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House

¿Estaré condenado al infierno por no gustarme la película?

House

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  • Título original: House
  • Nacionalidad: USA | Año: 2008
  • Director: Robby Henson
  • Guión: Frank Peretti, Rob Green
  • Intérpretes: Michael Madsen, Reynaldo Rosales y Heidi Dippold
  • Argumento: Cuatro víctimas de un accidente, acosados por un asesino en serie, deberán hacer frente a sus pasados para escapar con vida de una siniestra casa.

25 |100

Estrellas: 2

Cada día se aprende algo nuevo. O al menos eso es lo que suele decirse.
Con "House", la película dirigida por el norteamericano Robby Henson, basándose en una novela de Ted Dakker y Frank Peretti, he descubierto un nuevo subgénero que, en los últimos tiempo, ha venido a denominarse “terror cristiano”.

Reconozco que la primera vez que escuché el término me pareció una absoluta ridiculez. ¿Definir todo un género basándose en unas determinadas creencias religiosas? No lo veía nada claro. Ni siquiera me pareció, en su momento, un concepto estrictamente novedoso. ¿Acaso los crucifijos y el agua bendita no son objetos de índole cristiana capaces de mantener a raya a los vampiros?¿O el padre Karras no puso a prueba su fe ante el mismísimo diablo en la clásica “El Exorcista”?
Da la impresión de que el mencionado “terror cristiano” ha existido desde siempre. Pero no es así. Por lo menos no en los términos expresados en "House".
La película de Robby Henson, en su tercio final, va más allá. Mucho más allá. Explorando campos que desconocía en un film de terror.

House

Pero no adelantemos acontecimientos.
Todo lo que "House" es capaz de ofrecernos previamente a su vergonzosa resolución (ya lo he dicho), es una película de terror de la que difícilmente podemos destacar alguna idea o planteamiento remotamente original, pero de la que, posiblemente, tampoco acabaremos aborreciendo ninguna de sus propuestas.
El paradigma de los que significa estar en la media. No destacar ni para bien, ni para mal. El gris como color de fondo.

"House" nos cuenta la historia de dos parejas que viajan en coche y sufren un accidente que les obliga a pasar la noche en un terrorífica casa con habitaciones de alquiler; propiedad de una família de energúmenos no menos terroríficos.
La cosa se complica al entrar en escena un asesino en serie (máscara de acero incluída), obsesionado con dejar mensajes en una lata metálica reclamando, a modo de tributo, una víctima mortal antes de que amanezca, a cambio de salvar la vida del resto de los habitantes de la casa.
Todos los presentes deberán luchar por su supervivencia, haciendo frente para ello a sus demonios del pasado.

A partir de un planteamiento inicial no exento de cierto interés, "House" no se avergüenza de hacer uso de todos los tópicos habidos y por haber en el género de las casas malditas: una fuerte tormenta que, casualmente, estalla nada más entrar los protagonistas en la casa, una recepción misteriosamente desatendida, unos propietarios salidos de la Casa del Terror de cualquier feria ambulante (en un momento dado, una de las protagonistas susurra a su compañero: “Hay algo extraño en esta gente”. ¡Qué perspicacia! ¡Pero si uno de ellos es la viva imágen del mayordomo de la Família Addams!), y unos visitantes que no disponen del mínimo sentido común para alejarse de ese lugar lo antes posible, y cuanto más lejos mejor.

Pero, pese a que nos lo sabemos todo de memoria, la película consigue ser entretenida. Gracias a una buena ambientación (y una excelente fotografia), unas actuaciones competentes, un ritmo que no decáe, una historia que no pierde fuerza con el paso de los minutos... logramos pasar un buen rato con lo que parece ser una película de terror sin demasiadas pretensiones, pero perfectamente disfrutable (pese a estar condenada a no permanecer demasiado tiempo en nuestra memoria).

¿Qué ocurre entonces en su tercio final para que todo lo logrado con anterioridad acabe tirado por la borda? Muy sencillo. No me gusta que me impongan lecciones de ningún tipo. Sobre todo si son lecciones de fe que no tengo la necesidad –ni la voluntad- de compartir; y mucho menos si esos dogmas de fe intentan colármelos impunemente en una película de terror.

El final de "House" causa vergüenza ajena por su obviedad y falta de escrúpulos a la hora de transmitir un mensaje que no se cansa en repetir, una y otra vez: si no eres bueno con Dios, arderás en el infierno.
No me molesta tanto el mensaje cómo la forma tan descarada en la que intentan inculcárnoslo. Uno de los personajes que cobra importancia en este tramo final de la película (una niña que parece recién salida de una película japonesa de fantasmas) no se cansa de recordarnos que “solamente la luz vencerá a la oscuridad”. Lo repite hasta en tres ocasiones distintas en un período escaso de veinte minutos.
Y la cosa llega al disparate más absurdo cuando una misteriosa luz, salida de no se sabe dónde, ilumina a la pareja protagonista, que logra vencer esos instintos primarios a los que antes hacía referencia, y actuar acorde a los designios del señor.

No me malinterpreteis. No tengo nada en contra de la religión cristiana ni de ninguna otra religión. Pero que intenten reclamarme para la causa de forma tan flagrante y panfletaria, acaba convirtiéndose en un insulto para mi inteligencia.

