VOD

Has filtrado por categoría: Página de inicio | Críticas

A Serbian Film

El Lado más oscuro del ser humano

Ver ficha completa

  • Título original: Srpski film
  • Nacionalidad: Serbia | Año: 2010
  • Director: Srdjan Spasojevic
  • Guión: Aleksandar Radivojevic y Srdjan Spasojevic
  • Intérpretes: Srdjan Todorovic, Sergej Trifunovic, Jelena Gavrilovic
  • Argumento: El descenso a la locura de un ex-actor porno en la Serbia actual.
DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 4.5/5

a serbian film

“Acusar a la maldad de los tiempos es excusarnos a nosotros mismos. (THOMAS FULLER)”

Antes de comenzar con la crítica/reseña de esta maravillosa salvajada tengo que hacer una pequeña aclaración: desde que tengo uso de memoria la curiosidad ha sido una enfermedad en mí, tanto para lo bueno como para lo malo, tanto para saberme hasta los directores de fotografía de mis películas favoritas o conocer más de 20 tipos de hongos comestibles, hasta llegar lo más lejos posible para intentar comprender el porqué de las grandes calamidades que ha provocado el ser humano a lo largo de la historia. Eso hace, no solo que sea ateo hasta la médula, sino que haya visto por voluntad propia películas y documentales – por no hablar de libros y ensayos – que dejan esta película tan “controvertida” a la altura de un episodio de Farmacia de Guardia. Y no quiero ir de plan lo-he-visto-todo, sencillamente me atrae mucho el lado oscuro de las noticias y me gusta saber todo lo posible. Ejemplo: que leo en una esquina pequeñita de la página 42 de cualquier periódico algo como: “Crece el número de víctimas en Ciudad Juárez, 25 mujeres muertas en lo que llevamos de mes”, y yo me digo, qué??, como es posible…pués me acabo comprando Las Hijas de Juárez y acabo casi llorando de la crueldad y el desprecio que se tiene en este “estado del bienestar” por las mujeres, especialmente las más indefensas. Seguir leyendo…

Lo mejor: La tensión angustiosa, el climax final, la valentía, el nivel técnico, los actores...casi todo vamos.

Lo peor: Que la promocionen y la critiquen como la película de la "escena".

La Horde

Sangre, sudor... y zombis

La Horde

Ver ficha completa

  • Título original: La Horde
  • Nacionalidad: Francia | Año: 2009
  • Director: Yannick Dahan, Benjamin Rocher
  • Guión: Yannick Dahan, Benjamin Rocher, Arnaud Bordas
  • Intérpretes: Claude Perron, Jean-Pierre Martins, Eriq Ebouaney
  • Argumento: Un grupo de delincuentes y un grupo de policias deberán unir sus fuerzas para escapar de un viejo edificio infestado de zombis.

60 |100

Estrellas: 4

La Horde

La propuesta era, sobre el papel, de lo más apetecible. Un par de directores jóvenes, motivados, y con nombres y apellidos franceses (importante… o no). Un argumento que se anunciaba como un cruce entre La Jungla de Cristal (cumbre de la acción ochentera con un Bruce Willis en camiseta imperio y en plena forma, yipi-ti-yak) y el subgénero zombi. Y unas primeras imágenes y un trailer que a muchos nos hizo relamernos de placer pensando en lo que nos podía deparar La Horde, sin duda una de las producciones más esperadas del año… al menos en cuanto a los aficionados a los muertos vivientes se refiere. Veamos en qué ha quedado todo.

Por un lado tenemos a un grupo de peligrosos delincuentes. Por el otro, una partida de policías con cuentas pendientes y ansias de venganza. El campo de batalla, un viejo y destartalado edificio situado a las afueras de la ciudad. Pero el destino les depara una desagradable sorpresa a nuestros protagonistas. Cuando una horda incontrolada de violentos – y hambrientos – zombis irrumpa en el edificio, se verán obligados a unir sus fuerzas si desean sobrevivir.

Eso es todo lo que tiene para ofrecernos La Horde. Ni más… ni menos. El argumento de La Horde se fundamente en una anécdota. Un pequeño lugar en el espacio/tiempo dentro de un Apocalipsis Zombi del que, pese a que la película no se esfuerza en explicarnos absolutamente nada acerca de él, todos conocemos sus motivos y sus consecuencias a la perfección. ¿De dónde salen los zombis? ¿Por qué los muertos han regresado y se están comiendo a los vivos? Quizás algunos de vosotros se plantee este tipo de cuestiones; a La Horde, sencillamente, no le interesan.

Cómo espectadores y aficionados al género terrorífico, tenemos la experiencia y el bagaje suficiente para retroalimentarnos, para obtener nuestras propias respuestas. Un virus, una catástrofe medioambiental, el experiemento fallido de un gobierno en horas bajas o una sonda extraterrestre… que más da. La Horde se salta este paso previo y se centra en lo único que realmente le interesa: DELINCUENTES, POLICIAS, ACCIÓN Y ZOMBIS. Así, en mayúsculas. Y todo lo demás resulta superfluo, prescindible.

En realidad La Horde no es más que un efectivo ejercicio de género que combina una serie de elementos propios del cine de acción con el subgénero zombi. ¿Los ingredientes? Disparos, violencia, sangre, conflictos entre personajes, luchas cuerpo a cuerpo, humor negro… Aunque, desde luego, no todos estos ingredientes funcionan a un mismo nivel.

Gran parte de la violencia exhibida por La Horde cumple de sobras con su cometido. Hay secuencias espectaculares y brutales (en ocasiones rozando la caricatura) en las que los zombis suelen llevarse la peor parte. Violencia contundente, estética y generosa en hemoglobina, lo que nos viene a recordar que las cabezas pensantes detrás de La Horde son franceses.

Y todavía nos queda pendiente el gran problema potencial de La Horde: ¿Qué hacer con los tiempo muertos? ¿Que será de La Horde cuando la violencia, la acción o los zombis no sean los protagonistas absolutos de la función? Pues incluso en este caso Yannick Dahan y Benjamin Rocher demuestran ser unos tipos hábiles, sacando a un conejo de la chistera en forma de veterano de guerra que se cree inmerso en plena contienda de Indochina y para el que los zombis no son más que soldados chinos a los que hay que eliminar en aras a defender la patria (vive le France!!!). Un personaje impagable que, por momentos, se come al resto de protagonistas de La Horde (enzarzados, por otro lado, en molestos y cansinos conflictos morales). Un tipo para recordar… (atención a la secuencia en la que pretende “curar” a uno de los delincuentes que ha sido mordido por un zombi en una pierna).

Pero no nos engañemos. La Horde no ha hecho temblar los cimientos del subgénero. No ha sido la revolución que quizás algunos vaticinamos, o al menos mantuvimos viva la esperanza de que así fuera. Y obviamente queda lejos de clásicos modernos del subgénero como pueden ser “28 semanas después” o “El Amanecer de los Muertos” (aunque quizás pedirle un nivel similar a dos directores nóveles no fuera justo por nuestra parte… por muy franceses que sean).

