diferencia...

¿Dónde conseguirla?
GoreNation: "Lesbian Vampire Killers" en VOSE.

Red Victoria

Una musa de piel mortecina y carne putrefacta

Red Victoria

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  • Título original: Red Victoria
  • Nacionalidad: USA | Año: 2008
  • Director: Tony Brownrigg
  • Guión: Tony Brownrigg
  • Intérpretes: Arianne Martin, Edward Landers y Tony Brownrigg
  • Argumento: Jim se ve obligado a escribir un guión para una película de terror. El problema es que Jim detesta el género terrorífico. Tan sólo Victoria, su nueva y difunta musa, puede ayudarle a terminar su obra.

69 |100

Estrellas: 4

En esta ocasión me gustaría dedicarle la reseña de Red Victoria a Ed, Davo Valdés, Andrés Pons, Eli Campora, y Alicia Domínguez; para que nunca les abandonen sus musas.

Red Victoria

Victoria es una mujer hermosa, sensual, inteligente y apasionada; cuya única ambición es servir de inspiración a Jim, un guionista venido a menos que se ve obligado, en aras a su propia subsistencia, a escribir una película del género que más detesta: el terror.

Victoria sería la mujer perfecta, la amante más deseada; si no fuera por un par de detalles sin importancia. El primero de ellos es que Victoria está muerta. El segundo es su molesta tendencia a asesinar violentamente a todo aquel que se interponga entre Jim y la elaboración de su nuevo guión.

Este es, a grandes rasgos, el curioso y original argumento de "Red Victoria", una auténtica rareza dentro del panorama del cine independiente.

Dirigida, escrita, producida, y protagonizada por ese hiperactivo hombre orquesta que responde al nombre de Anthony Brownrigg, "Red Victoria" destaca por un par de razones que resultan del todo inusuales en una producción de género de bajo presupuesto: la descripción de sus personajes, y los diálogos.

Evidentemente atrapado en los estrictos límites de la total falta de medios (algo que podemos comprobar desde el primer fotograma de la película, el cual nos transmite esa incómoda sensación de estar ante una película de ámbito casero), Anthony Brownrigg esquiva y supera todas esas carencias y dificultades previas que plantea una producción de este tipo para ofrecernos, finalmente, una original, divertida y deliciosa película independiente de bajísimo presupuesto.

"Red Victoria" es una comedia con zombis, muertos y sangre. Pero no os lleveis a engaño, su fuerza no reside ni en el maquillaje de los muertos vivientes, ni en los efectos especiales (que los hay y no son tan desastrosos como cabría preveer), ni en los momentos de violencia y gore (que también están presentes. Impagable el instante en que Victoria intenta demostrarle a Jim que realmente está muerta).
Su genuino poder reside en sus palabras y en la arrebatadora personalidad de los pesonajes que las pronuncian.

Por un lado tenemos a Jim, desquiciado guionista al borde del colapso a causa de las presiones de su editor, quién le empuja a escribir una película terrorífica, género al que tiene en bajísima consideración y estima.

Su desesperación le llevará a solicitar la colaboración de Carl, un entrañable fanático de las películas de terror al que, muy probablemente, todos nosotros seríamos capaces de poner cara y nombre.

Y finalmente tenemos a Victoria, una musa de piel grisácea y carne putefracta que tiene la rara habilidad de modificar su aspecto a voluntad con la misma facilidad que intercambia su rol a lo largo de la película. Victoria puede ser dulce, sumisa, encantadora, adorable; para instantes después destaparse como una criatura cruel, despiadada, sádica e inhumana. Su relación amor-odio-asesinato con Jim, y todos aquellos que les rodean, constituye la piedra angular de "Red Victoria". Y los certeros y, en ocasiones, divertidísimos diálogos que moldean esas relaciones son la esencia de esta comedia de horror original y sorprendente.

(Agárrense que vienen curvas) Es algo así como si el mismísimo George A. Romero tuviera un breve encuentro con Woody Allen –sic- y le dijera: “¿qué te parece si hacemos una película juntos?”, a lo que Mr. Allen respondería “Perfecto, tú pones el zombi y yo los diálogos”.

Está bien... acabo de pasarme de la ralla. Es probable que mencionando al hombrecillo que acabó casándose con su propia hijastra esté propinándole una patada al culo a esta reseña. A todos los que no soporteis el cine de Woody Allen os imploro que borreis de vuestra mente el anterior párrafo (ya le gustaría a Allen contar con una película tan divertida y original en sus últimos 20 años de carrera). Lo único que he intentado con este despropósito sin pies ni cabeza es haceros partícipes de que "Red Victoria" es una película distinta (pido disculpas, supongo que había maneras mucho menos ridículas de lograr mi objetivo). Una película que rompe estereotipos. Una comedia repleta de humor inteligente y cuyos diálogos respiran sarcasmo, ironía y mordacidad.

