Categoria: Relatos de terror
La hora de las valkirias
Un hermoso delirio nórdico de Beatriz T. Sánchez
Bajo la lluvia y el rayo
aullan los plañideros espectros,
cazando de los caídos el aliento.
Plantados en la tierra
amalgamada con sangre,
florecen los huesos de los muertos;
en las cuencas vacías
el agua se estanca
y corre entre los dientes
sin mantos de labios.
Del campo devastado,
apestando a muerte,
huyen las monturas sin jinete.
Ahora en lodoso lecho yace mansa
la carne fiera, deseosa de hazañas.
De valor, de miedo, los gritos guerreros
dan como fruto sólido silencio.
Para las implacables hijas de Odín
,en charcos, en regueros, salpicaduras rubíes
son servidas en bandeja como carroñera ofrenda,
mientras sus voces frías sisean en el viento:
Nacerán gloriosos cantos de vuestros lamentos.
Por Beatriz T. Sánchez
AUTOR: Invitado especial | PUBLICADO: 11/05/12 | CATEGORIAS: Relatos de terror
TAGS: poesía macabra
Folk Devil
Una historia terrorífica de Tony Fuentes
Me congratula presentaros el debut en Almas Oscuras de un asiduo visitante y gran escritor. Seguramente muchos conoceréis a Tony Fuentes, bien por sus acertados comentarios, o bien por su faceta como narrador de historias de todo tipo y pelaje… y si no os suena su nombre aprovechad la ocasión y visitad su blog (AQUÍ) para disfrutar de sus distintas reflexiones, literarias o no.
El cuento que nos ocupa vendría a ser una muestra de horror muy visual, casi como si un corto se desarrollase ante nuestros ojos. Logro que Tony alcanza desplegando una inusitada capacidad descriptiva al alcance solo de unos pocos. Una historia escalofriante que entronca con las crónicas de una España Negra que, aun a día de hoy, extiende sus zarcillos para contaminar nuestra realidad.
Desde aquí le deseamos la mayor de las suertes con sus proyectos presentes y futuros, esperando que su novela, “Hombres en Vano”, consiga ver la luz pronto. Sin más, disfrutad de una noche inolvidable de la mano de Tony.
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AUTOR: Bob Rock | PUBLICADO: 27/03/12 | CATEGORIAS: Relatos de terror
TAGS: relato de terror, sobrenatural
Desde la montaña de los Dioses
Una fábula macabra de Jorge P. López
Cuentan las historias olvidadas que la algarabía rebotaba sobre las ciclópeas bóvedas y volvía centelleante para estamparse contra los comensales de aquel pantagruélico banquete. Los Dioses del reducido continente de Null se apretaban en aquel salón gigante, mientras devoraban el contenido de las enormes bandejas de oro y plata, con el hambre decadente que se reserva tan solo a los seres inmortales. Las zozobrantes llamas de las teas ocultaban tras su lánguida penumbra los rostros enajenados de los divinos comensales. Sin embargo, seguros en su morada, se mostraban bajo sus verdaderas formas: obscenos cúmulos de grasa rivalizando en tamaño con las majestuosas estatuas que, hora aquí, hora allá, se diseminaban a lo largo de la inabarcable estancia.
Grandes hornos incrustados sobre la roca viva mostraban brochetas henchidas de rollos de carne, el humo portaba aromas de brasa hasta las sensibles narices de los creadores de Null. Y con cada nueva aguja de carne, portada costosamente por las extrañas criaturas que servían a los Dioses, más se despertaba el apetito dentro de las barrigas divinas.
Había Dioses grandes y pequeños llenando hasta el más mínimo espacio de la ciclópea estancia, todos devoraban de sus escudillas con glotonería y entre chanzas.
Lemurio, el señor de las ratas y alimañas, roía concentrado los huesos que otros hermanos más poderosos le lanzaban con burla. Para tragar las astillas amarillentas bebía directamente de un tonel que goteaba espeso líquido encarnado.
La hermosa Diosa de las noches estrelladas, Eranéa, se arrebujaba bajo su manto azabache y con delicadeza apuraba, usando la punta de su fina lengua, los jugos aceitosos de la carne asada que rezumaba desde los espetones al rojo.