Pese a todo La Horde me pareció una película entretenida, correcta en sus niveles de violencia (aunque en este ámbito no esté a la altura de recientes muestras del cine de horror francés), con un atractivo acabado visual, unos zombis muy logrados, con altibajos en la trama (los conflictos entre policias y criminales o entre miembros de un mismo grupo, nunca llegaron a despertar mi interés), y con uno de esos finales que no suele congregar a demasiados adeptos.

Recomendada. Es muy posible que se encuentre por encima de la media en cuanto a lo que viene ofrenciéndonos, en términos generales, el subgénero zombi en los últimos años; pero cuidado con ser demasiado exigentes con La Horde.

Lo mejor: Cómo híbrido de película de acción y zombis cumple a la perfección. Entretiene.

Lo peor: Quizás las altas expectativas nos jueguen una mala pasada. No está llamda a ser un clásico del subgénero.

Spirit Camp

¿Si linchamos al director pasaría algo?

Ver ficha completa

  • Título original: Spirit Camp
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Kerry Beyer
  • Guión: Kerry Beyer
  • Intérpretes: Kerry Beyer, Julin, Alyssia Dujmovich
  • Argumento: Infame parodia cutre del slasher más clásico-básico

15 |100

Estrellas: 1

Photobucket

1.-QUE ME DEVUELVAN LA PASTA:

No, en serio, quiero los 60 céntimos de mauro que me costó el dvd en el que grabé esta ponzoña; le voy a mandar un mail al director diciéndole que o me devuelve la pasta o le dejo sólo en una habitación con los grandes éxitos de Bustamante en repeat y fotos de la Duquesa de Alba en pelotas. Bueno, si me concede una cita con Julin, una de las protagonistas de este truño tamaño Puerta de Brandenburgo, tal vez sólo le ponga “El baile del Gorila” de Melody a volumen industrial.

PhotobucketY es que la verdad es que este slasher de medio pelo no hay por donde cogerlo, ni en una noche de esas en las que te tragas lo que sea, ni en uno de esos momentos que te apetece ver tetas y sangre. En cualquiera de los dos casos vas a terminar más cabreado que Rouco Varela en un concierto de SLAYER . De todas formas soy consciente que alguna vez dije que a un slasher de los actuales no se le puede exigir demasiado, pero cuando te venden la moto de que estás ante un fenómeno de película que sabe mezclar VIERNES 13 con BRING IT ON, pero en su lugar te encuentras con la perpetración de una de las películas más prescindibles de los últimos años, pués… yo me cabreo. NO por que sea mala, que lo es con alevosía y nocturnidad, sino porqué hay material para haber hecho una película muy cachonda, o muy “slasher”. Y no sólo se queda en medio, sino que desaprovecha de forma casi humillante los recursos de los que dispone.

2.-MÁS TORPE QUE AMAIA MONTERO DE RESACA:

PhotobucketY hay que reconocer que el comienzo promete, por lo menos en la parte del humor y la parodia que viene asociado con la película. Estamos en el campamento de Cheerleaders “Lumis Camp” (¿no os suena al doctor Loomis de Halloween?) donde una porrista (me encanta el término sudamericano para cheerleader) más borracha que la Duquesa de Alba intentando ligar con un “porrista” varón, algo más difícil que leer La Razón sin gomitar, con la previsible aparición de un psicópata al más puro estilo Jason Voorhees jugando con un hacha a desmembrar a la susodicha. Dos años más tarde un grupo de Cheerleaders pelín hijaputas se trasladan al citado campamento para mejorar sus habilidades (lease colocarse, follarse hasta las ardillas y ponerse un cartel que diga Mátenme, soy anormal), bajo la supervisión de una porrista nazi, su amigo gay que se pasa la peli haciendo calceta y un par de secundarios más que prescindibles. En el último momento se suma una especie de Suicide Girl, en truño, con un pasado tormentoso y menos creible que los titulares del AS.

Y ahí es donde radica el principal problema de la película. NO se puede plantear una historia como si fuera un parodia y al mismo tiempo incluir elementos dramáticos (la citada Suicide Girl fue violada durante días y su novio cumple cárcel de por vida por defenderla) y ser capaz de mantener ese necesario equilibrio para que no se convierta en una parodia de si misma o una excusa para ver tetas y culos.

3.-SI NO FUERA POR JULIN….:

PhotobucketFuera de coñas, si no hubiera sido por la presencia de la citada JULIN la verdad, para ser 100% sincero, no habría aguantado más allá de la primera media hora… entre que pillas al asesino en 10 minutos, los diálogos unineuronales, la torpe parodia y unos diálogos que parecen escritos por un chimpance meta-anfetaminico hay que tener mucho cuajo para aguantar la peli entera. Sinceramente solo la recomiendo para desconectar completamente la sinapsis, beberse 2 litros de cerveza, inflingirse un duro catigo pulmonar y borrarla inmediatamente del disco duro…

Lo mejor: Casi nada, tal vez la presencia de JULIN y los 15 primeros minutos

Lo peor: ¿TODO?

RoboGeisha

Vivo ó muerto usted se lo montará conmigo

RoboGeisha_Poster

Ver ficha completa

  • Título original: RoboGeisha
  • Nacionalidad: Japón | Año: 2009
  • Director: Noboru Iguchi
  • Guión: Noboru Iguchi
  • Intérpretes: Yoshihiro Nishimura, Aya Kiguchi, Asami
  • Argumento: Dos hermanas que estudian para Geishas, son secuestradas por una malvada mega corporación, convirtiendolas en cyborgs asesinos que acometan sus oscuros planes.

75 |100

Estrellas: 4

RoboGeisha_Grande

A vueltas, nos encontramos una vez más, con otra muestra del splatter japonés de nueva generación: RoboGeisha, de la mano del incansable Noboru Iguchi. Lejos estamos de los pasos balbuceantes que daban los habitantes de las islas, a mediados de los ochenta, con la infame saga Guinea Pig. A estas alturas de la película, y más de veinte años después, las cosas ya no son iguales en el país del sol naciente. Su cultura milenaria, su serena forma de ver la vida está profusamente infectada por occidente. Las fronteras se difuminan en las regiones civilizadas y se agudizan en el tercer mundo; el trafico de cultura trash por fin es “legal” en Japón. Como resultado de ello, y particularizando en el cine gore, las películas orientales se van alejando de sus lastres pasados para convertirse en obras perfectamente internacionales, con el añadido de una envidiable profesionalidad en todas las facetas de estas producciones.

En esta ocasión quiero hacer hincapié en las dos ramas de la evolución de esta cultura gore, nacidas al amparo de la citada saga y de otras obras de culto como Tokio Snuff ó incluso Tetsuo de Shinya Tsukamoto.
Realmente no creo que en el séptimo arte sea fácil clasificar una producción dentro de un marco cerrado, dado que cada cinta contiene su propia idiosincrasia. Más si cabe cuando estamos hablando de algo tan poco definido como el cine gore; “¿películas donde debemos ver mucha sangre?” Una definición patética sabiendo que cada película es de su padre y de su madre. Sin embargo, para entender mejor (si es que hay algo que entender en tamaña comedia) RoboGeisha, veo necesario hablar un poquito de las dos corrientes más visibles del cine “sangriento”, que nos llega desde el borde oriental del mundo. Además, sobre mi consumido organismo empiezo a notar los efectos de la indigestión provocada por tanto pecho ametralladora, shuriken anal y ojos rasgados. Así pues, considerando esta reseña como mi canto del cisne personal dentro del splatter japonés (al menos en lo que a realizar reseñas se refiere), no veo mejor momento para estas y otras divagaciones. Aunque insisto en que se trata de una simplificación para acercarnos a un género incomprensible y, por si fuera poco, proveniente de un país incomprensible para los occidentales.

