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Wasting Away

Hoy me he levantado un poco zombie

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  • Título original: Wasting Away
  • Nacionalidad: USA | Año: 2007
  • Director: Matthew Kohnen
  • Guión: Matthew Kohnen, Sean Kohnen
  • Intérpretes: Betsy Beutler, Matthew Davis, Julianna Robinson
  • Argumento: Cuatro amigos prueban a mezclar cerveza contaminada con helado para pasar el rato, gracias a lo cual aprenden que, en esta vida, ser un muerto viviente es más interesante que ser un don nadie

64 |100

Estrellas: 3

Wasting Away

Una comedia urbana, zombies, película independiente… ¿Estamos ante la enésima comedia zombie nacida a la sombra de Shaun of the dead”? Para bien ó para mal os daré un rotundo “no” como respuesta, y el que se elevase como la ganadora del Midnight X-treme en el festival de Sitges 2009, avala parcialmente esta contestación. Wasting Away, que ha sido editada recientemente en DVD aquí en España como “Zombie Town” (no confundir con una película del mismo título y el mismo año que no tenido el placer de ver), es una comedia dada a luz con muy pocos medios y que intenta hacer ver la historia al espectador a través de los nublados ojos del icono del terror por excelencia de este principio del siglo XXI: el muerto viviente

Pero vayamos pasa a paso, despacito, como si nuestras piernas careciesen de circulación sanguínea.

No cabe duda que la figura del zombie está sobreexplotada. Uno se puede llegar a marear si busca en la red de redes películas que contengan zombie ó “of the dead” en su título, queda claro que la figura del muerto que surge de su tumba merece una segunda mirada más allá de esa primera impresión, que muchos tendrán actualmente, del zombie como mera exscusa para realizar un film de terror de bajo presupuesto ó, sencillamente, “molón”.
El nacimiento del “zombie moderno” en el celuloide, tuvo lugar en la obra de culto La noche de los muertos vivientes. Sin entrar en detalles, muchos vieron en la opera prima de George Romero, y en sus posteriores proyectos, un manifiesto sobre la alienación del capitalismo en las sociedades del primer mundo. En la sociedad de consumo todos nos convertimos en ovejas descerebradas que caminando al unísono solo nos preocupamos de lo que tenemos delante, sin tener como objetivo el crecimiento como seres humanos. Obviamente también se pueden establecer paralelismos con los andrajosos zombies en blanco y negro de Romero, con la creciente población de mendigos estadounidenses a finales de los sesenta. Lo que parece evidente es que debajo de la patina de entretenimiento incontestable que lucia La noche de los muertos vivientes se escondía un mensaje una llamada a las neuronas del espectador. Desgraciadamente esto se ha ido perdiendo con el paso de las décadas, y hoy por hoy, salvo en contadas excepciones, el zombie no es más que un elemento de entretenimiento fácil en la dichosa sociedad del bienestar.

Entrando en la pura opinión personal, diré que Wasting Away es una excepción en este mar de películas planas sobre muertos vivientes, puede que el mensaje no llegue alto y claro debido a pequeños fallos que os iré desgranando; pero yo sentí un claro tributo a “los raros”, “los diferentes”, “los inadaptados” en la opera prima de Matthew Kohnen. Y usando al manido muerto viviente como elemento referencial, algo que es digno de alabar. En Wasting Away los protagonistas, convertidos en cadáveres andantes, son los raros del pueblo que solo buscan desesperados un hogar, un objetivo que de sentido a su no-vida. Una misión loable que nosotros, como miembros de la citada sociedad del bienestar, hemos olvidado. Por si fuera poco, la transmisión de este mensaje se aborda desde la perspectiva del propio zombie, nos metemos en sus cabezas agusanadas para compartir su periplo con voluntad y buen humor. Que yo sepa está es la primera vez que se narra, en el séptimo arte, una historia de muertos vivientes contada íntegramente desde el otro lado; el lado de la carne podrida y los miembros cangrenados. Es cierto que existen algunos intentos de una aproximación humanizada al fenómeno zombie, a bote pronto me vienen a la cabeza una acertada “zombedy” como Fido ó la prescindible Mortal Zombie (Return of the living death 3); sin embargo una película con tantas ganas de meternos en un juego donde los zombies son los protagonistas y destinatarios de nuestro afecto, frente a unos seres humanos, cuando menos, anodinos…pues la verdad que nunca la había visto.

Timmy, Mike, Cindy y Vanesa son cuatro amigos que esperan a que se abra la bolera para entretenerse una aburrida noche de viernes más. Timmy, que trabaja en la bolera como camarero, les deja quedarse en la cocina mientras prepara la noche de competición. Pero a Mike se le ocurre la idea de mezclar cerveza con helado para ir calentando. Lo que ninguno sabe es que un camión que transportaba desechos nucleares ha tenido un accidente muy cerca de la bolera y uno de los barriles llenos de desechos se ha desparramado contaminando la cerveza.

Tras probar el “invento” de Timmy, los cuatro caen fulminados. Cuando horas más tarde, despiertan se sienten enormemente raros, fuertes y hambrientos. Afortunadamente, mientras andan embarcados en sus quehaceres nocturnos, un soldado hace su entrada en escena para descubrirles la verdad: los desechos tóxicos están transformando a las amigables gentes del pueblo en violentos infectados, pero ellos cinco se han visto extrañamente inmunizados convirtiéndose en…supersoldados!!

Fuertemente emocionados ninguno se percata del verdadero origen de los cambios que ocurren en su interior. Se sienten diferentes y actúan diferente, sin embargo ninguno sospecha que en realidad están muertos y ¡se han convertido en zombies sedientos de carne fresca!

Lo primero que destaca en la obra de unos desconocidos hermanos Kohnen es la alternancia de imágenes en blanco y negro (a excepción del helado fluorescente) con las imágenes a todo color (y bastante vivas, un acertado uso de la fotografía). ¿Qué representa esta alternancia? Bien, la ausencia de color corresponde a la mirada de los vivos sobre la realidad y los colores brillantes están asociados a la mirada de los muertos vivientes (un mundo gris y triste para los seres humanos frente a uno de alegres colores para los muertos, genial idea). Es más, los zombies se ven a si mismos como personas totalmente normales, a la par que sus vecinos vivos son, para ellos, poco más que unos borrones chillones e ininteligibles debido a la lentitud de sus cerebros en estado de descomposición. Simple pero efectivo, ¿verdad? Y es que toda la película se basa en este juego interpretado en clave de comedia. Los zombies piensan que los que les rodean están infectados, y por eso se mueven tan rapido, a la vez que ellos se contemplan como siempre, intentando seguir con sus amoríos, sus entrevistas de trabajo y su afición por la cerveza. Ellos pueden estar bailando de alegría a todo color por una victoria en una partida a los bolos pero la verdad es que sus movimientos espasmódicos y grisáceos solo generan asco y temor en los rostros de los vivos.

Esta doble visión da pie a multitud de escenas que buscan nuestra sonrisa cómplice con los equivocos (facilones en ocasiones), aquí es donde encontramos uno de los primeros problemas de Wasting Away. La repetición del recurso, así como el humor infantil de algunos “gags”, se me presenta algo cansina. Tanto lo reducido de los medios técnicos como del repertorio interpretativo de los actores (todos desconocidos para mí, a excepción de un clásico secundario como Richard Riehle), se convierten en el lastre para el cristalizar de un producto notable. No nos engañemos, los medios son muy limitados. El bajo presupuesto se deja notar de forma omnipresente, aunque quiero dejar claro que cada centavo está bien aprovechado. Imagino lo difícil que habrá resultado para los responsables de esta cinta, conseguir hilar hora y media con un resultado homogéneo y lo suficiente compacto como para impactar al espectador curtido en los mil y un recursos (y tópicos) del cine zombie. Sin embargo toda opera prima esta plagada de fallos y “tics”. Wasting away no se salva de estos molestos fallos; para que me entendáis os daré un ejemplo:

En Wasting Away los borrachos, debido a la lentitud de sus procesos cerebrales (je je je), perciben y entienden a la perfección a los muertos vivientes. Pues bien, existen tres escenas que usan este leitmotiv para generar bromas y gracias; desgraciadamente todo se queda en lo divertido de la idea, porque la resolución lastrada por las interpretaciones muy justas de los protagonistas, así como el ritmo, en ocasiones, ralentizado de la película, no consigue convencernos por mucho que sea el esfuerzo. Lo peor, es que esta forma sosa de presentar las ideas ocurre en demasiadas ocasiones como para obviarlo.

