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Despedida

Despedida

¿Por qué he acabado haciendo esto?
La pregunta estaba en la cabeza de los cinco, pero ninguno de ellos podía saberlo. Aquel sótano infecto rezumaba humedad. Se oían los coches circulando por la autovía –muy lejos, a miles de kilómetros. Había una parada de autobús, una línea del extrarradio. La que les había llevado hasta allí. Alicia fue la única capaz de volver la vista cuando se bajaron, y vio el autobús irse.
Con un nudo en el estómago.
Habían atravesado el descampado en silencio. Cuando la mirada de alguno se cruzaba con la de otro eran como dos polos de un imán del mismo signo. Cada uno en su mundo, cada cual acojonado.
Una antigua estación eléctrica. La parte superior había sido arrasada por un incendio. La inferior, el sótano, se había salvado. El fuego, quizás, le habría venido bien: más que desinfectar, habría arrasado con todo. Y ninguno de los cinco tendría que estar allí.
Y, sin embargo, en el fondo, quieren estar allí.

Alicia no quitó ojo a Juan mientras dibujaba las letras con tiza en el suelo. Juan se obligó a concentrarse en su tarea: así no pensaba en otra cosa. Emilio, Álvaro y María estaban en una esquina. Fumaban, miraban a Juan; de vez en cuando a Alicia.
Todos se dieron cuenta de que Juan se había detenido. Se le acercaron. Estaba listo, se dijeron. Pero Juan los miró desde el suelo, con las piernas cruzadas.
“ Pasa algo.”
Ni una sola reacción.
“ Fijaos.”
Juan consultó su plantilla de una tabla ouija y dibujó la letra “E” en el lugar que le correspondía.
“ ¿Lo veis?”
“ ¿El qué? “ dijo Emilio.
“ Oh, mierda…”
Era María quien hablaba, y se había llevado una mano a la boca, asustada.
La letra “E” no estaba. Señaló para que los demás se dieran cuenta. Álvaro, Emilio y Alicia miraban, sin palabras.
“ Pero…”
“ La has escrito, lo he visto.”
“ Y yo.”
“ Y yo”- sentenció María -. “Pero he debido parpadear o algo. Un segundo estaba; al siguiente, no.”
Alicia pidió:
“ Escríbela de nuevo.”
Juan sonrió, nervioso:
“ Es la cuarta vez que lo hago. Me da mal rollo. ¿Quiere hacerlo otra persona?”
Lo dijo mientras se levantaba, ofreciendo la tiza. Alicia la cogió. Miró a los demás, por si surgía un héroe que la librase de su tarea. Luego, se agachó y escribió una nueva “E” en su sitio. Todos la miraron.
La “E” seguía escrita en el suelo, con una grafía distinta a las demás.
Juan se dijo: “seré yo. Tendré mala suerte”.
Terminó de pensarlo, y la letra ya no estaba.
María, nerviosa, se sentó en el suelo.
“ Me da por culo una puta “e”. Hagámoslo rápido, ¿de acuerdo? Quiero que esto acabe ya.”
“ Nunca os lo he contado”- dijo Álvaro -. “Pero yo, aquella noche, estaba al lado del espigón. Borracho perdido. Estaba haciendo botellón solo, jodido porque me había dejado una tía que se llamaba Carolina. El tío ese, Ramírez, se me acercó pidiéndome hielo. Como si supiera que estaba deseando hablar con alguien, me dio conversación. Y él me llevó a donde estabais vosotros.”
“ Me acuerdo”- dijo María -. “Pero empecemos de una vez.”
“ ¿Cómo cojones convences a cinco desconocidos para que hagan espiritismo contigo?”- Álvaro tenía los ojos llorosos.
“ Estábamos borrachos”- dijo Juan.
“ Y acojonados.”
Alicia puntualizó, abrazándose a sí misma. Luego, puso su mano sobre el lector, pero Álvaro se la retiró.
“ Un momento”- dijo-. “Nunca hemos hablado… de nada.”
María:
“ Cállate, joder.”
Juan:
“ ¿Por qué? Es verdad, ¿qué mal puede hacernos? Hablemos.”
Alicia, desafiante, como si estuviera allí presente el culpable de todo:
“ Sí, hablemos.”
María:
“ Preferiría hacer la sesión y largarme. Que nadie se ofenda si nunca vuelve a saber de mí.”
Alicia:
“ Hablemos. ¿Alguien quiere decir algo?”
Silencio repentino. Coches lejanos, a miles de kilómetros de allí. Arañazos dentro de las paredes.
Alicia se volvió a Juan:
“ Tú, Juan: ¿qué tal te ha ido estos dos últimos años?”
Emilio, sorprendido, se rió:
“ ¿Vosotros dos no erais amigos?”
“ Sí. Hasta hace dos años. Aquella noche, habíamos ido a la playa para liarnos. Ya sabéis: él me había visto a mí con novios, yo a él con novias y, cuando por fin nos sinceramos y dijimos con quién queríamos estar… Bien, Juan, ¿qué ha sido de ti?”
Juan sólo asintió, resentido. Tardó un par de segundos en empezar a hablar.
“ ¿Quieres saberlo? Al día siguiente de la sesión en la playa, ese tío, Ramírez, vino a casa. Me dijo que el espíritu había hablado con él en sueños. Me dijo que estaba en peligro. Que había un mensaje para mí. Y que sólo había una forma de cambiar mi suerte. Me ha costado dos años superar lo que me hizo.”
“ Y a mí.”
“ ¿Estamos hablando de lo mismo?”
“ Joder… ¿Lo hizo con todos?”
“ Sí.”
Todos miraban al suelo. Juan levantó la cabeza para dirigirse a Alicia.
“ Estaba avergonzado. Y no creo que hubiera sido capaz de acostarme con nadie después…”
Alicia rompió a llorar.
“ Hijo de la gran puta…” – murmuró, furiosa. Después, miró a María- “María y yo… hemos dormido juntas desde entonces. No somos lesbianas, pero necesitaba saber que tenía al lado un cuerpo del que me fiaba. Y tú, Juan, no estabas.”
“ Yo “- Álvaro – “le golpeé. Él me estaba penetrando, como en las pelis de la cárcel. Me hacía daño. Joder, mucho daño. A mí me pilló en la cochera, justo antes de que me subiera en la moto. Y me contó lo mismo. Agarré una llave inglesa y le golpeé.”
“ Bien hecho” – dijo María -. “Se lo merece. Y eso es poco. A mí me atrapó por aquí cerca. Arriba, en el descampado. ¿Os dais cuenta? Es un hijo de puta retorcido: nos trae aquí con recochineo. Estoy deseando hacer la sesión y salir afuera para escupirle a la cara.”
“ María, Ramírez no va a venir. Le golpeé. No va a venir.”
Emilio, alarmado:
“ ¿Quién cojones os ha llamado por teléfono a vosotros? Porque a mí me llamó él. Estoy seguro de que era su voz.”
“ Y yo” – dijo Álvaro -. “Y no he pegado ojo en toda esta semana. Os juro por lo que más queráis que le maté. De hecho… si alguien quiere comprobarlo, cuando salgamos de aquí, podemos ir al lugar en el que le enterré.”
“ Un momento: a por mí vino justo al día siguiente. Álvaro, ¿cuándo fue a por ti?
“ Dos días después.”
María:
“ A mí me violó al día siguiente.”
Alicia:
“ A mí, el mismo día que a Álvaro. Por la mañana.”
Emilio estaba pálido…
“ A por mí, vino después. Como a la semana.”
“ Pero eso no puede ser, porque yo le maté cuatro días antes.”
“ Un puto muerto me la metió por el culo… cojonudo, se lo contaré a mis hijos.”
“ No tiene lógica” – dijo Alicia.
“ Ninguna,”- afirmó Juan – “por eso tiene sentido. Nos quería separados. Y avergonzados. Pero ahora estamos unidos, ¿no?”
Asintieron.
“ A ver qué mensaje de despedida tiene para nosotros el espíritu.”

