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Escenas

No hago más que pensar en mi vecina rumana. Maldita sea, solo pensando, mi tiempo se escapa con rapidez.

Escenas¿Qué esta ocurriendo? Es muy sencillo, mi ventana da a un patio interior un poco descuidado. De modo que puedo observar la parte trasera de una manzana de edificios viejos un tanto bajos. Y en concreto, uno deshabitado hasta hace poco. Es más, tengo la fortuna de que la línea de visión es perpendicular de arriba a abajo a una habitación que hace diez días ocupa una joven rumana. Digo rumana, igual que podría decir rusa ó checa. La chica, a la cual puedo espiar en su intimidad, tiene un fuerte aire de dureza a pesar de que aparenta no tener más de 25 años. Esa dureza es lo único que la separa de cualquier top model.

No se exactamente las costumbres de la Europa del este, pero seguro que una de ellas es no tener persianas. Sí, esta chica las tiene todo el día subidas y no dispone de cortinas, con lo cual su ventana se ha convertido en un escaparate para mi. Ahora me estaréis acusando de vouyerismo. Los hombres con envidia y las mujeres con asco. Eso es porque no habéis sentido el poder de dicha actitud.
Es como si compartiese un poco su vida, algo que todos deseamos. Somos manchas de aceite en un mar de agua sucia. Flotamos individualmente y con ciertas manchas, de densidad o personalidad similar a la nuestra, decidimos formar una mancha más grande. ¿No es patética la humanidad? Pues yo soy un representante típico de ella. Mis pasiones humanas, mis delirios carnales o mis ansias animales. Eso es lo que me define. Y no soy peor que tú.

Volviendo a esa chica de piel pálida y cabellos dorados. Seguro que sorprendidos diréis: “¿No será capaz, de agazapado en la ventana, observar sádicamente como se cambia de ropa?” Encantado me mostraría más sensible y delicado, no mirándola. Pero ¿qué os puedo decir? Soy una persona especialmente sensible a la belleza. Y esta muchacha. ¡Ah! Roza la perfección de una diosa helénica. Probablemente Diana, ya que me parece muy salvaje el que sea capaz de cambiarse de ropa con esa despreocupación hacia el gran hueco de su ventana.
Todos los días, a la misma hora. Cuando ha caído la noche. Se abre la puerta de su cuarto y ella llega con un albornoz blanco. Y el pelo, que seco forma deliciosos tirabuzones, ahora mojado se pega a los finas formas del cuello. Agita la cabeza para desprenderse de más humedad mientras mantiene cerrados unos ojos color esmeralda que harían enloquecer hasta al mismísimo Gengis Khan. Se quita el albornoz con un imperceptible movimiento de hombros. La veo de espaldas y maldigo mi debilidad. Se que mirarla no es bueno, pero, ¿como no va ser bueno mirar ese cuerpo? Piel blanca de tonos rosados. La melena que llega a la mitad de su espalda, ajustándose a las intermitentes marcas de una columna vertebral que acaban donde la espalda se transforma en los sagrados glúteos de la más pura virgen cristiana. Dos nalgas proporcionadas, creadoras de una sensación de profundidad bajo sus caderas sin un miligramo de grasa o celulitis. Se quita restos de agua de la cintura con un gesto que es casi una inocente caricia.
Las piernas bien formadas, de fuertes pantorrillas, están un poco arqueadas dejando entrever una sombra de vello entre ellas. Atisbo fragmentos del pubis y ella se sienta indolente en la cama de cara a mí. En mi posición superior, se me permite una vista aún mejor cuando coge el bote de crema de la mesita. Ahora todos nos estamos retorciendo de envidia. ¿Quien de quien? Vosotros de mí, vosotras de ella y yo de la crema.

La aromática sustancia que va extendiendo por hombros finos pero levemente musculados, como esculpidos por una afición adolescente a la natación. Los largos dedos de ella masajean suavemente sus pechos aplicando el body milk o lo que sea esa maldita cosa. Sus pechos no son excesivamente grandes, creo que podría abarcar uno con mi mano. Y aunque ligeramente caídos por el natural efecto de la gravedad, ahora se movían sinuosamente demostrando la firmeza de su carne por el constante masaje. Los pezones, más oscuros y del tamaño de una judía (perdón por la comparación) estaban un poco erectos. Duros, perfectos para mordisquear.
Ella entreabría unos labios carnosos un poco grandes, casi infantiles pero que daban un aire alegre a su cara. Probablemente seria por el esfuerzo de aplicar la crema o por puro placer onanista, pero su cara redonda de pómulos sonrosados tenia, sin lugar a dudas, cierta expresión jovial, remarcada por unas cejas muy bien perfiladas y una frente despejada. ¡Me encanta esa cara de felicidad!
Y es que no hay nada más odioso que esas chicas atractivas pero con cara de mal genio. Parecen decir: “Soy un bombón y tu nunca me tocaras”.
Efectivamente, no te tocaré ni yo ni varios billones de seres humanos, trillones de animales y varias razas extraterrestres porque tienes cara de rancia. Ya sabéis lo que hay a día de hoy: mucho culo y poco corazón.

