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Colin

Yo, Zombi

Colin

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  • Título original: Colin
  • Nacionalidad: Gran Bretaña | Año: 2009
  • Director: Marc Price
  • Guión: Marc Price
  • Intérpretes: Alastair Kirton, Daisy Aitkens, Laura
  • Argumento: Colin ha sido mordido por su compañero de piso y se ve condenado a vagar por una ciudad repleta de zombis.

59 |100

Estrellas: 3

Un presupuesto total de 70$ (me sigue costando mucho trabajo creerlo), un equipo humano derivado de la cuenta de amigos de Facebook de su director, y la campanada mediática en el último Festival de Cannes (2009), en el que muchos medios aseguraron que Colin, obra independiente/amateur dirigida por el novel Marc Price, fue la película más comentada del certamen.

Sé que semejantes antecedentes no dicen absolutamente nada acerca de la calidad (o la falta de ella) de Colin, pero creo que son datos necesario para comprender cómo demonios una película como la de Marc Price logró tener tantísima repercusión cuando tan sólo unos pocos afortunados habían tenido la oportunidad de verla.

A partir de aquí, superado el trance de Cannes y todavía perplejo por la ridícula cifra de los 70$ (sigo sin creérmelo), dejamos todo este tinglado a un lado y nos centramos únicamente en Colin y en si realmente vale la pena toda la atención que se le ha prestado hasta el momento.

Colin regresa a su piso asustado por todo lo que está ocurriendo en el exterior. Parece herido. Todo empeora cuando su compañero de piso se abalanza sobre él y logra morderle. Colin experimenta una dolorosa transformación y acaba sus días convertido en un muerto viviente, en un zombi. ¿Su destino más inminente? Vagar sin rumbo por las calles de una ciudad que vive al borde del colapso.

El planteamiento inicial de Colin quizás no sea estrictamente innovador, pero si resulta original o, cuanto menos, poco habitual en el subgénero zombi. Marc Price atraviesa el espejo y se coloca justo en el extremo opuesto al que estamos acostumbrados. El suyo vuelve a ser un relato de supervivencia post-apocalíptica, pero en esta ocasión encuadrado desde el punto de vista del monstruo, del muerto en vida.

Colin es un zombi. Camina con la torpeza de un zombi. Se expresa (a través de un variado surtido de gruñidos) como un zombi. Y tiene exactamente las mismas necesidades que cualquier otro zombi. Es curioso comprobar como siendo el protagonista absoluto de la historia un zombi sentimos la necesidad, como espectadores (al menos a mí me ocurrió), de adivinar cuanto antes en Colin alguna cualidad o algún rasgo que lo haga más humano, que lo aparte en cierto modo de esa criatura que camina únicamente en busca de carne fresca. Sentimos afinidad por Colin. Queremos identificarnos con él y compartir el sufrimiento que está padeciendo, pero para lograrlo necesitamos que Colin, ni que sea por un instante, deje de ser el monstruo en el que se ha convertido. Que muestre un atisbo de racionalidad, de humanidad. Pero esto no va a suceder… Colin es, definitivamente, un zombi.

Colin deambula aturdido, perdido, desorientado por las calles de su ciudad mientras esta se descompone a su paso. En cada rincón hay un zombi devorando a algún pobre desgraciado que ha caído en sus manos. Lo único que le queda por hacer a Colin es buscar su sitio en este nuevo mundo al que ahora pertenece, y lo encuentra únicamente cuando acata su nueva naturaleza: ahora es un zombi, y su único objetivo en la vida es encontrar comida.

Ciertamente, el gran acierto de una película como Colin es que su original punto de vista induce al aficionado al subgénero zombi a colocarse en una posición que no suele ser la que normalmente adopta y a plantearse una serie de cuestiones que habitualmente no se plantea.
Y es dentro de esta mecánica dónde la película de Marc Price encuentra sus momentos más lúcidos e interesantes.

Observar al propio Colin, un zombi, tratando de sobrevivir a un mundo que le resulta extraño y hostil; o contemplar a sus propios familiares más cercanos obligando a Colin (o al menos intentándolo) a que recuerde su pasado más reciente y a activar nuevamente sus lazos afectivos, no deja de ser una experiencia cautivadora e incluso emotiva.

El problema es que este tipo de planteamientos, derivados del particular punto de vista adoptado por Colin, se agotan pronto, y Marc Price se ve en la tesitura y en la obligación de “rellenar” metraje para poder terminar su película.
En ocasiones el mencionado “relleno” no sale mal parado (ver la batalla entre supervivientes y zombis que se lleva a cabo en plena calle, en la que toma parte el propio Colin, y en la que los supervivientes humanos deberán tomar una difícil decisión respecto a los que han resultado heridos durante la misma); pero en otras ocasiones su estrategia para salir del paso resulta demasiado obvia y poco satisfactoria (ver la matanza que se produce en el interior de un edificio en la que ni siquiera participa directamente Colin. Una secuencia destinada exclusivamente a contentar a los aficionados más necesitados de sangre y tripas, pero que en el ámbito de lo que pretende ser una película cómo Colin queda algo desajustada y fuera de lugar).

De esta manera, el interés de Colin depende, en gran medida, de que ese inusual punto de vista adoptado por la película de Price logre despertar el interés y la curiosidad del aficionado al subgénero zombi. Sin embargo, el cambio de perspectiva no es el único aliciente de Colin. Si bien su aspecto visual demuestra, con creces, la evidente falta de medios (aunque sigo en mis trece con el tema de los 70$), también es cierto que más allá de los planos sobreexpuestos o de la falta de iluminación, Marc Price demuestra tener cierto talento a la hora de colocar la cámara y lograr imágenes que, al menos, intentan perdurar en nuestras retinas (sobre todo en los primeros treinta minutos del film).

También las interpretaciones (sobre todo la actuación de Alastair Kirton en el papel de Colin) están por encima de lo que se suele presuponer en una película de esta índole. Y lo mismo puede decirse del maquillaje de los muertos vivientes. Unos muertos vivientes de corte clásico, afectados por el rigor mortis, y sin atisbo de aptitudes físicas que les hagan aptos para la práctica del atletismo en cualquiera de sus modalidades de competición. En este sentido cabe destacar el maquillaje facial de Colin, que muestra a la perfección las diferentes fases de su estado de descomposición.

