Categoria: Zombies
Plaga Zombie 3:Revolución Tóxica
Oda muntante a la amistad

- Título original: Plaga Zombie 3
- Nacionalidad: Argentina | Año: 2011
- Director: Pablo Parés, Hernán Sáez, Paulo Soria
- Guión: Pablo Parés, Hernán Sáez, Paulo Soria
- Intérpretes: Hernán Sáez, Pablo Parés, Berta Muñiz
- Argumento:Max, Bill y John continúan su lucha contra los zombis mutantes que nos invaden. El plan se ensancha, los muertos son solo pupas de una raza extraterrestre que no tendrá piedad con los humanos. ¿Podrán nuestros tres héroes con ellos?
LA VALORACIÓN:
63 |100
Estrellas: 3
La ciudad está invadida por los zombis. Pero lo peor es su verdadera naturaleza: ser punta de lanza de una invasión alienígena de la que, por alguna misteriosa y oscura razón, el gobierno prefiere hacer oídos sordos. ¿La humanidad está indefensa? ¡NO! Max, Bill y John no abandonan la esperanza con cientos de zombis despedazados a su favor, idean un plan para detener la invasión. Recemos porque nuestros héroes, con un debilitado John, puedan llevarlo a cabo antes de que todos caigamos bajo la plaga.
Hoy nos adentramos un poquito en la conclusión de la trilogía que iniciase en 1997 la productora independiente FARSA. Originalmente ideado como un producto de entretenimiento directo a video y basado principalmente en la forma de entender el cine “underground” de terror que siempre ha caracterizado a la famosa Troma; quince años después los mismos gamberros que nos divirtieron con sus zombis de colores chillones y un humor tan irreverente con sangriento, nos regalan una conclusión a la altura y coherente con respecto a las dos películas anteriores. Lógicamente más cercana a la segunda parte que a la primera, sobre todo en cuanto a dirección y diseño artístico, Revolución Tóxica vuelve a presentarnos a los mismos protagonistas desgranando una serie de situaciones cómicas donde la lógica se deja de lado en pro de la parodia y el gore más festivo.
Plaga Zombie es un todo completo, además de la progresión técnica (que no presupuestaría porque esta Revolución Tóxica sigue siendo cine de guerrilla, y no busca ir más allá) existe una evolución argumental que impide ver cada parte por separado; a excepción quizás de la primera parte. Un pequeño hándicap para aquellos que se incorporen a la saga “mutante” de nuevas, pero un guiño consciente a todo lo que han significado estas obritas artesanas. Además, ¿es un broche digno para una trilogía que se ha ganado un hueco en el corazón del aficionado más salvaje? Rotundamente sí. ¿Repite los mismos esquemas que su anterior entrega? Sí. Un punto y seguido que no busca renovarse si no más bien ahondar en el factor clave que supuso el nacimiento de la más importante saga sobre muertos vivientes habida en Latinoamérica: la amistad.
Plaga Zombie 3 es un canto a la amistad más sincera y cateta, esa que te invita a alzar una copa bien cargada y brindar con tus colegas por el próximo chiste que compartirás con ellos. Una camaradería enfocada desde una perspectiva netamente “freak”, y algo masculina también. Creo que el mejor símil para las sensaciones que desprende este largometraje, lo encontraríamos en la emoción que transmiten las canciones de los Ramones: los inadaptados uniendo sus fuerzas mediante sus gustos más personales y diferenciadores. Señores, estamos hablando de zombis fosforescentes que, aparte de ser desmembrados con una enorme facilidad, cantan, bailan y aparecen donde y cuando menos te lo esperas. Cuando te enfrentas a Revolución Tóxica, renunciar a tu lado más adolescente es como tirarla a la basura: maratones agotadoras de cine de serie B con un termo y cuatro colegas, los partidos de futbol en la calle, el trapicheo de cintas VHS con tus amigos de toda la vida, los primeros veranos en la piscina… momentos parecidos a los que a buen seguro han compartido el cuarteto responsable de esta trilogía y mentes pensantes tras FARSA: Pablo Parés, Hernán Sáez, Paulo Soria y Berta Muñiz (directores, guionistas, protagonistas, editores, productores…)
Una buena muestra de amistad es que la primera escena de la cinta la protagonicen otros directores (como Bogliano, De la Vega) del panorama fantástico argentino… la ocasión lo merecía. Un macabro placer verlos masacrados, en el buen sentido, claro.
Quiero pensar que un otro fiel reflejo de esa amistad, así como de su amor por el cine de serie B, son los personajes que interpretan desde aquel lejano 1997. Max (Sáez) vendría a ser un “Tetsuo” – aquel con el que nos fascinó Otomo – de pacotilla, tirillas e histriónico. Bill (Parés) no es más que la versión argentina de Ash, su indumentaria, sus gestos siempre están medidos para homenajear la capacidad mímica y expresiva de Bruce Campbell. ¿Y el gran John West (Muñiz)? El improbable hijo bastardo de “El Santo” y John Wayne, un luchador de wrestling con espíritu de noble vaquero a la vieja usanza, para mí uno de los personajes más entrañables y que aquí destaca por un entrenamiento que arrancará sonrisas hasta al más insensible. Adicionalmente, en esta ocasión se une a la función Paulo Soria para encarnar a “Junior” (o el “shombi de Troya”); uno en su retorcida mente quiere ver en este personaje un claro homenaje al genial “Bub” de El Día de los Muertos (1985).
Estos personajes siguen siendo tan frescos y cercanos como siempre, el verdadero motor de una película que, por otro lado, en cuanto a guion flojea ligeramente debido a la repetición de situaciones y ambientación con respecto a sus dos antecesoras. ¿Es esta reiteración un problema serio? En absoluto, le resta algo de gracia al asunto pero permite sentarnos delante de ella con la seguridad de que nos gustará si disfrutamos en su día de los largometrajes anteriores. También es cierto que sus autores han dejado un poco de lado el tema de la casquería a favor de una mayor profundidad en los chistes que llevan paralelamente cada uno de los tres protagonistas principales. Eso sí, las escasas (con respecto a sus predecesoras) escenas gore están planificadas de una forma divertida, dinámica y justifican ellas solas echarle un buen vistazo a “Revolución Tóxica”.
La película inicia con nuestros héroes unidos para luego separar el núcleo del metraje en tres líneas completamente diferentes, muy bien montadas eso sí. Tampoco este concepto es nuevo, este esquema ya fue usado en Plaga Zombie 2: Zona Mutante, no obstante las tres subtramas están mejor rodadas a pesar de no contar con verdadera profundidad argumental. ¡Hey! Pero no estamos en este mundo alternativo – que bien podría llamarse “Tromaville boluda” – para medirlo mediante las reglas del cine “intelectual”, la única misión de los espectadores es abrir los ojos y sonreír embobados… por mucho que el número musical, que casi cierra la película, ponga en tela de juicio la estabilidad mental de sus autores.
En conclusión, pese a quedar recluida a un cierto tipo de público muy “freak”, y vuelvo a apuntar que preferiblemente masculino – y perdónenme nuestras lectoras por esta conclusión tan machista –, Plaga Zombie 3 es una obrita imprescindible que cierra la trilogía a un nivel muy alto y la posiciona como candidata a obra de culto, que habrá que ir revisando con el tiempo de por medio sin perder nunca el buen humor. No te hace pensar pero te da muy buen rollo, en unos tiempos tan grises como viven aquellos cuya lengua materna es el español, Plaga Zombie 3 resulta un sano bofetón que te lanza fuera de la cruel realidad encarnando el sentido último y primigenio del séptimo arte: entretener y divertir. Además, la forma de distribución que sus autores han buscado me parece muy adecuada. A través de su propio canal de “youtube”, estrenos limitados en salas, paseos por festivales de todo el mundo y gratuita 48 horas durante su estreno mundial online, hará unas semanas (más información AQUÍ). Lo que reafirma la apuesta de FARSA: cine de fanáticos del fantástico para mentes afines. Algo a lo que un servidor siempre se apuntará, más allá de esta sencilla premisa no encontraréis lecturas más sabias…
Lo mejor: Los tres personajes principales y los momentos de casquería frenética. Destaca el buen humor característico de la trilogía.
Lo peor: Cierta repetición de escenarios y situaciones con respecto a las dos primeras entregas. Demasiada transición entre subtramas que aligera significativamente el contenido gore de una cinta que lo necesita.
Beyond the Grave
Post Apocalipsis nietzschiano

