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Fuel

Suspenso por todo lo alto

Fuel

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  • Título original: Fuel
  • Nacionalidad: España | Año: 2019
  • Director: Israel González
  • Guión: Juan de Dios Garduño
  • Intérpretes: Fernando Cermeño, David M. Santana, Isabelle Junot, Patricia García Méndez
  • Argumento: Un influencer con mucha caradura despierta en mitad de ninguna parte esposado a un coche destartalado

DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 2/5

Fuel

He dudado mucho si escribía esta reseña, porque no me gusta poner mala nota y mucho menos cuando un proyecto es tan pequeño como este. Pero luego me recuerdo sentado en el Festival de Málaga perdiendo tiempo frente a “Fuel”, intentando ver si la historia despegaba en algún momento, y lo único que despegaba, de forma constante, es un dron para arriba y para abajo alargando innecesariamente la agonía de los espectadores asistentes. Y es que los interminables vuelos de una máquina sobre el coche que es el centro de la historia ocupan más del la mitad de metraje, sin que aporten absolutamente nada de valor al mismo. Algo que hace de sus 72 minutos una experiencia que parece durar horas.

Uno presupone que las cintas que concurren a un festival han sido seleccionadas siguiendo unos mínimos criterios de calidad, pero siempre te cuelan un gol. “Fuel” sin duda fue uno de esos tiros a puerta y sin portero que entran hasta el fondo de la red, dejando a los aficionados con cara de idiotas y deseando que rueden cabezas. Ya lo auguraba su endeble tráiler, pero su director defendió con la maestría de un buen tahúr la calidad de lo que íbamos ha ver. Incluso habló de la posibilidad de rodar el remake estadounidense de “Fuel”; algo que, inocentemente, nos hizo pensar que lo mismo bajo su simplona apariencia se escondía un prometedor filón… luego empezó la película y el castillo de naipes se vino abajo. Incluso los invitados del director que se sentaban a derecha e izquierda de él, rápidamente perdieron el interés y dedicaron media sesión a gestionar sus redes sociales desde su móvil.

La mítica Ruta 66 (simulada en el paisaje desértico de Almería) es recorrida por el protagonista Raúl: un sofisticado influencer que regresa a casa tras unos días en México. Prestando nula atención a las insistentes llamadas de teléfono de su novia, más interesado en que su ego luzca siempre con luz propia, hace una parada en un bar de carretera (el típico bar de la Ruta 66 con pegatina de ”Securitas direct”) tras la cual comienza a sentirse mareado hasta perder el conocimiento. Cuando despierte se encontrará atado a un coche destartalado a merced de la sed, el hambre y la desesperación… aunque lo más inquietante es el aire sobrenatural que parece tomar cada vez más peso.

El director de esta criatura, Israel González, debió pensar que la historia no funcionaría igual si transcurría en España. Sin preocuparse demasiado en que en su Ruta 66 se colasen cortijos, un castillo o el mar de plástico, se lanzó a la aventura de recrear Arizona, eso sí, con todo el reparto hablando un castellano perfecto, pero poniendo una actitud chulesca propia de los tipos duros de la serie B norteamericana. Un forzadísimo trágala para el espectador, que además tiene que hacer un titánico esfuerzo para convencerse de que el bar de carretera, donde para el protagonista, es el típico bar en mitad de ninguna parte de las cintas yanquis… aunque todo esto sería perdonable si la historia fuera buena.
Fuel” no es un thriller a lo “Buried” o “Mine”. Aunque parece un survival y de hecho lo es durante sus tres cuartas partes, como decía en el párrafo de la sinopsis, lo sobrenatural sale al rescate cuando la trama parece no dar más de sí. Y ese giro es bueno. El problema es que, hasta llegar allí, la cinta se queda suspendida en una sucesión de tomas aéreas. De verdad que es increíble la cantidad de planos para arriba, para abajo, a la derecha y a la izquierda que concatena el amigo Israel para alargar a la duración del largometraje, una historia que cortada correctamente se queda en 20 o 25 minutos. Es decir, hay como 30 minutos extras de planos que no aportan nada. La sensación a ratos es la de estar viendo la versión aérea de “bocadillo” de Wismichu.

No todo es negativo, hay que reconocer que el chaval tiene buen ojo para el encuadre y la fotografía y que su actor protagonista, Fernando Cermeño, tiene una buena presencia. Su actuación, sin lanzar cohetes, es solvente y funciona… el perro tambien actúa correctamente (ladra y mueve el rabo)… los demás regular. Se aplaude el esfuerzo de rodar una peli con 6000 euros de los que imagino que 500 se han debido de ir al dron. Seguramente en un festival de cine de bajo presupuesto, o si hubiera sido un corto de 20 minutos, la cosa sería distinta. Pero lo que pudimos ver en Málaga fue una experiencia muy poco recomendable.

Fuel

Fuel

Lo mejor: Si fuera un documental de Almería tendría planos curiosos. El guion esconde algo que podría haber funcionado

Lo peor: No es un documental de Almería. Estirar y estirar hasta el tedio más brutal


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