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Black Devil Doll

Cuatro putas y un muñeco roto

Black Devil Doll

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  • Título original: Black Devil Doll
  • Nacionalidad: USA | Año: 2007
  • Director: Jonathan Lewis
  • Guión: Shawn Lewis, Mitch Mayes
  • Intérpretes: Heather Murphy, Natasha Talonz, Christine Svendsen
  • Argumento: Un activista negro culpable del asesinato de 15 mujeres caucásicas y a punto de ser ejecutado en la silla eléctrica, se reencarna en un viejo muñeco de madera.

69 |100

Estrellas: 4

Black Devil Doll

Desde el primer instante en que supe de la existencia de una película titulada Black Devil Doll cuyo argumento giraba en torno a un muñeco negro de madera dispuesto a follarse a cualquier rubia siliconada de encefalograma plano que se le pusiese por delante, supe perfectamente cuál sería la escena que acabaría representándose en el salón de mi casa.

Un par de sospechosos habituales (los de siempre), la nevera surtida de una cantidad de cerveza suficiente para nublar nuestros sentidos (incluido el sentido común), toneladas de predisposición a pasar un buen rato y, por supuesto, cruzar los dedos para que, finalmente, Black Devil Doll nos ofreciera una pequeña parte de lo que prometía y la cosa no resultara tan tremendamente horripilante (e insoportable) que ni siquiera hiciera gracia.

La joven y voluptuosa (esto será una constante) Heather se encuentra aburrida en casa sin saber qué hacer. Gracias a Dios tiene al alcance de su mano una tabla guija con la que matar el tiempo. Lo que jamás sospecharía la buena de Heather es que la dichosa tabla provocaría que el espíritu de un militante activista negro llamado Mubia Abuj Jama, acusado de matar y violar a 15 mujeres caucásicas, y a punto de morir abrasado en la silla eléctrica, acabaría instalándose en su casa convertido en un muñeco negro de madera de ojos saltones y pelo afro.

El fogoso y apasionado romance que vivirán Heather y Mubia Abuj Jama tan sólo se verá amenazado por los celos del exnovio cafre de ella (un patético rapero blanco que habla, se viste y se mueve cómo un negro), y las ganas incontenibles del muñeco de madera por probar nuevos coños que no sean el de su novia.
Heather, novia servicial cómo las hay pocas, organiza una fiesta en la que reúne a sus mejores amigas con el objetivo de que el muñeco de madera de ébano calme su apetito sexual… y dé rienda a su instinto asesino.

Black Devil Doll es una gilipollez cómo un templo. Basura fílmica. El que intente tomarse en serio uno solo de los fotogramas de la película, está perdido.
Encuadrada dentro de los parámetros de la serie Z más letal y ponzoñosa, Black Devil Doll nos ofrece un interminable desfile de sexo guarro y mugriento, diálogos ofensivos, situaciones disparatadas y ordinarias, putas neumáticas que harían las delicias del viejo Russ Meyer (a no ser que a Russ Meyer le supusiera algún problema el exceso de silicona…), grandes tetas, enormes culos, excrementos, poca materia gris y considerables dosis de sangre y gore.

En otras palabras: Black Devil Doll ofrece, exactamente, todo aquello que promete.
Si a ello le sumamos unos extraordinarios títulos de crédito al más puro estilo James Bond, un aspecto visual no tan desastroso cómo cabría esperar en una producción de este calibre, unos efectos baratitos pero que cumplen perfectamente con su cometido, y unas actuaciones… está bien, las actuaciones son un desastre en toda regla. No hay quién se salve ( el más expresivo de los ¿actores? implicados en Black Devil Doll es, precisamente, el muñeco de madera); el resultado final será el siguiente: para muchos la excusa perfecta para reunir a los amigos y encabezar una doble o triple sesión de cine bizarro y hediondo. Para otros tantos una repugnante, apestosa e insufrible ofensa que jamás debió ver la luz del día.

Y cómo de lo que aquí se trata es de dar mi opinión personal, pues ahí va: me gustó Black Devil Doll. Puse mi encefalograma en números negativos y me reí de sus estupideces, de sus cochinadas, sus obscenidades, su gamberrismo, su pestilencia… Pero, aún así, no voy a recomendárosla. Me he esforzado en describiros de forma clara y concisa lo que una película como Black Devil Doll puede llegar a ofreceros. A partir de aquí la decisión es vuestra. Por supuesto todos aquellos que os consideréis fanáticos del cine más bizarro y cutre, de la serie Z más recalcitrante, tenéis una cita ineludible con esta pseudo-pornográfica y deforme mezcla de blaxploitation, muñeco diabólico, las chicas de Russ Meyer, y el cine de la Troma. Al resto, os toca decidir. Yo me lavo las manos.

En cualquier caso, si decidís darle una oportunidad a Black Devil Doll, os recomiendo hacerlo en buena compañía. Al menos para no tener la sensación de que sois los únicos enfermos capaces de tragaros tamaña ofensa al séptimo arte, y que encima os acabe gustando.

Para finalizar, una aclaración sobre la puntuación que acompaña a esta reseña. Si en alguna ocasión han tenido algún tipo de significado los dichosos numeritos y estrellitas que suelo darle a las películas… éste no sería el caso. Me parece absurdo intentar puntuar Black Devil Doll de una forma, más o menos, objetiva. Así que finalmente me he decidido por otorgarle una nota simbólica (y muy poco sutil) que creo que casa perfectamente con el espíritu de la película.

Lo mejor: Amigos, cervezas y ganas de diversión...

Lo peor: Lo habitual en este tipo de producciones. Para muchos una excelente opción para una sesión de medianoche. Para otros una bazofia inmunda.

¿Dónde conseguirla?
GoreNation: "Black Devil Doll" en VOSE.