Sin embargo, y como hecho positivo, todas estas buenas ideas crean una aureola de simpatía que se extiende a lo largo de todo el metraje. Supongo que para el espectador “novel” en el mundillo de los muertos vivientes, la mayoría de las escenas y escenarios les parecerán intrascendentes, tirando a patéticos. Incluso he leído muchas comparaciones odiosas con producciones de la Troma, bueno, puede que el continente se asemeje por el humor y la falta de medios con las producciones de la mítica Troma, pero el contenido brilla con luz propia debido a su originalidad. No obstante, el espectador cansado de ver películas de zombies deambulando por pantalla sin más objetivo que devorar carne humana, se sentirá como en la casa de siempre, pero totalmente redecorada. Detectará los pequeños homenajes, odiará a ciertos humanos execrables, disfrutará con la bolera bajo los grises plateados y sonreirá con aprobación cuando se cierre el viaje de nuestro grupo de amigos infectados, en unos últimos fotogramas que al raro de la clase le proporcionaran una preciada sensación de camaradería (sobre todo por esa música feliz que resume toda la intencionalidad del guión). A un servidor, le ha gustado mucho el uso de los colores ó su ausencia, quizá le faltaron momentos de mayor intensidad en carcajadas y terror (olvidaros de las sensaciones fuertes, esto es una comedia pura y dura). Pero vamos, que muchas veces uno se plantea lo que un proyecto hubiera podido ser con más medios y no encuentra una respuesta satisfactoria.

Recalco que para juzgar honestamente esta producción hay que ser muy conscientes de que estamos ante un producto de bajo presupuesto, su intencionalidad no es codearse con, por ejemplo, Daybreakers.

Si obviamos todos esos fallos de principiante, la aliteración excesiva, el ritmo desigual, las actuaciones esforzadas pero sencillas (a excepción de una preciosa Vanessa interpretada por Julianna Robinson, pero creo que aquí hablan mis gustos sobre mujeres) y el humor infantil que toma lo peor de la famosa serie de TV Friends, tenemos un producto que pega una bofetada en las narices a todos aquellos que argumentábamos que la figura del zombie no da más de sí en los tiempos que vivimos y dinamita la opinión, generalizada dentro del cine de terror, acerca de que los muertos vivientes solo sirven para entretener un rato y gracias. ¡No! Aun queda mucho que pensar y sentir cuando en nuestro televisor una mano surja de la tumba exigiendo su lugar en nuestro imaginario. De momento yo me he quedado pensativo, preguntandome ¿quien está más vivo? ¿Nosotros recostados en nuestros sofás impávidos ante las injusticias que nos rodean ó ellos, qué juntos avanzan hacia delante aferrándose a la vida con garras y dientes…?

Lo mejor: La simpatía general que despertará a los aficionados de la temática zombie, así como lo original y fresco de su perspectiva en la materia

Lo peor: Como comedia flojea por la levedad de sus chistes y ocasionalmente el ritmo también se atasca

¿Dónde conseguirla?
Gore Nation: “Wasting Away” en VOSE.

The Crazies

Cuidado con lo que bebes

The Crazies

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  • Título original: The Crazies
  • Nacionalidad: EEUU | Año: 2010
  • Director: Breck Eisner
  • Guión: Scott Kosar, Ray Wright
  • Intérpretes: Timothy Oliphant, Radha Mitchell, Joe Anderson
  • Argumento: Un accidente de avión infecta las aguas de un tranquilo pueblo condenado a desaparecer.

60 |100

Estrellas: 4

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1.-INTRODUCCIÓN:

He de reconocer que durantes estos días en que una nube de ceniza y polvo ha estado a punto de colapsar las comunicaciones europeas, mi mente febril ha estado elborando futuros guiones catastrofistas y, a veces algo delirantes: restos químicos almacenados en el fondo de los volcanes que provocan el tan creíble escenario de GUERRA MUNDIAL Z o como pasó en Indonesia hace más de 200 años que los cielos de Europa se oscurecieron durante meses – una curiosidad, durante esos meses P.B. Shelley y su mujer Mary Shelley desarrollaron el germen de lo que luego sería la novela de “Frankenstein”- y, por supuesto, la conspi-paranoia sobre la acción o no de la mano del hombre en la citada erupción.

PhotobucketAsí que, que mejor momento para hacer una reseña de THE CRAZIES y hablar de cómo ciertos accidentes naturales y/o provocados pueden acabar con poblaciones enteras. Porqué, por desgracia, y como casi siempre, la realidad supera siempre la ficción; y si no acordaros de las pruebas atómicas en Nuevo Mexico (que sirvió de inspiración para Las Colinas Tienen Ojos), o el hecho de que desde el espacio se puede ver el fulgor de los miles de desechos radioactivos en el Cañon del Colorado … y eso sólo centrándonos, y por encima, en los EEUU. Estos son el tipo de datos que hacen que una película como esta tengan un cierto punto de terrorífica credibilidad.

2.-LOS RESPONSABLES:

El director BRECK EISNER no tenía demasiada experiencia que digamos en este tipo de películas. En su CV constan un par de producciones televisivas y la entretenida SAHARA, así que le doy más mérito por haber sabido acometer un proyecto como este desde un punto de vista tan apocalíptico y salvaje, pero sin olvidarnos del confuso último tercio de la película del que ya hablaré luego. Ahora mismo se encuentra preparando otro remake, el de FLASH GORDON. Digo otro remake porque The Crazies, como me imagino que sabréis todos los miembros de almasoscuras, está basada en la obra homónima de George A.Romero, que no he visto, con lo cual no voy a hacer comparaciones.

La BSO de Mark Isham y la fotografía de Maxime Alexandre (este último habitual de Alexandre Ajá) ayudan a crear una atmósfera que pasa del tranquilo ruralismo de un pueblo cualquiera, a la opresión y el despliegue visual del “Plan de Contención” y sus consecuencias.

En cuanto a los actores no hay ninguna queja: Timothy Oliphant en su nivel habitual, es decir bueno, a Radha Mitchell (Pitch Black) siempre es un placer verla en pantalla y entre los secundarios destacaría al desconocido, para mi, Joe Anderson como el leal ayudante del sheriff. No olvidarnos del homenaje al original con la breve inclusión de Lynn Lowry (acrtriz de la original de Romero) en un cameo bastante surrealista.

3.-LA PELÍCULA:

PhotobucketOgden Marsh es uno de esos pueblos norteamericanos en los que nunca pasa nada, tan pequeño que todo el mundo se conoce, todos van al partido de la liga regional de baseball, todos van a las bodas… un coñazo, vamos. Tan aburrido que el Sheriff (Olyphant) y su ayudante (Anderson) no suelen tener más problemas que controlar que los cazadores borrachos no se peguen un tiro en el pie, o decirle al hippy local que esconda un poquito más sus “plantas“. Por eso, cuando en mitad del primer partido de la liga aparece el borracho oficial del pueblo con una escopeta nadie se lo puede creer, y menos cuando todo el mundo ve que el Sheriff le tiene que pegar un tiro, en defensa propia, entonces algo comienza a perturbar la modorra en la que viven. Aún más cuando uno de los granjeros locales, querido y respetado por todos, le pega fuego a su casa, con la familia dentro, y se confirma que el borracho ha dado 0,0% de alcohol en la sangre. Evidentemente el sheriff & co. se dan cuenta de que algo no va bien en el pueblo, pero no tienen ni la menor idea de qué, hasta que unos cazadores muy grillados encuentran un paracaidista muerto en un pantano y eso le lleva a las autoridades a encontrarse con un avión accidentado y sumergido en uno de los rios que abastece de agua al pueblo.