Un adorable y del todo inesperado descubrimiento que viene a renovar, con más fuerza que nunca, mi fe por el cine de género de bajísimo presupuesto. Una auténtica delicia. Una delicatessen.

Lo mejor: los personajes y los diálogos.

Lo peor: corre el riesgo de ser una propuesta demasiado minoritaria.

Teeth

Poned a salvo vuestros penes...

Teeth

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  • Título original: Teeth
  • Nacionalidad: USA | Año: 2007
  • Director: Mitchell Lichtenstein
  • Guión: Mitchell Lichtenstein
  • Intérpretes: Jess Weixler, John Hensley
  • Argumento: Dawn, una adolescente que aboga por la castidad antes de llegar al matrimonio, verá cómo su vida cambia al descubrir el poder devorador de su vagina repleta de dientes.

65 |100

Estrellas: 4

Posters Teeth

Os propongo un juego de observación. Justo encima tenéis reproducidos tres posters que hacen referencia a la película "Teeth". El primero por la izquierda es un sensacional trabajo (sin duda el mejor de los tres) que finalmente fue censurado en los USA. El segundo bien podría transmitirnos la idea de que estamos ante una desenfrenada comedia juvenil con abundantes escenas de sexo ingenuo y festivo (al estilo de cualquier estúpida secuela de American Pie) y, finalmente, el tercer póster nos remite a una película más cercana al género de terror adolescente.

Ciertamente es complicado ubicar "Teeth" dentro de un género concreto (aunque personalmente creo que tampoco hay una necesidad perentoria de hacerlo…), razón por la que, posiblemente, una buena parte de su público no habrá podido evitar cierto desconcierto a la hora de asimilar lo que se les venía encima. Sobre todo aquellos que esperaban de Teeth una típica comedia juvenil alocada , zafia, gruesa y desvergonzada.

A mi me gustaría definirla como una sutil y moralmente confusa comedia juvenil de horror fálico. Intentaré explicarlo (hay que ver de qué manera me gusta complicarme la vida).

Mitchell Lichtenstein, director y guionista de "Teeth", nos presenta la historia de Dawn, una joven de fuertes convicciones católicas que le llevan a ser portavoz de una siniestra (y esta es una apreciación personal) campaña de abstinencia sexual por los colegios de la zona, y que descubre, tras su fallida primera experiencia con el sexo opuesto, el terrible secreto que guarda en el interior de su propio cuerpo.

Sin duda, el punto de partida es de esos que por su originalidad y el morbo que despierta, es capaz de despertar la curiosidad de un amplísimo abanico de potenciales espectadores. Y cuidado, cuando afirmo que Teeth es una apuesta original no estoy diciendo que sea innovadora. Pero creo que nombrar un par de títulos asiáticos semidesconocidos que tengan de protagonista a una chica con problemas similares a los de Dawn, es un ejercicio de innecesaria autocomplacencia que, seguramente, no tendrá ningún interés para todos aquellos que decidan acercarse a la película.

Lo que sorprende en un primer instante es el tratamiento reposado, tranquilo, contemplativo o, porqué no decirlo, lento (aunque acertado, en mi opinión), que Lichtenstein le otorga a la primera mitad de la película, en la que la presentación del personaje principal –la encantadora y angelical Dawn- y de todo el entorno de estricto conservadurismo que le rodea, supone una evidente crítica al puritanismo, al excesivo fervor religioso, y a la doble moral que siempre han caracterizado a la sociedad norteamericana en cuestiones de sexo.

Teeth no busca en ningún momento la carcajada sonora (aunque a un servidor le arrancara alguna que otra), sino que apuesta por lograr una sonrisa cómplice del espectador a medida que este vaya desgranando, poco a poco y sin demasiados sobresaltos –por el momento-, el contenido de denuncia social y el discurso moral algo equívoco que esconden sus imágenes.

Es una comedia en la que hay que prestar mucha atención a los detalles (y a esto me refería cuando hablaba de sutileza). Algunos de los diálogos que contiene la película son una auténtica delicia (ver en este sentido la clase sobre serpientes de cascabel), y detalles como el de las calles repletas de vallas publicitarias alusivas al sexo, o esos maravillosos eslogans que adornan las camisetas de la protagonista –y de sus amigos-, van calando y configurando, sin prisas, una inteligente y sarcástica propuesta menos blanca y más punzante de lo que, a priori, podríamos pensar.

