
LA VALORACIÓN:
60 |100
Estrellas: 4
La propuesta era, sobre el papel, de lo más apetecible. Un par de directores jóvenes, motivados, y con nombres y apellidos franceses (importante… o no). Un argumento que se anunciaba como un cruce entre La Jungla de Cristal (cumbre de la acción ochentera con un Bruce Willis en camiseta imperio y en plena forma, yipi-ti-yak) y el subgénero zombi. Y unas primeras imágenes y un trailer que a muchos nos hizo relamernos de placer pensando en lo que nos podía deparar La Horde, sin duda una de las producciones más esperadas del año… al menos en cuanto a los aficionados a los muertos vivientes se refiere. Veamos en qué ha quedado todo.
Por un lado tenemos a un grupo de peligrosos delincuentes. Por el otro, una partida de policías con cuentas pendientes y ansias de venganza. El campo de batalla, un viejo y destartalado edificio situado a las afueras de la ciudad. Pero el destino les depara una desagradable sorpresa a nuestros protagonistas. Cuando una horda incontrolada de violentos – y hambrientos – zombis irrumpa en el edificio, se verán obligados a unir sus fuerzas si desean sobrevivir.
Eso es todo lo que tiene para ofrecernos La Horde. Ni más… ni menos. El argumento de La Horde se fundamente en una anécdota. Un pequeño lugar en el espacio/tiempo dentro de un Apocalipsis Zombi del que, pese a que la película no se esfuerza en explicarnos absolutamente nada acerca de él, todos conocemos sus motivos y sus consecuencias a la perfección. ¿De dónde salen los zombis? ¿Por qué los muertos han regresado y se están comiendo a los vivos? Quizás algunos de vosotros se plantee este tipo de cuestiones; a La Horde, sencillamente, no le interesan.
Cómo espectadores y aficionados al género terrorífico, tenemos la experiencia y el bagaje suficiente para retroalimentarnos, para obtener nuestras propias respuestas. Un virus, una catástrofe medioambiental, el experiemento fallido de un gobierno en horas bajas o una sonda extraterrestre… que más da. La Horde se salta este paso previo y se centra en lo único que realmente le interesa: DELINCUENTES, POLICIAS, ACCIÓN Y ZOMBIS. Así, en mayúsculas. Y todo lo demás resulta superfluo, prescindible.
En realidad La Horde no es más que un efectivo ejercicio de género que combina una serie de elementos propios del cine de acción con el subgénero zombi. ¿Los ingredientes? Disparos, violencia, sangre, conflictos entre personajes, luchas cuerpo a cuerpo, humor negro… Aunque, desde luego, no todos estos ingredientes funcionan a un mismo nivel.
Gran parte de la violencia exhibida por La Horde cumple de sobras con su cometido. Hay secuencias espectaculares y brutales (en ocasiones rozando la caricatura) en las que los zombis suelen llevarse la peor parte. Violencia contundente, estética y generosa en hemoglobina, lo que nos viene a recordar que las cabezas pensantes detrás de La Horde son franceses.
Y todavía nos queda pendiente el gran problema potencial de La Horde: ¿Qué hacer con los tiempo muertos? ¿Que será de La Horde cuando la violencia, la acción o los zombis no sean los protagonistas absolutos de la función? Pues incluso en este caso Yannick Dahan y Benjamin Rocher demuestran ser unos tipos hábiles, sacando a un conejo de la chistera en forma de veterano de guerra que se cree inmerso en plena contienda de Indochina y para el que los zombis no son más que soldados chinos a los que hay que eliminar en aras a defender la patria (vive le France!!!). Un personaje impagable que, por momentos, se come al resto de protagonistas de La Horde (enzarzados, por otro lado, en molestos y cansinos conflictos morales). Un tipo para recordar… (atención a la secuencia en la que pretende “curar” a uno de los delincuentes que ha sido mordido por un zombi en una pierna).
Pero no nos engañemos. La Horde no ha hecho temblar los cimientos del subgénero. No ha sido la revolución que quizás algunos vaticinamos, o al menos mantuvimos viva la esperanza de que así fuera. Y obviamente queda lejos de clásicos modernos del subgénero como pueden ser “28 semanas después” o “El Amanecer de los Muertos” (aunque quizás pedirle un nivel similar a dos directores nóveles no fuera justo por nuestra parte… por muy franceses que sean).
Pese a todo La Horde me pareció una película entretenida, correcta en sus niveles de violencia (aunque en este ámbito no esté a la altura de recientes muestras del cine de horror francés), con un atractivo acabado visual, unos zombis muy logrados, con altibajos en la trama (los conflictos entre policias y criminales o entre miembros de un mismo grupo, nunca llegaron a despertar mi interés), y con uno de esos finales que no suele congregar a demasiados adeptos.
Recomendada. Es muy posible que se encuentre por encima de la media en cuanto a lo que viene ofrenciéndonos, en términos generales, el subgénero zombi en los últimos años; pero cuidado con ser demasiado exigentes con La Horde.
Lo mejor: Cómo híbrido de película de acción y zombis cumple a la perfección. Entretiene.
Lo peor: Quizás las altas expectativas nos jueguen una mala pasada. No está llamda a ser un clásico del subgénero.

LA VALORACIÓN:
47 |100
Estrellas: 2

Poco se puede decir sobre las fortalezas y debilidades de un film como Evilution, que no se haya dicho ya sobre otros del mismo corte. Para que me entendáis, estamos hablando de la producción humilde de un grupo de cineastas con más pasión que medios. Como cualquier otra cinta de bajo presupuesto sobre infectados (ó zombies que corren mucho), sus limitaciones giran alrededor de dos premisas: actores esforzados pero justitos de nivel interpretativo y un desarrollo técnico, tanto a nivel general como narrativo, que deja mucho que desear y, más bien, sirve solo como indicador del camino que pueden tomar los responsables del proyecto. A este último respecto ningún problema; Chris Conlee, Brian Patrick O’Toole y Eric Peter-Kaiser (director, guionista y productor/protagonista respectivamente), tienen un futuro brillante y prometedor dentro del cine de género. Y es que tienen las ideas muy claras, de hecho, la génesis de esta primera parte de una pseudo-trilogía da buena muestra de ello:
Estos tres estadounidenses, fanáticos del cine de terror desde que tenían uso de razón, decidieron un día cualquiera, embarcarse en la filmación de una película más de su género favorito. Puesto que sus gustos eran comunes pero muy amplios, les sabía a poco rodar solo un film; ellos pensaban que podían realizar ejemplos atractivos de tres terrores tipo: zombies, slasher y criaturas. Brian Patrick O’Toole, que tenía cierta experiencia como productor, destacando en títulos medianos como Dog Soldiers ó Cemetery Gates, enfocó el titánico proyecto de una trilogía de la forma más eficaz posible: Creando un nexo de unión débil entre las tres películas, podrían así dejar una marca personal como guía de una cinta a otra, dándoles libertad creativa pero auspiciando las tramas en el mismo marco. Así tenemos cierta “imagen corporativa”, no podemos negar que eso vende, y un entorno capaz de generar empatía en el espectador, les empujaría a terminar una película detrás de otra. El nexo de unión elegido resultó muy acertado. Es concreto, yo diría que es lo mejor de Evilution; tenemos ni más ni menos que un tenebroso edificio de apartamentos; sucio y mohoso a la par que decrepito. Un edificio regentado por un enigmático administrador, envuelto en frases misteriosas y una actitud excéntrica. Este edificio es el Necropolitan, y aunque su diseño artístico no es muy espectacular (un bloque abandonado de apartamentos de Los Ángeles), ofrece una ambientación perfecta para tres historias terroríficas que, pese a tópicas, despiertan nuestro interés y simpatía; al menos a los aficionados acérrimos como el que suscribe.
De momento, contamos con la amenaza de un virus alienígena que resucita a los muertos (Evilution, 2008), un asesino en serie que nunca descansa (Basement Jack, 2009) y una película cuya base argumental es tanto el propio edificio como el extraño administrador (The Necropolitan, ¿?) Pero adentrémonos en lo que se esconde tras la primera parte de esta, original en ideas, trilogía; una infección que convierte unos apartamentos en un infierno zombie a la antigua usanza, bueno para quien quiera entrar en el clásico debate sobre infectados ó zombies puedo deciros, sin entrar en detalles por no estropear el único giro argumental existente, que Evilution explicita a los devoradores de carne como infectados, aportando razones más que sobradas aunque no correctamente hiladas.
El desierto de Irak, una base militar secreta estadounidense y soldados corriendo aterrados por los pasillos. Algo extraño está ocurriendo, personal de las instalaciones ataca violentamente a sus compañeros sin un motivo aparente. Les desgarran las entrañas a mordiscos, beben su sangre, se ensañan con sus órganos internos. No queda más remedio que hacer desaparecer el problema, y para ello, el ejército usa su estilo habitual: Una bomba que borre el lugar del mapa. Cuando se suponía que nada debía sobrevivir a la explosión, comprobamos asombrados como un oficial médico consigue escapar portando una sustancia de origen desconocido entre sus pertenencias
Meses después…
En los apartamentos más paupérrimos de Los Ángeles, el Necropolitan, un huésped alquila una habitación en un sótano cochambroso y con fuerte olor a cloro. Dice ser un profesor con pocos recursos, solo quiere tranquilidad y un sitio donde vivir. Lo que el resto de huéspedes no sospecha, es que el profesor Tyler es en realidad un científico experto en amenazas bacteriológicas, cuyo único deseo es un lugar discreto donde continuar investigando los efectos de una sustancia naranja, sobre los cuerpos moribundos. Como cualquier genio chiflado que se precie, su objetivo es vencer a la muerte al precio que sea. Irak solo fue un error de cálculo.
