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Altitude

Volando voy, volando muero

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  • Título original: Altitude
  • Nacionalidad: USA, Canadá | Año: 2010
  • Director: Kaare Andrews
  • Guión: Paul A. Birkett
  • Intérpretes: Jessica Lowndes, Jake Weary, Landon Liboiron
  • Argumento: Cinco amigos van de viaje a un concierto en avioneta. Sin embargo, lo que parecía un viaje de diversión se convierte en una lucha por la supervivencia, frente a los elementos y un enorme monstruo tentaculado surgido de la tormenta

61 |100

Estrellas: 3

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Allí en lo alto y rodeada de nubes, nos llega la puesta de largo, hecha película de terror con claras reminiscencias comiqueras, de Kaare Andrews, director de varios cortos y multipremiado como dibujante y escritor de comics; precisamente esos que a muchos han dejado de decirnos algo: X-Men, Spiderman, Hulk. Junto a Paul A. Birkett, otro debutante del cual no tengo ninguna referencia, aúnan esfuerzos e ilusión para traernos una buena historia rodada con pulso, con referencias pseudo-lovecraftianas (hágase especial hincapié en el “pseudo”) y, sobre todo, tensión omnipresente. Al menos eso venden nuestros dos amigos, seguramente demasiado adictos al cine de terror norteamericano de las tres últimas décadas…

¿Lo han logrado? ¿ Altitude es una película qué está a la altura (perdón por otro chiste fácil) de un público que día a día demanda más del genero fantástico? ¿Sobrevivirá alguno de los tan bellos como odiados “teenagers” protagonistas de la cinta?

Presos de una sociedad y cultura donde las medias tintas abundan y hasta los jóvenes borrachos prefieren un buen chute de pastilla azul antes que poner de su parte, y en una parte muy concreta; solo podemos enfrentarnos a Altitude como el producto de consumo típicamente americano que atrae a la par que incomoda nuestra moral, que satisface en un primer momento y que provoca unas digestiones catatónicas. Hablemos de Whooper, hablemos de Altitude.

Sara (Jessica Lowndes) emprende con sus cuatro amigos un viaje en avioneta para ver un concierto. Si su padre se enterase… Él ni siquiera sabía de su recién estrenado carné de piloto. Siempre la había sobreprotegido desde que la madre de Sara muriese pilotando un vuelo privado, si averiguaba sobre el viaje, no volvería a hablarle

Nerviosa pero con ganas de demostrarles a todos que es capaz de superarse a si misma, emprende el vuelo sin revisar excesivamente la avioneta alquilada. Al poco, descubre el error que ha cometido cuando un fallo, bloqueando el timón, la lleva a ella y a los demás al centro de una tormenta de aspecto sobrenatural y cuyas nubes esconden sombras extrañas… nuestros jóvenes y alegres protagonistas intentan sobrevivir por todos los medios aunque la avioneta siga subiendo y subiendo hasta una altura donde nada puede sobrevivir por falta de oxigeno… ¿nada?

Terminada de ver, Altitude te deja un sabor de boca extraño. Es difícil crearse expectativas de cualquier tipo, debido a un argumento vagamente misterioso y poco común en cuanto a la situación se refiere, aunque no exento de elementos demasiado obvios como los jovencitos protagonistas y sus personalidades. Sin embargo, la cinta contiene bastantes sorpresas y todo lo que uno espera, por poco que sea, acaba levemente cambiado justo donde no lo pensabas. Y a pesar de que parezca una nota negativa, esta confusión tiene cierta connotación agradable porque uno se aburre de ver películas de terror donde todo se ve venir casi desde el principio del ajustado metraje. Además, dicha confusión, no enmascara elementos de calidad como una fotografía cuidada y plena de filtros estéticamente poderosos, así como una planificación acertada, inestimable ayuda para que sesenta minutos rodados dentro de un cubículo no se hagan tediosos.

Las primeras sorpresas llegan con nuestros personajes embarcados en su avioneta. Es imposible no tomarle antipatía a sus anatomías perfectamente americanas, a su actitud basada en los clichés del gracioso, la “chica de…”, la intrépida, etc. Incluso los diálogos fuertemente estereotipados del principio, nos hacen temer lo peor; deseando así la muerte de todos ellos a manos (ó tentáculos) del monstruo de turno, lo que por otro lado tiene su gracejo. Pero aquí entra en juego el elemento “survival”: ya subidos a la cabina, un estúpido accidente da lugar a una estúpida situación, donde los personajes, al estar atrapados entre la vida y la muerte tejida por una repentina tormenta, ven florecer su carácter y secretos de una forma que hasta cierto punto funciona. El sorprendente buen hacer de unos actores, que parecían meros modelos publicitarios, ayuda a meterse dentro de una tensión interesante en la primera mitad de la cinta. Especialmente destacable entre ellos, es Jake Weary; proveniente de la televisión norteamericana como el resto de sus compañeros (bueno, a Jessica Lowndes la podemos encontrar en Autopsy). Jake, en su papel de gracioso, pronto se ve transformado por la presión en ese cabrón que dice las mayores verdades y todos hemos querido ser alguna vez. En la misma línea camina el resto de los personajes, escondiendo ciertos secretos inocuos pero que evitan el aburrimiento.

No obstante, y como en todas las sorpresas y giros de Altitude, el regusto de lo agridulce llega poco después de la extrañeza.

Para empezar, uno ve pasar los minutos y sin embargo, el monstruo de marras no da muchas señales de vida. Bien, la parte “survival” de la película tiene cierto interés, ayuda la fotografía azulada (más propia de la serie True Blood), ayuda la inestabilidad controlada de la cámara, esos planos cerrados pero bien delimitados; pero llega un momento en que te distancias. Los ingredientes de supervivencia no se cocinan adecuadamente, es imposible sentirse identificado ó cercano a esos pobres personajes que las están pasando canutas y todavía ansías ver sufrir más. Un morbo efímero que me recuerda precisamente al mundo de los comics, de donde no en vano proviene Kaare Andrews. El personaje medio de un comic de superhéroes es atractivo físicamente (según los estándares comerciales) y tiene una personalidad muy acusada pero solo en un sentido. Al igual que con estos personajes de papel, poseedores de rasgos tan pronunciados y alejados de la grisácea realidad, difícilmente te puedes involucrar con los protagonistas de Altitude; sus cuitas son tan intrascendentes y, por si fuera poco, son expresadas tan vehemente que uno termina por no tomarse en serio lo que ve. Es necesario remarcar una escena de reparación de avionetas a doce mil pies de altura que invitará a reírse a cualquier espectador con un mínimo de sentido del humor.

En un peculiar estado de hilaridad (agudizado por las insulsas muertes y las continuas broncas entre los pasajeros), rompe con cualquier pretensión por parte de Kaare Andrews en pos de crear angustia ó terror. De esta sonriente guisa, llegamos a un final que añade nuevas sorpresas a las anteriores. Bueno, hacía mucho tiempo que las ansias de dar explicaciones por parte de un guión no desencadenaban un sinsentido tan gordo y que rompiese tanto con la línea ó pretensión general de la película. No quiero desvelaros nada de dichas explicaciones pues serán la razón para que uno disfrute de la película en su conjunto ó no; en mi caso no estoy muy seguro de que me convenciesen, porque incluso incluyen una resolución poco adecuada para el tono de una película que hubiese sido una experiencia memorable, sin estirar y retorcer más sus ideas.

