Comedia

Hollyblood

Ni para adolescentes

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Deadball

¡Despelote "made in Japan"!

Deadball

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Deadball

Jûbei tiene súper poderes. En un futuro diatópico el joven muchacho se convierte en terrorista tras matar accidentalmente a su padre, mientras practicaban un poquito de béisbol. Las habilidades marciales de Jûbei lo llevan a ser uno de los criminales más buscados por el dictatorial estado, y a todo cerdo le llega su San Martín. Una vez capturado, le proponen a nuestro héroe canjear su condena por infiltrarse en una liga de béisbol entre prisiones. Entre la espada y la pared, y con la esperanza de encontrar a su hermano también preso, accede a participar por mucho que odie usar sus poderes en el traumático deporte. Una vez en la cárcel/campo de concentración se da cuenta de que la liga esconde algo más. Su equipo rival, Las Dalias Negras, le enseñaran que el béisbol no está reñido con la masacre, como el se obstina en creer.

Deadball es uno de los más recientes splatters, de la factoría Sushi Typhoon, productora nipona independiente aglutinando a varios directores como Yoshihiro Nishimura, Noboru Iguchi o incluso el polémico Sion Sono. Una empresa que nació con la voluntad de conseguir una libertad creativa que pudiese dar salida a su visión netamente pop del terror. Una visión compartida por muchos artistas orientales – muy interesante sería repasar la carrera del creador de videojuegos Suda 51, cuyo estilo corre paralelo al de la Sushi Typhoon – , donde lo visual sirve de vehículo de entretenimiento renunciando a profundas reflexiones morales o filosofía zen, en este caso se trata de epatar el ojo del espectador.

Lo mejor: Su desenfadado y gamberro humor. La actuación de Tak Sakaguchi.

Lo peor: Su propia condición de producto intrascendente.


Chop

El karma es un hijo de perra

Chop

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Chop

Lance tiene un encuentro bastante extraño, y dramático, con un desconocido que parece conocerle. Esa misteriosa persona está dispuesta a destruir pedazo a pedazo la vida de Lance, si este no recuerda lo que hizo en el pasado. Por el camino, los miembros amputados de Lance servirán de rastro de miguitas de pan, señalando el ayer de un hombre, que tal vez se merezca todos los males que descarguen sobre él.

Hoy me gustaría extenderme menos de lo habitual a la hora de hablaros sobre Chop, así que disculpadme por mi brevedad o celebradlo en el caso de creer que siempre meto unos rollos de aupa – precisamente lo que cree un servidor –. Pero, ¿por qué intentar ser más conciso, ¿tienes prisa? ¿sale tu vuelo a las Islas Caimán y Scarlet Johansson te espera en la puerta de embarque? Pues no, Sacrlet que tenga paciencia, así lo haremos esta noche con la pasión común tras una pelea de enamorados. No, la clave radica únicamente en la idiosincrasia de Chop. Como si de una película de Hitchcock se tratase, entrar en detalles con ella es hacerle un flaco favor: por mucho que lo intentase acabaría destripándola más de la cuenta. Aquí se trata solo de recomendarla sin ambages, y dejar que cada uno saque sus propias conclusiones. Aun así intentaré explicaros que se esconde tras la interesante portada de Chop.

Lo mejor: La actuación de los dos antagonistas principales.

Lo peor: El desenlace, no está a la altura del guión previamente desarrollado.


Chillerama

Una broma interna muy larga

Chillerama

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Chillerama

Es la noche de cierre del último drive-in de Norteamérica. El mágico lugar donde miles de parejas han intimado dentro de su coche, bajo la atenta mirada plateada de la pantalla. Cecil B. Kauffman, su viejo y desquiciado gerente, ha planeado terminar con su negocio a lo grande, la traca final, cuatro películas prohibidas durante años y que solo ahora verán la luz para escándalo de los escasos asistentes a esa última noche. Horror y humor se dan la mano para homenajear una forma única de entender el cine, sombras y engaños para verter sangre y esperma sobre los encandilados ojos de los espectadores.