Para sus experimentos, el Sr. Hall, que es su verdadero apellido, no contaba con la molesta fauna de ganstas, drogadictos y chismosos que se arreciman por las habitaciones del edificio. Por si fuera poco, el ejercito no se ha olvidado de el y pone tras su pista a un agente especial. Con tan desesperanzador panorama rodeando a nuestro científico, no es de extrañar que los efectos del liquido tóxico se le escapen de las manos; convirtiendo las desconchadas paredes de el Necropolitan en un collage de entrañas y sangre, servidos para el placer de unas criaturas que abandonan su humanidad en pro de una evolución caníbal donde los vivos no tiene cabida
Los primeros compases de Evilution ya muestran una escasez de presupuesto, que aun llevada con entereza y aprovechado este al máximo, limita ostensiblemente la narración de los hechos. La base militar no parece una base, el descampado que la rodea no puede pasar por Irak y el lanzamiento de la bomba por parte del ejército, está metida con calzador tanto gráficamente como argumentalmente. De hecho, ¿como narices se ha enterado tan rápidamente el gobierno de lo qué estaba sucediendo y dos guardas de la base no se enteran de nada? Una infinidad más de cabos sueltos harán su desfile por la hora y media del metraje. Resulta curioso como otros elementos de la trama son explicados con excesiva profundidad, como la superficial e inverosímil relación romántica entre los actores principales; mientras otros, como el origen alienígena de la toxina (y hasta ahí puedo leer), apenas son explotados; aun teniendo unas posibilidades obvias a la par que profundas. Solo existe una explicación evidente, el despliegue de medios coarta los elementos más movidos y fantásticos.
También es cierto que el guión bebe demasiado de otras fuentes, encontrando referencias a decenas de películas. Como Demons 2 ó El amanecer de los muertos…. Tampoco creo el guionista buscase salirse de los cánones más rígidos de las producciones que encierran a un grupo de gente en un edificio plagado de zombies. Podríamos tomar como ejemplo, The Horde, pero cuando las comparamos con objetividad vemos que aunque las dos encorsetadas en unos diálogos y personajes predecibles; la cinta francesa tiene un acabado más disfrutable, quizá incluso por olvidarse de buscar motivaciones coherentes para los personajes. No es mala idea si no cuentas con actores apabullantes.
En esta línea de actuaciones nos movemos en Evilution. Bastante malos todos, otorgando una mención especial a la pareja principal, atención a lo pobre que está Sandra Ramírez, capaces de marcarse una escena sexual digna de Steven Seagal. Podríamos rescatar a Tim Colceri interpretando a un agente especial que salva media docena de escenas, un secundario con un buen currículo. Otro personaje destacable es el ya mencionado administrador. El actor asumiendo su papel, proporciona los mejores momentos del metraje (esencialmente el inicio y epilogo al estilo Creepy), pidiendo a gritos un desarrollo más largo de su historia. Algo que creo tendrá lugar en la tercera parte de la trilogía. Pero en general mejor no fijarse en ningún actor, observad que ni funciona el típico alivio cómico presentado en forma de ganstas de medio pelo con muy poquita credibilidad. Supongo que es lo malo de usar personajes tan estereotipados.
El resto de los elementos pecan de la misma falta de dirección, tal vez sería prudente salvar la iluminación y la ambientación. Estas consiguen mantener considerable interés sobre los paisajes del interior del Necropolitan, a pesar de ser solo un edificio viejo y semiabandonado. Se recrea un aura de misterio, que junto a un ritmo bien medido para lo que suele ser habitual es estas producciones independientes, ayuda a sobrellevar otros fallos o pecados. Como la banda sonora escasa, y adornada con unos temas a cada cual peor ó un exceso del movimiento de cámara para aportar sensación de falsa tensión. Los efectos especiales tampoco merecen tirar cohetes pero ayudados por puntuales excesos de hemoglobina aprueban por lo pelos. Podríamos pasar así por la edición, la fotografía, el vestuario (¡gayumbos de todo a cien señora!), etc. Por mucha ilusión puesta en el proyecto, finalmente se comprueba que estamos viendo un producto destinado directamente al mercado del DVD.
Nota aparte merece el diseño del cartel. Muy bonito, promesas de acción y emoción a raudales al estilo del mejor Resident Evil, espectacular diseño…pero no tiene mucho que ver con el espíritu de la película. Se trata de una maniobra de marketing valida, pero que empaña todo el corazón puesto en este film; además de no ser poco. Al menos así lo atestigua la presencia casi humana del edificio como testigo de tres películas de horror. Sin duda, es más aconsejable fiarte de un cura que de un póster.
Resumiendo, una cinta que aun con sus elementos aprovechables (ambientación, destellos de ideas originales…) se ve mermada por fallos típicos de un presupuesto bajo y la necesidad final de terminar el rodaje a toda costa. Puede que los completistas del género zombie sientan interés, puesto que cuenta con laguna escena sangrienta bien desarrollada. Pero el simple aficionado verá más de lo mismo y un escalón por debajo de otras producciones del mismo tipo como Automaton Transfusion. Solo queda continuar descubriendo los secretos que encierra el Necropolitan en el resto de partes de la trilogía. Tengo en el punto de mira Basement Jack, donde la calidad parece subir de nivel. Espero poder traeros otra historia de terror californiano muy pronto…
Lo mejor: El viejo edificio donde transcurre la acción, el Necropolitan. Pese a sus defectos no llega a ser aburrida
Lo peor: Muchos de los defectos de las producciones de bajo costo se dan cita en Evilution: Actuaciones justas, agujeros en el guión, poca credibilidad, edición tosca y BSO prescindible
¿Dónde conseguirla?
Gore Nation: “Evilution” en VOSE.
AUTOR: Bob Rock | PUBLICADO: 08/06/10 | CATEGORIAS: Críticas , Zombies
Tags: independiente,
virus,
zombies

LA VALORACIÓN:
35 |100
Estrellas: 2
Tras las primeras noticias y avances de Survival of the Dead me invadieron, al instante, un par de sensaciones. La primera fue comprobar cómo mis ganas y mi predisposición a disfrutar de la nueva aportación de George A. Romero al universo zombi, seguían prácticamente intactas, pese al revés que supuso en su momento El Diario de los Muertos (Diary of the Dead, 2007).
La segunda sensación, mucho más centrada en la película, fue la de que Romero estaba dispuesto a arrojar una mirada irónica, arropada con altas dosis de humor y gamberrismo, sobre un género que él mismo contribuyó a levantar 40 años atrás, cuando en 1968 filmó su ópera primera y, a la postre, su gran obra maestra: La Noche de los Muertos Vivientes (Night of the Living Dead, 1968).
Al fin y al cabo ¿quién mejor que el propio George A. Romero para mirar al género zombi por encima del hombro? Si a Romero, a sus 70 años, le habían entrado ganas de afrontar su nueva criatura zombi desde el sarcasmo y la socarronería ¿quién podía discutirle su legitimidad para hacerlo? Estaba en su derecho; él más que nadie.
Por desgracia todas estas sensaciones que acabo de mencionaros tuvieron lugar antes de disfrutar – perdon, sufrir – Survival of the Dead. La cruda realidad acabó resultando mucho más triste.
La acción de Survival of the Dead se sitúa horas antes del final de El Diario de los Muertos (hay incluso un encuentro entre los militares disidentes de Survival of the Dead y los estudiantes de El Diario de los Muertos).
En una pequeña isla a la que también ha llegado la amenaza de los muertos vivientes, los supervivientes se encuentran enfrentados en dos bandos. Por un lado quiénes desean acoger y “domesticar” a los zombis a la espera de una posible cura (todos ellos familiares y amigos); y por el otro aquellos que están convencidos de que el único zombi bueno es aquél que tiene esparcido su cerebro por el suelo en pedacitos minúsculos.
El inevitable enfrentamiento entre ambos grupos desemboca en el destierro del cabecilla de uno de ellos.
La llegada de una patrulla de militares disidentes, que ven en la isla un refugio en el que mantenerse a buen recaudo, no hará más que complicar las cosas.
No me gustó Survival of the Dead. En realidad acabé odiando la película precisamente por ser la obra triste y desaprovechada de un cineasta al que admiro (y hablo en presente). Un director de películas de terror que me provocó, siendo un niño, pesadillas (en blanco y negro) en las que mujeres en camison deambulaban en mitad de la noche en busca de carne fresca que saciara su apetito.
Survival of the Dead es una mala película. Lo peor que ha hecho Romero en materia de zombis (lo que viene a significar que está por debajo de El Diario de los Muertos). Al poco de iniciarse la película mis sensaciones ya eran muy distintas a las mencionadas al principio de esta reseña. Tuve la sensación de encontrarme con un Romero cansado, sin ideas, obstinado en no evolucionar, incapaz de ofrecer nada que fuera remotamente novedoso o excitante. Quizás harto de no poder hacer otro tipo de cine que no sea el de zombis.
