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Coleccionable de Tragedias

239 píldoras de horror macabro

Coleccionable de Tragedias

Liss Evermore: El Misterio

Recuerdo como descubrí a Lovecraft: fue por pura casualidad, no existía el exceso de información actual donde blogs y portales proliferan con cientos de reseñas a veces demasiado bienintencionadas. Eran los ochenta y accedí a unas ediciones infames que robaba, durante un veraneo en la playa, de los kioskos donde se ofertaban junto al Observador. Quedé maravillado, de forma auténtica, droga de la mayor pureza, pues nadie con sus opiniones había manchado mi propia opinión y era libre para formar mis propias ideas. Que hoy en día no resulta fácil labrarse uno su propia ideología sin caer en el odio de este o aquel experto en cultura underground. El aroma del misterio, la magia del desconocimiento, una fruta que, antaño natural, hoy en día cuesta cultivarla alejada de esos insectos bloggeros a los que yo mismo pertenezco.
Y es ese mismo misterio, aunque no ha llegado a mis manos de forma tan “casual” (desafortunadamente he abandonado el latrocinio), el que transmite el autor, Liss Evermore, de la original antología que hoy os presento; y lo hago con la particular vergüenza de romper ese aura de fantasía que le correspondería siendo más desconocida. Pero supongo que en la era de la sobreinformación pocos pillos quedan que se acerquen a una librería para “tomar prestado” un libro sin saber antes de él. Y, sin embargo, insisto: no tengo muy claro quién está detrás de este invento llamado “Coleccionable de tragedias” ni he querido indagar mucho – porque para tristeza de mi lado más nostálgico sí posee el engendro su consabido facebook –, he decidido otorgarme el placer de leer algo sin información previa, aunque una vez catado el bocado de estos micro relatos, podría distinguir la prosa de su autor en cualquier circunstancia.

Con todo, me quedaré con la idea de que un joven Guardián de la Cripta, que para todos los puestos de trabajo se espera un relevo generacional, ha sacado su mejor pluma de cuervo a pasear y ha escrito 239 microhistorias de horror que, de algún extraño modo, todos hemos vivido. Ese nuevo Guardián, quizás más gótico que el original, se llama Liss y ha tenido el atrevimiento de escribir, maquetar y auto editar (probablemente confabulado con las huestes del mismísimo Satán) su propia antología con el poco valorado estilo del artesano que no comete una falta de ortografía. No sólo eso, sino que además practica la escritura con el saber hacer de los buenos narradores que se ponen de lado, extraño en un mundo ávido de fama, para ceder protagonismo a la historia, sin importarle esconderse tras un pseudónimo… al fin y al cabo, el público es cruel y le importa una mierda la vida personal de un autor o el escritor de una reseña (ejem). Así, a la chita callando, ya va por la segunda edición de su obra.
Así que sirva toda esta palabrería mística para (no) presentar al misterioso Liss Evermore, debutante, con la originalidad y fuerza del recién llegado, en esto de la literatura, que trae bajo el brazo una antología; la cual, humilde en sus fallos y divertida en sus aciertos, intenta ofrecer algo nuevo en el sobresaturado mundillo del horror “made in Spain”.

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Micro relatos: Lo Inusual

Hablamos de 239 historias contenidas en 162 páginas, así que ninguna supera las doscientas palabras de extensión. Un campo, el del texto ultra breve, que no permite piruetas narrativas, los cuentos son directos como ellos solos, pero sí permite la variedad llevada al extremo así como el impacto inmediato con juegos de palabras, especialmente referidos a los títulos, o situaciones malentendidas que patinarían en una novela. No tengo constancia, y ruego se me perdone el equivocarme, de otra colección parecida en castellano. Es decir, partimos de una base lo suficientemente original y provocadora como para llamar de forma poderosa nuestra atención. Lo cual, a estas alturas de la humanidad, tiene que ser valorado y reivindicado.
Los cuentos están separados en tres grandes bloques, que a su vez son presentados al mejor estilo de “Historias de la Cripta”, creo que reconocida influencia en el autor:

Parque de atracciones: Donde el humor negro y macabro son el transfondo base de las historias.

