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La Semilla del Mal

Una colección de sustos que ya conocemos de antemano

La Semilla del Mal

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  • Título original: The Unborn
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: David S. Goyer
  • Guión: David S. Goyer
  • Intérpretes: Odette Yustman, Gary Oldman, Cam Gigandet
  • Argumento: La joven y bella Casey se ve asediada por un Dybbuk, un demonio que, bajo la apariencia de un niño, pretende habitar su cuerpo.

21 |100

Estrellas: 2

David S. Goyer parece empeñado tanto en demostrar sus excelencias como escritor, dejando su impronta en guiones del calibre de “Blade”, “Dark City”, “Batman Begins” o “Batman Dark Knight”; cómo en hacernos partícipes de su mediocridad tras las cámaras, con su olvidable –y en ocasiones vergonzoso- debut como director, “Blade: Trinity”, y un segundo y semidesconocido proyecto del que no puedo comentar nada porque, como la mayor parte del planeta, no he tenido la oportunidad de verlo (ahora, todos los que la hayáis visto “The Invisible”, tomaos el tiempo que considereis necesario para resaltar mi ignorancia).

Con este panorama, “La Semilla del Mal” parecía ser la ocasión perfecta para que Goyer, de nuevo director y guionista del evento, diera un paso firme y decisivo para reivindicar su lugar en la industria.

La Semilla del Mal

“La Semilla del Mal” es un híbrido entre cualquier película de fantasmas asiática, con niño paliducho y perverso incluído (dejo que seáis vosotros mismos los que busquéis un título adecuado a esta comparación. A mí todas las películas de fantasmas asiáticas me parecen iguales...); y una versión pobre y trasnochada del “El Exorcista” (The Exorcist, 1973) -desde una secuencia que nos remite a la mítica imagen de la niña-araña bajando las escaleras, hasta un exorcismo final que, en cuanto a intensidad y capacidad de horror, está a años luz de lo que sucedía en el clásico de William Friedkin-.

El principal problema de “La Semilla del Mal” está en la notoria incapacidad de Goyer para manejar, con un mínimo de solidez y singularidad, los resortes de terror que acompañan a la película. De esta forma, “La Semilla del Mal” acaba siendo un simple compendio de sustos con preaviso, que carece de la fuerza y la rabia necesarias para complacer, mínimamente, a cualquier buen aficionado al género.

El modus operandi seguido por Goyer para dar forma a cada una de las escenas de impacto de la película, es de una obviedad aplastante. En primer lugar apaga la música. Fuera banda sonora. Silencio absoluto.
En segundo lugar un par de falsas alarmas, para que el espectador se confíe y crea que el peligro ha pasado –sic-. Y, finalmente, el impacto, convenientemente acompañado del atronador efecto sonoro correspondiente –y único culpable, a la postre, de que se te acaben revolviendo las tripas-.

Y este es, basícamente, el mecanismo que el director utiliza, una y otra vez, en todas las escenas de horror directo que se dan cita en la película.
Es cómo si Goyer mandara un telegrama al espectador segundos antes de que se produjera cada susto, informándole debidamente de lo que estaba a punto de ocurrir y cómo iba a ocurrir. Así que, lo único que le queda por hacer al espectador es esperar. Y cuando por fín crea que algo va a suceder... pues sencillamente, sucede. No hay lugar para la sorpresa. Todo se ve venir de lejos, todo es cansinamente previsible; con lo cual se pierde la capacidad de impactar al espectador, de asustarle, de conseguir que salte de su butaca.

Nos sabemos de memoria todos los sustos de “La Semilla del Mal”: espectros que emergen de la oscuridad, personajes que levantan sus ojos del suelo para mostrar su peor cara, espejos que esconden terribles sorpresas... Nada nuevo. Y lo peor de todo es que “La Semilla del Mal” nos muestra los clichés de siempre con la blandura y neutralidad de una película que pretende ser apta para todos los públicos. La película viaja con el piloto automático puesto, sin forzar los límites de ninguna de las situaciones de terror que se nos plantean.
Incluso su excelente fotografía, sus correctísimos efectos visuales, y la evidente belleza de su protagonista femenita -Odette Yustman, a la que vimos en “Monstruoso” (Cloverfield, 2008)-, acaban jugando en su contra; ofreciéndonos un producto final demasiado aséptico, demasiado limpio, carente de riesgo.

Por buscarle algún punto positivo, la trama que explica el orígen del fantasma, situándolo en los márgenes de la cábala y antecesor a cualquier religión conocida.

En definitiva, una nueva decepción de David S. Goyer, un guionista metido a director que, lejos de lograr despejar dudas, ha conseguido con “La Semilla del Mal” que su crédito como realizador se agote peligrosamente.

Por cierto, acudí a ver la película el día de su estreno –viernes-, en sesión nocturna -22:30 horas-. La sala ofrecía un estupendo aspecto, con prácticamente las tres cuartas partes del aforo vendido. La gran mayoría del público asistente eran parejas, en las cuales la chica no tardaba ni cinco minutos en agarrarse con fuerza al brazo del chico.
Y, posiblemente, las sesiones de tarde también gozaron de muy buen aspecto, repletas de grupos de adolescentes devorando palomitas y soltando una risilla nerviosa en cada susto.
Supongo que si lo que buscaba Goyer era hacer una película de terror que no molestara demasiado y fuera fácilmente soportable para la gran mayoría del público, habrá logrado su objetivo. Si lo que buscaba era una auténtica película de terror, que realmente provocara miedo y que convenciese al verdadero aficionado al género, la cosa es mucho más discutible.