Si esto es el “terror cristiano”, yo paso...

Lo mejor: Antes de llegar al final, la película consigue ser entretenida.

Lo peor: Un final de auténtica catequesis.

Hell Ride

Los viejos moteros cabalgan de nuevo

Hoy inicio una serie de colaboraciones con Andrés Pons (El blog del Sr. Pons) que consistirán en opinar conjuntamente sobre una película en concreto. El objetivo es ofrecer dos puntos de vista distintos sobre la misma obra (aunque en esta ocasión nuestros puntos de vista no parecen ser muy divergentes). Gracias Andrés.

Hell Ride

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  • Título original: Hell Ride
  • Nacionalidad: USA | Año: 2008
  • Director: Larry Bishop
  • Guión: Larry Bishop
  • Intérpretes: Larry Bishop, Michael Madsen, Dennis Hoppe
  • Argumento: Pistolero y su banda de motoristas -los Víctor-, tienen cuentas de sangre pendientes con los salvajes 666. La muerte de su antigua novia Cherokee Kisum clama venganza. El desierto será testigo de un viaje plagado de muerte, sexo, traiciones y drogas.

19 |100

Estrellas: 1

Por Andrés Pons (de el Blog del Sr. Pons)

Tarantino es un cachondo, ese es algo que creo que ya todos sabemos y no sorprende a nadie. Parece que últimamente quiere recuperar el llamado cine de explotación y no va a parar en su empeño aunque en esta ocasión los resultados son catastróficos.

El director, guionista, actor Larry Bischop al que vimos junto al autor de Reservoig Dogs en Kill Bill donde también participaba Michael Madsen. Bischop encara su segundo filme en la dirección tras la nefasta comedia encantado de matarte. Otro motero ilustre, nada menos que el creador e intérprete de Easi Rider Dennis Hopper se une al reparto en un guiño a su pasado.

El filme se sumerge en la serie z y explotación de toda la vida. Es decir, diálogos zafios, mujeres desnudas a cada plano, tipos duros y algo de sangre. Sin embargo el trabajo de dirección es realmente mediocre, las interpretaciones de pena, los rubros técnicos parecen de cine amateur. Un filme que podía tener su gracia aunque evidentemente no basta con buenas intenciones pues su conjunto es tan desastroso, que es imposible disfrutar del encanto de la explotación que es lo que se pretendía.

Lo mejor: Sus buenas intenciones, alguna belleza desfilando sin ropa.

Lo peor: Prácticamente todo.

Puntuación (sobre 10): 2

Hell Ride

Por Joan Lafulla (de Almas Oscuras)

Tengo la lección muy bien aprendida: desconfiar de todo aquel producto que tenga el nombre de Quentin Tarantino a la cabeza... ¡a no ser que se trate de una película del propio Tarantino!

Hell Ride se apunta a la moda Grindhouse revitalizada por el tándem Tarantino-Rodríguez, con una historia de venganzas moteras que homenajea las viejas exploitation surgidas de la factoría Corman en los 70.
En realidad no falta de nada: espectaculares motocicletas, cazadoras de cuero, chicas despanpanantes y ligeras de ropa, violencia a raudales, drogas, rock, el calor del desierto y la suciedad del asfalto.

Un compendio de elementos imprescindible en cualquier película de bandas moteras que se precie. ¿Suficiente? En absoluto. Desgraciadamente, ninguno de estos ingredientes consigue rescatar a la película del tedio y aburrimiento en el que se ve abocada en gran parte de su metraje.

Hell Ride, película dirigida, escrita y protagonizada por Larry Bishop, es un producto plano y sin sustancia, cuya confusa trama de venganzas, rivalidades y tesoros escondidos, nos depara un buen número de inconexas y autocomplacientes escenas, rodadas de forma más o menos cool, pero que, en realidad, no aportan nada a la historia. Estampas vacías, carentes de sentido.

Y es que Larry Bishop no es Tarantino. Y los diálogos de Hell Ride no tienen nada que ver con los de Reservoir Dogs. Algunos de ellos rozan el ridículo más espantoso (esa exageradísima y alargada metáfora sexual del bombero que apaga fuegos con su manguera ¿?).
Lo único salvable: nadie hace mejor de Michael Madsen, Dennis Hopper o David Carradine, que los propios Michael Madsen, Dennis Hopper y David Carradine. El resto...

Lo mejor: las impresionantes chicas y volver a ver a Dennis Hopper subido a la moto.

Lo peor: una historia sin garra.

Puntuación (sobre 10): 3

Zombie Diaries

De cuando los zombies dejaron de dar miedo

Zombie Diaries

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  • Título original: De cuando los zombies dejaron de dar miedo
  • Nacionalidad: USA | Año: 2006
  • Director: Michael Bartlett y Kevin Gates
  • Guión: Michael Bartlett y Kevin Gates
  • Intérpretes: Anna Blades, James Fisher y Jonnie Hurn
  • Argumento: Una pandemia de alcance mundial está conviritiendo a los muertos en zombies hambrientos. Los supervivientes deberán ser fuertes y aprender los puntos débiles de los zombies para lograr salir adelante.