1) ¿Hasta donde puede llegar el ser humano?

RoboGeisha_Apoyo1

Digamos que esta rama del gore nipón hunde sus raíces en las cintas, prohibidas y mitificadas, de los excesos por antonomasia: Guinea Pig. Todos conocemos la bipolaridad existente en Japón. Su sociedad no alienta la expresión de los sentimientos y deseos; produciéndose, en el interior de la mayoría de sus ciudadanos, una fascinación por todo aquello que resulte extremo, perverso y morboso. De hecho, el tratamiento del dolor y el sexo es tan gélido que, a veces, uno se siente un maldito mirón indecente viendo este tipo de películas. La citada saga es un ejemplo de esta fascinación malsana. Todo un recital de abominaciones perpetradas por humanos sobre el cuerpo humano; rozando el masoquismo intelectual, vamos. Otro ejemplo, algo más light, sería la saga Evil Trap (ó Tokio Snuff); incluso me atrevería a decir que las obras más viscerales de Shinya Tsukamoto (Tetsuo, Bullet Ballet, Haze ó Tokio Fist) son, a la vez, influencia y ejemplo de esta rama.
Sin embargo, sus descendientes espirituales van siendo más difíciles de descubrir hoy en día. Es un estilo de cine, el de la casquería sin sentido, que se ha ido perdiendo en oriente. Entiendo que la influencia cultural externa, en las nuevas generaciones de japoneses, los lleve a interesarse más por otro tipo de visiones. Aunque siempre hay gente para todo y como muestra sirvan las imágenes que encabezaban este párrafo. Pertenecientes respectivamente a esos escasos delicatessen de la atrocidad: Cruel Restaurant (2008), Naked blood (1995) y la infame Grotesque *(2009). *

2) Los efectos de un empacho de wasabi

RoboGeisha_Apoyo2

Citado anteriormente, ese interés que los jóvenes nipones sienten actualmente por la cultura trash y pop proveniente de Europa y E.E.U.U., nos lleva sin remisión a un tipo de cine que pierde parte de su identidad cultural en pro del divertimento naif y rápido. Sobre todo por la relevancia que adquiere, en estas películas, el elemento cómico. ¿Urotsukidoji + Troma? Bueno, desde luego el sexo y la sangre siguen fascinando a un país que aun le cuesta mostrar abiertamente sus pensamientos; pero la fascinación ejercida ya adquiere unos tintes más (y perdonad por el giro) “tarantinianos”. Con un núcleo central muy parecido, estas producciones gustan de mostrarnos a guapas jovencitas luchando empapadas en sangre contra alguna amenaza de interés irrelevante. De hecho, un detalle significativo es el uso de actrices provenientes de las “pinku eiga” (ó cine erótico extremo por simplificar). Otro dato relevante, es la ausencia de un guión de peso; cierto es que el gore nunca ha necesitado de un guión para justificarse, pero esta rama, donde las tonterías, los momentos surrealistas y los personajes histriónicos abundan; parece más propicia para el desarrollo de una historia interesante dentro de sus absurdos. Aunque por lo general, excepto gloriosas excepciones (como Tokio Gore Police), la profundidad argumental es aun menor que en sus hermanas de “frío y sucio gore cuasi-snuff”.
Pero no todo es malo; todo ese batiburrillo de influencias suele dar buenos momentos dentro de estas películas. Y como todas siguen líneas muy parecidas, probablemente debido a que los equipos de producción de todas ellas comparten más de un par de nombres (entre los que destaca el infatigable Yoshihiro Nishimura); una vez vista una, si te gusta, tienes siempre entretenimiento para rato. Muy similar a los muñequitos de los transformers; todos se parecen, pero si te gusta uno no puedes dejar de querer más.
Al contrario que las cintas de la otra rama, este sub-sub-género parece vivir una época dorada, viendo desde hace tres años una media de tres/cuatro producciones anuales de una calidad en crecimiento. Para que os hagáis una idea, ahí va una pequeña lista con alguna de las imprescindibles presentes y futuras:

The Machine Girl (2008)
Mutant Girls Squad (2010)
Tokio Gore Police (2008)
Vampire Girl vs Frankenstein Girl (2009)
Samurai Princess (2009)
Gothic and Lolita Psycho (2010)

En resumen, unas cuantas horas de falditas cortas, erotismo de salón influenciado por Shin-Chan, aberraciones varias inspiradas por la nueva carne de Videodrome y Tetsuo, exagerados chorros de sangre provenientes de las cintas de samuráis y ninjas de toda la vida (esas que presentaba Coral Bistuer en el legendario programa Cinturón Negro), gags de dudosa comicidad y todas las chorradas que queráis añadir. Un estilo, que creo este año, ha llegado a su cenit y quizá se acerque a una prematura decadencia provocada por el exceso de producción, algo también muy típico en Japón, ese hermoso país sin medida.

Pero la pregunta es: ¿y en qué lado se encuentra RoboGeisha? ¿El frío y degenerado gore limitado solo por la imaginación de los torturadores? ¿El festivo y colorista “trash” de las falditas colegialas teñidas de rojo?

Vemos si la sinopsis nos aclara tan trascendentales dudas:

Yoshie y Kikue Kasuga, son dos huerfanitas que aprenden las artes de la Geisha; es decir, como complacer a un hombre a través de la sumisión total a sus deseos; allí, en una perdida academia de una época fciticia.

Yoshie es la hermana menor y más hermosa, pero vive a la sombra de su cruel hermana. Hasta que un día, Hikaru Kageno, el joven propietario de una mega corporación ,se fija en ellas dos y decide acogerlas en su hogar para enseñarles las habilidades definitivas de una geisha: el asesinato mediante la seducción

Aya KiguchiSupongo que viendo la foto de la actriz que interpreta a Yoshie (Aya Kiguchi), acompañando a estas palabras habréis deducido rápidamente por donde van los tiros y katanazos en RoboGeisha; mejor que una sinopsis, ¿verdad?. Espero que las féminas sepáis disculpar este lúbrico recurso, pero una imagen vale más que mil palabras; además reconoceréis que la chica está de muy buen ver. Efectivamente, esta película no tiene ni pies ni cabeza, no existe guión, los personajes son más planos que un Power Ranger con resaca, los diálogos de una telenovela son Quevedo en comparación…pero esta vez Noboru Iguchi se ha conseguido superar, creando la comedia splatter más compacta de toda esta hornada; y dado el número de títulos habidos no es moco de pavo.

Ya en la previa The Machine Girl, este director/guionista apuntó por donde le gustaba viajar a sus neuronas: una filia nacional con mujeres de cara de muñequita, la alteración de miembros corporales en armas y un sentido del humor entre los momentos menos inteligentes de los Monty Python y los momentos más inteligentes de Cañita Brava.

