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Teeth

Poned a salvo vuestros penes...

Teeth

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  • Título original: Teeth
  • Nacionalidad: USA | Año: 2007
  • Director: Mitchell Lichtenstein
  • Guión: Mitchell Lichtenstein
  • Intérpretes: Jess Weixler, John Hensley
  • Argumento: Dawn, una adolescente que aboga por la castidad antes de llegar al matrimonio, verá cómo su vida cambia al descubrir el poder devorador de su vagina repleta de dientes.

65 |100

Estrellas: 4

Posters Teeth

Os propongo un juego de observación. Justo encima tenéis reproducidos tres posters que hacen referencia a la película "Teeth". El primero por la izquierda es un sensacional trabajo (sin duda el mejor de los tres) que finalmente fue censurado en los USA. El segundo bien podría transmitirnos la idea de que estamos ante una desenfrenada comedia juvenil con abundantes escenas de sexo ingenuo y festivo (al estilo de cualquier estúpida secuela de American Pie) y, finalmente, el tercer póster nos remite a una película más cercana al género de terror adolescente.

Ciertamente es complicado ubicar "Teeth" dentro de un género concreto (aunque personalmente creo que tampoco hay una necesidad perentoria de hacerlo…), razón por la que, posiblemente, una buena parte de su público no habrá podido evitar cierto desconcierto a la hora de asimilar lo que se les venía encima. Sobre todo aquellos que esperaban de Teeth una típica comedia juvenil alocada , zafia, gruesa y desvergonzada.

A mi me gustaría definirla como una sutil y moralmente confusa comedia juvenil de horror fálico. Intentaré explicarlo (hay que ver de qué manera me gusta complicarme la vida).

Mitchell Lichtenstein, director y guionista de "Teeth", nos presenta la historia de Dawn, una joven de fuertes convicciones católicas que le llevan a ser portavoz de una siniestra (y esta es una apreciación personal) campaña de abstinencia sexual por los colegios de la zona, y que descubre, tras su fallida primera experiencia con el sexo opuesto, el terrible secreto que guarda en el interior de su propio cuerpo.

Sin duda, el punto de partida es de esos que por su originalidad y el morbo que despierta, es capaz de despertar la curiosidad de un amplísimo abanico de potenciales espectadores. Y cuidado, cuando afirmo que Teeth es una apuesta original no estoy diciendo que sea innovadora. Pero creo que nombrar un par de títulos asiáticos semidesconocidos que tengan de protagonista a una chica con problemas similares a los de Dawn, es un ejercicio de innecesaria autocomplacencia que, seguramente, no tendrá ningún interés para todos aquellos que decidan acercarse a la película.

Lo que sorprende en un primer instante es el tratamiento reposado, tranquilo, contemplativo o, porqué no decirlo, lento (aunque acertado, en mi opinión), que Lichtenstein le otorga a la primera mitad de la película, en la que la presentación del personaje principal –la encantadora y angelical Dawn- y de todo el entorno de estricto conservadurismo que le rodea, supone una evidente crítica al puritanismo, al excesivo fervor religioso, y a la doble moral que siempre han caracterizado a la sociedad norteamericana en cuestiones de sexo.

Teeth no busca en ningún momento la carcajada sonora (aunque a un servidor le arrancara alguna que otra), sino que apuesta por lograr una sonrisa cómplice del espectador a medida que este vaya desgranando, poco a poco y sin demasiados sobresaltos –por el momento-, el contenido de denuncia social y el discurso moral algo equívoco que esconden sus imágenes.

Es una comedia en la que hay que prestar mucha atención a los detalles (y a esto me refería cuando hablaba de sutileza). Algunos de los diálogos que contiene la película son una auténtica delicia (ver en este sentido la clase sobre serpientes de cascabel), y detalles como el de las calles repletas de vallas publicitarias alusivas al sexo, o esos maravillosos eslogans que adornan las camisetas de la protagonista –y de sus amigos-, van calando y configurando, sin prisas, una inteligente y sarcástica propuesta menos blanca y más punzante de lo que, a priori, podríamos pensar.

También he afirmado que resulta “moralmente confusa”. Y así es. Lo que en principio parece un claro ataque frontal al puritanismo y a la represión sexual, finalmente deriva en una especie de defensa encubierta del amor sincero, puro y honesto cuando se da a entender que estos sentimientos son los únicos que pueden hacer frente y resistir, con ciertas garantías, a los envites del cruel asesino que habita en el interior de Dawn.
Por no hablar de la situación en que deja a la gran mayoría de ejemplares masculinos que hacen acto de presencia en la película (a excepción del padre). Todo espécimen masculino es susceptible de ser una auténtico cabronazo, violador, obsceno e indecente, cuya única finalidad es la de agredir con su pene a la casta e inocente Dawn. Se acabaron las sutilezas...
El castigo que les espera a todos ellos es ejemplar.

Y con el término "castigo" en mente, enlazo con la última parte de la definición de "Teeth": una película de "horror fálico". Es el momento de olvidarse de todos esos discursos morales y críticas encubiertas a las que hacía referencia (prescindiendo de todos ellos, la propuesta sigue siendo plenamente disfrutable), y prepararse para disfrutar de las sangrientas y dolorosas salvajadas cometidas por una Dawn convertida en la más dulce y vengativa de las castradoras, y dispuesta a poner en su sitio a todo ejemplar masculino que se le ponga por delante.

Llegados a este punto, Lichtenstein se destapa con una serie de escenas de lo más explícitas y bizarras, salpicadas con generosas dosis de gore (aunque sin exagerar), y que logran, con creces, su principal objetivo: que la totalidad del género masculino cierre sus piernas y emita un casi inaudible gemido (y no precisamente un gemido de placer. Especial atención la terrible y divertida escena protagonizada por un ginecólogo que, sin duda, tuvo mejores días en su consulta).

Cuando Dawn deja salir su ira, la cosa se pone realmente fea y dolorosa para todos aquellos que, en alguna ocasión, nos hemos sentido orgullosos de nuestro pene.