Lo mejor: Ciertos aspectos originales que hacen referencia al orígen de la amenaza.

Lo peor: La absoluta previsibilidad y blandura de todos sus momentos de terror.

Repo! The Genetic Opera

Una epopeya gótica y sangrienta a ritmo de ópera rock.

Repo The Genetic Opera

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  • Título original: Repo! The Genetic Opera
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Darren Lynn Bousman
  • Guión: Darren Smith, Terrance Zdunich
  • Intérpretes: Alexa Vega, Paul Sorvino, Anthony Head, Paris Hilton
  • Argumento: Una epidemia provoca el fallo de los órganos internos de los humanos. GeneCo, tiene en su poder el monopolio de la venta de órganos, y Repo Man es el encargado de recuperar los órganos de aquellos clientes que inclumplan sus deudas con la corporación.

70 |100

Estrellas: 4

Repo The Genetic Opera

Me he pasado demasiado tiempo solicitando ideas frescas y planteamientos originales que lograran dar un vuelco al actual estado del género.
Demasiado tiempo malviviendo a base de secuelas, remakes o propuestas que jamás lograban despertar sensaciones inéditas.

Las excepciones son pocas. Cada año se pueden contar con los dedos de una sola mano las películas ante las cuales reaccionamos con entusiasmo por tratarse de propuestas innovadoras, nunca vistas con anterioridad.

Y ahora nos llega “Repo! The Genetic Opera”, el musical de horror-gótico-futurista (menuda definición... aunque os aseguro que “Repo” tiene más de musical que de ninguna otra cosa), dirigido por Darren Lynn Bousmann (Saw II, III y IV), para mostrarnos que no todo está perdido, y que proyectos radicalmente novedosos e insólitos tienen su lugar en el vigente panorama del horror moderno.

Repo The Genetic Opera

Probablemente los quince primeros minutos de metraje serán suficientes para que cualquiera de vosotros se haga una idea muy clara sobre si “Repo” es, o no es, la película que estaba esperando.

Quince minutos son suficientes para darnos cuenta de que la revolución visual y estética que prometía “Repo” se queda, prácticamente, en nada. O en muy poca cosa. Unos planos generales que nos remiten –lejanamente- al universo creado por Ridley Scott en "Blade Runner", y unos interiores deudores de la estética de videoclip de cualquier grupo de rock-gótico que triunfe actualmente en la MTV.
No busquéis en “Repo” un concepto visual innovador o transgesor. No lo tiene. “Repo” es visualmente correcta y efectista, siempre a la altura de lo requerido por la historia que se nos cuenta. Pero, ciertamente, sus imágenes están lejos de suponer la revolución, en este aspecto, que muchos esperábamos (posiblemente, las restricciones presupuestarias a las que se ha visto sometido Darren Lynn Bousman, han acabado haciendo mella en el resultado final de la película).

Quince minutos son más que suficientes para que aquellos que todavía alberguen alguna duda –por pequeña que sea- sobre si podrán disfrutar o no de un auténtico y genuino musical, en el que el 99% de los diálogos son cantados (creo que tan sólo hay un par de líneas del guión que no se inscriben en el marco de una canción); abandonen definitivamente el barco y busquen alguna alternativa –del tipo que sea- que cubra los casi cien minutos que dura “Repo”.
Porque “Repo” es, ante todo, un musical. Cierto que posee elementos que la acercan al género del terror – la sangre, el ambiente gótico, la violencia desmedida -; pero todo aquel que no se vea capaz de aceptar las reglas intrínsecas al género musical –personajes que se expresan, constantemente, a través de la música, el baile, y la letra de las canciones- difícilmente podrá entrar en el juego que nos propone “Repo”. Si el espectador de “Repo” no tiene cierta experiencia y afinidad con el género musical, posiblemente su experiencia con la película esté condenada al más rotundo fracaso.

Quince minutos son suficientes para darnos cuenta del aluvión de números musicales que se nos viene encima. Es absurdo pensar que todos estarán al mismo nivel. Cómo ocurre en cualquier otro musical, “Repo” tiene marcados altibajos que vienen definitidos por la fuerza de sus números musicales. Frente a contundentes y conmovedoras escenas como la de “I’m infected”, tenemos otras mucho más convencionales y rutinarias que entorpecen el ritmo de la película.

Quince minutos bastan para comprobar que la historia que nos cuenta “Repo”, es demasiado pobre y que no da para muchas alegrías. Un cocktail de odios, venganzas, y secretos de família que, perfectamente, podrían formar parte de cualquier folletín de sobremesa. Pronto tenemos la sensación de que, entre tanto número musical, la historia no avanza o, por lo menos, no lo hace con la fluidez necesaria.

Con todo esto, ¿cuál fue mi reacción pasados los primeros quince minutos de película? Pues seguí pegado a la pantalla y me dejé llevar por el universo oscuro, trágico, radical, excéntrico, gótico, sangriento, musical y plagado de maravillosos personajes secundarios que nos ofrece “Repo The Genetic Opera”.