- Título original: Porto dos Mortos
- Nacionalidad: Brasil | Año: 2011
- Director: Davi de Oliveira Pinheiro
- Guión: Davi de Oliveira Pinheiro
- Intérpretes: Rafael Tombini, Álvaro Rosa Costa, Ricardo Seffner
- Argumento:La civilización humana ha caído, es difícil saber por qué o cómo, pero el oficial busca encontrar a los últimos asesinos vivos. Su principal preocupación es sobrevivir entre las hordas de zombis y detener al peor de los nigromantes: El Caballero Oscuro.
LA VALORACIÓN:
68 |100
Estrellas: 4
Muchísimas gracias a los generosos Davi de Oliveira, director/guionista/productor de Beyond The Grave y a Isidoro B. Guggiana, productor del film; por enviarnos una copia de prensa de su largometraje debut. Es solo gracias a ellos que hoy os podemos hablar de toda una rareza. Una cinta brasileña de horror que mueve dentro de unos parámetros únicos.
El Oficial recorre en su negro coche las carreteras abandonadas de un nuevo mundo que nació nadie sabe cuando. La muerte se arrastra a la vera del camino con la forma de cadáveres andantes. El Oficial olfatea el seco aire, la sed de justicia lo lleva de agujero en agujero acabando con los peores asesinos de este mundo pobre y corrupto. Su único horizonte es El Caballero Oscuro, el que tanto le quitó y quien inició el cambio con su sangrienta magia. ¿Llegarán a encontrarse?
Cuando una película arranca con una cita de Nietzsche ya sabes que te enfrentas a una obra artística complicada; siempre que la cita sea vea reflejada honestamente dentro del contexto de la película, como es el caso de Beyond the Grave: “Nunca es alto el precio a pagar por el privilegio de pertenecer a sí mismo”. Una críptica frase que invita al autoconocimiento y que adelanta a la perfección el retorcido camino que recorremos en la extraña cinta post-apocalíptica que hoy nos ocupa.
Si por algo destaca Beyond The Grave es por su atrevimiento. Siendo una cinta de muy bajo presupuesto aborda distintos géneros desde una perspectiva poética, y muy seria, que busca implicar al espectador y sea él quien complete en su mente las piezas de un enrevesado puzzle. En el mundo fantástico, que tan solo es una distorsión de nuestra propia realidad, que nos presenta todo tiene cabida. Los elementos que nos rodean y las personas han cambiado mucho, son más complejas y tristes, desde que la civilización humana perdió contra sí misma. Poca es la información que se nos suministra, pero acompañando al protagonista de la cinta, un pesimista oficial que vive en guerra permanente con sus sentimientos, iremos conociendo un poco de esta nueva era de dolor y soledad donde los zombis campan a sus anchas, como un reflejo más de la pena que embarga a los habitantes de los desolados parajes brasileños.
Nuestro protagonista busca, a través del silencio, a los últimos asesinos sobre la faz del planeta. Su única meta es la justicia y su camino el asfalto de la carretera. Con estos aromas de road movie, y un tempo cercano al cine de Kurosawa, descubrimos que existe un asesino peor que cualquier otro. Un ser que pudo llevar al mundo a su patético estado actual, una entidad a la que siguen los zombis y cuyos rituales de magia negra dejan un rastro imposible de ignorar.
Una ambientación con mucho potencial, ¿verdad? Pero como he dicho, el discurso es el silencio, la exploración personal a través de una serie de postales líricas que interpelan al espectador. Le preguntan descaradas: “¿Qué ves?, ¿qué es esto?”. Así cada uno puede sacar sus propias conclusiones de una cinta que es exigente y que provocará el odio de muchas personas de mira estrecha. ¿Por qué? Muy sencillo: su ritmo, su vaguedad a la hora de definir ideas y una falta de medios técnicos que suele echar atrás a gran parte de los espectadores.
Ya lo he comentando, pero lo recalco: Beyond the Grave se toma su tiempo para desplegar un universo propio. Si alguien me dijese que la cinta es japonesa me lo creería, incluso existe una conexión obvia con el cine de samuráis, y no creo que sea banal. Así las secas, breves y poco frecuentes intersecciones entre los personajes son las que van dibujando el perfil de una civilización rota, una sociedad de personajes perdidos. Lo que quizás uno pueda asumir como fallo de los actores, ese alienamiento de los personajes, se va relevando como la idiosincrasia común de un mundo que, al igual que el de Rolando de Gilead – que comparte aura con el oficial de “Beyond” –, se ha “movido” y nunca sabremos muy bien por qué. Una perspectiva inteligente por parte de Davi. El ser humano está condenado a su propia ceguera con respecto a los cambios en la sociedad que vive, solo el tiempo es capaz de aislarnos de nuestra propia levedad. Y en dicho tono transcurre la cinta que nos ocupa, un tono lúgubre pero que nos coloca en nuestro merecido sitio. La única emisión de radio de este mundo devastado, se encargará de recordarnos la miseria de nuestra soledad constantemente… ¡otro gran detalle!
La vaguedad en el discurso, lo ambiguo de cada frase del reducido dialogo, obedece a una clara intención: que el espectador complete la historia a su propia manera. Una arriesgada forma de entender el cine que, gracias a la clara fotografía acompañando a la acción – situada primordialmente de día, quien sabe si para ahorrar recursos de focos –, se convierte en el peor enemigo de Beyond the Grave, así como en su plato fuerte. ¡Bella contradicción!
Por un lado hay personas que buscan en una película entretenimiento puro y duro, pasar un buen rato y dejar de darle vueltas a los engranajes de su cerebro. Algo que es loable y hasta el cinéfilo más intelectual practica de vez en cuando. Bien, en ese caso olvidaos de disfrutar Beyond the Grave, un tremendo handicap para una película de zombis. Pero es que, realmente, aquí los zombis si que permanecen en segundo plano, solo personifican el fin de la humanidad, el cambio al que todos debemos someternos. Su amenaza es filosófica nunca física. Al menos así lo he querido interpretar. Como veis esa faceta de discurso libre tiene su lado bueno: vosotros podréis sacar vuestras propias conclusiones sin necesidad que os guíen del punto A al B con media docena de escenas de acción masacrando zombis para completar hora y media de metraje.
Además, toda esta forma de narrativa casa muy bien con el reducido presupuesto con que contaron Isidoro y Davi. Estamos ante cine “underground”, de “guerrilla”, realizado con corazón y cabeza. Puede que el dinero no alcance para un maquillaje que Tom Savini diseñaría en el lavabo de su casa, pero se suplen con inteligencia sus muchos defectos gracias a la intensidad y el pulso firme a la hora de rodar planos largos, muy en la vena de ese falso western que tantas veces rodó Kurosawa. Los actores también se confabulan para sacar la película adelante. Por mucho que se trate de actores desconocidos internacionalmente, dentro del panorama terrorífico, interpretan sus papeles con solvencia. Destacando por encima de todos a Rafael Tombini. A cargo del oficial, sabe aportar una dosis de tragedia y otra de determinación a un personaje que evoca soberbias imágenes de venganza y furia. Me sorprendió gratamente su estética, muy en la línea del protagonista de otra película post-apocalíptica bien distinta pero bastante recomendable: “Holocausto Samurai” (1998).
El aprovechamiento de paisajes industriales herrumbrosos y rurales completamente deprimidos termina por redondear una ambientación que puntúa a muy alto nivel y resulta ideal para los soñadores. No reinventa la rueda, puesto que ese tipo de escenografías post-apocalípticas las aprovecharon los italianos mucho antes, pero siempre se agradece algo de verosimilitud a la hora crear atmósfera.
En definitiva, una película humilde pero que apunta alto en cuanto a su capacidad de conjurar imágenes internas muy interesantes para el público inquieto. Seguramente causará una fuerte división entre los aficionados cuando llegue su esperado estreno internacional, unos dirán que es la peor película de zombis y otros que es la película más distinta de zombis que jamás hayan visto. Para mi ha sido un viaje metafórico a los rincones más oscuros del análisis humano y la raíces del mal que todos llevamos dentro. Como anecdota comentar que estamos ante la primera película de muertos vivientes rodada en Brasil – seis años hasta ver la luz –. Puede que existan otras cintas como Mangue Negro (2008), películas brasileñas con redivivos de por medio y estranadas antes; pero dejando aparte frases publicitarias, creo que nos encontramos ante otra de esas películas que dignifican la producción independiente de Latinoamérica.
Lo mejor: La mezcla de magia negra, road-movie, cine post-apocalíptico, venganzas, acción y zombis crean un mundo único cuya belleza surrealista empapa al espectador, principalmente, por su fotografía.
Lo peor: Los tiempos son muy pausados, al buscar una narrativa poética se complica el entender fácilmente el mundo imaginario donde transcurre la historia.
AUTOR: Bob Rock | PUBLICADO: 15/04/12 | CATEGORIAS: Críticas , Zombies
TAGS: independiente, magia negra, post-apocalíptico, serial-killers, zombies
Pretty Dead
Un intenso drama terrorífico