Y ya en su tramo final, Colin pone de manifiesto otro de sus grandes defectos: la necesidad de ser trascendente. El mensaje que transmite Colin en su secuencia última es ambiguo y dotado de una densidad que no le favorece en absoluto. Un final que rompe con todos los esquemas y todos los principios que se habían establecido hasta el momento para el personaje de Colin, y se adentra en un camino que le va grande, que le supera.

Recomiendo Colin a todo aquel que se considere un amante del subgénero zombi. Tan sólo por descubrir su insólito acercamiento al fenómeno zombi, desde una perspectiva poco habitual y apenas explotada (el punto de vista del muerto viviente), vale la pena, al menos, concederle el beneficio de la duda.
Pero tened muy en cuenta de que se trata de una apuesta de riesgo. Colin es tan susceptible de ser apreciada como una propuesta innovadora y con puntos de interés más que suficientes, cómo de provocar el rechazo al sufrir la obra pretenciosa y pedante propia del proyecto de final de carrera de un estudiante de cine.

Lo mejor: El punto de vista del zombi.

Lo peor: Cierta tufillo a pretenciosidad y algunas secuencias destinadas únicamente a contentar al aficionado al subgénero zombi.

Bienvenidos a Zombieland

Tierra de zombis, acción y carcajadas.

Bienvenidos a Zombieland

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  • Título original: Zombieland
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Ruben Fleischer
  • Guión: Rhett Reese, Paul Wernick.
  • Intérpretes: Woody Harrelson, Jesse Eisenberg, Emma Stone.
  • Argumento: Columbus, un joven universitario que sigue vivo gracias a sus reglas para sobrevivir al apocalipsis zombi, se une al duro Tallahassee, a la guapísima Wichita y a la hermana menor de esta, Little Rock, en un viaje plagado de zombis, romance y mucho humor.

78 |100

Estrellas: 4

Tras una ardua lucha por evitar la tentación de echarle un vistazo a Bienvenidos a Zombieland antes de tiempo, finalmente me encontraba frente a la entrada de la sala de cine, acompañado de una horda de adolescentes dispuestos a dar buena cuenta de los enormes cubos de palomitas caramelizadas que habían pagado a un precio desorbitado, y predispuesto (un servidor) a disfrutar de una entrañable velada navideña rodeado de risas, órganos internos y muertos vivientes.

En lo primero en que me fijé, antes de iniciarse la proyección, es en el magnífico aspecto que presentaba el aforo. Algo más de media entrada vendida, lo cual teniendo en cuenta que se trataba de una película de zombis estrenada el mismo día en que muchísima gente celebra el nacimiento de Jesucristo, y que justo al lado se proyectaba el nuevo milagro destroza-taquillas de ese otro semidios que responde al nombre de James Cameron (Avatar), me pareció una excelente noticia para Bienvenidos a Zombieland.

Tras los consabidos espacios publicitarios (menos cutres de lo habitual), un par de trailers (entre ellos el prometedor trailer de Legión) y la parejita que llegaba tarde a la sala y alumbraba el pasillo con un teléfono móvil con el objetivo de averiguar dónde demonios estaban las butacas que les habían asignado; por fin dio comienzo la proyección.

Y en esos instantes (segundos) previos al inicio de Bienvenidos a Zombieland, hizo acto de presencia mi “yo” más deprimente y pesimista, planteándome la posibilidad de que todo ese largo período de espera hubiera sido en vano y que la película acabara siendo una terrible decepción, algo bastante habitual cuando se barajan grandes expectativas.
¿Hubiera sido mejor gastarme la pasta en gozar del nuevo “juguetito tecnológico” de Cameron?

Gracias a Dios (me está saliendo una reseña de lo más devota… supongo que es una cuestión de las fechas en las que nos encontramos) todas las dudas se disiparon al dar comienzo la soberbia secuencia inicial que acompaña a los títulos de crédito de Bienvenidos a Zombieland.
Columbus, un escuálido universitario con cara de pasar hambre (sexualmente hablando), ha logrado sobrevivir al Apocalipsis zombi gracias a una serie de reglas que cumple con exhaustivo rigor. En la secuencia inicial de Bienvenidos a Zombieland, la voz en off del propio Columbus nos informa de cuáles son las más importantes de dichas reglas, mientras en pantalla observamos las delirantes consecuencias que para algunas víctimas tiene el no seguir diligentemente las mismas. Una secuencia de apertura simplemente genial, extraordinaria, y que marcará, en cierto modo, el estilo y el tono de Bienvenidos a Zombieland.

La película de Ruben Fleischer, director de Zombieland, es pura diversión.
Humor, acción, romance juvenil y zombis (por este orden). Sin embargo tampoco hay que dejarse engañar. La historia que subyace en Bienvenidos a Zombieland no cuenta absolutamente nada que no conozcamos ya o que implique una mínima innovación dentro del subgénero zombi: una típica epopeya de cuatro supervivientes deambulando de un sitio a otro con la vaga esperanza de encontrar un paraíso libre de escoria zombi.

A partir de aquí cabe preguntarse por aquellos elementos que logran hacer de Bienvenidos a Zombieland un entretenimiento de primer orden y apto para prácticamente todos los públicos.
En primer lugar cabe destacar el diseño de los personajes. Especialmente la extraordinaria química que surge entre dos personajes tan antagónicos y contrapuestos como son el de Tallahassee (genial Woody Harrelson), un tipo duro, armado hasta los dientes, que lo ha perdido absolutamente todo (atención al juego de flashbacks que involucran al personaje) y que centra todos sus esfuerzos en destrozar cráneos de zombis y buscar, desesperadamente, una muestra intacta y no caducada de su bollito favorito; y el propio Columbus (Jesse Eisenberg), un tierno y solitario antihéroe que sobrevive gracias a su ingenio y a una visión ciertamente pragmática de lo que significa el apocalipsis zombi.
El encuentro y la posterior relación que surge entre ambos da pie a algunas de las situaciones y diálogos más divertidos, e incluso hilarantes, de Bienvenidos a Zombieland.

Por otro lado tenemos a Wichita (Emma Stone) y Little Rock (una Abigail Breslin a la que supongo que muchos recordaréis como la dulce protagonista de Little Miss Sunshine), dos pícaras hermanas que se las apañan perfectamente entre tanto devorador de carne humana y superviviente sin escrúpulos.