Su empaque visual no es todo lo esplendoroso que debería haber sido, la historia no da para casi cien minutos de película, y algún que otro numerito musical se te acaba atragantando... pero, ¡qué demonios!, cuántas veces tendremos la oportunidad de disfrutar de una ópera rock sangrienta tan original como esta.

Pese a sus múltiples carencias, “Repo” es demasiado innovadora para no recomendarla. No es un plato para todos los gustos y, seguramente, muchos de vosotros toméis la opción de abandonar a los dichosos quince minutos; pero, en cualquier caso, vale la pena el riesgo. Yo, repetiré...

Por cierto, debemos esperar más de quince minutos para averiguar que “Repo” sea, quizás, la única película, de todas las posibles, en la que París Hilton no desentone en absoluto.

Lo mejor: Una apuesta atrevida, arriesgada y distinta.

Lo peor: No es fácil conectar con el universo que nos propone Repo.

Rovdyr

Un survival al estilo Noruego

Rovdyr

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  • Título original: Rovdyr
  • Nacionalidad: Noruega | Año: 2008
  • Director: Patrik Syversen
  • Guión: Patrik Syversen y Nini Bull Robsahm
  • Intérpretes: Henriette Bruusgaard, Jørn Bjørn Fuller Gee, Kristofer Hivju
  • Argumento: Años 70. Cuatro amigos deciden pasar sus vacaciones acampando en plena naturaleza. Su apacible viaje se verá truncado por el salvaje asalto de una banda de cazadores furtivos. La cacería ha comenzado...

25 |100

Estrellas: 2

Algo se mueve en Noruega.
Tras la estimable incursión en el slasher de corte clásico que supuso "Cold Prey" (de la que esperamos nuevas noticias sobre su secuela "Cold Prey 2"), y el anuncio de la que promete ser una de las apuestas más delirantes del presente año, "Dead Snow"; asistimos ahora al intento del debutante director nórdico Patrik Syversen por lograr sacar adelante su particular versión del survival horror norteamericano con marcadas influencias setenteras.

La textura sucia, granulosa y feista de este "Rovdyr" (de los pocos aciertos del film), nos remiten estéticamente –que no en resultados finales-, a obras cumbres del horror de la década de los 70, tales como “La Matanza de Texas” o “Las Colinas tienen Ojos”.

Rovdyr

El inicio titubeante de "Rovdyr" pretende, sin lograrlo, que empaticemos con las distintas personalidades de los protagonistas de la pesadilla, con el objetivo de que entendamos algunas de las decisiones –moralmente cuestionables- que tomarán cada uno de ellos más adelante.
Se agradece el esfuerzo. Pero, realmente, los protagonistas no acaban de alcanzar, en ningún momento, la envergadura necesaria para que podamos sentirnos identificados con ninguno de ellos ni con lo que les sucede. Pese a los esfuerzos del guión durante el inicio del film, los personajes nunca superan el estatus de simple carnaza, destinada a adornar las múltiples escenas de violencia y muerte que salpican la historia.

Tras el inicio –renqueante, pero soportable-, la escena que marca un punto de inflexión en la trama: el primer asalto de los cazadores sobre los desdichados excursionistas. Una magnífica escena que define, a la vez, lo mejor y lo peor de una película como "Rovdyr".

Por un lado, la mencionada escena es una fría, dura, salvaje y directa explosión de violencia, perfectamente planteada y desarrollada; y con absoluta capacidad para incomodar al espectador más curtido. Una fabulosa carta de presentación.

Por otro lado, la misma escena supone el punto álgido de "Rovdyr". A partir de aquí, la película deviene un típico survival que, bajo la variante de cacería humana, nos ofrece una colección de situaciones más o menos tensas, con generosas dosis de sangre y gore, pero definitivamente muy inferiores –en cuanto a su potencial para impactar- a la escena que da inicio a las hostilidades.

Con el transcurso de los minutos, las altas expectativas creadas por la citada escena del primer asalto se van diluyendo y, siendo testigos de un inacabable persecución del gato y el ratón, acabamos teniendo la percepción de que todo lo que es capaz de ofrecernos "Rovdyr" resulta lento, monótono, reiterativo y, lo peor de todo, tremendamente aburrido (lo cual, teniendo en cuenta que la película apenas llega a los 80 minutos de metraje, es un pecado capital).

Además, el guión posee un enorme arsenal de agujeros que impiden, pese a que nos esforcemos en ello, pasarlos por alto y dedicarnos únicamente a disfrutar del espectáculo: cazadores –de los que no sabemos absolutamente NADA- que no aprovechan sus clarísimas oportunidades para acabar con sus víctimas, la protagonista principal que siempre tiene –casualmente- a su alcance un arma (cuchillo, escopeta, arco…) con el que hacer frente a sus perseguidores, o un personaje que aparece durante apenas diez minutos, no tiene una sola línea de guión y cuya única justificación parece ser incrementar el número de muertes de la película.

Una decepción de la que únicamente podemos aprovechar su estética y un par de escenas violentas. Insuficiente…

Lo mejor: Su ajustada duración, su estética setentera y alguna escena gore

Lo peor: Acaba aburriendo al personal

Alien Raiders

La invasión empieza en un supermercado...