Es complicado incluso ubicar Survival of the Dead dentro de su ya sextología zombi. Las tres primeras van por libre. La Tierra de los Muertos fue la posibilidad de Romero de contar con un presupuesto más holgado (una situación en la que Romero siempre manifestó no sentirse a gusto). En el Diario de los Muertos Romero volvió a contar con un presupuesto exiguo y aprovechó la ocasión para experimentar con las nuevas tecnologías. ¿Y dónde queda entonces Survival of the Dead? Cómo mirada irónica al subgénero fracasa estrepetitosamente. Survival of the Dead no tiene puñetera gracia. Secuencias como la del pescador oriental, presuntamente graciosa, acaban siendo ridículas. Lastimosas. Cabreantes.
Tanto la historia como los personajes carecen de interés. Los diálogos – en especial todos los que mantienen los miembros del escuadrón militar – son penosos, no hay por dónde cogerlos.
Romero se apunta (craso error) a los efectos CGI de tercera clase que acaban provocando vergüenza ajena.
Las apariciones de los zombis parecen metidas con calzador. Hay zombis porque tiene que haberlos, porque al fin y al cabo se trata de una película de Romero. Pero lo cierto es que la presencia de los zombis no inquieta, no altera nuestro estado de ánimo, pasan por la película con absoluta indiferencia… un pecado capital para una película de zombis.
Y de esta manera, a fuerza de personajes estúpidos (esos militares…), diálogos sin sentido, chascarrillos sin gracias, efectos CGI sonrojantes y muertos vivientes más muertos que vivos; nos vamos sumiendo en un sopor difícil de soportar y deseamos que el suplicio termine cuanto antes.
Con este panorama resulta un esfuerzo futil obtener una doble lectura de Survival of the Dead (un ejercicio habitual en sus anteriores films). No vale la pena. El aburrimiento preside la función, ¿qué necesidad hay entonces de dedicarle a Survival of the Dead más tiempo del necesario?
Incluso es difícil salvar de la quema imágenes que, en un contexto distinto al de la totalidad de la película, podrían ser perfectamente válidas en el universo de Romero, como por ejemplo la secuencia de los zombis surgiendo del fondo del mar o ver a uno de los militares utilizando a un muerto viviente como escudo humano.
Decepción mayúscula. Sin embargo aprovecho la ocasión para reiterar mi admiración por George A. Romero, principal valuarte del universo zombi tal y cómo hoy lo conocemos y responsable de dos obras cumbres del subgénero con son Zombi (Dawn of the Dead) y La Noche de los Muertos Vivientes (Night of the Living Dead).
¿Habrá una nueva entrega de zombis Romerianos? Posiblemente. ¿Se acercará un servidor a esa posible nueva entrega después de la pésima experiencia de Survival of the Dead? Seguro que sí; es lo que tiene ser un puñetero fan del abuelo zombi.
Lo mejor: Algunas imágenes muy puntuales que rememoran a un Romero aceptable.
Lo peor: Todo lo demás: historia, personajes, diálogos, efectos, fotografía... zombis
¿Dónde conseguirla?
Gore Nation: “Survival of the Dead” en VOSE.
AUTOR: Joan Lafulla | PUBLICADO: 04/06/10 | CATEGORIAS: Críticas , Zombies
Tags: george a. romero,
zombis

LA VALORACIÓN:
64 |100
Estrellas: 3
Una comedia urbana, zombies, película independiente… ¿Estamos ante la enésima comedia zombie nacida a la sombra de Shaun of the dead”? Para bien ó para mal os daré un rotundo “no” como respuesta, y el que se elevase como la ganadora del Midnight X-treme en el festival de Sitges 2009, avala parcialmente esta contestación. Wasting Away, que ha sido editada recientemente en DVD aquí en España como “Zombie Town” (no confundir con una película del mismo título y el mismo año que no tenido el placer de ver), es una comedia dada a luz con muy pocos medios y que intenta hacer ver la historia al espectador a través de los nublados ojos del icono del terror por excelencia de este principio del siglo XXI: el muerto viviente
Pero vayamos pasa a paso, despacito, como si nuestras piernas careciesen de circulación sanguínea.
No cabe duda que la figura del zombie está sobreexplotada. Uno se puede llegar a marear si busca en la red de redes películas que contengan zombie ó “of the dead” en su título, queda claro que la figura del muerto que surge de su tumba merece una segunda mirada más allá de esa primera impresión, que muchos tendrán actualmente, del zombie como mera exscusa para realizar un film de terror de bajo presupuesto ó, sencillamente, “molón”.
El nacimiento del “zombie moderno” en el celuloide, tuvo lugar en la obra de culto La noche de los muertos vivientes. Sin entrar en detalles, muchos vieron en la opera prima de George Romero, y en sus posteriores proyectos, un manifiesto sobre la alienación del capitalismo en las sociedades del primer mundo. En la sociedad de consumo todos nos convertimos en ovejas descerebradas que caminando al unísono solo nos preocupamos de lo que tenemos delante, sin tener como objetivo el crecimiento como seres humanos. Obviamente también se pueden establecer paralelismos con los andrajosos zombies en blanco y negro de Romero, con la creciente población de mendigos estadounidenses a finales de los sesenta. Lo que parece evidente es que debajo de la patina de entretenimiento incontestable que lucia La noche de los muertos vivientes se escondía un mensaje una llamada a las neuronas del espectador. Desgraciadamente esto se ha ido perdiendo con el paso de las décadas, y hoy por hoy, salvo en contadas excepciones, el zombie no es más que un elemento de entretenimiento fácil en la dichosa sociedad del bienestar.
Entrando en la pura opinión personal, diré que Wasting Away es una excepción en este mar de películas planas sobre muertos vivientes, puede que el mensaje no llegue alto y claro debido a pequeños fallos que os iré desgranando; pero yo sentí un claro tributo a “los raros”, “los diferentes”, “los inadaptados” en la opera prima de Matthew Kohnen. Y usando al manido muerto viviente como elemento referencial, algo que es digno de alabar. En Wasting Away los protagonistas, convertidos en cadáveres andantes, son los raros del pueblo que solo buscan desesperados un hogar, un objetivo que de sentido a su no-vida. Una misión loable que nosotros, como miembros de la citada sociedad del bienestar, hemos olvidado. Por si fuera poco, la transmisión de este mensaje se aborda desde la perspectiva del propio zombie, nos metemos en sus cabezas agusanadas para compartir su periplo con voluntad y buen humor. Que yo sepa está es la primera vez que se narra, en el séptimo arte, una historia de muertos vivientes contada íntegramente desde el otro lado; el lado de la carne podrida y los miembros cangrenados. Es cierto que existen algunos intentos de una aproximación humanizada al fenómeno zombie, a bote pronto me vienen a la cabeza una acertada “zombedy” como Fido ó la prescindible Mortal Zombie (Return of the living death 3); sin embargo una película con tantas ganas de meternos en un juego donde los zombies son los protagonistas y destinatarios de nuestro afecto, frente a unos seres humanos, cuando menos, anodinos…pues la verdad que nunca la había visto.
Timmy, Mike, Cindy y Vanesa son cuatro amigos que esperan a que se abra la bolera para entretenerse una aburrida noche de viernes más. Timmy, que trabaja en la bolera como camarero, les deja quedarse en la cocina mientras prepara la noche de competición. Pero a Mike se le ocurre la idea de mezclar cerveza con helado para ir calentando. Lo que ninguno sabe es que un camión que transportaba desechos nucleares ha tenido un accidente muy cerca de la bolera y uno de los barriles llenos de desechos se ha desparramado contaminando la cerveza.
Tras probar el “invento” de Timmy, los cuatro caen fulminados. Cuando horas más tarde, despiertan se sienten enormemente raros, fuertes y hambrientos. Afortunadamente, mientras andan embarcados en sus quehaceres nocturnos, un soldado hace su entrada en escena para descubrirles la verdad: los desechos tóxicos están transformando a las amigables gentes del pueblo en violentos infectados, pero ellos cinco se han visto extrañamente inmunizados convirtiéndose en…supersoldados!!
Fuertemente emocionados ninguno se percata del verdadero origen de los cambios que ocurren en su interior. Se sienten diferentes y actúan diferente, sin embargo ninguno sospecha que en realidad están muertos y ¡se han convertido en zombies sedientos de carne fresca!
Lo primero que destaca en la obra de unos desconocidos hermanos Kohnen es la alternancia de imágenes en blanco y negro (a excepción del helado fluorescente) con las imágenes a todo color (y bastante vivas, un acertado uso de la fotografía). ¿Qué representa esta alternancia? Bien, la ausencia de color corresponde a la mirada de los vivos sobre la realidad y los colores brillantes están asociados a la mirada de los muertos vivientes (un mundo gris y triste para los seres humanos frente a uno de alegres colores para los muertos, genial idea). Es más, los zombies se ven a si mismos como personas totalmente normales, a la par que sus vecinos vivos son, para ellos, poco más que unos borrones chillones e ininteligibles debido a la lentitud de sus cerebros en estado de descomposición. Simple pero efectivo, ¿verdad? Y es que toda la película se basa en este juego interpretado en clave de comedia. Los zombies piensan que los que les rodean están infectados, y por eso se mueven tan rapido, a la vez que ellos se contemplan como siempre, intentando seguir con sus amoríos, sus entrevistas de trabajo y su afición por la cerveza. Ellos pueden estar bailando de alegría a todo color por una victoria en una partida a los bolos pero la verdad es que sus movimientos espasmódicos y grisáceos solo generan asco y temor en los rostros de los vivos.
