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Devoradores de cadáveres

Los que se comen a los muertos

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MICHAEL CRICHTON

Nacido en Chicago, Illinois, el 23 de octubre de 1942, fue un médico, escritor y cineasta estadounidense, considerado el iniciador del estilo narrativo llamado tecno-thriller, esto es un género híbrido que mezcla la aventura de los protagonistas con detalladas explicaciones científicas que sirven de catalizador para el desarrollo de la acción. Cuenta entre sus éxitos con haber logrado ser el único autor que ha tenido en el mismo instante el libro más vendido (Acoso), la película número uno en la taquilla (Parque Jurásico) y la serie de televisión con mayor audiencia (Urgencias). Muere en Los Ángeles, California, el 4 de noviembre de 2008 a la temprana edad de 66 años tras disputar una valiente batalla contra el cáncer.

NI VAMPIROS, NI ZOMBIES, NI LICÁNTROPOS

 photo DVC_Portada_zps8cjdw6lq.jpgEn el siglo X, el califa de Bagdad envía un embajador al rey de los búlgaros, pero el emisario es secuestrado por los vikingos. Para el refinado diplomático, las costumbres bárbaras de los pueblos escandinavos resultan a la vez salvajes y fascinantes. Y junto a ellos y a su jefe Buliwyf emprende una trepidante aventura: luchar contra “los que se comen a los muertos”…

¿Entonces que nos resta si de partida descartamos los principales iconos atemporales del terror? ¿La Momia? ¿El FMI? Pues va a ser que no. Se trata de otra amenaza igual de terrible, sanguinolenta y… hambrienta. Para descubrirla, Crichton plantea un posible origen real del mito de Beowulf, relatado en el poema de la tradición británica que lleva el mismo nombre. Para simular este presunto origen histórico de los sucesos relatados en el poema, el autor atribuye la obra a un personaje histórico, el cronista árabe Ibn Fadlan, quien protagoniza el relato y la vez cumple el rol de narrador de sucesos. Y así nuestro héroe a su pesar comienza sus tribulaciones en la Bagdad del siglo X, donde se ve involucrado en un inapropiado affaire como amante secreto de un personaje de renombre, y para evitar males mayores, nuestro concupiscente protagonista se ve obligado a enrolarse en una misión que le llevará allende los mares a correr las más diversas aventuras como involuntario compañero de un clan vikingo.

Y aunque en principio Ibn Fadlan expresa su rechazo a este pueblo de “bárbaros extranjeros”, pues es común de nuestra especie considerar como tales a todos aquellos que no hacen gala de nuestras mismas costumbres, lo cierto es que paulatinamente se ve imbuido en su pasional cultura hasta el punto de unirse como el denominado “Guerrero Número 13” que solicitan los Ángeles de la Muerte de la tribu, necesario para combatir el escalofriante mal que azota el reino norteño de Hrothgar, al que denominan Wendol. De este modo, nuestro nórdico Muyahidín, nos relatará a modo de “flashback” los hechos y batallas acontecidos en su lucha contra los antropofágicos Wendol, mediante su crónica de los hechos. Crichton se sirve pues de todos los elementos a su alcance para crear una narración no sólo realista sino creíble, sin por ello resultar desmitificadora de las principales leyendas propias del universo escandinavo. El mérito yace en la equidistancia con la que el autor recurre a esta técnica de verismo, pues si bien parte de un diario histórico de los hechos, se abstiene de abusar de la tópica literatura epistolar, cuyo dominio en el género de terror sólo está al alcance de unos pocos (Stoker con su “Drácula” por poner un ejemplo de lo más socorrido) y Crichton, sabedor de que no está absorto en la realización de una obra maestra ni lo pretende, decide no extraviarse en tan pantanosos jardines y limitarse a realizar periódicos apuntes sobre la época narrada pero sin caer en los excesos del barroco estilo victoriano.

Una vez dominada pues la técnica dotando de un apropiado ritmo narrativo a la novela, el autor extrapola esta forma al fondo y se sirve del mismo recurso para recrear situaciones mitológicas que adapta al mundo de los vivos, de modo que puedan ser apreciadas como verídicas por cualquier observador ajeno a las mismas, como es el caso de nuestro narrador Ibn Fadlan, con el que los lectores no tardamos en identificarnos como testigo de los hechos narrados en principio, para posteriormente convertirse en protagonista de pleno derecho de los mismos. Y así las referencia culturales que Crichton hará al panteón nórdico serán plenamente asumibles por los lectores al contar con una explicación realista adaptada al mundo material, lo que, como decíamos no sólo no le resta ni un ápice de épica al conjunto sino muy al contrario, contribuyen a dotarlo de un mayor verismo y por tanto de crudeza. De este modo, todos los elementos tan carismáticos de la mitología nórdica, como sus costumbres, los juramentos por Odín, los guerreros “berserker”, los banquetes pantagruélicos que termina en orgías de sangre y sexo, y las imprescindibles referencias al Valhalla poseerán una explicación perfectamente natural.