El sexo de mi pequeña rumana, solo se podía entrever al estar sentada con las piernas cerradas, pero un triangulo oscuro bien recortado me hacia sentir realmente enfermo de deseo. No estaba completamente depilada pero entonces…empezó a aplicar la crema a las piernas con lo que tuvo que extenderlas y entonces vi un magnifico tesoro: Los labios carnosos de su vagina se separaron ligeramente. No me entendáis mal, era algo más sensual que pornográfico. Como he dicho no lo llevaba completamente depilado y aunque las sombras de vello lo hacían más grande. Su coño era pequeño, joven y probablemente fragante.
Mi éxtasis finalizó en sus pies. Con las uñas pintadas de verde, unos dedos pequeños y perfectos se volvían brillantes por la crema que yo sentía ahora como mi saliva. Ojala pudiese cubrir el espacio que separaba nuestras ventanas, saltar el vacío y recorrer cada unos de sus poro con mi lengua, morder la carne abundante de sus muslos y lamer insaciable el pequeño piercing de su ombligo.
Lo increíble es que ella este tan tranquila, noche tras noche detrás de la ventana. ¿Se sentirá observada? ¿Lo sabe? Igual se exhibe cuando se pone las braguitas de algodón tan finas que lleva. Un día pájaros, otro flores, otro paramecios. La fina tira se pega a la cadera y ella se coloca mejor la prenda para estar más cómoda. Y esos sujetadores deportivos. ¡Dios mío! ¿En que situación perversa me han colocado los demonios?

Seguramente un día aparezca con un tipo y empiecen a pasárselo bien. Eso ayudara a enfriar mi libido pero mientras tanto solo me mata el recuerdo de ayer. La memoria desquiciada que me empuja en realidad a hacer esto público. La miserable emoción del misántropo miedoso, del pajero inconfesable, del tímido pardillo que soy.

Ayer me fumé unos cuantos canutos y me asomé ansioso, era a una hora diferente del espectáculo habitual. No se que esperaba ver. Al fin y al cabo era sábado y ella estaría en cualquier disco bar seduciendo a tíos mucho más hombres que yo. ¡¡¡Sin embargo la vi!!! Estaba sobre la cama y a diferencia de otras noches, estaba tendida en ropa interior. Un conjunto de color claro, que resultaba apreciable en la penumbra. Ayer fue una noche calurosa aunque no tanto, así que me extrañó inicialmente, tanta desnudez.
La poca luz que iluminaba su cama, su sencillo cuarto, provenía de la luna en cuarto creciente y la iluminación del cielo de la ciudad. Suficiente para imaginar, para fantasear con estar allí con ella. Con mi vecinita rumana. Acariciando sus labios con mi lengua, oliendo el perfume en su cuello, pellizcando travieso sus pezones, acariciándola por encima de su ropa interior….mil y una fantasías para solo una noche.
Entonces vi como ella se acariciaba entre las piernas apartando un poco la tela de las bragas. No podía distinguir detalles pero el gesto era obvio. Una masturbación en toda regla. Sacudidas y ligeros espasmos de la chica sobre las sabanas. Yo noté mi erección y me sentí tentado de regalarme una masturbación simultánea digna de cualquier película porno o cortometraje de Santiago Segura. Sin embargo, tan impactado estaba que apenas podía moverme. Solo una ceja alzada demostraba que yo estaba vivo. Aunque mi parálisis se convirtió en temblor cuando vi el brillo en sus ojos. ¡Los tenia abiertos y podría jurar qué miraban hacia mi ventana! Estaba observando con aún más atención la erótica escena cuando de repente, se encendió la luz y un hombre mayor, alto, fornido y también rumano interrumpió violentamente en la habitación de la chica.
Yo me agaché instintivamente para que no me viese. No oía nada. Asomé cuidadosamente la cabeza y ahora el hombre estaba abofeteando a la chica con violencia sobre la cama y haciendo muchos aspavientos, pero sin decir palabra. Mi vecina intentaba defenderse inútilmente agitando las manos. La sangre manchaba sus pómulos y muy callada encajaba los golpes del hombre, con la mayor dignidad posible. La agarraba de los pelos, la zarandeaba. Tan desnuda e indefensa como estaba, me pareció muy sucia y macabra la paliza. Y aún más súbitamente que antes, el rumano se apartó de la cama mordiéndose los labios de ira y bajó la persiana de golpe. Si el hombre se dio cuenta de mi presencia, es algo que nunca sabré.