- Título original: Pretty Dead
- Nacionalidad: Estados Unidos | Año: 2012
- Director: Benjamin Wilkins
- Guión: Benjamin Wilkins, Joe Cook
- Intérpretes: Carly Oates, Ryan Shogren, Quantae Love
- Argumento:Regina es una mujer normal, con un novio que la quiere, unos amigos que la aprecian y un futuro brillante como médico. Hasta que tras una noche de fiesta su físico y su apetito empieza a cambiar radicalmente: ¿realidad o locura? “Pretty Dead”.
LA VALORACIÓN:
76 |100
Estrellas: 4
Me gustaría agradecer de corazón la buena disposición del director/guionista de Pretty Dead, Benjamin Wilkins, y de su productor/guionista, Joe Cook, por hacerme llegar una copia de su largometraje debut, para dar a conocer al público de habla hispana una muestra de lo grande que puede llegar a ser una obra pequeña. Más allá del privilegio personal de conocer a Joe y Benjamin, queda el privilegio de traeros en exclusiva, al menos en castellano, la reseña de una cinta profunda y emotiva, que espero de mucho que hablar en un futuro cercano. Precisamente por su condición de premisa espero que disculpéis mi falta de concreción a nivel argumental, evitemos pues incómodos destripes.
¡Que mala es la cocaína! Después de una noche de capricho, Regina se encuentra muy mal algo ha cambiado dentro de ella. Cree que algo le pasa a su cerebro, a su físico que empieza a corromperse destrozando su belleza. ¡Ella que lo tenía casi todo! Un novio cariñoso, unos buenos amigos, una carrera profesional por delante… Ahora, ese pequeño exceso pude dar por tierra su mente, a su familia, su amor. Mientras la carne fresca se va haciendo más tentadora ella intentará averiguar si se está volviendo loca o se está convirtiendo en un… un… un muerto viviente.
Zombis, zombis, zombis. No veo mucho sentido a volver a hablaros ahora de ésta o aquella película, de la serie de moda o de su atosigante presencia en cada rincón de nuestra nueva y contablemente esclava sociedad. De sobra sabéis que ante el exceso de producciones sobre muertos vivientes cuesta encontrar una obra firme que renuncie bien a los fuegos de artificio fáciles, bien a esas dosis de comedia exacerbadas que van hundiendo la comedia de zombis en los abismos de lo ridículo. Salvo honrosas excepciones, como la genial The Dead, lejos quedan las grandes comedias como Shaun of the Dead o los grandes thrillers como 28 Días Después.
Así que cuando uno analiza con atención una película independiente como Pretty Dead, se pregunta muchas cosas. La primera y fundamental: ¿por qué el resto de guionistas no analizan realmente que desean contarle al público sobre la condición del muerto viviente? Muchas veces para que las cintas actuales del género se planteen desde el punto de vista económico sobre una idea bastante vaga de algo “terrorífico”, y si salen zombis mejor para la recaudación. Pues Pretty Dead se encuentra justo en el polo opuesto.
Sin tremendismos que adulteren el contenido narrativo, sin trascendencia cósmica, sin excentricidades o chistes baratos que vulgaricen la trama, la humilde cinta de Benjamin (también productor de La Navaja de Don Juan) y Joe destaca entre sus coetáneas porque sabe lo que quiere contar y como. Así de simple, la única picaresca ha sido intentar aprovecharse del formato de moda: el “mockumentary”. En este caso, el metraje se compone de retazos de grabaciones caseras, sesiones de terapia, cintas de seguridad y otros pedazos de origen incierto. No obstante, queda patente que recurrir a este formato tiene como dos únicas justificaciones aportar realismo, la historia lo necesita para existir, y para dulcificar las carencias presupuestarias con que contaba el equipo de producción. En ambos casos, un éxito rotundo.
Pretty Dead goza de un realismo envolvente que te va atrapando gracias a su condición de drama orgánico. Cada sección de la cinta, que cuenta con una duración ideal para sus objetivos: poco más de setenta minutos, favorece los elementos novedosos y frescos de su argumento. Básicamente el enfoque científico y humanista de la condición de muerto viviente, con un inteligente y elegante giro hacia la esquizofrenia. Por ejemplo, la decisión de incluir cintas caseras humaniza la situación de tal forma que, dentro de un marco creíble pero fantástico, el espectador se involucra inmediatamente con los protagonistas y su relación. Sin embargo, lo que en principio vendría a ser el desarrollo de una vida bastante normal, se va entremezclando con otras grabaciones mucho más inquietantes, como sesiones psiquiátricas, donde la desencajada condición de nuestra protagonista nos desgarra en mil pedazos por ese cariño que le hemos ido cojiendo.
Desde un punto de vista personal, creo que el título en sí mismo sintetiza bastante bien la agudeza de su premisa. “Pretty Dead”, vendría a querer decir “bastante muerta”. No obstante dada la dirección que toma la vida de Regina queda claro donde reside el juego de palabras, sobre todo cuando conocemos a la interfecta: una bella e inteligente morenaza de la que cualquier hombre, en su sano juicio, podría llegar a enamorarse.
Si Pretty Dead viene a ser un serio e interesante drama orgánico es porque su corazón late con fuerza. Precisamente ese corazón es el pivote central de toda la trama: Regina. Y la capacidad de emoción que despliega la sustenta una gloriosa y magnética Carly Oates capaz de ponernos los pelos como escarpias, hacernos sonreír, frustrarnos, aterrarnos, excitarnos, ponernos tristes… Si el guión gira alrededor de la caída de Regina al abismo, nosotros caemos con ella; y lo hacemos mediante su relación con Ryan (interpretado por un simpático Ryan Shogren). Una relación que aunque pueda parecer empalagosa al principio no dista mucho de cualquiera de la que vosotros podéis vivir o habéis vivido; lo cual genera un grado de empatía aterrador. Quizás Pretty Dead carezca de los típicos sustos de las películas de zombis modernas, pero la inquietud radica en su creíble atmósfera y la genuina desorientación que es capaz de expresar Carly. Junto a su pareja fílmica centran nuestra atención con una naturalidad pasmosa, no exenta de ciertos sobresaltos provocados por los erráticos ataques de rabia que Carly hilvana de forma encomiable . Sorprendente si tenemos en cuenta la reducida carrera de estos dos actores, desde aquí un fuerte aplauso para los protagonistas principales, especialmente a Carly, sin la cuál no podría existir esta película.
En el lado negativo encontramos cierta exigencia para con el espectador. La presentación temporal del argumento realiza varios saltos en el tiempo que potencian la fuerza de sus imágenes, a costa de que el público no se duerma en los laureles. ¡Esto no es “El Amanecer de los Muertos”! La pausada narrativa implica estar ojo avizor para no perderse pequeños detalles que van complementando el resto de este drama. Pero lo que realmente empaña el resultado final sería el uso de ciertas tomas muy difíciles de justificar (¿dónde había una cámara?) y lo reducido de sus maquillajes. El primer punto negativo podemos considerarlo casi una necesidad del formato de “mockumentary”, y eso que, en este caso concreto, los “momentos absurdos imposibles de grabar” están reducidos al mínimo. Por otra parte, que el maquillaje de Regina no luzca lo real que nos gustaría solo es achacable al presupuesto. Benjamin opta por el discurso inteligente y equilibrado para evitar que la falta de una financiación orgiástica les afecte más allá del detalle de los efectos especiales ajustados.
En definitiva, Pretty Dead ha sido una satisfacción de principio a fin. Los primeros compases apuntaban un ritmo pausado que me incomodó en cierta manera. Hasta que fui integrándome en la relación de Regina y Ryan, tras esa “ruptura” emocional, la actuación de Carly me tuvo fascinado de principio a fin, no podía despegar los ojos de la pantalla intentando averiguar con su protagonista que dirección tomaría su ¿vida?, y como escapar de la espiral de sufrimiento que se intuía en el horizonte. La creatividad y originalidad de Benjamin y Joe explotan en una capacidad única para darle un bocado a un género, el de zombis, al que le sobran tantas películas descerebradas (pero aburridas) y les hace falta una aproximación más realista, humana, dramática, romántica y profunda. Pretty Dead da en el clavo sin necesidad de artificios. ¡Ahí es nada!
Lo mejor: Carly Oates, increíble como nos lleva hasta su personaje desarmando cualquier reticencia inicial. Es muy fácil sumergirse con ella en el amplio rango de emociones que despliega con intensidad.
Lo peor: Algunas tomas no alcanzan el realismo que se quería conseguir con el “falso metraje”, el maquillaje a veces también resta esa verosimilitud que es la base del disfrute del espectador.
AUTOR: Bob Rock | PUBLICADO: 08/04/12 | CATEGORIAS: Críticas , Zombies
TAGS: drama, falso metraje, independiente, zombies
[REC] 3 Génesis
Puedes morder a la novia

- Título original: [REC] 3 Génesis
- Nacionalidad: España | Año: 2012
- Director: Paco Plaza
- Guión: Luiso Berdejo, Paco Plaza
- Intérpretes: Leticia Dolera, Diego Martín, Àlex Monner
- Argumento:Koldo y Clara celebran su enlace rodeados de sus seres queridos. Todo se desarrolla con la normal felicidad hasta que algo inesperado convierte el día más feliz de su vida en una auténtica pesadilla.
LA VALORACIÓN:
85 |100
Estrellas: 4
Reseña 100% libre de spoilers.
El juego de desconcierto que propone Paco Plaza en los inusuales créditos de inicio de [REC] 3 ya marca el tono lúdico con el que redefine una de las sagas más rentables del cine español de los últimos años. Con la sana intención de evitar que las paredes del número 34 de Rambla Catalunya se estrechen y asfixien la historia, el director valenciano rompe una de las principales reglas de [REC] 3 - espacio claustrofóbico – y desplaza la acción a un idílico paraje al descubierto para darle una nueva dimensión al terror.
Ya en su reciente cortometraje “Luna di miele, luna di sangue”, Plaza planteaba una situación que bien podría ser la génesis de esta nueva [REC], una pareja de recién casados en un contexto de horror, sangre y violencia. Igual que aquí, en el corto había un quiebro en los trazos del género, se invertían las tornas y se desmoronaban las expectativas del público. La voluntad de transgredir lo que a priori parece establecido e intocable.
[REC] 3 se aleja casi por completo de todo lo que dábamos por seguro en las dos películas anteriores, y lo hace de un modo muy radical, muy festivo, muy canalla, muy fresco, muy online, arriesgándose a perder por el camino a los que aún siguen congelados de terror en el ático. Aquí los protagonistas son Koldo y Clara, dos jóvenes que celebran su boda rodeados de amigos y familia. ¿Y qué se antoja inevitable en una celebración nupcial? Un vídeo casero con el que capturar imágenes de parientes borrachos, amigos cachondos y abuelos emocionados. Con esto justificamos el falso documental y además le damos continuidad a la franquicia. Pero la película de verdad, la de cine, aún no ha empezado. Antes será necesario el plano del cuerpo sin vida del formato y un guiño a Ángela Vidal para cerrar un ciclo y abrir las puertas a un [REC] mucho más gamberro.
En un ejercicio de triple auto – consciencia, referencia y parodia – , Plaza se construye un alter ego que cita a Renoir y Vértov. De este último precisamente, Plaza rescata en el primer tercio la huida de un cine convencional y la búsqueda de una verdad que solo se puede encontrar dando margen a la improvisación. Pero tras ese sutil engaño, nos traslada de pronto a un terreno donde la sutileza y el realismo se abandonan a favor de la combinación del humor negro de Sam Raimi y la casquería del Peter Jackson anterior a La Comarca, triturado y colado por el filtro del costumbrismo más cañí y el uso dramático de la música - dos canciones concretamente – , que incluso superan el contraste generado por aquel Suspiros de España.
Llegados a este punto, la paleta de personajes secundarios es tan surrealista y los guiños son tan ingeniosos, que las risas disfrazan la simpleza de la aventura caballeresca que emprende Koldo mientras Clara saca la Ripley que lleva dentro y deja tras de sí el rastro de una orgía de sangre. Leticia Dolera destaca por encima de todos, su trabajo físico es sorprendente y la motivación con la que afronta las trabas que la historia pone en su camino, la revelan como una mujer luchadora y devotamente entusiasta del género.
Pero su mayor virtud no es la renovación, sino precisamente el compromiso con sus raíces. Las referencias - visión nocturna – y los hilos argumentales que la unen a [REC] y [REC] 2 son una constante a lo largo de los escasos 80 minutos que dura la película. No responde todas las preguntas que quedaron abiertas entonces, pero ofrece dosis calculadas de información muy útil. Si el espectador está atento a todos los detalles, descubrirá que, en realidad, la génesis es solo una ilusión, un reflejo. Y el final, un carrusel de guiños cinéfilos, una conclusión coherente y atrevida.