Wichita es también la encargada de aportar el elemento romántico a la historia, estableciéndose entre ella y Columbus una relación afectiva que nos deparará algunos de los momentos más intrascendentes y menos disfrutables de Bienvenidos a Zombieland. Supongo que es el precio que hay que pagar en pro de la comercialidad de la película, al menos en el sentido que suele entenderlo el cine norteamericano (y este mismo sentido cabría añadir el discurso sobre la família que también encierra Zombieland).

Otro de los aspectos a destacar en Bienvenidos a Zombieland es su acertadísimo empaque visual. Su excelente fotografía, la magnífica recreación de las calles de Los Ángeles devastadas a consecuencia del Apocalipsis, el fabuloso diseño de los zombis, la ejecución de las secuencias de acción, e incluso unos efectos gore que, sin perder de vista que estamos ante una comedia pretendidamente comercial (y no hay nada de despectivo en este último comentario), resultan absolutamente efectivos y lo suficientemente explícitos cómo para arrancar alguna que otra expresión de asco entre el público asistente (supongo que poco habituado a este tipo de producciones).

Y sin duda, el último aspecto que me gustaría mencionar es su frenético ritmo. Zombieland se sabe en todo momento conocedor de su estatus de honesto entretenimiento cuyo único objetivo es hacernos pasar unos ajustadísimos (y acertadísimos) 88 minutos de irresistible diversión; razón por la cual Fleischer tiene muy claro que el ritmo no puede decaer en ningún momento. A cada secuencia de acción le sigue un diálogo gracioso, a cada diálogo con gracia le sigue la irrupción repentina de un zombi hambriento, a cada zombi hambriento le sigue alguna divertidísima payasada de Tallahassee (Woody Harrelson), alguna ocurrencia de Columbus (Jesse Eisenberg), o incluso un jugoso cameo que no conviene desvelar; y así hasta llegar al final y darnos cuenta de que apenas ha habido espacio para que el aburrimiento asome su temida cabecita en Zombieland.

Para finalizar romperé una regla que me había interpuesto a mí mismo al hablar de comedias con zombis (el tercio final de Zombieland demuestra que es recomendable saltarse las reglas de vez en cuando). En muchos sitios se ha hablado de Bienvenidos a Zombieland como la alternativa Hollywoodiense a Zombies Party (Shaun of the Dead, 2004), la genial comedia británica dirigida por Edgar Wright. No es un comentario fuera de lugar. Al fin y al cabo Bienvenidos a Zombieland me parece la mejor comedia zombi norteamericana desde El Regreso de los Muertos Vivientes, así que hasta cierto punto es lógico que se la compare con la que, para muchos, es la mejor comedia zombi de la historia del subgénero. Así que para todos aquellos que queráis saber mi opinión al respecto, ahí va: Zombies Party / Shaun of the Dead sigue siendo, para un humilde servidor, la mejor comedia zombi de la historia del género.

Pero esto no significa, ni mucho menos, que Bienvenidos a Zombieland sea una comedia zombi de segunda fila… ni hablar. Bienvenidos a Zombieland es una gran película, un entretenimiento de primera, y una excelente comedia. Divertida de principio a fin, con algunos momentos que invitan a la carcajada, y con una acción y ritmo trepidantes que la convierten en un excelente espectáculo apto para todo tipo de público (no solamente el público devoto del cine de zombis).

Lo mejor: entretenimiento zombi de principio a fin.

Lo peor: el corto recorrido de la historia y ciertos mensajes que son prescindibles (amor juvenil, la importancia de la familia…).

Mutants

Zombies sin corazón

Mutants

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  • Título original: Mutants
  • Nacionalidad: Francia | Año: 2009
  • Director: David Morlet
  • Guión: David Morlet y Jean Paul Desanges
  • Intérpretes: Helene de Fougerolles, Francis Renaud
  • Argumento: Un virus está convirtiendo a los humanos en mutantes y el único lugar seguro es un refugio con el que sólo se puede contactar por radio y al que se dirigen Sonia y Marco. Pero, a mitad de camino, Marco es herido en un tiroteo.

60 |100

Estrellas: 3

Mutants arranca con una joven pareja formada por Sonia (Helene de Fougerolles) y Marco (Francis Renaud), que viaja en una ambulancia en busca de la base militar Noé, una de las pocas zonas seguras para los humanos en un mundo víctima de un virus que nos convierte en mutantes sedientos de sangre. Pero la pareja tiene un altercado en una gasolinera y Marco resulta herido de bala. Su estado es grave y la ambulancia comienza a quedarse sin gasolina, así que Sonia se detiene en un gran edificio abandonado en la montaña, aparentemente un colegio o un hospital. Allí, descubrirá que puede ser que el virus haya infectado a Marco a través de su herida, pues no es necesario el contacto directo con un mutante para contraerlo.

A partir de este momento, la película cambia. Mutants empieza a centrarse en la historia de amor de esta pareja, y aquí nos topamos con el primer gran problema de la cinta: nos muestra una historia de amor, pero sin contarnos cómo es la relación entre ambos. Parece como si no se hubieran parado a pensar en ella. Simplemente, han decidido que Sonia y Marco se quieren, y punto, y el espectador se lo tiene que creer. Pero es un acto de fe: realmente, nunca sabemos por qué se quieren, qué les une, cómo son sus caracteres o en qué punto estaban de su relación cuando estalló la pandemia. Sonia y Marco se dicen “te quiero” muchas veces, pero nosotros nunca sentimos ese amor. Puede parecer una estupidez, pero este sentimiento, esta relación, es lo que vertebra toda la cinta, lo que motiva las decisiones de ambos personajes, y al no vérselo de ninguna manera, al no desprenderse de sus conversaciones o momentos conjuntos, deja bastante desestructurado el material. Lo que sucede entre ellos dos, las medidas que adoptan ante su situación… en resumen, cómo actúan, no se sitúan, por tanto, en el terreno de lo lógico o de lo comprensible porque falta una base sólida, así que acaba en el de lo caprichoso y arbitrario; o sea, en lo que les conviene que suceda al director y al guionista para que siga avanzando la trama.

Como si fueran conscientes de este vacío emocional, dotan al personaje femenino de una peculiaridad que la lleva a pensar que puede salvar a Marco de la infección. Este es, quizás, el tema más interesante de la película, situándose en el terreno de The Fly, de David Cronenberg, o Bug, de William Friedkin. Marco comienza a sufrir un proceso degenerativo doloroso para él y para ella que, con los escasos medios a su alcance, intenta curarle.