Alien Raiders

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  • Título original: Alien Raiders
  • Nacionalidad: USA | Año: 2008
  • Director: Ben Rock
  • Guión: Julia Fair, David Simkins
  • Intérpretes: Carlos Bernard, Mathew St. Patrick, Courtney Ford
  • Argumento: Un grupo de asalto toma por la fuerza un supermercado. Lo que en principio parecía un simple robo, pronto se convierte en una misión mucho más terrorífica de lo que nadie podía imaginar. Los asaltantes buscan el orígen de lo que parece ser una infección..

50 |100

Estrellas: 3

Una verdadera lástima.
"Alien Raiders" tenía muchas posibilidades de convertirse en la serie B revelación del 2008 (tal y como lo fue “Feast” en el 2005). Y lo cierto es que ha estado muy cerca de conseguirlo.
En realidad podemos ver en "Alien Raider" un esclarecedor compendio de lo que debe y lo que no debe ser una buena película de serie B.

Ben Rock, director de "Alien Raiders", parece tener las cosas muy claras desde un principio, y hace méritos para ser considerado un alumno aventajado en el actual panorama del cine independiente de género.

No hay dinero. Tampoco hay tiempo. Hay que agudizar el ingenio, ya que las cosas tienen que ser rápidas y baratas –no queda otro remedio-.

Ante la imposibilidad de contar con un actor estrella sobre el que recaiga todo el peso de la acción, Ben Rock decide reclutar a un solvente elenco de actores provinentes del mundo de la televisión (24, Prison Break, Mentes Criminales, Six Feet Under...), entre los cuales destaca el nombre Carlos Bernard, conocido por su carismático rol de Toni Almeida en una de las mejores series televisivas de las últimas décadas: 24.
La apuesta es un total acierto, y todos y cada uno de sus actores cumplen a la perfección con su cometido.

Alien Raiders

Por otro lado, la escasez de recursos impide un despliegue técnico y de efectos que haga justicia a la película, de forma que se hace necesario buscar vías alternativas. Sugerir en lugar de mostrar. Centrarse en ofrecer una trama interesante, unos personajes fuertes y con carácter, y unos diálogos trabajados que nos ayuden a entrar en la historia. Y de nuevo, Ben Rock, parece lograr su objetivo durante, prácticamente, la mitad del metraje.

Tras un arranque espectacular (el asalto al supermercado), "Alien Raiders" construye una interesante y sólida trama que gira entorno a la búsqueda y captura del sujeto infectado. Las relaciones que se establecen entre las víctimas y sus captores -cuyas intenciones no están nada claras- son el principal aliciente de una película que se nos presenta como una seria y respetuosa revisitación del clásico de John Carpenter “La Cosa” (The Thing).

La historia consigue atraparte. Despierta el interés por saber qué ocurrirá a continuación. Cuál será el próximo paso. Las dosis de suspense son óptimas, y la información se va dosificando de manera adecuada. Y, mientras todo esto ocurre, la película sigue avanzando con un ritmo preciso y acertado. Ni siquiera las tópicas escenas de negociación entre policias y raptores consiguen empañar el correcto desarrollo de la trama.

Incluso la racanería argumental de "Alien Raiders" parece, en ocasiones, ser un mal menor que no consigue hacer mella en la película (aunque seguro que en este punto saldrán voces totalmente discordantes). "Alien Raiders" no explica prácticamente nada. No sabemos nada sobre el orígen de la amenaza, o sobre el orígen del equipo de científicos y militares que asalta el supermercado. Se nos plantea una historia, y se nos presentan una serie de personajes y situaciones que nos despiertan un buen número de dudas y preguntas; que no encontrarán respuesta alguna en Alien Raiders. Por mi parte, logré apartar momentáneamente esas dudas, en favor de una historia que lograba mantener mi interés con cierta facilidad (aunque puedo entender que, para muchos, sobrellevar esas carencias argumentales suponga un esfuerzo demasiado elevado).

Pero, por desgracia, todos estos aciertos se van diluyendo poco a poco, hasta el punto de que "Alien Raiders" parece tirar por la borda todo lo conseguido con anterioridad cuando, por fin, la acción, pura y dura, se adueña por completo de la pantalla.
Y es que las carencias y defectos de "Alien Raiders" se hacen muchísimo más evidentes cuando las escenas de acción toman protagonismo. Cuando esto ocurre, Ben Rock opta por apagar las luces y hacer que la cámara tiemble sin control. El resultado es obvio: no vemos nada. Nos debemos conformar con intuir lo que ocurre.

Es imperdonable que una película cómo "Alien Raiders" cuente con tan pocas escenas de acción y que, además, esten todas tan mal resueltas (a excepción de la secuencia que abre la película, por otra parte, la única que no necesita de efectos especiales). La falta de medios no es una excusa válida. La mencionada "Feast" disfrutaba de unas excelentes y entretenidísimas escenas de acción. Incluso cuando su director, John Gulager, optaba por apagar las luces y mover la cámara con excesivo nervio, las escenas de acción seguían siendo terriblemente gozosas.

Un lastre demasiado pesado que convierte a Alien Raider es un producto desequilibrado, irregular y, en cierto modo, decepcionante. Funciona como simple entretenimiento, pero nada más.
En fin... una lástima.

Por cierto, quisiera dedicar este comentario a los amigos de Gore Nation, por su excelente trabajo.

Lo mejor: El inicio, los actores y un guión sólido en la primera mitad de la película.