También he afirmado que resulta “moralmente confusa”. Y así es. Lo que en principio parece un claro ataque frontal al puritanismo y a la represión sexual, finalmente deriva en una especie de defensa encubierta del amor sincero, puro y honesto cuando se da a entender que estos sentimientos son los únicos que pueden hacer frente y resistir, con ciertas garantías, a los envites del cruel asesino que habita en el interior de Dawn.
Por no hablar de la situación en que deja a la gran mayoría de ejemplares masculinos que hacen acto de presencia en la película (a excepción del padre). Todo espécimen masculino es susceptible de ser una auténtico cabronazo, violador, obsceno e indecente, cuya única finalidad es la de agredir con su pene a la casta e inocente Dawn. Se acabaron las sutilezas...
El castigo que les espera a todos ellos es ejemplar.

Y con el término "castigo" en mente, enlazo con la última parte de la definición de "Teeth": una película de "horror fálico". Es el momento de olvidarse de todos esos discursos morales y críticas encubiertas a las que hacía referencia (prescindiendo de todos ellos, la propuesta sigue siendo plenamente disfrutable), y prepararse para disfrutar de las sangrientas y dolorosas salvajadas cometidas por una Dawn convertida en la más dulce y vengativa de las castradoras, y dispuesta a poner en su sitio a todo ejemplar masculino que se le ponga por delante.

Llegados a este punto, Lichtenstein se destapa con una serie de escenas de lo más explícitas y bizarras, salpicadas con generosas dosis de gore (aunque sin exagerar), y que logran, con creces, su principal objetivo: que la totalidad del género masculino cierre sus piernas y emita un casi inaudible gemido (y no precisamente un gemido de placer. Especial atención la terrible y divertida escena protagonizada por un ginecólogo que, sin duda, tuvo mejores días en su consulta).

Cuando Dawn deja salir su ira, la cosa se pone realmente fea y dolorosa para todos aquellos que, en alguna ocasión, nos hemos sentido orgullosos de nuestro pene.

"Teeth" posiblemente sufra los problemas propios de un proyecto al que es muy complicado ubicar en un género específico. No es ni la típica comedia adolescente de horror, ni tampoco la orgía gore que quizás muchos esperaban.
En su lugar tenemos una película repleta de ironía, crítica, sexy (gracias al buen trabajo de la actriz protagonista), algo confusa en sus planteamientos de fondo, salvaje y sangrienta en la justa medida, y deliciosamente divertida. Una pequeña joya independiente a descubrir.

teeth

Lo mejor: Poder disfrutar, sin complejos, tanto de su carga crítica como de las diversas escenas de castración.

Lo peor: Ciertas deficiencias en el ritmo y en el guión, sobre todo en la primera mitad de la película.

The Cottage

El difícil arte de mezclar humor y slasher.

The Cottage

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  • Título original: The Cottage
  • Nacionalidad: Reino Unido | Año: 2008
  • Director: Paul Andrew Williams
  • Guión: Paul Andrew Williams
  • Intérpretes: Andy Serkis, Reece Shearsmith, Jennifer Ellison
  • Argumento: Tres perdedores deciden solucionar sus problemas financieros secuestrando a la hija del jefe. Por desgracia, los alrededores de la cabaña en la que esconden a la víctima, no parecen ser un lugar demasiado seguro...
DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3.5/5
the cottage

Mezclar humor y terror no es algo novedoso. La fórmula nos ha deparado algunas obras maestras, tales como "Terrorificamente Muertos" (Evil Dead 2, 1987), de Sam Raimi, una horror movie plagada de situaciones cercanas al slapstick; "Tu madre se ha comido a mi perror" (Braindead, 1992), de Peter Jackson, cuya comicidad derivaba de su exceso ultra-gore; o incluso la más cercana "Zombies Party" (Shawn of the Dead, 2004), de Edgar Wright, una comedia pura –y desternillante- que recorre sin prejuicios todos los elementos comunes al subgénero zombi.

The Cottage, dirigida por el británico Paul Andrew Williams, no alcanza las cotas de calidad de las anteriores, pero sí supone un vigorizante soplo de aire fresco dentro del actual panorama del cine de género.

La película consta de dos partes muy bien diferenciadas argumentalmente. En la primera se nos muestran las desventuras de tres absolutos perdedores, torpes e incompetentes hasta gritar basta, que deciden solucionar sus problemas económicos secuestrando a la hija del jefe y ocultándola en la pequeña cabaña a la que hace referencia el título de la película. Ni que decir tiene que su estrategia para sobrellevar su particular crisis económica resulta, desde el principio, condenada al desastre. A la decrepitud mental de los presuntos delincuentes, se une una durísima víctima del secuestro que opone más resistencia de la deseada.

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Lo mejor: Su estimulante mezcla de géneros.

Lo peor: Que los aficionados al terror puro no sepan aceptarla.