Lo cual deja a un pobre servidor sin recursos para reseñar tamaño compendio de chistes destinados a encefalogramas planos. Es más, el trailer muestra toda la sustancia que pueda contener el film. No habría mejor reseña que este. Sin embargo, si que se pueden puntualizar un par de aspectos que interesaran tanto a noveles en el sub-sub-género, como a los expertos en la locura amarilla.

Desde luego se dan cita en RoboGeisha toda la suerte de características típicas del splatter nipón. A saber:
a) Actrices pinku repitiendo en películas de otros amigos (en este caso Asami la cual pudisteis disfrutar en The Machine Girl ó Sukeban boy) y un total protagonismo de estas. ¿Los actores masculinos? Siempre secundarios cuando estas hembras aniñadas hacen aparición en pantalla.
b) Exceso a la hora de mostrar la acción ó violencia. Un exceso más cercano a los mangas de Dragon Ball que a los horrores góticos de Junji Ito ó Hideshi Hino.
c) El uso de los detalles más superficiales de la estética cyberpunk, como el reemplazo de partes del cuerpo por piezas robóticas. Vamos, que al final del metraje nuestras protagonistas excitarían incluso al terminator más frígido.
d) El humor y los sentimentalismos están a la orden del día. De esa forma tan japonesa donde los responsables del guión parecen muchachitos de diez años. Al menos ante los ojos del que suscribe.

Sin embargo, más allá de esta suerte de tópicos, Noboru Iguchi ha sabido plantear todo su discurso de una forma más adulta y loca a la par. Si tuviese que destacar algo por encima, diría que el humor funciona en el 90% del metraje. Eso sí, siempre dentro de los cánones del humor absurdo, de la exageración demente. Basten solo unos ejemplos, ¿habéis visto alguna vez edificios sangrar? ¿disparar shurikens con el culo? ¿una geisha-transformer? Pues aquí los veréis y con un ritmo e introducción adecuado para la risa. Incluso los números musicales y de baile, que en otras producciones se me suelen hacen pedantes, aquí consiguieron arrancarme sonrisas de incredulidad y diversión. Por encima de todo, como comedia funciona a la perfección y de ahí su nota, porque arrancará alguna sonrisilla hasta al emo más atormentado.
Creo que la formula de este acierto se basa el uso de un humor más irónico deseoso de burlarse de algunas de las bases culturales de Japón, como sus tradiciones alrededor de las geishas y sus clientes, las películas clásicas de Godzilla y Ultraman (Kaiju Eiga) ó la tradición robótica representada por los mechas de la serie Robotech ó el imperecedero Mazinger Z . Definitvamente estan aprendiendo a reirse de ellos mismos.
Incluso uno no puede evitar acordarse, medio en broma, de algunas escenas de la mítica RoboCop.

Como el ying y el yang, como el alpha y el omega ó cualquier principio de equilibro universal, esta vis cómica tan pronunciada tiene un precio asociado. A diferencia de luminarias como Yoshihiro Nishimura en Tokio Gore Police ó incluso el mismo en su anterior The Machine Girl, Noboru no está a la altura en el splatter, en la sangre, en la aberración. Más bien justito el nivel de hemoglobina, con unos efectos especiales de preponderante CGI (¡tch!, a mi la sangre por ordenador me chirriará toda la vida), cuya misión es siempre provocar la risa. Delirante es el momento en que unos robots tengu (un espíritu tradicional japonés de simbología fálica) se dedican a eyacular leche hirviendo porque…porque…ummm no recuerdo…¡ahh! ¡Sencillamente porque sí!

Sorprendentemente el nivel de ñoñerias, véase la relación entre las dos hermanas cuyas gazmoñerías producen nauseas, es menor que en otros títulos. Esta ahí, pero no se hace tan evidente quizá porque el ritmo de la película es muy alto. Aunque no sirve este ritmo para contar nada, no es una cinta en la que esperase giros de guión apabullantes, pero es que la condenada tiene menos desarrollo argumental que Vampire Girl Vs Frankenstein Girl. Pero ninguno os acercareis a RoboGesiha por las bondades de su guión, ¿verdad? Y puede que tampoco lo hagáis por las dotes interpretativas del elenco de actores, a lo mejor os lleváis una sorpresa viendo que los actores cumplen de sobras con su cometido; por simple que este fuera. En especial, Aya Kiguchi resulta todo un descubrimiento para lo que son los estándares del patrimonio actoral en Japón.

Con respecto a otros detalles técnicos también estamos ligeramente por encima de la media (a excepción de los efectos especiales por ordenador, demasiado llamativos a propósito). La banda sonora, el vestuario y una fotografía, insistente en realzar el amplio despliegue cromático y luminoso de la eficaz cámara de Noburo, consiguen recrear un mundo de fantasía sencillo, donde todo es posible. ¡Incluso la canción protesta! La edición no se queda atrás aportando ese ritmo anteriormente comentado, el cual no deja espacio para el aburrimiento.

Resumiendo, nos encontramos en un momento dulce para el splatter festivo que llega desde ese lejano país de locos, en el buen sentido de la palabra. Sus películas encuentran buena respuesta internacional, son lucrativas dado sus presupuestos relativamente ajustados y se dispara el talento de sus jóvenes realizadores, que están logrando con la experiencia una profesionalidad digna de alabar. Por el lado negativo, decir que esta profesionalidad y productividad dan cierta sensación de saturación. Encontrándonos cintas que están cortadas por el mismo patrón, hasta con los mismos actores; se resta un poco de magia a todas las locuras que sus responsables tienen a bien compartir.
En el caso concreto de RoboGeisha, la recomendación de su visionado resulta obligada puesto que resulta una comedia interesante por si sola; así como un homenaje a todos los asiduos a ese cine lleno de japonesitas ligeras de ropa y psicotronías propias. Aunque es importante destacar la importancia de una predisposición por parte del espectador; acercase hasta RoboGeisha solo con ganas de echar unas risas tontas, es la mejor y única invitación para verla.

Lo mejor: El humor, todo en RoboGeisha está al servicio del mismo. Y sorprendentemente funciona; especialmente por su gamberrísima escatología

Lo peor: Al hacer tanto hincapié en la comedia absurda, para aquel que no sea plato de su gusto, va a encontrar la cinta más odiosa de su vida. Y los clásicos momentos lacrimógenos (buf!)

¿Dónde conseguirla?
La Morgue Cinema: “RoboGeisha” en VOSE (¡Gracias Eddie!).

Unspeakable

Cosas que no pueden expresarse con palabras

Unspeakable

Ver ficha completa

  • Título original: Unspeakable
  • Nacionalidad: USA | Año: 2000
  • Director: Chad Ferrin
  • Guión: Chad Ferrin
  • Intérpretes: Roger García, Tamera Noll, Leigh Silver
  • Argumento: Tras un accidente en el que su hija muere y su mujer queda en estado vegetativo, James se sumerge en una espiral de violencia en la que se confunden su sentimiento de culpabilidad con su necesidad de redención.

65 |100

Estrellas: 4

Unspeakable

“Unspeakable” es una película que da que pensar, y a muchos niveles. Primero, en qué hace que un director del montón consiga, poco a poco, ir haciendo películas hasta conseguir el nivel técnico –lo que se corresponde con un nivel equivalente de presupuesto, aunque siempre dentro de la serie B- de una obra como “Someone’s Knocking at the Door”. Y la respuesta es que Chad Ferrin no es un director del montón. Dentro de toda la serie Z directa a dvd – hace diez años, fecha de “Unspeakable”, probablemente hablábamos de video todavía -, algunas obras puede tener todas las carencias del mundo, pero también tienen un par de buenas ideas que sustentan, de mejor o peor manera, todo el visionado.