Lo peor: Cuando la acción hace acto de presencia, la película pierde muchos enteros.

Gutterballs

Una salvaje mezcla de gore y sexploitation

Gutterballs

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  • Título original: Gutterballs
  • Nacionalidad: USA | Año: 2008
  • Director: Ryan Nicholson
  • Guión: Ryan Nicholson
  • Intérpretes: Candice Lewald, Jimmy Blais, Mihola Terizc
  • Argumento: Dos grupos de jóvenes se enfrentan en un partida nocturna de bolos. Un misterioso jugador que responde a las siglas BBK decide entrar en la partida, asesinando cruel y sanguinariamente a todos su rivales en lo que parece un acto de calculada venganza.

60 |100

Estrellas: 3

"Gutterballs" es una película honesta que ofrece al espectador todo lo que promete. Y Ryan Nicholson, su director, es un provocador nato que ha construido, con "Gutterballs", un enorme monumento al mal gusto, la brutalidad y la repulsión.

Hay películas en las que se hace especialmente duro y complicado el proceso de comentarlas y acabar recomendando, o no, su visionado. "Gutterballs" es una de esas películas.

Vaya por delante que no me gustó "Gutterballs". No pude –o no supe- disfrutarla. Demasiados factores juegan en su contra: una historia sin pies ni cabeza (aunque a decir verdad, una película del estilo de Gutterballs no necesita detrás una historia sólida que la sustente), unos personajes exageradamente estúpidos que no dejan de gritar durante todo el metraje (y que parecen empeñados en batir todos los récords en la utilización de la palabra “fuck”), un ridículo asesino con una bolsa de bolos cubriéndole la cabeza ¿?, un evidente homenaje a los slashers más salvajes de los 80 (“Maniac”, “Torso”,...) que a mí, personalmente, no me aportó demasiado, y una resolución terriblemente confusa, absurda y previsible.

Gutterballs

¿Significa todo esto que no recomiendo su visión a ningún aficionado al género?. En absoluto. Estoy plenamente convencido que "Gutterballs" tiene su público. Posee suficientes dosis de violencia, gore, sexo explícito, desnudos, sadismo y crueldad, como para convencer al más exigente de los sibaritas acostumbrado a degustar las propuestas más extremas.

"Gutterballs" es un viaje en una enfermiza montaña rusa en el que cada curva, cada pendiente y cada descenso, se corresponde con una nueva aberración/escena que pone a prueba los límites del sadismo y la obscenidad. Y por si esto no bastara, Ryan Nicholson incluso se permite el lujo de iniciar la vertiginosa travesía en el punto más alto de la atracción, a través de una insoportable secuencia de violación (que sucede a los cinco minutos de iniciarse la película), cuyas dosis de crueldad y violencia desatada nos remiten, irrremediablemente, a un clásico del sexploitation como es “I Spit on your Grave” (La Violencia del Sexo, 1978).

Tras la mencionada secuencia de violación, la historia transita hacia un slasher al uso, con marcadas reminiscencias a los body counts más duros y salvajes de los años 80; en el que un asesino que responde a las siglas BBK (Bowling Bag Killer) extermina a los componentes de un par de bandas que dirimen sus diferencias en un absurdo torneo nocturno de billar.
Os puedo asegurar que las inminentes víctimas del ridículo asesino con la bolsa en la cabeza, son los ejemplares más estúpidos, anormales y merecedores del sangriento destino que les espera, que se haya visto jamás en un body count.

Por supuesto las muertes son el punto fuerte de la trama (como en todo buen slasher que se precie). Y en este punto, nuevamente, Gutterballs no defraudará a los amantes de las emociones fuertes. La suya parece ser una combinación ganadora: sexo explícito y gore excesivo y pasado de vueltas en prácticamente todas y cada una de las escenas de muerte que contiene el film.
Nada que objetar. Como dije al principio, Gutterballs cumple sus promesas. Incluso he de reconoceros que mi lado más salvaje y gamberro llegó a disfrutar con un par de muertes realmente originales: el ocurrente estrangulamiento de una pareja en pleno 69, y la deprabada operación de cambio de sexo (sin anestesia, por supuesto), practicada a un travesti (hacía mucho tiempo que no apartaba la mirada de la pantalla viendo una película de terror).

Pero entonces... si las muertes son vistosas, algunas de ellas originales, y todas ellas sangrientas y obscenas ¿en qué falla Gutterballs? Pues, prácticamente, en todo lo demás.
Entre asesinato y asesinato, la película bascula entre el total aburrimiento y el ridículo más bochornoso, gracias a unos personajes sencillamente detestables y odiosos; y a unos diálogos insoportables que dificultan sobremanera el seguimiento de la trama.

En definitiva, Gutterballs es una de esas películas que logra reunir seguidores y detractores a partes iguales. Por mi parte, ver una película como Gutterballs se asemeja mucho a ver una película pornográfica, donde el uso del avance rápido del mando a distancia se hace imprescindible para saltarnos todo aquello que no sea sexo puro y duro. En Gutterballs me sentí tentado a utilizar el mismo botón para transitar entre las numerosas escenas de asesinatos, prescindiendo de todo aquello que tuviera que ver con su disparatada y molesta trama.

Una última recomendación: si finalmente os decidís a darle una oportunidad, tomárosla con cierto sentido del humor.