“He aquí que veo a mi padre, he aquí que veo a mi madre, a mis hermanas y mis hermanos. He aquí que veo el linaje de mi pueblo hasta sus principios. Y he aquí que me llaman, me piden que ocupe mi lugar entre ellos, en los atrios de Valhalla, el lugar donde viven los valientes para siempre.”

Decir en este aspecto que la narración irá salpicándose (nunca mejor dicho) de cruentas batallas y terroríficos pasajes hasta que paulatinamente nuestros aguerridos protagonistas terminen por descubrir el verdadero origen de la amenaza que les acecha y decidan tomarse cumplida venganza. Hay muerte, sangre y destrucción por doquier, sin la menor reserva a la piedad como ocurre por desgracia en toda guerra pero sin embargo no estamos ante una novela de corte belicista sino muy al contrario, Crichton se sirve de este improbable choque de culturas para ofrecernos una lección de convivencia de la que buena deberíamos tomar en la actualidad, como ejemplo de la tolerancia que debe primar en las relaciones entre pueblos por muy diversas que sean sus costumbres y creencias de todo tipo y principalmente religiosas.

Mencionar por último que la presente novela tuvo una más que aceptable adaptación cinematográfica a cargo del siempre eficaz John McTiernan, pese a estar protagonizada por el cargante actor patrio Antonio Banderas, quizá por aquello de su atezado semblante y fama de “latin lover” permitía dotar a la producción de un aire más comercial haciendo pasar al hispano por musulmán en esa idiosincrasia americana tan propia de matar moscas a cañonazos y mezclar churras con merinas por “exigencias del guión” (no es la primera vez que vemos a Los Sanfermines aderezados con una anacrónica Semana Santa y me abstengo de mencionar el film en cuestión). Al menos se tuvo la delicadeza de seleccionar a los actores “vikingos” entre candidatos de países del Este y Norte de Europa para una mayor credibilidad. El film, gracias al buen hacer de su consagrado director, supo mantener la esencia de la novela reduciendo al mínimo las didácticas referencias culturales para suplirlas por un desarrollo mucho más dinámico (la sombra de “Predator” y “Die Hard” dejan su huella) pero en todo caso respetuoso con la historia original.

En definitiva, nos encontramos ante una amena novela de género que combina sabiamente terror, acción, intriga y aventuras en proporcionada simbiosis y que podremos completar con el posterior visionado de su correspondiente versión cinematográfica.

Felices Pesadillas, Almas Oscuras.

Vuestros comentarios

1. ago 4, 19:10 | Draghann

La novela no la he leído pero reconozco que debo ser uno de esos pocos a los que la película les gusto (creo recordar que críticas no fueron precisamente buenas…) y la he visto 6 o 7 veces. No sé exactamente porqué ya que soy consciente de que no es especialmente buena pero tiene algo que, como diría, Camilo Sexto, me “mola mazo”…

Tal vez un día de estos me ponga con la novela que ahora mismo no doy a basto con tanto libro por leer.

Un saludo!

2. ago 4, 20:58 | Frank

Yo soy de los que vieron la película y no me acuerdo si la pude terminar, no me gustó nada.
Aunque quizás los años me juegan en contra, debería darle una segunda oportunidad.

3. ago 5, 14:14 | Mariano

La pelicula es tan buena que ni siquiera antonio banderas logra arruinarla

4. ago 5, 16:57 | carrido

Yo si he leído la novela!!!!…….y visto la película.Decir que la película es buena;a pesar que el productor la arruino!!!!……(cortando partes que le parecían violentas,largas etc…).John McTiernan estuvo a punto de no firmarla y aun hoy en día…..(a pesar de la petición del publico especializado) no quiere sacar la versión del director. Podría haber sido una de las mejores películas de la historia del cine……pero!!!! se quedo en buena a secas (una pena!!!!).

P.D.:la novelita de Crichton esta bien….pero en este caso la película la mejora.Uno de esos casos raros…que pasa al revés!!!!.

5. ago 5, 17:54 | MASP

Pues sí, la película mola lo suyo pese a los defectillos antes comentados. Es un film de aventuras a la vieja usanza de los clásicos de “espada y brujería” pero dotando al conjunto de la visión realista ya reseñada. La novela es mucho más amplia conceptualmente hablando y contiene muchos datos de interés histórico y cultural para los más puristas, que el film por motivos de duración, se ve obligado a obviar en favor de un desarrollo mucho más dinámico donde priman la intriga y la acción. Por eso yo recomiendo leer primero la novela que es cortita y luego ver la estupenda adaptación cinematográfica para completar el “pack”. xD

Gracias a todos por vuestros comentarios!!

6. ago 9, 01:52 | Luis

Yo también confieso que, aún a sabiendas de que la película no es una maravilla, siempre que puedo la veo. Tiene algo un “nosequeséyo” que me mantiene pendiente de ella. Algunas escenas (por ejemplo, me viene a la cabeza cuando descubren el poblado en medio del bosque, arrasado por los “malos”) me parece que están bastante chulas. Además, la música de Goldsmith es, sencillamente, impresionante.

Creo que además de tener un desarrollo un tanto truculento (con Crichton metiendo mano en la producción y con McTiernan en sus últimas), uno de sus principales defectos es el guión.

Un saludo.

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