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Daybreakers

Los vampiros pasan hambre

Daybreakers

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  • Título original: Daybreakers
  • Nacionalidad: Australia/USA | Año: 2009
  • Director: Michael Spierig y Peter Spierig
  • Guión: Michael Spierig y Peter Spierig
  • Intérpretes: Ethan Hawke, Sam Neill, Willem Dafoe
  • Argumento: La escasez de sangre humana pone en peligro la supervivencia del vampiro. Es necesario encontrar un sustitutivo a la sangre humana... o una cura definitiva al vampirismo.

75 |100

Estrellas: 4

Reiventar la rueda no tiene que ser nada fácil. Agarrar un género tan sobreexplotado como es el vampírico, darle un par de giros, ponerlo del revés, sacudirlo hasta dejarlo aturdido, y volverlo a voltear hasta lograr un producto final digno, original y novedoso, se me antoja algo así como reinventar la dichosa rueda. Una quimera…

Los australianos hermanos Spierig, autores de aquel divertimento con aires de serie Z titulado Undead (2003), lo han intentado, y si bien la rueda no la han reinventado (ni falta que hacía), sí han logrado con Daybreakers llevar a cabo una muestra de cine de colmillos sugestiva y sobrada de atractivo, a la altura de las dos primeras entregas de Blade.

En 2017 la sociedad vampírica domina el mundo. Los últimos supervivientes de la raza humana (relegada al primer – y único – escalafón de la cadena alimenticia) son confinados en granjas dónde se exprime hasta la última gota de sangre de sus cuerpos.
Pero el suministro de sangre se agota. La humanidad está en peligro de extinción, las provisiones de sangre escasean, y la perdurabilidad de los vampiros pasa por encontrar un sustitutivo a la sangre válido para el consumo o hallar una cura definitiva al vampirismo (¿el vampirismo se cura?).

El arranque de Daybreakers es fabuloso. De una manera mucho más austera, sutil y elegante en lo formal de lo que cabría esperar por parte de los hermanos Spierig (a tenor de lo ofrecido en su ópera prima), se nos muestra una civilización de vampiros cuyo modo de vida y cuya cotidianidad debe adaptarse a una serie de clichés, convenciones y pautas de conducta que responden a las normas impuestas por el propio subgénero de los vampiros: automóviles adaptados para ser conducidos a plena luz del día, tenderetes ambulantes que dispensan el ansiado líquido rojo, espejos especiales que sí reflejan la silueta del vampiro… Y junto a estos elementos, toda clase de carteles, programas televisivos, periódicos… que vienen a reforzar, casi de manera subliminal, esa idea de una nueva sociedad de chupasangres. Son toda una serie de detalles quizás algo pueriles o simplistas, pero que, en su conjunto acaban resultando tremendamente seductores y efectivos a la hora de captar nuestra atención y sumergirnos en el particular universo que nos propone Daybreakers.

La magnífica puesta en escena de los hermanos Spierig se encuentra a medio camino entre la sobriedad de la siempre subestimada Gattaca (Andrew Niccol, 1997), con la que Daybreakers comparte además protagonista (Ethan Hawke), y el homenaje al cine negro con tintes futuristas de la soberbia Dark City (Alex Proyas, 1998). En este sentido, rotundo –y quizás inesperado- acierto de los hermanos Spierig a la hora de dotar a Daybreakers de un aspecto visual totalmente acorde con los objetivos perseguidos. Incluso aciertan en el uso de los efectos especiales y de maquillaje, evitando que Daybreakers transmita esa dolora sensación, tan común en los tiempos que corren, de ser un innecesario desfile de efectos CGI que embotan nuestros sentidos (por lo visto, los hermanos Spierig convencieron a la productora para abaratar costes de producción a cambio de ser ellos mismos los encargados de realizar buena parte de los efectos de la película).

A nivel argumental es obvio que la situación planteada por Daybreakers, una sociedad de vampiros al borde del colapso por la nefasta administración de su principal fuente de alimento, y su incapacidad para encontrar un recurso alternativo, darían para edificar un par de discursos ecológicos (la necesidad de energías renovables) y de crítica hacia el capitalismo (el papel de las grandes corporaciones en la explotación de los recursos “naturales”). Pero mucho me temo que esa no fuera, ni mucho menos, la intención última de los australianos. Más allá de metáforas demasiado evidentes, Daybreakers triunfa en su condición de simple (en el mejor de los sentidos) pero contundente entretenimiento con regusto a serie B (pese a su holgado presupuesto y su plantel de actores), que intenta, por todos los medios (y lo consigue tan sólo a medias), darle un nuevo giro de tuerca al género vampírico.

Me resulta sencillo destacar las cualidades que hacen de Daybreakers un plato de agradable degustación: la exquisitez con la que describe una sociedad de vampiros en la que el hombre está condenado a la extinción (aunque, en realidad, esa sociedad que describe Daybreakers tampoco se me antoja tan distinta a una sociedad humana actual), el interés que despiertan la mayoría de sus personajes principales (en especial el hematólogo interpretado por un correctísimo Ethan Hawke), la participación de dos pesos pesados de la interpretación como son William Dafoe, haciendo bueno un personaje que en el tramo final de la película se diluye, y Sam Neill, magnífico en su papel de villano de la función, unos efectos especiales y un maquillaje rotundamente acertados (pese a que no vamos a descubrir nada nuevo en ellos); y las convincentes y muy disfrutables secuencias de acción que pueblan la trama (incluído algún que otro guiño a los amantes de la sangre… y en esta ocasión no me refiero a vampiros).

Sin embargo también me resulta relativamente fácil hacer referencia a un par de puntos que juegan, decididamente, en contra de Daybreakers.
En los compases iniciales de la película se nos muestra una secuencia en la que el Dr. Edward (Ethan Hawke) recibe una inesperada e indeseable visita en su hogar. Es una secuencia de acción espectacular, intensa, de esas que te incrustan en la butaca del cine. El problema es que durante el resto del metraje se echa en falta alguna que otra secuencia que esté, al menos, a la misma altura de la secuencia mencionada. Una presencia más activa de esos aterradores monstruos en los que se convierten los vampiros a causa de la escasez de sangre en sus organismos, creo que hubiera beneficiado considerablemente a la película.

Por otro lado (más grave si cabe), Daybreakers padece de un final demasiado precipitado y en el que abundan las apariciones sorpresa sin demasiado sentido. Una verdadera lástima que no hayan sabido ponerle la guinda al pastel.

En cualquier caso, este par de defectos señalados creo que no empañan el interés y las buenas sensaciones que transmite una película como Daybreakers. Si bien no supone una revolución al género vampírico, sí creo que hará las delicias del aficionado a los colmillos, la ciencia-ficción y la acción con regusto a serie B clásica. Entretenimiento asegurado.

Lo mejor: Su arranque y que todavía haya esperanza para el género de los vampiros tras el incesante desfile de productos destinados únicamente al público juvenil.

Lo peor: El final

Cabin Fever 2: Spring Fever

Siempre pasa algo malo en las fiestas de graduación

Cabin Fever 2

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  • Título original: Cabin Fever 2 Spring Fever
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Ti West
  • Guión: Joshua Malkin
  • Intérpretes: Larry Fessenden, Alexi Wasser, Rider Strong
  • Argumento: El último superviviente a la bacteria necrotising fasciitis, infectado, muere atropellado por el autobús de un colegio. Aunque parece que este es el fin de la epidemia, una empresa de agua mineral se abastece del lago contaminado...