PhotobucketEn ese mismo momento da inicio el citado “Plan de Contención”, que significa que un montón de soldados protegidos con trajes anti-todo y armados hasta las cejas toman el pueblo, seleccionan a los sanos, separan a los que tienen fiebre y se cepillan a cualquiera que no obedezca las órdenes. Y como es de suponer, si no la película no sería igual, todo se va al carajo y los infectados toman el pueblo. A partir de aquí el hilo argumental se centra en la supervivencia del Sheriif y su mujer embarazada, su ayudante y una empleada de la mujer. Y la película comienza a perder cierta entidad, dejándose llevar más por los fuegos artificiales que por la historia en sí.

4.-MI VALORACIÓN:

Tengo que reconocer que los primeros 40 minutos de la película son absolutamente frenéticos y muy impactantes, con un ritmo vertiginoso que te impide apartar la vista de la pantalla; de hecho, si la película hubiese conseguido mantener este nivel sería un peliculón, pero por desgracia no es así. El director se deja llevar por la pirotecnia y las coincidencias imposibles, fruto de un guión no demasiado pulido, haciendo que parezcan dos películas en una. Y esto la desvirtua bastante, especialmente en el último tramo en el que todo va a la carrera y nos demuestran que el sheriif y su mujer (embarazada) son más duros de matar que John McClane en las 4 Junglas de Cristal juntas.

Aún así merece la pena verla para pasar un rato entretenido, disfrutar de ciertas escenas sorprendentemente crueles y gore para una película con ambiciones comerciales y, seguramente, olvidarla antes de lo deseado.

Lo mejor: Los primeros 40 minutos

Lo peor: La confusión que se apodera de la película en el segundo tramo.

The Reeds

Los Juncos no dan Miedo

THE REEDS

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  • Título original: The Reeds
  • Nacionalidad: Británica | Año: 2009
  • Director: Nick Cohen
  • Guión: Chris Baker
  • Intérpretes: Anna Brewster, Geoff Bell, Daniel Caltagirone
  • Argumento: Tres parejas se van de excursión por las marismas y les pasa lo que les tiene que pasar.

25 |100

Estrellas: 2

The Reeds

INTRODUCCIÓN:
Con esta película queda ya claro que, exceptuando LAKE MUNGO, el resto del AFTERDARK de este año es tirando a más que pobre; de hecho habiendo visto películas como SICK GIRL o CRUSHED, no entiendo muy bien el criterio selectivo del mismo, o eso o priman otros intereses y tendremos que pensar mal… Y en el caso de THE REEDS el desperdicio de metraje es aún más hiriente y frustante, tiene demasiados elementos en común con otra película, TRIANGLE, y me fastidia especialmente que un género tan poco explotado, como es el de terror a bordo de un barco/bote/canoa/cayuco…, siga sin encontrar su gran película. De hecho yo estaba convencido de que esta visión británica sobre el tema, ambientada en marismas remotas, iba a dar mucho juego. Pero no, se queda en un quiero y no puedo lamentable.

RESPONSABLES
Cuando empiezo a ver una película y, aparte de unos títulos de crédito mega-cutres, ves que hay más productores, ayudantes de produción, productores ejecutivos que actores (y eso que son unos cuantos) la sensación que me invade es la misma que cuando un “colega” te quiere vender un Rolex por 10 mauros, es decir, tocomocho y falta de medios. Casi todos los actores, con la excepción de Geoff Bell (omnipresente en casi cualquier película británica), el resto vienen de la TV y de ser secundarios en películas de serie-b, y se nota. En cuanto al director, Nick Cohen, también viene de la pequeña pantalla y de hacer películas con títulos tan “sugerentes” como Voodoo Lagoon. De todas formas se nota que él lo intenta, pero entre el confuso guión y su inexperiencia la verdad es que se queda a medias.

LA PELÍCULA
The Reeds arranca con un asesinato a sangre fría que te sorprende, así de entrada, y luego pasa a presentarnos a 2 parejas de hooligans ingleses, y sus novias, y otra pareja “arreflada” para la situación; él es menos capullo y más fumeta y ella tiene más carácter que el resto juntos. El plan es el siguiente: alquilar un bote y pasar el día haciendo botellon en una marisma enorme llena de juncos (de ahí lo de Reeds) de camino a una especie de casa rural donde van a pasar el fin de semana.

Cuando llegan a por el bote se encuentran con que el desagradable encargado les ha dado su reserva a otra gente, así, por todo el morro, y les ofrece uno un poco más pequeño, el Corsair Star, pero en buenas condiciones. El grupo acepta y cuando van a recogerlo se encuentran con una pandilla de canis con pintas muuuy chungas que no les dejan subir al barco. Para evitar posibles spoilers sólo diré que una de las chicas les “convence” para largarse.

Al principio todo va como la seda, salvo algún roce entre el fumeta tranquilo y los hooligans cerveceros, hasta que, Oh, sorpresa!!!, se pierden y se hace de noche. pronto comienzan a ver sombras sospechosas, reflejos imposibles, a los macarras que parece que les están siguiendo y, de buenas a primeras, fantasmas de ellos mismos. Le sumamos un accidente pelín ridículo (una pregunta. que posibilidades tiene alguien de sobrevivir con una barra de hierro del tamaño de un bate de beisbol que le atraviesa la espalda??, al parecer mucho) y ya tenemos el meollo planteado.

The Reeds Así contado tiene hasta buena pinta, pero no; y el problema es que el director y los guionistas quieren abarcar mucho y no pueden, o no saben, con lo que nos queda una película bastante chapucera, confusa y con el, probablemente, peor final que recuerdo en los últimos años. A estas alturas ya no vale con las ganas y el entusiasmo, a una película de este tipo hay que exigirle un mínimo de coherencia y si no puedes contar todo lo que habías pensado, pués tijeretazo y a centrarse en una de las varias ideas que deambulan por la pantalla.

CONCLUSIÓN
Al director se le juntan demasiadas ideas: que si fantasmas, crios que aparecen y desaparecen, un psicópata suelto (más previsible que el ABC), giros temporales, acción…y no es capaz de darles la más mínima cohesión. Si os soy del todo sincero esta no la recomiendo ni para pasar el rato, ni siquiera para ocupar espacio en el disco duro. Creo, además, que le pongo esta película a un crio de 8 años y pasa menos miedo que con las novelas de R.L. Stine. Es mejor volver a ver TRIANGLE para quitarse el mal sabor de boca, o la infravalorada DONKEY PUNCH.

Lo mejor: Estoooo, los 15 primeros minutos, tal vez

Lo peor: Casi todo, pero especialmente el final

The Final

Nos vemos en septiembre

The_Final_Review_Poster

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  • Título original: The Final
  • Nacionalidad: USA | Año: 2010
  • Director: Joey Stewart
  • Guión: Jason Kabolati
  • Intérpretes: Marc Donato, Jascha Washington, Whitney Hoy
  • Argumento: Los guapos y populares del instituto asisten a una fiesta muy especial, donde sus compañeros marginados y maltratados han planeado la más macabra de las venganzas sobre sus torturadores

40 |100

Estrellas: 2

El festival After Dark, del que todos los amigos de Almas sois plenamente conocedores, está plagado de experimentos fallidos. Tras cuatro ediciones nadie puede negar que genera más expectativas de las que cumple. Pese a este comentario lapidario y negativo, no escondo mi atracción por el festival en si. Ocho películas al año, rebuscadas entre las producciones independientes de medio mundo con escasa oportunidad de distribución internacional. Acertado parcialmente en sus adquisiciones, solo la intención del festival justifica su existencia. Sin embargo, dicha intención se convierte, al final y para disgusto del espectador, en paradigma ejemplar de los errores endémicos que sacuden al cine independiente de terror: Buenas ideas y propósitos desperdiciados por autocomplacencia y falta de seriedad, energía ó recursos.

