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Hostile

No hay término medio

Hostile Review

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  • Título original: Hostile
  • Nacionalidad: Francia | Año: 2017
  • Director: Mathieu Turi
  • Guión: Mathieu Turi
  • Intérpretes: Brittany Ashworth, Grégory Fitoussi, Javier Botet
  • Argumento: En un futuro apocalíptico, u
DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 2/5

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Juliet es la exploradora de un grupo de supervivientes que se hacina sin comida y sin esperanza ante un futuro donde la humanidad casi ha desaparecido y el desierto está poblado de unas agresivas criaturas mutantes. Durante uno de sus reconocimientos Juliet acaba atrapada en medio de la noche bajo su jeep volcado, a expensas de que uno de esos ciegos seres le acabe dando caza. Dicha situación parece un buen momento para hacer balance de su vida antes de la catástrofe, quizás en recordando al amor de su vida pueda encontrar las piezas que le permitan ver la luz del sol un nuevo día.

Ya sabía de antemano que enfrentarme a la francesa “Hostile” supondría superar mi fobia a los dramas románticos revestidos de lo que no son. En esta ocasión una trama post apocalíptica, regada con una especie de zombis o monstruos mutantes como mandan los cánones, supone la excusa para contarnos una historia que realmente no tiene nada que ver con el cine de terror, incluso con el añadido en la producción de Xavier Gens, muy bien considerado dentro del género. Je ne sais pas pourquoi.

Siendo consciente del territorio en el que me iba a adentrar, casi sentía curiosidad por ver como se desarrollaba el romance sobre el que la actual existencia de nuestra protagonista, una mujer algo resentida con el Universo, cobra sentido. Impulsada por una situación de vida y muerte donde un tonto accidente la deja a merced de una de las criaturas que recorre hambrienta los páramos cobijo de los restos de la humanidad.

Soy un amante del amor como cualquier hijo de vecino, en todas sus variantes y posiciones siempre que no impliquen abuso de ningún tipo, así que “Hostile” era la oportunidad perfecta para comprobar si el tándem “corazoncitos y calaveritas” funciona cuando se presenta bien engranado. Como por ejemplo hacía “Parasomnia”, serie B tontorrona que recuerdo con cariño de mis primeros tiempos en Almas Oscuras. Sin embargo, y teniendo en cuenta que el director y guionista Mathieu Turi anda claramente obsesionado con el lado sentimental de la trama, justamente la parte romántica es la que me ha parecido más floja de largo. Como si hablásemos de dos películas, la química entre los protagonistas de esta historia de amor, básicamente la clásica aceptación y superación de sobremesa, nunca termina por bullir, provocando soso distanciamiento a través de su amorío. Opuesto con respecto a esa otra cara post apocalíptica con la que no llega a contrastar tan imaginativamente como parece, ¿vinagre y aceite?

No hablamos de un proyecto fallido del todo, por mucho que sea bastante aburrido aun acortándose a la hora y veinte de metraje, pues por ejemplo vemos una buena construcción teórica en su mensaje sobre la belleza detrás de la fealdad y como la mera perspectiva nos convierte en mejores o peores personas. De ahí un emotivo final donde la esperanza de que alguien se llevase un mordisco en la garganta, o un tierno besito con mucha hemoglobina de por medio, se desvanece para revelar una bonita moraleja. Pero la verdad, con más de cuarenta años sobre los hombros, dicha enseñanza no deja de parecerme poco jugosa. Algo infantil este discurso lleno de levedades sobre como las flechas de Cupido empujan a la gente a superarse, encontrando hasta en lo más “horrible”, “desértico” o “yonqui” un núcleo de belleza desde el que podamos decir: “¡qué bello es vivir!”. Prefiero adoptar una posición más nihilista para enfrentarme a los amaneceres, sin renunciar al amor de una pareja que sepa relajar tanto mis cuerpos cavernosos como mi mente, así que en una película romántica busco algo más que un romance forzado y artificial, donde cada uno de sus polos jamás parecen creer los besos del otro.

Curiosamente es durante las secuencias en el apocalíptico presente, ostensiblemente más breves, donde la cinematografía brilla con derecho propio, demostrando un óptimo aprovechamiento del millón y pico de presupuesto así como el gran equipo técnico detrás. No sólo eso: la misma fotografía luce más potente, la joven Brittany Ashworth se desenvuelve de manera más realista o los encuadres de cámara transmiten realmente “algo”, angustia ocasionalmente. ¿Por qué nadie fue consciente de este hecho sobre el papel? Una pena que se haya desaprovechado todo ese estupendo trabajo en el diseño artístico. Nos quedaremos con ese arranque con una ciudad de fondo con la promesa de una historia en otra dirección.