La respiración agitada de Úsus, el Dios de la enfermedad, revelaban sufrimiento al tragar los redondos trozos rojos servidos en su propia sangre. Alzó su copa, obscenamente recubierta de diamantes, y la impactó contra la cabeza astada de Minos. El señor de las bestias mugió salpicando de espuma la reducida parte de mantel que le correspondía, provocando así muecas de desagrado por parte de su vecina de mesa, la pulcra Higía.
Los siervos medio divinos procuraban sostener el fardo en que se había convertido el cuerpo de Blícides. El Dios de las Orgias y la Fiesta seguía ingiriendo el carmesí zumo de los cálices aun inconsciente. Su peso hacía sangrar los desnudos hombros de los semidioses que lo intentaban colocar de nuevo en su regia posición.
Estruendo insoportable el que serpenteaba por aquel salón. El bullicio jugueteaba, enroscado alrededor de las columnas de basalto, hasta que de repente una voz chillona se alzó por encima de los demás ruidos:
– ¡Hermanoz! ¡Hermanoz! ¡Mirad, un intruzo! – señaló aviesamente Kópros, el Dios de las moscas y las Heces, mientras movía nervioso sus ojos multifacetados.
– ¡Un intruzo! ¡Un intruzo! – coreó la nube de pequeños insectos que seguía al Dios a todas partes para realizar las tareas que éste consideraba tediosas…
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AUTOR: Bob Rock | PUBLICADO: 22/03/12 | CATEGORIAS: Relatos de terror
TAGS: fábula, horror cósmico
Irem
Horror Cósmico junto a Beatriz T. Sánchez
Supongo que a estas alturas casi todos conoceréis a la amable y tranquila gallega Beatriz T. Sánchez, y si alguno no la conoce, no sabe lo que se pierde. Una escritora que pone un especial cuidado a la hora de “tejer” sus historias, como viene a demostrar Irem: un sentido homenaje al genial Lovecraft. Podéis disfrutar del resto de sus obras publicadas en Almas Oscuras (El Averno de Lovecraft, Hacia el País Borroso, Sin Clemencia y La Búsqueda), pero sin género de dudas, el cuento de hoy tiene algo todavía más especial: la mefistofélica sonata de lo prohibido. ¡Qué lo disfrutéis!
Garabateo al borde de la locura solo porque una actividad cuerda y racional aleje por un rato el horror. Pero es imposible adormecer el torrente de delirios que escuché de labios de este moribundo enloquecido que las autoridades trajeron al hospital tras correr por la zona vieja lanzando alaridos. Ya ha muerto, pero lo que acabó con su cerebro roe ahora el mío. Durante esta noche infernal al lado de su catre, he escuchado las revelaciones más innominables, que me hicieron lamentar profundamente mi conocimiento del aborrecible Necronomicón. Aquellas lecturas furtivas del volumen guardado en la universidad Miskatonic donde primero estudié y ahora imparto clase, me llenaban del temor a encontrar atisbos de verdad en el legado del árabe loco, en esa reliquia mohosa donde resuenan las voces de los Señores del Caos que dormidos esperan a que seguidores humanos, o semihumanos, abran los Portales dimensionales que les den de nuevo acceso a un mundo por el que ya vagaron hace incontables eones. Fétidos, inmortales, indescriptibles.
En algún punto desconocido del desierto arábigo se dice que Abdul al-Hazred descubrió entre la arena los restos de la arcaica Irem, la Ciudad de los Pilares, mencionándola entre las blasfemas líneas de su manuscrito como “Allí donde debían bastar los poros de la tierra, seres que solo debían arrastrarse han aprendido a caminar”. Deduzco que este arqueólogo, por el físico y el acento, probablemente inglés, dedicó años de investigación a esta impía y poco conocida mitología prehumana, embarcándose finalmente en la búsqueda de esa ciudad. Para su desgracia, internándose en regiones rehuidas desde siempre por los beduinos como morada de peligrosos djins, creo que la acabó encontrando. Nada me hace dudar de sus palabras balbuceantes, llenas de la insoportable verdad que nunca me atreví a admitir.
