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Downrange

Tirador de primera

Downrange Reseña

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  • Título original: Downrange
  • Nacionalidad: Estados Unidos | Año: 2017
  • Director: Ryûhei Kitamura
  • Guión: Ryûhei Kitamura, Joey O'Bryan
  • Intérpretes: Kelly Connaire, Stephanie Pearson, Rod Hernandez
  • Argumento: Seis jóvenes sufren un pinchazo en medio de un carretera desierta. Al poco se dan cuenta de que están siendo vigilados por un tirador de élite.
DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3/5

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Una carretera perdida, sin casi tráfico. Un grupo de seis amigos que viajan de buen humor. Un francotirador cuyas intenciones nadie conoce ni conocerá. Los ingredientes perfectos para una masacre.

Por fin hemos podido disfrutar de una de las cintas de género más esperadas de esta primera mitad de 2018. El director Ryûhei Kitamura arrastra mucho interés en cada una de sus producciones desde que se estrenase en esto del largometraje con la legendaria “Versus”. Un puñado de proyectos después en su tierra natal –entre los que podemos destcar la la preciosista “Azumi” y la flojita “Ski High”– daba el salto a Estados Unidos para establecerse de manera firme como un director de serie B de calidad, véanse por ejemplo “El Vagón de la Muerte” o “No One Lives”. A este último grupo viene a sumarse “Downrange”, la cual no pretende revolucionar nada si no proporcionar entretenimiento fácilmente digerible a las nuevas generaciones, muy en la línea de “No One Lives” e igualmente estirada artificialmente hasta los noventa minutos. Hablamos de ver y olvidar, cine de consumo que genera mucha buena prensa en el ambiente de jolgorio y diversión que caracteriza a los festivales de género, y así se demostró en el pasado Sitges, pero que enfrentado en la soledad del hogar requiere de algo más que cerveza y estupefacientes para brillar con luz propia a medida que pasan los años. Sin embargo, ¿aspiraba a algo más? Seguro que no.

Las herramientas de Kitamura son las de siempre: destacado gusto por la violencia explícita –rubricada con la explosiva representación gráfica deudora de sus orígenes nipones– y un soberbio trabajo de cámara e iluminación, retorciendo los planos con trucajes igualmente herederos del anime y manga de acción. El resultado final es una película sorprendentemente divertida de la que, eso sí, podemos prescindir de su argumento porque casi carece de él, así como de cualquier desarrollo de los personajes o algo remotamente parecido. La premisa es lo importante, mantener a un grupo de personas sitiadas bajo el punto de mira de un rifle infalible, y todo a su alrededor es accesorio si no está al servicio de la pólvora. ¿Le resta eficacia esta ligereza? Complicada pregunta ante la cual lo importante sería el humor con el que accedamos a ella.

Conociendo la filmografía de su creador, el cual nunca ha renunciado a cierto sello personal por muy frágil que este sea, la decepción no está justificada plenamente; otra cosa muy respetable es pedir más en el apartado argumental. Hubiésemos obtenido un producto más redondo de haberse invertido tiempo en jugar o retorcer algo la situación, dar más tiempo en pantalla a nuevos factores en la ecuación. Por ejemplo a los policías o la familia que pasaba por allí. Resulta coherente su ejecución sumaria y acelerada, pero la rapidez con que desaparecen de un plumazo resalta el desequilibrio de la parte central del metraje, donde las jóvenes víctimas del francotirador demuestran la incapacidad para sostener más de un minuto de metraje seguido con sus diálogos o inacción.

Por suerte, lo que no transmiten o narran los personajes sí lo hacen las imágenes, consiguiendo altos grados de tensión con trucos tan sencillos como alargar un par de segundos de más cada enfoque. Especialmente destacado es el uso de una fotografía clara y prístina que favorece la vulnerabilidad de los personajes, a tiro desde el principio de la película. Kitamura alterna las distancias entre planos, cambias las perspectivas una y otra vez para que las cabezas de las potenciales víctimas exhiban extrema fragilidad, aun a costa de plantear situaciones muy poco realistas. Entonces, ¿racionalidad o balasera? Sabemos sobre que opción se vuelca en picado “Downrange”, y el riesgo a efectos visuales ha merecido la pena.

Cuando uno termina “Downrange” se da cuenta de un hecho interesantísimo, y es que su condición de thriller oculta otra faceta que quizás sea más predominante: la reinterpretación del “slasher” desde el prisma de las armas de fuego. Es decir, tenemos carne de cañón, un asesino silencioso y una implacabilidad del mismo que genera muy mal rollo; no son pocos los momentos en que su eficacia con las balas, casi posee hasta un aura sobrenatural, rivaliza con la habilidad con el machete de Jason, por citar a uno de los más icónicos. Desde luego no es una cuestión de personalidad, porque nuestro misterioso francotirador carece de cualquier background o motivación, pero la matanza que perpetra en unas pocas horas y en tan sólo unos metros de carretera merece cierto crédito estético, que no moral.