Lo mejor: La renovación. El tono. Atún. La auto-parodia. Leticia Dolera.
Lo peor: El subtítulo “génesis” no responde a ninguna de las dudas planteadas en la primera [REC].
House of the Dead
La peli-birra de la década pasada

- Título original: House of the Dead
- Nacionalidad: USA, Alemania, Canadá | Año: 2003
- Director: Uwe Boll
- Guión: Dave Parker, Mark Altman
- Intérpretes: Jonathan Cherry, Ona Grauer, Jürgen Prochnow
- Argumento:Un grupo de jóvenes viaja a una isla para acudir a una macro-rave. Una vez allí descubren que la diversión se acabó de forma truculenta: cientos de zombis se han apoderado de la isla.
LA VALORACIÓN:
50 |100
Estrellas: 3

La puntuación asignada a House of the Dead responde en un 20% a una valoración objetiva y un 80% a una valoración casposa.
Uwe Boll es un personaje curioso. Calificado por muchos como “el peor director de la historia”, el tipo se las ha arreglado para meterse en la industria del cine estadounidense fabricando churros. Ojo, no son churros cualesquiera. Al menos al principio, Boll estrenaba en el cine sus películas. Nada de pelis para cubrir huecos sobrantes en las estanterías polvorientas de un videoclub. No señor. Nuestro amigo alemán tenía ínfulas de acaparar la gran pantalla y manejarse con presupuestos, no holgados pero sí decentes y muy por encima de lo que su talento le debería permitir disponer. Sin embargo debe haber algún negocio turbio (¿blanqueo de dinero?), algún motivo personal (¿enchufes?) para que pueda llevar sus hazañas a cabo sin que le rechisten. O quizá, simplemente, el amigo Boll está podrido de dinero y quería gastárselo en esto de hacer películas. En otro momento puede que le dediquemos a este personaje el artículo que se merece, pero hoy me centraré en su obra cumbre: House of the Dead.
Empezando a dejar huella
Dentro de poco se cumplirá el decimo aniversario de esta joya. Supongo que, para entonces, saldrán decenas de ediciones en DVD, Blu Ray e incluso en Laser Disc y VHS si hace falta, con jugosos contenidos adicionales e imagen y sonido remasterizados. A lo mejor hasta Boll se anima y, en un Lucas Delirium, añade efectos especiales y bichitos en un re-montaje. Quién sabe. El caso es que en el 2003, nadie sabe cómo, consiguió 25 millones de dólares y los derechos de House of the Dead; aquel divertido juego de las recreativas, ahora también en consolas, en el que básicamente hay que reventar zombis para ir avanzando. No es el que juego fuera un prodigio de guión, pero divertido era y sigue siendo. Puede que Boll viese sencillo adaptar un juego en el que únicamente hay que cargarse muertos vivientes. Pero incluso con esto hay que tener cuidado.
Los fans del HOTD, el videojuego, no son legón pero sí bastantes. Y como toda adaptación que implique cubrir expectativas de un grupo masivo de fans, las críticas pueden llover en forma de granizo. No creo que nadie le pidiera una obra maestra del séptimo arte, ni pulir un guión a la altura de El padrino (1972). Lo que sí le pedían esos fans era una película de zombis decente. Los fans y el público en general. Pero Boll, ajeno al sentimiento del populacho, agarró los 25 millones de dólares y, supongo, se los ventiló en alcohol y diversas sustancias alucinógenas de dudosa calidad. Luego se marcharía a una discoteca y con lo que le quedaba contrataría a los actores de entre los boys y las strippers. El resto es historia.
Pero, ¿es tan mala?
Lo es. Pero el aquí firmante tiene que reconocer que HOTD es uno de sus placeres culpables; una de esas películas chungas que, a sabiendas de lo malas, casposas e intolerables para cerebro que resultan, uno ha visto más veces que Ciudadano Kane (1941). Es la peli-birra de la década pasada.
Entiendo que los fans se sintieran estafados. Entiendo que el público poco enterado de que iba la cosa, y que solo quería ver “una de zombis” de serie A, o al menos B, saliesen del cine conmocionados por haber conocido la caspa pura. Siempre he pensado que las principales dosis de odio hacia su director vienen porque, en lugar de dedicarse a la serie Z de video club, éste ha preferido hacer esa serie Z con más dinero y jodiendo la nostalgia de muchos; pues no contento con destrozar HOTD luego se atrevió con un icono como Alone in the Dark (2005) (y aquí sí que no hay placeres culpables que valgan, se trata de diarrea fina), y luego BloodRayne (2005), y luego Dungeon Siege (2007), y luego…
En mi caso, soy fan del juego en que se “basa”. Aunque en este caso intento hacer la vista gorda. Aquí si vale aquello de “es tan mala que te lo pasas pipa”. Al menos en mi caso. El delirio es interminable.
Oh My Gooooooood
Un grupo de jóvenes van en busca de fiesta y despiporre a la Isla de San Juan. Allí se celebra la presunta “Rave del siglo”. Para llegar necesitan la ayuda de dos marineros (y atención porque uno de ellos es Jurgen Porchnow, rebajándose a estos límites para poder llevar comida a casa). Estos les avisan con todos los tópicos posibles de la peor serie Z: “Se llama la Isla de la Muerte”, “Los que van, no regresan con vida”, “Quedaros y nos fumamos unos petas con vuestras chavalas”. Mientras lo discuten, en la isla se celebra la mega-rave; básicamente un grupito de amigos del director y varias strippers siliconadas haciendo que bailan mientras la cámara se mueve mucho para que parezca que son más. Y lo más gordo… ¡Sega permitió que se viera, y bien grande, su logotipo a modo de cartel! Todavía estarán desgarrando la piel del iluminado al que se le ocurrió.
Cuando los protagonistas convencen a los marineros y llegan a la isla, la rave ha terminado. Todo está en silencio, hay mugre por todas partes y el olor a muerte se abre paso entre condones llenos y botellas vacías. Tras sufrir varios minutos de vanos intentos de crear suspense y escuchar diálogos de mongólicos, los zombis hacen acto de presencia; ahora no solo corren, como mandan las últimas modas, sino que Boll, que es un visionario, les ha convertido en candidatos para ganar el triatlón. Son purulentos y sucios, intentando recordar a los de Lucio Fulci, pero el resultado se queda en una sesión de maquillaje con las sobras de la barbacoa previa al rodaje.
No obstante, parece que todo esto es un simple relleno para llegar a lo que de verdad le importa a Boll además de enseñar las tetas de las protagonistas: la escena del tiroteo. Atención, porque se trata de entre diez o quince minutos de cutre-acción non-stop, en los que no falta absolutamente nada; una mezcla hilarante y grotesca de tiempo bala, petardos, disparos sin ton ni son, música chunda-chuda, explosiones, cables, trampolines y repentinas imágenes, a modo subliminal, del videojuego (¡!). Todo está permitido si es lo suficientemente cutre. Los actores improvisan, zombis que habían caído vuelven a atacar, fallos de script a tutiplén. Seguro que se lo pasaron pipa rondándola, aunque la resaca debió ser monstruosa.
Todo esto se redondea con frases como (más o menos) “¿Sabes por qué quería la inmortalidad? Para ser eterno”, o incluso permitiéndose al final dejar la puerta abierta con “¿Esto es el final, o solo el principio?” como si el amigo Boll se pensase que le iban a dar otros 25 millones para limpiarse el culo y contratar strippers.
Una recomendación
Si no eres capaz de divertirte, ni con compañía, de HOTHD. Si te parece que el resto de su filmografía se compone por una selecta colección de boñigas. Si piensas que Uwe Boll no tiene solución y que Ed Wood a su lado era un virtuoso de la técnica cinematográfica. Si piensas todo eso, posiblemente tengas razón. Pero entre el mal olor hay una película suya que vale la pena, y por prejuicios muchos no habrán visto ni tendrán intención: Rampage (2009). No diré nada sobre ella, simplemente verla. Y no es broma.
Lo mejor: Vista en las condiciones apropiadas supone noventa minutos de disfrute casposo sin precedentes.
Lo peor: Vista sin dichas condiciones, supone un daño cerebral sin retroceso. Y vista con las condiciones apropiadas puede que también.
AUTOR: John Trent | PUBLICADO: 27/03/12 | CATEGORIAS: Críticas , Zombies
TAGS: caspa, videojuegos, zombis
The Revenant
Mis amigos, mejor podridos

