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The Canyon

Pongamos todo de nuestra parte para que las cosas salgan mal...

The Canyon

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  • Título original: The Canyon
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Richard Harrah
  • Guión: Steve Allrich
  • Intérpretes: Yvonne Strahovski, Will Patton, Eion Bailey
  • Argumento: Una pareja de jóvenes recién casados se ve atrapada en la inmensidad del Gran Cañón del Colorado.

54 |100

Estrellas: 3

Ya sea un ejército de aves intentando acabar con nosotros a picotazos (Los Pájaros, 1963), la actitud rencorosa y vengativa de la fauna de un bosque australiano (Largo fin de semana, 1978) o un extraño virus de origen vegetal que nos aboca al suicidio colectivo (El Incidente, 2008), lo cierto es que el cine de terror siempre ha sido un buen aliado de la madre naturaleza a la hora de devolvernos (como seres humanos) parte del daño y el deterioro que llevamos causándole durante cientos de años.

Sin embargo, los medios de autodefensa empleados por la naturaleza no siempre han sido tan sofisticados como los mencionados en el párrafo anterior. En muchas ocasiones no ha necesitado ni de plagas de carácter bíblico, ni de animales airados, ni de vegetales furiosos para preservar su propia integridad. Le ha bastado (y sobrado) con un único elemento a su favor: la desbordante estupidez del ser humano.

Lori y Nick son una joven pareja de recién casados que, en lugar de pasar la luna de miel en una isla paradisíaca y alojarse en un lujoso hotel rodeado de palmeras, campos de mini golf y buffets libres, deciden que es el momento oportuno en sus vidas para descubrir juntos, subidos a lomos de sendas mulas, la inmensidad del Cañón del Colorado.

No tardarán demasiado tiempo en arrepentirse de su decisión. Permisos burocráticos, un guía clandestino aficionado al alcohol y a contar batallitas de juventud, un terreno hostil siempre dispuesto a ponerles las cosas difíciles y una manada de lobos hambrientos que verán en nuestros protagonistas la promesa de un suculento banquete como hace tiempo que no han degustado.

Es habitual en el survival contar con la indolencia, la despreocupación o el descuido de los protagonistas para justificar, en cierto modo, el colocarlos en una determinada situación de peligro o el convertirlos en víctimas propicias de una determinada amenaza.
Por lo general es algo que aceptamos como parte del juego. Sin embargo debemos apreciar ciertos grados o niveles de negligencia. O para que nos entendamos: no es lo mismo tomar la decisión de bajar al interior de un gruta creyendo que no has sido el primero en hacerlo (The Descent, 2005), o plantarle cara a una pandilla de adolescentes que le faltan el respeto a tu chica (Eden Lake, 2008), que el cúmulo de errores y estupideces cometidas, una tras otra, por la pareja protagonista de The Cayon.

Estupidez Humana (Parte 1): No seré yo quien le ponga trabas a la idea supuestamente romántica de casarte a espaldas de la familia para, acto seguido, decidir pasar la luna de miel en el interior del Gran Cañón. Pero lo que está claro es que un poco de previsión tampoco les hubiera ido nada mal a nuestra parejita.

Bajar hasta las entrañas del Gran Cañón no parece que vaya a ser una tarea sencilla. Lógicamente existen controles, medidas de seguridad, unas normas que hay que cumplir y unos permisos que se deben adquirir en el momento preciso.

Los protagonistas de The Canyon ignoran por completo todo este tipo de cuestiones y se limitan a tirar por el camino más recto: ignorar todo el papeleo, todas las medidas de seguridad, y hacerse con los servicios de un guía clandestino… lo cual nos lleva, directamente al segundo punto del día.

Estupidez Humana (Parte 2): Ponerse en manos de un viejo guía clandestino, aficionado (muy aficionado) a la bebida, que asegura tener en su poder un par de permisos en regla. Por supuesto, a nuestra entrañable pareja protagonista en ningún momento se les ocurre pedirle al guía que les muestre el mencionado par de permisos.

Estupidez Humana (Parte 3): Las cosas se han puesto feas, muy feas. Y en un desesperado intento por lograr cobertura para el teléfono móvil, ambos deciden escalar un montaña sin tener ni puñetera idea de cómo hacerlo. ¿El resultado? Lo dejo a vuestra imaginación…

De todo este panorama descrito hasta el momento se deriva una consecuencia básica: en ningún momento nos creemos a los personajes. Y en esta ocasión no es un problema de los actores (en realidad, el rol de protagonista femenina desempeñado por Yvonne Strahovski, es uno de los aspectos más destacables de The Canyon), sino que se trata de un obstáculo derivado del guión. Los protagonistas de The Canyon llegan a tomar decisiones tan ilógicas, tan en contra de su propio beneficio o su propia seguridad, que cuesta muchísimo trabajo compartir su sufrimiento o ser partícipes de su dolor.

Otro de los problemas de The Canyon obecede a la incapacidad de Richard Harrah, su director, de mantener una intensidad regular durante toda la narración. De esta manera, junto a secuencias que Harrah resuelve de manera espléndida, dotándolas de unas meritorias dosis de intensidad y dramatismo (ver la secuencia del accidente que sufre uno de los protagonistas y las consecuencias inmediatas que se derivan del mismo), coexisten otras en las que la película pierde gran parte de su energía y empuje de manera alarmante (ver la secuencia del ataque de los lobos. Más que lobos hambrientos en busca de su presa, parecen tiernos corderitos extraviados buscando el camino de regreso a la granja).

En lado positivo, las bellísimas estampas de un, a su vez, desafiante Cañón del Colorado, y la actuación de Yvonne Strahovski en el papel de la desafortunada recién casada que en un momento dado se ve obligada a coger las riendas de la situación.

Por desgracia, Harrah no logra en ningún momento decantar la balanza a su favor; y si en algún instante está a punto de conseguirlo, la secuencia final de The Canyon acaba poniendo las cosas en su sitio. Lo que nos lleva a la Estupidez Humana (Parte 4… en esta ocasión cometida, no por los protagonistas de la película, sino por su guionista y director): El final de The Canyon es idéntico al final de una de las mejores películas de terror del 2007. Y no me estoy refiriendo a un final cualquiera… en absoluto. Me estoy refiriendo a uno de los finales más comentados y polémicos de los últimos años. Un final que The Canyon se limita a fusilar sin miramientos. Una auténtica lástima.

Lo mejor: ¿Por qué un aprobado justo? Sigue siendo un survival. Hombre contra naturaleza. Y sigo siendo un incondicional del subgénero.

Lo peor: Los protagonistas actúan, demasiado a menudo, de manera totalmente ilógica y en contra de sus propios intereses.

Nine Miles Down

El diablo es una preciosa mujer rubia...¿ó no?

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  • Título original: El diablo es una preciosa mujer rubia...¿ó no?
  • Nacionalidad: Uk-Usa-Australia | Año: 2009
  • Director: Anthony Waller
  • Guión: Everett De Roche, Anthony Waller
  • Intérpretes: Adrian Paul, Kate Nauta, Meredith Ostrom
  • Argumento: Jack, un encargado de seguridad es enviado a investigar una explotación de gas abandonada. Su sorpresa es encontrarse allí una bella mujer como única superviviente de algo desastroso, algo surgido del fondo de la tierra capaz de corromper el alma de Jack.

60 |100

Estrellas: 3

Supongo que no es la mejor manera de empezar una reseña, pero he de reconocer lo mucho que me ha costado empezar a escribir sobre Nine Miles Down desde que la vi. Principalmente por dos motivos:
Es complicado reseñar una película que basa todo su argumento en la trampa y en el engaño constante al espectador, y no me refiero al estilo de películas intensas como Triangle, si no todo lo contrario. Es decir, no estamos ante un guión elaborado, si no más bien frente al continuo juego de saber si el protagonista de la historia esta viendo la realidad ó todo está en su cabeza. Por nombrar un ejemplo famoso (y tomándome alguna licencia), podría decirse que estamos ante La Escalera de Jacob de serie B.
Además, como segundo motivo, la película resulta decepcionante en ciertos aspectos porque si todo se trataba de resolver el caos mental que tiene su protagonista, en un sentido blanco ó en un sentido negro, lo hace pero con bastante poca elegancia y unas lagunas arguméntales que resultan demasiado evidentes para una historia lineal y de trampa fácil. Así que quería dejar pasar un tiempo para calmar el estupor mental que me habían provocado dichas lagunas tan evitables.

Con lo cual no sabía como abordar esta reseña, sin desvelar nada del guión, puesto que la película acabaría por perder cualquier interés para aquel minimamente interesado. E insisto en este aspecto, porque aunque Nine Miles Down tenga los defectos comentados más arriba; no deja de enganchar por su corta duración, una eficaz protagonista femenina y la incertidumbre clásica de: “será una paranoia ó será todo verdad”. Amén de unos efectos visuales muy logrados y ese saborcillo bizarro que deja la mezcla de algunas escenas muy bien hiladas con otros momentos que rozan el patetismo más descarado. Por lo que desecharla como basura no es algo tan inmediato.

Si este film te interesa por la razón que sea, igual sería más conveniente que en este punto dejes de leer y pases directamente a su visionado. Procuraré no desvelar el final, para mi algo previsible y decepcionante, y centrarme solo en los elementos cinematográficos; pero que conste que todo el misterio de esta co-producción británico-norteamericano-australiana es el desenlace de la historia, y este es muy sencillo de intuir a mitad de película por mucho que su director se empeñe en lo contrario.