75 |100

Estrellas: 4

¿Una secuela de “Cabin Fever”?

Los primeros rumores hacen saltar las alarmas. “Cabin Fever” tiene un problema, y es que el malo –la bacteria- mata sin miedo y sin asedio. Una vez que te ha pillado, no tienes escapatoria. Es un asesino letal pero sin garra, puesto que sus víctimas mueren, no se convierten en un peligro para los demás: llega un momento en que el miedo desaparece.

Nuevos rumores: a los mandos de la secuela se va a situar Ti West. Eso es bueno y es malo. A mí me gusta, creo que es un tío que tiene estilo dirigiendo, ritmo y no hace nada porque sí, sino siempre buscando algo. Por el contrario, suele imprimir a sus películas un ritmo demasiado lento… hasta casi rozar el coñazo.

Por tanto, y pese a ser un fan de la primera parte, me puse a ver “Cabin Fever 2: Spring Fever” con pocos ánimos y mucha manga ancha.

Una empresa de agua mineral embotellada se nutre del depósito cercano a la cabaña del bosque, de manera que su último envío de mercancía a un pueblo cercano provocará que el baile de fin de curso del instituto se convierta en un baño de sangre. El propio Ti West, junto con Randy Pearlstein (guionista de la primera parte), ideólogos de la historia, y Joshua Malkin, guionista ejecutor, despliegan todas las estrategias de una secuela. Cambiamos, por tanto, de escenario: la cabaña por un instituto. También, se aumenta la dimensión de la catástrofe: ya no son tres parejas, son muchísimas más las que pueden ser afectadas por la bacteria asesina. Y se añade un grupo del Gobierno (¿?) que busca acabar con la infección.

Así, antes de llegar al baño de sangre que imaginamos que va a ser el baile de fin de curso, tenemos (¡Ay, Ti West y los ochenta!) a Dane (Alexander Isaiah Thomas), pringado oficial del cole, y John (Noah Segan), un joven sensible y un poco friki –sus amigos, salvo Dane, pasarán la noche del baile de graduación viendo en casa la novena parte de una saga de terror (sic)- enamorado de Cassie (Alexi Wasser), amigos de la infancia pero, ahora, separados por Marc (Marc Senter), el malote del instituto y novio de la chica. Lo malo de este material tan tópico es que es demasiado reconocible, lamentablemente, para muchos –entro los que me incluyo, por supuesto- y, encima, está tratado con cariño, admiración y respeto por West –por lo que, me temo, él también formaba parte de esta ecuación universal de frustración adolescente. De manera que, conforme avanzan los minutos, no sabes de qué tienes más ganas: si de que estalle la infección en toda su magnitud, o de seguir viendo un buen capítulo, quizás de los mejores, de “Aquellos Maravillosos Años”. Pero, claro, las referencias no acaban ahí: están los profes de “Grease”, y las calles –casi calcadas- de “La Noche de Halloween”.

Quiero hacer hincapié en esto: quien no esté dispuesto a ver una versión gore de un episodio de “Dawson Crece”, debe alejarse de esta película como alma que lleva el diablo. Porque si el capítulo adolescente-emocional es muy completo, el sangriento tampoco está mal servido. Hay un par de explosiones de hemoglobina antes de que estalle el verdadero baño de sangre, el baile de graduación, y cuando esto sucede, hasta uno, como espectador tiene la sensación de estar pringado. Algo parecido me ocurrió con “Planet Terror”, de Robert Rodríguez: llega un momento en que todo es tan desfasado, cafre y divertido que se supera el asco y, simplemente, se empieza a disfrutar con la pringue. Aunque, personalmente, los dos momentos más destacables a este nivel, desde luego, suceden al margen de la fiesta. El primero es una felación en los baños del insitituto donde descubrimos que, probablemente, la chica encargada de hacerla esté contagiada… y el segundo, las consecuencias de este acto para el pene del muchacho.

Las notas más peliagudas de la película se alcanzan en el tramo final. “Cabin Fever 2” es una película coral: hay muchos personajes, y cada uno de ellos tiene su propia trama. Para el final, salvo una excepción, se ha optado por concluirlas por separado. Si uno, como fue mi caso, está imbuido y disfrutando con la película, todas y cada una de las conclusiones entran bien, cierran sus tramas y la sensación general es buena. Pero es cierto que, en frío, lo inconexo del último acto parece llevar a preguntarte si eran necesarias tantas historias o algunos elemento importantes, como la misma fiesta de graduación: si la infección anda por todo el pueblo, ¿para qué hacer tanto énfasis en la noche de graduación? En la trama principal, la que llevan sobre sus hombros John y Cassie, se intenta sustituir un final contundente con un par de escenas sangrientas para camuflar que ésta, en realidad, se queda inconclusa. Lo mismo que la del agente Winston –que reaparece en esta secuela- y su colega: ¡maldición!, esta sí que está mal resuelta, y se nota sobre la marcha.

Pero también quiero insistir en esto: a mí, por encima de todo, me pareció una película divertidísima. Empezando por los créditos de apertura, dibujos animados, y acabando por los de cierre, nuevas animaciones que enseñan qué es de algunos secundarios, todo parece estar cuidado, mimado y meditado para que luzca y entretenga. Ti West rueda como Dios y aquí, una vez más, lo confirma. Es capaz de darle personalidad y entidad a un material tópico y escasamente original. Se olvida de sus pretensiones grandilocuentes y artísticas, y se centra en algo mucho más básico pero, por qué no decirlo, más difícil: entretener durante una hora y media. Y lo consigue, vaya que sí, a pesar de que podía haberse perdido por vericuetos “profundos”: recordemos que “Cabin Fever” tenía una doble lectura. Su mecánica funcionaba bien tanto a nivel argumental como a nivel metafórico (la infección se propagaba en función del grado de intolerancia de los jóvenes). No hay rastro de eso en “Cabin Fever 2: Spring Fever”, aunque tampoco se lo echa en falta.

Lo mejor: Que abundan las cosas buenas en la película.

Lo peor: Lo fácil que lo tienen el agente Winston y su colega para escapar del pueblo.

¿Dónde conseguirla?
Gore Nation: “Cabin Fever 2: Spring Fever” en VOSE.

Growth

Gusanos darwinianos

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  • Título original: Growth
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Gabriel Cowan
  • Guión: Gabriel Cowan
  • Intérpretes: Mircea Monroe, Christopher Shand, Brian Krause
  • Argumento: En la isla de Cuttyhunk, unos experimentos genéticos con parásitos cerca de 1989, tienen como resultado unas terribles consecuencias, cuyos ecos llegan a día de hoy.

59 |100

Estrellas: 3

Growth, es el abordaje más reciente al interesante subgénero de “los bichos” y la amenaza a la humanidad que estos representan. La fantasía oscura, desde recién comenzado el siglo XX, han gustado de plantearse que nos sucedería si una plaga vírica, insectoide ó en forma de gusano decidiría reclamar la posición que el hombre alcanzó después de millares de años de evolución, guerra y conquista. Bien como una infección de otro mundo (La Cosa , 1951-1982), como plagas terrestres sin control (Slugs, 1988 y Cuando ruge la marabunta, 1954) ó como bizarrismos inclasificables (Slither, 2006 y El terror llama a su puerta, 1986); el cine de de terror y ciencia ficción nos ha regalado obras de gran nivel, como las citadas, así como cintas de segunda fila. Una carrera, la de nuestros amigos “los bichos”, fácilmente equiparable a la de cualquier otro subgénero de nuestro cine favorito.