Sí, desgraciadamente, The Final padece los mismos males; una idea interesante a priori, cuya resolución es tan pobre de desarrollo y potencia que se convierte en un visionado agónico. No todo es intragable en esta película de venganzas juveniles tamizada por el filtro Saw tan en boga (me niego a usar el termino Torture-porn, puesto que hasta que no se me demuestre la existencia científica de este subgénero yo no creeré en el), algunos de los momentos vividos a lo largo de la hora y media de metraje hacen sospechar de unas aspiraciones muy altas por parte del equipo que rodó The Final. Parece como si las ganas de contar una historia sobre el polémico acoso escolar (ó bullying), estuviesen allí pero al meterse en harina, el director y el guionista hubiesen reculado por miedo, precisamente, a la polémica. Quedando el resultado final en uno de esos insulsos cafés con leche de máquina que causan más daño físico que beneficio.

Los chicos guapos y deportistas del instituto disfrutan de sus días de vino y rosas. Un polvo con la jefa de animadoras, estrenar el coche que su padre le ha regalado, romperle las gafas al raro de la clase…

Las chicas bonitas y populares del instituto apuran cada segundo de su época de gloria en el recinto escolar: Poner caliente al jugador estrella del equipo de rugby con sus cortitas minifaldas, vomitar cualquier exceso calórico y marginar a la fea que lee comics manga…

Los chicos marginados e impopulares del instituto cuentan las horas que les quedan para que suene la campana y puedan huir del infierno que los matones crean a diario por y para ellos…

Las chicas tímidas y solitarias del instituto contienen las lagrimas de rabia mientras el profesor escupe sus conocimientos sobre la pizarra, solo quiere irse a casa para olvidar que las únicas miradas que recibe de los chicos son de desprecio y asco…

Un día normal en cualquier instituto norteamericano, al menos hasta que un grupo de jóvenes que son constantemente sometidos a las burlas y vejaciones de sus compañeros más fuertes y poderosos, realizan un pacto. Han alcanzado el punto de no retorno, su vida no vale nada y solo hay una cosa que justifique seguir respirando una noche más: Enseñar a esos bastardos que los maltratan y acosan el significado de “infierno personal”, una venganza cuyo resultado no importa mientras por el camino inflingan todo el daño posible a sus torturadores.

¿La trampa? Una falsa fiesta en una cabaña. ¿El cebo? El alcohol, la diversión, el sexo; en definitiva, el ego de los populares del instituto. ¿Los cazadores? Varios chicos disfrazados, fuertemente armados y con el cerebro lleno de escenas de sus películas favoritas de terror que recrear

Los párrafos anteriores podrían ser la sinopsis oficial de la opera prima del director Joel Stewart. Como es habitual en cualquier sinopsis (incluso aquellas en las que me tomo, tal vez, demasiadas licencias líricas), el uso de la realidad y de lo mostrado en la película, es un poco tramposo. Todo lo resumido es expuesto en la primera mitad de The Final, cuarenta minutos donde el guionista Jason Kabolati tiene vía libre para adentrarse en los recovecos mentales de unos chicos a los que, de una forma u otra, les importan muy poco sus compañeros. Personajes que pedían a gritos una exploración profunda y degradada de la amoralidad social que padecen. Sin embargo tanto el director, como el guionista y los muy justitos actores, se dedican a realizar círculos alrededor de la cuestión ética tan atractiva que plantea el argumento, pero sin acercarse un milímetro a ella. Estos círculos se conforman con breves escenas poco coherentes entre sí, que ni demuestran porque están tan hundidos los maltratados, ni porque son tan cretinos los maltratadores. Alguien podría argumentar que, como en la realidad, no siempre es necesario buscar un clima psicológico “razonable” para la tormenta de collejas que sufren algunos muchachos en la escuela. Me parece un buen argumento, pero con este enfoque los responsables de la cinta deberían haberse centrado más en los abusos, en la ira, en el odio, en la irracionalidad de moler a palos a un ser humano tan valido como el que más, y menos en usar media película para darnos ligeras pinceladas sobre unos personajes maltratados que solo parecen almas en pena, por la desgana con la que se pasean por pantalla. Esta claro, los productores (¡El director y guionista!) tienen un miedo atroz a que su película sea censurada y bloqueada en Estados Unidos por lo polémico que resulta el tema del acoso escolar en la “tierra de la libertad”. Este miedo será mucho más patente e hiriente (para ti, sufrido espectador) en la segunda mitad de The Final. Claro que tampoco me extraña dicho temor a la censura cuando resulta que la propia distribuidora, Lionsgate, no va a usar el poster que veís en la reseña por considerarlo demasiado violento. (Gracias a elniniodecristal por este apasionante dato sobre la censura en los montajes del photoshop)

Me resultó muy molesta esta falta de intensidad psicológica, así como la mogijateria demostrada por Joel Stewart en cualquier hecho violento relatado. Creo que una película independiente era el mejor patio de recreo para exponer la desagradable situación que viven en sus clases (ó celdas según prefiraís) muchos jóvenes norteamericanos y, por culpa de la dichosa globalización, otros no tan norteamericanos. Una apuesta por retorcer hasta el límite las ideologías de los personajes y sus reacciones ante la violencia, en lugar de crear sombras de cartón piedra; hubiera generado una atmosfera más terrorífica. Precisamente esa que se nos trata de vender en sus trailers, postres y promociones.

Como ya os comentaba, es en la segunda mitad de The Final cuando toda duda que pudiésemos albergar sobre la película se disipa. “Es un quiero y no puedo”, nos vemos obligados a musitar apenados. El “ojo por ojo” al que se prestaba una fiesta donde los marginados del instituto, libres ya de cadenas morales, tienen encadenados a sus odiados enemigos, daba para una orgía demoledora de violencia psicológica ó física. La dinámica del film la pedía a gritos, chicos cuyas vidas carecen de sentido no pueden ser tan apáticos e inconexos. Aquí luce en todo su esplendor el miedo de los responsables de la cinta. No vais a visualizar nada políticamente incorrecto, nada realmente cruel. Cero tensión en escenas rodadas con la sabia intención de introducirlas en un trailer que atraiga a los fanáticos de Saw. Una patética edición que hace por momentos plantearse cuantos chicos hay en la cabaña intentando vengarse. Una banda sonora boba y adolescente (¿Tan difícil resulta tratar los tópicos desde una perspectiva fresca y diferente?) La transición entre escenas de exterior a interior es digna de un programa de humor y no de una obra de cine de horror. Los actores ocupan su tiempo en primer plano dando discursos repetitivos y de escaso contenido, ó derramando lágrimas sin creerse ni la mitad de lo que dicen; solo rescataría a Lindsay Seidel que interpreta a una pseudogótica, con cara de muñequita, llamada Emily ….y así podría rellenar hojas y hojas, con tontunas como estas, pero dejaré a un lado mi fastidio ante un nuevo paquete de ideas tirado al retrete, por lo que creo, la falta de valor de todo un equipo de rodaje.

Parece increíble la considerable cantidad de experiencia poseida por el director como asistente de dirección en bastantes películas y capítulos de series para televisión, algo malas eso sí, destacando negativamente su participación en… WalKer, Texas Ranger; sobre todo, cuando uno tiene que tragarse el patético uso de cuchillos retractiles, sin una mísera gota de sangre, como arma mortal, en un plano casi cerrado. Y aunque técnicamente el hombre se defiende con algún truco estético, especialmente al principio de la fiesta de la cabaña ó el intento por ocultar los rostros de los padres de los chicos marginados ó el pretencioso uso del blanco y negro en la secuencia inicial; el resultado final de su opera prima resulta frío y tedioso hasta llegar al ansiado final, que por chapucero, corrido e innecesario no merece más comentario.