Durante los continuos flashbacks, la película detrás de la película, la narración se vuelve convencional, las imágenes bien podrían pertenecer a un telefilme alemán de mitad de tarde, con todos mis respetos. No era esto a lo que venía, si te la juegas disfrazando un drama romántico de cine de género tienes que incluir algo más que tópicos (¿la fierecilla domada?) y burdos diálogos donde el final ha sido escrito antes de acabar en una galería de arte por casualidad. De hecho todo denota un “buenrollismo” repugnante muy en línea con la sociedad actual que hemos construido, donde ningún grupo de música demuestra peligrosidad en el escenario o los escritores tienen que lamer el culo a, por un lado, editores ególatras para que los tengan siquiera en consideración y, por otro, a sus lectores para vender cuatro copias mal contadas. No hablo de tomar al público por tonto, hablo de ofrecer algo más que buenas palabras y apariencias, ¿provocación que despierte al zombi del letargo? En un mundo donde una opinión crítica no puede ser expresada con libertad y cierta acidez revolucionaria me parece absurdo seguir hablando: No se hacen tortillas sin romper algunos huevos, aunque vayan raperos a la cárcel por soltar frases inocuas sobre la monarquía.

Tras el discurso a traición, convenientemente censurado para no ser denunciado vía Twitter, Inc., señalar de nuevo a la dupla Brittany Ashworth y Grégory Fitoussi como los grandes culpables de que no haya picante en el menú. Supongo que se vieron superados por un guión donde su relación había sido predefinida con gravedad y alevosía, ni salpicada con paralelismos hostiles puede resucitar la chispa. Dejando a un lado a Fitoussi, que obviamente queda relegado a un segundo plano gracias a otro acto de discriminación positiva, Ashworth tiene como heroinómana la misma credibilidad que un servidor como ser apacible, inteligente o celestial. Y no es mala actriz para nada, pues me ha parecido muy suelta actuando cuando las pasa canutas intentando zafarse del acecho de un Javier Botet bien caracterizado y que aporta una sorprendente intensidad a su interpretación.

Resumiendo, no hay mucho bacalao que cortar, “Hostile” es otro fallido intento por parte del cine francés de resucitar viejas glorias del pasado, y ya veremos si “Ghostland”, de Pascal Laugier lo consigue por la mínima. Demasiado romance adulterado y poca tensión para un escenario demasiado estrecho, el cual no ha sabido aprovecharse, ni de lejos, como si lo hicieran “Enterrado” o “127 Horas”. ¿Hacía falta tanta introspección y exploración afectiva?

Imágenes de la película

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Lo mejor: La última secuencia con Javier Botet, cuando crees que hay oportunidad para un gran destello de horror. Por desgracia...

Lo peor: ... la película tiene otra intención: soltarte una historia de amor forzada y artificial.

Vuestros comentarios

1. may 19, 07:01 | Juan Eduardo

Muy interesante. Se me han ocurrido historias a mí antes, donde el escenario es un medio y la historia tiene otra intención.
El post apocalipsis será eso, un pretexto. Yo una vez escribí un cuento donde había una crítica política y social, y mi intención desde el principio, fue hace un policiaco, que un lector me dijo una vez que estaba muy bueno, y no lo sé pero a mí me gusto mucho.
Y usted tiene mucha razón cuando habla de ser un público, igual que yo, que pasa de los cuarenta años. Tal vez son películas que funcionan para los veinteañeros pero ¿cómo es ese grupo social en el año 2018? No creo que sean iguales que como fuimos nosotros en 1998.

En fin. La película me recuerda en la forma a “Exterminators from the Year 3000” un sci fi italiano, joya de los videoclubes.

Por cierto, acabo de ver una película de terror y policiaca, del Maestro Emilio Portes: Pastorela, no dude si le digo que se ha vuelto película de culto en muchos círculos. Déle un vistazo, le va a gustar bastante. En serio, refresca. Muy buenos Eduardo España y Joaquín Cosío.
Saludos.

2. may 19, 10:20 | Draghann

A mí me gustó. Me parece muy bien rodada y con actores más que competentes. Bien es cierto que para cualquier amante del terror, la parte de los flashback puede ser un poco desesperante si consideras que es metraje que podría haberse utilizado para la contar lo que está pasando en el presente porque parece mucho más interesante. Sin embargo, a mi que esto de los romances en el cine siempre me ha parecido un coñazo, en ningún momento me aburrió. No sé muy bien la razón pero así fue.

Quizás lo peor sea el final porque hace que todo parezca demasiado cogido por los pelos y esa manía que tienen muchos guionistas de dejar demasiadas cosas a la imaginación. Sí, estamos de acuerdo en que si lo cuentas todo, te cargas la experiencia pero pasa exactamente lo mismo cuando te quedas demasiado corto…

Un saludo!

3. may 19, 14:58 | paulcrosnier

Una verdadera lastima esperaba que fuera Mártires, o Alta Tensión, pero lei, el post y me desencanto, el film.

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