Thomas “Jack” Jackman (Adrian Paul) es un agente de la GNE (una agencia de seguridad auspiciada por estados unidos) cuya zona de patrulla en el Sahara comprende una plataforma de estudio y extracción de gas, es enviado a estas mismas instalaciones para investigar la falta de transmisiones por parte de los científicos encargados de la explotación.
La sorpresa de Jack es mayúscula cuando, bajo una fuerte tormenta de arena, llega por fin a su destino y encuentra la nave principal totalmente desierta. Parece que hace días que nadie pisa la instalación. El ambiente es ominoso, el viento y la arena golpean a los edificios acentuando la sensación de soledad y desamparo. Los investigadores que habían erigido la plataforma de extracción se han esfumando solo dejando sus huellas, documentos, videos y…*un chacal destripado en una habitación tapizada con palabras en árabe escritas con sangre*. ¿Algún tributo delirante por parte de operarios musulmanes supersticiosos? No en vano, la perforación en busca de la mena de gas a nueve millas bajo tierra estuvo envuelta en cierta polémica desde el principio, debido a las fuertes supercherías locales sobre genios ó djinns aguardando su venganza contra la humanidad, favoritos de Alá, en el infierno bajo la tierra.

Un poco perturbado, Jack se ve atrapado por la noche y la tormenta en las instalaciones abandonadas. Intentando quitarse de encima esa sensación de ser observado, se acuesta; pero su sueño es inquieto. El incansable rugir del viento penetran en su mente trayéndole dolorosos recuerdos de su mujer y de sus hijos muertos.

La mañana siguiente le depara a Jack más sorpresas. Investigando un barracón independiente observa muestras de presencia humana recientes. Al poco, la doctora Jennie Christianson (Kate Nauta), una rubia despampanante y sobrada de carisma, aparece casi por arte de magia. Para Jack algo no encaja, investigadores desaparecidos, una mujer misteriosa y mucha desolación en el solitario desierto. Sin embargo, su situación toma un giro aun más macabro, cuando Jennie (ó JC como gusta que la llamen) le descubre el cuerpo muerto del jefe de la plataforma y el de otros científicos. Según la doctora, algo volvió loco a sus compañeros convirtiéndolos en peligrosos paranoicos que acabaron matándose unos a otros. Y es ahora cuando Jack tiene un verdadero problema, debe esperar refuerzos mientras sigue analizando la situación sobre el terreno. La verdad que JC sería una compañía femenina más que agradable si no fuese por las crecientes sospechas que el experto en seguridad esta sintiendo crecer dentro de el. Faltan muchas piezas en el puzzle y parece que JC las oculta todas. Es bella, es sexy, es peligrosa y la mente de Jack no puede dejar de imaginar cosas diabólicas sobre ella…cosas que poco a poco se van volviendo más reales.

Como ya he comentado, la película es muy muy tramposa. Tampoco es de extrañar tratando el meollo del asunto en el descenso a la locura y la paranoia del protagonista por el castigo mental que le inflinge la satánicamente hermosa Kate Nauta. Alrededor de esta dualidad girará todo el libreto de Nine Miles Down, ¿es JC el señor de las tinieblas? Obviamente en una cinta con esta premisa es necesario sobre todo tener buenos actores protagonistas. La gran parte del metraje se centra en la plataforma abandonada y los procesos mentales que afligen a Jack. Mientras que el protagonista masculino flojea un poco, a mi entender, ya que es un actor “rocoso”; Kate Nauta (conocida por su papel en Tranpsorter 2 y su reciente aparición en la e-serie Fear Clinic con el gran Robert Englund) lo hace bastante bien. Su elección me ha parecido de lo más acertado. Ningún hombre dudará de que posee un cuerpo y un rostro que invitan al pecado. Además, en determinados momentos, donde se necesitaba mostrar a una mujer vulnerable y sensible; ella lo hace a las mil maravillas, llegando a volver tan loco a Jack como al espectador. Fijaos en los detalles de su actuación (y no solo en sus curvas) y veréis que existe un trabajo muy estudiado en la dirección artística. Ya os digo, si el diablo se disfrazase de mujer, elegiría la figura de esta joven actriz.

No quiero con todo esto desmerecer la actuación de Adrian Paul, existen escenas muy intensas (como el momento cuando sus infinitos reflejos de dos espejos enfrentados le invitan al suicidio) donde consigue estar a la altura, pero este hombre curtido en la TV (la serie Higlander) y que a alguno os sonará por sus papel en Lost Colony y sus apariciones en la WWF (el mayor espectáculo de lucha libre norteamericano); no acaba de ser un actor muy expresivo y los entresijos mentales que vive su personaje pierden algo de realismo dada su interpretación oligofrénica.

Otro de los aspectos que comentaba es la extraña mezcla de momentos muy logrados con otras escenas que podrían pasar por el típico telefilm de las cuatro de la tarde, esos que invitan a echarse una larga siesta. Sin entrar en detalles puntuales, diría que esto se produce por la dirección a tirones de Anthony Waller, director también de Un hombre lobo americano en Paris. Igual que en el remake/secuela (¿?) de la clásica película de John Landis (y que todos deberíais haber visto), Nine Miles Down tiene un ritmo desacompasado que hace que escenas con una alta carga de tensión ó emotividad emocional se queden en una especie de sketch. Por ejemplo, las secuencias de contenido sexual quedan muy sosas debido a la planificación de las mismas así como a la música elegida para estos momentos.

Esto me lleva a otro punto importante: Muy mala la banda sonora, mal escogida y con unos tintes corales ó arábigos, que de tan facilotes resultan molestos. Creo que algo más minimalista hubiese ayudado a crear atmósfera junto al sonido del viento que debería ser omnipresente.

Y es que no puedes evitar reírte ante la presentación de los hechos con ciertas ambientaciones, más si cabe cuando dentro de la historia narrada se presentan tantos fallos motivacionales. Esto es extremadamente visible en la escena que más le habrá picado en el ojo a más de uno que haya visto el trailer. Cuando Jennie totalmente “desmelenada” le prepara una rica cenita a Jack, vestida solo con un delantal rojo. De verdad que cuesta pensar una motivación argumental para esta escena más allá de mostrar a Kate Nauta de dicha guisa (ante lo cual yo no tengo ninguna queja). Irremediablemente estos vacíos en el guión acaban por mermar la credibilidad de lo que vemos. Y ni siquiera el deterioro de la salud mental del protagonista puede presentarse como excusa para ciertos juegos que se permite el director, y también guionista junto a Everett de Roche, con el espectador. La película no consigue la suficiente complicidad como para perdonar estos errores (y eso que no he hablado de ciertos “bugs” que empequeñecen esta producción) y ahí radica su mayor debilidad.

Como nota curiosa, añadir que Everett de Roche es el autor del guión de Visitors. Otra película que narra el descenso en picado a los abismos de la locura, provocados por la soledad, de una mujer empeñada en dar la vuelta al mundo en un velero. Cinta, que dicho sea de paso es muy recomendable aunque podamos establecer muchos paralelismos con la película que estamos abordando.

Tampoco es todo malo, recalco de nuevo lo bien que están tratados los arrebatos de locura de Jack, potenciados por la actuación de la señorita Nauta y el uso de efectos visuales muy logrados, que consiguen ponernos nerviosos con ajustados recursos.

Otro detalle que me gusto fue la fotografía y el diseño de localizaciones. Resulta que el film está rodado en Hungría, y aquí tenemos la magia del cine en estado puro. En todo momento sentiremos el peso del desierto y el aislamiento de las naves abandonadas, reforzado con una fotografía austera y seca que parece sacada directamente de las producciones de lo noventa directas a videoclub. Me venía a la cabeza todo el rato Proteus del experto en FX Bob Keen, muy infravalorada y cuyo visionado recomiendo como complemento al de Nine Miles Down.

Si tuviera que poner en una balanza todos los pros y los contra de esta película no tengo claro que la nota que le este dando sea justa. Tal vez debería ser inferior, pero el resultado final no es del todo desagradable (obviando gustos personales por la conclusión que tiene la historia) puesto que el desarrollo se sigue con facilidad resultando entretenido plantearte si el pobre Jack esta como una regadera ó la Dra. JC es la enviada de Lucifer (yo he probado a ofrecerle mi alma pero todavía no ha aparecido para reclamarla, tch!). No esperéis nada del otro mundo pero si podéis ser no muy rigurosos durante ochenta minutos, no vais a perder nada viéndola. Tal vez personas más serias puedan darle una lectura psicológica más profunda y disfrutarla bastante, a la par que personas muy cachondas sabrán ver toda la comicidad de la película y echarse unas buenas risas. Yo, por mi parte, me quedo con la intensidad de Kate Nuta y el alarmante desarrollo de mi adicción a las actrices rubias…¡¡Y yo qué pensé que nunca tendría nada en común con Hitchcock!!

Lo mejor: Lo acertado del tratamiento visual de la locura y Kate Nauta que no es solo una cara bonita.

Lo peor: La explicación final no me gustó, fallos arguméntales demasiado obvios y lo chabacano de ciertas escenas.

