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Train

Un Hostel sobre raíles

Train

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  • Título original: Train
  • Nacionalidad: USA | Año: 2008
  • Director: Gideon Raff
  • Guión: Gideon Raff
  • Intérpretes: Thora Birch, Derek Magyar, Gloria Votsis
  • Argumento: Un equipo universitario de lucha libre se sube a un misterioso tren para llegar a tiempo a su próximo compromiso deportivo. El horror no tardará en cebarse sobre todos los componentes del equipo.

42 |100

Estrellas: 3

Train

Voy a iniciar la reseña de Train de una forma que jamás debería hacerse: destripando una de sus escenas. Quién crea que esta es la peor manera posible de encarar una reseña (… tendrá toda la razón) y desee abandonar el barco, este es el momento.

Para los que hayáis decidido darme una oportunidad, advertiros que la escena en cuestión no desvela grandes sorpresas de la trama ni os impedirá disfrutar (o no) de la película en toda su extensión. No se trata de una escena crucial, pero sí sintomática de lo que nos espera tras este Train con destino a ningún lugar.

Un par de jovencitas norteamericanas se suben a un extraño tren en el que los pasajes no se pueden adquirir en taquilla, y son acompañadas hasta sus estancias por un par de indeseables, libinidosos, sucios y apestosos europeos del este que ejercen de mozos de vagón (podrían pasar por primos hermanos del autoestopista de La Matanza de Texas, de Tobe Hooper). Una vez instaladas las chicas, los mozos les piden sus pasaportes; no para comprobar que estén en regla, sino para quedárselos, para apropiarse de ellos, con la excusa de que el tren está infestado de ladrones y los pasaportes estarán más seguros en sus manos.
Las chicas les entregan sus pasaportes… (sic).

Así es, execrables tipejos de la Europa del Este (para el cine de terror USA contemporáneo, viajar a la Europa del Este es algo similar a pasar las vacaciones en algún país Sudamericano… muerte agónica y dolorosa), y estúpidos jovenzuelos norteamericanos dispuestos siempre a facilitarles la tarea a sus asesinos cayendo en todas las trampas que encuentran a su paso y poniendo sus vidas en peligro con una facilidad pasmosa.

Eso es, en esencia, lo que nos depara Train, película escrita y dirigida por Gideon Raff, anunciada en principio como un remake de El Tren del Terror (Terror Train, 1980), popular slasher protagonizado por Jamie Lee Curtis, y con el que, finalmente, guarda muy poca relación (apenas el hecho de que la acción transcurra en el interior de un tren).

Por supuesto, los malos malísimos de Europa del Este, y los buenos pero idiotas de Norteamérica, interactúan. Se relacionan. ¿Cómo? Gideon Raff no tiene ningún reparo (en absoluto) en fabricar un ente clónico de Hostel (Eli Roth, 2006), situarlo en el interior de un tren para intentar disimular su procedencia (con muy poco éxito), y lanzarlo a toda velocidad por las vías del torture-porn con la esperanza de que no acabe descarrilando.

Train cuenta la historia de un equipo universitario de lucha libre que se encuentra de gira por Europa del Este y pierde el tren que les ha de llevar a su próxima competición. Otro misterioso tren, cuyos billetes no se compran en la taquilla, parece ser la respuesta a sus plegarias. El trayecto se convertirá en una pesadilla.

A grandes rasgos (y sin voluntad, por mi parte, de ir más allá en el tiempo y rescatar pretéritos referentes en los que, seguro, se basaron los actuales popes del subgénero), el torture-porn nació con Saw (2004), creció con Hostel (sí, me gustó Hostel), y se agotó con las sucesivas secuelas de ambas. A la espera de que algún título de los que está por llegar suponga una necesaria renovación en el subgénero (quizás la japonesa Grotesque), Train vuelve a ofrecernos, exactamente, más de lo mismo: una sucesión de secuencias de torturas, sadismo y crueldad practicadas sobre personas indefensas. No vayáis a pensar que el tema me produce ningún tipo de repulsa moral, ni nada por el estilo. El torture porn está ahí para saciar el hambre vouyerística de todos aquellos que lo deseen (yo lo sacié, en buena parte, con Hostel); y en este sentido, y siempre que siga disfrutando de un público fiel y adicto, bendito sea el torture porn.

Sin embargo no puedo evitar la tentación de creer que el subgénero está herido de muerte. Y Train no hace más que corroborar mis sospechas.
El ejercicio al que nos empuja la película de fulanito tiene un planteamiento muy sencillo: ¿si a Train le quitamos a todas las secuencias de torture porn, qué nos queda? Por supuesto el planteamiento tiene trampa. Arrebatarle a Train el torture porn sería, a todas luces, injusto. Algo así como despojar a Michael Myers de su cuchillo y su máscara en el nuevo Halloween de Rob Zombie.
Pero en el caso de que lleváramos a cabo tamaña injusticia ¿qué nos quedaría realmente? Una galería de personajes que vuelven a poner de manifiesto la detestable y panfletaria dicotomía por la que todo lo ajeno o foráneo a las barras y estrellas norteamericanas apesta a retraso, podredumbre y maldad; una inverosímil y ridícula trama a modo de coartada, un guión repleto de incongruencias (sobre todo en su parte final… ¿qué demonios hace ese mastodonte empujando el vagón?), la inofensiva elección de un tren como escenario de la acción (todo lo que vemos en Train podría haber sucedido perfectamente en un avión, en un barco, en mi comunidad de vecinos o, porqué no, en un hostal…), la apatía general de todos los actores (en especial una Tora Birch que parece estar maldiciendo su propia suerte por pasar de musa indie a protagonista de un “subproducto” de terror), y, lo peor de todo, la incapacidad por parte de Gideon Raff de crear un clima y una tensión lo suficientemente sórdidas y malsanas cómo para lograr que Train levantara definitivamente el vuelo más allá de sus explícitas secuencias de torture porn.