Esta doble visión da pie a multitud de escenas que buscan nuestra sonrisa cómplice con los equivocos (facilones en ocasiones), aquí es donde encontramos uno de los primeros problemas de Wasting Away. La repetición del recurso, así como el humor infantil de algunos “gags”, se me presenta algo cansina. Tanto lo reducido de los medios técnicos como del repertorio interpretativo de los actores (todos desconocidos para mí, a excepción de un clásico secundario como Richard Riehle), se convierten en el lastre para el cristalizar de un producto notable. No nos engañemos, los medios son muy limitados. El bajo presupuesto se deja notar de forma omnipresente, aunque quiero dejar claro que cada centavo está bien aprovechado. Imagino lo difícil que habrá resultado para los responsables de esta cinta, conseguir hilar hora y media con un resultado homogéneo y lo suficiente compacto como para impactar al espectador curtido en los mil y un recursos (y tópicos) del cine zombie. Sin embargo toda opera prima esta plagada de fallos y “tics”. Wasting away no se salva de estos molestos fallos; para que me entendáis os daré un ejemplo:
En Wasting Away los borrachos, debido a la lentitud de sus procesos cerebrales (je je je), perciben y entienden a la perfección a los muertos vivientes. Pues bien, existen tres escenas que usan este leitmotiv para generar bromas y gracias; desgraciadamente todo se queda en lo divertido de la idea, porque la resolución lastrada por las interpretaciones muy justas de los protagonistas, así como el ritmo, en ocasiones, ralentizado de la película, no consigue convencernos por mucho que sea el esfuerzo. Lo peor, es que esta forma sosa de presentar las ideas ocurre en demasiadas ocasiones como para obviarlo.
Sin embargo, y como hecho positivo, todas estas buenas ideas crean una aureola de simpatía que se extiende a lo largo de todo el metraje. Supongo que para el espectador “novel” en el mundillo de los muertos vivientes, la mayoría de las escenas y escenarios les parecerán intrascendentes, tirando a patéticos. Incluso he leído muchas comparaciones odiosas con producciones de la Troma, bueno, puede que el continente se asemeje por el humor y la falta de medios con las producciones de la mítica Troma, pero el contenido brilla con luz propia debido a su originalidad. No obstante, el espectador cansado de ver películas de zombies deambulando por pantalla sin más objetivo que devorar carne humana, se sentirá como en la casa de siempre, pero totalmente redecorada. Detectará los pequeños homenajes, odiará a ciertos humanos execrables, disfrutará con la bolera bajo los grises plateados y sonreirá con aprobación cuando se cierre el viaje de nuestro grupo de amigos infectados, en unos últimos fotogramas que al raro de la clase le proporcionaran una preciada sensación de camaradería (sobre todo por esa música feliz que resume toda la intencionalidad del guión). A un servidor, le ha gustado mucho el uso de los colores ó su ausencia, quizá le faltaron momentos de mayor intensidad en carcajadas y terror (olvidaros de las sensaciones fuertes, esto es una comedia pura y dura). Pero vamos, que muchas veces uno se plantea lo que un proyecto hubiera podido ser con más medios y no encuentra una respuesta satisfactoria.
Recalco que para juzgar honestamente esta producción hay que ser muy conscientes de que estamos ante un producto de bajo presupuesto, su intencionalidad no es codearse con, por ejemplo, Daybreakers.
Si obviamos todos esos fallos de principiante, la aliteración excesiva, el ritmo desigual, las actuaciones esforzadas pero sencillas (a excepción de una preciosa Vanessa interpretada por Julianna Robinson, pero creo que aquí hablan mis gustos sobre mujeres) y el humor infantil que toma lo peor de la famosa serie de TV Friends, tenemos un producto que pega una bofetada en las narices a todos aquellos que argumentábamos que la figura del zombie no da más de sí en los tiempos que vivimos y dinamita la opinión, generalizada dentro del cine de terror, acerca de que los muertos vivientes solo sirven para entretener un rato y gracias. ¡No! Aun queda mucho que pensar y sentir cuando en nuestro televisor una mano surja de la tumba exigiendo su lugar en nuestro imaginario. De momento yo me he quedado pensativo, preguntandome ¿quien está más vivo? ¿Nosotros recostados en nuestros sofás impávidos ante las injusticias que nos rodean ó ellos, qué juntos avanzan hacia delante aferrándose a la vida con garras y dientes…?
Lo mejor: La simpatía general que despertará a los aficionados de la temática zombie, así como lo original y fresco de su perspectiva en la materia
Lo peor: Como comedia flojea por la levedad de sus chistes y ocasionalmente el ritmo también se atasca
¿Dónde conseguirla?
Gore Nation: “Wasting Away” en VOSE.
AUTOR: Bob Rock | PUBLICADO: 26/04/10 | CATEGORIAS: Críticas , Zombies
Tags: comedia,
independiente,
zombies

LA VALORACIÓN:
65 |100
Estrellas: 4
Zombies of Mass Destruction es otra película más de zombies que mezcla con desigual fortuna el terror y el humor. Esto no significa que sea una película fallida, pero sí un ejemplo de lo complicado de que esta unión de géneros funcione. De mayores ambiciones que Zombieland en cuanto a concepción, desde mi punto de vista no llega a la altura de Shaun of the Dead, que quizás sea la más equilibrada de las tres en cuanto al resultado final.
Zombies of Mass Destruction se presenta como un interesante fresco de la sociedad americana contemporánea y, como buena investigación sociológica, coge un segmento representativo de la muestra. Se centra en Port Gamble, comunidad reducida, y dentro de la misma, en una serie de personajes con su historia particular. Sin duda, una de las grandes bazas de la película son sus personajes y sus actores, caracteres bien definidos y dibujados, con una buena historia que contar, y bien interpretados. Cada uno de ellos representa un tema candente de dicha sociedad.
1. Política: el alcalde Burton (James Mesher), republicano, que siguiendo el espíritu más puro del sueño americano sale a la calle a hacer campaña entre sus vecinos, pidiendo el voto para su reelección. Así, se entera de primera mano que Cheryl Banks (Cornelia Moore), maestra de la escuela local y de ideología demócrata, va a ser su rival.
2. Religión: El reverendo Haggis (Bill Johns), como todo buen sacerdote contemporáneo, está escandalizado porque cada vez menos parroquianos acuden a oír sus sermones.
3. Racismo: La iraní Fridda (Janette Armand), acaba de volver de Princeton, después de conseguir escapar de Port Gamble, y se incorpora al trabajo con su padre Ali (Ali Hamedani) en el bar. Para el resto de sus vecinos, siempre será la vecina “irakí”. A nivel personal, Fridda, nacida en Estados Unidos, tiene un problema de identidad: rechaza y sigue, a partes iguales, sus raíces.
4. Homosexualidad: Tom (Dough Fall) se ha decidido por fin a presentar a su novio a su madre y, de paso, salir del armario. Por eso, lleva a Lance (Cooper Hopkins) a su pueblo natal, con la idea de cenar, dar su mensaje y volver a Nueva York en el primer ferry de la mañana.
5. Paranoia: Brian (Andrew Hide) soporta, como puede, a sus padres, republicanos enloquecidos, y se alegra de volver a ver por su pueblo a Fridda.
Al igual que sucede en Shaun of the Dead, y aunque parezca un asunto de perogrullo, el estallido zombie sirve para algo. No es un fin en sí mismo, sino que supone un revulsivo en las historias:
1. Política: el alcalde Burton intentará llevarse a su terreno la gestión durante la plaga zombie, sacando tajada política de ello, mientras que Cheryl, su rival, representará el sentido común (parece clara la ideología política del director, Kevin Hamedani).
2. Religión: el reverendo Haggis achaca, por supuesto, la invasión zombi al actual laicismo social, e intentará, de un modo “salvaje”, contribuir a su aniquilación.
3. Racismo: en cuanto el tema zombie salta a los informativos, se da por hecho que debe tratarse de un ataque terrorista. Fridda, iraní, será la primera en ser perseguida por sus vecinos más “republicanos” (iraní, irakí… a ellos les da igual, es extranjera y de Oriente Medio, con esto basta).
4. Homosexualidad: Tom y Lance sufren su condición sexual tanto a nivel metafórico –la conversión de la madre de Tom- como a nivel real… (la escena de la Iglesia, dejémoslo ahí).
5. Paranoia: Brian tiene la oportunidad de librarse del peso “republicano” de su familia gracias a esta situación inusual.
Pero no acaban ahí las cosas: el final de la película, el epílogo, es brillante y demoledor. Si bien, como se desprende de lo detallado hasta ahora, el punto de vista de la película es un poco partidista y sesgado –sí, lo es, pero lo cierto es que en los informativos están a la orden del día este tipo de cuestiones, por lo que, más allá del tópico, me las creo y las comparto en parte-, en la escena que cierra la película se supera cualquier ideología y concepción más tópica, salvando de la “quema” sólo a un par de personajes, mientras que el resto acaban siendo víctimas o del ambiente opresivo de un pueblo pequeño o del “american way of life”; esto es, en última instancia, lo que se quiere criticar.