Hoy me gustaría hablaros un poquito – atención a la tremenda chapa que suele seguir estas palabras – sobre Chillerama. Una de las antologías de terror de hornada reciente más esperada por los aficionados a la serie B. Cuatro cortometrajes que intentan rendir tributo al cine con que sus directores alimentaron su pasión por el séptimo arte y, más en concreto, el género del terror, independientemente de su pelaje, credo o contenido. Puro espectáculo de entretenimiento medido a través de los ojos de cuatro cineastas modernos con cierto bagaje en esto del retro-cine, con habilidad para entreverar sus obras con un sabor deudor de décadas pasadas. Una mezcla que nace de la falta de prejuicios, el descaro, el gamberrismo y el humor más chusco, con la intención de pasar un buen rato, tanto creando el producto como vendiéndolo (los caretles y artwork no tienen desperdicio, la verdad). Pero aquí radica el primer y más grave escollo de Chillerama: ¿dónde queda el público? Los ojos externos que intentan disfrutar, divertirse con la creación artística de otros. Pues para ser sinceros, el espectador pasa a un triste segundo o tercer plano en cuanto a lo que esta antología nos ofrece.

Lo mejor: La última de las historias "Zom-b-movie" y el constante homenaje a cintas clásicas del género.

Lo peor: El nivel cómico es muy bajo, esta tomada tan poco en serio que resulta poco menos que una broma: muy divertida para sus creadores y algo fría para nosotros, como espectadores.


Santa's Slay

¡El Papá Noel del wrestling!

Santa's Slay

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Santa's Slay

Santa Claus no es el viejo barbudo y gordinflón cuya bondad define el almibarado espíritu navideño. No señor, las leyendas, las tradiciones y todo lo que os contaron vuestros padres son una vil mentira. Santa es el sulfuroso hijo del mismísimo diablo, la semilla de Satán, y una progenie con muy malas pulgas. Famoso en remotas épocas por su ira y capacidad para la destrucción, hizo imposible la paz de la humanidad con sus masacres, hasta que un buen ángel descendió a la tierra para retarle con un juego, que por supuesto ganaron los buenos. Así, fue castigado al exilio durante 1.000 años, hasta el Día de Navidad de… esperad que mire el calendario… ¡oh! Precisamente hasta este mismo día. ¡¡¡Preparaos porque este año Santa ha dejado los regalos en el Polo Norte y ha llenado su zurrón de mamporros, patadas voladoras y llaves de lucha libre!!!

Estamos ante una película de terror tratando el tema navideño con bastante humor y falta de prejuicios, con una curiosa mezcla de candidez adolescente y ánimo gamberro que transgrede la barrera del cine juvenil lo suficiente como para encajar en las degeneradas miras de los “ghoules” y vampiresas de Almas Oscuras. Una de esas películas que vienen a la mente cuando hablamos de recomendar películas de horror (con muchas comillas) centradas en una temática estacional tan escasa dentro de nuestro género favorito. No obstante, no esperéis la seriedad o la calidad de obritas como Rare Exports o la intensidad terrorífica de producciones despiadadas y crueles como Noche de Paz, Noche de Muerte o Navidades Negras; en absoluto, estamos ante una cinta muy ligera y humilde, cuyo acabado al estilo telefilm no intenta ocultar nunca lo poco en serio que se toma a sí misma. En cierta medida podríamos considerarla cercana a Sint, por su base argumental y por lo poco serio de su desarrollo, aunque desde luego la acidez es la estrella de la cinta holandesa frente a lo inocua que finalmente resulta esta co-producción Canadá/USA.

Lo mejor: En fechas como las que vivimos resulta un divertimento adolescente/gamberro único. Goldberg se sale como Santa Claus demoníaco.

Lo peor: Ligera, muy ligera. Verla sin el espíritu adolescente "on" es tirarse a la piscina sin agua.