Infectados

El fin de la humanidad según los hermanos Pastor

Infectados (Carriers)

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  • Título original: Carriers
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Àlex Pastor, David Pastor
  • Guión: Àlex Pastor, David Pastor
  • Intérpretes: Chris Pine, Piper Perabo y Lou Taylor
  • Argumento: Cuatro jóvenes viajan hacia una remota playa del Golf de México huyendo de una pandemia vírica que amenaza con acabar con la raza humana.

73 |100

Estrellas: 4

Infectados (Carriers)

La primera vez que escribí sobre Carriers, estando todavía la película en fase de postproducción y sin título definitivo en castellano, cometí el error de afirmar que se trataba de una, a priori, interesante propuesta de zombis/infectados.
Alguien tuvo el acierto y la amabilidad de corregirme y darme a entender que en Infectados (título definitivo en castellano) no había zombis y que, en todo caso, podíamos hablar de una película únicamente de infectados.

Pues bien, ahora por fin he tenido la oportunidad de ver Infectados y os puedo asegurar que, efectivamente, no tiene nada que ver con una película de zombis al uso. Incluso me atrevería a decir que ni siquiera estamos ante una película estrictamente de infectados (a pesar de que, cómo no podía ser de otra manera teniendo en cuenta el título de la película, infectados sí los hay).

Sin embargo creo que el meritorio salto de los hermanos Pastor al largometraje debemos contemplarlo, ante todo, como una película de supervivientes. Un, por momentos, desgarrador drama en el que vuelve a colocarse al ser humano en una situación límite de subsistencia, y en cuyas circunstancias deja nuevamente al descubierto las miserias de aquel, su crueldad, sus debilidades y, sobre todo, su fragilidad. Infectados describe un camino cuyo único destino posible es la pérdida de todo aquello que nos hace humanos, que nos hace reconocibles como tales.

El argumento de Infectados cuenta la historia de cuatro amigos (dos de ellos hermanos con una relación muy estrecha) que se dirigen hacia una playa del Golfo de México escapando de una pandemia vírica que amenaza con extinguir la raza humana.

Las carreteras secundarias transitadas por los protagonistas de Infectados nos resultan, cuanto menos, familiares. Es relativamente sencillo buscarle antecedentes o referencias, tanto cinematográficas como literarias, a la historia universal de tintes apocalípticos que nos cuenta Infectados. La originalidad, a simple vista, no es su punto fuerte.

Sin embargo los hermanos Pastor demuestran el talento necesario para convertir lo que en principio parecería todo un handicap (la falta de originalidad), en una propuesta distinta a lo que muchos aficionados al género esperábamos y no por ello menos atractiva y turbadora.

Los hermanos Pastor centran todos sus esfuerzos en las secuencias dramáticas, en las que situaciones extremas de supervivencia pondrán a prueba las convicciones morales, las creencias, la resistencia física y psíquica, y en último lugar la cordura de quiénes se ven obligados a decidir entre abandonar a los suyos y seguir adelante, o permanecer al lado de aquellos a quiénes aman y garantizarse así una muerte segura.

Son momentos de una elevadísima intensidad emocional que los hermanos Pastor acometen con decisión y aplomo. Son secuencias ásperas, secas, dolorosas, rodadas la mayoría de ellas a plena luz del sol, desprovistas de artificios inútiles que intenten enfatizar de alguna manera el mensaje y que, en definitiva, logran transmitir toda la agonía, el desasosiego, la amargura, y la fragilidad de cada uno de esos incomodísimos momentos y de cada una de las personas afectadas. Más allá de lo que cuenta la película, su verdadero mérito está en cómo lo cuenta; y en dichos instantes es cuando Infectados encuentra su verdadera razón de ser y deviene un gran acierto.

Por desgracia, el hecho de que el debut de los hermanos Pastor deambule por un género tan marcado cómo es el de las pandemias infecciosas decididas a finiquitar la humanidad, provoca que sea tan decisivo hablar de lo que puede ofrecernos Infectados cómo de los que no está dispuesta a ofrecernos. En otras palabras, se me antoja importante aclarar qué es Infectados, y qué NO es Infectados.
Los hermanos Pastor rechazan casi de facto cualquier indicio de truculencia o violencia explícita. Quién espere de Infectados una película repleta de acción con infectados corriendo tras los pasos de los últimos supervivientes, sencillamente se está equivocando de película. Nada de esto está presente en Infectados. Incluso cuando los hermanos Pastor toman la decisión de ceder un mínimo espacio a ciertos mecanismos de horror puramente físico (en contraposición al horror psicológico al que se someten los protagonistas de la película durante la mayor parte de su metraje), su película acaba resintiéndose y mostrando sus peores registros (ver la forzadísima escena de las sábanas y la secuencia del hotel/residencia de lujo).

Y a estas alturas, con todo lo afirmado hasta el momento, ¿todavía cabe la posibilidad de plantearnos si Infectados da realmente miedo? No olvidemos que nos enfrentamos al fin de la humanidad. A mí, personalmente, una determinada escena protagonizada por un padre y su pequeña hija, me causó auténtico pavor.

Infectados es un magnífico drama psicológico, bien interpretado, mejor rodado y que nos ofrece una interesante y personal mirada sobre un género cuyos márgenes de maniobrabilidad son, ciertamente, muy estrechos.
Excelente puesta de largo la de los hermanos Pastor.

Lo mejor: La intensidad que los hermanos Pastor imprimen a cada una de las secuencias dramáticas de la película.

Lo peor: La secuencia del Hotel/Residencia de lujo.

Tormented

Ser un cabrón abusador tiene sus consecuencias

Tormented

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  • Título original: Tormented
  • Nacionalidad: Reino Unido | Año: 2009
  • Director: Jon Wright
  • Guión: Stephen Prentice
  • Intérpretes: Alex Pettyfer, April Pearson, Dimitri Leonidas
  • Argumento: Darren Mullet se quita la vida harto de las constantes humillaciones a las que se ve sometido en clase. Tras su muerte, un grupo de populares estudiantes del colegio empieza a recibir amenazantes mensajes que provienen del teléfono móvil de Darren.