En Mutants, tardamos bastantes minutos en encontrarnos un zombi; de hecho, en el prólogo, los que aparecen están desenfocados y, posteriormente, sólo se les oye, no se les ve. Quitando toda esta parte, y situándonos en el punto en el que Sonia y Marco se refugian en este edficio abandonado, se diría que a dónde quieren llegar David Morlet y Jean Paul Desanges es a este punto, en el que una pareja aislada comienza a degradarse por culpa del virus. Pero lo cierto es que dicha situación, a priori interesante y buen caldo de cultivo, no lleva a ningún sitio. No está desarrollada, emocionalmente no conmueve, no es escalofriante. En The Fly entendemos que el personaje de Geena Davis pase del amor a la piedad por Jeff Goldblum, conforme avanza su degeneración, porque entendemos que ella le admira; igualmente, cuando él comienza a perder el control y se vuelve violento, sufrimos por las dos partes: porque ella le quiere pero comprende que si sigue a su lado puede morir; y por la de él, porque sabe que puede hacerle daño pero no puede evitarlo. Aquí se intenta reproducir una situación similar, pero no se consigue porque la relación entre los dos personajes es tan débil que el conflicto hace aguas –en más de un momento, no se entiende bien que ella no se largue de una vez y deje a Marco y, por si algún espectador se lo plantea, se dota al personaje de Sonia de una segunda peculiaridad que la vincula, irremediablemente, con él. Además, se intenta potenciar la situación con el diálogo: se sustituyen los vacíos “te quiero” por los vacíos “no puedo evitarlo, lo siento”.

La película entra en una nueva fase con la aparición de algunos nuevos personajes que no eran necesarios pero que, descaradamente, van preparando el clímax. De repente, se abandona la historia de amor de la pareja y volvemos a la parte que habíamos dejado de lado cuando éstos llegaron a su refugio: la película de zombis clásica. Se diría que, por un lado, eran conscientes de tener un enfoque relativamente original –peli de plaga de zombis en la que sólo hay un zombi- y, por otro, la voluntad de ofrecer la historia de siempre –grupo de personas asediadas por los no muertos-, y en vez de decantarse por una u otra, han querido hacer las dos, sin explorar bien ninguna. Así, el epílogo y el final son de una película, y el tramo central de otra. La más interesante desde mi punto de vista está sólo planteada, y la más convencional está más conseguida, pero no ofrece nada que no hayamos visto anteriormente. No hay ninguna escena destacable, ningún momento de suspense especialmente escalofriante, ni acción especialmente bien orquestada. Eso no significa que esté mal lo que ofrece, Mutants no es una película aburrida ni cutre ni nada por el estilo. La factura técnica es correctísima. El maquillaje de los mutantes es sencillo y atractivo. Fotografía y música son, igualmente, eficaces. Por tanto, Mutants no defraudará a quien no le importe volver a ver 28 días después o Rec. La pregunta es la misma que mucha gente se hace con, por ejemplo, los remakes de la factoría Michael Bay: por qué volver a hacer otra vez una película que ya está hecha.

Lo mejor: La cuidada fatura técnica.

Lo peor: El material desaprovechado.

¿Dónde conseguirla?
Gore Nation: “Mutants” en VOSE.

El Regreso de los Muertos...

Una de las mejores comedias zombis de la historia del género.

El regreso de los muertos vivientes

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  • Título original: The Return of the living dead
  • Nacionalidad: USA | Año: 1985
  • Director: Dan O'Bannon
  • Guión: Dan O'Bannon
  • Intérpretes: Clu Gulager, James Karen, Don Calfa
  • Argumento: La 2-4-5 trioxina, un componente químico fabricado por el ejército, queda liberado conviertiendo en muertos vivientes a todos los residentes del Resurrection Cemetery.

81 |100

Estrellas: 5

El retorno de los muertos vivientes

No se me ocurre mejor forma de inagurar la nueva sección Horror Revival que con El Regreso de los Muertos Vivientes, una de mis películas de zombis favoritas de todos los tiempos.

En una de las primeras secuencias de El Regreso de los Muertos Vivientes se hace referencia a una película en la que los muertos regresaban a la vida, afirmando que los hechos acontecidos en dicha película eran reales, y que el director de la misma fue obligado, por altas instancias militares, a modificar ciertos datos y situaciones de su obra, en aras a proteger un secreto que, en caso de ser revelado, pondría en jaque la seguridad nacional: cierta toxina química, fabricada por el ejército norteamericano, es la única responsable de que los difuntos abandonen sus tumbas.

Por supuesto la película a la que se hace referencia es la mítica La noche de los muertos vivientes, y el director obligado a maquillar la realidad para no vulnerar secretos de Estado era, ni más ni menos, que George A. Romero.

Curiosamente El Regreso de los Muertos Vivientes se planteó en su inicio como una secuela seria de La noche de los muertos vivientes. Disuelta la asociación que dió orígen a La noche de los muertos vivientes, Romero cedió los derechos a una posible secuela de la misma a cambio de poder contar con los medios necesarios para rodar Dawn of the Dead (Zombi, 1978).

Tobe Hooper (La Matanza de Texas, 1974) fue la primera opción para llevar a cabo El Regreso de los Muertos Vivientes. Pero en algún lugar del trayecto las cosas se torcieron (para bien), y Return of the living dead (título original) tomó el camino de la comedia zómbica desprovista de cualquier tipo de connotación o reflexión socio-política que fuera más allá de un evidente alegato antimilitarista plasmado con crudeza en su resolución (gracias a Juanitocinéfilo por el apunte del alegato militarista, que no aparecía en la primera versión de esta reseña); quedando el Dawn of the dead de Romero cómo la secuela oficial de su genial ópera prima.

Finalmente, la dirección y un nuevo guión de la película corrieron a cargo de Dan O'Bannon, máximo responsable de que El Regreso de los Muertos Vivientes haya pasado a la historia cómo una de las mejores comedias zombies de todos los tiempos.

Unos bidones propiedad del ejército norteamericano fueron entregados, por error, a una empresa de suministros médicos. Dichos bidones contenían soldados embalsamados en una sustancia química denominada 2-3-4 trioxina, capaz de resucitar a los muertos.