Hermandad de Sangre

Un trabajo duro

Hermandad de sangre

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  • Título original: Sorority Row
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Stewart Hendler
  • Guión: Josh Stolberg y Pete Goldfinger.
  • Intérpretes: Leah Pipes, Briana Evigan, Rumer Willis.
  • Argumento: Una chica de una hermandad muere por culpa de una broma que le gastan sus amigas. Éstas, esconden el cadáver, confiando en que nunca nadie se entere de lo que han hecho. Pero, ocho meses después, comienzan a ser asesinadas...

50 |100

Estrellas: 3

Jessica (Leah Pipes) encabeza la Theta Pi, una hermandad de chicas cuyas integrantes más cercanas son Cassie (Briana Evigan), Chugs (Margo Harsham), Ellie (Rumer Willis), Claire (Jamie Chung) y Megan (Audrina Patridge). En realidad, son amigas porque están en la misma hermandad, no porque se caigan bien: entre ellas son bastante cabronas. Por eso, cuando Megan fallece por culpa de una broma que las demás quieren gastarle al hermano de Chugs, deciden tirar su cuerpo a un pozo y fingir que nada ha pasado. Incluso, en el discurso de inauguración del año escolar, Jess se permite dedicar unas palabras de cariño para su “hermana” Megan desaparecida. Pero, ocho meses después, todas reciben un mensaje en su móvil que hace referencia a esa noche, y empiezan a morir, una a una, durante la fiesta de la hermandad…

Bien, una película como esta apenas resiste una crítica. No hay nada original en ella, el suspense brilla por su ausencia, es bastante ilógica y, si no supieras el título, prácticamente nada del aspecto técnico te haría pensar –salvo los asesinatos- que estás viendo una película de terror: fotografía, montaje o sonido son, más bien, los de una comedia estudiantil americana.

Está claro que los tiempos han cambiado, y los slasher que funcionan en este siglo XXI han discurrido por derroteros casi nihilistas (por ejemplo Laid to Rest, de Robert Hall, 2009, que podría ser la absoluta estilización a nivel argumental) o han buscado argumentos inteligentes e interesantes que se mantengan por sí solos al margen del subgénero (Colinas Sangrientas, de Dave Parker, 2009). En la tesitura de ver en qué se apoyaría el slasher actual, Hermandad de Sangre se presenta como un alocado, fresco, videoclipero, sangriento –a ratos- y sexy juguete pensado con calculadora para atraer a jóvenes de no más de veinte, veintipocos años, al cine… y a “jóvenes” de cualquier edad con ganas de divertirse y, sobre todo, comprobar qué jodida se ha vuelto la vida para los pycho killers.

El Slasher inocente
John Carpenter firma en 1978 La Noche de Halloween, una película de poco presupuesto que pulsa las teclas adecuadas y enseña, durante una hora y media, una pesadilla que la mente adulta de la época quería evitar a toda costa y que, a fuerza de reprimir, había contagiado a los jóvenes: qué les puede pasar a los adolescentes cuando no están presentes los mayores. Tesis propia de una mente proteccionista, La Noche de Halloween y los consiguientes slasher que con ella arrancaron –y que hoy día siguen llegando a nuestras pantallas, por suerte-, desde mi punto de vista, se basan en ese miedo terrible a no estar allí para proteger a los menores queridos; o en el menor querido, que se siente desvalido sin la presencia de un adulto. A todos los niveles, además: los padres no solo temían a una catástrofe que pudiera terminar en muerte, sino también al sexo o a las drogas. Realmente, era un subgénero bastante irreverente: matar adolescentes, un asesino que no respeta la autoridad vigente –polis y demás no sirven para detenerlo- y que irrumpe en la intimidad de una sociedad acomodada –normalmente, representada por el adosado típico americano, o elementos creados para el ocio, como los campamentos de verano-, donde los padres dejaban a (se desentendían de) sus hijos.

La saga de Scream verbaliza y teoriza esta idea, restringiéndola: el sexo, la virginidad, y su relación con la supervivencia ante un psicópata, poniendo el acento en que el sexo era algo que los padres de los ochenta temían que sus hijos practicaran, probablemente, por lo que ellos habían hecho, a su vez, cuando eran adolescentes. Era una mentalidad culpable pero, aunque es un tópico hablar de ello a estas alturas, lo cierto es que acertó al plantear que aquel era un tipo de terror que, inconscientemente, se amoldaba a la perfección con el miedo que existía en la población del momento: Viernes 13 para con los campamentos de verano y lo que a los chicos podía hacer en ellos durante quince días sin la supervisión de sus padres, o Prom Night y lo que harían los adolescentes en esas locas fiestas de fin de curso…

En 1983, Mark Rosman rueda 7 Mujeres Atrapadas (The House on Sorority Row), y plantea la historia de siete chicas de una hermandad que se quedan unos días después del comienzo de las vacaciones en la casa de estudiantes a la que pertenecen y organiza una fiesta con chicos. Lo mismo: era el temor de los padres a que sus hijos, en las hermandades universitarias, tuvieran acceso a todo el desenfreno –sexo, alcohol y drogas- que ellos les prohibían; y de los hijos, a que sus padres descubrieran que, efectivamente, tenían dicho acceso. 7 Mujeres Atrapadas no es ninguna maravilla pero es correcta, apañadita y tiene una gran escena en el sótano de la casa con una pelota (escena que tiene un leve guiño en el reciente remake, pero sin pelota).

Michael Myers perdido en el siglo XXI
2009 y, veinte años después, se estrena el remake de la película de Mark Rosman. Pero las cosas han cambiado mucho. Por un lado, hay más permisividad social con respecto al sexo (¿seguro?) y, por otro, si algo caracteriza este siglo XXI es que todo está estudiado y analizado. El slasher que funciona se ha desligado de esas teorías del miedo de los años ochenta y ha discurrido por otros derroteros. La saga Scream ha desvelado algunos secretos del terror al gran público y todos nos hemos reído de la ingenuidad de aquellas películas, algo que me gusta: si nos reimos, es porque las comprendemos. Si las comprendemos es porque tenían razón en algún planteamiento. Pero lo cierto es que, hoy en día, sería terrible ver a un asesino condenando los pecados “morales” de los adolescentes de Física o Química, por ejemplo. No daría abasto, el pobre. Y nosotros lo odiaríamos: ha desaparecido parte de la culpabilidad de nuestra psique, algo que hacía atractivo el hecho de la persecución por parte del malo: pensabas que la sociedad te condenaría si descubría lo que hacías. Las víctimas eran unos rebeldes; el sexo, una rebeldía. La adolescencia, en sí, una época a la que sobrevivir y salir triunfante, en la medidad de lo posible, escapando de Michael Myers. .

Hermandad de Sangre se sitúa en pleno siglo XXI, siendo consciente de ello. La panda de jóvenes que son asediados por el psicópata de turno no tiene, desde luego, ningún tipo de conflicto con el sexo. Lo disfrutan y lo exhiben, de hecho. Sus problemas son otros: Chugs sufre trastornos alimenticios, a Ellie sólo la quieren sus amigas por sus apuntes de clase, Jessi ve su estancia en la hermandad como un paso más en una posible carrrera política… El hombre es un lobo para el hombre, desde luego, viene como anillo al dedo para este fresco de virtudes que presenta la película. Por eso, el énfasis en la misma está puesto no tanto en la supervivencia sino en la lucha. Aquí, el más cabrón es el que vive, y da igual que sea una de las víctimas o el asesino. De hecho, la identidad y motivaciones del mismo, cuando son desveladas, están bastante acordes con este caos. El lema de la hermandad, Confianza, honor, respeto, solidaridad y discreción, está claro, desde el primer momento, que es sólo una enumeración de palabras vacías, por mucho que haya algún intento de darle trascendencia. *Es muy reveladora la frase con la que amenaza la gran Carrie Fisher, encargada del hogar de la hermandad, al psicópata: “estoy perfectamente preparada, llevo treinta años dirigiendo una casa llena de zorras.”

Debido a este ritmo de lucha, de batalla, como si se tratara, salvando las insalvables distancias, de un slasher dirigido por James Cameron, los crímenes que impactan, lo hacen por lo repentino, no por el miedo o el clima creado hasta llegar a él. Ya se ha dicho, el clima es algo de lo que, prácticamente, Hermandad de Sangre se olvida. Por el contrario, hay diálogos picados, divertidos y ocurrentes.

Realmente, no tengo ni idea de si este es el camino, si es que en este época no hay una clara identidad generacional o si, el hecho de estudiarlo y analizarlo todo, nos impide ver qué con claridad un elemento característico. El caso es que, como intento –que acierte o no tampoco me importó demasiado-, Hermandad de Sangre es válida –ya que no me atrevería a decir que lo es como película. Pero por sus planteamientos y la diversión, se merece aprobar en una valoración global. Eso sí, no valía la pena pagar derechos en concepto de remake: salvo el homenaje a la escena del sótano, la existencia de una ama de la casa en ambas películas, y de un pequeño guiño al bastón que ésta lleva en la original –y que aquí aparece en una escena-, prácticamente nada remite de la una a la otra.

Si la sociedad actual es como aquí se plantea, Hermandad de Sangre sería el manual perfecto que le pondrían a los alumnos de una escuela de asesinos psicópatas para que aprendieran a qué van a enfrentarse.

Lo mejor: Que sí ríe de sí misma, y nosotros con ella.

Lo peor: ¿Seguro que querían hacer una película de terror, aunque haya asesinatos?