Train es torture porn. A imagen y semejanza de productos de similar factura. Víctimas indefensas, sangre, vísceras, y utensilios de toda clase utilizados a modo de material quirúrgico. No hay nada más… ni nada menos. Los amantes del torture porn y el gore quizás sabrán agradecer el esfuerzo. Personalmente tuve la impresión de que el trayecto de este Train no iba, en ningún momento, más allá de Hostel.

Lo mejor: el gore.

Lo peor: el guión y los actores.

The Last Resort

Una fiesta de chicas de lo más aburrida

The Last Resort

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  • Título original: The Last Resort
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Brandon Nutt
  • Guión: Nathaniel Bozen
  • Intérpretes: America Olivo, Paulie Rojas, Marissa Tait
  • Argumento: Cuatro chicas norteamericanas acuden a un complejo turístico en México para celebrar la despedida de solteros de una de ellas. Durante una excursión son abandonadas en pleno desierto.

19 |100

Estrellas: 1

The Last Resort

A medida que se consumían los minutos de The Last Resort empecé a tener la sensación de encontrarme ante un auténtico manual sobre cómo hacer las cosas de la peor forma posible.

Cuatro hermosas chicas acuden a un complejo hotelero en México para celebrar la despedida de soltero de una de ellas. La noche transcurre entre cantidades importantes de alcohol y flirteos inocentes con el personal masculino hospedado en el hotel.

Una de las chicas (America Olivo) conoce a un turista norteamericano y se encierran en la habitación del hotel para pasar una noche de sexo salvaje y lujurioso (pero que nadie se anime más de la cuenta… lo de “sexo salvaje y lujurioso” es producto, únicamente, de mi imaginación y mi “admiración” por America Olivo. The Last Resort no muestra nada en este sentido –ni en muchos otros-).

A la mañana siguiente, las tres amigas restantes son asaltadas por unos falsos guías turísticos y abandonadas a su suerte en mitad del desierto. El destino las llevará a un nuevo complejo turístico, anteriormente habitado por una secta que abogaba por la libertad extrema de las pasiones humanas, y que en la actualidad –por desgracia- se encuentra maldito.

¿Qué queréis que os diga? De nuevo supongo que mucho me tacharéis de inocente, de crédulo, o directamente de estúpido por dejarme llevar por el póster de una película que muestra a una atractiva rubia en bikini sujetando un enorme cuchillo (demasiado viejo para caer en la trampa). Quizás de ser demasiado impulsivo a la hora de depositar mis esperanzas en un proyecto que ofrecía, potencialmente, una serie de alicientes y expectativas que, en efecto, nunca se ven cumplidas. O dicho con otras palabras ¿quién no se apuntaba de antemano a una película que, aparentemente (y sólo aparentemente), ofrecía chicas guapas, sexo, escenarios exóticos e importantes dosis de sangre y violencia? Yo he sido fiel a este tipo de premisas durante toda mi vida… y seguiré siéndolo, por más que tropiece, una y otra vez, con películas del calibre de The Last Resort.

Efectivamente The Last Resort tiene chicas guapas (una de ellas, la espectacular America Olivo, a la que pronto veremos en Bitch Slip), tiene sexo (ejem...), la imponente presencia del desierto, y también sangre y violencia. Lamentablemente todo está planteado de una forma tan blanda, tan aséptica, tan desfallecida; que The Last Resort queda condenada, irremediablemente, al fracaso.

Sobre el trabajo de las chicas protagonistas no pienso abrir la boca. Hacen lo que pueden con lo que tienen (que no es mucho) y, al fin y al cabo, su sola presencia fue lo único que me mantuvo despierto a altas horas de la madrugada (maldito calor y maldito insomnio).
En cuanto a los dos jóvenes turistas masculinos que acompañan a America Olivo en su aventura, la cosa es distinta. Sé que estamos ante una película de terror de bajo presupuesto, pero… ¿tan complicado resulta encontrar a un par de actores jóvenes cuya aparición en escena no te haga pensar en improperios, insultos y blasfemias que atenten contra su propia dignidad como personas? Son malos, realmente malos. Aunque tampoco son, ni de lejos, el peor de los problemas de The Last Resort.

The Last Resort es una pésima película. Un guión de pena, diálogos desastrosos (atención a la vieja vidente que habla en castellano –en el original- y a la intervención de uno de los chicos turistas, que traduce sus palabras cómo le da la real gana…), una puesta en escena torpe y sin garra, un nulo contenido sexual (el personaje de America Olivo, tras lo que se adivina una noche entregada al sexo sudoroso y sin pudor, se levanta de la cama de su amante tapada hasta las cejas con una sábana… muy natural), y un tercio final de película, supuestamente el más sangriento, violento y terrorífico, que tan sólo logró arrancarme algún que otro bostezo y el deseo de que la cosa acabara cuanto antes.
Decepción… una más.

Lo mejor: la presencia de America Olivo.