Con las citadas explicaciones llega, por fortuna, la presencia de la criatura tentaculada (un caramelo para cualquier “big monster” fan). No se puede negar que su diseño y la resolución de sus entradas en escena son lo mejor de la película, pero llega tarde y mal, ¿a razón de qué argumentan tan ñoñamente la abominación flotante, quitándole absolutamente toda la gracia? Como guiño a la era pulp se agradece pero no pasa de ahí; la inclusión del comic Weird Stories es un claro homenaje a la grandísima revista Weird Tales (donde publicó mayormente Lovecraft); aunque no solo de homenajes se vive y las ideas propias no se ven ni tan propias ni tan entrañables cuando las comparas con las de otras obras; destacando especialmente las similitudes con el gran clásico de Más allá de la realidad… y en más segmentos de los que seguramente creeréis…

En resumidas cuentas, tenemos una película que capta nuestro interés por unos giros que de increíbles entretienen, convencen las actuaciones de los actores e, incluso, gozamos de un sabio uso de iluminación y encuadres capaz de sostener una faceta “survival” que no esperábamos. Como debut no está nada mal, pero la sensación de no aportar ningún granito de arena al género, es lo que a uno se le hace más ostensible; más si cabe cuando uno espera una cinta de terror de monstruos aéreos… ¿no va de eso la portada? El último giro final, una justificación sosa y retorcida para la presencia de la bestia tentaculada y demasiada “alucinación” a diez mil piel de altura, no justifican su visionado más allá del puro entretenimiento casual, que se irá olvidando gradualmente con el paso de las noches…

Pero aún está por ver si la carrera de un director, Kaare Andrews, con ciertas ideas interesantes, es capaz de despegar y alzar altos vuelos, saliéndose de ciertos clichés y exageraciones que propician el chiste fácil…

Lo mejor: El monstruo, una joyita para adictos a los "big monsters", cierta tensión y un potente apartado visual que agudiza las turbulencias de una continúa tormenta sin llegar a marearnos. Las actuaciones, curiosamente, son buenas dentro de su "irrealidad"

Lo peor: Una explicación que rompe con lo esperado para mal, sita en un acelerado tramo final que está "especialmente" salido de madre y no llega a convencer en ninguno de sus giros. La escasez del prometido terror monstruoso finalmente resta enteros

The Reef

Sobrevivendo, una vez más, a la temible Australia

The Reef

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  • Título original: The Reef
  • Nacionalidad: Australia | Año: 2010
  • Director: Andrew Traucki
  • Guión: Andrew Traucki
  • Intérpretes: Adrienne Pickering, Gyton Grantley, Damian Walshe-Howling
  • Argumento: Tras volcar su embarcación, cuatro personas deciden lanzarse a mar abierto con la esperanza de alcanzar, a nado, tierra firme.

58 |100

Estrellas: 3

The Reef

El director y guionista Andrew Traucki parece empeñado en demostrarnos que su Australia natal es una pésima opción a la hora de planear nuestras próximas vacaciones de verano. Si primero fueron los cocodrilos de Black Water, ahora le toca el turno al siempre socorrido “Carcharodon carcharias”, conocido comúnmente como Gran Tiburón Blanco, y convertido en todo un icono del terror moderno por obra y gracia de Tiburón (Jaws, 1975), incontestable obra maestra de Mr. Spielberg.

Basada en hechos reales, The Reef cuenta la historia de cinco personas dispuestas a disfrutar de una plácida travesía en velero, rumbo a uno de los arrecifes de coral más grandes y espectaculares del mundo. Pero el destino es caprichoso, y en esta ocasión ha querido que nuestros sufridos marineros sean protagonistas de una película de terror con escualos de por medio. Así que el velero no tarda demasiado tiempo en volcar tras colisionar violentamente con el suelo del arrecife, quedando nuestros protagonistas en una situación, cuanto menos, comprometida: subidos a la quilla del barco volcado, sin posibilidad de contactar con nadie que pueda socorrerles, y sin otear tierra firme en el horizonte.

Deben tomar una decisión. Cuanto antes mejor. Cuatro de ellos deciden lanzarse a mar abierto e intentar la proeza de alcanzar a nado una pequeña isla llamada Isla Tortuga.
El quinto permanece en la quilla del velero, sin perder la esperanza de que alguien acuda a su rescate y rezando porque el barco no acabe hundiéndose.

Si el planteamiento inicial de The Reef os parece poco original, debo advertiros que su desarrollo no le va a la zaga. En realidad, todos aquellos que en 2003 disfrutasteis de aquel sencillo pero efectivo thriller pasado por agua titulado Open Water, tendréis una idea bastante aproximada de lo os puede ofrecer The Reef.
La única diferencia radical entre la citada Open Water y The Reef es que en lugar de contar con únicamente dos desdichados protagonistas dispuestos a saciar el hambre voraz del escualo blanco de turno (tal y cómo ocurría en la citada Open Water), contamos para la ocasión con cuatro personajes, todos ellos perfectamente estereotipados, que sufrirán los envites del gran tiburón blanco con el único propósito en mente de llegar vivos a los créditos finales.

Por supuesto no todos ellos lo lograrán. Incluso es posible que ninguno de ellos consiga llegar al final para contarlo (al fin y al cabo The Reef tan sólo “se basa” en unos hechos reales). Pero los personajes están tan estereotipados, y está tan claro que hay protagonistas de primera y de segunda categoría, que no os resultará nada complicado pronosticar el orden exacto en el que cada uno de ellos será triturado por las mandíbulas del tiburón. Es obvio quién será el primero en desaparecer, quién lo hará en segundo lugar, y quiénes tienen una remota posibilidad de salir con vida de todo este embrollo.

Pero a pesar de la más absoluta previsibilidad de todo lo acontecido en The Reef, la nueva propuesta de Andrew Traucki, tiene un par de cartas a su favor. Por un lado las ajustadas dosis de suspense que Traucki sabe imprimirle al relato. No estamos ante una película de acción trepidante o de una intensidad difícil de soportar para el espectador, pero Traucki sí sabe transmitir, en determinados momentos y con cierta eficacia, la desesperación y el miedo experimentado por los protagonistas de su película. Esto no ocurre siempre. Es posible que ni siquiera sea la tónica habitual de la película. Pero ciertamente, aquellos instantes en los que The Reef nos hace partícipes del sufrimiento de sus protagonistas (en ocasiones adoptando el punto de vista subjetivo de alguno de ellos), son momentos en los que la película sube muchos enteros.

También merece la pena destacar el meritorio esfuerzo de todos los actores implicados en The Reef, capaces también de transmitirnos la tensión y el pánico derivados de la terrible situación que están experimentando.

En cuanto a nuestro buen amigo el “Carcharodon carcharias” (me ha gustado el nombre), The Reef navega entre dos aguas. Traucki maneja a la perfección el tempo de los momentos previos al ataque del tiburón. Juega la baza de la incertidumbre, de la tensión que provoca no conocer cuál es la posición exacta del escualo blanco, o de no saber incluso si se trata, realmente, de un auténtico tiburón blanco. Para lograrlo hace un buen uso tanto de las tomas de mar abierto, como de las manidas tomas submarinas en las que vemos las piernas de los protagonistas, como, finalmente, de esas imágenes que adoptan un punto de vista subjetivo del protagonista a las que he hecho referencia con anterioridad. Todos estos recursos ayudan a obtener unos niveles de tensión y suspense, no espectaculares, pero sí bastante decentes.

Sin embargo, cuando abandonamos esos instantes previos al ataque, y nos centramos en el envite final del escualo blanco, The Reef pierde buena parte de su fuerza. En las escenas en las que el tiburón se acerca muy peligrosamente a uno de los protagonistas es cuando The Reef deja entrever su falta de presupuesto. Dichas escenas no convencen. Están rodadas con urgencia, con mucha rapidez, intentando evitar, a toda costa, que se les note el truco.
Y, finalmente, se les nota… El ataque final está resuelto de la manera más trillada: un charco de sangre en mitad del océano y se acabó… el siguiente.