Por tanto, me parece admirable la construcción de la película, lo bien pensado que está casi todo en ella, y el uso de tanto recurso narrativo con una intención muy clara: contar una historia con un mensaje y desde un punto de vista.
Sin embargo, la película es de bajo presupuesto, y se nota. Abunda la sangre y el gore, y aunque algunos efectos están realmente bien conseguidos, la mayoría de las veces “ves” el efecto especial (no lo ves, literalmente, pero me pasé toda la película suponiendo cómo estaba hecho, algo que no me suele pasar). Asímismo, todo el buen hacer y la sabiduría que han empleado para la construcción más teórica de la película, la arriba detallada, no se corresponde con la realización práctica de la misma. Hay poca elaboración en los momentos de terror, suelen tener un esquema bastante básico y repetitivo (una irrupción inesperada de un zombi) y, al final, cuando se hace recuento, se hecha de menos una gran escena, de estas en las que uno se quita el sombrero y exclama “¡momentazo!”. Respecto al sentido del humor, me parece lo más discutible de toda la función. Hay un par de chistes buenos, pero en muchas ocasiones se bordea el humor tonto o ridículo. A mí, personalmente, este tipo de coñas me hacen mucha gracia, pero creo que en este contexto, donde hay temas bastante serios y, sobre todo, inteligentes, lo único que se consigue es devaluar lo de alrededor.
Como valoración global, creo que es una película que vale la pena ver, con todos sus “peros”. Los fans de Romero agradecerán que estos zombis sean de su escuela: caminan lento y están podridos y, como en sus mejores obras, cuando llega el final descubres que los humanos son como los zombis, en el peor sentido de la palabra –suponiendo que tenga un sentido bueno. Y es un buen ejemplo de cómo con bajo presupuesto, sin pretender inventar nada, se puede contar una historia. Es cierto que aquí han estado a punto de superar con inteligencia la carencia de medios y no lo han conseguido, pero también lo es que han intentado disparar muy alto.
Lo mejor: Que nada es gratuito: todo sirve para algo.
Lo peor: Quizás, lo puramente “terrorífico” es lo más flojo.
¿Dónde conseguirla?
Gore Nation: “Zombies of mass destruction” en VOSE.

LA VALORACIÓN:
60 |100
Estrellas: 4

En 2006, el espabilado David R. Ellis creyó que sería una genial idea combinar el género de las catástrofes aéreas con el de los animales agresivos (en este caso serpientes). Con el avión y las serpientes en el saco, lo único que le faltaba a su cóctel explosivo era encontrar a un actor con cierto carisma que se implicara en el proyecto (Samuel L. Jackson haciendo de… Samuel L. Jackson) y orquestar una campaña de marketing de tres pares de narices que pusiera la miel en los labios a miles de aficionados en todo el mundo.
Finalmente la cosa no fue para tanto, y Snakes on a Plane (Serpientes en el avión, 2006) fue poco más que un par de secuencias de acción dignas de mención y algún que otro chiste facilón con señora gruesa y serpiente urgando en su refajo.
Afortunadamente todo el esfuerzo de David R. Ellis no fue en vano, y al menos sirvió para que otro espabilado, con menos recursos, se viera iluminado por la santa providencia y decidiera que sería una idea, todavía mejor que la anterior, despegar nuevamente el avión y sustituir a las serpientes por muertos vivientes. La fórmula de explotar el exploit, o el exploit al cuadrado.
Es segundo espabilado en cuestión responde al nombre de Scott Thomas, y su Flight of the Living Dead: Outbreak on a Plane (también conocida como Plane Dead) promete un vuelo nada apacible, con una tripulación poco servicial, y un pasaje que buscará alternativas a la bazofia de comida que suelen servir en los aviones.
Durante un vuelo de Los Ángeles a París, un grupo de científicos que huyen de la CIA transporta una caja en al que viaja una colega de profesión afectada por un debastador virus alterado genéticamente. El mal tiempo y las fuertes turbulencias son la causa de que la chica logre escapar. El virus la ha convertido en un zombi hambriento, y muy pronto sembrará el caos y el terror en el interior del avión.
Flight of the Living Dead es una de esas películas en las que resulta inútil destacar las malas interpretaciones, los personajes planos y estereotipados, la demencial excusa argumental, los efectos CGI de segunda categoría o su aspecto general de telefilme para la sobremesa de un domingo.
Posiblemente Flight of the Living Dead tenga en su haber todos estos defectos… y alguno más. Y también es posible que todos estos defectos pongan a prueba la resistencia y paciencia del más pintado. Sin embargo, ¿qué es lo que realmente uno espera – o debería esperar – de una pelicula como Flight of the Living Dead? ¿Buenos actores, un gran guión, efectos de última generación?
Lo único que esperamos encontrar en Flight of the Living Dead son zombis en un avión. Y que cuando se produzca su puesta en escena, el festín de sangre y vísceras esté asegurado y logre cautivar al aficionado al género zombi.
Tras treinta minutos iniciales insufribles, en los que Scott Thomas nos ofrece abundante información acerca de unos personajes que, sencillamente, no merecen tal esfuerzo; el primero de los zombis – nervioso, ágil y de aspecto terrorífico – clava sus dientes sobre el desgraciado de turno que se cruza en su camino (curiosa la tendencia de los zombis de Flight of the Living Dead de saltar siempre a la yugular de sus víctimas, como si fueran vampiros). A partir de este preciso instante Flight of the Living Dead cumple. Se convierte en lo que todos esperábamos: un ir y venir de zombis hambrientos sembrando el caos entre la tripulación y el pasaje de un vuelo comercial a 30.000 pies de altura.
Lo único que nos queda es olvidarnos (quien pueda) de los pésimos personajes y del guión inexistente, y disfrutar del espectáculo. Flight of the Living Dead es sangre (aunque no tanta como sería deseable), gore (también se echa en falta algo más de gore), y muertos vivientes (de estos hay más que suficientes).
Y por el camino, Flight of the Living Dead nos regala un par o tres de momentos para el recuerdo: esos muertos emergiendo del suelo del avión (y que nos remite a la imágen icónica del zombi abandonando la humedad de sus tumbas), el cruel – y divertido – destino de una monja empeñada en superar el trance a golpe de oración, y el buen hacer de un golfista profesional dando su merecido a los zombis.
Flight of the Living Dead no es una buena película, pero lo mejor que se puede decir de ella es que tampoco pretende serlo. Es un simple y honesto entretenimiento zombi de bajo presupuesto hecho por y para los aficionados al subgénero de los muertos vivientes. Y cómo tal… funciona.
Lo mejor: Cuando el primer zombi hace acto de presencia la rueda empieza a girar... y ya no para.
Lo peor: Malos actores, un guión de risa, 30 minutos iniciales que sobran y falta de gore.

LA VALORACIÓN:
76 |100
Estrellas: 4

“Zombis, cabezas que explotan, monstruos que se arrastran, y una cita para el baile… Es lo clásico ¿verdad Spanky?”
Esta es una de las numerosas perlas cultivadas por el detective Cameron, el más carismático de los personajes que aparecen en esta pequeña delicatessen ochentera, con rasgos de comedia terrorífica, y que responde al título de Night of the Creeps (1986), debut en la dirección del hasta entonces guionista Fred Dekker.
En España la conocimos bajo el título de El Terror llama a su Puerta, libérrima (e innecesaria) reinvención del Night of the Creeps original que, sin embargo, se complementó a la perfección con el ya mítico cartel que acompañó a la película: una mano demacrada rompiendo el cristal de una puerta para poder acceder al interior de la casa.
Fred Dekker dirigía su primera película tras obtener cierto reconocimiento al figurar como autor del guión de otra triunfadora comedia de horror de aquel mismo año 1986, House (House, Una Casa Alucinante).
El éxito de House dio la oportunidad a Fred Dekker de presentarse frente a los productores de la TriStar Pictures con el guión de Night of the Creeps bajo el brazo y la firme convicción de que iba a ser él mismo quién lo llevara a la pantalla.
La primera dificultad a la que tuvo que enfrentarse el debutante Dekker fue la elección del título. Su intención fue la de titular a la película The Creeps, sin embargo chocó con los intereses de la productora que tenía en su poder los derechos de Creepshow, la película dirigida por George. A. Romero en 1982 y de la que se estaba preparando una inminente segunda parte. Fue la propia TriStar la que, en previsión de evitar futuros conflictos, rebautizó a la película con el título definitivo de Night of the Creeps.
La segunda gran dificultad en la que se vio implicada la producción de la película hace referencia a la secuencia final de la misma, pero a ello volveré más adelante.
El argumento de Night of the Creeps, sobre el papel, es de esos que invitan a una visita urgente al frenopático. Un par de alienígenas que pasan por una situación apurada (no me preguntéis sobre la naturaleza de dicha situación) lanzan una sonda espacial que recorre medio universo para fijar su destino final… ¿dónde? Efectivamente, en el planeta Tierra (… mira que llega a ser grande el Universo…). Más concretamente en una pequeña población norteamericana de los años 50 (… mira que llega a ser grande el planeta Tierra…), teñida por el blanco y negro de la época, amenizada por la inmortal música de Los Platters y habitada, mayormente, por bellas jovencitas con faldas de vuelo y muchachotes que lucen orgullosos las siglas de sus facultades en sus chaquetas de lana.