"Teeth" posiblemente sufra los problemas propios de un proyecto al que es muy complicado ubicar en un género específico. No es ni la típica comedia adolescente de horror, ni tampoco la orgía gore que quizás muchos esperaban.
En su lugar tenemos una película repleta de ironía, crítica, sexy (gracias al buen trabajo de la actriz protagonista), algo confusa en sus planteamientos de fondo, salvaje y sangrienta en la justa medida, y deliciosamente divertida. Una pequeña joya independiente a descubrir.

teeth

Lo mejor: Poder disfrutar, sin complejos, tanto de su carga crítica como de las diversas escenas de castración.

Lo peor: Ciertas deficiencias en el ritmo y en el guión, sobre todo en la primera mitad de la película.

Viernes 13 (2009)

El esperado regreso de Jason Voorhees

Viernes 13

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  • Título original: Friday the 13th
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Marcus Nispel
  • Guión: Damian Shannon, Mark Swift
  • Intérpretes: Jared Padalecki, Danielle Panabaker, Amanda Righetti
  • Argumento: Buscando a su hermana desaparecida, Clay se dirige a Crystal Lake. Allí conoce a un grupo de jóvenes dispuestos a pasar un excitante fin de semana. Nadie sospecha que el mítico Jason Voorhees es un tipo poco hospitalario dispuesto a consumar su venganza.

60 |100

Estrellas: 3

Viernes 13

Debo confesar que nunca me gustó el remake que Marcus Nispel hizo en 2003 de "La Matanza de Texas". Me pareció un virtuoso pero vacío ejercicio de estilo que traicionaba el espíritu salvaje, perturbador y transgresor del original de Tobe Hooper. Incluso me atrevería a decir (y llegados a este punto os rogaría que reprimierais cualquier impulso de acordaros de alguno de mis familiares más cercanos) que los primeros veinte minutos de la precuela dirigida por Jonathan Liebesman ("La Matanza de Texas: el orígen") en 2006, eran superiores al trabajo realizado por Nispel.

Con semejante panorama me dirigí el pasado viernes 13 de Febrero, cargando sobre mis espaldas toneladas de prejuicios, al estreno de la nueva secuela (sí, sí... secuela) de "Viernes 13", dirigida, nuevamente, por el director alemán.

Tras 97 minutos de película en los que nunca me sentí tentado de mirar el reloj (una muy buena señal), estoy en disposición de afirmar que todas mis reticencias iniciales eran erróneas. Marcus Nispel ha construido un slasher sólido, rocoso, de corte clásico, y que se beneficia de la excelencia visual y estética que el director alemán ya demostró en sus anteriores trabajos.

Nispel ha desmostrado ser, ante todo, un tipo inteligente. Su "Viernes 13 (2009)" no olvida ninguno de los ingredientes que definieron e hicieron grande a una saga que cuenta con más de 20 años de historia: muertes, sangre, sexo, desnudos, drogas, jóvenes víctimas cuyas reacciones desafían toda lógica e instinto de supervivencia, y un icónico Jason Voorhees que retorna más ágil, rápido y amenazador de lo que nos tenía acostumbrado.

Pero que nadie se lleve a engaño sobre la verdadera naturaleza del trabajo llevado a cabo por Nispel. "Viernes 13 (2009)" no es un remake. Un par de escenas que rememoran momentos de las tres primeras películas de la saga no justifican su condición de remake.
"Viernes 13 (2009)" no es más (ni menos) que una nueva secuela que se añade a las nueve anteriores con las que cuenta la película original de Cunningham (sin contar aquel delirante cross-over que le enfrentaba a otro mito de la talla de Freddy Krueger). Si alguien acude al cine esperando de este "Viernes 13 (2009)" algún atisbo de originalidad que vaya más allá de los esquemas rígidos que ha establecido la serie a lo largo de tantos años, saldrá terriblemente decepcionado. Añadir algo que huela remotamente a innovación en un género tan explotado y degradado como es el slasher, y en una de las series que pasa por ser la más longeva de la historia del cine de terror, se me antoja una empresa poco menos que imposible.

Pero, ¿es realmente un dato relevante que no estemos ante un auténtico remake y sí ante una nueva secuela que añadir a la larga lista? En absoluto. "Viernes 13 (2009)" acaba ofreciéndonos una de las mejores secuelas de la serie, con un empaque visual muy superior a todo lo que habíamos visto a hasta la fecha, una excelente ambientación (impresiona conocer el lugar en el que Jason Voorhees tiene instalado su campamento base), unos personajes dotados de cierto sentido del humor; y que no pierde de vista, en ningún momento, el verdadero y único objetivo que sustentaba al conjunto de la saga: entretener, divertir y aterrorizar, haciéndonos partícipes de las andanzas de uno de los asesinos más carismáticos de la historia del cine de terror y ofreciéndonos una sucesión de violentas, sangrientas y salvajes muertes (aunque, en este punto echo en falta una mayor imaginación e incluso algo más de intensidad en el diseño de las muertes. Hay muertes en el conjunto de la saga mucho más brutales y originales que las que vemos en la película de Marcus Nispel).

"Viernes 13 (2009)" no ofrece nada nuevo. No puedo ni tan siquiera considerarla un punto de inflexión en la serie. Tampoco entrará a formar parte con letras mayúsculas y doradas en la historia del género. Ni siquiera me atrevería a considerarla una gran película, pero ¿alguien es capaz de señalarme alguna entrega de la serie Viernes 13 que pueda realmente ser considerada como una gran película?.
El material de partida es el que es. No hay más. Y con ese (escaso) material de partida, Marcus Nispel ha logrado fabricar un slasher disfrutable y entretenido de principio a fin, que no traiciona el espíritu de la saga, y que posiblemente deje satisfechos a los fieles seguidores de la misma (entre los cuáles me encuentro).

