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El Oráculo

No estoy loca, solo lo parezco

The Oracle Caspa

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  • Título original: The Oracle
  • Nacionalidad: Estados Unidos | Año: 1985
  • Director: Roberta Findlay
  • Guión: R. Allen Leider
  • Intérpretes: Caroline Capers Powers, Roger Neil, Pam La Testa
  • Argumento: Un matrimonio se muda al apartamento de una médium muerta. Desde ese momento, la mujer será el instrumento de una venganza espectral.
DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 2.5/5

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Jennifer se muda con su bigotudo esposo al antiguo apartamento de una médium, encontrando pro casualidad (sí, claro) un instrumento que la pondrá en contacto con el fantasma de un hombre cuyo asesinato se ocultó tras un falso suicidio. El espectro reclamará venganza, a través de Jennifer, en una desopilante relación de eventos fantasmagóricos.

Después de un par de reseñas donde mi faceta de viejo verde llegaba a cotas insospechadas debido a la proliferación de pechos turgentes en las películas comentadas, me sentía un poco culpable al respecto. “¿Y dónde estás los culos?”, me preguntaba compungido. Así que para desintoxicarme de esa sobredosis mamaria se me ocurrió visionar “El Oráculo”, por aquello de “(ah)ora culo, (ah)ora teta”; como veis siempre ando intentando postularme para miembro del “Club de la comedia”.

Bien, hablar de “El Oráculo”, película más casposa, mala, repugnante y antinatural que la hipotética boda entre Falete y Kiko Rivera, sería hablar de su directora: la infame Roberta Findlay, y decimos infame porque la carrera de esta mujer siempre estuvo cubierta de mierda de principio a fin. En los remotos sesenta nuestra amiga se dedicó junto a su no menos infame marido, Michael Findlay, a rodar película tras película de “sexploitation”, llenas de todo el contenido morboso que el mercado del verdadero “grindhouse” tuviese a bien aceptar. Productos de cuatro perras que atestiguaban una total falta de medios y sentido de la coherencia, siempre bajo la excusa del “todo vale para atraer al público más barriobajero” y con los aires de grandeza que se otorgaban como parte de la anti elite artística e intelectual de la época; neoyorquina por si fuera poco. Según propias declaraciones de la interfecta, ella se dedicaba más bien a ayudar a plasmar en pantalla las ideas de su marido, siendo estas películas obviamente interpretadas por la pareja y, más o menos, el mismo círculo de amigos/”intelectualoides”. Aunque este arrebato de dignidad, el cual nace ante la sempiterna comparación de su labor de directora con la de su marido, resulta papel mojado cuando vemos como se desenvuelve su carrera cinematográfica. ¡Vaya pájara!

Una vez pasado el arrebato sesentero se metieron en fregados terroríficos para parir otra obra no menos infame: la desbarrada llamada “Snuff”, base ideológica del lado más macarra del gore, cuyos postulados aún se extienden hasta nuestros días. Pero una vez llegados los setenta el matrimonio se deshace, muriendo al poco Michael en un accidente de helicóptero. Detalle inquietante si tenemos en cuenta la afición de Robertita por lo sobrenatural, ¿sería una maldición? Por si acaso no hagáis enfadar a vuestras compañeras femeninas. La cuestión es que cuando a Michael casi le vuelan los sesos las hélices del helicóptero, su exmujer estaba metida de lleno en la producción pornográfica, lúbrico campo en el que se mantuvo hasta la realización del falso biopic “Shauna: Every Man’s Fantasy”, sobre la actriz porno recién fallecida Shauna Grant. Un gesto oportunista y chabacano el de la directora, lo que le granjeó mucho del odio con el que hoy es recordada. Siendo tan trágica la muerte de dicha actriz, hasta yo, un hombre que es morbo con piernas, me escandalizo ante la gracia de Roberta. La jugada le salió cara y decidió moverse a otros campos cinematográficos para evitar ser asociado al mundo del “ñaca ñaca”, donde andaba en busca y captura. Lo habéis adivinado, el nuevo vergel se llamaba el terror, y como esta señora siempre dirigió para ganar dinero, algo reconocido abiertamente, se decidió por el lado sobrenatural del asunto, pues estaba de moda a mediados de los ochentas, que es cuando se produjo el cambio de dirección.

Así, su filmografía horripilante se compone de “El Oráculo” (1985), “Blood Sisters”, “El Poder del Diablo”, “Lurkers” y, ya cerrando para siempre, “Banned” (1989). Incluso tuvo tiempo para coquetear con el survival punk (¿?) con una simpática mamarrachada llamada “Juego de Superviviencia”; cinco años que le dieron para bastante, ¡qué entrañable es el cine underground!