Forget me not

Intentaré hacerlo

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  • Título original: Forget me not
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Tyler Oliver
  • Guión: Tyler Oliver, Jamie Stern
  • Intérpretes: Carly Schroeder, Cody Linley, Brie Gabrielle
  • Argumento: Después de su graduación un grupo de amigos decide jugar, en el cementerio local, al juego de "te atrapa el fantasma". Lo que nunca imaginaron es que se convertiría en realidad.

50 |100

Estrellas: 2

¿Qué pasa si mezclas a jóvenes y guapos actores, curtidos en las series de televisión norteamericanas más estomagantes, con maldiciones fantasmales? Pues que tenemos la película de terror adolescente prototípica para esa nueva generación crecida al abrigo de Hannah Montana y las gemelas Olsen. Bienvenidos al reino de los cuerpos perfectos y los cerebros de todo a cien. Pasen, vean, rían y lloren con Forget me not (No me olvides).

De toda la vida me ha gustado este subgénero del terror por lo poco exigente que es y, sobre todo, por ver guapos adolescentes americanos siendo torturados de una forma u otra. Siempre he sentido que la realidad para un joven en un instituto está tan lejos de lo presentado en los Destino Final , que ver una película de estas características me parece un ejercicio de humor macabro bien sano. Si además los resultados son satisfactorios a nivel de FX, actuaciones, guión y, especialmente, humillaciones para los personajes arquetípicos que desfilan por pantalla; pues mucho mejor.

¿Qué tiene entonces que ofrecer Forget me not en este terreno? En el lado positivo contamos con ciertos detalles bien construidos, en concreto la línea argumental que aúna el terror “teen” con maldiciones fantasmagóricas, muy al estilo de las películas orientales de reciente cuño como La Maldición ó One Missed Call; línea que a pesar de no ser muy original tiene un puntito que llega a interesar al espectador. En el lado negativo tenemos unos personajes que van a provocar extrema vergüenza ajena en el 95% de los visionados, así como una desgana narrativa y una dirección anodina que quizá se pueda perdonar por ser la opera prima de su director, Tyler Oliver.

Entonces ubiquémonos y averigüemos un poco de lo que sucede a los jóvenes más guapos, salvajes y divertidos de una pequeña ciudad estadounidense:

Sandy (Carly Schroeder) y su hermano Eli (Cody Linley) por fin han terminado la secundaria y se han graduado. Un futuro de juergas interminables les espera como universitarios. Pero, ¿quién les impide ir calentando motores antes de que empiece el verano? Junto con los amigos de toda la vida, deciden dar una fiesta por todo lo alto: alcohol, trikinis, marihuana, sexo adolescente y nada de grasa.
Bien borrachos y no menos calientes, los jóvenes amigos de Sandy tienen la original idea de jugar a un juego en el cementerio de la ciudad. El juego de los fantasmas. Las chicas, convenientemente asustadas para que sus gallitos las achuchen, acceden picaras a dicho juego. Entre risillas y magreos se dirigen en sus cochazos, comprados por papa, al camposanto.
Ya en el cementerio, una vieja amiga huerfana de Sandy que reside en el orfanato cercano, quiere unirse al juego. Aunque la chica es un poco rara, como también es muy atractiva la dejan jugar sin problemas. El juego consiste en que uno de los chicos hace de fantasma y va pillando uno a uno a los otros jugadores que se pasan a su bando. El último que queda sin pillar es el que gana. Vamos, el típico juego del recreo para niños de doce años, pero jugado en un cementerio por pre-universitarios. ¡Un bravo por el futuro de los EEUU!
A todo esto, la amiga rara llamada Angela, sufre una ida de cabeza y se lanza por un precipicio delante de Sandy acusándola de olvidar. Y es que algo se cocía entre ellas dos. Algo que, al haberlo olvidado Sandy, provoca que el juego fantasmal se haga realidad.
A partir de esa noche, una fuerza sobrenatural vengativa se va llevando a todos los participantes en el juego. Los chicos desaparecidos se llevan consigo todo rastro de su existencia. Es decir, si los fantasmas se te llevan, pasas a engrosar sus filas y todo recuerdo de ti se borra en el mundo de los vivos.
Solo Sandy se acuerda de los amigos desaparecidos pero nadie la cree. Su única opción es desenmarañar poco a poco su pasado si quiere acudir a la universidad y poder ingresar en una de esas fraternidades famosas por sus fiestas.

Tópicos, tópicos y más tópicos. No quiero hacer mucha sangre con este tema porque es algo que el aficionado al terror sublima en pro de visionar las cintas de su género favorito sin darse mucho mal, pero…¡Dios mío, vaya hartazgo de clichés! Como español de treinta y pocos, no puedo dejar de sentir un distanciamiento abismal con Forget me not, tanto cultural como mental (algo que no me ha impedido disfrutar otras películas “teen”). Dejé la adolescencia hace mucho tiempo pero aun así soy capaz de disfrutar de las chorradas más adolescentes que te puedas echar a la cara. Siempre, claro, que tengan algo especial (ó al menos eso quiero pensar para no darme cuenta de que soy un poco gañan). En el caso de esta película, me vi superado totalmente. Los personajes son tan vomitivos, tan estupidos, tan norteamericanos; que superaron mi resistencia a este tipo de cine. Ni siquiera las peripecias que viven me llegaron a divertir (más que tenían que haber sufrido). Para resumirlo, solo tenemos gallitos y gallinitas durante más de hora y media. Una vez metidos en la trama terrorífica, parece que la protagonista se aleje un poco de los clichés de joven calentorra; pero el resto son unos completos gilipollas (muy guapos, eso sí) todo el metraje. Atención a esta perlita: ¿Quieres conseguir alcohol en una tienda y eres menor de edad? Lanza a tu amiga la tetona a que le haga una felación al dependiente mientras vosotros robáis una botellita del rico Jack Daniels. ¿Hacía falta tirarse a un tio con cara de lelo para conseguir unas copitas? Sin paños calientes. Mi abuela diría que esa chica es un poco ligera de cascos, yo no se que decir directamente.

Una vez superado el mal trago de unos personajes arquetípicos capaz de poner nervioso a un muerto (no me extraña que los persigan los fantasmas) podemos empezar a vislumbrar más detalles de la película. Ligados a los caracteres están los actores, toda una caterva de niñatos guapos que vienen de la televisión estadounidense. Pues, la verdad, no se si por extremo grado de afinidad con sus personajes, pero los muchachos no lo hacen mal. Aunque, con esto que he dicho, no se si les estoy haciendo un cumplido ó insultándolos directamente.
En cuanto al diseño de los fantasmas, surge una cuestión que me choco en cierta medida. Los espíritus resultan a veces cutres y con un aspecto que cuesta tomarse en serio (máscaras + CGI de campaña = resultón pero nada más), lo curioso es que el final de la película (sin mucha vuelta de tuerca) desvela porque tienen esas pintas de llevar disfraces de saldo. Un acierto es el uso de movimientos espasmódicos en su deambular, obviamente robado de las películas orientales de horror. Lo que falla estrepitosamente es el ritmo de sus apariciones: predecibles y provocando muertes del montón, sin nada de tensión. No es que estén mal, es que son algo visto cientos de veces.

Otro detalle, y esto ya tiene que ver con el guión, es que cuando un personaje muere; automáticamente su existencia desaparece de la memoria del mundo, incluso cambiando (ligeramente) el transcurso de los acontecimientos pasados. Algo que está muy bien pensado y que podría habernos proporcionado buenos momentos si se hubiese tratado con más profundidad y con más sosiego. Da pena ver como ese concepto se desaprovecha en pro de seguir con más muertes y jovencitos dando vueltas a diálogos que no llevan a ninguna parte. Se hace patente en seguida que el objetivo de Forget me not es satisfacer a adolescentes de una forma directa y, para ello, mejor no meterse en metafísica. Así mismo, el guión (firmado por el director y otro desconocido, llamado Jaime Stern) hace aguas en cuanto al desarrollo de la historia. Muy lineal y con falta de elegancia para presentar, por ejemplo, la razón de que el juego fantasmal se haga realidad. Nada que no podamos encontrar en cualquier otro DVD de videoclub, además sin pizca de ironía, la cual hubiese funcionado fenomenal con unos personajes tan planos.

El resto de la producción pasa por una normalidad aplastante dentro de su contexto de cinta de entretenimiento para gente joven: Una fotografía discreta, una banda sonora que nos regala de vez en cuando temas muy “cools” y un montaje algo chusco pero que al menos aporta ritmo a la película.

He de reconocer que su nota sube si te dejas llevar por la morbosidad de ver a caracteres tan patéticos haciendo el ridículo y gritando cuando aparecen los consabidos espectros. De lo mejor, es ver al ridículo hermano de Sandy contando como le gustaría ser pirata (sí sí, de los de parche y loro) en cuanto tiene ocasión. Con eso consigue que cuando llega su hora te alegres oscura y cruelmente. También podrá resultar apetecible a aquellos que quieran ver muchachitos y chavalitas de cuerpos perfectos, haciendo el golfo (en vez de comprarte el Primera Línea pues le echas un tiento a Forget me not) Si tampoco has visto muchas películas de terror y todavía no pasas de los veinticinco pues podrás transigir con la falta de cariño hacia el espectador que tiene este film (y que pese a lo que pueda parecer es apto para mayores de catorce años).

Al que busque algo más que cuerpos bonitos y sonrisas brillantes en una trama de dudoso valor como divertimento pero no quiera renunciar al espírtu American Teenager….os toca esperar a otra ocasión, ¿tal vez Scream 4? Ya se que los protagonistas de Scream están creciditos, pero sigue siendo terror adolescente ¿no?