Lo peor: que lo más destacado sea la presencia de America Olivo

Amusement

Una antología de terror... poco terrorífica

Amusement

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  • Título original: Amusement
  • Nacionalidad: USA | Año: 2008
  • Director: John Simpson
  • Guión: Jake Wade Wall
  • Intérpretes: Keir O'Donnell, Katheryn Winnick, Laura Breckenridge
  • Argumento: Tres terroríficas historias aparentemente independientes unirán a sus víctimas en la lucha por la supervivencia, al enfrentarse a un psicópata que pertenece a un pasado común.

40 |100

Estrellas: 2

Amusement

Amusement, película norteamericana dirigida por John Simpson, es una antología de historias terroríficas (tres en total), aparentemente independientes entre sí (al estilo del "Creepshow" de George A. Romero), cuyo tramo final se esfuerza en establecer un nexo común entre todas ellas.

El hecho de que tres historias sin aparente relación confluyan en un único desenlace es, quizás, el punto más destacable –por su originalidad- de Amusement; una película, que por otro lado, dejará bastante insatisfechos a los aficionados más experimentados al cine de terror.

En la primera de las historias, una joven pareja viaja en coche, de noche, por carreteras secundarias, y flanqueados por un par de tipos con los que forman “la caravana perfecta” ¿? Uno de esos tipos es un sospechoso camionero, con una misteriosa carga en su trailer. El otro, un tranquilo y simpático padre de familia conduciendo un utilitario.

Los agujeros en el guión de esta primera historia, la peor parada en el cómputo final de la película, son del tamaño del camión que conduce uno de sus protagonistas.
Una historia que tiene su razón de ser en un presunto conflicto de identidades que finalmente no es tal, ya que cualquier espectador un poquito avezado en el género descubrirá, con un mínimo esfuerzo y a la primera de cambio, quién es el verdadero criminal en todo este embrollo. Fallida. La primera en la frente.

Parece una obviedad afirmar que la máscara decrépita y deforme de un payaso tiene el potencial suficiente para provocar miedo, o al menos inquietud (un servidor odia a los payasos). Pero dedicarle 20 minutos al plano fijo de un payaso amenazante sin tener nada más a lo que agarrarnos, me parece excesivo. Aún así, tampoco se trata de ser injustos. La segunda historia de Amusement, protagonizada por una improvisada babysitter (tras la misteriosa desaparición de la babysitter oficial) que debe pasar la noche cuidando de sus dos sobrinos y se ve asediada por un muñeco ataviado con las ropas y la máscara de un payaso, es la que mantiene un nivel más óptimo de suspense y horror. La fuerte presencia intimidatorio del payaso, el buen trabajo de la joven actriz protagonista(que también desempeñará un papel vital en el desenlace de la película), y un ritmo acertado en cuanto al desarrollo de la trama; convierten esta segunda historia en la más interesante –y rescatable- de Amusement.

Para finalizar, una previsible y por momentos ridícula historia sobre un hostal cuyo propietario, dueño de una histérica y cargante risa, esconde un terrible secreto. Aburrida.

Una vez finiquitadas las tres historias de rigor, John Simpson ejerce una pirueta mortal sobre el guión escrito por su colega Jake Wade Wall, para intentar que lo visto hasta el momento no caiga en saco roto. Recoge a las tres sufridas protagonistas, se saca de la chistera un villano común con ansias de venganza (aunque no se sabe muy bien de dónde le vienen esas ansías de venganza), e intenta redondear su propuesta con un desenlace tan rocambolesco como repleto de errores e incongruencias (el personaje de la despistada terapeuta es de los que son capaces, por sí solos, de echar por tierra cualquier guión).

Se acabó. Me voy a dormir pensando que es importante redactar la reseña lo antes posible, en previsión de que Amusement desaparezca definitivamente de mi mente.

Amusement tiene algún punto a su favor. El hecho de estructurarse en cuatro historias distintas, y que éstas tengan una duración muy ajustada, provoca que sea una película ágil, fácil de ver y de digerir. De consumo rápido y sencillo. A ello contribuye también un excelente acabado formal y la esforzada labor de sus protagonistas.

El gran inconveniente que se le puede atribuir a una película como Amusement es que no arriesga en absoluto. Todo resulta demasiado pulcro, demasiado correcto; y lo peor de todo, demasiado previsible. Casi infantil. La capacidad que tiene Amusement para asustar o sobrecoger al espectador se identifica con una reunión de jovencitas exploradoras sentadas alrededor de un fuego durante la noche y explicando historias de terror que todas se conocen de memoria. Un bagaje insuficiente para todo aquel aficionado curtido al género de terror.
Al espectador ocasional de cine de terror es posible que acabe gustándole (o al menos es posible que no le disguste del todo).

Lo mejor: el fragmento del payaso.

Lo peor: es una película intrascendente. Una vez finalizada, se olvida.

The Machine Girl

Gore descerebrado made in Japan

The Machine Girl

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  • Título original: Kataude Mashin Gâru
  • Nacionalidad: Japón | Año: 2008
  • Director: Noboru Iguchi
  • Guión: Noboru Iguchi
  • Intérpretes: Asami Honoka, Ryôsuke Kawamura
  • Argumento: Ami está decida a vengar la muerte de su hermano a manos de una pandilla de mafiosos cuyo líder Shu es hijo de un famoso Yakuza.

69 |100

Estrellas: 4

The Machine Girl

Lo primero que hay que decir sobre The Machine Girl, splatter escrito y dirigido por el japonés Noboru Iguchi, es que la película no engaña absolutamente a nadie.