Sólo se me plantea una duda (y a la vez una curiosidad). ¿Qué opinarán de este nuevo Viernes 13 esa nueva y joven generación de aficionados al cine de terror que han crecido viendo Saw, Hostel y los múltiples remakes norteamericanos de películas asiáticas, y que nunca han sentido la curiosidad o necesidad de acercarse a las películas de la saga original? Posiblemente carezcan de ese punto de nostalgia del que disfrutamos generaciones anteriores que crecimos con las matanzas de Crystal Lake, y siento mucha curiosidad por conocer el impacto que este nuevo Jason Voorhees pueda provocar sobre ellos.

Viernes 13

Lo mejor: su fuerza visual, la ambientación, un Jason aterrador y que acabe ofreciéndonos una de las mejores entregas de la serie.

Lo peor: algunas de las muertes son poco imaginativas y les falta garra.

Feast 3 The Happy Finish

¿Tenemos un final feliz para la saga Feast?

Feast 3 The Happy Finish

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  • Título original: Feast 3 The Happy Finish
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: John Gulager
  • Guión: Marcus Dunstan y Patrick Melton
  • Intérpretes: Craig Henningsen, Hanna Putnam, Jenny Wade
  • Argumento: Los supervivientes de Feast 2, con la ayuda de un misterioso profeta que parece controlar la voluntad de los monstruos y un experto karateka llamado Jean Claude Seagal, intentarán escapar hacia la gran ciudad.

40 |100

Estrellas: 2

Feast 3 The Happy Finish

John Gulager me tuvo desconcertado durante un tiempo. En Feast 2: Sloopy Seconds llegué a creer que, sencillamente, había dado un paso en falso. Le atribuí la responsabilidad de haberse desconectado de la trama principal de la historia (magníficamente planteada en la genial Feast: Atrapados) en favor de una sucesión de escenas extremas que no tenían un hilo conductor demasiado claro y que no tenía ni idea de hasta dónde me llevarían. Finalmente no me llevaron a ningún sitio, y lo único con lo que pude quedarme de Feast 2 fue, precisamente, con el vigoroso divertimento de esas mismas escenas inconexas e incluso ilógicas, pero plagadas de sangre, tripas, y humor negro que salpicaban, sin ningún remordimiento por parte de Gulager, toda la película.

Pude perdonar los pecados veniales de Feast 2 (gracias a que, en definitiva, logré pasar un buen rato con sus salvajadas) a la espera de que "Feast 3 The Happy Finish" profundizara algo más en la historia de los monstruos que acosaron primero la Beer Trap Tavern, para después sembrar el pánico en las calles de Smalltown.

Pero de nuevo (y ya van…) me equivocaba. Lo de "Feast 2: Sloopy Seconds" no tiene absolutamente nada que ver con un paso en falso por parte de Gulager. No se trata de que sacrificase la historia en favor de situaciones más o menos extremas; lo que sucede, en realidad, es que tras Feast, la saga, no hay historia alguna. Y "Feast 3 The Happy Finish" es la confirmación definitiva de que todos los que esperábamos de la saga una cierta continuidad argumental y una cierta lógica en todo lo que estaba a punto de suceder, cometíamos un terrible error.

"Feast 3 The Happy Finish" multiplica todos los aciertos/desaciertos de su predecesora: más muertes, más monstruos, más sangre, más vísceras, más escatología, más personajes estrafalarios,… más de todo. Gulager lo tiene muy claro y sabe que la saga no es más que una montaña rusa que siempre va hacia arriba y a toda velocidad.

¿La historia? ¿el argumento? ¿la racionalidad? No existen. No las busquéis en Feast 3. Gulager vuelve a deleitarnos/aburrirnos con un tour de force atiborrado de momentos repugnantes, excesos gore, efluvios varios, humor cafre, y situaciones exageradamente extremas que desafían cualquier atisbo de razón.

Las novedades de "Feast 3 The Happy Finish" son escasas. Desde el punto de vista argumental prácticamente no existen. De nuevo retomamos a los protagonistas de "Feast 2" (los que lograron mantenerse en pie) en su continua lucha por sobrevivir a las constantes envestidas de los monstruos. En teoría, el objetivo final de todos ellos es lograr escapar del pueblo y dirigirse a la gran ciudad (que, por supuesto, seguimos sin tener ni idea de qué ciudad se trata); pero en realidad, su única meta en la película es la de sucumbir de la forma más desagradable, infecta, sangrienta e inverosímil a los ataques de las bestias.

Un par de personajes nuevos: un estúpido predicador que cree tener el poder de dominar la voluntad de los monstruos, y un marine experto en artes marciales llamado Jean-Claude Seagal –sic- que tiene en su haber algunas de las escenas más divertidas de la película.
Ninguno de los dos añade nada nuevo a la trama. Sencillamente entran a formar parte de la extravagante galería de personajes que deambulan por las calles de SmallTown empeñados en ingresar en la escala alimenticia de los monstruos.

También tenemos a un grupo de criaturas-zombie infectadas por la mordedura de los monstruos y deseosos de probar carne humana fresca; e incluso un nuevo héroe con un destino final ciertamente gracioso (aunque ya hubiéramos visto algo parecido en Feast.).

¿Y de los monstruos? ¿del origen de la amenaza? Pues prácticamente nada.

Poco más se puede añadir de "Feast 3 The Happy Finish". Me quedo con lo único que ofrece: una serie de escenas que logran ser divertidas (unas más que otras) por su exceso y exageración.
Por cierto, exceso por exceso, prefiero los de "Feast 2". Esta última entrega tiene el inconveniente de que gran parte de la acción sucede en el interior de unas cloacas y totalmente a oscuras, por lo que, en ocasiones, uno debe esforzarse para saber qué demonios está ocurriendo en pantalla. Por el contrario, en "Feast 2" todas las escenas de acción ocurrían a plena luz del día, algo que se agradece.
Fuera de estas escenas (entres las que destacan el destino final de Honey Pie y el del vendedor de coches)… el vacío más absoluto.

La prueba concluyente de que el director John Gulager no se toma nada en serio es el absurdo y surrealista final de la película (y, por extensión, de la saga). Y no me refiero al divertidísimo mariachi con tupé a lo Elvis Presley –genial-, sino a la forma en que muere la última de las víctimas de la película (en cuanto la veáis sabréis de qué os hablo…).