60 |100

Estrellas: 4

Tormented

¿Qué demonios podían aportar los ingleses a un género tan genuinamente norteamericano como es el slasher? La respuesta es obvia: su particular sentido del humor.

En un elitista colegio británico, el joven Darren Mullet, harto del acoso al que se ve sometido a diario por parte de sus compañeros, decide quitarse la vida.

Justine Fielding, líder de las estudiantes, pronuncia un emotivo discurso de despedida en honor a Darren Mullet, en presencia de los padres de éste último. El problema es que Justine ni siquiera logra recordar la cara de Darren Mullet.

Tras el entierro, un grupo de populares estudiantes empieza a recibir amenazadores mensajes que provienen, supuestamente, del teléfono móvil del recién fallecido. Alguien parece dispuesto a ajustar cuentas con todos aquellos que causaron el tormento de Darren Mullet.

Tormented, película de bajo presupuesto dirigida por el debutante director británico Jon Wright, será poco más o menos que una catarsis para todos aquellos que, en alguna ocasión, fueron víctimas de abusos por parte de sus compañeros de clase, y soñaron despiertos con devolver el castigo a sus agresores de forma corregida y aumentada.

No se trata tampoco de buscar en Tormented ningún tipo de crítica soterrada o lectura social, seria y consistente, al triste fenómeno del bullying o acoso escolar.
El bullying está presente, e incluso es el catalizador de una de las secuencias más incómodas de Tormented (aquella en la que los teléfonos móviles de los compañeros de clase de Darren echan humo); sin embargo, el tono ligero de la película a la hora de afrontar el tema provoca que el acoso escolar no sobrevuele más allá de la pura excusa argumental sobre la que construir un teen-slasher cargado de bilis y humor.

Un humor negro y corrosivo que se refleja, en primer lugar, sobre todos y cada uno de los estereotipados protagonistas de Tormented: el chico irresistiblemente guapo, el musculoso poco aficionado a usar el cerebro, la rubia boba, la zorra orgullosa de serlo y el íntegro aparentemente víctima de las circunstancias. Todos ellos NO son simplemente estúpidos o incautos, al estilo de lo que suele ofrecernos los teen-slashers norteamericanos.

A estos, más allá de sus propias individualidades, les une un único denominador común: son escoria clasista y opresora. Una pandilla de auténticos hijos de puta (y perdón por el improperio, pero sospecho que a los que veáis la película se os pasará por la cabeza un calificativo similar a este).

Todos ellos, en mayor o menor medida, tienen parte de responsabilidad en la muerte de Darren, ya sea por acción (ejecutando las múltiples humillaciones y vejaciones a las que se vió sometido Darren a diario), o por omisión (quedándose de brazos cruzados antes los abusos cometidos).
No se salva ni uno solo. Incluso los profesores (atención al odioso profesor de educación física) y el director de la escuela se muestran enfermizamente permisivos con el acoso escolar.

Con este panorama sobre la mesa llega un momento en el que el espectador de Tormented tiene las cosas muy claras: el deseo de que Darren regrese y empiece a impartir justicia es irrefrenable.
Y por supuesto, tratándose de un slasher, es indudable que los culpables van a recibir su mercecido, con lo que entramos de lleno en esa gran asignatura que debe aprobar todo buen slasher: las muertes.

En Tormented hay dos tipos de muertes: unas apuestan por la violencia gráfica más explícita (con algún que otro momento gore bastante disfrutable), mientras que un segundo grupo de muertes destila un delicioso humor negro y constituye el punto álgido y la aportación más original de una película cómo Tormented (ver la secuencia de la piscina).

Sin embargo, si a menudo analizamos la valía de un slasher atendiendo principalmente a sus muertes y a la caracterización y personalidad del asesino, es en este segundo punto donde Tormented muestra sus carencias.
El asesino de Tormented, una criatura confusa (¿zombi? ¿fantasma?) que, en un momento dado, no duda en mostrar abiertamente sus sentimientos, nunca parece constituir un amenaza decididamente real o demasiado incisiva. Es complicado tomárselo demasiado en serio. Quizás porque, en ocasiones, sus métodos son mucho más divertidos que aterradores (lo cual ya he señalado que es una de las mejores aportaciones de Tormented, por lo que es absurdo criticarlo), o quizás porque en todo momento le percibimos más cómo a una víctima que cómo a un verdugo. Sea como fuere, la conclusión es que tenemos a un asesino con una capacidad de intimidación muy pobre, de lo cual se resiente el resultado final de la película.

Tormented es un slasher juvenil pretendidamente moderno y cool, afín a las nuevas tecnologías (móviles, cámaras de vídeo, internet) , al sexo light entre colegiales, a las canciones –y al estilo de montaje- de la MTV, al humor negro y a la crueldad adolescente; y que cumple con facilidad allá dónde más se le exige: el diseño de las muertes.
Aunque para disfrutar de esas muertes tengamos que pagar el peaje de conocer a la pandilla de snobs indeseables que pueblan este típico colegio británico. Un slasher gamberro, que se deja ver con facilidad, y con un par de muertes ciertamente divertidas.

Lo mejor: Es un slasher ágil, de fácil consumo y con un par de muertes realmente divertidas.

Lo peor: Los diálogos y las situaciones vividas por este odioso grupo de estudiantes pueden llegar a cansar.

Wrong Turn 3: Left for Dead

Este sí es el camino equivocado...

Wrong Turn 3: Left for Dead

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  • Título original: Wrong Turn 3 Left for Dead
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Declan O'Brien
  • Guión: Connor James Delaney
  • Intérpretes: Janet Montgomery, Tamer Hassan and Chuck, Venice
  • Argumento: El rutinario traslado de un grupo de presos se convierte en una auténtica pesadilla cuando un mutante caníbal decide iniciar la caza. Escapar de la justicia y sobrevivir serán los principales objetivos de los convictos.

25 |100

Estrellas: 2

Wrong Turn 3: Left for Dead

Tengo mis debilidades... supongo que como todo el mundo. Suelo llenarme la boca hablando de la necesidad de ideas frescas, proyectos que impliquen un mínimo de innovación, y propuestas que vayan más allá del enésimo remake innecesario (Left House on the Left) o la enésima secuela sin sentido (Saw).