Lo mejor: No engaña a nadie: sexo, vilación, mutilación, gore y violencia.

Lo peor: El argumento, los personajes y los diálogos.

Automaton Transfusion

Gore, gore, gore

Automaton Transfusion

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  • Título original: Automaton Transfusion
  • Nacionalidad: USA | Año: 2006
  • Director: Steven C Miller
  • Guión: Steven C Miller
  • Intérpretes: Garrett Jones, Juliet Reeves, William Howard Bowman
  • Argumento: Tres chicos acuden a un concierto en un local del pueblo vecino. Pronto se dan cuenta de que algo va mal. Las carreteras están vacías, y los habitantes del pueblo se han convertido en furiosos zombies. El festín está servido...

70 |100

Estrellas: 4

A estas alturas queda muy claro que el subgénero zombie es un fecundo campo de cultivo para recurrentes proyectos de serie B y también para la serie Z más descacharrante.
Las películas independientes que tienen a los zombies devoradores de carne humana como principal reclamo nos llegan, año tras año, por docenas. La razón que explicaría este fenómeno parece obvia: cualquier realizador que cuente con un mínimo presupuesto (que incluso puede ser minúsculo), un maquillador de confianza (que consiga crear unos zombies más o menos decentes), y un grupo de amigos dispuestos a pasar un buen rato paseándose torpemente por los lugares más inverosímiles en busca de carne fresca, se ve capacitado –sin demasiados reparos- para dirigir su particular odisea zombie.

Ni siquiera es imprescindible contar con un guión (y ya no digamos con un buen guión...). Ha llegado un punto en que aceptamos, de forma prácticamente incuestionable, cualquier estúpido experimento genético del ejército USA, o cualquier pandemia vírica de alcance mundial, que justifique el temible holocausto zombie.

Si a esto le añadimos que el género zombie cuenta con una fiel legión de seguidores repartidos a lo alto y ancho del mundo que reclaman, sin demasiados escrúpulos, cualquier subproducto que tenga a sus adorados muertos vivientes como principales protagonistas, el panorama da la impresión de que no va a variar demasiado: seguiremos disfrutando/aborreciendo la consabida ración anual de películas independientes sobre zombies.

Bajo esta premisa deberíamos diferenciar entre aquellos productos que intentan aportar (desde sus limitaciones presupuestarias) una visión innovadora, fresca o simplemente efectiva y entretenida del subgénero, de aquellos otros que se limitan a explotar, con una acuciante falta de talento y originalidad, los lugares y situaciones comunes del mismo.

O en otras palabras: resaltar las cualidades de entretenidísimas películas como “Dance of the Dead”, por encima de productos absolutamente prescindibles y alimenticios como “Zombie Diaries” o “Zombie Strippers”. ¿A qué grupo pertenece “Automation Transfusion”? Pues depende... Su propuesta es tan radical que difícilmente pondrá de acuerdo a un gran número de aficionados.

Automaton Transfusion

Los diez primeros minutos de “Automation Transfusion” lograron confundirme por completo. Steven C. Miller, director y guionista debutante, encuadra la acción en un típico high school norteamericano al que no le falta, ni tan siquiera, el romance entre el chico inadaptado y la popular cheerleader.

Así que me dispuse con prontitud a asistir a la enésima mezcla de comedia juvenil y película de zombies. Con un poco de suerte el invento llegaría a ser tan divertido como la anteriormente mencionada “Dance of the Dead”.

Pero no tardé mucho tiempo en caer en la cuenta de mi tremendo error.
Todo lo que argumentalmente acontece en “Automation Transfusion”, abolutamente todo (personajes, ambiente high school, disputas entre bandas, romance...) es una mera excusa para dar paso a la verdadera naturaleza de la película: una adrenalítica, brutal y asfixiante orgía de sangre y vísceras servida con una fuerza y contundencia nada habitual en una película de estas características.

Miller parece tener las cosas muy claras. Su propuesta pasa por una búsqueda incansable del impacto más primario, más directo, sobre el espectador. Por una saturación de los sentidos. En definitiva, por una utilización radical del gore más salvaje y desquiciado como único elemento relevante y definitorio de todo lo que sucede ante nuestros ojos.
Los personajes son planos, algunas situaciones son realmente absurdas (¿alguien puede creer que tres chicos envueltos en un apocalipsis zombies decidan volver a su escuela –repleta de muertos vivientes- para ayudar a posibles supervivientes?), los diálogos inexistentes y el devenir de la trama carece por completo de interés (¿a quién le importa lo que finalmente ocurra con esos tres chicos?).

Por lo tanto, ¿qué nos queda? Pues lo dicho: gore, gore, gore...
Pero no un gore autoparódico, o terriblemente excesivo y exagerado –hasta provocar la media sonrisa en el espectador-, tan propio de multitud de series Z que también tienen en la casquería pura y dura su punta de lanza. “Automation Transfusion” se toma muy en serio a sí misma. La multitud de escenas gore que nos ofrece siempre son dolorosas, sucias, difíciles de digerir. No hay absolutamente nada que consiga paliar su fuerza, su intensidad. No hay respiro. No hay descanso.

Miller mueve con nerviosismo su cámara para ser testigo de los ataques zombies más irracionales y virulentos de los últimos tiempos.
Por supuesto la propuesta no es apta para todos los paladares. No todo el mundo acepta una propuesta en la que el gore extremo y repulsivo es el principal –y único- atractivo. Pero está claro que los amantes de las intensas emociones que ofrece el género no se sentirán defraudados.