Una mención especial merecen las apariciones de dos actores secundarios adultos que todavía no alcanzo a entender. ¿Qué sentido tienen para la trama? ¿Qué sensaciones nos trasladan? ¿Son un recurso cómico? ¿El contrapunto a la omnipresente adolescencia del film? Me lo pienso dos segundos, ummm…¡Ah sí! ¡El policía y el veterano de Vietnam son los personajes ideales para rellenar quince minutos de guión! ¡Bien, menos qué pensar! Estad atentos a sus apariciones si decidís darle una oportunidad a este nuevo fallo del After Dark Festival 2010. Desde luego, yo me quedo con obras como Tormented, menos pretenciosas, con un tratamiento más cínico y mucho más entretenidas.

Acercaos solo completistas del After Dark ó personas muy interesadas en el fenómeno del “bullying” (aunque seguramente os resulte más aprovechable el documental sobre la masacre de Columbine de Michael “Progre” Moore). Tal vez porque crecí y aprendí en un instituto donde mis únicas preocupaciones eran aprobar latín y mirarle el culo a la compañera que lucía una camiseta de Poison, pero sea por lo que sea, a servidor no lo veréis tragarse otra producción de este tipo hasta dentro de muchos cursos lectivos.

Lo mejor: La intención de contar una historia polémica desde una perspectiva terrorífica.

Lo peor: Unos secundarios "externos" que protagonizan escenas ridículas, así como la falta de ritmo y violencia en todo el metraje

Zombies of mass destruction

Muertos vivientes con ideología política

Zombies Off Mass Destruction

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  • Título original: Zombies Of Mass Destruction
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Kevin Hamedani
  • Guión: Kevin Hamedani, Ramon Isao.
  • Intérpretes: Janette Armand, Dough Fall, Cooper Hopkins, James Mesher, Cornelia Moore.
  • Argumento: Port Gamble es una idílica localidad de la costa oeste. Todos los vecinos se conocen entre sí y se saludan por la calle. Un lugar seguro, acogedor y, sobre todo, muy americano. Es en este clima “apacible” donde, de repente, irrumpen los zombies.

65 |100

Estrellas: 4

Zombies off mass destruction

Zombies of Mass Destruction es otra película más de zombies que mezcla con desigual fortuna el terror y el humor. Esto no significa que sea una película fallida, pero sí un ejemplo de lo complicado de que esta unión de géneros funcione. De mayores ambiciones que Zombieland en cuanto a concepción, desde mi punto de vista no llega a la altura de Shaun of the Dead, que quizás sea la más equilibrada de las tres en cuanto al resultado final.

Zombies of Mass Destruction se presenta como un interesante fresco de la sociedad americana contemporánea y, como buena investigación sociológica, coge un segmento representativo de la muestra. Se centra en Port Gamble, comunidad reducida, y dentro de la misma, en una serie de personajes con su historia particular. Sin duda, una de las grandes bazas de la película son sus personajes y sus actores, caracteres bien definidos y dibujados, con una buena historia que contar, y bien interpretados. Cada uno de ellos representa un tema candente de dicha sociedad.

1. Política: el alcalde Burton (James Mesher), republicano, que siguiendo el espíritu más puro del sueño americano sale a la calle a hacer campaña entre sus vecinos, pidiendo el voto para su reelección. Así, se entera de primera mano que Cheryl Banks (Cornelia Moore), maestra de la escuela local y de ideología demócrata, va a ser su rival.
2. Religión: El reverendo Haggis (Bill Johns), como todo buen sacerdote contemporáneo, está escandalizado porque cada vez menos parroquianos acuden a oír sus sermones.
3. Racismo: La iraní Fridda (Janette Armand), acaba de volver de Princeton, después de conseguir escapar de Port Gamble, y se incorpora al trabajo con su padre Ali (Ali Hamedani) en el bar. Para el resto de sus vecinos, siempre será la vecina “irakí”. A nivel personal, Fridda, nacida en Estados Unidos, tiene un problema de identidad: rechaza y sigue, a partes iguales, sus raíces.
4. Homosexualidad: Tom (Dough Fall) se ha decidido por fin a presentar a su novio a su madre y, de paso, salir del armario. Por eso, lleva a Lance (Cooper Hopkins) a su pueblo natal, con la idea de cenar, dar su mensaje y volver a Nueva York en el primer ferry de la mañana.
5. Paranoia: Brian (Andrew Hide) soporta, como puede, a sus padres, republicanos enloquecidos, y se alegra de volver a ver por su pueblo a Fridda.

Al igual que sucede en Shaun of the Dead, y aunque parezca un asunto de perogrullo, el estallido zombie sirve para algo. No es un fin en sí mismo, sino que supone un revulsivo en las historias:

1. Política: el alcalde Burton intentará llevarse a su terreno la gestión durante la plaga zombie, sacando tajada política de ello, mientras que Cheryl, su rival, representará el sentido común (parece clara la ideología política del director, Kevin Hamedani).
2. Religión: el reverendo Haggis achaca, por supuesto, la invasión zombi al actual laicismo social, e intentará, de un modo “salvaje”, contribuir a su aniquilación.
3. Racismo: en cuanto el tema zombie salta a los informativos, se da por hecho que debe tratarse de un ataque terrorista. Fridda, iraní, será la primera en ser perseguida por sus vecinos más “republicanos” (iraní, irakí… a ellos les da igual, es extranjera y de Oriente Medio, con esto basta).
4. Homosexualidad: Tom y Lance sufren su condición sexual tanto a nivel metafórico –la conversión de la madre de Tom- como a nivel real… (la escena de la Iglesia, dejémoslo ahí).
5. Paranoia: Brian tiene la oportunidad de librarse del peso “republicano” de su familia gracias a esta situación inusual.

Pero no acaban ahí las cosas: el final de la película, el epílogo, es brillante y demoledor. Si bien, como se desprende de lo detallado hasta ahora, el punto de vista de la película es un poco partidista y sesgado –sí, lo es, pero lo cierto es que en los informativos están a la orden del día este tipo de cuestiones, por lo que, más allá del tópico, me las creo y las comparto en parte-, en la escena que cierra la película se supera cualquier ideología y concepción más tópica, salvando de la “quema” sólo a un par de personajes, mientras que el resto acaban siendo víctimas o del ambiente opresivo de un pueblo pequeño o del “american way of life”; esto es, en última instancia, lo que se quiere criticar.

Por tanto, me parece admirable la construcción de la película, lo bien pensado que está casi todo en ella, y el uso de tanto recurso narrativo con una intención muy clara: contar una historia con un mensaje y desde un punto de vista.

Sin embargo, la película es de bajo presupuesto, y se nota. Abunda la sangre y el gore, y aunque algunos efectos están realmente bien conseguidos, la mayoría de las veces “ves” el efecto especial (no lo ves, literalmente, pero me pasé toda la película suponiendo cómo estaba hecho, algo que no me suele pasar). Asímismo, todo el buen hacer y la sabiduría que han empleado para la construcción más teórica de la película, la arriba detallada, no se corresponde con la realización práctica de la misma. Hay poca elaboración en los momentos de terror, suelen tener un esquema bastante básico y repetitivo (una irrupción inesperada de un zombi) y, al final, cuando se hace recuento, se hecha de menos una gran escena, de estas en las que uno se quita el sombrero y exclama “¡momentazo!”. Respecto al sentido del humor, me parece lo más discutible de toda la función. Hay un par de chistes buenos, pero en muchas ocasiones se bordea el humor tonto o ridículo. A mí, personalmente, este tipo de coñas me hacen mucha gracia, pero creo que en este contexto, donde hay temas bastante serios y, sobre todo, inteligentes, lo único que se consigue es devaluar lo de alrededor.