Los cinco dedos índice estaban sobre el lector. Cinco respiraciones alteradas. Silencio.
“En primer lugar, gracias por venir” .
Juan y Alicia se sentían extrañamente fuertes. Por eso, se sintieron ofendidos por la cortesía, y esbozaron una sonrisa burlona.
“ ¿Qué quieres?” – se obligó a preguntar María.
“Sólo una cosa”.
Alicia la miró a los ojos: tranquila, quiso decirle, esto se acaba.
“¿Alguno disfrutó con lo que pasó?”.
“ ¡¿Qué?!”
María no daba crédito a la pregunta.
“ No, y creo que respondo en nombre de todos”- gritó.
“Sed sinceros. ¿Alguno disfrutó con lo que pasó?”.
“ Era un puto muerto…” – dijo Emilio.
“ Yo sí” – sentenció Álvaro -. “Me encantó reventarte la cabeza con la llave inglesa.”
“No era yo. A mí no me tocaste. Pero yo sí tocaré esta noche a alguien de tu familia”.
Álvaro gritó, negando desquiciado con la cabeza.
“ Está jugando contigo, Álvaro. No se lo permitas”- Juan intentaba tranquilizarle, pero Álvaro estaba fuera de sí.
“¿Alguno disfrutó con lo que pasó?”.
“ No” – dijo Alicia – “¿Cuántas veces quieres que te lo digamos?”
“Sólo quería un gesto amable en la despedida”.
“ Abusaste de mí, cabrón.”
“Es mi naturaleza”. – ¿Quién eres?
“Eusebio”.
“ ¿Cómo moriste?”
“De un golpe en la cabeza”.
“ ¿Quién te mató?”
“Los padres de una de mis niñas”.
“ ¡Ostia!”
Los cinco se miraron entre sí.
“ ¿Qué edad tenías?”
“Setenta”.
“ Era un puto violador. Un pederasta.”
“Es mi naturaleza”.
“ ¿A cuántas niñas violaste?”
“Cincuenta y seis”.
“ ¿Nunca te pillaron?”
“Me mataron antes”.
“ ¿Quién es Ramírez? ¿Tu hijo?”
“Le conocí en la playa”.
“ Como a los demás. Le conoció en la playa, esa misma noche.”
“Hace cinco años”.
Eso les desconcertó. Esperaron a la siguiente respuesta del espíritu…
“Antes de Ramírez, era Javier. Y, antes, Eduardo”.
“ Siempre tiene a alguien para que haga lo que él quiere. Pero Álvaro le ha jodido el chiringuito, cargándose a Ramírez.”
“ ¿Qué quieres?”
“No negarme. A mi naturaleza”.
“ ¿Por qué no descansas en paz? ¿Necesitas que te perdonen?”
“No”.
“ ¿Serías capaz de perdonarle, Alicia? Porque yo, no.”
“No estoy saciado. Quiero más”.
“ ¡Vete al infierno!”
“Quiero más”.
Alicia:
“ No quiero seguir. Todos a la vez, despidámoslo. Digámosle adiós.”
“Esperad. No tenéis nada que temer”.
“ Adiós.”
“ Adiós.”
“Sois libres”.
“ Adiós.”
“ Adiós.”
“…menos uno”.
“ Adiós.”
Alicia fue la última en hablar, y todos soltaron el lector, como si les hubiera dado un chispazo.
Juan la cogió de la mano:
“ ¿Te encuentras bien?”