En este caso particular, y siendo benévolos, podemos encasillar a Growth como una producción que se queda en ese enorme limbo que hay entre las obras maestras y el cine basura. Es decir, estamos ante la clásica mezcla de elementos interesantes en un envoltorio que deja que desear en más aspectos de lo que nos gustaría. Para mi, el visionado de esta película ha sido otro pequeño viaje en el tiempo a los días del alquiler de cualquier entretenimiento terrorífico; digamos que a mediados de los noventa, donde los productos “directo a videoclub” tenían algo especial. Muchos intentaban, mediante la libertad que aporta mantenerse lejos de la pantalla grande, reflejar elementos novedosos e incluso desbarrar argumentalmente puesto que nadie esperaba nada de ellos. La productora Full Moon tiene una buena decena de intentos en este sentido, siendo muchos directamente escoria, pero este no es el caso que nos ocupa. Solo quería haceros participes de la etérea sensación que me ha transmitido Growth globalmente. De hecho creo que es algo positivo, al acercarme a una película humilde sin ningún tipo de expectativa he podido digerir mejor sus muchos fallos y disfrutar tanto de sus bondades, como de la extraña mezcolanza de ideas dispares. Porque si esperáis mucho en general y caviláis mucho sobre el último tercio de este film, creo que sufriréis un colapso nervioso. Así que con buen humor, vemos que gusanos reptan dentro de este cadáver.

Corre el año 1985 y la isla de Nueva Escocia llamada Cuttyhunk es un hervidero de científicos de todas las nacionalidades investigando el desarrollo de parásitos para el perfeccionamiento de la producción de perlas. El Dr. Mason Lane (Ian Patrick Williams) está a la cabeza de la investigación y parece que ha dado buenos frutos. Las ostras de la isla producen unas perlas de inusitada calidad y gran tamaño. Pero el Dr. Mason no quiere quedarse ahí, continúa sus experimentos genéticos con parásitos compatibles con el ser humano para proporcionarnos más fuerza, resistencia y salud en general. En propias palabras del doctor: “el siguiente paso de la evolución”. Sin embargo algo relacionado con los gusanos parasitarios parece descontrolarse en la presentación pública de los resultados y cientos de personas mueren en la isla; a la vez que el Dr. Mason desaparece misteriosamente. Afortunadamente, los parásitos son fuertemente dañados por la sal, con lo que el extenso cinturón de agua oceánica que rodea a la isla supone una prisión. 1989 concluye como un año fatídico para los habitantes de la región, que consiguen controlar la plaga a duras penas.

Veinte años después, Jamie, sobrina nieta de Lane, vuelve a Cuttyhunk para acondicionar y vender la vieja hacienda donde su madre y su tío abuelo vivían y realizaban sus experimentos. Apenas conserva recuerdos de su estancia en la isla, era muy pequeña cuando fue enviada al continente con su padre. Junto a su novio, su mejor amiga y su hermanastro; descubren que la isla sigue guardando algunos secretos mortales sobre los experimentos de su tío.

Lo primero que me sorprendió de Growth fue la introducción de los hechos acaecidos en la década de los ochenta dentro de los títulos de crédito a una velocidad y nivel de compresión que no veía en mucho tiempo. La idea me pareció genial, resumir visceral y visualmente la típica “paja” argumental introductoria. Cuantas primeras mitades soporíferas nos ahorraríamos en el cine de serie B. El único problema, en este caso concreto, es que la presentación de los hechos pasados es bastante caótica y sobresaturada. Además, durante la primera media hora de Growth se vuelve una y otra vez a las circunstancias que hundieron la isla en la gran crisis de 1989. Es como si los responsables del film creyesen que habían proporcionado demasiada información en el arranque y se contengan para pisar el acelerador narrativo de la película. Lo que podemos llamar un “quiero-y-no-puedo”, denominación que se extiende finalmente a todo el metraje.

Growth no cuenta con un presupuesto holgado, en concreto es el esfuerzo casi personal del joven director Gabriel Cowan. De hecho, y observad si el buen hombre estaba comprometido con este proyecto, ejerce también de guionista y productor. Este director tiene una carrera bastante cortita e insulsa. Dentro del terror (ó más bien thriller) alguno quizás conozcáis su única obra, aparte de la que hoy reseñamos: “The breathing room”. Una cinta con cierto toque “Saw” pero lastrada en exceso por sus escasos medios y un plantel de actores de segunda. Esto último es aplicable también, aunque en menor medida, a Growth. Cowan intenta dar lo mejor de si mismo, pero no estamos ante un cineasta destacado, ni siquiera ante un niño rico (que quieras que no, alguna mala película se salva de la quema por valores de producción altos. Un, dos, tres, responda otra vez: Avatar); por lo que volvemos de nuevo a esa sensación de DVD directo para alquiler. Estas carencias alcanzan su cenit en unas escenas de acción que, directamente, resultan patéticas por su planificación y realización. Desde luego no estamos ante el proyecto de un buen director ó narrador.

Entonces, ¿qué salva de la quema y tortura inquisitorial a esta película?

No puedo decir que sean los actores. Caras conocidas de series de televisión norteamericanas, como el actor Brian Krause conocido por su papel de angelito en la “girl’s serie” Embrujadas. Estos actores no son capaces de controlar a sus personajes, recayendo todo el peso del film en gente muy joven y acostumbrada a trabajar rápido. Tampoco diría que están horribles, pero ninguno transmite credibilidad suficiente.

¿El ritmo narrativo ó el guión? Durante las dos primeras partes resulta dosificado y remolón pero consigue atrapar nuestra curiosidad malsana, todo sea por comprobar que final aguarda a los protagonistas y sus gusanos. Sin embargo, cuando en la fase final se empiezan a enlazar las diferentes piezas del puzzle, unas piezas que el guión nos brinda demasiado desordenadamente, todo se viene un poco abajo por la pobre edición de las escenas, fallos arguméntales, los continuos saltos de la acción y, por supuesto, un final que no impactará a nadie. Y si la técnica tampoco es brillante (una fotografía mediocre, una banda sonora tirando a insustancial, un trabajo de cámara facilón, etc, etc) parece que nos quedamos sin argumentos para aprobar Growth.

Pero es que si que tiene algo que la hace reflotar. Un par de cosas tan solo, con las que ese saborcillo “noventero” se hace realmente disfrutable: Las citadas piezas del puzzle son tan descacharrantes como una película de la Full Moon. Tenemos doctores locos, gusanos escurridizos, humanos mutantes, conspiraciones, horror teen, amenazas genéticas para la humanidad y más incógnitas todavía. Todo ello mezclado tan burdamente y con tan poca elegancia; que para el espectador curtido resulta una mezcla simpática.
Otro elemento que refuerza esta simpatía son los efectos especiales. Mucho efecto digital con algo de sirope de fresa, pero muy bien creado e insertado con la imagen real del film. Veanse los gusanos que usan cualquier pequeño orificio para infectar a un humano y transformarlo en un ¿vampiro zombie con superpoderes?, son considerablemente asquerosos y poseen un movimiento muy natural y fluido (¡Más que los actores de carne y hueso!). Para mi gusto supera en el aspecto fantástico a la reciente The Thaw, no así en la narrativa, que sin ser una maravilla en The Thaw, le da mil vueltas a esta cinta estadounidense. Pero es un poco injusto compararlas, puesto que usando una premisa con muchos nexos en común (la plaga que amenaza la humanidad) se podría decir que ambas son antitéticas.