19 |100

Estrellas: 1

Hace unos meses, tras confirmarse la presencia del maestro George A. Romero (al que siempre admiraré por ser el creador del moderno zombie antropófago) en el pasado Festival de Sitges, al que acudió como invitado especial para participar en las celebración del 40 aniversario de su obra maestra “La noche de los muertos vivientes”, se me ocurrió releer una entrevista que concedió durante su anterior visita al festival, en el 2007.

Durante el transcurso de la misma Romero arremetió con las últimas tendencias que presentan al zombie como un ser ágil y rápido, lejos de la torpeza y lentitud que caracterizan a sus criaturas originales. Según el propio Romero “Eso, simplemente, no son zombies de verdad” (supongo que se refería, entre otras, al genial remake de su propia película “Dawn of the Dead”, titulada en España “El Amanecer de los muertos”, y que fue dirigida por Zack Snyder –actualmente finalizando su trabajo en “Watchmen”-).
Romero argumenta que un muerto que vuelve a la vida no puede hacerlo en unas condiciones físicas óptimas. La mayoría de sus órganos están deteriorados e inactivos. Sus músculos se han atrofiado y su piel se cae a jirones. Su cuerpo, en general, ha iniciado un imparable proceso de descomposición.
Ver a un zombie correr, saltar y sortear obstáculos con la facilidad y la gracia de un felino, carece de toda lógica según los principios naturales que rigen el universo zombie fundado por el maestro Romero.

Personalmente, el hecho de que un zombie muestre la lentitud de un caracol o que, por el contrario, sea capaz de retar al mismísimo Usain Bolt a una carrera de 100 metros lisos, me trae sin cuidado. Considero que la polémica (en caso de que realmente exista), es irrelevante.

Cuando me enfrento a una película del subgénero zombie, sólo le pido una cosa a nuestros entrañables muertos en vida: que den miedo.
Que su sola presencia haga cundir el pánico entre los pobres desgraciados que han sobrevivido al Apocalipsis y que pronto pasaran a formar parte de la monótona dieta rica en proteínas de sus congéneres zombies.

Zombie Diaries

Y tras este largo preámbulo (que me ha servido para robarle tiempo y espacio a la película que hoy nos ocupa), ya estoy en disposición de afirmar que, “Zombies Diaries”, como película adscrita al subgénero zombie, es un auténtico desastre.

La presencia de los muertos vivientes en “Zombies Diaries” es prácticamete testimonial, intrascendente. ¿Qué se puede esperar de una película de zombies en la que los susodichos no causan miedo? Cuando ni siquiera provocan una mínima sensación de intranquilidad o inseguridad.

Porque soltar a un puñado de zombies con aspecto cansado y aburrido, en mitad del bosque en el que anda perdida la Bruja de Blair, no es garantía de absolutamente nada.

“Zombies Diaries” utiliza el formato de falso documental para dar cabida a una serie de historias, pobremente hilvanadas las unas con las otras, que nos presentan las vicisitudes de varios grupos de supervivientes a una pandemia de alcance mundial que está convirtiendo a los muertos en muertos vivientes.

Michael Barlett y Kevin Gates, guionistas y directores de la película, se valen de la excusa del falso documental y la grabación cámara al hombro, para ofrecernos una constante y agotadora montaña rusa de confusas y mareantes imágenes, muy al estilo de la nombrada “El Proyecto de la Bruja de Blair”. Su único recurso para lograr una atmósfera supuestamente terrorífica es no dejar la cámara quieta ni un solo segundo.
Pero por desgracia, el experimento no funciona. ¿Y porqué razón no funciona una técnica que tan buenos resultados dio en “El Proyecto de la Bruja de Blair? Pues porque “Zombies Diaries” carece de acción, suspense, e incluso sufre una imperdonable falta de escenas gore (algo impensable para una película de este tipo).

Pronto el espectador de tamaña calamidad se da cuenta de que el verdadero peligro no proviene de los zombies, sino de las incontroladas sacudidas de imágenes que, al ritmo de unos 24 fotogramas por segundo, amenazan con afectar gravemente nuestro sentido del equilibrio y provocarnos un mareo de mil pares de narices.

Y por si todo esto fuera poco, de nuevo un giro final que señala al hombre (y no al zombie) como único epicentro de la auténtica maldad. Un recurso que ya hemos visto en infinidad de películas, la gran mayoría de ellas superiores a este decepcionante “Zombies Diaries” (y lo peor de todo es que la película parece tomarse muy en serio a sí misma).
Una pérdida de tiempo.

Lo mejor: Que salgan zombies.

Lo peor: Que salgon poco y no den miedo.

Donkey Punch

Sexo, drogas y muerte en alta mar

Donkey Punch

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  • Título original: Donkey Punch
  • Nacionalidad: Reino Unido | Año: 2008
  • Director: Oliver Blackburn
  • Guión: Oliver Blackburn y David Bloom
  • Intérpretes: Jaime Winstone, Julian Morris, Nichola Burley
  • Argumento: Tres chicas y cuatro chicos deciden pasar una jornada de sexo y drogas en un yate de lujo. La pesadilla comenzará cuando una de las chicas muera por accidente a consecuencia de una brutal prácitca sexual. Todos harán lo posible por sobrevivir.