Como valoración global, creo que es una película que vale la pena ver, con todos sus “peros”. Los fans de Romero agradecerán que estos zombis sean de su escuela: caminan lento y están podridos y, como en sus mejores obras, cuando llega el final descubres que los humanos son como los zombis, en el peor sentido de la palabra –suponiendo que tenga un sentido bueno. Y es un buen ejemplo de cómo con bajo presupuesto, sin pretender inventar nada, se puede contar una historia. Es cierto que aquí han estado a punto de superar con inteligencia la carencia de medios y no lo han conseguido, pero también lo es que han intentado disparar muy alto.

Lo mejor: Que nada es gratuito: todo sirve para algo.

Lo peor: Quizás, lo puramente “terrorífico” es lo más flojo.

¿Dónde conseguirla?
Gore Nation: “Zombies of mass destruction” en VOSE.

Vampire Girl vs Frankenstein Girl

Dos chicas empapadas de rojo

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  • Título original: Vampire Girl vs Frankenstein Girl
  • Nacionalidad: Japón | Año: 2009
  • Director: Yoshihiro Nishimura, Naoyuki Tomomatsu
  • Guión: Naoyuki Tomomatsu
  • Intérpretes: Yukie Kawamura, Eri Otoguro, Eihi Shiina
  • Argumento: Monami es una chica vampiro que en el instituto se enamora de su compañero Mizushima, por desgracia, este también es el objetivo de los deseos de Keiko, la hija de un loco y malvado doctor.

65 |100

Estrellas: 3

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De nuevo a la carga con esta reciente muestra del splatter japonés más bizarro, exagerado, cómico y sangriento. Vampire Girl vs Frankenstein Girl se une al muy activo género de japonesitas guerrilleras cubiertas de rojo y sin escrúpulos, para causar el mayor daño a sus enemigos sea disparando pechos-misiles, rebanando miembros con katanas, usando su propia sangre como arma ó con sencillos cyberimplantes que disparan afilados penes.

Esta clase de producciones están poco a poco ganándose un hueco propio en el cine fantástico japonés (donde este tipo de bizarradas tienen una rápida aceptación por las referencia clásicas a otros géneros muy amados por los orientales como todo lo relacionado con los “mechas”: lo que para occidente sería un cyborg) y siguen dejándonos a los occidentales perplejos, extrañados y, en ocasiones, encantados. Aparte de la película aquí reseñada, las últimas producciones que enarbolan la bandera del splatter japonés como su máximo exponente podríamos citar Samurai Princess, The Machine Girl ó Tokio Gore Police. Las cintas citadas tienen tantos puntos en común que casi se podría hacer la misma reseña para cada una de estas películas. De hecho, los responsables de efectos especiales, guionistas, directores y, hasta algún actor, suelen ser los mismos alternándose tareas, ya sabéis que los japoneses son una raza muy aplicada y organizada que consiguen sacar oro de las piedras. Para este análisis intentaré centrarme en los elementos diferenciadores de VG vs. FG con respecto a sus antecesoras, aunque ya adelanto en estos primeros párrafos que los que disfrutasteis con los anteriores trabajos de Yoshihiro Nishimura (responsable en efectos especiales de decenas de películas muy sangrientas y director de la destacada Tokio Gore Police), estáis obligado a visionar a estas dos atractivas jovencitas cometiendo unas atrocidades espectaculares que han sido muy bien representadas en pantalla.

Monami es la chica nueva del instituto. Guapa pero callada apenas llama la atención hasta que el día de San Valentín, se atreve a regalarle bombones a Mizushima, el guaperas de la clase (Japón: El mundo al revés, las chicas regalan bombones a sus enamorados). Desgraciadamente Keiko, la lider del grupo de lolitas góticas, lleva mucho tiempo detrás de Mizushima y no va a dejar que la chica nueva se haga con su presa.

Por suerte para Monami, ella no es una chica normal. Es una vampira de cientos de años con una fuerza sobrehumana y un apetito voraz por la sangre humana. Usando sus poderes para seducir a Mizushima, así como su enigmática sonrisa, provoca un accidente en el que Keiko resulta muerta. Sin embargo, el padre de la joven muerte es un científico loco (vestido como los actores Kabuki) que con la ayuda de su sexy enfermera psicópata descubre el método para devolver a su hija a un estado de vida mecánica.

Es ahora cuando la chica vampiro y la chica Frankenstein comienzan una batalla despiadada en un instituto plagado de chicas adictas a cortarse las venas y pandillas obsesionadas con ser de raza negra (la más funky del planeta), usando cualquier parte de su cuerpo y cualquier sangrienta estrategia para conseguir el cariño de un confundido Mizushima.

Os aseguro que el argumento es el que os he contado (muy cercano a la sinopsis oficial). No me he tomado nada raro y la demencia senil todavía aguarda en el horizonte de mi vejez. De todos modos y pasado el interés inicial por los conceptos expuestos en el guión de VG vs FG, uno se da cuenta rápidamente del vacío argumental que se nos presenta en pantalla. La historia se presenta como tal en los primeros minutos de metraje, no existe desarrollo de ningún tipo más allá de que la muerte de Keiko y su resurrección desencadena la gran batalla final. Este punto negativo, así como otras virtudes, son el resultado evidente de la inspiración directa de este film en el manga homónimo de Shungiku Uchida.

Siempre me ha parecido que los mangas son muy estáticos, presentan bonitas escenas, agradables momentos, cómicas situaciones pero “a tirones”. Pues esto es lo que sucede con la línea narrativa de VG vs. FG, prácticamente es una sucesión de espectaculares viñetas pero sin tener una conexión profunda entre ellas. Todo es una excusa y está al servicio del espectáculo visual gore. En todo caso destacaría el pequeño giro final, predecible en cierto momento de la relación Monami y Mizushima, no muy original pero simpático y acorde con la personalidad desenfadada de la chica vampiro. También los personajes están bien caracterizados y perfilados dentro de su exageración (por momentos uno cree estar viendo una película de Troma, sobre todo las escenas protagonizadas por las chicas Ganguro, las aficionadas a parecerse a gente de color); no obstante una vez presentados estos personajes, solo la chica vampiro tiene algo de “tridimensionalidad”.

En resumen, el guión son cuatro hojas a una sola cara, algo en común con el resto de las muestras del splatter japonés. Lo siento por el señor Tomomatsu responsable del mismo, pero su trabajo ha sido mínimo (tampoco es que otros trabajos suyos como Zombie self defense force ó Stacy destacasen por un buen guión)

En este punto, me gustaría puntualizar que este camino de realizar películas con la estética de la nueva carne, muy moderna y colorida visualmente, pero con una historia tan vacía; llegaran a cansar muy pronto al espectador. Curiosamente (y me parece curioso por ser del mismo director) Tokio Gore Police, también basada en un manga, destaca por encima de sus hermanas debido a una mayor profundidad de conceptos y desarrollo de personajes. Creo que el camino a seguir para este tipo de cine, es el marcado por TGP, no por la chica chupasangres y la chica escupetornillos. Y es que una vez superada la sorpresa al visionar tú primera película de este estilo, el resto van impactando menos y olvidándose antes.