Por mi parte sólo os puedo decir que disfruté de "Automaton Transfusion" cómo hacía tiempo que no disfrutaba de una película de zombies.

Y para finalizar un último apunte: odio el final de la película. No lo voy a destripar –aunque se lo merece-. Por lo visto Miller planeó la película como la primera de una trilogía (decisión muy arriesgada teniendo en cuenta que se trata de una película independiente). Espero que cumpla su promesa final... (Por cierto, “Automation Transfusion: Contingency” será el título de la segunda parte de la trilogía, que posiblemente nos llegará durante el próximo año 2009).

Lo mejor: 80 minutos de gore adrenalítico.

Lo peor: sólo hay gore. Nada más...

House

¿Estaré condenado al infierno por no gustarme la película?

House

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  • Título original: House
  • Nacionalidad: USA | Año: 2008
  • Director: Robby Henson
  • Guión: Frank Peretti, Rob Green
  • Intérpretes: Michael Madsen, Reynaldo Rosales y Heidi Dippold
  • Argumento: Cuatro víctimas de un accidente, acosados por un asesino en serie, deberán hacer frente a sus pasados para escapar con vida de una siniestra casa.

25 |100

Estrellas: 2

Cada día se aprende algo nuevo. O al menos eso es lo que suele decirse.
Con "House", la película dirigida por el norteamericano Robby Henson, basándose en una novela de Ted Dakker y Frank Peretti, he descubierto un nuevo subgénero que, en los últimos tiempo, ha venido a denominarse “terror cristiano”.

Reconozco que la primera vez que escuché el término me pareció una absoluta ridiculez. ¿Definir todo un género basándose en unas determinadas creencias religiosas? No lo veía nada claro. Ni siquiera me pareció, en su momento, un concepto estrictamente novedoso. ¿Acaso los crucifijos y el agua bendita no son objetos de índole cristiana capaces de mantener a raya a los vampiros?¿O el padre Karras no puso a prueba su fe ante el mismísimo diablo en la clásica “El Exorcista”?
Da la impresión de que el mencionado “terror cristiano” ha existido desde siempre. Pero no es así. Por lo menos no en los términos expresados en "House".
La película de Robby Henson, en su tercio final, va más allá. Mucho más allá. Explorando campos que desconocía en un film de terror.

House

Pero no adelantemos acontecimientos.
Todo lo que "House" es capaz de ofrecernos previamente a su vergonzosa resolución (ya lo he dicho), es una película de terror de la que difícilmente podemos destacar alguna idea o planteamiento remotamente original, pero de la que, posiblemente, tampoco acabaremos aborreciendo ninguna de sus propuestas.
El paradigma de los que significa estar en la media. No destacar ni para bien, ni para mal. El gris como color de fondo.

"House" nos cuenta la historia de dos parejas que viajan en coche y sufren un accidente que les obliga a pasar la noche en un terrorífica casa con habitaciones de alquiler; propiedad de una família de energúmenos no menos terroríficos.
La cosa se complica al entrar en escena un asesino en serie (máscara de acero incluída), obsesionado con dejar mensajes en una lata metálica reclamando, a modo de tributo, una víctima mortal antes de que amanezca, a cambio de salvar la vida del resto de los habitantes de la casa.
Todos los presentes deberán luchar por su supervivencia, haciendo frente para ello a sus demonios del pasado.

A partir de un planteamiento inicial no exento de cierto interés, "House" no se avergüenza de hacer uso de todos los tópicos habidos y por haber en el género de las casas malditas: una fuerte tormenta que, casualmente, estalla nada más entrar los protagonistas en la casa, una recepción misteriosamente desatendida, unos propietarios salidos de la Casa del Terror de cualquier feria ambulante (en un momento dado, una de las protagonistas susurra a su compañero: “Hay algo extraño en esta gente”. ¡Qué perspicacia! ¡Pero si uno de ellos es la viva imágen del mayordomo de la Família Addams!), y unos visitantes que no disponen del mínimo sentido común para alejarse de ese lugar lo antes posible, y cuanto más lejos mejor.

Pero, pese a que nos lo sabemos todo de memoria, la película consigue ser entretenida. Gracias a una buena ambientación (y una excelente fotografia), unas actuaciones competentes, un ritmo que no decáe, una historia que no pierde fuerza con el paso de los minutos... logramos pasar un buen rato con lo que parece ser una película de terror sin demasiadas pretensiones, pero perfectamente disfrutable (pese a estar condenada a no permanecer demasiado tiempo en nuestra memoria).

¿Qué ocurre entonces en su tercio final para que todo lo logrado con anterioridad acabe tirado por la borda? Muy sencillo. No me gusta que me impongan lecciones de ningún tipo. Sobre todo si son lecciones de fe que no tengo la necesidad –ni la voluntad- de compartir; y mucho menos si esos dogmas de fe intentan colármelos impunemente en una película de terror.