Ya entrando en materia (fecal en el caso de “ora culos”) nos encontramos con el debut de Robertita en el terror, y lo hace con la misma falta de estilo que mantuvo como sello personal. Es decir, no se puede presentar de peor forma un guion tan chorras y tópico como el escrito por un desconocido R. Allen Leider, que abandonó tras este engendro la redacción de libretos apestosos para concentrarse en la edición de libros igualmente apestosos. La trama es simple como ella sola: una anciana médium muere y cuando se muda una parejita a su apartamento, la mujer encuentra la plancheta de la abuela (un artefacto para el contacto con el Otro Inmundo) y se ve dominada por un fantasma vengativo que quiere usarla como medio para su venganza, la cual consuma contra sus asesinos pasándose por la piedra a todo el que se ponga delante, aunque no venga a cuento. De regalo, y como incomprensible añadido, una pequeña subtrama que incluye a una lesbiana psicópata muy repulsiva. Al menos nos reiremos con la coña, muy en la línea del “Don’t be afraid of the Dark” original donde nadie cree los experiencias ultraterrenas de nuestra heroína, llegando a internarla en un psiquiátrico; para estar rodada para una mujer de fuerte carácter, sorprende el aire machista que desprende “El Oráculo” (¿quizás una forma irónica de denunciarlo?).
Todo rodado de una forma muy vulgar y con actores sobreactuados o inexpresivos, ayudando a esa vulgaridad (no calculada sino natural) el hecho de la ambientación urbana de la ciudad de Nueva York, entrañables las tomas de la infame calle 42 (¿hay algo que no sea infame en esta reseña?). Un ejemplo de esta vulgaridad la tenemos en la citada presencia de la lesbiana psicópata. ¿Añade algo de color o sabor a la historia? No, su presencia se debe a que cuando se realizaban los casting para uno de los asesinos del fantasma vengativo, se presentó a una audición un tipo con su novia, la cual pareció fascinar a Robertita, obligando a R. Allen a sacarse de la manga el trasfondo lésbico del asesino con tal de asignarle el papel. Una muestra de futilidad más de los cientos que exhibe “El Oráculo” sin pudor, pues todas y cada una de las escenas parecen rodadas para rellenar “algo”, no sé sabe muy bien qué.

Entre todo este desconcierto, mucho menos interesante que la vida de su perpetradora, ¿encontramos una película casposa divertida? Sí a ratos, y otras veces es imposible centrarse en la diversión ante la forma tan poco estética de alargar las escenas. Ya sabéis, en pantalla se muestran los actos más intrascendentes de lo que sería la historia, por no hablar de la poca credibilidad de todos y cada uno de los personajes. Lo cual se traduce en un coñazo a ratos, siendo su primera hora un escollo difícil de salvar; para ello propongo un par de juegos:
1.- Intentar buscar al actor sin bigote, el único que no luce mostacho de entre todos los desechos neoyorquinos que se creen intérpretes. Todo un ejemplo de “retrohipsterismo” que encantará a la generación del tupé y la camisa de cuadros.
2.- Contar cuantas veces saca la lengua su adorable protagonista, Caroline Capers Powers, una maestra de la expresión facial desviada y una mujer muy atractiva a mi juicio (una pena que esta fuese su primera y última participación en el mundo del cine).

Una vez superada esa primera hora llena de luz verde, poltergeists y mucha morralla, toca hablar de los efectos especiales, y del bienvenido incremento de “sobrenaturalidad” durante los últimos veinte minutos. Digamos que es la parte más agradecida (y chillada por la deliciosa protagonista) gracias al despliegue de unos efectos vergonzantes: caretas de plástico, ácido, truculencia gratuita y bombillas verdes para atraer a la taquilla a todo joven buscador de emociones fuertes. Cabe destacar que el regocijo, la parte “divertida”, vendrá más por el despropósito de escenas poco terroríficas que por el vengativo espíritu en sí. Dos perlitas: el ataque de la lesbiana obesa disfrazada de camarera y la huida por los pasillos de un psiquiátrico, atestados de locos. ¡Digno de los hermanos Marx!

Así que llegamos al final de este viaje de los suburbios, sin tener claro si “El oráculo” merece la pena ser vista o no. Carece de un mínimo ritmo, principal clave para que una película mala llegue a ser divertida, pero contiene suficientes gilipolleces como para satisfacer al más exigente en cuanto a incongruencias; a lo que se une su característico sabor a serie Z. Supongo que la clave sería saber si eres un fanático del horror en todo su amplio aspecto o… no; tal vez simplemente te gusten los culos y su apetitoso olor acre. ¡Helados y caspa, mejor que en Benidorm, oiga!

Imágenes de la película

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“Déjate de oráculos y cómeme el bigote, nena”

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Este fue el comienzo de la popular creencia de que todos los hombres con bigote tienen pluma.

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Esta joven de 20 años llegó a aparentar 80 gracias a la caspa

Tráiler

Lo mejor: Los últimos veinte minutos, destacando la alocada persecución de los hermanos "Marx" en el hospital psiquiátrico.

Lo peor: Un guión tontorrón expuesto con menos garbo que el rabo de una oveja.

Vuestros comentarios

1. ago 17, 13:41 | Mountain

Que andas Bob? Este es el trailer de SHOCK ‘EM DEAD! jajajajajaj!!!!

2. ago 17, 15:21 | Bob Rock

Mountain.- ¡Que despistiño! XD XD

3. oct 16, 02:59 | kike

jajaja

4. oct 16, 02:59 | Tarot barato

me ha encantado!

5. oct 16, 03:04 | tarot gitano del amor

Increible…

6. ene 28, 02:07 | tarot visa

Me dio escalofrios…

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