Afortunadamente, también contamos con los elementos positivos necesarios para que VG vs. FG sea una experiencia, cuando menos, destacable. Al fin y al cabo, no creo que nadie se ponga a ver esta producción esperando ser deslumbrado por el desarrollo argumental.
Todos los medios del film están destinados a ensalzar las sanguinolentas escenas que se reparten profusamente por todo el metraje. Observamos un buen presupuesto detrás, y es que a pesar de algunos efectos CGI que chirrían (vale, es obvio que sus autores los introducen de una forma cutre para generar una sensación humorística), Yoshihiro Nishimura se ha salido con los efectos, las desmembraciones y especialmente el uso de la cámara y luces para destacar los chorros de sangre que son omnipresentes y eternos por momentos. Es más, si tuviera que nombrar al mejor actor de la película diría sin dudarlo la hemoglobina. Es inevitable quedarse hipnotizado frente a la pantalla, como una polilla ante una luz, en según que escenas. Me encantó un momento nocturno (especialmente porque escasean, lo curioso es que la película transcurre en su mayor parte durante el día y bajo un sol de justicia) donde la estética de vídeo clip se conjuga con el goticismo tradicional a través de una lluvia de sangre que navega entre lo sensual y lo repugnante. Este esfuerzo en los efectos especiales lastra otros elementos de producción como los decorados, siendo poco variados (casi todo el metraje se desarrolla en el instituto, sus clases, patio y pasillos; llegando a cansar esta escasez de localizaciones). No así la banda sonora que aunque a mi no me acabó de convencer, quizá demasiadas canciones al uso acrecentando la sensación de ver una recopilatorio de video clips, reconozco que destacaba por su variedad, incluso atreviéndose con el flamenco. Tampoco afecta a una edición competente y a una fotografía, que de nuevo esclava de los excesos gore nipones, se encarga de destacar el color rojo con un disparo digital muy elegante. Una fotografía e iluminación que hubiese destacado escenas sexuales de haberlas habido. En el aspecto “picante”, que yo entiendo debería ser una seña de identidad del splatter oriental, VG vs FG es demasiado inocentona.

Insisto, los efectos especiales son los protagonistas principales de VG vs FG, todo el equipo sabía muy bien el público que se acerca a sus películas y lo que quiere: Sangre, sangre y sangre. En este terreno me es imposible encontrar ninguna pega de bulto. Y sorprendentemente, las actuaciones de los actores (que en este caso serían todos comparsas de los efectos especiales) no están mal. Que nadie encoja los hombros. Decir que en una película nipona (especialmente de género y no comercial) los actores no son malos en general, es todo un piropo. Además, las chicas y mujeres que conforman el reparto son de una belleza aplastante, destacando la sexy enfermera ayudante del padre de Keiko. De hecho, tenemos todo un señor cameo protagonizado por esa diosa japonesa llamada Eihi Shiina y protagonista de TGP. Otro cameo muy divertido lo protagoniza Takashi shimizu, director de la saga Ju-on (La maldición), haciendo de profesor de chino sencillamente pasado de rosca.

Y este cameo me lleva al último punto destacable: el humor exagerado, bizarro, bruto y negro como pocas de las películas del estilo que he ido mencionando. Y curiosamente, funciona bastante bien (a excepción de en los momentos “apasionados” entre Monami y Mizushima en los que todo resulta infantil y empalagoso), llegando en algunas escenas a volver realmente loco al espectador. Preparaos para las chicas Ganguro con su obsesión por ser como Obama. Impagable y divertido, y también de un humor muy cercano al gusto occidental.

Como conclusión tenemos una película que no se hace larga (quizás esos momentos puntuales de romanticismo, así como escenas alargadas por alargar, véase el video musical que nos ofrecen el científico loco y la explosiva enfermera), ofrece lo que quiere a un aficionado a las exageraciones bizarras de los japoneses y todo envuelto con correctos adornos a todos los niveles. Los espectadores que lleguen de nuevas a este sub-género del splatter japonés se estarán restregando los ojos durante horas debido a la incredulidad, para los espectadores curtidos, Vampire Girl vs. Frankenstein Girl, será una hora y veinte minutos muy entretenida pero que se olvidará a los pocos días.

Lo mejor: Las escenas sangrientas, bien introducidas y de alto contenido "hemoglobinico". El humor loco, en general funciona.

Lo peor: La falta total y absoluta de una trama que justifique la película.

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Gore Nation: “Vampire Girl Vs. Frankenstein Girl” en VOSE.

Flight of the living dead

Prefiero los zombis a las serpientes

Flight of the Living Dead

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  • Título original: Flight of the living dead
  • Nacionalidad: USA | Año: 2007
  • Director: Scott Thomas
  • Guión: Sidney Iwante, Mark Onspaugh
  • Intérpretes: David Chisum, Kristen Kerr, Kevin J. O'Connor
  • Argumento: Un vuelo comercial de Los Ángeles a París se convierte en una auténtica pesadilla cuando los zombis invaden el avión.

60 |100

Estrellas: 4

En 2006, el espabilado David R. Ellis creyó que sería una genial idea combinar el género de las catástrofes aéreas con el de los animales agresivos (en este caso serpientes). Con el avión y las serpientes en el saco, lo único que le faltaba a su cóctel explosivo era encontrar a un actor con cierto carisma que se implicara en el proyecto (Samuel L. Jackson haciendo de… Samuel L. Jackson) y orquestar una campaña de marketing de tres pares de narices que pusiera la miel en los labios a miles de aficionados en todo el mundo.

Finalmente la cosa no fue para tanto, y Snakes on a Plane (Serpientes en el avión, 2006) fue poco más que un par de secuencias de acción dignas de mención y algún que otro chiste facilón con señora gruesa y serpiente urgando en su refajo.

Afortunadamente todo el esfuerzo de David R. Ellis no fue en vano, y al menos sirvió para que otro espabilado, con menos recursos, se viera iluminado por la santa providencia y decidiera que sería una idea, todavía mejor que la anterior, despegar nuevamente el avión y sustituir a las serpientes por muertos vivientes. La fórmula de explotar el exploit, o el exploit al cuadrado.
Es segundo espabilado en cuestión responde al nombre de Scott Thomas, y su Flight of the Living Dead: Outbreak on a Plane (también conocida como Plane Dead) promete un vuelo nada apacible, con una tripulación poco servicial, y un pasaje que buscará alternativas a la bazofia de comida que suelen servir en los aviones.

Durante un vuelo de Los Ángeles a París, un grupo de científicos que huyen de la CIA transporta una caja en al que viaja una colega de profesión afectada por un debastador virus alterado genéticamente. El mal tiempo y las fuertes turbulencias son la causa de que la chica logre escapar. El virus la ha convertido en un zombi hambriento, y muy pronto sembrará el caos y el terror en el interior del avión.

Flight of the Living Dead es una de esas películas en las que resulta inútil destacar las malas interpretaciones, los personajes planos y estereotipados, la demencial excusa argumental, los efectos CGI de segunda categoría o su aspecto general de telefilme para la sobremesa de un domingo.

Posiblemente Flight of the Living Dead tenga en su haber todos estos defectos… y alguno más. Y también es posible que todos estos defectos pongan a prueba la resistencia y paciencia del más pintado. Sin embargo, ¿qué es lo que realmente uno espera – o debería esperar – de una pelicula como Flight of the Living Dead? ¿Buenos actores, un gran guión, efectos de última generación?

Lo único que esperamos encontrar en Flight of the Living Dead son zombis en un avión. Y que cuando se produzca su puesta en escena, el festín de sangre y vísceras esté asegurado y logre cautivar al aficionado al género zombi.

Tras treinta minutos iniciales insufribles, en los que Scott Thomas nos ofrece abundante información acerca de unos personajes que, sencillamente, no merecen tal esfuerzo; el primero de los zombis – nervioso, ágil y de aspecto terrorífico – clava sus dientes sobre el desgraciado de turno que se cruza en su camino (curiosa la tendencia de los zombis de Flight of the Living Dead de saltar siempre a la yugular de sus víctimas, como si fueran vampiros). A partir de este preciso instante Flight of the Living Dead cumple. Se convierte en lo que todos esperábamos: un ir y venir de zombis hambrientos sembrando el caos entre la tripulación y el pasaje de un vuelo comercial a 30.000 pies de altura.

Lo único que nos queda es olvidarnos (quien pueda) de los pésimos personajes y del guión inexistente, y disfrutar del espectáculo. Flight of the Living Dead es sangre (aunque no tanta como sería deseable), gore (también se echa en falta algo más de gore), y muertos vivientes (de estos hay más que suficientes).