¿Y qué ocurre con el quinto Beattle? ¿Aquél pobre desgraciado que se quedó solo en la quilla del barco? Pues que nadie le coja cariño a dicho personaje, porque desde el momento en el que sus compañeros de viaje le abandonan, no vuelve a saberse nada más sobre él. Tan sólo en los créditos finales se nos arroja alguna luz acerca de su paradero.

The Reef es previsible y aporta muy poco a lo que ya hemos visto con anterioridad en este género, pero los amantes del mismo seguramente no os sintáis defraudados. Se deja ver, pero siempre que seáis conscientes de que vais a ver lo mismo de siempre. Bien hecho, tolerable e incluso bastante disfrutable en algunos momentos; pero lo mismo de siempre al fin y al cabo.

Lo mejor: Los momentos previos al ataque del tiburón. Son un buen ejericio de supense y tensión.

Lo peor: La previsibilidad del desarrollo

Neighbor

Quiero ser torturado por America Olivo

Neighbor

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  • Título original: Neighbor
  • Nacionalidad: USA | Año: 2010
  • Director: Robert Angelo Masciantonio
  • Guión: Robert Angelo Masciantonio
  • Intérpretes: America Olivo, Christian Campbell, Joe Aniska
  • Argumento: Una joven misteriosa dedica todo su tiempo libre a invadir casas ajenas y someter a sus ocupantes a todo tipo de sádicas y dolorosas torturas.

52 |100

Estrellas: 3

Neighbor

Esta es una de esas ocasiones en las que uno se ve obligado a ejercitar duramente su capacidad de imaginación y creatividad para justificar, de la manera más digna posible, porqué demonios le ha podido gustar – o al menos entretener – una película como Neighbor.

Una joven misteriosa dedica todo su tiempo libre a invadir casas ajenas y someter a sus ocupantes a todo tipo de sádicas y dolorosas torturas.

Dos líneas para resumir el argumento de Neighbor. Creo que de habérmelo propuesto lo podría haber dejado en cuatro palabras (palabra arriba, palabra abajo). Lo cierto es que cuando tocamos el ya cansino género del torture-porn, lo más habitual es que sobren las palabras.

Así es, Neighbor, segunda película del director Robert A. Masciantoni tras All Along, se enmarca dentro del género de torturas y ofrece, como plato principal (casi único), a la sana y dicharachera (eufemismos varios y poco afortunados para acabar constatando que está de buena que cruje) America Olivo, haciendo nuevamente gala de su vena gamberra, su militancia al género terrorífico y sus escasas, pero muy bien aprovechadas, cualidades interpretativas.

Debo reconocerlo, me encanta la Olivo.
Sé perfectamente que hasta el momento, su minuto de gloria se lo debe al esplendor de sus pechos turgentes y siliconados en el prólogo del remake de Viernes 13. Que su presencia en Iron Man y en Transformers era poco menos que testimonial (en esta última aparece acreditada como “la chica del frisbee”), y que sus presuntas aptitudes como actriz son tan sólo eso: presuntas.

Pero su desparpajo y su falta de estúpidos escrúpulos a la hora de afrontar papeles tan disparatados como el de Camaro en mi adorada Bitch Slap, o secuencias tan comprometidas como aquella en la que juega, de manera traviesa, con el pene del protagonista de Neighbor, la película que hoy nos ocupa, despierta en mí todas las simpatías habidas y por haber hacia una actriz que bien podría considerarse al equivalente actual a las añoradas scream-queens de los 80.
Es exactamente la misma admiración que siento por otra actriz acostumbrada a sumergirse en el barrizal (sin pretender ser despectivo… todo lo contrario) de la serie B y la serie Z norteamericanas: Tiffany Shapes.

Está bien… se me ve el plumero. ¿Por qué demonios sigo hablando de la Shapes, la Olivo o de Amber Heard (ummm… de ésta todavía no había dicho nada, pero sólo por ver lo que se oculta tras el enlace creo que ha valido la pena mencionarla) cuando el verdadero motivo de esta reseña es Neighbor? En realidad creo que ya lo dije al principio, con Neighbor sobran las palabras.

El guión de la película es un auténtico desastre. Pude llegar a intuir que Robert A. Masciantoni pretendió construir algo similar a una historia de realidades paralelas, o de segundas oportunidades, o de vete a saber qué. Pero lejos de armar una trama interesante que arropara a las inevitables secuencias de violencia y tortura, lo que finalmente obtuvo fue un auténtico galimatías que un servidor fue incapaz de descifrar. Saltamos adelante y atrás en el tiempo sin saber muy bien cómo ni porqué. Y me temo que el mismísimo Robert A. Masciantoni tampoco lo debió tener muy claro cuando, en un momento dado, decide otorgarle algo de coherencia a toda la historia (o al menos intentarlo) con una excusa que suena a desesperación: setas alucinógenas.

Ni siquiera se molesta en darnos una pequeña pista, un leve indicio sobre cuáles son los motivos que empujan al personaje que interpreta America Olivo a cometer el abanico de barbaridades mostrado en Neighbor.

Quién sabe, quizás con una buena ración de dichas setas mi cerebro hubiera espabilado y le hubiera encontrado algún sentido a la trama de Neighbor.

Y pese a todo esto que acabo de contaros, Neighbor me gustó. Me pareció entretenida… mala, pero entretenida. Cierto que Robert A. Masciantoni fracasa a la hora de construir una historia mínimamente decente que dé sentido al posterior desfile de momentos gore que atesora Neighbor; pero es que precisamente esos instantes gore (al fin y al cabo principal sustento de todo buen torture-porn que se precie) me resultaron inusualmente amenos y divertidos. No estamos ante uno de esos típicos torture-porn que hacen del sufrimiento extremo y la vejación de sus protagonistas su principal argumento. Hay sangre, hay gore (sin exageraciones), hay humillación y sufrimiento, pero también existe en Neighbor una continua sensación de que nunca acaba de tomarse en serio a sí misma. Todas las secuencias de violencia desprenden una sana socarronería, una cierta ironía a la que no es ajena, en absoluto, la interpretación de America Olivo: las medias sonrisas, las miradas juguetonas a la cámara (me queda la duda de si dichas miradas furtivas a la cámara están en el guión o son un desliz de la Olivo), los chistes malos…

Neighbor no es una gran película, y quizás America Olivo no sea una gran actriz; pero en esta ocasión su presencia y su trabajo provocan que las secuencias de violencia sean más llevaderas y entretenidas de lo que suele ser habitual en este tipo de producciones. ¿Todo aquello que no sea ver a la Olivo maltratando con ensañamiento a sus compañeros de reparto? Pues puro desperdicio… quedáis avisados.
Así que, parafraseando a un estimado seguidor de este blog, tan sólo me queda añadir: God Bless “America”.

Lo mejor: America Olivo en un torture porn llevadero y entretenido.

Lo peor: Atención!!! No es una buena película. El guión es un desastre y si no se toma con algo de humor la experiencia puede ser desastrosa.