Todo lo que está dispuesta a ofrecernos una película cómo The Machine Girl queda expuesto, sin asomo de dudas, en la secuencia inicial que acompaña a los títulos de crédito: innumerables geisers de sangre, decapitaciones, desmembraciones, efectos digitales a mansalva, paupérrimas coreografías de lucha y, por supuesto, gore facilón, festivo, descerebrado y surrealista. Elementos todos ellos que para una buena parte de aficionados al género (aquellos que, precisamente, sienten debilidad por la sangre y las vísceras sin necesitar de demasiadas coartadas argumentales que las justifiquen) serán motivo más que suficiente de júbilo y celebración. Para muchos otros, estoy convencido de que The Machine Girl no será más que una salvajada sin sentido, bañada en hemoglobina, a la que no merece la pena prestar demasiada atención.

Ami es una joven y aplicada estudiante que, tras el suicidio de sus padres, causado por una injusta acusación de asesinato, queda al cuidado de Yu, su hermano menor.
Yu, y su mejor amigo Takeshi, son asesinados a manos de una pandilla de aprendices de mafiosos capitaneados por Shu, hijo de un temido Yakuza. La venganza, a manos de Ami y de la madre de Takeshi, será inminente.

Argumentalmente The Machine Girl es pobre, muy pobre. Una típica historia de venganzas que choca con la torpeza general de las interpretaciones de todos sus protagonistas, los numerosos agujeros en el guión y la ineptitud en su exposición.
Una historia, escondida bajo litros y litros de sangre, que no interesa. No atrae. ¿Se traduce esto, en el caso de The Machine Girl, en un defecto de fabricación? Ni hablar. En absoluto. Estoy convencido de que Noboru Iguchi es un tipo hábil, inteligente y perfectamente consciente de que los posibles fans entusiastas de The Machine Girl (que seguro los hay repartidos a lo ancho y alto del planeta), no llegarían a alcanzar dicho estatus gracias a la densidad argumental de su película.

La verdadera energía de The Machine Girl no hay que buscarla en una trama coherente y atractiva, o en unos personajes mínimamente trabajados, o en unos diálogos a los que tan siquiera valga la pena prestar atención. Quién desee afrontar una película cómo The Machine Girl deberá hacerlo con la mirada precisa: disfrutar de una concatenación de momentos gore que incluyen (cómo ya he señalado al inicio de la reseña) un amplísimo catálogo de decapitaciones, desmembraciones, empalamientos, cuchilladas, torturas, cuerpos desintegrados a balazos… y más, mucho más… hay momentos en los que el objetivo de la cámara queda, literalmente, empapado de sangre.

Por supuesto no todos los momentos splatter alcanzan un mismo nivel de disfrute.
Junto a secuencias deliciosamente delirantes, imaginativas y, sencillamente, divertidísimas (prácticamente todas aquellas en las que Ami hace uso de su nueva y metálica extremidad implantada – y que da título a la película), conviven otras que no acaban de funcionar, ya sea por lo descacharrante de los efectos digitales o por pura reiteración (el enésimo geiser de sangre).

Y cómo único aderezo a tamaño chapuzón gore, tan sólo destacar un humor cafre, macabro y, en ocasiones tremendamente infantil, que logrará desestresarnos en más de una ocasión y dibujarnos una sonrisa cómplice (genial la “Superpandilla de los lamentos” posando al estilo Power Rangers o la tronchante arma taladradora que luce la principal villana de la función).

En definitiva, The Machine Girl es un festival splatter únicamente apto para los amantes del gore más sinvergüenza y socarrón, al que no le importe en absoluto que todo aquello que no esté teñido de sangre resulte absolutamente intrascendente y carente de interés. Por suerte, el ritmo frenético que Noboru Iguchi imprime a su película es el responsable último de que no nos invada definitivamente el aburrimiento en todas aquellas secuencias que no son de explícito gore. No hay tiempo para que nos sintamos cansados o hastiados de la propuesta. El tiempo transcurrido entre cada nuevo tour de force es mínimo, de manera que estamos siempre pendientes de ver cómo demonios se supera The Machine Girl a sí misma en cada nueva secuencia gore.

Absolutamente aconsejable para todos aquellos que crean que una propuesta de este tipo pueda llegar a interesarles. Por mi parte, tras ver The Machine Girl, me apunto en la agenda títulos como Tokio Gore Police, Vampire Girl vs. Frankenstein Girl y, por supuesto, la anunciada The Machine Girl 2. He disfrutado de lo lindo con The Machine Girl...

Lo mejor: La icónica imagen de la colegiala nipona con un ruidoso y mortal apéndice metálico sustituyendo a su brazo y, por supuesto, el divertidísimo festival gore.

Lo peor: todo lo que hay antes y después de cada unas de las secuencias gore es totalmente prescindible.

El Regreso de los Muertos...

Una de las mejores comedias zombis de la historia del género.

El regreso de los muertos vivientes

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  • Título original: The Return of the living dead
  • Nacionalidad: USA | Año: 1985
  • Director: Dan O'Bannon
  • Guión: Dan O'Bannon
  • Intérpretes: Clu Gulager, James Karen, Don Calfa
  • Argumento: La 2-4-5 trioxina, un componente químico fabricado por el ejército, queda liberado conviertiendo en muertos vivientes a todos los residentes del Resurrection Cemetery.

81 |100

Estrellas: 5

El retorno de los muertos vivientes

No se me ocurre mejor forma de inagurar la nueva sección Horror Revival que con El Regreso de los Muertos Vivientes, una de mis películas de zombis favoritas de todos los tiempos.