Lo mejor: Dejarse llevar por el morbo y disfrutar viendo el sufrimiento de los protagonistas.

Lo peor: Con creces, los personajes estupidos y creidos.

Black Dynamite

Dynamite! Dynamite! Dynamite!

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  • Título original: Black Dynamite
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Scott Sanders
  • Guión: Michael Jai White, Scott Sanders, Byron Minns
  • Intérpretes: Michael Jai White, Salli Richardson, Byron Minns
  • Argumento: Black Dynamite ex-agente de la CIA vive en semi retiro dedicándose a sus labores. Lamentablemente, la muerte de su hermano, le hace partir en busca de venganza inundando de sangre el ghetto que el avieso "The Man" se ha empeñado en contaminar con su droga

75 |100

Estrellas: 4

Rebuscad en los armarios, tal vez alguno tenga pantalones de campana y camisas de Tony Manero. Chicas, acaparar todos los botes de laca que seáis capaces, esta noche toca pelo cardado y ponerse muy sexy. Deja que el funky mueva tus piernas, que el soul derrita tu corazón. Nena, hasta que salga el sol solo habrá baile, acción, plataformas, sexo, kung-fu y…¡¡Dynamite!!

Conste primero que esta reseña parte del cachondeo y buen rollo que inspira cada minuto de Black Dynamite Se trata una película que se toma muy poco en serio a ella misma y los temas que trata, por lo que es difícil evaluarla seriamente y en profundidad.

En los setenta, proliferó una corriente cinematográfica en EEUU, conocida como blaxplotation. Generalmente se trataba de películas rodadas por gente negra para gente negra. Habitualmente centradas en las zonas urbanas afro americanas y sus problemáticas. Alguno de los títulos que me vienen a la cabeza son Blacula y Dolemite Actualmente piezas de culto y, sobre todo, reivindicadas en la última década por Quentin Tarantino. Que nunca ha podido negar que le hubiese gustado rodar una de aquellas blaxplotation (Vease Jackie Brown y sus bostezantes resultados). Y aunque Mr. Tarantino ha demostrado con creces su sentido del humor, nunca hubiese podido hacer una parodia convincente de este género. Y es que con el tiempo y la perspectiva, los géneros de cine minoritarios invitan a verse con nostalgia y buen humor. Si no fijaos la serie de comedias que están surgiendo en los últimos tiempos, cuya premisa es echarse unas risas a costa de los tópicos de determinado cine. Unas más dignas que otras, comparase Bitch Slap con Epic Movie, por ejemplo.

Black Dynamite., es una parodia; una caricatura bien dibujada de Shaft. No tan extrema como lo pudiese ser Aterriza como puedas, pero una parodia al fin y al cabo de todos y cada uno de los tópicos del cine negro (y no habló de detectives privados) de los setenta. Partimos de un argumento típico de aquella época:

Black Dynamite (Michael Jai White) es un ex agente de la CIA retirado que ocupa su tiempo en arreglar los problemillas del barrio (Si un chulo no quiere pagar a sus muñecas, ¿a quien llamarás?), dar clases de kung-fu y satisfacer a los cientos de bellezas que pasan por su cama. Su vida transcurre en relativa calma hasta que su hermano muere acribillado a balazos. Black Dynamite juró ante su madre moribunda que siempre cuidaría de su hermano. Muy cabreado y con los músculos bien aceitados se dispone a inundar de sangre criminal el ghetto, en busca de aquel que mató a su brother.

Por si fuera poco para nuestro héroe, alguien ha inundado el barrio de heroína. Los niños en los orfanatos estás enganchados al “jaco”, la poli lo controla y un misterioso enemigo intenta acabar con el por todos los medios.

Forzado a unir sus fuerzas con proxenetas, luchadores por la liberación negra y lo más granado del barrio, se embarca en una cruzada repleta de conspiraciones, luchas a puño descubierto, tiroteos, pedales wah-wah, trafico de armas, prostitutas, nunchakus e incluso Richar Nixon. ¡¡Por qué si le tocas las narices a este negro ya las puedes dar por partidas!! ¡Dynamite!

Vale, el argumento es solo una excusa para hora y media de tontuna, disparos y golpes; pero quien se acerqué a esta película buscando algo más; quedará seriamente defraudado y puede que hasta trastornado. El guión que corre a cargo del propio actor protagonista, Byron Minns (un co-protagonista) y el director Scout Sanders, lejos de ser sencillo, se demuestra prodigo en el intento de arrancarnos carcajadas a base de gags, que incluyen desde momentos impagables que me recordaron a los Monty Python, la escena donde se descubre el complot que asola al ghetto es de un humor atemporal que trasciende incluso el marco y las restricciones del genero que parodia, hasta peleas de kung-fu absurdas aunque muy bien orquestadas (todo hay que decirlo). En definitiva, a pesar de que la línea argumental sea algo pobre, el guión está muy bien hilado y solo hace falta ver la cantidad ingente de personajes que salen (y todos con su frase ó momento de “gloria”) para darse cuenta del trabajo que hay detrás de…¡Dynamite!

Las dos primeras cosas que brillan con luz propia en esta producción son su protagonista y la recreación de todos los elementos que rodeaban a una producción de los primeros setentas.
Jai White está que se sale. Se come (casi literalmente) cada fotograma en el que aparece. Continuamente lo vemos cabreado, violento, cachondo, sarcástico y, por encima de todo, seductor. La faceta de amante de Black Dynamite es una de las que mas gracia me hicieron. Con el mismo toque misógino que las películas que parodia (y no lo entendamos nadie como un insulto, si no como una broma), nuestro protagonista es una autentica maquina de amar. Cada vez que una mujer esta en el mismo plano que el, sentimos una fuerza gravitacional que surge de su cuadrado cuerpo de ébano haciéndonos girar a su alrededor. Vale, estoy exagerando; pero por momentos hasta yo me sentí casi seducido.
Yo solo conocía a este actor por su papel protagonista en la deplorable Spawn y un secundario en, la reciente, El caballero oscuro. Que pena que el cine de acción no pase por su momento más divertido, porque este hombre junto a Jason Statham compondrían la Buddy Movie de acción más cachonda de esta nueva década.
Realmente sorprende la bis cómica que desarrolla Jai White. Resultando comedido, nos brinda unos diálogos, gestos y miradas que destilan sarcasmo e ironía; amen de credibilidad. Digamos que no interpreta realmente a Black Dynamite, si no al actor que toma el papel del personaje dentro de la grabación. Porque aquí es donde entra el otro elemento destacado por meritos propios: El homenaje puro y duro a las blaxplotations y las personas que filmaban estos subproductos.

¿Qué características visuales marcaron el cine afro americano de los setenta?

La estética: Pelos afros, vivos colores, plataformas y escotes generosos. En Black Dynamite tenemos en la estética, precisamente, el punto más fuerte. El vestuario es sencillamente perfecto. Digno de cuantos premios se puedan dar. No en vano corre a cargo de Ruth Carter, ganadora de dos Oscars por los vestuarios de Malcom X y Amistad. Atención que el trabajo de maquilladores y peluqueros no se queda atrás, siendo el maquillaje de la replica femenina de Dynamite, Gloria (Salli Richardson), el más destacado por su sencillez y eficacia.

La música: Una mezcolanza de Soul y Funky, apto tanto para bailar, para escenas de acción desenfrenada y, como no, para hacer el amor nena. Otro aspecto en el que esta producción da en la diana. Acompasada al ritmo de la narración (para bien y para mal), la BSO nos sumerge en un mundo descarado y divertido. Cuando le prestas un poco de atención a la música no puedes menos que sonreír y mover la cabeza como si estuvieras poseído. Reconozco que no es mi estilo de música pero es imposible resistirse al “groovy”, a la cadencia empalagosa de esas guitarras dándole al “waqua-waqua”. Destacar sonriente el tema central, parodia del de Shaft, y las decenas de veces que oyes extasiado esos…¡Dynamite!

Los gazapos: Micrófonos que se meten dentro de los planos, actores secundarios que no conocen bien sus líneas de guión, especialistas golpeados por error, fallos temporales. Cualquier blaxplotation (y películas de bajo presupuesto en general) que se precie, debe contar en su metraje con una buena dosis de estos errores. Aquí tendremos la cantidad justa, pero introducida en las escenas de la forma más cómica posible y como homenaje a su procedencia. Otro acertado punto. La verdad que son unos guiños simpáticos que lejos de desmerecer ó afear el resultado final, le dan su gracia a ciertos momentos. Sobre todo a los amantes de un tipo de cine que se hacía más con el corazón que con medios (¿Podría decir lo mismo Mr. Tarantino?).

La violencia: Igual es una opinión sesgada por lo que yo he visto, pero la blaxplotation siempre me ha parecido más que repleta de tiros, violencia, calles en llamas y justicia barriobajera. Obviamente no es lo mismo hablar de un Blacula que de un Dolemite, pero si las calles de un ghetto de los setenta no estaban “calientes” no eran nada. ¿Y qué hay de todo esto en Black Dynamite? Pues patadas, tiros, helicópteros explotando, shurikens e incluso una guillotina voladora (una de las armas preferidas de los ninjas en los ochentas); eso sí, todo desde la exageración más burda y cómica. La verdad que es impagable ver los movimientos de Jai White, una autentica maquina de repartir patadas al más puro estilo Bruce Lee. Y por si esto nos hubiera sabido a poco, también tenemos al típico profesor Shao-lin dispuesto a hacer morder el polvo a nuestro héroe…¡Dynamite!