Dark House

Una casa encantada demasiado vulgar

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  • Título original: Dark House
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Darin Scott
  • Guión: Darin Scott, Kerry Douglas Dye
  • Intérpretes: Jeffrey Combs, Meghan Ory, Diane Salinger
  • Argumento: Claire, una actriz novel, presenció de pequeña los horribles asesinatos de la casa Darrode. Hoy, la casa se vuelve a reabrir como atracción de feria; y ella ha sido contratada como actriz. Sin embargo, nunca pensó que la casa la estaba esperando…

35 |100

Estrellas: 2

Dark_House_Grande

De la mano de Fangoria, la revista digital y en formato físico señera del cine fantástico desde 1979, nos llega Dark House. Se trata de una cinta que intenta resucitar el espíritu de producciones de serie B como House, una casa alucinante ó House on Haunted Hill. De hecho, viene avalada por el primer premio dentro del festival/distribución Frightfest 2010; un evento similar al After Dark pero organizado por la propia revista Fangoria. De ocho cintas, Dark House se alzó con el primer premio, por votación popular, y recibió buenas críticas en los siempre engañosos medios especializados USA.
La premisa que nos presenta el casi desconocido director y guionista Darin Scott, poseedor de un pequeño bagaje en títulos menores y sin trascendencia, es en principio interesante: Una vuelta al terror de casa encantadas, con una mirada en el pasado y otra en el futuro, utilizando algo de humor negro como motor de una cinta de fantasmas sanguinarios, y la presencia de un actor icónico del cine de terror como es el genial Jeffrey Combs.
Sobre el papel pinta bien, ¿verdad? Pues nada más lejos de la realidad, me duele tener que ser duro con proyectos independientes que están realizados con más ganas que acierto, pero en este caso, dudo seriamente de la cordura estadounidense por siquiera premiar este producción con algo más que abucheos y tomates.

La pequeña Claire (Meghan Ory) un buen día es desafiada por sus amigas para entrar en la casa Darrode, una mansión victoriana de mala fama en el pueblo. Lo que nunca esperaba encontrarse era con la dueña de la casa totalmente enajenada, asesinando niños inocentes. Claire pierde el conocimiento aterrorizada por la masacre y los años vuelan como las hojas de los árboles sobre el viento otoñal…

En la actualidad, Claire es una joven actriz amateur que intenta superar sus pesadillas nocturnas mediante la interpretación. ¡Ojala sacase fuerzas de flaqueza para visitar la casa Darrode y enfrentarse a sus miedos!
Como si el destino se plegase a sus deseos, una mañana cualquiera el polémico feriante Walston (Jeffrey Combs), poseedor de las atracciones más terrorificas de Estados Unidos, aparece en clase de Claire buscando actores para la inminente apertura de su última atracción: Dark House, sita precisamente en la mansión Darrode. Claire y otros compañeros ven la oportunidad de sacar algo de dinero y se apuntan casi sin dudarlo.

Llegados ya a la casa, descubren asombrados la macabra efectividad de la atracción encantada. Haciendo uso de hologramas, Dark House presenta un entretenimiento diferente y eficaz que pronto disfrutaran los primeros visitantes, una pareja de periodistas.
Lo que ninguno podía imaginar es que el fantasma de la mismisima Señora Darrode hiciese acto de presencia, con la intención de controlar los ordenadores que manejan los hologramas y usarlos para continuar con los asesinatos de todo aquel que ose permanecer en la casa

¿Podría existir un argumento más manido y simplón? Yo creo que no, directamente lo considero una copia barata del clásico House on Haunted Hill, e incluso más del remake que del original de Vincent Price. Además, plantear un guión como mera excusa de hora y media de pasajes aburridos, se convierte en el fallo más flagrante de Dark House. No se ha cuidado lo más mínimo el diseño de personajes, el horror, el humor, ni siquiera el aparatoso final, que intenta dar una vuelta de tuerca psicológica pero que unicamente logra que el espectador termine por desesperarse. De verdad, la sorpresa final está igual de mal resuelta que el resto de la película… y es que el segundo fallo, después del guión que hace aguas y no tiene ningún interés, es la planificación de las escenas, su montaje y resolución.

Para resumirlo con un adjetivo, diría que la filmación es directamente chabacana. Todo está rodado sin pulso, los personajes aparecen en pantalla mágicamente, aún más que los fantasmas; todos los planos son tan básicos como limitados y la insulsa trama avanza a trompicones con muertes rápidas y carentes de sentido que nos llevan irremediablemente al final “épico” de redención de la protagonista, Claire. ¡Buf!
Me sorprende sinceramente que se pueda otorgar un premio (en este caso se trataba de la distribución en salas de la ganadora) a este cacho de carne de video-club.

Hago una pausa para aclarar que parte de mi disgusto pasa por ciertas expectativas que me había creado. Veréis, soy bastante fanático del cine de serie B sobre casas encantadas; una de mis cintas favoritas es La Noche de los Demonios (1988), y creo que esto es toda una declaración de principios para describir las tragaderas que uno tiene. Con cuatro tontunas, chistes fáciles, caserones decrépitos y un par de muertes sangrientas e impactantes, uno está contento como un niño con zapatos nuevos. Así que entendedme cuando digo que Dark House es un producto malo: Los chistes son de pena (es más, ¿existe algún tipo de humor?), el caserón no llega a impactar y las muertes son de risa, haciendo uso de unos limitados efectos especiales digitales que, salvo algún maquillaje puntual clásico, dan penita. Demasiado prolíficos dada su dudosa calidad; es mejor en estos casos no abusar de efectos si no se tiene estilo… precisamente esta es una palabra clave: Dark House es todo un ejercicio de anti-estilo. Y una buena muestra es la escena donde el fantasma de Mrs. Darrode posee el ridículo ordenador central que maneja los hologramas, una posesión viral usando algo de la estética de Matriz, en cuanto a lo visto en las pantallas del ordenador. Vergüenza ajena vais a sentir…

Los actores tampoco ayudan mucho a la función. Solo Jeffrey Combs se salva, aferrándose a su histrionismo clásico a sabiendas del tipo de película que estaba rodando. Y no digo esto por mi respeto hacia él, sinceramente es lo único que brilla durante todo el metraje. El resto del elenco es menos expresivo que una zanahoria pocha, no solo porque sus personajes sean tópicos dentro del cine norteamericano (la gótica, la caliente, el guapo, el negro…), sus actuaciones rozan el bochorno. Esperaba algo más de la escocesa Meghan Ory, su experiencia en decenas y decenas de capítulos televisivos (Smallville, Psych…) no aparece por ningún lado. Juraría que existen momentos de horror, donde en lugar de llorar y gimotear se dedica a partirse. Ni siquiera la veterana Diane Salinger puede manejar con control su papel, imagino al director diciéndole continuamente: “pon muecas, más muecas, hasta que te sangren las encías!!”. Yo creo que la mayor parte de las escenas están rodadas en una sola vez, ¡¡enhorabuena por tamaño logro!! Pero el resultado es más “penoso” que “natural”.

Nota de honor, pero negativa, se merece la banda sonora. Enervante es decir poco, y encima presente durante el 90% del metraje. A la mitad de la película ya estaba deseando que acabase aunque solo fuese por la extrema tortura a la que fui sometido por los instrumentos de cuerda sintetizados.

En resumen, y para no malgastar más vuestro tiempo y acrecentar mi ira, solo os daré un consejo: Evitarla. En un sub-género tan simple como el de las casas encantadas, hacerlo tan mal debería estar penado… estáis avisados!!

Lo mejor: Jeffrey Combs hace lo que está en su mano para resultar gracioso y, dentro de lo que cabe, el típico cuento de casas encantadas a alguno le puede hacer gracia, como a mí

Lo peor: Las apariciones/desapariciones de los fantasmas/hologramas; propias de una telenovela. Las lamentables actuaciones en general y que, al final, no pase de ser una cinta aburrida. Para olvidar

¿Dónde conseguirla?
Gore Nation: “Dark House” en VOSE.

Rubber

No fucking reason

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  • Título original: Rubber
  • Nacionalidad: Francia | Año: 2010
  • Director: Quentin Dupieux
  • Guión: Quentin Dupieux
  • Intérpretes: Stephen Spinella, Roxane Mesquida, Wings Hauser, Robert
  • Argumento: El neumático Robert pasa sus días en el desierto de Arizona, practicando con sus poderes telequinéticos hasta que una mañana conoce a Sheila, una atractiva joven, y su vida se convierte en la típica historia de amor y asesinatos sin sentido.