En una de las primeras secuencias de El Regreso de los Muertos Vivientes se hace referencia a una película en la que los muertos regresaban a la vida, afirmando que los hechos acontecidos en dicha película eran reales, y que el director de la misma fue obligado, por altas instancias militares, a modificar ciertos datos y situaciones de su obra, en aras a proteger un secreto que, en caso de ser revelado, pondría en jaque la seguridad nacional: cierta toxina química, fabricada por el ejército norteamericano, es la única responsable de que los difuntos abandonen sus tumbas.

Por supuesto la película a la que se hace referencia es la mítica La noche de los muertos vivientes, y el director obligado a maquillar la realidad para no vulnerar secretos de Estado era, ni más ni menos, que George A. Romero.

Curiosamente El Regreso de los Muertos Vivientes se planteó en su inicio como una secuela seria de La noche de los muertos vivientes. Disuelta la asociación que dió orígen a La noche de los muertos vivientes, Romero cedió los derechos a una posible secuela de la misma a cambio de poder contar con los medios necesarios para rodar Dawn of the Dead (Zombi, 1978).

Tobe Hooper (La Matanza de Texas, 1974) fue la primera opción para llevar a cabo El Regreso de los Muertos Vivientes. Pero en algún lugar del trayecto las cosas se torcieron (para bien), y Return of the living dead (título original) tomó el camino de la comedia zómbica desprovista de cualquier tipo de connotación o reflexión socio-política que fuera más allá de un evidente alegato antimilitarista plasmado con crudeza en su resolución (gracias a Juanitocinéfilo por el apunte del alegato militarista, que no aparecía en la primera versión de esta reseña); quedando el Dawn of the dead de Romero cómo la secuela oficial de su genial ópera prima.

Finalmente, la dirección y un nuevo guión de la película corrieron a cargo de Dan O'Bannon, máximo responsable de que El Regreso de los Muertos Vivientes haya pasado a la historia cómo una de las mejores comedias zombies de todos los tiempos.

Unos bidones propiedad del ejército norteamericano fueron entregados, por error, a una empresa de suministros médicos. Dichos bidones contenían soldados embalsamados en una sustancia química denominada 2-3-4 trioxina, capaz de resucitar a los muertos.

A causa de una negligencia por parte de uno de los trabajadores de la empresa de suministros médicos, la 2-4-5 trioxina queda liberada, reviviendo a los muertos de un cementerio cuyo premonitorio nombre es el de "Resurrection Cemetery".

Siendo, en términos generales, respetuosa con las criaturas primigénias de Romero -muertos que se levantan de sus tumbas para saciar su hambre de carne fresca-, lo cierto es que El Regreso de los Muertos Vivientes tiene el acierto de presentar un buen número de novedades o particularidades en lo referencia a la naturaleza del zombi romeriano (algunas de estas "particularidades" no volveremos a verlas hasta bien entrado el siglo XXI).

De esta forma, la 2-4-5 trioxina es capaz de resucitar a todo tipo de cadáveres, desde aquellos que se han visto reducidos a una mera estructura ósea (esqueletos andantes), hasta muertos recientes que conservan prácticamente intactas sus aptitudes físicas, de manera que son capaces de correr y saltar con una agilidad envidiables (unas cualidades, estas últimas, que Zack Snyder recuperaría en El Amanecer de los Muertos, extraordinario remake de Dawn of the Dead estrenado en 2004).

Pero, más allá de la heterogeneidad de su presencia y apatitudes físicas, los zombis de El Regreso de los Muertos Vivientes presentan otras cualidades de índole intelectual. Son capaces de organizarse, de seguir a un lider, incluso de articular palabras (el célebre "cerebros, quiero cerebros") o urdir pequeñas estrategias destinadas a un único objetivo: abastecerse de carne humana... cuanta más, mejor.

En este sentido es trascendental la escena (una de las mejores y más divertidas de la película) en la que un muerto viviente realiza una llamada de auxilio desde la radio de una ambulancia.

Son todos estos conceptos -la capacidad de los zombis de organizarse y seguir a la figura de una lider- que el mismísimo Romero retomaría, en parte, 20 años más tarde en "La Tierra de los Muertos Vivientes" (Land of the Dead, 2005).

Por supuesto resultaría absurdo e inadmisible reseñar una película cómo El Regreso de los Muertos Vivientes sin hacer una especial mención a la actriz Linnea Quigley, cuyo personaje Trash, empujada por la fantasía erótica ¿? de ser mordida hasta la muerte por una jauría de salvajes ancianos, acaba subiéndose a lo alto de una tumba y protagonizando uno de los denudos más célebres (y celebrados) de la historia del género. Gracias, en buena parte, a dicho desnudo, Linnea Quigley iniciaría una de las más longevas, aplaudidas y reconocidas carreras como scream-queen de la serie B terrorífica.
Y para todos los que disfrutamos de El Regreso de los Muertos Vivientes a una temprana edad, sin duda Trash quedará en nuestra memoria cómo uno de los grandes mitos sexuales de nuestra adolescencia.

En definitiva, El Regreso de los Muertos Vivientes es una comedia zombi fresca y ágil, repleta de divertidísimos gags, ocurrentes diálogos y, sobre todo, arrebatadoramente "moderna", pese a estar a punto de cumplirse 25 años de su estreno. Un clásico incontestable y una de las mejores películas de zombis de la historia que ningún aficionado al subgénero de los muertos vivientes debería pasar por alto. Imprescindible.

Lo mejor: Su sentido del humor y que hoy en día se pueda seguir considerando como una pelicula de zombis moderna.