62 |100

Estrellas: 4

“Donkey Punch” (o “golpe del burro”) es el nombre de una nefasta práctica sexual consistente en que el hombre golpee de forma seca y leve a su pareja en la parte posterior del cuello (en la nuca) para que ésta experimente un instintivo acto de contracción de su ano o vagina justo en el momento de la eyaculación, logrando –por estrangulamiento- un aumento de la sensación de placer por parte de quien ejecuta el golpe.

Combinar semejante estupidez (me niego a nombrarla de nuevo “práctica sexual”) con una orgía en alta mar, y sumarle generosas cantidades de drogas y alcohol; no puede desembocar en otra cosa que no sea la sangrienta tragedia en la que se ven involucrados los siete jóvenes de hormonas revolucionadas (cuatro chicos y tres chicas) protagonistas de la ópera prima del director británico Olly Blackburn.

El funesto golpe en cuestión acabará, de forma involuntaria, con la vida de una de las chicas. La desgracia queda registrada en una cinta de video digital que pasará a ser, por razones muy distintas, el objeto de deseo de todos los implicados.

Donkey Punch

Tras un pausado inicio en el que “Donkey Punch” dibuja un escenario de alcohol, drogas y sexo a bordo de un lujoso yate, la muerte de la chica será el detonante de una tensa e insostenible situación que pondrá a prueba la resistencia y las convicciones morales de cada uno de los protagonistas.

“Donkey Punch” pertenece a un género de películas que, particularmente, siempre me ha atraído. El de esas películas que juegan a colocar en una situación extrema a un grupo de personas, más o menos normales (ningunos de los protagonistas de “Donkey Punch” tiene, a priori, el perfil de un psicópata o un asesino, aunque algunos acaben comportándose como tales), sometidos a una presión insoportable; para que el espectador pueda contemplar hasta dónde son capaces de llegar y lo que son capaces de hacer cada uno de ellos –y sin excepción- en aras a garantizar su propia integridad y seguridad.

Bajo esta premisa hay varios puntos destacables en la propuesta de Olly Blackburn.
Por un lado la magnífica descripción de los personajes. Trabajar con un grupo de jóvenes obsesionados por la diversión sin límites y el sexo sin control, supone un gran riesgo de caer en los tópicos del personaje descerebrado, plano y sin personalidad propia (algo que acostumbra a ocurrir en las películas norteamericanas de género). Sin embargo, en “Donkey Punch” nos encontramos con unos personajes ricos en matices (cuando el muchacho que da la impresión de ser el más peligroso de todos sufre una grave herida, su única obsesión es la de poder llamar a su hermana), que actúan de forma bastante coherente y lógica ante situaciones de extrema gravedad (salvo excepciones, como la de la chica que decide poner fin a su vida de forma absurda y sin sentido); y unas protagonistas femeninas fuertes que, lejos de estar condenadas a sufrir las consecuencias de todo lo que está ocurriendo en el yate, no dudan en usar la violencia y la brutalidad en su propio beneficio, hasta límites en los que uno acaba dudando sobre quiénes son las auténticas víctimas y quiénes los verdugos.
Todo ello secundado por unas gratificantes actuaciones de todos los actores que intervienen en la película y, en especial, del elenco femenino.

Otro punto a destacar es el tratamiento del sexo durante la primera parte del film. Cabía esperar, por parte de Blackburn, una puesta en escena que realzara los aspectos más escabrosos y morbosos de la orgía que desencadena toda la posterior tragedia. Sin embargo, el director se decanta por un desarrollo mucho más realista y cercano, sin necesidad de cargar las tintas ni la pretensión de acabar siendo la escena más sexy/truculenta del año. De forma que todo transcurre dentro de la normalidad de la situación. Sin estridencias. Lentamente, tomándose todo el tiempo que sea necesario. Sexo crudo, sin añadiduras. Y todo ello contribuye, finalmente, a un impacto mayor de toda la escena y, en concreto, del momento en que se produce el fatal golpe al que hace referencia el título de la película.

También hay ciertos aspectos en la violencia mostrada en la película que merecen destacarse. “Donkey Punch” juega la baza de la violencia realista, sin demasiados adornos. Las muertes son como rápidos y rotundos puñetazos directos al estómago. Sin demasiadas concesiones a la sangre y al espectáculo gratuito.
Supongo que para los adictos al gore, la contención con la que se muestran los momentos de explícita violencia les sabrá a muy poco. Posiblemente tan solo una de las últimas muertes (la más original), en la que una de las chicas utiliza una parte importante de la embarcación como arma, acabe colmando sus expectativas.

Sin embargo, y pese a todos los valores al alza en el debut de Blackburn, “Donkey Punch” no acaba siendo todo lo satisfactoria que debería haber sido.
También hay aspectos que juegan en su contra.
El más grave de todos, un ritmo excesivamente lento y cansino. Una vez producida la muerte de la chica, Blackburn se toma demasiado tiempo en construir los diferentes focos de tensión entre los protagonistas. En ocasiones se acaba teniendo la sensación de que no ocurre nada, de que la trama no avanza y lo único que hacemos es dar vueltas y más vueltas sobre una misma y reiterativa situación.