- Título original: The Revenant
- Nacionalidad: Estados Unidos | Año: 2009
- Director: D. Kerry Prior
- Guión: D. Kerry Prior
- Intérpretes: Annie Abbott, Senyo Amoaku, David Anders, Chris Wylde
- Argumento:Bart es un soldado que ha vuelto de Iraq dentro de una bolsa de cadáveres. Por suerte, o por desgracia, se ha convertido en un “revenant” (un zombie que contrarresta la descomposición bebiendo sangre). Junto a su amigo Joel impartirán justicia por L.A.
LA VALORACIÓN:
68 |100
Estrellas: 3
El teniente Bart es un soldado norteamericano cualquiera destinado a Iraq, por supuesto alberga sus dudas sobre el sentido de su misión en tierras árabes, pero ante todo es un patriota convencido. Al menos siempre lo sintió así en vida, quizás tras caer en una emboscada y resultar muerto haya cambiado de opinión.
¿Podríamos preguntárselo a un muerto? Desde luego que no, y aun más difícil si no disponemos de una guija bien configurada. Afortunadamente el cuerpo del teniente es repatriado a casa, para ser enterrado con unos honores y recuerdos que tal vez no se correspondan con lo que fue en vida: un tipo sencillo. Su novia derrama amargas lágrimas por él, Joey – el mejor amigo de Bart – es algo más pragmático y prefiere enrollarse con ella en “memoria” de su “brother”.
¿Qué pensaría nuestro protagonista de esos cuernos post-mortem? Alcancemos su tumba para intentar sondear al cadáver. ¡Demonios! Es una idea de locos hacerle preguntas a un muerto como plañideras, pero… espera, ¿un rumor? Algo se mueve bajo tierra, ¡no puede ser! Sí, sí, un muerto que camina, Bart surge costosamente de la tumba. Podremos hacerle esas dichosas preguntas que nos rondan, a no ser que sea un zombie y prefiera devorarnos el cerebro antes que contestarnos. O tal vez sea un vampiro, parece lo suficientemente lúcido como para descoser el hilo quirúrgico que sella sus labios putrefactos. No, imposible, no hay glamour, solo una peste de mil diablos. ¿Entonces? Podría ser un “revenant”, un espíritu corpóreo que duerme por el día y ha de beber sangre para mantener la corrupción a raya.
Bueno, tal vez no deberíamos preocuparnos por Bart, fijaos bien; se dirige derecho hacia casa de su “mejor” amigo. Esperemos que Joey no reciba un susto capaz de sacarle el corazón del pecho. ¡Seguro que no! Además, con lo grandes colegas que siempre han sido, seguramente resolverán el problema de la resurrección de Bart con tacto e inteligencia. No creo que el gusto de Joey por la coca, las armas y la vida fácil se convierta en un problema. ¿Verdad?
The Revenant vendría a ser un nuevo intento de vuelca de tuerca (y van) dentro de la comedia de muertos vivientes (y van). Así, a pelo y solo rascando la superficie – es decir, trailer, imágenes, póster y sinopsis reducida –, no me extraña que esta producción Californiana haya pasado desapercibido tanto para el aficionado como para los medios especializados. No soñéis con verla estrenada en cine (afortunados aquellos que pudistéis verla en Sitges), no dudéis de que su distribución española o latinoamericana es una utopía y si la descargáis – os deseo suerte buscándola –, además de condenar vuestras almas para toda la eternidad, podréis comprobar que no existe subtítulo al castellano decente.
De nuevo, la forma de condenar al ostracismo otra cinta independiente, muestra lo inteligentes que nos consideran las “todopoderosas” distribuidoras españolas (y ahora hablo estrictamente de mi país porque es aquel cuya “idiocracia” conozco bien), porque para ser sincero: The Revenant no es la reinvención de la rueda, no es la película del año ni es la comedia que va a provocaros flatos en los riñones, pero sin lugar a dudas considero un deber del aficionado de corazón al fantástico – y una obligación de los “amantes” de los zombies – experimentar los aciertos y errores que atesora esta cinta dentro de su compleja estructura y atrevidas intenciones. Unas virtudes y defectos que se van compensando a lo largo de diferentes picos durante el extenso metraje (casi dos horas que a tenor de la verdad creo que no se terminan justificando), para terminar decantando la balanza hacia el lado positivo gracias a un final de esos que odias o amas. Bien, como a un servidor le ha sorprendido (os aseguro que por nada del mundo podéis esperar como finiquita la historia de Joey y Bart) y agradado ese giro melancólico, oscuro, espectacular, tierno, modernista, crítico y hasta surrealista; no puede por menos que sonreír y pensar: “¡Joder! Películas como ésta son las que hacen que merezca la pena buscar y rebuscar por los cajones olvidados del horror”. Insisto: no se trata de una gran película a nivel técnico – posee sus carencias y las muestra por mucho que, en momentos dados, se obstine en intentar maquillarlas – y mantiene unos constantes altibajos que requieren paciencia y voluntad por parte del espectador; no obstante, resistir, merece la pena. Ya conocéis nuestro género, los finales pocos están a la altura de las expectativas, y muchos menos las superan.
Hasta llegar a ese mentado final, transcurre una hora y tres cuartos que se nos ha intentado vender como una “buddy movie” (para el que no lo sepa lo resumiré como comedias de colegas donde la acción es el envoltorio de la relación, habitualmente chocante, de los dos “colegas” protagonistas, a poder ser policías). Nada más lejos de la realidad, el “colegeo” entre Joey y Bart sería solo la punta del iceberg, un componente más de los muchos que componen The Revenant. Vale, aquí los “zombies” (si disponéis del placer de verla veréis que no es tan sencillo asignar dicho adjetivo a la condición de Bart) también poseen una buena dosis de inteligencia, pero al contrario que la flojita comedia Deadheads, también el enfoque sobre todo lo que rodea a la historia es inteligente. ¿Fallos arguméntales? Como los agujeros de mis bolsillos, grandes fosas sépticas donde la coherencia se pierde para entrar en juego la comedia. Humor que unas veces funciona, provocándote carcajadas, y otras en absoluto, causando arcadas. Además, por mucho que la perspectiva sea la del muerte viviente, estamos lejos del estilo humanista de Wasting Away. Los protagonistas de la que hoy nos ocupa tienen más oscuros que claros, es difícil sentir empatía por ellos, siendo Joey un “capullo” en toda regla y Bart un poquito pánfilo para haber sido teniente del sacrosanto ejercito de los Estados Unidos (¡se me cuadren coño!). En definitiva, personajes bastante humanos pero se atisba una sima empática entre la pantalla y nuestro cómodo sofá, lo cuál adultera tanto el terror, como el humor; por mucho que la carrera final hacía el drama (cínico, muy cínico) nos acerque más a los protagonistas.
A esta falta de humanismo también contribuye la desmedida obsesión por las armas y los tacos mostrada a lo largo del metraje, tan de barrio marginal estadounidense y más propia de comedias descerebradas. Una dosis de acción y de escenografía marginal cuyo mayor beneficio en el protagonismo cedido a la ambientación nocturna de la ciudad de Los Ángeles, parte importante del propio argumento y excusa para ofrecer un puñado de panorámicas que no suelen incluirse en los menús del cine independiente. Para terminar de contribuir a esta ambientación suburbana, contamos con uno de mis grandes, y escasos, temas para propiciar el coma etílico lejos del rollo “rockero”: Tengo un trato de La Mala Rodríguez. No está mal el guiño latino, ¿verdad?
Pero de nuevo juega una mala pasada el factor “marketing”: habiendo visto el trailer uno puede llegar a pensar que está ante una ensalada continua de tiros, muertos vivientes y chistes constantes… y de nuevo se equivocaría. Puntualmente, hay varias escenas cargadas de estética, acción y humor que, a la par que han servido para montar el dichoso trailer, regalan nuestros ojos aunque a sabiendas de su ausencia de contenido, puesto que ese “contenido”, ese peso intelectual se ha intentado volcar en otros elementos (¡vaya mejunje amigos!) como el drama personal de Bart con su novia (donde entran en juego unas gotitas de romance que transitan entre lo patético y lo sensual; de nuevo más extremos), la moralidad que la nueva condición de Bart provoca – materializada en voz de un personaje que me ha resultado muy entrañable: Mathilda “la lesbiana esotérica” – y, como no, la relación entre los dos amigos, el autentico meollo de la película.
Desgraciadamente, el intento de dotar a la trama de un fuerte componente emocional se ve diluido por una dirección artística errática y unas actuaciones que en caso concretos rozan los amateur. Afortunadamente, uno de los actores que recibe mayor peso (Chris “Joey” Wylde) resulta no solo eficaz si no lo siguiente. Se nota su larga experiencia como secundario en cintas como Evolution o Space Cowboys. Un aplauso por su trabajo porque en realidad es quien se lleva el gato al agua, quedando el televisivo David Anders (Bart) varios peldaños por debajo. Aunque, siendo honestos, quizás se deba al uso constante de unas incomodas lentillas que apenas transmiten el estado mental por el que transita el interesante personaje del “revenant”. Lo que me lleva a la gran labor realizada en el apartado de efectos especiales. Se nota que su director y guionista, D. Ferry Prior, ha trabajado codo con codo para crear, profusamente junto al siempre interesante Coscarelli, geniales efectos especiales prácticos pero bien resueltos (Jóvenes Ocultos, Abyss, Bubba Ho – Tep). Grandes efectos de maquillaje para la segunda incursión, dentro del largometraje, de un cineasta con ideas atrevidas y claras (por favor, más ocurrencias con vibradores y cabezas cortadas), todavía con mucho que aprender y por decir detrás de una cámara.
Por parte de otros actores no entraré en detalles, si ya de por sí sus personajes están metidos con calzador sin aportar mucho a la trama principal, sus interpretes se notan como perdidos en una ambientación (la del horror/comedia/drama/acción) no al alcance de cualquier actorcillo de Hollywood. No todos lo hacen mal, pero se repite la tónica común: no existe un nivel constante que acomode la historia sobre los hombros de cada uno de sus personajes.
En conclusión, ya veis que The Revenant posee elementos de valor, y grandes pifias, como para estar hablando un buen rato de ella, pero tampoco sería justo. Primero porque ya destripo demasiado las películas que os comento y, segundo, porque la relativa complejidad de las dos horas que dura la cinta (de nuevo os recomiendo paciencia) merece que cada cual haga su análisis personal sin más vueltas. Por supuesto que a muchos les parecerá una perdida de tiempo, su profundo desequilibrio distraerá bastante al público poco exigente consigo mismo; también le cuesta arrancar (los momentos más espectaculares y directos nos esperan en la segunda mitad) pero no es óbice para degustar la recreación de un estado, el de la no-muerte, y su influencia en las relaciones personales de dos personas que, exageraciones a parte, son igual de descerebrados que cualquiera de nosotros. A falta de una mayor profundidad en las ideas morales y un pulido en las reacciones de los personajes, puedo decir que The Revenant es una película única, olvidaos de cualquier influencia por parte del clásico ochentero ¿Estamos muertos o qué? (Dead Heat), la dosis de ideas propias y situaciones chocantes es la suficiente para recomendaros su visionado sin rencillas.
Como cualquier buffet cinéfago, tenemos un poquito para cada paladar, a pesar de no satisfacer los gustos más profundos dentro de una “especialidad” concreta. Y esta frase más propia de Miyagi San os dejo; Bart y Joey me esperan, vamos a echarnos unos tiritos y matar unos cuantos polis corruptos para beberles la sangre. ¡Qué aproveche!
Lo mejor: El final, inesperado en su planteamiento. Profundo y crítico como pocos dentro del subgénero. Mención especial para el departamento de maquillaje.
Lo peor: Demasiados conceptos juntos que acaban tratándose muy superficialmente. Las actuaciones de bastantes actores no acompañan a la buena historia que tenían detrás, quedando su narración a medias.
Zombie Apocalypse
¡Escoge tu arma que nos vamos a cargar unos cuantos zombies!