62 |100

Estrellas: 3

Rubber_grande

NOTICIA: Por primera vez en Almas Oscuras, ¡tenemos una reseña realizada por uno de los actores principales de la película! Nuestro buen amigo Robert, el neumático, tuvo a bien enviarnos un análisis de su puño y letra, es un decir, de lo que el considera los puntos más importantes de la cinta.
He basado la nota en las doctas opiniones de este magnífico intérprete.
Sin más preámbulos os dejo con Robert y su acerada visión del cine fantástico actual.

Quentin Dupieux, el director y guionista de Rubber, y yo, llevábamos bastante tiempo barajando la posibilidad de emprender un proyecto juntos. Quentin es un tipo inquieto y provocador; de todos es conocida su faceta como Mr. Oizo, produciendo y editando discos de música electrónica en Francia. Yo soy un enamorado de su trabajo musical, especialmente de su exitazo “Flat Beat”, utilizado para una campaña de Levi’s, donde ya empezó sus pinitos, como cineasta, dirigiendo el mismo un spot. Pero eso no era suficiente para él y coqueteó con el cine filmando un par de cintas, sin mucha repercusión, llamadas Nofilm (2001) y Steak (2007).
Recuerdo la noche en que empezó todo; en mi apartamento de Marsella, nos encontrábamos charlando de cine, mientras tomábamos absenta, cuando Quentin comenzó a enumerar fallos clamorosos de lógica en películas famosas. Entre bromas, nos dimos cuenta de que el cine está lleno de errores y estupideces; y justo en ese momento, se me ocurrió soltar: – ¡Sí, todas las películas tiene algo absurdo! Pero, nada sería más absurdo que una película protagonizada por un neumático.
Los dos nos reímos como locos, agudizada nuestra euforia por la absenta, pero no tardamos mucho en inventar una loca historia sobre una cubierta de neumático con poderes telequinéticos y problemas de identidad, que fuese asesinando gente por el desierto de Arizona. Imaginamos una road-movie, incluso barajando un imposible romance entre la rueda y una bella jovencita, con una colección de tonterías que no fuesen explicables racionalmente de ningún modo.

Ya en ese momento, vimos que teníamos potencial para realizar al menos un corto que epatase y sorprendiese. Quentin y yo siempre hemos amado los riesgos en nuestras carreras, entendemos que una mirada diferente en el cine, como por ejemplo la inquietante locura de David Lynch, es necesaria para el enriquecimiento de este arte. Es aburrido ver como en el cine de terror cae y cae siempre en los mismos clichés y nosotros quisimos reflejar algo de eso en nuestra idea, denunciándolo. Es lo que quisimos reflejar continuamente en Rubber, y esperamos que haya quedado bien en ese aspecto.

Algo que nos planteamos fue hacer cómplice al espectador de la tremenda broma que es un neumático ejerciendo de papel principal en una historia humanizada. Era difícil introducirlos en un mundo sin reglas de una forma “coherente”, así que retornando al principio de nuestra velada, decidimos empezar la película con un soliloquio sobre las sin razones en las películas que nos habían gustado, y exponiendo Rubber como homenaje a estos absurdos, que son reflejo de la propia vida cotidiana. Ambicioso, ¿no? Pero como ya he dicho, a Quentin y mí nos gustan los riesgos.

Pasados unos días recibí la excitada llamada de Quentin: – ¡Robert, Robert! Lo tengo todo listo, he conseguido financiación. ¡Haremos la película del neumático asesino! He localizado el casting, actores estupendos. ¡Ya verás! Hasta he compuesto los primeros temas de la banda sonora, todo muy desertico y minimalista. Estuve viendo Los caballeros de la Mesa Cuadrada e incluso se me ha ocurrido como hacer que el público no piense que les estamos tomando el pelo…
“Eso no sé si lo conseguiremos”, pensé. – ¿Te acuerdas de la escena de la película de los Monty Python donde eran arrestados los actores…. De eso se trata, metalenguaje. – Espera un momento, ¿metalenguaje? – Le corté. – Sí, solo se trata de… de hablar de cine dentro del cine. ¡Eso es! Pondremos unos espectadores dentro de la propia película… como si fuesen el público omnisciente que participa en el rodaje y…
Así se tiró durante horas. Sin embargo, sus argumentos eran convincentes. Se trataba del tipo de película que llamaba mucho la atención. Aunque reconozco que como largometraje se me antojaba peligroso; supongo que mucha gente considerará pesado mantener una broma durante hora y media. No obstante, Quentin me aportaba confianza; su experiencia y buen hacer con la cámara seguro que quedaban patentes en escenas cuidadosamente planificadas, para que yo pudiese lucirme en pantalla. Y espero, que a pesar de mi dificultad para gesticular, todo mi esfuerzo haya quedado plasmado en la película. Porque obviamente acepté, y al poco tiempo me encontraba en un desierto preparado para el rodaje.

La filmación fue muy divertida aunque dura, mis compañeros de reparto no eran destacables, a excepción de un televisivo Stephen Spinella, que lo hace fenomenal como sheriff sardónico y participa en las escenas más graciosas. Especialmente decepcionante fue el trabajo de Roxana Mesquida, mi “pareja” en la película, que no pasa de mero adorno decorativo. Quizás su trabajo hace que decaiga el film, pero al actuar yo en la gran mayoría de escenas, su presencia no destaca mucho. Desgraciadamente, algunos críticos malintencionados han destacado como principal fallo de Rubber, el exceso de escenas donde una simple cubierta de neumático está quieta haciendo algo aparentemente gracioso. Ya he comentado que la duración podía jugar en contra de nuestro proyecto pero creo que no percibir mis dotes interpretativas es más propio de rinocerontes antes que de seres humanos.

En cuanto al apartado técnico decir que todo fue estupendamente. Efectivamente, Quentin destacó como un excelente planificado,r creando hermosas viñetas visuales que refuerzan la sensación de surrealismo que la historia requería; bueno, llamarlo historia sé que es decir mucho. En fin…
Sinceramente quiero dar mi enhorabuena a todo el equipo por el trabajo realizado, especialmente en el área de la fotografía, donde Quentin ha podido expresarse libremente con cierto lenguaje de video-clip.

Algunos ya han apuntado que Rubber pertenece más al género de la comedia que al del terror. Y efectivamente tienen razón, aunque tratar de entender Rubber como una película de género me parece algo imposible. Llamarlo una broma también me parece injusto, creo que consigue entretener de sobre durante su metraje; en el cual, las escenas sangrientas no sobran si no que ensalzan ese toque gamberro que hemos conseguido. Podríamos decir que es una gamberrada donde incluso tienen cabida reflexiones sobre el mundo del cine y, hasta que punto, los espectadores se lo tragan todo (el porqué de la escena donde los de la propia película devoran un pavo asado con sádica avidez).

¿Qué llegué a divertir a los espectadores? Bueno, todo es cuestión de las ganas de ver absurdos que tengan. Entiendo que ver sin sentidos de forma continuada puede resultar hiriente, sobre todo sin una aparente trama detrás. Pero si uno se quiere divertir e incluso romper con lo que ve habitualmente, tanto si se trata de un aficionado al terror ó no, debería darle una oportunidad a nuestra película.
Al igual que nosotros disfrutamos con nuestro viaje de absenta, queremos que todos ustedes tengan una oportunidad de dudar de lo que ven en pantalla, disfrutar con un apartado visual potente y dejarse llevar por los paisajes musicales de Mr. Oizo.

¿Y los motivos? No existe motivo para la existencia de esta película, porque no hay ninguna jodida razón…

Lo mejor: Aparte de Stephen Spinella, que borda un papel socarrón como pocos, de la excelente fotografía y planificación; la experiencia de ver a un neumático en pantalla actuando como un ser humano, es cuando menos... impactante!