En resumen, película para ver sin ninguna pretensión y con cierta dosis de alegría. La compañía de amigos ó amigas será bienvenida para apoyar los chascarrillos a los que Growth da pie (“los gusanos, los gusanos, si más bien parecen…”). Es más, el epilogo que transcurre en Korea termina de restar cualquier intento de seriedad por parte de Gabriel Cowan. No os desesperéis a medida que la vayáis visionando, no sirve de nada darle vueltas a la cabeza al argumento, tiene muchos fallos (sangrantes las ideas y venidas de la población local de la isla) y mejor entrar en el juego “pulp” que luchar contra el.

Os recomiendo que visitéis la página oficial para ver el final extra de la película; otra de las buenas ideas de un cineasta que aun no ha encontrado la forma de superar sus propias debilidades e incidir en sus virtudes.

Lo mejor: La descacharrante mezcla de conceptos terroríficos, así como el gran diseño de los bichos y los FX

Lo peor: La narrativa primitiva y tosca, los actores mediocres y unas escenas de acción de vergüenza ajena

¿Dónde conseguirla?
Gore Nation: “Growth” en VOSE.

The Collector

Que empiece la cacería...

The Collector

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  • Título original: The Collector
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Marcus Dunstan
  • Guión: Marcus Dunstan/Patrick Melton
  • Intérpretes: Josh Stewart, Michael Reilly Burke, Madeline Zima
  • Argumento: Arkin roba una joya muy valiosa en casa de la familia para la que está haciendo un trabajo de cerrajería. Al llegar a la mansión, descubre que la familia ha sido secuestrada por un enmascarado y que la casa se ha convertido en una trampa mortal.

75 |100

Estrellas: 4

“De los escritores de Saw 4, 5 y 6 nos llega la nueva sensación: The collector” Uyuyuyuyuy! La premisa a la hora de enfrentarse a esta película no era buena. Ya estamos escarmentados de bodrios avalados por “de los guionistas de…”,“De los productores de …” y “De los chicos que aparecen en un segundo en una sola toma de…”, aun así dejé mis prejuicios a un lado (también porque sigo viendo todas las partes de Saw…) y comencé a ver The Collector tranquilamente… y la cosa no pudo ir mejor.

Comenzamos con los créditos iniciales, me empiezan a recordar a Seven, la música me resulta familiar (claro, claro, corre a cargo de Jerome Dillon, ex Nine Inch nails). Las imágenes son interesantes, chicos, chicas, ésto promete.
La accción comienza rápidamente: una caja sospechosa, un grito y lo que está por venir.
Nos ponemos en situación y encontramos a Arkin, ex convicto y amante de su familia, por la que lo daría todo. La situación parece perfecta, la familia adinerada no está. Arkin tiene toda la casa para él solo, es un experto cerrajero y tiene una caja de seguridad a su merced, pero en realidad no está solo…
Primera escena salvaje, el marido apaleado frente a Arkin, imagen del coleccionista, ahora la trama cambia, se trata de no ser cazado.

La película es una perfecta mezcla de suspense máximo y torture-porn, aderezado con trampas.
La diferencia entre The collector y la saga Saw es que en Saw las trampas estaban diseñadas para probar la voluntad de los “jugadores”, mientras que en The collector, las trampas están diseñadas para cazar. Las trampas están preparadas para matar, que es para lo que, en definitiva, están hechas las trampas en la realidad.
La casa entera es una sucesión de trampas construidas con elementos cotidianos y pensadas desde el punto de vista del humano que quiere cazar al animal.

El gore es notable y preciso, es real y es feo, muy feo. The collector es lo que yo llamo “película limón” (cada vez que se producía una muerte, yo arrugaba la cara y apretaba los dientes, como lo hago cuando como un limón).
La principal baza de The collector es la tensión. La película respira y suda tensión, el suspense no da tregua. Los movimientos de la cámara ayudan a acrecentar esa sensación de desasosiego y la experiencia es frenética.

El coleccionista tiene carisma y su atuendo responde perfectamente a las normas del slasher, pero en este caso, la película se acerca más al torure-pon que al mero slasher.
Las víctimas están estereotipadas, pero es lo lógico en este tipo de propuestas.

A simple vista, la película, dentro de su género debería haber obtenido una puntación más alta, pero la realidad es que la trama queda coja, y esa cojera te arrastra, lentamente, a hacerte una serie de preguntas sin respuesta.
Sólo se sabe que el coleccionista colecciona personas porque una de sus víctimas, ”la carnaza”, lo menciona.
¿Por qué esta víctima se autoproclama carnaza? Sin respuesta.
¿Cuáles son las características de selección del coleccionista? Sin respuesta.
¿Pudo el coleccionista armar él solo todas las trampas en unas pocas horas? Sin respuesta.
¿Cuál es el significado real de la caja? Sin respuesta.
Demasiadas preguntas sin respuesta para una película que podría haber sido más que notable si la hubieran meditado un poco más.
Está claro que el Sr. Dusntan y el Sr. Melton destacaron (y destacan) en la elaboración de trampas y torturas crueles, pero se olvidan un poco de explicar el porqué y el cómo.

Aún así, The collector es altamente recomendable, una experiencia angustiosa que no aburre ni un solo segundo.
El inicio de una nueva saga basada en The collector, para mí, es un hecho (aunque creo que será mucho menos existosa que Saw). Al menos, yo espero una segunda parte que revele la realidad de los temas pendientes de este film.

Lo mejor: La sensación continua de suspense y lo bien tratado que está el gore.

Lo peor: Deja demasiadas dudas.

Kill Theory

Matar o morir... esa es la cuestión

Kill Theory

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  • Título original: Kill Theory
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Chris Moore
  • Guión: Kelly C. Palmer
  • Intérpretes: Don McManus, Ryanne Duzich, Teddy Dunn
  • Argumento: Siete amigos están dispuestos a pasar un fin de semana en una casa junto a un lago. Un asesino les someterá a un experimento mortal. Un juego de supervivencia en el que tan sólo uno puede quedar vivo.

57 |100

Estrellas: 3

Hoy nos enfrentamos a un “sospechoso habitual”.
Noche cerrada, una casa aislada junto a la orilla de un lago, una camada de cachorros norteamericanos dispuestos a dejarse la piel en el intento, un asesino que en esta ocasión se ha dejado la máscara en casa, pero que para el caso da lo mismo, ya que nunca llegamos a contemplar su rostro; y una trama que se esfuerza lo indecible por resultar ingeniosa.

Así que la pregunta parece obvia: siendo este un cuadro que ya hemos contemplado en una infinidad de ocasiones, ¿vale la pena darle una nueva oportunidad a Kill Theory, la más tardía de las incorporaciones del Alter Dark HorrorFest 2010?

Siete amigos se disponen a pasar un divertido fin de semana en la casa del padre de uno de ellos. Al anochecer las cosas se complican cuando un asesino les acecha, proponiéndoles un juego mortal: únicamente verá la luz del nuevo día aquel que acabe con la vida del resto de sus compañeros.