A modo de conclusión deciros que esperaba algo más de la saga. Quizá fui un ingenuo y me dejé llevar por las excelentes sensaciones que tuve con "Feast: Atrapados", la película que dio origen a la trilogía. Esperaba una historia de monstruos repleta de gore y humor negro, pero con cierta lógica y sensatez en su desarrollo, conceptos estos últimos inéditos en Feast 2 y Feast 3.

Con todo, "Feast 3 The Happy Finish" sigue siendo una propuesta radical que en absoluto defraudará a todos aquellos que disfrutaron de "Feast 2", pero que odiarán todos aquellos que no soportaron la segunda entrega. Yo me quedo en tierra de nadie. Disfruté –aunque menos que en las entregas anteriores- de algunas de las salvajadas de "Feast 3 The Happy Finish", pero acabé desesperado por no encontrar en la película nada nuevo que no hubiera visto ya en "Feast 2".

Al final resulta que el auténtico lastre de la saga es “Feast: Atrapados”, la extraordinaria película con la que se inició y que elevó demasiado unas espectativas que, finalmente, no se han visto cumplidas.

Lo mejor: el destino de algunos de los protagonistas: Honey Pie, el vendedor de coches, Jean-Claude Seagal…

Lo peor: es lo mismo que Feast 2. No hay nada nuevo.

Feast 3 The Happy Finish

¿Dónde conseguirla?
Feast 3. The Happy Finish. DVD-Rip. Formato rmvb

Hit and Run

Los peligros de acercarse demasiado al parachoques de un coche

Hit & Run

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  • Título original: Hit & Run
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Enda McCallion
  • Guión: Diane Doniol-Valcroze
  • Intérpretes: Laura Breckenridge, Kevin Corrigan, Christopher Shand
  • Argumento: Camino de casa Mary atropella a un viandante, pero ella ni siquiera se ha dado cuenta. Al llegar al garaje de casa, Mary descubre el cuerpo del atropellado incrustado en el parachoques del auto. Le ha llegado el momento de empezar a tomar decisiones.

40 |100

Estrellas: 2

Antes de empezar a hablaros de "Hit & Run" quisiera hacer mención a cierta polémica que se ha suscitado en torno a la película. Por lo visto se la ha acusado de plagiar una película que Stuart Gordon dirigió en 2007 titulada "Stuck".
No he visto "Stuck", pero es cierto que leyendo su sinopsis tiene mucho en común con la historia que nos explica "Hit & Run".

En defensa de la película que hoy me ocupa, debo deciros que el guión de Stuck se basaba en un hecho real sucedido en 2001, en el que una mujer, cuyo nombre era Chante Mallad, atropelló y arrastró a un sin techo hasta su garaje, muriendo este minutos después a causa de sus heridas.
Teniendo en cuenta este hecho –y repito, sin haber visto todavía "Stuck"- considero que Enda McCallion, directora de "Hit & Run" (y esto es una opinión muy personal), tiene todo el derecho del mundo a ofrecernos su propia visión de lo ocurrido. Una vez hecha la aclaración, vayamos con la película.

Hit & Run

¿Qué ocurre cuando un par de estúpidos se meten en problemas graves? Pues que no paran de tomar decisiones estúpidas, una tras otra, sin descanso.

"Hit & Run" nos propone una nueva situación límite que pone a prueba la verdadera naturaleza humana. Mi primera impresión fue que dicha situación límite partía de un hecho totalmente improbable e inverosímil (atropellar a un desdichado vianante y arrastrarlo incustrado en el parachoques del auto, sin darse cuenta, hasta llegar a casa –esto está en la sinopsis oficial de la película y sucede a los cinco minutos de iniciarse la misma-). Sin embargo, parece ser que un caso muy similar ocurrió hace unos años (y es que, aunque suene muy tópico, la realidad siempre acaba superando a la ficción), por lo que dejaré de lado lo absurdo e irracional de la experiencia vivida por la protagonista de la película y me centraré en otros temas.

El desarrollo de la trama de "Hit & Run" sufre un desequilibrio tremendo. Los primeros 40/50 minutos nos hacen creer que estamos ante un thriller que se toma su merecido tiempo en justificar y cuestionar todas y cada una de las acciones llevadas a cabo por Mary, la protagonista principal de la pesadilla, y su imbécil novio. Sí, sé que “justificar” y “cuestionar” son términos aparentemente contradictorios, pero creo que forma parte de las intenciones del guión el facilitar que el espectador se plantee pueriles dilemas morales del estilo de ¿actúa Mary de forma correcta?¿tenía otra alternativa?¿harías tú lo mismo?. El juego planteado es, hasta cierto punto, entretenido; y el calvario que sufre la protagonista al intentar, por un lado, que su crimen quede impune, y por otro conservar su salud mental intacta, logra que "Hit & Run" mantenga unos niveles aceptables de interés y que la historia no llegue a caer en el aburrimiendo.

Lástima que en la mayoría de ocasiones las decisiones tomadas tanto por Mary cómo por su novio, sean de una absurdidad y ridiculez tal que cueste mucho identificarse con ellos o preocuparse, de veras, por lo que pueda llegar a sucederles.

Pero el verdadero desequilibrio de "Hit & Run" no está en la poca simpatía que despiertan sus protagonistas, o en lo incoherente o descabellado que pueda parecernos su forma de reaccionar ante los terribles acontecimientos a los que se enfrentan (al fin y al cabo, ante situaciones extremas, el ser humano puede responder de la manera más delirante e inesperada...). Su verdadero talón de aquiles lo encontramos en el tercio final de la película, cuando "Hit & Run" decide abandonar la vía del thriller y adentrarse en los pormenores del terror puro y duro. Es entonces cuando su directora, Enda McCallion, intenta sumergirnos en una sangrienta historia de venganza que eleve a "Hit & Run" a unas cotas de horror hasta el momento insospechadas.
El problema es que jamás logra su cometido. Hit & Run no da miedo. Ni una sola de sus escenas destinadas a impactarnos consigue su objetivo. Y todo porque Enda McCallion maneja de forma deficiente todos los mecanismos de horror que dan vida a dichas escenas. Todo sucede de forma demasiado acelerada y entrecortada. Los planos son demasiado cortos y la cámara vuelve a dar bandazos de un lado a otro hasta lograr marearnos. El resultado final es que las escenas de horror de Hit & Run acaban siendo más efectistas que efectivas. Demasiado artificio. Demasiadas trampas. Nada parece real y, por lo tanto, nada nos perturba.