Y sin embargo, tal y cómo he dicho al principio, mis propias debilidades me delatan.

Una de esas debilidades es la saga Destino Final (Final Destination, 2000), de la que todavía tengo pendiente su cuarta entrega, a la espera de poder disfrutarla en 3D.

Otra de mis debilidades es la que hoy nos ocupa, la saga Wrong Turn.
En 2003 un grupito de jóvenes estúpidos y sin demasiado apego a la vida (se diría que fueron sacados de cualquier slasher al uso), se perdía en la espesura de un bosque con la única excusa de formar parte del menú de una salvaje familia de mutantes deformes con evidentes inquietudes atropófagas (caníbales de toda la vida). El resultado final fue Wrong Turn (rebautizada en España con el titulo de Km. 666), un survival deudor de Las Colinas tienen Ojos, entretenido y facilón, que obtuvo un relativo éxito en las salas de cine, y del que se auguraba una pronta secuela.

Efectivamente, lo mejor todavía estaba por llegar.
En 2007, y previa reducción drástica de presupuesto, nos llegó Wrong Turn 2: Dead End (titulada en España Camino Sangriento), una serie b destinada directamente al mercado doméstico que nos deleitó con un destartalado Reality Show de supervivencia que rebosaba mutantes, sexo, sangre, imaginativas muertes, gore y diversión sin complejos. Una auténtica delicatessen de bajo presupuesto con una extraordinaria e inolvidable secuencia de apertura.

Ahora nos llega Wrong Turn 3: Left for Dead, una nueva entrega de la saga, destinada nuevamente al mercado doméstico, de la que sus seguidores esperábamos que estuviera, al menos, a la altura de Wrong Turn 2: Dead End.

Un grupo de peligrosos reclusos son transportados en autobús, y de noche, hasta una prisión de alta seguridad. Durante el trayecto el autobús es abatido por una trampa puesta por el mutante caníbal “tres dedos”, quien a partir de entonces emprende una sangrienta cacería para acabar con los presidiarios.

Por otro lado, los presidiarios no necesitan de demasiados mutantes para poner en peligro sus vidas. Viejos conflictos personales y el enfrentamiento por hacerse con un botín que encuentran abandonado en el interior de un furgón blindado ¿?, serán motivos más que suficientes para poner en peligro sus vidas.

Wrong Turn 3: Left for Dead es un desastre de pies a cabeza.
La práctica totalidad de la acción de la película se centra en los mencionados conflictos que surgen entre presidiarios y polícias con motivo de un botín (numerosas sacas repletas de dólares) hallado en el interior de un furgón blindado en mitad del bosque por obra y gracia de un guionista en horas bajas (muy bajas).

De esta forma, la presencia del mutante caníbal (así, en singular) es poco más que anecdótica. Una simple figura decorativa que se limita a aparecer muy de vez en cuando para borrar del mapa a algún desdichado presidiario de la manera más monótona y poco original posible. Hasta el punto de que algunas de esas muertes ya las vimos en las dos entregas anteriores.

Y por si fuera poco, todas estas muertes vienen convenientemente aderezadas con unos calamitosos y vergonzosos efectos digitales. Un desastre.

En cuanto al mutante caníbal, ¿era estricatamente necesario dejarle solo? ¿prescindir del clan y contar con un solo mutante caníbal? (la presencia de un segundo caníbal al iniciarse la película es testimonial). Es posible que el mutante “tres dedos” fuera el único superviviente de Wrong Turn 2: Dead End, pero ¿realmente era tan complicado sacarse de la chistera a media docena de nuevos mutantes con los que animar un poquito la función?

Todo lo que tiene Wrong Turn 3: Left for Dead para ofrecernos es un absurdo juego del gato y el ratón que acaba resultando terriblemente cansino y del que resulta sumamente sencillo desconectarse.

Sé que estamos hablando de la tercera parte de una saga que muchos pensaréis que no daba para más. El problema es que Wrong Turn 2 demostró que, con poco dinero pero con un puntito de imaginación y mala baba, era posible fabricar un survival socarrón, sangriento y realmente atractivo. Wrong Turn 3: Left for Dead, con ese mismo (poco) dinero, no logra absolutamente nada.

Toda la diversión acumulada por una película cómo Wrong Turn 2: Dead End se echa a perder en una deprimente secuela que amenaza con destrozar la resistencia del fanático más aguerrido de la serie. Lo dicho: un desastre.

Lo mejor: La secuencia inicial. Aún así, la peor secuencia inicial de toda la saga.

Lo peor: No resulta en absoluto divertida.

¿Dónde conseguirla?
GoreNation: "Wrong Turn 3: Left for Dead" en VOSE.

La Huerfana

Algo malo sucede con Esther

La Huérfana

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  • Título original: Orphan
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Jaume Collet-Serra
  • Guión: David Johnson, Alex Mace
  • Intérpretes: Isabelle Fuhrman, Vera Farmiga, Peter Sarsgaard
  • Argumento: Un matrimonio que todavía está en proceso de superar la trágica y prematura muerte de una hija, decide adoptar a una jovencita de 9 años que proviene de Rusia y responde al nombre de Esther. La joven esconde un terrible secreto…

70 |100

Estrellas: 4

La Huérfana

Jaume Collet-Serra, director catalán afincado y formado como cineasta en Los Ángeles, ya me sorprendió en una ocasión anterior. En el caluroso verano de 2005 me acerqué a una sala de cine más atraído por la promesa de un aire acondicionado a todo trapo que por la simple expectativa de asistir a un buen espectáculo terrorífico. La película en cuestión era (lo habéis adivinado…) La Casa de Cera, dirigida por un total desconocido cuyo nombre y apellidos eran, sorprendentemente, fáciles de pronunciar, y cuya campaña de promoción estuvo lastrada por la inefable presencia de cierta heredera de un emporio hotelero (su presencia final en la película, por cierto, resultaba de lo más estimulante: habla poco, sonríe, se desnuda –o semidesnuda- y muere. Aplausos).