Depósito de cadáveres: Se hace hincapié en los elementos más tristes y góticos de las historias, con un claro tinte de romanticismo necrófago sobrevolando cada una de ellas.

Mansión embrujada: Horror sobrenatural variado en formas y de argumentos más convencionales.

Lo primero que destaca de “Coleccionable de tragedias” es su humor negro. Por mucho que su autor quiera circunscribirlo al primer bloque, la verdad es que el humor se extiende inmisericorde por todos, legado de esas “Historias de la Cripta” y tebeos de E.C. que son la principal influencia de la antología. Esto me ha parecido un punto negativo, no he logrado entender muy bien porque Liss no ha sesgado mejor sus propias particiones. Aunque realmente lo intenta, finalmente no existe una diferencia notable entre las historias de los bloques, perdiendo potencia la propia presentación del producto. En fin, no es que esté “mal”, es que con unas partes mejor diferenciadas el libro hubiera sido más interesante.
En cuanto al humor, un tema delicado, cuando hablamos de mezclarlo con horror, creo que el mejor parado es el público pues funciona de forma natural, claro que en el cómputo global me ha dado una sensación muy juvenil. No me entendáis mal, la antología es macabra y oscura como sólo un gótico podría plantearla, pero un gótico muy joven. Resulta fácil dejarse llevar por la simplicidad, el puñetazo directo, que es la propuesta de Liss; pero hay que apuntar a la famosa serie norteamericana “Pesadillas” como la tercera pata sobre la que se sustenta “Coleccionable de tragedias”, tanto para lo bueno como para lo malo. Los que esperéis una lectura sería y profunda quedaréis completamente decepcionados; si, por otro lado, afrontáis la antología como indica su portada (“delicatessens para picar entre horas”) jugaréis la partida que quiere Liss, y esa sí la tiene ganada pues los relatos son jodidamente simpáticos… y aunque muchos parecen enfocados a adolescentes, los “adultos” también tenemos nuestro corazoncito.
Obviamente, con semejante surtido de galletitas venenosas es difícil siquiera bosquejar una línea argumental, pero el aspecto gráfico (burlonamente macabro y digno orgullo de los Oingo Boingo) preludia a la legión de brujas, almas en pena, primigenios, ahorcados, asesinos, monstruos, fantasmas, suicidas, caníbales y demás pasajes y figuras tópicas del género.

Con respecto al formato físico de la antología creo que hay que alabar mucho a Lizz por la interesante maquetación que ha realizado de su obra. No comparto del todo la elección de la fuente de letra pero admiro la distribución elegida, idónea para el fin de una colección tan diversa, y los simpáticos dibujillos y tipografías goteantes seleccionadas. El empaque visual está muy en sintonía con el contenido literario y, sobre todo, desborda amor por el género. Y aunque las fotos cutres que he sacado con el móvil y que acompañan a la reseña no le hacen justicia, espero que os den una idea de la estética del tomo.

Honestamente: un libro recomendado, tanto por el valor de su autor a presentarnos algo diferente como por la simpatía de sus textos que no dejarán impasible a ningún amante de los comics de E.C. y el horror clásico. Quizás más recomendable a la platea juvenil, y lo digo como algo bueno, que tampoco le hagan ascos lo más viejos del lugar.

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PUNTUACIÓN: 3.5/5

Diversión: 4
Terror: 2
Gore: 2
Originalidad: 3

EDICIÓN:

Páginas: 162
Formato: Portada a color. Rústica con solapas. Interior papel novela (80gr.) en blanco y negro.
Fecha de publicación: 2º edición (2014)
Precio: 14€ [lo podéis comprar aquí: Tienda de Tragedias]

Lo mejor: La simpatía desbordante de los relatos.

Lo peor: Que los tres bloques componiendo la antología no hayan presentado relatos más segmentados, en muchas ocasiones no existe diferencia temática.

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