A causa de una negligencia por parte de uno de los trabajadores de la empresa de suministros médicos, la 2-4-5 trioxina queda liberada, reviviendo a los muertos de un cementerio cuyo premonitorio nombre es el de "Resurrection Cemetery".

Siendo, en términos generales, respetuosa con las criaturas primigénias de Romero -muertos que se levantan de sus tumbas para saciar su hambre de carne fresca-, lo cierto es que El Regreso de los Muertos Vivientes tiene el acierto de presentar un buen número de novedades o particularidades en lo referencia a la naturaleza del zombi romeriano (algunas de estas "particularidades" no volveremos a verlas hasta bien entrado el siglo XXI).

De esta forma, la 2-4-5 trioxina es capaz de resucitar a todo tipo de cadáveres, desde aquellos que se han visto reducidos a una mera estructura ósea (esqueletos andantes), hasta muertos recientes que conservan prácticamente intactas sus aptitudes físicas, de manera que son capaces de correr y saltar con una agilidad envidiables (unas cualidades, estas últimas, que Zack Snyder recuperaría en El Amanecer de los Muertos, extraordinario remake de Dawn of the Dead estrenado en 2004).

Pero, más allá de la heterogeneidad de su presencia y apatitudes físicas, los zombis de El Regreso de los Muertos Vivientes presentan otras cualidades de índole intelectual. Son capaces de organizarse, de seguir a un lider, incluso de articular palabras (el célebre "cerebros, quiero cerebros") o urdir pequeñas estrategias destinadas a un único objetivo: abastecerse de carne humana... cuanta más, mejor.

En este sentido es trascendental la escena (una de las mejores y más divertidas de la película) en la que un muerto viviente realiza una llamada de auxilio desde la radio de una ambulancia.

Son todos estos conceptos -la capacidad de los zombis de organizarse y seguir a la figura de una lider- que el mismísimo Romero retomaría, en parte, 20 años más tarde en "La Tierra de los Muertos Vivientes" (Land of the Dead, 2005).

Por supuesto resultaría absurdo e inadmisible reseñar una película cómo El Regreso de los Muertos Vivientes sin hacer una especial mención a la actriz Linnea Quigley, cuyo personaje Trash, empujada por la fantasía erótica ¿? de ser mordida hasta la muerte por una jauría de salvajes ancianos, acaba subiéndose a lo alto de una tumba y protagonizando uno de los denudos más célebres (y celebrados) de la historia del género. Gracias, en buena parte, a dicho desnudo, Linnea Quigley iniciaría una de las más longevas, aplaudidas y reconocidas carreras como scream-queen de la serie B terrorífica.
Y para todos los que disfrutamos de El Regreso de los Muertos Vivientes a una temprana edad, sin duda Trash quedará en nuestra memoria cómo uno de los grandes mitos sexuales de nuestra adolescencia.

En definitiva, El Regreso de los Muertos Vivientes es una comedia zombi fresca y ágil, repleta de divertidísimos gags, ocurrentes diálogos y, sobre todo, arrebatadoramente "moderna", pese a estar a punto de cumplirse 25 años de su estreno. Un clásico incontestable y una de las mejores películas de zombis de la historia que ningún aficionado al subgénero de los muertos vivientes debería pasar por alto. Imprescindible.

Lo mejor: Su sentido del humor y que hoy en día se pueda seguir considerando como una pelicula de zombis moderna.

Lo peor: No se me ocurre...

Zombie Evolution

El libro de los muertos vivientes en el cine

Zombie Evolution José Manuel Serrano Cueto es escritor y periodista.
Ha publicado varios libros dedicados al género de terror, entre ellos "Horrormanía: Enciclopedia de cine de terror" (2007), y colabora activamente en numerosas revistas y fanzines especializados. Pero cual Clark Kent moderno, quizás muchos le conozcais mejor por su alter ego virtual, Johnny Pútrido, un zombie armado con toneladas de negro y malsano sentido del humor cuyas desventuras pueden seguirse diariamente en diariodeunzombie.blogs.scifiworld.es

Ahora José Manuel Serrano Cueto regresa (y no precisamente de la tumba, cómo su difunto alter ego), para ofrecernos una suculenta antología del que, a todas luces, se me antoja uno de sus subgéneros favoritos: el zombie.

"Zombie Evolution" se estructura en cuatro grandes bloques. El primero de ellos tiene por título Adentrándonos en los misterios de la muerte, y aporta una interesantísima visión del fenómeno zombie desde una perspectiva social y cultural, abarcando manifestaciones tan heterogéneas como la pintura, la literatura, el cómic, los videojuegos o el merchandising.

Especialmente curiosa y divertida me pareció la exposición de diversos casos reales de muertos en vida presentes en el reino animal (un servidor nunca había oído hablar de la tronchante historia que tiene por protagonista a un pollo decapitado).

El segundo bloque del libro se titula Cine: Antecedentes y primeros zombies, y comprende un breve repaso histórico a aquellos zombies cinematográficos anteriores a la eclosión de George A. Romero y su "Night of the Living Dead". Entre los títulos citados, clásicos del calibre de "La legión de los hombres sin alma" o "I walked with a zombie".

El tercer bloque, Un virus llamado Romero ¡El comienzo de la pandemia!, es un exaustivo análisis de la criatura que George A. Romero creó en 1968 con su ya citada -y mítica- "La noche de los muertos vivientes": sus orígenes, su naturaleza, su influencia posterior, y las películas que Romero dedicó a su dulce criatura (con especial énfasis a las diversas lecturas socio-políticas que Romero aplicó a todas sus obras).

Me gustaría destacar las primeras palabras de este tercer bloque, en las que se evidencia la vital importancia que Serrano Cueto otorga a la herencia de Romero dentro del subgénero: "Nada sería igual sin Romero. En esto estamos todos de acuerdo. Sin él, el zombie no sería uno de los grandes monstruos del cine de terror".

El cuarto y último bloque, bajo el título genérico de Y comienza la infección lleva a cabo una extensa recopilación de títulos, estableciendo como principal criterio de selección el geográfico. De esta manera el repertorio final se divide en diversas "Zonas de infección": USA, España, Reino Unido, Francia y Nueva Zelanda.

Una última sección, titulada Zombis Apócrifos, aúna aquellas películas cuyos putrefactos protagonistas, sin ser exactamente muertos vivientes, sí reúnen muchas de sus características básicas, tanto morfológicas como de comportamiento. Tienen cabida en dicho apartado tanto los cadávares poseidos por demonios de "Posesión Infernal" (Evil Dead, 1981), como los "infectados" de "28 días después" (28 days later, 2002) o "REC" (2007).