Entre carcomidos muros y paredes de extraña geometría, bajó a laberínticos subterráneos que le condujeron hasta criptas donde halló los restos de sus moradores, momificados con sus mejores galas, pero también a los guardianes del lugar, olvidado cuando el primer hombre empezaba andar. Le escuché describir como se deslizaban reptantes aquellos reptiles humanoides, apenas visibles pero similares a los cadáveres de los sarcófagos de vidrio y oscura madera milenaria. Huyó de los pozos estigios, pero cuando salió al aire frío de la noche, el viento aún más helado que le perseguía adoptando insinuaciones de los horribles seres, le zarandeó, arañó y arrastró. Cuando despertó, un nutrido grupo de curiosos le rodeaba en medio del zoco, junto al dueño de una pequeña caravana que contaba como le habían hallado tres días atrás en el desierto, agonizando inconsciente. Estaba en el fondo de un gran hoyo entre las dunas, que parecía excavado por un fuerte remolino.
Así llegó hasta aquí, nefanda casualidad, donde presto mis servicios como médico voluntario de la colonia. Yo también conozco el Necronomicón y ciertos rumores, por lo que pude interpretar sus palabras y descubrir que no eran las alucinaciones de un moribundo enloquecido por la sed. Está lleno de moratones y rasguños. Hace un rato que oigo el deslizarse tras la puerta, roces y mordisqueos, golpes en la ventana. Le han seguido. Esos despojos carnívoros, fortalecidos en la madrugada, reclaman su presa. No soportaré su visión.
Por Beatriz T. Sánchez
AUTOR: Bob Rock | PUBLICADO: 16/03/12 | CATEGORIAS: Relatos de terror
TAGS: horror cósmico
Sin Clemencia
Un cuento macabro de Beatriz T. Sánchez
Nuestra querida amiga Beatriz T. Sánchez, autora de El Averno de Lovecraft, Hacia el País Borroso y La Búsqueda entre otras, nos vuelve a deleitar con su magnífica prosa, siendo esta vez más arcaica y retorcida si cabe.
Todo por demostrarse deudora a Poe sin tapujos. Nuestra encantadora gallega se atreve a explorar los entresijos de “Berenice”, la clásica historia del atormentado maestro, para ofrecernos sus propia interpretación del final de tan morboso cuento. Degustad este trabajo palabra por palabra, puesto que una enorme lírica entrevera este relato, otorgándole una cualidad venenosa. Una ponzoña lenta y dolorosa, a la par que dulce y excitante…
Sin más, os dejo en la placida compañía de Beatriz…
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AUTOR: Bob Rock | PUBLICADO: 09/03/12 | CATEGORIAS: Relatos de terror
TAGS: poe, relato de terror
El Circo de los Horrores
Una pesadilla macabra de Sergio Ajenjo
Sergio Ajenjo vuelve entre nosotros con un breve cuento de horror. Aunque el tío Creepy, aquí presente, diría que se trata más bien de un mal sueño desasosegante que, además, deja varias preguntas en el aire gracias a su inteligente ambientación. Sin más, bienvenidos al extraño Circo del Horror nacido de la pluma de Sergio.
“Pasen y vean el espectáculo más horrible, espeluznante, inquietante y asqueroso que sus ojos puedan ver…” Sus gritos cada vez se escuchan más bajos, y aquí estoy yo, entrando en el peor circo de freaks que ha existido jamás. Cómo visitante os podréis preguntar, pues no, como exhibido.
Su voz cada día me resulta más repugnante, me asquea su presencia, noto como mi odio aumenta a cada hora. Desde que la vida como se conocía antes acabase con el fin de la guerra, la gente con algo de dinero se aprovecha de los pobres que lo han perdido todo, yo soy uno de ellos. No hay vegetación, solo llanuras extensas de árida tierra, bastos kilómetros de carretera que solo se ven interrumpidos por ciudades de malnacidos como en la que me encuentro.
Son las 12 de la mañana y hay humedad en el ambiente, ya nunca llueve, al menos no como antes, ahora la lluvia es ácida. Me meten en mi sección, nunca me resisto, no me gustan las palizas y menos en mi cuerpo quemado, los golpes duelen el doble.
Estoy especialmente irritado, algunos días me ocurre, pero después de dormir se me acaba pasando, cada mañana antes de abrir los ojos deseo que solo sea un mal sueño, pero me despierto en el mismo colchón, con la boca y mi interior secos. Veo como hoy entran 4 adolescentes ricos que honran a la mierda como nosotros dejándose ver, son tratados como reyes.