Y el hecho de presentarnos a un villano de la función menos amenazante de lo que debería e ilógicamente resistente (casi invencible), tampoco ayuda.

En definitiva, cuando "Hit & Run" se adentra –equivocadamente- en los parajes del terror, la historia se resiente de forma considerable. Un thriller aceptable desemboca en una historia de horror previsible, poco original y errática.

Pese a todo ello, considero que vale la pena darle una oportunidad a "Hit & Run". Sus defectos, sobre todo en su parte final, son evidentes. Sin embargo la película entretiene –a ratos- y tiene sus puntos de interes. Sin duda alguna he visto películas independientes mucho peores que "Hit & Run".

Lo mejor: el primer acto de venganza, que sitúa a la protagonista en una situación algo incómoda.

Lo peor: no da miedo (aunque lo intenta), el personaje del novio (en mitad de la noche más aciaga de su novia, intenta tirársela –sic-), y esas inoportunas cotorras que causan vergüenza ajena.

See Jane Run

Corre Jane, corre hasta irte muy lejos de aquí

See Jane Run

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  • Título original: See Jane Run
  • Nacionalidad: USA | Año: 2007
  • Director: Ryan Webb
  • Guión: Ryan Webb
  • Intérpretes: Jennifer Clary, Joe Estevez y Kevin Haberer
  • Argumento: Jane y sus amigos, haciendo caso a la recomendación de un mecánico, deciden hacer un alto en el camino para probar la mejor barbacoa del estado. Pronto descubrirán que tras las hamburguesas y la amabilidad de su anfitrión se esconde un terrible secreto.

20 |100

Estrellas: 1

No me cansaré de reptir, las veces que haga falta, que las posibilidades de gozar con determinadas propuestas de terror de bajo – o muy bajo – presupuesto, dependen, en gran medida, de una buena predisposición por parte del espectador, conocedor del tipo de producto al cual se enfrenta, y con la voluntad y motivación suficientes para tener en cuenta aspectos que van más allá de la calidad técnica de la película, unas buenas interpretaciones, o un guión que consiga cautivarnos (aspectos por los que sí debemos medir el grado de satisfacción de propuestas más comerciales).

Por mi parte, creo que está suficientemente probado que soy un acérrimo defensor y admirador entusiasta de esas producciones de terror que cuentan con escasísimos recursos económicos para salir adelante.

Lo que realmente me atrae de este tipo de propuestas es su total y absoluta dependencia de la historia o idea principal sobre la que se asientan. Carecer del dinero suficiente para incluir efectos que vayan más allá de cuatro experimentos rudimentarios con el ordenador, o para contar con un par de actores, de los de verdad, que solucionen la papeleta, o incluso para reunir a un grupo de maquilladores que logren unos resultados convincentes; obligan a este tipo de productos –que en ocasiones rozan la total marginalidad- a centrar todos sus esfuerzos en conseguir que la idea principal que empuja la trama, funcione.

No importa si estamos ante la enésima parodia zombie, o ante un nuevo festival gore; lo esencial es que la historia, al margen de los defectos intrínsecos a la película, tenga la suficiente entidad y originalidad para alcanzar sus objetivos. Si es una parodia zombie tiene que resultar desternillante. Y si se trata de una orgía gore, tiene que removerle las tripas al aficionado más curtido.

Bajo este panorama “See Jane Run” se nos presenta cómo una película de bajísimo presupuesto que parece optar, desde un principio, por ofrecernos una historia de terror seria, con unos personajes sólidos y bien desarrollados, y unas situaciones que huyen del histrionismo, la exageración y la caricatura; aspectos muy comunes en producciones de similar condición.
“See Jane Run” intenta tomarse muy en serio a sí misma para lograr una película de auténtico terror que la aleje del, en ocasines, peyorativo término de serie Z. Pero, desgraciadamente, todos sus esfuerzos son en vano.

Tres cuartas partes de la película procurando edificar una historia y fortalecer unos personajes para, finalmente, no tener absolutamente nada.
La historia que nos cuenta “See Jane Run” no tiene ni un solo elemento de originalidad. Las relaciones que se establecen entre los personajes son planas y carecen por completo de interés. Los diálogos son, a menudo, pura insensatez. Y el ritmo de la película es tedioso e incluso insoportable en determinados momentos.

Especial mención para la Jane que da título a la película. Su actuación se limita a pasearse, en estado casi catatónico, durante todo el metraje, sin realizar ni una sola acción digna de mencionarse. En un primer instante creí que su cara de indiferencia y su desgana se corresponderían, tarde o temprano, con un inesperado giro del guión que explicaría el porqué de su conducta. No sé... que guardaba un terrible secreto, que sufría un trauma desde la infancia, incluso llegué a pensar que, sin duda, ella acabaría siendo la asesina. Cualquier cosa me hubiera servido.
Pero me equivocaba. Nada de esto sucede con Jane. La única explicación que se me ocurre es que Jane es estúpida. No sé si responde a una exigencia del guión o a la incompetencia de la propia actriz, pero su presencia en la película es, sencillamente, ridícula.

De esta forma, lo que tendría que haber sido una historia con cierto fundamento y unos personajes con credibilidad, acaba siendo un simple, molesto, y aburridísimo preámbulo para la consabida escena de torture-porn con la que concluye la película. Una escena, por cierto, convincente, bien ejecutada, con generosas dosis de sangre y violencia, y, en definitiva, la única razón por la que “See Jane Run” no acaba siendo una auténtica basura condenada al olvido.