En el interior de la sonda espacial habitan unas repugnantes babosas que se introducen en los cerebros de sus desdichadas víctimas (a través de la boca) para consumar la reproducción de su especie.
Una de esas babosas, casualmente ¡¿?!, se introduce en el cerebro de un demente asesino que deambula por la zona sujetando una enorme hacha y sembrando el pánico entre las confiadas jovencitas dispuestas a desvelar el secreto que se esconde bajo sus mencionadas faldas de vuelo en el asiento de atrás de un viejo Cadillac.
El asesino del hacha, con la babosa extraterrestre campando a sus anchas en el interior de su cerebro, se convierte en un horrible zombi, siendo abatido por un joven agente de policia.
Han pasado treinta años, y un par de estúpidos universitarios dejan libre, por accidente, a un cadáver criogenizado en el laboratorio de la facultad de medicina, en cuyo cerebro habitan las temibles babosas. El antaño joven policía, ahora convertido en experimentado detective, deberá enfrentarse de nuevo a la amenaza extraterrestre para salvar la vida de los estudiantes de la universidad e impedir que el mal se extienda.
Cómo podéis adivinar a partir de esta locura de argumento, Night of the Creep es un auténtico batiburrillo de homenajes, referencias, géneros y subgéneros que necesitaba de poco menos que un milagro para no caer en las garras del esperpento y el ridículo más espantoso.
Los primeros quince minutos de Night of the Creeps contienen guiños y homenajes varios a la sci-fi de los 50 (con películas como The Blob o Body Snatchers a la cabeza), al género slasher, tan en boga a mitad de los ochenta (las sagas de Viernes 13, Halloween, y Pesadilla en Elm Street estaban en pleno apogeo), a las comedias de ambiente universitario, y a los zombis de George A. Romero; en un continuo juego de referencias que estaría presente, no solamente en esos 15 minutos iniciales, sino que se prolongaría durante el resto de la película.
Y ese es sin duda el gran mérito que debemos atribuirle a todo un debutante (recordémoslo) como era Fred Dekker en aquel momento: conseguir que tal cantidad de referentes y homenajes, incrustados en el seno de un argumento que, aparentemente, no tenía ni pies ni cabeza, derivara finalmente en una de las comedias de horror más divertida, simpática, eficaz y memorable de los 80.
Porque Night of the Creeps es puro cine de género de los 80. Pertenece a esa serie B colorista, de argumento sencillo (y en ocasiones estúpido, sin más…), rodada con pocos medios pero muchísimo entusiasmo, y cuya única finalidad era la de entretener y divertir al espectador. Me remito a títulos del calibre de Terrorvisión, Noche de Miedo, Jóvenes Ocultos, Critters, Xtro, Una Pandilla Alucinante (también de Fred Dekker) y un largísimo etcétera.
Por supuesto no todas estas películas han envejecido de la misma forma. Night of the Creeps ha resistido el envite del tiempo de manera admirable, y lo ha hecho gracias, principalmente, al magnífico guión de Fred Dekker.
Los diálogos son siempre ágiles. La acumulación de bromas y chistes funciona.
Las constantes referencia al género son divertidas. Cada persona o lugar tiene el nombre de un famoso director del género: Cronemberg, Landis, Carpenter, Cameron, etc…
Comedia, acción, romance juvenil, terror e incluso gore (ver la secuencia de la cortadora de césped, de la que probablemente Peter Jackson tomó muy buena nota), están perfectamente dosificados y combinados entre sí.
Los protagonistas, pese a responder a unos estereotipos muy evidentes, reúnen todos ellos cierto carisma (incluso el amigo bocazas del protagonista –que se pasa todo el metraje apoyado sobre un par de muletas a causa de una incapacidad física- resulta más gracioso de lo habitual) y se benefician enormemente de las líneas de diálogo que les tiene reservado el guión de Dekker.
A destacar la presencia del veterano Tom Atkins (unos de esos rostros secundarios del cine norteamericano que nos resultan tan familiares) en el papel de un hastiado detective de policía que está de vuelta de todo (homenaje a un tipo de personaje muy ligado al cine negro clásico). Suyas son algunas de las más ocurrentes y recordadas frases de Night of the Creeps.
Y Zombis… los amantes de los zombis también tendrán aquí su ración de muertos descompuestos, caminando torpemente, y acosando a inocentes jovencitas de una fraternidad femenina. ¿Sus puntos débiles? Un certero balazo en la cabeza y el calor de un lanzallamas. Memorable la secuencia en la que los chicos de la fraternidad masculina, que se dirigen en autobús al baile, sufren un aparatoso accidente y se convierten, todos ellos, en muertos vivientes. Una secuencia culminada con la que posiblemente sea la frase más célebre del detective Cameron (dirigiéndose a las chicas): “Tengo dos noticias: la buena es que los chicos ya están aquí. La mala es que están muertos”.
Sé que en ocasiones como esta, a la generación de los treinta y pocos, nos cuesta trabajo prescindir del factor nostalgia, pero creo que no me equivoco al afirmar que Night of the Creeps sigue siendo hoy en día una película totalmente vigente, que ha perdido muy poquito de su encanto original y especialmente recomendable para esas nuevas generaciones de aficionados que todavía no hayan tenido la oportunidad de disfrutarla. Una pequeña joya de los 80…
Ooops… casi olvido el problema de Fred Dekker con el final de la película. El bueno de Dekker ideó un final totalmente distinto al que finalmente se estrenó en pantalla grande. En la secuencia final originalmente planteada por Dekker, uno de los personajes principales de Night of the Creeps aparecía andando calle abajo, con un lamentable aspecto. Su cabeza explotaba y las babosas del interior quedaban libres en mitad de un cementerio cercano (con las consecuencias que todos podéis imaginar). Dekker cometió el error de presentar la secuencia final a los productores sin estar todavía completada la postproducción de la misma ni añadidos los efectos especiales. Los productores rechazaron el final presentado por Dekker y le obligaron a reescribirlo por completo.
Dekker siempre ha defendido que su final original era muchísimo mejor que el que acompañó a la película en su estreno.
Lo mejor: Su inacabable capacidad para divertir mezclando todo tipo de subgéneros, homenajes y referencias.
Lo peor: Que muchos no hemos tenido la oportunidad de ver el final que Fred Dekker realmente quiso para su película.
AUTOR: Joan Lafulla | PUBLICADO: 14/01/10 | CATEGORIAS: Horror Revival , Zombies
Tags: horror revival,
humor,
monstruos,
serie b,
zombies
LA VALORACIÓN:
59 |100
Estrellas: 3

Un presupuesto total de 70$ (me sigue costando mucho trabajo creerlo), un equipo humano derivado de la cuenta de amigos de Facebook de su director, y la campanada mediática en el último Festival de Cannes (2009), en el que muchos medios aseguraron que Colin, obra independiente/amateur dirigida por el novel Marc Price, fue la película más comentada del certamen.
Sé que semejantes antecedentes no dicen absolutamente nada acerca de la calidad (o la falta de ella) de Colin, pero creo que son datos necesario para comprender cómo demonios una película como la de Marc Price logró tener tantísima repercusión cuando tan sólo unos pocos afortunados habían tenido la oportunidad de verla.
A partir de aquí, superado el trance de Cannes y todavía perplejo por la ridícula cifra de los 70$ (sigo sin creérmelo), dejamos todo este tinglado a un lado y nos centramos únicamente en Colin y en si realmente vale la pena toda la atención que se le ha prestado hasta el momento.
Colin regresa a su piso asustado por todo lo que está ocurriendo en el exterior. Parece herido. Todo empeora cuando su compañero de piso se abalanza sobre él y logra morderle. Colin experimenta una dolorosa transformación y acaba sus días convertido en un muerto viviente, en un zombi. ¿Su destino más inminente? Vagar sin rumbo por las calles de una ciudad que vive al borde del colapso.
El planteamiento inicial de Colin quizás no sea estrictamente innovador, pero si resulta original o, cuanto menos, poco habitual en el subgénero zombi. Marc Price atraviesa el espejo y se coloca justo en el extremo opuesto al que estamos acostumbrados. El suyo vuelve a ser un relato de supervivencia post-apocalíptica, pero en esta ocasión encuadrado desde el punto de vista del monstruo, del muerto en vida.
Colin es un zombi. Camina con la torpeza de un zombi. Se expresa (a través de un variado surtido de gruñidos) como un zombi. Y tiene exactamente las mismas necesidades que cualquier otro zombi. Es curioso comprobar como siendo el protagonista absoluto de la historia un zombi sentimos la necesidad, como espectadores (al menos a mí me ocurrió), de adivinar cuanto antes en Colin alguna cualidad o algún rasgo que lo haga más humano, que lo aparte en cierto modo de esa criatura que camina únicamente en busca de carne fresca. Sentimos afinidad por Colin. Queremos identificarnos con él y compartir el sufrimiento que está padeciendo, pero para lograrlo necesitamos que Colin, ni que sea por un instante, deje de ser el monstruo en el que se ha convertido. Que muestre un atisbo de racionalidad, de humanidad. Pero esto no va a suceder… Colin es, definitivamente, un zombi.
