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Der Nachtmahr

Alienación teutona

Der Nachtmahr Review

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  • Título original: Der Nachtmahr
  • Nacionalidad: Alemania | Año: 2015
  • Director: Achim Bornhak
  • Guión: Achim Bornhak
  • Intérpretes: Carolyn Genzkow, Sina Tkotsch, Wilson Gonzalez
  • Argumento: Después de acudir a una fiesta Rave, una joven establece un vínculo con una criatura deforme.
DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 2.5/5

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¡Vaya paranoia! No en vano estamos ante una película que empieza advirtiendo que sus patrones lumínicos pueden provocar ataques epilépticos. Y aunque ciertas secuencias son realmente mareantes gracias a la fuerte música industrial (¿?) y a las brillantes luces intermitentes, la sangre no llega al río. La paranoia y el desconcierto vienen del lado argumental, con un misterio interesante y sustentado de forma honesta por una narrativa fragmentada, similar a los efectos sobre la percepción que ejercen drogas como la anfetamina o el éxtasis. Desgraciadamente la gran incógnita de “Der Nachtmahr” (“La Pesadilla”) nos lleva hasta un callejón sin salida donde toda la evocación de las cuitas de su protagonista, sumida en una metáfora del paso de la infancia a la madurez que no llega a detonar, quedan expuestas como una mera burbuja sin ningún tipo de lectura crítica, emocional o causal. Es decir, el núcleo de la trama no tiene razón alguna de ser, mera excusa para estrenar una película que quizás guste a las nuevas generaciones de aficionados al terror, pero que de este género tiene solamente lo justo, un oxidado filo psicológico a lo sumo.

Es muy probable que un sector del público la catalogue como tomadura de pelo, mientras que los más avezados, gente con ganas de elucubrar, encuentren una pequeña joya plástica de tendencias experimentales. Un servidor reconoce no haberse aburrido, al fin y al cabo hablamos de la típica hora y media de antes de la siesta; sin embargo os aseguro que no puedo afirmar categóricamente que me haya gustado. Pues pese a destellos muy interesantes y a la energía de su intérprete principal, me quedo con un regusto amargo frente a la típica frialdad alemana y una preocupante falta de ideas; por no hablar de una lacra muy importante en el cine de género actual: La poca importancia que se la da al factor del “terror”, sea cual sea su sesgo, en el cine de “terror”. Contradictorio, ¿verdad?

Actualmente los guiones, cuando optan por diseccionar emocionalmente el alma humana, no consiguen romper la capa superficial de hielo, apostando por conceptos frágiles en los que sus perpetradores temen adentrarse. Claro, es sencillo tener una ocurrencia, muy complicado darle un esqueleto apropiado. Por lo tanto, otorgar preponderancia a la parte dramática del cuento, nada malo en sí mismo, termina convirtiendo la obra en un tostón, desaprovechando además las mecánicas del miedo, o sus ambientes, para crear algo distinto si es que estas tenían cabida en la ecuación. Si vas a adentrarte en una historia de personajes atormentados, debes insuflarles vida, trabaja su universo con un mínimo de trasfondo, hazlos poseedores de diálogos con voz propia; y tampoco te olvides de exponer una transformación. Ya sabéis, la máxima de que toda narración es un viaje.

Pero si además interviene la locura, la alienación, el aislamiento y otros elementos sobrecogedores, más o menos fantásticos, no los uses de mero adorno si no como revulsivo para sacar a la luz los miedos anidando en los corazones de los protagonistas. Y, para rematar, trasládalos al otro lado de la cadena informativa, haciéndole creer a ese extremo que es parte consustancial del relato. En todo caso, que forma y materia tengan la misma importancia, porque una secuencia de hora y media sin ningún tipo de sentido es difícil considerarla cine, vehículo de historias. Véase por ejemplo “The Neon Demon”, película que comparte frívolos paralelismos con la presente.

“Der Nachtmahr” hace caso omiso a estos preceptos para intentar alterar al espectador sólo audiovisualmente. Faltaría saber si esta alteración responde a algún tipo de odisea por parte de su protagonista, una transformación a la que podamos sumarnos para conseguir algo de entretenimiento. Ya os adelanto que el viaje se realiza, aquí nunca mejor dicho, pero el destino es tan intrascendente como su origen, pecando de mero onanismo ocular de cara a su director y guionista, un tal Achim Bornhak al que no sabría si otorgar mi confianza de nuevo.