Si al amanecer queda más de un habitante vivo, el asesino amenaza con matarlos a todos. La cuenta atrás se ha iniciado…

Matar o morir. Ellos o yo. Puesta en escena de uno de los instinto básicos de supervivencia. Si bien no se trata de un planteamiento estrictamente original (en realidad es algo parecido a un Battle Royale en “petit comité” adornado con unas pinceladas de Saw), sí que es cierto que buena parte del atractivo que se le pueda atribuir a Kill Theory depende, en gran medida, de nuestra predisposición a aceptar y disfrutar (o al menos intentarlo) del perverso juego propuesto por el asesino y de las consecuencias – en ocasiones excesivamente tópicas – que se derivan del mismo; y todo ello con la dificultad añadida de tener que superar el generoso número de “defectos de fábrica” que presenta el film y que procuraré mencionaros a continuación.

Desde el mismo instante en que el asesino destapa el tarro de las esencias (explica a sus potenciales víctimas las reglas del macabro juego que pretende demostrar su particular teoría), asistimos a un circo humano en el que cada protagonista deberá evaluar sus propias convicciones morales y poner, finalmente, sobre una balanza, la amistad y la fidelidad hacia sus compañeros y –supuestamente- amigos por un lado, y su propio instinto de conservación y supervivencia por el otro.

¿El objetivo de todo este tinglado? Se supone que el objetivo a perseguir por Kill Theory es que nos hagamos preguntas del tipo de ¿cómo reaccionará cada uno de los protagonistas a la situación tan extrema que están viviendo? ¿qué decisiones tomarán? ¿seguirán unidos hasta el final o quizás alguno de ellos decidirá ir por libre y eliminar al resto de sus compañeros?

El principal problema de Kill Theory es que todos los protagonistas, sin excepción, están tan terriblemente estereotipados, que resulta sencillísimo adivinar el comportamiento de cada uno de ellos (a excepción de un par de sorpresas –previsibles- que suceden hacia el final de la película).

De esta forma sabemos perfectamente quién sucumbirá al pánico a la primera de cambio, quién se volverá un auténtico cabronazo dispuesto a no dejar títere con cabeza, y quién se mantendrá íntegro (y heróico) hasta las últimas consecuencias. Se les ve llegar desde muy lejos…

Y cómo también suele ocurrir en estas ocasiones, se nos ocurrirán mil y una opciones de salir del atolladero en el que se ven metidos los protagonistas de Kill Theory que, a ellos, ni siquiera se les pasa por la cabeza. O dicho de otra manera: en muchas ocasiones la lógica de sus actos queda en entredicho. Pero al fin y al cabo esto no es más que el penúltimo slasher juvenil “made in USA”, por lo que seguramente podríamos prescindir de la lógica en el comportamiento de unos personajes abocados, desde un inicio, al desastre… ¿o no?

Me reitero… Es tan sencillo como querer/poder entrar en el juego que nos propone Kill Theory o no hacerlo.
En el caso de no lograrlo supongo que Kill Theory está condenada a convertirse en un slasher del montón, repleto de tópicos, comportamientos ilógicos, malas interpretaciones, aburrido y del cual desearemos borrarnos.

Pero si conseguimos entrar en el juego (un servidor lo hizo), disfrutaremos de un slasher sencillo pero efectivo, con un ritmo excelente, buenas muertes, entretenido y que pasa en un suspiro. Eso sí, las malas interpretaciones seguirán estando ahí.

A la pregunta inicial de si vale la pena darle una oportunidad a Kill Theory, mi respuesta es SÍ. No se trata del mejor slasher que habéis visto en vuestra vida, ni siquiera estoy convencido de que permanezca en vuestra memoria durante mucho tiempo, pero qué demonios… los que amamos este subgénero estamos hartos de nutrirnos de productos similares a Kill Theory que no son ni la mitad de entretenidos que este último. Una digna adquisición para el Afeter Dark del 2010, aunque dudo muchísimo que la veamos alzarse con algún premio.

Lo mejor: Tiene un buen ritmo y no cansa.

Lo peor: Su falta de originalidad y las actuaciones.

Reverb

Algo pasa en el estudio de grabación

Reverb

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  • Título original: Reverb
  • Nacionalidad: UK | Año: 2008
  • Director: Eitan Arrusi
  • Guión: Eitan Arrusi
  • Intérpretes: Gregory, Eva Birthistle, Luke de Woolfson
  • Argumento: Maddy acompaña a Alex a terminar una canción en el estudio de grabación de un amigo. Pero en la pista de sonido, de repente, aparece un mensaje de auxilio...

50 |100

Estrellas: 3

Decía Alfred Hitchcock que era preferible partir de un tópico que acabar en uno. Tenía más razón que un santo, claro que también él era un privilegiado que podía permitirse decir eso, frente al resto de mortales que, lo más probable, es que acabemos en un tópico habiendo partido de uno. Dicha la cita culta del día, vamos a por “Reverb”, primera película de Eitan Arrusi.

Alex (Leo Gregory) y Maddy (Eva Birthistle) trabajan como teleoperadores en cualquier empresa de Londres; me refiero con lo de “cualquier empresa” a que, realmente, con verles el escaso minuto que les dedica el metraje a su manera de sobrevivir –todo un acierto- es suficiente para que entendamos que no les gusta su trabajo pero tienen que hacerlo, y que tienen otras inquietudes… (lamentablemente, esta historia es demasiado común); en el caso de Alex y Maddy, lo que los atrae es la música. Así que Maddy lleva a su amigo al estudio de grabación donde trabaja Dan (Luke de Woolfson) para pasar allí la noche. Dan les permite quedarse hasta las siete de la mañana, solos, por un precio por debajo del mercado; Alex quiere terminar una canción que, en sus propias palabras, puede darles fama y hacer que puedan dejar su trabajo.

El estudio de grabación es una maravilla: por fuera, es una vieja nave industrial inglesa; por dentro, una estancia moderna y sofisticada. Y, a los pocos minutos de estar allí, comienzas a tener miedo. Creo que, en este aspecto, Reverb hace suya una parte de la propuesta de House on Haunted Hill, de William Malone. Allí, se pretendía hacer una película de casa encantada a la vieja usanza pero en un entorno contemporáneo, pero creo que esta aspiración no estaba muy conseguida. En Reverb, sin embargo, el estudio moderno, el pasillo de moqueta con cristales translúcidos, la recepción vacía –agradable, con estilo, impersonal- se convierten en entornos hostiles y fantasmales donde es perfectamente posible que haya un morador sobrenatural… y es que, al poco de comenzar la sesión de grabación del nuevo tema de Alex, Maddy escucha algo en la pista original de audio. Gracias, por suerte, a la nueva tecnología del PC, consiguen aislar el sonido concreto y descifrarlo: una voz distorsionada grita “Ayuda”.

Comienza, así, el que sin duda es el mejor tramo de la película: ¿puede que la voz que pide ayuda no estuviera realmente en la pista original y se hubiera colado en la grabación? O sea: ¿hay alguien más en el edificio, a pesar de que Dan les dijo que se quedaban solos? Eitan Arrusi despliega, durante casi una hora de metraje, todos los recursos clásicos del cine de casa encantada, tópicos pero eficaces: sombras que acechan en las esquinas sin que los personajes se den cuenta, aparatos que se encienden solos, llamadas inquietantes, espacios indefinidos en penumbras, miradas sospechosas de los dos personajes… El tramo inicial, más de la mitad de la película, culmina bien con un descubrimiento igualmente inquietante. A su vez, ha dado las suficientes pistas como para que nos vayamos haciendo una idea de lo que puede estar sucediendo, todo ello narrado con bastante garra, estilo visual oscuro y brillante a la vez, y buenas interpretaciones por parte de los dos protagonistas. Es, sin lugar a dudas, un buen material el que se maneja a estas alturas de la película: historia clásica con las suficientes variaciones como para que parezca que está contando algo nuevo.