Y es que, nada más empezar, la cabecera de la Troma nos da bastantes pistas de lo que vamos a ver. Todo es muy barato en esta película, pero eso no es un obstáculo. Los interiores no están nada cuidados, por lo que imagino que seran las casas de algunos de los responsables. Los exteriores tampoco están bien elegidos, fruto, seguramente, de la cercanía al centro de producción más que de las necesidades del argumento. Y el reparto lo conforman un grupo de ilustres desconocidos que, eso sí, defienden bien su material.

La primera escena es un buen ejemplo de cómo se hacen las cosas en la casa de Lloyd y Kaufman: sin recursos pero con estilo, siempre que uno esté dispuesto a ello. James (Roger Garcia) conduce por un túnel mientras discute con su mujer Alice (Tamera Noll). En un momento álgido de la discusión, descubrimos que en el asiento trasero, intentando dormir, va su hija Heather (Leigh Silver). Acto seguido, sucede lo que te temías desde que empezó la escena: hay un accidente. El único que sobrevive al cien por cien es James; su hija Heather muere y su mujer Alice queda desfigurada y medio vegetal de por vida. Esta escena está contada en, básicamente, tres planos: uno frontal del coche, desde donde somos testigos de la discusión de James y Alice y de la aparición de Heather para revelar su presencia en el momento más inoportuno; un inserto de una luz cegadora sobre un primer plano de James, con el off de un choque; y un tercero en el que ya ha sucedido el accidente y el hombre sostiene a su hija en sus brazos. Se nota que es así por un tema presupuestario pero, también, que lo que vemos es lo que necesitamos ver, ni más ni menos. Nos basta con el sonido del choque y luego ser testigos de las consecuencias del mismo.

James percibe este suceso como una condena. Se llevaba mal con su mujer y adoraba a su hija por encima de todas las cosas, y la vida le castiga a perder a su ser querido y a “cargar” con la esposa. Así, contrata a Barry (Timothy Muskatell), un enfermero, para que cuide de ella, mientras él se dedica a deambular por la ciudad… Así, la noche en la que conoce a una prostituta, las cosas se disparatan. A la vez que nos enteramos de que Barry abusa sexualmente de la inválida Alice, James cree oír hablar a su hija Heather a través de la prostituta, y no pudiendo controlar su sentimiento de culpabilidad, la asesina cruelmente. Se convence, por tanto, de que si sigue matando chicas conseguirá comunicarse más a menudo con ella, y quién sabe si conseguir traerla de vuelta otra vez a este mundo.

Culpabilidad, depravación moral y conductual, y una constante búsqueda de la catarsis se unen de un modo magistral en esta película tan “sucia” como “limpia” a partes iguales. Y un mensaje contundente y demoledor surge de toda la mugre que impregna el metraje: lo fácil que es censurar a los demás, y lo difícil que es hacerlo para con los hábitos de uno mismo. Una idea puede que nada original, pero que sólo cuando está bien expuesta revela todo el potencial que posee. Así, por ejemplo, en “Unspeakable” tenemos la figura del narcotraficante, Hell (Wolf Dangler), que si bien suministra y vive de la venta de drogas, detesta a todos los seres marginales que van en busca de su dosis, y sueña, contradictoriamente, con una sociedad mejor sin la escoria de los vagabundos o los yonquis. También, al Sacerdote, el cura que oficia el entierro de Heather, cuyos vicios, lamentablemente, están de actualidad en todos los periódicos…

Está claro que al señor Ferrin le fascinan las conductas “pervertidas” (me niego a poner esta palabra sin comillas, lo siento). Y, como siempre, consigue ofrecer un par de escenas de bastante mal gusto, escandalizando al personal. Sin embargo, lo que en otras películas es el único mérito, aquí, tras lo señalado anteriormente, se convierten en un motor importante del mensaje de la película. A esto me refería cuando comenzaba diciendo que hay algo que diferencia a algunas películas del maremagnum de la serie Z; de hecho, me gusta pensar que existe esta categoría de películas, este mercado, para que se hagan este tipo de obras que, incluso dentro de la misma serie B, puede que no pudieran encontrar su lugar, dado que mientras mayor alcance tenga una película, mayor es la censura –autocensura, en muchas ocasiones.

Conforme vamos llegando al tramo final de “Unspeakable”, convencidos, además, de que su título se debe a la especie de conexión mental que se establece entre James y su difunta hija Heather, las distintas historias que se han ido desarrollando –algunas más torpemente que otras- se van cerrando y encajando, revelando e incidiendo en el que para mí es el mensaje principal de la película. Especialmente significativa, a este respecto, es la rebelión espontánea que tiene lugar entre los sin techo en el tramo final, defendiendo a uno de ellos de una agresión, en un arrebato de “dignidad de clase”. Y el final, por supuesto, como buena conclusión, se guarda un nuevo as en la manga. Es un final que, la mayoría de las veces que se ha hecho, ha desbaratado todo el trayecto. Y, sin embargo, aquí funciona muy bien. Cambia el punto de vista de varias cosas y, sobre todo, del título. Lo que no puede expresarse con palabras, no puede expresarse con palabras porque es demasiado atroz, y ahí lo dejo…

…aunque hay una especie de subtema, a este respecto, que me parece reseñable. Lo que no puede expresarse con palabras es algo que James no es capaz de reconocerse a sí mismo, y tiene una equivalencia en el personaje de Barry, el enfermero que abusa sexualmente de su mujer inválida. Este hombre tiene su cuarto de baño lleno de fotos de chicas desnudas y posters de películas plagadas de mujeres, entre ellos el de “Escupiré Sobre tu Tumba”. Puede querer decir, o interpretarse, como la necesidad de encontrar el rol social de uno en función de las cosas que le hacen disfrutar… así como poner de relevancia la torpeza de los seres humanos cuando nos guiamos por razonamientos tan básicos como “me gustan las pelis en las que violan a tías” por lo que “me dedico a abusar de tías”. Este sería el estadio más básico de este comportamiento; un cierto grado de evolución lo presenta James con su conflicto; el tercer nivel, el más sofisticado, no está presente en esta película, aunque se puede desprender de ella: y es el de aceptar con libertad y naturalidad los impulsos y encauzarlos de un modo saludable y “normalizado”.

En definitiva: a pesar de sus irregularidades y de sus carencias presupuestarias, creo que “Unspeakable” es una película a la que vale la pena acercarse de un modo desprejuiciado. Es mucho lo que se puede sacar de ella si se consigue hacer la vista gorda a, por un lado, sus obscenidades, y, por otro, sus tocas formas cinematográficas. En mi caso, desde luego, fue muy sencillo obviar todo esto.

Lo mejor: Que con 20.000 dólares se puede hacer una película profunda.

Lo peor: Que no tuvieran mucho más dinero y mucho más tiempo.