Todo lo bueno que se podría decir de una película como See Jane Run se queda en el ámbito de las buenas intenciones, ya que su resultado final acaba siendo muy decepcionante.

Lo mejor: la escena final de tortura.

Lo peor: todo lo demás.

Surveillance

A la caza del asesino

Surveillance

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  • Título original: Surveillance
  • Nacionalidad: USA | Año: 2008
  • Director: Jennifer Lynch
  • Guión: Jennifer Chambers Lynch, Kent Harper
  • Intérpretes: Julia Ormond, Bill Pullman, Pell James, Ryan Simpkins
  • Argumento: Dos agentes del FBI investigan un asesinato cometido en una carretera. Sus métodos de investigación pasan por encerrar a los testigos en diferentes salas de una comisaría para interrogarlos. Todos los implicados (excepto una niña) mienten más que hablan.

65 |100

Estrellas: 3

Antes de nada quiero comentaros un par de temas que no están directamente relacionados con la película, pero que creo que son importantes.
Quizás os preguntéis qué hace una película cómo “Surveillance” en un lugar cómo Almas Oscuras (o quizás no…). “Surveillance” es un thriller, dirigido con mano sorprendentemente firme por Jenniffer Lynch, que poco o nada tiene que ver con el género de terror. La razón por la que me decidí a incluirla en el blog era la de conocer más detalles sobre la película que le arrebató el primer premio a la genial “Déjame Entrar” (Let The Right One In, 2008) en el pasado Festival Internacional de Sitges. Curiosidad satisfecha…

En segundo lugar desearía quitarme de encima, lo antes posible, el pesado lastre que supone la alargadísima sombra del padre de la directora, el gran David Lynch, que ejerce funciones de productor en “Surveillance” (y que nadie se moleste cuando califico a Lynch de pesado lastre. Adoro el cine de Lynch -Terciopelo Azul, El Hombre Elefante, Corazón Salvaje,…-, aunque en ocasiones no tenga ni idea de lo que pretende decirme –Mullholand Falls, Carretera Perdida-). Es cierto que algunos aspectos estéticos, el uso de la banda sonora, y ese ligero tono surrealista que envuelve la trama, nos remiten inevitablemente al reconocidísimo estilo que David Lynch otorga a sus obras. En mi opinión, nada de ello es criticable. ¿Quién mejor que su propia hija para acogerse al estilo Lynch? Al fin y al cabo lo lleva en la sangre.

Surveillance

Pero es que además, “Surveillance” logra tener suficiente entidad propia como para poder desligarse, por completo, de cualquier comparación con el cine de David Lynch.
Así que, con vuestro permiso, me quito definitivamente este peso de encima y os empiezo a hablar de “Surveillance”.

Jennifer Lynch llevaba 14 años apartada de la dirección debido al descalabro que supuso su debut tras las cámaras: la pretenciosa y vacía "Boxin Elena", vapuleada –de forma justa- por la crítica e ignorada por el público.

Y cuando, finalmente, decide volver al circo, lo hace con un género –el thriller- que pasa por ser el más sobrexplotado y recurrente de los últimos tiempos. Los finales de los 90, y principios del 2000, fueron una auténtica vorágine de thrillers que, salvo honrosas excepciones (“Seven”, “Memento”,...), siempre seguían un un camino muy estricto: montar una trama más o menos rebuscada, ofrecer al espectador una serie de falsas evidencias para lograr despistarlo, y golpearle, finalmente, con un giro inesperado de los acontecimientos que desembocara en un final que nadie podía esperarse (o, como mínimo, ese era el objetivo perseguido).

La fórmula siempre era la misma, y el público, a base de ver repetido una y otra vez el mismo esquema, ha acabado aprendiendo la lección. Cada vez somos más desconfiados y nos creemos menos lo que intentan vendernos. Crece nuestra incredulidad y suspicacia, al mismo ritmo que merma nuestra ingenuidad. Las posibilidades de que un thriller consiga sorprendernos, cogernos con la guardia baja, son cada vez más escasas.

Y, por desgracia, “Surveillance” no es una excepción.
Pese a todo lo expuesto hasta el momento, debo reconocer que no me considero el tipo más despierto a la hora de encontrarle la trampa a este tipo de películas; pero, por desgracia, en “Surveillance” sí lo logré. Apenas alcanzada la mitad del metraje pude intuir cual era el desenlace final de la historia.
¿Significa esto que “Surveillance” es una mala película?¿un thriller fallido? Quizás como thriller no cumpla la principal de las expectativas que definen el género: sorprender al espectador. Pero, afortunadamente, y pese a lo previsible del desenlace, pude disfrutar una barbaridad con este oscuro, divertido, y en ocasiones obsceno viaje, que nos depara un buen número de sorprendentes escenas antes de alcanzar su giro final (y si alguien no logra descifrar el mencionado giro con antelación, mi más sincera enhorabuena. La satisfacción debería ser todavía mayor.).

Construida a través de una serie de flashbacks que nos cuentan lo que verdaderamente ocurrió en la escena del crimen –y que todos los implicados intentan ocultar a base de mentiras-, “Surveillance” encuentra su verdadera fuerza en dos factores: la sólida construcción de todos y cada uno de sus personajes (tanto los principales como los secundarios), y un soterrado humor negro que tiñe tanto los diálogos, cómo todas las escenas de violencia que salpican la trama. En este sentido cabe destacar a la pareja de policías más corruptos, indeseables, despreciables, y morbosamente divertidos que recuerdo. Es curioso sorprenderse a uno mismo con una sonrisa culpable dibujada en la cara mientras asistimos al recital de humillaciones y vejaciones perpetradas por este par de gamberrros y canallas uniformados.

También cabe resaltar el trabajo de todo el elenco de actores, con mención especial para Bill Pullman en una asombrosa recreación de agente del FBI algo desequilibrado y peligroso. No logro recordar a Bill Pullman en un papel tan extraordinario como el que le ha ofrecido Lynch en esta película.