Colin deambula aturdido, perdido, desorientado por las calles de su ciudad mientras esta se descompone a su paso. En cada rincón hay un zombi devorando a algún pobre desgraciado que ha caído en sus manos. Lo único que le queda por hacer a Colin es buscar su sitio en este nuevo mundo al que ahora pertenece, y lo encuentra únicamente cuando acata su nueva naturaleza: ahora es un zombi, y su único objetivo en la vida es encontrar comida.
Ciertamente, el gran acierto de una película como Colin es que su original punto de vista induce al aficionado al subgénero zombi a colocarse en una posición que no suele ser la que normalmente adopta y a plantearse una serie de cuestiones que habitualmente no se plantea.
Y es dentro de esta mecánica dónde la película de Marc Price encuentra sus momentos más lúcidos e interesantes.
Observar al propio Colin, un zombi, tratando de sobrevivir a un mundo que le resulta extraño y hostil; o contemplar a sus propios familiares más cercanos obligando a Colin (o al menos intentándolo) a que recuerde su pasado más reciente y a activar nuevamente sus lazos afectivos, no deja de ser una experiencia cautivadora e incluso emotiva.
El problema es que este tipo de planteamientos, derivados del particular punto de vista adoptado por Colin, se agotan pronto, y Marc Price se ve en la tesitura y en la obligación de “rellenar” metraje para poder terminar su película.
En ocasiones el mencionado “relleno” no sale mal parado (ver la batalla entre supervivientes y zombis que se lleva a cabo en plena calle, en la que toma parte el propio Colin, y en la que los supervivientes humanos deberán tomar una difícil decisión respecto a los que han resultado heridos durante la misma); pero en otras ocasiones su estrategia para salir del paso resulta demasiado obvia y poco satisfactoria (ver la matanza que se produce en el interior de un edificio en la que ni siquiera participa directamente Colin. Una secuencia destinada exclusivamente a contentar a los aficionados más necesitados de sangre y tripas, pero que en el ámbito de lo que pretende ser una película cómo Colin queda algo desajustada y fuera de lugar).
De esta manera, el interés de Colin depende, en gran medida, de que ese inusual punto de vista adoptado por la película de Price logre despertar el interés y la curiosidad del aficionado al subgénero zombi. Sin embargo, el cambio de perspectiva no es el único aliciente de Colin. Si bien su aspecto visual demuestra, con creces, la evidente falta de medios (aunque sigo en mis trece con el tema de los 70$), también es cierto que más allá de los planos sobreexpuestos o de la falta de iluminación, Marc Price demuestra tener cierto talento a la hora de colocar la cámara y lograr imágenes que, al menos, intentan perdurar en nuestras retinas (sobre todo en los primeros treinta minutos del film).
También las interpretaciones (sobre todo la actuación de Alastair Kirton en el papel de Colin) están por encima de lo que se suele presuponer en una película de esta índole. Y lo mismo puede decirse del maquillaje de los muertos vivientes. Unos muertos vivientes de corte clásico, afectados por el rigor mortis, y sin atisbo de aptitudes físicas que les hagan aptos para la práctica del atletismo en cualquiera de sus modalidades de competición. En este sentido cabe destacar el maquillaje facial de Colin, que muestra a la perfección las diferentes fases de su estado de descomposición.
Y ya en su tramo final, Colin pone de manifiesto otro de sus grandes defectos: la necesidad de ser trascendente. El mensaje que transmite Colin en su secuencia última es ambiguo y dotado de una densidad que no le favorece en absoluto. Un final que rompe con todos los esquemas y todos los principios que se habían establecido hasta el momento para el personaje de Colin, y se adentra en un camino que le va grande, que le supera.
Recomiendo Colin a todo aquel que se considere un amante del subgénero zombi. Tan sólo por descubrir su insólito acercamiento al fenómeno zombi, desde una perspectiva poco habitual y apenas explotada (el punto de vista del muerto viviente), vale la pena, al menos, concederle el beneficio de la duda.
Pero tened muy en cuenta de que se trata de una apuesta de riesgo. Colin es tan susceptible de ser apreciada como una propuesta innovadora y con puntos de interés más que suficientes, cómo de provocar el rechazo al sufrir la obra pretenciosa y pedante propia del proyecto de final de carrera de un estudiante de cine.
Lo mejor: El punto de vista del zombi.
Lo peor: Cierta tufillo a pretenciosidad y algunas secuencias destinadas únicamente a contentar al aficionado al subgénero zombi.
LA VALORACIÓN:
78 |100
Estrellas: 4

Tras una ardua lucha por evitar la tentación de echarle un vistazo a Bienvenidos a Zombieland antes de tiempo, finalmente me encontraba frente a la entrada de la sala de cine, acompañado de una horda de adolescentes dispuestos a dar buena cuenta de los enormes cubos de palomitas caramelizadas que habían pagado a un precio desorbitado, y predispuesto (un servidor) a disfrutar de una entrañable velada navideña rodeado de risas, órganos internos y muertos vivientes.
En lo primero en que me fijé, antes de iniciarse la proyección, es en el magnífico aspecto que presentaba el aforo. Algo más de media entrada vendida, lo cual teniendo en cuenta que se trataba de una película de zombis estrenada el mismo día en que muchísima gente celebra el nacimiento de Jesucristo, y que justo al lado se proyectaba el nuevo milagro destroza-taquillas de ese otro semidios que responde al nombre de James Cameron (Avatar), me pareció una excelente noticia para Bienvenidos a Zombieland.
Tras los consabidos espacios publicitarios (menos cutres de lo habitual), un par de trailers (entre ellos el prometedor trailer de Legión) y la parejita que llegaba tarde a la sala y alumbraba el pasillo con un teléfono móvil con el objetivo de averiguar dónde demonios estaban las butacas que les habían asignado; por fin dio comienzo la proyección.
Y en esos instantes (segundos) previos al inicio de Bienvenidos a Zombieland, hizo acto de presencia mi “yo” más deprimente y pesimista, planteándome la posibilidad de que todo ese largo período de espera hubiera sido en vano y que la película acabara siendo una terrible decepción, algo bastante habitual cuando se barajan grandes expectativas.
¿Hubiera sido mejor gastarme la pasta en gozar del nuevo “juguetito tecnológico” de Cameron?
Gracias a Dios (me está saliendo una reseña de lo más devota… supongo que es una cuestión de las fechas en las que nos encontramos) todas las dudas se disiparon al dar comienzo la soberbia secuencia inicial que acompaña a los títulos de crédito de Bienvenidos a Zombieland.
Columbus, un escuálido universitario con cara de pasar hambre (sexualmente hablando), ha logrado sobrevivir al Apocalipsis zombi gracias a una serie de reglas que cumple con exhaustivo rigor. En la secuencia inicial de Bienvenidos a Zombieland, la voz en off del propio Columbus nos informa de cuáles son las más importantes de dichas reglas, mientras en pantalla observamos las delirantes consecuencias que para algunas víctimas tiene el no seguir diligentemente las mismas. Una secuencia de apertura simplemente genial, extraordinaria, y que marcará, en cierto modo, el estilo y el tono de Bienvenidos a Zombieland.
La película de Ruben Fleischer, director de Zombieland, es pura diversión.
Humor, acción, romance juvenil y zombis (por este orden). Sin embargo tampoco hay que dejarse engañar. La historia que subyace en Bienvenidos a Zombieland no cuenta absolutamente nada que no conozcamos ya o que implique una mínima innovación dentro del subgénero zombi: una típica epopeya de cuatro supervivientes deambulando de un sitio a otro con la vaga esperanza de encontrar un paraíso libre de escoria zombi.
A partir de aquí cabe preguntarse por aquellos elementos que logran hacer de Bienvenidos a Zombieland un entretenimiento de primer orden y apto para prácticamente todos los públicos.
En primer lugar cabe destacar el diseño de los personajes. Especialmente la extraordinaria química que surge entre dos personajes tan antagónicos y contrapuestos como son el de Tallahassee (genial Woody Harrelson), un tipo duro, armado hasta los dientes, que lo ha perdido absolutamente todo (atención al juego de flashbacks que involucran al personaje) y que centra todos sus esfuerzos en destrozar cráneos de zombis y buscar, desesperadamente, una muestra intacta y no caducada de su bollito favorito; y el propio Columbus (Jesse Eisenberg), un tierno y solitario antihéroe que sobrevive gracias a su ingenio y a una visión ciertamente pragmática de lo que significa el apocalipsis zombi.
El encuentro y la posterior relación que surge entre ambos da pie a algunas de las situaciones y diálogos más divertidos, e incluso hilarantes, de Bienvenidos a Zombieland.
Por otro lado tenemos a Wichita (Emma Stone) y Little Rock (una Abigail Breslin a la que supongo que muchos recordaréis como la dulce protagonista de Little Miss Sunshine), dos pícaras hermanas que se las apañan perfectamente entre tanto devorador de carne humana y superviviente sin escrúpulos.
Wichita es también la encargada de aportar el elemento romántico a la historia, estableciéndose entre ella y Columbus una relación afectiva que nos deparará algunos de los momentos más intrascendentes y menos disfrutables de Bienvenidos a Zombieland. Supongo que es el precio que hay que pagar en pro de la comercialidad de la película, al menos en el sentido que suele entenderlo el cine norteamericano (y este mismo sentido cabría añadir el discurso sobre la família que también encierra Zombieland).