- Título original: Zombie Apocalypse
- Nacionalidad: USA / Gran Bretaña | Año: 2011
- Director: Nik Lyon
- Guión: Brooks Peck, Craig Engler
- Intérpretes: Ving Rhames, Taryn Manning, Lesley-Ann Brandt
- Argumento:El mundo ha quedado devastado por una epidemia zombie. Los pocos supervivientes que quedan se irán encontrando a lo largo del camino con un mismo objetivo: huir a Isla Catalina.
LA VALORACIÓN:
70 |100
Estrellas: 4
Hace poco vi un episodio de South Park, concretamente The Tale of Scrotie McBoogerballs, en el que los cuatro críos, desilusionados por haber leído un libro que les habían prometido que era escabroso, políticamente incorrecto y prohibido por algunos “moralistas”; resulta ser, según ellos, una gran mierda. Tras este acontecimiento deciden escribir su propio libro. En él solo hablan de guarradas, gilipolleces y de Sarah Jessica Parker. La gente, al leerlo, afirmaba que había mensajes increíbles en él y que su forma de narrarlo hacía que dichos mensajes se transmitieran con más sentimiento. Los cuatro chicos tan solo habían escrito ese libro para pasárselo bien y para reírse, sin incluir mensajes entre líneas ni gaitas. Solo escribieron insultos y guarradas. Pero la gente seguía diciendo que no, que había un claro trasfondo.
¿Por qué empiezo con este párrafo sobre South Park? Porque precisamente creo que he - o hemos – llegado a un punto en que buscamos tanto en una película, que todo lo que veamos y no esté supermegabien grabado o nos cuente una historia de la hostia, ya es una mierda. Ha sido gracias a Zombie Apocalypse que me he vuelto a dar cuenta de que hay un determinado cine actual que también puede distraerte, a pesar de estar hecho con el culo, con montones de CGI de saldo, con malos actores y con una historia que… bueno, que ya nos la conocemos todos (sólo falta mirar el título para saber de qué va).
El mundo ha quedado devastado por una epidemia zombie. Los pocos supervivientes que quedan se irán encontrando a lo largo del camino y perseguiran un mismo objetivo: llegar a un puerto y esperar un transbordador que les llevará a la Isla Catalina, lugar que, según creen, está libre de la infección.
Zombie Apocalypse es una producción de la Asylum para el canal de televisión SyFy. ¡Ojo!, que esto no es moco de pavo. Quien más o quien menos conoce alguna de estas dos empresas y ya sabe qué tipo de cine hacen; y para aquellos que no les conozcais, Zombie Apocalypse es, sin duda, una buena manera de empezar a hacerlo, así por los menos no tendréis que darle al stop como en muchas otras producciones que no arrastran un cartel semejante…, y si no preguntadle a Bob Rock y su especial del After Dark de este año (jejejeje).
Con todo esto quiero dejar claro que no nos encontramos frente a ninguna superproducción de zombies con mensajes del tipo “hay que cuidar el planeta…” , “nos tenemos que ayudar más entre nosotros…”, “cómprate una blackberry para tener cobertura…” ni ninguna otra monserga. La película va directa al grano. Los protagonistas están en el punto A y tienen que llegar al punto B… y en medio una manada de zombies. ¿Pues qué hay que hacer? Coger todas las armas que se pueda e intentar llegar al punto B sin ser mordido, sin pausas melodramáticas (bueno, sí, hay una mini pausa pero dura tan poco que ni te das cuenta) ni malos rollos entre los humanos (que parece que últimamente en el cine de zombies los malos son los humanos y no los muertos vivientes). Por no haber no hay ni siquiera historias de amor ni destapes gratuitos en medio del apocalipsis (aunque con la cantidad de mozas que salen es una pena). De todo esto tan solo encontraremos pequeños e insignificantes destellos en una película que apuesta por la acción trepidante y el puro entretenimiento (bueno… vale… lo de trepidante puede que me haya pasado, pero me lo he pasado taaaaaaan bien).
Hasta aquí sería la peli, no hay más. ¿Qué no hay más? Eso ni pensarlo, porque hay mucho más. Este mucho más está representado por los personajes y por la manera que está rodada, ya que a media peli abres los ojos moviendo la cabeza en busca del mando de la videoconsola. Porque Zombie Apocalypse parece un videojuego interactivo, y para la mí la escena más bizarra y buena de la peli es, precisamente, una fase bonus con jefe final incluido.
Lo del videojuego se viene a dar por los personajes, como ya he comentado anteriormente. Y esta es otra baza que me ha gustado. Hay bastantes humanos, así que por regla de tres, cuantos más humanos más muertes habrá (aunque para mi gusto al final quedan demasiados vivos), y cada uno de estos humanos es el estereotipo perfecto de un personaje salido de un videojuego. Es como si te dejarán escoger chico/chica, tipo de vestimenta, tipo de arma, etc… ya que cada uno es totalmente diferente al otro. Nos encontramos con el grandote y su martillo, la chica con espada samurai, el líder del grupo con un bate de beisbol, algunos con ballestas, arcos, pistolas, granadas, ametralladoras… o sea toda clase de armas a escoger a gusto del consumidor. ¿Cómo una película así no puede distraerte? O eres un zombi ya de las superproducciones o definitivamente no te gusta el género zombi.
No digo esto último con ánimos de ofender a nadie, ya que todos no tenemos los mismos gustos. O puede que también me hubiera enganchado en uno de esos días tontos en los que te gusta cualquier truño (eso lo dudo ya que me la tragué por segunda vez insistiendo a mi compañera que la tenía que ver, y mira que ella esto de los zombies no le tira mucho) pero creo que como querían decir en el capítulo de South Park, esta peli es solo para distraer, para alejarse de tantos mensajes y metáforas y olvidar que tenemos un cerebro que piensa y al que, de vez en cuando, le podemos dar un descanso disfrutando con el visionado de cabezas volando, tías macizorras sin un ápice de dotes interpretativas y la oportunidad de volver a disfrutar del cada vez más grande (de estatura) *Ving Rhames.
Para terminar no quería despedirme sin nombrar a los partícipes de este proyecto. Hay mejores, hay peores, pero están ahí: Taryn Manning que la pudimos ver en la insultante The Breed (Aullidos, 2006), Lesley-Ann Brandt de la serie Spartacus (que ya le podrían haber dado clases para coger una katana antes de empezar a rodar), Gary Weeks (Próxima parada: asesinato o lo que es lo mismo la versión bizarra-moderna de Extraños en un tren), Johnny Pacar (Playback con Christian Slater), Gerald Webb (Mega Shark vs Crocosaurus)…
Lo mejor: Volver a encontrar una peli-truño que me haya hecho disfrutar como un niño y la escena final, memorable.
Lo peor: Por muy bajo presupuesto que tenga una peli no me acostumbro a los CGI de saldo, aunque aquí me dio absolutamente igual
The Dead
Un contundente regreso a los orígenes

- Título original: The Dead
- Nacionalidad: Reino Unido | Año: 2009
- Director: Howard J. Ford, Jon Ford
- Guión: Howard J. Ford, Jon Ford
- Intérpretes: Dan Morgan, Glenn Salvage
- Argumento:El teniente Brian Murphy y el militar nativo Daniel Dembele, se verán obligados a unir sus fuerzas para sobrevivir en una tierra que les es hostil... África está dominada por los muertos vivientes.
LA VALORACIÓN:
75 |100
Estrellas: 4

