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Devil in the Dark

Aburrida sin más

Devil in the Dark Review

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  • Título original: Devil in the Dark
  • Nacionalidad: Canadá | Año: 2017
  • Director: Tim Brown
  • Guión: Carey Dickson
  • Intérpretes: Dan Payne, Robin Dunne, Briana Buckmaster
  • Argumento: Dos hermanos se van de caza al bosque misterioso para estrechar lazos.
DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 1.5/5

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Rara vez, de hecho nunca si no existen drogas o caspa de por medio, he llegado hasta los títulos de crédito de una película tan simple con semejante sensación de confusión. “Devil in the Dark” consiguió atrapar mi atención y luego la perdió en el mismo bosque en que ella se pierde, dejándome con la impresión de que faltaba una escena en alguna parte: tal vez más de una escena y, probablemente, la inexperiencia de su guionista en el ámbito, este es su primer libreto, también haya tenido bastante que ver.

“Devil in the Dark” cuenta la historia de dos hermanos, esa sería su mejor síntesis. De muchachos, la semilla de la separación fue plantada cuando Clint se acerco a su padre mediante el interés mutuo por el aire libre y la caza, mientras que Adam prefería la comodidad de su habitación mientras leía cómics. Cuanto más se unía Clint a su padre, rodeados de rifles y ciervos, más se distanciaba Adam.
Papi murió hace algún tiempo; ya son 15 años los que han pasado los hermanos sin verse. Pesadillas recurrentes en las que Adam se visualiza como un niño perdido en el bosque lo han llevado de nuevo al hogar familiar, donde encuentra a un hermano dispuesto a estrechar lazos mediante un viaje de caza a los remotos bosques de su infancia. ¡Bendita casualidad! Adán acepta vacilante, viendo su renuencia acrecentada cuando dos amigos le dicen que el lugar donde planea cazar es el mismo donde un hombre desapareció misteriosamente. ¡Maldita casualidad!

Las antiguas peleas vuelven cuando Adam y Clint suben por la montaña, chocando las cabezas de día, como ciervos macho en celo, mientras liman asperezas al calor de la fogata nocturna. Tras esta introducción, los hermanos descubren un claro abrasado ante una ominosa cueva. Bonitos paraje que no esconde la falta de presupuesto de todo el largometraje. Aquí es cuando Adam asegura haber estado antes en el lugar. ¡Benditas pesadillas! Clint demuestra un extremo terror hacia la misteriosa cueva. Sean cuales sean los demonios de cada uno, los sueños de Adán le empujan a investigar, convirtiéndose en todo un desafío para la deteriorada relación fraternal. ¡Malditas pesadillas!

“Devil in the Dark” hunde sus raíces en un pequeño pueblo habitado por gente de clase trabajadora, cuyo empleos pertenecen al sector de la construcción. La vida nocturna se compone mesas de billar decoradas con hileras de cervezas “Bud”. Un telón de fondo deprimente que no llega a ser aprovechado en ningún momento. Existe durante todo el metraje un halo azul que resulta atípico si entendemos los humildes orígenes de la producción, pero que captura el tono adecuado si hablamos de la película como un drama, durante su primera mitad, y una descafeinada obra de terror durante la segunda. Echad cuentas de que estamos ante otra cinta de tercera encubriendo sus costuras a través de una fachada impostada de horror.

Tanto el melodrama con la tensión no tienen prisa por desarrollarse, otro grave pecado del que no podrá recuperarse el espectador. “Devil in the Dark” se desarrolla deliberadamente de forma lenta, para que varias capas narrativas puedan coexistir al mismo tiempo. Sin embargo, el serio problema del ritmo procede menos del tiempo necesario para la historia y el desarrollo de personajes, nimio para tanta paja, y más de las tomas estáticas que se prolongan con el sello del director imberbe que cree rodar una obra de arte. El muy pillo se olvida la diversión por el camino.
Múltiples tirones de la trama fuerzan a los hermanos a separarse o provocan la inconsciencia de alguno de los dos. Estos son métodos aburridos y pueriles para mover a los personajes de un sitio a otro, donde se necesitan obligatoriamente para que la cueva cobre algo de misterio. Donde, sin embargo, lo más que sentiremos será una calma letárgica que invita a la siesta.

El principal problema de crear un ritmo redundante durante 80 minutos es que el suspenso no puede sostenerse. Más importante aún en este caso, el incentivo de la acción se pierde para invertir en la comprensión del significado metafórico de la película, enmarañada con torpeza. Este significado, en última instancia, se torna predecible dada tanta cornamenta de ciervo y metáfora paterno-filial.
“Devil in the Dark” no es realmente una película de monstruos o seres espectrales, y yo que lo siento. Se trata simplemente de la relación entre estos dos hombres. El guión tiene “algo” que decir sobre la familia; sobre el distanciamiento; sobre los esqueletos guardados en el armario que nunca desaparecerán. Lo que signifique ese “algo” sólo se puede adivinar, porque el mensaje se vuelve confuso a través de la melancólica línea discontinua que se dibuja entre los puntos inconexos del clímax, el cual no sabe conectarlos.

Justo cuando parece que una última sorpresa está lista para dar un sentido más global a la historia, no lo hace. “Devil in the Dark” termina con una nota desorientadora, la cual sólo puedo describir como vaga, en el mejor de los casos, y ejecutada sin éxito, en el peor de los casos. Aunque debo reconocer que sus dos personajes principales, definidos de manera harto tópica, no animan a prestar la suficiente atención como para ahondar en este punto.

Sería poco sincero sugerir que “Devil in the Dark” es una película mal hecha: su realización no es tan calamitosa. Hablamos del tipo de esfuerzo honesto procedente de la escena independiente, canadiense en este caso, cuyas intenciones son obviamente buenas. Los actores son competentes y la dirección capaz, pero nada notable. La película en general no se gana recomendación alguna sin esa inyección de adrenalina que tanta falta le hace, más “survival genuino”. Un pinchazo que nunca llega.

Demasiado drama y pocos monstruos.

Imágenes de la película

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Lo mejor: El color azul.

Lo peor: La pájara mental de su guionista.

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