El ritmo: Aquí es donde llegamos al gran pero de Black Dynamite. Incluso el film setentero más dinámico me ha parecido siempre falto de ritmo en comparación al cin e que se realizó después. Especialmente sangrante han sido siempre los espacios muertos entre pelea y pelea de las películas de vengadores callejeros. Si a esto le añadimos los paupérrimos presupuestos que manejaban las blaxplotations ya tenemos la típica cinta donde los cortes de edición son como un hachazo del medievo, los diálogos se eternizan, la linealidad se difumina (pero este sicario, ¿no estaba hace un microsegundo dentro del edificio?), etc, etc. Pues bien, Black Dynamite también parodia todo esto. Y con tanto acierto que las pegas de este ritmo extraño y saltarín, se copian igualmente. El tributo es agradable, pero durante todo el metraje se intercalan tantas escenas donde los actores simulan estar perdidos que al final llega a perderse algo de acción. Comprensible pero evitable, más dinámica y velocidad hubiese sido deseable para redondear el gran donut de chocolate que es…¡Dynamite!

Así, que en conclusión, tenemos una película que funciona como comedia a la perfección, con un actor que se sale, lo mires por donde lo mires. Decenas y decenas de detalles que hacen la experiencia todo un viaje en el tiempo sano y entrañable: la fotografía realista, los zooms desproporcionados, los trajes de colorines, el funky, las pelucas, el cameo de Arsenio Hall…
Multitud de guiños a un tipo determinado de cine, que cualquier cinéfilo aplaudirá a rabiar. Quizá peca de esa falta de ritmo que al principio se nos hace encantadora y finalmente, un poco pesada. Argumentalmente también se ve lastrada por su intención de homenaje: Por favor, las lectoras de Almas Oscuras no tengáis en cuenta el machismo propio de Black Dynamite, es el reflejo cómico de un pasado que afortunadamente no volverá. Pero los chistes funcionan casi en su mayoría y eso no es poco amigos.
¿Para qué ocasión sería ideal verla? Cualquiera con buenos amigos, buena cerveza, buen humor y sobre todo…¡Dynamite!

Lo mejor: Michael Jai White que esta superlativo y la estética general que nos traslada a un getto de los años setenta de forma realista y divertida.

Lo peor: El ritmo desastroso en algunos momentos. Donde por emular "glorias" pasadas se provoca la confusión y aburrimiento del espectador.

Colin

Yo, Zombi

Colin

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  • Título original: Colin
  • Nacionalidad: Gran Bretaña | Año: 2009
  • Director: Marc Price
  • Guión: Marc Price
  • Intérpretes: Alastair Kirton, Daisy Aitkens, Laura
  • Argumento: Colin ha sido mordido por su compañero de piso y se ve condenado a vagar por una ciudad repleta de zombis.

59 |100

Estrellas: 3

Un presupuesto total de 70$ (me sigue costando mucho trabajo creerlo), un equipo humano derivado de la cuenta de amigos de Facebook de su director, y la campanada mediática en el último Festival de Cannes (2009), en el que muchos medios aseguraron que Colin, obra independiente/amateur dirigida por el novel Marc Price, fue la película más comentada del certamen.

Sé que semejantes antecedentes no dicen absolutamente nada acerca de la calidad (o la falta de ella) de Colin, pero creo que son datos necesario para comprender cómo demonios una película como la de Marc Price logró tener tantísima repercusión cuando tan sólo unos pocos afortunados habían tenido la oportunidad de verla.

A partir de aquí, superado el trance de Cannes y todavía perplejo por la ridícula cifra de los 70$ (sigo sin creérmelo), dejamos todo este tinglado a un lado y nos centramos únicamente en Colin y en si realmente vale la pena toda la atención que se le ha prestado hasta el momento.

Colin regresa a su piso asustado por todo lo que está ocurriendo en el exterior. Parece herido. Todo empeora cuando su compañero de piso se abalanza sobre él y logra morderle. Colin experimenta una dolorosa transformación y acaba sus días convertido en un muerto viviente, en un zombi. ¿Su destino más inminente? Vagar sin rumbo por las calles de una ciudad que vive al borde del colapso.

El planteamiento inicial de Colin quizás no sea estrictamente innovador, pero si resulta original o, cuanto menos, poco habitual en el subgénero zombi. Marc Price atraviesa el espejo y se coloca justo en el extremo opuesto al que estamos acostumbrados. El suyo vuelve a ser un relato de supervivencia post-apocalíptica, pero en esta ocasión encuadrado desde el punto de vista del monstruo, del muerto en vida.

Colin es un zombi. Camina con la torpeza de un zombi. Se expresa (a través de un variado surtido de gruñidos) como un zombi. Y tiene exactamente las mismas necesidades que cualquier otro zombi. Es curioso comprobar como siendo el protagonista absoluto de la historia un zombi sentimos la necesidad, como espectadores (al menos a mí me ocurrió), de adivinar cuanto antes en Colin alguna cualidad o algún rasgo que lo haga más humano, que lo aparte en cierto modo de esa criatura que camina únicamente en busca de carne fresca. Sentimos afinidad por Colin. Queremos identificarnos con él y compartir el sufrimiento que está padeciendo, pero para lograrlo necesitamos que Colin, ni que sea por un instante, deje de ser el monstruo en el que se ha convertido. Que muestre un atisbo de racionalidad, de humanidad. Pero esto no va a suceder… Colin es, definitivamente, un zombi.

Colin deambula aturdido, perdido, desorientado por las calles de su ciudad mientras esta se descompone a su paso. En cada rincón hay un zombi devorando a algún pobre desgraciado que ha caído en sus manos. Lo único que le queda por hacer a Colin es buscar su sitio en este nuevo mundo al que ahora pertenece, y lo encuentra únicamente cuando acata su nueva naturaleza: ahora es un zombi, y su único objetivo en la vida es encontrar comida.

Ciertamente, el gran acierto de una película como Colin es que su original punto de vista induce al aficionado al subgénero zombi a colocarse en una posición que no suele ser la que normalmente adopta y a plantearse una serie de cuestiones que habitualmente no se plantea.
Y es dentro de esta mecánica dónde la película de Marc Price encuentra sus momentos más lúcidos e interesantes.

Observar al propio Colin, un zombi, tratando de sobrevivir a un mundo que le resulta extraño y hostil; o contemplar a sus propios familiares más cercanos obligando a Colin (o al menos intentándolo) a que recuerde su pasado más reciente y a activar nuevamente sus lazos afectivos, no deja de ser una experiencia cautivadora e incluso emotiva.

El problema es que este tipo de planteamientos, derivados del particular punto de vista adoptado por Colin, se agotan pronto, y Marc Price se ve en la tesitura y en la obligación de “rellenar” metraje para poder terminar su película.
En ocasiones el mencionado “relleno” no sale mal parado (ver la batalla entre supervivientes y zombis que se lleva a cabo en plena calle, en la que toma parte el propio Colin, y en la que los supervivientes humanos deberán tomar una difícil decisión respecto a los que han resultado heridos durante la misma); pero en otras ocasiones su estrategia para salir del paso resulta demasiado obvia y poco satisfactoria (ver la matanza que se produce en el interior de un edificio en la que ni siquiera participa directamente Colin. Una secuencia destinada exclusivamente a contentar a los aficionados más necesitados de sangre y tripas, pero que en el ámbito de lo que pretende ser una película cómo Colin queda algo desajustada y fuera de lugar).

De esta manera, el interés de Colin depende, en gran medida, de que ese inusual punto de vista adoptado por la película de Price logre despertar el interés y la curiosidad del aficionado al subgénero zombi. Sin embargo, el cambio de perspectiva no es el único aliciente de Colin. Si bien su aspecto visual demuestra, con creces, la evidente falta de medios (aunque sigo en mis trece con el tema de los 70$), también es cierto que más allá de los planos sobreexpuestos o de la falta de iluminación, Marc Price demuestra tener cierto talento a la hora de colocar la cámara y lograr imágenes que, al menos, intentan perdurar en nuestras retinas (sobre todo en los primeros treinta minutos del film).

También las interpretaciones (sobre todo la actuación de Alastair Kirton en el papel de Colin) están por encima de lo que se suele presuponer en una película de esta índole. Y lo mismo puede decirse del maquillaje de los muertos vivientes. Unos muertos vivientes de corte clásico, afectados por el rigor mortis, y sin atisbo de aptitudes físicas que les hagan aptos para la práctica del atletismo en cualquiera de sus modalidades de competición. En este sentido cabe destacar el maquillaje facial de Colin, que muestra a la perfección las diferentes fases de su estado de descomposición.

Y ya en su tramo final, Colin pone de manifiesto otro de sus grandes defectos: la necesidad de ser trascendente. El mensaje que transmite Colin en su secuencia última es ambiguo y dotado de una densidad que no le favorece en absoluto. Un final que rompe con todos los esquemas y todos los principios que se habían establecido hasta el momento para el personaje de Colin, y se adentra en un camino que le va grande, que le supera.

