Zombies

28 años después: El templo de los huesos

The number of the beast

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Zombies Party

Una noche… de muerte

Zombies Party

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 4.5/5

Zombies Party

En un barrio residencial a las afueras de Londres, la vida es lo más monótona y aburrida que uno se pueda imaginar. Todos repiten su día a día de forma rutinaria y tediosa, como si su cerebro se hubiera fundido. Entre ellos se encuentra el pringado de Shaun. Este treintañero vendedor de electrodomésticos sigue viviendo como en sus años de universidad. La casa que comparte con Pete y Ed parece un estercolero por culpa de este último, un vago que solo bebe cerveza y juega con la consola, y cuya única dedicación es vender un poco de droga, si es que la tiene. Shaun tampoco es que sea una perla, pierde las tardes en el pub bebiendo una pinta tras otra, obligando a Liz, su novia, y a sus amigos a acompañarle, mientras Ed juega con las tragaperras. Sin embargo Liz ya ha tenido suficiente, quiere vivir experiencias y disfrutar de la vida sin pasarse horas y horas con el aburrido de su novio en un pub, así que se ve obligada a dejarlo. Con estas perspectivas, Shaun decide cambiar y arreglar su vida, pero no tiene en cuenta que esa misma noche se de ha desatado un apocalipsis zombie. Así que, entre cabeza aplastada y extremidad cortada, intentará rehacer su relación con Liz, reconciliarse con su padrastro y hacer de Ed un hombre de provecho.

Tras las cámaras de esta desternillante película de terror está el joven y atrevido Edgar Wright, un director que se ha labrado una carrera peculiar pero repleta de éxitos, sobre todo en el cine de género y de culto. Wright dirige y co-escribe el guión de esta película junto a uno de sus amigos de toda la vida, Simon Pegg, que además lidera un reparto envidiable. Al lado de Pegg está su inseparable amigo en la vida real, Nick Frost; juntos se ponen al frente de un reparto formado por Kate Ashfield, Lucy Davis, Dylan Moran, Peter Serafinowicz, Rafe Spall, Jessica Hynes, Penelope Wilton, y el incombustible Bill Nighy; además de contar con cameos de la talla de Matt Lucas, Martin Freeman o Chris Martin, cantante de Coldplay.

Lo mejor: la mezcla perfecta entre humor y terror sin ser una parodia.

Lo peor: que se te acabe el Cornetto a media película.


Zombie Fight Club

Caspa made in Taiwan

Zombie Fight Club

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3/5

Zombie Fight Club

En un bloque de apartamentos plagado por la delincuencia se detona el principio del fin. El arranque zombie que todos esperábamos se produce entre traficantes, drogadictos, mafiosos y mujeres pechugonas: el mejor sitio para contemplar como la humanidad se va a la mierda. Entre medias, una redada da pie al encuentro entre un policía y la chica de un camello de poca monta; ellos serán los que nos conducirán a una nueva era donde un loco se ha erigido supremo señor de los zombies, con su hija no-muerta muy cerca de él, y obliga a los menos afortunados a saciar su ansia de dolor en la arena de lucha… ¿quién no se apuntaría a semejante fiesta?

Uno no sabe que esperar cuando accede a títulos tan extremos como “Zombie Fight Club”. En concreto, y dado el origen taiwanés de la propuesta, no pensaba hallar ningún paralelismo con las conocidas obras del splatter japonés actual (principalmente los productos de la factoría “Sushi Typhoon” o anteriores como “Tokio Gore Police” y “The Machine Girl”) y sin embargo la experiencia se sitúa a la misma altura en cuanto a violencia. El nivel de gore transita muy alto y poco a poco se va adueñando de la pantalla en prejuicio de apartados más serios como actuaciones o dirección.
Tampoco creí que me enfrentaría a una versión radicalizada de los títulos de zombies de la infame productora “The Asylum”, pero precisamente son las comparaciones respecto a la locura argumental, al igual que el abuso de efectos digitales, que caracterizan a las obras de la productora norteamericana, las que mejor casan con “Zombie Fight Club”; añadiéndole un punto de velocidad que sólo el cine oriental, cuando pone la directa, sabe plasmar en pantalla.