Lo lógico era pensar que tras el accidente de la chica, la historia daría un giro radical y se dirigiría hacia una vorágine de violencia y situaciones límite. Sin descanso. Sin tregua.
Pero nada más lejos de la realidad. Tras su muerte, la película, por momentos, se hace más lenta, más pausada; hasta provocar una cierta sensación de desgana y desánimo en el espectador.

Por suerte, finalmente la historia, aunque sea a trompicones, acaba por despegar; dejándonos un film serio, bien construido, por momentos atractivo y potente, que se hace merecedor de una seria recomendación pese a ciertos defectos que repercuten de forma negativa en el resultado final.

Lo mejor: Altas dosis de tensión, violencia y sexo.

Lo peor: En ocasiones es demasiado lenta.

The Thirst

Vampiros bajo el síndrome de abstinencia.

The Thirst

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  • Título original: The Thirst
  • Nacionalidad: USA | Año: 2006
  • Director: Jeremy Kasten
  • Guión: Ben Lustig
  • Intérpretes: Clare Kramer, Jeremy Sisto y Matt Keeslar
  • Argumento: Max está destrozado tras el suicido de su novia Lisa. Finalmente descubre que Lisa ha entrado a formar parte de un clan de vampiros que pasan las noches disfrutando de los placeres de la sangre.

29 |100

Estrellas: 2

En las últimas décadas se han sucedido los intentos, más o menos afortunados, de redefinir, en términos cinematográficos, el concepto de vampirismo.

Las aportaciones han sido numerosas y variadas. Desde empeños por crear nuevas mitologías vampíricas alejadas de los escenarios tradicionales (p.ej. "Guardianes de día", "Underworld"), pasando por propuestas que buscan, desesperadamente, una modernización del mito que permita adaptar los esquemas clásicos del mismo a gustos y preferencias más actuales (p.ej. "Blade", "Jóvenes Ocultos", "Los Viajeros de la Noche"); o incluso una discutible tendencia a someter el género vampírico a los dictámenes del cine juvenil y adolescente de consumo masivo (p.ej. la referencial serie de televisión "Buffy, the vampire slayer", o la inminente "Crepúsculo" -Twilight-, con vampiros adolescentes, románticos y vegetarianos -sic-).

The Thirst

En ocasiones los resultados han supuesto un fortalecimiento del subgénero por medio de propuestas innovadoras e inteligentes que han contribuido a ampliar el imaginario vampírico, adaptándolo a los nuevos tiempos que corren (p.ej. "Blade", "Los Viajeros de la Noche" o "Underworld").

Por desgracia este no es el caso de "The Thirst", película dirigida en 2006 por Jeremy Kasten.
Tras una sencilla trama -deudora de "Los Viajeros de la Noche"-, Kasten procura mezclar una serie de conceptos supuestamente innovadores dentro del subgénero vampírico.
"The Thirst" intenta ser original y ofrecernos una faceta del vampirismo que pocas veces hemos tenido la ocasión de contemplar: la del sujeto vampiro como víctima y esclavo de una adicción incurable a la sangre, que le empuja a cometer terribles asesinatos para lograr su dosis diaria.

Max y Lisa, la pareja de vampiros protagonista de "The Thirst", toman conciencia de su enfermedad/addicción y deciden ponerle solución, encerrándose en una habitación y superando juntos el síndrome de abstinencia, en una de las escenas mejor resueltas y más curiosas del film.

El principal obstáculo que nos impide disfrutar de "The Thirst" es que esas supuestas ideas o planteamientos innovadores se ven fuertemente lastradas y sepultadas bajo una innecesaria oleada de sangre que acaba convirtiéndose -de forma errónea- en el principal -y casi único- aliciente de la película.

Jeremy Kasten demuestra un especial interes en que el rojo sangre inunde cada uno de los fotogramas en los que aparecen los vampiros saciando su sed de hemoglobina, hasta extremos en los que el abuso de dicho recurso acaba siendo absurdo, redundante y superfluo.
No tengo nada en contra del gore ni del uso de ingentes cantidades de sangre en una película de terror (más bien todo lo contrario). El problema surge cuando esas escenas gore acaban dañando, de forma irreversible, una trama que se presuponía singular e interesante.

Da la impresión de que la historia, en sí misma, queda subordinada o limitada a ser un mero nexo de conexión entre las constantes explosiones de sangre y violencia.

Pero hay otros factores que también contribuyen a que "The Thirst" acabe siendo una experiencia decepcionante.
Por un lado la nefasta actuación de Matt Kessler, quien interpreta el papel de Max, protagonista principal de la trama. Sus recursos interpretativos son nulos, limitándose a poner cara de no saber qué demonios está ocurriendo a su alrededor durante todo el metraje.

Tampoco la confusión del montaje en las escenas de violencia y determinados recursos estilísticos demasiado deudores del mundo del videoclip, ayudan a que nos integremos en la trama.

En definitiva, una película de vampiros que dilapida gran parte de sus buenas intenciones iniciales bajo excesivas dosis de sangre que no logran integrarse de forma correcta en la historia. Una pena.