Lo peor: Si no te gustan los discursos absurdos desearás que te reviente a ti la cabeza, además quizás sea una cinta muy larga para lo que pretende. ¡Ah! Y la poca expresividad de Robert :)

The Ward

Un regreso a medio gas

The_Ward_Poster

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  • Título original: The Ward
  • Nacionalidad: USA | Año: 2010
  • Director: John Carpenter
  • Guión: Michael Rasmussen, Shawn Rasmussen
  • Intérpretes: Amber Heard, Jared Harris, Danielle Panabaker
  • Argumento: 1966, Kristen ha sido internada en un psiquiátrico y no recuerda por qué. Poco a poco va descubriendo qué oculta su cerebro. Pero... ¿será más horrible que el ser que vaga por los pasillos matando a las internas antes de que consigan su alta?

65 |100

Estrellas: 3

The_Ward_Grande

Nueve años son muchos años. Sobre todo si estamos hablando de la ausencia de un maestro responsable de obras como La noche de Halloween, La Cosa, 1997: Rescate en NY ó la magistral En la boca del miedo. Estamos hablando de John Carpenter, ese genial director de más de sesenta años (dato en absoluto baladí), que desde la infravalorada Fantasmas de Marte (2001) se había sumergido en un silencio obligado por las enfermedades y un mercado, el del cine fantástico, que mira con lupa y excesivo criticismo las obras modernas de determinados autores consagrados.
Bueno, el citado silencio no ha sido absoluto; habiendo podido disfrutar de dos capítulos de la serie Maestros del Horror muy desiguales: El genial Cigarette Burns y el flojito Pro-Life.
Sin embargo, todos sus fans (entre los que me encuentro) llevabamos esperando con ansia el retorno a la gran pantalla de uno de los creadores más memorables del cine fantástico. ¿Ó alguno es capaz de negar qué Carpenter se encuentra entre los veinte mejores directores de cine de género? De acuerdo, quizás no tanto por su técnica como por su constancia, cariño para con los aficionados y los argumentos siempre interesantes de sus películas; pero es más de lo que podemos decir de figuras encumbradas en taquilla como James Cameron ó George Lucas.

Bien, pues el retorno ya está aquí; y no exento de polémica, opiniones enfrentadas y unas críticas, a mi juicio, excesivamente duras. Y este regreso, se trata de un thriller de tintes sobrenaturales, llamado The Ward; el cual tuve el placer de poder verlo en la actual edición del festival de Sitges rodeado de buenos amigos, fuerte olor a humanidad y grititos de expectación. El ambiente idóneo de un festival, vamos.

Corre el año 1966, Kristen Amber Heard es internada en un tenebroso psiquiátrico por incendiar una granja. Confundida, atormentada por difusos recuerdos ominosos y sin saber muy bien como ha llegado hasta esa situación, se ve retenida en contra de su voluntad y bajo un tratamiento de choque bastante severo para los cánones actuales. En el ala donde está internada, otras cuatro chicas son su única compañía frente a la dura actitud de las enfermeras y camilleros.

Al poco de llegar, Kristen empieza a intuir que algo no anda muy bien. Sus compañeras están aterrorizadas por algo que ronda de noche entre los pasillos de la institución. Condenadas a ser tomadas por locas, las chicas intentan ignorar la amenaza que poco a poco las va cazando antes de que puedan recibir el alta médica. Sin ayuda ni respeto por parte de los empleados del psiquiátrico, Kristen se ve avocada a desentrañar un misterio que atenta contra su propia vida y la de, las ahora, sus amigas.

The Ward no presenta argumental una historia novedosa, ni siquiera potente. El misterio en el manicomio, la lucha entre internos y sanitarios; el horror a verse atrapado en un edificio con algo peligroso sin que nadie te crea, es una trama que el mismo Carpenter ha usado con profusión e incluso otros autores han querido manejar dándole cierta vuelta de tuerca, como en el caso de la entrañable Bubba Ho-Tep de Don Coscarelli. Este es el primer handicap con el que se enfrenta Carpenter, y no es que el guión lo resuelva en modo alguno, usando giros, sorpresas, personajes brillantes u otros recursos. Entonces, ¿es recomendable esta película? Ante tan retorcida pregunta solo queda fijarnos en lo más importante de una producción terrorífica: Su guión, ambientación y actuaciones.

El libreto de los desconocidos hermanos Rasmussen (este es su primer trabajo de “peso”) se dedica a cimentar la película sobre situaciones manidas, personajes arquetípicos y sustos fáciles. No obstante, esta acumulación de escenas poco sorprendentes y originales no tiene una lectura tan sencilla e inmediata. Digamos que la saña e inquina de algunos “críticos” se ha dejado llevar por una primera impresión, a todas luces, desproporcionada.
Claramente, nos encontramos con una cinta que busca un enfoque clásico del cine de sustos; un equivalente moderno a los relatos de fantasmas de M.R. James. He podido leer que la historia de Kristen y sus compañeras resulta aburrida dada la falta de originalidad argumental, así como los sustos tontorrones que se repiten sin cesar, haciendo uso del aumento de volumen repentino. Bien, ¡así era el cine de terror hace treinta años! Y sigue siendo superior a más de la mitad de producciones de este nuevo siglo. Es como si los responsables del proyecto, se hubiesen tomado la vuelta detrás de las cámaras de Carpenter como una necesaria vuelta a su cine más característico. Muy recomendable me parece visionar La Noche de Halloween después de ver The Ward, los paralelismos formales asustarán a más de uno.
Además el argumento no es tan malo, funciona lo suficiente como para no perder el interés durante la escasa hora y medía de metraje; con que la presencia fantasmal hubiese tenido algo más de carisma ó enjundia todo hubiese tenido una repercusión más positiva.
Puede que sea un trabajo de encargo, pero lo veo igual de resultón que Vampiros (1998), la cual no fue tan vilipendiada.

Visualmente observamos rápidamente que la ambientación sesentera tiene un único propósito. Predisponer al espectador, ponerlo sobre aviso de que no va a ver una película “actual”. Con un ligero esfuerzo de fe, podríamos creer que estamos ante una producción de los setenta ambientada en los sesenta. Algo parecido (con cambio de décadas por medio) a The House of The Devil de Ty West, pero con mayor acierto (y presupuesto). Aquí ya tenemos el primer elemento diferenciador; el toque de estilo de un maestro: donde directores más jóvenes tropiezan, John Carpenter acierta de pleno. Sin efectismos pero con sobrada efectividad, nos vemos trasladados a una época, los años sesenta, con una veracidad increíble para los escasos recursos utilizados. Todo con un ritmo profesional que agudiza la sensación retro…
La ambientación nocturna, los viejos pasillos iluminados perfectamente (el uso de la iluminación y la fotografía es digno de estudio en escuelas de imagen y sonido), los enfoques exteriores de la arquitectura del siniestro manicomio, el vestuario datado… todo eso y poco más, nos sitúa en una década donde el cine era diferente; predecible en el siglo XXI pero dotado de una magia que todavía no se ha podido igualar, salvo en contadas ocasiones, en estos últimos años de paupérrimo género fantástico.
Lamentablemente, reconozco que esta atmósfera insana y misteriosa que se respira, está al servicio de este engaño cinematográfico y nada más; dejando al guión bastante desangelado en cuanto a desarrollo e interés, por eso de ver lo mismo en pantalla una y otra vez.
Quizás el exceso de sobresaltos debería haber sido controlado, más de uno saldrá aborrecido al comprobar como la “presencia” ó “fantasma” actúa siempre cuando uno espera y además en las ubicaciones más artificialmente preparadas que he visto en mucho tiempo… pero, insisto, no os engañéis; es algo premeditado…