“Surveillance”, no es una obra maestra del género, pero, pese a su ritmo algo lento, es un thriller ameno, siempre entretenido, distinto, muy bien filmado, y con algunas escenas de violencia que resultan divertidas por su condición de extravagantes y excesivas –casi paródicas-. Si una vez descubierta su trampa –en el caso de que logreis anticiparos a la jugada- conseguís manteneros firmes y darle una oportunidad a la película, no os defraudará. Todo se reduce a darle más importancia al camino recorrido que al previsible destino final de nuestro viaje…

Lo mejor: su fascinante galería de personajes.

Lo peor: que el final sea demasiado previsible.

La Semilla del Mal

Una colección de sustos que ya conocemos de antemano

La Semilla del Mal

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  • Título original: The Unborn
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: David S. Goyer
  • Guión: David S. Goyer
  • Intérpretes: Odette Yustman, Gary Oldman, Cam Gigandet
  • Argumento: La joven y bella Casey se ve asediada por un Dybbuk, un demonio que, bajo la apariencia de un niño, pretende habitar su cuerpo.

21 |100

Estrellas: 2

David S. Goyer parece empeñado tanto en demostrar sus excelencias como escritor, dejando su impronta en guiones del calibre de “Blade”, “Dark City”, “Batman Begins” o “Batman Dark Knight”; cómo en hacernos partícipes de su mediocridad tras las cámaras, con su olvidable –y en ocasiones vergonzoso- debut como director, “Blade: Trinity”, y un segundo y semidesconocido proyecto del que no puedo comentar nada porque, como la mayor parte del planeta, no he tenido la oportunidad de verlo (ahora, todos los que la hayáis visto “The Invisible”, tomaos el tiempo que considereis necesario para resaltar mi ignorancia).

Con este panorama, “La Semilla del Mal” parecía ser la ocasión perfecta para que Goyer, de nuevo director y guionista del evento, diera un paso firme y decisivo para reivindicar su lugar en la industria.

La Semilla del Mal

“La Semilla del Mal” es un híbrido entre cualquier película de fantasmas asiática, con niño paliducho y perverso incluído (dejo que seáis vosotros mismos los que busquéis un título adecuado a esta comparación. A mí todas las películas de fantasmas asiáticas me parecen iguales...); y una versión pobre y trasnochada del “El Exorcista” (The Exorcist, 1973) -desde una secuencia que nos remite a la mítica imagen de la niña-araña bajando las escaleras, hasta un exorcismo final que, en cuanto a intensidad y capacidad de horror, está a años luz de lo que sucedía en el clásico de William Friedkin-.

El principal problema de “La Semilla del Mal” está en la notoria incapacidad de Goyer para manejar, con un mínimo de solidez y singularidad, los resortes de terror que acompañan a la película. De esta forma, “La Semilla del Mal” acaba siendo un simple compendio de sustos con preaviso, que carece de la fuerza y la rabia necesarias para complacer, mínimamente, a cualquier buen aficionado al género.

El modus operandi seguido por Goyer para dar forma a cada una de las escenas de impacto de la película, es de una obviedad aplastante. En primer lugar apaga la música. Fuera banda sonora. Silencio absoluto.
En segundo lugar un par de falsas alarmas, para que el espectador se confíe y crea que el peligro ha pasado –sic-. Y, finalmente, el impacto, convenientemente acompañado del atronador efecto sonoro correspondiente –y único culpable, a la postre, de que se te acaben revolviendo las tripas-.

Y este es, basícamente, el mecanismo que el director utiliza, una y otra vez, en todas las escenas de horror directo que se dan cita en la película.
Es cómo si Goyer mandara un telegrama al espectador segundos antes de que se produjera cada susto, informándole debidamente de lo que estaba a punto de ocurrir y cómo iba a ocurrir. Así que, lo único que le queda por hacer al espectador es esperar. Y cuando por fín crea que algo va a suceder... pues sencillamente, sucede. No hay lugar para la sorpresa. Todo se ve venir de lejos, todo es cansinamente previsible; con lo cual se pierde la capacidad de impactar al espectador, de asustarle, de conseguir que salte de su butaca.

Nos sabemos de memoria todos los sustos de “La Semilla del Mal”: espectros que emergen de la oscuridad, personajes que levantan sus ojos del suelo para mostrar su peor cara, espejos que esconden terribles sorpresas... Nada nuevo. Y lo peor de todo es que “La Semilla del Mal” nos muestra los clichés de siempre con la blandura y neutralidad de una película que pretende ser apta para todos los públicos. La película viaja con el piloto automático puesto, sin forzar los límites de ninguna de las situaciones de terror que se nos plantean.
Incluso su excelente fotografía, sus correctísimos efectos visuales, y la evidente belleza de su protagonista femenita -Odette Yustman, a la que vimos en “Monstruoso” (Cloverfield, 2008)-, acaban jugando en su contra; ofreciéndonos un producto final demasiado aséptico, demasiado limpio, carente de riesgo.

Por buscarle algún punto positivo, la trama que explica el orígen del fantasma, situándolo en los márgenes de la cábala y antecesor a cualquier religión conocida.

En definitiva, una nueva decepción de David S. Goyer, un guionista metido a director que, lejos de lograr despejar dudas, ha conseguido con “La Semilla del Mal” que su crédito como realizador se agote peligrosamente.

Por cierto, acudí a ver la película el día de su estreno –viernes-, en sesión nocturna -22:30 horas-. La sala ofrecía un estupendo aspecto, con prácticamente las tres cuartas partes del aforo vendido. La gran mayoría del público asistente eran parejas, en las cuales la chica no tardaba ni cinco minutos en agarrarse con fuerza al brazo del chico.
Y, posiblemente, las sesiones de tarde también gozaron de muy buen aspecto, repletas de grupos de adolescentes devorando palomitas y soltando una risilla nerviosa en cada susto.
Supongo que si lo que buscaba Goyer era hacer una película de terror que no molestara demasiado y fuera fácilmente soportable para la gran mayoría del público, habrá logrado su objetivo. Si lo que buscaba era una auténtica película de terror, que realmente provocara miedo y que convenciese al verdadero aficionado al género, la cosa es mucho más discutible.