Lo mejor: Ciertas ideas de fondo (aunque mal desarrolladas) y algunas escenas puntuales, como la de Max intentando revivir a una amiga a la que acaba de morder con la intención de convertirla en vampiro.

Lo peor: Que la obsesión por ofrecer cuanta más sangre mejor juegue en contra del desarrollo de la historia.

Jack Brooks: monster slayer

Ha nacido un nuevo heroe... y está muy cabreado

Jack Brooks: monster slayer

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  • Título original: Jack Brooks Monster Slayer
  • Nacionalidad: Canadá | Año: 2007
  • Director: Jon Knautz
  • Guión: John Ainslie, Jon Knautz, Trevor Matthews
  • Intérpretes: Robert Englund y Trevor Matthews
  • Argumento: Jack Brooks vive torturado por la muerte de su familia a manos de un monstruo. Víctima de unos ataques de ira incontrolables, encuentra un nuevo sentido a su vida cuando tiene la oportunidad de convertirse en: ¡Jack Brooks, asesino de monstruos!

59 |100

Estrellas: 3

Jack Brooks era un niño feliz hasta que, en una aciaga noche de acampada en el bosque, fue testigo de cómo su familia fue asesinada y devorada por un salvaje monstruo, mientras el se limitaba a escapar del lugar sin echar la vista atrás.

Jack ha llegado a la treintena, y su vida está marcada por aquel trágico acontecimiento vivido en el bosque. A causa del sentimiento de culpa que le invade por no haber hecho nada por su familia, Jack experimenta unos constantes ataques de ira que no puede reprimir de modo alguno.

Su vida es un auténtico desastre. Constantes visitas a un psicólogo que no le proporciona ninguna solución a sus problemas, una novia a la que no ama, unas clases nocturnas a las que odia asistir..., y esa maldita rabia interior que no hace otra cosa que meterle en serio apuros.
Pero todo cambiará cuando Jack encuentre la verdadera razón de su existencia (y una forma inmejorable de canalizar su ira): ¡Aniquilar monstruos!

Jack Brooks: monster slayer

La carta de presentación es inmejorable: una monster movie que nos embarca en un viaje temporal hacia las producciones más representativas del género realizadas en los años 80: “Evil Dead”, “Demons”, “Re-Animator”, etcétera.

Sin embargo, el sabor de boca que me ha dejado “Jack Brooks: monster slayer” es, cuanto menos, agridulce.

Frente a sus muchos aciertos (que a continuación os mencionaré), presenta un defecto grave que no me permitió disfrutar de ella como, probablemente, se merecía.
“Jack Brooks” tarda demasiado tiempo en ir al grano. Un primer acto alargado en exceso nos impide disfrutar durante más tiempo de la vorágine de monstruos de látex, tentáculos, sangre, y un anti-heroe de pura antología en que se convierte la película en sus últimos treinta minutos.

No estoy diciendo que ese primer acto sea desechable en su totalidad.
Pese a que cuenta con algunos momentos cercanos al aburrimiento más absoluto, también contiene pasajes realmente interesantes, como por ejemplo las sucesivas visitas de Jack a la consulta de su psicólogo, que constituyen una estupenda y divertidísima forma de desvelarnos el complicado carácter del protagonista principal.
Y también disfrutamos en este primer acto de la excelente interpretación –esta vez sí- del actor Robert Englund (“Pesadilla en Elm Street”), encarnando a un profesor de ciencias que desencadena –sin pretenderlo- una milenaria maldición que acaba convirtiéndole en una mole de carne monstruosa y con ciertas similitudes al “Jabba el Hut” de “Star Wars”

Pero, sin duda alguna, los momentos más gozosos de la función los encontramos en su tercio final, el cual se nos hace, decididamente, muy corto.
Cuando el abominable monstruo en el que se ha convertido el profesor de ciencias –Robert Englund- decide reclutar a sus alumnos para la causa, Jack Brooks comprenderá, al fin, que toda su rabia acumulada debe servir para algo.
Es entonces cuando unos monstruos abonados al recuerdo, diseñados por un competente equipo de maquillaje y efectos –surtidos, para el evento, con una buna provisión de látex-, y alérgicos al frío de los ordenadores y los efectos CGI; cobran la relevancia necesaria y convierten “Jack Brooks: monster slayer” en una auténtica fiesta gore, de ritmo frenético, plagada de referentes ochenteros y plenamente disfrutable por el aficionado más curtido y nostálgico.

Otro de los grandes aciertos de la película es su personaje principal: el Jack Brooks del título (al que algunos ya se han apresurado a comparar con el mítico Ash –Bruce Campbell- de la saga Evil Dead). El actor Trevor Matthews interpreta magistralmente a un perdedor aquejado de constantes ataques de ira, que encontrará su auténtica vocación en la caza y destrucción de monstruos a lo largo y ancho del mundo.
La construcción del personaje, tanto a nivel interpretativo como a nivel de guión, es impecable. Las visitas de Jack a su psicólogo, en las que aprovecha la menor oportunidad para desatar toda su ira ante la impasibilidad de aquel, son una fuente constante de divertidos diálogos que, además, contribuyen de manera ejemplar a la creación del personaje.
El carisma y la fuerza de Jack Brooks –el personaje- invitan a pensar que pronto tendremos una secuela que nos deleite con sus nuevas aventuras.