La Casa de Cera me sorprendió. No por ser una gran película, sino por tratarse de un teen-slasher abigarrado, recargado y con tendencia al exceso que me acabó resultando de lo más simpático y entretenido. Todo un descubrimiento.

Tras dirigir en 2007 la segunda entrega de Goal (Goal 2: Living the Dream), un proyecto que apestaba descaradamente a encargo, Jaume Collet-Serra regresa al género terrorífico con su tercera película, La Huérfana (The Orphan). De nuevo un servidor pasa religiosamente por taquilla sin demasiadas expectativas (por lo trillado del tema), y de nuevo Collet-Serra vuelve a conseguirlo. De nuevo me sorprende.

La Huérfana cuenta la historia de un matrimonio con dos hijos y varios fantasmas del pasado acechándoles (alcoholismo, adulterio y una hija muerta prematuramente), que decide adoptar a una niña de 9 años de ascendencia rusa internada en un orfanato.

La niña en cuestión responde al nombre de Esther, y tras su apariencia tranquila, sus exquisitos modales, su locuacidad y su inteligencia, se esconde una terrible amenaza para toda la familia.

Si esto fuera un típico "quiz show" norteamericano (programa de preguntas y respuestas) y ahora mismo os cuestionara sobre películas en las que un mocoso que no levantara dos palmos del suelo fuera el único catalizador de una pesadilla en la que se vieran envueltas todas las personas, críos y adultos, que giran a su alrededor; estoy convencido de que a todos vosotros os vendrían a la mente, al menos, un par de títulos: El Buen Hijo, La Profecía, El Otro (esta última, no me cansaré de repetirlo, una obra maestra)… La lista será más o menos extensa depende de cómo andéis de memoria (la mía es horrible), pero lo que parece claro es que La Huérfana, a simple vista, no parece que vaya a añadir innovación alguna al subgénero de los niños malditos, al que pertenecerían todas las películas de vuestra lista.

Sin embargo, Collet-Serra se reserva un par de ases bajo la manga gracias a los cuales consigue lo impensable: darle una ligera (ligerísima) vuelta de tuerca al sugénero de los niños malditos y acabar ofreciéndonos una película que, sin ser ni mucho menos una obra maestra, sí logra erigirse, por méritos propios, como un thriller psicológico digno y totalmente efectivo.

Me da la impresión de que Collet-Serra es un tipo listo que, por poco que se lo proponga, podrá pasarse muchos años dirigiendo películas de género made in USA.
Desde un punto de vista formal La Huérfana se adscribe al estilo del 99% de producciones de terror surgidas de la factoría de Hollywood durante los últimos quince años. Su puesta en escena es pulcra, aseada, impecable… y absolutamente predecible y convencional. Collet-Serra sabe que la suya es una película comercial (y no intento ser peyorativo al calificar La Huérfana cómo comercial) que debe llegar a mucha gente, y es consciente de que asumir riesgos a nivel formal, no es una buena idea.

Ese convencionalismo formal en ocasiones le juega malas pasadas. Pronto percibimos que al final de cada movimiento en panorámica de la cámara tendremos a Esther; y que detrás de cada sombra o de cada inesperado rincón, volveremos a tener a Esther; y que cada vez que nos acerquemos al rostro de la pequeña ésta nos obsequiará con una mirada maléfica. En este sentido Collet-Serra no puede evitar (o no quiere) que ese convencionalismo formal le empuje, en determinados momentos, hacia la previsibilidad en la acción. Pronosticamos lo que va a suceder a continuación… y sucede.

Por suerte, cómo ya he señalado antes, Collet-Serra se guardaba un par de ases en la manga, y uno de esos ases es la ruptura de cualquier tipo de previsibilidad (tanto formal cómo de fondo) en cuanto La Huérfana se acerca a su desenlace.
Al margen de que el giro final que nos ofrece La Huérfana pueda gustar más o menos (a mí me convenció plenamente), lo que debemos reconocerle, de forma casi obligada, es su capacidad para sorprender. Nunca imaginé, ni por un solo instante, en qué iba a consistir el mencionado giro argumental. Fue totalmente inesperado y desconcertante. Un grandísimo acierto.

El otro gran hallazgo de La Huérfana es la descripción de cada uno de los personajes que se integran en la trama. La conflictiva relación del matrimonio, aunque repleta de tópicos (alcohol, infidelidades…), resulta convincente y se beneficia de la excelente labor de Vera Farmiga en el papel de una madre que debe luchar contra su propio pasado y sus demonios personales para poder hacer frente a Esther.

Por otro lado los dos hijos naturales del matrimonio (en especial la frágil hija pequeña, aquejada de un problema auditivo) transmiten a la perfección el grado de pánico y opresión al que se ven sometidos por parte de Esther.

Y por último, el personaje de Esther. Quiénes hayáis visto ya la película o hayáis leído alguna cosa de ella, supongo que ya seréis más o menos conscientes del enorme trabajo realizado por la joven actriz Isabelle Fuhrman en el papel de Esther.
Isabelle Fuhrman es la única huérfana posible. A través de sus ojos, de sus movimientos, de la cadencia de sus palabras, de su sola presencia; consigue que acabemos odiando con todas nuestras fuerzas a Esther. Un magnífico logro por parte de una actriz tan joven.

En definitiva, La Huérfana es un intenso thriller dotado de una excelente atmósfera de suspense, excelentemente interpretado, con un sorpresivo giro final y que tan sólo chirría cuando recurre a determinados mecanismos, previsibles en la mayoría de los casos, para causar miedo al respetable.

Collet-Serra ha vuelto a sorprenderme. De un subgénero y una temática que parecían agotados, ha conseguido extraer una buena película. Cine comercial de género que no cae en saco roto… todo un avance.

Lo mejor: las actuaciones y el sorprendente giro final.