Los escucho acercarse durante el trayecto hasta que llegan a mi altura, se quedan parados enfrente mía mientras se ríen a carcajadas de mi aspecto, sus risas son puñaladas. Se están alejando, un brote de rabia inunda mi cuerpo, ¿por qué coño me dejo hacer esto? Cojo lo primero que tengo a mano: una piedra rugosa, noto el tacto de sus poros en mis dedos y sin darme cuenta ya la he hundido en el cráneo del último de los chicos, cuando su sangre caliente toca mis dedos empiezo a sentirme vivo de nuevo, siento lo mismo que en los entrenamientos cuando practicaba boxeo, me encanta la sensación. Su cuerpo cae sobre la hierba, no hace ruido, los otros 3 chicos ni se dan cuenta de que su amigo ha caído.
Afuera hay un gran revuelo, parece ser que un compañero se acaba de escapar y está aterrorizando a todo el mundo, así que decido ir a por el tercer chico de la cola. Le toco la espalda, se gira, lanzo un puñetazo que acaba golpeando su pómulo y noto como se rompe, cae al suelo, me pongo encima de él, rodeo su garganta con mis dedos y comienzo a apretar, veo su rostro cubierto de profundo terror, emite ruidos guturales pero no me detengo, apretó cada vez con más fuerza hasta que escucho como se quiebra su tráquea.
Veo a lo lejos a los otros dos chicos que comienzan a ponerse nerviosos por no ver a sus dos amigos, mientras todo el interior del circo grita animando al fugado, que cada vez esta llegando más lejos.
Debería detenerme, pero no puedo, mi cuerpo me pide más, mi sangre esta hirviendo, mis músculos están tensos y mi mente relajada. Antes de continuar voy a liberar a mis compañeros que han sido atados, no me resulta muy difícil. Comienzan todos a correr y a salir por la puerta causando un caos mayor aun afuera.
Dentro ya solo quedamos los ricos y yo. Cada vez están más alterados y eso me encanta, voy a jugar con ellos un rato. Por dentro el circo es un laberinto que, si no se conoce, puede liar bastante así que uso esto a mi favor, cojo una barra de hierro que se usa para decorar. Voy haciendo ruido y escucho como uno de ellos corre, el otro parece un muñeco tembloroso que me mira con cara de espanto cuando me ve entrar en la sala. Me acerco a él, su cuerpo parece reaccionar y saca una navaja con la intención de darme miedo pero la verdad es que me hace gracia, me guardo la risa y me limito a mirarle fijamente a la cara, parece que ya no se ríe de mi cuerpo, cojo la barra con mucha fuerza y le golpeo una pierna, cae al suelo gritando, sus gritos quedan ahogados por los de las sirenas de la policía que acaba de llegar y comienza a disparar a los engendros salidos del circo pero esto no me detiene. De nuevo asesto otro golpe, esta vez en la otra pierna, sus lagrimas caen y pide clemencia, mi respuesta es un impacto en su sien, me mancha de sangre y cojo su navaja.
Doy una vuelta con la esperanza de encontrar al otro muchacho y terminar lo que he empezado, tras andar por las salas doy con él, parece que él si ha escuchado el grito de su amigo y se ha agazapado en una esquina llorando, voy hasta él y hundo la navaja en su garganta realizando un corte de lado a lado, me recreo en la acción, tan solo me da pena haberla acabado.
Decido sentarme al lado del cuerpo y comienzo a respirar la humedad del ambiente, fuera ya no se escucha tanto alboroto, solo escucho gritos del dueño del circo hacia los policías, parece que han matado a todos sus monstruitos, así es como le gusta llamarnos.
Saco la navaja de la garganta de mi última victima, comienzo a correr hacia la salida cuando veo al dueño, veo como el policía se asusta y retrocede, sigo corriendo, mis pulmones arden pero no me detengo, llego a la altura del dueño y clavo con fuerza la navaja en su abdomen, intenta gritar pero no le sale la voz, tan solo un gemido que se enmudece rápidamente, noto como la sangre caliente sale al ritmo de sus latidos, latidos que poco a poco se van apagando. Todo va a cámara lenta, me giro y veo como el policía echa mano a su funda de la pistola, me mira asustado, apunta a mi pecho, un sonido estruendoso nubla mis sentido, no se si es el sonido o la bala que acaba de entrar en mi pecho, caigo al suelo, noto como toda la excitación se sustituye por un intenso dolor que a la vez me calma. Sonrío, cierro los ojos, mi vida por fin se acaba.