Lo peor: No se me ocurre...

Dead Wood

Si vas al bosque, llévate una brújula

Dead Wood

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  • Título original: Dead Wood
  • Nacionalidad: Reino Unido | Año: 2007
  • Director: David Bryant, Sebastian Smith y Richard Stiles
  • Guión: David Bryant y Sebastian Smith
  • Intérpretes: David Bryant, Emily Juniper, Rebecca Craven
  • Argumento: Cuatro amigos se adentrán en la espesura de un bosque dispuestos a pasar un fin de semana. El encuentro con una misteriosa joven en mitad del bosque será el principio la pesadilla.

39 |100

Estrellas: 2

Dead Wood

Cuatro amigos se disponen a pasar un fin de semana de acampada en las profundidades de un bosque (también son ganas, sabiendo que son los inminentes protagonistas de una película de terror). Uno a uno, los cuatro amigos irán despareciendo bajo extrañas condiciones.

Dead Wood es una película de terror de bajo presupuesto cuyo argumento, tal y como demuestra el anterior párrafo, no ofrece una sola sorpresa al espectador. Por lo tanto, ese triunvirato formado por David Bryant, Richard Stiles y Sebastian Smith, todos ellos guionistas y directores de Dead Wood, se lo juegan todo a una sola carta: lograr que de un guión trillado y sobado hasta provocar cansancio, surja una digna y eficaz película de horror.

La empresa se presenta realmente complicada... pero no imposible. Al fin y al cabo Sam Raimi, con un puñado de dólares en el bolsillo y armado, eso sí, de mucho talento, soltó a algunos de sus mejores amigos en mitad de un bosque para que fueran víctimas de todo tipo de troperías demoníacas (Posesión Infernal, 1982), dando orígen a una de las mejores sagas de horror/comedia/aventura del género.

Algo parecido sucedió en 1999 con El Proyecto de la Bruja de Blair (The Blair Witch Project), cuando Daniel Myrick y Eduardo Sánchez revolucionaron el panorama del cine independiente logrando que su Bruja de Blair (nueva muestra del género "maldiciones" en mitad de un bosque al que un servidor no tiene en gran estima) arrasara en las taquillas de medio mundo.

Y la mención de estas dos películas, ambas con un peso muy específico dentro de la historia del horror reciente, no es una cuestión baladí.
Dead Wood presenta unos recursos muy limitados a la hora de dibujar las diversas situaciones de tensión y horror presentes en su trama.
Apenas un tenebroso bosque recorrido por un rápido travelling (herencia directa de la Posesión Infernal de Raimi), un par de secuencias nocturnas con linternas incontrolables y cámara mareante (herencia directa de El Proyecto de la Bruja de Blair) y alguna que otra aparición fantasmal deudora del yurei japonés (que no se diga que uno no va aplicando los conocimientos que va adquiriendo en este blog).

Se me antojan necesarias cantidades exorbitantes de talento para que tan escaso material se traduzca en una experiencia terrorífica que merezca la pena. No es el caso.

Durante los primeros compases de Dead Wood, en los que los protagonistas se adentran en el bosque y empiezan a descubrir indicios de que algo extraño y amenazante se cierne sobre sus cabezas, la película mantiene cierto interés gracias a unos protagonistas menos cargantes de lo habitual y a unas dosis de suspense bien calculadas. También ayuda la ambientación (el bosque siempre transmite la sensación de ser una amenaza real) y una elaborada banda sonora.

El problema de Dead Wood (como en tantas otras ocasiones) viene dado en cuanto el horror se vuelve explícito. Es entonces cuando entra en juego la cámara mareante, las linternas al vuelo y alguna que otra aparición de lo más predecible. Material escaso y errático que en ningún momento cumple su función básica: la de crear una situación lo suficientemente angustiosa para que el resultado final resulte mínimamente entretenido. No hay apenas acción, ni violencia, ni momentos estremecedores. Los personajes desaparecen en la espesura del bosque, sin más. Sin que sepamos el porqué de dichas despariciones ni, lo más importante, cómo demonios se producen las mismas (a excepción de uno de los protagonistas, cuya muerte nos permite intuir el destino del resto de sus compañeros).

Y para coronar la decepción general que supone este "Bosque muerto", uno de esos finales que vemos repetido por enésima vez y que acaba provocando vergüenza ajena.

Lo mejor: Los primeros compases de la película muestran un aceptable nivel de suspense.

Lo peor: Es predecible y no da nada de miedo.

Exorcismo en Connecticut

Tópicos y más tópicos tras los muros de una casa maldita

Exorcismo en Connecticut

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  • Título original: The Haunting in Connecticut
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Peter Cornwell
  • Guión: Tim Metcalfe and Adam Simon
  • Intérpretes: Virginia Madsen, Tim Metcalfe, Elias Koteas
  • Argumento: Una família, destrozada por la grave enfermedad del hijo mayor, se traslada a una viaje casa en Connecticut. Tras los muros de su nuevo hogar se esconde un terrible secreto que no tardará en amenazar sus vidas.

49 |100

Estrellas: 2

Exorcismo en Connecticut

No se le pueden pedir más a Exorcismo en Connecticut. Los abarca todos, absolutamente todos. No se deja ni uno solo por el camino.

Supuestamente basada en hechos reales (bufff, que pereza que me da escribir esta frase), Exorcismo en Connecticut cuenta la historia de una familia que, a causa de la dramática enfermedad del hijo mayor, se ve obligada a mudarse a un viejo caserón en Connecticut. Como no podía ser de otra manera, las cuatro paredes de la casa esconden un terrible secreto relacionado íntimamente con el mundo de los muertos que pondrá en jaque la integridad de todos los miembros de la familia.