Lo peor: el personaje de la monja y ciertos recursos demasiado evidentes utilizados por Collet-Serra para asustarnos.

Offspring

Los Picapiedra en plan salvaje...

Offspring

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  • Título original: Offspring
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Andrew Van Den Houten
  • Guión: Jack Ketchum
  • Intérpretes: Art Hindle, Polyanna McIntosh, Tommy Nelson
  • Argumento: Un clan de salvajes caníbales, ataviados con ropas prehistóricas y descendientes de un desaparecido farero, siembra el caos en una pequeña y apacible población costera cercana a la frontera canadiense.

57 |100

Estrellas: 3

Offspring

Offspring es una de las películas más extrañas, caóticas y desconcertantes que he tenido el placer de ver en los últimos tiempos.

Dirigida por el estadounidense Andrew Van der Houten (The Girl Next Door, 2007) y basada en la novela homónima del escritor Jack Ketchum (que a su vez es la continuación de una de sus obras más prestigiosas conocida bajo el título de “Off Season”), Offspring cuenta la historia de un clan de salvajes nómadas, descendientes de un farero desaparecido en 1858 tras una cruenta epidemia de viruela, que da rienda suelta a sus inquietudes antropófagas a lo largo de una zona costera a caballo entre los EE.UU y Canadá (supuestamente, la falta de colaboración entre ambos países es la causante de que los miembros del clan todavía no hayan sido atrapados).

La muerte accidental de un bebé hace pensar a la líder del clan que una terrible maldición caerá sobre ellos. Para que la maldición no se lleve a cabo la única salida del clan será secuestrar al precioso bebé de la familia Halbard.

Como podéis ver, la “extrañeza” de Offspring no proviene de su argumento. Enfrentarnos a un clan de salvajes caníbales nos remite, de forma irremediable, a títulos como Las Colinas Tienen Ojos (The Hills have eyes, 1977) o la saga Wrong Turn.
La auténtica rareza de Offspring proviene de su desarrollo y, en parte -se intuye- viene provocada por su acuciante falta de presupuesto.

La primera vez que vemos en pantalla a ese clan de caníbales ataviados con ridículos ropajes de cavernícolas de saldo, resulta complicado contener una jocosa carcajada.
Y, sin embargo, sus actos (ver la secuencia de la cocina) nos transmiten una violencia descarnada, irracional y, en ocasiones, desmesurada.

Cuando les escuchamos hablar mediante una especie de primitivo lenguaje, de nuevo nos invade la sensación de que algo no acaba de funcionar, y la probabilidad de que todo acabe en el más absoluto de los ridículos vuelve a estar muy presente y cercana.

Rodada de forma torpe, mal iluminada, interpretada de manera pésima por la mayoría de actores que intervienen en ella (con una mención especial para el desastroso papel jugado por la pandilla de incompetentes policías que investigan el caso), precipitada en buena parte de las secuencias de violencia (los caníbales aparecen, repentinamente, en los lugares y en los momentos más insospechados, hasta el punto de que todo parece improvisado sobre la marcha), y excesivamente dilatada en otras (el tramo final de la cueva es demasiado largo), con personajes insufribles y poco creíbles(el marido violento de una de las protagonistas) e incluso con desubicadas secuencias que parecen pertenecer a una película distinta (cuando el mencionado marido violento recoge en su coche a una joven autoestopista).

Uno diría, sin miedo a andar muy equivocado, que Offspring tiene todos los números para ser considerada una pésima película, y sin embargo supe (o pude) ver en ella un –repito- “extraño” encanto.

Offspring me gustó. Siendo plenamente consciente de sus múltiples limitaciones y errores, y de que en ocasiones se asoma peligrosamente al abismo del ridículo más espantoso, Offspring me acabó convenciendo gracias a sus repentino e impredecibles, caóticos, estallidos de violencia, que no escatiman en mutilaciones, violaciones, desmembramientos, tripas, ensañamiento con niños, etcétera.

Offspring, definitivamente, no es una buena película. Sin embargo me pareció una experiencia muy curiosa e incluso exótica, chocante; y esas son las razones por las que me gustaría recomendarla.

Lo mejor: Los impredecibles estallidos de violencia.

Lo peor: La historia es caótica.

¿Dónde conseguirla?
GoreNation: "Offspring" en VOSE.

Colinas Sangrientas

El espectáculo debe continuar

The Hills Run Red

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  • Título original: The Hills Run Red
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Dave Parker
  • Guión: John Carchietta. John Dombrow. David J Schow
  • Intérpretes: William Sadler, Sophie Monk, Tad Hilgenbrink
  • Argumento: Tyler está obsesionado por una vieja película titulada The Hills Run Red, de la que tan sólo se conservan algunas imágenes y un trailer. Junto a su novia y su mejor amigo se dispone a realizar un documental sobre la búsqueda de la mítica película.

66 |100

Estrellas: 4

The Hills Run Red

Le dedico esta reseña al amigo Kuro que durante estos días está de estreno. Su nuevo blog, dedicado al cine de horror, gore y bizarro, lo ha bautizado con el nombre de Cinema Underground. No os lo perdais...

Hace escasos días os hablaba de la “necesidad” que tenemos los aficionados al terror de acudir a lugares comunes a la búsqueda y captura de propuestas cinematográficas que, a pesar de su evidente falta de originalidad, logren el objetivo primordial que cualquier película de género debería perseguir: el de entretener.

La problemática se vuelve todavía más acuciante al adentrarnos en los terrenos de subgéneros tan sobreexplotados como el slasher, dónde el margen de maniobrabilidad es prácticamente nulo.
Sin embargo, los fanáticos del horror solemos ser gente tenaz y persistente (¿obcecada?), y no desfallecemos a la hora de buscar, entre la marea de nuevas propuestas, aquel slasher que logre reactivar nuestra fe en el subgénero (una fe que, por otro lado, jamás hemos llegado a perder). En ocasiones, nuestra perseverancia obtiene su justa recompensa.