La Sentencia del Diablo

El asesino viaja en una silla eléctrica

La sentencia del diablo

Ver ficha completa

  • Título original: The Devil's Chair
  • Nacionalidad: Gran Bretaña | Año: 2006
  • Director: Adam Mason
  • Guión: Adam Mason, Simon Boyes
  • Intérpretes: Andrew Howard, Pollyanna Rose, Olivia Hill
  • Argumento: Nick West es testigo de cómo una vieja silla eléctrica acaba con la vida de su novia. Ahora deberá enfrentarse de nuevo a la silla para lograr la libertad.

62 |100

Estrellas: 4

The Devil's Chair

Que complicado resulta hablar bien de una película como La Sentencia del Diablo. Yo creí que Blood River, película de Adam Mason posterior a La Sentencia del Diablo, pasaba por ser una apuesta controvertida y arriesgada que sin duda despertaría sentimientos muy contradictorios entre el aficionado (… y sigo creyéndolo). Pero esa sensación de que una determinada película pueda convencer a un minúsculo porcentaje de aficionados al cine de terror se acrecienta, de manera exagerada, tras el visionado de La Sentencia del Diablo.

Una cosa me queda clara: ni Adam Mason, ni su colaborador habitual en tareas de escritura Simon Boyes, son tipos que se decanten por el camino fácil. La Sentencia del Diablo no es el baño de sangre ni la monster-movie barata que algunas de sus imágenes pudieran hacernos presagiar. Es algo mucho más complejo que, nuevamente, tiene que ver con la naturaleza violenta del ser humano. Con la locura. Con el reino de lo irracional.

Nick West, tras consumir una pastilla de éxtasis, contempla, impotente, como su novia Sammy es salvajemente castigada por una vieja y macabra silla eléctrica abandonada en el interior de un destartalado sanatorio mental.
Sin recordar demasiados detalles sobre lo ocurrido, Nick West despierta con su ropa empapada en sangre. Sammy ha desaparecido, y por supuesto nadie cree la absurda historia de Nick sobre la silla eléctrica. Sospechoso del asesinato de Sammy, Nick es internado finalmente en una institución psiquiátrica en la que pasa varios años intentando recuperar su cordura.

La posibilidad de abandonar la institución le llega con la propuesta del Dr. Willard, prestigioso psiquiatra que acaricia el proyecto de escribir un libro basado en su propio caso. El citado doctor tan sólo le impone una condición de obligado cumplimento: Nick West deberá regresar al lugar de los hechos y enfrentarse nuevamente a la silla del diablo.

La voz en off del propio Nick West (excepcional Andrew Howard, actor fetiche de Mason al que resulta imprescindible escucharle en su potentísima voz original) nos sirve de guía en un viaje en el que nada es lo que parece y en el que todo acaba cobrando sentido (o en el que todo acabará siendo un rotundo sinsentido…) gracias a uno de esos giros argumentales destinados a cosechar adeptos convencidos y aguerridos detractores a partes iguales. Y es que este es el gran inconveniente al que uno debe enfrentarse cuando decide acometer una película tan especial como es La Sentencia del Diablo: la película de Mason se lo juega todo a una carta final. Si esa carta final logra seducirnos y sorprendernos al mismo tiempo, La Sentencia del Diablo tiene francas posibilidades de convertirse en una propuesta interesante, atractiva, distinta y de la que poder extraer un buen número de sensaciones positivas.

Si por el contrario esa carta final es un fiasco, La Sentencia del Diablo está condenada al fracaso más estrepitoso, hasta el punto de que el espectador pueda sentirse estafado y considere el juego propuesto por Mason como un enorme absurdo, sin sentido ni interés alguno.

Todo lo que acontece previamente a ese tramo final de La Sentencia del Diablo no es más que un cúmulo de trillados clichés que nos remiten a un centenar de películas de horror precedentes: el artilugio que nos transporta a una terrorífica dimensión (en la propia película se cita a Hellraiser), el demonio tentacular sediento de sangre (con un aspecto ochentero de lo más eficaz), el mad doctor que se ayuda de un viejo diario para abrir las puertas del infierno, la rubia gritona que encontrará el fin de sus días en sujetador… En definitiva un sinfín de caminos ya recorridos, gastados, con olor a rancio y que apenas podríamos salvar gracias a la actuación de Andrew Howard, a la buena labor de Mason tras las cámaras (nuevamente una película de bajísimo presupuesto da la impresión de ser “algo más” en manos del realizador británico), a una excelente labor de ambientación y/o al simpático diseño del monstruo. Poco más …

… hasta que llega el momento en que la propia voz en off del protagonista (esa misma voz en off que nos ha llegado a cansar en algún que otro instante) nos abofetea, nos devuelve a la realidad, y pone sobre la mesa una situación totalmente distinta a lo experimentado hasta el momento. El riesgo es descomunal. El espectador tiene que armarse de paciencia, digerir como buenamente pueda los dos primeros tercios de metraje – afortunadamente la labor de ambientación de Mason y unas cuantas secuencias que saben transmitir cierto desasosiego y turbación, logran que estos dos tercios iniciales sean, al menos, soportables -, y cruzar los dedos para que el giro final de los acontecimientos consiga sorprenderle y acabe siendo de su agrado.

Personalmente el final de La Sentencia del Diablo me sorprendió (de verdad que no me lo esperaba) y me convenció. Y lo que es más importante, acabó otorgándole sentido al cúmulo de banalidades al que había asistido hasta ese preciso instante. Cuando estaba a punto de sentenciar a pudrirse en el olvido a La Sentencia del Diablo me di cuenta de que director y guionista sabían perfectamente lo que se traían entre manos. Comprobé que la absurdidad de la propuesta respondía a una razón, a una realidad que no llegué a imaginar. Si la película, hasta llegar a su tercio final, era pueril y banal, Mason lo sabía. Si tenía muy poco que ofrecer más allá de su ambientación y un simpático monstruo/diablo, Mason era consciente de ello. Y es un auténtico alivio comprobar que finalmente el director está de tu lado, es tu cómplice, y que toda esa banalidad tiene una razón de ser.

Es cierto que, en el fondo, lo que nos explica La Sentencia del Diablo ya lo hemos visto en otras películas, no es estrictamente novedoso, pero lo que sí me pareció audaz, certero, y repito (no me cansaré de hacerlo) tremendamente arriesgado, fue la manera en la que Mason y Boyes lo cuentan.

No espero grandes adhesiones a La Sentencia del Diablo. Estoy seguro de que amasará un buen plantel de detractores (y hasta cierto punto lo entiendo), pero para un servidor es la confirmación de que en la actualidad, y en el panorama del terror independiente, muy pocos realizadores dan tanto por tan poco. Los seguidores de Mason tenéis una cita obligada.

Lo mejor: El final, la presencia de Andrew Howard, el monstruo y la labor de Mason tras las cámaras.

Lo peor: Si el final no convence la experiencia puede resultar un auténtico desastre.

Basement Jack

A la sombra de Michael Myers

Basement_Jack_Poster

Ver ficha completa

  • Título original: Basement Jack
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Michael Shelton
  • Guión: Brian Patrick O'Toole
  • Intérpretes: Eric Peter-Kaiser, Michele Morrow, Sam Skoryna
  • Argumento: Un joven asesino en serie es dado de alta en el manicomio donde estaba recluso. Ha llegado el momento de atar los cabos que dejo sueltos en el pasado.