Exorcismo en Connecticut es algo así cómo una desquiciada competición por reunir, en el menor tiempo posible, el mayor número de tópicos y clichés pertenecientes al actual cine de terror. Cómo ya he apuntado antes los tiene todos: espejos en los que más vale no reflejarse, sombras que deambulan por la casa con la única compañía del consabido efecto de audio que amenaza la salud de nuestros tímpanos, la secuencia que acaba siendo una simple pesadilla, puertas que no se abren, puertas que se abren y se cierran sin ayuda de nadie, puertas que chirrían… por tener, incluso tenemos la escena de la ducha. No falta de nada.

¿El resultado final? Un puzzle (pastiche) del que conocemos todas sus piezas y también la forma exacta en que cada una de ellas encaja. Un par o tres de piezas del puzzle pertenecen a Poltergeist (Tobe Hooper, 1982), otro par a Terror en Amityville (Stuart Rosenberg, 1979), o a su remake, La Morada del Miedo (Andrew Douglas, 2005), algunas piezas más de House on Haunted Hill (William Malone, 1999) o La Guarida (Jan de Bont, 1999), y el resto de piezas extraídas de cualquier otra película perteneciente al género de casas encantadas que se os pase por la cabeza en este precisa instante.

Bajo este escenario, al debutante Peter Cornwell sólo le quedaba una vía de escape para salvar los muebles: el afortunado reciclaje de ideas. Agarrar todos esos clichés y tópicos, transformarlos, darles la vuelta, añadir elementos de su propia cosecha, y rezar para que el resultado final fuera lo suficientemente atractivo e innovador como para insuflarle nueva vida a su película. Por desgracia no es este el caso de Exorcismo en Connecticut.

Previsible y pronosticable en grado máximo, todo lo que nos ofrece Exorcismo en Connecticut ya lo hemos visto antes… y en muchas ocasiones, mejor. Y es que, al margen de que conozcamos de antemano todos los trucos que nos depara una película como Exorcismo en Connecticut, lo cierto es que el montaje demasiado acelerado y con exceso de planos en algunos de sus momentos, supuestamente, de mayor impacto, juega decididamente en su contra.

Lo que nos queda, nuevamente, es una película de terror que viaja con el piloto automático a pleno rendimiento. Conocemos todos sus sustos, todos sus sobresaltos, hemos vivido con anterioridad sus momentos de tensión y nos resulta familiar cada rincón de la casa. No hay un solo plano en Exorcismo en Connecticut que desprenda un cierto aroma a originalidad, a innovación. Hemos pisado ese mismo terreno en decenas de ocasiones.

Por supuesto no es la primera vez que esto ocurre. En realidad, y por desgracia, ya nos estamos acostumbrando. Sin ir más lejos, a principios de este mismo año, el bueno de David S. Goyer ya nos regaló una antología de trasnochados clichés sobre el cine de fantasmas en su paupérrima y prescindible La Semilla del Mal.
Por suerte Peter Cornwell no es David S. Goyer, y al menos Exorcismo en Connecticut nos regala a un director con un prometedor y nada desdeñable talento visual, lo cual unido a la más que aceptable labor de todos sus intérpretes (destacando las presencias siempre solventes de Virginia Madsen y Elias Koteas), y una parte final que contiene algunas de las imágenes y momentos más intensos de la película (aunque desde el punto de vista argumental deje bastante que desear), consiguen salvar in extremis a Exorcismo en Connecticut del desastre total. Es posible, incluso, que los más acérrimos y voluntariosos aficionados al subgénero de las casas encantadas y los fantasmas logren disfrutar de ella. Quién sabe…

Y para finalizar una pregunta malintencionada ¿a qué demonios espera esta familia para abandonar la casa lo antes posible y cómo alma que persigue el diablo?... sobre todo teniendo en cuenta que cuentan con otra casa de la que están pagando una hipoteca.

Lo mejor: Un final con algunos aciertos visuales y los actores.

Lo peor: Es un océano de tópicos.

Arrastrame al Infierno

El viejo juguete, casi olvidado, de Sam Raimi

Arrástrame al infierno

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  • Título original: Drag me to hell
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Sam Raimi
  • Guión: Sam Raimi, Ivan Raimi, Jeff Lynch
  • Intérpretes: Alison Lohman, Justin Long, Lorna Raver
  • Argumento: Christine, empleada de una oficina de préstamos, se ve empujada a negarle un crédito hipotecario a Mrs. Ganush, una viejecita gitana rumana, en aras a conseguir su ansiado ascenso. Su decisión le costará vivir un auténtico infierno.

81 |100

Estrellas: 5

Arrástrame al infierno

Un buen día, no hace demasiado tiempo, Sam Raimi encontró un viejo y olvidado juguete bajo su cama. Lo rescató, lo desempolvó, y volvió a juguetear con él, recordando viejas y agradables sensaciones.

Efectivamente, Sam Raimi ha vuelto, y lo ha hecho en plena forma y fiel a un estilo que le es propio. En realidad nunca se fue. Raimi ha consolidado en Hollywood una de las carreras más prolíficas y heterogéneas cómo director de cine.