Estaban todos de pie. Emilio le dio un empujón a la puerta, cedió y aparecieron las escaleras que llevaban a la planta superior.
“ ¡Esperad!”
Era Álvaro. Se volvieron. Él se había separado de ellos. Les dio la espalda, mirando el tablero ouija dibujado en el suelo. Oyeron cómo se bajaba la cremallera y escucharon caer su orina sobre las letras. Les pareció una buena despedida.

Una vez que estuvieron fuera, en el descampado, miraron la central eléctrica. Después, a su alrededor. Esperaban algo, lo que fuera.
“ Os lo dije: le maté.”
“ ¿Y luego?”
“ Le llevé a la playa. Cerca del espigón, donde se me acercó pidiéndome hielo para una copa.”
Evitaron volver a mirarse. Juan suspiró.
“ Es ridículo, pero me tomaría un café. ¿Os apetece?”
Alicia asintió a la primera. María, incómoda, dudó unos instantes, pero después también aceptó.
Álvaro dijo:
“ Lo siento: después de las diez de la noche sólo bebo whisky.”
“ Yo me quedo.”
Se volvieron a Emilio.
“ Me duelen las piernas. Necesito descansar.”
“ Descansa en el autobús, tío”- le dijo Álvaro, y le puso una mano en el hombro.
“ No me provoques, cabrón”- dijo una voz ronca. El mismo Emilio se sorprendió del sonido que provenía de su garganta.
Comenzó a oírse un crujido. Huesos. En el interior de su cabeza. Emilio gritó, dolorido. Extraños mechones de pelo largo brotaron de su cuero cabelludo. Pelo largo y blanco. Se le hundieron las cuencas de los ojos, le sangraron lágrimas rojas, y tres dientes se desgajaron de sus encías. Estuvo a punto de atragantarse con ellos. Se levantó para escupirlos, y su columna vertebral crujió y se retorció. Emilio se encogió, gimiendo, y sus uñas se volvieron amarillentas y agrietadas. Emanaba de él un olor macilento, podrido.
Emilio, o lo que quedaba de él, levantó la vista hacia los demás, y sonrió con lujuria. En ese momento, se le hundió el lateral derecho de la frente, donde años atrás le habían golpeado con una pala.
“ ¿Qué hacéis aún aquí?” – les gritó -. “Si alguno se queda, pensaré que se me está insinuando.”

Vuestros comentarios

1. ene 25, 11:06 | Manu

Lujazo de presentación.

Gracias a todos, Almas.

2. ene 25, 19:44 | MIssterror

Felicidades Manu!Desconocía esta faceta tuya y me encanta…

Espero leer otro relato tuyo pronto!

saludos

3. ene 25, 20:13 | Bob Rock

Hola Manu!!

Muy bueno!! Directo e inteligente, esto es el principio de una nueva racha de relatos… espero

Un saludo!!

4. ene 25, 22:25 | Almas Oscuras

Nunca es tarde si la dicha es buena… Me ha gustado mucho el relato Manu. Enhorabuena.

saludos

5. ene 28, 00:26 | Elizabeth

Felicitaciones por tu relato! Me gustó mucho el final ;)

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