Colinas Sangrientas (The Hills Run Red), dirigida por el norteamericano Dave Parker, cuenta la historia de Tyler, un joven estudiante de cine obsesionado por una vieja película de la que tan sólo se conservan algunas fotos, un póster promocional y un trailer.
La leyenda cuenta que la película –titulada, precisamente, The Hills Run Red- se exhibió en una única ocasión -debido al contenido extremadamente cruel y sangriento de sus imágenes- antes de desaparecer de la faz de la tierra.

Tyler, en compañía de su novia y de su mejor amigo, decide emprender la grabación de un documental mediante el cual recuperar el legado de Colinas Sangrientas y averiguar el destino final tanto de la película como de su creador, el mítico director de cine Wilson Wyler Concannon. La única pista con la que cuenta, por el momento, es el paradero de la propia hija de Wilson Wyler Concannon, cuyo rostro, siendo una niña, aparecía fugazmente en el trailer de la película.

Posiblemente sea muy pronto para elevar a Colinas Sangrientas al altar de los grandes slashers, y lo que queda muy claro es que la película de Dave Parker no está llamada a renovar el género, ni nada por el estilo (ni falta que hace). Pero no tengo ninguna duda de que todos aquellos que amáis el subgénero slasher refrendareis la primera impresión que tuve nada más finalizar la película: Colinas Sangrientas es una auténtica gozada.

Me resulta incluso complicado escribirlo sobre un papel: la historia que cuenta Colinas Sangrientas me gustó, me atrajo. Por más que en el tercio final de la película a Dave Parker se le vaya un poquito la mano con el exceso de alusiones cinematográficas, lo cierto es la trama del cinéfilo obsesionado por averiguar el paradero de la película maldita me cautivó desde un principio, lo cual, tratándose de un slasher, no es moneda de cambio habitual.

Los protagonistas, sin dejar de ser un trío de jovenzuelos cuyo destino final todos conocemos de antemano, en esta ocasión juegan con algo de ventaja: saben perfectamente lo que deben hacer para sobrevivir al asesino de la máscara. Conocen de la importancia de un teléfono móvil, de los peligros que entraña alejarse de la civilización, y de lo necesaria que puede llegar a ser un arma en determinadas circunstancias. Por supuesto, y cómo manda la tradición, nada de esto parece que les vaya a servir de mucha ayuda, pero al menos son gente preparada que no se obstina en poner su vida en peligro a la menor ocasión que se les presenta.

Quizás porque la historia me enganchó o porqué el resultado final de Colinas Sangrientas me pareció de lo más estimulante, lo cierto es que la actuación de todos los actores jóvenes que intervienen en la película me parecieron de lo más aceptable. A destacar la presencia de la cantante y modelo metida a actriz Sophia Monk, una verdadera belleza alérgica a las vestimentas y con un papel determinante en la trama.

Por supuesto, Colinas Sangrientas también disfruta de los dos grandes ingredientes en las que debe basarse la receta de todo buen slasher: un asesino enmascarado y muertes violentas.
Su nombre: Babyface. Sus señas de identidad: ser una deforme y corpulenta bestia ataviada con la máscara de un bebé y dispuesta a hacer pedacitos a quién haga falta por el bien del espectáculo. Las muertes (no demasiadas) cumplen a la perfección y nos ofrecen las dosis justas de salvajismo y sangre (sin pasarse…).

Y en su tramo final Colinas Sangrientas, sencillamente, enloquece. Un cúmulo de referencias cinéfilas (genial la línea de diálogo que arremete contra el torture-porn como género cinematográfico… ¡al tiempo que las imágenes nos ofrecen una secuencia de torture porn!), conflictos familiares, violencia, giros imposibles de guión… y todo ello, lejos de mandar a tomar viento la historia de fondo, acaba resultando sorprendentemente divertido.

No es una película perfecta ni resulta, en absoluto, innovadora (no lo pretende). Todos sabemos lo que vamos a ver. Pero sin embargo, en esta ocasión la experiencia resulta absolutamente divertida, entretenida y disfrutable. Una desinhibida combinación de violencia, muerte, gore, sexo (¿os he hablado ya de Sophia Monk?), cinefilia y humor. En definitiva, un slasher juguetón y resultón que los seguidores del subgénero deberíais acoger con los brazos abiertos.

Incluso la consabida escena final (esa que siempre suelo echar por tierra) me pareció de lo más pertinente (ATENCIÓN: la mencionada escena tiene lugar tras los primeros créditos finales, así que tened paciencia y no abandonéis el barco antes de tiempo).

Lo mejor: Un slasher divertido de principio a fin.

Lo peor: Algo más de energía en las muertes (pocas) no le hubiera ido mal.

¿Dónde conseguirla?
GoreNation: "The Hills Run Red" en VOSE.

Truco o Trato

La más terrorífica y divertida noche de Halloween

Trick'r Treat

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  • Título original: Trick'r Treat
  • Nacionalidad: USA | Año: 2008
  • Director: Michael Dougherty
  • Guión: Michael Dougherty
  • Intérpretes: Brian Cox, Dylan Baker, Anna Paquin
  • Argumento: Cinco terroríficas historias se dan cita durante la noche de Halloween en la pequeña localidad de Warren Valley y bajo la atenta mirada de Sam.

90 |100

Estrellas: 5

Trick'r Treat

Me gustaría dedicarle la reseña de Trick’r Treat a Eli Campora. Mientras asistía al despliegue de humor negro que desprende la película no pude evitar pensar en los relatos de Eli y en el estilo propio que les imprime. Espero que la película te guste Eli.

¡Por fin! Llevaba muchísimo tiempo –demasiado- esperando tener la oportunidad de ver Truco o Trato (Trick’r Treat), tras la excelente acogida que ha tenido la película de Mike Dougherty en los diversos festivales especializados en los que se ha proyectado (incluido el pasado Festival de Sitges).