Lo mejor: La falta de límites a la hora de exponer situaciones o muertes: ¿lo has imaginado?, aquí lo tienes.

Lo peor: Una narrativa inexistente, una pesadilla provocada por la fabada tiene mil veces más sentido y mejores fx que Zombie Fight Club. A evitar si quieres ver una película seria.


The Coed and the Zombie Stoner

Memorias de un zombie cachondo perdido

The Coed and the Zombie Stoner

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 2/5

The Coed and the Zombie Stoner

Está bien… Llega el momento de dejar la materia gris a un lado. Cualquier atisvo de inteligencia NO será bienvenida (y sí… he escrito “atisvo” con “v” para situarme en la línea de gilipollez absoluta que marca la película). Supongo que debo definir The Coed and the Zombie Stoner de alguna manera, así que ahí va: podríamos decir que se trata de una especie de parodia fumada y pasada de vueltas de Memorias de un zombie adolescente (Warm Bodies, 2013), película que, por cierto, me pareció un auténtico desastre. Tan sólo necesitamos del argumento de The Coed and the Zombie Stoner para empezar a tener las cosas bastante claras:

Chrissy es una estudiante universitaria con aptitudes para la ciencia. Durante sus prácticas en el laboratorio de la facultad inventa, sin quererlo, una potente bebida cuyo principal ingrediente es el cannabis y que tiene la propiedad de calmar a los zombis. Pero Chrissy tiene un grave problema en el horizonte: debe encontrar a un nuevo novio cuanto antes si no quiere ser expulsada de la fraternidad. Curiosamente el profesor para el que realiza las prácticas esconde, desde hace ya unos cuantos años, a un zombie en el armario. Como no podía ser de otra manera Chrissy y el zombie en cuestión acaban enamorándose y consumando su amor como buenamente pueden. Y como tampoco podía ser de otra manera, la epidemia zombi no tarda demasiado en expandirse por todo el campus.

Lo mejor: No engaña a nadie...

Lo peor: ¿Por dónde empiezo?


Life after Beth

Como ser zombi y no morir en el intento

Life after Beth

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3.5/5

Life after Beth

Las comedias sobre zombis son algo habitual en esta última década. La pionera Shaun Of The Dead (en España “Zombies Party”) mostró cual debía ser el camino acertado para que la combinación entre muertos vivientes y carcajadas funcionase con soltura y solvencia. Muchos títulos han desfilado por los últimos años intentando, con mayor o menor acierto, mostrar el aspecto más cómico de cómo ser un zombi divertido y morir en el intento. Life After Beth, la película que hoy nos ocupa, es una más de este tipo de comedias ciertamente ya muy vistas, y toca saber si vale la pena dedicarle un visionado para descubrir si es capaz de ser divertida y entretenida a partes iguales o si es tan solo otra película oportunista que intenta aprovechar el filón del subgénero zombie comedy.

La película de Jeff Baena tiene un buen inicio y durante su primera hora es francamente entretenida, contando con una historia que te mantiene atento y enganchado. No se dan muchas explicaciones del porqué la novia del chico, Beth, ha regresado de entre los muertos sin tan siquiera darse cuenta de en lo que realmente se ha convertido. Los padres, empujados por su religiosidad y su fe en el poder de Dios, creen que ha sido un milagro y que su hija ha resucitado como lo hizo Jesucristo en su momento. El novio, sin embargo, recela, ya que el comportamiento de Beth se va asemejando, poco a poco, y cada vez más, al de un zombi. El carácter de la chica se vuelve cada vez más agresivo, su cuerpo muestra signos de empezar a descomponerse y, ciertamente, su apetito se torna más audaz y carnívoro a cada día que transcurre.

Lo mejor: Aubrey Plaza. El humor sano que destila.

Lo peor: La última media hora. Un guión no del todo pulido y una falta de más leña al fuego que hace que se vaya apagando la película antes del final.