El final de "House" causa vergüenza ajena por su obviedad y falta de escrúpulos a la hora de transmitir un mensaje que no se cansa en repetir, una y otra vez: si no eres bueno con Dios, arderás en el infierno.
No me molesta tanto el mensaje cómo la forma tan descarada en la que intentan inculcárnoslo. Uno de los personajes que cobra importancia en este tramo final de la película (una niña que parece recién salida de una película japonesa de fantasmas) no se cansa de recordarnos que “solamente la luz vencerá a la oscuridad”. Lo repite hasta en tres ocasiones distintas en un período escaso de veinte minutos.
Y la cosa llega al disparate más absurdo cuando una misteriosa luz, salida de no se sabe dónde, ilumina a la pareja protagonista, que logra vencer esos instintos primarios a los que antes hacía referencia, y actuar acorde a los designios del señor.

No me malinterpreteis. No tengo nada en contra de la religión cristiana ni de ninguna otra religión. Pero que intenten reclamarme para la causa de forma tan flagrante y panfletaria, acaba convirtiéndose en un insulto para mi inteligencia.

Si esto es el “terror cristiano”, yo paso...

Lo mejor: Antes de llegar al final, la película consigue ser entretenida.

Lo peor: Un final de auténtica catequesis.

Hell Ride

Los viejos moteros cabalgan de nuevo

Hoy inicio una serie de colaboraciones con Andrés Pons (El blog del Sr. Pons) que consistirán en opinar conjuntamente sobre una película en concreto. El objetivo es ofrecer dos puntos de vista distintos sobre la misma obra (aunque en esta ocasión nuestros puntos de vista no parecen ser muy divergentes). Gracias Andrés.

Hell Ride

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  • Título original: Hell Ride
  • Nacionalidad: USA | Año: 2008
  • Director: Larry Bishop
  • Guión: Larry Bishop
  • Intérpretes: Larry Bishop, Michael Madsen, Dennis Hoppe
  • Argumento: Pistolero y su banda de motoristas -los Víctor-, tienen cuentas de sangre pendientes con los salvajes 666. La muerte de su antigua novia Cherokee Kisum clama venganza. El desierto será testigo de un viaje plagado de muerte, sexo, traiciones y drogas.

19 |100

Estrellas: 1

Por Andrés Pons (de el Blog del Sr. Pons)

Tarantino es un cachondo, ese es algo que creo que ya todos sabemos y no sorprende a nadie. Parece que últimamente quiere recuperar el llamado cine de explotación y no va a parar en su empeño aunque en esta ocasión los resultados son catastróficos.

El director, guionista, actor Larry Bischop al que vimos junto al autor de Reservoig Dogs en Kill Bill donde también participaba Michael Madsen. Bischop encara su segundo filme en la dirección tras la nefasta comedia encantado de matarte. Otro motero ilustre, nada menos que el creador e intérprete de Easi Rider Dennis Hopper se une al reparto en un guiño a su pasado.

El filme se sumerge en la serie z y explotación de toda la vida. Es decir, diálogos zafios, mujeres desnudas a cada plano, tipos duros y algo de sangre. Sin embargo el trabajo de dirección es realmente mediocre, las interpretaciones de pena, los rubros técnicos parecen de cine amateur. Un filme que podía tener su gracia aunque evidentemente no basta con buenas intenciones pues su conjunto es tan desastroso, que es imposible disfrutar del encanto de la explotación que es lo que se pretendía.

Lo mejor: Sus buenas intenciones, alguna belleza desfilando sin ropa.

Lo peor: Prácticamente todo.

Puntuación (sobre 10): 2

Hell Ride

Por Joan Lafulla (de Almas Oscuras)

Tengo la lección muy bien aprendida: desconfiar de todo aquel producto que tenga el nombre de Quentin Tarantino a la cabeza... ¡a no ser que se trate de una película del propio Tarantino!

Hell Ride se apunta a la moda Grindhouse revitalizada por el tándem Tarantino-Rodríguez, con una historia de venganzas moteras que homenajea las viejas exploitation surgidas de la factoría Corman en los 70.
En realidad no falta de nada: espectaculares motocicletas, cazadoras de cuero, chicas despanpanantes y ligeras de ropa, violencia a raudales, drogas, rock, el calor del desierto y la suciedad del asfalto.

Un compendio de elementos imprescindible en cualquier película de bandas moteras que se precie. ¿Suficiente? En absoluto. Desgraciadamente, ninguno de estos ingredientes consigue rescatar a la película del tedio y aburrimiento en el que se ve abocada en gran parte de su metraje.

Hell Ride, película dirigida, escrita y protagonizada por Larry Bishop, es un producto plano y sin sustancia, cuya confusa trama de venganzas, rivalidades y tesoros escondidos, nos depara un buen número de inconexas y autocomplacientes escenas, rodadas de forma más o menos cool, pero que, en realidad, no aportan nada a la historia. Estampas vacías, carentes de sentido.

Y es que Larry Bishop no es Tarantino. Y los diálogos de Hell Ride no tienen nada que ver con los de Reservoir Dogs. Algunos de ellos rozan el ridículo más espantoso (esa exageradísima y alargada metáfora sexual del bombero que apaga fuegos con su manguera ¿?).
Lo único salvable: nadie hace mejor de Michael Madsen, Dennis Hopper o David Carradine, que los propios Michael Madsen, Dennis Hopper y David Carradine. El resto...

Lo mejor: las impresionantes chicas y volver a ver a Dennis Hopper subido a la moto.

Lo peor: una historia sin garra.

Puntuación (sobre 10): 3