Recomiendo Colin a todo aquel que se considere un amante del subgénero zombi. Tan sólo por descubrir su insólito acercamiento al fenómeno zombi, desde una perspectiva poco habitual y apenas explotada (el punto de vista del muerto viviente), vale la pena, al menos, concederle el beneficio de la duda.
Pero tened muy en cuenta de que se trata de una apuesta de riesgo. Colin es tan susceptible de ser apreciada como una propuesta innovadora y con puntos de interés más que suficientes, cómo de provocar el rechazo al sufrir la obra pretenciosa y pedante propia del proyecto de final de carrera de un estudiante de cine.

Lo mejor: El punto de vista del zombi.

Lo peor: Cierta tufillo a pretenciosidad y algunas secuencias destinadas únicamente a contentar al aficionado al subgénero zombi.

Splinter

¡Cuidado, pincha!

Splinter

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  • Título original: Splinter
  • Nacionalidad: USA | Año: 2008
  • Director: Toby Wilkins
  • Guión: Toby Wilkins, Kai Barry e Ian Shorr
  • Intérpretes: Paulo Costanzo, Jill Wagner, Shea Whigham
  • Argumento: Cuatro personas intentan sobrevivir en una gasolinera al ataque de un extraño organismo que les asedia desde el exterior.

60 |100

Estrellas: 3

Seth (Paulo Costanzo) y Polly (Jill Wagner) se disponen a celebrar su aniversario de acampada pero, cuando se les rompe la tienda de campaña, cambian sus planes y buscan un motel. Sin embargo, cometen el error de recoger a Dennis (Shea Whingham), un exconvicto, y su novia Lacey (Rachel Kerbs), toxicómana, que les obligan a llevarles en coche hasta su destino. Cuando paran en una gasolinera, descubren con horror que el dueño de la misma ha sido contagiado por una especie de parásito. Desde ese momento, ambas parejas tendrán que colaborar para conseguir salir de allí con vida.

La amenaza que Splinter presenta es un monstruo bastante interesante, empezando porque no es un monstruo en sí. Es un organismo sin forma, una suerte de alfileres o astillas similares a los de un puercoespín que, si se te clavan, te contagian. Su comportamiento es como el de una célula invasiva cancerígena: su inteligencia no va más allá de la mera expansión o supervivencia, lo que es bastante, por otro lado. Va anexionando a sus víctimas conforme las necesita para seguir activo y con movilidad, y puede lanzar sus púas como un erizo cabrón, de manera que se expande todo lo que quiere y más.

Probablemente, si el director Toby Wilkins y los dos guionistas con los que coescribe, Kai Barry e Ian Shorr, hubieran querido, habrían convertido la película en una hecatombe mundial, pues el parásito de marras tiene potencial. Pero, imagino, que entonces habrían entrado en otra categoría de película: con ese dinero, habría sido una película más grande pero con menos calidad técnica. Y es que, lo primero que llama la atención de Splinter es su cuidada –mimada, más bien- factura. Tiene una fotografía exquisita, un montaje afinado, buenos efectos especiales –aunque discretos- un sonido y una banda sonora decididamente acertados. Los actores, por su parte, no están nada mal, y ayuda bastante que tengan personajes a los que agarrarse. Pero Splinter es una película pequeña, casi minúscula, lo que se convierte, a la larga, en su mayor virtud y su mayor defecto.

Por un lado, no vamos a ver en ella nada que no hayamos visto con anterioridad unas cuantas veces: choque de caracteres, monstruo al acecho y situaciones humanas al límite. Por otro, esto, que bien podría jugar en su contra es, sin embargo, una de sus mejores bazas. ¿Por qué? Porque, realmente, no hay tantas películas de monstruos que estén realmente bien construidas, y Splinter lo está. A pesar de lo artificioso que resulta en su primer tramo la presentación de los personajes, puesto que cada vez que hablan o actúan parecen empeñados en dejar claro qué tipo de personas son, lo cierto es que cuando llegan a la gasolinera, cada uno hace lo que tiene que hacer y se comporta según se espera de él, sin que nada salte o chirríe, lo que es muy de agradecer. Quizás, lo más discutible en este sentido, a mi parecer, es que Seth, el chico de la pareja buena, sea biólogo (¿Realmente, para acabar descubriendo que ésa es la manera de matar al monstruo hacía falta que él fuera biólogo?). Sí está fantásticamente bien utilizada esta dimensión del personaje cuando decide arriesgarse por los otros y salir, haciéndose invisible al monstruo de una manera que, es verdad, sólo un biólogo podría saber. El problema es que este paso no es tan importante ni tan decisivo en la trama, por lo que la necesidad de su profesión se me queda un poco forzada.

Respecto a los demás, Polly, la novia de Seth, está perfectamente descrita como una chica decidida y lanzada, por oposición a su chico –un auténtico ratón de biblioteca-, y entre Dennis y Lacey, la pareja de delicuentes, hay buena química. Conforme avanza la cinta, descubrimos que no son tan malos como aparentaban, sobre todo Dennis, lo que da un poco de rabia: Toby Wilkins se lo pone demasiado fácil a sus protagonistas (la misma sensación se tiene con el susodicho Seth al saber que es biólogo y que, casualidad, se va a encontrar con un extraño organismo en su camino). Pero, salvando estos matices, no es especialmente molesto: al fin y al cabo, lo que quieres es ver cómo mueren o se las apañan para sobrevivir al monstruo, no cómo se enfrentan entre sí.

…y aparte de los personajes, ¿qué pasa con el monstruo, con la acción, con el suspense? Pues muy cuidados, sí, aunque siempre sin olvidar que no hay nada que no nos sepamos ya. Splinter le saca partido a un bicho que realmente no es un bicho, y a un único escenario –una gasolinera- que tampoco es especialmente grande. Los mejores momentos, sin duda, se dan cuando el organismo hostil se encuentra afuera y los humanos en el interior. Se nota que el director tiene un buen dominio de la tensión y el suspense, juega con ruidos, direcciones y momentos muertos. Así, ofrece escenas de corte clásico como la típica en la que unos intentan atraer al monstruo hacia un extremo del edificio para que otro pueda salir… vista mil veces, sí, pero no siempre es lo suficientemente efectiva, y aquí lo es.

Otro punto a su favor es el ahorrarnos una explicación sobre la procedencia del organismo. En la primera escena, puede parecer que cae del cielo; y en la siguiente, Seth y Polly pasan con su coche por una carretera que está junto a una base del ejército. Y no vuelve a hacerse mención al tema. Creo que es una decisión inteligente: por ninguno de esos dos parece que haya nada original que decir, así que mejor dejarlos sembrados y punto. Las explicaciones vienen con ambos dos datos por sí mismas, sin necesidad de que nadie más las cuente.

Por el contrario, Splinter sabe a poco. Durante los primeros veinte minutos, parece que nos encontramos ante una película más amplia, con mayor recorrido, pero desde que los protagonistas llegan a la gasolinera y se ve que van a quedarse ahí atrincherados, el universo se restringe muchísimo, hasta casi asfixiar la película en su tramo final. Hemos visto tantas de este tipo que parece que nos quedamos esperando que en el último momento aparezca el ejército o un grupo de científicos y veamos con claridad a la criatura. Pero, claro, la película es consecuente en este punto –insisto, el parásito es como alfileres negros que salen de la carne de sus huéspedes y hacen de costura con los cuerpos nuevos que mata- y, como no existe tal criatura, no tiene nada que mostrar. Así que la traca final queda en bajo. Al menos, esta voluntad de ser consecuente consigo misma acaba convirtiéndose en el mejor recuerdo que deja en la cabeza. Aunque parece ser que Toby Wilkins y compañía sí que hablaron de “un nuevo concepto de película de monstruos” o “El monstruo definitivo” en el International Fantastic Film Festival de Bruselas (según algunos usuarios de IMDB), la película que les ha salido es todo lo contrario: perfectamente consciente de su dimensión. Nunca intenta ser más de lo que es, ni gustar a quien no disfruta con este tipo de producto. Por tanto, si como espectador se disfruta con este tipo de obra, Splinter proporciona 80 minutos de entretenimento garantizado. Y demuestra, además, que cuando hay personajes –y no sólo unos tipos que están allí para ser asesinados– y una trama bien construida –aunque sea muy sencilla-, las cosas fluyen, pasan ante ti, suceden como por naturaleza, sin que nadie las fuerce, y se puede sostener un material tópico e hiper utilizado.

Lo mejor: Lo acertado que está prácticamente todo en la mayoría del metraje.

Lo peor: Es minúscula.

Ghost Machine

Terrorismo fantasmal en la realidad virtual

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  • Título original: Ghost Machine
  • Nacionalidad: UK | Año: 2009
  • Director: Chris Hartwill
  • Guión: Sven Hughes, Malachi Smyth
  • Intérpretes: Sean Faris, Rachael Taylor, Luke Ford
  • Argumento: En unas instalaciones militares secretas de Gran Bretaña se entrena a soldados con la última tecnología en realidad virtual. Pero algo sale mal y en la red se despierta un ente sediento de venganza.

45 |100

Estrellas: 2

¿De qué va todo esto?

Unos militares empujan con violencia a una mujer esposada y con la cara cubierta. La llevan entre varios a la celda de un edificio que ha visto sus mejores años. La golpean, la torturan, la amenazan y en los fríos pasillos que rodean su celda solo se oyen sus gritos y lamentos.