Estaba un poco asustado. ¿Haría daño de verdad a la pobre chica? No tenia muy claro a que portal correspondía esa casa. ¿En que paranoia estaba viviendo? Seguro que no pasaría nada. Un padre rumano ortodoxo pillando a su hija masturbándose. La típica bronca, me decía a mi mismo. ¡¡¡Y me había mirado!!! Seguro. Casi no cabía en mí de gozo, la fantasía hecha realidad. No quería ningún tipo de ilusión porque son muchas las decepciones que me he llevado a lo largo de la vida. Hoy una más.

Cuando me he levantado y he visto la persiana bajada, me he dado cuenta de la sucia verdad. Nunca volverá a subir. La persiana está rota y desvencijada, parece que lleve años sin usarse. Justamente como hace diez días. ¿Me había vuelto loco? ¿El consumo de hachís me esta haciendo perder los papeles? ¿Me lo acabo de inventar todo mientras escribía? ¿La volveré a ver esta noche? ¿Me invitaría a subir? ¿Se tocará para mí?

Demasiadas preguntas y poco tiempo para contestar. Me voy haciendo viejo y cada día estoy más cerca de la muerte. Aunque si al final del túnel está ella, bien merece acabar una vida de desengaños junto a un fantasma rumano. El de una chica perfecta que me recordaba tiempos más felices, más reales, más inocentes y más sinceros.

Vuestros comentarios

1. may 17, 17:37 | Missterror

un relato realmente sexy Bob.Describes a la vecina rumana con tanta pasión y dulzura,que realmente nosotras sí tenemos envidia de ella ;)
Por cierto,yo he tenido una vecina (no se si rumana,polaca o de dónde),que,en vez de rubia,morena y es la del relato…ahora la envidia es del género masculino,je je je.

Saludos

2. may 17, 21:02 | Bob rock

Missterror.- Algo de envidia se siente, pero hay tantas mujeres por mirar, seducir, y saborear que la envidia no es el pecado capital que más me preocupa XD

Espero que te haya gustado el estilo voyeur del cuento.

Un abrazo!!

3. may 18, 17:29 | MaRiaNa

Woooooooooooooooooooooooooow!!!
Tu vecina es rumana, cierto Bob!!??? jaa
Perfectamente, absolutamente, perfectamente bien descrito..Como siempre..Felicidades Bob!!!
Me encantó!!

4. may 22, 14:44 | Bob rock

Mariana.- Je, je! No, como he comentado lo único verídico en el relato es la ventana. El resto surge de mi imaginación y de mi deseo por las mujeres.

Un saludo.

5. may 22, 17:52 | lady necrophage

Un relato enorme, lleva razón missterror que así cualquier mujer se siente poco. Todas queremos sentirnos hermosas y deseadas, está claro. Saludos.

6. may 22, 20:59 | Bob rock

Lady Necrophage.- Gracias!! Lo que me sorprende es que tras los miles de años que lleváis las mujeres a nuestro lado, no os hayáis dado cuenta de que todas sois hermosas y siempre deseadas XD

Un saludo

7. may 24, 23:48 | excelente relato

desde paraguay mis saludos

8. may 25, 22:02 | Bob rock

Un saludo Excelente Relato XD

9. may 26, 17:28 | lady necrophage

no había visto el piropazo…Bob= wapo.

10. jun 20, 11:35 | Anónima

Muy buen relato!
Me hizo sentir envidia la verdad!
todas queremos sentirnos así.
Gracias Bob Rock!
Saludos de Chile

11. jun 20, 14:19 | Bob Rock

Anónima.- Te remito al comentario que hice a Lady Necrophage… la belleza existe realmente en los ojos que la entienden así y seguro que decenas de hombres (o mujeres según condición sexual) te ven atractiva.

Un abrazo desde España!

12. jul 21, 02:49 | gabriela jazmin euceda hernandez

soy fan no.1 de almas oscuras me fascina todo

13. jul 21, 08:22 | Bob Rock

Gabriela.- Muchas gracias por tu entusiasmo ;)

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