Y por el camino, Flight of the Living Dead nos regala un par o tres de momentos para el recuerdo: esos muertos emergiendo del suelo del avión (y que nos remite a la imágen icónica del zombi abandonando la humedad de sus tumbas), el cruel – y divertido – destino de una monja empeñada en superar el trance a golpe de oración, y el buen hacer de un golfista profesional dando su merecido a los zombis.

Flight of the Living Dead no es una buena película, pero lo mejor que se puede decir de ella es que tampoco pretende serlo. Es un simple y honesto entretenimiento zombi de bajo presupuesto hecho por y para los aficionados al subgénero de los muertos vivientes. Y cómo tal… funciona.

Lo mejor: Cuando el primer zombi hace acto de presencia la rueda empieza a girar... y ya no para.

Lo peor: Malos actores, un guión de risa, 30 minutos iniciales que sobran y falta de gore.

The Blackout

Ni Bioman nos libra de esta.

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  • Título original: Ni Bioman nos libra de esta.
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Robert David Sanders
  • Guión: Jim Beck
  • Intérpretes: Barbara Streifel Sanders, Ian Malcom, Joseph Dunn
  • Argumento: En víspera de Navidad unos apartamentos de Los Angeles son atacados por extraños monstruos surgidos del subsuelo.

35 |100

Estrellas: 2

Por si la decepción que me llevé con Legion no hubiera sido poca, decidí embarcarme recientemente en otro viaje cinematográfico con fuertes reminiscencias de Feast. Y es que esto de dejar a un grupo dispar de personas atrapadas en compañía de monstruos, demonios ó mutantes; siempre ha sido un plato de mi gusto.
Desgraciadamente me he vuelto a equivocar eligiendo la película. En cuanto se publicitaron los primeros carteles, imágenes y argumento de esta cinta independiente de serie B (y asignarle esta letra es darle punto inmerecidos a este telefilm); surgió la polémica, sobre todo por el parecido entre la portada de The Blackout, con Feast. Ojala se hubieran parecido en más aspectos. No deja de ser chocante que los creadores de The Blackout, se molestasen tanto en copiar carteles de otras producciones, cuando su película toma la base argumental de toda la vida, grupito de gente dispar contra bichos de origen desconocido, y se aleja todo lo que puede de Feast. Pero no os hagáis ilusiones, buscadores de originalidad, se aleja dando todo paso incorrecto habido y por haber. Entonces, ¿de qué trata el primer film del director Robert David Sanders?

Es la víspera de Navidad, en un edificio del centro de Los Angeles, un grupo de amigos y vecinos se dispone a celebrar la llegada de Papa Noel con una fiesta por todo lo alto. Sin embargo no es un día típico de diciembre en California: Las temperaturas son extremadamente altas, se producen continuos temblores de tierra y las señales de radio y televisión fallan por momentos. En este ambiente nada halagüeño, la fiesta parece discurrir con normalidad hasta que un temblor deja al edificio sin luz y a los invitados atrapados en el edificio junto a unas criaturas monstruosas salidas de las entrañas del edificio en busca de sangre humana.

Como veis no se puede presumir de mucha originalidad argumental. He leído decenas de relatos con un argumento similar pero con un acabado muy distinto (y abismalmente superior). Lo que en seguida nos choca en los primeros compases de la película es lo en serio que se toman los implicados en The Blackout su propia película. Otro elemento destacable, para mal, es la banda sonora y los efectos de sonido (responsabilidad también de Robert Sanders).
El primer punto es el ejemplo perfecto de porque esta producción es el polo opuesto a Feast. Muchas películas de serie B tienden a no tomarse en serio a si mismas para superar otras limitaciones como el bajo presupuesto con el que cuentan. No digo que sea la solución definitiva ni la panacea para los productos directos a DVD, pero es innegable, que cuando el humor funciona una película modesta puede ganar muchos enteros (por ejemplo Terroríficamente muertos). Insisto, no quiero decir que con humor se salve todo de una mala producción. En este caso, se optó por dotar toda la cinta con un aire de seriedad que visto lo pobre de otros elementos, especialmente los actores, no ayuda a remontar un escaso metraje (75 minutos) que se hacen eternos. Donde en Feast encontrábamos personajes histriónicos bien interpretados, aquí tenemos personajes clichés que ni llegan a ser interpretados (más bien acribillados). Y no es que la historia sea un desperdicio total, sin ser un dechado de virtudes, la seriedad impuesta en el guión da como resultado una coherencia general que se agradece. Puesto que el argumento no da para mucho, no esperéis un final que arregle el desaguisado montado por los actores, ni nada sorprendente pero si una conclusión consecuente que en ningún caso indigna como el final de esa reciente película de ángeles estilo Terminator.
El segundo punto que he comentado es bastante molesto. Todos entendemos que esta película se ha hecho con pocos recursos y mucho esfuerzo; pero, ¿era necesario crear una banda sonora sintética tan rimbombante, insertarla a tanto volumen en los momentos menos propicios y, por si fuera poco, rematarla con cientos de sonidos misteriosos generados por ordenador? En mi opinión logra descentrar al espectador de una película ya de por sí poco interesante. Muy poco estilo.

Digamos que los dos elementos cinematográficos anteriores son la punta visible del iceberg pero a medida que avanza el metraje muchas otras aristas se hacen visibles, demasiado visibles y demasiado rápidamente:

Siento ser cruel, pero los actores elegidos no se merecen ese nombre. Como todos sabréis Los Angeles es un hervidero de gente con poco talento intentando ser alguien en el mundo del espectáculo. Dentro de ese “mar de mierda” se pueden encontrar destellos de genialidad en algunos aspirantes a actor con verdadera chispa. Desgraciadamente las personas elegidas para dar vida a unos personajes y diálogos de poca profundidad son la escoria típica de Hollywood: verás más expresión en los ojos de un cordero. Mal, muy mal; no hacen ni gracia. No existe credibilidad en absoluto, haciendo aun más molesta la seriedad del guión. El padre protagonista me puso especialmente de los nervios con su cara de americano progre blanda e impasible aun creyendo muertos a sus hijos.

Los efectos especiales son bienintencionados pero incapaces de crear ningún tipo de clima ó tensión: Destellos sanguinolentos gratuitos introducidos timoratamente como recurso desesperado, abundancia de CGI barata que en ningún momento da el pego y unos monstruos que podrían haber salido de la serie Bioman. Vamos, plasticote barato y efectos pixelazos que molestan por su excesiva abundancia (si no tenéis dinero aprended a ocultar las carencias y no ha demostrarlas). ¡Los bichos no pueden estar peor diseñados y ser más cutres! Me resultaron como una mezcla entre la hormiga atómica, Venom y un escorpión desnutrido. Se ve que invirtieron todos los esfuerzos en el diseño del poster.

El resto de elementos técnicos y humanos que componen The Blackout están a la altura de lo expuesto. Sinceramente, he visto telefilmes infames protagonizados por Michale Ironside, que al lado de esta película parecen obras maestras de la planificación y la fotografía. Podríamos perdonar muchas cosas a una producción modesta siempre que otros factores equilibrasen el resultado final. Pero os aseguro que nada es rescatable de esta obra primeriza, torpe y olvidable.

No se la recomiendo a nadie, ni siquiera a esos insomnes irredentos capaces de tragarse cualquier cosa en la tele. The Blackout estará en breves siendo emitida por los canales temáticos de la televisión digital, así que os daré un consejo que espero se convierta en reflejo pavloviano cuando llegue la ocasión: cambiad de canal, arrancaos los ojos, tomad un sedante…lo que sea, pero no os sometáis a la tortura de este subproducto que no se arregla ni con buenas intenciones.

NOTA: Observad que tiene la misma nota que Legion. Que nadie se escandalice, son igual de malas pero no exactamente por los mismos motivos

Lo mejor: Es corta y el final no provoca nauseas.

Lo peor: Los efectos de sonido cutres, los actores cutres, los CGI cutres, los decorados cutres, la edición cutre, la fotografía cutre...