"Zombie Evolution" es una obra didáctica que quizás se le quede algo corta a los aficionados más expertos y versados en el género zombie. Es cierto que su selección de títulos no depara grandes sorpresa ni descubrimientos, y que Serrano Cueto acude, en la mayoría de ocasiones, a aquellas películas que, por una u otra razón, brillan con luz propia dentro del género (a modo orientativo: Re-Animator, El Regreso de los Muertos Vivientes, Braindead, No profanar el sueño de los muertos o Resident Evil...)

Sin embargo su lectura siempre fácil, ágil y amena; la riqueza de información, datos y anécdotas (muchas de ellas realmente interesantes y divertidas) sobre cada uno de los títulos recopilados, y su marcado carácter de puro entretenimiento (incluso por encima de su evidente valor didáctico), convierten "Zombie Evolution" en una lectura 100% recomendable para el aficionado medio al subgénero (entre los cuales me cuento). Lo único que eché en falta fue una mayor aportación de material gráfico que acompañara el texto de Serrano Cueto. Quizás para una próxima edición...

Wanted: vivos o no muertos

Western y Horror (parte 2)

Wanted: vivos o no muertos

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  • Título original: Undead or Alive. A Zombedy
  • Nacionalidad: USA | Año: 2007
  • Director: Glasgow Philips
  • Guión: Glasgow Philips
  • Intérpretes: Navi Rawat, Chris Kattan, James Denton
  • Argumento: Un desertor del ejercito nordista y un imbécil al que una prostituta con la que pensaba casarse acaba de romperle el corazón, deberán hacer frente a un sheriff poco amistoso y a sus secuaces, todos ellos afectados por “la maldición del hombre blanco”.

40 |100

Estrellas: 2

Wanted: vivos o no muertos

Si alguien me pidiese que defina “Wanted: vivos o no muertos” (Undead or Alive: A Zombedy, 2007) en tan sólo un par de palabras, creo que lo tendría bastante claro: “Wanted: vivos o no muertos” es una entrañable estupidez.

Un desertor del ejercito nordista y un imbécil al que una prostituta con la que pensaba casarse acaba de romperle el corazón, deberán hacer frente a un sheriff poco amistoso y a sus secuaces, todos ellos afectados por “la maldición del hombre blanco”, proferida por el gran jefe Gerónimo justo antes de su trágica muerte. Por supuesto, la mencionada “maldición del hombre blanco” convierte a sus víctimas en zombis hambrientos de carne humana.

Así es, “Wanted: vivos o no muertos” no encierra demasiadas sorpresas. Mezcla de western, zombis, gore y humor, el resultado final de "Wanted: vivos o no muertos" decanta la balanza, de forma enérgica, hacia la comedia.
Pero que nadie vaya a creer que estamos ante una comedia ingeniosa e inteligente, al estilo de la omnipresente… ¡No! Esta vez no voy a hacerlo. Existe una tendencia bastante generalizada en los últimos tiempos a comparar cualquier nueva (o vieja) propuesta que combine humor y zombis, con una determinada película inglesa que a todos (o a casi todos) nos parece una categórica genialidad. No creo que sea justo (y que conste que yo he sido el primero en hacerlo). Así que en esta ocasión me resistiré a ello. No nombraré a la innombrable, y centraré todos mis esfuerzos en destacar las virtudes de "Wanted: vivos o muertos". ¡Y si todavía hay por ahí algún despistado que no ha visto “Zombies Party” (Shaun of the Dead, 2004), que no pierda más el tiempo! (sic… lo he vuelto a hacer).

“Wanted: vivos o no muertos” es humor del tosco, del zafio. Es slapstick, bufonada, necedad y ordinariez. Y no tengo absolutamente nada en contra de todos estos adjetivos cuando estamos hablando de una comedia.
Pero la cruel realidad es que “Wanted: vivos o no muertos” se lo juega todo a una carta: el lograr que nos riamos a gusto con sus innumerables chistes, desperdigados a lo largo y ancho de toda la película.

Si la posibilidad de experimentar el miedo o la inquietud ante una propuesta de terror es algo extremadamente subjetivo, que va íntimamente ligado a la propia personalidad de cada espectador; con el humor sucede exactamente lo mismo. Nos reímos de cosas distintas. Cuando voy a un cine para ver a Adam Sandler interpretando a un exagente del Mossad reconvertido en peluquero neoyorquino y el invento no me hace ni puñetera gracia, es probable que alguien, en la butaca de al lado, esté llorando de risa.

“Wanted: vivos o no muertos”, durante la mayor parte del tiempo, no logró arrancarme una sola carcajada, apenas una leve sonrisa. Ver a un tipo manejar torpemente sus pistolas, o construir todo un gag en base a los atributos sexuales de un zombi, son recursos supuestamente humorísticos que, sencillamente, no me hicieron gracia.

Y es una pena, porque como he dicho al principio, “Wanted: vivos o no muertos” disfruta de una serie de elementos que lograron despertarme una cierta sensación de afecto. La película me resultó entrañable. Fallida, mala, pero entrañable.

La ambientación, tratándose de un serie B de bajo presupuesto, es más que convincente. Tenemos, en todo momento, la sensación de estar ante una auténtico western; baratito, pero western al fin y al cabo.
Los personajes están bien definidos y cuentan con un convincente trabajo por parte de los actores. Aunque debo reconocer que un tal Chriss Kattan, por lo visto un famoso cómico norteamericano surgido de la cantera del Saturday Night Live, logró desesperarme en más de una ocasión en su papel de imbécil redomado.
Además cuenta con la sugerente presencia de la bellísima Navi Rawat, actriz que ya pudimos ver en la estupenda “Feast:Atrapados”, y que en “Wanted: vivos o no muertos” interpreta el papel de Sue, una pariente cercana de Gerónimo, y que tiene en su haber algunos de los mejores diálogos y secuencias de acción de la película.

Y, por supuesto, siempre nos quedarán los zombis. Torpes, idiotas, y con una nula capacidad intelectual en ocasiones, y capaces de discurrir como cualquier persona normal cuando es necesario. Maquillados al estilo verde mohoso y entregados, en ocasiones, al sano ejercicio de devorar cerebros y vísceras de cualquier infeliz que se cruce por su camino.