Otro de los aspectos a destacar en Bienvenidos a Zombieland es su acertadísimo empaque visual. Su excelente fotografía, la magnífica recreación de las calles de Los Ángeles devastadas a consecuencia del Apocalipsis, el fabuloso diseño de los zombis, la ejecución de las secuencias de acción, e incluso unos efectos gore que, sin perder de vista que estamos ante una comedia pretendidamente comercial (y no hay nada de despectivo en este último comentario), resultan absolutamente efectivos y lo suficientemente explícitos cómo para arrancar alguna que otra expresión de asco entre el público asistente (supongo que poco habituado a este tipo de producciones).
Y sin duda, el último aspecto que me gustaría mencionar es su frenético ritmo. Zombieland se sabe en todo momento conocedor de su estatus de honesto entretenimiento cuyo único objetivo es hacernos pasar unos ajustadísimos (y acertadísimos) 88 minutos de irresistible diversión; razón por la cual Fleischer tiene muy claro que el ritmo no puede decaer en ningún momento. A cada secuencia de acción le sigue un diálogo gracioso, a cada diálogo con gracia le sigue la irrupción repentina de un zombi hambriento, a cada zombi hambriento le sigue alguna divertidísima payasada de Tallahassee (Woody Harrelson), alguna ocurrencia de Columbus (Jesse Eisenberg), o incluso un jugoso cameo que no conviene desvelar; y así hasta llegar al final y darnos cuenta de que apenas ha habido espacio para que el aburrimiento asome su temida cabecita en Zombieland.
Para finalizar romperé una regla que me había interpuesto a mí mismo al hablar de comedias con zombis (el tercio final de Zombieland demuestra que es recomendable saltarse las reglas de vez en cuando). En muchos sitios se ha hablado de Bienvenidos a Zombieland como la alternativa Hollywoodiense a Zombies Party (Shaun of the Dead, 2004), la genial comedia británica dirigida por Edgar Wright. No es un comentario fuera de lugar. Al fin y al cabo Bienvenidos a Zombieland me parece la mejor comedia zombi norteamericana desde El Regreso de los Muertos Vivientes, así que hasta cierto punto es lógico que se la compare con la que, para muchos, es la mejor comedia zombi de la historia del subgénero. Así que para todos aquellos que queráis saber mi opinión al respecto, ahí va: Zombies Party / Shaun of the Dead sigue siendo, para un humilde servidor, la mejor comedia zombi de la historia del género.
Pero esto no significa, ni mucho menos, que Bienvenidos a Zombieland sea una comedia zombi de segunda fila… ni hablar. Bienvenidos a Zombieland es una gran película, un entretenimiento de primera, y una excelente comedia. Divertida de principio a fin, con algunos momentos que invitan a la carcajada, y con una acción y ritmo trepidantes que la convierten en un excelente espectáculo apto para todo tipo de público (no solamente el público devoto del cine de zombis).
Lo mejor: entretenimiento zombi de principio a fin.
Lo peor: el corto recorrido de la historia y ciertos mensajes que son prescindibles (amor juvenil, la importancia de la familia…).

LA VALORACIÓN:
60 |100
Estrellas: 3

Mutants arranca con una joven pareja formada por Sonia (Helene de Fougerolles) y Marco (Francis Renaud), que viaja en una ambulancia en busca de la base militar Noé, una de las pocas zonas seguras para los humanos en un mundo víctima de un virus que nos convierte en mutantes sedientos de sangre. Pero la pareja tiene un altercado en una gasolinera y Marco resulta herido de bala. Su estado es grave y la ambulancia comienza a quedarse sin gasolina, así que Sonia se detiene en un gran edificio abandonado en la montaña, aparentemente un colegio o un hospital. Allí, descubrirá que puede ser que el virus haya infectado a Marco a través de su herida, pues no es necesario el contacto directo con un mutante para contraerlo.
A partir de este momento, la película cambia. Mutants empieza a centrarse en la historia de amor de esta pareja, y aquí nos topamos con el primer gran problema de la cinta: nos muestra una historia de amor, pero sin contarnos cómo es la relación entre ambos. Parece como si no se hubieran parado a pensar en ella. Simplemente, han decidido que Sonia y Marco se quieren, y punto, y el espectador se lo tiene que creer. Pero es un acto de fe: realmente, nunca sabemos por qué se quieren, qué les une, cómo son sus caracteres o en qué punto estaban de su relación cuando estalló la pandemia. Sonia y Marco se dicen “te quiero” muchas veces, pero nosotros nunca sentimos ese amor. Puede parecer una estupidez, pero este sentimiento, esta relación, es lo que vertebra toda la cinta, lo que motiva las decisiones de ambos personajes, y al no vérselo de ninguna manera, al no desprenderse de sus conversaciones o momentos conjuntos, deja bastante desestructurado el material. Lo que sucede entre ellos dos, las medidas que adoptan ante su situación… en resumen, cómo actúan, no se sitúan, por tanto, en el terreno de lo lógico o de lo comprensible porque falta una base sólida, así que acaba en el de lo caprichoso y arbitrario; o sea, en lo que les conviene que suceda al director y al guionista para que siga avanzando la trama.
Como si fueran conscientes de este vacío emocional, dotan al personaje femenino de una peculiaridad que la lleva a pensar que puede salvar a Marco de la infección. Este es, quizás, el tema más interesante de la película, situándose en el terreno de The Fly, de David Cronenberg, o Bug, de William Friedkin. Marco comienza a sufrir un proceso degenerativo doloroso para él y para ella que, con los escasos medios a su alcance, intenta curarle.
En Mutants, tardamos bastantes minutos en encontrarnos un zombi; de hecho, en el prólogo, los que aparecen están desenfocados y, posteriormente, sólo se les oye, no se les ve. Quitando toda esta parte, y situándonos en el punto en el que Sonia y Marco se refugian en este edficio abandonado, se diría que a dónde quieren llegar David Morlet y Jean Paul Desanges es a este punto, en el que una pareja aislada comienza a degradarse por culpa del virus. Pero lo cierto es que dicha situación, a priori interesante y buen caldo de cultivo, no lleva a ningún sitio. No está desarrollada, emocionalmente no conmueve, no es escalofriante. En The Fly entendemos que el personaje de Geena Davis pase del amor a la piedad por Jeff Goldblum, conforme avanza su degeneración, porque entendemos que ella le admira; igualmente, cuando él comienza a perder el control y se vuelve violento, sufrimos por las dos partes: porque ella le quiere pero comprende que si sigue a su lado puede morir; y por la de él, porque sabe que puede hacerle daño pero no puede evitarlo. Aquí se intenta reproducir una situación similar, pero no se consigue porque la relación entre los dos personajes es tan débil que el conflicto hace aguas –en más de un momento, no se entiende bien que ella no se largue de una vez y deje a Marco y, por si algún espectador se lo plantea, se dota al personaje de Sonia de una segunda peculiaridad que la vincula, irremediablemente, con él. Además, se intenta potenciar la situación con el diálogo: se sustituyen los vacíos “te quiero” por los vacíos “no puedo evitarlo, lo siento”.
La película entra en una nueva fase con la aparición de algunos nuevos personajes que no eran necesarios pero que, descaradamente, van preparando el clímax. De repente, se abandona la historia de amor de la pareja y volvemos a la parte que habíamos dejado de lado cuando éstos llegaron a su refugio: la película de zombis clásica. Se diría que, por un lado, eran conscientes de tener un enfoque relativamente original –peli de plaga de zombis en la que sólo hay un zombi- y, por otro, la voluntad de ofrecer la historia de siempre –grupo de personas asediadas por los no muertos-, y en vez de decantarse por una u otra, han querido hacer las dos, sin explorar bien ninguna. Así, el epílogo y el final son de una película, y el tramo central de otra. La más interesante desde mi punto de vista está sólo planteada, y la más convencional está más conseguida, pero no ofrece nada que no hayamos visto anteriormente. No hay ninguna escena destacable, ningún momento de suspense especialmente escalofriante, ni acción especialmente bien orquestada. Eso no significa que esté mal lo que ofrece, Mutants no es una película aburrida ni cutre ni nada por el estilo. La factura técnica es correctísima. El maquillaje de los mutantes es sencillo y atractivo. Fotografía y música son, igualmente, eficaces. Por tanto, Mutants no defraudará a quien no le importe volver a ver 28 días después o Rec. La pregunta es la misma que mucha gente se hace con, por ejemplo, los remakes de la factoría Michael Bay: por qué volver a hacer otra vez una película que ya está hecha.
Lo mejor: La cuidada fatura técnica.
Lo peor: El material desaprovechado.
¿Dónde conseguirla?
Gore Nation: “Mutants” en VOSE.









Dread
Leer Reseña
¿De dónde provienen nuestros miedos?
Hidden
Leer Reseña
Los fantasmas del pasado.
Lake Mungo
Leer Reseña
En aguas melancólicas.
Kill Theory
Leer Reseña
El juego del asesino.
The Final
Leer Reseña
Los populares tendrán su merecido.
ZOMD
Leer Reseña
Zombis con ideología política.
The Graves
Leer Reseña
Dos rubias en Skull city.
The Reeds
Leer Reseña
Los Juncos no dan miedo.
Los Lügers
"Suenan como un tiro..."
perdonenlasmolestias.blog.com
Disfruta de la música de Los Lügers en su Myspace.