Los hermanos Ford, Howard y Jon, parecen nadar contracorriente. Cuando todo parece indicar que el muerto viviente actual tiene que ser propenso a infecciones de todo tipo; tener la agilidad, la fuerza y la velocidad de un superhéroe al que le ha picado una araña radioactiva o verse condenado a provocar la risa facilona en el espectador al ser víctima de todo tipo de ridículas situaciones; este par de osados directores independientes, que debutan en el cine tras una dilatadísima carrera en el sector publicitario, se sacan de la manga una película de zombis que desprende, durante todo su metraje, un delicioso aroma clásico que bebe directamente de los maestros italianos del spaguetti-zombie de los 70 y principios de los 80 (me refiero a los Lenzi, D’Amato, Fulci o Mattei) y que haría las delicias del mismísimo George. A Romero.
The Dead – pocas veces he visto un título tan acertado para una película habida cuenta de lo que nos depara el debut de los hermanos Ford – cuenta la odisea del teniente Brian Murphy y el militar nativo Daniel Dembele, quiénes se verán obligados a unir sus fuerzas para sobrevivir en una tierra que les es hostil… África está dominada por los muertos vivientes.
Es tan sencillo como parece. Dos hombres vivos persiguiendo una utopía: sobrevivir en un mundo al cual ya no pertenecen. África está muerta. Los muertos caminan (una vez más) sobre una tierra en la que los vivos ya no tienen cabida. Los muertos vivientes son el presente y el futuro. Los vivos están condenados a convertirse en pasado. No hay vuelta atrás. África no tiene, por si misma, la fuerza suficiente para revertir esta situación. África se rinde.
Las hordas de zombis crecen de manera exponencial. Individualmente pueden parecer torpes, lentos, estúpidos… pero juntos avanzan, de manera implacable, como si de un descomunal ejército de hormigas se tratase. Lo arrasan todo a su paso y nada puede detenerles. ¿Quién coño dijo que los zombis lentos eran cosa del pasado y que a estas alturas del siglo XXI eran incapaces de meternos el miedo en el cuerpo?
Enorme la labor – y el talento, dicho sea de paso – de los hermanos Ford, que han sabido transmitir, de manera sobrecogedora, toda la épica que entraña la inasequible misión de los protagonistas de The Dead. La fotografía, el uso del color, la música, el impecable maquillaje de los zombis, los efectos gore… los Ford utilizan con suma exquisitez todos los recursos cinematográficos que tienen a su alcance para infundir en el espectador una constante sensación de desasosiego que se inicia en el minuto uno de la película y que perdura hasta los créditos finales. El espectador sabe, desde el primer instante, que los dos protagonistas de The Dead están sentenciados. Ellos son los extraños en un mundo que pretende devorarlos, comerlos vivos. Y el grandísimo acierto de los hermanos Ford radica precisamente en el modo de describir ese mundo que se encuentra a merced de los muertos. A pesar de ubicar la acción, durante buena parte del metraje, en espacios abiertos (p.ej. el desierto) y a plena luz del día, la presencia inapelable de la muerte es constante y provoca en el espectador una acusada sensación de agobio, de malestar, de desasosiego y desesperación ante la imposibilidad de encontrar una escapatoria. En cada rincón, en cada horizonte, sobreviene la figura omnipresente de un zombi. Están por todas partes, caminan sin descanso y tienen una sola cosa en su cabeza: dar caza a los supervivientes. Eliminar al hombre vivo de la faz de la tierra. Instaurar un nuevo orden en el que el zombi figure en lo más alto de la escala evolutiva.
The Dead contiene secuencias realmente sublimes que alcanzan un nivel de tensión impresionante. Entre ellas una de las secuencias iniciales (y que describe a la perfección el tono de la película) en la que uno de los protagonistas, Brian Murphy, despierta en una playa infestada de zombis tras estrellarse la avioneta en la que viajaba. Murphy busca recuperar algunos enseres y provisiones que viajaban en el avión y que han quedado enterrados bajo la arena. Su situación es desesperada. Necesita esas provisiones, esos utensilios (entre ellos algún arma de fuego) y hará todo lo posible por recuperarlos. Pero uno, dos, tres… quizás una docena de zombis se acercan a él de manera lenta pero inexorable. No son rápidos, no son ágiles… pero tienen a su favor todo el tiempo del mundo. Y es que al fin y al cabo, el destino final de Brian Murphy y Daneil Dembele, así como del resto de la humanidad, es tan solo eso, una cuestión de tiempo. Ahora la muerte domina la tierra. The Dead.
Lo mejor: que en su regreso al zombi clásico los hermanos Ford hayan logrado una de las propuestas independientes del género más interesante en lo que va de siglo.
Lo peor: esa vuelta a los orígenes posiblemente no sea bien recibida por todo el mundo. Habrá quienes echen de menos la adrenalina y la acción de los zombis/infectados de nuevo cuño.
Amanecer de los muertos
Puesta de largo para los zombis rápidos

- Título original: Dawn of the Dead
- Nacionalidad: USA | Año: 2004
- Director: Zack Snyder
- Guión: James Gunn
- Intérpretes: Sarah Polley, Ving Rhames, Mekhi Phifer
- Argumento:Un grupo de supervivientes resiste a las acometidas de una horda de zombis en el interior de unos grandes almacenes.
LA VALORACIÓN:
82 |100
Estrellas: 5

Debo reconocer que cuando escuché hablar por primera vez de un remake del Dawn of the Dead de George A. Romero (en España la conocimios bajo el título de Zombie), a cargo de un debutante que respondía al nombre de Zack Snyder (nadie le conocía por aquel entonces), y cuyo principal atractivo parecían ser unos zombis que corrían como liebres perseguidas por galgos, yo fui de los que se echó las manos a la cabeza y pidió, a gritos, que alguien me sirviera la cabeza del tal Snyder en bandeja. ¡A la hoguera con él por insolente y blasfemo!
Pero a pesar de todo, y como suele ser habitual en mí, la curiosidad me pudo, y allá por el 2004 me acerqué a la sala de cine más cercana dispuesto a despotricar hasta cansarme de Dawn of the Dead, rebautizada para la ocasión como Amanecer de los muertos. Tras una impresionante secuencia de inicio seguida por los primeros acordes de The man comes around, del legendario Johnny Cash, acompañando los títulos de crédito; empecé a sospechar que la había cagado. Los prejuicios volvían a ser mi perdición y me llevaron a juzgar y condenar a Zack Snyder y su “amanecer de los muertos” sin concederles ni una sola oportunidad. ¿La prueba irrefutable de mi metedura de pata? El amanecer de los zombis es una de las mejores películas de muertos vivientes que he tenido la oportunidad de disfrutar en los últimos tiempos.
“Cuando no quede sitio en el infierno, los muertos caminarán sobre la tierra”
Un grupo de supervivientes se refugian en un centro comercial huyendo de una repentina plaga de zombis que asola la ciudad.
La base argumental es la misma que presentaba la obra maestra de George. A. Romero. A partir de aquí Snyder se siente libre de hacer con su película lo que le da la gana, y esto incluye un hecho tan polémico en su momento como fue el de cambiar, de manera radical, la propia naturaleza del zombi.
El zombi de Romero es un monstruo que se resiente del rigor mortis. Lento, pesado, torpe, se siente fuerte avanzando en manada y tiene una única cosa en la mente: devorar carne humana.
El zombi de Snyder comparte el mismo objetivo, darse un festín con las vísceras de sus víctimas. Pero las formas son opuestas. Rápido, febril, ágil, rabioso. Ni siquiera necesita la complicidad del grupo. Hace la guerra por su lado. Huele la sangre y ataca (en realidad Snyder lo único que hace es trasladar al zombi clásico las peculiaridades del “infectado” que el británico Danny Boyle retrató de manera magistral en “28 días después” dos años antes, en 2002).
¿Zombis lentos o zombis rápidos? ¿Es El Amanecer de los muertos la evolución lógica y necesaria al mito zombi o se trata en realidad de una ofensa al legado de George A. Romero? Ahí va mi opinión al respecto: me da igual. Supongo que por una cuestión de simple gratitud – La noche de los muertos vivientes es una razón de peso por la que hoy me considero un devoto del cine de horror – me inclinaré siempre por el monstruo concebido por Romero; pero esto no es impedimento para que la película de Snyder me encante. Amanecer de los muertos es una película visceral, enérgica; con magníficas secuencias de acción, dosis de humor, dramatismo… Resuelve las situaciones de violencia y gore de manera contundente (ver al respecto la mencinada secuencia de inicio y los títulos de crédito iniciales, una lección magistral de como agarrar al espectador por el pescuezo y no soltarlo durante la hora y media que viene a continuación), y se beneficia enormemente de un plantel de actores que saben darle consistencia y otorgarle interés a unos personajes que, probablemente, en otras manos, no hubieran pasado del puro cliché. A destacar la labor de una sorprendente Sarah Polley y un siempre resolutivo Ving Rhames.
Cierto que quizás no disfrute de la carga social (la crítica al consumismo exacerbado) que suele atribuirse a la película de Romero. Cierto también que las libertades que se toma Snyder a la hora de ofrecer su particularísima versión del zombi moderno puede sacar de quicio a todos aquellos que defienden, hasta las últimas consecuencias, las singularidades del monstruo romeriano. Y finalmente no es menos cierto que, en su carrera desesperada por ofrecer un espectáculo pirotécnico de primer orden Snyder comete errores importantes en el guión, como por ejemplo incluir a un segundo grupo de supervivientes con un peso específico en la trama prácticamente nulo.
Pero como siempre el resultado final es lo que realmente cuenta, y en estos términos Amanecer de los muertos siempre me ha parecido un espectáculo sangriento, violento y divertido que se aparta lo suficiente de la obra maestra de Romero como para que ambas puedan convivir de manera pacífica.
Por cierto, la versión especial en DVD de la película incluye un recomendabilísimo documento que sigue de cerca el cautiverio de Andy, el propietario de la armería que inicia con el personaje interpretado por Ving Rhames un divertido y cruel juego de “parecidos razonables”.
Lo mejor: Enfrentarse a un clásico del calibre del Dawn of the Dead y salir ileso.
Lo peor: Un segundo grupo de supervivientes muy desdibujado.
DeadHeads
Una comedia zombi muy tierna