Por Sergio Ajenjo
AUTOR: Bob Rock | PUBLICADO: 04/03/12 | CATEGORIAS: Relatos de terror
Atrapado
Un relato tenebroso de Sergio Ajenjo
De nuevo, hoy tengo el placer de ejercer de Tío Creepy y presentarles a todos mis sobrinitos y sobrinitas, vosotros, el relato de un buen amigo del blog: Sergio Ajenjo. De una forma directa y sin complicaciones nos sumerge en una experiencia onírica donde el tiempo y el espacio pierden su sentido habitual. ¿Os ha pasado? A mi sí, y os aseguro que el cuento ha conseguido transmitirme la angustia de esos momentos de perdida de control. Sin más, sumerjámonos en la mente retorcida de Sergio…
Se despertó sobresaltado de un terrible sueño, decidió no pensar más en él mientras cerraba la ventana de su habitación ya que hacia un frío inusual para la época del año. Bajó las escaleras dispuesto a desayunar como cada mañana.
Cuando entró al salón algo llamó su atención, sus padres seguían en la casa, o por lo menos las llaves de sus coches, entró al salón para ver que pasaba y allí vio a su padre que estaba sentado de espaldas a la puerta, tenía la cabeza gacha y sus hombros se movían nerviosamente, parecía estar llorando así que se acercó para ver que le ocurría, cuando estaba lo suficientemente cerca comprobó que no estaba llorando sino riendo. Su padre estaba cubierto de sangre, dejó de reír y se levantó mientras miraba fijamente a su hijo y comenzó a decir:
- Debería sentir lástima pero en realidad ha sido una gran sensación.
Dicho esto volvió a sentarse con cara de satisfacción, el chico decidió ir a la habitación de sus padres a comprobar de que hablaba, deseó que aquello que sus ojos estaban observando no fuese real, allí yacía su madre sujetando todavía la sábana de la cama de matrimonio, estaba con la ropa rasgada, bañada en sangre por las numerosas heridas y signos evidentes de estrangulamiento. Al ver la truculenta escena vomitó, sus piernas fallaron y cayó al suelo horrorizado sin dejar de mirar fijamente el cuerpo sin vida de su madre.
Estaba de rodillas frente al cadáver de su madre cuando escuchó pasos que provenían de abajo, el cuerpo comenzó a reaccionar y pudo al fin moverse. Fue a la ventana pero no se abría; a su cuarto, la puerta estaba cerrada; lo mismo ocurría con la del baño; su única salida era el desván. Saltó para coger la cuerda que colgaba de su cabeza y le separaba de su vía de escape, mientras, su padre se acercaba riendo con paso lento y decidido. Tan solo los separaban 7 escaleras.
Piensa, 6; va al final del pasillo, 5; comienza a correr, 4; salta y alcanza la cuerda pero se resbala y cae, 3; se levanta rápidamente con el miedo en el rostro, 2; sube, 1; guarda las escaleras, 0.
Su padre comienza a gritar:
- ¡Sí! Tú si que sabes como divertir a tu viejo padre, tu madre no ha dado juego aunque solo es cuestión de tiempo que de contigo.
Mientras, en el desván, decide ir al ventanal que tampoco logra abrir, permanece de píe frente el frío cristal. No puede creer lo que ocurre, no sabe que hacer, dónde ir, dónde esconderse, tan solo gira, pega su espalda al cristal y se deja caer al suelo. En el desván únicamente hay una fuente de luz que ilumina su silueta, agazapada y temblorosa, en ese momento caen las escaleras y comienza a ver una sombra que se va haciendo visible progresivamente, es el padre que, portando un cuchillo, se acerca. Cuando llega a su altura se agacha, acerca la boca a su oído y con un tono calmado comienza a decir:
- Te has atrapado, ahora el tiempo ha acabado para ti.
Dicho esto se incorpora, agarra el cuchillo con fuerza y… Se despertó sobresaltado de un terrible sueño.
