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Incomprensible

El arte de dejarse llevar

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El tercer cuento que termina por configurar la trilogía sobre el “terror” creada por nuestro antiguo colaborador: el amoroso Blanch.

La siguiente historia de amor es una exaltación al sentido único de cada partícula que la forma. Cada letra, cada fragmento de papel, cada gota de tinta, cada palabra formada por la agrupación de sílabas combinadas a su vez, por las parejas y tríadas de letras, resaltan el romanticismo caótico compuesto por disposiciones cósmicas más allá del entendimiento humano. Como en toda historia de amor hay melancolía al igual que toda persona que contempla sus movimientos ante un espejo levantando su mano derecha obtiene como respuesta una imagen burlona de si mismo levantando la mano izquierda. ¿Pero que sería el amor sin este término, sino puro capricho?

Todo empezó con un color, el azul. Mucha simbología gira en torno a este color: muerte, tristeza… Ya que más de uno, se considera “muchos”, por lo menos en nuestro caso. Pero el azul al que me refiero no se puede encontrar en ningún bote de pintura, ni aunque sea una de esas marcas caras que tienen una gama de colores casi infinita. Era más bien el azul que desprende el brillo de un único componente de un banco de peces. ¿Sabíais que los peces nunca duermen? Seguir leyendo…

El Hombre que amaba a los Animales

Un cinismo veraniego de Jorge P. López

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No sólo de terror vive el hombre, también de zoofilia, circo y necrofilia… y como el verano sigue su lánguido curso, que mejor que una irónica historia para provocar a los bien pensantes. ¡Espero arañar vuestras conciencias!

Eran otros tiempos, lejanos y confusos, cuando el circo “Hoffmann and Moore” recorría cual navaja las venas de una todavía joven Norteamérica. Entre sus carpas multicolores, los crespones raidos y el pegajoso olor a manzanas azucaradas, malvivía Timmy, el miserable a cargo de los excrementos de las fieras; aunque él se tenía en gran estima, puesto que se consideraba el mayor amante de los animales allí arracimados. Con el rocío goteando de las marquesinas se acercaba a acariciar profusamente los cuartos traseros de Fatty, la elefanta; el intenso sopor de media tarde lo encontraba rozando a escondidas las partes pudendas de los monos propiedad del payaso Tonetti; después de la cena se entretenía ofreciéndose a cuatro patas a los perros vagabundos arrastrados por el circo tras su estela; de madrugada, con la escandalizada luna como espía, se acercaba a la jaula de Estelle, la tigresa siberiana, y suspiraba amargado debido a las ansias de poseerla violentamente. Claro que sus deseos se veían enfriados ante la realidad: de ponerse a su alcance, perdería la cara de un zarpazo. Además el enorme felino era famoso entre la troupe debido a su mal carácter, especialmente al despertarse de sus breves siestas vespertinas, así que los días transcurrían sin que Timmy tuviese el valor siquiera de rozar a la tigresa a través de los barrotes…

Y pasó el melancólico otoño cruzando la carretera, viendo como Timmy anisaba más y más besar el mullido pelaje albino de la tigresa.

Desechó el pavo recocido y embadurnado de puré que ofrecían a cada uno de los miembros de la troupe, él sólo sentía apetito por la dama de claros ojos verde mar.

Los árboles se sacudieron la escarcha saludando a la alegre primavera, y, sin embargo, el corazón de Timmy continuaba helado, soñando con su pequeña gatita. Seguir leyendo…

Ring Ring R'lyeh

Una historia original de Blanch

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Otro cuento salido de la corrupta mente de nuestro antiguo colaborador: Blanch (Sergi para sus Dioses).

- Buenos días paciente 20-08

- Roberto…

- ¿Perdón?

- Mi nombre es Roberto López.

- Lo siento, señor…

- Me puede llamar por mi nombre de pila si quiere. Ellos lo hacen.

- ¿Ellos? ¿A quién se refiere?

- Shhhh, mejor no nombrarlos. Pueden oírnos y encontrarme otra vez.

- ¿Todas esas marcas en su cuerpo de mordeduras han sido a causa de ellos?

- ¡Basta! He dicho que no hable de eso. ¿Sabe que pueden olernos desde eones de distancia?