9 años después…

El gobierno británico explota las nuevas tecnologías en una base secreta a las afueras de una pequeña ciudad irlandesa. Están usando un último sistema en realidad virtual para el entrenamiento de fuerzas especiales. Todo parece desarrollarse sin problemas hasta una típica noche de viernes. Tom (Sean Faris) es el jefe del proyecto experimental subvencionado por una corporación ajena a las fuerzas armadas, un hombre dedicado a su trabajo. Entre el y su ayudante Vic (Luke Ford) deciden probar, con un par de adictos a los videojuegos, el sistema a máximo rendimiento. Si de paso se corren una buena juerga mejor que mejor. No en vano es viernes y ellos son jóvenes promesas dentro de su empresa.

La fiesta se celebra lejos de la base, en la vieja prisión donde trabaja como guarda uno de los invitados. Los fríos pasillos reciben a los dos técnicos devolviéndoles el eco de sus chistes y bromas. Tras conectar los dispositivos y crear un soporte dentro del procesador central que replique la estructura del edificio, proceden a conectar a sus dos amigos para que comience el juego.

Durante los preparativos, Jess (Rachael Taylor), la novia de Vic, que entrena como marine en las mismas instalaciones de las que su pareja ha extraído el material de alta seguridad para sus juegos; ha dejado su camareta en busca de su chico. No debería haber dejado que se marchase con Tom tan alegremente porque saben de lo que son capaces. Por fortuna, ha descubierto en que prisión buscar.

La capacidad de las maquinas para emular un entorno real de combate son impresionantes. Sus sentidos están subyugados. El olor de la pólvora tras un disparo, el color de la sangre de los enemigos no jugadores…todo es tan real. Incluso esa sombra que perciben por el rabillo del ojo. Una figura negra, con el rostro embozado bajo un saco de tela vieja. Una silueta rodeada de cadenas. Un recuerdo del pasado que se aferrará a su venganza contra los vivos a cualquier precio…

¿Cómo llegué a ver todo esto?

Llegué hasta esta cinta por pura casualidad. Me intento patear todos los medios para descubrir una película de mi género favorito, terror, cuyo visionado no produzca una excesiva muerte de neuronas por simple tedio. Así que cuando me encontré con Ghost Machine, de un tal Chris Hartwill, cuya portada era más que horrible, con un argumento muy de serie B y con unos actores que ni me sonaban; pensé ensimismado: “¿Y si este es uno de los ‘sleepers’ del año?”. En el mundillo del videojuego se conoce como ‘sleeper’ a los juegos que sin hacer mucho ruido contienen una calidad y jugabilidad reconocida por los usuarios (dada la temática me parecía acertado usar el termino). Cierto que algunas críticas especializadas en Internet hicieron medrar esa sensación de estar ante una película entretenida, pero en mayor medida tenía la esperanza de que un film británico sobre realidad virtual y fantasmas podría ser un soplo de aire fresco a esta especie de fiebre del remake, olas de zombies y fantasías demasiado irrelevantes ó presuntuosas. Quizás el recuerdo de Dog Soldiers me empujo un poco hacia esta producción.

Bueno, en cuanto a eso de mi desconocimiento sobre el casting he estado un poco exagerado. Conocía a la guapa y rubísima actriz australiana Rachael Taylor, que aquí ejerce como co-protagonista mostrando esfuerzo en su trabajo pero pocas cualidades interpretativas. Exactamente igual que en otros proyectos en los que ha participado: Man-Thing, Transformers ó Shutter. Para mi solo es una guapa más de las tantas que pueblan la gran pantalla. Obviamente este factor no me influyo para decidirme por Ghost Machine.

Tenía por delante hora y media de apariciones espectrales y efectos especiales de bajo presupuesto pero bien conseguidos (según esas críticas bien intencionadas), un mínimo de interés y una predisposición sana a divertirme con poco. No creo que ningún director de serie B pudiese pedir un espectador mejor. Evidentemente, algún familiar hubiera estado más optimistamente predispuesto, pero no hay nada más enriquecedor para una manifestación artística como una opinión objetiva. Y aunque parezca un comentario baladí, tras leer más y más comentarios sobre proyectos independientes como este que nos ocupa, me doy cuenta de que la objetividad y la exigencia va siendo un bien escaso en la generación del microchip. El género fantástico padece de una condescendencia que nos debería sacar los colores a los aficionados. Después de esta perorata vamos al meollo del asunto.

¿Cómo me sentó todo esto?

El inicio, descrito profusamente en los primeros párrafos de esta reseña, no prometía ni mucho ni poco. Una mujer maltratada que sabemos, desde el segundo uno de proyección, va a ser un horrendo espíritu vengativo y, por ende, toda la madre del cordero. Luego, y a posteriori del manido letrero “9 years later”, vemos unos entrenamientos virtuales bien traídos y con unas dosis de acción acordes al binomio guerra/marines modernos. La fotografía convence, y sin ser nada especial denota una frialdad más europea que estadounidense; lo cual es un punto a su favor. Ya que el objetivo de la cinta es narrar venganzas espectrales a través de maquinas modernas. Vamos, que no es una comedia.
Continuo viendo la película y los jóvenes actores ya me empezaban a escamar: Ninguno conoce el significado de las palabras “casta” y “carácter”. Un sueldo, una película directa al videoclub y a dormir que mañana será otro día. Si tuviera que destacar a alguien sería a Sean Faris (Tom), aunque no se si por sus dotes interpretativas ó por su severo parecido con Tom Cruise. De hecho, el que su personaje se llame como el famoso actor no dejaba de resultarme gracioso, acabando por caerme simpático y todo.

Finalmente, al llegar la línea argumental hasta la prisión; la bomba marrón acaba por detonar. Los dos fenómenos que se disponen a probar el sistema, son dos viciados a los videojuegos que se ganaron mi odio nada más aparecer. ¡Favorezcamos los tópicos! Rodeados de marihuana, patatas fritas, cerveza y porno; ¿estos cabezas huecas se proponen probar la tecnología más cara y experimental de todo el imperio británico? Y por mucho que quieran colarnos un giro argumental al final de la película para hacernos creíble tamaña chorrada; la realidad es que desde el minuto quince hasta el final tenemos la sensación de ver bobada tras bobada con algún destello de calidad discutible. Desgraciadamente, no solo estos dos personajes me pusieron de los nervios. El jefe de los entrenamientos tiene un papel destacado en la trama como secundario, y es precisamente cuando se revela dicho papel con su aparición estelar en la prisión cuando ya la película se complace en dar lo peor y lo más tópico de la serie B terrorífica. No descarteis incluso referencias gratuitas a Guantanamo, una lastima.

Por resumirlo brevemente, los guionistas (Sven Hughes y M. Smyth) intentan reinsertar el clásico cuento gótico de fantasma vengativo, con cadenas incluidas, en la época actual a través de las nuevas tecnologías. En algún sitio he leído que el marco temporal del film es un futuro cercano, bueno como no quiero cabrearme solo diré que a día de hoy los modelos de PSP que se pueden comprar son más modernos que los mostrados en Ghost Machine.

Retornando a los destellos de calidad, destacar las transiciones entre realidad e irrealidad que sufren los protagonistas, no estando mal del todo. Dado el ajustado presupuesto con el que se realizaron me parecen más que decentes; salvo algún CGI ocasional que hace que te chirríen las pestañas.
Los otros puntos destacables son los escenarios (y bien saben cientos de películas lo resultonas que son las prisiones abandonadas) y el final que navega entre lo cómico y lo siniestro, con un uso del croma que de haberse extendido a todo el metraje y no solo a los últimos segundos hubiese dado un empujón hacia arriba a la falta de ritmo de la que adolece toda la película.

Como veis, lo rescatable se acaba pronto; y en el otro lado de la balanza pues todo lo demás que compone una película. Especialmente hiriente es la precariedad de la historia, la uní dimensionalidad de los personajes y la dinámica de tortuga que lastra un título que primordialmente debería ahondar en la tensión y en la acción.
Me he visto cientos de veces delante de la estantería de un videoclub formulándome la pregunta acerca del probable “sleeper”, delante de una carátula similar a la de Ghost Machine; y como todas esas veces he acabado viendo una película de segunda fila que sin ser lamentable, es demasiado mediocre en todos sus aspectos como para siquiera divertirte. ¡Ni tan solo la banda sonora llega a salvar el día! Como el resto de la cinta: mediocre.
Me extrañan mucho esos comentarios positivos sobre el diseño del fantasma y las muertes tan sangrientas. Excepto segundos aislados, la cinta es bastantes ligera en cuanto a sangre y el dichoso espectro es bastante grimoso y no logra dar miedo, ni pena, ni “na” de “na”..

¿Y en conclusión?

No recomiendo la película. No es tan mala como alguno de los últimos bodrios de Charles Band y desde luego tiene intenciones más serias, pero el infierno esta pavimentado de intenciones como esas. Tal vez si en lugar de reinventar el cuento romántico de fantasmas con adictos a los videojuegos fumetas, hubiesen ahondado en la dicotomía realidad/simulación con visceralidad y honestidad; estaríamos hablando de otra forma bien distinta. Se ha sacado un gran partido técnico del escaso presupuesto sí, pero ¿en pro de qué?.
Más suerte la próxima vez a un equipo que orientó la producción a los jóvenes adolescentes que han crecido con los “shooters” en primera persona, sin dar un paso más allá…y que conste que yo he jugado a muchísimos “shooters”.

Lo mejor: Su final simpático y oscuro; y unos escenarios simples pero con capacidad de sugerir.

Lo peor: Un nivel general que la hace justa merecedora de un puesto secundario en las estanterías de cualquier videoclub