La premisa argumental es simple: Tina, “La Antonia” para los amigos, es una joven a punto de cumplir los dieciocho años que, como todos los alemanes de su edad, se preocupa poco de estudiar y más de salir a fiestas caracterizadas por la música estridente y las frías relaciones sociales establecidas alrededor del consumo de droga. Hasta que una noche cualquiera sufre un encontronazo con un bicho tan feo e inofensivo como dos testículos recién despertados. A partir de ahí se establece un vínculo indestructible entre estos dos seres, porque Tina, dentro de su impavidez, es otro tipo de monstruo más deseable. Ella siente lo que él siente, y aunque al principio cree que está perdiendo la cabeza, una vez superado el miedo inicial desarrolla cierto cariño por esa criatura inútil y glotona, la pesadilla que se menciona en el título.
Es a mitad de película, cuando la pobre Tina acepta la existencia del engendro, primo hermano de Belial, que cierto giro termina por descolocar esa dualidad realidad/imaginación, tirando por la borda cualquier conclusión profunda o metáfora escondida bajo una hipotética manga.

Hasta este punto ya llegamos desorientados, la perspectiva de “Der Nachtmahr” es casi exclusivamente la de Tina, con lo que tampoco sabemos si su cordura está en buen estado. Para poner las cosas peor a los que nos gusta sacar conclusiones de nuestro alrededor, Bornhak apuesta por una gélida falta de análisis moral como corresponde a todo teutón que se precie. En parte este sesgo nos trae memorias de un verdadero drama de horror como es “Yo, Cristina F.”, pero aquí ni drogas, ni familiares abusivos, ni la sexualidad desmedida, ni amigos traidores justifican la alienación de la que hace gala nuestra protagonista, demasiado suave en sus maneras y visión, siempre observada con temor por parte de su entorno. “¿Por qué?”, el gran enigma de esta película se alarga agónicamente hasta una conclusión donde sí asistimos a un interesante cambio en Tina, reafirmada en su personalidad invisible, pero que en ningún caso resolverá nuestras dudas. Una pena, porque si algo anima a terminar de ver “Der Nachtmahr” sería saber qué relación tiene la extraña criatura con la hermosa post adolescente. Dejémoslo en un final, o epílogo, con tintes jodidamente surrealistas, tanto que me produjo carcajadas histéricas como si de un gag de “Martes y Trece” se tratase. Algo que, honestamente, desconozco si es bueno o malo.

En el apartado técnico destacar una estupenda realización puramente europea, una que hace maravillas con un presupuesto de tan sólo ochenta mil euros, todo ello muy loable. Visualmente estamos ante los ecos post modernos de la citada “Yo, Cristina F.”, nada espectacular pero suficiente sórdido y realista como para realzar las escenas que componen los destellos de horror de “Der Nachtmahr”. No me tiréis de la lengua porque es precisamente la sorpresa de estos momentos, no se ven llegar, lo único que disfrutareis narrativamente. El resto se resume como una edición alocada por momentos, es un cuento con jóvenes y drogas de por medio, aunque este entorno no deje de estar en un doloroso segundo plano.
La que verdaderamente merece reconocimiento es su intérprete principal, una Carolyn Genzkow que aborda un papel complicado con altas dosis de credibilidad. Ver su trabajo es la razón principal que te mantiene pegado delante de la pantalla. Esta jovencísima actriz consigue eclipsar al resto de sus compañeros de reparto, funcionales y gracias, con un desfile emocional también muy alemán, por aquello de que las palabras son dejadas de lado como otro ejemplo más de la incomunicación que sobrevuela la cinta sin atreverse a aterrizar. No sabemos de dónde proviene el trauma, pero Carolyn lo expresa con la pureza de la cerveza bávara.

Para terminar lo haré como he empezado: ¡vaya paranoia! Jamás recomendaría “Der Nachtmahr”, únicamente por carecer de una historia de peso tras de sí y el exceso de fiestas rave a las que nos somete. Pero si quieres ver a una jovencita establecer un vínculo emocional y físico con un aborto con patas llevado hasta sus últimas consecuencias en una espiral falta de lógica… pues oye, aquí tienes tu oportunidad. Como premio reconozco que verás algo diferente: un tipo de cine del que no existen muchas muestras en 2016, especialmente por aquello de ser genuinamente europeo sin ninguna influencia externa.
Un servidor se queda de calle con la saga “Basket Case”. Ya sabéis que no soy un hombre especialmente espiritual ni me importan los “ruidimos” de “Sonic Youht”.

Imágenes de la película

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Lo mejor: su protagonista, una esplendida y joven Carolyn Genzkow.

Lo peor: Además de su lentitud germánica diseminada aquí y allá, una falta de coherencia y sentido flagrantes, por mucho que se esconda detrás de un surrealismo que no es tal.

Vuestros comentarios

1. nov 19, 17:50 | Varón Dandy

“Después de acudir a una fiesta Rave, una joven establece un vínculo con una criatura deforme.”
Me ha pasado tantas veces en la vida real… :D

Pero no pinta mal del todo. Habrá que darle un pase.

2. nov 25, 00:54 | Mr Zombie

La vi el otro dia y coincido hasta en la puntuacion exacta con Bob.

Se ve y se olvida rapido.

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