"Jack Brooks: monster slayer" es una comedia de horror, que rememora con gusto y acierto tiempos pasados, y que es especialmente recomendable en su tramo final.
Si la fiesta hubiera tardado menos en empezar, seguramente estaríamos hablando de un nuevo clásico moderno (aunque de un delicioso sabor añejo).

Lo mejor: Cuando Jack Brooks empieza a matar monstruos la película se vuelve terriblemente divertida.

Lo peor: Tarda demasiado en animarse.

All the boys love Mandy Lane

¿Conoces los encantos de la maravillosa Mandy Lane?

All the boys love Mandy Lane

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  • Título original: All the boys love Mandy Lane
  • Nacionalidad: USA | Año: 2006
  • Director: Jonathan Levine
  • Guión: Jacob Forman
  • Intérpretes: Amber Heard, Anson Mount, Whitney Able
  • Argumento: La bellísima Mandy Lane y sus amigos pasan el fin de semana en una casa junto a un lago. Al caer la noche, un asesino obsesionado por Mandy hará desaparecer a sus amigos, uno a uno.

65 |100

Estrellas: 4

Curioso caso el de la bellísima y seductora Mandy Lane.

En varias ocasiones he intentado poner de manifiesta la grave crisis de ideas y la acuciante falta de originalidad de las propuestas de género que, durante los últimos años, nos han llegado de EE.UU (sobre todo en productos que han conseguido estrenarse en salas comerciales de medio mundo).
El problema se agrava cuando nos adentramos en el subgénero del slasher o body count. Unos esquemas repetidos hasta la saciedad desde los años 80, y una continua marea de subproductos destinados a un público juvenil, que jamás lograban superar los límites de la más absoluta y cruda mediocridad; han condenado al slasher a la agonía de un producto previsible, reiterativo, y carente de interés.
La única razón por la que siguen llegándonos propuestas de este tipo desde Hollywood, parecen ser los estupendos resultados en taquilla que siguen cosechando durante su primera semana en cartel (suficientes para arrojar ganancias), abarrotando los cines de jóvenes ávidos de una nueva y clónica muestra de terror adolescente, y cayendo en el olvido a partir de la segunda semana.

All the boys love Mandy Lane

Pero cuando todo el panorama parecía estar claro, y el estado catatónico del subgénero parecía irreversible, llega Mandy Lane para sacudir nuestras cabezas y hacernos ver que no todo está perdido para el slasher.

“All the boys love Mandy Lane”, película dirigida en el 2006 por Jonathan Levine, transita por los familiares terrenos del slasher clásico. Un grupo de amigos deciden pasar un fin de semana en una casa junto a un precioso lago. Un sádico asesino irá acabando con todos ellos, de uno en uno.
Hasta aquí, nada nuevo bajo el sol. Parece lo mismo de siempre (y realmente lo es). Pero entonces, ¿por qué “All the boys love Mandy Lane” me ha seducido y reconfortado hasta el punto de renovar mi confianza en el género?

Tras un magnífico inicio en el que somos testigos de las dramáticas consecuencias que el influjo de Mandy Lane puede ejercer sobre aquellos que la rodean, la película discurre por cauces afines a la comedia juvenil más trillada: sexo, drogas, lugares comunes, y personajes estereotipados –el ligón seguro de sí mismo, el ocurrente sin ninguna posibilidad, la amiga insegura, …-.
Pero todo cambia cuando la noche cae sobre el lago, y un misterioso asesino (que pronto dejará de ser un misterio, en uno de los giros más interesantes y originales de la película) decide librarse de los posibles competidores que puedan disputarle los favores de Mandy Lane (por cierto, excelente interpretación de la joven actriz Amber Heard).

Se nos presenta entonces un slasher sólido y contundente que, al margen de posibles reinterpretaciones pseudo religiosas que a mí, personalmente, me dejaron frío (Mandy Lane como la fruta prohibida que llevará al desastre a todos aquellos que la deseen y adoren), pero que harán las delicias de quienes disfruten de las dobles lecturas; destaca por una trama atractiva, coherente y efectiva, poseedora de una tensión palpable, y que no siente la necesidad de recurrir a vacíos sobresaltos, tan en boga en los slashers juveniles.

Las muertes son directas, sin preámbulos, sin demasiados artificios. Efectivas en su crueldad pero sin permitir que se conviertan en el principal –o único- reclamo de la función.
La excelente fotografía, sucia y granulosa, deudora de los grandes clásicos de los 70, contribuye a crear una atmósfera de constante inquietud y desasosiego.

La descripción de los personajes está por encima de la media en este tipo de producciones. No es que los protagonistas se alejen de los roles de simples estereotipos que esperan pacientemente el momento de su brutal muerte; pero el hecho de que sus comportamientos y actitudes graviten en torno a la figura de Mandy Lane, les contagia de cierto atractivo e interés a los que no estamos acostumbrados.

