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El despertar de los lobos

Me pareció ver un lindo cachorrito

WHITLEY STRIEBER

 photo despertar_autor_zpslb9kbf3a.jpgWhitley Strieber (13 de Junio de 1945) es un escritor americano autor de algunos populares novelas de terror, como “The Wolfen” (la que nos ocupa) y “The Hunger” (también conocida como “El Ansia” y ya reseñada en nuestra web), así como de ciencia ficción con “Warday” y “Nature’s End” (en colaboración con James Kunetka), y también de los best-sellers de temática OVNI y supuestamente reales libros basados en sus encuentros de tercera fase “Communion” y “Transformation”, asícomo co-autor, junto con Art Bell, del argumento del filme catastrofista inspirado en los cambios climáticos “The Day After Tomorrow”. Una obra que como vemos a menudo contiene elementos apocalípticos.

“LOBOMBRES” EN CENTRAL PARK

Un doble homicidio cometido en un viejo desguace de automóviles cuyas víctimas son dos veteranos policías encargados de su custodia abre una investigación para atrapar a los culpables. Pero lo que comienza siendo un caso más rutinario producto de un robo por algún ladrón desesperado, se torna en asesinato cuando se descubren las extrañas características del fatídico suceso. Los agentes presentan crueles amputaciones de miembros así como severas mutilaciones más propias de un crimen ritual. El problema es que las mismas no han sido realizadas por arma alguna sino por unas garras o mandíbulas tan afiladas como poderosas en pleno corazón de una de las ciudades más pobladas del mundo…

 photo despertar_portada_zpssbfphx8k.jpgVampiros, zombies y… ¿hombres-lobo? ¡Premio! He aquí la Satánica Trinidad de nuestro género favorito. Oh, por supuesto que podíamos haber incluido muchos más iconos del terror moderno convertidos actualmente en marco de referencia dialéctica para cinéfagos empedernidos, como al mismísimo Freddy Krueger de nuestro querido y recientemente desaparecido Wes Craven pero cuyas creaciones poblarán por siempre nuestras pesadillas, o incluso a la Momia, que tan buenos recuerdos nos trae desde la época gloriosa de la Hammer. Pero si me permitís la licencia metacinematográfica, al primero casi podemos englobarle dentro del género de los vampiros pues no en vano se alimenta de nuestra “psique” durante nuestras incursiones en el onírico reino de Morfeo y a la segunda definitivamente la encasillamos en el género de los redivivos con su peculiar parafernalia egipcia incluida.

Y es que precisamente para evitar el citado encasillamiento, los dos primeros engendros han sido objeto de todas las variantes que han iluminado la imaginación de directores y escritores. He aquí la grandeza de nuestro género a la que tantas veces hemos rendido justicia. Y así nos encontramos con las más variadas “tocatas y fugas” que podamos reseñar en diversas “monster movies”, desde las que observan el fenómeno como un puro tribalismo animal (“Stake Land” y “El Amanecer De Los Muertos”) hasta los extremos más caricaturescos que nos hacen esbozar lo mismo una mordaz sonrisa que un inesperado escalofrío (“What We Do In The Shadows” o “Zombies Party”, por ejemplo) pasando por el tópico del inmortal torturado por su condición (“Entrevista Con El Vampiro”, “Return Of The Living Dead III”). Ahora bien, llegados a este punto cabe preguntarnos por qué nuestros queridos licántropos no han gozado de la misma variedad. Es cierto que se han realizado guiños al respecto, ya sea viendo al “lobisome” como víctima de su maldición (“El Hombre Lobo” con un desasosegante Benicio del Toro) e incluso desde una perspectiva cómica (“De Pelo En Pecho” con un inolvidable Michael J. Fox) pasando de puntillas por el mockumentary (“WER”), pero siempre adoptando esquemas un tanto herméticos en su planteamiento optando más por radicalizar posturas para, ya sea victimizar o demonizar al poseso de la luna llena más que tratando de otorgar una imagen mucho más rica y ecléctica al respecto.

Quizá, porque esta última opción resultaría demasiado arriesgada y juntar todos los elementos en una única obra ya fuere escrita o filmada pudiera devenir en estrepitoso fracaso, más que nada por aquello de que “el que mucho abarca en ideas poco aprieta en taquilla” salvo claro está, uno sea un genio de la talla de John Landis para quien el pluralismo al respecto resulta algo congénito como demuestra en su intemporal “Un Hombre Lobo Americano En Londres”.