40 |100

Estrellas: 2

Basement Jack Grande

Hace algunas semanas tuve el gusto de traeros Evilution, una cinta independiente de infectados/zombies/alienigenas que abría una trilogía sin más nexos arguméntales que la ubicación física de la trama. Dicho nexo lo encontramos en un edificio de apartamentos llamado “El Necropolitan” y el administrador de la finca, un tipo misterioso que siempre aparenta saber más de lo que dice y gusta de coleccionar extraños artefactos. Hoy tenemos con nosotros a la segunda película de este peculiar tríptico, Basement Jack. La citada serie de películas, esconde la sana intención de mostrar tres ejemplos arquetípicos de los subgéneros más destacados dentro del cine de horror: zombies, slasher y creature-movies. Todo ello desde una perspectiva realmente independiente, con autonomía y, obviamente, con pocos medios. Entre los responsables de todo este tinglado (que unos adjetivan como pretencioso y otros como ambicioso) encontramos a Brian Patrick O’Toole co-productor de la remarcable Dog Soldiers. Ya veis que todo el equipo detrás de este proyecto está fuertemente ligado al terror y a lo fantástico, solo hace falta echar un vistazo a la carrera del citado productor. Todo este bagaje se tiene que reflejar de alguna manera en Basement Jack, y de hecho lo hace; pero uno no puede evitar tener la sensación de que las buenas ideas se quedan a medias debido a la opción tomada de seguir siempre el camino más fácil.

Jack Riley es un niño solitario y callado, que vive sometido a la crueldad de una madre demente. Estoico, soporta las torturas de una mujer loca y resentida. El dolor por la ausencia de su padre y la falta de una familia real que le quiera, van haciendo mella en su mente. Sin amor y amamantado por el sufrimiento de todas las vejaciones a las que su degenerada madre le somete, termina por convertirse en una maquina de matar.

Ya como hombre adulto, su vida transcurre entre asesinatos y más asesinatos, con los que va bebiendo la normalidad de las familias a las que despedaza. Escondido en sus sótanos, aguarda el momento de recrear, con las carcasas de sus victimas, momentos perfectos de su niñez que nunca sucedieron.

Tal día como hoy, en Los Ángeles, se avecina una oscura tormenta. Los rayos cruzan el cielo preludiando la llegada de la muerte. Karen Cook, la única superviviente de los crímenes de Basement Jack, da a parar con sus huesos en la ciudad californiana justo a tiempo para la tormenta. Busca con odio al asesino de todos sus seres queridos, desde que liberaron a Jack del manicomio, sabe que su persecución en círculos tenía que enfrentarlos, tarde ó temprano, en algún sitio. Parece que las paredes del “Necropolitan” volverán a ser testigo de una matanza, un enfrentamiento al que ni siquiera el dedicado cuerpo de policía de Los Ángeles podrá poner coto.

Basemente Jack falla en los mismos puntos que su predecesora, Evilution, ya flojeaba. Es obvio, que el guionista ha querido recoger todas las piezas de los asesinos en serie que desfilaron previamente por las plateadas pantallas de un cine, para crear una nueva figura icónica, que dada la escasez de recursos, tanto narrativos como técnicos, se queda en un personaje bidimensional que puede llegar a inspirarnos pena, pero nunca miedo. Aun partiendo de la base de que el género de los slasher está demasiado constreñido por sus propias reglas, la cinta que nos ocupa denota un preocupante desinterés en desarrollar una historia con un mínimo de profundidad. Todo el guión en una rapiña a ideas de Halloween (bien la versión de Carpenter ó la de nuestro industrial amigo Rob Zombie) y no pocas de Terminator, al menos así me pareció por el uso de la heroína vengadora, que por momentos asemejaba un remedo pobre de Sarah Connor. De esta forma, tenemos un guión bastante flojito donde no se sabe muy bien porque va apareciendo Jack en las distintas casas donde da rienda suelta a su locura, y tampoco llegamos a entender las idas y venidas de Karen junto a un grupo de policías que destacan por sus diálogos anodinos y su inutilidad manifiesta.

No me entendáis mal, esto es un slasher puro y duro (aunque los productores inciden en los fuertes aires a western que yo no he conseguido más que intuir), con lo que no podemos pedir profundidad a diálogos ó desarrollo de personajes; incluso en su humildad y en la falta de ambición por añadir elementos propios, el director consigue que los tópicos funciones en su película, eso sí, a trompicones. Sin embargo, la narración es tan caótica y cogida por lo pelos que descentra de lo verdaderamente importante en estos casos: la escenográfa de las muertes y la caracterización, física y psicológica, del asesino.

Existen dos ó tres escenas destacables con respecto a las muertes. Una bastante bien orquestada en la comisaría (de la cual se hace bastante eco el trailer) y otras brillando con luz propia gracias a su estatismo; me refiero a la típica habitación pintada con sangre y cadáveres en posiciones inquietantes. Hago hincapié en el estatismo porque cuando se desarrolla acción física en pantalla, Basement Jack ofrece la peor de sus caras dado el uso extremadamente tosco de la infografía. Lo siento, a mí siempre me rechinará el que los cuchillos atraviesen a sus victimas por medio de los efectos CGI. Así que en este apartado tampoco encontraremos una buena película. Es más, el uso de la iluminación (más bien escasa en todo momento) no es el más inteligente. Se intenta aumentar la intensidad de las escenas con un abuso de los flashes, representado rayos de tormenta eléctrica, que más bien recrean una atmósfera falsa y paranoica no apta para epilépticos. Ese presupuesto tan limitado, que se maneja, es dolorosamente patente durante todo el metraje.

Jack Riley, interpretado por el también protagonista de Evilution Eric Peter-Kaiser, no consigue pasar de primo pobretón de Michael Myers. Con su pinta de “techno-okupa” silencioso, no consigue impactar ni epatar a nadie. Aunque a su favor hay que decir que Peter-Kaiser lo interpreta con una buena dosis de estoicismo, aportando rudeza (parece mentira después de haberlo visto como el Doctor Hall) en su mirada torva. El típico uso de la mascara blanca, muy forzado, denota por donde van los tiros; dejamos aparte el pudor para realizar una película de bajo presupuesto, copia de tantas otras, y que salga lo que dios quiera. Yo siempre estoy a favor del cine independiente aunque solo sea por esa voluntad de hacer las cosas a tu manera, digamos que por la autenticidad. Pero el bueno de Basement Jack no pasará a la historia como un personaje memorable. Y eso que los repetidos (quizás en demasía) “flashbacks” donde contemplamos su sufrimiento infantil aportan ese difícil entendimiento de las motivaciones de un asesino, del cual carecen muchas cintas similares. Pero no es suficiente.
En definitiva, el otro pilar en que ha de sostenerse un serial-killer decente se viene abajo.

Entonces, estamos en un punto en el que casi no puedo decir nada agradable de la película. Es más, al contrario que en la primera parte de la pseudo-trilogía, la aprición del edificio de apartamentos es más reducida. Lo cual es una pena, porque los mejores momentos, a mi parecer, nos los sigues ofreciendo los misteriosos cimientos de una edificación decadente y su, no menos decadente, administrador. Espero con ganas el cierre de la serie, para visionar a tan estupendo personaje en todo su esplendor y, sobre todo, bien interpretado (no como a todos esos policías que pululan tras Basement Jack, como pollos sin cabeza).