Como ya he dicho antes la espera ha sido larga (supongo que a muchos os ha ocurrido lo mismo), por lo que el riesgo de que todo acabara en decepción existía, y a medida que pasaba el tiempo ese riesgo se hacía cada vez más fuerte.
Por suerte, en esta ocasión, cualquier amenaza de desengaño o frustración no ha acabado materializándose: Truco o Trato ES LA PELÍCULA.

Durante las celebraciones del festival de Halloween en Warren Valley, una pequeña localidad de Ohio, una joven pareja discute sobre la conveniencia de respetar las normas de la noche de los difuntos, un director de escuela saca a pasear su naturaleza más oscura y salvaje, una bella jovencita disfrazada de Caperucita Roja anda preocupada por la pérdida de su virginidad, un grupo de amigos investiga el terrible accidente sufrido por un autobús escolar que transportaba a niños con deficiencias mentales, y un huraño vecino tendrá que hacer frente a un sádico y burlón espíritu de Halloween.

Unos fabulosos títulos de crédito en forma de viñetas de cómic animadas, que inevitablemente nos traen recuerdos de las añoradas Historias de la Cripta (Tales From the Crypt) o del Creepshow de G.A. Romero, dan paso a cinco terroríficas historias, aparentemente independientes, que tienen como escenario (y respiran, se empapan…) la festividad de Halloween.
Dichas historias tan sólo son independientes en apariencia porque, en realidad, lo que ha hecho Mike Dougherty, guionista además de director de Truco o Trato, es trazar con tiralíneas y matemática precisión uno de esos guiones que están construidos para que podamos saborear y deleitarnos con cada uno de los espectaculares detalles y giros argumentales que nos ofrece en apenas 80 minutos de metraje.

La estructura narrativa que posee Truco o Trato es, sencillamente, extraordinaria.
Lo que en principio no son más que detalles que presumiblemente escapan a nuestra compresión, e incluso corren el riesgo de pasar desapercibidos, poco a poco cobran vida y adquieren sentido a medida que Mike Dougherty va hilvanando cada una de las historias, relacionándolas entre ellas, mezclando situaciones y personajes y, en definitiva, dando forma definitiva a este regocijante puzzle que acaba siendo Truco o Trato. Es como si el mejor Tarantino de Pulp Fiction hubiera puesto todo su empeño y esfuerzo en crear la película de Halloween definitiva (y en esta ocasión prescindiré, con plena convicción, de la trillada frase “salvando las distancias”).

Fantasmas, monstruos, asesinos en serie, leyendas urbanas… todo tiene cabida en la más terrorífica de las noches de Halloween (con permiso de Carpenter). Lejos de quedar malherida por el exceso de equipaje (y acabar siendo un insufrible pastiche como sí lo fue el Van Helsing, de Stephen Sommers), Truco o Trato sabe combinar con asombrosa habilidad un amplísimo abanico de referencias, tradiciones y criaturas nocturnas, dando como resultado un amplísimo crisol de horrores que en ningún momento cae en el ridículo o en la simple parodía, y que atesora un impresionante poder de seducción.

En el aspecto técnico Truco o Trato se apunta un nuevo y rotundo triunfo. Visualmente resulta una experiencia fascinante. Sencillas (en apariencia) transiciones como la de la calabaza transformándose en luna llena, o las hojas otoñales cayendo de un árbol y dando paso al único flashback de la película (un necesario, contundente y espectacular flashback que nos muestra el accidente de un autobús), nos ponen sobre la pista de que todo, absolutamente todo en Truco o Trato –fotografía, ambientación (impresionante la secuencia en la que los niños encuentran el citado autobús), montaje, diseño de producción, música…- está cuidado con mimo y dedicación.

El trabajo de los actores es otro de los puntos destacables. Desde un experimentado Brian Cox, perfecto en su enfrentamiento, cara a cara, con Sam, un pequeño diablillo de Halloween que tiene todos los números de convertirse en un nuevo icono del cine de terror moderno (atención a los "juguetitos" que utiliza para perpretar sus "travesuras"); pasando por un inspiradísimo Dylan Baker en el papel de un director de escuela perturbado y dotado de un macabro sentido del humor; una frágil y deliciosa Anna Paquin como virginal caperucita roja (tras su éxito en True Blood, la Paquin anda cerca de convertirse en una de las presencias femeninas más determinantes del género); y finalizando con la excelente labor de todos y cada uno de los niños que protagonizan el episodio del autobús (en mi opinión, el mejor de toda la película).

Truco o Trato es una película genial, que creo que convencerá tanto a aquellos que veamos en ella una forma de hacer cine de género que pertenece al pasado, y que ya no teníamos demasiadas esperanzas de volver a ver (con ecos a películas del estilo de Noche de Miedo, En Compañía de Lobos, Una Pandilla Alucinante, e incluso Los Goonies); cómo a aquellos nuevos aficionados que sean lo suficientemente anchos de miras para darle una oportunidad a una propuesta alejada, tanto en el fondo cómo en la forma, de la enésima secuela de Saw, el enésimo sucedáneo de Hostel, o el enésimo remake estilizado de algún clásico del horror.

Terror sin estridencias, sin sobrecarga de artificios, sin rancias y gastadas premisas argumentales ni reiterativos recursos mil veces vistos. Terror de altura, basado en la atmósfera y en el suspense, en la imaginación, en la fantasía, y en un afortunadísimo humor negro que se filtra sigilosamente por cada uno de los fotogramas de esta magnífica película de género que es Truco o Trato. Absolutamente imprescindible.

Y para finalizar me abro un turno de ruegos y preguntas a mí mismo (esto sí que es una estupidez). ¿Podremos disfrutar de Truco o Trato en una sala de cine? Efectivamente es a la vez un ruego y una pregunta, aunque por supuesto tengo muy claro cual es la respuesta (al fin y al cabo incluso en los USA el estreno de Truco o Trato se ha visto relegado al mercado doméstico... ojalá me equivoque). Pero en fín... por rogar que no quede.

Lo mejor: Todo

Lo peor: Que un servidor no tuviera la suficiente paciencia para verla en la noche de Halloween.