Las actuaciones están a buen nivel, algo maniatadas debido a los personajes bidimensionales que pueblan el psiquiátrico. Sin embargo, volvemos a la intencionalidad… actores, como el televisivo Jared Harris, demuestran una solvencia sobrada bajo una dirección artística que se hace notar por la contención (muy de los setenta) en los diálogos. Amber Heard, buena amiga de Almas Oscuras debido a su papel en Todos los chicos aman a Mandy Lane y a uno de los cameos más divertidos de Zombieland, se destapa como una heroína de tomo y lomo, abandonando sus papeles más sexys para mostrar que es una buena apuesta de futuro dentro del género de terror. No se trata de una actuación deslumbrante, todavía le queda mucho para dominar la actuación a través de la expresividad facial, pero ese acercamiento al prototipo de Sarah Connor hace que gane como actriz; aunque no se la vea tan guapa como en otros trabajos… de hecho, aún puedo recordar los comentarios lascivos sobre ella que hacia un tipo sentado a mi derecha, y es que Amber destapa pasiones allí por donde pasa…
También me parece que los clichés en cuanto a personajes estereotipados (la loca que está como una cabra, la loca seductora, la loca mimosa y la loca intelectual) responden a ese deseo de llamar la atención sobre un estilo anticuado pero valido. Es más, mientras en otras cintas estos estereotipos se usan con torpeza, aquí están bien integrados en la trama, siendo parte esencial de la misma. Y es que a pesar de la superficialidad general, la cinta deja los cabos atados y bien atados, pese a la sensación de que se ha jugado con nuestra mente como en otros títulos que no nombraré para evitar destripes innecesarios. Baste decir que cerrar tan herméticamente un guión tampoco suele ser el estilo actual y en ese aspecto el film gana enteros.

Y aquí es cuando me gustaría volver finalmente al quid de la cuestión: ¿Es una buena película? Recomendar ó no The Ward es complicado, uno tiene que dejar de lado su amor por el cine de Carpenter y reconocer que la propuesta se queda medio gas; precisamente porque al ser un fanático de las películas de este cineasta, uno tiene este tipo de cine, el de las apariciones fantasmagóricas fuera de plano, muy trillado. Hay que aceptar que estas películas como homenaje a una época ya superada saben a poco en los tiempos que corren; sin embargo, superada la primera impresión de producto para encefalogramas planos, podemos disfrutar The Ward por su sabor añejo, unos planos interiores ejemplares y un amor al terror que yo no veo muy a menudo.

Otros dicen que a Carpenter siempre se le puede pedir más. Pero, ¿tú qué le pedirías a tu abuelo de setenta y dos años? “¡Súbete al andamio abuelo!” Un poco de perspectiva antes de despellejar, por favor. La película no es un hito en la carrera de este director, pero tampoco me parece el tropiezo que otros quieren ver. Si que me gustaría ver una cinta dirigida por él, escrita por él y musicada por él… pero veo injusto tirar a la basura una película porque mis deseos particulares no se plasmen en pantalla, una cosa es ser exigente y otra ser cáustico gratuitamente.

En definitiva, en una cartelera plagada de remakes, de cintas alejadas del verdadero cine terrorífico y de grandes presupuestos vacíos de contenido; el retorno de un genio a medio gas sigue pateando culos a Eli Roth, Robert Rodríguez y otros pseudo-sofistas del fantástico.

Lo mejor: El uso de la escenografía, cámara y efectos de luz; la guapa Amber Heard... y diablos!!! La vuelta de un auténtico maestro del horror siempre debe ser bienvenida

Lo peor: Lo manido de todos los elementos arguméntales, el uso de sustos fáciles y saber que John Carpenter podría haber dejado una mayor impronta personal, en este proyecto

The Butcher

El arte de marear al espectador

The Butcher

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  • Título original: The Butcher
  • Nacionalidad: Corea del Sur | Año: 2008
  • Director: Kim Jin-won
  • Guión: Kim Jin-won
  • Intérpretes: Kim Sung, You Dong-hun, Ha Yoo-hee
  • Argumento: En una granja de cerdos cuatro personas con una cámara colocada encima de sus cabezas serán los protagonistas de una película snuff.

30 |100

Estrellas: 2

The Butcher

Nuestro buen amigo Blanch nos trae la reseña de The Butcher. Bienvenido Blanch y a disfrutar…

Muchas veces nos quejamos de la falta de originalidad en las historias que nos quieren contar muchos cineastas en nuestro querido y amado género. También es cierto que una película gore en la cual se lea la palabra snuff no tiene mucho que aportar excepto la forma artística en la que se cortan manos, se muestran vejaciones insanas y demás depravaciones que no hayamos visto anteriormente.
¿Enfermo? Quizás…

Es por eso que Kim Jin-won (anteriormente había rodado los cortometrajes Man in the Box y Chainsaw High School Girl), debuta en un largometraje donde ha querido innovar lo visto hasta ahora. Para lograrlo da un paso más en el formato de la típica vista subjetiva que ofrece la cámara en mano y nos sumerge en un “shoot em up” en primera persona, como si de un videojuego se tratase, en el que sentir un poco más en nuestra carne el sufrimiento de esta historia de violencia, llantos y sangre. ¿Lo ha conseguido? Personalmente sentí ganas de echarme a llorar. La respuesta después de la sinopsis:

Un director de cine y su ayudante quieren crear arte (let’s make some art, como decía Lloyd Kauffman, aunque el creador de Troma lo hacia bastante mejor); y, según ellos, no hay mejor forma de hacerlo que a través de películas snuff. Para ello contarán con la inestimable ayuda de un hombretón cubierto con una máscara de cerdo, de pocas palabras y muy violento. En su nueva película la pareja elegida como protagonistas es un matrimonio donde bien pronto se pondrá a prueba su amor. El director, muy perspicaz, no quiere perderse detalle alguno de su obra y por ello equipa a las víctimas con un casco que lleva acoplada una vídeo-cámara de grabación.

La primera puesta en escena no podría ser más explícita: salpicaduras de sangre y gente atada, sollozando, ataviada con un casco-cámara en la cabeza mientras dos hombres hablan de cine y de pistolas caseras. Son unos primeros minutos de incertidumbre en los que la víctima y el espectador intentan meterse en el contexto de la situación. Sobre todo el espectador, teniendo en cuenta que en estos primeros minutos ya se nos pone la mosca tras la oreja con el incesante y mareante movimiento de cámara.

Una vez con los ojos adaptados al formato (ni Cloverfield ni REC se movían tan rápido) ya estamos preparados para lo que el director y muchas críticas habían prometido: escenas escabrosas de desmembramientos, violaciones y un sinfín de adjetivos meritorios dignos de ser escuchados, y que provocan que te pique ese gusanillo de la curiosidad que todos tenemos dentro… pero la realidad es muy distinta. O yo ya he perdido parte de sensibilidad, o la gente exagera. Tan hiperrealista ha querido ser esta cinta coreana en su manera de grabar, que por culpa, repito, de sus excesivos movimientos de cámara, acompañados de los chillidos ensordecedores de los torturados y unos primeros cuarenta minutos de mortal aburrimiento, hacen que cuando llegan las escenas impactantes ya no te acuerdes si estabas viendo una peli gore o un Gran Hermano.

¿Y el mal rollo cuando llega? Pues permaneced tranquilos, que yo todavía lo estoy esperando. En estos cuarenta primeros minutos lo único salvaje que vemos son los martillazos que pega el ayudante del director a las víctimas para que se callen y esperen su turno.
Después… un largo rato enfocando a un martillo tirado en el suelo…
La arquitectura en la construcción de las paredes…
El tejado de la granja…

Y por fin hace su aparición la megaestrella de la película: el cara de cerdo. Y con él, todas nuestras esperanzas se van al traste. Gore light, dramatismo insulso y lo peor de todo: un final muy vulgar y hecho con muchas prisas.