Mención aparte, por supuesto, merecen tanto fotografía como sonido. Sea porque Eitan Arrusi quisiera hacer una película con estilo, cool, contemporánea, sea porque esta historia en este entorno lo imponía –ojalá sea esto-, lo cierto es que fotografía y diseño de sonido están en consonancia absoluta con el lugar en el que se encuentran, y lo potencian. Creo, además, que esto es complicado: el interiorismo contemporáneo es bastante antiséptico y parece repeler cosas como humedades, telarañas o polvo, los elementos clásicos de este tipo de historia. En Reverb no los hay, y no se los hecha de menos. A fin de cuentas, estamos en un moderno estudio de sonido y, si hay algún espíritu, es el de un músico tipo Kurt Cobain. No tiene sentido ni cabida el castillo gótico. El montaje de sonido, por su parte, está plagado de zumbidos, ecos, bajos y altos bien colocados, levantando una planificación deudora –y mucho- del mejor Jaume Balagueró –y esto no es ninguna crítica ni ningún halago, sólo una constatación.

Reverb está organizada en dos noches en el estudio de grabación. La primera, casi una hora de metraje, ya ha terminado. Ahora llega la segunda.

Creo que en algunas historias hay que engañar. Con un poco de honestidad, pero hay que mentir, fingir que se va en una dirección para, llegado el momento, dar un giro y demostrar que se iba hacia otro lado. Esto no sucede en Reverb, y la sensación es muy frustrante. Todas las pistas que ha mostrado son correctas, todas las cartas –y algunas que no debía, porque revelan demasiado- estaban boca arriba desde el principio. No hay ningún as en la manga. En la segunda noche en el estudio de grabación ocurre exactamente lo que pensabas que iba a pasar. Rodado con mayor o menor fortuna, los acontecimientos se van sucediendo rutinariamente hasta llegar a un clímax facilón y previsible. Y, lo peor de todo, resuelto de un modo un poco ridículo. Realmente, cuando comienzan a aparecer los créditos de la película, tienes la sensación de que has perdido el tiempo; en ese sentido, me alegro sobremanera de haber hecho esta reseña. Así, he tenido que recordarla de principio a fin, repasando, por tanto, los buenos momentos –que los hay- y viendo, una vez más, cómo un mal final puede arruinar todo el trabajo que conlleva el hacer una hora y media de película.

Es mejor empezar en un tópico que acabar en él. Claro.

Reverb es, lamentablemente, el caso contrario. Parte de una situación original –un fantasma en un estudio de grabación- y la explota con toneladas de estilo y clase, encuentra su propio lenguaje a la hora de imaginar cómo sería un “espectro” de ese tipo en un entorno como este, y se recrea el tiempo suficiente en ello para ir dando pistas de lo que está pasando, a la par que nosotros, como espectadores, nos divertimos (asustamos) durante el recorrido. Pero, luego, llega la hora de las sorpresas, de dinamitar las expectativas y sustituirlas por otras nuevas, de vibrar porque nos han dado con la puerta en las narices con el plan maestro que había delante nuestra pero ni nos hemos dado cuenta… y se instala el vacío y la decepción.

Lo mejor: Tiene estilo, clase, y un clima muy bien conseguido en su primera mitad.

Lo peor: El clímax, sin ninguna duda.

Phobia 2

Cinco terrores globalizados

Phobia_2_poster

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  • Título original: Phobia 2
  • Nacionalidad: Tailandia | Año: 2009
  • Director: Banjong Pisanthanakun, Parkpoom Wongpoom, Songyos Sugmakanan, Paween Purijitpanya, Visute Poolvoralaks
  • Guión: Sopana Chaowwiwatkul, Chantavit Dhanasevi, Nitis Napichayasutin...
  • Intérpretes: Marsha Wattanapanich, Charlie Trairat, Erika Toda
  • Argumento: Recopilatorio de cinco historias terrorificas dirigidas por los más prestigiosos directores tailandeses del género.

70 |100

Estrellas: 4

5bia ó Phobia 2, es la segunda parte de 4bia ó Phobia. Antología tailandesa de terror filmada en 2008. A la antigua usanza, como en Creepshow, El gato Infernal ó Los Ojos del Diablo pero sin usar ninguna secuencia de enlace entre las historias; Phobia nos presentaba hace un par de años a los directores y guionistas más destacados del tan cacareado cine de terror tailandés. No es mi intención disertar sobre las bondades y fallos del cine oriental aquí, pero no puedo evitar señalar unos detalles de los que deberíamos aprender los occidentales:

En concreto y hablando de Tailandia, resulta que el cine de terror tiene unos resultados espectaculares en taquilla. Las estrellas locales no tienen ningún problema en prestar su cara a proyectos bien diseñados que hacen hincapié en ese horror directo y nada sucinto, el cual la cultura anglosajona, ha intentando relegar a un entretenimiento de segunda; mortaja de la que afortunadamente nos vamos desprendiendo con el paso del tiempo. Y este éxito anima a la realización de más cintas terroríficas con mayores presupuestos e incluso con mayor proyección internacional. Resulta divertido notar como Hollywood posó su mirada en tierras tan lejanas para nutrirse de ideas como inspiración, para finalmente realizar un expolio consentido de guiones directos a “remake”. Sin embargo, con la perspectiva que da la distancia, observamos que desde el lanzamiento mundial de Ringu (The Ring), se ha desarrollado una sinergia espontánea en el cine de terror oriental, no menos divertida. El mejor ejemplo de todo lo comentado es la tailandesa 4bia. Dado el éxito nacional e internacional de películas como Shutter, Alone ó Body 19; sus avispados productores decidieron reunir a las jóvenes promesas del cine fantástico de su país en una sola película, obviamente el formato obligado era la antología de cortos. Tailandia es uno de los países asiáticos con más capacidad de apertura. Expertos en la imitación y sin prejuicios a la hora de rodar. 4bia resultó un exitazo por su fuerte vocación comercial, a la vez que por unas cualidades técnicas que esta gente parece haber desarrollado de una forma innata. Nunca dejaré de maravillarme del uso de la fotografía que se hace en el este. Algo fría pero terriblemente eficaz a poco que cuenten con algo de presupuesto. Cuatro historias de terror orientales de fácil digestión europea algo similares al clásico arroz tres delicias que pedimos en nuestro restaurante chino favorito: está bueno, lo disfrutamos, no es exigente pero a las pocas horas nuestro estomago ya se ha olvidado del plato ingerido.

Cuando un país oriental alcanza el éxito con algún producto lo repite y potencia pero con más ahínco. Por muy increíble que resulte, esta gente supera en este aspecto a Estados Unidos, la nación de la secuela por excelencia. Con lo que 5bia es consecuencia lógica de todas estas elucubraciones. No ha pasado casi un año y tenemos, otra vez, al mismo equipo de los cortos originales creando otro producto visualmente colorista (con una historia más que su predecesora) y de fácil consumo; que como toda antología, sufre de lógicas fluctuaciones de calidad dependiendo del segmento que estemos viendo. Con ciento veinte minutos y cinco historias, es obvio que nos encontraremos de todo pero que nadie se desanime ni por su larga duración ni por los altibajos. Las historias no tienen nada que ver entre ellas lo más mínimo, con lo que el espectador cansado puede posponer el corto siguiente todo lo que quiera. Me resulta complicado considerar esta desconexión entre partes como un handicap puesto que la intención de esta recopilación no podría estar más lejos de un concepto de uniformidad. No obstante viendo los resultados de la bastante superior Trick or Treat, me he quedado con las ganas de saber como habrían reflejado un nexo de unión entre las distintas historias; gente de tanto talento como la que dirige 5bia.