DEGOLLANDO Y REIVINDICANDO, QUE SON GERUNDIOS

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Pues he aquí que aparece el bueno de Whitley Strieber para cubrir ese vacío ideológico más negro que la boca de un lobo (el chiste es patético, lo sé, pero es que si no lo incluía reventaba) y marcarse una novela de licántropos muy poco al uso, donde ni los buenos son tan honestos ni los malos devoran sin razón. El acierto del autor estriba en dejar atrás toda la superchería esotérica que rodea al género de los peludos. Así que olvídate de las balas de plata, las lunas llenas y los mordiscos y transformaciones espurias. Y si con ello crees estar dejando atrás los signos imprescindibles del género, Strieber te demuestra lo equivocado que estás al respecto pues nos construye una novela “realista” sin por ello renunciar a la épica del terror ni un sólo instante dejándonos con un bermellón y salobre gusto en nuestras selectas papilas gustativas al terminar la narración con un final agradecidamente abierto, amén de invitarnos a reflexionar sobre nuestra masificada, maquinista y mal llamada “sociedad del bienestar”.

Estamos siendo perseguidos por algo que tiene garras. Ellos existen, no lo olviden. Han existido por miles de años. Nosotros señores, los hemos visto. Y son horribles. También son muy veloces y muy, muy inteligentes. La gente antiguamente los llamaba licántropos. Ahora nadie los llama de ninguna manera, pues han desarrollado una gran habilidad para borrar las huellas de su paso. Y por lo tanto ni siquiera hay una leyenda. Pero ellos están aquí. No les quepa ninguna duda…

Huelga decir que la adaptación cinematográfica estaba más que “aullada” (jo, hoy estoy sembrado) y más aún en pleno año 1981, que servía de escopetazo para dar rienda suelta a la década más prodigiosa del fandom. Y como la ocasión lo merecía, no se escatimaron medios para contar con un reparto de lujo y un maquillaje impecable ligados a los ya psicotrónicos FX de la época y un humor negrísimo al servicio de un planteamiento tan atrevido como versátil. Porque como efectivamente sospecháis, nos encontramos ante una de esas “rara avis” que superaba con creces a su versión impresa, logro que por otro lado no era tan extraordinario en un tiempo donde los conceptos de “remake” y “reboot” no formaban parte de un panorama cinéfilo que iba sobrado de imaginación y talento, valores hoy en vías de extinción.

Así pues se modificaba el punto de partida para comenzar con el extraño asesinato de un prohombre de la construcción, epítome de la especulación urbanística, justo cuando planeaba su máxima obra faraónica. Un argumento que como vemos está de plena actualidad, en esta España nuestra del ladrillazo y los amiguetes a comisión. Sin embargo, luego la trama deriva en una visión mucho más humana del mito para reconducirlo a un planteamiento que unifica en perfecta simbiosis las reivindicaciones indígenas de los nativos americanos con una necesaria reflexión ecológica y todo ello pasado por el tamiz hobbesiano del “homo homini lupus” tan propio de nuestras deshumanizadas urbes.

El film, termina al igual que la novela de modo algo inconcluso, obligando así a espectadores y lectores respectivamente a meditar sobre nuestra naturaleza como máxima especie predadora y destructora de ecosistemas y sociedades. Porque antes de nuestra llegada, estaban “ellos” y si matan no es sólo para alimentarse sino también para defender su territorio y hacernos saber a los presuntuosos humanos, que no debemos invadir el mismo más de lo que ya lo hemos hecho o dejaremos de ser la cúspide de la cadena trófica para convertirnos en su nuevo sustento. En definitiva, una novela de género que huye de los convencionalismos para mostrarnos una visión mucho más “veraz” y por tanto aterradora de la supervivencia de las especies frente a los denodados esfuerzos extintivos de esa plaga que en ocasiones es la especie humana.

Felices Pesadillas, Almas Oscuras.

Vuestros comentarios

1. sep 12, 22:18 | Bob Rock

Gran reseña del Señor de los Libros. Un orgullo tenerte entre nosotros.

Un abrazo!

2. sep 14, 22:30 | Mountain

Excelente reseña, como siempre MASP, dan muchas ganas de leer la novela y de ver la peli claro.

Por cierto, quiero como mínimo una reseña literaria semanal tuya . :D

3. sep 15, 00:13 | MASP

Gracias por vuestros comentarios!

-Bob Rock: Estoy intrigado con la “lectura” que tengo pendiente. Esta misma semana la devoraré a buen ritmo.

-Mountain: Pues no será por falta de ganas, sino de tiempo que es un bien cada vez más escaso. Pero vamos, sin prisa pero sin pausa irán siendo reseñadas obras cuativadoras (sigo teniendo en lista “El Almacén” no lo he olvidado, eh? xD)

Saludos!

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