Tras una espectacular eclosión en el cine de terror de bajo presupuesto con su mítica trilogía de Evil Dead, Raimi ha echo prácticamente de todo, desde comedia absurda ("Ola de crímenes, ola de risas", 1985), pasando por fallidos thrillers sobrenaturales ("Premonición", 2000), imposibles homenajes al spaguetti-western ("Rápida y Mortal", 1995), geniales thrillers de corte clásico ("Un plan sencillo", 1998), insustanciales -e incompresibles- melodrámas románticos ("Entre el juego y el amor", 1999), deliciosos antihéroes de serie B ("Darkman", 1990), y megalómanos superhéroes de serie A ("Spiderman", 2002) que han hipotecado buena parte de su trayectoria profesional (al tiempo que le hacían inmensamente rico).

Pero, aún así, y al margen de su faceta de productor, los aficionados al género de terror llevábamos demasiado tiempo echándole de menos. La sombra de la trilogía de Evil Dead ("Posesión Infernal", "Terrorificamente Muertos", "El Ejército de las Tinieblas") es alargada; y quién más quién menos ha especulado -soñado- en alguna ocasión con el regreso de aquel joven entusiasta que sorprendió al mundo con una de las mejores sagas terroríficas (y de humor negro) de todos los tiempos.

"Arrástrame al Infierno" (título en español de Drag Me to Hell) era la firme promesa del esperado regreso. Pero había pasado mucho tiempo, y Mr. Raimi acababa de salir de una nueva trilogía que muy poco tiene en común con Evil Dead. Una trilogía arácnida de desiguales resultados artísticos (muy desiguales) pero de incontestable valor comercial y mediático.

Raimi se ha eregido, en los últimos tiempos, como un excelente fabricante de blockbusters, y precisamente a ello ha dedicado los últimos años de su carrera (la sombra de Spiderman también es muy, pero que muy alargada). Así que muchos albergábamos ciertas dudas ante este largamente anunciado regreso a sus orígenes que debía suponer "Arrástrame al Infierno".

Por fin he visto "Arrástrame al Infierno", y en apenas quince minutos de película todas mis reticencias se fueron al traste gracias a una divertidísima set piece que transcurre en el interior de un automóvil, y con la que Raimi me tendía una mano y me susurraba al oído: "He vuelto... tengo el viejo juguete de nuevo en mis manos y vuelvo a disfrutar como antaño... sin ataduras, sin preocupaciones".

"Arrástrame al Infierno" es una auténtica gozada. Un golpe de efecto de Raimi que logra, con una historia mínima, archiconocida y con una conclusión tristemente previsible (difícilmente a un espectador un poco avispado se le escapará cierto detalle determinante para la resolución de la trama), ofrecernos una nueva muestra de terror/comedia feroz y adrenalítica que no queda tan lejos de "Terroríficamente Muertos" (es inevitable recordar al añorado Ash mientras contemplamos el brutal castigo al que se ve sometido la abnegada protagonista de "Arrástrame al Infierno").

La historia que cuenta "Arrástrame al Infierno" no da mucho de sí. Una joven asesora financiera que ambiciona subir peldaños en el escalafón de su empresa deniega una nueva prórroga al crédito hipotecario de una vieja gitana rumana a la que están a punto de embargar su hogar. Sintiéndose humillada y maltratada, la vieja gitana maldice a la joven.

En ocasiones lo importante no es lo que se cuenta, sino cómo se cuenta. Y en este punto es dónde Raimi demuestra, sobradamente, conservar toda su genialidad y talento intactos.
"Arrástrame al Infierno" es un portento de ritmo en el que Raimi vuelve a hacer alarde de todos aquellos recursos visuales -perfectamente orquestados y coreografiados- que tan excelente resultados le dieron en "Terroríficamente Muertos": una imaginativa planificación de las secuencias de acción, desquiciantes movimientos de cámara, primerísimos primeros planos, zooms y panorámicas imposibles... y todo ello coronado con un nerviosismo y una calculadísima aceleración en el montaje, marca de la casa.

Los numerosos gags humorísticos, nacidos prácticamente todos ellos de la excesividad, de la exageración, se acomodan perfectamente en la trama terrorífica de "Arrástrame al Infierno".
Incluso cuando la película coquetea peligrosamente con el ridículo más espantoso (ver la secuencia de la sesión de espiritismo), Raimi consigue salir indemne de manera casi milagrosa.

Raimi logra convertir un proyecto que parecía abocado al fracaso tanto por la escasez de su fondo (una historia realmente limitada) y la escasa aportación de sus actores (a excepción de una genial Lorna Raver en el papel de vieja bruja rumana), en una sensacional muestra de cine de entretenimiento puro y duro, deudora de la maestría visual y rítmica que el director imprimió a sus primeras obras.

Puede que no sea tan salvaje ni tan sangrienta como "Posesión Infernal" o "Terroríficamente Muertos" (aunque está sobrada de vómitos, bilis y demás secreciones corporales). Puede incluso que "Arrástrame al Infierno" se mueva por unos derroteros mucho más comerciales que la saga Evil Dead, lo cual me parece totalmente comprensible, normal y admisible. Pero lo que está claro es que tanto Raimi, cómo la mayor parte de sus admiradores, hemos disfrutado una barbaridad con este viejo juguete casi olvidado que ha acabado convirtiéndose en una magnífica, divertida y entretenidísima película de género. Lo dicho, una auténtica gozada.

Lo mejor: El mejor cine espectáculo y de entretenimiento avalado por el genio de un Sam Raimi en plena forma.

Lo peor: Que algunos acusen Arrástrame al Infierno cómo una nueva concesión a la comercialidad por parte de Sam Raimi.