Hay una cosa que todavía me pregunto. Si el director - me refiero al real – quiso mostrar esta nueva perspectiva dotando a los torturados de cámaras, ¿por qué en el noventa por ciento del film sólo se muestra el contenido de sólo una, si tenemos en cuenta que por ahí pululan hasta un total de seis cámaras? ¿Se le habría olvidado introducir la cinta en el magnetoscopio o tal vez darle al rec?

Lo mejor: Su poca duración hace que por lo menos la veas hasta el final.

Lo peor: No hay tetas, a pesar de tener la sensación de estar viendo un vídeo del Torbe.

The Loved Ones

El baile de nuestras vidas

The Loved Ones

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  • Título original: The Loved Ones
  • Nacionalidad: Australia | Año: 2009
  • Director: Sean Byrne
  • Guión: Sean Byrne
  • Intérpretes: Xavier Samuel, Jessica McNamee, Robin McLeavy
  • Argumento: Cuando Byrne, un joven atormentado por la muerte de su padre, rehúsa la invitación de Lola al baile de fin de curso, no se imagina el infierno que se le viene encima.

88 |100

Estrellas: 5

The Loved Ones

Por fin ha llegado. Disfrutada por algunos en el pasado Festival Internacional de Sitges, The Loved Ones, película australiana escrita y dirigida por Sean Byrne, ha sido capaz de no destrozar las altas expectativas que se crearon a su alrededor y erigirse, por méritos propios, en la propuesta terrorífica más inteligente, fresca y terriblemente entretenida del año (a la espera, precisamente, de lo que nos depare la actual edición del Festival).

Brent es un adolescente atormentado por la culpa tras la muerte de su padre en accidente de tráfico. Sumido en una fuerte depresión que le lleva a coquetear con la idea del suicidio, Brent encuentra en Holly, su preciosa novia, una excelente razón para seguir adelante.
Pero un mal día se cruza en su camino Lola, una estudiante algo retraída y tímida que invita a Brent a acompañarla al baile de final de curso del instituto. Brent rehúsa amablemente la invitación… gran error. Lola no acepta un “no” por respuesta, y está dispuesta a que Brent no olvidé jamás el infierno del que podría ser, sin duda, el último de sus bailes de final de curso.

The Loved Ones podría describirse como una mezcla de las comedias adolescentes norteamericanas con baile de graduación de por medio, las torturas de Hostel, y el malsano concepto de familia de La Matanza de Texas (“ojos brillantes”, uno de los estupendos personajes secundarios de The Loved Ones, me recordó al abuelo de la mítica película de Tobe Hopper).

Pero acerca de la mención de Hostel, permitidme un breve inciso. Me niego a considerar The Loved Ones como una muestra más del subgénero “torture-porn”. Las intenciones de la película de Byrne; la densidad, el interés y las sorpresas que atesora su argumento, y la maravillosa descripción de los personajes, superan ampliamente el concepto y el alcance de lo que en los últimos años se nos ha vendido como “torture-porn”. En The Loved Ones hay tortura, hay violencia sobre una persona indefensa atada a una silla (imagen paradigmática del género de torturas), y también encontramos generosas dosis de sangre y algo de gore; pero me niego en rotundo, a la vista de lo que nos ha ofrecido recientemente el agotador subgénero del torture-porn, a calificarla como tal.

Lo primero que sorprende en The Loved Ones es el encomiable talento que demuestra Sean Byrne al conseguir que la escasez de elementos que presenta el argumento de su película (un adolescente sometido a la tortura de una jovencita despechada) acabe transformándose en una de las propuestas más insólitas y disfrutables del año gracias, principalmente, a tres elementos: la magnífica descripción de los personajes, tanto los principales como los secundarios; las intensas secuencias de tortura, salpicadas de sangre pero también de un finísimo y delicioso humor negro; y su capacidad para, en un momento dado, abandonar radicalmente el terreno por el que se movía hasta ese instante y sorprender al espectador con uno de esos formidables giros de guión que acabarán haciendo de The Loved Ones una de las películas de horror más recordadas y reivindicables del 2009/10.

El trazo de todos los personajes que aparecen en The Loved Ones es, sencillamente, magistral. Desde la víctima, Brent, un adolescente con serios problemas emocionales por el que resulta muy sencillo sentir empatía y cuyo comportamiento durante la tortura, sin articular prácticamente una sola palabra, me pareció un acertadísimo detalle a nivel de guión; pasando por el padre de Lola, cuya genial interpretación por parte de John Brumpton nos deja entrever desde el principio, y de manera muy sutil, la incestuosa relación que le une a su hija; y finalizando con el que, sin duda, es uno de los puntos álgidos de The Loved Ones: el personaje de Lola.
Interpretado por la desconocida Robin McLeavy, el personaje de Lola se nos presenta como una adolescente insegura y desequilibrada cuyo depravado dominio del arte de la tortura, tanto física como psíquica, está llamado a convertirlo en un icono imperecedero del horror del nuevo siglo. Lola transita de la ingenuidad, la candidez y la ironía, hacia la crueldad y el sadismo con una facilidad pasmosa y sin caer, en ningún momento, en la caricatura o el ridículo. Su personaje es de aquellos capaces de calar hondo y permanecer en el subconsciente del aficionado durante un largo tiempo.

Incluso la historia pararela del mejor amigo de Brent, manteniendo una turbulenta cita con una guapísima, silenciosa, taciturna y oscura muchacha, funciona a la perfección como contrapunto a la violencia y al sufrimiento del propio Brent. Y por si fuera poco, el extraño comportamiento de la mencionada muchacha adquiere sentido justo en la parte final de la película.

Por otro lado, las secuencias de tortura, que copan la parte central del metraje, vienen definidas por un destaclabe nivel de violencia explícita (aunque totalmente soportable) pero, sobre todo, por un sentido del humor negro, negrísimo, y delicioso, personificado en la actitud, los gestos y los diálogos de Lola y en la relación que une a ésta con su sumiso progenitor. Son instantes que mezclan gore e ironía en unas proporciones de exactitud matemática, logrando que la violencia de The Loved Ones se aleje de la escabrosidad o la brutalidad que, de otra manera, sus imágenes hubieran transmitido. Todo ello provoca que la violencia gráfica expuesta en The Loves Ones no sea solamente tolerable, sino plenamente disfrutable y divertida. Terriblemente atractiva.

Pero hasta el momento The Loved Ones no deja de ser la película en la que una chica desequilibrada y despechada tortura al pobre desgraciado de turno. Una excelente película, sí… pero, en el fondo, más de lo mismo. Sin embargo, a unos treinta minutos del final, Sean Byrne se saca un as de la manga y consigue llevar la historia a un nuevo e insospechado nivel (a un nivel del que, por supuesto, no pienso dar ninguna pista). Y es en ese preciso instante cuando The Loves Ones deja de ser una película más para convertirse en una película absolutamente imprescindible, una auténtica delicia que, de ninguna manera, bajo ninguna excusa, deberíais dejar pasar.

Y por cierto, he llegado a la conclusión de que The Loved Ones es una joyita de obligada visión, sin necesidad de decir nada acerca de su excelente fotografía, su magnífica realización, el trabajo soberbio de todos los actores o su sarcástica selección de canciones; aspectos a los que no suelo prestar demasiada atención en mis reseñas por pura insensatez.

ATENCIÓN: el siguiente trailer oficial desvela demasiados secretos de The Loved Ones. Si queréis disfurtar de la película sabiendo lo menos posible sobre su argumento (algo que os recomiendo encarecidamente), no veais el trailer.

Lo mejor: Lola, su nivel de violencia, su humor negro, sus últimos treinta minutos, su fotografía, sus personajes secundarios...

Lo peor: Que alberguemos serías dudas sobre si se distribuirá de alguna manera en nuestro país.