- Pero…

-¡He dicho que basta! Usted, con su mente cuadriculada a base de tanto libro de universidad, con sus ideas formadas a partir de conferencias y de charlas aburridas que no hacen más que girar sobre sí mismas con él único fin de no avanzar en el verdadero conocimiento, con sus académicas competiciones para verificar cuan grandes son sus mentes… ¡Cómo va a entender una cosa que rebasa los límites de la consciencia humana! ¡Vosotros que estáis sentados aquí creyéndoos el ombligo del mundo! ¡Quitadme estas cadenas! ¡No estoy loco! ¡No estoy loco! […] Seguir leyendo…

La última sonrisa

Una historia original de Blanch

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Nuestro antiguo colaborador Blanch (Sergi) no se ha olvidado de nosotros y nos regala un bonito relato. Así que os dejo con su presentación y, más abajo, el cuento de marras:
>>Vivo en el campo, entre gallinas y ocas. Mi pasión ha sido siempre el cine y la literatura, últimamente más voyeur que participante activo. Es por eso que he vuelto a coger las riendas e intento plasmar mis ideas sobre papel o a través de la cámara. Mirando atrás mis primeros recuerdos son de ver hombres lobos y mientras los otros niños ojeaban “Teo va al zoo”, yo me zambullía en los relatos de Lovecraft y sus semejantes. ¡Cómo me marcó Los perros de Tíndalos! En fin, mi vida es simple, como una lágrima en la lluvia, intento no estresarme mucho y cuando lo hago tengo a mi guitarra y mis pésimos acordes, el ritmo es una cosa que precisamente no tenemos en la familia. Dicho todo, espero que disfrutéis de este relato a pesar de que su título sea “La última sonrisa”

“¿Qué quién soy? Mi nombre es lo de menos. Lo que realmente importa son los sucesos que han pasado estos últimos días. La circunstancia por la que escribo esto es por si no puedo volver a salir jamás de este pueblo ahora que saben que sé la verdad. Muchos me tomarán por un viejo loco, aunque espero que algunos pocos, encuentren en este relato algo más que pura ciencia ficción, espero que encuentren el primer eslabón hacía el descubrimiento de algo asombroso, de algo terrorífico, la prueba irrefutable de que Ellos existen y están entre nosotros. Seguir leyendo…

Afilado Verano

Un terror veraniego por Jorge P. López

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Hace calor en España, especialmente en el Valle del Ebro. Por aquí no veo a Heidi si no a los perros del Infierno, echándome el aliento sobre el cogote y volviéndome loco. Los efectos de ese calor extremo detonan en una tormenta, un relato más bien, que habla de los cambios de la adolescencia que suele provocar el verano. Si este cuento os ha llamado la atención y creéis que podréis soportar una dosis mayor, podríais darle una oportunidad a mi última antología, Cuervología Nº 13, en dicho caso podéis comprarla aquí. ¡Nos vemos en la próxima tormenta!

“Ten cuidado, no te cortes”
Con siete años metes la mano donde no debes, ¿cómo evitarlo? Es casi una enfermedad, lo haces a sabiendas y nadie puede detener tu curiosidad. De esa forma lo vive el Niño, secuestrado por sus propias extremidades llenas de una voluntad y vigor irresistibles.
Una vez tuvo un nombre, pero se difuminó entre los títulos que sus hazañas conquistaron: Azote de los gatos, Rey Pirata de los mares del Sur, Emperador Galáctico, Señor del sofá, Condenado Pequeñajo…
El verano se agostaba y ningún rincón del jardín se había librado de las pisadas de aquel Atila en miniatura; los árboles, llenos de temor, intentaban ocultar sus amados nidos de las manitas pegajosas, pero los huevos eran unas gemas difícil de ignorar; el césped, ya cansado de torturas, raleaba allí donde se había enterrado un hámster o una botella con monedas de céntimo; el tejado se combaba quejumbroso a causa del peso de los balones y las cometas… Incluso fuera de su territorio, heredado por derecho propio, se dejaban ver las improntas de su silueta, si los perros guardianes del vecindario pudiesen hablar pedirían la jubilación anticipada junto a los buzones de toda la calle, hasta las narices de toser debido a los petardos de aquella bestia de menos de un metro. Seguir leyendo…