En cuanto, a la calidad de cada segmento eso es harina de otro costal y más comprensible (aunque enormemente odioso) en una producción que junta cinco visiones del terror tan distintas en un mismo envase. Aunque la media de los segmentos da la nota proporcionada a la película, y esta es una valoración que espero os anime a disfrutar de la antología, que nadie se desanime mientras la visiona si en algún momento puntual las cosas parecen chirriar más de lo normal dentro de la pantalla. Por mucho que se haya realizado un esfuerzo de producción en pro del espectador occidental, 5bia no deja de ser un film netamente tailandés con todos esos tópicos que los amantes y detractores del cine “exótico” llevamos años debatiendo. Probablemente este debate se irá diluyendo, a medida que el nivel de globalización cultural que vivimos vaya aumentando.

Con todo lo comentando hasta ahora, parece necesario diseccionar la película historia a historia para ofrecer una perspectiva valida de la misma. Y es que, no en vano, cada una de las piezas que componen este puzzle del horror es una pequeña película con todos sus guiños y esfuerzos técnicos.

Novice

Un joven problemático es internado por su madre en un monasterio budista. Nuestro protagonista no esta a gusto entre sus compañeros monjes y sus tradiciones ancestrales. Agobiado empieza a planear su huida sin darse cuenta que la razón de su huida es su propio pasado.

Aunque no lo pueda parecer por su argumento, esta historia intenta dar una simplona vuelta de tuerca a la tradición karmica, esa creencia budista en la que cada acto bueno ó malo vuelve a ti. Teniendo en cuenta su escasa duración tampoco podemos pedirle demasiada profundidad al guión pero su intencionalidad terrorífica se pierde en algunas escenas lentas, así como en un actor protagonista muy jovencito y superficial. Aquí aclaró que los actores tailandeses nunca me han parecido especialmente expresivos, a pesar de superar con creces a los japoneses en expresividad emocional. De hecho pocas de las historias destacan por sus actores a excepción de la última. Sin ser ninguna maravilla entretiene y sobre todo resulta impactante por su escena final. Si en algo destaca dicho final, es en su crueldad y violencia. A parte de estos detalles, lo más destacables es una lograda ambientación gótica y la eficaz dirección de Paween Purijitpanya, director de la sobrevalorada Body 19, que en particular a mi me provocó excesivos bostezos.

Ward

Un motorista sufre un accidente y con la pierna rota pasa su convalecencia en un hospital aparentemente normal. Pronto empieza a sospechar que el anciano moribundo de la cama contigua esconde un siniestro secreto. Impedido junto a esa respiración ahogada, nuestro protagonista siente su habitación más como una prisión que como un refugio.

El segmento más breve con diferencia y el más equilibrado en argumento frente a acción. Con escasos elementos, pocos actores y diálogos inexistentes se crea una atmósfera opresiva y cuasi onírica que parte de un miedo muy humano: estar invalido en una cama de hospital con un compañero de habitación que no conoces. Esta mínima premisa cristaliza en un cuento de terror clásico a más no poder y muy satisfactorio por su falta de ambición; acorde al metraje usado. Como no puede ser de otra manera, estos breves minutos ofrecen secuencias planificadas a la perfección, así como planos que resultan envidiables por la soltura de cámara que reflejan. Como anécdota comentaros que Visute Poolvoralaks, director de Ward, tomo el rodaje de este corto ante la baja del director previsto debido a un accidente de coche. Todavía no se han demostrado fuerzas sobrenaturales detrás de este suceso.

Backpackers

Backpackers ó mochileros en castellano nos muestra a una pareja de jóvenes japoneses viajando a dedo hacia Bangkok. En un apartado camino rural un transportista y su sobrino deciden ganarse un sobresueldo llevando a los japoneses. Pero, ¿Qué macabra carga se oculta en la parte trasera del destartalado camión?

Esperaba este segmento con ansiedad, sin querer revelaros nada os diré que se vendía este fragmento de 5bia como una salvaje orgía zombie al más puro estilo tai. Su propio director, Songyos Sugmakanan autor de la galardonada, dramática e intensa “Dorm”, argumenta que cansado de plasmar las tradiciones de su país en la pantalla había querido trasladar a esta, elementos típicos de la cultura occidental como los zombies pero desde una perspectiva personal. Intención patente en la explicación del origen del ataque, que es de lejos lo más interesante de la historia. Lo que se prometía, al menos para mi, como un breve festival de acción y gore; se queda en un ejercicio interesante de tensión (estupendos los momentos previos a la aparición de los muertos vivientes) y en una traslación fallida de elementos de terror yankies mostrados en una carretera polvorienta de Tailandia. No vale solo con un buen maquillaje y escasas dosis de gore salpimentadas con crítica social intrascendente. La resolución de la historia tan apresurada me decepcionó, esperaba algo más que buena técnica.

Salvage

La dueña de un concesionario de coches usados no es muy escrupulosa con el origen de los coches que vende. Todo accidente puede ser disimulado en favor de conseguir mayor beneficio. Sin embargo, toda su avaricia se vuelve en su contra la noche que su hijo se pierde entre las filas y filas de coches almacenados.

Uno de los directores/escritores de las exitosas Shutter y Alone, Parkpoom Wongpoom, nos acerca un relato de terror urbano bastante tradicional y poseedor de las mejores bondades del cine de fantasmas oriental. Personajes que se dejan arrastrar por sus pecados en una espiral vengativa propiciada por unos espíritus muy reales y sin piedad. Haciendo uso de elementos modernos se va sucediendo susto tras susto, algunos muy predecibles y otro más sorprendentes y viscerales, a un ritmo cada vez más vertiginoso para terminar con una calma incomoda que asusta más que la aparición de los consabidos espectros. Es la historia que mas me ha gustado. Tras una hora y pico de 5bia tenía ganas de encontrar un segmento que se esforzase por ser generoso con las virtudes del cine de terror oriental más que con el desarrollo de elementos originales. Al fin y al cabo, acercarse a una cinta recopilatoria de estas características tan cerradas con intención de encontrar el futuro del cine de terror, me parece utópico hasta para mi. Estupendos encuadres explotando al máximo el escenario ofrecido por un sin fin de hileras de coches que acaban por generar la desagradable y esquiva sensación de: “una mano puede atraparme desde cualquier pequeño hueco”. Satisfactoria.

In the End

La famosa actriz tailandesa Marsha Wattanapanich, protagonista de Alone, está rodando su última película de terror cuando la actriz que interpreta al fantasma de pelos largos de turno, cae enferma y tiene que ser ingresada. Pero al poco tiempo y en medio del rodaje, la chica regresa misteriosamente. ¿Una actriz muerta qué desea terminar su papel a toda costa?