Y por supuesto su conclusión. Unos últimos veinte minutos que nos proporcionan uno de esos finales capaces de congregar detractores y entusiastas a partes iguales. No faltaran las voces que nos dirán que el final es previsible, tramposo y poco inspirado.
Mi opinión es muy distinta. Una conmoción final impresionante, salvaje, brutal y sorprendente (puede que a estas alturas peque de ingenuo, pero no me lo esperaba), y que deja bien resueltos algunos aspectos del guión que generaban ciertas dudas.

En definitiva creo que “All the boys love Mandy Lane” es una magnífica y necesaria película de la que hay que gritar sus excelencias y ocultar, en cierta forma, sus defectos (que también los tiene: carencias en el ritmo, excesos en la estética de video clip, …).
Con “All the boys love Mandy Lane” recupero la fe perdida en un género que creía que no podía dar más de sí. No añade nada nuevo. No rompe ningún esquema ni reinventa el género. Pero sí es la prueba concluyente de que todavía es posible fabricar un slasher de estructura clásica que sea digno, entretenido, sugestivo, y que no insulte nuestra inteligencia.

Quizás quienes nos apresuramos a profetizar la muerte del subgénero estábamos equivocados. Quizás incluso el desgaste del slasher no sea un síntoma tan evidente como pensábamos. Cabe la posibilidad de que toda esa percepción fuera irreal, incierta, un espejismo creado a partir de una inacabable lista de títulos que no lograban sobrepasar un listón de mediocridad al que “All the boys love Mandy Lane” acaba de darle una patada en el culo.

Mandy Lane es esa belleza inaccesible y etérea que recorre los pasillos de nuestros institutos ante la libinidosa mirada de quiénes sólo pueden soñar con poseerla.
¡Entreguémonos a los encantos de la seductora Mandy Lane!

Lo mejor: Que por fin me vuelva a entusiasmar un slasher clásico

Lo peor: Ciertos fallos de ritmo y, sobre todo, que una película innecesaria como Prom Night (2008) haya sido un relativo éxito de taquilla, mientras que seguimos sin saber nada de la distribución de Mandy Lane.

La Morgue

Elige otro lugar para descansar en paz

The Morgue

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  • Título original: The Morgue
  • Nacionalidad: USA | Año: 2008
  • Director: Halder Gomes y Gerson Sanginitto
  • Guión: Najla Ann Al-Doori y Andrew Pletcher
  • Intérpretes: Bill Cobbs, Chris Devlin, Heather Donahue
  • Argumento: Un grupo de personas se encuentran atrapadas en un morgue. Una a una iran cayendo a manos de un misterioso asesino. Finalmente descubriran que nada es lo que parece.

15 |100

Estrellas: 1

Ante el inminente estreno en España de la película “The Morgue”, en formato DVD, os adelanto el comentario de la misma.

Lo cierto es que me causa muchísima pereza hablaros de una película como “The Morgue”. Posiblemente la misma pereza que experimenté viéndola.

Porque “The Morgue” es una mala película. Sin paliativos, sin atenuantes que puedan jugar a su favor. De forma que intentaré ser breve y me esforzaré para que el trago resulte lo menos amargo posible.

The Morgue

Repasemos su particular decálogo de pecados:

1| Su ritmo cansino y repetitivo. Los directores se empeñan en rellenar los puntos muertos de la película a base de contínuos travellings que recorren los pasadizos supuestamente tenebrosos de la morgue. Y cuando consiguen olvidarse de los pasadizos, recurren a insertos de estatuas mortuorias o planos de la luna llena que no aportan absolutamente nada.

2| Las horribles interpretaciones de todos los actores, del primero al último. Cierto que la historia carece de garra e interés alguno, y que los personajes difícilmente podrían salvarse de la mediocridad del conjunto, pero un poquito más de implicación por parte de unos actores, prácticamente desconocidos, no hubiese estado de más.

3| Carece por completo de la atmósfera inquietante que la trama está pidiendo a gritos.

4| El asesino con menos carisma y menos aterrador que recuerdo.

5| Un guión repetitivo y repleto de incongruencias.
Dejan a un tipo solo en una habitación y aparece muerto, sin que sepan qué le ha ocurrido. Acto seguido dejan a una niña sola en la misma habitación ¿?
Incluso uno de los personajes conoce el nombre de otro sin que nadie se lo haya dicho.

6| Unas muertes insulsas y carentes de imaginación.

7| Una historia pretendidamente original pero que, finalmente, acaba siendo demasiado previsible. Prefiero no contaros nada sobre la historia y su desenlace (si a alguno se le ocurre verla, el final es, quizás, el único aliciente que le quedará), pero si buscáis una película digna con una trama similar a "The Morgue", os recomiendo “Dead End (Atajo al infierno)” (2003).

Y eso es todo. Sí, ya sé que no he llegado a los diez pecados. Pero creo que tampoco es necesario. A estas alturas todos os hacéis una idea del despropósito al que nos enfrentamos. “The Morgue” no sirve ni para pasar el rato. Un desastre de principio a fin.

Es vergonzoso que películas como estas nos lleguen al mercado doméstico pocos meses después de su estreno, y que todavía estén pendiente de distribución películas como “Frontiere(s)” (2007) o “À l’Intérieur” (2007).

Lo mejor: El desenlace de la trama.

Lo peor: Que se haya hecho.