Por Sergio Ajenjo
Imagen: Budross Mardini, 2010
AUTOR: Bob Rock | PUBLICADO: 28/02/12 | CATEGORIAS: Relatos de terror
TAGS: relato de terror, tensión
La Perra
Un relato macabro y triste de Jorge P. López
Está bien, si tanto insistes te contaré que pasó con Elena. Me conoces de sobra, evitar el tema no venía causado por desprecio hacia nuestra amistad o miedo a revelar algo que te desagradase. Sí, sabes que siempre he sido brutalmente sincero contigo, pero durante estos últimos años que permaneciste en Bangkok preferí no comentarte nada por correo. Sé lo que apreciabas a Elena, y agradecí sobremanera tu falta de impedimentos a nuestra relación, y eso aun a sabiendas que la diferencia de edad era excesiva como para pasarla por alto. ¡Tú siempre tan buen amigo! Solo pensando en la felicidad de los que te rodean. Además prefería dejar enterrado ese episodio del pasado, suficientes problemas tuve para explicarlo todo ante los agentes que estuvieron interrogándome intermitentemente durante más de dos meses. ¡Cómo! ¿No lo sabías? Claro, todavía estabas arreglando esos negocios en Camboya; no, la noticia de su muerte se redujo al ámbito local, y aunque los detalles del asunto son escabrosos conseguí, junto a los jueces, cubrirlos disimuladamente para que no llegasen a la opinión pública. Sí… tranquilo, sí, muerta… sé paciente, ahora entraré de lleno en ello. Me cuesta mucho abordar su muerte, remover otra vez ese día aciago. Las circunstancias… ¡dios! Ambos vivimos momentos muy extraños en Tailandia. ¿Recuerdas la tienda del doctor Shinawatra? Aquel maldito licor me hizo ver cosas que jamás imaginé pudieran existir, tu también sufriste los efectos alucinógenos del elixir, no lo niegues. ¡Ah, amigo! Pero esas noches asistiendo a los ritos ancestrales, drogados por los aromáticos vapores que surgían de los cálices dorados, no tienen nada que ver con la triste historia que viví con Elena. Un final mucho más prosaico tuvo nuestra relación, pero no menos mágico que los amaneceres que vivimos arrebujados bajo nuestras túnicas, allí frente a las aguas del plácido Chao Phraya…
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AUTOR: Bob Rock | PUBLICADO: 25/02/12 | CATEGORIAS: Relatos de terror
Hacia el País Borroso
Un relato melancólico de Beatriz T. Sánchez
Es un orgullo presentaros la segunda colaboración – la primera en formato cuento – para Almas Oscuras de la autora Beatriz T. Sánchez, una encantadora gallega que no ha recibido todo el crédito que debería por su opera prima autoeditada: La Búsqueda. ¿Tal vez si hubiese un hueco dentro de las editoriales para lo macabro, lo extraño, la nigromancia, lo auténtico y lo cuidado? Sinceramente, dadle una oportunidad a los artistas independientes, porque tienen por ofreceros una libertad creativa que raremente podréis disfrutar en productos reprocesados.
Tras el hermoso y desasosegante poema El Averno de Lovecraft, nos muestra otra de sus muchas facetas, como gran manipuladora de atmósferas que es, pero esta vez en unos términos más reposados y sumamente melancólicos. Obviamente la calidad del relato está más que asegurada, así como una humanidad que refleja la delicada sensibilidad de esta genial escritora…
Ahora que hablen sus personajes por ella…
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AUTOR: Bob Rock | PUBLICADO: 03/02/12 | CATEGORIAS: Relatos de terror
TAGS: relatos de terror
El Puzzle del Hombre sin Piel
Un cuento macabro de Jorge P. López
¡Saludos pequeños diablillos y princesas malditas! Hoy tengo el gusto de presentaros un relato propio, una de esas ideas machaconas que no te deja en paz hasta que la vomitas sobre el papel, a veces es como si otro dirigiese las puntas de tus dedos y las palabras surgiesen de una mente ajena; en este caso, un hombre sin piel bastante malvado. Quiero expresar claramente la influencia lovecraftiana que hay detrás de este humilde cuento, que espero sea una muestra de horror directo y sin muchas complicaciones. Dicha influencia es simplemente un trasfondo, existe una presencia inquietante que los estudiosos de los Mitos de Cthulhu reconocerán al instante, pero, obviamente, todos mis esfuerzos han ido dirigidos a huir del pastiche a toda costa.
Con lo cuál, ha quedado una resultona mezcla entre mi clásica obsesión por lo recargado y un terror moderno sin estridencias, bastante sugerente y, quiero pensar, hasta original. Espero conseguir vuestra atención durante unos minutos, tal vez logréis completar el puzzle que os propongo, y si no… ¡ateneos a las consecuencias!
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AUTOR: Bob Rock | PUBLICADO: 21/01/12 | CATEGORIAS: Relatos de terror
TAGS: lovecraft, terror sobrenatural








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