Los veinte últimos minutos no son un desperdicio absoluto. El enfrentamiento final entre los zombis y el trío protagonista, así como el sorprendente destino final de Sue, descendiente de Gerónimo (con creces, lo mejor de la película); lograron que me mantuviese despierto hasta llegar al final de la película.

No es una buena película. En realidad es mala. No me atrevo a recomendarla. Pero me proporcionó la oportunidad de darme cuenta (otra vez) de cómo vamos cambiando. De cómo no soy el mismo aficionado al género que era hace quince o veinte años, cuando emprendía búsquedas desesperadas por tener en mis manos la última locura de la Troma, de Henenlotter, o cualquier otra salvajada delirante que apareciese publicada en la revista Fangoria. Estoy absolutamente convencido que “Wanted: vivos o no muertos” hubiera sido la típica película por la que valía la pena emprender una de esas desesperadas búsquedas de videoclub. Por eso el calificativo de “entrañable”.
Pero lo tiempos han cambiado, y yo con ellos. No me gustó “Wanted: vivos o no muertos”.

Lo mejor: Navi Rawat y los últimos veinte minutos de la película.

Lo peor: Cuando se supone que tenía que hacer gracia, no me reí.

Boy Eats Girl

Chico conoce chica. Chico se enamora de chica. Chico se come a chica

Boy Eats Girl

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  • Título original: Boy Eats Girl
  • Nacionalidad: Irlanda | Año: 2005
  • Director: Stephen Bradley
  • Guión: Derek Landy
  • Intérpretes: Laurence Kinlan, Samantha Mumba y Sara James
  • Argumento: Un chico fracasa en su intento de declararle su amor a su mejor amiga. A continuación comete un trágico error. Pero regresa convertido en un zombi que expandirá el horror en la comunidad.

62 |100

Estrellas: 4

Boy Eats Girl

"Boy eats girl" es una comedia zombi. Una de tantas que quizás tengamos la oportunidad de disfrutar en breve. La lista es prácticamente interminable… ¡ooops! Me temo que hace escasos días inicié una reseña con estas mismas palabras (la vilipendiada "Last of the Living"). Y es que últimamente tengo la impresión de que las películas de horror se dividen entre aquellas que podríamos incluir en el subgénero de las parodias zombis, y las que no.

Al menos "Boy eats girl", producción irlandesa de bajo presupuesto dirigida por Stephen Bradley, cuenta con el mérito de no pertenecer a la más reciente hornada de películas de temática zombi que intentan (y no siempre lo consiguen) parodiar el género.

"Boy eats girl" es una producción de 2005 que en el momento de su estreno llamó la atención positivamente en un buen número de festivales especializados, pero que a mediados del 2009, y para ser respetuosos con la tradición, todavía no ha disfrutado de un merecido estreno en el mercado doméstico español.

Una muerte repentina desemboca en un precipitado y torpe ritual de resurrección. Pero algo ha salido mal y, bocado tras bocado, el pueblo sufre una imparable plaga de zombis.

Así de sencillo. "Boy eats girl" persigue lo que podríamos denominar “la esencia” de la comedia juvenil zombi.
Todo aquello que no pueda encajar fácilmente dentro de los parámetros de una comedia juvenil, infestada de zombis, y generosa en gore; queda, automáticamente, descartado de "Boy eats girl".

Esa es la razón por la que Stephen Bradley condensa el metraje de "Boy eats girl" -en una encomiable demostración de capacidad de síntesis- en unos ajustadísimos 75 minutos en los que, como no podía ser de otra manera, la película siempre va al grano y ofrece, única y exclusivamente, todo aquello que realmente se espera de ella: comedia juvenil + zombis + gore. Todo lo demás sobra. Una muestra: Stephen Bradley finiquita una secuencia de muerte y posterior resurrección en apenas un minuto. Incluye dicha escena porque no tiene más remedio. Porque la necesita. Porque sin ella la trama quedaría coja. Pero sabe que la escena no aporta nada a su particular santísima trinidad (comedia, zombis, gore), así que la despacha a la velocidad de la luz.

"Boy eats girl" da comienzo con una interminable retahíla de tópicos y clichés propios de las comedias adolescentes norteamericanas. ¿Qué necesidad hay, bajo este contexto, de desarrollar adecuadamente a los personajes? Ninguna. A todos ellos les conocemos sobradamente: el guapo y tímido protagonista que no reúne el valor suficiente para declararse a su mejor amiga, la guapa protagonista dispuesta siempre a defender su castidad, el amigo estúpido objeto de todas las bromas, la zorra cachonda y lasciva…

Una sola línea de diálogo es suficiente para reconocer y poner a cada uno de ellos en su sitio. Y una vez todos los personajes entran en escena, se aposentan (para lo cual "Boy eats girl" se toma muy poco tiempo), y una minúscula trama queda establecida; la película empieza a rodar cuesta abajo y con el piloto automático en marcha. Chiste, zombis y sangre. Chiste, zombis y tripas. Chiste, zombis y desmembramiento masivo de muertos vivientes… y así, sin apenas descanso, sin tiempo para tomar aire, llegamos hasta el final.

Interpretaciones mediocres (hay que ver lo sosa que está la protagonista), correctos maquillajes, zombis cuya agilidad sacará de quicio a papá Romero, una historia sin pizca de originalidad, algunas sanas carcajadas, algo de fun-gore salvaje y disfrutable, un meritorio aspecto visual y una secuencia final que nos traerá el irremediable recuerdo de uno de los momentos más célebres del “Braindead, Tu madre se ha comido a mi perro” de Peter Jackson.
Lo cierto es que poco más se puede añadir de una película como "Boy eats girl". No hay espacio para la novedad o la originalidad, y en realidad "Boy eats girl" no persigue ni lo uno ni lo otro.

Todos aquellos fanáticos del cine de muertos vivientes que todavía tengan fuerzas para devorar un nuevo fast-food zombi, tienen en "Boy eats girl" una cita ineludible (de la misma forma que también la tuvieron con el "Dance of the Dead" de Gregg Bishop). Quiénes ya esten cansados de la pareja de baile comedia/zombis, les recomiendo que se olviden de "Boy eats girl".

Insisto: comedia juvenil, zombis y gore; y todo ello comprimido en apenas 75 minutos de película. Creo que queda bastante claro ¿no?