- Título original: Deadheads
- Nacionalidad: Estados Unidos | Año: 2011
- Director: Brett Pierce, Drew T. Pierce
- Guión: Brett Pierce, Drew T. Pierce
- Intérpretes: Michael McKiddy, Ross Kidder, Markus Taylor
- Argumento: Dos zombies, inexplicablemente coherentes, se despiertan en medio de una invasión de muertos vivientes. De tal guisa, deciden emprender un viaje de colegas para encontrar al amor perdido de uno de ellos.
LA VALORACIÓN:
50 |100
Estrellas: 2
Mike se sacude la confusión que lo cubre como una mortaja, sobre una camilla y con cables conectados hasta en la epiglotis, puede darse cuenta de que algo no marcha bien. Está muerto, pero perfectamente lúcido, fuera del laboratorio encuentra a otros muertos vivientes como él, pero estos, no tan lúcidos, se dedican a las típicas labores de un redivivo: andar despacio, gruñir, comer carne humana y esparcir la infección. Intentando descubrir que le ha pasado, se encuentra con Brent otro zombie “inteligente” con el cual se embarca en la aventura de su vida.
Cuando descubre un anillo de compromiso en su bolsillo, recuerda a su único y verdadero amor, la perfecta prometida norteamericana: rubia y rica. Ni cortos ni perezosos, los dos zombies deciden recorrer varios estados en busca del amor auténtico, ese que trasciende incluso la muerte y se vende en frascos de channel nº 5 cuando llega la Navidad. Lo que no saben es que los despiadados sicarios de una corporación química, aún más despiadada, buscan a sus dos conejillos de indias. Dos muertos vivientes medio inteligentes llamados… ¡Mike y Brent!
DeadHeads se prometía, desde su propia campaña de marketing y las palabras bienintencionadas de la, muy parcial, prensa especializada norteamericana, como la nueva comedia zombi (“zombedy”, si lo preferis) de moda. Risas, amistad, desmembramientos, romanticismo, acción, vísceras, y personajes carismáticos. Desgraciadamente todo se queda en un mero intento, los diferentes palos que toca no lo son en la intensidad necesaria, unos disparos al azar contra los diferentes géneros de moda, con una interpretación “buenrollista” y apta para una sobremesa en familia, por mucho que los zombies siempre estén presentes, aunque solo con la mera excusa de crear un entorno que vender a los aficionado$.
Desde luego no podemos negarle a los hermanos Pierce, responsables en casi todos los apartados de DeadHeads, un olfato de tiburón en los mares de la publicidad. Para tratarse de su debut dentro del largometraje, estos jóvenes saben venderse bien. A pesar de haberse alargado el rodaje de la cinta en cuestión casi dos años – quizás la razón de ciertas lagunas arguméntales o lo fragmentario de la narrativa –, una vez terminada han sabido montar un trailer interesante, a la par que han ido bombardeando los medios con imágenes promociónales muy trabajadas, pero que, desgraciadamente, dan una idea equivocada de lo que encontraremos en su obra.
Obviamente estamos ante un producto de bajo presupuesto realizado mediante esfuerzo e ilusión, eso no se le puede negar; y creo que dicha fe se ve trasladada a la pantalla generando mucha simpatía en el público curtido, incluso satisfacción en aquellos cuya pretensión sea ver una tontería inofensiva. No obstante, que nadie se lleve a engaños, DeadHeads no aprovecha ni siquiera esa empatía que provoca – meramente por el argumento que trata –, queda como el fallido intento de pulsar las teclas de la sensibilidad friki con cuatro tópicos y “muuuuuuchos” diálogos. Sobre el papel suena muy bonito “una especie de road movie con zombies y humor loco al estilo de Supersalidos”. Y si el metraje se hubiese ceñido a esta premisa, con algo más de empaque, quizás hubiese salido más satisfecho de la experiencia.
Si alguien me preguntase le diría que acabo de tragarme una comedia romántica bastante mala, con muchos diálogos intrascendentes, personajes forzados y un humor que no acaba de cuajar. Sí, y zombies de por medio continuamente, pero roto cualquier encanto o divertimento por lo accesorio de su presencia. Vamos, podríamos quitar los muertos vivientes de la ecuación, con cualquier excusa argumental, y tendríamos un bodrio de cuidado. Eso sí, un bodrio con ritmo, porque si algo salva de la quema a estos “cabezas muertas” es el ritmo – pese a esas rupturas temporales que desencajan un tanto la narrativa – y la, ya citada, simpatía generada gracias a la súplica, que los hermanos Pierce realizan durante hora y media, hacia la complicidad del espectador. Buena muestra de ese deseo de conectar con el aficionado, son los ejercicios de meta cine que se marcan usando a nuestra amada “Posesión Infernal” y otras referencias cinéfilas. Aunque solo humos y espejos…
Pero nada funciona si los actores no son especialmente solventes (ni conocidos), los diálogos son repetitivos, el humor es demasiado bobo – hasta los chistes más gruesos parecen infantiles en manos de unos personajes algo cargantes, encabezados por Brent – o, y aquí radica el “quid” de la cuestión, no hay nada que contar. Sí, sí, sí – repito –, muchos muertos vivientes, bien trabajados a nivel de efectos especiales, pero me da igual, no van a ocultar que ni es graciosa ni es buena, un rollo empalagoso que de una mínima idea original no sabe sacar provecho. Por si fuera poco tenemos el lujo de contar con una omnipresente banda sonora sintético/orquestal peor que meterse veinte rayas de salfuman. Una manera bastante imberbe de cargarse muchas de las pocas escenas validas de la película. Ese humor algo pueril aderezado con una sinfonía de cuerdas realizadas por ordenador y fuera de la mezcla de sonido, supone toda una prueba a la paciencia. Y digo yo, si eres lo suficiente avispado como para vender tan bien tu película, ¡pues hombre! Fabrica una música digna, porque solo se salva la canción de los títulos de crédito iniciales. Por cierto, títulos mezclados con una escena, filtrada con “grindhouse-vision”, que es casi lo mejor de todo el metraje (claro! porque se trata de otro homenaje, esta vez a La Noche de los Muertos Vivientes)… ya sabéis: visionad los cinco primeros minutos, más el trailer, y ya habréis cumplido con los hermanos Pierce. O mejor volved a ver las películas homenajeadas.
Está bien, reconozco que me estoy dejando llevar por la decepción. Uno esperaba más y se ha sentido un poco engañado, llevándose una sensación global peor de la que probablemente merezca la película. Siendo justos, igual que he usado la argumentación de su escaso presupuesto como una carencia, podría decir que para el dinero que se intuye ha podido costar, el resultado es bastante decente. Que una cinta rozando lo amateur en ocasiones tiene que ser mirada de forma benevolente, al fin y al cabo hay bastante homenaje zombie, buenos efectos especiales, momentos incluso emotivos, blah, blah, blah… sin embargo, cuando llegan los últimos diez minutos cualquier justificación progresista se desmorona. Hasta el bueno de José Luis Rodríguez Zapataero echaría pestes de un final tan ñoño, tan meloso, tan alejado de lo que considero que es cine digno (fijaos que no he usado el adjetivo “bueno”). Incluso la almibarada conclusión de Tucker and Dale parece neo-nihilismo ante la memez que debemos afrontar en el tramo final de esta zombedy (snif!). Cierto que se intentan abordar reflexiones facilonas, pero necesarias, como la dicotomía entre “zombi-colegas” y seres humanos malvados, pero ni siquiera esas pinceladas están escritas con peso; de nuevo, solo castillos en el aire y oportunidades perdidas.
En conclusión, una buena premisa y ciertas ideas interesantes enfocadas desde el peor punto de vista: la comedia romántica de colegas. Además, sin garra y sin gracia. Me quedo antes con la más intensa, y mejor interpretada, Wasting Away, película cuyo elemento diferenciador de otras “comedias zombies” está mejor trabado y realzado, incluso con un presupuesto menor. O puestos a ver una comedia gamberra con toques de road movie y cierto romanticismo, os recomiendo Sex Drive, igualmente patética pero mucho más risible, que es de lo que se trata.
Esta DeadHeads aprueba por los pelos ya que conserva ciertos destellos, algún personaje simpático, y una representación del manido “universo zombie” bien trabajada estéticamente. Incluso algún Alma Sensible podría saber disfrutar del corazoncito que todo necrófago alberga dentro de su cavidad torácica descompuesta (¿quién no quiere tener casa propia y colgar los adornos navideños con sus hijos?). Tal vez en un festival especializado, con gente gritando y tres litros de cerveza en el buche… ¡naaa! Ni por esas. Quizás alguno sepáis pillarle el punto; ahora bien, si un servidor tuviese que soportar una segunda parte por el estilo, consideraría sacarme los globos oculares de sus cuencas con un cutter oxidado; eso no lo salva ni “super” Bruce Campbell.
Lo mejor: Resulta simpática en todo momento.
Lo peor: Su enervante banda sonora.
AUTOR: Bob Rock | PUBLICADO: 25/11/11 | CATEGORIAS: Críticas , Zombies
TAGS: comedia, independiente, zombies










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