Aquí juega un papel fundamental la obsesión de Kitamura por centrar la mirada de su cámara en la sangre y en los destructivos efectos del rifle portado por el villano de la película, ¿es posible semejante carnicería? Desde luego el mundo del comic y la cultura pop se adueñan de la trama para ofrecernos reacciones ridículas o tesituras demasiado forzadas con objeto de que la espectacularidad de los disparos sea la verdadera protagonista. Seguramente los más puristas no vean suficiente tanto plomo: objetivamente no hablamos de un largometraje blando, pero es igualmente cierto que pierde impacto la presencia de un gore casi cómico, debido a eso, la puesta en escena tan irreal y desmadrada. Todos los elementos se han dispuesto al servicio de la risa y el regocijo descerebrado del público, no para sentar cátedra dentro de terrenos tan explorados dentro del terror como la casquería y la hemoglobina. Como decía al principio de la reseña, todo está a la misma altura que “No One Lives”, ni más ni menos.

El apartado interpretativo me ha provocado una sensación de indiferencia muy adecuada para lo banal de los diferentes personajes retratados. Todo el elenco participa con ahínco, gimoteando con verdadera pasión cuando el mundo se desmorona a su alrededor, pero la situación de partida es tan naif que da igual la brillantez en sus lamentos, no provocarán ninguna reacción en el respetable. Stephanie Pearson (“Kiss Kiss, Bang Bang”), Rod Hernández, Anthony Kirlew o Kelly Connaire son jóvenes actores que, a pesar de comenzar hace muy poco sus carreras, pueden tener cierto futuro atrapados en los dientes de la maquinaria hollywoodiense: son guapos y saben moverse, además de representar con soltura las víctimas pseudo anónimas de un psicópata cuyo final no es menos exagerado o absurdo que el resto del guión. En cuanto al pequeño epílogo… tomároslo con humor, Kitamura siempre se ha caracterizado por tomarse el cine con una ligereza que a lo mejor todos deberíamos imitar. No nos jugamos la vida en ello, ¿cierto?

En definitiva, una película muy pequeña e igualmente entretenida. Capaz de darle cierta vidilla a la depauperada situación que el slasher vive en la actualidad, regar con una buena dosis de sangre el hambre del aficionado de género y, además, demostrar saber hacer en los apartados más técnicos, donde ponerle pegas sería ignorar injustamente el ajustado presupuesto. Una premisa ridícula llevada a sus últimas consecuencias, con menos recovecos que otras similares, “Última llamada”, pero capaz de revivir los insípidos fines de semana que nos brinda el cine de terror, por llamarlo de alguna forma.

Imágenes de la película

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Lo mejor: El tratamiento de cámara, cada plano está pensado para provocar tensión en el espectador.

Lo peor: Esa tensión se difumina gracias a personajes que son poco más que patos para jugar a... tiro al pato, claro.

Vuestros comentarios

1. may 13, 02:37 | tito Jesús

me ha parecido un bodrio… muy sangriento pero bodrio. me que con tower block que al menos trataba de presentar personajes interesantes

2. may 13, 04:46 | matias

tito jesus:

si una pelicula (la que sea, del genero que sea) logra hacerte olvidar el mundo exterior, cualquier problema que tengas o no hacerte pensar en tener sexo (como todo varon que se respete) por el lapso que dura y solo sos vos y los personajes de esa pelicula a mi me parece que eso es una buena pelicula. y esta pelicula vaya si lo logra.

como dije antes, si la encuentran sin subtitulos se entiende igual.
y tambien, como dije antes, el final se lo cambiaria ya que despues de verlo, no podes dejar de exclamar (mientras te reis) “¡que final de mierda, ja ja! ¡se fueron al re carajo…!”

un beso en las nalgas para todos los que vengan a comentar y en el lugar que prefieran para los de “almas”

¿que se siente bob, ver por primera vez algo divertido?

3. may 14, 20:51 | Ch

Llevadera pelicula, sencilla en el planteo, sencilla en actores, sencilla en puesta en escena , me gusto mucho el rodaje, el splatter y el casquerio delicado (aclaro que de tecnicas y direccion no entiendo nada)..lo que mas molesta es que es casi fantastica en muchas situaciones..diria que casi de acuerdo con Bob en el 3/5…casi.
No de acuerdo con Matias, el cine es arte, no es un opiaceo cual futbol, y , justamente en esta pelicula los actores son solo una excusa,o sea no hay “en la piel del personaje” que valga.

4. may 15, 09:45 | matias

CH:

yo veo peliculas solo para entretenerme y nunca por amor al arte (salvo las porno que las veo por amor al orto).

5. may 16, 16:18 | Vael

Entretenida es hasta cierto punto, porque yo estuve a punto de dejar para otro dia lo que me quedaba de pelicula. La verdad es que hay algunos ejemplos de como hacer una buena peli con muy poco o relativamente poco: Buried, The Autopsy of Jane Doe, A Dark Song, Hidden, etc… Y esta no entra en esa calificacion.

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