Lo mejor: Ciertos aspectos originales que hacen referencia al orígen de la amenaza.

Lo peor: La absoluta previsibilidad y blandura de todos sus momentos de terror.

Repo! The Genetic Opera

Una epopeya gótica y sangrienta a ritmo de ópera rock.

Repo The Genetic Opera

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  • Título original: Repo! The Genetic Opera
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Darren Lynn Bousman
  • Guión: Darren Smith, Terrance Zdunich
  • Intérpretes: Alexa Vega, Paul Sorvino, Anthony Head, Paris Hilton
  • Argumento: Una epidemia provoca el fallo de los órganos internos de los humanos. GeneCo, tiene en su poder el monopolio de la venta de órganos, y Repo Man es el encargado de recuperar los órganos de aquellos clientes que inclumplan sus deudas con la corporación.

70 |100

Estrellas: 4

Repo The Genetic Opera

Me he pasado demasiado tiempo solicitando ideas frescas y planteamientos originales que lograran dar un vuelco al actual estado del género.
Demasiado tiempo malviviendo a base de secuelas, remakes o propuestas que jamás lograban despertar sensaciones inéditas.

Las excepciones son pocas. Cada año se pueden contar con los dedos de una sola mano las películas ante las cuales reaccionamos con entusiasmo por tratarse de propuestas innovadoras, nunca vistas con anterioridad.

Y ahora nos llega “Repo! The Genetic Opera”, el musical de horror-gótico-futurista (menuda definición... aunque os aseguro que “Repo” tiene más de musical que de ninguna otra cosa), dirigido por Darren Lynn Bousmann (Saw II, III y IV), para mostrarnos que no todo está perdido, y que proyectos radicalmente novedosos e insólitos tienen su lugar en el vigente panorama del horror moderno.

Repo The Genetic Opera

Probablemente los quince primeros minutos de metraje serán suficientes para que cualquiera de vosotros se haga una idea muy clara sobre si “Repo” es, o no es, la película que estaba esperando.

Quince minutos son suficientes para darnos cuenta de que la revolución visual y estética que prometía “Repo” se queda, prácticamente, en nada. O en muy poca cosa. Unos planos generales que nos remiten –lejanamente- al universo creado por Ridley Scott en "Blade Runner", y unos interiores deudores de la estética de videoclip de cualquier grupo de rock-gótico que triunfe actualmente en la MTV.
No busquéis en “Repo” un concepto visual innovador o transgesor. No lo tiene. “Repo” es visualmente correcta y efectista, siempre a la altura de lo requerido por la historia que se nos cuenta. Pero, ciertamente, sus imágenes están lejos de suponer la revolución, en este aspecto, que muchos esperábamos (posiblemente, las restricciones presupuestarias a las que se ha visto sometido Darren Lynn Bousman, han acabado haciendo mella en el resultado final de la película).

Quince minutos son más que suficientes para que aquellos que todavía alberguen alguna duda –por pequeña que sea- sobre si podrán disfrutar o no de un auténtico y genuino musical, en el que el 99% de los diálogos son cantados (creo que tan sólo hay un par de líneas del guión que no se inscriben en el marco de una canción); abandonen definitivamente el barco y busquen alguna alternativa –del tipo que sea- que cubra los casi cien minutos que dura “Repo”.
Porque “Repo” es, ante todo, un musical. Cierto que posee elementos que la acercan al género del terror – la sangre, el ambiente gótico, la violencia desmedida -; pero todo aquel que no se vea capaz de aceptar las reglas intrínsecas al género musical –personajes que se expresan, constantemente, a través de la música, el baile, y la letra de las canciones- difícilmente podrá entrar en el juego que nos propone “Repo”. Si el espectador de “Repo” no tiene cierta experiencia y afinidad con el género musical, posiblemente su experiencia con la película esté condenada al más rotundo fracaso.

Quince minutos son suficientes para darnos cuenta del aluvión de números musicales que se nos viene encima. Es absurdo pensar que todos estarán al mismo nivel. Cómo ocurre en cualquier otro musical, “Repo” tiene marcados altibajos que vienen definitidos por la fuerza de sus números musicales. Frente a contundentes y conmovedoras escenas como la de “I’m infected”, tenemos otras mucho más convencionales y rutinarias que entorpecen el ritmo de la película.

Quince minutos bastan para comprobar que la historia que nos cuenta “Repo”, es demasiado pobre y que no da para muchas alegrías. Un cocktail de odios, venganzas, y secretos de família que, perfectamente, podrían formar parte de cualquier folletín de sobremesa. Pronto tenemos la sensación de que, entre tanto número musical, la historia no avanza o, por lo menos, no lo hace con la fluidez necesaria.

Con todo esto, ¿cuál fue mi reacción pasados los primeros quince minutos de película? Pues seguí pegado a la pantalla y me dejé llevar por el universo oscuro, trágico, radical, excéntrico, gótico, sangriento, musical y plagado de maravillosos personajes secundarios que nos ofrece “Repo The Genetic Opera”.

Su empaque visual no es todo lo esplendoroso que debería haber sido, la historia no da para casi cien minutos de película, y algún que otro numerito musical se te acaba atragantando... pero, ¡qué demonios!, cuántas veces tendremos la oportunidad de disfrutar de una ópera rock sangrienta tan original como esta.

Pese a sus múltiples carencias, “Repo” es demasiado innovadora para no recomendarla. No es un plato para todos los gustos y, seguramente, muchos de vosotros toméis la opción de abandonar a los dichosos quince minutos; pero, en cualquier caso, vale la pena el riesgo. Yo, repetiré...

Por cierto, debemos esperar más de quince minutos para averiguar que “Repo” sea, quizás, la única película, de todas las posibles, en la que París Hilton no desentone en absoluto.

Lo mejor: Una apuesta atrevida, arriesgada y distinta.

Lo peor: No es fácil conectar con el universo que nos propone Repo.