Lo mejor: Divierte.

Lo peor: Una vez vista se olvida.

Last of the Living

Sobrevivir al apocalipsis zombi nunca pareció tan fácil

Last of the Living

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  • Título original: Last of the Living
  • Nacionalidad: Nueva Zelanda | Año: 2008
  • Director: Logan McMillian
  • Guión: Logan McMillian
  • Intérpretes: Morgan Williams, Robert Faith, Ashleigh Southam
  • Argumento: Tres amigos han sobrevivido al apocalipsis zombi. Sus vidas trascurren con relativa tranquilidad, hasta que conocen a Stef, quien dice tener en su poder el antídoto que eliminará el virus zombi. Los tres amigos se comprometen a ayudar a Stef.

60 |100

Estrellas: 3

Last of the Living

"Last of the Living" es una comedia zombi. Una de tantas que quizás tengamos la oportunidad de disfrutar en breve. La lista es prácticamente interminable: "Zombies of mass destruction", "Blood of Highway", "Bong of the dead", "Dozers", "Doghouse"...

No sé hasta que punto el éxito sorpresa en 2004 de "Shawn of the Dead" (Zombies Party) tiene algo que ver con esta avalancha de títulos que mezclan comedia y subgénero zombi. Lo cierto es que, tras su estreno mundial, "Shawn of the Dead" se convirtió, de facto, en la mejor parodia zombi desde "The Return of the Living Dead" (El Retorno de los Muertos Vivientes, 1985).
Su éxito fue fulminante y surgió una legión de seguidores (entre los cuales me incluyo) que no se cansan de alabar su sencillo pero tremendamente eficaz sentido del humor, y su encantadora (y en ocasiones delirante) tergiversación del universo zombi.

Pero lo de "Shawn of the Dead" no fue una casualidad. Tras el éxito de la película se encontraba el consolidado talento cómico de los británicos Edgar Wright (director) y Simon Pegg (actor y guionista).

Lograr que una comedia zombi resulte graciosa no es una labor sencilla. Los aficonados al subgénero zombi ya no nos conformamos con que nuestros adorados muertos vivientes hagan acto de presencia en la pantalla. Tiene que haber algo más. La oferta es muy amplia, y si decidimos darle una oportunidad a la enésima comedia zombi esperamos, al menos, que nos haga sonreir. Que nos divierta. Que nos haga pasar un buen rato.

"Last of the Living", producción neozelandesa dirigida por el debutante Logan McMillan, lo consigue… y con creces.

Tres jóvenes amigos han sobrevivido al apocalipsis zombi. Sentados en el sillón de la que ahora es su casa y manteniendo conversaciones de lo más triviales, consumen el tiempo con aparente tranquilidad. Su idea de la diversión consiste en salir al exterior y arrasar con algún supermercado o tienda de música. Y cuando se cansan de estar en algún sitio en concreto, simplemente se trasladan a un nuevo lugar.

En uno de sus traslados conocen a Stef, una guapa científica que asegura tener en su poder el antídoto que erradicará el virus causante del apocalipsis zombi. Los chicos se enamoran irremediablemente de Stef y no dudan en prestarle su colaboración para llevar el antídoto a una isla en la que varios equipos científicos trabajan para lograr la cura definitiva.

La historia es de una sencillez desarmante (algo que también ocurría en "Shawn of the Dead"). Una mera excusa para que "Last of the Living" tenga la oportunidad de desplegar su arsenal cómico.
¿Y en que consiste dicho arsenal? Básicamente en la caracterización de los personajes y las relaciones que entre ellos se establecen (en esta ocasión, el gore –con muy poca presencia en Last of the living- no es una excusa para provocar situaciones cómicas).

Por un lado tenemos a Ash, un contable sensible, enamoradizo y prudente, siempre ataviado con su casco y sus coderas, y objeto constante de las bromas de sus colegas referentes a su condición sexual.

Por otro lado tenemos a Morgan, actor, guapo y seguro de sí mismo, obsesionado con encontrar una mujer ante la cual poder desplegar, nuevamente, todos sus encantos.

Y, finalmente, Johnny, el salvaje del grupo. Aficionado al rock y entregado plenamente a su labor de matar cuantos más zombis mejor.

La actitud del grupo de total despreocupación ante la amenaza zombi que les acecha constantemente y los divertidísimos diálogos que surgen entre los componentes del mismo al afrontar situaciones totalmente desesperadas que amenazan su existencia (despreciando, en la mayoría de ocasiones, cualquier regla mínima de supervivencia ante una amenaza zombi), son los principales pilares que sustentan el humor sano y sin estridencias de "Last of the Living".

Un humor inteligente y, a menudo, realmente ingenioso que nace de situaciones perfectamente reconocibles para cualquier aficionado al género zombi.

Pero más allá del humor como principal aportación de "Last of the Living", hay otros aspectos en la película que conviene destacar. El primero de ellos, y el más sorprendente, es su fabuloso aspecto formal. "Last of the Living" es, visualmente, muy notable, sobre todo teniendo en cuenta que estamos ante una película de bajo presupuesto. Su fotografía, el color, los movimientos de cámara, determinadas decisiones de montaje… todos estos elementos ayudan a que tengamos la sensación de que "Last of the Living" sabe superar su condición de película de bajo presupuesto para ofrecernos un empaque visual admirable y plenamente disfrutable.

Curiosamente, toda esa calidad en el aspecto visual se pierde cuando nos centramos en los zombis. El diseño de los muertos vivientes es muy pobre. Su maquillaje es demasiado austero y poco convincente; dejándonos la constante impresión de que, efectivamente, los zombis no están a la altura.
Sin embargo, personalmente, tampoco me supuso un gran problema. La falta de acierto en el diseño de los zombis queda suplica por el buen humor que desprende "Last of the Living" durante todo su metraje.

En definitiva "Last of the Living", pese a quedar muy lejos de los logros conseguidos por "Shawn of the Dead", es una comedia zombi simpática y entretenida, que se consume con muchísima facilidad gracias a su buen ritmo, su excelente factura y a que no deja lugar alguno al aburrimiento. Muy recomendable.

Lo mejor: es divertida. El final resulta, cuanto menos, sorprendente. Y el Cortina

Lo peor: es intrascendente (aunque tampoco sé si esto es realmente malo). No aporta absolutamente nada nuevo al universo zombi. El diseño de los zombis es pésimo.