Las llamas del infierno

Un relato de Francesc Marí

las llamas del infierno

Apresuradamente cerró la puerta tras él. No estaba nervioso, pero no quería que nadie lo interrumpiera. Su celda, iluminada por la reluciente luz del mediodía, era mucho más alegre de lo que a él le parecía. Las largas noches sin poder dormir le habían enseñado a temer a la oscuridad, y más desde que había descubierto algo inconcebible. Algo que la percepción humana era imposible de asimilar y comprender…

Con largas zancadas sobre el suelo enlosado, cruzó los apenas tres metros de profundidad de su dormitorio, acercándose a la ventana del fondo. En el exterior, como era habitual todos los domingos y fines de semana, centenares de turistas e infieles llenaban las pocas y estrechas calles del monasterio en el que vivía. Aquel lugar de culto y reflexión se había convertido, con el paso del tiempo, en una atracción turística más y en una fuente de ingresos para los avariciosos dirigentes del obispado. Seguir leyendo…

El Búnker

Un nuevo relato de Francesc Marí Company

el bunker

Normandía, madrugada del 9 de junio de 1944

Cuatro hombres armados salieron de entre los árboles que formaban aquel pequeño bosque a las afueras del pueblecito normando de Sainte-Mère-Église. Corrían al trote cargando sus fúsiles, ataviados con conjuntos caquis y cascos de color verde rebotando sobre sus cabezas. Eran los soldados rasos Martínez y McKenna, el soldado de primera Keshner y el sargento Nielsen, pertenecientes al Tercer Batallón de la 82 División Aerotransportada del Ejército de los Estados Unidos. Estaban alejados de su unidad, pero era por una buena razón, tenían una misión. Las fotos aéreas, tomadas apenas unas horas antes, habían detectado una serie de búnkers alemanes en la zona aliada, que debían ser neutralizados antes de que causaran cualquier desgracia y pusieran en jaque la mayor operación militar de la historia. Así que diversos equipos de los soldados habían sido distribuidos por la zona para localizar, examinar y neutralizar posibles reductos de soldados alemanes.

Tras unos pocos minutos de carrera al descubierto, el grupo de soldados llegó a un enorme bloque de cemento armado. Con un par de gestos, Nielsen separó al grupo en dos, con la intención de rodear el lugar y detectar posibles amenazas. Sin embargo, las dos parejas se encontraron al otro extremo del búnker sin ninguna novedad. Mientras el sargento establecía una nueva estrategia, los demás pudieron comprobar que en aquel lugar reinaba el silencio más absoluto que habían escuchado desde que habían saltado sobre Francia tres días antes.
–Si el búnker estuviera lleno de alemanes, ¿no se debería escuchar algo? –susurró McKenna, sin embargo ninguno de los otros le respondió, simplemente afirmaron en silencio igual de sorprendidos que el joven soldado de Boston. Seguir leyendo…

El precio de un imperio

Un relato de Francesc Marí Company

El precio de un imperio

París, 2 de diciembre de 1804

—¡Largo! —le espetó crudamente al sirviente que gentilmente le abría la puerta—. No quiero ver a nadie.
Mientras el sirviente huía con paso acelerado del despacho de su amo, este cerró dando un portazo que hizo temblar las altas paredes de aquel palacio. Esa noche no estaba de humor para tratar con amantes fervientes y, mucho menos, con criados excesivamente serviles. Él era solo un hombre.

Lentamente, pero con paso firme, se dirigió a su escritorio y se dejó caer en aquella butaca que tan pocas veces usaba. Hincó el codo derecho en el apoyabrazos de la butaca y se frotó la frente con tan sólo el pulgar y el índice. A pesar de que aquel debería ser el día más feliz de toda su vida, sabía que no podía celebrarlo como el resto de la ciudad y de la nación lo estaban haciendo en aquel preciso instante. Si París y Francia supieran que había hecho para subir al trono, probablemente dejarían de tratarlo como a un dios viviente.

Cerró los ojos intentando relajarse, pero antes de que su mente intentara buscar algún agradable recuerdo, como el día que conoció a su esposa o el agradable tacto de las manos de su madre, escuchó unos suaves pasos. Seguir leyendo…