El otro director/escritor de Shutter y Alone, Banjong Pisanthanakum, nos ofrece el último segmento. Una comedia de terror con este toque de infantil tan típico del humor asiático. De hecho es una parodia de los tópicos del cine que practica el propio Banjong muy en la línea del corto que dirigiese para 4bia, In the Middle (incluso repite el cuarteto protagonista)
Para mi gusto, In the End es un segmento divertido que no casa muy bien con el espiritu de 5bia. Hubiese sido más interesante como segunda parte de un díptico junto a In the Middle, alargando su duración incluso.
Sin embargo lo que podría haber acabado como una historia humorística un poco bobona resulta finalmente un digno producto de entretenimiento gracias a los mohines, la belleza y la buena actuación de la señorita Wattanapanich, así como la ironía con la que se trata el mundo relativo a las producciones tailandesas de terror (genial las alusiones a los giros arguméntales, muy inteligente). Un final ligero a una buena colección de historias de terror

Yo destacaría especialmente el acabado técnico de 5bia (desde los títulos de crédito iniciales hasta los finales), que hace a esta cinta merecedora de ser exhibida en cines comerciales mucho antes que los productos vacuamente palomiteros que llenan nuestras salas de cine. Por lo menos Phobia 2 va directa a nuestro género favorito.
En resumen, tenemos dos horas de entretenimiento que muy difícilmente gustaran a los que ponen reparos a acercarse al terror oriental. Por el contrario, todos aquellos que disfrutan (y a veces sufren) este tipo de cine; encontraran interesante esta antología orientada al espectador poco exigente e incluso que no pierde de vista al espectador occidental buscador de terror de fácil consumo. Desde luego vemos un salto cualitativo con respecto la antología predecesora que es de agradacer.

Bueno, dado el éxito de esta saga no creo que tengamos que esperar mucho esa 6bia, tal vez con alguna historia que incluya al mismísimo cadáver de David Carradine.

Lo mejor: La variedad de las historias y el alto nivel técnico

Lo peor: El abuso de tópicos por y para una mayor comercialidad

¿Dónde conseguirla?
Gore Nation: “Phobia 2” en VOSE.

Sick Girl

¿Víctima o verdugo?

Sick Girl

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  • Título original: Sick Girl
  • Nacionalidad: USA | Año: 2007
  • Director: Eben McGarr
  • Guión: Eben McGarr
  • Intérpretes: Leslie Andrews, Charlie Trepany, Katherine Macanufo
  • Argumento: Izzy Shea, tras las pérdidas de sus padres y su hermano mayor, queda al cuidado de su hermano menor. Su vida está condicionada a unos terribles estallidos de violencia.

70 |100

Estrellas: 4

Tras la desaparición de sus padres, y la ausencia de su hermano mayor (por el que sentía algo más que un simple amor fraternal), la joven Izzy Shea se ve obligada a sacar adelante a la única familia que le queda: su hermano menor. Para ello tan sólo contará con la ayuda de un robusto y bonachón motorista amigo de su padre.

Semejante argumento podría dar tanto para una comedia sentimental protagonizada por una joven actriz emergente, especializada en este tipo de productos (no me obliguéis a dar nombres… me estanqué con Meg Ryan como reina absoluta de la comedia romántica); como para un melodrama “indie”, aderezado con un par de canciones pop resultonas y no muy comerciales, y dando la campanada en la próxima ceremonia de los Oscars, alzándose con la estatuilla al mejor guión original.

Pero nada de esto ocurre en la película que hoy nos ocupa. Si en lugar del romanticismo o el melodrama rural nos situamos en el terreno de la violencia, la escatología, las torturas, humillaciones, mutilaciones, violaciones y los asesinatos a sangre fría, el resultado final será algo parecido a Sick Girl, una de las películas independientes más extrañas e interesantes de los últimos años.

El gran acierto de Eben McGarr (director y guionista) consiste en no reducir Sick Girl a una simple sucesión o compendio de secuencias escabrosas y violentas (que las hay… y harán las delicias del aficionado), y tomar, en su lugar, la sabia decisión de presentarnos a un personaje complejo – la “chica enferma” a la que hace referencia el título de la película – cuya vida, lejos de la normalidad aparente, se encuentra decisivamente marcada por una serie de traumas familiares que, SUPUESTAMENTE, acaban definiendo una personalidad trastornada y con una insana tendencia a provocar el dolor y el sufrimiento ajeno.

Y ese “supuestamente” que establezco hace referencia a otro de los factores importantes que definen Sick Girl: su total ambigüedad en el mensaje que transmite.
Por un lado McGarr se esfuerza en hacernos creer que los actos violentos de Izzy responden a una serie de traumas sufridos por la protagonista en el pasado (la pérdida de sus padres y de su hermano mayor – del cual se desprende una presunta relación incestuosa –) y a la necesidad de sobreproteger a su hermano menor. Sin embargo, los brutales y exageradísimos estallidos de violencia a los que asistimos por parte de Izzy nos hacen pensar en una auténtica “Natural Born Killer” (una “asesina nata” a imagen y semejanza de la película de Oliver Stone), que disfruta y se relame con cada nueva tortura, cada nueva humillación, cada nuevo asesinato; y en los que muy poco tienen que ver, a modo de posible factor detonante, los problemas que haya tenido la protagonista siendo niña o los estrechos lazos que la unen a su hermano menor.

Como consecuencia de ello resultaría sencillo acusar a McGarr de manipulador, de impostor. De intentar camuflar la obscenidad y la violencia que desprenden algunas de las imágenes de Sick Girl bajo un irreal traje de denuncia social y drama familiar hecho a medida. De intentar hacernos creer que Sick Girl esconde algo más profundo cuando, en realidad, lo único que realmente tiene fuerza en la película son las secuencias de violencia. De intentar justificar el brutal comportamiento de Izzy mediante una inexistente e innecesaria coartada moral.
Sin embargo no seré yo quien vierta este tipo de acusaciones sobre Mr. McGarr, ¿por qué razón? Pues, sencillamente, porque esa contraposición entre los momentos familiares de Izzy (la relación con su hermano y con el fornido motorista) y los instantes de extrema violencia, me pareció fascinante. Acepto el presunto engaño de McGarr. Y lo acepto porque Sick Girl me atrae, me convence. Porque su ambigüedad moral me cautiva.

De ese contraste entre la vida familiar de Izzy y su apetito por consumir dolor ajeno, nace una de las películas más inclasificables que recuerdo. Por momentos un drama familiar y humano situado en un entorno rural, y por momentos un torture porn sangriento, escatológico, sexual y pasado de vueltas.

Todo ello provoca en Sick Girl la “extrañeza” a la que me refería al principio. Una extrañeza que viene resaltada por una espléndida fotografía, luminosa y gastada (deudora del cine de horror norteamericano de los setenta), una magnífica utilización del sonido (y también de la “carencia” de sonido: ver la secuencia de inicio), y la efectiva labor de todos los actores implicados, desde el niño, cuya presencia no se hace insoportable (lo cual ya de por sí es todo un logro), hasta el papel protagonista de la joven Leslie Andrews, una sick girl sobreactuada en muchos momentos, pero poseedora de un físico, y en especial un rostro, que nos empuja a plantearnos aquello de ¿ángel o demonio?

Incluso para todos aquellos a los que la historia personal y familiar de Izzy os traiga sin cuidado, apuntaros que Sick Girl tiene a su favor una secuencia final realmente perturbadora y radical en la que McGarr echa el resto.

Sick Girl es una excelente propuesta independiente. Una película atrevida y diferente. Que no pase desapercibida…

Lo mejor: esa convivencia entre drama familiar y humano y torture porn pasado de vueltas.

Lo peor: a quiénes tan sólo les interese la violencia les puede resultar aburrida. Que pase desapercibida…