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Henge

Kafka arigato

Henge Grande

Henge PosterHe recibido un misterioso ataque y no me encuentro bien, cariño. Sé que llevamos poco casados, pero debes permanecer a mi lado, aunque esté cambiado, aunque algo horrible quiera apoderarse de mi cuerpo y de mi mente, nunca se podrá apoderar de lo que siento por ti…

El pasado marzo se estrenó en Japón Henge el mediometraje, 54 minutos, que supone el debut tras las cámaras y el guión – aunque esto último no lo tengo claro del todo – de un tal Ohata Hajime; probablemente familiar de Asier [ja, ja, a un servidor también le gustan los chistes malos]. Como habréis podido comprobar por el tráiler, estamos ante una bizarra serie B (o tirando a Z si me apuráis) que ha cautivado la atención de propios y extraños por las claras influencias que se intuyen tras la chocante historia de amor de este joven matrimonio.

Henge empezó siendo una versión apócrifa del relato de Kafka, el archiconocido “La Metamorfósis”. Sin embargo, durante su rodaje empezaron a desarrollarse otros intereses. Por ejemplo, a nadie se le habrá escapado que el ambiente extraño y malsano de la habitación, donde el marido de esta historia va mutando, recuerda y mucho a los primeros trabajos del gran Shinya Tsukamoto (y si nunca has visto Tetsuo, ya estás corriendo a hacerte con una copia). Esa obsesión por la mutación, por el dolor, por la deformación de la carne y su metáfora contrapuesta al amor, ¿no es preciosa? Pues si todo esto lo empaquetamos con el pausado ritmo propio de Kiyoshi Kurosawa (Kairo) tenemos lo que vendría a ser un mediometraje muy apetecible, tanto por su posible profundidad emocional, como por su estética marcadamente splatterpunk.

De acuerdo que puede ser muy duro superar las limitaciones de un presupuesto que se presiente escaso, mezcladas con una forma de rodar – en cuanto a la parte Kurosawa se refiere – lenta y tendente a los filosófico. No obstante, el público que ya ha disfrutado de esta curiosa (y misteriosa, porque no queda muy claro que rumbo argumental puede tomar la dichosa metamorfosis) cinta, asegura que la historia de un amor que va deteriorándose, por la transformación de una de las partes en monstruo, está muy bien tratada. “Realista y sensible”, dicen algunos. “Una oscura historia de amor”, dicen otros.

La cuestión es que esas probóscides agitándose húmedas, los retorcidos tentáculos, la carne abotargada y demás pamplinas, han llamado la atención en el mercado internacional como hacía tiempo que ningún otro autor japonés lo hacía (de nuevo volvemos al gran Tsukamoto). Y un servidor se suma a dicha expectación, seguro de que los locos nipones aun guardan varias sorpresas bajo el pelucón de Sadako.

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