Por lo demás, no os molestéis mucho con esta producción. Se vuelve rápidamente aburrida por las pobres actuaciones y la desagradable manía de trasladar a los personajes de ubicación sin ninguna transición, dando una impresión muy molesta de proyecto poco trabajado. Porque puedes tener pocos recursos, pero demostrar que tienes voluntad de entretener al espectador, siempre hace que hasta el más ínfimo proyecto suba de categoría. Este no es el caso y no recomiendo su visionado más que a personas que disfrutaran (algo) con su predecesora y quieran seguir las aventuras y desventuras que transcurren bajo las húmedas paredes del Necropolitan.

Lo mejor: Las breves escenas donde aparece el administrador del Necropolitan y la fuerza estética de contadas escenas y, como no intenta innovar, los típicos recursos del slasher funcionan

Lo peor: Actuaciones poco creíbles, un despropósito en cuanto a coherencia narrativa y un uso de los efectos especiales, cuando menos, deficiente

Cheun a.k.a. Slice

Una infancia rota

Ver ficha completa

  • Título original: Cheun
  • Nacionalidad: Tailandia | Año: 2009
  • Director: Kongkiat Khomsiri
  • Guión: Wisit Sasanatieng y Kongkiat Khomsiri
  • Intérpretes: Arak Amornsupasiri, Jessica Pasaphan, Artthapan Poolsawad
  • Argumento: Un asesino en serie mantiene en jaque a la policía tailandesa, y su única esperanza son los recuerdos de un ex-convicto.

85 |100

Estrellas: 5

Photobucket

1. ESTIGMAS:

Nacer en Tailandia conlleva varios estigmas, siendo uno de ellos el propio hecho de nacer en este determinado país, parque de atracciones de la cara más despreciable de la humanidad. Si naces allí tienes MUCHAS posibilidades de acabar conociendo ese lado tenebroso, si eres de los pocos que tienen pasta la usas para conseguir más, haciendo lo que sea y, si además, disfrutas con la sensación es muy probable que quieras conocer lo que se siente al ejercer ese poder sobre una persona; pero ese no es un estigma, el que sí lo es, es nacer en una familia pobre. Y ser pobre en Tailandia significa vivir hora tras hora haciendo lo posible por huir de la desesperación que obliga a elegir entre comer o no comer, vivir o no vivir.

PhotobucketNo quiero detenerme mucho en esto – me imagino que ninguno de vosotros/as vivirá en el mundo de chupipiruli y , aunque joda acordarse, se le revolverán las tripas – pero hay un tercer estigma, el de la homosexualidad, que es básico para entender la película. Por varias razones, eso sí, y yo destacaría dos: La propia confusión que existe en el país al respecto, ya que mientras las leyes del país nunca lo han tipificado como delito, sí que lo consideraban hasta hace no demasiado, como una enfermedad con la que nacía y se podía curar; y en el propio Tipitaka (la sección canónica del manual budista Theravada) al mismo tiempo lo condena y lo acepta como algo que ha existido siempre. Y , como afecta esa confusión para convertirse en el refugio de los más desalmados y crueles especímenes del género humano. Todo el mundo sabe que tailandia es un país que vive del turismo sexual, pero son los propios tailandeses los que cometen las peores salvajadas, como violar repetidamente a sus hijos (e hijas), venderlos al por mayor y luego repudiarlos por ser mercancia caducada. Así que con estos tres estigmas: tailandés, pobre y gay, podría decirse que lo normal es que tu vida apenas llegue a los 20, y si llegas estás muerto por dentro.

2. EL CASO:

PhotobucketDentro de la novela negra hay varias formas de comenzar una historia, pero las más comunes son: un hecho nimio y aparentemente intrascendente que poco a poco va revelando detalles, o quitando capas, hasta descubrir algo muy gordo que suele implicar a multinacionales y mafiosos (un ejemplo reciente y muy recomendable: Tormentas Cotidianas de William Boyd); o comenzar con un hecho brutal y muy impactante, y contar como alguien ha llegado a un punto de tal brutalidad, o porqué la víctima mereció tal muerte (el amo de estas historias, para un servidor, es el gran John Connolly)

Este es el camino elegido por el guionista Wisit Sasanatieng también de películas tan curiosas como Tears of the Black Tiger o Citizen Dog) junto con el director Kongkiat Khomsiri. El hallazgo por parte de unos niños de una maleta roja de viaje flotando en el mar, y rellena con los restos mutilados y castrados de un extranjero forrado, marca el comienzo de un caso imposible de resolver. En pocos días, se apilan las maletas con los restos de empresarios, conocidos pederastas y como broche final el hijo del Primer Ministro. El caso cae en manos de Papa Chin, un policía corrupto hasta las trancas, que le pasa el caso a Tai, un joven policía que pasa sus días en una cárcel, por culpa de un caso mal resuelto (o eso piensa él…), y ejerciendo de matón para los mafiosos. Bueno, para ser concreto le obliga a resolverlo o resolverlo, y todo porqué lleva 20 años teniendo el mismo sueño en el que aparece una maleta roja…

Lo que le lleva a la aldea en la que se crió, en la que conoció a Nut, su único amigo de verdad y la persona que asocia su mente con la maleta roja, aunque no sabe muy bien porqué. O no se quiere acordar. Por qué?, pues porqué fue un amigo de mierda, a pesar de la completa devoción que sentía Nut por él, Tai hizo todo lo posible por prescindir de él, de humillarle para ser aceptado en la “banda” de crios que mandaban en la aldea, abandonarle cuando más lo necesitó…pero al mismo tiempo, tal vez por principios tal vez por pura solidaridad, le salvó de las violaciones constantes del padre, le defendió cuando a los crios se les fue la mano (escalofriante escena) y le ayudo a fugarse a Pattaya para encontrar a su madre. Esta parte de la película alterna constantes flashbacks con sus esfuerzos por resolver los crímenes y no perder a su novia Noi. No puedo contar más, sería injusto.

3.- REDENCIÓN:

PhotobucketSheun es un thriller muy intenso contado con engañosa lentitud, también es un drama/denuncia sin tapujos de la vida que llevan los niños/as en Tailandia, pero por encima de todo es una desgarradora historia de amor que supera todas las barreras posibles del tiempo y la realidad. Y todo ello camuflado con una engañosa publicidad que parece enfrentarnos ante una historia de violencia descarnada, que la hay (no se corta ni con hacha a la hora de mostrar el estado en el quedan los cadáveres de los malos), pero totalmente supeditada a lo mencionado anteriormente. Los actores están absolutamente perfectos, la fotografía es, como en casi todas las produciones tailandesas, espectacular y forma parte de la propia historia como un personaje más. Tal vez lo único que me sobra es el exceso de edición y la prescindible banda sonora. Pero a pesar de esos dos detalles, Cheun ya forma parte de mis PELÍCULAS, y junto con The Horseman y MEADOWOODS es de lo mejorcito que he visto este año.

Lo mejor: Practicamente todo, pero especialmente la resolución de la historia.

Lo peor: Por poner algo la BSO y un cierto exceso en el montaje.